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EL OBJETO QUE NUNCA EXISTIÓ


Sobre el problema de la identidad y especificidad de trabajo social
Elaborado por:
Rafael Antonio Fonseca Corredor1
rafafonse@yahoo.es, rafonsecac@unal.edu.co
Septiembre de 2008
(E) ESTUDIANTE
(M) MAESTRO

(E): ¿Cuál es el objeto de estudio de los trabajadores sociales?


(M): Los trabajadores sociales nacieron sin objeto de estudio.
(E): ¿Queeé? ¿Cómo así? No entiendo ¿Qué es lo que quiere usted decir?
(M): Permítame le explico un poco mejor este asunto. Cuando trabajo social apareció
en la historia, es decir, cuando nació, se encontró con que la realidad social,
objeto de estudio de las ciencias sociales, ya se encontraba repartida entre las
distintas disciplinas sociales. La psicología, por ejemplo, había sido encargada
del estudio de la psique del ser humano; la economía, por su parte, se encargaría
de estudiar los fenómenos de producción y distribución de artículos para el
consumo humano; el derecho, en forma similar, quedo encargado de estudiar
los aspectos normativos y legales de la realidad social; y así, en general, ocurría
con las demás disciplinas de las ciencias sociales: la sociología, la antropología,
la ciencia política, la historia, la filosofía, entre otras, cada una de ellas se
encargaría de estudiar un objeto específico que hacía parte de un objeto general
que se constituía dentro del campo de las ciencias sociales.
Cuando trabajo social apareció en la historia, como he dicho, se encontró con
que la realidad social, objeto de estudio de las ciencias sociales, se encontraba
ya repartida entre las distintas disciplinas sociales; cada una de ellas, por lo
demás, tenía su propia especificidad e identidad disciplinar, pues, como es
sabido, el problema de la especificidad y de la identidad hace referencia, desde
el punto de vista académico, a la disposición o no, a la apropiación o no, de un
objeto de estudio específico. En términos un poco más amplios, el problema de
la identidad es un problema del reconocimiento de sí mismo, es un asunto que
remite también a la diferenciación respecto del otro. Cuando yo me diferencio
de otro y me reconozco en el otro, estoy construyendo un tipo determinado de
identidad. En la época infantil de los seres humanos la identidad se estructura,
con base en el desarrollo de las pulsiones agresivas y libidinosas, a partir de la
identificación con un nombre X, que lo diferencia y a la vez reconoce respecto
de los otros. Pepito es, está, existe, porque tal nombre, “Pepito”, lo identifica
con otros nombres, por ejemplo, Juanito, Pablito, etc., y, al mismo tiempo, lo
diferencia de estos otros. Allí radica el asunto y, a la vez, la resolución, del
problema de la identidad y diferenciación de y entre los seres humanos.
Como trabajo social llegó, por así decirlo, tarde a la repartición de objetos de
estudio, tuvo que afrontar un problema de especificidad e identidad que, aún

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Rafael Antonio Fonseca Corredor, autor del presente artículo, es profesional de Trabajo Social y
Especialista en Análisis de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Colombia. Actualmente se
encuentra adelantando la Maestría en Educación en la Universidad Nacional de Colombia y se desempeña
como Asesor, investigador social y docente universitario.
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hoy día, continúa preocupando a gran parte de los profesionales de trabajo


social. Cómo denominamos a esta profesión: ¿Asistencia Social, Servicio
Social, Ingeniería Social, Trabajo Social? Este es el problema de haber nacido,
por razones de tipo histórico, sin un objeto de estudio específico.
(E): Pero… ¡Eso no puede ser! ¿Cómo podemos los trabajadores sociales vivir sin
un objeto de estudio?
(M): Pues no sé, supongo que de la misma manera como los seres humanos podemos
vivir en la carencia, en la falta, en la incompletud. Aceptando tal condición y
proponiéndonos metas cada vez más altas.
(E): ¡Esto es absurdo! ¿Cuál carencia? ¿Cuál falta? ¿Cuál incompletud?
