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Métodos en Teledetección Aplicada a la Prevención de Riesgos Naturales en el Litoral

INTRODUCCIÓN A LOS RIESGOS GEOLÓGICOS LITORALES


I.D. Correa1, O. Ferreira2 y J. Alcántara-Carrió3
1
Área de Ciencias del Mar, Dpto. de Geología. Univ. EAFIT. Medellín, Colombia.
icorrea@eafit.edu.co
2
IMAR. Campus de Gambelas. Faro (Portugal). oferreir@ualg.pt
3
Dpto. Ciencias Básicas y Oceanografía. Univ. Católica de Valencia. Valencia, España
javier.alcantara@ucv.es

INTRODUCCIÓN

Hace tan sólo 25 años surgió un nuevo principio fundamental de la


Geología, el principio de la simultaneidad de eventos (Hsü, 1983). Dicho
principio afirma que la historia geológica de la Tierra se ha caracterizado por
un cambio gradual y pausado a lo largo de grandes periodos, pero dichos
periodos han sido interrumpidos por eventos bruscos y de gran magnitud,
que han afectado simultáneamente a todo el planeta.
La importancia de este principio radica en que logra armoniza las teorías
del Gradualismo pausado y el Catastrofismo. El Gradualismo pausado
(Lyell, 1830-1833) está basado en los principios del uniformismo y
actualismo (Hutton, 1795; Playfair, 1802). Por su parte, el Catastrofismo
(Cuvier, 1825) se fundamenta en las evidencias científicas de procesos
naturales que han causado cambios drásticos en la historia de la Tierra, su
morfología y la evolución de la vida en ella. Las ideas catastrofistas
suponían una visión más acorde con la tradición y el pensamiento dominante
durante siglos en la civilización occidental, pero una vez que el Gradualismo
pausado se impuso a principios del siglo XIX, estas ideas quedaron relegadas
a un segundo plano. El principio de la simultaneidad de eventos, al lograr el
equilibrio entre ambas teorías, supone un cambio muy importante en la
visión de los procesos naturales, su frecuencia e intensidad.
Pero el hombre no sólo ha de convivir con la amenaza que suponen los
eventos extremos de origen natural, sino que la propia actividad humana
genera cambios en los procesos naturales y crea así nuevas situaciones de
riesgo. Este hecho es más evidente desde el inicio de la revolución industrial,
que supuso un salto cualitativo fundamental en la explotación de los recursos
naturales, tan sólo comparable al dominio del fuego en el Paleolítico, o el
paso del hombre nómada a sedentario en el Neolítico, con el desarrollo de la
agricultura. Así, en la actualidad se ha producido un cambio generalizado de
todos los procesos naturales debido a una demanda de recursos (alimentos,
energía y materias primas) cada vez más intensa, hasta llegar a un desarrollo
claramente insostenible. La sobreexplotación y el riesgo de agotamiento de
los recursos naturales se ponen de manifiesto al observar que el agua potable
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ha pasado en las últimas décadas de considerarse un recurso renovable a no


renovable, debido al aumento de la demanda, la contaminación y la
sobreexplotación de los acuíferos.
Las actividades humanas afectan en la actualidad, directa o
indirectamente, a todos los ambientes naturales, con acciones a nivel local
que tienen repercusiones en los procesos a escala planetaria. Al conjunto de
estos cambios a escala planetaria inducidos por la acción humana se le ha
llamado cambio global. El aumento de la concentración de dióxido de
carbono en la atmósfera desde la revolución industrial y el consiguiente
sobrecalentamiento de la atmósfera al intensificarse el efecto invernadero
son el detonante del cambio climático que vivimos en la actualidad. Por
tanto, el cambio climático es sólo uno de los muchos aspectos del cambio
global. El desarrollo de la sociedad obliga a intensificar esfuerzos para
reducir los daños por las catástrofes naturales y medioambientales.
La metodología habitual en la lucha contra los riesgos naturales consiste,
en primer lugar, en identificar los fenómenos que suponen una amenaza para
el hombre y evaluar su peligrosidad. A continuación, se evalúa la
vulnerabilidad del hombre ante dichos fenómenos. La magnitud de los
riesgos se obtiene entonces al combinar el estudio de las amenazas con la
vulnerabilidad de la población. Finalmente, se diseñan las medidas para
hacer frente al riesgo analizado, así como a la catástrofe cuando ésta se
produce. Para desarrollar esta metodología, además del cambio conceptual,
ha sido de gran ayuda el gran avance tecnológico de las últimas décadas en
herramientas informáticas, instrumentos de medida y sistemas de
teledetección.
Este primer manual de la Red Iberoamericana en Teledetección Aplicada
a la Prevención de los Riesgos Geológicos Litorales trata precisamente de la
metodología para identificar las amenazas naturales, centrándose
fundamentalmente en la aplicación de técnicas de teledetección. Dentro de
los sistemas de teledetección o sensores remotos se incluyen tanto aquellos
que exploran la corteza terrestre desde la atmósfera, mediante satélites o
sensores aerotransportados (fotografía aérea, LIDAR) como otras técnicas,
también de medición indirecta, empleadas en la geofísica terrestre y marina
(acústica, sísmica, tomografía eléctrica, etc.). Una copia digital de este
manual se encontrará próximamente disponible en dicha web.
Esta red se enmarca en el área de “desarrollo sostenible, cambio global y
ecosistemas” del Programa Iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el
Desarrollo (CYTED, www.cyted.org), promovido por la Cumbre de Jefes de
Estado y de Gobierno de los Países Iberoamericanos. Dentro de este área, la
CYTED también promueve en la actualidad redes de trabajo en temas como
el monitoreo y pronóstico de fenómenos hidrometeorológicos, la evaluación
de peligros, la gestión de riesgos y desastres derivados de los movimientos

