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EL H O M BRE D E GEN I O Y LA M ELA N CO LÍ A
Pæne insularum, Simio, insulammque
ocelle
C A T U LLI XXXI, 1 - 2
ARI STÓTELES

EL H OMBRE DE GENI O
Y LA M ELANCOLÍ A
PR O B L E M A XXX, I

Prólogo y notas de
JA C K I E P I G E A U D

Traducción de
C R I S T I N A SE R N A
pr im er a ed ic ió n : abril de 1996

Publicado por Quaderns Crema, S. A.


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Tels.: 212 87 66 - 212 38 08
Fax: 418 23 17

© por la traducción: 1996 by Criscina Serna


© por la introducción y las notas: 1988 by J. Pigeaud

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Quaderns Crema, S. A.

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I N D I C E

Prólogo 9

Bibliogr afía sumaria 75

Abr eviat ur as 76

P R O BLE M A XX X 77

Not as 104
PRÓ LO GO

¡Q u é poder el de una ensoñación organizada!


Exist en t ext os que no dest acan ni por su estilo, ni
por su ext ensión, ni por la densidad de su pen­
samiento. Y sin embargo su resplandor permanece
inalt erable. Uno de los grandes misterios de estas
obras es que, para empezar, nos resultan per ­
fect ament e herm ét icas. D e hecho, se inscriben en
el m arco de una cult ura desaparecida. Y, con t odo,
nos sentimos ligados a ellas por un sentimiento de
fam iliaridad. N os comunican evidencias, o más
bien ideas, que nosot ros hemos recibido de no se
sabe dónde. N os devuelven lugares comunes de
nuest ra propia cult ura, y nos fuerzan a un t rabajo
de arqueología del imaginario cultural.
A este t esoro pert enece el fam oso Problema
X X X y su com ienzo, que resonará a t ravés de los
siglos: «¿Por qué t odo ser excepcional es m elan­
cól ico?» La cuest ión no depende de los hechos; se
t rat a de una evidencia: t odo ser excepcional es
m elancólico. En consecuencia, el aut or pr opon ­
drá algunos ejem plos y considerará direct am ent e
las causas.
Si se t ienen en cuent a los ejemplos y su elección,
result a ciert am ent e difícil hacer ot ra cosa que pro-

9
poner hipótesis. Para empezar H eracles, debido a
dos aventuras pat ológicas: la locura que le condu­
ce a asesinar a sus hijos, y su desaparición en la
cima del Et a, como consecuencia del sufrim ient o
provocado por la t única envenenada con la sangre
del cent auro N eso.1 Es dest acable la int erpret a­
ción laica, médica, que da el aut or de estos «heroi-
ka» de H eracles. Est as dos hist orias proporcionan
los paradigm as de los dos ext rem os de la m elanco­
lía: la locura (ek-stasis) por un lado, y las úlceras
por el ot ro. Am bas im ponen, según el aut or, el
diagnóst ico de m elancolía en el caso de H eracles,
que vivió las dos aventuras paroxíst icas del t em pe­
ramento de la bilis negra. Para hablar como los
ant iguos, se podría decir que la bilis negra puede
afect ar al pensam ient o, o bien afect ar al cuerpo.
Est o depende de la salida que encuentre.
Tam bién Á yax se volvió loco (ek-statikos), y
Beler ofont e recorrió los desiert os. H e aquí dos
personajes a los que una especie de t ornasol cam ­
biant e coloca a la vez en el pasado y en el m ito. En
cuanto a los «m odernos»: Em pédocles, Plat ón,
Sócrat es, «y muchos ot ros personajes ilust res». Y
aún hay que añadir a «aquellos que se han consa­
grado a la poesía».

i. Para toda esta patología de H eracles, cf. nuestras notas


ad loe.

IO
Result a muy difícil reconst ruir la hist oria pat o­
lógica que hizo m erecedoras a estas personalida­
des del diagnóst ico de m elancolía. O bviam ent e,
la hist oria del suicidio espect acular de Em pédo-
cles result a de sobras conocida. Algunos han pen­
sado que la m elancolía de Sócrat es era debida a
las m anifest aciones de su daimon y a su ext rava­
gancia (utopia). Per o, ¿y el caso de Plat ón? ¿H e­
mos de at ribuirlo a su persona, o bien a su obra?
Q uizá se haga ent onces necesario pensar en las
definiciones del Fedro, tan im port ant es en la t ra­
dición de la locura. «H ay dos especies de locur a
(manía), una pr oduci da por las enferm edades hu­
manas, y ot ra por un cam bio de nuest ros valores
habit uales pr ovocado por la divinidad.» (265a) Y
Sócrat es hace la dist inción, ent re los delirios divi­
nos, de aquel que proviene de Apolo (la i n spira­
ción pr ofét ica), el que proviene de D ioniso (la
i nspiración m íst ica), aquel del que las M usas son
responsables (la inspiración poét ica) y el delirio
debido a A fr odi t a y al Am or (265b y 244-45). Est a
dist inción ha sido ret om ada incluso por los m é­
di cos.2 Celio A ur eli an o3 da com ienzo a su mono-

2. Cf. Jack i e Pi geau d , Folie et cures de la fol i e chez les mé­


decins de la Ant iquit é gréco-romaine, La manie, Par i s, Belles
Let t r es, 1987, pp. 130 y ss.
3. M édico del s. V d.C., que tradujo al latín a Sorano de
Efeso, médico griego contemporáneo de Trajano y de Adriano.

π
grafía sobre la manía cit ando el Fedro: «Plat ón
en el Fedro declara que hay dos especies de locu ­
ra...» Digam os de paso que t ras Plat ón vienen los
est oicos, cosa que no nos int eresa aquí, pero t am­
bién Em pédocles... «D e igual m anera», escribe
Celio Aureliano, «los sect arios de Em pédocles
afirm an que exist e una m anía que proviene de la
purgación del alma, y ot ra que proviene de la alie­
nación del espírit u pr ovocada por la enferm edad
del cuerpo o bien por el mal t em peram ent o de
éste {iniquit at e),»4 ¿D e qué purgación se t rat a?
D esgraciadam ent e, los fragm ent os de Em pédo­
cles que poseem os no nos perm it en aclarar este
t ext o. ¿Es acaso preciso pensar que el Problema
X X X apunt a hacia la obra de Em pédocles, antes
que a su vida?
¿Y Lisandro? Aparece sin más, a causa de unas
úlceras de las que nada sabem os. Per o result a que
él, personaje hist órico y m oderno, aparece sit ua­
do ent re los héroes H er acles, A yax y Belerofont e.
¿Es posible que sea sim plem ent e el parecido en­
t re su enferm edad y la de H eracles lo que mot iva
la mención de su nom bre? Es preciso dest acar
t am bién, t al y como nos dice Plut ar co, que él fue
el prim er griego al que las ciudades levant aron al­
t ares y ofrecieron sacrificios como a un dios, y en

4. Cf. Folie et cures de la fo l i e..., op. cit ., p. 130.

12
honor de quien se cant aron himnos por vez pr i ­
m era.5Est o sit uaría a Li sandro como una especie
de t ransición nat ural ent re los héroes y los hom ­
bres, cosa que podr ía just ificar así su clasificación
ent re los héroes.
Per o estos ejem plos nos dicen algo más. I n vo­
can el t est im onio de la Ant igüedad y del mito, que
coincide con el de la m odernidad. Y por prim era
vez un t ext o pr opone los nom bres de hom bres
m odernos para aquello que .podríamos denom i­
nar un diagnóst ico ret rospect ivo. Se nos dice que
Em pédocles, Sócrat es y Plat ón eran m elancóli­
cos. En lo que a Sócrat es respect a este no es sino
el prim er «diagnóst ico», dent ro de una hist oria
«pat ológica» del personaje que no hacía más que
com enzar.6
Per o volvam os sobre estos ejemplos para ex­
t raer una últ im a lección. H eracles conoció la l o­
cura y las ulceraciones; Li san dr o las úlceras; Ayax
la locura; Beler ofont e recorrió los desiert os. H e
aquí una m anifest ación de la m elancolía, la bús­
queda de la soledad, ésta, unida a la m isant ropía,
es consubst ancial a la m elancolía. Y sin em bargo
se diría que aquí el tema no hace más que anun­
ciarse. Será pr eciso, en el fondo, esperar hasta la

5. Cf. nuest ra not a ad loe.


6 . F. Lél u t , Le Démon de Socrate, Par ís, 1836.

13
t radición de las Cartas del pseudo-H ipócrat es,
sobre las que volverem os, para verlo resurgir y
desarrollarse.
Tras Em pédocles, Sócrat es y Plat ón, y los de­
más, llega un grupo apart e: los poet as. Y, en efec­
t o, éste se m erece un lugar pr opio; pues, después
de t odo, la poesía es a la vez el m odelo suprem o y
el que suscit a un m ayor núm ero de pregunt as,
como int ent arem os ver .7

LA A R T I C U L A C I Ó N DEL TEXTO

N o es fáci l cont rolar el razonam ient o del aut or,


no tan sólo porque nos proyect a hacia una física
que nos result a por com plet o ajena, sino porque
en ocasiones result a elípt ico en su prisa por de­
most rar. Es preciso, pues, ent resacar unas art icu­
laciones que no parecen del t odo evident es.
i ° La experiencia del vino. El vino pone de m a­
nifiest o durant e un t iem po lim it ado un abanico
de caract eres que se corresponden, cada uno de
ellos, con el caráct er de un individuo dado, no en
ese inst ant e solamente, sino de por vida.

7. Com o deci m os en n uest r as not as (cf. p. 101), Em p é­


docles, en efect o, no es cit ado com o p oet a, sino com o «f i ­
si ólogo».

14
2o El vino y la nat uraleza obran este efect o por
ident idad de causas. El aut or int roduce la bilis ne­
gra. La nat uraleza del vino y la mezcla de bilis ne­
gra son parecidas.
3° El t er cer punt o llega com o conclusión: la
bi l i s negra y el vin o son «m oldeadores del car ác­
t er » por i den t i dad de nat uraleza. Est o quiere
decir que la bi l i s negra act úa com o el vino. Todo
cuant o pr eced e en las dem ost raciones nos ob l i ­
ga a ent ender que est o es lo esencial en el m en­
saje de n uest ro aut or. L a bi l i s negra se com por ­
t a com o el vin o, es decir , pr oduce un gran
núm ero de car act eres. Com o punt o de par t ida
t eníam os los est ados de em briaguez que p r op or ­
cionan los car act er es posi bl es, durant e un t iem ­
po det erm in ado. La bi l i s negra pr oduce el m is­
mo efect o, sólo que de por vida. En el fon do, el
m elan cóli co es, él solo, una m ult i pl icidad de
car act eres. L a bi l i s negra ofr ece al nat ur al m e­
l an cóli co t odos los est adios de la em briaguez
con t odos sus pel i gr os, y est o par a siem pre. El
m elan cóli co es esencialm ent e poli m or fo. Puede
apr eciar se que est e últ im o punt o es fun dam en ­
t al y que no se h allaba cont enido en las prem isas
del r azonam ient o. Est o quier e decir que el m e­
l an cóli co t iene en sí m ism o, com o posi bl es, t o­
dos los car act eres de t odos los hom bres. Cosa
que aclara de un m odo pr odi gi oso, com o ve­

15
rem os, la i dea m ism a de la cr eat i vidad m e­
lan cólica.

EL VINO COM O IN ST R U M EN T O
DE CO N O CIM IEN TO

La búsqueda de una m edida «farm aceút ica» para


evaluar el nat ural de los individuos no es nueva.
Plat ón, en las Leyes (I, 644b 6 y ss.), se lam ent a de
que no exist a droga capaz de alt erar pr ogr esiva­
mente la personalidad y de llevarla hasta el t em or,
y de poner de relieve, al som et er a prueba su r esis­
t encia, el t em peram ent o y la educación de cada
individuo, lo que supondría, para el responsable
polít ico, una ext raordinaria vent aja. Per o el l egis­
lador dispone de ot ra droga, el vino, que produce
exact am ent e el efect o cont rario, al engendrar la
aphobia, una enorme seguridad en uno mismo, la
ausencia de m iedo. El problem a, pues, será inver ­
so. Se m edirá la resist encia a la ausencia de m ie­
do; esfuerzo igualm ent e posit ivo, pero en un sen­
t ido cont rario. Par a m edir el valor del ciudadano,
fundam ent o de la supervivencia de la ciudad, se
m edirá su resist encia a la ingest ión de vino.
Lo que Plat ón propone es, por lo t ant o, un «co­
nocim iento indirect o» por m edio del vino, cosa
que present a ciert as vent ajas. El vino es una be­

16
bida no muy cara, de sobras conocida, de la que se
sabe con exact it ud la dynamis, es decir, la pr opie­
dad y la fuerza, que parece mant enerse constante
sea quien sea el i ndividuo que lo t om a.8 El razo­
nam ient o es bast ant e com plejo. Result a im posible
que el aut or del Problema X X X ignorase este t ex­
to. Per o éste propone ot ra t eoría acerca del cono­
cimient o de los individuos por medio del vino,
que, a prim era vist a, parece muy sencilla. El vino
m odela los caract eres. Es capaz de generar t odos
los est ados de la personalidad, y ello de una ma­
nera pr ogr esiva (έκ προσαγωγή - 9 53b ) . Se pue­
de percibir , de acuerdo con la cant idad de bebida
ingerida, una evolución de los caract eres y de los
com port am ient os. Se t rat a, pues, de un experi ­
ment o fáci l, al alcance de t odo el mundo, que, por
ot ra part e, reposa sobre una experiencia común;
se t rat a, t am bién, de la m edida direct a de los efec­
t os del vino. Sin duda, el aut or se int eresa sobre
t odo por la gradación de los estados de em bria­
guez, ant es que por la cant idad de bebida inge­
rida. Por ot ro lado, este experim ent o no carece
del t odo de peligro, puest o que hacia el final del
t ext o se nos present an los riesgos m ort ales de la
em briaguez. L o im port ant e es ver que se puede

8. Cf. Jack i e Pi geau d , La M aladie de l ’âme, Par ís, Belles


Let t r es, 1981, pp. 484-494.

17
crear en un det erm inado sujet o, por medio de la
ingest ión program ada de vino, t oda una serie de
caract eres que es posible encont rar en los demás.
Se contrast an, por medio de un art ificio, los carac­
teres humanos, gracias a los efect os sucesivos, gr a­
duales y constantes, del vino. La eficacia del vino
se explica por lo que podríam os llam ar argum en­
tos físicos. El vino produce estos efect os porque
contiene aire. La bilis negra produce los mismos
efectos que el vino. Ent onces el aut or añade dos
cualidades, el calor y el fr ío, necesarias para lo que
viene a continuación, es decir, la dem ost ración de
que el m elancólico es un ser inest able.

LA BILIS NEGRA

La analogía con el vino nos perm it e aclarar un


poco la nat uraleza de la bi li s negra. El l a es la
fuent e inm ediat a del com port am ient o del m e­
lan cólico. Es fr ía o bien calient e, i nest able en
esencia; y cont iene aire. Per o jam ás es definida
por su r elación con los ot ros hum ores. El t ext o
jam ás nos dice en qué sist em a hum oral nos h al l a­
m os, es decir, qué hum ores com ponen fi n alm en ­
t e nuest ro ser fi si ol ógi co.9 Por ot ro lado, cuando

9. A pr opósit o de est a cuest ión en t orno a l a defin i ción

18
el aut or habla de la «m ezcla de la bilis negra»,
uno puede pr egunt arse si se t rat a de la mezcla
que const it uye la bilis negra como t al, o bien de
una m ezcla en la que la bilis negra int erviene m a­
sivam ent e. Pues este hum or const it uye una m ez­
cla más o m enos com pleja, en la que int ervienen
el calor, el fr ío y el aire. La expresión ut ilizada
por el t ext o es, en general, «la mezcla de la bilis
negra», m enos en una ocasión en que parece d e­
signar más pr ecisam ent e una m ezcla, un est ado
del cuerpo que depende de la bilis negra (ή κρα~
œl ç d m τή μελαίνη χολή -955a 14)· D e h e­
cho, la bi li s negra es un residuo, un sedim ent o,
de aquello que no está cocido, puest o que la d i ­
gest ión es considerada como una cocción. En
el Problema I (861B zo), más específicam ent e r e­
servado a cuest iones de caráct er m édico, puede
leerse: «Puest o que el pósit o de lo que no está
cocido se queda y se m ant iene con m ucha fuerza
en el cuer po; t al es el caso de la bilis negra.» Por
lo dem ás, nuest ro t ext o se cierra con una r efl e­
xi ón sobre el perissóma, lo superfluo, lo residual.
El individuo puede h allar alivio en una em isión
esperm át ica que le l i ber e de superfluidades. La

de los hum ores, puede leer se nuest ro art ículo: L ’hiwieur des
Anciens, en L ’bumeur et son change?nent, Nouvelle Revue de
Psychanalyse 32, 1985, pp. 51-69.

19
doct rina de los residuos es ar ist ot élica. El t ér m i ­
no perissóma no es h i pocr át i co.101
Por supuest o que se ha t raducido así el com ien­
zo del Problema·. «¿Por qué razón t odos aquellos
que han sido hom bres de excepción (perit toi)...»
Pues si bien el adjet ivo perit t os designa aquello
que result a excesivo, superfluo, significa t ambién
«excepcional», en un sent ido m et afórico. De
acuerdo. Puede t am bién encont rarse est e em pleo
en Teofrast o, a propósit o de las plant as que «son
excepcionales por su olor» (τά π εριττά τή
οσμή).1' Per o ello no im pide que, en este pensa­
mient o donde es preciso est ar at ento al mínimo
det alle, no tengamos dem asiado escrúpulo en en­
t ender que el hom bre excepcional (perit t os) es el
hom bre del residuo (perissóma) por excelencia.
Por ot ro lado, es esta t ensión la que no hay que ol­
vidar en ningún mom ento para com prender lo
que podría llam arse la dialéct ica de la m elancolía,
tal y como a lo largo de los siglos se ha vuelt o, una
y ot ra vez, sobre ella. Es preciso pensar en el vín ­
culo ent re esta m at eria superflua, este residuo de
la cocción, este hum or est úpido, y la creat ividad
del genio, el ím pet u de la im aginación.

