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LAS CONEXIONES OCULTAS

UN ENSAYO SOBRE LA OBRA DE FRITJOF CAPRA

Dr. Ramón S. Cabrera Cabrera


Email: ramonc52@hotmail.com

Indice de contenido
Primera parte
LA VIDA, LA MENTE Y LA SOCIEDAD
Introducción…………………………………………………………………………….......4
1-La naturaleza de la vida……………………………………………………………......6
1.1- Importancia de las células………………………………………….7
1.2- La perspectiva ecológica……………………………………………7
1.3- La vida definida en término del ADN………………………............8
1.4- Las membranas: la base de la identidad celular……………….....9
1.5- La autogénesis……………………………………………………....9
1.6- La red celular……………………………………………………...10
1.7- La emergencia de un nuevo orden………………………………..11
1.8- La evolución prebiótica…………………………………………...12
1.9- La vida mínima……………………………………………………13
1.9.1-Los elementos de la vida…………………………………............13
1.9.2-Burbujas de vida mínima……………………………………..14
1.9.3- Catalizadores y complejidad…………………………………....16

1
1.9.4- El desarrollo de la vida………………………………………....17
1.9.5- ¿Qué es la vida?...........................................................................18

2- La mente y la consciencia……………………………………………………………..18
2.1- teoría de Santiago de la cognición………………………………….........18
2.2- Cognición y consciencia………………………………………………......21
2.3- La naturaleza de la experiencia consciente…………………………......22
2.4- Las escuelas del estudio de la consciencia………………………….........23
2.5- La visión desde dentro…………………………………………………....25
2.6- Consciencia y cerebro……………………………………………….........26
2.7- La dimensión social de la consciencia…………………………………...27
2.8- Conversaciones con Chimpancés………………………………………....29
2.9 - Los orígenes del lenguaje humano…………………………………........30
2.9.1- La encarnación de la mente………………………………........32
2.9.2- La naturaleza humana……………………………………........34
2.9.3 - Las dimensiones espirituales………………………………......35

3 – La realidad social…………………………………………………………………......37
3.1-El significado: la cuarta perspectiva…………………………………........38
3.2- La teoría social…………………………………………………………......39
3.3- Giddens y Habermas: dos teorías integradas……………………….........40
3.4- Extensión del enfoque sistémico………………………………………......42
3.5- Las redes de comunicaciones……………………………………………...43
3.6- El significado, propósito y libertad humana………………………….......44
3.7- La dinámica de la cultura……………………………………………........45
3.8- El origen del poder………………………………………………………....47
3.9- La estructura en los sistemas biológicos y sociales…………………........48
3.9.1- Tecnología y cultura……………………………………….........50

Segunda parte
LOS RETOS DEL SIGLO XX1
4- La vida y el liderazgo en las organizaciones…………………………………….........50
4.1-Cambio y complejidad……………………………………………………...51
4.2-Las metáforas en la gestión empresarial………………………………......53
4.3-Las redes sociales…………………………………………………………...54
4.4-Comunidades de practica…………………………………………………..55
4.5-La organización viva……………………………………………………......55
4.6-El aprendizaje organizativo…………………………………………… ….56
4.7-La emergencia de novedad………………………………………………....57
4.7.1-Emergencia de diseño…………………………………………...58
4.8-Dos clase de liderazgo……………………………………………………....59
4.9-Infundir vida a la organización…………………………………………....60

5- Las redes del capitalismo global……………………………………………………....61


5.1- La revolución de la tecnología de la información………………………..62
5.2- El auge del capitalismo global………………………………………….....63
5.3- La nueva economía………………………………………………………...64
5.4- Complejidad y turbulencia………………………………………………..64
5.5- El impacto social…………………………………………………………...65
5.6- El impacto ecológico…………………………………………………….....66
5.7- La transformación del poder……………………………………………...67
5.8- La transformación cultural………………………………………………..68

6- La biotecnología en la encrucijada……………………………………………………69
6.1- Revolución conceptual en Genética………………………………………..71
6.2- Más allá del determinismo genético……………………………………….73
6.3- ¿Qué es un gen?..............................................................................................75
6.4- La biología y la ética de la clonación……………………………………....77
6.5- Biología y agricultura……………………………………………………....78
6.6- Una alternativa ecológica…………………………………………………..80

Conclusión…………………………………………………………………………………82

3
LA VIDA, LA MENTE Y LA SOCIEDAD

INTRODUCCION

La preocupación por conocer el origen de la vida ha sido constante entre los seres
humanos a lo largo de la historia. Científicos y religiosos han procurado encontrar respuesta
satisfactoria desde sus campos de acción, logrando en ocasiones solo ahondar las
diferencias ya existentes. Por fortuna, en las últimas décadas un número considerable de
investigadores de diferentes disciplinas, han trabajado con denuedo en la búsqueda de
explicaciones plausibles, a las diversas interrogantes surgidas alrededor de temas tan
espinoso como el origen de la vida, lo divino, lo humano o la vida social. Esta tarea ha
comprometido a científicos de la física, de la biología, la química, bioquímica; a filósofos y
religiosos de diferentes denominaciones, entre otros.

El grado de madurez alcanzado en esta época, ha posibilitado un dialogo franco y


abierto entre pensadores de diferentes campos del saber, mucho de los cuales han
formulados propuestas de solución para numerosas interrogantes. Estas iniciativas han
despertado el interés de instituciones universitarias, centros de investigación e intelectuales
independientes. Todos atentos al progreso logrado en algunas áreas de las ciencias naturales
y sociales y, particularmente, en los campos de la biología, la genética, la bioquímica,
química, física … en fin; en disciplinas que han logrado avance en el tratamiento de
cuestiones que afectan sensiblemente a las personas, tanto en lo físico como en lo
emocional.

Fritjof Capra es un investigador socialmente comprometido y muy preocupado por los


problemas fundamentales del ser humano. De ese compromiso es resultado su libro “Las
Conexiones Ocultas”, texto en el cual se procura explicar el origen de la vida, partiendo del
orden natural y pasando luego al plano social. Se extiende en su explicación a la manera en
cómo supone se manifiesta la vida en el orden organizativo. Las evidencias aportadas por
las investigaciones reciente en la genética, la bioquímica, la química orgánica y las
diferentes teorías organizativas propuestas, se convierten en un sólido argumento en la
sustentación de sus posiciones. Además, le dan base para entrar con éxito al terreno del
análisis de la globalización y de la aplicación de la biotecnología a la medicina y la
agricultura, logrando mostrar los peligros latentes y el verdadero interés de las empresas
por desarrollar determinados productos alimenticios o fármacos para ciertas enfermedades.

Por lo ya expuesto se puede deducir, que es nuestro propósito dar un seguimiento


cercano a las ideas sustentadas por el autor en determinadas cuestiones y que se procurará
reflejar fielmente la conceptualización que este ha elaborado de cada fenómeno o situación
tratada. La primera parte de este trabajo se examina de forma exhaustiva, usando como guía
el índice de la obra bajo análisis. Cada planteamiento, idea o concepto, es tratado con la
mayor precisión y claridad posible, prestando especial cuidado a las razones y evidencias
aportada por el autor. La segunda y tercera parte, se sigue con la misma rigurosidad en
relación al tratamiento de las ideas y conceptos, no así al seguimiento del índice de
contenido, ya que bajo un mismo subtítulo se cubre, en ocasiones, el contenido de varias
partes. Esto se debe a que algunas constituyen una continuidad en el tratamiento de
determinados tópicos.

Se percibe en los escritos una constante que se resume en la siguiente declaración: la


vida en los seres vivos y las organizaciones. A esa expresión trata de hallarle una respuesta
desde la perspectiva natural y desde la perspectiva social. Como él mismo aclara, su
formación le lleva a partir de las ciencias naturales; sin embargo, resulta lógico partir desde
aquí, dado que primero fue la vida y luego la sociedad. La sociedad reproduce los patrones
registrados en la naturaleza, aunque no fielmente. Lo que vemos en el orden social y, en
particular, en las organizaciones no es más que la continuidad de las leyes y principios del
orden natural manifestándose en otra dimensión, como una conducta aprendida o adquirida
antes de que el ser humano pudiera tener consciencia de ese aprendizaje.

Nuestro trabajo se ha reducido a presentar el conjunto de teorías y reflexiones


formuladas por el autor y, por ello, hemos hecho uso de un número considerable de textos
citado y otros tanto que les pertenecen. En ocasiones, haciendo uso de aquellas evidencias
que demuestran como se ha manipulado la sociedad con burdas mentiras, para justificar un
conjunto de acciones, que terminan llenando los bolsillos del empresariado de áreas como
los alimentos y la biotecnología médica.

Es necesario destacar, que uno de los aportes significativo en esta experiencia intelectual, es
la forma magistral como logra el autor concatenar tema de las ciencias naturales y con otros
de las ciencias sociales. Esto ha sido posible por el carácter sistémico de su concepción y la
aplicación de los principios de la teoría de la complejidad. Esta teoría, permite captar con
más claridad las aristas de un determinado problema. Modelando matemáticamente
situaciones determinada, se podría obtener resultados hasta ahora no logrado con los
métodos convencionales. Esto despierta la esperanza de que pronto pudiéramos contar con
soluciones acertadas para muchas de las cuestiones que perturban a la humanidad.

5
LA VIDA, LA MENTE Y LA SOCIEDAD

1-La naturaleza de la vida


Sorprende a cualquier lector que se pueda escribir un libro pretendiendo dar respuesta a
una única pregunta: ¿Qué es la vida? Partiendo de un enfoque prácticamente
multidisciplinario, donde se tocan cuestiones tan diversas como la consciencia, la sociedad,
la realidad social, el liderazgo, el capitalismo global y otros. La pregunta sólo tiene
justificación y sentido en el propósito del autor, de centrar su atención, partiendo desde una
perspectiva científica, en los sistemas vivos que han sido verificados u observados en las
ciencias biológicas y los sistemas sociales.

En definitiva, lo que más interesa y, a través de la cual se daría respuesta, son las
características definitorias. Su elección de las ciencias naturales como punto de partida
para procurar satisfacer dicha inquietud, tiene que ver con su formación científica en ese
campo. “Tal vez los científico sociales prefieran proceder a la inversa, identificando
primero las características definitorias de la realidad social para extenderlas luego al ámbito
biológico e integrar a esa realidad con conceptos correspondientes de las ciencias naturales.
Tal enfoque es, sin duda, muy plausible, pero como me formé en las ciencias naturales y
realicé previamente una síntesis de la nueva concepción de la vida en estas disciplinas, es
natural que comience por ahí” (ver pág. 25).

El autor argumenta que: “la realidad social evolucionó a partir del mundo biológico,
hace entre dos y cuatro millones de años, cuando una especie de simio del sur […] Se
irguió y comenzó a andar sobre dos patas” (ibíd.). La ciencia ha establecido que los
primeros Homínidos desarrollaron cerebros complejos, lo que le permitió desplegar su
imaginación, habilidades creativas, construir herramientas adecuadas para sus necesidades
y usarlas. El instinto natural lo llevó a la reproducción, tuvieron hijos y estos se
reprodujeron, constituyendo familias y formando todo una colectividad humana, que sería
la base de la vida social futura.

Entiende que la comprensión de los fenómenos sociales se puede basar en un concepto


unificado de la evolución de la vida y la consciencia. Algunos pensadores, entre ellos
materialista, entienden la consciencia como resultado de la práctica social, es decir, el ser
social genera su propia consciencia social. Esa práctica social crea un universo cultural
(lenguas, hábitos sociales, formas organizativas, etc.) y las personas que se desarrollan en
ese ambiente, lo ven como algo natural, que le pertenece y al cual pertenecen. Esto induce a
pensar en la posibilidad, de que el fenómeno que observamos en el ámbito social, puede ser
una extensión del proceso que se verifica en los sistemas vivos bajo estudio, que se expresa
de forma diferente pero en esencia tiene un comportamiento lógico y congruente con el de
los sistemas biológicos. Un sistema vivo puede mostrar variaciones en sus características
básicas, según los nutrientes de los que se alimenta y el entorno ecológico que los rodea;
puede seguir un ritmo evolutivo distinto a otros y las diferencias serán manifiestos y
visibles en su momento.

1.1-Importancia de las células

Cualquier manifestación de vida, animal, plantas, seres humanos, se fundamenta en


células. Si ha existido otra forma se desconoce. Es un criterio firme en las ciencias
biológicas, el hecho de que en cualquier manifestación de vida intervienen células. Su
conocimiento ha permitido adoptar estrategia propia del método científico. “Para identificar
las características definitorias de la vida, primero buscamos el sistema más simple que
posea esas características y luego lo estudiamos. Esta estrategia reduccionista ha
demostrado ser muy eficaz en las ciencias, a condición de no caer en la trampa de creer que
las entidades complejas solo son la suma de sus componentes más simples” (ver pág. 26).

La ciencia ha establecido que el sistema vivo más simple es la célula y que todo órgano
es unicelular o pluricelular. También se ha determinado que toda forma de vida superior es
el resultado de la evolución de una célula bacteriana. Las más simple entre ellas pertenecen
a la familia micoplasmas, “con diámetros inferiores a una milésima de milímetro y genoma
consistentes en un solo bucle cerrado de la doble hélice del ácido desoxirribonucleico
(ADN)” (ibíd.). Llama la atención que dentro de estas diminutas células “funcione de
manera consistente una compleja red de procesos metabólicos que transporta nutrientes
hacia el interior de la célula y expulse residuos hacia su exterior, en una incesante
utilización de molécula de alimento para formar proteínas y otros componentes celulares”
(ibíd.).

1.2-La perspectiva ecológica

Las micoplasmas solo pueden sobrevivir en un entorno químico muy preciso y bastante
complejo. En esas células se cumplen dos tipos de simplicidad celular, la simplicidad
interna, cuya bioquímica del entorno interno del organismo es simple, y la simplicidad
ecológica, que revela una necesidad limitada del organismo de las aportaciones químicas
procedentes de su entorno externo.

Nos explica el autor que, desde el punto de vista ecológico, las cianobacterias son los
órganos más simples. Estas son capaces de formar sus propios compuestos orgánicos
únicamente a partir de dióxido de carbono, agua, nitrógeno y minerales en estado puro.
Aunque es notoria su gran capacidad ecológica, parece requerir cierto grado de complejidad
7
bioquímica interna. Esto permite comprender la interdependencia en todo órgano vivo de
ambos componentes.

A través Morowitz, Capra nos explica la relación entre la simplicidad interna y la


simplicidad ecológica. Lo dice de la siguiente manera: “La continuidad de la vida
constituye una propiedad de un sistema ecológico, más que de un organismo o una especie
por sí solo, la biología tradicional ha tendido a centrar su atención en los organismos
individuales más que en el continuo biológico. El origen de la vida se considera, por
consiguiente, un acontecimiento único, en el que un organismo surge del medio que lo
rodea. Una perspectiva ecológicamente más equilibrada examinaría los ciclos
protoecológicos, así como los subsiguientes sistemas químicos que, sin duda, se
desarrollaron y florecieron mientras iban apareciendo objetos parecidos a organismos” (ver
pág. 28).

Se desconoce las condiciones en las que un organismo vivo pueda sobrevivir de forma
individual, todos necesitan de interrelación con otros. “Los animales dependen de la
fotosíntesis de las plantas para cubrir sus necesidades energéticas; las plantas dependen de
dióxido de carbono producido por los animales, así como del nitrógeno fijado en sus raíces
por las baterías: finalmente, plantas, animales y microorganismos regulan la biosfera y
mantienen unas condiciones aptas para la vida” (ibíd.). No se está lejos de la verdad,
cuando se afirma que la evolución de los primeros organismos vivos caminó de las manos
con la transformación de la superficie del planeta, de un medio inorgánico a una biósfera
que se autorregula, como lo expresa el autor citando a Lovelock y Mangulis.

1.3-La vida definida en término del ADN

El proceso metabólico de toda célula bacteriana, involucra a macromoléculas especiales,


es decir, moléculas de gran tamaño consistente en largas cadenas de centenares de átomos.
En estas células se identifican dos clases de moléculas: las proteínas y los ácidos nucléicos
(el ADN y el acido ribonucleico, o ARN). Las proteínas pueden ser de dos tipos: las enzimas,
que actúan como catalizadores de diversos procesos metabólicos, y las proteínas
estructuradas, que forman parte de la estructura celular. También puede haber un número
mayor de proteína con funciones especiales, cuando se trata de organismos superiores.

Las enzimas, producidas por genes, catalizan los procesos metabólicos celulares, el
control genético ejercido sobre ellos, les confieren gran estabilidad. En cambio, “las
moléculas de ARN actúan como mensajeras transportando información codificada para la
síntesis de las enzimas procedente del ADN, con lo que establecen el vínculo crítico entre
las características genéticas y metabólicas de la células” (ver pág. 29). El ADN es
responsable de la replicación o reproducción de la célula, una característica determinante de
la vida. El ADN es la característica definitoria de la vida. De ahí se infiere la aseveración de
que: “los sistemas vivos son sistemas químicos que contienen ADN y no están muertos”
(ibíd.).

1.4-Las membranas: la base de la identidad celular

A la célula la caracteriza un perímetro que la diferencia de su entorno, dentro de este


perímetro se desarrolla una red de reacciones químicas, o metabolismo celular, mediante las
que el sistema se nutre. La membrana constituye una característica universal de la vida
celular. “Las bacterias se mueven en agua, y dentro de la membrana el metabolismo tiene
lugar en un entorno acuoso” (ver pág.30). Sin embargo, la membrana es lo que permite
diferenciación entre una célula y otras, es una condición esencial para la vida de la célula.

Estas son muy distintas a las paredes de las células, permanecen activas y se abren y
cierran constantemente para permitir la entrada de determinadas sustancias en la célula e
impedir que otras penetren en ella. Otra característica fundamental consiste en bombear
incesantemente el exceso de residuos cálcicos, para que el resto se mantenga en el nivel
preciso para sus funciones metabólicas. Estas actividades contribuyen al mantenimiento de
la célula como entidad diferenciada y la protege de influencia dañina del entorno.

La célula posee un solo sistema de membranas interconectadas, denominado sistema


endomembranoso. Este permanece en constante movimiento y al compa de su movimiento,
va envolviendo a los orgánulos hasta llegar al borde de la célula y destruirse. Desarrolla una
función tipo cinta transportadora, con la capacidad de formarse, destruirse y volverse a
formar sin cesar. Sus actividades le permiten regular la composición molecular de la célula
y preservar así su identidad. Esto la iguala en sus funciones a las del sistema inmunológico.
Teorías recientes en esta área, sustentan que la función principal del sistema inmunológico
consiste en controlar y regular el repertorio molecular del organismo, con lo que preserva
su identidad molecular.

1.5-La autogénesis

La segunda característica definitoria de la vida celular, la constituye la naturaleza del


metabolismo que tiene lugar dentro del perímetro celular. Según Margulis, citada en el
texto bajo análisis, “el metabolismo, esa química incesante del automantenimiento, es una
característica esencial de la vida […] a través de un incesante metabolismo, a través del
flujo químico y energético, la vida se produce, se regenera y se perpetua a sí misma
continuamente. Tan solo las células y los organismos compuestos por ellas son capaces de
metabolizar” (ver pág. 32).

Los procesos metabólicos forman red química y los ecosistemas, se estructuran en


términos de redes de alimentos, a los organismos se les comprende como redes de células,

9
órganos y sistemas de órganos, y las células como redes de moléculas. Se intuye que la red
es un patrón común a todo lo que tiene viva. Donde hay vida, hay redes.

Las células se sustentan a sí misma con los nutrientes que reciben del mundo exterior, la
dinámica de la red metabólica al hacer esto posible, activa una red de reacciones químicas
que tiene lugar en el interior y que producen la totalidad de sus componentes. “La función
de cada componente de esa red consiste en transformar o sustituir a los demás, de modo que
la red entera se genera a sí misma de manera continua. Esta es la clave de la definición
sistémica de la vida: las redes vivas se crean y se recrean a sí misma sin cesar, mediante la
transformación o la sustitución de sus componentes. De este modo experimentan constante
cambios estructurales al mismo tiempo que mantienen sus patrones de organización en
forma de red” (ver pág. 33).

Todos estos procesos se agrupan en lo que se conoce como autogénesis. Esta dinámica
se revela como una característica clave de la vida y fue identificada por los biólogos
Humberto Maturana y Francisco Varela. La autopoiésis quiere decir, que se hace a sí
misma. La vida no se le puede atribuir a ningún componente particular, definir como
sistema vivo a una red autopoiésica implica que el fenómeno de la vida tiene que ser
considerado una propiedad del sistema como un todo, por tanto, la vida se debe a la
totalidad de la red metabólica circunscrita.

“La autogénesis proporciona u criterio claro y convincente para distinguir los sistemas
vivos de los no vivos. Por ejemplo, nos indica que los virus no son organismos vivos,
puesto que carecen de metabolismo puro. Fuera de una célula viva, un virus no es más que
una estructura molecular inerte, formada por proteínas y ácidos nucléicos. Un virus es
esencialmente, un mensaje químico que necesita el metabolismo de una célula viva
anfitriona para producir nuevas partículas víricas, según las instrucciones codificadas en su
ADN o su ARN. Estas nuevas partículas no se construyen en el interior del virus, sino fuera
de él, en la célula anfitriona” (ver pág. 33).

1.6-La red celular

Las enzimas facilitan o catalizan los procesos metabólicos. Estos reciben la energía a
través de unas moléculas especiales de fosfato conocida como ATP, sigla del adenoise
triphosphate, en español, trifosfato de adenosina. Además, las enzimas forman una
intrincada red de reacciones catalíticas y las moléculas de ATP se ocupan de formar una red
energética que se corresponde con ella. A través del ARN mensajero, ambas redes quedan
vinculadas al genoma o moléculas de ADN de la célula, que constituye “una red compleja e
interconectada, rica en bucles de retroalimentación, en la que cada gen regula, directa o
indirectamente, las actividades de los demás genes” (ver pág. 34).
Se han distinguido dos tipos de proceso de producción y dos redes celulares diferentes.
La primera se denomina red metabólica, por ella pasa el alimento que va a la membrana
celular para ser convertido en metabolitos, que son los componentes básicos a partir de los
cuales se forman las macromoléculas; es decir, las enzimas, las proteínas estructuradas, el
ARN y el ADN. La segunda red se ocupa de la creación de las macromoléculas a partir de los
metabolitos. Esta red se ha denominado epigenética, porque incluye el nivel genético y
trasciende los genes. Ambas redes están íntimamente interconectadas y, unidas constituyen
la red autopoiésica.

La manera como se comprende hoy la vida es entendiendo que la forma y la función


biológica no están determinadas, particularmente, por un programa genético, sino que son
propiedades emergentes de la totalidad de la red epigenética. “Para comprender esta
emergencia necesitamos entender no solo las estructuras genéticas y la bioquímica de la
célula, sino también la compleja dinámica que se desarrolla cuando la red epigenética se
enfrenta a las limitaciones físicas y químicas de su entorno” (ver pág. 35).

Los científicos del área tienen muy claro que la reproducción de la célula no implica
únicamente la transmisión de sus genes, en su reproducción la célula transmite sus
membranas, sus enzimas y sus orgánulos; en definitiva, toda su red celular. “La nueva
célula no es producida a partir del ADN puro, sino de una continuación ininterrumpida de
toda la red autopoiésica. El ADN puro nunca es transmitido, porque los genes solo pueden
funcionar cuando están inmersos en la red epigenética. Así es como la vida se ha ido
desarrollando a lo largo de tres millones de años en un proceso ininterrumpido” (ver pág.
36).

1.7-La emergencia de un nuevo orden

El metabolismo celular utiliza un flujo constante de energía para restaurar las estructuras
a medida que esta decae, lo cual implica que la célula se comporte como un sistema abierto.
Un sistema vivo se muestra como un sistema cerrado, desde el punto de vista organizativo,
pero la necesidad del flujo constante de energía que requiere su metabolismo, lo aleja del
equilibrio; un acercamiento al equilibrio, sería una proximidad a la muerte.

El sistema cerrado o red autopoiésica, tiene que ser un sistema abierto desde el punto de
vista de la satisfacción de su necesidad material y energético. Para mantenerse vivo necesita
alimentarse de flujos continuo de materia y energía procedentes de su entorno. El hecho de
que reciba alimento del entorno, explica la generación de residuos que debe expulsar y que
se convierte en alimento de otro, esto la ubica y le da su lugar en la cadena trófica.

Los estudios del flujo de materia y energía a través de sistema complejo han dado lugar
a la aparición de la teoría de la estructuras disipativa, la cual establece que esta “es un

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sistema abierto que permanece en un estado alejado del equilibrio, pero que, al mismo
tiempo, conserva la estabilidad: se mantiene la misma estructura general, a pesar del flujo
incesante y del cambio continuo De sus componentes” (ver pág. 37).

La teoría explica que la dinámica de la estructura disipativa puede dar lugar a la


emergencia de nuevas formas de orden. El autor lo expresa del siguiente modo: “si el flujo
de energía aumenta, el sistema puede llegar a un punto de inestabilidad, conocido como
punto de bifurcación, del que puede surgir una nueva rama que es capaz de desembocar en
un estado completamente nuevo, en el que es posible que emerjan nuevas formas de orden
y nuevas estructuras” (ibíd.).

La emergencia espontanea de nuevas formas de orden está determinada por la dinámica


de estas estructuras disipativas. Cada vez que el flujo de energía aumenta, el sistema se ve
expuesto a inestabilidad, lo que se conoce como punto de bifurcación. Este puede dar lugar
al surgimiento de una nueva rama capaz de desembocar en un estado completamente nuevo,
en el que es posible el surgimiento de nuevas formas de orden y estructuras. Lo que se
conoce como emergencia no es más que la característica conocida como autoorganización.
Esta encierra la emergencia espontanea de orden en puntos críticos de inestabilidad. La
autoorganización se reconoce como el origen dinámico del desarrollo del aprendizaje y de
la evolución. Es decir, la creatividad o capacidad para generar nuevas formas, propiedad
clave de todo sistema vivo.

1.8-La evolución prebiótica

Hasta este punto se ha establecido que la célula es una red metabólica circundada por
una membrana, autogenética y organizativamente cerrada; es material y energéticamente
abierta, el flujo de materia y energía para producirse, regenerarse y perpetuarse a sí misma
es constante y, además, funciona lejos del equilibrio. Todas esas características y
condiciones son necesarias para que emerjan espontáneamente nuevas formas de orden. Lo
que puede considerarse desarrollo y evolución. Esas características son sustentadas por dos
teorías distintas, con visión diferentes de la vida: la teoría de la autopoiésis y la teoría de las
estructuras disipativas.

Aunque haya aspectos que las aproximan, las dos teorías se tornan incompatibles, dado
que los sistemas autopoiésicos son estructuras disipativas, pero no todas las estructuras
disipativas son sistemas autopoiésicos. No es una condición determinante en la estructura
disipativa que sea un sistema vivo, pero, dado que la emergencia constituye una parte
integrante de su dinámica, la estructura disipativa tiene la potencialidad de evolucionar. Es
decir, existe una evolución prebiótica, o de la materia inanimada que debe haberse iniciado
con cierta anterioridad a la emergencia de células vivas. Este es un punto de vista de gran
aceptación científica.
La teoría de la evolución prebiótica es de amplia aceptación, pero no existe un consenso
entre los científicos acerca de los pormenores del proceso. Se plantean diversos escenarios
posibles, aunque carentes de comprobación. Uno de ellos se orienta hacia los ciclos e
hiperciclos catalíticos formados por enzimas, capaces de autorreplicarse y de evolucionar.
“Otro escenario se basa en el reciente descubrimiento de que determinadas clases de ARN
pueden actuar también como enzimas, es decir, como catalizadores de procesos
metabólicos. Esta capacidad catalítica del ARN, actualmente bien establecida, permite
imaginar un estadio evolutivo en el que dos funciones cruciales para la célula viva – la
transferencia de información y las actividades catalíticas – se combinaron en un único tipo
de molécula” (ver págs. 39 - 40).