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de masas en taludes y laderas inestables, y el uso de tecnologías espaciales


para la evaluación, monitoreo y manejo de desastres naturales en la
agricultura.
En este primer capítulo del manual se presenta una revisión conceptual
de los términos empleados en el análisis de los riesgos naturales, como paso
previo a la descripción de las metodologías. En este sentido, resulta también
muy útil el glosario para la evaluación de riesgos compilado por Nadim
(2005) para la International Society of Soil Mechanics and Geotechnical
Engineering.

AMENAZAS NATURALES Y ANTRÓPICAS

Amenazas o eventos potencialmente dañinos para el hombre

Una amenaza se puede definir como la probabilidad de ocurrencia en un


lugar y periodo de tiempo determinado de un evento dañino para el hombre,
ya sea de origen natural o antrópico (UNDRO, 1980). Los eventos extremos
sólo se consideran amenazas si pueden producir efectos negativos sobre el
hombre o sus actividades. Así, una erupción volcánica en una isla
deshabitada del Pacífico, si no afecta a ninguna población o a sus
actividades, es sencillamente un fenómeno natural, pero no una amenaza.
Las amenazas de origen natural están relacionadas con el clima (procesos
meteorológicos y oceanográficos), la tectónica terrestre o los procesos
cósmicos. Las primeras incluyen precipitaciones intensas, huracanes,
tornados, tormentas, tormentas de arena, temporales, sequías, incendios, olas
de calor y frío y subida del nivel medio del mar. Por su parte, las amenazas
de origen geotectónico hacen referencia, a erupciones volcánicas, terremotos
y maremotos, la subsidencia, los deslizamientos, plegamientos y fallas
(Bryant, 2005). Finalmente, las amenazas de origen cósmico incluyen el
impacto de meteoritos y las tormentas solares.
Por su parte, las amenazas de origen antrópico hacen referencia a
actividades como la deforestación, la contaminación, la destrucción de la
biodiversidad o el cambio climático. No obstante, cada vez resulta más
difícil diferenciar entre las amenazas de origen natural y las inducidas por el
hombre, ya que es evidente que el hombre modifica los procesos naturales.
Por ejemplo, la deforestación favorece los deslizamientos del terreno y las
obras de ingeniería en la costa inducen fenómenos de erosión en las playas.

Peligrosidad de las amenazas

Una vez identificada la existencia de una amenaza para el hombre, es


necesario evaluar la distribución geográfica de su peligrosidad, la cual se
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mide como la probabilidad de que ocurra en una zona concreta un fenómeno


