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Alégrense por fin los coros de los ángeles, ¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros!

Alégrense las jerarquías del cielo, ¡Qué incomparable ternura y caridad!


y por la victoria de rey tan poderoso Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo!
que las trompetas anuncien la salvación.
Necesario fue el pecado de Adán,
Goce también la tierra, inundada de tanta claridad, que ha sido borrado por la muerte de Cristo.
y que, radiante con el fulgor del rey eterno, ¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!
se sienta libre de la tiniebla,
que cubría el orbe entero. ¡Qué noche tan dichosa!
Sólo ella conoció el momento
Alégrese también nuestra madre la Iglesia, en que Cristo resucitó del abismo.
revestida de luz tan brillante;
resuene este templo Esta es la noche de que estaba escrito:
con las aclamaciones del pueblo. «Será la noche clara como el día,
la noche iluminada por mi gozo.»
Por eso, queridos hermanos, Y así, esta noche santa
que asistís a la admirable claridad de esta luz santa, ahuyenta los pecados,
invocad conmigo la misericordia de Dios omnipotente, lava las culpas,
para que aquel que, sin mérito mío, devuelve la inocencia a los caídos,
me agregó al número de los Diaconos, la alegría a los tristes,
completen mi alabanza a este cirio, expulsa el odio,
infundiendo el resplandor de su luz. trae la concordia,
doblega a los potentes.
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu. En esta noche de gracia,
Levantemos el corazón. acepta, Padre Santo,
Lo tenemos levantado hacia el Señor. el sacrificio vespertino de esta llama,
Demos gracias al Señor, nuestro Dios. que la santa Iglesia te ofrece
Es justo y necesario. en la solemne ofrenda de este cirio,
obra de las abejas.
En verdad es justo y necesario
aclamar con nuestras voces Sabemos ya lo que anuncia esta columna de fuego,
y con todo el afecto del corazón ardiendo en llama viva para gloria de Dios.
a Dios invisible, el Padre todopoderoso, Y aunque distribuye su luz,
y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo. no mengua al repartirla,
Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre porque se alimenta de cera fundida,
la deuda de Adán que elaboró la abeja fecunda
y, ha borrado con su sangre inmaculada, para hacer esta lámpara preciosa.
la condena del antiguo pecado.
¡Qué noche tan dichosa
Porque éstas son las fiestas de Pascua en que se une el cielo con la tierra,
en las que se inmola el verdadero Cordero, lo humano con lo divino!
cuya sangre consagra las puertas de los fieles.
Te rogamos, Señor, que este cirio,
Esta es la noche en que sacaste de Egipto, consagrado a tu nombre,
a los israelitas, nuestros padres, para destruir la oscuridad de esta noche,
y los hiciste pasar a pie el mar Rojo. arda sin apagarse
y, aceptado como perfume,
Esta es la noche en que la columna de fuego se asocie a las lumbreras del cielo.
esclareció las tinieblas del pecado. Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo,
ese lucero que no conoce ocaso
Esta es la noche Jesucristo, tu Hijo,
que a todos los que creen en Cristo, por toda la tierra que, volviendo del abismo,
los arranca de los vicios del mundo brilla sereno para el linaje humano,
y de la oscuridad del pecado, y vive y reina por los siglos de los siglos.
los restituye a la gracia
Amen.
y los agrega a los santos.

Esta es la noche en que,


rotas las cadenas de la muerte,
Cristo asciende victorioso del abismo.
¿De qué nos serviría haber nacido
si no hubiéramos sido rescatados?