1.9-La vida mínima

Los escenarios planteados no constituyen la solución al problema, dado que tienen un


alto componente de especulación. No aportan ningún elemento que permita construir un
escenario demostrativo de sistema vivo en la etapa previa a la aparición de las células.
Habría que encontrar el modo de definir las características mínimas de los sistemas vivos
que pudieran haber existido en el pasado, con independencia de su evolución posterior.

Capra sostiene que “si esta idea básica de una evolución prebiótica es correcta, debería
ser posible, en principio, demostrarla en el laboratorio. El reto, para los científicos que
trabajan en este campo, consiste en construir vida a partir de moléculas o, por lo menos, en
reconstruir diferentes etapas evolutivas en diversos escenarios prebióticos en evolución
desde el periodo de formación de las rocas sobre la tierra hasta la emergencia de la primera
célula” (ver pág. 41).

De nuevo debemos recurrir a Harold Morowitz, a través de Capra, el cual aborda en su


libro “el surgimiento de las primeras células”, la cuestión de la evolución prebiótica y del
origen de la vida desde dos ángulos. “En primer lugar, identifica los principios básicos de la
bioquímica y de la biología molecular comunes a todas las células vivas. Remonta estos
principios en el tiempo, a través de la evolución, hasta el origen de la célula bacterianas”
(ver pág. 42). Argumenta que estas células han de haber tenido un rol determinante en la
formación de las protocélulas precedentes y de las cuales evolucionaron las primeras
células.

1.9.1-Los elementos de la vida

La química de la vida dispones de varios elementos básicos, tales como: átomos,


moléculas, sus procesos químicos o itinerario metabólico. Capra, siguiendo a Morowitz,
expresa que: “para la formación de estructuras bioquímicas complejas son necesarios
13
numerosos vínculos químicos, así como el carbono (C), el nitrógeno (N) y el oxigeno (O)
son los únicos átomos que forman regularmente vínculos múltiples. También sabemos que
los elementos más ligeros son los que forman los vínculos químicos más fuertes. No
resulta, por tanto, sorprendente que, junto con el hidrogeno (H), el más ligero de todos, esos
tres elementos sean los protagonistas de la estructura biológica” (ver págs. 42 – 43).

Para los científicos, la vida se inició en el agua y es un entorno acuoso donde se


desarrolla la vida celular. Como científico que sigue esta línea de pensamiento Morowitz,
nos dice que: “las moléculas de agua (H2O) tienen una elevada polaridad electrónica,
debido a que sus electrones permanecen más próximo a al átomo de oxigeno que a los de
hidrogeno, de modo que imprimen una carga positiva sobre el H. y negativa sobre el O.
Esta polaridad constituye una característica fundamental de los factores moleculares de la
bioquímica” (ibíd.).

El fósforo (P) y el azufre (S), son dos átomos importantes en los sistemas biológicos
porque presentan características químicas únicas, debido a la versatilidad de sus
componentes. Los científicos, consideran que estos átomos tienen que haber sido los
principales componentes de la química prebiótica. Sostienen, además, que determinados
fósforos son fundamentales para la transformación y la distribución de la energía química.
“La universalidad de los tipos de átomos y moléculas en las células vivas contemporáneas y
su reducido número constituye un fuerte indicio de su origen evolutivo común en las
primeras protocélulas, hipótesis que se refuerza cuando observamos los itinerarios
metabólicos que constituyen la química básica de la vida” (ver págs. 43 -44).

1.9.2-Burbujas de vida mínima

Al observar los elementos fundamentales de la vida, bajo método de investigación y


análisis riguroso, se tiende a aceptar la afirmación de que la vida celular tiene sus raíces en
una física y una química universal, con una antigüedad prehistórica con respecto de la
célula viva. Una de las líneas de investigación seguida por Morowitz, plantea la
preocupación de cómo dentro de las limitaciones de esa física y esa química y sin otro
ingrediente, logró la materia organizarse a sí misma hasta el punto de evolucionar y llegar a
convertirse en las complejas moléculas de la que emergería la vida.

Gran parte de los científicos de esta rama no comparten la idea de que pequeñas
moléculas, presente en una especie de sopa química, se aglutinaran espontáneamente en
estructuras de creciente complejidad. Entienden que la probabilidad de semejante evolución
prebiótica es mínima, que para que así sucediera, habría tenido que darse una circunstancia
extraordinaria desencadenante, como la llegada a la tierra de macromoléculas procedentes
de meteoritos.
Estos argumentos se enmarcan dentro de lo puramente convencional, es decir, que la
vida emergió de una especie de sopa química primordial mediante un progresivo
incremento de la complejidad molecular. El nuevo pensamiento, del que forma parte
Morowitz, “parte de la hipótesis de que muy al principio, mucho antes del incremento de la
complejidad molecular, algunas moléculas se reunieron y formaron membranas primitivas
que constituyeron espontáneamente burbujas cerradas, y que la evolución de la complejidad
molecular no tuvo lugar en el seno de una sopa química sin estructurar, sino en el interior
de esa burbujas precursoras de vida” (ver pág. 45).

Indudablemente, Capra acepta en toda su extensión estas consideraciones científicas,


motivo por el cual hace un uso amplio de sus argumentos, destacando que las burbujas
primitivas o vesículas, como se conoce entre los químicos, “proporciona un microentorno
cerrado en el que pueden ocurrir reacciones químicas dirigidas, lo cual representa la
posibilidad de que se produzcan en grandes cantidades moléculas normalmente escasa”
(ídem.). Los elementos constitutivos fundamentales de la membrana, se localizan en el
grupo de moléculas normalmente escasa. Estos pasan a formar parte de la membrana ya
existente, aumentando de ese modo su superficie. Este crecimiento incesante llegará a un
punto en que romperá la estabilidad; que no sea posible mantener la integridad de la
membrana, y la vesícula se fragmente en dos o más burbujas de menor tamaño.

Mientras exista flujo de materia y energía que atraviese la membrana, ocurrirán los
procesos de crecimiento y replicación. La penetración es posible porque la membrana de la
vesícula es semipermeable y diversas moléculas pequeñas pueden penetrar en las burbujas
o ser incorporadas a la propia membrana. Entre las partículas más importantes estarían los
cromóforos, capaces de absorber luz solar. Su presencia seria como un generador eléctrico
en la membrana, convirtiendo la vesícula en dispositivo conversor de la energía luminosa
en energía potencial. Una vez asegurada la conversión sistémica de energía se hace posible
que un flujo continuo de energía active los procesos químicos que ocurran en el interior de
la vesícula. A medida que este parque energético se perfecciona, las reacciones químicas en
las burbujas comienzan a producir fosfatos, sumamente eficaz para la transformación de la
energía química y su distribución.

Las vesículas conservan una estructura estable y persistente por el flujo de materia y
energía que la alimentan. En esas estructuras surgen acontecimientos aleatorios en el
ámbito químico. Su decadencia térmica está pendiente y el equilibrio solo se preserva
mediante un continuo procesado de materia y energía. Dada esas condiciones se llega a un
punto en que en esas burbujas primitivas, delimitadas por membranas, se manifiestan dos
características definitorias de la vida celular. Una es la condición de sistema abierto de la
vesícula, sujetas a flujos continuos de materia y energía, la otra condición se da al interior
de la misma. Esta “constituye un espacio relativamente cerrado, en el que resulta posible el
desarrollo de redes de reacciones químicas, propiedades ambas que podemos reconocer
como las raíces de las redes vivas y de sus estructuras disipativas” (ver pág. 46).

15
Identificadas esas condiciones, se supone un escenario prebiótico ideal. La existencia de
gran cantidad de vesículas puede implicar el registro de diferencias notorias en sus
propiedades químicas y sus componentes estructurales. “Si estas diferencias persisten en el
momento de dividirse las burbujas, podemos comenzar a hablar ya de una memoria
pregenética y de especies de vesículas, y puesto que esa especies competirán por la energía
y por determinadas moléculas de su entorno, se pone en marcha una especie de dinámica de
competición y de selección natural darwiniana, en la cual determinados accidentes
moleculares serán amplificados y seleccionados por sus ventajas evolutivas” (ver págs. 46 –
47).

Puede producirse de forma accidental la fusión de diferentes clases de vesículas, lo cual


podría redundar en sinergias de propiedades químicas ventajosas que preludien el
fenómeno de la simbiosis, o lo que es lo mismo, creación de nueva formas de vida por la
relación de organismos distintos, expresado en término de evolución biológica.

La actividad química de este proceso es a todas luces simple y común. Tiene que ver con
la polarización molecular en el agua; en ella se observan determinadas moléculas atraídas
por el agua, llamadas hidrófilas y otras repelidas por el agua, denominadas hidrófobas;
otras moléculas, están formadas por sustancias grasas o aceitosas, conocidas como lípidos.
El contacto de los lípidos con el agua da origen a diversas estructuras.

Las vesículas lipídicas son las que reúnen mayores condiciones para convertirse en las
protocélulas de las que evolucionarían las primeras células vivas. “Sus propiedades son tan
asombrosas que se hace necesario recordar que se trata de estructura que se forman de
manera espontanea según las leyes fundamentales de la física y la química” (ver pág. 49).

1.9.3-Catalizadores y complejidad

Cuando se logra la protocélula y comienzan a actuar las moléculas de absorción y


transformación de la luz, la apertura del camino a mayor complejidad quedó despejado;
entraron en escena los compuestos químicos C, H, O, P y S. la aparición del nitrógeno, en
forma de armonio (NH3), hizo aun más complejos el espectro molecular, dado que el
nitrógeno es fundamental para dos características básicas de la vida celular: la catálisis y el
almacenamiento de información. “Los catalizadores incrementan los niveles de las
reacciones químicas sin verse alterados durante el proceso, y hacen posibles, además,
reacciones que no podrían ocurrir sin su participación. Las reacciones catalíticas son
procesos cruciales en la química de la vida. En las células contemporáneas son las enzimas
las que actúan como mediadoras, pero en las etapas iniciales de las protocélulas estas
complejas macromoléculas no existen todavía” (ver pág. 52).
Los principales procesos en la vida celular constituyen un enigma, se supone un paso
final en la emergencia de la vida a partir de protocélula, la evolución de la proteínas, de los
ácidos nucléicos y el código genético. También es un lado oscuro de la ciencia la aparición
de un nuevo tipo de red química, a partir de la evolución de redes catalíticas en el interior
de los espacios cerrados de las protocélulas. Se alberga la esperanza de que en algún
momento, aplicando la matemática (aplicación de la dinámica no lineal) a esas complejas
redes químicas, así como haciendo uso de los nuevos conceptos matemáticos surgidos, se
pueda entender y ofrecer una explicación razonable sobre estos fenómenos.

Al respecto, Morowitz expresa lo siguiente: “El mensaje omnipresente parece consistir


en la necesidad de comprender la compleja red de reacciones orgánicas que contienen
mediaciones que son, a su vez, catalizadores de otras reacciones” (ver pág. 53).

1.9.4-El desarrollo de la vida

Fue necesario que se alcanzara un nivel de desarrollo que permitiera la codificación de


memoria macromolecular para que las redes químicas identificadas adquirieran
características esenciales de las células bacterianas actuales. Se estima que este proceso se
tomó unos tres mil ochocientos millones de años. Existe la duda de si lo que emergió
después de la protocélula fue una única célula o una población de células universales, de las
que descienden todas las formas de vida sobre el planeta. Siguiendo con Morowitz, este nos
dice que: “aunque no lleguemos a saber cuántos orígenes independientes de la vida celular
hayan podido darse, no cabe duda de que cualquier forma presente de vida desciende de un
clon único. Se trata de una conclusión que se desprende de la universalidad de las redes y
los programas bioquímicos de las síntesis macromolecular” (ver pág. 54).

La expansión universal de la vida se supone por tres vía diferente. La primera, consiste
en el proceso de mutación aleatoria de genes, esta es provocada por un error accidental en
la autorreplicación del ADN, “cuando las dos cadenas de la doble hélice se separan y cada
una de ellas actúa como plantilla para la formación de una nueva cadena complementaria”
(ibíd.). La segunda vía de creatividad evolutiva se considera inmensamente más eficaz que
la anterior. “Consiste en el libre intercambio de rasgos hereditarios en una red global de
poder y eficacia pasmosos. El descubrimiento de ese intercambio global de genes, conocido
técnicamente como recombinación del ADN, figura por derecho propio entre los hallazgos
más sorprendentes de la biología moderna” (ve pág. 55).

La tercera vía la plantea Lynn Margulis, al formular su teoría sobre la evolución por
simbiosis, la cual tiene unas profundas implicaciones en todas las ramas de la biología. La
simbiosis se comprende como una tendencia de diferentes organismos a vivir en íntima
asociación o como el caso de aquellos organismos que se desarrollan dentro de nuestros
intestinos, unos dentro de otros. “La simbiosis de larga duración, que implican a bacterias u

17
otros microorganismos que habitan en el interior de células de mayor tamaño, ha conducido
a la aparición de nuevas formas de vida”. “Contempla la creación de nuevas formas de
viva, mediante acomodos simbióticos permanentes, como la vía principal de evolución de
todos los organismos superiores” (ver págs. 56-57).

1.9.5-¿Qué es la vida?

No tendría sentido la profundización en el pasado biológico si no tenemos pretensión de


vincular nuestro desarrollo y el de los demás seres vivos, a un marco de actuación y de
relación con lo que somos como seres sociales. La investigación debe encaminarse y se
encamina, a buscar los nexos de la naturaleza de la vida y la dimensión social humana. En
algún lugar y momento del desarrollo de nuestra vida, debe estar la justificación del
pensamiento conceptual, los valores, la mente, la consciencia y la cultura humana. Si se
logra una aproximación que permita ver el vínculo o los niveles de evolución que justifican
las estructuras mentales y la organización social, estaremos próximos a una posible
explicación que satisfaga esta pregunta tanta veces formulada.

2- la mente y la consciencia

Por más de tres siglos, la humanidad ha estado bajo la influencia del imperio cartesiano
en lo referente a la naturaleza y la mente o, lo que es lo mismo, la división fundamental
entre la mente o sustancia pensante y la materia o sustancia extensa. Esta conceptualización
ha dominado la ciencia y la filosofía occidental de forma casi absoluta.

Se tiene noticia de que los neurólogos conocían la intima conexión entre estructuras
cerebrales y las funciones mentales. Sin embargo, no se había logrado establecer la relación
exacta entre mente y cerebro. A partir de 1994 se editó una primera antología de filosofía y
de neurociencia, en donde se expresaba en la introducción lo sigue:”si bien todos parecen
estar de acuerdo en que la mente tiene algo que ver con el cerebro, sigue sin haber
unanimidad acerca de la naturaleza exacta de esa relación” (ver pág. 60).

El cambio llegó en el momento en que se adopta una visión sistémica y se abandona la


noción de sustancia para asumir que mente y conciencia constituyen procesos. Se atribuye
al biólogo Gregory Bateson, haber empleado por primera vez la expresión proceso mental y
a Humberto Maturana, haber centrado su atención en la cognición o proceso de conocer.
Agrega Capra, que en la década de los 70, Maturana, asistido por Francisco Varela, amplió
su trabajo inicial hasta formular una teoría completa denominada “teoría de Santiago de la
cognición”.
2.1-teoría de Santiago de la cognición

Algunos postulados de esta teoría guardan semejanza con otros sustentados en el campo
de la comunicación, como el que establece que toda información comunicada o recibida
constituye un conocimiento nuevo. De hecho, si un sistema vivo adquiere conocimiento en
su interacción, también quien la provee se retroalimenta en ese contacto. Este proceso
cognitivo se fundamenta en el hecho de que se desconocía la información recibida o no se
había experimentado tales sensaciones, emociones o experiencias con las que ahora se
cuentan. También, la diversidad de respuestas y reacciones producidas por la interacción,
constituye una experiencia cognitiva nueva para el transmisor. El conocimiento transmitido
o recibido puede tener un carácter vital, tanto para el emisor como para el receptor. Puede
representar un medio de supervivencia o una forma de perpetuar la especie. Quien provee
puede estar realizando simplemente la función de excreción de sustancias indeseable o de
traspaso de sustancias producidas, como parte de sus funciones vitales y sin las cuales no
tendría sentido su existencia.

Las premisas de la teoría es la siguiente: identificación de la cognición, o proceso del


conocimiento, con el proceso vital. Según Maturana y Varela, citado en el texto, “la
cognición es la actividad implicada en la autogénesis y la autoperpetuación de redes vivas.
En otras palabras, la cognición es el proceso mismo de la vida. La actividad que organiza
los sistemas vivos, en todos los niveles de vida, es la actividad mental” (ver pág. 61). Como
se ve, este planteamiento centra su atención en la actividad cognitiva, independientemente
de la necesidad que tenga un sistema vivo de su entorno ecológico para su supervivencia,
por ello la afirmación de que la mente es inmanente a la materia, en cualquier nivel de vida.

Una característica intrínseca del sistema autopoiésico, es la experimentación de cambios


estructurales continuos conservando al mismo tiempo su patrón organizativo en red. Los
componentes de la red mantienen una especie de relación de influencia biunívoca, se
reproducen a sí mismo y se transforman continuamente por la incidencia de unos sobre
otros y viceversa. Esta se realiza de dos modos diferentes. Veamos la primera, “la primera
clase de cambios estructurales consiste en la autorrenovación. Todo organismo vivo se
renueva a si mismo continuamente en la medida en que sus células se fragmentan y forman
estructuras, y sus tejidos y órganos remplazan sus células en ciclos continuos” (ver pág. 62).
Se entiende, que a pesar del cambio incesante, el órgano conserva su identidad global, o
patrón de organización.

Por otra parte, la segunda clase de cambios estructurales en un sistema vivo, se


consideran alteraciones que terminan conformando nuevas estructuras que caen en el
ámbito del desarrollo de la red. Es decir, “constituyen aquellas alteraciones que crean
nuevas estructuras, nuevas conexiones en la red autopoiésica. Estos cambios, pertenecen
más al ámbito del desarrollo que al de los ciclos, tienen también lugar de forma continua,
19
ya sea como consecuencia de las influencias del entorno, o bien como resultado de la propia
dinámica interna del sistema”(ibíd.).

La teoría de la autopoiésis sostiene que el sistema vivo se acopla al entorno


estructuralmente mediante interacciones recurrente. Cada interacción activa cambios
estructurales en el sistema; se habla de la membrana celular que incesantemente extrae
sustancia del medio y la incorpora a los procesos metabólicos. También se menciona el
cambio de conectividad del sistema nervioso, ante cada percepción sensorial. Dado que
cada sistema vivo es autónomo, la acción del entorno activa los cambios estructurales, pero
carece de control sobre el sistema o de la dirección de su reacción.

Maturana y Varela en la exposición de su teoría, apelan al uso de recursos lingüísticos


rico en contenido y de fácil comprensión, que les permiten explicar el fenómeno o situación
de que se trate. Por ello, emplean la comparación para explicar la forma en que los
sistemas vivos y los no vivos interactúan con sus entornos. Capra, siguiendo el pensamiento
de estos autores, Indican que una piedra al recibir un puntapié reaccionará a la patada según
una cadena lineal de causa y efecto. Estiman que su comportamiento cumplirá el
predicamento de las leyes de la mecánica de Newton. En cambio, si la acción se produce
contra un animal, su comportamiento no será del tipo lineal, en él se observarán cambios
estructurales acordes con su naturaleza y su patrón de organización. Su comportamiento
será impredecible ante cualquier evento.

Si el entorno tiene la capacidad de influir en los organismos vivos y estos responden con
cambios estructurales, tales organismos terminarán alterando el comportamiento del medio
en el futuro. En otras palabras, “un sistema estructuralmente acoplado es un sistema que
aprende. Los continuos cambios estructurales en respuesta al entorno - y el consiguiente
proceso de adaptación, aprendizaje y desarrollo constantes – constituyen características
clave del comportamiento de todo ser vivo” (ver pág. 63).

Un acoplamiento estructurado de un organismo vivo implica un comportamiento


inteligente. A mayor interacción con su medio, mayor será la secuencia de cambio
estructurales experimentados por el organismo vivo. Esta secuencia le facilitará la
formación de su propio itinerario de acoplamiento estructural. Cada punto de ese itinerario
resume el registro precedente de sus anteriores interacciones. Es como si su historia pasada
se agrupara en porciones secuenciales en cada punto registrado en su itinerario.

La estructura viva es siempre el registro de su propio desarrollo precedente. “Puesto que


el organismo registra sus anteriores cambios estructurales y cada uno de ellos influye en su
comportamiento futuro, el comportamiento del organismo vivo está dictado por su
estructura” (ibíd.). Maturana retoma la viaja discusión filosófica acerca del libre albedrío y
el determinismo, cuando sustenta, según se cita en el texto, que: “el comportamiento de un
organismo vivo esta determinado, pero no tanto por fuerzas externas como por su propia
estructura, la cual se ha ido formando mediante una sucesión de cambios estructurales
autónomos. Por consiguiente, el comportamiento del organismo a la vez está determinado y
es libre” (ibíd.).

Ante cualquier perturbación del entorno los sistemas vivos responden automáticamente
con cambios estructurales; por ejemplo, una persona ve un objeto que se le viene encima y
de forma inmediata se mueve hasta quedar fuera de su alcance, es una forma de reordenar
su patrón de conectividad. Las perturbaciones del entorno activan los cambios que
demandan las mismas. El sistema decide libremente a que presta atención y que lo va a
perturbar y en ello está la clave de esta teoría. De modo que, se puede especificar que
perturbaciones del entorno van a activar los cambios del sistema, también especificará el
alcance de su ámbito cognitivo. “Así pues, la cognición no es la representación de un
mundo con existencia independiente, sino mas bien el alumbramiento continuo de un
mundo mediante el proceso de vivir. Las interacciones de un sistema vivo con su entorno
son interacciones cognitivas, y el propio proceso de vivir es un proceso cognitivo” (ver pág.
64). A partir de la teoría de Santiago de la cognición se supera la división cartesiana entre
mente y materia y se sustituye por la primera teoría científica que ve la mente y la materia
como manifestaciones de dos aspectos complementarios del fenómeno de la vida: proceso y
estructura.

Como postulado científico, la identificación de la mente, o cognición, con el proceso


vital es totalmente novedosa y de primer orden. Pero como intuición, es tan vieja como la
humanidad misma. En todas las vertientes del saber, donde se hizo referencia a la mente
racional humana, se le vinculó al alma inmaterial o espíritu. Su trascendencia está en no
concebir la mente como sustancia, “sino como proceso: el proceso de cognición,
identificado con el proceso de la vida. El cerebro es una de las estructuras específicas
mediante las cuales se realiza ese proceso. La relación entre mente y cerebro es, por
consiguiente una relación entre proceso y estructura” (ver pág. 65).

2.2-Cognición y consciencia

La cognición es global en sus alcances, está asociada a la vida, la consciencia es la


experiencia vivida y se desarrolla en determinado niveles de complejidad cognitiva,
teniendo como plataforma un cerebro y un sistema nervioso superior. “Constituye una clase
particular de proceso cognitivo, que emerge cuando la cognición alcanza determinado
grado de complejidad” (ver pág. 66). Como proceso, era conocida desde finales del siglo
XIX, William james, prominente psicólogo de la época, defendía con determinación la
independencia entre mente y cuerpo. Entendía la consciencia como una corriente
continuamente cambiante.

Los años noventa vieron florecer importantes campos de actividad relacionado con este
tópico. Se consolidó la ciencia de la cognición como campo de estudio interdisciplinario; se

21
desarrollaron técnicas para el análisis de las funciones cerebrales, las cuales hicieron
posible la observación de complejos procesos neurales, asociados con la imaginación
mental y otras experiencia humanas. De los estudios realizados y los debates celebrados
entre científicos, parece haber surgido un cierto consenso con respecto a dos puntos de
importancia. El primero, “consiste en el reconocimiento de la consciencia como un proceso
cognitivo resultante de una compleja actividad neural. El segundo consiste en la distinción
entre dos clase de consciencia – en otras palabras, dos tipos de experiencia cognitiva – que
se dan en niveles distintos de complejidad neural” (ver pág. 67).

La consciencia primaria o primer tipo de consciencia, está relacionada con las


experiencias perceptivas, sensoriales y emocionales. Es un tipo de consciencia que poseen
buena parte de los animales mamíferos, aves y vertebrados. El segundo tipo, se le ubica en
un orden superior. Es el reconocimiento de sí mismo, como producto del desarrollo del
pensamiento abstracto, etc. es una consciencia surgida en el antecesor del ser humano, es
una capacidad reflexiva que se inicia con los homínidos y que se manifiesta como
capacidad para conservar imágenes mentales, formular valores, desarrollar creencias, etc.
“Junto con el lenguaje, el pensamiento conceptual y las demás características que acabaron
desarrollándose plenamente en la consciencia humana. Debido al papel crucial que tiene la
reflexión en esta experiencia de consciencia de orden superior, la denominaré “consciencia
reflexiva”’ (ibíd.).

Digamos con el autor que “con la evolución del lenguaje surgieron no solo el mundo de
las ideas y conceptos, sino también el mundo social de las relaciones organizativas y
culturales” (ver pág. 68). El lenguaje permite la evocación de las imágenes, pues cada
objeto es denominado de forma diferente y relacionado con otros objetos y personas. Por
tanto al pensar en ellos, recreamos un escenario que es una mezcla de realidad y fantasía,
pero que de algún modo, forma el mundo interior que hemos conceptualizado o aquel que
hemos creado para que las personas y los objetos formen parte de nuestra memoria viva y
de los referentes que posibilitan nuestra orientación en la realidad ante cualquier evento
inesperado.

2.3-La naturaleza de la experiencia consciente

Se dice que cada estado de experiencia consciente se caracteriza por una determinada
sensación cualitativa, los científicos de la cognición confrontan dificultad al tratar de
explicar la experiencia en asociación con las actividades cognitivas. Esta dificultad no ha
sido superada, por haber reducido la discusión histórica a dos vertientes que no ven otra
solución al problema que las ofrecidas desde sus trincheras. Estas precisiones hacen
referencia a las posiciones sostenidas por los denominados vitalistas y la sustentada por los
mecanicistas. Los mecanicistas afirmaban que: “todo fenómeno biológico puede ser
explicado en términos de las leyes de la física y la química”, los vitalistas sostenian que:
“para explicar esos fenómenos es necesario añadir a esas leyes una fuerza vital, un
ingrediente adicional no físico” (ibíd.).

Un tercer punto de vista considerado en los últimos tiempos, es la incorporación de la


compleja dinámica no lineal de las redes vivas. Esta explica que si queremos tener “una
comprensión plena de los fenómenos biológicos, es necesario contemplar desde una
perspectiva de interrelación de tres niveles diferentes de descripción: el de la biología del
fenómeno observado, el de las leyes de la física y la química y el de la dinámica no lineal
de los sistema complejos” (ibíd.).

