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LA CUESTIÓN SOCIAL Y SUS SOLUCIONES HISTÓRICAS.

¿Qué es la cuestión social?

La cuestión social es un problema que puede tener un doble planteamiento o enfoque:


un planteamiento teórico o a priori y un planteamiento histórico o a posteriori.

La Cuestión social es el trastorno producido por el encuentro del progreso material con
el decaimiento o relajación de los principios ético- sociales, trastorno que se caracteriza
por un vivo malestar de todas las clases de la sociedad y la generación de antagonismo
entre las mismas.

La cuestión social se manifiesta externamente como afectando de un modo principal a la


clase obrera (los asalariados) en sus relaciones con los capitalistas y empresarios; pero
en realidad se hace sentir en todas las clases sociales.
Se puede decir que dos ideologías han surgido como explicaciones y respuestas al
surgimiento de la cuestión: El socialismo y el social cristianismo.

La cuestión social, en el caso del social cristianismo, como señala el Papa León XIII en
la Encíclica Graves de communique "En opinión de algunos la llamada cuestión social
es solamente económica, siendo por el contrario certísimo, que es principalmente moral
y religiosa y por esto ha de resolverse en conformidad con las leyes de la moral y de la
religión" [1]
El historiador chileno Sergio Grez, citando a James O. Morris, describe la cuestión
social como "la totalidad de "...consecuencias sociales, laborales e ideológicas de la
industrialización y urbanización nacientes: una nueva forma dependiente del sistema de
salarios, la aparición de problemas cada vez más complejos pertinentes a vivienda
obrera, atención médica y salubridad; la constitución de organizaciones destinadas a
defender los intereses de la nueva "clase trabajadora"; huelgas y demostraciones
callejeras, tal vez choques armados entre los trabajadores y la policía o los militares, y
cierta popularidad de las ideas extremistas, con una consiguiente influencia sobre los
dirigentes de los trabajadores" [2]

1. La cuestión social teóricamente considerada es el problema de las relaciones del


hombre con los bienes de la tierra. El hombre, ente esencialmente social, está inmerso
en un mundo material al que está esencialmente vinculado. Presenta, pues, una doble
dimensión, social y económica: la que relaciona a los demás hombres; y la que
juntamente, socialmente la relaciona con los bienes económicos. Esto supuesto, el
problema social tendría teóricamente esta formulación: ¿cuál es desde el punto de vista
ético-jurídico la relación del hombre, ente social, con los bienes económicos? La
solución de este problema necesariamente tendría que fundamentarse en el derecho
natural.

2. El problema social históricamente considerado es el problema vivo y palpitante que


ofrece de hecho la Humanidad con relación a los bienes económicos, dividida en dos
clases antagónicas: una minoría que goza superabundantemente de los bienes naturales,
frente a la gran multitud de los desheredados de la fortuna. Esta situación real de
injusticia y desigualdad económica, denunciada por los Pontífices (R.N. 1; Q.A. 3, 4;
M.M. 11-14) constituye un problema vital y urgente, que puede formularse así: ¿cómo
conseguir un ordenamiento jurídico-social de la economía, que se llegue a una justa
distribución de los bienes materiales entre las diversas clases de la sociedad? La
solución de este problema necesariamente será de derecho positivo.

3. Las soluciones prácticas que se den al problema social histórico no pueden


desconocer y menos estar en contradicción con las soluciones que se den al problema
social teórico. Las soluciones teóricas han de proceder, fundamentar e iluminar las
soluciones prácticas. Cierto que no bastan soluciones teóricas; urgen las soluciones
prácticas del problema tan vital. Pero mal se acertará con esta si no se tienen en cuenta
la primeras. La cuestión social no es sólo económica, sino moral y religiosa. "Aun
cuando la economía y la disciplina moral, cada cual en su ámbito, tienen principios
propios, a pesar de ello es erróneo que el orden económico y moral estén tan alejados y
ajenos entre sí, que bajo ningún aspecto dependa aquel de este". "... a ese orden
económico en su totalidad le ha sido prescrito un fin por Dios Creador" (Pío XI, Q. A.
42).