(M): Me refiero a la insatisfacción permanente que acompaña a los seres humanos.
Somos seres incompletos, la privación y la negación caracterizan nuestras
vidas. Esto es un asunto que bien puede ser tratado en términos psicoanalíticos.
Vea usted, una carrera que nace sin objeto de estudio puede asimilarse al sujeto
psicoanalítico que carece, por lo menos aparentemente, de objeto de deseo;
recordemos que para Freud, el fundador del psicoanálisis, el deseo es uno de los
ejes estructuradores de la subjetividad. Trabajo social, al no disponer de un
objeto de estudio, al carecer, permítaseme decirlo, de objeto de deseo, pues
tiene que presentar problemas de subjetividad, problemas de identidad,
problemas de personalidad. El trabajo social necesita de tratamiento
psicoanalítico, digo yo, haciendo una comparación tal vez un poco arbitraria
con lo que ocurre con nuestra subjetividad. Sin embargo, el problema concreto,
para no ir un poco por las ramas, radica en la evidente ausencia de objeto de
deseo, perdón, de estudio, válgame la aclaración, que experimentan los y las
trabajadoras sociales. Y este problema, creo yo, debe ser superado de la manera
más simple y lógica: aceptando tal condición y asumiendo retos mucho más
grandes e importantes.
(E): ¿Aceptar esta condición? ¿Acaso no es más fácil si por lo menos intentamos
construir nuestro propio objeto de estudio?
(M): Hace usted una propuesta loable e ingeniosa, aunque tenga en cuenta que la
construcción de un objeto de estudio propio no es cualquier trabajito de tres
pasos y sencillísimo, eso es algo mucho más complejo y difícil de lo que tal vez
usted cree.
(E): Pero… ¿No se supone que usted es un estudioso de trabajo social, un
investigador, un maestro? ¿Por qué dificultad? ¿Cuál complejidad?
(M): Vamos por partes amigo. En primer lugar, aclaremos que yo soy apenas un
apasionado y aún muy novato estudioso de la realidad social, que es algo
demasiado basto y enrevesado, por si fuera poco; en segundo lugar, mi maestría
se limita a sugerirle a usted algunos caminos que he venido construyendo, junto
con algunos de mis contemporáneos, y no probablemente del todo bien; en
tercer lugar, el asunto de la dificultad y la complejidad que reviste la
inexistencia de objeto de estudio para trabajo social y, en consecuencia con ello,
de la probabilidad de construir, como usted dice, nuestro propio objeto de
estudio, es un tema que requiere ser tratado un poco más en extenso y con cierto
cuidado. No estoy seguro, quiero confesarle, que usted tenga la paciencia y el
tiempo disponible para dedicarle la atención que requiere.
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(E): Pues adelante Maestro, tenga usted la seguridad, yo no tengo ningún afán, lo del
objeto de estudio de trabajo social me parece demasiado importante como para
dejarlo de lado simplemente porque es extenso y de cuidado; adelante, tómese
su tiempo, lo escucho atentamente.
(M): Bien, muy buena actitud la suya, me es de gran ayuda para continuar.
Continuemos pues. Yo afirmo que trabajo social nació sin objeto de estudio, y
lo hago no porque se me ocurra, sino porque así lo demuestran las
investigaciones que se han efectuado sobre este problema; el propósito para el
que nació trabajo social tiene que ver con su práctica profesional, práctica que
consiste, palabras más palabras menos, en la atención parcial, en la intervención
para paliar y morigerar las cada vez más graves problemáticas sociales
derivadas de la estructura económica y político-social de nuestra época. Vicente
de Paula Faleiros, en un estudio publicado por allá en los inicios de la década de
los ochenta, señalaba, con bastante razón, que trabajo social “… se fundamenta
en la negación de los antagonismos del modo de producción capitalista. Actúa
en la práctica en el camuflaje o la disminución de estos antagonismos. De ahí
deriva su propia contradicción.” Trabajo social nació, según vemos, para
ocultar los antagonismos, para actuar de camuflaje, para enmascarar las
contradicciones de la sociedad capitalista. Es este ejercicio (ocultar y
enmascarar los antagonismos sociales), el que fundamenta la práctica
profesional de los trabajadores sociales.