de una determinada intensidad. Por tanto, la peligrosidad depende de dos
factores intrínsecos al propio fenómeno: su magnitud y su frecuencia de
ocurrencia.
Respecto al primer factor, a mayor energía del fenómeno, mayores son
los efectos negativos y, por tanto, mayor es su peligrosidad. Así por ejemplo,
cuanto se intensifica la velocidad del viento en una tormenta o la altura de
ola en un temporal, aumenta su peligrosidad. La energía de un evento es una
medida de su peligrosidad.
Atendiendo a su frecuencia de ocurrencia, la peligrosidad de las
amenazas se clasifica en posible (evento que nunca ha ocurrido pero la
información disponible no permite descartar su ocurrencia), probable
(evento ya ocurrido en el lugar o en condiciones similares) e inminente
(evento detectable o evidente).
La probabilidad de los eventos ocurridos previamente se evalúa
calculando su periodo de retorno por métodos estadísticos, es decir, el
intervalo de años en el cual ocurre un evento de una determinada magnitud.
Sin embargo, las amenazas no se manifiestan de manera cíclica o periódica y
predecir con exactitud su próxima ocurrencia, ya sea por métodos
estadísticos o deterministas, es una tarea difícil e incluso imposible en
muchos casos, tanto si se trata de amenazas asociadas a fenómenos
climáticos, como tectónicos, cósmicos o inducidas por el hombre. La
incertidumbre al predecir la ocurrencia de una amenaza es un aspecto a
considerar al evaluar su peligrosidad.
La peligrosidad de las amenazas también depende de la susceptibilidad
del territorio, es decir, su tendencia o predisposición a ser afectado por una
determinada amenaza, en función de sus características naturales. Por
ejemplo, el daño de los temporales en la costa depende de su orientación
(expuesta o protegida respecto a la dirección de aproximación del oleaje) y
de la anchura de la plataforma, así como de las características del sedimento
(tamaño de grano, densidad, forma, grado de cohesión) o la litología de los
acantilados (materiales estratificados o masivos, sanos o alterados, con
buzamiento horizontal, hacia mar o hacia tierra, etc.).

VULNERABILIDAD, RIESGO Y CATÁSTROFE

Tal como se indicaba anteriormente, el criterio para que un proceso sea


considerado una amenaza depende de que se produzcan pérdidas materiales
o personales. Pero esto no sólo depende del propio evento, sino también de
la vulnerabilidad de los elementos amenazados, entendiendo como tales

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elementos: la población, sus propiedades y actividades económicas, los


servicios públicos y las infraestructuras.
Por tanto, la vulnerabilidad de un elemento o conjunto de elementos es
el grado de pérdida o daños que cabe esperar si se produce un fenómeno de
una magnitud determinada. La vulnerabilidad depende de las características
socio-económicas (densidad de población, ubicación de los elementos y
grado de exposición, renta per cápita, educación, medidas preventivas, etc.)
de los elementos humanos. La vulnerabilidad se mide en una escala entre 0,
si no se producen daños, y 1 en caso de pérdida total (Varnes, 1984).
Combinando todo lo anterior, surge el concepto de riesgo, el cual
representa la probabilidad de que se produzcan pérdidas humanas o
materiales debido a la ocurrencia de un evento catastrófico. Por tanto, la
evaluación del riesgo implica evaluar las pérdidas totales (personas
afectadas, muertes y daños materiales) para un evento con un grado de
peligrosidad determinado y expresado en términos de probabilidad. Dicho de
una manera práctica, el riesgo es el resultado de multiplicar la peligrosidad
de la amenaza por la vulnerabilidad. Teniendo en cuenta que la peligrosidad
de una amenaza de determinada intensidad se puede expresar como una
probabilidad (entre 0 y 1), y la vulnerabilidad también se puede expresar
entre 0 y 1, la magnitud de un riesgo se puede expresar como una
probabilidad, variando entre 0 y 1.
Un desastre (o catástrofe) se presenta cuando finalmente acontece un
evento que obliga a los habitantes de una población a abandonar sus
viviendas y lugares de trabajo. Un desastre ocasiona muertes, heridos y
pérdidas de bienes materiales o productivos, y deteriora la calidad de vida de
la población o pone en peligro su patrimonio (Wilches-Chaux, 1998). El
desastre no es el fenómeno en sí, sino los efectos nocivos que produce en la
población.
Los riesgos y desastres, al igual que las amenazas que los producen, se
clasifican según su origen, intensidad y duración, pero también se pueden
clasificar según sus efectos. Los efectos primarios son los daños originados
directamente por la ocurrencia del evento, mientras que los efectos
secundarios son aquellos que se presentan a largo plazo, consecuencia
indirecta del evento y que pueden ser incluso de carácter permanente.
Atendiendo a la intensidad de sus daños, las catástrofes más importantes
son las inundaciones, seguidas de los huracanes (ciclones tropicales), sequías
y terremotos. Esta clasificación varía ligeramente en función de si se
consideran los daños según el número de muertes o en función de las
pérdidas materiales (Fig. 1).
La lucha contra las catástrofes se basa en establecer las medidas de: i)
prevención, para predecir la peligrosidad de la amenaza, ii) mitigación, para
reducir la vulnerabilidad, iii) alerta, con los sistemas de aviso, evacuación y
preparación para el desastre, iv) respuesta, que implica el salvamento de
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personas y defensa de otros elementos durante el desastre, y v) corrección de


daños, es decir la reconstrucción e inversiones en mejoras tras el desastre
(Bedoya et al., 2006). El análisis de decisiones permite seleccionar las
medidas idóneas para reducir el riesgo hasta valores aceptables, logrando
una buena relación entre beneficios y coste de las medidas, la protección y
mejora del medio ambiente y, sobre todo, la máxima seguridad posible para
la población.

