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MÓDULO INTRODUCTORIO, SEMANA 2

¿Qué situaciones viven niñas, niños y adolescentes en su ámbito de

intervención laboral o profesional que dan cuenta de la existencia de la Doctrina de

la Situación Irregular?

En primer lugar, es relevante hacer mención que, con la ratificación de la

convención internacional de los derechos del niño en Chile, no se suprime la cosmovisión

inherente al paradigma de la doctrina de la situación irregular, vinculando una praxis que

sin duda ha estado presente en la manera de articular la política pública en nuestro país,

y adoptar decisiones judiciales en post de garantizar la protección de niños, niñas y

adolescentes (NNA). De este modo es posible vislumbrar, la mantención de prácticas

estructurales que tienden a la institucionalización temprana de NNA, dada la escasa oferta

programática existente que permita promover estrategias preventivas tendientes a la

protección de la infancia y la adolescencia. Adicionalmente es significante considerar la

deficiente cobertura de las necesidades de los NNA, que ingresan a los dispositivos

institucionales, profundizando en situaciones de vulneración al interior de los centros que

están destinados a proteger, cronificando su permanencia en muchos casos hasta el

cumplimiento de su mayoría de edad, particularmente afectando a un nicho etario y

socioeconómico particular, existiendo así una profunda relación entre políticas de

protección represión, pobreza y delincuencia en la adolescencia, elementos heredados de

la doctrina de la situación irregular.

¿Cuáles son las medidas adoptadas por el Estado para hacerles frente?

La primera medida por parte del estado de Chile para hacer frente a la transición

del paradigma de la doctrina de situación irregular, fue la ratificación de la convención


internacional de los derechos del niño el año 1990, lo que ha exigido al estado la

implementación de cambios graduales en materias de políticas públicas dirigidas al

ámbito infanto juvenil. Sin embargo, en el desarrollo de nuestra historia no se han

materializado avances estructurales hacia la configuración de una política pública y una

ley integral de infancia y adolescencia, como reflejo de la falta de prioridad política en

dicha materia. En primer lugar, respecto de la manera en que Chile ha tratado las materias

asociadas al trabajo integral con familias y sobre todo a las líneas de acción desplegadas

para la protección de los NNA, la ratificación de la convención, inicialmente representó

una señal clara de existir una necesidad latente en nuestro país por resignificar una historia

fracturada vinculada a la violación de los Derechos Humanos, resultando imperante

posicionar a los niños, niñas y adolescentes, como el grupo prioritario de las políticas

públicas. No obstante, la concreción de esta acción no condujo a los cambios

significativos esperados, por el contrario, esta decisión de Estado, tuvo como génesis una

conducción política asociada a la necesidad de proyectar cambios inherentes a la

transición y restablecimiento de un sistema democrático en nuestro país, por sobre los

principios enunciados. Reflejo de lo anteriormente descrito es la limitada capacidad

institucional y la baja voluntad política para avanzar en esta materia, careciendo en la

actualidad de una columna vertebral que otorgue legitimidad y valor jurídico a las

decisiones vinculadas a la protección y restitución de derechos a 28 años de la firma de

este tratado internacional. Finalmente es posible reconocer como política pública en

dirección a la protección integral de la infancia el programa Chile Crece Contigo

imperante desde el año 2006, que tiene como misión acompañar, proteger y apoyar

integralmente, a todos los niños, niñas y sus familias, a través de acciones y servicios de

carácter universal, así como focalizando apoyos especiales a aquellos que presentan
alguna vulnerabilidad mayor: “a cada quien según sus necesidades”, así como la

articulación de la ley 19.968 que funda los Tribunales de Familia.

b) ¿Cuáles son las principales características de las políticas públicas de niñez y

adolescencia de su país? ¿Cree usted que son diseñadas, implementadas, monitoreas

y evaluadas con enfoque de derechos?