10. Cf. A . Th ivel, La doctrine des per issôm at a et ses pa­


rallèles hippocratiques, en Revue de Philologie X X X I X , 1965,
pp. 266-282.
11. H istoria de las plantas I X , 7, 2.

20
UNA E N SO Ñ A C I O N D E LA M E Z C L A

La bilis negra es una mezcla perfect am ent e ines­


t able. En un inst ant e puede ser ext rem adam ent e
fr ía o calient e.
H em os t rat ado de mantener el t érmino mezcla,
que es la t raducción exact a del griego κρασι . El
cult ism o crasis y la t ranscripción lat ina tempe­
ramento podr ían hacernos perder de vist a esta
sim ple noción de mezcla que es preciso t ener muy
present e, aun cuando el t érmino griego t uviera ya
unas connot aciones y un uso m édico preciso en la
época de la redacción del Problema X X X .11 En
nuest ro t ext o, la mezcla de la bilis negra puede re­
present ar, vale la pena repet irlo una vez más, la
mezcla que const it uye la bilis negra en t ant o que
subst ancia, y la mezcla de hum ores en la que pr e­
domina la bilis negra.
El problem a est riba en saber si exist e una nor ­
ma para est a subst ancia com puest a e inest able.
Est a cuest ión es de capit al im port ancia, puesto
que se t rat a de est ablecer que el m elancólico no es
necesariam ent e un enferm o y que exist e, como1 2

12. Por ejem plo, en la M edicina Ant igua del Corpus Hipo-
crático se dice que la salud reside en la cor r ect a m ezcla de los
hum ores. Per o la n oci ón de crasis int erviene sobr e t odo en la
t eoría de los hum ores fundam ent ales, sangre, flem a, bilis
am arilla, bi l i s n egr a, por ejem plo Naturaleza del hombre, 4.

21
explicarem os, una salud del m elancólico. Est o es
lo que explica, en la segunda m it ad del t ext o, la
r eflexión sobre el homalon, es decir, la const an­
cia, y el anomalon, la inconst ancia. La cuest ión es­
t riba en m ost rar que exist e una const ancia de la
inconst ancia.
Q uedan por añadir unas palabras a propósit o
de ot ras dos im port ant es nociones que aparecen
en el t ext o: la de mesón (o término medio), y la de
kairos, que nosot ros t raducim os, de acuerdo con
el uso, por ocasión. El uso de estos t érm inos, en
una ensoñación de la m ezcla, es digno de dest a­
car. Ya se sabe que la noción de t érm ino m edio es
muy im port ant e en la fi losofía arist ot élica.13 Bast e
recordar, por ejem plo, la t eoría peripat ét ica de las
pasiones. La pasión debe ser llevada hasta un tér­
mino medio, result ado de la mezcla de dos fuerzas
opuestas y de sent ido cont rario. En realidad, t odo
reposa sobre el equilibrio ent re el placer y el do­
lor que necesariam ent e acom pañan a cualquier
pasión; lo que se corresponde, fisiológicam ent e,
con el equilibrio ent re el fr ío y el calor en la kar-
dia. Radican aquí las razones de la mesóles, del

13. A propósito de esta cuestión del término medio pue­


de leerse H . Kalchreuter, Ot e ΜΕΣΟΤΗ Σ bei itnd von Arist ó­
teles, Tübingen, 1911, y Th. Tracy, SJ, Pbysiological Theory
and the Doct rine oft he M ean in Plat o and Arist ot le, La H aya,
París, M outon, 1969.

22
t érmino medio. La symmetria, es decir, la relación
armoniosa, constit uye un término medio, y este
término medio es el result ado de una m ezcla.14 La
virt ud del cuerpo, su salud, es un término medio.
La salud del alma y la salud del cuerpo son com pa­
radas en la Física, 24 6 b 4 - 6 , de Arist ót eles: «Las
virt udes del cuerpo, por un lado, así como la salud
y el bienest ar, residen [ ...] en la mezcla (κράσεή y
en una correct a relación (συμμετρία) entre el calor
y el frío, ya sea en su relación recíproca interna, ya
sea en lo relat ivo al medio ambiente.»
La noción de mesón , del t érm ino m edio, repre­
senta la norma, en una ensoñación de la m ezcla,
como se ve muy bien en la apasionant e obra que
Galeno consagra precisam ent e a las mezclas {De
Temperamentis). Galeno part e de una. r eflexión
en t orno al canon de Policlet o, que define, t al y
como él nos recuerda, las proporciones ent re las
part es del cuerpo humano (la proporción ent re la
falange y el dedo, ent re el dedo y la mano, ent re la
mano y el brazo, et c.), proporciones a las que se
puede llam ar symmetria, es decir relación de las
part es ent re ellas y de cada part e respect o al t odo.
Per o esto no t iene nada que ver con la mezcla. G a­
leno busca un canon, es decir, una norm a de la
m ezcla. El canon de los m édicos result ará más di ­

14. Cf. La M aladie de l ’âme, op. cit ., pp. 299 y ss.

23
fícil de est ablecer que el del escult or; debe est a­
blecer la eucrasia, el equilibrio de los humores,
una symmetria de las cualidades, que no será otra
cosa que un estado m edio, en com paración con el
cual se podrá juzgar el est ado de salud de tal o
cual i ndividuo.15
El Problema X X X nos propone una idea más di­
fícil, más at revida. N o se t rat a de la symmetria en­
t re los humores que form an nuest ro organism o,
sino de la eucrasia de un hum or que es por nat u­
raleza inest able. El Problema X X X afirm a que
exist e una buena crasis de aquello que es, en esen­
cia, una crasis anómala, es decir, inconst ant e. 955a
37: «D esde el momento en que es posible que
exist a una buena mezcla de la i n con st an ci a...»
{επεί δ ’ εστι καί εύκρατοι/ είναι ττ\ ν άνωματ
λίαν...) Est o no puede explicar se más que por el
enfriam iento del calor o por el recalent am ient o
del frío, es decir, por un ciert o equilibrio fr ágil, el
mesón de la bilis negra.
La ensoñación de la mezcla explica expr esi o­
nes de nuest ro t ext o que no siem pre han sido
bien com prendidas por la t radición. Por ejem plo,
cuando, a propósit o del t em or, que es una pasión,
se nos dice que, puest o que el t em or puede enfriar
a un individuo previam ent e calient e por obra y

15. I K 566yss.

24
efect o de la bilis negra, es posible hallarse a un
t iem po en est ado de t em or y sin pasión [καί έν
αύτω καί άπαθή -954b 15)*16 Es decir, que uno se
encuent ra en una especie de grado cero de la pa­
sión que represent a, como ya hemos dicho, el t ér ­
mino m edio buscado, que reposa sobre un estado
psicológico.
O t ro aspect o alt ament e dest acable de nuest ro
aut or es esta m edit ación a propósit o del encuen­
t ro ent re lo inest able y el inst ant e. En verdad t odo
es posible, t ant o la m ayor cobardía como el mayor
coraje, la locur a como el t alent o y la eficacia.
Todo depende del encuent ro del kairos, de la ci r ­
cunst ancia, así como del est ado de la bilis negra
del i ndividuo. Por ejem plo, si el anuncio de un
peligr o (cuyo efect o es el enfriam ient o), se en­
cuent ra con la bilis negra en estado fr ío, el i ndi­
viduo se conduce como un ser cobarde, puest o
que la bilis negra ha abiert o camino a la cobardía
(frío + fr ío = cobardía). El aut or escribe, 954b 34:
«Pues, cuando la mezcla result a dem asiado fr ía
para la ocasión, engendra dysthymías sin r azón ...»
El m elancólico es el hom bre del kairos, de la ci r ­
cunst ancia.17

16. A sí es com o n osot r os ent endem os el t ext o; cf. nuest ra


not a ad loe.
17. El kairos es una n oci ón específi cam en t e griega, que
cor r espon de, par a deci r lo rápidam ent e, al ideal de l a m edida

2.5
E L V I N O , LA BI LI S Y LA « E T H O P O I E S I S »

Pedim os perdón por este caico griego, que nos


será de ut ilidad. ¿Cóm o podríam os decirlo? ¿La
fabricación, la m odelación de caract eres? N o es
que me encant e la t raducción de ήθο por carác­
ter, pero me acom odo aquí al uso. La etim ología
popular ya había est ablecido la relación ent re
έ'θο , cost um bre, y ήθο , que designa una manera
de ser habit ual, un com port am ient o. Si uno sigue
a Arist ót eles en la "Poética (1454a 15), cuando re­
flexiona a propósit o de lo que debe ser el ethos,
puede pensarse que lo que lo define es el parecido
de uno consigo mismo, la const ancia, la regula­
ridad en su ser. La coherencia de un individuo
puede consist ir además, tal y como subraya A r i s­
t óteles, en una constante incoherencia. Y estos

de lo cualit at ivo. Todo el m undo conoce el prim er Aforismo


de H ipócrat es: «L a vi da es cort a, el art e es largo, la ocasión
d ifícil.» El kairos es el m om ent o en el que el t écnico, ya sea
m édico, orador o general, debe int ervenir. El kairos va l i ga­
do al tiem po, por la urgencia de la acción que preci sa el est a­
do de las cosas; al conocim ient o, por la n ecesidad de la ex­
periencia que un individuo debe poseer para act uar. D esde
el punt o de vist a del t iem po, se t rat a de un inst ant e casi i n ­
t em poral, sin duración. L a eficacia del m elancólico se basa
en el acuerdo entre el est ado de la bili s negra y el kairos. Est e
es el drama del m elancólico tal y como nos lo present a el Pro­
blema XXX.

26
caract eres, ¿qué son? O bservem os por un m o­
mento la variedad de m odificaciones, de maneras
de ser, de cualidades del individuo que nos pr o­
pone nuest ro t ext o. (Así hablaríam os con pruden­
cia para det erm inar el caráct er.) Ya sea por efect o
del vino, o bien de la bilis negra, poco im port a
aquí, los hom bres se muest ran coléricos, fi lan ­
t rópicos, piadosos, audaces, locos, violent os, em­
prendedores, seguros de sí mismos, charlat anes,
elocuent es, silenciosos, t acit urnos, brut ales, im ­
pulsivos, abandonados a sus deseos, a las lágr i ­
mas, llenos de afect o por el ot ro, salvajes, co­
bardes, obsesionados por el sexo, bien dot ados,
euthymicos, athymicos, dysthymicos, y aun es pr o­
bable que me deje alguna cosa. L a organización
de estos est ados difiere en el curso de la exposi ­
ción. Par a em pezar llam arem os la at ención sobre
la curva que present a el paradigm a del vino y del
est ado de em briaguez. Se part e del nivel frío y
silencioso, par a pasar a uno más charlat án, elo­
cuent e, seguro de sí mismo, em prendedor, violen ­
t o, loco; a cont inuación el individuo se desm oro­
na (se t rat a de la eklusis) para sum irse en un
est ado de em brut ecim ient o. N os hallam os, pues,
ante los grados, los est adios sucesivos de la em­
briaguez, suscept ible de ser m edida por la cant i­
dad de vino. Y más t arde, conform e se avanza en
el t ext o, se am plía la palet a de los caract eres,

27
como si lo que int eresara al aut or fuera el aspect o
prot eico del m elancólico. Si uno observa estos
caract eres, puede poner en oposición las act it u­
des que im plican; los com port am ient os ext rover ­
t idos, si podem os at revem os a decirlo de esta m a­
nera, que arrast ran al individuo fuera de sí
mismo, y, por el cont rario, aquellos que aíslan al
individuo en su soledad. Ebr i o o m elancólico,
uno se ve proyect ado, más o menos pr ogr esiva­
mente, fuera de sí mismo, y hacia los demás. La
charlat anería, la piedad, el amor hacia el ot ro, el
afect o desbordant e, incluso la agresividad y la
violencia, son com port am ient os que im plican una
relación con ot ra persona. Por supuest o, uno pue­
de at ribuir mayor valor a unas act it udes en det ri­
mento de las otras. Se puede opinar que la piedad
es preferible a la cólera. Pero, en la práct ica, se
trata de dos pasiones. La piedad como tal, si es
excesiva, t ampoco es buena. Y recuerdo aquí de
paso que Arist ót eles define la t ragedia, en la Poé­
tica, como «la represent ación de una acción [ ...]
que por medio de la piedad y el t em or realiza
la purificación de t ales pasiones». La piedad, lo
mismo que el temor, result an pasiones nocivas,
a menos que sean reducidas a un estado de t érm i­
no medio; comport an el riesgo de que la relación
que une un individuo a ot ro result e desmesurada,
de que este individuo se pierda en el ot ro, o, por

28
el cont rario, conceda excesivo valor a su per ­
sona.'8
Si uno hace un recuent o rápido de los com por­
t am ientos que im plican una salida y de aquellos
ot ros que sugieren una reclusión en uno mismo,
se queda im presionado al com probar que pr edo­
mina el aspect o de la ext raversión. El silencio, la
t acit urnidad oscura, por decirlo en palabras de
19 la athymia son evocadas con m enor fr e­
Pi n el ,1
8
cuencia que la exhuberancia de la cólera, de la p a­
labra, del am or, de la violencia. El m elancólico es
present ado por encim a de t odo como un ser agi­
t ado. Sin em bargo, hay que mat izar. Por ejemplo,
cuando es pr eciso dem ost rar que la bilis negra
puede ser fr ía y calient e, el aut or nos dice que la
bilis negra, si se halla en exceso en las pr ofun di ­
dades del cuerpo, vuelve al individuo t acit urno y
ret raído. Per o con frecuencia este est ado de hun­
dim ient o se present a como la recaída después de
un exceso. A sí, curiosam ent e, se nos dice que
aquellos que son silenciosos son muy a menudo
ext át icos (953b 13). Por lo t ant o, las act it udes de
reclusión, la cobardía, el t em or, el silencio no se
hallan ausent es, pero es indudable que se pr i vi l e­
gia el aspect o posit ivo de la m elancolía. Est o, evi-

18. Cf. Folie et cures de la fol i e..., op. cit ., pp. 163-188.
19. Nosographie philosophique, 5“ ed., 1813, t om o I I I , p. 91.

29
dentemente, se explica en el m arco de una r efle­
xión sobre la creat ividad. El i ndividuo apart ado
del mundo, sumido en su silencio, ¿qué sugiere a
una tal m edit ación? Per o el hist oriador de la m e­
lancolía está igualm ent e int eresado en ver cómo la
palabra filant ropía caract eriza un estado del m e­
lancólico, así como en no ver en él la m isant ropía,
que es su act it ud t ípica. A ello se debe sin duda el
que la imagen de Beler ofont e y su fuga al desiert o,
de las que hablábam os antes, no sean después re­
tomadas para una reflexión sobre la m isant ropía.
Est o nos lleva a t om ar en consideración ot ra
dist inción en la obra que nos ocupa. A part ir de
954a 24 aparece una t erm inología considerable­
mente incóm oda, la de la fam ilia de thymos. Salvo
error por mi part e, hay diecisiet e apariciones de
estas palabras. Sin necesidad de ser un fanát ico de
los números, a uno puede sorprenderle una fr e­
cuencia tan alt a en un t ext o tan cort o.10 Ya he ex-

20. Em pleos de las palabras de la fam ilia de thymos·.

άθυμία 954a 24 (unido a φόβου ), 954b 16, 955a 15


άθύμω
άθυμάτεροι 955a 23, 955a 26
προθύμω 9553 2
εύθυμία 954a 25, 955a 16
εύθύμου 9553
εύθυμότεροί 9553 16
θυμό - 954a 33

30
plicado porqué en mis notas he int ent ado conser­
var el calco del griego en la m edida de lo posible:
athymia, dyst hymia, euthymia. Per o es preciso no­
tar t am bién los com puest os del t ipo epithymia, el
deseo; los adverbios: athymos, prothymos·, los ad­
jet ivos; el em pleo del propio thymos, en el sent ido
de deseo, de im pulso.
Todo esto no es en absolut o product o del azar;
no cabe ninguna duda. Per o abandonem os la des­
cripción pint oresca de las pasiones, de los com ­
port am ient os, de las act it udes, para ocuparnos de
una det erm inación más pr ofunda del ser. M e gus­
t aría decir, si ello no result ara anacrónico, que
pasamos de la m oral a la psicopat ología.
El thymos designa un t odo muy com plejo. Para
darle un valor general, podría definirse como el
«sent irse uno mism o». Cabanis o Li t t r é hablaban
de un sent ido ínt im o. El thymos es en H om ero,
como señala Br un o Snell, el órgano de la emoción
y la base del dolor .11 La at hymia, la euthymia, la
dysthymia son las m aneras por m edio de las cuales
el individuo aprehende su ser en el m undo, se*2 1

έπ ιθυμία 954a 33
δυσθυμία 954b 35, 955a 6
δυσθυμότεροί 955a 17
21. B. Sn ell, The Discovery o f the M ind, t rad. inglesa,
N ueva Yor k , i960, pp. 18 y ss.