(E): ¿Antagonismos sociales? ¿Antagonismos del modo de producción capitalista?
Debo manifestar mi ignorancia ¿Qué quiere usted decir con eso?
(M): La cuestión es más bien sencilla, ahora mismo le explico. El modo de
producción capitalista se fundamenta en que una pequeña minoría se apropia de
los resultados de la producción, es decir, de la riqueza producida socialmente;
la gran mayoría, por lo tanto, no puede acceder a la propiedad de la riqueza, es
decir, son expropiados; la sociedad capitalista se fundamenta en esta
contradicción: la riqueza es de unos pocos y la pobreza es de la gran mayoría.
Aunque la riqueza es producida socialmente, es decir, por la sociedad en su
conjunto, su apropiación y disfrute lo es apenas de una pequeña fracción de la
sociedad, la fracción de los grandes propietarios capitalistas. Este es el
antagonismo fundamental al que hace referencia Faleiros, aunque ya en el siglo
XIX lo habían expuesto muy claramente, entre otros pensadores, Karl Marx y
Friedrich Engels.
La pobreza y la riqueza representan la principal contradicción del modo de
producción de la sociedad capitalista, y de allí se derivan los demás
antagonismos y contradicciones de esta sociedad. Fenómenos como la pobreza,
la ignorancia, la enfermedad, la insalubridad, la violencia, el desamparo, la
carencia de vivienda, de vestido, de cultura, de recreación, entre otros
fenómenos sociales, representan algunos de los principales antagonismos del
modo de producción capitalista, es decir, son, en amplia medida,
manifestaciones del antagonismo fundamental de la apropiación y expropiación
de la riqueza socialmente producida.
(E): Humm, ya entiendo, la sociedad capitalista se fundamenta en una serie de
antagonismos y contradicciones. Muy bien. Me parece que está claro, pero…
¿Esto que tiene que ver con trabajo social y con la supuesta complejidad que,
según usted, reviste la construcción de nuestro propio objeto de estudio?
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(M): Este asunto de los antagonismos y de las contradicciones del modo de


producción capitalista resulta muy importante para explicar el surgimiento de
trabajo social y, como veremos, para entender el problema de la inexistencia de
un objeto de estudio específico para esta profesión. Debemos recordar que
durante gran parte de la edad media, la iglesia era la encargada de atender a los
pobres, que también los había, aunque en proporción mucho menor a la que se
presenta actualmente. El proceso de internacionalización del modo de
producción capitalista, es decir, el proceso por el cual los sectores capitalistas
adquieren poder e influencia a escala mundial, con la expansión del mercado, la
transnacionalización de la economía, los avances científicos y tecnológicos, la
configuración de bloques económicos y políticos supranacionales, todo esto es
un proceso, de carácter histórico-político, que produce, entre otros fenómenos,
una gran proliferación de problemáticas sociales de diversa índole.
Para ejemplificar un poco el asunto, podemos pensar en los procesos de
descampesinización y proletarización de la población, que conformaría ahora
las grandes ciudades fabriles e industriales; en el proceso de deterioro y
pauperización de las condiciones socio-económicas de la mayoría de esta
población trashumante; en la emergencia de graves problemáticas de
hacinamiento, insalubridad, enfermedad, pobreza, ignorancia, mendicidad, entre
otros; en el surgimiento de las primeras formas de organización de trabajadores
que, posteriormente, conducirían a la conformación de los sindicatos o
tradeuniones; en el desarrollo y profundización del conflicto establecido entre
los intereses contradictorios del capital y el trabajo; en la configuración de una
sociedad moderna, compleja, desigual, violenta y, sobre todo, radicalmente
distinta de la sociedad premoderna, feudal, medieval, cristiana.