Un exhaustivo análisis de la experiencia consciente, de la física y la química del sistema


nervioso y de la dinámica no lineal de las redes neurales, se entiende que permite alcanzar
una amplia comprensión de la consciencia. Una verdadera ciencia de la consciencia podrá
lograrse cuando se descubra el modo en que estos tres niveles de descripción pueden ser
interrelacionados. Es decir, entrelazando, la experiencia, la neurobiología y la dinámica no
lineal, el problema se reduce a la comprensión y aceptación de dos nuevos paradigmas
científicos. “El primero es el de la teoría de la complejidad. Puesto que la mayoría de los
científicos están acostumbrados a trabajar con modelos lineales, se muestran a menudo
reticentes a adoptar el marco no lineal de esa teoría, por lo que les resulta difícil apreciar
plenamente las implicaciones de la dinámica no lineal. Este es particularmente, el caso en
lo relativo al fenómeno de la emergencia” (ver pág. 69).

La emergencia que implica la innovación y lo nuevo, en la mayoría de los casos, es


cualitativamente diferente de los fenómenos de lo que emergió. A este respecto, es
interesante citar el ejemplo utilizado por el autor. “Cuando se unen de cierto modo átomos
de carbono, oxigeno e hidrogeno para formar azúcar, el componente resultante tiene sabor
dulce. El dulzor no está en C, en O, ni en H, sino en el patrón que emerge de su interacción.
Es decir, se trata de una propiedad emergente” (ver págs. 69 –70).

Es interesante anotar la reflexión expuesta del autor a este respecto, en el sentido de que
el dulzor no es “una propiedad de los vínculos químicos, sino una experiencia sensorial que
surge cuando las moléculas de azúcar interactúan con la química de nuestras papilas
gustativas, las cuales, a su vez, provocan que una serie de neuronas se activen de
determinada forma. Por tanto, la experiencia del dulzor es producto de una actividad
neural” (ibíd.). Esos fenómenos emergentes son comprendidos y entendidos por químicos y
bioquímicos, quienes conocen las características y la complejidad de esos compuestos. Se
tiene la convicción de que los futuros científicos de la cognición, tendrán que hacer suyo el
paradigma del análisis de la experiencia vivida, o sea, los fenómenos subjetivos, para poder
comprender y conocer estos fenómenos.

La incorporación de la experiencia vivida es un importante paso metodológico para


tratar fenómenos atómicos, esto se ha puesto en evidencia con la física cuántica. Aun más,
la teoría de Santiago está planteando que la “cognición no es la representación de un mundo
23
con existencia independiente, sino el alumbramiento de un mundo a través del proceso de
vivir” (ver pág. 71). Desde esta perspectiva, referirse a la consciencia es como hablar de una
nueva ciencia, en donde parte de los datos que se han de examinar son experiencia
subjetivas e internas. “Reunir y analizar esos datos de forma sistemática requiere un
examen riguroso de la experiencia subjetiva en primera persona. Solo cuando ese examen
se convierta en parte integrante del estudio de la consciencia podremos hablar de una
verdadera “ciencia de la conciencia” (ibíd.).

2.4-Las escuelas del estudio de la consciencia

La teoría de la complejidad y el análisis sistemático de la experiencia consciente serán


determinante en la formulación de una ciencia de la consciencia, el acercamiento de la
dinámica no lineal a estos propósitos a atraído a diversas escuelas del pensamiento, entre
las que se cuenta la representada por Patricia Churchland y Francis Crick, identificada
como “neuroreduccionista”, dado su explicación de la consciencia de forma muy parecida
al modo como se explicó el calor en física, cuando se comprendió que era como la energía
de las moléculas en movimiento. En palabras de Francis Crick: “tú, tus penas y tus alegrías,
tus recuerdos y tus ambiciones, tu sentido de tu propia identidad y tu libre albedrío, no sois,
en realidad, más que el comportamiento de una gran reunión de células nerviosas y sus
moléculas asociadas” (ver pág. 72). Para él, la experiencia consciente constituye una
propiedad emergente del cerebro como un todo, sin embargo, no considera la dinámica no
lineal implícita en ese proceso.

Una segunda escuela de pensamiento en el estudio de la consciencia es el funcionalismo,


valorada como la de mayor influencia entre los científicos del área cognitiva. Estos
sustentan “que los estados mentales están definidos por su organización funcional, es decir,
por patrones de relaciones causales en el sistema nervioso”. El funcionalismo ha conocido
diferentes vertientes una de las cuales identifica analogía entre la organización funcional y
los programas informáticos, derivados de la investigación en inteligencia artificial.

Una tercera corriente de pensamiento está conformada por filósofos autodenominado


“misterianismo”. Su convicción sobre este asunto, es que la consciencia constituye un
misterio profundo que la inteligencia humana, dada su limitada comprensión, nunca podrá
desvelar. Por tanto, en lo más profundo de estas limitaciones reside un dualismo
irreductible, la dualidad mente y materia.

Una escuela mas reciente del estudio de la consciencia es la encabezada por Francisco
Varela, la cual acepta las teorías de la complejidad y la teoría del análisis en primera
persona. Valera la ha dado a conocer como neurofenomenología. “La neurofenomenología
constituye un enfoque del estudio de la consciencia que combina el examen disciplinado de
la experiencia consciente con el análisis de los correspondientes patrones y procesos
neurales. Desde ese planteamiento dual, los neurofenomenólogos exploran diversos
ámbitos de la experiencia y tratan de comprender cómo emergen estos de actividades
naturales complejas” (ver pág. 74).

Desde este enfoque se procura combinar el examen “disciplinado de la experiencia


consciente con el análisis de los correspondientes patrones y procesos neurales” (ibíd.). Un
planteamiento dual usado como plataforma de exploración de los diversos ámbitos de la
experiencia, procurando comprender la manera como emergen estos de actividades neurales
complejas. Capra ve mucho en común en este enfoque con sus planteamientos sobre la
ciencia de la consciencia, en la que sustentaba que “una verdadera ciencia de la consciencia
[…] tendría que ser un nuevo tipo de ciencia que tratara con las cualidades más que con las
cantidades, que se basara en la experiencia compartida más que en las mediciones
verificables. Los datos de una ciencia así serán patrones de experiencia, que no pueden ser
cuantificados ni analizados. Por otro lado, los modelos conceptuales que interrelacionaran
esos datos deberán se lógicamente consistentes, como cualquier modelo científico, e
incluso podrían comprender elementos cuantitativos” (ibíd.).

2.5 -La visión desde dentro

La neurofenomenología tiene como premisa fundamental “que la psicología del cerebro


y la experiencia consciente deben ser tratadas como ámbitos de investigación
interdependientes y de igual status” (ibíd.). Los investigadores dedicados a la
neurofenomenología han seguido diferentes caminos, en lo concerniente al modo de tomar
en consideración la experiencia en primera persona. En los estudios realizados se ha
seguido uno de tres planteamientos: la introspección, el fenomenológico, del mismo modo
que lo aplicó Husserl, y la utilización de la acumulación de evidencia procedente de la
práctica de la meditación budista. Para estos científicos la aplicación de cualquiera de estos
planteamientos requiere de habilidades especiales y un adiestramiento sostenido, como
ocurriría con cualquier otra metodología científica.

William james fue el principal defensor de la metodología de la introspección, pero la


misma no evolucionó. Ningún postulado teórico fue sometido a revisión, y muchos de los
datos generados contradecían las hipótesis de partidas. Todos estos factores influyeron para
que este planteamiento fuera abandonado por más de medio siglo. Hoy día, los
psicoterapeutas y los entrenadores deportivos han vuelto a usarla. Además, se tiene noticia
de que un grupo reducido de científico de la cognición trata de revivir esa teoría, con mira a
lograr una exploración sistemática y sostenida de la experiencia consciente.

La fenomenología tiene como mentor a Edmund Husserl quien le dio un carácter


filosófico, más que científico. Tiene como característica determinante la condición de ser
“una operación especifica de reducción fenomenológica, término que no debe ser

25
confundido con el reduccionismo de las ciencias naturales” (ver pág. 76). En sentido
filosófico significa alejarse o distanciarse de la experiencia subjetiva. Esto se logra,
apartando toda creencia sobre lo que está siendo experimentado, como forma de cultivar la
capacidad de reflexión sistémica.

2.6 - Consciencia y cerebro

Se ha logrado un notable progreso en la identificación de los vínculos entre


neurofisiología y emergencia de la experiencia. Algunos modelos teóricos se han
planteados como hipótesis, pero todo con la misma idea central. Se parte del hecho de que
la experiencia consciente no dispone de un lugar especifico en el cerebro ni puede
asemejársele a estructuras neuronales especificas, “sino que constituye una propiedad
emergente de un determinado proceso cognitivo; la formación de grupos funcionales de
neuronas transitorias” (ver pág.78). Aunque se observa diferencia en la dinámica detallada
de los procesos neurales en los dos modelos fundamentales, ello se debe a que cada autor
centra su atención en características diferentes de la experiencia consciente y esto lo lleva a
hacer énfasis en distintas propiedades de las correspondientes agrupaciones neurales.

Para Francisco Valera, ya citado, el espacio mental de una experiencia consciente está
constituido por múltiples dimensiones. “Es creado por numerosas funciones cerebrales
distintas, a pesar de lo cual no deja de ser una única experiencia coherente. Por ejemplo,
cuando el olor de un perfume evoca en nosotros una sensación placentera o desagradable
experimentamos ese estado consciente como un todo integrado, compuesto de percepciones
sensoriales, recuerdos y emociones. Como bien sabemos, la experiencia no es constante y
puede ser extremadamente breve. Los estados conscientes son transitorios, surgen y
desaparecen sin cesar” (ver pág. 79).

Valera propone un mecanismo neural para la emergencia de estados experienciales


transitorios, “consiste en un fenómeno de resonancia conocido como bloqueo en fase”
(ibíd.). En este fenómeno se interconectan las distintas regiones del cerebro, generando una
activación sincronizada de las neuronas. Explica que la sincronización de la actividad
neural, “se constituyen asambleas de células resonantes temporales, que pueden estar
formadas por circuitos neurales ampliamente dispersos” (ibíd.). De modo que “cada
experiencia consciente está basada en una asamblea celular especifica, en la que gran
número de actividades neurales distintas - asociadas con la percepción sensorial, las
emociones, la memoria, los movimientos corporales, etcétera - se unifican en un conjunto,
transitorio pero coherente, de neuronas oscilantes” (ibíd.).

Otra posición importante la representan Gerald Edelman y Giulio Tononi, quienes


aseveran que: “la experiencia consciente está altamente integrada, y cada estado consciente
comprende una única escena que no puede ser fragmentada en componentes
independientes” (ver pág. 80). Entienden la experiencia consciente bien diferenciada, es
decir, está en capacidad de experimentar gran número de estados conscientes en un tiempo
muy breve. Estas observaciones aportan dos criterios esenciales para los procesos neurales
relacionados: un nivel de integración y una gran diferenciación o complejidad.

El mecanismo teórico desarrollado y propuesto por estos autores ha sido verificado en


simulaciones por medio de ordenador. Se le ha denominado reentrada, y “consiste en
intercambios continuos de señales en paralelo entre distintas áreas del cerebro y dentro de
ellas. Estos procesos de señales paralelos tienen aquí el mismo papel que el bloqueo en fase
en el modelo de Valera. De hecho, del mismo modo que Varela habla de asambleas
celulares que se adhieren por medio del bloqueo en fase, Tononi y Edelman, se refieren a la
vinculación dinámica de grupos de células nerviosas a través del proceso de reentrada”
(ibíd.).

Aseguran que la experiencia consciente se hace evidente, una vez integrada, por un
instante, las diferentes actividades de las aéreas cerebrales en el proceso de reentrada.
“Cada experiencia consciente surge de una agrupación funcional de neuronas, y juntas
constituyen un proceso neural unificado o núcleo dinámico, término elegido por los autores
para transmitir a la vez la idea de integración y de patrones de actividad en cambio
constante” (ver pág. 81). Lo común de las dos hipótesis comentadas, es la visión de la
experiencia consciente como una propiedad emergente de procesos transitorios de
integración, y las propuestas concretas y verificables para las dinámicas especificas de esos
procesos. Se confía en que se logre avance significativo en años venideros, en lo referente a
la formulación de una adecuada ciencia de la consciencia.

2.7 - La dimensión social de la consciencia

Nuestra condición de ser humano nos ha dotado de la capacidad de experimentar lo que


se ha denominado estado integrado de la consciencia primaria y también de la capacidad
de pensar y reflexionar; desarrollamos un lenguaje simbólico para comunicarnos,
“emitimos juicio de valor, tenemos creencias y actuamos intencionalmente guiado por
nuestra consciencia de nosotros mismos y por la experiencia de nuestra libertad personal”
(ver pág.82). Está pendiente de explicar en el estudio de la consciencia “como de unos
procesos cognitivos comunes a la totalidad de los organismos vivos surgen esas
características bien conocidas de la mente humana” (ibíd.).

En párrafos anteriores de este ensayo se dice, citando al autor del texto bajo análisis, que
la realidad social evolucionó a partir del mundo biológico hace entre dos y cuatro millones
de años. Termina el mismo diciendo, que los padres tuvieron hijos y estos se reprodujeron,
constituyendo familias y formando todo una colectividad humana, que sería la base de la
vida social.

27
De algún modo esa madurez social influyó en la consciencia reflexiva, para que se
produjera un proceso evolutivo involucrante de características biológicas y sociales. De ahí,
la afirmación de Capra, en el sentido de que “el mundo interior de nuestra consciencia
reflexiva aparece en la evolución de la mano del lenguaje y de la realidad social” (ibíd.). De
ser así, la consciencia humana sería un fenómeno producto de componentes biológicos y
sociales. Su comprensión en esa dirección, obligará a los científicos a centrar su interés en
la búsqueda de elementos representativos resultantes de la interacción de la colectividad
humana y demás seres vivos. Al mismo tiempo, habrá que profundizar en los componentes
biológicos individuales.

El tratamiento de esta parte nos recuerda que Humberto Maturana “fue uno de los
primeros científicos en establecer, de forma sistemática, el vínculo entre la biología de la
consciencia humana y el lenguaje” (ibíd.). De esto se hizo mención cuando se abordó la
teoría de Santiago. En ella Maturana sostiene que “la comunicación no consiste en la
transmisión de información, sino mas bien en la coordinación del comportamiento entre
organismos vivos, a través del mutuo acoplamiento estructural. En esas interacciones
recurrentes los organismos vivos cambian juntos gracias a su reciproca activación de
cambios estructurales” (ibíd.).

La comunicación es nula si no se produce coordinación mutua, esta característica de la


comunicación se hace presente a través de la interacción entre los diferentes organismos
vivos. El lenguaje y otros atributos se manifiestan cuando los organismos alcanzan un nivel
de abstracción en donde existe lo que el autor denomina comunicación acerca de la
comunicación. En sus palabras: “cuando hay una coordinación de las coordinaciones de
comportamiento” (ver pág. 83). Maturana, nos cuenta que, por ejemplo, “llamar a un taxi
que está al otro lado de la calle con un gesto de la mano, con lo que se consigue captar la
atención del taxista, es una coordinación de comportamiento. Si luego hace un círculo con
el índice, para indicarle que dé la vuelta, eso coordina la coordinación, y surge así el primer
nivel de comunicación en el lenguaje. El circulo se ha convertido en un símbolo, que
representa tu imagen mental de la trayectoria del taxi” (ibíd.).

Este ejemplo es suficiente para entender al lenguaje como un sistema que integra la
gestualidad, las palabras y otros recursos, como indicadores de la coordinación lingüística
de acción. La coordinación lingüística funciona como un acuerdo tácito para la designación
de los objetos por medio de símbolos, signos y palabras, que asociamos con nuestras
imágenes de esos objetos. Una vez la coordinación de las coordinaciones de
comportamiento valida el uso de las palabras, símbolos y los objetos designados, estos se
convierten en la base de futuras coordinaciones, y se crean las condiciones para niveles
recurrentes de comunicación lingüística.

Los objetos, las cosas y los fenómenos, nos llegan por medio de la coordinación de las
coordinaciones de comportamiento. Al hacer uso de los mismos en los distintos niveles
recurrente de comunicación, desarrollamos la capacidad de discriminarlos y de crear
conceptos abstractos con los cuales podemos indicar sus propiedades y las relaciones entre
ellos. Esta distinción la realizamos a través del proceso de observación, “consistente,
precisamente, en estas distinciones de distinciones; luego aparece el observador cuando
distinguimos entre observaciones, y, finalmente, surge la consciencia de sí mismo como
observación del observador cuando utilizamos la noción de objeto y sus conceptos
abstractos asociados para describirnos a nosotros. Nuestro ámbito lingüístico se expande así
hasta dar cabida a la consciencia reflexiva” (ibíd.).

2.8 - Conversaciones con Chimpancés

Los humanos tenemos identificados en la teoría de la consciencia, una serie de vínculos


entre autoconsciencia, pensamiento conceptual y lenguaje simbólico. Lo que no se ha
definido es cuál es la base neurofisiológica que subyace en la emergencia del lenguaje
humano. También está pendiente establecer la forma o manera como se desarrolló el nivel
de abstracción característico de nuestro pensamiento y de nuestro lenguaje.

Las investigaciones reciente revelan que el ser humano y el Chimpancé comparten un


antepasado común del que no participan otras especies. Una de las evidencias con más peso
es la que aporta el ADN, en donde se establece que la diferencia genética entre el humano y
el Chimpancé es de solo 1,6 por ciento. Fauts, consultado por Capra precisa que: “nuestro
esqueleto es una versión erguida del esqueleto del Chimpancé; nuestro cerebro es una
versión ampliada del cerebro del Chimpancé; nuestro órganos vocales son una innovación
de los del Chimpancé. Por añadidura, es bien sabido que gran parte del repertorio facial de
los Chimpancé es parecido al nuestro” (ver pág.85).

Se ha comprobado que la similitud entre humanos y Chimpancés no se reduce a la


anatomía, sino que “se extiende a las características sociales y culturales. Al igual que
nosotros, los Chimpancés son criaturas sociales. Cuando están en cautiverio, lo que más lo
hace sufrir es la soledad y el aburrimiento” (ibíd.). Los estudios antropológicos han
rebelado que los Chimpancés tienen diferentes culturas, pueden construir y utilizar
herramientas; difiere un grupo de otros en la cultura cazadoras-recolectoras. Los jóvenes
aprenden de las madres nuevas habilidades mediante una combinación de imitación y guía.

Sorprende la gran variedad de conductas culturales observadas entre los Chimpancés.


Usan las plantas medicinales, cuidan los vínculos familiares, lloran la muerte de la madre,
adoptan a los huérfanos, luchan por el poder y hacen la guerra; pero lo más sorprendente es
que se puede sostener una comunicación fluida con ellos. Se asegura, que tienen gestos
para decir palabras y frases. “Esas observaciones fueron espectacularmente confirmadas
por los hallazgos de varios equipos de psicólogos que se dedicaron durante años a criar a

29
Chimpancés en su casa igual que si fueran niños y se comunicaban con ellos mediante el
lenguaje gestual estadounidenses (ASL)” (ver pág. 87).

El american sign language ( ASL) tiene una antigüedad de más de 150 años y fue
desarrollado por sordos, utilizando recursos de varios lenguajes gestuales europeos. Este
lenguaje es sumamente flexible. “Sus elementos constitutivos – configuraciones, posiciones
y movimientos de las manos – pueden ser combinados para formar un número infinito de
signos, equivalentes a las palabras. El ASL tiene sus propias reglas para la organización de
los gestos en frases, con una gramática complicada e ingeniosa, muy distinta de la de
cualquier otro lenguaje” (ibíd.).

Los resultados alcanzados en la comunicación con los chimpancés, haciendo uso de este
lenguaje, es sorprendente. Los expertos que han sido testigo de las conversaciones entre los
humanos y los chimpancés o las conversaciones entre ellos mismos, se han visto obligado a
cambiar sus presuposiciones de que los animales no pueden pensar ni hablar. Se dice que
las “conversaciones de los chimpancés eran tan claras, que expertos en ASL
independientemente estuvieron de acuerdo, nueve de cada diez veces, en el significado de
esas conversaciones firmadas” (ver pág. 88).

2.9 - Los orígenes del lenguaje humano

La comunicación entre el hombre y el chimpancé ha dejado abierto nuevos caminos en


el conocimiento de los orígenes del lenguaje humano. Las observaciones realizadas por
Roger Fouts por un periodo que abarca varias décadas, les han convencido de que los
chimpancés pueden usar sintaxis, o sea, combinar señales que expresan un significados
lógico y formar nuevas combinaciones de gestos que conforman nuevas palabras.

Estos descubrimientos revelan que no estaba lejos de la verdad Gordon Hewes, cuando
afirmaba que: “los primeros homínidos se comunicaban con las manos y desarrollaron
movimientos manuales cada vez más precisos, tanto para el lenguaje gestual como para
fabricar herramientas” (ver pág. 89). Se presume que el habla evolucionó posteriormente, a
partir del momento en que el ser humano alcanzó la capacidad de sintaxis, “que permite
seguir secuencias de configuraciones muy complejas en la confección de herramientas, en
la gesticulación y en la formación de palabras” (ibíd.).

Todo esto ha dado lugar a inferencias interesantes, como el planteamiento de la


posibilidad de que “si el lenguaje procede de las señas y estas evolucionaron al mismo
tiempo que la confección de herramienta (la forma más simple de tecnología), cabría
suponer que la tecnología es parte esencial de la naturaleza humana, inseparable de la
evolución del lenguaje y la consciencia” (ibíd.). Visto así, la tecnología no es solamente una
extensión del ser humano, sino una condición inherente a su existencia.
Aunque hace mucho tiempo que se viene observando la gesticulación de los infantes y la
comunicación gestual en forma comprensiva entre personas que no hablan una misma
lengua, hasta ahora no se había podido dar respuesta a la interrogante de cómo pudo el
habla evolucionar físicamente partiendo de los gestos. Según ha evidenciado la neuróloga
Doreen Kimura el problema ha sido resuelto al descubrir que: “el habla y los movimientos
manuales precisos parecen estar controlados por una misma región motriz del cerebro” (ver
pág. 90). El conocimiento de su hallazgo llevó a Fouts a entender que existe un vínculo
estrecho entre el lenguaje gestual y el hablado con el gesto. Lo que Capra, expresa del
siguiente modo: “el lenguaje por seña utiliza gestos de las manos, y el lenguaje hablado usa
gestos con la lengua. Esta ejecuta movimientos precisos y se detiene en lugares específicos
de la boca para emitir determinados sonidos, mientras que las manos y los dedos se
detienen en lugares específicos del cuerpo para producir señales” (ibíd.).

Fouts cree que el origen del lenguaje humano comenzó cuando nuestro antepasado
homínido empezó a hacer uso de las manos para producir gestos con significado. Una vez
erguidos, lograron desarrollar con sus manos gestos más complicados y complejos, lo que
perfeccionaron con el tiempo. Estos gestos, en principio grotesco, se fueron haciendo más
claros y precisos, conformando una especie de gramática gestual más complicada. Mientras
más se precisaban los gestos de las manos, mas se facilitaba la aparición de los
movimientos preciso de la lengua, logrando cada vez la emisión de sonidos vocálicos más
complejos.

Estos planteamientos teóricos quedaron demostrados, cuando Fouts trasladó la


experiencia comunicacional con los chimpancés a los niños autistas. Logró que estos niños
con problemas para comunicarse con el lenguaje hablado, rompieran el mutismo, al utilizar
un canal lingüístico alternativo, las señas. Con pocos meses de práctica usando la
comunicación gestual, los niños modificaron su conducta de retraimiento y se
comunicaban haciendo uso de las mismas. A pocas semanas también empezaron a hablar.
“La habilidad necesaria para realizar señas precisas pudo ser transferida a la capacidad de
articular sonidos porque, como hemos visto, ambas están controladas por las mismas
estructuras cerebrales” (ver pág. 91).

Con el transcurso del tiempo se produjeron cambios en los órganos anatómicos, que
permitieron una mejor articulación de sonidos para dar más claridad y precisión conceptual
a lo expresado, lo que reducía a la mínima expresión el protagonismo antes sostenido por el
gesto. Ya no era necesario hablar de frente, el lenguaje hablado había superado toda suerte
de limitaciones, aunque el gesto permaneció para siempre como una lengua a usarse en
circunstancias especiales o como complementaria en el acto comunicacional.

2.9.1 - La encarnación de la mente

31
Roger Fouts sostiene que el lenguaje estaba inicialmente limitado a los gestos, a partir
de los cuales fue evolucionando junto con la consciencia humana. Esta afirmación lo acerca
al planteamiento de los científicos de la cognición, cuando tratan la encarnación de la
mente. Los estudios recientes en el campo de la lingüística cognitiva lleva a los científicos a
afirmar que: “la razón humana no trasciende el cuerpo, como ha sostenido buena parte de la
filosofía occidental, sino que está decididamente confirmada por nuestra naturaleza física y
nuestra experiencia corporal. Este es el sentido en el que se encarna la mente. La estructura
intrínseca de la razón surge de nuestro cuerpo y de nuestro cerebro” (ver pág. 92).

También George Lakoff y Mark Johnson, en su libro (philosophy in the flesh) aportan
evidencias de la encarnación de la mente y de sus profundas implicaciones. Siguiendo sus
reflexiones científicas, Capra precisa lo siguiente: “Esas evidencias se basan, ante todo, en
el descubrimiento de que la mayor parte de nuestro pensamiento es inconsciente y opera a
un nivel inaccesible a la percepción consciente ordinaria. Este inconsciente cognitivo
incluye no tan solo nuestras operaciones cognitivas automáticas, sino también nuestro
conocimiento tácito y nuestras creencias. Sin que nos demos cuenta de ellos, el
inconsciente cognitivo moldea y estructura nuestro pensamiento consciente” (ibíd.). El
interés que ha despertado este campo particular del saber, ha involucrado a científicos de la
ciencia cognitivas, mucho de los cuales han formulados planteamientos e ideas
radicalmente nuevos, acerca del modo como se forman los conceptos y los procesos de
pensamiento.

En sus esfuerzos por conocer el funcionamiento de la mente humana, los científicos de


la cognición han comenzado a comprender aspectos importantes del proceso de formación
del pensamiento. Lakoff y Johnson, citado en el texto, nos dicen: “Los mismos mecanismos
neurales y cognitivos que nos permiten percibir y desenvolvernos crean nuestras
estructuras conceptuales y nuestras modalidades de razonamiento” (ver pág. 93). Esta
comprensión se inició con los estudios de las categorías conceptuales, que tuvieron como
punto de partida el proceso de clasificación de una serie de experiencias cognitivas
fundamentales a cualquier nivel de vida.

Así, se observa que: “los microorganismos clasifican los alimentos químicos en alimento
y no alimento, entre aquellos hacia lo que hay que moverse o hacia lo que no vale la pena
hacerlo. De forma parecida, los animales clasifican alimentos, sonidos que significan
peligro, miembros de su misma especie, señales sexuales, etc.” (ibíd.).