31
siente ser, se siente vivir en la faci li dad o en la an­
gust ia. En H ipócrat es, en el aforism o fundador
(.Aforismos V I , 23 = I V L 568), la dysthymia va l i ­
gada a la bilis negra: «Si el t em or y la dysthymia
duran largo t iem po, este est ado va ligado a la bilis
negra.» El Corpus hipocrát ico t am poco ignora las
alt ernat ivas de athymia y de euthymia. Lo de­
muestra el bello ejem plo de Epidemias V, 84 (V L
252), precisado en Epidemias V I I , 89 (V L 446):
«Parm enisco se hallaba afect ado [ ...] de athymia
y de un deseo de dejar la vida; y después, por el
cont rario, de euthymia.» En O lim pia, prosigue el
t ext o, «él sufría de afonía, y perm anecía inm óvil
[ ...] , después convulsiones con la mano sobre los
hipocondrios, como si le doliesen». (N ada nos i n ­
dica que la bilis negra fuese la causa de aquello
que Lit t r é define como una «afección ment al».)
Pensem os, además, en aquella m agnífica defini­
ción de Epidemias (V L 316): «D e lo que proviene
del thymos t enemos: la oxyt hymia,2' que ret rae el
corazón y los pulm ones sobre sí mismos y at rae
hacia la cabeza el calor y la hum edad; la euthymia,
por el cont rario, relaja el corazón.»13 A quí t am po­
co aparece la bilis negra. Per o se observa que el
médico hipocrát ico se ha int eresado por la mane- 2 3

22. Est ado de exci t ación del thymos.


23. Cf. La M aladie de l ’âme, op. cit., p. 446.

32
ra en que el enferm o se percibe a sí mismo. El Pro­
blema X X X sist em at iza las variaciones de thymos
para at ribuirlas a la bilis negra. La m anera de
com port arse, el nivel de energía, y, simplement e,
la capacidad de vivir dependen de esta bilis negra.
Por que al final de la dysthymia, es decir, del ma­
lest ar de ser, al final de la at hymia,14 es decir, de la
ausencia de las ganas de vivir , se halla la desespe­
ración, la m uert e y el ahorcam ient o. Tal es la sali­
da posible, si no frecuent e, qpe nos indica el au­
tor. El Corpus hipocrát ico nos habla del suicidio
por ahorcam ient o en dos casos int eresant es. Para
empezar, una sim ple indicación, Lugares en el
hombre 39, 1: «A las personas afligidas, a los en­
ferm os y a aquellos que sienten deseos de ahor­
carse, hacedles t om ar por la mañana una infusión
de la raíz de la m andrágora.» Per o el pasaje más
int eresant e es aquel de la Enfermedad de las
muchachas, donde se nos dice que «la enferm a
está loca a causa de la inflam ación aguda; [ ...] t e­
mores y pavores causados por la oscuridad, deseo
de est rangularse a causa de la presión en t orno al
corazón. El t hymos, afect ado [ ...] y sumido en la
angust ia [ ...] se perviert e a su vez. La enferm a
m enciona cosas t erribles que le ordenan salt ar,
arrojarse a los pozos, est rangularse, como si ello2 4

24. Evitamos el término depresión , demasiado moderno.

33
fuera lo mejor [ ...] Cuando no son l o sphantasmas,
es un cierto placer que hace anhelar la muerte
como algo bueno» ( V I I I 2, 466-468). El autor pr e­
cisa también que «como consecuencia de visiones
de este t ipo, muchos se han est rangulado; pero más
mujeres que hom bres». Es ciert o que el suicidio
por ahorcamiento parece ser más bien fem enino,15
mientras que la espada sería el inst rumento de la
muerte masculina (véase la muerte de Áyax). Pero
puede señalarse que el Problema X X X habla del
suicidio de personas débiles, jóvenes y ancianos.
N uest ro Problema nos ofrece de paso lo que po­
dría darse en llam ar una pat ología, y aun una psico-
pat ología, de la vida cot idiana. Pueden darse ac­
cesos de m elancolía t em poral: es el caso de la
em briaguez. Así, t oda suert e de m anifest aciones,
graves o menos graves, que abarcan desde la exal ­
t ación a las úlceras, pueden t ener su origen en la
bilis negra (954a 25 y ss.); uno puede conocer el
desalient o, o las alegrías, sin razón aparent e en la
vida cot idiana (954b 15); en una palabra, el hum or
cot idiano en el sent ido m oderno. Per o este t ipo
de m alest ar, si bien im plica a la bilis negra, pr o­
viene de la digest ión. Se t rat a de la producción 2 5

25. Cf. N. Lor aux, Façon s tragiques de tuer un e fem m e,


Paris, H achett e, 1985, sobre todo pp. 24-40. [ Exist e t raduc­
ción española: M an eras trágicas de m atar a una m ujer, M a­
drid, 1989]

34
espont ánea, ligada a nuest ra alim ent ación, de un
exceso de bilis negra. Se t rat a de un malest ar, de
una enferm edad, pero no deja de ser un accident e
que para nada com prom et e la nat uraleza del indi­
viduo. Est e t ipo de enferm edad no m odela en ab­
solut o los caract eres. Y es que no t odo enfermo
de la bilis negra result a forzosam ent e m elancóli­
co; al igual que no t oda persona m elancólica r e­
sult a forzosam ent e enferm a de la bilis negra. Se
t rat a de una aseveración que la alusión a la vida
cot idiana perm it e reafirm ar, cosa que el aut or no
deja de hacer. Es preciso decir que las enferm eda­
des de la bilis negra se ciernen sobre t odo el mun­
do, pero de un m odo especial sobre el m elancóli­
co, evident em ent e, puest o que éste t iene ya en sí
mismo una cant idad y una calidad de bilis negra
que hacen de él un m elancólico.

LA S EN FERM ED A D ES DE LA BILIS NEGRA

Cont ent ém onos con dar una ojeada rápida a lo


que el t ext o nos indica como las enferm edades de
la bilis negra. La locura (ekstasis o mania), la es­
t upidez {morosis), ¿son síntomas o enferm edades?
Se nos puede objet ar que el matiz es sutil. El l o no
result a tan evident e cuando uno reflexiona pr eci ­
sament e sobre el concept o de m anía, así como so-

35
bre su definición m édica, a pr opósit o de la cual
hemos dem ost rado que, sin duda, es bast ant e t ar­
día.26 Volverem os luego sobre la locura. El autor
utiliza los sust ant ivos apoplejía y t orpeza {νάρκη).
Por el cont rario, habla de las m anifest aciones epi­
lépt icas (r d ¿πιληπτίκά) . En verdad, estas afec­
ciones incluyen más que la epilepsia de los m o­
dernos. ¡Y aún hay que añadir las enferm edades
vent osas e hipocondriacas!
H e opt ado por t raducir, de una manera un t an­
to arcaica, enferm edades vent osas, porque es pr e­
ciso poner de relieve el element o m ismo, que aquí
es el aire, en la nat uraleza, en la bilis, en el vino,
en el int est ino, en el cuerpo en general. El vient o
y los vient os. «Es por ello por lo que las enfer ­
medades vent osas e hipocondriacas son at ribui­
das por los m édicos a la bilis negra.» Los det alles
se verán en las not as; pero es preciso dest acar
aquí que, si bien el aut or no era probablem ent e
médico, sí que estaba al corriente, en cambio, de la
medicina de su t iempo. Respect o a la hipocondría
y las enfermedades ventosas, exist e un nombre que
es necesario citar, el de D iocles de Carist o,27 quien

26. 2a m it ad del siglo I I a.C.; cf. Folie et cures de la f o ­


lie ..., op. cit., pp. 67 y ss.
27. A propósit o de D i ocl es, cf. W . Jaeger , Diok les von
Kary stos. Oie griechische M edizin ttnd die Schtile des A ristóte­
les, Ber lín , 1938.

36
ha cont ribuido enormement e a la form ación del
concept o de hipocondría. H e aquí lo que dice Ga­
leno, cit ando las palabras de D iocles: «Algunos
m édicos llam an a la misma diathesis enferm edad
hipocondriaca y vent osa. M e bast ará con t ranscri­
bir los sínt omas que le han sido asignados por
D iocles en la obra t it ulada Afección, causa, tra­
tamiento. Est os son los t érm inos em pleados por
D iocles: “ Exi st e ot ra especie [se sobreent iende
de m elancolía] que afect a a.l a región del est ó­
mago [ ...] ; unos la llam an m elancólica, ot ros ven­
tosa. V a acom pañada, tras las com idas [ ...] de ex­
pect oraciones húm edas abundant es, de eruct os
agudos, de vient os, de calores en los hipocondrios
[ ...] En ocasiones sobrevienen t am bién violen ­
tos dolores de estóm ago que se ext ienden hasta
la esp al d a...” D iocles continúa: “ Es preciso su­
poner que los individuos llam ados vent osos
{physódeis) t ienen más calor del que conviene en
las venas que reciben aliment o del estóm ago, y
que su sangre es espesa.” »18 El paralelo con nues­
tro t ext o es suficient em ent e elocuent e. Const it u­
ye un problem a el saber si D iocles fue un cont em ­
poráneo est rict o de Arist ót eles, y aun, quizá,2 8

28. Gal en o, De los lugares afectados I I I , 10 ( V I I I K 185


ss.); cf. Ch. D ar em ber g, Œ uvres de Galie, Par ís, 1856, t. I I ,
pp. 567 y ss. L os fragm ent os de D i ocl es est án edit ados por M .
W ellm ann, Die Fragm en te der sik elisch en A rz te , Ber lín , 1901.

37
alumno de Plat ón, o bien si fue, como pret ende
Jaeger , un discípulo de Arist ót eles, que vivió en
los años 340-260 a.CY
Algunos opinan que el pr opio Arist ót eles fue
m édico. Per o si bien Galeno le cita más de 600 ve­
ces en su obra, jamás le at ribuye un escrit o pr o­
piam ent e m édico. Y adem ás está el fam oso M e-
nón, tanto más fam oso en cuant o que no sabemos
casi nada de él. Galeno se lim it a a decirnos que es
posible leer un resumen serio de las opiniones de
los m édicos ant iguos en una colección que es at ri­
buida a Arist ót eles, pero que, de acuerdo con la
opinión general, ha de ser adjudicada a su discí­
pulo M enón; «es por ello por lo que algunos ll a­
man a estos escrit os menonianos.»3° Y en lo que
respect a a M enón, evident em ent e, poseem os el
papiro 137, llam ado el Anónimo de Londres, que
present a un flor ilegio de los escrit os «m enonia­
nos», así como de las opiniones de ot ros m édi­
cos.201 Per o esta es ot ra hist oria, aún más com pli­
3
9
cada que la del Problema X X X y que yo m enciono

29. Contra F. Kudlien, Problème um Diokles 1ion Karys-


tos, in Stídhoffs Archiv 47,1963.
30. X V K 25 (comentario a Naturaleza del hombre de H i ­
pócrates).
31. Anonym i Londinensis ex Arist ot elis iatricis M enoniis
et aliismedich eclogae. Est e es el tít ulo de H . Diels en su edi­
ción de 1893.

38
aquí solam ent e por el nom bre de M enón y por el
posible ent orno de nuest ro autor.
Volviendo a las enfermedades ventosas, se ob­
serva que no t ienen nada que ver con una enferm e­
dad de los pulm ones, o incluso con el asma, como
pret enden ciert os t raductores. Result a muy im por­
tante ver que nosot ros no podríam os dist inguir en­
tre las enferm edades «mentales» y las enferm eda­
des somáticas. El t exto es claro. Todo depende del
lugar del cuerpo donde se deposit e la bilis negra. Si
lo hace cerca del lugar del pensamient o y de la es­
peranza (aquí hay que ent ender sin lugar a dudas la
kardia, cuyos lazos con el thymos hemos visto), se­
remos ent onces m elancólicos en el sentido de deli­
rantes, exhuberant es, athymicos y demás. Pero no
se podría definir una diferencia de nat uraleza con
las ulceraciones. Las úlceras son una manifest ación
localizada de la bilis negra en la superficie del cuer­
po. Se com prende en ese caso que no haya dificul­
t ad alguna a la hora de explicar a un t iem po la l o­
cura de H eracles y sus úlceras.

LA C U EST IÓ N DE LA LO CURA:
«E K ST A SI S» Y «M A N I A »

Yo he t raducido indist int am ent e ekstasis y manta


por locura. ¿Tengo razón? A decir verdad, no lo

39
sé. Sé perfect am ent e que m uchos gust an de elu­
cubrar, a propósit o de este t érm ino de ek-stasis,
sobre la «salida de uno mism o». Est o perm it e dar
un pequeño t inte fi lológico a las reflexiones m o­
dernas sobre la locura. Per o en realidad se t rat a
de la locura y de una m odalidad de la locura, de
una manera de est ar loco. Y es esto lo que im ­
port a. Se t rat a del ekstasis de H eracles (953a 17),
de Á yax en cuant o ekstatikos (953a 22), de M araco
el Siracusano, que experim ent aba el ekstasis en
det erm inados momentos (954a 39). El t ext o t am ­
bién nos habla de ekst at ikoi (953b 15), así como de
las causas del ekstasis (954a 25). Per o se nos citan
los manikoi (953b 4), las enferm edades maníacas o
de ent usiasmo (954a 31), las personas manikai y
bien dot adas (954a 32), expresión que com ent are­
mos. A propósit o de las designaciones de la l o­
cura, cinco son designadas por el ekstasis. Per o el
problem a no es tan sim ple. Se t rat a de saber si nos
hallam os ante t érm inos t écnicos o no. ¿Es preciso
t raducir manikos por loco, o bien por maníaco?
Est e es un problem a con el que nos hemos encon­
t rado recient em ent e y nos hemos at enido a este
principio: t raducim os mania por manía, t érm ino
consagrado por la t radición m édica, cuando se
t rat a de un concept o m édico definido.32 Ahora

32. Cf. Folie et cures de la fol i e..., op. cit ., pp. 7 y ss.

40
bien, el concept o de mania parece haber sido fi ja­
do en la segunda m it ad del siglo I I a.C., es decir,
después de la redacción del Problema X X X , sin
duda. En cam bio, el t érm ino ekstasis no llegó
nunca a ser un concept o m édico. Se quedó como
algo descript ivo; como un sínt oma. Así, las D efi­
niciones médicas, at ribuidas a Galeno, pero r edac­
tadas un siglo antes de él, definen la manía como
un «ext ravío del pensam ient o» ( έκστασή τή
διανοία ) .33 Señalem os que el Prorretico I I , 9, del
Corpus hipocrát ico habla de «ext ravíos m elancó­
licos» (μελαγχολίκαί... έκστάσιε - I X L 28).34
Galeno, que pret ende at ribuir al vocabulario hi ­
pocrát ico de la locura un valor muy preciso, habla
del ekstasis com o del colmo del ext ravío del pen­
sam ient o.35 En nuest ro t ext o no se ut iliza el subs­
t ant ivo manta, aparece t an sólo el adjet ivo mani-
kos; y parece que ekstasis sea lo que designa a la
locura, al t iem po que el em pleo de los adjet ivos
manikos o ekstatikos result a equivalent e. En este
t ext o tan al cabo de problem as m édicos, pero
que, ciert am ent e, no es en esencia de caráct er m é­
dico, yo diría que el ekstasis es el concept o de la
locura. Q ue ello im plique una salida del estado

33. Ibidem, pp. 67 y ss.


34. El ekstasis, en un sent ido «psicológi co», no t iene m ás
que seis em pleos en el Corpus h ipocrát ico.
35. X V I K 631.

41
norm al es evident e. Per o, a mi parecer, al autor
no le result a más dest acable el t érm ino ekstasis
que el t érmino ek-physis en referencia a las úlce­
ras de H eracles (953a 16), o, más aún, que el de ek-
zesis de este t ipo de úlceras. La bilis negra reca­
lent ada int enta salir. Puede hacerlo bajo la form a
de ext ravío del pensam ient o. El l a const riñe al in­
dividuo a salir de sí mismo. Puede salir por la piel
y dar origen a las ulceraciones. Extasis es el t érm i­
no elegido por el Problema X X X ent re las posibles
det erminaciones de la locura porque sin duda es el
que más se corresponde a su fisiología, así como
el que la ilust ra mejor. Est a locur a puede ser el re­
sult ado de un surgir fort uit o de la bilis negra, en­
ferm edad result ant e de un est ado m elancólico
t em poral; o incluso de la enferm edad que acecha
a un t em peram ent o m elancólico. Es así, sin duda,
como hay que ent ender aquella frase tan difícil a
propósit o de las Sibilas, Bacis y ot ros inspirados:
«Per o m uchos, debido a que el calor se halla pr ó­
xim o al lugar del pensam ient o, se ven afect ados
por las enferm edades de la locur a o del ent usias­
mo. Cosa que explica la exist encia de las Sibilas y
de los Bacis, así como de t odos aquellos que están
inspirados, cuando no lo están por enfermedad,
sino por la mezcla que hay en su nat uraleza.»
Podr ía parecer que aquí hay una cont radicción,
puest o que es la misma palabra, noséma, enferm e­

42
dad, la que es ut ilizada. La frase se com prende en
su m ovim ient o. Las Sibilas y ot ros Bacis se vuel­
ven locos, ext át icos, a causa de una enferm edad
del t em peram ent o de la bilis negra, del mismo
m odo que el poet a M araco. La precisión «cuando
no lo están por enfermedad sino por la mezcla que
hay en su nat uraleza» remite a la dist inción entre
la enferm edad que puede apoderarse de cada
uno, debido a un exceso t em poral de bilis negra,
como result ado de la digest ión y que en nada r e­
vela un nat ural m elancólico, y las enferm edades
que se ciernen sobre el m elancólico.

EL M ELA N C Ó LI CO , ¿EN FERM O O ENFERMIZO?

