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EVALUAR PARA CONSERVAR, PREVENIR PARA NO RESTAURAR

Por Rossana Sierra Espinoza


La Conservación es el acto responsable que comprende el conjunto de medidas y operaciones
programadas y destinadas a garantizar la preservación de un objeto, aceptando su declive
natural, sin alterar su capacidad simbólica o de transmisión de valores.
Por su parte, la Restauración es la actividad de la Conservación que se ocupa de intervenir
directamente sobre los objetos, cuando los medios preventivos no han sido suficientes para
mantenerlos en buen estado. Se ocupa de aplicar los tratamientos necesarios para frenar los
procesos de alteración patológicos, no solventables por otros medios, así como subsanar los
daños que presenten y con ello permitir la pervivencia de los bienes culturales, es decir, aquellos
con un valor para la sociedad.
Surgida con el propósito de la recuperación estética ligada al gusto de cada una de las épocas,
la práctica de la Restauración se ha adaptado alternativamente a las necesidades particulares
e institucionales, evolucionando a su vez bajo un perfil tecnológico, filológico y ético. Ha pasado
de ser una actividad meramente artesanal, a una disciplina que exige, además de la capacidad
técnica del restaurador, conocimientos histórico-artísticos además de científicos, sobre
materiales, factores de degradación y de conservación; cuyos planteamientos han de hacerse
desde una perspectiva interdisciplinar.
Conservar es una de las funciones básicas de bibliotecas y archivos, y es uno de los ejes
rectores del Archivo General del Estado de Oaxaca, junto a los de organizar y difundir. La
conservación garantiza que la difusión pueda mantenerse para el mayor número de
generaciones posibles, pues sin ella no es posible el acceso y, este carácter esencial, determina
que en todas las actividades del archivo deba ser tenida en cuenta.
Para conservar hay dos caminos: la prevención del deterioro, campo de estudio de la
Conservación Preventiva; y la reparación del daño, campo de actuación de la Restauración y/o
Conservación Curativa. La prevención siempre será la más deseable, antes de que el daño
ocurra y deba ser solventado, o no, en el caso de que éste sea irreversible.
En todas las actuaciones aplicadas a los bienes documentales, ha de evaluarse el impacto de
cualquier decisión sobre la conservación de las colecciones. La UNESCO define 1 a la
Conservación como la actividad cotidiana que debe ser efectuada por todo el personal cada día
del año y comprende:
• La vigilancia estricta sobre el medio ambiente, limpieza, manipulación, instalación y
condiciones de seguridad.
• La revisión periódica del estado de conservación de los fondos.

1
G.M. Cunha. “Métodos de evaluación para determinar las necesidades de conservación en bibliotecas y
archivos: un estudio del RAMP” en inglés. Paris, UNESCO, 1998, p.8. Disponible en línea: www.unesco.org
• Intervenciones sobre los deterioros, ya sean pequeñas reparaciones (sic) –
restauraciones- o cuidado de documentos más deteriorados.
Los dos primeros puntos corresponden al ámbito de la Conservación Preventiva, y su
evaluación nos permite identificar factores que pueden causar, detonar o acelerar procesos
de deterioro, así como reconocer efectos de alteraciones patológicas ya ocurriendo y con
base en ello, aplicar planes y/o programas correctivos que actúen desde la periferia, sin
incidencia directa sobre los documentos.
El último punto atañe a la restauración y/o conservación curativa, para llegar a él es
necesaria la evaluación del estado de conservación del documento de archivo con el fin de
emitir un diagnóstico que, priorice el o los deterioro(s) que amenazan la pervivencia de sus
valores, y con ello decidir la metodología para su intervención.
En colecciones y más específicamente en archivos, la evaluación es fundamental pues, al ser
un conjunto de documentos con antecedentes compartidos de creación, función y resguardo,
gran parte de ellos también tienen un historial clínico común, es decir, comparten causas,
mecanismos y efectos de deterioro.
Al evaluar, registramos datos sobre el estado de conservación de los documentos que serían
equivalentes a los síntomas físicos de una persona enferma. Es necesario analizar sus
mecanismos de acción y rastrear sus causas para que el diagnóstico direccione a la solución y
no sólo resulte en un paliativo, en una aspirina.
Una poderosa razón para preponderar la conservación preventiva sobre la restauración es la
puramente económica. Tanto en el ámbito privado como en el público, el deterioro supone la
devaluación de una colección, entendiendo esto como una pérdida o disminución de valores, y
la restauración material supone el consumo de muchos recursos materiales y humanos, además
de uno muy valioso, el tiempo. La evaluación, como medida de conservación, nos acerca a esa
conocida máxima que dice: es mejor prevenir que, en este caso, restaurar.
(IMAGEN 1, 2 Y 3)

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