Otros
Terremotos Inundaciones
6%
10% 32%

Sequías
22%
Ciclones Tropicales
30%

Deslizamientos
Tormentas Inundaciones
8%
7% 32%

Otros
6%

Terremotos
10% Ciclones Tropicales
Sequías
22% 30%

Fig. 1. Magnitud de los desastres naturales según la distribución porcentual de


muertes (sup.) y los daños materiales (inf.) según Rubiera (2005).

La elaboración de mapas de peligrosidad de las amenazas, de


vulnerabilidad y de riesgo es el instrumento fundamental para incorporar los
riesgos a los procesos de ordenación y gestión del territorio y, por tanto, para
el desarrollo de una política de prevención y corrección (Díaz de Terán,
1996).

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RIESGOS GEOLÓGICOS EN EL LITORAL

Delimitación de la franja litoral

Desde un punto de vista físico o geológico, el litoral es aquella franja


cuya morfología, dinámica y evolución está controlada por la interacción de
los agentes marinos (oleaje, mareas y corrientes) y continentales (viento, ríos
y glaciares). La evolución de los litorales depende también de la acción de
procesos gravitacionales (isostasia, deslizamientos y derrumbamientos)
asociados a la tectónica de placas (actividad volcánica, sísmica y diastrófica)
y de procesos geoquímicos (meteorización física y química de las rocas y
sedimentos). La influencia de los seres vivos (bioerosión y bioconstrucción)
es especialmente determinante en la configuración y evolución de los
litorales en latitudes bajas y medias. Además, debe incluirse de manera muy
especial, la acción directa e indirecta del hombre como factor principal de
muchas modificaciones litorales, especialmente a lo largo de las costas
desarrolladas. Por todo lo anterior, la costa es un medio esencialmente
dinámico, con una gran diversidad de morfologías y un transporte de
sedimentos muy intenso.
Por otra parte y desde una perspectiva ecológica, el litoral es la franja
donde la interacción de gran diversidad de procesos marinos y terrestres
genera las condiciones propicias para la presencia de un gran número de
ecosistemas específicos, con una gran producción biológica y biodiversidad.
Estos ecosistemas son áreas de reproducción, alimentación, cría y/o
desarrollo de muchas especies y se caracterizan por su alta sensibilidad a los
cambios en los parámetros ambientales; una vez degradados, su recuperación
resulta difícil en extremo.
Atendiendo a los aspectos socioeconómicos, el litoral es la franja donde
el hombre realiza actividades relacionadas con la presencia o proximidad del
mar, incluyendo las poblaciones y territorios colindantes dedicados a la
pesca, las actividades portuarias, el turismo, la industria y la agricultura.
Administrativamente, la costa puede incluir toda una provincia o cuenca
fluvial, y llegar hasta 12 o incluso 200 millas náuticas hacia mar abierto. Por
tanto, desde esta perspectiva, la costa o el litoral se extienden por lo general
mucho más allá de los límites que puedan trazarse exclusivamente con
criterios geomorfológicos o ecológicos.
La lucha contra los riesgos geológicos en el litoral debe integrar estas
tres visiones y, por tanto, es necesario hacer referencia al litoral en su sentido
(y extensión superficial) más amplio posible (Fig. 2).

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Fig. 2. Esquema general de la franja Litoral (Correa, 2006).

El aprovechamiento intensivo y las intervenciones antrópicas en los


últimos siglos conllevan tremendas presiones ambientales sobre el litoral. La
construcción de puertos, instalaciones industriales, represas, carreteras,
edificaciones, etc. ha modificado en muchos casos la intensidad y dirección
de los procesos naturales, generando nuevas amenazas. De hecho, la
evolución actual de muchos litorales del mundo está más controlada por los
efectos de las actividades antrópicas que por el curso de los procesos
naturales (Fig. 3).

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Fuentes
descarga de ríos
erosión de linea de
costa temperatura
transporte hacia la playa evapo-transpiración
precipitación olas
procesos eólicos corrientes de deriva litoral
mareas
Pérdidas viento
acreción costera tormentas
por tormenta descarga de ríos
CLIMA
canales de mareas
estructuras costeras
procesos eólicos
transporte hacia
plataforma
extracción de recursos BALANCE DE PROCESOS
SEDIMENTOS COSTEROS

NIVEL
ACTIVIDADES RELATIVO
Construcción de vías HUMANAS DEL MAR
alteración de dunas
extracción de aguas subterráneas
desarrollo de cuencas fluviales
estructuras costeras Subsidencia tectónica
dragado subsidencia por compactación
mantenimiento de playas cambios eustáticos del nivel del mar
movimiento de tierra cambios seculares del nivel del mar

Fig. 3. Factores de cambio de la franja litoral (modificado de Morton, 1977).