Los organismos vivos desarrollan la capacidad de establecer distinciones. En su aparato


sensorial y su sistema locomotor, o sea, sus características corporales lo que le permite
realizar clasificaciones. Esto vale para las plantas, los animales y los microorganismos. Se
admite que algunas categorías son el resultado del razonamiento consciente, pero, existe
consenso en que la mayor parte se forman de manera automática e inconsciente, como
resultado de la naturaleza específica de nuestro cuerpo y del cerebro.
Una buena manera de ilustrar esto lo constituyen los colores. “Estudios extensivos sobre
la percepción cromática, realizados a lo largo de varias décadas, han dejado fuera de duda
que, con independencia del proceso de percepción, en el mundo exterior no hay colores.
Nuestra experiencia cromática es creada por las longitudes de onda de la luz reflejada, en
interacción con los conos de nuestra retina y con el circuito nervioso conectado a ellos. De
hecho, estudios pormenorizados han demostrado que toda la estructura de nuestras
categorías de colores (cantidad de colores, matices, etc.) surge de nuestras estructuras
neurales” (ibíd.).

Si bien es cierto que esta categoría cromática se fundamentan en las funciones


neurofisiológica, otras categorías se forman como producto de la experiencia corporal. Esto
se entiende de particular importancia para las relaciones espaciales y se resalta con la
explicación de Lakoff y Johnson cuando expresan que: “cuando percibimos un gato
“delante de un árbol”, esta relación espacial no existe objetivamente en el mundo, sino que
es una proyección de nuestra experiencia corporal. Tenemos un cuerpo con un delante y un
detrás, distinción que proyectamos a los demás objetivos. Así pues, “nuestro cuerpo define
una serie de relaciones espaciales fundamentales, que utilizamos no tan solo para
orientarnos, sino también para percibir la relación entre diversos objetivos” (ver pág. 94).

Como seres humanos desarrollamos la capacidad de clasificar nuestra experiencia y


crear conceptos abstractos para caracterizarla, lo que nos permite razonar sobre ella. La
cognición entre nosotros, parte del hecho de que las categorías son siempre conceptuales e
inseparables de sus correspondientes conceptos abstractos. Si nuestras categorías surgen de
nuestras estructuras neurales y de nuestra experiencia corporal, también de ellas surgen
nuestros conceptos abstractos.

El hecho de reconocerle forma y sustancia a los conceptos constituye un tipo de


razonamiento y, por supuesto, la encarnación física. “Por ejemplo, al distinguir entre fuera
y dentro, tendemos a visualizar esta relación espacial en términos de un continente con un
interior, un perímetro y un exterior. Esta imagen mental, basada en nuestro cuerpo como
contenedor, se convierte en la base de cierta clase de razonamiento” (ibíd.).

Proyectar la imagen mental de un contenedor como concepto abstracto de una categoría,


es usarlo como metáfora. “Este proceso de proyección metafórica constituye un elemento
crucial en la formación de pensamiento abstracto. El descubrimiento de que la mayor parte
del pensamiento humano es metafórico ha constituido uno de los mayores avances de la
ciencia de la cognición” (ver pág. 95). La metáfora en este caso, es la forma de abstracción
de los conceptos básicamente corporales, es donde la capacidad intelectiva del ser humano
puede expresarse en forma abstracta sin desconectarse de la esencia de la experiencia
sensorial y corporal en su razonamiento.

Nuestro pensamiento abstracto está constituido de metáforas primarias y metáforas


complejas. Las primarias son adquiridas desde la primera infancia y permanecen para
33
siempre mezclándose con otras muy elaboradas y que conformaran la rica fuente de la
imaginación y el ingenio de las personas, que se expresan en las estructuras conceptuales.

2.9.2 - La naturaleza humana

Los descubrimientos científicos reciente en la ciencia de la cognición, han hecho rodar


por el suelo algunos axiomas de la filosofía occidental. Así lo hace saber Frijof Capra al
presentar las nuevas ideas sustentada por Lakoff y Johnson, quienes precisan que: “la mente
está inherentemente encarnada en el cuerpo. El pensamiento es en su mayor parte
inconsciente. Los conceptos abstractos son en gran medida metafórico” (ver pág. 96).

El reclamo a la filosófica consiste en que no ha sido capaz de responder a necesidades


que se consideran fundamentales como el conocimiento, “saber quiénes somos, cómo
experimentamos el mundo y cómo deberíamos vivir” (ibíd.). Esto implica conocer cómo se
estructura nuestro pensamiento y cómo se expresa por medio del lenguaje. Es ahí donde
radica la fortaleza de la ciencia cognitiva y donde puede hacer importante contribuciones a
la filosofía.

Se entiende necesario un dialogo entre filosofía y ciencia cognitiva, en el que ambas


disciplinas se complemente y superen las diferencias, los atrasos o el desconocimiento que
las lleva por caminos equivocado. Con razón se cita a John Searle cuando dice: “el coste de
despreciar la filosofía consiste en cometer errores filosófico”. Y agrega el autor que: “los
filósofos por su parte, no pueden proponer teorías serias sobre la naturaleza del lenguaje, de
la mente y de la consciencia, a menos que tengan en cuenta los notables avances recientes
en la comprensión de la cognición humana” (ver pág. 97).

En lo ya expuesto se han reunidos los notables avances en la comprensión de cómo


evolucionó el proceso cognitivo de forma paralela y unido a las estructuras biológicas,
hacia formas de creciente complejidad. A medida que el ser humano logro coordinación y
movimiento preciso de sus extremidades superiores, nació lo que podría llamarse un
lenguaje gestual, con reglas propias aunque elementales que facilitaron el surgimiento del
lenguaje hablado, el desarrollo de la consciencia reflexiva y el pensamiento conceptual,
todo esto como parte integral del complejo proceso comunicacional. Así mismo, ha
quedado demostrado que en cualquier nivel de vida, mente y materia, proceso y estructura,
están inseparablemente conectados. Controlar los movimientos de las manos y de la lengua,
posibilitó el notable progreso en el proceso de comunicación entre los humanos.

Por otro lado, lograr establecer que la mente humana en todas sus manifestaciones está
unida al cuerpo, que surge de este y está conformada por él; ha posibilitado la demostración
de que el razonamiento no es exclusivamente humano, que “las vidas cognitivas y
emocionales de los animales difieren tan sólo en grado y que la vida es un gran continuo en
el que las diferencias entre especies son graduales y evolutiva” (ver pág. 98). De modo que
la razón ya no se puede concebir como aquello que produce la radical separación entre
humano y no humano, sino que nos sitúa en un continuo con ellos.

2.9.3 - Las dimensiones espirituales

Se ha explicado que la vida surgió con la formación de las primeras burbujas


constituidas por membranas en los océanos primigenios. Gotas diminutas formadas
espontáneamente en un entorno de agua jabonosa, siempre ajustadas al mandato de las
leyes físicas y de la química. Ese proceso transformador continuó con el desarrollo de una
compleja red química, que les proporcionó el potencial para crecer y evolucionar hacia
estructuras autorreplicantes, mucho más complejas. El cuadro se completó con los
catalizadores, que incrementaron la complejidad molecular y con el tiempo propició la vida
de estas protocélulas, mediante la evolución de tres componentes básicos: las proteínas, los
ácidos nucléicos y el código genético.

De aquí surge la primera célula bacteriana, responsable de toda subsiguiente vida sobre
el planeta. Todos sus descendientes “se expandieron por la tierra hasta tejer una red
bacteriana planetaria y ocupar gradualmente todos los nichos ecológicos. Impulsada por la
creatividad inherente a todo sistema vivo. Esta red planetaria de vida se expandió por
medio de mutaciones, intercambio de genes y simbiosis produciendo formas de vida de
complejidad y diversidad siempre creciente” (ver pág. 99).

Sólo queda por decir, que al expandirse la vida, los organismos surgidos actuaban en un
entorno que los obligaba a cambios estructurales, la influencia de esos entornos, se
manifestaba de forma diferente y con cierta autónoma, según sus respectivas naturalezas.
Los organismos vivos interactuaban entre sí y con su entorno en un proceso cognitivo
constante.

Concluido el escenario del origen de la vida nuevas interrogantes surgen, sobre aspectos
trascendentales para el ser humano de hoy. El más importante y fundamental de todos es la
dimensión espiritual de la vida, la cual exige explicación satisfactoria y lógica y apegada a
criterios racionales, no a especulación ni juicio caprichoso, como salida fácil a un problema
que está inmerso en lo más profundo de nuestra existencia.

El criterio biológico de que la vida no es más que una cuestión de moléculas, está siendo
abandonado para dar paso a la nueva comprensión de la vida como sistema. Desde ésta
perspectiva, la vida no sólo se basa en las estructuras moleculares, sino también en los
patrones de relaciones entre dichas estructuras y los procesos específicos subyacentes en su
formación. De modo que, “la característica definitoria de un sistema vivo no consiste en la

35
presencia de determinadas macromoléculas, sino en la existencia de una red autogenética
de proceso metabólicos” (ver pág. 100).

Capra sostiene que: “los procesos de la vida incluyen, ante todo, la emergencia
espontanea de nuevo orden, característica que constituye la base de la creatividad inherente
a cualquier forma de vida. Es más, los procesos vitales están vinculados con la dimensión
cognitiva de la vida, y el surgimiento de nuevo orden incluye la emergencia del lenguaje y
de la consciencia” (ibíd.). Si se presta atención al predicamento de las principales
tradiciones filosóficas y religiosas, se notará que el concepto que define el espíritu humano
encierra una característica emergente que se verifica en el nuevo orden.

En las más firmes tradiciones filosóficas y religiosas la palabra espíritu significa “soplo
de vida”. No existe la menor duda de que la respiración constituye un aspecto fundamental
del metabolismo de toda forma de vida, en este contexto, soplo de vida, bien puede
constituir “la metáfora perfecta para la red de procesos metabólicos que constituye la
característica definitoria de los seres vivientes. El espíritu – el soplo de vida – es lo que
tenemos en común con todos los seres vivos. Nos nutre y nos mantiene vivos” (ibíd.).

La espiritualidad (experiencia mística o religiosa) es considerada por muchos una


manera de ser, que nace de una determinada experiencia profunda de la realidad, una
experiencia directa y no intelectual de la realidad, con algunas características básicas
independientes del contexto cultural e histórico. Esa experiencia espiritual se ha descrito
“como momentos de exaltación de la sensación de estar vivo. Nuestros momentos
espirituales son los momentos en los que nos sentimos más intensamente vivo” (ver pág.
101). Sensación intensa que involucra al cuerpo y la mente. Por tanto, la espiritualidad tiene
siempre un sustrato corporal.

Es evidente que esta noción de espiritualidad es congruente con la concepción de mente


encarnada físicamente, desarrollada recientemente por la ciencia de la cognición. Cuando la
experiencia espiritual es de absoluta unidad de la mente y el cuerpo, la misma trasciende la
separación entre el yo y el mundo, provocando la sensación de unidad con todo, y un
sentido de pertenencia al universo como un todo. “Al mirar al mundo que nos rodea, nos
percatamos de que no hemos sido arrojados al caos y a la aleatoriedad, sino que formamos
parte de un orden superior, de la gran sinfonía de la vida. Cada molécula de nuestro cuerpo
ha formado antes parte de otros cuerpos – vivos o no – y volverá a hacerlo en el futuro. En
este sentido, nuestro cuerpo nunca morirá, sino que vivirá una y otra vez porque la vida
sigue” (ver págs. 101 -102).

3- Realidad social
En la tercera parte, y siguiendo al autor, se revisa la parte inicial procurando conectar
esos postulados de carácter biológico con el ámbito social, todo esto con el propósito de
conseguir un marco unificado y sistémico para la comprensión de los fenómenos biológicos
y sociales. Esa síntesis procura distinguir “entre dos puntos de vista acerca de la naturaleza
de los sistemas vivos, que denomina perspectiva de patrón y perspectiva de estructura, así
como en la integración de ambas en una tercera, que denomina perspectiva de proceso” (ver
pág. 103).

Se entiende el patrón de organización de un sistema vivo, “como la configuración de las


relaciones entre sus componentes, la cual determina sus características esenciales” (ibíd.).
En ese contexto, la estructura se nos presenta, “como la encarnación física de su patrón de
organización y el proceso vital como el proceso continuo de esa encarnación” (ibíd.). El uso
de términos como forma y materia obedece a búsqueda de adecuación a un uso más general
y multidisciplinario.

En los sistemas vivos sobresalen tres particularidades básicas, dependiendo de la


perspectiva que se tome en consideración. “Al estudiar los sistemas vivos desde la
perspectiva de la forma, descubrimos que sus patrones de organización son los de una red
autogenética. Desde la perspectiva de la materia, la estructura material de un sistema vivo
es una estructura disipativa, es decir, un sistema abierto que opera lejos del equilibrio.
Finalmente, desde la perspectiva del proceso, los sistemas vivos son sistemas cognitivos, en
los que el proceso de cognición está íntimamente ligado al patrón de autopoiésis” (ver pág.
104).

Este planteamiento encuentra resistencia en gran parte de la comunidad científica,


debido a que solo una de esas perspectivas está relacionada con el estudio de la materia, las
otras dos pertenecen al mundo de lo inmaterial. Las cualidades, patrones y procesos, son
cuestiones de aceptación general, pero como propiedad emergente de la materia, como idea
abstracta, no como fuerza generatriz. “El metabolismo celular, característica fundamental
que diferencia a los sistemas vivos de los no vivos, no es una propiedad de la materia ni una
fuerza vital, sino un patrón específico de relaciones entre procesos químicos. Aunque
implique relaciones entre procesos que producen componentes materiales, el patrón en red
es en sí mismo inmaterial” (ver pág.105).

Precisamente, el proceso cognitivo es el resultado de los cambios estructurales de ese


patrón en red. Con el tiempo, genera la experiencia consciente y el pensamiento conceptual.
Todos estos fenómenos pertenecen a la esfera de lo inmaterial, aunque no se puede negar el
sustrato físico, dado que surgen del cuerpo y están formado por él.

3.1-El significado: la cuarta perspectiva

37
¿Se puede tratar el comportamiento social como una continuidad de la vida biológica?
Al parecer, solo es posible cuando se adopta una visión sistémica, dado que se asume como
una manifestación natural de la evolución del elemento biológico, una continuidad que se
expresa a través de las diferentes facetas del ámbito social. Elementos como las “normas de
conducta, valores, intensiones, objetivos, estrategias, diseños, relaciones de poder” (ver
pág. 106), tienen una función básica entre los humanos y ciertas especies animal, pero en
ninguna otra forma de vida. Todo esto guarda semejanza con la conducto temprana de las
células y membranas en su proceso de reafirmación inicial.

Podríamos aventurarnos a establecer relación entre la aparición de esos diferentes


conceptos y el momento descrito en la siguiente aseveración: “la consciencia de sí mismo
emergió Durante la evolución de nuestros antepasados homínidos juntos con el lenguaje, el
pensamiento conceptual y el mundo social de las relaciones organizadas y la cultura”
(ibíd.). No hay duda alguna en la afirmación, de que la consciencia refleja está
inextricablemente vinculada a la del lenguaje y su contexto social.

Uno de los pasajes más puntuales e interesantes en la conformación de los niveles de


abstracción, es el que se refiere a las imágenes mentales, en él se expresa lo siguiente:
“nuestra capacidad para mantener imágenes mentales de objetos materiales y de
acontecimientos parece condición básica para la emergencia de las características
esenciales de la vida social” (ibíd.). Las imágenes mentales nos permiten diferenciar y
seleccionar la mejor entre todas las opciones, lo que propicia la formulación de valores y
normas sociales y conductas. Como todos proyectamos esos valores y conductas sociales
hacia el futuro, el sostenimiento de los mismos, se verá afectado por disidencia producto
de la lucha de intereses y esos conflictos de intereses conducirán a la conformación de
poderes en grados diferente que se manifestarán como relaciones de poder. De este modo,
las relaciones de poder son el resultado de la asunción de valores y patrones de conductas
compartidas, en los grandes conglomerados sociales con manifestaciones diversas. En ese
contexto, “Nuestras intenciones, nuestra consciencia de propósitos y de diseños, y nuestras
estrategias para alcanzar objetivos previamente identificados” (ibíd.). Se manifiestan como
las aspiraciones de los parciales de una red de poder que canalizan por esa vía sus
expectativas.

El universo de conceptos e ideas, de imágenes y símbolos que llevamos dentro, no es


una reproducción o copia fiel de la realidad, es una percepción que configura una nueva
imagen de la realidad, producto de los mapas mentales que conforman el conjunto de
valores, las expectativas en torno a la realidad subjetiva proyectada hacia el futuro, y la
incidencia de la madurez social alcanzada por los individuos, que regula la relación
contradictoria entre la cruda realidad exterior y nuestras expectativas en torno a los deseos,
necesidades y posibilidades reales de alcanzar determinados objetivos como lo concebimos.
Eso que se ha llamado “el carácter mental de los fenómeno sociales”, bien podría constituir
la conclusión lógica individual, una vez aceptado el conjunto de valores y actitudes que ha
consensuado implícitamente el conglomerado social, esta conclusión da paso al nuevo
esquema mental de interpretación y guía en la toma de decisiones individuales y colectivas
que hace congruente la actuación del individuo con la visión del grupo y da estabilidad a la
relación.

A ese mundo de ideas y conceptos comprendido en el “carácter mental de los fenómenos


sociales” se le adiciona el lenguaje humano, cuya naturaleza simbólica implica la
comunicación de significado, el cual da lugar a la acción humana. Apoyado en el hecho de
que la acción humana se origina a partir del significado que se atribuye al entorno, el autor
postula que: “la compresión sistémica de la vida puede ser extendida al ámbito social
sumando a las otras tres perspectivas de la vida la del significado. Utilizo el término
“significado” como abreviatura del mundo interno de la consciencia reflexiva, que contiene
una multitud de características interrelacionadas. Así pues, una comprensión plena de los
fenómenos sociales deberá involucrar la integración de las cuatro perspectivas: forma,
materia, proceso y significado” (ver pág. 107).

La integración de las cuatro perspectivas es un reconocimiento implícito de la


contribución de cada una a la comprensión del fenómeno social. Aunque este marco
conceptual guarda similitud con los postulados filosóficos de Aristóteles, es conveniente
apuntar que estos planteamientos no tienen cabida en los sistemas no humanos.

3.2- La teoría social

Hacia el final del siglo XIX, el pensamiento social estaba dominado por la teoría
positivista de Auguste Comte. Aunque esta sostenía que las ciencias sociales deben buscar
leyes generales del comportamiento humano; planteaba que tenían que basarse en la
cuantificación y rechazar las explicaciones basadas en términos de fenómenos subjetivos,
como intenciones o propósitos. Comte no solamente llamó a la sociología física social, sino
que con nociones como la causalidad social, acercaba más la sociología a la física que a las
denominadas ciencias de la vida.

A la llegada del siglo XX las diferentes corrientes del pensamiento sociológico parecían
moverse entre las cuatro perspectivas ya señalada, o sea: forma, materia, proceso y
significado. Durkheim consideraba que hechos sociales como las creencias o las practicas
eran las causas de los fenómenos sociales y, aunque de naturaleza inmaterial debían ser
tratados como objetos materiales.

Existe un estrecho vínculo entre las teorías estructuralista, el funcionalismo y la teoría


general de sistema. Aunque conceptualmente diferenciada, se puede encontrar elementos
comunes en todas ellas. Los estructuralistas hablan de “el ámbito oculto consistente en
estructuras sociales subyacentes” (ver pág. 109). Los funcionalistas “postulan la existencia

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de una racionalidad social subyacente, que nueve al individuo a actuar de acuerdo con las
funciones sociales de sus acciones” (ver pág. 110). Por su lado, Talcott Parson desarrolló
una “teoría general de las acciones” muy influida por la teoría general de sistema, en donde
trató de integrar estructuralismo y funcionalismo en un único marco teórico. Para él, “las
acciones humanas tratan de conseguir objetivos personales a la vez que están constreñidos
por el entorno social” (ibíd.).

3.3- Giddens y Habermas: dos teorías integradas

Todos los esfuerzos de la teoría social de la segunda mitad del siglo xx, estuvieron
orientado a trascender o superar las escuelas anteriores. Un propósito implicado en ello, era
la integración al cuerpo conceptual de las ciencias sociales de nuevo contenido, como
estructura social y libre albedrio y su correspondiente análisis explicito del significado.
Dicho esfuerzo ha recibió mayor impulso con las obras de Anthony Giddens y Jurgen
Habermas, sólidos exponentes de la teoría integradora.

Anthony Giddens ha hecho importantes contribuciones en el campo de la teoría social.


En su “teoría de la estructuración” explora la interacción entre las estructuras sociales y el
libre albedrio humano, valiéndose de recursos estructuralistas, funcionalistas y de las
sociologías interpretativas. Procura investigar las estructuras e instituciones sociales usando
el análisis institucional como método de investigación y emplea el análisis estratégico, para
estudiar el modo como la gente recurre a esas estructuras e instituciones para lograr sus
objetivos estratégicos.

Para Giddens, la conducta estratégica de la gente se basa en el modo como interpreta el


entorno. Entiende que los científicos sociales tienen que enfrentarse a una doble
explicación: “tienen que interpretar su materia de estudio, la función de la cual es,
precisamente, interpretar. Por consiguiente, Giddens piensa que hay que tomarse en serio
las instituciones fenomenológicas subjetivas, si es que aspiramos a comprender la conducta
humana” (ver pág. 111 – 112). Su concepto de estructura social es complejo, lo que obliga a
precisar una serie de reglas expresadas en prácticas sociales, a las que se les adhieren
recursos determinados en su definición de estructura social. “Las reglas son de dos clases:
esquemas interpretativos, o reglas semánticas, y normas, o reglas morales. Hay también dos
clases de recursos: los materiales comprenden la propiedad o control de objetos […],
mientras que los autoritativos resultan de la organización del poder” (ibíd.).

En las organizaciones sociales observamos dos niveles estructurales, uno representado


por la estructura organizacional y otro constituido por los principios, normas y
procedimientos, que regulan su actuación y su convivencia social. Giddens denominas
propiedades estructurales a las características institucionalizadas de la sociedad, como la
estructura de gobierno, división del trabajo, entre otras. Y principios estructurales, a
aquellas características enraizadas más profundamente. El estudio de los principios
estructurales permite distinguir una sociedad de otra.

Observa que: “la interacción entre estructura sociales y libre albedrio humano es cíclica.
Las estructuras sociales son a la vez la condición previa y el resultado fortuito del libre
albedrio de las personas. Los miembros de la sociedad se nutren de ellas para implicarse en
sus prácticas sociales cotidianas, y al hacerlo no pueden evitar reproducir esa misma
estructura” (ibíd.). Un análisis más profundo de este concepto, permite extraer conclusiones
importantes. El ser humano por necesidad, y haciendo uso del libre albedrio, desarrolla las
estructuras sociales que les son útiles, dentro de ellas, despliega toda su capacidad para
adaptar esas estructuras a las nuevas condiciones que demandan sus aspiraciones y deseos.
De modo que, lo que conocemos como libre albedrio, es la capacidad para tomar decisiones
relativamente limitadas e introducir modificaciones que no constituyen una ruptura
sistémica, sino una adaptación que hace posible nuestro habitad física y espiritualmente en
un contexto modificado.

Resulta interesante a este respecto, citar el concepto que de “dualidad de estructura” nos
da Giddens. “Al hablar no tenemos más remedio que ceñirnos a las reglas de nuestro
idioma, de modo que, al utilizarlo, estamos continuamente reproduciendo y transformando
las mismísimas estructuras semánticas. Por consiguiente, las estructuras sociales nos
permiten interactuar, al mismo tiempo que son reproducidas por nuestras interacciones”
(ibíd.).

Capra observa semejanza entre los planteamientos de Giddens sobre el libre albedrio y
la teoría biológica de la redes autopoiésica. Y la expresa de esta manera: “el libre albedrio
no consiste en actos discreto, sino en un flujo continuo de conducta. De forma equivalente,
una red metabólica viva encarna un proceso de vida fluyente. Del mismo modo que los
componentes de una red viva se transforman o se reemplazan continuamente unos a otros,
también las acciones en el flujo de la conducta humana tienen en la teoría de Giddens, una
capacidad transformadora” (ver pág. 113).

Mientras Giddens trabajaba en Cambridge en la década de los 70, Jurgen Habermas


formulaba su teoría en la universidad de Frankfurt, la que denominó “teoría de la acción
comunicativa”. En ella integra numerosas ramas filosóficas y le da una nueva dimensión a
la teoría crítica. Su producción teórica lo colocó al frente de la intelectualidad europea del
ámbito social. En su teoría procura mostrar las condiciones estructurales de las acciones de
la gente y como ayudarla a trascender esas condiciones. Es una teoría que se fundamenta en
el poder y la forma de emancipación.

Habermas sostiene que existen dos perspectivas distintas pero complementarias, para
entender plenamente los fenómenos sociales. “Una es la del sistema social, que se
corresponde con la atención a las instituciones de la teoría de Giddens, mientras que la otra
es la perspectiva del mundo vivo” (ibíd.). El sistema social se relaciona con la manera en
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que las estructuras sociales comprenden el poder y las relaciones de producción y sus clases
sociales. Mientras que, el mundo vivo comprende cuestiones relacionada con el significado
y la comunicación. Para Habermas, la teoría crítica comprende la integración de dos clases
distintas de conocimiento: el empírico-analítico, asociado al mundo exterior y que explica
las causas, y la hermenéutica o comprensión del significado, asociado a lo interno, y que se
ocupa del lenguaje y la comunicación.

Entiende que el tejido social actúa guiado por las intuiciones hermenéuticas, que la
gente atribuye un significado a su entorno y actúa en consecuencia. Precisa que: “las
interpretaciones personales se basan siempre en una serie de presuposiciones implícitas
insertas en la historia y la tradición, y argumenta que eso significa que no todas las
presuposiciones son igualmente validas” (ver pág. 114). Sustenta que los científicos sociales
debieran evaluar críticamente las distintas tradiciones como forma de identificar
“distorsiones ideológicas y desvelar sus conexiones con las relaciones de poder” (ibíd.).

Habermas identifica varios tipos de acciones las cuales puede integrar en su teoría
crítica. Siguiendo las cuatro perspectivas, la acción corresponde al ámbito de la perspectiva
de proceso y cada acción se conecta a cada perspectiva. La acción instrumental se sitúa en
el mundo exterior (materia), la acción estratégica opera en el campo de las relaciones
humanas (forma) y la acción comunicativa procura lograr la comprensión (significado).
Cada clase de acción mantiene un vínculo con un sentido distinto de rectitud, la recta
acción guarda relación con la verdad de los hechos, la rectitud moral con el mundo social
y la sinceridad con el mundo interior.

3.4- Extensión del enfoque sistémico

Giddens y Habermas, teóricos prominentes de las ciencias sociales, han trabajados por
separado las mismas temáticas, y comparten los mismos puntos de vista en torno a los tres
pilares fundamentales que alimentan a sus respectivas posiciones. Ambos integran ideas y
conceptos de las ciencias naturales, de las ciencias sociales y de la filosofía cognitivas y se
oponen a las limitaciones contenidas en el positivismo. Con la integración de las cuatro
perspectivas considerada hasta ahora, estaríamos alcanzando una compresión sistémica de
la realidad social. “Esa comprensión sistémica se basa en la premisa de la existencia de una
unidad fundamental de la vida, de que sistemas vivos diferentes muestran patrones de
organización similares. Esta presuposición queda reforzada por la observación de que la
evolución ha obrado a lo largo de miles de millones de años, mediante el uso repetido de
unos mismos patrones. A medida que la vida evoluciona, esos patrones tienden a ser mas y
mas complejos, pero no por ello dejan de ser variaciones sobre unos mismos temas básicos”
(ve pág.115).
Tanto la red metabólica como la cadena trófica de los ecosistemas, constituyen patrones
de organización interconectados en forma de red. Extender la comprensión sistémica de la
vida al ámbito social es una experiencia que se reduce a la aplicación del conocimiento de
los patrones y principios de organización básicos de la vida al sistema social.

