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Las hadas, por lo general, son criaturas bellas, dulces, amables y llenas de

amor. Pero hubo una vez un hada que no eran tan hermosa. La verdad, es
que era horrible, tanto, que parecía una bruja.

El Hada Fea vivía en un bosque encantado en el que todo era perfecto, tan
perfecto que ella no encajaba en el paisaje, por eso se fue a vivir apartada
en una cueva del rincón más alejado del bosque. Allí cuidaba de los
animalitos que vivían con ella, y disfrutaba de la compañía de los niños que
la visitaban para escuchar sus cuentos y canciones. Todos la admiraban por
su paciencia, la belleza de su voz y la dedicación que prestaba a todo lo
que hacía. Para los niños no era importante en absoluto su aspecto.

- Hada, ¿por qué vives apartada? -le preguntaban los niños.


-Porque así vivo más tranquila -contestaba ella.

No quería contarles que en realidad era porque el resto de las hadas la


rechazaban por su aspecto.

Un día llegó una visita muy especial al bosque encantado. Era la reina
suprema de todas las hadas del universo: el Hada Reina. La cual estaba
visitando todos los reinos, países, bosques y parajes donde vivían sus
súbditos para comprobar que realmente cumplían su misión: llevar la
belleza y la paz allá donde estuvieran.

Para comprobar que todo estaba en orden, el Hada Reina lanzaba un


hechizo muy peculiar, que ideaba en función de lo que observaba en cada
lugar.

-Ilustrísima Majestad-dijo el Hada Gobernadora de aquel bosque


encantado-. Podéis ver que nuestro bosque encantado es un lugar perfecto
donde reina la belleza y la armonía.
-Veo que así parece -dijo el Hada Reina-. Veamos a ver si es verdad. Yo
conjuro este lugar para que en él reinen los colores más hermosos si lo que
decís es verdad, o para que desaparezca el color si realmente hay algo feo
aquí.

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