En este contexto, no es difícil entender que el litoral (con su zona terrestre y


fondos marinos adyacentes) sea la franja más cambiante del planeta: en el litoral el
cambio es la regla y la estabilidad es la excepción.

Amenazas naturales y catástrofes en el litoral

En las regiones litorales es donde impacta el oleaje de los temporales y


maremotos, y donde muestran su mayor virulencia los huracanes, entre otras
amenazas. Así mismo, en el litoral se concentra la mayoría de la actividad
sísmica y volcánica de las zonas emergidas, más concretamente en los
márgenes continentales activos (p. ej. Cordillera de los Andes) y los
archipiélagos volcánicos, tanto en los arcos islas de borde de placa (p. ej.
Islas del Caribe), como en las islas volcánicas asociadas a puntos calientes
de intraplaca (p. ej. Islas Canarias) o de borde de placa (p. ej. Islandia).
El terremoto y posterior tsunami que asoló Lisboa en 1755, el terremoto-
maremoto que asoló la costa Pacífica de Colombia en 1979, o los efectos del
huracán Ike sobre Haití y Cuba en 2008 son algunos de los muchos ejemplos
que justifican la necesidad de sistematizar los estudios climáticos,
oceanográficos y geológicos a lo largo de todo el mundo. Estos estudios son
básicos para analizar las amenazas, vulnerabilidades y riesgos litorales.

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El litoral está expuesto a grandes catástrofes por eventos puntuales, como


los anteriormente citados, pero también a otros de carácter ya permanente en
la mayoría de las zonas, como son las inundaciones por la subida del nivel
del mar y la erosión costera. En el nuevo contexto del cambio climático,
estas amenazas crónicas implican ya, y más aun en el futuro, la desaparición
de grandes extensiones de terrenos bajos, con los consiguientes daños y
destrucción de propiedades, infraestructuras y recursos (campos de cultivo,
aguas subterráneas, zonas turísticas, etc.). Las consecuencias
socioeconómicas serán de la mayor importancia, y las decisiones que se
tomen hoy con respecto al uso y desarrollo de los litorales determinarán en
gran medida su magnitud e impactos.

Aumento de la vulnerabilidad en las zonas costeras

La población humana lleva cerca de un millón de años creciendo de


modo exponencial (Cohen, 1995), no es algo nuevo de estos últimos siglos,
pero gracias al desarrollo tecnológico se estima que en tan sólo 30 años
(2000 a 2030) se pasará de 6.100 a más de 8.000 millones de habitantes.
En la actualidad, el 53% de la población mundial vive a menos de 200
km de la orilla del mar, y este porcentaje crece exponencialmente. La
población mundial en zonas rurales está estabilizada, mientras que las zonas
urbanas y especialmente las megalópolis (ciudades con más de 10 millones
de habitantes) concentran todo este crecimiento. La mayoría de estas
megalópolis se encuentran en la costa, como es el caso de Tokyo, la ciudad
más grande del mundo con 35 millones de habitantes en 2005, Nueva York,
Bombay, Sao Paulo o Lagos, la ciudad que más rápidamente crece en la
actualidad (Organización de Naciones Unidas, 2007).
Este crecimiento demográfico acelerado implica la formación de grandes
núcleos de pobreza marginales, sin agua potable ni sistemas de saneamiento,
con edificaciones de pésima calidad desarrolladas sobre laderas inestables,
en riberas inundables o incluso en vertederos y otras zonas contaminadas.
Por todo ello, no es extraño que la mayor vulnerabilidad a los riesgos
naturales se dé en el litoral, y especialmente en los países del tercer mundo o
en vías de desarrollo. No obstante, los daños producidos por las
inundaciones en la ciudad de Nueva Orleans al paso del huracán Katrina en
2005, con miles de personas que tres años después aun continúan como
desplazadas, ponen de manifiesto que todos los países están expuestas a las
catástrofes naturales.

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Aumento de los riesgos litorales

Las amenazas debidas a eventos extremos de naturaleza climática


(inundaciones, sequías, huracanes, tornados, olas de frío y calor, etc.) han
aumentado en los últimos años (Voigt, 2004; IPCC, 2007). Por el contrario,
no existe ninguna razón para pensar que se vaya a intensificar la ocurrencia o
intensidad de las amenazas de carácter geotectónico (erupciones volcánicas,
terremotos, maremotos, fallas, etc.), relacionadas con la liberación de energía
del interior de la Tierra. Sin embargo, en general, la vulnerabilidad de las
zonas litorales ante dichas amenazas geotectónicas también está
aumentando, debido a su crecimiento demográfico acelerado y la
construcción de los núcleos de población pobre en las zonas más expuestas a
inundaciones, deslizamientos, seísmos y maremotos. Por tanto, también los
riesgos y desastres de carácter geotectónico serán mayores.
En suma, debido a que han aumentado tanto las amenazas naturales de
origen climático como la vulnerabilidad de la población costera, los riesgos y
desastres naturales en el litoral serán cada vez más dañinos y frecuentes.