La solución al problema teórico pertenece a la Filosofía social-económica. Aquí es


donde la Iglesia tiene su palabra que decir. El estudio y solución del problema histórico
pertenece más bien a la Sociología y a la política social, que han de tener muy en cuenta
los dictámenes de la economía.

4. Las soluciones. Las soluciones que se han presentado hasta ahora al problema social
son: el liberalismo, el socialismo, el comunismo y el cristianismo.

El liberalismo responde al planteamiento teórico del problema, más de una manera


implícita que explícita; implícita en los principios que sostiene acerca del individuo y de
la libertad humana. Su doctrina social se reduce al principio de la libre competencia
ilimitada; plena libertad de acción económica no sujeta a ninguna ley moral. "La única
ley suprema reguladora de las relaciones económicas entre los hombres es la libre e
ilimitada competencia. Intereses del capital, precios de las mercancías y de los servicios,
beneficios y salarios han de determinarse necesariamente, de modo casi mecánico, por
virtud exclusiva de las leyes del mercado. El poder público debe abstenerse sobre todo
de cualquier intervención en el campo económico." "Todo lo atribuye a las fuerzas
necesarias de la naturaleza, y niega por lo tanto, la relación entre las leyes morales y las
leyes económicas. Motivo único de la actividad económica es el exclusivo provecho
individual." (M.M. 11). Fue causa del planteamiento histórico del problema.

El socialismo responde directamente al planteamiento del problema histórico. Por eso es


de poco contenido doctrinal-social, y cae fácilmente en actitudes político-demagógicas.
Su solución se reduce: abolición de la propiedad privada; el Estado es el único y
universal propietario. Socialismo del Estado.

El marxismo. Al dar base filosófica al socialismo, responde esencialmente al


planteamiento del problema teórico. De ahí su gran contenido ideológico, que le hace
ser ante todo una filosofía más que una solución económica. La solución práctica, que
es la solución de un comunismo integral, la presenta como conclusión racional
"dialéctica" de su teoría. "La doctrina que el comunismo oculta bajo apariencias a veces
tan seductoras, se funda hoy sustancialmente sobre los principios, ya proclamados
anteriormente por Marx, del materialismo dialéctico y del materialismo histórico...
enseña que sólo existe una realidad, la materia con sus fuerzas ciegas, la cual por
evolución llega a ser planta, animal, hombre. La sociedad humana, por su parte, no es
más que una apariencia y una forma de la materia, que evoluciona del modo dicho, y
que por ineluctable necesidad tiende, en un perfecto conflicto de fuerzas, hacia la
síntesis final: una sociedad sin clases." (Pío XI, D.V. 9).

El cristianismo es ante todo una solución al problema teórico, que implica su


obligatoriedad práctica fundada en la ley de Dios. Es por lo mismo de gran contenido
doctrinal. Tanto el cristianismo como el marxismo comprenden una concepción del
hombre y de su destino, como base del ordenamiento jurídico-económico. Esta
concepción del hombre y de su destino, totalmente diversa en el comunismo y en el
cristianismo, supone una fundamentación metafísica, también totalmente diversa: la
heraclitiana y la aristotélico-tomista; el "fluxus" heraclitiano-hegeliano y el "motus"
aristotélico-tomista.

BIBLIOGRAFIA.

Andrè PIETTRE, "Marx y marxismo". Ed. Rialp. Madrid, 1962.


MCFADDEN, "La filosofía del comunismo". Ed. Sever-Cuesta. Valladolid.
BRUCCULERI, "El comunismo. Su ideología. Sus métodos". Ed. Bibliografía
Española.
Fulton SHEEN, "El comunismo y la conciencia occidental". Espasa-Calpe.
J. F. CORTA, S.I., "Frente al comunismo ateo". Hechos y dichos. 1963.
Gustavo WETTER, ""El materialismo dialéctico". Taurus. Madrid.
D'arcy, "Comunismo y cristianismo". Herder. Barcelona, 1959.