Bajo el influjo de este panorama, visto en forma por demás simplista y harto
esquemática, hay que decirlo, es que el Estado y la sociedad, en un proceso
contradictorio y de gran complejidad, deciden que la atención a estas
problemáticas requiere de profesionales del área de las ciencias sociales,
preparados académicamente, y que dediquen su trabajo a la comprensión e
intervención de esta problemática social. Surge el trabajo social, profesión
mayoritariamente femenina, nacida para paliar las profundas inequidades y
problemáticas socio-económicas derivadas del modo de producción capitalista.
Vea usted, los antagonismos y contradicciones representan el fundamento de
nuestro nacimiento, es decir, del nacimiento de trabajo social; sin aquellos
antagonismos, sin la existencia de aquellas contradicciones, pues simplemente
no es posible nuestra existencia profesional.
Cuando trabajo social aparece en la historia, en medio de estas contradicciones
y antagonismos, se encuentra con que la realidad social ha sido ya fragmentada
en una serie de partes, cada una de las cuales es estudiada por cada una de las
diferentes disciplinas de las ciencias sociales. Es claro: la psicología, la
sociología, la economía, entre otras, se encargan de estudiar un fragmento de la
realidad social. Esto es lo que se conoce, o, por lo menos, de allí deriva, el
asunto de la especificidad y la identidad de las disciplinas de las ciencias
sociales. Trabajo Social, por el contrario, nace sin especificidad disciplinar, sin
identidad científica. No dispone de un objeto de estudio específico. Y esto ha
sido tema de discusión y devaneo, sobre todo a partir del movimiento de
reconceptualización que surgió en la década del sesenta y que aún hoy continúa
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desarrollándose en el campo de pensamiento de los trabajadores sociales.


(E): Perdóneme usted Maestro, pero es necesario que yo le insista. Según entiendo,
los trabajadores sociales hemos nacido, por razones de tipo histórico y de
coyuntura político-social, sin un objeto de estudio específico. Ahora bien, de
acuerdo con su explicación, construir un objeto de estudio específico para los
trabajadores sociales no solamente es un asunto complejo que implica una gran
dificultad, sino que resulta francamente imposible, dadas las condiciones
actuales de las ciencias sociales y de su repartición de la realidad social, que se
constituye en su objeto de estudio. Trabajo social, como usted afirma, llegó
tarde a la repartición de objetos de estudio. Esto hace que surja el problema de
nuestra identidad y especificidad disciplinar. Pero me sigo cuestionando:
¿Cómo podemos los trabajadores sociales resolver nuestro problema de
identidad y especificidad disciplinar? ¿A qué se refiere usted cuando habla de
construir retos más elevados o de mayor alcance, si mal no recuerdo?
(M): Hace usted una muy buena interpretación de lo hasta aquí dicho. Y sus
preguntas resultan de la mayor consecuencia y pertinencia. Permítame retomar
algo dicho anteriormente, importante para comenzar a concluir un poco este
tema. Trabajo social, hemos acordado, nace sin especificidad disciplinar, sin
identidad científica. No dispone de un objeto de estudio específico. Y subrayo
estas palabras para llamar la atención sobre un asunto que es muy importante.
El hecho de que los trabajadores sociales carezcan de especificidad disciplinar,
no indica que carezcan de cualquier tipo de especificidad. Me explico: en el
campo de las ciencias sociales podemos hablar básicamente de dos tipos de
especificidad, una de tipo disciplinar, y otra de tipo profesional. Aún cuando
los trabajadores sociales no dispongamos de un tipo de especificidad
disciplinar, si disponemos de un tipo de especificidad profesional; aún cuando
no tengamos un tipo de identidad científica, si tenemos un tipo de identidad en
la intervención, identidad en la acción, identidad profesional. Claro que esto no
es, en ningún modo, un intento por ofrecer como una especie de premio de
consolación o algo así por el estilo. No. Lo que pasa es que nuestro propósito
fundamental, desde el punto de vista de la naturaleza de nuestra profesión,
consiste, no en investigar y producir conocimiento científico, que de eso se
encargan las disciplinas sociales, sino en intervenir sobre los problemas
sociales, sobre la realidad social propiamente dicha.