Las políticas públicas de niñez y adolescencia en el Estado de Chile, desde el

discurso articulan desde el marco orientador que otorga los postulados de la Convención

sobre los Derechos del Niño (CDN) y en otros cuerpos legales, que definen

institucionalmente la voluntad del Estado de otorgar vigencia y operatividad a los

derechos de niños/as y adolescentes. Los avances presentados tendientes a la articulación

de un marco legal transitando desde la ley de Menores a la fundación de La Ley de

Tribunales de Familia, N° 19.968, creada como una judicatura especializada, genera un

escenario para la mejor realización de las tareas de protección e instruye respecto de las

implicancias judiciales de las medidas de protección de los derechos para los niños, niñas

y adolescentes. Estas instancias jurídicas han contribuido a la adopción de mejores

decisiones ajustadas al enfoque de derechos, respetando a nivel doctrinario los principios

de la convención de los derechos del niño y la niña, sin embargo, en materia de política

pública se requieren muchos ajustes y voluntades políticas para diseñar, implementar y

evaluar iniciativas de estado que integren la coconstrucción, promoción y la valoración

por el enfoque de derechos y la protección a la infancia y la adolescencia.


c) Desde su parecer, ¿se está implementando la Doctrina de la Protección

Integral?

En el estado chileno si bien se han generado avances en la dirección de

implementar la doctrina de la protección integral, siendo la adopción de la CDN por parte

de Chile un pilar que implicaba un cambio radical para las políticas públicas, por cuanto

posicionaba a los niños niñas y adolescentes (NNA) como el grupo prioritario de las

políticas públicas, universales y compensatorias, y obligaba a reformar en profundidad el

modelo tutelar de menores que se encuentra vigente en el país, sin embargo su génesis la

distancia de este propósito dado el deseo político paralelo existente de acuerdo a la

situación del país en dicha época. Existiendo mayor sintonía con la necesidad de mostrar

al mundo una necesidad imperante de resignificar, la visión de país y el anhelo político

de que Chile se incorpore a tratados que valoren y respeten los derechos humanos a nivel

mundial, a la luz de la transición hacia una sociedad democrática ex post dictadura militar,

no comprendiendo la real magnitud política y social de adherir a tratados internacionales

de esta naturaleza. Lo relevante de la ratificación del tratado converge con el

posicionamiento en la agenda pública sobre la necesidad de discutir las implicancias de

considerar a los niños y adolescentes como sujetos de derechos. A nivel histórico, Chile

aprobó, en 1992, el “Plan Nacional de Infancia, Metas y líneas de acción en favor de la

infancia, Compromiso con los niños de Chile, 1992-2000”, el que fue coordinado por la

Secretaría Ejecutiva del Comité Interministerial Económico y Social, presidida por el

Ministerio de Hacienda, y contó con el apoyo técnico y financiero de UNICEF. La

elaboración del Plan de Infancia pudo ser una gran oportunidad para desarrollar un amplio

y profundo proceso de discusión de las medidas necesarias de implementar para “dar

efectividad” a los derechos reconocidos por la C.D.N. y que permitiera generar las

condiciones necesarias para llevar a cabo los cambios acordados, no obstante en la


práctica se optó por una discusión gubernamental interna centrada en el análisis de las

propuestas sectoriales, con una significativa participación de consultores externos y poco

involucramiento de los servicios públicos participantes. Aunque el Plan Nacional también

contempló la elaboración posterior de Planes Regionales y Locales, la inexistencia de una

estructura regional adecuada y la falta de un verdadero compromiso y priorización del

tema de la infancia impidieron que este proceso transformara realmente la concepción de

las políticas públicas a favor de la infancia a nivel regional. Estos esfuerzos en conjunto

con la articulación de los departamentos que dirigen políticas públicas hacia la protección

de la familia, deben seguir encausadas en el paradigma de la protección integral,

articuladas desde un prisma colaborativo y generativo de acciones concretas para el

establecimiento de una cosmovisión que valore, respete y por sobre todo proteja a

nuestros niños, niñas y adolescentes, hoy aun expuestos a victimizaciones secundarias

por el nefasto funcionamiento de las redes que en su génesis fueron creadas para

resguardar su interes superior.