Conocer la red biológica para comprender el sistema social, no implica una réplica
mecánica de un sistema de vida. Se debe entender que la red celular metabólica “es un
patrón no lineal de organización, para la comprensión de cuyos entresijos necesitamos de la
teoría de la complejidad o dinámica no lineal. Es más, la célula es un sistema químico, por
lo que necesitamos también de la biología molecular y de la bioquímica para comprender la
naturaleza de la estructura y los procesos que constituyen los nodos y vínculos de red” (ver
pag.116).

De forma análoga, una red social es también un patrón no lineal de organización que se
nutre de igual modo, de ideas y conceptos relevantes no necesariamente en el plano de las
ciencias naturales, sino en las redes de comunicación donde confluyen el lenguaje
simbólico, elementos culturales, relaciones de poder, entre otros. Para su mayor
comprensión, será necesario el manejo de ideas y conceptos de la teoría social, de la
filosofía, de la ciencia cognitiva y de la antropología, entre otras disciplina. “Un marco
sistémico unificado para la comprensión de los fenómenos biológicos y sociales solo podrá
emerger cuando se combinen los conceptos de la dinámica no lineal con las ideas de esos
campos de estudios” (ibíd.).

3.5- Las redes de comunicaciones

Diversos teóricos de la sociología y la filosofía han trabajado el concepto de autopoiésis


argumentando a favor o en contra de considerarlo como un concepto valido en el ámbito
social. Maturana y Valera sostienen que el concepto de autopoiésis debe quedar restringido
a la descripción de redes celulares y a los demás sistemas vivos, pero, otros entienden que
debería aplicárseles a concepto más amplio de sistemas organizativo delimitado; Niklas
Luhmann mantiene que formulada estrictamente dentro del marco conceptual de la teoría
social, la noción de autopoiésis puede ser extendida al ámbito social.

Capra, eje central de este análisis, considera que: “puesto que los sistemas sociales no
implican tan solo a seres humanos vivos, sino también al lenguaje, a la conciencia y a la
cultura, son, evidentemente, sistemas cognitivos, por lo que no parece demasiado lógico
considerarlos no vivos. Personalmente, prefiero mantener la autopoiésis como característica
definitoria de la vida, pero en mi análisis de las organizaciones humanas sugeriré también
que los sistemas sociales pueden estar vivos en grado variable” (ver pág. 117). Por otro lado,
Luhmann identifica a las comunicaciones como un componente de las redes sociales. Las
comunicaciones se convierten en una forma particular de reproducción autopoiésica que se

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da dentro de la red. Estas redes de comunicaciones son autogenética. Al producir una
comunicación creamos pensamiento y significado, una comunicación da lugar a otra, por
aquello de la retroalimentación. En la medida que se amplía esa dinámica, la red se genera a
sí misma, es decir, es autopoiésica.

La multiplicidad de las comunicaciones, la diversidad de orientaciones y matices


constituyen lo que se ha conocido como bucles de retroalimentación, que expresan sistema
de creencias, constituyen explicaciones y valores compartidos que se robustecen con
nuevas comunicaciones. En contexto de naturaleza cambiante los individuos adquieren
identidades como miembros de la red social, se identifican y desarrollan expectativas,
confidencialidad y lealtad, manteniendo vínculo y realizando transacciones continuamente
por la propia red.

Procurar conocer los sistemas sociales como redes de comunicación implica conocer la
naturaleza dual de la comunicación humana. Comunicación entre órganos vivos, implica
coordinación de comportamiento, formación de pensamiento conceptual, lenguaje
simbólico, generación de imágenes mentales, pensamiento y significado. Esto implica un
doble efecto de la redes de comunicación: la generación de ideas en un contexto de
significado y, las normas de comportamiento en las estructuras sociales.

3.6- El significado, propósito y libertad humana

Aceptar los sistemas sociales como redes autogenética, implica conocer la naturaleza de las
relaciones por ellos engendradas dentro de las estructuras productivas. Sin perder de vista la
naturaleza de las redes biológicas, sigue siendo válida la comparación de los sistemas
sociales con las redes biológicas. Es un criterio firme en biología que la red metabólica de
una célula genera estructuras materiales, y que algunas de ellas se convierten en
componentes estructurales de la propia red, pasando de este modo a formar parte de la
membrana o de otra estructura. Se conoce de otras que circulan por los nodos de la red
transportando energía o información, o como catalizadores de procesos.

En las redes sociales se generan estructuras materiales, como edificios, carreteras,


tecnologías, etc. que se convierten en elementos estructurales de la red y “producen bienes
y artefactos materiales que son intercambiados entre los nodos de esta. Sin embargo, la
producción de estructuras materiales en las redes sociales es muy diferentes de la que tiene
lugar en las expresión material de un significado” ver pág. 119).

No resulta difícil entender las actividades de los sistemas sociales si se estudian desde la
perspectiva del significado. El significado comprende multitud de características
interrelacionadas, esenciales para la comprensión de la realidad social. El significado no se
explica por sí mismo, tiene sentido en la medida que se le relaciona con otras cosas de su
entorno. Lo que le da carácter sistémico es precisamente que forma parte de ese pequeño
universo de interrelaciones que lo define y permite analizarlo a la luz de las ideas,
creencias, juicios o circunstancias que le rodean.

Quizás nos ayudar un poco a la comprensión de lo ya expuesto la siguiente reflexión:


“para comprender el significado de un texto literario es necesario establecer los múltiples
contextos de sus palabras y de sus frases. Eso puede constituir una empresa puramente
intelectual, pero también puede alcanzar un nivel más profundo. Cuando el contexto de una
idea o expresión incluye relaciones que nos hacen sentirnos implicados, resulta significativa
para nosotros de forma personal” (ibíd.)

El significado adquiere relevancia para los seres humanos porque es una elaboración
sistémica, de carácter colectiva, donde se entrelazan sentimientos, pasiones, el mundo
interior de las personas, conectado al mundo exterior que nos rodea. Como seres sociales,
nos involucramos en la dinámica social, asumiendo roles y configurando nuestras
expectativas y sueños, en procura de alcanzar objetivos. Todo eso nos hace hijos legítimos
del sistema social al cual pertenecemos.

En todo esto está implicada la capacidad autonómica, la libertad y el libre albedrio. No


hay duda de que un sistema vivo esta constreñido por fuerzas externa, pero goza de cierta
autonomía que le da libertad para autoorganizarse. Su propia estructura lo decide, aunque
mantiene una interacción activa con su entorno. La autonomía de los seres vivo se
manifiesta a través de la capacidad para tomar decisiones, usando como referente la
experiencia y la valoración de lo que entiende más importante para su propósito sin
transgredir los criterios rectores de la sociedad.

3.7- La dinámica de la cultura

El complejo universo que constituyen los valores, el conocimiento, las normas sociales
de comportamiento, los patrones conductuales que se van generando y que aceptamos como
algo natural, impulsa nuestra capacidad para generar imágenes mentales que proyectamos
al futuro como objetivos y propósitos, o nos impulsas a elaborar diseños y estrategias. Del
mismo modo, genera las alternativas entre las cuales elegimos las que se ajustan más a
nuestras necesidades.

Todo esto es alimentado por redes de comunicaciones que tienen la doble función de
generar nuevas imágenes mentales, como producto de los nuevos pensamientos y los
nuevos significados, y función de coordinación de modo incesante del comportamiento de
sus miembros. La compleja dinámica de los procesos y las interconexiones de unos y otros,
posibilita el surgimiento de sistemas integrados de valores, creencias y conductas, que
asociado a otros factores reconocemos como el fenómeno cultural.

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El termino cultura, de larga data, ha sido enriquecido en su significado a través del
tiempo, incorporando los diversos aspectos contenidos en la producción social y que han
entrado con legitimidad en su definición. Estos criterios van desde el estrictamente agrícola
hasta el cultivo de la mente, extendiéndose a actividades tan específica como la “cultura
empresarial”, o considerando particularidades diversas, como la “cultura aborigen” (ver
pág.122).

Siguiendo una visión antropológica, se adopta la definición de la Columbia Encyclopedia,


al definir la cultura como un “sistema integrado de valores, creencia y normas de conducta
socialmente adquiridos, que delimita el ámbito de comportamientos admitidos por
determinada sociedad” (ibíd.). No hay duda en relación a la complejidad de la dinámica
social; la cultura es resultado de esa complejidad. La red social se comporta como bucles de
retroalimentación, “a través de los cuales valores, creencias y normas de conducta se
comunican, modifican y sostienen constantemente; que surge de una red de comunicaciones
entre individuos, y que, al surgir, constriñe las acciones de los individuos” (ibíd.).

A la red social se le atribuye la producción de un cuerpo de conocimiento compartido y,


ciertamente, la red social es como un mercado en donde todos exponen y ofertan sus ideas,
habilidades, conocimientos, informaciones; resaltan valores y creencias y adoptan
conductas. Todo esto configura la expresión cultural de una comunidad.

El conocimiento se manifiesta como un fenómeno que cambia constantemente, como


producto de la retroalimentación que proveen los diferentes agentes con su actuación, su
conducta y convicciones cambiantes. Ese proceso dinámico arroja conocimiento
significativo que se afianza en la sociedad y pasa de generación en generación a través de
las redes de comunicación, pero siempre enriquecido y transformado para su mejor
aprovechamiento.

El conocimiento llega acompañado de los valores, las creencias y normas de conductas de


esa cultura. “El sistema de creencias y valores compartidos crea una identidad entre los
miembros de la red social, identidad que se basa en el sentido de pertenecía. Las personas
de culturas distintas no tienen una misma identidad unas mismas identidades porque poseen
diferentes conjuntos de valores y creencias. Por otra parte, un individuo puede pertenecer a
varias culturas. El comportamiento de la gente está moldeado y restringido por su identidad
cultural que, a su vez, refuerza su sentido de pertenencia. La cultura está inmersa en el
modo de vida de la gente, y tiende a ser tan omnipresente que su existencia escapa de
nuestra percepción común” (ver pág.123).

La conducta social de la gente está condicionada y, hasta cierto punto, limitada por su
identidad cultural, esto refuerza su sentido de pertenencia, aún cuando muestre propensión
al cambio o readecuación de las normas y las acciones sociales parezcan un rechazo, lo que
manifiesta es la búsqueda de reacomodo a ese ámbito social, una vez logrado la puesta al
día o actualización de este último. Como forjadoras de esa cultura, la gente se reviste de sus
manifestaciones en el modo de vida, en la manera como se relaciona, en sus convicciones y
en sus actuaciones sociales cotidianas. “La identidad cultural refuerza las defensas de la red
al crear un perímetro de significado y experiencias que limitan el acceso a ella de personas
e información” (ibíd.).

3.8- El origen del poder

El poder puede haber tenido un origen temprano en el fortalecimiento de grupos o tribus


aguerridas que se impusieron a grupos más débiles a los cuales les impusieron sus
costumbres y cultura y sometieron para ponerlos a su servicio. Estos grupos más
cohesionados por la madurez social alcanzada, con el tiempo crearon un régimen
ideológico-social que anuló o redujo a la más mínima expresión las manifestaciones
culturales de los sometidos. Aunque es probable que ciertos valores, creencia y
concepciones, permanecieran en el tiempo. Quien estaba en capacidad de dominar,
desarrolló estructura política-militar cohesionadas, normas y conductas sociales bien
definidas, con valores, principios y convicciones sociales diferenciadoras.

En las etapas históricas mas reciente se evidencia una relación de poder que marca las
pautas del comportamiento social. Así, vemos al poder expresarse a través de la fuerza
avasalladora de la política, el dominio económico y las estructuras militares, todos
cohesionado por el sistema jurídico que regula el normal desenvolvimiento social.
Además, se emplea la educación como plataforma que provee un universos de valores
ideas y conceptos, criterios éticos, visión y razones del por qué las cosas son de un modo y
no de otra. “Las relaciones de poder están crucialmente definidas por los acuerdos sobre
posiciones de autoridad que forman parte de las normas de conducta de la sociedad. En la
evolución humana es posible que tales acuerdos surgieran muy pronto, con el desarrollo de
las primeras comunidades” (ver pág. 124).

Lo anterior muestra que el poder se manifiesta de forma muy diversa. Cuando las
sociedades superaron la etapa de la violencia (y la fuerza) como único método de ejercer el
poder, se dio paso a la elección de personas con características especiales, como liderazgo,
conocimiento, experiencia, etc. lo que permitió el desarrollo de líderes con poder y
autoridad culturalmente definida. Los seres humanos muchas veces necesitan confiar su
suerte y seguridad a personas que suponen tienen la capacidad para tomar mejores
decisiones que otros, y se debe tener claro que: “desde tiempos inmemoriales las
comunidades humanas han elegido como lideres a hombres y mujeres reconocidos por su
sabiduría y su experiencia, porque ofrecían base solidad para la acción colectiva. Una vez
elegidos, esos líderes eran investidos de poder, lo cual significaba originalmente que les
hacían entrega de la indumentaria y los símbolos de su liderazgo, y su autoridad llevaba
asociado el poder de dar órdenes” (ibíd.).

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El poder puede ser expresión de la conciliación. La disminución de los conflictos de
intereses puede fundamentarse en los acuerdos sociales explícitos logrados y legitimados en
el sistema jurídico. Las estructuras institucionales se desarrollan como mecanismo que
proveen los recursos para el funcionamiento del sistema. Parte de esos mecanismos, que se
suponen con cierta autonomía, operan como facilitadores de la transferencia del poder.
Cuando se carece de autoridad y se obtiene el poder, este puede haberse originado al
margen de los criterios legitimadores o por algún medio que dé lugar a fuertes
cuestionamientos del mismo. Es el momento en que se producen las mayores crisis, no solo
por la anulación de las reglas del juego, sino también por las pérdidas que sufren los grupos
de intereses y el riesgo de ver reducidas su esfera de influencia sobre el conglomerado
social.

Los esfuerzos por alcanzar el poder, cuestionado o no, puede estar fundamentado en
múltiples razones, “individuos y grupos buscan el poder para favorecer sus propios
intereses, así como para imponer a los demás sus propios valores personales, religiosos o
sociales. Cuando se busca el poder por el poder, se avanza un paso más en la explotación.
Es bien sabido que para la mayoría de las personas el ejercicio del poder conlleva elevadas
recompensas emocionales y materiales, encarnadas en símbolos y rituales de obediencia
que pueden ir desde ovaciones, bandas de música y saludos militares hasta grandes
despachos con antesalas, limusinas, aviones privados o desfiles de automóviles” (ver pág.
125).

3.9- La estructura en los sistemas biológicos y sociales

Se afirma que la creación de estructuras materiales y sociales constituye una


característica clave de la dinámica de las redes sociales. Los sistemas vivos también son
redes, pero, autogenética, lo que significa que su patrón de organización es un patrón en
red, “en el que cada componente contribuye a la producción de otros componentes. Esta
idea puede extenderse al ámbito social sustituyendo las redes vivas por las correspondientes
redes de comunicación” (ver pág. 126).

En cualquier tipo de organización social, sea empresa, partido Político o entidad de


servicio, el diseño o patrón organizativos es congruente con la visión que se tiene del poder
y la autoridad, este diseño responde a la lógica distribución del poder y pueden adoptar
estructuras distintas, según la concepción del grupo o el ámbito social de que se trate.
“Estos patrones formalmente diseñados se denominan estructuras organizativas y están
representados visualmente por los organigramas organizativos estándar. En última
instancia, son normas de conducta que facilitan la toma de decisiones y encarnan la
relaciones de poder” (ver pág. 127).
A diferencia de los sistemas sociales, en los sistemas biológicos las estructuras son
estructuras materiales. Los procesos en la red biológica son procesos de los componentes
materiales de la red. Esas estructuras productivas son la encarnación material del patrón de
organización del sistema. Estas cambian constantemente en un proceso continuo. En
cambio, a los sistemas sociales se les reconocen estructuras inmateriales y materiales. Estos
procesos se sustentan en redes sociales de comunicación que producen significados y reglas
de comportamiento, expresado así, Como un cuerpo generador de conocimiento.

Las normas de conductas son consideradas estructuras sociales y a las ideas, valores,
creencias y demás formas de conocimiento generado por los sistemas sociales, se les
denominan estructuras semánticas. Los patrones de organización del sistema, se encarna y
tienen expresión física en el cerebro de los individuos vinculados a esa red. Se dice que:
“también pueden estarlo en otras estructuras biológicas a través de los efectos de la mente
de cada individuo sobre su cuerpo, como, por ejemplo, en el caso de enfermedades
relacionadas con el estrés. Descubrimiento recientes en ciencia de la cognición parecen
indicar que, puesto que la mente está siempre encarnada físicamente, hay una interrelación
constante entre las estructuras semánticas, neurales y biológicas en general” (ver pág. 127-
8).

En el actual periodo histórico, la estructura semántica expresada en cada cultura, tiene


presencia física en textos escritos en papel y en formato electrónico. También se manifiesta
en las artes y demás estructuras materiales. Pero, quizás la mayor trascendencia o el mayor
peso social lo tiene la canalización en las redes sociales, expresadas como producción
organizada de bienes materiales, con un propósito determinado: la satisfacción de
necesidades sociales.

3.9.1- Tecnología y cultura

Es un hecho perfectamente conocido que el comportamiento de un organismo vivo está


determinando por su estructura. En ella se verifican cambios, según la evolución y
desarrollo de la especie. “La estructura biológica de un organismo es el equivalente de la
estructura inmaterial de una sociedad, que encarna la cultura de esa sociedad. A medida que
esa cultura evoluciona, lo hace también su infraestructura: evolucionan juntas a través de
continuas influencias mutuas” (ver pág. 128).

Tanto la infraestructura material, en particular, como la cultura en general, tienen gran


influencia en el comportamiento de los individuos. Esencialmente, la tecnología tiene un
peso importante en la transformación conductual y del pensamiento. Ya no solo implica
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considerarla como una herramienta, sino también, incluir en su compresión el conocimiento
necesario para su uso, las normas y procedimientos a observar para su correcta aplicación y
las posibilidades de aplicar en diversas disciplinas científicas.

Resulta interesante la afirmación de que: “la tecnología constituye una característica


definitoria de la naturaleza humana” (ver pág.129). Esta aseveración parte del hecho de
entender la tecnología como algo que se origina en la confesión de herramientas desde los
albores de la especie humana y aun mas, como una extensión del hombre.

Al considerar la tecnología como aspecto fundamental de la naturaleza humana,


aceptamos las transformaciones que esta ha producido a lo largo del tiempo, de una
civilización a otra. “Desde la edad de piedra hasta la era de la información, pasando por la
edad de bronce y la edad de hierro, definimos los grandes periodos de la civilización en
términos de sus tecnología” (ver pág. 129).

No todo el que se ha ocupado de analizar la tecnología, la ve como un modelador de la


conducta humana, algunos defensores la consideran neutral y entienden que la dirección
que la misma siga, dependerá del uso que de ella se haga. El texto bajo análisis, hace uso de
las palabras de Kranzberg y Pursell, cuando expresan que: “la tecnología no es
estrictamente neutral, que adolece de tendencias inherentes e impone sus propios valores,
no es más que reconocer el hecho de que como parte de nuestra cultura, influye en el modo
como nos comportamos y maduramos. Como [los humanos] hemos tenido siempre alguna
forma de tecnología, esta ha influido de manera constante en la naturaleza y la dirección de
nuestro desarrollo…” (Ver pág. 130).

4- vida y liderazgo en las organizaciones

Ningún otro periodo había sido tan turbulento para las organizaciones como las últimas
dos décadas que hemos vivido. El impulso de la economía global ha generado una
incapacidad manifiesta en empresarios y gerentes, para enfrentar los profundos cambios
que se suceden cada día. Esto les intranquiliza y les enferma por no encontrar la respuesta
adecuada en cada ocasión.

La incertidumbre obliga al empresariado a trabajar más, aunque los resultados no sean


mejores. Es como si los tiempos de bonanza económica hubieran pasado. Esto no
necesariamente pasa con todas las empresas, pero, ocurre en todas las ramas industriales de
las grandes economías. Se puede ver como una u otras empresas se tambalean, a causa de
las iniciativas estratégica de otras. Pueda que se haya descubierto un mejor modo de hacer
las cosas o que se haya incorporado una nueva tecnología; pero, también puede ser por
desmonte arancelarios, que abren los mercados a productos extranjeros y dejan mal parado
a los productores nacionales o mandan a la quiebra a los productores nacionales.
De poco sirven las innovaciones de procesos si su efecto dura poco. La forma más
expedita para conseguir aproximarnos a la realidad, parece ser el aprendizaje continuo de
las empresas y su personal; el seguimiento cercano o monitoreo al mercado y a los grupos
de intereses, como forma de tener una clara noción de lo que sucede y de qué hacer para
mantenernos en el mercado.

4.1-Cambio y complejidad

Capra observa que la causa principal del malestar experimentado por los ejecutivos, es la
complejidad alcanzada por la actual sociedad industrial, característica que se expresa en
todos los ámbitos de la vida social. Es complejo el sistema organizativo; las grandes
corporaciones, con ramificaciones en muchos lugares del mundo; las grandes
construcciones y las disposiciones urbanísticas; y las complejas relaciones institucionales,
nacionales y extranjeras, así como las transacciones que de ellas se derivan.

De manera que la búsqueda de las organizaciones, en su esfuerzo por entender el nuevo


entorno, resulta difícil y estresante. Ello implica no sólo adaptarse al nuevo entorno, sino
también incorporar el reclamo de la preservación del medio ambiente, por razones de
supervivencia y responsabilidad ética, y aprender a competir con éxito bajo estas nuevas
condiciones. A muchos les ha sorprendido el cambio sin saber qué medidas tomar, solo con
la consciencia de que se hace necesario un cambio organizativo. “Las organizaciones
necesitan cambios profundos, tanto para adaptarse al nuevo entorno empresarial como para
llegar a ser ecológicamente sostenibles. Este doble reto es real y urgente, por lo que el
amplio debate actual sobre el cambio organizativo está plenamente justificado” (ver pág.
135).

Se da cuenta de la frustración experimentada por algunos sectores empresariales, cuyos


esfuerzos por introducir cambios han sido infructuosos. La deducción que de ello se extrae,
es que se debe a la naturaleza dual de las organizaciones humanas. Recordemos que las
organizaciones nacen con propósitos específicos y los mismos pueden orientarse a la
obtención de utilidades; control y dominio del poder político o espiritual, o simplemente la
transmisión de conocimiento. Pero, en sí misma, las organizaciones constituyen
comunidades que interactúan, se identifican en sus alegrías y aflicciones (se apoyan) y
formulan sus proyectos dentro de esta comunidades.

El problema que esto plantea sale a relucir cuando la gerencia elabora planes,
considerando solamente sus propósitos o prioridades. Su diseño de cambio va dirigido a
una estructura conformada por individuos, a los cuales se les va a imponer el cambio sin
considerar las prerrogativas de esa comunidad viva. “Se oye a menudo que el personal de
las organizaciones se resisten al cambio. En realidad, a lo que se resiste la gente no es al
cambio, sino a que se le impongan determinados cambios. Como organismos vivos, los

51
individuos y sus comunidades permanecen estables por más que estén sujetos al cambio y
al desarrollo, pero sus procesos naturales de cambios son muy distintos a los cambios
organizativos, diseñados por expertos en reingeniería y decretados desde arriba”(ver pág.
136).

La comprensión de los procesos de cambio naturales inherentes a todo sistema vivo,


parece necesaria. Su dominio, garantiza el diseño de proceso de cambios organizativos que
reflejen la adaptabilidad, la diversidad, la creatividad de la vida y permite una clara
visualización del problema. “Los sistemas vivos se crean a sí mismos sin cesar, mediante la
transformación o sustitución de sus componentes. Sufren cambios estructurales continuos al
mismo tiempo que preservan sus patrones de organización en forma de red. Comprender la
vida significa comprender los procesos de cambio inherentes a ella” (ibíd.).

Proponer una solución sistémica puede constituir la solución de diversos problemas. Los
sistemas vivos o redes complejas no lineales, conducen a nuevas perspectivas en la
naturaleza de la complejidad y, por supuesto, propician la aprehensión de la complejidad
del actual entorno empresarial. La comprensión de la complejidad “nos ayudara también,
sin duda, a diseñar organizaciones empresariales ecológicamente sostenibles, puesto que los
principios de organización de los ecosistemas, que constituyen la base de la sostenibilidad,
son idénticos a los de todo sistema vivo. Parece, pues, que la comprensión de las
organizaciones humanas como sistemas vivos constituye uno de los retos fundamentales de
nuestro tiempo” (ver pág. 137).

Visualizar los cambios organizativos y la empresa como totalidad, desde la perspectiva


sistémica, da un valor capital a la gestión de empresa en época actual. Las últimas décadas
han visto surgir una nueva economía, basada en las tecnologías de la comunicación y de la
información. En ella, el proceso de información y la creación de conocimientos técnicos y
de otra naturaleza, representan las fuentes principales de la productividad. En esta
economía, gestión y tecnología están vinculadas a la creación de conocimientos. “Los
incrementos en la producción no vienen ya de la fuerza laboral, sino de la capacidad de
equiparla con nuevas habilidades, basadas en el conocimiento. Por consiguiente, la gestión
del conocimiento, el capital intelectual y el aprendizaje organizativo se han convertido en
nuevos e importantes conceptos para la teorías de la gestión empresarial” (ver págs. 137-38).

4.2-Las metáforas en la gestión empresarial

Los empresarios realizan actividades congruentes con los objetivos organizacionales,


sus acciones se encaminan hacia el logro de utilidades financieras. Su principal ocupación
en la dirección, se expresara en los propósitos, en el uso del poder y la distribución de la
riqueza. Pero solo lo conseguirán si conocen la organización, si saben cómo funciona.
Una dirección eficiente de cualquier entidad social, combina la experiencia y la
educación. La educación en la dirección de los sistemas complejos, se convierte en el
conocimiento de lo que algunos teóricos organizacionales han llamado metáforas. Gareth
Morgan nos dice: “el medio de la organización y la gestión empresarial es la metáfora. La
teoría y la práctica de la gestión empresarial están conformadas por un proceso metafórico
que influye virtualmente en todo lo que hacemos” (ver pág. 139).

El concepto de metáfora hace referencia al uso de una diversidad de elementos


provenientes de diferentes ámbitos. Así vemos que se alude a la organización como
organismo, para atribuirle la capacidad de adaptación o desarrollo; se le iguala al cerebro,
cuando se plantea el aprendizaje organizativo; así mismo, se aborda la cultura
organizacional, atribuyéndole valores y creencias; y qué decir del sistema de gobierno,
donde se hace referencia a conflictos de intereses, poder, niveles de autoridad y jerarquía y
muchos otros aspectos más.

En principio, el paradigma del sistema mecánico, formulado por Descartes y Newton,


dominó toda la actividad humana, alcanzando en el siglo xx comportamientos estructurales
muy definido y enmarcado dentro del criterio señalado. De ahí proviene la teoría de la
gestión empresarial, que entiende a las organizaciones como un conjunto de piezas
engarzadas con precisión: “-departamentos, clasificados por funciones como producción,
marketing, finanzas o personal- y unidas por medio de líneas claramente definidas de
mando y comunicación” (ver pág. 139).