Se podría afirm ar que no es posible ident ificar la


m elancolía con las enferm edades de la m elancolía
en sent ido est rict o, es decir, de la bilis negra. Re­
sult a esencial para el propósit o de nuest ro autor
el señalar, com o de hecho lo hace en su con clu­
sión, que el m elancólico lo es por nat uraleza y no
por enferm edad. Ést a ent ra dent ro del orden del
accident e, del azar, y no del dom inio de la nat ur a­
leza. La causa es, desde luego, la misma, la bilis
negra. Per o es preciso saber dist inguir ent re su
exceso fort uit o y la presencia const ant e, en un i n ­
dividuo, de una cant idad de bilis negra que hace

43
de él un m elancólico. Est e últ im o, pues, no está
necesariam ent e enferm o, si bien es necesario re­
conocer que exist e una ciert a propensión a la en­
ferm edad. Se halla aquí ya la noción de aquello
que los lat inos dieron en llam ar la procliuitas, o la
decliuitas·, la describieron los m édicos, y, por ana­
logía, los filósofos m oralist as para la enferm edad
del alma. Est e es t am bién el universo de aquello
que más t arde será definido como la προπάθεία,
la pre-enferm edad. La dist inción ent re el enferm o
y el enferm izo se halla repet ida con regularidad
en nuest ro t ext o (953a 31; 954b 28; 955a 35). Pero
exist e una salud del m elancólico, una correct a
mezcla de la inconst ancia, una salud basada en la
regularidad de lo irregular, de la norm alidad de lo
anómalo, sit uación precaria y frágil. Por lo t ant o,
es necesario que el m elancólico se vigile y se cui­
de. Result a int eresant e reencont rar esta misma
idea en una obra de Arist ót eles como la Etica a Ni-
cómaco·. «Los m elancólicos, por nat uraleza, pr eci ­
san siem pre de la m edicina.» (1154b 11). Por otro
lado, est oy convencido de que este pasaje de la
Etica puede ayudarnos a com prender la person a­
lidad del m elancólico. En efect o, Arist ót eles con­
t inúa: «pues su cuerpo es lacerado sin cesar a cau­
sa de la mezcla, y se halla const ant em ent e en un
est ado de deseo violent o. Per o el placer, que es
su opuest o, ahuyent a el dolor; cualquier placer,

44
siem pre y cuando sea lo suficient em ent e fuert e, y
es por ello por lo que los m elancólicos son i n ­
t em perant es y viciosos.»
D e m odo que el m elancólico se halla abocado
de ant emano a la búsqueda de un placer que no es
sino una m anera de calm ar su dolor, frut o de la
m ordedura de la bilis negra. Const ant em ent e se
ve em pujado a buscar dist racción, lo que le lleva,
en la urgencia de encont rar la paz para su cuerpo,
a no ser dem asiado escrupuloso en la elección de
su placer, y le incit a al vicio. Por obra y gracia de
la bilis que le m uerde, el m elancólico no t olera la
sobriedad fr ía de la vida. Se ve const reñido a la di­
versión. Se t rat a del hom bre de la D iversión. Por
idént ico m ot ivo, es un ser de la violencia y el con­
t rast e, víct im a de un cam bio incesant e; es inasi­
bl e.36 El m elancólico ha pasado ya más allá de la
ot ra orilla del vado donde uno le espera. «Puest o
que la bilis negra es inconst ant e», dice el Proble­
ma XXX, «los m elancólicos son inconst ant es.»
M idam os bien nuest ras afirm aciones. Vem os que
no es posible dist inguir ent re la salud, la m oral y

36. A p r opósi t o de la m ovi l i d ad del m el an cól i co, cf. por


ej. Problema X I , 903b 38. ¿Por qué los t ar t am udos son m e­
l an cól i cos? Por qu e la r áp i d a per secuci ón de la im agen
{φαντασία), el i m pu lso (όρμή) de la palabr a sobr epasa su
capaci d ad; pues el espír i t u sigue la im agen con dem asiada
r apidez.

45
aquello que ahora aparece, y que podría llam arse
est ét ica, la reflexión a pr opósit o de la creat ividad.
Se t rat a del mismo ser, de iguales com port am ien­
tos. Es preciso, por lo t ant o, darse cuent a de que
la int ención de nuest ro aut or no es fundam ent al­
mente m édica. H em os vist o que conocía la fi sio­
logía de su t iem po y quizás de su escuela. Per o la
enferm edad y su descripción no son lo esencial en
su obra. Su int erés pr in ci pal se cent ra en ese ser
enferm izo y excepcional que es el m elancólico.
Per o la cuest ión que se nos plant ea es la siguient e:
¿cóm o la inconst ancia, cómo la variabilidad,
cómo los avat ares del m elancólico pueden expl i ­
car el esplendor, la creat ividad, el genio, t al y
como lo llam aríam os ahora?
Pienso que precisam ent e aquí radica el fondo
del problem a, con t odo lo que es preciso explici-
t ar e int erpret ar, porque no está dicho t odo, y aún
no se ha dicho nada, aunque t odo ha sido sugeri­
do, en una refl exi ón pr ofun da sobre la creat ivi­
dad. Pedim os perdón por la fealdad de este t ér ­
mino. ¿D ónde se halla el vínculo ent re t odos los
dom inios de la cult ura, del art e, de la act ividad
del ciudadano y la poesía? ¿D ónde se halla el vín ­
culo ent re t odos estos dom inios y el polim orfism o
y la inconst ancia del m elancólico?
N o es posible com prender est e t ext o más que
desde dent ro de un pensam ient o de la mimesis, de

46
la represent ación. Se t rat a de una noción difícil
de definir, que regula una de las maneras que t e­
nían los ant iguos de exam inar la creación. Crear
es im it ar. D e t odos es conocida la manera en que
Plat ón, just am ent e, condena el arte y lo reduce a
la represent ación. Sin duda se t rat a de algo m u­
cho más com plejo de lo que yo pueda explicar
aquí.37 El art ist a, el im it ador, se lim it a de hecho a
fabr i car ilusiones carent es de realidad. N o tiene
conciencia de ello, ni cont rola lo que hace. N o se
t rat a de un aut ént ico t écnico. Pret ende hacer t o­
dos los m uebles, t odas las plant as, t odos los seres
vivos y a sí m ismo; la t ierra, el cielo, los dioses y
t odo cuanto exist e en el cielo y en el H ades (596
c.d.).
El Problema X X X es una ensoñación a pr opósi ­
to de la creación, o más bien, como se diría ahora,
de la creat ividad, la capacidad de crear. N os dice
que la creat ividad consist e, en esencia, en una
pulsión a ser diferent e, en una irreprim ible incit a­
ción a convert irse en ot ra persona, a convert irse
en t odos los demás. Es pr eciso no perder de vist a
aquel t ext o de la Poética donde se nos dice: «El
arte poét ica pert enece al ser bien dotado por na­

37. Cf. por ej. Plat ón, República X, 595a y ss. Sobre los
autores que hablan de la m im esis, cf. Goran Sorbom , M im e­
sis an d art , Uppsala, 1966.

47
t uraleza ( euphyoûs) o al loco (manikoû) \ pues los
prim eros se m oldean fácilm ent e ( euplast oi ); los
ot ros se salen de sí m ismos ( ekst at ikoi ).» D icho
de ot ro m odo, se t rat a de dos m aneras de con ­
vert irse en ot ro. Uno puede est ar dot ado por n a­
t uraleza para m oldearse a sí m ismo y hacerse di s­
t int o; o bien será la locur a, es decir la salida de sí
mismo, la que le perm it irá acceder a lo que p r o­
piam ent e es la alienación, el hecho de con ­
vert irse en ot ro. El ser dot ado puede im it ar có­
m odam ent e; el ser loco se pr oyect a fuera de sí
mismo y puede ent onces adopt ar t odas las p osi ­
ciones de los demás, lo cual no es sino ot ra m a­
nera de im it ar. D e m odo que el ot ro, aquel en el
que uno se conviert e, no consist e precisam ent e
en la nada, sino en un personaje. En este sent ido
puede decirse que el Problema X X X suprim e la
alt ernat iva ent re el «bien dot ado» y el loco. Co ­
loca a ambos exact am ent e sobre un mismo plano
cuando dice: «aquellos que la poseen— esta m ez­
cla de la bilis negra— dem asiado calient e y abun ­
dante están bajo la amenaza de la locur a ( maní-
koi) y son dot ados por nat uraleza, pr open sos al
amor, fácilm ent e se dejan llevar por sus im pulsos
y deseos.» (954a 320). Con m ayor pr ecisi ón , el
Problema nos dice que «el bien dot ado» y el loco
revelan ser de un mismo t alant e nat ural, el
m elancólico. En t r e el ser bien dot ado y el loco ya

48
no exist e una oposición r adical; la diferencia es
sim plem ent e de gr ado.38
A sí pues, no es posible ser uno mismo en pr o­
fundidad y creador a la vez, más que siendo ot ro,
dejándose convert ir en ot ro; de esta manera uno
puede im it ar m ejor a t odos los personajes y a t o­
dos los seres. Yo puedo convert irm e en ciudada­
no, caudillo, est rat ega, legislador, poet a; pero
t am bién, volviendo a Plat ón, en el universo ent e­
ro, el pájaro que canta, el movimiento de las olas,
el m urm ullo del oleaje. Y es ent onces cuando se
siente que la locura puede apoderarse de uno.
Per o es preciso com prender que, en un pensa­
mient o de la mimesis, yo puedo expli car que el
poet a, el legislador y el est rat ega lo son por m ím i­
ca y represent ación. D esde este punt o de vist a, no
exist e diferencia ent re el poet a, mimo de mimos, y
el t alent o que un individuo cualquiera posee para
llegar a ser legislador, filósofo o poeta.

LA P O ESÍ A

La poesía no es más que una de las act ividades ci ­


t adas en el Problema XXX, ent re ot ras. Per o en

38. La Gran M oral I I , 1203b, establece, por el contrario,


una oposición entre «los calientes y bien dotados» y «los f r í­
os y melancólicos».

49
realidad, estoy persuadido de que la poesía se ha­
lla en el origen de esta m edit ación, y que es la
r eflexión a propósit o de la poesía y la t radición
de esta reflexión la que se conviert e en uni-
versalizadora, en ext ensible a t odas las act ivida­
des humanas. Par a cualquier act ividad, no im por­
ta cuál sea, el m ejor es el m elancólico. Est a
generalización const it uye, por ot ro lado, uno de
los rasgos caract eríst icos de nuest ro t ext o.
«Pues la poesía deriva de la inspiración» (éV&r
ou γάρ ή ποίησι ) — Ar ist ót eles, Retórica I I I ,
1408 b 19.— 39 Podr ía afirm arse que esta br eve fr a­
se resume t oda una concepción de la poesía. De-
m ócrit o y Plat ón, según nos t ransmiten Cicerón y
Clem ent e de Alejandría, habían afirm ado que na­
die podría llegar a ser un buen poet a sin un alien­
to inspirado com parable a la locur a.40 H em os t e­
nido ya ocasión de cit ar el Fedro y su dist inción de
los delirios. La poesía im plica inspiración, es de-

39. D e hecho, Aristóteles al reflexionar a propósit o de


ciertos efectos del lenguaje, dice que es así como hablan (en
prosa) los «entusiastas»; los oyentes reciben este lenguaje
cuando se hallan en el mismo estado. Por esta razón se ajusta
también a la poesía; pues la poesía es algo inspirado...
40. Diels-Kranz, B X V I I , X V I I I , cf. Les Présocratiques, ed.
establecida por J. P. Dumont con la colaboración de D. Delat­
tre y J.-C. Poirier, París, Pléiade, (NRF), 1988, p. 855. Sobre
Demócrito, cf. A. Delatte, Les conceptions de Γenthousiasm e
chez les ph ilosophes présocratiques, Paris, Belles Lettres, 1934.

50
cir, que una fuerza divina se apodere del poet a; da
lo mismo cuál sea, la M usa o Apolo, o bien un «sa­
lir de uno m ism o» más o menos definido. Lo esen­
cial est riba en com prender que reflexionar sobre
la poesía exige pensar simultáneament e en algo
dado, en algo de lo que el individuo no es respon­
sable, y en un arte, esto es, en una t écnica sabia,
así como en los géneros inst it uidos, que im plican,
por el cont rario, una educación y una m aest ría. Es
en esto en lo que se funda la crít ica que Plat ón
hace de la poesía en su diálogo lón, por ejem plo,
en el que Sócrat es dem uest ra a l ón que la poesía
no podría ser considerada como una verdadera
t écnica, puest o que el poet a no se halla en el or i­
gen de aquello que dice, que sus fuent es se hallan
fuera de él m ism o, que no podría, por t ant o, dar
razón de sus palabras, y que no es sino un eslabón
de la cadena im ant ada que va de las M usas a los
oyentes. Cosa que podría dar razón tanto del M a­
raco de nuest ro Problema XXX, del Fil égi da cit a­
do por Ar ist ót eles y clasificado con los locos (A di ­
vinación en el sueño, 4Ó4a-b), como t am bién, en el
lón de Plat ón , de aquel Tín ico de Calcis del cual
nada se sabe a excepción de que no había com ­
puest o nada digno de ser recordado «salvo aquel
fam oso peán que t odos cantan [ ...] y que, según
él mismo decía, era un hallazgo de las M usas»
(S34d)·

51
La poesía im plica un regalo fort uit o, como el
de las M usas a H esíodo coronado en el mont e H e­
licón: la gracia de los dioses, o si se quiere, una
violencia que procede de fuera de uno mismo y
que lo conviert e a uno en poet a, y sin la cual la po­
esía no exist e. Est e t elón de fondo de la t radición,
rápidam ent e evocado, nos bast a para m ost rar
cuáles son las líneas maest ras del Problema XXX.
Gr aci as a la causalidad física de la bilis, este t ext o
nos dice que lo que hace falt a sim plem ent e es una
violencia y un don nat ural, pero que el O t ro está
en nosot ros. Reem plaza la grat uidad de la elec­
ción divina por el azar de la mezcla que nos cons­
t it uye. Ya no se t rat a de un problem a de elección
divina, sino de un asunt o de fisiología. D ios no
habla por nuest ra boca, sino que son las condicio­
nes de nuest ro cuerpo las que nos det erm inan a
hablar. Se t rat a de una respuest a a aquella cues­
t ión de la Poética ant igua que ilust ra el tema de la
inspiración, palabra que para nosot ros se ha con­
vert ido en una sim ple convención y en una m ane­
ra de despachar el problem a que t ant o excit aba a
los ant iguos: ¿cóm o consigue la i nspiración p r o­
ducir sent ido a part ir de la violencia? ¿Cóm o se
las arregla para, a par t ir de la fuerza, desem bocar
en la coherencia? ¿Cóm o const ruir un ser a part ir
de lo dado?
Aquello que hemos dado en denom inar etho-

52·
poiesis de la bilis negra, el modelado de los com­
portam ient os y de los caract eres que produce en
nosotros este humor, puede explicar, como ya he­
mos vist o, la apt it ud de un individuo o individuos
para convert irse en tal o cual personaje. En lo que
respect a a la dinámica, la capacidad de ser un per­
sonaje, ya sea en la vida real, ya en la represent a­
ción de la vida que supone la poesía, la bilis negra
la explica t ambién por la exalt ación necesaria que
puede llegar hasta la locura, y.que se manifiesta en
las cualidades part iculares del sentido de uno mis­
mo, en las relaciones del individuo con su thymos.
El l o result a com prensible en el seno de una
concepción de la creación como mimesis, como
reproducción. Per o, desde el punt o de vist a de la
poesía misma, y de las relaciones de las que ven i­
mos hablando ent re el don nat ural y la t écnica, el
Problema X X X no dice nada. Se t rat a, sin em ­
bargo, de una cuest ión que, a nuest ro parecer, fue
plant eada por el arist ot elism o; y ya hemos dem os­
t rado en ot ra ocasión que podrían t enderse puen­
tes ent re t rat ados diversos y señalar un vínculo
posible ent re la fisiología y la ret órica, ent re el hu­
mor y el t ropo, la figura ret órica.4’ H em os de-

41. Cf. nuest ro art ículo Une ph y siologie de l ’in spiration


poétique: de l’h um eur au trope, en Les Etudes Classiqu es,
t om o X L V I , 1,19 78, pp. 23-31.

53
m ost rado que la mezcla de la bilis negra, el t em­
peram ent o m elancólico, es el t em peram ent o m e­
t afórico. Un pasaje difícil de Adivinación en el
sueño lo deja bien claro (4Ó4a-b). A l l í el m elancó­
lico es com parado a un arquero que, gracias a su
fuerza, dispara desde lejos y aciert a en el blanco.
Es preciso not ar aquí que, si bien la proposición
«hay que disparar desde lejos para dar en el blan­
co» no es una ley de la balíst ica, puede muy bien
ser una ley de la Poét ica. N os hallam os, escr ibía­
mos ent onces, ante una idea t egi a de la creación
poét ica. N o exist e un punt o de vist a desde el cual
cont em plar el paisaje, desde el que apunt ar a la
diana, desde el cual det erm inarla. Es preciso dis­
parar, y para ello hay que t ener, antes que nada, la
fuerza necesaria para hacerlo. Par a hablar como
los ant iguos, no exist e a pr ior i un derecho de la
m et áfora. El derecho viene después, para exam i­
nar la legit im idad, que será lo que det erm inará si
la m et áfora era buena. Arist ót eles, en la Poét ica,
escribe que la poesía es más filosófica que la his­
t oria, que su esencia consist e en crear m et áforas,
y que hacer m et áforas es cont em plar lo parecido
(i4ib-i459a). La poesía consist e en desplazar los
nom bres para poner así en evidencia el parecido
ent re las cosas, en desvelar las relaciones, en r eve­
lar el ser. D esde que el m undo es m undo, las cosas
han mant enido una relación ent re ellas que hu­

54
biese podido, de no ser por el poet a, quedar ocul­
ta. La genialidad de la reflexión arist ot élica est ri­
ba en que ha sabido señalar el vínculo exist ent e
ent re un hum or part icular y un t ropo específico,
la m et áfora. Exi st en m elancólicos que son esen­
cialm ent e poet as gracias a la fuerza de sus m ovi­
m ient os. Se nos ofrece la posibilidad, dentro del
Corpus arist ot élico, de enlazar una idea precisa de
la poesía con una concepción precisa de la fi si ol o­
gía. El disparo de la m et áfora es una función de la
fuerza del hum or bilis negra.

¿D E D Ó N D E VIENE N U EST R O TEXTO ?