Ahora bien, el asunto de la identidad disciplinar (asunto que a nosotros no nos
afecta, pues no tenemos este tipo de identidad), es un fenómeno que tiene que
ser superado históricamente. Ya varios estudiosos de las ciencias sociales han
llamado la atención acerca de la necesidad de superar el problema de la
fragmentación de la realidad social para su posterior estudio en objetos
específicos. Han dicho, por ejemplo, que la realidad debe ser abordada de una
manera interdisciplinaria, o, más recientemente, transdisciplinaria. Esto quiere
decir que la realidad social ya no puede seguir siendo, como se pretendía
anteriormente, objeto de estudio de una disciplina específica, particular,
parcelada del conocimiento. En otras palabras, el estudio de la realidad social
requiere, según esta nueva perspectiva, del concurso de todas las disciplinas
específicas del conocimiento, aunque, vale aclarar, no como la simple
sumatoria de ellas, sino, más certeramente, como la interconexión-
transconexión de las mismas. Un problema cualquiera (por ejemplo la pobreza),
requiere explicarse en términos de las relaciones históricas, económicas,
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políticas, culturales, subjetivas, jurídicas, cognitivas, etc., que le subyacen. Y


esto sólo es posible haciendo una interpretación desde la historia, la economía,
la política, la antropología, el psicoanálisis, el derecho, la pedagogía, todas
juntas, entrelazadas, transconectadas, no desarticuladas. Esto es lo que se
conoce como una mirada transdisciplinaria de la realidad social, y no
simplemente, como se pretendía antaño, una mirada superficial, disciplinar,
específica y fragmentada de esta misma realidad.
Afortunadamente, hay que decirlo, trabajo social, por razones históricas, no
padece este problema de la identidad disciplinar. Se encuentra, en
consecuencia, en una posición algo ventajosa frente a las denominadas
disciplinas de las ciencias sociales, que sí lo padecen. El problema, como usted
puede inferir, es realmente un problema aparente. No necesitamos seguir
devanándonos los sesos con el asunto de nuestra búsqueda de identidad
disciplinar. Es una labor vana e insulsa, con afecto lo digo. El problema real, si
es que nos interesa ir más a fondo, es precisamente el de construir retos más
elevados o de mayor alcance, como usted muy bien lo interpreta.
(E): Pues sí Maestro. Debo aceptar que el problema de la identidad es, como usted
afirma, un problema más bien aparente. Dolorosa y cruda, podemos aceptarlo,
pero es la verdad, no hay nada que hacer. Nacer sin objeto de estudio es algo
difícil, sobre todo si lo que buscamos es identificarnos en la especificidad de las
disciplinas de las ciencias sociales. Si lo que buscamos es limitarnos al
significado de las disciplinas especializadas del conocimiento social. Sin
embargo, ahondando un poco en esta perspectiva, aún me queda rondando una
pregunta central: ¿Cómo es eso de construir retos más elevados o de mayor
alcance? ¿En qué puede consistir esta nueva perspectiva?
(M): En realidad, amigo, esta perspectiva no es precisamente muy nueva. A lo largo
de toda la historia, pensadores de todas las latitudes, han demostrado y puesto
en práctica, lo que yo le he venido sugiriendo hasta ahora, acerca de la
necesidad de indagar más allá de las disciplinas específicas de las ciencias
sociales, de trascender el límite de las mismas y de construir retos más altos y/o
de mayor alcance. Estos pensadores, en sus diferentes épocas y contextos, han
buscado una forma de interpretación y de acción sobre la realidad social, en la
que se vinculen por lo menos los aspectos más relevantes que resultan del
avance de las ciencias en su conjunto.
Por otra parte, en cuanto a lo de construir retos más elevados o de mayor
alcance, debo decirle que, como trabajadores sociales, no somos más que una
simple profesión desarrollada en el contexto de la sociedad industrial, igual que
la profesión del economista, del abogado, del filósofo, entre otras profesiones.