Esta visión de la estructura organizacional adquirió un elevado nivel de perfección y


estandarización, con los aportes teóricos de Frederick W. Taylor, el cual con su aplicación
de los métodos ingenieriles incrustó tan profundamente los principios, el diseño de
estructuras formales y la gestión empresarial, que aun no ha sido posible producir cambios
profundos en las organizaciones. “El enfoque mecanicista de la gestión empresarial ha
tenido, sin duda, mucho éxito en el aumento de la eficiencia y de la productividad, pero
también ha tenido como consecuencia una creciente animadversión hacia las
organizaciones dirigidas como si fueran maquinas” (ver pág.142).

Como se ha evidenciado, el estilo de gestión empresarial inspirado por la metáfora de la


maquina, crea mayor dificultad para el cambio organizativo, dado que la maquina se diseña
con un fin determinado, y carece de voluntad e independencia para decidir su suerte, por
tanto, puede pasar del propietario al comprador con sólo una transacción. En las
organizaciones bajo la orientación de tal criterio, lo que prima es la voluntad del propietario
o del administrador, convirtiendo de este modo a los subordinados en mero instrumentos al
servicio de un propósito determinado.

Sin embargo, contemplar la organización como un ser vivo, es reconocer la capacidad


que tiene para aprender, evolucionar, generar soluciones, y flexibilidad para adaptarse o
cambiar si así fuere necesario. Estudios realizados han rebelado, que las empresas que
53
desarrollan características y comportamiento que las asemejan a las entidades vivas, poseen
dos conjuntos de características: “el primero consiste en un fuerte sentido de comunidad e
identidad colectiva en torno a una serie de valores comunes; una comunidad en la que sus
miembros saben que serán apoyados en sus esfuerzos por alcanzar sus propios objetivos. El
segundo conjunto reúne las características de apertura al mundo exterior, tolerancia a la
entrada de nuevos miembros y nuevas ideas y, por consiguiente, una manifiesta capacidad
para aprender y adaptarse a nuevas circunstancias” (ver pág. 143).

4.3- Redes sociales

Las organizaciones sociales forman parte de un complejo sistema social. En cierto


modo, para ser consideradas sistema vivo, deben cumplir la condición de red o conjunto de
redes internas, que aseguran los procesos dinámicos de transformación y desarrollo en sí
mismas. La relación de un sistema vivo con otros sistemas más grandes o más pequeño se
establecerá en función de las necesidades que tengan, de forma reciprocas, unos y otros, de
satisfacer determinadas necesidades o requerimientos del entorno ecológico. El intercambio
con la diversidad del entorno, crea las redes externas a cada sistema particular,
conformando un complejo tejido social que asegura el necesario equilibrio existencial para
la supervivencia de todas.

Aunque la mayoría de las grandes empresas parecen autosuficientes y existen como


redes descentralizadas, están conectadas a redes de pequeñas y mediana empresas, que les
proveen determinados recursos o actúan como subcontratistas de las primeras. En su
esfuerzo por sobrevivir, las empresas establecen alianzas estratégicas temporales y
emprenden operaciones conjuntas. Este tipo de acuerdo no la anula ni la disminuye como
sistema vivo, recordemos que los sistemas sociales vivos “son redes de comunicaciones
autogenéticas, lo cual, significa que un organización humana sólo será un sistema vivo si
está organizada como red, o si contiene redes más pequeñas en su interior. De hecho, las
redes se han convertido en un centro preferente de atención, no tan sólo para el mundo de
los negocios, sino también para la sociedad en general” (ver pág. 144).

La red social que se ha venido desarrollando hasta la fecha, contiene características


distintivas que han despertado el interés de sociólogos, antropólogos y expertos de otras
disciplinas sociales, dado que no solo involucra a empresas de una misma rama, sino
también a personas, entidades, con y sin fines de lucro. El flujo de información, la facilidad
para entrar en contacto, y el acceso a recursos controlado por competidores, hacen de estas
redes un fenómeno social único en la historia.

4.4-Comunidades de práctica
Las redes sociales no son las únicas características a considerar en un sistema vivo. Si
consideramos esas redes autogenética, entendemos que cada comunicación crea en ellas
pensamientos y significado, lo que da lugar a nuevas comunicaciones. “De este modo, la
red se autogenera, crea un contexto común de significado, conocimiento compartidos y
normas de conductas, y proporciona a sus miembros una identidad colectiva y un ámbito
claramente delimitado que siente como propio” (ver pág. 146).

A ese contexto común de significado desarrollado en las redes sociales autogenética, es


lo que se ha denominado comunidades de práctica. Los individuos van desarrollando una
práctica común que les permiten alcanzar el objetivo común deseado, dicha práctica
termina creando un fuerte vínculo claramente diferenciado. Cada comunidad es diferente a
las demás, así como las redes sociales que se desarrollan en ellas. “En el seno de cada
organización hay un conjunto de comunidades de practica interconectadas, cuanto mayor
sea el número de personas implicadas en esas redes informales y más desarrolladas y
complejas sean estas, más capacitada estará la organización para aprender, para responder
creativamente a circunstancias nuevas inesperadas, para cambiar y para evolucionar” (ver
pág. 148).

4.5-La organización viva

Si reflexionamos en torno a la enseñanza o el aprendizaje, es probable que pensemos en


un método específico tradicional de transmisión de pensamiento, ideas, conceptos y en
procesos patronizados que terminan en rutina. Nunca se nos ocurrirá otro modo. La lógica y
el discurrir de nuestro modo de pensar no nos indican otra cosa. Por ello llama
poderosamente la atención cuando se plantea que: “para maximizar el potencial creativo y
la capacidad de aprendizaje de una empresa, es crucial que sus directivos y ejecutivos
comprendan la interacción entre sus estructuras formales y diseñadas y sus redes
informales autogenética” (ibíd.).

Conviene recordar que las estructuras formales las constituyen el conjunto de normas y
reglas que definen las relaciones entre personas y tareas y determinan así mismo la
distribución del poder. Su descripción aparece en la documentación oficial de la empresa. A
diferencia de las anteriores, las estructuras informales son redes de comunicaciones fluidas
y fluctuantes. Se expresan de forma muy variada, como por ejemplo, en formas no verbales
de implicaciones mutuas en una tarea común a través de la cual intercambian habilidades y
se genera el conocimiento compartido. De modo que, la fuerza vital de una organización
reside en su potencial creativo y su capacidad de aprendizaje, que se revela a través de sus
comunidades de práctica informales.

55
4.6- El aprender organizativo

En el centro de la discusión sobre los sistemas vivos, está su capacidad de aprendizaje.


Se ha cuestionado fuertemente el hecho de considerar a la organización un sistema capaz de
aprender, dado que se entiende que es un fenómeno estrictamente individual. Por tanto, se
deduce tal acción como algún tipo de estímulo desencadenado en el proceso.

El aprendizaje organizativo es un enfoque desarrollado por Ikujiro Nonaka, en


colaboración con H. Takeuchi, fundamentado en los trabajos del filosofo Michael Polanyi.
En su propuesta subyace la clasificación del conocimiento que formulara Polanyi en los
años 80. Para éste último, el conocimiento puede ser explícito o tácito. Es conocimiento
tácito aquel que provee la experiencia, pero que no se puede comunicar ni transferir, lo que
lo convierte en intangible. Por el contrario, el conocimiento explicito se puede comunicar,
transferir, registrar en documentos, lo que garantiza su dominio por parte de la
organización, aunque no de forma inmediata.

Aunque el conocimiento tiene su origen en el individuo, puede expandirse cuando se


hace posible a través de algún medio, como los procesos sociales o mediante el contacto de
los individuos en la organización o en el entorno. Nos dice Nonaka y Takeuchi que: “en
sentido estricto, el conocimiento es creado exclusivamente por individuos […] por
consiguiente, la creación de conocimiento organizado debería ser entendido como un
proceso que amplifica organizativamente el conocimiento creado por los individuos y lo
hace cristalizar como parte de la red de conocimiento de la organización” (ver pág. 154).

Para Polanyi, el conocimiento tácito antecede y constituye un requisito previo para el


conocimiento explicito. Su conversión se produce cuando el conocimiento tácito se expresa
en un contexto de significado, lo que posibilita que se haga explicito. A ese contexto
implícito, se le ha denominado, sentido común, y surge de una red de convenciones
culturales. De modo que: “el conocimiento tácito es creado por la dinámica cultural
resultante de una red de comunicaciones (verbales y no verbales), dentro de una comunidad
de práctica. El aprendizaje organizativo es, por consiguiente, un fenómeno social, en la
medida en que el conocimiento tácito en que se basa es generado colectivamente” (ver
pág.155).

El individuo cognoscente no reflexiona en el vacío, necesita un referente cultural que de


vida a la reflexión. Entonces, tanto el conocimiento tácito como el explicito tienen
dimensiones sociales, dado la naturaleza intrínsecamente social de la consciencia reflexiva.
Es evidente que una comprensión sistémica de la vida y la cognición implica considerar los
aspectos individuales y sociales. Aun más, es necesario que se tenga consciencia de la
dificultad que tienen las organizaciones para apropiarse de ese conocimiento de forma
plena, esto obliga las opciones posibles para retener o usar dicho conocimiento. Margaret
wheatley hace una reflexión importante cuando dice que: “si aspiramos a tener éxito en la
gestión del conocimiento, debemos atender a la dinámica y las necesidades humanas [….]
No es el conocimiento el que constituye los activos o el capital, sino la gente” (ibíd.).

4.7-La emergencia de novedad

La vitalidad de cualquier organización descansa en sus comunidades de práctica y es


propio de los sistemas vivos, la creatividad, el aprendizaje, los cambios y el desarrollo. Eso
ha quedado sentado a lo largo de este ensayo. Pero, no se puede olvidar que todo está
ligado a lo que conocemos como emergencia espontanea de nuevo orden, el cual tiene lugar
“en los puntos críticos de inestabilidad que surgen de las fluctuaciones del entorno,
amplificadas por bucles de retroalimentación. La emergencia desemboca en la creación de
novedad, a menudo muy distinta del propio fenómeno del que surgió” (ver pág. 156).

En las agrupaciones humanas, “el acontecimiento desencadenante del proceso de


emergencia” puede ser una simple información, una sospecha, una mentira o algo que
afecta negativamente el grupo. Un ejemplo de ello es, comunicar los resultados de la
protesta en una escuela pública, si se dice que hubo muertos o heridos. En poco tiempo se
podría estar frente a una manifestación que culminaría con los alumnos fuera del plantel en
pié de lucha, aunque luego se comprobara que es mentira la información. 2

En el caso anterior, había una predisposición a ser perturbados por la información que
fue difundida a través de las redes de la organización. En las redes se forman los bucles de
retroalimentación y la información se amplifica y se expande, de tal modo, que adquiere
proporciones difíciles de manejar o controlar, y no hay forma de volver a su estado inicial.
Este es el momento en que la situación lleva a la organización a un punto de inestabilidad.
Esta se produce porque el sistema no puede controlar o digerir las nuevas informaciones.
Esta situación violenta estructuras, comportamientos y creencias. “El resultado es un estado
de caos, confusión, incertidumbre y duda, del cual surgirá una nueva forma de orden,
organizada en torno a un nuevo significado. Este nuevo orden no fue diseñado por nadie,
sino que emergió como resultado de la creatividad colectiva de la organización” (ver pág.
157).

Como se ha descrito, en este proceso se verifican varias etapas. Lo primero es, la


disposición de la organización a ser perturbada, debe existir una red de comunicaciones con
múltiples bucles de retroalimentación que amplifiquen el suceso desencadenante, luego le
sigue el punto de inestabilidad, que puede expresarse como caos, incertidumbre o crisis.
Después de esta etapa sólo cabe esperar la superación de la crisis y el desarrollo de un
nuevo orden o el colapso total.

La apertura a las perturbaciones del entorno, no se debe entender como perjudicial para
las organizaciones, esta constituye una propiedad fundamental de toda forma de vida. “Los

57
organismos vivos necesitan estar abiertos a un flujo constante de recursos (materiales y
energía) para seguir viviendo, del mismo modo que los flujos de materiales y energía son
parte del proceso de producción de bienes y servicios” (ibíd.).

Así mismo, constituye un indicador de vitalidad de las organizaciones, la flexibilidad, la


capacidad para aprender, su apertura a los nuevos conceptos, a las nuevas tecnologías y al
nuevo conocimiento. Esa es la base que soporta la nueva experiencia de cambio, el cual
puede presentar diferente matices de acuerdo a las circunstancias y las dimensiones de su
alcance. “No todas las experiencias de crisis y emergencia tienen que ser tan dramática.
Ocurren con gran variedad de intensidades, que van desde pequeñas y fugaces intuiciones a
transformaciones vivificantes. Sin embargo, todas ellas tienen en común una sensación de
incertidumbre y pérdida de control que es, en el mejor de los casos, incomodo” (ver pág.
159).

4.7.1-Emergencia de diseño

La creatividad de la vida se asocia a los proceso de emergencia. En el campo biológico y


en las comunidades humanas, surgen las denominadas estructuras emergentes. En la
prehistoria humana, todas las estructuras que surgieron tuvieron carácter de estructuras
emergentes. Con la evolución de los seres humanos todo cambia, el desarrollo del lenguaje,
el pensamiento conceptual y la consciencia reflexiva, capacitó al ser humano para la
representación mental de imágenes de objetos físicos, para concebir y formular objetivos y
para crear estructuras a través del diseño.

En ocasiones se confunde el diseño estructural con la estructura emergente,


desconociendo el largo recorrido en la evolución de muchas especies. Así, al hablar del
diseño estructural del ala de un insecto, se pasa por alto su formación durante la evolución
de la vida y la supervivencia por selección natural. “Las estructuras diseñadas son siempre
creadas para un propósito y materializan un significado. En la naturaleza no humana no hay
intención o propósito. Tendemos a menudo a atribuir determinado propósito a la forma de
una planta o al comportamiento de un animal. Por ejemplo, decimos que una flor tiene tal o
cual color para atraer a las abejas […], todo eso no son más que proyecciones
antropomórficas que asignan las características de la acción dotada de propósito a los
fenómenos no humanos” (ver pág. 161).

En las organizaciones humanas cohabitan las estructuras diseñadas y las estructuras


emergentes. Las primeras están representadas en las estructuras formales de la organización
y recogidas en su documentación oficial. La segunda, se desarrollan en las comunidades de
práctica de la red y las redes informales. De las estructuras diseñadas, tenemos las reglas,
normas y “los hábitos indispensables para el funcionamiento eficaz de la organización”. De
las estructuras emergentes se recibe las novedades, creatividad y la flexibilidad.
4.8-Dos clase de liderazgo

Entre la estructura de diseño y La estructura emergente se puede obtener el equilibrio,


por lo menos, es necesario combinar dos tipos de liderazgo. El criterio o noción tradicional
de liderazgo, sostiene que el líder es la persona capaz de mantener una visión, “de articular
claramente y de comunicarla con pasión y carisma. Es también una persona cuyas acciones
representan ciertos valores, que sirven a otros como ideales por los que luchan” (ver pág.
162).

El otro tipo de liderazgo y complementario al primero, facilita la emergencia de


novedad, esto significa que provee el medio o posibilita “crear condiciones más que
imponer direcciones, así como usar el poder de la autoridad para conferir poder a otros”
(ibíd.). Ambos tipos de liderazgo facilitan la creatividad. Esto es posible porque muy en el
fondo de sus condiciones de líder, esta la capacidad de crear una visión que guie a la
organización donde otras no han llegado; significa capacitar a la comunidad para crear algo
nuevo o diferente. Sin esa visión de futuro la organización puede exhibir las condiciones de
barcos sin rumbo, sólo la visión da sentido a las acciones de las personas ligadas a las
organizaciones. La organización convierte esa visión en objetivos específicos que conducen
a la realización de un conjunto de acciones en las diferentes áreas. Es ese sentido de
orientación que se expresa en la gente a través de imágenes mentales lo que se quiere
lograr.

No siempre la visión se expresa en objetivos concretos, en ocasiones se hace necesario


el uso de metáforas que bien pueden facilitar la comprensión con mayor claridad que
explicándola en forma directa y con hechos concretos. La posibilidad de construir o de
hacer uso de metáforas para revelar la misión, es una cualidad fundamental del líder. En el
centro de las actividades desarrollada por el líder para facilitar la emergencia, está el
desarrollo de redes activas de comunicaciones y en ellas los bucles de retroalimentación.

La emergencia de novedad es una característica intrínseca a los sistemas abiertos. Esto


es posible porque entran en contacto con nuevos conocimientos, nuevas ideas, nuevas
prácticas y nuevas culturas organizativas. Esta apertura es parte de una cultura de
aprendizaje, en la que el cuestionamiento es estimulado y se viabiliza la innovación. Es una
forma de facilitar la emergencia.

Es evidente que no resulta fácil propiciar los bucles de retroalimentación que


incrementan la conectividad de la organización. Propiciar un cambio de rumbo en una
organización parece nadar contra corriente. En ocasiones se usan los servicios de
subalternos para impulsar determinadas políticas, a sabiendas de que estos adoptaran
actitudes apegadas a las tradiciones y al historial de la organización. Para conseguir mayor

59
eficacia en las organizaciones, muchas veces se recurre a consultores externos, que pueden
tratar con mayor libertad determinados temas.

Los sentimientos y las tensiones están presentes en la organización en general y se


expresan con mayor o menor grado, dependiendo del momento que viva la misma. “La
experiencia de la inestabilidad critica que precede a la emergencia de novedad puede
implicar incertidumbre, temor, confusión o dudas sobre las propias capacidades. Los lideres
experimentados reconocen esas emociones como parte integrante de toda dinámica de
cambio por lo que crean un clima de confianza y mutuo apoyo” (ver pág.165).

Toda emergencia implica cambio que muchas veces puede afectar las estructuras
sociales y por tanto, puede implicar modificación o alteración de la distribución del poder y
el orden jerárquico.

4.9-Infundir vida a la organización

Las organizaciones humanas son comunidades viva. De un modo u otro, la gente


procura alcanzar cierto grado de autorrealización que depende del quehacer cotidiano en las
organizaciones. Pero la verdadera vitalidad de una organización está en el poder que se
confiere a sus comunidades de práctica. Con ello se consigue flexibilidad, creatividad y un
gran potencial de aprendizaje. Todo esto incrementa la dignidad y la humanidad de sus
miembros al permitirle conectarse con sus propias cualidades. “centrar la atención en la
vida y la autorganización mejora el ego. Crea entornos de trabajo mental y emocionalmente
saludables, en los que las personas sienten que están apoyadas en sus esfuerzos por alcanzar
sus propios objetivos, en lugar de tener que sacrificar su integración personal para adaptarse
a los de la organización” (ver pág. 167).

Sin embargo, las organizaciones han sido creadas con propósitos muy específicos, y
funcionan en un entorno económico determinado. Ese entorno turbulento y caótico no
propicia la vida, más bien la destruye. La valoración de la empresa, desde la perspectiva de
los accionistas y del mercado, depende de los beneficios que aporte cada año y de las
expectativas de futuro que se tenga de ella. La complejidad de las empresas y del mercado,
exige cada vez más eficiencia de las personas, esto implica mayor tiempo y conocimiento
disponible para la organización. El conocimiento necesario surge del mismo proceso, este
se toma tiempo y requiere de fuerza creativa. “Ser creativo significa ser capaz de relajarse
en medio de la incertidumbre y de la confusión. En la mayoría de las organizaciones eso se
vuelve cada vez más difícil, porque las cosas van demasiado deprisa” (ver pág. 168). Esa
sensación en la gente de que ya no le queda tiempo para nada se convierte en un acto
deshumanizante, dado que anula todo encuentro consigo mismo, en la necesaria reflexión
que se hace cuando disponemos de tiempo para pensar.
La escasez de tiempo se produce en el momento en que más se debiera disponer de él.
Con el desarrollo de los sistemas de información, el ahorro de tiempo en el diseño y
ejecución de tareas es extraordinario, pero, ese tiempo no va a ser usado para reducir las
presiones y exigencias productivas de la gente, como forma de garantizar una mejor calidad
de vida. Lo que ha pasado es lo contrario, las empresas se han convertido en maquinas de
hacer dinero y esto ha envuelto a ejecutivos y empleados comunes, en una dinámica
estresantes, dado que, curiosamente, resulta necesario trabajar más para obtener salarios
insatisfactorios. En contraposición a esto, se observa una acumulación de riqueza
descomunal en el empresariado a nivel mundial.

En adición a esto, las empresas gestionan proceso de fusiones o de alianzas estratégicas,


que conllevan a cambios estructurales espectaculares que las personas no pueden asimilar
rápidamente. El reordenamiento de procesos culturales en marcha, crea carga de trabajo y
exigencia de accesibilidad las veinticuatro horas del día y los siete días de la semana. Todo
esto se combina “para crear una situación tremendamente estresante y profundamente
insalubre. En semejante clima es a menudo difícil mantener en mente la visión de una
organización viva, creativa y preocupada por el bienestar de sus miembros y del mundo
vivo en general” (ver pág. 169).

5- Las redes del capitalismo global


En innúmeras ocasiones y en diferentes periodos de la historia de la humanidad, los
gobernantes y los organismos rectores de la política mundial, estuvieron diseñando e
implementando proyectos globales, que permitieran un control efectivo en el intercambio
económico desigual de las naciones. La conformación de organismos políticos como la
ONU o la OEA posibilitaron una relación estable entre las naciones, aunque fuera bajo
condiciones especiales y en ocasiones, bajo coerción. Estos organismos no eran ni son
adecuados para la labor de acercamiento comercial, porque desde esa ocasión se hacía muy
evidente el tipo de relaciones que establecerían con determinadas naciones y la influencia
que ejercerían las naciones económicamente más poderosas. Desde muy temprano estas
entidades adquirían un carácter marcadamente coercitivo o impositivo.
Los intentos más exitosos se produjeron legítimamente por la vía de los acuerdos
comerciales entre las naciones. La necesidad de un mecanismo regulador y de vigilancia de
esos acuerdos es lo que justifica la aparición de la organización mundial del comercio
(OMC). Esta versión se logró, en un momento de distención política y una atmosfera de
promoción de las bondades del intercambio global bajo determinados esquemas.
En los años 90 del pasado siglo, se produjo una revolución tecnológica en las áreas de
las comunicaciones. Esta, con su diversidad de opciones, despertó un interés inusitado,
generando niveles de competitividad que hicieron más asequibles los precios. Precios y
servicios de costes relativamente bajo, rápidamente atrajo a otras áreas de negocio, e
61
influyó en el desarrollo y aplicación de esa tecnología al campo industrial y a los servicios.
A partir de entonces, se hizo factible hablar de libre comercio y que se promovieran los
denominados blockes comerciales, con énfasis especial en la trascendente participación de
cada país en esos esquemas comerciales. “La globalización económica, caracterizada por el
libre comercio, fue aclamada por dirigentes empresariales y políticos como un nuevo orden
que iba a beneficiar a todas la naciones, pues provocaría una expansión económica mundial
cuyos benéficos efectos llegaría a todos los rincones del planeta y a cada uno de sus
pobladores. Sin embargo, bien pronto se hizo aparente a los cada vez numerosos activistas
medioambientalistas y de movimientos de base que las nuevas reglas económicas
establecidas por la OMC eran manifiestamente insostenibles y tenían multitud de
consecuencias interrelacionadas y fatales” (ver pág. 171).

5.1- La revolución de la tecnología de la información


La tecnología de la información es el paradigma más reciente, en el largo proceso de la
revolución industrial. A partir de los 80 del siglo pasado, la red global de información y
comunicación, se constituyó en una característica común a una serie de actividades
enmarcada en una compleja dinámica de interacciones humanas y tecnológicas “que ha
producido efectos sinérgicos en tres grandes áreas de la electrónica: ordenadores,
microelectrónica y telecomunicaciones” (ver pág.175). La tecnología de los ordenadores se
fundamenta en la cibernética, que aporta parte esencial de la base conceptual de la nueva
comprensión teoría del sistema de vida. Esta tecnología se transformó y robusteció al
recibir el impulso que le impregnó la microelectrónica. Los circuitos miniatura integrado,
los microcircuitos, con miles de transistores que procesan impulsos eléctricos, y los
microprocesadores, que son como ordenadores dentro de chips, llevó la capacidad de
integración a niveles exponencialmente insospechado.
Al mismo tiempo que los chips aumentaban su capacidad, la microelectrónica reducía su
tamaño, alcanzando dimensiones inimaginadas. Su incorporación a productos de uso
domestico es tan elevado, que no llegamos a ser consciente de todos los productos de los
cuales forman parte como componentes. “El estado actual de la Revolución de la
Tecnología de la información se alcanzó cuando las tecnologías avanzadas de los PC y la
microelectrónica se combinaron sinérgicamente con los últimos logros en
telecomunicaciones” (ver pág. 176). Hoy es posible captar en forma casi instantánea señales
emitidas en cualquier punto de la tierra. Un satélite de comunicaciones puede manejar
simultáneamente miles de canales y proporcionar señales precisas a barcos, aviones, a
celulares y automóviles privados y ni hablar de su aplicación al campo militar o de
inteligencia.
5.2- El auge del capitalismo global
A partir de la Segunda Guerra Mundial los esquemas teóricos aplicado en las
principales economías, fueron sacudidos por las iniciativas de las grandes corporaciones
transnacionales, que se habían convertido en figuras clave de la escena económica global.
Estas corporaciones no guardaban ninguna consideración por el entorno medioambiental,
aunque sus costes sociales fueran irreparables. La crisis de los años 70 desatada por una
inflación galopante, producto de las iniciativas de los productores de petróleo, se extendió
con diferentes manifestaciones, hasta concluir con la desaparición de la unión soviética,
aunque no fuera esta la causante directa de su destrucción.
En medio de ese proceso, las grandes corporaciones hacían notable progreso en el
desarrollo tecnológico y, al mismo tiempo, impulsaban la reestructuración capitalista que
acabó imponiendo una disciplina común a los países integrantes de la economía global
emergente, sobre los cuales se mantenía un control a través de los bancos centrales y el
Fondo Monetario Internacional.
El desarrollo tecnológico en las comunicaciones favoreció las medidas tomadas por las
transnacionales e inversionistas de diferentes áreas, en lo relativo a transferencia de fondos
de un país a otro de forma “casi instantánea, así como hacer frente a la tremenda
complejidad acarreada por la rápida desregulación y la nueva inventiva financiera. De este
modo, la Revolución de la Tecnología de la Información contribuyó al nacimiento de una
economía global, a un capitalismo rejuvenecido, flexible y en continua expansión” (ver
pág. 179). Siguiendo a Castells, se puede decir que este nuevo capitalismo es
profundamente distinto al surgido de la Revolución Industrial, y lo distingue tres aspectos
fundamentales: sus actividades económicas básicas globales; sus principales fuentes de
productividad y competitividad (la innovación, la generación de conocimiento y el
procesamiento de información), y su estructura responde en gran medida a redes de flujos
financieros.

5.3- La nueva economía


En este nuevo esquema conocido como la nueva economía, el capital de trabajo fluye
por las redes financieras globales a todo tipo de actividad económica. Una alta proporción
de beneficios permanecen en la metared de flujos financieros. La búsqueda de mejores
opciones lleva al capital de un lado a otro, de una actividad a otra, “en una incesante
búsqueda global de oportunidades de inversión. Los beneficios suelen ser mucho mayores
en los mercados financieros que en la mayoría de las inversiones directas, de modo que, en
última instancia, los flujos financieros tienden a converger en las redes financieras globales,
en busca del máximo beneficio posible” (ver pág. 180).