EJEMPLO DE APLICACIÓN: LA EROSIÓN COSTERA

El balance sedimentario en la costa es el resultado de los procesos de


erosión, transporte y sedimentación, debido a la acción de los agentes
geológicos externos, tanto marinos como continentales, pero también de
otros muchos factores que afectan a la dinámica litoral. Así por ejemplo, en
el Caribe sur colombiano, con una intensa actividad neotectónica, la
actividad del diapirismo-volcanismo de lodos ha controlado a largo y a corto
plazo muchos de los cambios morfológicos costeros (Ramírez, 1959; 1969;
Correa, 1990, Vernette et. al., 1992,) y ocasionado a la fecha nueve muertes
relacionadas con manifestaciones (explosiones) violentas del fenómeno
(Correa et al., 2005; Correa y Morton, 2009)
Una costa con un balance sedimentario próximo a cero indica que está
los procesos de erosión y sedimentación están compensados, oscilando de
forma dinámica en torno a una situación de equilibrio. Por el contrario, si el
balance sedimentario es negativo indica que predomina la erosión y si es
positivo, indica que predomina la sedimentación.
La costa se erosiona cada año de forman natural, debido principalmente a
los temporales, y se suele compensar con periodos de sedimentación a lo
largo del mismo año (Wright y Short, 1984). Sólo cuando el balance
sedimentario muestra una tendencia erosiva a largo plazo, debido por
ejemplo al ascenso del nivel medio del mar o el aumento de la energía de los
temporales, la erosión costera se convierte en un riesgo, o finalmente una
catástrofe si llegan a producirse daños.
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Análisis de las amenazas y su peligrosidad

En diversos capítulos de este manual se muestran metodologías para


evaluar la erosión costera, por lo que tan sólo cabe aquí añadir la
metodología de análisis de las amenazas naturales, que son principalmente la
acción de los temporales, la subida del nivel del mar, y los procesos
neotectónicos.
Para analizar la peligrosidad de los temporales se realiza el análisis
estadísticos de los registros previos de oleaje en aguas profundas, o bien
series retrospectivas predichas por métodos numéricos. A partir de estos
datos, se obtienen las expresiones ajustadas de las funciones de distribución
para el régimen extremal (p. ej. Gumber, Weibull). Con dichas expresiones,
a partir de registros de unas pocas décadas, se predicen eventos extremos con
periodos de retorno de 100 o 500 años (Puertos del Estado, 1994), lo cual
implica no obstante admitir que la tendencia o comportamiento climático
actual no variará.
La peligrosidad de los temporales en cada tramo de la costa se evalúa
mediante modelos numéricos de propagación del oleaje que, conocidas las
condiciones del oleaje en aguas profundas y teniendo en cuenta la
morfología del fondo, las mareas astronómicas y meteorológicas, calculan la
altura del oleaje en la zona de rompiente, próxima a la orilla (Fig. 4).
La peligrosidad de los temporales también puede ser evaluada por sus
cotas de inundación (runup), calculadas a partir de la altura y periodo del
oleaje y la pendiente de la playa. Para predecir las cotas de inundación
futuras es necesario además considerar la actual tasa de ascenso del n.m.m. y
la aceleración en dicha tasa de ascenso (Ferreira et al., 2006).
Los modelos numéricos para la predicción en tiempo real están
ampliamente desarrollados para el análisis de las condiciones meteorológicas
o el oleaje. En la dirección http://rgl.ucv.es/bramm se encuentra disponible
una versión libre del Weather Research and Forecasting Model (WRF)
desarrollado entre otros por el National Center for Atmospheric Research
(NCAR) de los Estados Unidos. Este modelo permite predecir los riesgos por
el paso de huracanes (trayectorias e intensidad). También existen modelos
para la predicción de tsunamis (tiempo de llegada hasta un determinado
local) principalmente en el Pacífico. Sin embargo, en el caso de predicción
de riesgos, como la erosión costera o las inundaciones estos modelos son aun
un tema aun por desarrollar. Recientemente (Junio 2008) ha comenzado un
proyecto financiado por la Comisión Europea que tiene como objetivo
desarrollar modelos operacionales de predicción de erosión y otros riesgos
costeros (MICORE - Morphological Impacts and Coastal Risks induced by
Extreme storm events).