Est a pregunt a carecía de sent ido antes de haber


com ent ado la obra. ¿Se pueden aport ar ahora ele­
ment os de respuest a?
Todo cuant o llevam os dicho, así como las r efe­
rencias que hem os aport ado, demuestran clara­
mente que nos hallamos inm ersos en un universo
de pensam ient o arist ot élico. H ay quien ha creído
que podría evocarse al propio Arist ót eles. En
efect o, de acuerdo con la más ant igua de las listas
de sus obras, la de D iógenes Laer ci o,41 sería él
quien habría escrit o los Problemas. Podríam os4 2

42. Diógenes Laercio, V ida de los filósofos ilustres V, 23.

55
definir los Problemas como una form a pedagógica
de exposición rápida por m edio de pregunt as y
respuest as. Est o habrá de convert irse en un géne­
ro filosófico o «cient ífico». Tam bién se ha consi­
derado que uno podría servirse del hecho de que
Cicerón en sus Tusculanas, o Séneca en su De
tranquilitate animi, claram ent e aluden a nuest ro
t ext o, cit ándolo incluso, y lo at ribuyen a A r ist ót e­
les.43 Per o Arist ót eles puede designar lo mismo a
un discípulo que al m aest ro, y el conocim ient o
que en esa época se t enía del Corpus arist ot élico
no garantiza en absolut o una at ribución tan pr eci ­
sa. La ot ra hipót esis es la que im plica a Teofrast o,
su gran discípulo. Se ha señalado, desde hace mu­
cho t iem po, que el Problema X X X hace alusión a
un escrit o a propósit o del fuego. Pues bien, la list a
de D iógenes cita ent re las obras de Teofr ast o un
t rat ado D el fuego en dos libros (V, 45). Con serva­
mos además un libelo Sobre el fuego que se acaba
con la prom esa de volver sobre el tema de un
m odo más pr eciso.44 Por ot ro lado, Teofrast o,
siem pre según D iógenes, escribió num erosos l i ­
bros consagrados a Problemas (V, 45, 47, 48, 49)
que se ocupaban de la polít ica, la m oral, la física,

43. Ci cerón , Tuse. Disp. I , 33; Séneca, De tran quilitate


an im i , 15.
44. Cf. T h eoph rasti Eresii opera..., ed. Fr i d er i cu s W im-
m er, Par ís, D i dot , 1866, p. 364.

56
el amor. Es aut or asimismo de un t rat ado sobre la
Melancolía (V, 44). Se int eresó por cuest iones mé­
dicas al escr ibir sobre la epilepsia, el ent usiasmo
(V, 43), los vért igos (V, 44),4S las enferm edades
«pest ilent es» (V, 44), la em briaguez {ibidem), la
parálisis, el sofoco (V, 45), el delirio, el sueño y los
sueños (V, 45). Las cuest iones de poét ica no le son
ajenas. D iógenes m enciona dos t rat ados suyos so­
bre la Poética (V, 47; V I , 48).
Q ueda algo por añadir aún. N o podríam os en
m odo alguno olvidar el t est im onio de Diógenes
Laer ci o que nos t ransm it e un juicio de Teofrast o
a propósit o de H eráclit o. «Teofrast o afirm a que
es la m elancolía la causa de que algunos de sus es­
crit os estén inacabados, y los demás carezcan de
un idad.»4 46 Es im port ant e dest acar que aquí Teo­
5
frast o emite un juicio lit erario, est ét ico, sobre la
obra de H er ácli t o, a quien precisam ent e se ha
dado en denom inar «el oscuro» en razón de su es­
t ilo, y que expli ca dicho est ilo por l a fisiología. Se
t rat a de una act it ud perfect am ent e coherent e con
el espírit u que anima el Problema XXX. De hecho,
nada im pide que este comienzo del Problema
X X X no sea obra de Teofr ast o. Es preciso obser ­

45. Con ser vam os los fragm ent os sobre la fat iga, el vért i­
go; cf. op. cit., pp. 398 y 401.
4 6. V ida de H eráclito, Diels-Kranz I, p. 140.

57
var t ambién que «cada línea del t ext o revela una
perfect a concordancia de ideas y de form a con las
enseñanzas de A r ist ót eles».47 Est e t ext o responde
a preocupaciones aut ént icam ent e peripat ét icas y,
si he de dar mi opinión, yo creo que se rem ont a a
una época muy ant igua.

EL EST ILO DEL TEXTO J

Est e t ext o es ext rem adam ent e jovial y vivo en su


di scurrir, en esa m anera audaz de plant ear los
problem as que nos deleit a. H a hablado a genera­
ciones ent eras, y está por ver que no siga sedu­
ciendo t odavía. H em os int ent ado en lo posible
respet ar la form a de la frase, su rit mo. Evi d en t e­
ment e, se t rat a de un t ext o escrit o a vuelaplum a,
una refl exi ón rápida, con una int roducción b r i ­
llant e, y una t ent at iva de dem ost ración «r i gur o­
sa», donde convergen las evidencias de la «física»
cont em poránea. En r ealidad las dem ost raciones
se hacen a base de int uiciones, de ejem plos, de
analogías, de «evidencias» que quieren pasar por
argum ent os. La dificult ad est riba en los saltos
que dan los razonam ient os. Es decir, en el hipér-

47. Jean n e Cr oissant , Arist ot e et les M ystères, L i eja, Pa­


rís, 1932, p. 78.

58
bât on; pero no en el asíndet on. El salt o se pr odu­
ce en el pensam ient o; jamás en los encadenam ien­
t os, que no falt an, pero que ciert am ent e nos sor­
prenden; evident em ent e está falt o de eslabones.
El pensam ient o avanza con prest eza. Es elípt ico.
Si t uviésem os que definir este estilo de acuerdo
con el Problema XXX, diríam os que es el de un
m elan cóli co... Est o hace que el t ext o no siem pre
result e fáci l de ent ender.

EL LU GAR DEL «P R O BL E M A XXX»


EN LA H IST O R IA DE LAS IDEAS

Const it uiría una inm ersión ext raordinaria en el


im aginario cult ural t razar una hist oria sistem át ica
de la supervivencia del Problema XXX. Sería ade­
más una lar ga hist oria; y sería preciso no cont en­
t arse sim plem ent e con las citas del Problema
XXX, sino exam inar de qué manera es, depen­
diendo de cada cont ext o, explot ado e int er pr et a­
do.
Ant es que nada, es preciso decir que const it uye
uno de los com ponent es de la propia noción que
t enemos hoy de la melancolía. Creo que es preciso
no perder de vist a el hecho de que nuest ra m elan­
colía occident al se ha form ado a part ir de la con­
fluencia de t res t radiciones que han sedim ent ado

59
y se han ent rem ezclado de diversas m aneras, pero
que es posible dist inguir. En prim er lugar encon­
t ramos aquello que podríam os denom inar el acta
de nacim ient o de la m elancolía como enferm e­
dad. La t radición ha dado, en efect o, un estatuto
jurídico y fundador A Aforismo 23o del libr o V I de
los Aforismos de H ipócr at es: «Si la t risteza
(dysthymía) y el llant o duran largo t iem po, t al es­
t ado es m elancólico» (μελαγχολίκόν τό roeoír
τον) \ ent endamos que un tal est ado deriva del hu­
m or bilis negra o bien del caráct er negro de la
bilis. H e est udiado durant e largo t iem po lo que
me parecía int eresant e de esta const rucción par a­
t áct ica de la definición, es decir, que no aclara si
lo uno es causa de lo ot ro, si los sent im ientos de­
sencadenan la bilis negra, o bien es a la inversa; lo
cual perm it e lect uras diferent es según las pr efe­
rencias.48
La segunda fuent e la const it uye nuest ro propio
t ext o del Problema XXX. La t ercera nos la pr o­
porcionan las Cartas del pseudo-H ipócrat es, esa
especie de novela epist olar que podría dat arse en
la segunda m itad del siglo prim ero a.C. Las pr in­
cipales cartas cuest ionan el com port am ient o de

48. La M aladie de l'âm e, op. cit., pp. 122 y ss. Cf. t am bién
Prolégom èn es à une h istoire de la m élan colie, en Histoire,
Econ om ie et Société, 3e année, 4e t rim est re, 1984, pp. 501-510.

60
D em ócrit o, que inquiet a a los habit ant es de Ab-
dera. Se ha ret irado al lugar más selvát ico de la
nat uraleza, se dedica a disecar animales y se ríe de
t odo.495
0Se le consult a la opinión a H ipócrat es. La
larga Carta 17 a D am aget o ha sido cont inuam ent e
cit ada a lo lar go de los siglos, como un t est imonio
sobre el sent ido de la locura, y en part icular de la
m elancolía. Recordem os que se recurre con fr e­
cuencia a ella en el pr efacio al lect or de aquel que
se aut odenom ina precisam ent e «D em ocrit us ju ­
nior», alias R. Bur t on .s° El problem a est riba en
dist inguir al sabio del loco; pues ocurre que am­
bos t ienen el mismo com port am ient o. «A menudo
les ocurren a los melancólicos cosas de este t ipo:
en ocasiones se m uest ran t acit urnos, solit arios,
buscan los lugares desiert os; se apartan de los
hom bres, m iran a su semejant e como a un ser ex­
traño; pero t am bién aquellos que se consagran a
la sabiduría pierden t odas las ot ras pr eocupacio­
nes a causa del est ado de la sabiduría», escribe el
pseudo-H i pócr at es.51 Y Rufo de Efeso, m édico
griego cont em poráneo de Trajano, se hace eco de
sus palabras: «Los m elancólicos se ent ret ienen en

49. A pr opósi t o de est as cart as, cf. La M aladie de l'âm e,


op. cit., pp. 452 y ss. Est án edit adas p or Li t t r é, I X L 312-429.
50. Cf. J. St ar obi n sk i , Dém ocrite parle, en Le Débat n.° 29,
m arzo 1984, pp. 49-72.
51. Carta a Filopem en o, I X L 320.

61
los lugares solit arios y huyen de los hom bres sin
razón; lo mismo les ocurre a los hom bres con bue­
na salud cuando quieren dedicarse a invest igar
algo, que t oman precauciones respect o a cosas
que valen la pena.»51
N o es este el lugar para ver cómo se tejen y se
dest ejen t odos estos t emas, cómo se const it uye un
discurso m édico-filosófico en t orno a la me­
lancolía, que sin duda es la noción en la que fi l ó­
sofo y m édico pueden encont rarse (desde el m o­
mento en que la m elancolía im plica la relación del
alma con el cuerpo y la relación del individuo con
el ot ro, con la sociedad). Per o es algo prodigioso
el ver con qué const ancia, en el t ranscurso de los
siglos, vuelven una y ot ra vez estos t ext os, que
constit uyen los cimient os de lo que yo llam o con
frecuencia nuest ra ensoñación de cult ura, la orga­
nización de nuest ro im aginario cult ural.
El Problema X X X no es el prim er t ext o que
pone de relieve el nexo exist ent e ent re una física o
una fisiología y el est ado del pensam ient o. N o hay
más que pensar en la Enfermedad Sagrada, o i n ­
cluso en el t rat ado de los Vient os del Corpus hípo-
crát ico, que proponen una relación ent re un de­
t erminado estado fisiológico y el pensam ient o, el 5 2

52. Cf. Rufo de Efeso, De cogit atione melancólica, en


Opera, ed. D arem ber g-Ruelle, Par ís, 1879, p. 456.

62
sent ido, o el buen sent ido. D esde el punt o de vis­
ta fi losófico y m édico (pues no hay que olvidar la
im port ancia de Plat ón en la t radición m édica), es
preciso sin duda alguna cit ar la r eflexión del 77-
m eo. Per o en lo que concierne a Plat ón, M arsilio
Ficin o apunt a un t ext o im port ant e, puest o que en
él Sócrat es, al describir a Teet et o, da las i n dica­
ciones sobre aquello que constit uye el nat ural
habit ual del hom bre de talent o. «Las personas
que t ienen su rapidez, su vivacidad de espírit u, su
mem oria, por regla general se dejan llevar por la
cólera en seguida; se precipit an y son llevados
como los barcos sin last re; por el cont rario, aque­
llos que son más ponderados se muestran lent os y
llenos de olvido al dedicarse a los est udios» (144a-
b). Teet et o, según Sócrat es, es capaz de conciliar
estas dos nat uralezas cont radict orias. Ficin o tiene
razón cuando cit a el T eet et o y el Fedr o como p r e­
decesores del Pr obl em a X X X . «Arist ót eles cor r o­
bora este punt o: t odos los hom bres», afirm a,
«que han sobresalido en algún t erreno, han sido
m elancólicos. Con ello, Arist ót eles ha confirm ado
una célebre fórm ula de diálogo de la Ci en ci a de
Plat ón, según la cual los hom bres de genio se de­
jan llevar por regla general fuera de sí mismos.
D em ócrit o t am bién lo dice: no podrían exist ir los
genios más que ent re los hom bres afect ados por
algún furor. Es esto lo que nuest ro m aest ro Pl a­

63
tón parece pr obar en su Fedr o...»Vl Est e resumen
de Ficin o result a de enorm e int erés, en la medida
en que aúna las reflexiones sobre la fisiología,
entendida como una nat uraleza part icular, el talen­
to y la inspiración; pero es preciso no olvidarse
de la novedad que aport a el Problema XXX, es de­
cir, la caract erización de esta nat uraleza part icu­
lar como m elancólica, la at ribución a un humor
part icular, la bilis negra, de esta ext raordinaria
capacidad para m odelar los seres. Sin duda es esta
sim plificación del problem a, así como esta det er­
minación del hum or, lo que confiere a este t exto
el aire soberbio y provocat ivo que le hará at rave­
sar los siglos. Lo hemos vist o cit ado por Cicerón y
Séneca. Pero el m édico Rufo de Efeso, gran espe­
cialista en la m elancolía, t am bién lo conoce. Est o
se percibe cuando dice que el deseo de coit o en la
melancolía anuncia vient os m elancólicos (pues el
movimiento de la bilis negra se acom paña de vien­
tos) y que aquellos dot ados de un espírit u sut il y5 3

53. M ont aigne escribe: «Et com m e Plat on dict que pour
néant hurt e à la port e de la poési e un hom me rassis, aussi dit
Arist ot e que aucune âme excelen t e n ’est pas exem pt e de
meslange de folie. Et a raison d ’appeler fol i e t out eslance-
ment, tant louable soit -il, qui surpasse nost re pr opr e juge­
ment et discours. D ’aut ant que la sagesse c’est un m aniem ent
réglé de not re âme, et qu ’elle conduit avec m esure et p r op or ­
tion, et s’en respond.» (Les Essais I I , 2, ed. Q uadr ige, Par i s,
PU F, 1988, p. 347).

64
una gran int eligencia caen con frecuencia en la
m elancolía, puest o que son rápidos de m ovim ien­
tos, poseen una enorm e facilidad para la ant icipa­
ción (es así com o t raducim os el lat ín pr aem edi t a-
t io), y para im aginar {i m agi n at i o) ,H N o se t rat a
aquí de hacer un invent ario de las ut ilizaciones
del Pr obl em a X X X , pero ent re t odos aquellos que
lo cit an y que se inspiran en él, quisiera hacer una
mención especial a H uart e de San Ju an y su Ex a­
m en de i n gen i os par a las ci encias. La prim era r a­
zón es que el Pr obl em a X X X aparece cit ado allí
con fr ecuen ci a.”
El ext raordinario éxit o que alcanzó, en t oda la
Eur opa de los siglos X V I I y X V I I I , esta obra de
H uar t e const it uye un inst rum ent o del conoci­
m ient o del Pr obl em a X X X y de su divulgación.
Los pasajes sobre las Sibilas, M araco el Siracusa-
no, la afirm ación de que el genio y la m elancolía
van unidos, son cit ados con frecuencia a t ravés de
él, como se ve en M oreau de Tours, el psiquiat ra
francés del siglo X I X , a quien volverem os a refe- 5 *
4

54. De cogit atione melancólica, op. cit., p. 457.


55- 15 veces, 16 si añadim os el capít ulo V de l a últ im a ed i ­
ción. Cf. nuest ro art ículo Fat alisme des tempéraments et l i ­
bert é spirit uelle dans l ’Examen des Esprit s de H uart e de San
Juan, en Lettérat ure, M édecine et Société, U niver si t é de N an ­
tes, n .° 1, 1979, pp. 115-158. El Problema X X X es cit ado en su
t ot alidad (6 veces en el pasaje que viene a cont inuación del
nuest ro).

65
rirnos más adelant e. La segunda razón es que la fi ­
nalidad del libr o de H uar t e se corresponde com ­
plet am ent e con la problem át ica del Problema
XXX. La obra viene a ser una am pliación y una
sist em at ización del mismo. ¿A qué t em peram en­
to, a qué nat ural corresponde éste o aquel t ipo de
est udios y det erm inado oficio, incluido el oficio
real? D e modo que los educadores, los padres,
t endrían que adapt ar el t em peram ent o que dest i­
nan a un det erm inado t ipo de saber a este mismo
saber. Per o, en el fondo, lo que int eresa a H uart e
es la creat ividad en los diversos cam pos, la
product ividad. H ace un mom ento hemos int ent a­
do m ost rar la im port ancia de la m elancolía en el
pensam ient o de H uart e. A las figuras de Em pédo-
cles, Sócrat es y Plat ón que encont ram os cit adas
en nuest ro t ext o, H uart e añade la del sant o pr edi ­
cador, la de san Pablo, que él int erpret a de acuer­
do con el Problema XXX. Cuando D ios quiso for ­
mar un hom bre «en el vient re de su m adre», que
fuese hábil para descubrir al m undo la venida de
su hijo, «haciéndole de grande ent endim ient o y
m ucha im aginat iva, forzosam ent e— guardando el
orden nat ural— le sacó colérico adust o».56

56. H u ar t e de San Ju an , Examen de ingenios para las cien­


cias, prim er a edición 1575; cf. ah ora l a ed. de Est eban Tor r e,
M adr i d 1977. El t ext o fue t r aduci do al francés por G. Chap-
puis ya en 1580. L a m ejor t r aducción fr an cesa es la de Vi on

66
EL «P R O B L E M A X X X »,
O CÓ M O LIBR A R SE DE ÉL

Est a podría ser una m anera de abordar uno de los


aspect os de la hist oria de la psiquiat ría. En su ar­
t ículo D e la l ypém an i e ou t n él an col i e de 1820, Es­
quirol adopt a buenas decisiones. La m elancolía es
una palabr a gast ada, una noción dem asiado «lit e­
raria», como se diría hoy, y muy vaga además. Es
preciso dar con una nueva denom inación y con
una nueva definición. «Le mot m élancolie, consa­
cré dans la langage vulgaire, pour exprim er l ’état
habit uel de t rist esse de quelques individus, doit
être laissé aux m oralist es et aux poèt es qui, dans
leurs expressions, ne sont pas obligés à autant de
sévérit é que les m édecins.»57 La lipem anía «est
une m aladie cérébrale caract érisée par le délire
part iel, chronique, sans fi èvr e, ent ret enu par une
passion t rist e, débilit ant e ou oppr essi ve».58 Es-

D al i br ay, 1645. L a obra con oció 24 edi cion es fr an cesas ent re


1580 y 1675, 7 edi ciones it alian as, 6 edi cion es in glesas, 3 ed i ­
ciones lat i nas, una edi ción holandesa. L essi n g t radujo a
H uar t e en 1752. Cf. el l ibr o de M . de I r i ar t e, El doctor Hitarte
de San Juan y su examen de ingenios. Cont ribución a la histo­
ria de la psicología diferencial, M adr i d , 1948 (3a ed.).
57. Par a m ayor com odidad cit am os el art ículo de Esqu i ­
r ol por la edi ci ón D e la lypémanie ou mélancolie, pr ésen t a­
t ion par F. Féd i d a et J. Post el , Tou l ou se, Pr i vât , 1976.
58. O p.cit ., p. 85.