63
La computadora, con su extraordinaria capacidad para procesar información y para
elaborar complejos modelos matemáticos, ha producido una evidente sustitución del oro y
el papel moneda por productos financieros muy abstractos, “entre los cuales se cuentan las
opciones de futuro (opciones de compra en un determinado momento del futuro, para
conseguir unos beneficios anticipados mediante proyecciones informáticas), los fondos de
cobertura (fondos de inversión frecuentemente utilizados para comprar y vender grandes
cantidades de divisas en cuestión de minutos y beneficiarse de pequeñas variaciones en los
cambios” (ibíd.).
La percepción subjetiva de los inversionistas en torno a los resultados esperados, ha
provocado en estos, un desplazamiento en término de la generación de beneficios real a lo
meramente subjetivo y volátil, al colocar en un primer plano el valor percibido de las
acciones. Aquí, poco importa la maximización de los beneficios, importa la maximización
de las acciones. Se valora y dimensiona más, el comportamiento del mercado en el corto
plazo, en término de apreciación subjetiva, que cualquier beneficio real y tangible.

5.4- Complejidad y turbulencia


En párrafos anteriores habíamos puntualizados los esfuerzos que desde siempre, han
hecho las naciones poderosas por establecer esquemas de control y dominio político-
económico, sobre las naciones más débiles y con necesidades apremiante de relaciones de
intercambio económico estable. Es preciso señalar que: “el proceso de globalización
económica fue deliberadamente diseñada por los principales países capitalistas (las
llamadas naciones del G-7), por las mayores corporaciones transnacionales y por las
instituciones financieras globales creadas para ese propósito, particularmente el Banco
Mundial, el FMI y la OMC” (ver pág. 182).
Como era de esperar, también las redes financieras globales alcanzaron cierto grado de
complejidad. El desarrollo de interconexiones no lineales, generó los bucles de
retroalimentación que dieron lugar a la emergencia de fenómenos insospechados. La nueva
economía se ha tornado incontrolable, turbulenta y difícil de predecir en su
comportamiento. “Esa turbulencia, en gran medida incontroladas, son tan importantes a la
hora de establecer precios y señalar tendencias de mercado como las fuerzas tradicionales
de la oferta y la demanda” (ver pág. 183).
Una de las características notoria de la economía global, es la rapidez con que fluyen los
capitales a los mercados emergentes. Estos, son blancos preferente para los especuladores
financieros. Con la misma rapidez con que llegan estos capitales, de ese mismo modo
emigran, sin que nadie lo pueda detener. De ahí el nombre de Capitales Golondrina. Ante la
primera señal de riesgo se retiran, creando inestabilidad en las económicas de las
naciones, hasta convertirla en una crisis. Al hacerlo, “inducen la fuga de capitales y crean
una crisis a gran escala. Para recuperar la confianza de los inversores, el país afectado será
típicamente requerido por el FMI a elevar sus tipos de interés, con el coste devastador de
agravar su recesión interna” (ibíd.).
Si se aplica el enfoque sistémica de la vida a este nuevo fenómeno, esta versión de la
economía se mostraría como una metared global de complejas interacciones tecnológicas y
humanas, ramificada en bucles de retroalimentación que operan lejos del equilibrio y
producen una multiplicidad de fenómenos emergentes. “Por su creatividad, adaptabilidad y
capacidades cognitivas recuerda, ciertamente, las redes vivas, pero en cambio, no presentan
la estabilidad que constituye también una propiedad clave de la vida. Los circuitos de
información de la economía global operan a tal velocidad, y utilizan un numero de fuentes
tan elevado, que reaccionan constantemente a un torrente de información, y por esta razón
todo el sistema gira de manera enloquecida, fuera de cualquier posibilidad de control” (ver
pág. 184).

5.5- El impacto social


El análisis del impacto social pone de manifiesto una realidad traumática, la
transformación de las relaciones entre el capital y la fuerza laboral. Mientras la producción
y los servicios permanecen en sus puestos y lugares de origen, el dinero se ha separado,
adquiriendo carácter virtual en las redes electrónicas. Esto ha creado una separación de
tiempo y espacio notable, entre el capital y la mano de obra. “El espacio virtual de los
flujos financieros y el espacio real de los lugares locales y regionales donde la gente
trabaja; el tiempo instantáneo de las comunicaciones electrónicas y el tiempo biológico de
la vida cotidiana” (ver pág. 187). El poder económico de las redes financieras globales,
determina el destino de los puestos de trabajo en las diferentes naciones. El poder que
otrora exhibieron las fuerzas laborales se ha cambiado, por la preservación de los puestos
de trabajos y que los mismos no vayan a parar a otra parte del mundo.
El carácter colectivista de la fuerza laboral se ha perdido y con ello, el poder de
negociación de los sindicatos y demás organizaciones afines. En su lugar se ha puesto en
vigencia la vinculación individual de los trabajadores mediante contrato. Esta nueva forma
de llegar a la empresa, ha despertado mayor interés por la autoeducación, especialmente en
lo referente al manejo y procesamiento de datos, la innovación y la creación de
conocimiento. La gente está consciente de que la innovación y el conocimiento constituyen
las principales fuentes de productividad, esos empleados autoeducados son muy valorados.
“Las empresas tratarán por todos los medios de mantener relaciones seguras y duraderas
con su núcleo esencial de colaboradores, y buscarán el modo de asegurarse su fidelidad y
de que su conocimiento tácito circule únicamente dentro de la organización” (ver pág. 188).

65
El ascenso de la globalización ha rebelado tres cuestiones importantes: “esta nueva
economía ha enriquecido, sin duda a una elite de especuladores financieros, empresarios y
profesionales de las altas tecnologías”. Además, “la fragmentación y la individualización de
la fuerza laboral, junto con el gradual desmantelamiento del estado de Bienestar por las
presiones de la globalización económica, significan que el ascenso del capitalismo global
ha ido acompañado de una desigualdad social y una polarización crecientes” (ibíd.).

5.6- El impacto ecológico


La promesa contenidas en el tratado de libre comercio, impuestos por EEUU, apoyado
por otros y avalado por la OMC antes sus países miembros, aseguran una expansión
económica planetaria que reduciría la pobreza, porque sus beneficios llegarían con el
tiempo a todos. Como era de esperarse, las promesas resultaron una falsa, porque el plan
fue concebido pensando únicamente en los intereses de las grandes naciones y sus
transnacionales y no en equilibrar las desigualdades que existe en el intercambio y mucho
menos en resarcir los daños producidos a los ecosistemas de los pueblos a los que se les
explotan sus recursos. El coste social y medioambiental de la actividad económica en cada
país es muy elevado y el modelo de libre comercio, ha acelerado la destrucción planetaria
del medio natural, según la opinión de muchos expertos.
Los informes dan cuenta del daño que para fines del siglo xx, había producido la
actividad económica, sobre la biósfera y la vida humana, hasta extremos que muy pronto
podrían ser irreversibles. La búsqueda de producción para la importación lleva a los países
tercermundistas a desmantelar la producción de subsistencia para concentrarse en bienes no
tradicionales que aportan mayores divisas, las cuales son usadas para la adquisición de
productos de importación. “Esto ha redundado, país tras país, en un rápido agotamiento de
los recursos naturales para producir cultivos exportables; el agua necesaria para los vitales
arrozales se ha desviado a piscifactorías que crían Gambas; la introducción de cultivos que
necesitan gran cantidad de agua, como caña de azúcar, ha provocado el agotamiento de
cuentas fluviales y acuíferos” (ver pág. 192).
El desmantelamiento de los medios de vida tradicionales, los cuales siempre fueron
autosuficientes, representa la destrucción del medio natural de los países del sur,
Latinoamérica o del Tercer Mundo. El daño ecológico que produce el cambio de cultivo, no
se compensa de ningún modo, y solo convierte a estas naciones en consumidores de los
excedentes productivos de las grandes naciones. Las multinacionales presionan para que se
eliminen las leyes restrictivas y protectoras del medio ambiente, para reubicar sus industrias
en estos países, aprovechando sus recursos naturales y propiciando un gran desastre
ecológico, a cambio de salarios de subsistencia. “Puesto que el principal valor del
capitalismo global consiste en ganar dinero, sus representante tratan de eliminar con la
excusa de la libertad de comercio, cualquier normativa medioambiental que se interponga
en el camino del beneficio económico. De este modo la nueva economía provoca la
destrucción del medio ambiente no sólo con el incremento del impacto de sus operaciones
sobre los ecosistemas planetarios, sino también eliminando leyes de protección del medio
ambiente país tras país” (ver pág. 194).

5.7- La transformación del poder


Tradicionalmente se ha concebido el poder como una estructura cerrada y aislada por las
fronteras limítrofes de cada país, con un control absoluto en todos los ámbitos sociales. La
Revolución Tecnológica de la Información ha cambiado totalmente esta visión, al propiciar
grandes transformaciones a lo interno de cada país, por el surgimiento de un sistema de
redes que trasciende los límites fronterizos de naciones y continente. Ahora, el poder se
fundamenta en un funcionamiento en red. La estructura organizativa en forma de red se ha
extendido a todos los niveles de la sociedad, en prácticamente todas las naciones. Esa
sociedad de red ha corrido paralela con el declive del poder tradicional. La forma de operar
no ha sido separada de las demás redes, su fortaleza, en muchos casos, está en haber
logrado penetrar los poderes considerado tradicionalmente legítimo. De ahí que, nos
encontremos con una realidad compleja y caótica, donde se hace difícil conocer en toda su
dimensión el alcance de las redes y sus niveles de entrelazamiento.
La globalización no solo ha sido de la economía, también se ha globalizado el delito,
con expresiones en la falsificación, el robó, el trasiego de dinero sin el pago de impuesto, la
compra y venta de drogas prohibidas, el tráfico de personas, de órganos y las ordenes de
ejecución de personas, por ajuste de cuenta o como acto de acallar disidencia política,
oposición o denuncias comprometedoras, de cualquier naturaleza.
El incremento y expansión de estas manifestaciones adversa a la ley, ha sido posible por
los niveles de desintegración social experimentada por el sistema democrático, donde los
actores tradicionales, en ara de lograr determinados propósitos, han ido abriendo espacio a
quienes han conformado redes delictivas nacionales y extranjeras, hasta erosionar la
sociedad completa. “La emergencia global de una extensa economía delictiva, así como su
creciente interdependencia con la economía formal y con las instituciones políticas en todos
los niveles, constituye una de las características más preocupantes de la nueva sociedad en
red. En sus intentos desesperados por salir de la marginalidad individuos y grupos
socialmente excluidos se convierten en presas fáciles para las organizaciones delictivas, que
se han establecido en numerosos barrios pobres y han pasado a convertirse en una fuerza
social y cultural significativa en muchas partes del mundo” (ver pág. 195).
Es necesario reflexionar sobre nuestra conducta y la observada por la demás especie que
conforman el entorno ecológico. En las redes ecológicas de la naturaleza ningún ser es

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excluido de la red. Todas las especies, aun las que se puedan considerar más insignificante,
contribuye a la sostenibilidad del conjunto. En cambio entre los humanos, la riqueza y el
poder, provoca la exclusión de grandes segmentos de población, de las redes globales.

5.8- La transformación cultural


Por las redes de comunicación no solo fluyen las transacciones financieras y las
inversiones, todo lo que puede tener interés humano, llámese noticias, arte o ciencia, fluye
con la misma rapidez con que se produce. “La tecnología ha hecho posible integrar la
comunicaciones en un único hipertexto que combina sonidos e imágenes con palabras
escritas y habladas. Puesto que la cultura es creada y sostenidas por redes comunicacionales
humanas, cambiará con la transformación de los modos de comunicación” (ver pág. 199).
Sin temor a equivocación, se puede asegurar que la diversidad cultural que fluye por las
diferentes redes comunicacionales, está dando paso a una nueva cultura universal, donde se
combinan y expresan las particularidades nacionales y regiones del mundo, las cuales se
enriquecen o transforman por la interacción de los usuarios en los nuevos espacios.
Ya no es posible circunscribir la producción cultural a un reducido número de usuarios
separado por delimitaciones fronteriza. La prensa no solo se edita en papel, sino también en
formato electrónico, por lo que se puede accesar desde diferentes partes del mundo. Los
videos se obtienen en cualquier lugar, pero también están disponibles en la red y se pueden
bajar. La televisión por cable permite que la transmisión de ciertos canales llegue a lugares
inimaginado. “A lo largo de las dos últimas décadas las nuevas tecnologías han
transformado hasta tal punto el mundo de los medios de información, que muchos
observadores están convencidos de que la era de los medios de comunicación de masas, en
el sentido tradicional de unos contenidos limitados enviados a una audiencia homogénea
masiva, tiene los días contados” (ver pág. 201).
Es interesante observar que, aunque grandes corporaciones poseen el control de medios
de gran alcance, otros grupos nacionales, con poder económico más modestos, controlan
medios importantes en diferentes naciones, formando redes que se tejen con otras a niveles
muy complejos. Pero ninguna red o poder determinado, tiene control como para imponer
una cultura específica o ideología particular, lo que nos sitúa en un espacio cultural
diferente, cambiante y que ofrece múltiple posibilidades de crecimiento y transformación,
que garantiza la ausencia de un poder cultural absolutista y abre la posibilidad de fomentar
múltiples opciones alternativas.

6- La biotecnología en la encrucijada
Las últimas tres décadas del siglo veinte impactaron de tal modo las cimientes de la
ciencia, que puede asegurarse que no hubo una solo disciplina científica que no sufriera
cambios profundo, o en la que no se produjera innovaciones significativas. No solo la
Tecnología de la Información tuvo grandes transformaciones, sino también la
biotecnología, la cual, a través de la ingeniería genética, desarrolló la capacidad de
manipulación de información genética. A este respecto la bióloga molecular Mae- Wan Ho,
ha definido la ingeniería genética, como “un conjunto de técnicas para aislar, modificar,
multiplicar y recombinar genes de distintos organismos. Esta técnica permite a los
científicos transferir genes entre especies que nunca se habrían hibridado de forma natural”
(ver pág. 206).
El avance alcanzado hasta los años cincuenta, cubrió el descubrimiento de la estructura
física del ADN y del código genético. A partir de los 70 del siglo pasado, se crearon dos
técnicas fundamentales en ingeniería genética. “La primera, conocida como secuencia del
ADN, implica la capacidad para determinar la secuencia exacta de los elementos genéticos
(las bases nucleótidos) de un fragmento de la doble hélice de ADN. La segunda, o empalme
de genes, consiste en cortar y unir fragmentos de ADN con la ayuda de enzimas especificas,
aisladas o partir de microorganismo” (ibíd.).
No se ha creado un método de inserción directa de genes extraños en una célula, las
barreras naturales entre especies y otros mecanismos protectores, rompen o inactivan el
ADN extraño. El método empleado para obtener los resultados esperados, consiste en
incorporar primero el gen ajeno a un virus o a elementos parecidos a los virus, empleados
de forma habitual por las bacterias para intercambiar genes. “Estos vectores de
transferencias son entonces empleados para introducir los genes ajenos en las células
receptoras seleccionadas, donde el vector, junto con los genes a él incorporados, se inserta
en el ADN de la célula. Si todos los pasos de esta secuencia altamente compleja salen según
lo previsto - lo cual es muy poco frecuente -, el resultado será un nuevo organismo
transgénico. Otra técnica importante de empalme de genes consiste en producir copias de
secuencias de ADN insertándolas en bacterias (también mediante vectores), donde se
replican rápidamente” (ver págs. 206-207).
Como todas las cosas, la ingeniería genética mal empleada puede crear nuevos
problemas con los cuales sería difícil de lidiar, por no conocer los recursos técnicos a
emplear y de qué modo aplicarlo. Mae – Wan Ho, advierte sobre la posibilidad de que la
emergencia de una plétora de nuevo virus de resistencia a los antibióticos en la década
pasada, podría muy bien estar directamente relacionada con las aplicaciones comerciales a
gran escala de la biotecnología. Se sabe que: “desde los primeros días de la ingeniería
genética los científicos han sido consciente del peligro de crear inadvertidamente cepas
virulentas de virus o bacterias. En los años setenta y ochenta procuraron que los organismos
transgénicos experimentales que creaban quedaran confinados entre las cuatro paredes de
sus laboratorios. Puesto que no consideraban seguro liberarlos al medio ambiente” (ver pág.
207).

69
Por esta razón fue que se celebró el encuentro entre genetista en el año 1975, en
Asilomar, California, donde se redactó la Declaración de Alomar, que solicitaba la
suspensión de las investigaciones hasta que se hubieran establecido normas reguladoras
adecuadas.
En los años 90 del pasado siglo, se hizo caso omiso de esta responsable petición y se
emprendió una desenfrenada carrera por la comercialización de tecnología genética,
desarrollada con aplicación práctica a la medicina y la agricultura, entre otras. Al parecer,
los primeros en constituir pequeñas Compañías fueron algunos premios noveles del área
genética, a ellos le siguieron las universidades y los centros de investigación médica. El
siguiente paso lo dieron los grandes de las industrias químicas y farmacéuticas, los cuales
visualizaban la biotecnología como el negocio del futuro. “Entre 1996 y 1998 la extensión
total dedicada a cultivos transgénicos se multiplicó por más de diez, y pasó de algo menos
de tres millones y medio de hectáreas a casi cuarenta millones. Esta liberación masiva de
organismos genéticamente modificados (OGM) al medio ambiente añadía una nueva
categoría de riesgo ambiental a los problemas ya existente con la biotecnología” (ver pág.
208).
El progreso alcanzado en el perfeccionamiento de las técnicas de ingeniería genética, se
dice que la hace en la actualidad diez veces más rápida (o quizás más) y más poderosa que
las primeras puesta en uso. Otras variantes de OGM, con la característica de
ecológicamente más vigorosa, han sido diseñadas y liberada a gran escala sin tomar en
cuenta los riesgos potenciales, cediendo a las fuertes presiones de las corporaciones, las
cuales han hecho fuerte presiones para conseguir la eliminación de las pocas normas de
seguridad que existían en algunas naciones.
La prueba más fehaciente de la dimensión que ha alcanzado este problema es el
Proyecto Genoma Humano, donde fue necesario publicar los resultados alcanzados por
organismos públicos de EEUU, para evitar que una corporación inglesa patentizara ese
conocimiento como de su propiedad. Tanto la firma inglesa como el gobierno americano
venían trabajando en el mismo proyecto por separado. Al final, se logró hacer público los
resultados del proyecto, porque el gobierno alcanzó resultados concluyentes en menor
tiempo que la firma inglesa.

6.1- Revolución conceptual en Genética


Cuando se encaminaron esfuerzos por lograr cartografiar el genoma humano, se tuvo la
esperanza de lograr prácticas tangibles. Pero pronto se percibió el limitado conocimiento
que se tenía de las funciones de los genes y también del abismo existente entre la
información genética y el significado biológico. Rápidamente se desvaneció el deseo de
pronta aplicación, porque “para usar el código genético con el objetivo de influir en el
funcionamiento del organismo – a fin de prevenir o curar enfermedades, por ejemplo – es
necesario saber no tan solo donde están ubicados determinados genes específicos, sino
también como funcionan” (ver pág. 211).
Una de las ideas que se tuvo por mucho tiempo en la comunidad científica, era que: “el
secreto de la vida residía en las secuencias de los elementos genéticos a lo largo de las
cadenas del ADN” (ibíd.). La posibilidad de descifrar sus secuencias permitiría comprender
los programas determinantes de las estructuras y los procesos biológicos. Hoy existe el
convencimiento de que no es así. Por los resultados que arrojan las investigaciones genética
y lo que han evidenciados las complejas técnicas de secuencias aplicadas al ADN, se
impone la revisión de muchos conceptos tradicionales y de ciertos programas genético.
Una revisión breve a la historia de la genética, permite apreciar la magnitud del cambio
conceptual. Su fundamento se encuentra en la teoría de los conceptos gemelos de variación
accidental, que posteriormente se conoció como mutación aleatoria y, finalmente, como
selección natural. El otro componente fundamental lo aportó Gregor Mendel, al deducir la
existencia de unas unidades de herencia que no se mezclaban en el proceso de producción,
sino que eran transmitidas de generación en generación sin modificar su identidad.
La teoría darwiniana era limitada, no alcanzaba a explicar la emergencia de nuevas
características en la evolución de la especie. “Darwin compartía con sus coetáneos la
presuposición de que las características biológicas de un individuo representaban una
mezcla de las de sus progenitores, los cuales contribuían a esa mezcla en proporciones
variables” (ver pág., 212). Esto se entiende como una transferencia al descendente de un
50% en cada proceso, hasta llegar esa transferencia a reducirse a cero. Es decir, el
descendiente de un progenitor con una variación accidental útil, heredaría tan solo el
cincuenta por ciento de esa característica y continuaría así sucesivamente hasta una
determinada generación que no recibiría nada de esa característica. La nueva característica
muy pronto quedaría diluida.
Con el descubrimiento de los genes por Mendel y la estructura física de los mismos, por
parte de Watson y Crick, “la estabilidad genética pasó a ser comprendida en términos de la
fiel replicación de la doble hélice del ADN, y, consecuentemente, las mutaciones se
entendieron como errores ocasionales y muy raro en ese proceso” (ver pág. 213).
Posteriormente, se establecería el concepto de los genes como unidades hereditarias
estables y claramente distintivas. Aunque en los últimos años la biotecnología molecular se
ha ocupado de sembrar serias dudas sobre los genes como agentes causales de la vida
biológica, se está seguro de que: “Cuando los cromosomas de una célula se duplican en el
proceso de división celular, sus moléculas de ADN se dividen de tal modo que las dos
cadenas de la doble hélice se separan y cada una de ellas sirve como plantilla para la
formación de una nueva cadena complementaria. Esta autoreplicación tiene lugar con
pasmosa fidelidad. La posibilidad de errores de copia o mutaciones, es apenas de uno cada
diez mil millones” (ver pág. 214).

71
Se advierte que esta replicación es posible por la intervención “de una clase de enzimas
que ayuda a las dos cadenas progenitoras a desligarse, mientras que otra impide que las
cadenas separadas se unan de nuevo entre sí, y otras muchas seleccionan los elementos
genéticos (o base) adecuados para la unión complementaria, comprueban la exactitud de las
bases recientemente añadidas, corrigen posibles errores y reparan daños accidentales en la
estructura del ADN” (ibíd.). La estabilidad genética se logra mantener básicamente, por
esas enzimas que intervienen en la replicación, más que por la estructura misma del ADN.
La doble hélice de ADN recién replicada, el conjunto de enzimas indispensables, las
membranas y toda estructura necesaria, implica traspasar la red celular, para facilitar la
continuidad del metabolismo celular y que prosigan sin interrupción los patrones en red
autogenéticas.
Para Darwin y sus seguidores, el ADN es una molécula estable y “sujeta a ocasionales
mutaciones aleatorias, por lo que consecuentemente, la evolución habría sido guiada por el
azar, tras lo cual habría ocurrido la selección natural” (ver pág. 216). Los descubrimientos
reciente han producido un cambio en la visión que se tenia del procesos evolutivo. Hoy se
sostiene que las mutaciones son generadas por la red epigenética de la célula y que la
evolución es parte integrante de la autoorganización de los sistemas vivos.
Las investigaciones no solo se han circunscrito a la biología, en microbiología se ha
puesto en evidencia que las mutaciones son “únicamente una de las tres vías del cambio
evolutivo; las otras dos son el intercambio de genes entre bacterias y la simbiogenésis, o
creación de nuevas forma de vida por medio de la unión de especies distintas” (ibíd.). Los
avances logrados en estas disciplinas científicas han revolucionado la base de comprensión
del proceso evolutivo. Del énfasis en el azar y la necesidad, se ha pasado “a una visión
sistémica que contempla el cambio evolutivo como una manifestación más de la
autoorganización de la vida” (ver pág. 217). El concepto de la vida, asocia la actividad
autoorganizadora de los organismos con la cognición, lo que hace pensar la evolución
lógicamente, como un proceso cognitivo.

6.2- Más allá del determinismo genético


Las investigaciones en genética han dejado claro también que la estabilidad de los genes
no es una propiedad intrínseca de la molécula de ADN, se considera que emerge de una
compleja dinámica de procesos celulares. Watson y Crick, facilitaron bastante su
comprensión, de sus investigaciones se puede colegir que: “los procesos celulares
subyacentes en las formas de vida y su comportamiento son catalizados por enzimas
especifica, y estas son especificadas por genes. Para producir una enzima específica, la
información codificada en el gen correspondiente (es decir, la secuencia de bases
nucleótidos en la cadena de ADN que expresa ese gen) es copiada en un segmento
complementario de ARN” (ver pág. 218). Se sostiene que la molécula de ARN actúa como
mensajera transportando la información genética hasta un ribosoma, en donde se producirán
las enzimas y otras proteínas.
Allí la secuencia genética es convertida en instrucciones para el montaje de una serie de
aminoácidos, los elementos básicos que forman las proteínas. “Los genes codifican las
enzimas, que son, a su vez, los catalizadores necesarios para todos los procesos celulares.
Por consiguiente, los genes determinan los rasgos y los comportamientos biológicos, y cada
gen correspondiente a una enzima especifica” (ibíd.).
En biología molecular se habla del dogma central de Francis Crick, que describe la
cadena lineal de causa efecto, o lo que se describe como secuencia habitual para los
biólogos moleculares y que se explica del siguiente modo: “el ADN hace ARN, el ARN
hace proteínas, las proteínas nos hacen a nosotros” (ibíd.). Se indica que: “el dogma central
incluye la información de que su cadena lineal causal define un flujo de información en una
sola dirección, de los genes a las proteínas, sin posibilidad alguna de retroalimentación en
sentido contrario” (ibíd.).
Se observa discrepancia entre el planteamiento teórico y la realidad biológica cuando la
cadena lineal se reduce a sus dos extremos, ADN y rasgos. Realmente el dogma central se
ha representado en enunciado como este: “los genes determinan el comportamiento”. Este
se ha conocido como determinismo genético y se considera la base conceptual de la
ingeniería genética. Su predominio como paradigma dominante en la biología molecular se
ha extendido por más de cuatro décadas.
El ADN ha eclipsado a los biólogos moleculares, los cuales le han dado denominaciones
tan variadas como la de programa, anteproyecto genético, libro de la vida, entre otros. El
mismo código genético ha sido llamado “lenguaje universal de la vida”. Richard Strohman
(citado por Capra) analizando el determinismo genético, destaca que: “una teoría que
funcionaba bien, al menos inicialmente, para comprender el código genético – cómo
codifican los genes la información necesaria para la producción de proteínas – ha sido
extendida a una teoría sobre la vida que considera a los genes agentes causales de todos los
fenómenos biológicos”. Agrega además, que: “la extensión ilegitima de un paradigma
genético desde un nivel relativamente simple de codificación y descodificación genéticas a
un nivel complejo de comportamiento celular constituye un error epistemológico de primer
orden” (ver pág. 219).
Para finales de 1970 el dogma central empezó a confrontar problema cuando los
investigadores deciden extender sus investigaciones a otros organismos no considerados
anteriormente. Lo primero en descubrir, fue que en los organismos superiores no se da ya la
simple correspondencia entre secuencia de ADN y secuencias de aminoácidos en proteínas.
Se entiende que los procesos de síntesis proteínico se tornan más complejos a medida que
aumenta la complejidad del organismo estudiado. “En los organismos superiores los genes
que codifican proteínas tienden más a estar fragmentados que a formar secuencias

73
continuas. Consisten en fragmentos codificadores intercalados en largas secuencias no
codificadores cuya función no se conoce bien todavía” (ver pág. 220).
Se ha estimado en un uno o en dos por ciento la proporción de ADN codificador, aunque
en algunos organismos es muy variada la cantidad. El resto se conoce como ADN basura o
chatarra. En la naturaleza nada se pierde y todo es útil. La cartografía reciente del genoma
humano, ha posibilitado conocer algunos aspectos de las evolución humana, se trata de
“una especie de registro fósil genético consistente en genes saltarines que se salieron de sus
cromosomas en nuestro pasado evolutivo remoto, se replicaron de forma independiente y
luego reinsertaron sus propias copias en diversas secciones del genoma principal. Su
distribución indica que algunas de esas secuencias no codificadoras podrían contribuir a la
regulación general de la actividad general” (ibíd.). Esto anula el concepto de chatarra y
prueba la utilidad de ese ADN.
Los estudiosos afirman que el gen fragmentado se copia en un segmento de ARN, dicha
copia se procesa antes de iniciarse la producción de la proteína. Las enzimas, suprimen los
segmentos no codificadores y unen los segmentos codificadores remanentes y de esta
manera forman una transcripción acabada. Es cuando el ARN mensajero se ha procesado y
está listo para la síntesis proteínica.
También se ha descubierto que la dinámica reguladora de la red celular no sólo
especifica que proteína va a ser producida a partir de determinado gen fragmentado, sino
también cual va a ser su funcionamiento. “Una proteína puede funcionar de muchas formas
diversas, dependiendo de su contexto. Los científicos han descubierto ahora que la
compleja estructura tridimensional de la molécula proteínica puede ser modificada por una
serie de mecanismos celulares, y que estos cambios alteran la función de la proteína” (ver
pág. 221).