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ALTURA DE OLA
4550000 BATIMETRÍA
Zoom 1 4521000

200 m 2.75 m
4520000
180 m 2.50 m
4540000
160 m
4519000 2.25 m
140 m
2.00 m
120 m 4518000
4530000 1.75 m
100 m
90 m 1.50 m
4517000

80 m 1.25 m

4520000 70 m 4516000
1.00 m
60 m
Zoom 2 Delta del Ebro 0.75 m
50 m 4515000
0.50 m
4510000 40 m
Delta del Ebro 4514000
0m 1000m 2000m
0.25 m
30 m
309000 310000 311000 312000 313000 314000 315000 316000
20 m 0.00 m

10 m
4500000
5m CORRIENTES POR EL OLEAJE
0m
4521000

4490000
4520000
2.5 m
290000 300000 310000 320000 330000 340000 350000 360000
2.25 m 4519000

ALTURA DE OLA 2m
4518000
4550000 1.75 m
Acantilados 4517000
1.5 m
activos
4545000 1.25 m
4516000

1m
Delta del Ebro
4515000
0.75 m
4540000 0m 1000m 2000m
0.5 m 4514000
0m 10000m 20000m
309000 310000 311000 312000 313000 314000 315000 316000
0.25 m

325000 330000 335000 340000 345000 350000 355000 0m

Fig. 4. Propagación de un temporal (Dir=78ºN, Hs=2.5 m, Tp=6s) en el Delta del


Ebro (España): batimetría, altura de ola y corrientes inducidas. Obtenido con el
software SMC de la Univ. de Cantabria.

La peligrosidad del ascenso del nivel medio del mar (n.m.m.) se evalúa
en función de su tasa actual y la aceleración de dicha tasa. Las variaciones
del nivel del mar se ha registrado tradicionalmente en los mareógrafos, los
cuales permiten determinar la oscilación relativa del n.m.m. en cada tramo
de la costa, pero precisan de correcciones de los movimientos del terreno
para obtener tasas eustáticas (globales) del ascenso del n.m.m. En las últimas
décadas, las mediciones desde satélites (Topex-Poseidon, Jason) permiten
obtener mediciones del ascenso global del n.m.m. en todos los océanos.
La peligrosidad de las amenazas de origen tectónicos se puede obtener a
partir de estudios geofísicos que determinan la estructura del subsuelo, flujos
de calor, profundidad del foco e intensidad de los seísmos, etc. combinados
con el cálculo del periodo de retorno por métodos probabilísticos, según la
frecuencia e intensidad de los eventos previos registrados.
No obstante, hay que indicar que las causas o amenazas que producen la
erosión costera, entendida como un riesgo o desastre, son en realidad muy
diversas (Bird, 1996), tanto de origen natural, antrópico como combinación
de ambos. Estas causas actúan tanto a escala global (ascenso del n.m.m.),
como regional (construcción de embalses que reducen drásticamente los
aportes de sedimentos fluviales al litoral) y local (la construcción de obras

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Programa Iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo

marítimas que frenan el transporte de deriva litoral hacia las playas situadas
aguas abajo). El estudio de las amenazas implica analizar cada una de estas
posibles causas.

Análisis de la vulnerabilidad: cartografía de usos del litoral

En una segunda etapa, el análisis de la vulnerabilidad precisa inventariar


la población susceptible de ser afectada, sus propiedades, actividades e
infraestructuras, y su grado de exposición al peligro. Por tanto, es necesario
analizar factores como: i) la zonificación de los usos del litoral, ii) la
estacionalidad de la densidad de población y de los usos del litoral,
relacionada con su capacidad de carga (Yepes, 2002), o iii) la fragilidad de
las construcciones, en función de la calidad de sus materiales.
Los Sistemas de Información Geográfica (SIG) son una herramienta
fundamental para realizar, consultar y actualizar estos inventarios, mediante
mapas temáticos que muestran los diferentes usos del territorio, y
combinando toda esta información para determinar la exposición al peligro
(Fig. 5).

Análisis del riesgo: mapas de riesgo de erosión

En el caso de la erosión litoral, afortunadamente no cabe esperar la


pérdida de vidas humanas, por ser un proceso crónico pero no excesivamente
rápido. Sin embargo, es importante evaluar el riesgo de pérdidas materiales.
Existen múltiples ejemplos de edificaciones e infraestructuras costeras
arrasadas por la erosión, obligando a sus pobladores a trasladarse tierra
adentro, o incluso emigrar a otro país, como está ocurriendo en algunos
atolones del Pacífico. La desaparición de islotes, debido a la erosión costera
y el ascenso del nivel medio del mar, implica para algunos países una
reducción drástica de su Zona Económica Exclusiva, la zona de soberanía
nacional que abarca 200 millas mar adentro desde la orilla.