67
quirol describe al individuo enferm o en su inm o­
vilidad, su inact ividad, su t orpeza, su pena. Las
secreciones ya no t ienen lugar. Algunos m elancó­
licos se niegan a comer. El pulso es débil, concen­
t rado. «L ’im m obilit é du corps, la fi xit é des traits
de la face, le silence obst iné t rahissent la cont en­
t ion douloureuse de l ’int elligence et des affec­
t ions. Ce n ’est pas une douleur qui s’agit e, qui
se plaint , qui crie, qui pleure, c’est une douleur
qui se tait , qui n ’a pas de larm es, qui est im pas­
si ble.»’9 Un poco más adelant e, Esquir ol habla
de las ilusiones y de las alucinaciones de estos
enferm os. «I ls associent les idées les plus dispa­
rates, les plus bi zar res...»; lo cual reclam a aún
más nuest ra at ención.5 60 Per o la int uición se con­
9
viert e en cert idum bre cuando leem os: «I ls sont
t rès propres à la cult ure des arts et des sciences;
ils ont peu de mém oire, mais leurs idées sont for ­
t es, leurs concept ions vast es; ils sont capables de
profondes m édit at ions [ ...] ces individus sont
essent iellem ent disposés à la lypém anie: ce qui a
fait dire à Arist ot e que les hommes de génie, les
grans législat eurs sont ordinairem ent m élancoli­
ques. M ahomet , Lut her, le Tasse, Cat on, Pascal,
Chat t ert on, J.- J. Rousseau, Gi l ber t , Alfi er i , Zim ­

59. Op. cit., p. 93.


60. Op. cit., p. 94.

68
mermann, et c., confirm ent l ’opinion d ’Arist ot e
qu’il avait just ifiée par son pr opre exem ple...»61
Se ve que result a bast ant e difícil dejar a un lado la
lit erat ura, el mito. Per o es en M oreau de Tours
donde el Pr obl em a X X X recobra su sent ido y co­
herencia, en t orno a su reflexión sobre La
psych ol ogi e m or bi de dans ses r appor t s avec la p h i ­
losoph i e de l ’h i st oi r e ou de l ’i n fl u en ce des n évr o­
pat h i es su r l e dyn am i sm e i n t el l ect u el .6l M oreau,
en la elaboración del pensam ient o m ítico de su
obra, no se sirve del Pr obl em a X X X como lo haría
un fi lólogo o un hist oriador. M ás bien reencuen­
t ra la imaginación peripat ét ica. El pseudo-Arist óte-
les, que M oreau cita a través de H uart e, propone,
según él, una t eoría organicist a inm ediat am ent e
asim ilable par a la gente del siglo X I X , present an­
do el pensam ient o como una consecuencia del es­
t ado del cuerpo. «L ’excit at ion m aniaque pr éd i s­
pose éminemment les facult és de l ’esprit à une
associat ion d ’idées im prévues, à un r appr oche­
ment singulier qui fr appen t l ’at t ent ion, éveillent
fort em ent les passions.»63 La poesía aclara las r e­

di. O p.cit ., p. 109.


62. Par i s, M asson , 1859; cf. nuest ro art ículo Le génie et la
folie: Ét ude sur la «Psychologie morbide...» de J. Moreau de
Tours, en Lit t érat ure, M édecine et Société, n .° 6 , pp. 1-28,
reedi t ado en Evolut ion psychiatrique.
63. Op. cit ., p. 389.

69
laciones que se est ablecen ent re el genio y la locu­
ra. Y N erval, incident alm ent e, reencuent ra a M a­
raco el Siracusano. Per o exist e además ot ra obra
de M oreau, donde, aunque no cita el Pr obl em a
X X X , opino que se refiere a él. Se t rat a del fam o­
so D u haschich et de ΐ al i én at i on m en t al e.6* Según
M oreau, la experiencia del hachís da lugar a una
serie de sucesos que r eproducen, de un m odo at e­
nuado, t odas las form as de la locura, em pezando
por una sensación de bienest ar (pp. 53 y ss.), des­
pués una excit ación, seguida de una disociación
de las ideas, así como de una incapacidad para
m ant ener la at ención sobre una idea (pp. 59 y ss.);
uno se equivoca a pr opósit o del t iem po y del es­
pacio, la sensibilidad del oído se desarrolla, etc.
El hachís tiene la pr opiedad de pr oporcion ar la
experiencia, lim it ada en el t iem po y sin daños ex­
cesivos, de t odos los est ados de la locura, sin la
cual uno no podría com prender al loco. N o quie­
ro con ello decir que M oreau haya t om ado en
prést am o el an alogon del hachís al del vino; pero
como buen aficionado al Pr obl em a X X X , sin duda
debió alegrarse al reencont rarlo ent re estas dos
experim ent aciones «farm acodinám icas».6 4

64. Par ís, 1845.

70
Ú LT I M O V I ST A Z O AL «P R O B L E M A X X X »

El Pr obl em a X X X pl an t ea de un m odo in sist en t e,


com o hem os d i ch o, el pr obl em a de la r elaci ón en ­
t r e la fi si ol ogía y los com por t am ien t os. En ciert a
m an er a, p od r íam os ap l i car l e el t ít ulo de una de
las obr as de Gal en o: Q u e las pot en ci as d el alm a
son la con secu en cia de las m ezclas d el cu er po ,6s
Evi d en t em en t e se t r at a de un t ext o m uy i m p or ­
t ant e. Per o pl an t ea la cuest i ón en los t ér m in os pa-
r oxíst i cos, d r am át icos, de la r elaci ón en t re un h u ­
m or p ar t i cu l ar y la cr eat i vi d ad del hom br e. Pues
n ot em os de paso que se t r at a de los h om br es
{ â vô p eç ).6 566 ¿Cóm o es p osi b l e que est e h um or,
est e r esi d u o, p u ed a con ver t i r a un h om br e en ge­
n ial y cr eat i vo? Pr eci sam en t e por m edi o de su f a­
cult ad de est ar en un m ism o inst ant e m uy fr ío y
m uy calien t e. Est a cu al i d ad físi ca con fi er e a aquel
que est á i n vad i d o de b i l i s n egr a, acciden t alm en t e,
d ebi d o a un a en fer m ed ad , o bi en de p or vi da,
pu est o que se t r at a de alguien de n at ur aleza
m el an cól i ca, un os com por t am ien t os específicos.
Est o i n au gu r a un a en soñ ación sobr e l a subst an ci a
de l a b i l i s n egr a que Gal en o d esar r ol l ar ía m ás t ar ­

65. I V K 767-822.
66. L a fuen t e l ír i ca de la m elancolía, Safo, perm anece au­
sente.

71
de. Q ueda i m plícit o en est e b r eve t ext o del Pr o­
blem a X X X , y no con st i t uye en absolu t o su
pr op ósi t o, el pr obl em a de la l i b er t ad y de la el ec­
ción. Cab e d eci r que l a i n est abi l i d ad del m el an có­
l i co, su facu l t ad de ser t od os los dem ás, pu ed e p a­
l i ar el det er m in ism o de su t em per am en t o. L a
i n est abi l i d ad , de algún m od o, se t r an sm ut a en i n ­
d et er m i n ación , al t i em po que aquel la ocu pa el l u ­
gar de la li ber t ad .
En cuant o a l a cr eat i vi d ad , vol vem os a r ep et i r ­
l o, por qu e pen sam os que es i m por t an t e, no se
com pr en de si no es en el m ar co de un a t eor ía de
la creaci ón com o m i m esi s, com o r epr od u cci ón .
Per o qui si er a dar un úl t im o vi st azo a est e m elan ­
cól i co que n os d escr i be el Pr obl em a X X X . Est oy
per su ad i d o de que lo que se nos qui er e d eci r , an ­
t es que n ada, es que l a m elan colía no es n ecesar i a­
m ent e una en fer m edad. Pod r ía ar gum en t ar se,
desde l u ego, que si l a dyst h i m ía y el m iedo van l i ­
gados a la b i l i s n egr a, t al y com o afi r m a H i p ó cr a­
t es, ello no r epr esen t a, n i de l ejos, t od os los est a­
dos que van li gad os a la b i l i s n egr a. L a ser en i d ad ,
la exal t aci ón , así com o t od os los dem ás com por ­
t am ient os d escr i t os, t ien en su or igen en l a bi li s
n egr a. Per o es pr eci so d i st i n gu i r esen ci al m en t e
en t re el efect o pat ol ógi co d ebi d o a l a b i l i s n egr a y
l a m ezcla i nn at a de la b i l i s n egr a que con for m a la
n at ur aleza de un h om br e: el h om br e de l a b i l i s ne-

72
gra, el m elan cóli co. Ést e, en m ayor m edi da que el
r est o, est á am enazado por las en fer m edades de la
b i l i s n egr a. Per o exi st e una r egu l aci ón , un equ i l i ­
b r i o p osi b l e del m elan cóli co. ¿Cóm o? Po r ejem ­
p l o, cuan do espon t án eam en t e se det iene un at a­
que de b i l i s n egr a (es así com o n osot r os hem os
en t en d i d o 954a 39); o cuan do con fluyen un est ado
de bi li s n egr a y det er m i n adas cir cun st an ci as (si
un est ado de exal t aci ón coi n ci d e con un a ci r cu n s­
t an cia que en fr ía); p or m edio de un equ i l i br i o en ­
t r e fr ío y cal or que pu ede ser espon t án eo, o bien
d eber se a los cu i dados, y una cir cu n st an ci a det er ­
m in ada. A sí, el m elan cóli co es un h om br e fr ági l,
en cuan t o que i n est abl e. Per o est a i n est abi l i d ad le
con fi er e l a p osi b i l i d ad , com o diríam os ahora, de
exp r esar se a t r avés de com por t am ien t os m últ i ­
p l es. ¿Q u i er e est o d eci r que creaci ón y locu r a han
de ser dos est ados n ecesar i am en t e l i gad os ent re
sí? D esd e l u ego que no, y ahí t en em os el t ext o
p ar a d em ost r ár n oslo. Exi st en por supu est o casos
ext r em os com o M ar aco el Si r acu san o que m er e­
cen ser cit ad os. Per o si l a cr eaci ón t i en de a la m o­
vi l i d ad del m el an cól i co, el caso lím it e del ek -st asis
no es cier t am en t e una con d i ci ón n ecesar i a. L a
t r ad i ci ón , su r gi d a en par t e a r aíz d el Pr obl em a
X X X , que h ace de l ocu r a y gen io una par eja fat al,
no con st i t uye m ás que un a l ect u r a par ci al de est e
t ext o.

73
BI BLI O GR AFÍ A SU M A R I A

A r i st o t el i s, quae fer unt ur Problemat a Physica, ed . C.


Ru el l e, r eco gn o v i t H . K n o l l i n ger , ed i t i o n em ... cu-
r av i t J. K l eek , 1922
Arist ot le, Pr oblem s I I , books X X I I -X X X V I I I , with an
English translation by W .S. H ett, M .A., Loeb Clas-
sical Library, 1965, pp. 154-169.
A r i st o t el e, La «melanconia» dell’uomo di genio, a cu r a d i
Car i o A n gel i n o ed En r i ca Sal van esch i , Gen o v a, 1981.
H . Flashar, Pr oblem at a, Übersetzung und Kommentar
in Ar ist ót eles, Gesamtausgabe, Bd X I X , Berlín,
Akademieverlag.
— M elancholie undM elancholiker , Ber l ín , W . d e G r u y ­
t er , 1966.
R. K l i b an sk y , E . Pan o f sk y , F . Sax l , Sat urn and M elan-
choly, C am b r i d ge, 1964.
W . M ü r i , M elancholie und schwarze Galle, i n M u séu m
H el v et i cu m , 1953, f ase. 1, p p . 21-38.
J. Pi geau d , La M aladie de l ’âme. Ét ude sur la relat ion
de l ’âme et du corps dans la t radit ion m édico-philo­
sophique ant ique, Par i s, Bel l es L et t r es, 1981.
— Foli e et cures de la f o l i e chez les médecins de la A n t i ­
quit é gréco-romaine. La manie, Paris, Belles Let t res,
1987.
— LLne physiologie de l ’inspirat ion poét ique: de l ’hu­
meur au t rope, en Les Ét udes Classiques, tomo
X L VI , i , 19 78, p p . 23-34.
— Prolégom ènes à une hist oir e de la mélancolie, en H is­
toire, Econom ie et Sociét é, 1984, p p . 501-510.

75
J. St ar o b i n sk y , H ist oir e du t rait ement de la mélancolie
des origines à içoo, Basi l ea, i 960.
— Trois Fur eurs, Par i s, G al l i m ar d , 1974.
H . T el l en b ach , La M élancolie, t r ad . f r an cesa, Pr esses
U n i v er si t ai r es d e Fr an ce, 19 74.

ABREV IATU RAS

L : L i t t r é, Œuvres complèt es d’H ippocrat e, Par i s, B ai ­


l l i èr e, 1839- 1861, ci t ad o IIL 35 = t om o II, p . 35.
K : Claudii Galen i opera omnia, ed . K ü h n , L ei p z i g, 1821-
1833, ci t ad o V K 322 = t o m o V , p . 32.
A R I ST Ó T E L E S
EL P R O BLE M A XXX, T
953a 10 Διά τι π άντε δσοι π εριττοί γεγόνασιι/
ά'νδρε ή κατά φιλοσοφίαν ή πολιτικήν ή
ποίησιν ή τέχνα φαίνονται μελαγχολικοί
δντε , καί οι μεν ούτω ώστε καί λαμβάνεσ-
θαι τοΐ άπό μελαίνη χολή άρρωστημασιν,
οιον λέγεται των τε ηρωικών τά περί τον
Ήρακλέα. καί γάρ εκείνο εοικε γενέσθαι
ταύτη τή φύσεω , διό καί τά άρρωστήματ
ΐ5 τα των επιληπτικών ά π ’ εκείνου προσηγό-
ρευον οί άρχαϊοι ίεράν νόσον, καί ή περί
τού παΐδα έκστασι καί ή προ τή άφανί-
σεω εν Οίτη τών ελκών εκφυσι γενομένη
τούτο δηλοΐ- καί γάρ τούτο γίνεται πολλοΐ
άπό μελαίνη χολή , συνέβη δε καί Αυσάν-
δρω τώ Αάκωνι προ τή τελευτή γενέσθαι
20 τά έλκη ταΰτα. έτι δε τά περί Α ϊαντα καί
Βελλεροφόντην, ών ό

Ν .Β. : Reproducim os aquí, salvo en lugares señalados, el


texto de la edición Teubner: Arist ot elis quae ferunt ur Pro-
bletmta Physica, ed. C. Ae. Ruelle, recognovit H . Kn óllinger,
edit ionem ..., curavit J. Kleek (1922). H em os adopt ado las si­
guientes m odificaciones: supresión de oí (954a 10), desplaza­
miento de la coma de σβεννυμένου a έξαίφνη (955a 11-12),
propuest as por Cario Angelino y En r i ca Salvaneschi en Aris-
totele, La «melanconia» deU’uomo di genio, Gen ova, 11 melan-
golo, 1981, sin mantener las t que proponen estos edit ores.

78
¿P o r qué razón t odos aquellos que han sido 953a 10
hom bres de excepci ón ,1 bien en lo que respect a a
la fi losofía, o bien a la ciencia del Est ado, la poe­
sía o las art es, result an ser claram ent e m elancóli­
cos, y algunos hasta el punt o de hallarse at rapa­
dos por las enferm edades provocadas por la bilis
negra,3t al y com o explican, de ent re los relatos de
tema heroico, aquellos dedicados a H eracles? En
efect o, est e héroe parece haber sido de esta nat u­
raleza, puest o que los ant iguos denom inaban a los 15
males de los epilépt icos, a part ir de él, enfermedad
sagrada,4 El acceso de locur a dirigido contra sus
hijos, así com o la aparición de las úlceras just o an­
tes de su desaparición en el Et a, lo dem uest ran.5
Pues esto es algo que les sucede a muchos a causa
de la bilis n egr a.6 Le sucedió t am bién a Lisandro
el Lacon i o,7 a quien se le m anifest aron estas ulce- 20
raciones ant es de su muerte. Por no hablar ya de
lo que concierne a A yax8 y aun a Beler ofont e;9 el
prim ero

79
μέν εκστατικό έγένετο παντελώ , ό δέ τά
ερημιά έδίωκεν, διό ούτω έπ οίησεν "Ομη­
ρο "αύτάρ έπ εί καί κείνο άπήχθετο ττάσι
θεοΐσιν, ήτοι ό καππεδίον τό Άλήϊον οΐο ά~
λάτο, δν θυμόν κατέδων, πάτον άνθρώπων ά~
25 λεείνων." καί άλλοι δέ πολλοί των ηρώων ο­
μοιοπ αθεί φαίνονται τούτοι . των δέ
ύστερον Εμπεδοκλή καί Π λάτων καί Σω­
κράτη καί έτεροί συχνοί των γνωρίμων, ετι
δέ των περί την π οίησιν οι πλειστοι. πο~
λλοι μέν γάρ των τοιούτων γίνεται νοσή­
ματα άπό τή τοιαύτη κράσεω τω σώματι,
30 τοΐ δέ ή φύσι δήλη ρέπουσα προ τά πάθη,
π άντε δ’ ουν ώ είπ εΐν άπλώ είσί, καθά-
7τερ έλέχθη, τοιοΰτοι τήν φύσιν. δει δη λατ
βεΐν τήν αιτίαν πρώτον επ ί παραδείγματο
προχειρισαμένου . ό γάρ οίνο ό πολύ μά­
λιστα φαίνεται παρασκευάζειν τοιούτου
οϊου λέγομεν τού μελαγχολικού είναι, καί
35 πλεΐστα ήθη π οιείν ιτινόμένο , οΐον οργίλου ,
φιλάνθρωπου , έλεήμονα , ιταμού -

8ο
se t or n ó t ot alm en t e l oco, el ot ro vagaba en busca
de lugar es soli t ar i os, es por ello por lo que H om e­
ro com puso est os ver sos:10

Per o cu an do se at r ajo el odi o de t odas las dei da­


des, vagaba p o r l os cam pos de A l e, r oyen do su án i ­
m o y apar t án dose de los hom br es.