6.3- ¿Qué es un gen?


No existe consenso entre los genetistas en cómo definir al gen y en qué cantidad se
puede estimar el número contenido en el genoma humano. Se niegan los genes como
agentes causales de los fenómenos biológicos, independientes y diferenciados. Tampoco se
entienden como objetos físicos, sino como “meros conceptos que han ido acumulando un
gran bagaje histórico a lo largo de las últimas décadas […] Es probable que hayamos
alcanzado un punto en el que la utilización del término gen tenga un valor limitado y se
convierta incluso en un estorbo para la comprensión del genoma” (ver pág. 227).
La falsa creencia de que los genes determinaban funciones biológicas, fue lo que llevó a
biólogos y empresas biotecnológica en los años 60 del pasado siglo, a embarcarse en las
aplicaciones de la ingeniería genética a la medicina. Se suponía que las causas originales de
los trastornos biológicos eran producto de mutaciones genéticas, por tanto, era necesario
conocer los genes responsables de la aparición de determinadas enfermedades. De ser
posible su identificación, se lograría prevenir y curar esas enfermedades de origen genético,
aplicando corrección o sustitución de los genes nocivos.
En los años setenta, todo el interés se concentró en aplicar las técnicas de ingeniería
genética a la medicina, pues, como ya se ha establecido, se partía de la falsa premisa de que
los genes determinaban funciones biológicas, “era lo más natural presuponer que las causas
originales de los trastornos biológicos se debieran a mutaciones genéticas, de modo que los
genetistas pusieron manos a la obra para tratar de identificar con precisión cuales eran los
genes causantes de enfermedades especificas” (ver pág. 229).
Las empresas biotecnológica creían que había llegado el momento de hacer grande
negocios y obtener beneficios extraordinarios. Promovieron todo resultado al cansado en
las investigaciones, esperanzado que pronto se podría mostrar las primeras aplicaciones en
una u otra dirección. Sin embargo, muy pronto se pudo comprobar que es grande la
distancia que media entre el descubrimiento de un nuevo gen y la comprensión de su papel
concreto.
Todos estos esfuerzos de manipulación genética han tenido como telón de fondo un solo
propósito: alcanzar éxitos comerciales y con ellos producir grandes fortunas para las firmas
auspiciadoras. A la ingeniería genética no le ha sido posible lograr progreso notable, como
para resolver grandes problemas de salud, lograr corrección genética o propiciar cambios
significativos en su aplicación a la agricultura, entre otras. “En el estado actual en que se
encuentra esa técnica los genetistas no están en condiciones de controlar lo que sucede en el
organismo. Es cierto que pueden insertar un gen en el núcleo de la célula con la ayuda de
un vector específico, pero no tienen forma de saber si la célula lo incorporará o no a su
propio ADN, ni donde quedará ubicado ese nuevo gen, ni qué efecto tendrá sobre el
organismo” (ver pág. 229).
Se asevera que la ingeniería genética se soporta en la premisa de que se le puede extraer
“un gen a la especie A, en la que hace algo deseable, y añadírselo a la especie B, donde
continuará haciendo esa misma cosa deseable” (ibíd.). Pero, también se advierte que: “la
expresión de los genes depende de su entorno genético y celular (de la red epigenética
como un todo), y puede cambiar cuando los genes son introducidos en un nuevo entorno”
(ver pág. 230).
Uno de los problemas potenciales se expresa a través de la multiplicidad de efecto, en lo
que existe el peligro de que efectos indeseables suprimidos en una especie puedan
presentarse cuando el gen es transferido a otra. Además, la diversidad de rasgos son
resultados de la intervención de múltiples genes, tal vez incluso de cromosomas distintos,
que no permiten fácilmente su manipulación. La totalidad de esos problemas constituyen el
impedimento más severo hasta ahora conocido, para que no se haya conseguido en las
aplicaciones médicas de la ingeniería genética los resultados esperados.

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Capra cita a David Weatherall, director del instituto de Medicina Molecular de la
Universidad de Oxford (en el periodo correspondiente a la preparación del texto bajo
estudio), cuando expresa que: “habida cuenta de la cantidad de complejos mecanismos
reguladores implicados, transferir genes a un nuevo entorno y conseguir que hagan su
trabajo ha demostrado ser, hasta ahora, una tarea demasiado difícil para los genetistas
moleculares” (ibíd.).
En sus inicios los genetistas confiaban en poder asociar enfermedades específicas con
genes individuales, luego se comprobó que eran muy reducidos los casos que podían
atribuirse a un solo gen y cuando así se produce, estos genes defectuosos resultan ser
desmesuradamente grande. Las implicaciones que tiene el tamaño es que puede producir
una cantidad muy elevada de mutaciones y solo una de ella es responsable de la
enfermedad. Veamos el siguiente caso: “El gen crítico para la fibrosis quística, enfermedad
común en el Norte de Europa, está formado por unos doscientos treinta mil pares de bases y
codifica una proteína compuesta por casi mil quinientos aminoácidos. Han sido observadas
más de cuatrocientas mutaciones distintas de ese gen. Solo una de ellas tiene como
consecuencia la enfermedad” (ver pág. 231).
Se tiene conocimiento de sintomatologías distintas de una misma mutación en paciente
diferente. De manera que, los problemas encontrados en los casos atribuibles a un solo gen
se hacen más numerosos cuando se estudian dolencias comunes. Se ha conseguido mejores
resultados en la identificación de riesgos genéticos que en los beneficios médicos logrado.

6.4- La biología y la ética de la clonación


Se tiene la falsa creencia de que los genes forman al organismo, que genes idénticos
forman personas idénticas. “La mayoría de la gente confunde el estado genético de un
organismo con la totalidad de las características biológicas, psicológicas y culturales de un
ser humano. En el desarrollo de un individuo intervienen muchas más cosas que los genes,
tanto en la emergencia de la forma biológica como en la formación de una personalidad
humana irrepetible a partir de determinadas experiencias vitales” (ver pág. 233).
Se ha comprobado que los mellizos iguales, pese a que tienen personalidad e historias
personales muy distintas, son genéticamente mucho más idénticos que un organismo
clonado. Al parecer, no debe mover a preocupación el hecho de que se pueda dañar la
identidad genética del individuo, la mayor inquietud proviene de si “el estado erróneo de la
compresión publica de la biología minará o no el sentido propio de autonomía y unicidad
de un individuo” (ver pág. 233).
En relación a la clonación se puntualiza que: “cuando los biólogos tratan hoy de clonar
un animal toman un óvulo adulto de un animal, le extraen el núcleo y funden la célula
resultante con el núcleo (o con una célula completa) de otro animal. La célula hibrida
restante, el equivalente de un óvulo fertilizado, es entonces desarrollada in vitro y, tras
asegurarse de que se está desarrollando normalmente, es implantada en la matriz de un
tercer animal, que hace las veces de madre y lleva el embrión a término” (ver pág.234).
El hecho de que el animal clonado reciba una célula con el núcleo del animal donante y,
por otro lado, una célula sin núcleo que contiene genes adicionales fuera del núcleo,
perteneciente al otro donante, nos conduce a pensar que el clon resultante será
genéticamente diferente a su progenitor. Pero, no se puede garantizar un resultado
específico y de lograrse, daría lugar a la formulación de muchas preguntas que cubrirían
aspectos diversos, entre los cuales está el problema ético.
Aunque al respecto de este último aspecto, se establece que: “Los verdaderos problemas
éticos en torno a la clonación actual tienen sus raíces en los problemas biológicos de
desarrollo que suscitan, y son consecuencia del hecho crucial de que la célula manipulada a
partir de la que se desarrollará el embrión es un hibrido formado con componente celulares
procedentes de dos animales distintos. Su núcleo procede de un organismo, mientras que el
resto de la célula, que contiene toda la red epigenética, procede de otro. Habida cuenta de la
inmensa complejidad de la red epigenética y de sus interacciones con el genoma, los dos
componentes serán raramente compatibles, y, hoy por hoy, nuestro conocimiento de las
funciones reguladoras celulares y de los procesos de señalización es aún tan limitado que
no nos permite conseguir que lo sean” (ver pág. 235).
En relación a la clonación, puede suceder que la división de los cromosomas no sea
sincrónica con la de las células embrionarias, por posibles incompatibilidades entre los dos
componentes de la célula inicialmente manipulada, lo que posiblemente arrojará como
resultado un exceso o un defecto de cromosomas, y esto dará como resultado un embrión
anormal. Con un embrión anormal solo se puede esperar la muerte o, como establece
Capra, desarrollarse de forma monstruosa. El hecho mismo de que se persiga obtener
resultados para fines comerciales y conquistas placenteras, como los casos de los perros de
peleas, bien podría implicar un problema ético que mueva a profunda reflexión.

6.5- Biología y agricultura


La aplicación de la ingeniería genética a la agricultura ha estado afectada de sospechas,
suspicacia, resistencia o desprecio, por parte de consumidores y productores. Las razones
son diversas y van desde la percepción del paladar, hasta la convicción de posibles daños
futuros, por concentración de componentes no convenientes para la salud.
Los productos biotecnológicos no contienen ninguna advertencia sobre su uso en el
etiquetado, solo resaltan las bondades de los mismos, sin referirse a normas sanitarias de
ningún tipo. Tampoco les interesa dar a conocer el proceso de investigación seguido para
obtener tales resultados. “Los anuncios de biotecnología nos muestran un mundo feliz en el
77
que la naturaleza será por fin sometida al control humano. Sus plantas se convertirán en
artículos genéticamente diseñados, hechos a medidas de las necesidades del usuario. Las
nuevas variedades serán resistentes a la sequias, los insectos y las malas hierbas. Los frutos
no se marcarán ni se pudrirán. La agricultura no dependerá ya de la química y, por ende,
respetará el medio ambiente. Los alimentos serán mejores y más seguros que nunca y el
hambre desaparecerá por fin de la faz de la tierra” (ver pág. 238).
Cuando se tiene proclama de esa naturaleza no se sabe si estamos ante una promesa
divina o se está viviendo un sueño. Las corporaciones agroquímicas, vendieron ilusiones
semejantes cuando introdujeron los productos químicos, lo que sirvió para provocar, entre
otras cosas: mayor concentración de la tierra, desarrollo de monocultivo y daño a la salud
de los agricultores y ciudadanos radicados en las zonas agrícolas. “Es bien sabido hoy día
que la agricultura química no ha ayudado ni a los agricultores ni a la tierra ni a los
consumidores. El uso masivo de productos químicos (fertilizantes, pesticidas, herbicidas)
cambió la estructura de la agricultura y la ganadería, en la medida en que la industria
agroquímica persuadió a los agricultores de que podían ganar mucho más dinero si se
dedicaban a un solo cultivo altamente rentable y controlaban las plagas y la maleza con sus
productos” (ibíd.).
Hoy nadie duda de los efectos dañinos de la denominada Revolución Verde. El hecho
más devastador fue la ola migratoria de campesinos a la ciudad, al quedar sin oportunidad
de negocio estos pequeños agricultores. Vendieron sus tierras por centavos a los
terratenientes y estos últimos las aprovecharan para fomentar el monocultivo. El
implemento de los nuevos cultivos, vino acompañado de la mecanización y del uso
intensivo de combustibles. “Con los nuevos productos agroquímicos la agricultura se
mecanizaba y consumía cada vez más energía, lo que favorecía a los terratenientes con
capital suficiente y obligaba a muchos campesinos a malvender sus explotaciones
familiares y emigrar. Víctimas de la Revolución Verde, en el mundo entero gran número de
personas han abandonado las zonas rurales y han ido a engrosar las masas de desempleados
urbanos” (ibíd.).
Los efectos posteriores a la implementación de la agricultura química, fueron dañinos
para la salud del suelo y de los humanos. Esta Cambió las relaciones sociales y también la
relación con el medio natural que provee nuestros alimentos. El cultivo intensivo de un
mismo producto, químicamente tratado, puso en peligro el equilibrio ecológico del suelo y
disminuyó el nivel de materia orgánica, lo que reducía su capacidad de retención de
humedad. Esos cambios trajeron consecuencias altamente perjudiciales, como: pérdidas de
humus, sequedad, esterilidad, erosión por viento y agua, entre otras. “El desequilibrio
ecológico provocado por el monocultivo y el uso excesivo de agroquímicos tuvo también
como resultados un aumento tremendo de plagas y enfermedades, que los agricultores
trataban de contrarrestar con dosis más elevadas de pesticidas, en un círculo vicioso de
agotamiento y destrucción. A medida que aumentaban las dosis químicas en cosechas y
suelo lo hacían también los riesgos para la salud humana con la absorción por el suelo de
productos químicos tóxicos y la consiguiente contaminación de acuíferos y alimentos” (ver
pág. 239).
Todo esto motivado por las ambiciones de las empresas pertenecientes a la industria
agroquímica, que simulando un interés por la alimentación y el bienestar de la población,
aceleraba la aplicación de la ingeniería genética a la agricultura. El impacto de las
innovaciones tecnológicas tuvo dos claro resultados: por un lado, los grandes beneficios
económicos alcanzados por las empresas del sector y, por el otro, el evidente deterioro
sufrido por el suelo agrícola y los riesgos potenciales para la vida de las personas, al dotar a
estos productos mediante modificación genética de genes insecticidas o de cualquier otro
tipo, para resistir dosis mayores de herbicidas. David Ehrenfeld nos dice al respecto que:
“al igual que ocurre con la agricultura intensiva, se trata a menudo de presentar a la
ingeniería genética como una tecnología humana, dedicada a alimentar a la gente más y
mejor. Nada más lejos de la realidad. Con escasísimas excepciones, el único objetivo de la
ingeniería genética consiste en aumentar las ventas de productos químicos y transgénicos a
unos agricultores cada vez más dependientes” (ibíd.).
En los últimos años hemos sido testigo de la concentración de propiedad, de iniciativas
empresariales diferentes, como las Fusiones o Young Venture, en procura de lograr el
mayor control sobre la producción de alimentos. Los datos que cita el texto son altamente
reveladores. “Las diez empresas agroquímicas más grande controlan ya el ochenta y cinco
por ciento del mercado global, mientras que las cinco primeras controlan la práctica
totalidad del mercado de la semillas GM”, genéticamente mejorada. (Ver pág. 240). A esto
se añade las iniciativas de grandes corporaciones de comprar las principales empresas
productoras de semillas de la India y Brasil y de otras partes del mundo, algunas de las
cuales se considerada como las mayores productoras del mundo. También han adquirido
empresas de biotecnología. Esas concentraciónes no dejan dudas de que el propósito es
crear un sistema agrícola mundial único, en el que se tenga control de cada etapa de la
producción y distribución alimentaria.
La voracidad de esas corporaciones es tan grande, que las agroquímicas trabajan en
versiones de plantas mejoradas aplicando una tecnología denominada “tecnología
terminator”, que consiste en diseñar plantas con semillas genéticamente esterilizadas. Con
ello se obligaría al agricultor a comprar semillas patentadas. “Eso resultaría particularmente
devastador en el hemisferio sur, donde el ochenta por ciento de las cosechas proceden de
semillas guardadas de recolecciones anteriores. Por encima de todo, esos planes ponen en
evidencia las motivaciones estrictamente comerciales que se ocultan tras los alimentos G
M. tal vez muchos de los científicos que trabajan para esas corporaciones crean
sinceramente que sus investigaciones van a contribuir a alimentar a los hambrientos y a
mejorar la calidad de nuestros alimentos, pero lo cierto es que están operando dentro de una
cultura de poder y control, sin capacidad para escuchar y con una estrecha visión
reduccionista, en la que las cuestiones éticas no se tienen en cuenta” (ver pág. 240-41).

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Hay datos escalofriantes en relación a la producción de alimentos y el problema del
hambre. Como por ejemplo, el siguiente: “en los últimos cincuenta años, los incrementos en
el suministro de alimentos se ha mantenido por delante del aumento de la población en todo
el mundo, excepto África. En 1997 un estudio demostró que, en el mundo desarrollado, el
setenta y ocho por ciento de los niños mal nutridos de cinco años de edad o menos viven en
países con excedentes de alimentos. Muchos de los países en los que reina el hambre
exportan más alimentos de los que importan” (ver pág. 242). Indudablemente, esas cifras
invalidan cualquier argumento en favor de la biotecnología y refuerza la afirmación de que:
“las causas del hambre en el mundo no tienen nada que ver con la producción de alimentos,
sino con la pobreza, con las desigualdades y con la falta de acceso a los alimentos y a la
tierra. La gente pasa hambre porque los medios de producción y distribución de alimentos
están controlados por los ricos y los poderosos: el problema del hambre en el mundo no es
técnico, sino político” (ibíd.).

6.6- Una alternativa ecológica


Antes evidencias tan convincentes se impone la adopción de nuevas alternativas, entre
las conocidas la que resulta más favorecida es la agricultura orgánica, también conocida
como agricultura ecológica y agroecológica, la cual “consiste en el cultivo mediante
tecnología que, para el incremento de las cosechas, el control de las plagas y el
mantenimiento del suelo, no se basan en la química o la biotecnología, sino en el
conocimiento ecológico” (ver pág. 244).
Tradicionalmente los agricultores han practicado la agroecológica, al rotar el cultivo
para hacer desaparecer los insectos que había atraído el cultivo anterior. Aunque en muchos
casos no son conscientes del rol de esos insectos en el ecosistema, saben que usar
fertilizantes para exterminarlo termina dañando los ecosistemas sanos. Por tanto, adoptan el
uso de residuos orgánicos, como las hojas caídas, el estiércol, etc. Como forma de lograr un
cultivo más sano y con características más agradable al paladar de los consumidores
tradicionales. Con esta acción, consiguen devolver al suelo la materia orgánica y que la
misma entre de nuevo al ciclo biológico.
Cuando se adopta de forma consciente la agroecología, contribuimos al proceso de
recuperación del ecosistema, al proveerlo de sus propios recursos lo que en algún momento
del tiempo le dará estabilidad. Esas prácticas contienen principios firmes, al fundamentarse
en criterios confirmados por miles de años, y que han guiado el proceso evolutivo
alimentario. Se afirma al respecto, que: “la agroecología es sostenible porque incorpora
principios ecológicos verificados por la evolución durante miles de millones de años. Los
agricultores orgánicos saben que un suelo fértil es un suelo vivo, que contiene miles de
millones de organismos en cada centímetro cubico” (ibíd.).
El ecosistema es complejo, de él forman parte los animales, las plantas, el sol, todos los
que estos producen y los millones de organismos vivos de diferentes tamaños y con
funciones distintas. Todos ellos tienen un rol natural asignado y constituyen la expresión de
la vida. En ese sentido, la agroecología, como actividad humana, contribuye a preservar y
sostener los grandes ciclos ecológicos “al integrar sus procesos biológicos en los de
producción de alimentos. Cuando un suelo se cultiva orgánicamente, su contenido en
carbono aumenta: de este modo la agroecología contribuye a la absorción de dióxido de
carbono atmosférico y, por consiguiente, a la reducción del cambio climático” (ver págs.
244-45).

La ventaja que ofrece el cultivo agroecológico, es que integra en cada proyecto la


crianza de animales, lo que da apoyo a los ecosistemas del suelo y superficie, utiliza mano
de obra intensiva, su resultado se orienta a la comunidad. En su mayoría, estas fincas son
pequeñas y son explotadas por sus propietarios. Al quedarse en la propia comunidad los
productos cultivados, llegan más frescos, con mejor calidad y a menor costo. Se anula el
costo de empaque y conservación y se reduce a la más mínima expresión el gasto de
energía no renovable.
Haciendo acopio de información disponible en su momento y, procurando dar a conocer
las experiencias con la puesta en marcha de fincas agroecológicas, nos dice el Capra que:
“mas de setecientas mil explotaciones familiares en África, en las que se consiguieron
aumento del cincuenta al ciento por ciento, al mismo tiempo que se rebajaban
sustancialmente los costes de producción, todo lo cual se traduce en un aumento
espectacular de las rentas familiares, que en ocasiones llegaron a multiplicarse por diez”
(ver págs. 246-47). Esto es evidencia de cuanto provecho se puede obtener y cuanto
beneficio le puede aportar a la ecología sin perjudicar al productor.
A diferencia de la ingeniería genética, la agricultura orgánica eleva la productividad
agrícola de forma económicamente viable. La ingeniería genética es particularmente
riesgosa en sus aplicaciones, por la poca comprensión de la formación de los genes. Lo
mismo pasa con el cambio de visión de los procesos biológicos que implican genes, en el
sentido de que están regulados por las redes celulares en las que se hallan inmersos los
genomas. A esto se agrega el cambio de los patrones de la actividad genética en forma
continua, por la incidencia de los cambios en el entorno celular.

CONCLUSION

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Las últimas cuatro décadas del siglo pasado fueron muy proliferas en materia de
producción científica, se diría que mucho más que las décadas anteriores del mismo siglo.
El libro “Las Conexiones Ocultas” de Fritjof Capra, constituye una puesta al día en materia
científica, en particular, en las áreas de biología, de la bioquímica, la genética y otras
disciplinas, como la sociología. La forma en que se da cuenta de tal avance, es con la
revisión de la noción de conocimiento que hasta ahora ha guiado la aplicación práctica y su
actualización o puesta al día, a partir del nuevo enfoque.
No es necesario hacer un inventario pormenorizado de esos aportes científicos, ni mucho
menos un registro de los criterios sostenido por el autor y demás investigadores citados.
Los diversos aspectos referenciado en el texto, no solo enriquecen el acervo cultural de la
humanidad, sino que también están produciendo un impacto fuera de toda consideración en
la comprensión de los fenómenos naturales y sociales. Como es el hecho de entender que la
realidad social evolucionó a partir del mundo biológico, hace entre dos y cuatro millones de
años. A esto se añade la compresión de los fenómenos sociales como la evolución de la vida
y la consciencia.
El conocimiento aportado por la biología ha sido determinante para entender el genoma
humano y el ADN. El estudio de estos elementos ha permitido conocer la simplicidad de la
célula bacteriana, de la cual en su evolución ha resultado la vida. Se conocen como las más
simples, las pertenecientes a la familia micoplasmas, cuyos tamaños alcanzan un diámetro
inferior a una milésima de milímetro y el genoma consistentes en un solo bucle cerrado de
la doble hélice del ácido desoxirribonucleico, más conocido como ADN.
Constituye una novedad la propuesta de Humberto Maturana y Francisco Valera, en el
sentido de que las redes vivas se crean y se recrean a si misma sin cesar, procesos que se
agrupan en lo que se conoce como autogénesis. Esta dinámica se revela como una
característica clave de la vida. Autopoiésis quiere decir, que se hace así misma. La vida,
desde este punto de vista, no se le puede atribuir a ningún componente particular, definir
como sistema vivo a una red autopoiésica implica que el fenómeno de la vida tiene que ser
considerado una propiedad del sistema como un todo. La vida se debe a la totalidad de la
red metabólica circunscrita.
Otra propuesta radical proveniente de los mismos autores, es la identificación de la
cognición o proceso del conocimiento, con el proceso vital, entendiendo la cognición como
la actividad implicada en la autogénesis y la autoperpetuación de redes vivas. En otras
palabras, la cognición es el proceso mismo de la vida. La actividad que organiza los
sistemas vivos, en todos los niveles de vida, es la actividad mental.
Un aporte interesante lo representa las investigaciones realizadas con Chimpancés, en la
cuales se ha conseguido descubrir que provienen del mismo Homínido que descienden los
humanos y que apena difieren del hombre en solo 1.6 por ciento. También se ha descubierto
que pueden alcanzar un nivel de desarrollo equivalente a un niño de 6 años. Emplean el
lenguaje gestual, algo que fue común entre los primeros homínidos y particularmente, usan
las manos, que es el antecedente inmediato del lenguaje humano.
Es trascendente el hecho de que se entienda el aprendizaje como una continuidad, que parte
de los órganos más elementales que conforman la vida, pasando de una forma simple a las
más complejas, hasta expresarse como algo natural en los organismos más complejos. Esta
nueva comprensión disminuye el peso que pueda atribuirse a la actividad social en el
proceso de aprendizaje de los humanos.
Un último aspecto que debe ser considerado, es la manera como se han manejado las
empresas que están detrás de la biotecnología y en particular, las que se han dedicado a la
producción de alimentos y medicina. El expediente levantado en su contra está lleno de
evidencias que las incriminan, en el sentido de que han producido fármacos para
determinados tratamiento sin tener las pruebas suficientes de su efectividad y sin conocer
los daños colaterales.
En el área de los alimentos, el primer engaño esta en el hecho de haber vendido la idea de
que los alimentos genéticamente mejorado, resolverían los problemas alimentario del
planeta. La triste realidad es que el hambre del mundo no se debe a la escasez de alimentos.
Datos de la época en que circuló la edición que estamos consultando, dan cuenta de que no
es la escasez lo que caracteriza los mercados, sino la abundancia. Se sabe que en las tres
décadas anteriores a la crisis alimentaria, la producción de alimentos había rebasado el
crecimiento de la población mundial en un dieciséis por ciento.
Un dato dramático que cita el autor da cuenta de que: “en 1997 un estudio demostró que, en
el mundo desarrollado, el setenta y ocho por ciento de los niños mal nutridos de cinco años
de edad o menos viven en países con excedentes de alimentos. Muchos de los países en los
que reina el hambre exportan más alimentos de los que importan”. Creo que no se necesita
mayor argumentación para mostrar la situación que se ha estado viviendo en el mundo,
quienes resultan ser los perjudicados, quienes beneficiados y como los han logrado.

Ensayo elaborado para Atlantic International University (AIU)

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