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Métodos en Teledetección Aplicada a la Prevención de Riesgos Naturales en el Litoral

Fig. 5. Vulnerabilidad de las costas europeas ante la erosión costera (Fuente:


proyecto europeo “Eurosion”, www.eurosion.org).

La erosión costera se suele analizar mediante la determinación de las


tasas de retroceso de la orilla o las variaciones en la topografía, pero es
importante señalar que este análisis debe realizarse en una escala de tiempo
del orden de varios años o incluso décadas.
Los cambios en la topografía y en la línea de orilla se pueden obtener
a partir de secuencias de mapas (cartografía antigua) o con fotografías aéreas
verticales, disponibles en muchos países desde 1940 aproximadamente. Las
nuevas imágenes de satélite complementan esta información, si bien tan sólo
cubren las últimas décadas. Otras técnicas más novedosas, basadas en los
sensores remotos aerotransportados (LIDAR), el sistema GPS diferencial, o
las ecosondas multihaz, están suponiendo un gran avance en la resolución
espacial y temporal de la monitorización tridimensional de la costa.
El estudio con GPS diferencial de la topografía de las playas de
Maspalomas y El Inglés (2005-2008), las más importantes turísticamente de
las Islas Canarias, ha mostrado que dichas playas poseen aun su capacidad

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Programa Iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo

natural para recuperarse de la acción de los temporales, si bien dicha


recuperación necesita del transcurso de varios años (Fig. 6), matizando así el
comportamiento clásico de las playas según Wright y Short (1984), mientras
que el sistema dunar contiguo muestra una clara tendencia erosiva desde
hace décadas (Hernández et al.¸2007).

0.5
Sediment Budget (m3/m2)

0
Storm erosion
-0.5

-1
Erosion/Accretion periods
-1.5 2005 2006 2007 2008 2009

-2
0 200 400 600 800 1000 1200 1400
Days since the beginning of the study (7th sept 05)
Fig. 6. Recuperación natural a medio plazo de la erosión por temporales en las
playas del sur de Gran Canaria (Alcántara-Carrió y Fontán¸ 2009).

En la actualidad, el déficit sedimentario es un problema generalizado en


todas las costas, con más del 70% de las playas del mundo con una tendencia
neta erosiva a largo plazo (Bird, 1996).
Los riesgos de erosión costera se obtienen al combinar las tasas de
retroceso de la orilla con el inventario de los elementos humanos que se
verán afectados por dicho retroceso e inundación, para lo cual resulta de
nuevo muy útil el empleo de los S.I.G.

Análisis de decisiones: medidas frente a la erosión costera

Las medidas de prevención están dirigidas a predecir la peligrosidad de


las amenazas, y de su metodología tratan varios capítulos de este manual.
Por su parte, la medida de mitigación más importante ante la erosión
costera es la ordenación de los usos del territorio adaptada a la distribución
de las amenazas naturales. La determinación del deslinde del Dominio
Público Marítimo Terrestre permite una mejor ordenación de los usos del
territorio, al impedir la construcción de viviendas y otras infraestructuras en
zonas con riesgo de erosión o inundaciones. En España, por ejemplo, este
deslinde está basado en la predicción de la línea de máxima inundación
debido al oleaje o la marea en los próximos 100 años (buscando el escenario
más adverso posible).

24
Métodos en Teledetección Aplicada a la Prevención de Riesgos Naturales en el Litoral

En las zonas ya afectadas por la erosión, las medidas de respuesta


clásicas han sido denominadas medidas de defensa, ya que están basadas en
proteger el territorio mediante el empleo de obras duras y blandas. Las
primeras, difíciles de eliminar una vez construidas, incluyen muros verticales
o inclinados, espigones y diques paralelos a la orilla, ya sean de escollera o
de bloques. Por su parte, las obras blandas incluyen la regeneración las
playas y dunas mediante alimentación artificial (aporte de áridos), el empleo
de geotextiles y el descenso del nivel freático en la orilla. En la actualidad, la
generalización del problema de la erosión a grandes extensiones de costa, en
países con pocos recursos económicos, combinado con el alto coste y la baja
eficiencia de muchas de estas medidas de defensa, están propiciando el
desarrollo de nuevas medidas de respuesta basadas en la adaptación de los
usos del territorio y la retirada planeada (Damen, 1999).

AGRADECIMIENTOS

Los autores agradecen a J.A. Cabrera la revisión de este capítulo, el cual


es una contribución a la Red Iberoamericana en Teledetección Aplicada a la
Prevención de Riesgos Geológicos Litorales financiada por el Programa
Iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (CYTED).

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