D e igual m od o, ot ros m uch os h ér oes parecen


h aber su fr i do claram ent e del m ism o mal que ést os.
Y de ent re los m ás p r óxi m os” a n osot ros en el t iem ­
po Em p éd ocl es,11Pl at ón ,13 Sócr at es,14 así com o m u­
chos ot ros per son ajes de renom bre. Y pr eciso es
añ adi r t am bién a la m ayoría de los que se han ocu ­
pad o de la poesía.15Pu es en m uchos de ést os se m a­
n ifiest an en fer m edades pr ovocad as por una m ez­
cla así en el cuer po, m ient ras que en l o que
respect a a los dem ás, su nat uraleza se m uest ra con 3°
clar i d ad p r ocl i ve16 a las en fer m edades.17 Pu es, por
deci r lo en un a palabr a, t odos ellos, com o ya se ha
in d i cad o ant es, par ecen ser de est e nat ural. Es p r e­
ciso, p or lo t an t o, si r vi én don os de un ejem plo,18
abor dar en p r i m er lu gar l a causa. A sí pues, el vino
t om ado en abun dan ci a par ece que pr ed i spon e a los
h om br es a caer en un est ado sem ejant e al de aque­
l l os que hem os defin i do com o m elan cólicos, y su
consum o crea un a gran di ver si dad de car act er es,19
com o por ejem pl o los col ér icos, los fi lan t r ópicos,40 35
los com pasi vos,21los audaces.

8i
άλλ ’ ούχί τό μελί ούδέ τό γάλα ούδέ τό ΰδωρ
ούδ’ άλλο των τοιούτων ούδέν. ’ιδοι δ ’ άν τι
δτί παντοδαπού άπ εργάζεται, Θεωρών ώ με­
ταβάλλει τού π ίνοντα εκ προσαγωγή -
953b παραλαβών γάρ άπεψυγμένου έν τω νήφείν
καί σιωπηλού μικρω μεν πλείων ποθεί λατ
λιστέρου ποιεί, ετι δε πλείων ρητορικού
καί θαρραλέου , προϊόντα δε προ το πράτ~
τειν ιταμού , ετι δε μάλλον π ινόμενο ίτ
βριστά , έπ ειτα μανικού , λίαν δε πολύ έ~
5 κλύει καί π οιεί μωρού , ώσπερ τού εκ
παίδων έπ ιλήπ του ή καί έχομένου τοΐ με-
λαγχολικοΐ άγαν, ώσπερ οΰν ό ει άνθρωπο
μεταβάλλει τό ήθο πίνων καί χρώμενο τώ
οϊνω ποσω τινί, οΰτω καθ’ έκαστον τό ήθο
είσ ί τινε άνθρωποι, οΐο γάρ οΰτο μεθύων
νϋν έστίν, άλλο τι τοιοΰτο φύσει έστίν, ο
ΙΟ μέν λάλο , ό δε κεκινημένο , ό δε άρίδακρυ -
π οιεί γάρ τινα

82
Por el cont rario, ni la m iel, como t am poco la l e­
che ni el agua, ni ninguna ot ra subst ancia de este
t ipo, es capaz de nada semejant e. Y cualquiera
podr ía obser var que el vino obra t oda suert e de
t ransform aciones, si se fija en cómo va cam bian­
do gradualm ent e21 a los que lo beben. Pues si se
apodera de aquellos que cuando no beben resul- 953b
t an fr íos y silenciosos, al t om ar una cant idad ma­
yor en poco t iem po, los conviert e en charlat anes;
son un poco más elocuent es23 y confiados, y, caso
de seguir bebien do, audaces en el obrar; si beben
aún un poco más se t ornan violent os, después lo­
cos. Y una enorm e cant idad los vuelve est úpi­
dos,24 como aquellos que son epilépt icos desde la 5
infancia, o los que se hallan afect ados en grado
sumo por las enferm edades de la bilis negra.25 Así,
del mismo m odo que un solo hom bre cam bia de
caráct er cuando bebe y se sirve del vino en una
det erm inada cant idad, es posible t am bién encon­
t rar hom bres que se corresponden a cada uno de
est os caract eres. Pues el est ado en que se halla
aquel que ha bebido, en aquel m om ento, es el es­
t ado en que se halla ot ro por nat uraleza; uno es 1°
charlat án, ot ro em ocional, ot ro propenso a las lá­
grim as. Pues el vino los sume

83
καί τοιούτου , διό καί "Ομηρο επ οίησε "καί
μέ φησι δάκρυ πλώειν βεβαρημένου οινω." καί
γάρ έλεήμονέ ποτέ γίνονται καί άγριοι καί
σιωπηλοί· ëvLoi γάρ αν άποσιωπώσι, καί μά­
λιστα των μελαγχολικών δσοι εκστατικοί.
ΐ5 π οιεί δέ καί φιλητικου ό οίνο σημεΐον δέ
δτι προάγεται ό πίνων καί τω στόματι φι~
λεΐν, οϋ νήφων ούδ’ αν ει φιλήσειεν ή διά
το είδο ή διά τήν ηλικίαν, ό μεν οΰν οίνο
ον πολύν χρόνον π οιεί περιττόν, άλλ’ ολίγον,
ή δε φύσι άεί, έω τι αν η· οί μεν γάρ
θρασεί , οί δέ σιωπηλοί, οί δέ έλεήμονε , οί
ζο δέ δειλοί γίνονται φύσει, ώστε δηλον δτι διά
το αύτο π οιεί δ τε οίνο καί ή φύσι έκάετ
του τό ήθο · πάντα γάρ κατεργάζεται τή
θερμότητι ταμιευόμενα. δ τε δή χυμό καί ή
κράσι ή τη μελαίνη χολή πνευματικά έσ~
τ ι ν διό καί τά πνευματώδη πάθη καί τά

84
en estos est ados; por esta razón dijo H om ero en
sus ver sos:16

Y diga qu e yo der r am o abu n dan t es l ágr i m as por ­


qu e est oy pesado p o r el vi n o.

Pues es ciert o que en ocasiones se ponen t ris­


t es, salvajes o t acit urnos; mient ras que, por el
cont rario, algunos se quedan en silencio t ot al, en
especial aquellos m elancólicos que están locos. El
vino, por ot ro lado, hace t ambién que los hom­
bres se m uest ren afect uosos. Un indicio de esto es 15
que el bebedor se ve incit ado a besar incluso a
aquellos a quien nadie, de hallarse sobrio, besa­
ría, bien sea en razón de su apariencia, bien por su
edad. El vino, pues, hace al individuo excepci o­
nal, pero no por m ucho t iem po, tan sólo por br e­
ves m om ent os, m ient ras que la nat uraleza pr odu­
ce ese efect o cont inuam ent e, a lo largo de la vida
de un hom bre. A sí, algunos son audaces, ot ros t a­
cit urnos, ot ros t rist es, ot ros cobardes por nat ura­
leza. D e m odo que result a evident e que es por los *o
m ismos m edios que tanto el vino como la nat ura­
leza m odelan el caráct er de cada uno. Pues t odo
se lleva a cabo y es regido por el calor. Así, el hu­
m or de la viñ a17 y la m ezcla de la bilis negra con­
t ienen vient o. Por esta razón tanto las enferm eda­
des vent osas18 como

85
25 υποχόνδρια κά μελαγχολικά οι ιατροί φασιν
εΐναι.. καί ό οίνο δέ πνευματώδη την δύ~
ναμιν. διό δη έστι την φύσιν δμοια δ τε
οίνο καί ή κράσι . δηλοΐ δε δτι πνευ­
ματώδη ό οΐνό έστιν ό άφρό · τό μεν γάρ
ελαιον θερμόν δν ού π οιεί άφρόν, ό δε οίνο
πολύν, καί μάλλον ό μέλα τοΰ λευκοΰ, δη
3ο θερμότερο καί σωματωδέστερο . καί διά
τοϋτο δ τε οίνο αφροδισιαστικού άπεργά-
ζεται, καί όρθώ Διόνυσο καί Αφροδίτη λέ­
γονται μ ετ ’ άλλήλων είναι, καί οί μελαγχσ
λικοί οί πλεΐστοι λάγνοι είσίν. δ τε γάρ
αφροδισιασμό πνευματώδη , σημεΐον δε τό
αίδοΐον, ώ έκ μικρού ταχεΐαν π οιείται την
35 αϋξησιν διά τό έμφυσάσθαι. καί έ'τι πριν δό­
να σθa l i τροιεσθαι σπέρμα, γίνεται τι ήδονή
επ ί π αισίν ουσιν, δταν εγγύ δντε τοΰ ή-
βάν ξύωνται τά αιδοία δ ι’ άκολασίαν γίνε­
ται δε δήλον διά τό πνεύμα διεζιέναι διά
των πόρων, δι ’ ών ύστερον τό ύγρόν φέρεται,
ή τε εκχυσι τοΰ σπέρματο έν ταΐ όμιλυ
αι

86
las en fer m ed ad es h i p ocon d r i acas19 son at r i bu i d as
p or los m édi cos a l a b i l i s n egr a. Y el vin o es ven- 25
t oso p or su p od er . D eb i d o a ell o, el vin o y la m ez­
cla [ de l a b i l i s n egr a] son de par eci d a30 n at u r al e­
za. L a espum a es l o que dem uest ra que el vin o es
de n at ur aleza ven t osa. Pu es el acei t e, cuan do est á
cali en t e, no h ace espum a; en cam bio el vin o hace
espum a en abu n d an ci a, y m uch a m ás el vi n o t int o
que el bl an co, pu est o que t iene m ás calor y m ás
cu er p o.31Es p o r est a r azón p or lo que el vin o inci- i°
t a a los h om br es al am or, y con razón di cen que
D i on i so y A f r od i t a est án l i gad os el uno al ot r o;31y
l os m el an cól i cos, en su m ayor par t e, son l u ju r i o­
sos. Pu es el act o sexu al es de n at ur aleza ven t osa.
L a p r u eb a de est o es el p en e, p o r l a m an er a en que
pasa de ser p equ eñ o a exp er i m en t ar un r ápi do
cr eci m ien t o, pu es se h in ch a. Y ya ant es de que 35
pu ed an em it i r esper m a, se p r od u ce un cier t o pl a­
cer en aqu el l os que son t od avía n iñ os cuan do,
cer can os ya a l a ed ad de l a p u b er t ad , se aban d o­
n an 33 a fr ot ar su pen e. Resu l t a evi den t e que ello se
p r od u ce p or q u e el vi en t o r ecor r e los canales34 por
los que, m ás t ar d e, es t r an spor t ad o el l íqu i d o. L a
em isión de esper m a en las r elaci on es sexuales

87
954a καί ή ρΐψ ι υπό τοΰ πνεύματο ώθοϋντο
φανερόν γίνεσθαι. ώστε καί των εδεσμάτων
καί ποτών εύλόγω τα ϋτ’ εστίν άφροδισιασ-
τικά, δσα πνευματώδη τον περί τά αιδοία
π οιεί τόπον, διό καί ό μέλα οίνο ούδενό
5 ήττον τοιούτου άπεργάζεται, οΐοι καί οί με~
λαγχολικοί πνευματώδει , δήλοι δ ’ είσ ίν επ '
ένίω ν σκληροί γάρ οί πλείου των μελαγχο­
λικών, καί αί φλέβε έξέχουσ ιν τούτου δ’
αίτιον ού τό τοΰ αίματο πλήθο , αλλά του
πνεύματο , διότι δε ουδέ π άντε οί μελαγ-
10 χολικοί σκληροί ουδέ [οί] μελάνε , άλλ ’ οί μά­
λλον κακόχυμοι, άλλο λόγο περί ου δε έξ
αρχή προειλόμεθα διελθεΐν, ότι έν τή φύσει
ευθύ ό τοιοϋτο χυμό ό μελαγχολικό κε-
ράννυται · θερμού γάρ καί ψυχρού κράσί έ<τ
τ ι ν έκ τούτων γάρ τών δυοιν ή φύσι σιτ
νέστηκεν. διό καί ή μέλαινα χολή καί
!5 θερμότατον καί ψυχρότατον γίνεται, τό γάρ
αύτό π άσχειν πέφυκε ταϋτ’ άμφω, οι ον καί
τό ύδωρ δν

88
y la eyaculación t ienen claram ent e su origen en el 954a
em puje del vient o. D e m odo que, en cuest ión de
com idas y bebidas, aquellas que hacen que la re­
gión vecina al sexo se vuelva vent osa, son consi­
deradas, en buena lógica, afrodisíacas. Lo que ex­
plica que el vino t int o, más que cualquier ot ra
cosa, t orne a la gent e vent osa, como lo son los me- 5
lancólicos. Una serie de hechos lo dem uest ra; en
efect o, la m ayoría de los m elancólicos son secos y
t ienen las venas salt onas. La causa de ello radica
no en un exceso de sangre, sino de vient o. El por ­
qué no t odos los m elancólicos son secos ni
negros, sino t an sólo aquellos cuyo hum or es par- 10
t icularm ent e m aligno, es ot ra cuest ión. Per o vol­
vam os al t ema que de buen principio nos ha­
bíam os propuest o t rat ar, esto es, al hecho de que
en la nat uraleza, de un m odo espont áneo, exist e
la mezcla de un t al hum or, la bilis negra; pues se
t rat a de una m ezcla de calor y de frío. Pues de es­
t os dos elem ent os está com puest a la nat uraleza.35
Es por ello por lo que la bilis negra se pone t ant o
m uy calient e com o muy fría. Pues una misma cosa 15
puede, por nat uraleza, present ar ambos estados;
por ejem plo, el agua que es fría

89
ψυχρόν, όμω " èàv ίκανώ θερμανθή, οΐον τό
ζέον, τή φλογό αύτή θερμότερόν έστι, καί
λίθο καί σίδηρο διάπυρα γενόμενα μάλλον
θερμά γίνεται άνθρακα , ψυχρά δντα φύσει.
20 εί'ρηται δε σαφέστερου περί τούτων εν τοΐ
περί πυρά , καί ή χολή δέ ή μέλαινα φύσει
ψυχρά καί ούκ έπιπολαίω οΰσα, δταν μεν
ούτω εχη ώ εϊρηται, έάν ύπερβάλλη έν τω
σωματι, αποπληξία ή νάρκα ή άθυμία
π οιεί ή φόβου , έάν δέ ύπερθερμανθή, τά
25 μ ετ ’ ωδή εύθυμία καί εκστάσει καί έκζέ~
σει έλκων καί άλλα τοιαΰτα. τοΐ μεν οΰν
πολλοΐ άπό τή καθ’ ήμέραν τροφή έγγι-
νομένη ούδεν τό ήθο π οιεί διαφόρου , άλλά
μόνον νόσημά τι μελαγχολικόν άπειργάσατο.
δσοι δε έν τή φύσει συνέστη κράσι
τοιαύτη, εύθύ οΰτοι τά ήθη γίνονται παντο-
3° δαποί, άλλο κα τ’ άλλην κράσιν οΐον δσοι
μεν πολλή καί ψυχρά ενυπάρχει, νωθροί καί
μωροί,
result a no obst ant e, si la calient as lo suficient e,
hast a que hierve, más calient e que la propia llama;
y lo mismo la piedra y el hierro cuando se calien­
t an lo suficient e, se ponen más calient es que el
carbón [ ar dient e] , a pesar de que, por nat uraleza,
son fríos. A pr opósit o de este tema hay una discu- 20
sión más clara en la obra sobre el Fuegod6 La bilis
negra es fría por nat uraleza, y no reside en la su­
per fi ci e;37 cuando se halla en este estado que aca­
bam os de describir , si se encuent ra en exceso en
el cuerpo, pr oduce apoplejías,38 t orpezas,39 athy-
mías,*° o m iedos, pero, caso de estar dem asiado
calient e, origina los est ados de euthymía acom pa­
ñados de canciones,41 los accesos de locur a,4’
erupciones de úlceras y ot ros males sem ejant es.43 25
A sí pues, en la m ayor part e de las personas, na­
ciendo como nace de la alim ent ación cot idiana,
no m odifica en absolut o su caráct er, simplement e
pr ovoca una enferm edad de la bilis negra.44 Pero
en lo que respect a a aquellos que poseen, ya de
nat ural, una t al m ezcla, present an espont ánea­
m ent e caract eres de t odo t ipo, cada uno de acuer­
do con su m ezcla. Por ejem plo, aquellos en los 30
que la mezcla se halla abundant e y fría, son pr o­
pensos a la t orpeza y a la est upidez;

91
δσοι δέ λίαν πολλή καί θερμή, μανικοί καί
εύφυεΐ καί ερωτικοί καί ευκίνητοι προ
του θυμού καί τά επιθυμία , ένιοι δε καί
λάλοι μάλλον, πολλοί δέ καί διά τό εγγύ
είναι τού νοερού τόπου τήν θερμότητα
35 ταύτην νοσήμασιν άλίσκονται μανικοϊ ή εν~
θουσιαστικοΐ , όθεν Σίβυλλαι καί Βάκιδε καί
οι ένθεοι γίνονται πάντε , δταν μή νοσήμα-
τι γένωνται άλλά φυσική κράσει. Μ αρακό δε
ό Συρακούσιο και άμείνων ήν ποιητή , δτ ’
έκσταίη. δσοι δ’ άν έπανθή τήν άγαν θερ-
954t> μότητα προ τό μέσον, ουτοι μελαγχολικοί
μεν είσι, φρονιμότεροι δέ, καί ήττον μεν
έκτοποι, προ πολλά δε διαφέροντε των
άλλων, οί μέν πρό παιδείαν, οί δέ προ τέχ
να , οί δέ πρό πολιτείαν, πολλήν δέ καί εί
5 τού κινδύνου π οιεί διαφοράν ή τοιαύτη
έξι τού ενίοτε άνωμάλου είναι μέν τοΐ
φόβοι πολλού των άνδρών. ώ γάρ αν
τύχωσι τό σώμα έχοντε πρό τήν τοιαύτην
κρασιν, διαφέρουσιν