Somos un producto de las condiciones económico-políticas y culturales de la
época contemporánea. No debemos sentirnos muy ufanos, ni vanidosos, o
jactarnos de ser “trabajadores sociales”, como tampoco debemos sentir estas
emociones por ser “economistas”, “sociólogos”, “antropólogos”, “psicólogos”,
etc. Lo que quiero decir, para ser un poco más claros, es que el hecho de
haberse formado en cualquiera de las profesiones, disciplinas o especialidades
de las ciencias, no debe conducir, necesariamente, a la sobrevaloración de
nuestro conocimiento y de nuestra práctica como algo extraordinario, a lo que
le rendimos, como efectivamente hacemos con alguna normalidad, cierto culto
fetichista.
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Como seres humanos somos mucho más que una profesión, una disciplina o
una especialidad en el área del conocimiento y la práctica social: somos sujetos
históricos, económicos, políticos, filosóficos, psicoanalíticos, culturales,
sociales, complejos, indescifrables, etc. Nuestra profesión particular, nuestra
formación especializada, no nos permite reconocer esta asombrosa diversidad y
la necesidad subyacente de ser mucho más integrales y sistemáticos, de
procurar comprenderla y transformarla efectivamente, de enriquecernos cada
vez más con ella, puesto que es uno de los más grandes tesoros con que
podemos contar.
El reto consiste, entonces, en buscar trascender la visión limitada, estrecha, que
caracteriza a las profesiones y disciplinas específicas del conocimiento y la
práctica social, incluida por supuesto la que ha sido denominada como trabajo
social; en reconocer la importancia de vincular en el análisis intelectual y en la
práctica social los principales avances alcanzados por cada una de estas
profesiones y disciplinas aisladas; en organizar una perspectiva de
interpretación del mundo menos unilateral, mucho más compleja, rica y diversa
que la proporcionada por X o Y profesión o disciplina particular. Solamente
una interpretación que interconecte y transconecte los discursos de las
disciplinas específicas de las ciencias sociales, que reconozca la necesidad de
entretejer una visión cada vez más amplia de la realidad social, se puede
constituir en una posibilidad concreta de comprender y transformar el mundo de
manera más efectiva.
Este es el reto querido estudiante, no es fácil ni mucho menos, pero
precisamente por eso es un reto, debemos buscar alcanzarlo con todas nuestras
fuerzas, con todas nuestras energías, hasta donde ellas nos lo permitan. Cada
uno llegará a un punto distinto, eso no constituye ningún problema, el problema
es no intentarlo y ser conformista o resignado con lo poco que tenemos.
(E): Estoy de acuerdo Maestro, el mundo actual está atiborrado de conflictos y retos
inmensos; basta salir a la calle o, incluso, escuchar la radio, o, tal vez, observar
la T.V., para percatarse de esta situación. Yo creo, ahora que lo pienso, que sí
he sido un poco conformista en este asunto. Ahora mismo me dedicaré a
superar mi propia mediocridad, el trabajo social es algo importante, pero no tan
importante como las ciencias sociales en su conjunto; no me conformaré con lo
poco que pueda aprender de esta profesión, me concentraré en el estudio del
derecho, la economía, la filosofía, la historia, el psicoanálisis, entre otras áreas,
que resultan fundamentales para comprender parte de lo que ocurre con nuestra
realidad y con sus procesos de desarrollo y transformación. Gracias Maestro por
su tiempo y sus explicaciones. Las pondré en práctica.
(M): No es necesario que me agradezca, esto es algo que disfruto inmensamente y
aprovecho para aprender también algo nuevo. Pero sería bueno que además de
salir a la calle, escuchar la radio y observar la T.V., leyera algo en los
periódicos y consultara otras fuentes informativas. Muy bien, nos vemos en otra
ocasión y conversamos otro rato, quizá podamos invitar a alguien para que nos
acompañe y nos presente sus puntos de vista sobre este u otro tema en
particular. Nos vemos pronto.