92
aqu el los que la poseen dem asiado calien t e y
abu n d an t e son p r open sos a la locu r a (m an i k oi ),
d ot ad os p or n at u r al eza,45 pr open sos al am or, f á­
cilm en t e se dejan ar r ast r ar por los i m pulsos y de­
seos; ot r os se vu el ven m ás ch ar lat an es que de cos­
t um br e. Per o m u ch os, d ebi d o a que el calor se
h al la p r óxi m o al l u gar del pen sam ien t o,46 se ven
afect ad os p or las en fer m ed ad es de la l ocu r a o del
en t u si asm o.47 Cosa que exp l i ca la exi st en ci a de l as 35
Si b i l as y de l os Baci s,48 así com o de t od os aquel los
que est án i n sp i r ad os,49 cuan do no l o est án p or en ­
fer m ed ad sino p o r la m ezcla que h ay en su n at u ­
r aleza. M ar aco el Si r acu san o50 r esu lt aba aun m e­
jor poet a cu an do su fr ía uno de sus accesos de
locu r a. Per o aqu el los en los que el cal or excesi vo
se d esar r ol l a h ast a ll egar a un est ado m edi o51 son,
sin duda, m el an cól i cos per o m ás in t el i gen t es, y 954b
m en os excén t r i cos, al t iem po que en m uch os as­
pect os se m uest r an su per i or es a los dem ás, unos
en l o que r espect a a la cult ur a, ot r os en l o con cer ­
n ien t e a las ar t es, y ot r os, en fi n , en el gobi er n o de
l a ci u d ad . En l o t ocan t e a los p el i gr os, un est ado
de est e t i po causa un a gr an var i ab i l i d ad , ya que
m uch os h om br es no se m uest r an con st an t es ant e 5
el m i ed o.51Pu es según sea la r elaci ón que t en gan
sus cuer pos con un a m ezcla t al, los i n d i vi du os d i ­
fi er en r espect o de sí m ism os.53

93
αύτοί αυτών, ή δέ μελαγχολική κράσι ,
ώσπερ καί έν ταΐ νόσοι ανωμάλου ποιεί,
οϋτω καί αύτή άνώμαλό έσ τ ιν ότέ μεν γάρ
ΙΟ ψυχρά έστιν ώσπερ ύδωρ, ότέ δε θερμή, ώστε
φοβερόν τι δταν είσαγγελθή, εάν μεν ψυχρο­
τέρα · οϋση τή κράσεω τύχη, δειλόν π οιεί-
προωδοπεποίηκε γάρ τώ φόβω, καί ό φόβο
καταψύχει, δηλουσι δέ οί περίφοβοι τρέμοιτ
σι γάρ. εάν δε μάλλον θερμή, ει τό μέτρων
κατέστησεν ό φόβο , καί έν αύτω καί άπαθή.
!5 ομοίω δέ καί προ τά καθ’ ημέραν άθυμί-
α · πολλάκι γάρ οϋτω έχομεν ώστε Air
πείσθαι, έφ ’ δτω δέ, ούκ αν έ'χοιμεν είπ εΐ ν
ότέ δέ εύθύμω , έφ ’ ω δ ’, ού δήλον. τά δή
τοιαϋτα πάθη καί τά παλαιό* λεχθέντα κατά
μέν τι μικρόν ιτάσι γίνεται πάσι γάρ μέ~
20 μικταί τι τή δυνάμεω - δσοι δ ’ ει βάθο ,

* H em os adopt ado la cor r ecci ón de For st er : επ ιπ όλαια

94
La mezcla de la bilis negra, del mismo m odo que
en las enferm edades vuelve inconstantes a las per ­
sonas, es en sí misma inconst ant e. Pues ora es fría io
com o el agua, ora calient e. D e modo que ante el
anuncio de un peligro, si por azar se hallan en un
est ado part icularm ent e frío de la m ezcla, se vuel­
ven cobardes. Pues result a que ha most rado el ca­
mino hacia el m iedo, y el m iedo enfría. Lo de­
m uest ran los que t ienen miedo, puest o que
t iem blan. Per o si la mezcla es más calient e, el mie­
do sit úa al individuo en un est ado m edio, de
m odo que conoce a un t iem po el miedo y la au­
sencia de t em or.54 D e igual m odo ocurre con las 15
athymías de nuest ra vida cot idiana. A menudo, en
efect o, nos hallam os sum idos en un est ado de
aflicción; ¿por qué m ot ivo? N o sabríam os decir ­
lo. O t ras veces, por el cont rario, nos sentimos
euthymicos, pero la razón no result a clara. Segu­
rament e, aflicciones semejant es y aquellas llam a­
das superfi ci ales55 afect an en mayor o m enor me­
dida a t odo el m undo, pues en la mezcla de cada
cual se halla un poco del poder [de la bilis negra].
Per o a aquellos a quienes les afect a en lo profun- 20
do

95
οΰτοι δ ’ ήδη ποιοι τινέ είσι τά ήθη. ώσπερ
γάρ τό είδο έτεροι γίνονται ού τω πράσω­
ν-ον εχειν, άλλά τω ποιόν τι τό πρόσωπον, οι
μεν καλόν, οί δε αισχρόν, οί δε μηθέν εχον
τε περιττόν, οΰτοι δε μέσοι την φύσιν,
25 οϋτω και οί μεν μικρά μετέχοντε τή
τοιαύτη κράσεω μέσοι είσίν, οί δε πλήθου
ήδη άνόμοιοι τοΐ πολλοΐ . εάν μεν γάρ σφο­
δρά κατακορή ή ή έξι , μελαγχολικοί είσι
λίαν, εάν δε πω κραθώσι, π εριττοί, ρέπουσι
δ ’, αν άμελώσιν, επ ί τά μελαγχολικά νοσή­
ματα, άλλοι περί άλλο μέρο τοΰ σώματο -
καί τοΐ μεν επ ιληπ τικά άποσημαίνει, τοΐ
3ο δε αποπληκτικά, άλλοι δε άθυμίαι ίσχυραί η
φόβοι, τοΐ δε θάρρη λίαν, οιον καί Άρχελάω
συνέβαινε τω Μ ακεδονία βασιλει. αίτιον δε
τή τοιαύτη δυνάμεω ή κράσι , δπω αν
εχη φύξεώ τε καί θερμότητο . ψυχροτέρα
μεν γάρ οΰσα τοΰ

96
de sí mismos, éstos ya son t ales por caráct er. En
efect o, de la m isma manera que los individuos di­
fieren en su aspect o, no porque t engan rost ro,
sino por el t ipo de r ost r o— unos lo t ienen herm o­
so, ot ros feo, ot ros carecen de t odo rasgo excep­
cional; éstos últ im os t ienen una nat uraleza me­
dia— , así t am bién aquellos que no poseen más
que una pequeña part e de una mezcla tal son me- ^5
dios, m ient ras que aquellos que poseen una gran
cant idad son ya diferent es a la m ayoría. Si el est a­
do*6 de la m ezcla es del t odo concent rado, son ex­
t rem adam ent e m elancólicos; pero si la concent ra­
ción se halla un poco at enuada da lugar a los seres
excepcionales. Per o son proclives, a nada que se
descuiden, a las enferm edades de la bilis negra, en
una u ot ra part e del cuerpo según los individuos.
En uno aparecen m anifest aciones de epilepsia; en 30
ot ros de apoplejía; en ot ros fuert es athymías o t e­
rrores, o i ncluso est ados de confianza excesiva,
com o le ocurrió a Ar quelao, el rey de M acedo-
n i a.57 La causa de un poder t al58 es la m ezcla, la
m anera en que par t icipa del fr ío y del calor. Pues,
cuando result a dem asiado fr ía para la ocasión,*9

97
35 καιρού δυσθυμία π οιεί άλογου · διό αϊ τ ’
άγχόναι μάλιστα τοΐ νεοι , ενίοτε δε καί
πρεσβυτεροι . πολλοί δε καί μετά τά μεθά
διαφθείρουσιν εαυτού , ενιοι δε των μελαγ­
χολικών έκ των πότων άθύμω διάγουσιν-
σβεννυσι γάρ ή τού οίνου θερμότη την φυ­
σικήν θερμότητα, τό δε θερμόν τό περί τον
τόπον ω φρονοΰμεν καί ελπ ίζομεν π οιεί ειτ
955a θύμου , καί διά τούτο προ τό π ίνειν ει
μεθην π άντε εχουσι προθύμω , δτι πάντα
ό οίνο ό πολύ εύελπ ιδα ποιεί, καθάπερ ή
νεότη τού παΐδα - τό μεν γάρ γήρα δύτ
σελπι έστιν, ή δε νεότη ελπίδο πλήρη , εν
5 σί δε τινε ολίγοι οϋ π ίνοντα δυσθυμίαι
λαμβάνουσι, διά την αυτήν αιτίαν δ ι’ ήν καί
μετά τού πάτου ένίου . δσοι μεν οΰν μα:
ραινομένου τού θερμού αί άθυμίαι γίνονται,
μάλλον άπάγχονται. διό καί οί νέοι ή καί οί
πρεσβΰται μάλλον άπ άγχονται τό μεν γάρ
10 γήρα μαραίνει τό θερμόν, των δε τό πάθο
φυσικόν δν καί αύτό τό μαραινόμενον θερ­
μόν. δσοι δε σβεννυμένου

98
provoca dystbymías sin razón. Por ello los suici­
dios por ahorcam ient o 60 se dan sobre t odo ent re 35
los jóvenes, pero t am bién a veces ent re los viejos.
M uchos se suicidan después de haber bebido. A l ­
gunos m elancólicos cont inúan athymicos después
de haber bebido. Pues el calor del vino apaga el
calor nat ur al .61 El calor que afect a al lugar con el
que pensam os y tenemos esperanza le vuelve a
uno euthymico. Y por esto t odos están dispuest os 955a
a beber hasta em borracharse, porque el vino t o­
m ado en abundancia llena a t odo el m undo de
confianza, como la juvent ud a los niños. Pues si la
vejez desespera, la juvent ud, por el cont rario, está
llena de esperanza. Per o exist en t ambién algunas 5
personas, pocas, a las que les asalt an las dyst bimí­
as al beber , y ello por la misma razón que a ot ros
les sucede esto después de beber. Así, aquellos a
los que la dysthimía les sorprende cuando el calor
se ext ingue son los más propensos a ahorcarse.
Est a es la razón por la que los jóvenes, y a veces
los viejos, son los más propensos a ahorcarse.
Pues la vejez ext ingue el calor, mient ras que, en lo
que respect a a los jóvenes, la afección que les es 10
pr opia es la ext inción del calor por sí m ism o .61
Aquellos en los que

99
έξαίφνη , οί πλεϊστοι διαχρώνται εαυτού ·,
ώστε θαυμάζειν π άντα διά τό μηθέν ποιή-
σαι σημείου πρότερου. ψυχροτέρα μεν ουν γι­
νόμενη ή κράσι ή άπό τή μελαίνη χολή ,
ώσπερ ε’ίρηται, π οιεί άθυμία παντοδαπά ,
ΐ5 θερμοτέρα δε οΰσα ευθυμία , διό καί οί μέν
π αΐδε εύθυμότεροι, οί δε γέροντε δυ<τ
θυμότεροι. οί μεν γάρ θερμοί, οί δε ψυχροί-
τό γάρ γήρα κατάψυξί τι . συμβαίνει δε
σβέννυσθαι έξαίφνη ύπό τε των έκτο αι­
τιών, ώ καί παρά φύσιν τά πυρωθέντα, οΐον
2° άνθρακα ϋδατο έπ ιχυθέντο . διό καί έκ
μέθη ενιοι εαυτού διαχρώνται- ή γάρ άπό
τοϋ οίνου θερμότη επ είσακτο έστιν, ή
σβεννυμένη συμβαίνει τό πάθο , καί μετά
τά άφροδίσια οί πλεΐστοι άθυμότεροι γίνον­
ται, όσοι δε περίττωμα πολύ προίενται μετά-
τοΰ σπέρματο , οΰτοι εύθυμότεροι- κουφίζον-
25 ται γάρ π εριττώματο τε καί πνεύματο καί
θερμού υπερβολή , εκείνοι δε άθυμότεροι πσ
λλάκι - καταψύχονται γάρ άφροδισιάσαντε
διά τό των ίκα-

ιοο
el calor se ext ingue repent inam ent e se suicidan en
su m ayoría, de m odo que t odo el mundo se sor­
prende de que no hayan dado alguna señal previa.
Pues cuando la mezcla que proviene de la bilis ne­
gra es dem asiado fría, como hemos dicho, pr odu ­
ce athymías de t odo t ipo; y si es dem asiado ca­
lient e, euthymías. Es por esto por lo que los niños 15
son más euthymicos y los ancianos más disthymi-
cos. Los prim eros son calient es, fríos los segun­
dos. La vejez, en efect o, supone un enfriam ient o.
Per o el calor puede ser ext inguido súbit am ent e
por causas ext ernas, como sucede t ambién, por
razones cont ra nat ura, con los element os encendi­
dos; por ejem plo, cuando se viert e agua sobre car- 2°
bones [ encendidos] . Es por ello por lo que algu­
nos se suicidan al salir de su em briaguez. Pues el
calor originado por el vino proviene de afuera;
cuando se ext ingue, sobreviene la afección. D es­
pués del act o sexual la m ayoría de personas se
sient en más athymicas\ pero aquellos que, junt o
con el esperm a, arrojan m ucha superflui dad ,63 se
sient en más euthymicos. Pues estos se deshacen 25
de lo que es superfluo, del vient o y del calor exce­
sivo. En cam bio, los ot ros son con frecuencia más
athymicos, pues se quedan fríos t ras el acto sexual
al verse privados

101
νών τι άφαιρεθήναι · δηλοΐ δέ τούτο τό μή
ττολλήν τήν άπορροήν γεγονέναι. ώ οΰν έν
κεφαλαία) είπ εΐν, διά μέν τό ανώμαλον είναι
3° την δύναμιν τή μελαίνη χολή ανώμαλοί
είσιν οί μελαγχολικοί καί γάρ ψυχρά σφόδρα
γίνεται καί θερμή, διά δέ τό ηθοποιό είναι
{ηθοποιόν γάρ τό θερμόν καί ψυχρόν μάλιστα
των εν ήμΐν έστίν) ώσπερ ό οίνο πλείων καί
έλάττων κεραννύμενο τω σώματι π οιεί τό
35 ήθο ποιου τινα τημά , άμφω δε πνευματι­
κά, καί ό οίνο καί ή μέλαινα χολή, έπ εί δ ’
έστι καί εϋκρατον είναι την άνωμαλίαν καί
καλώ πω εχειν, καί δπου δει θερμοτέραν
είναι την διάθεσιν καί πάλιν ψυχράν, ή το&
ναντίον διά τό υπερβολήν έχειν, περιττοί
μεν είσι π άντε οί μελαγχολικοί, ού διά νό~
40 σον, άλλά διά φύσιν.

102
de algo útil. Est o lo dem uest ra el hecho de que la
emisión sea poco abundant e.6-1 En resumen, los
m elancólicos son inconst ant es debido a que la
fuerza de la bilis negra es inconst ant e. Y es que la 30
bilis negra es a un t iem po dem asiado fr ía y dem a­
siado calient e. Y puest o que ésta modela los ca­
ract eres (pues, de lo que se halla en nosot ros, son
el fr ío y el calor los que m odelan el caráct er), del
mismo m odo que el vino mezclado en nuest ro
cuerpo en m ayor o m enor cant idad m odela nues­
t ro caráct er, nos hace ser de tal o cual manera.
Am bos, el vino y la bilis negra, contienen vient o.
Per o, desde el mom ento en que es posible que 35
exist a una buena mezcla de la inconst ancia, y que
ésta sea, en ciert o m odo, buena, y ya que es posi ­
ble, por fuerza, que la diathesis6s dem asiado ca­
lient e sea, al mismo t iem po, dem asiado fría (o a la
inversa, a causa del exceso que present a),66 t odos
los m elancólicos son seres excepcionales, y no por
enferm edad, sino por nat uraleza. 40

103
NO TAS

1. L a t r aducción que present am os es tan sólo la del p r i n ­


cipio del Problema XX X, que conci er ne al problem a de la
«gen ialidad», es deci r 953a io-955b 40.
2. Es así com o t r aduci m os π εριττοί. Π ερισσό «que so­
br epasa la n orm ali dad», de don de excesi vo, ext r aor d i n ar i o,
abundant e, superfluo (H es., Tb. 399). (P. Chant r ai n e, Dic­
t ionnaire ét ymologique de la langue grecque, Par i s, Kli n ck -
sieck, 1974). Est e em pleo est á bien at est iguado en A ri st ót eles
para cal i fi car a los i n di viduos excepci on al es, cf., p or ejem ­
plo, M etafísica A 2, 983a 62, don de h abl a de aquellos que so­
bresalen en el saber poét ico {π αντό τού περιττού ).
3· Est a dist i nción ent re el melancólico y aquel que padece
las enferm edades provocadas por l a bi l i s negra se expl i car á a
cont inuación. El m elancóli co no es necesariam ent e un en fer ­
mo. Es un enferm o vi rt ual.
4. L a Colección Hipocrát ica con oce la d efin i ción «en fer ­
m edad de H er acl es» (Enfermedades de las mujeres 1,7 = V I I I
L 32). N ada prueba, a ju icio de Tem k i n , que dicha en fer m e­
dad deba iden t i fi carse con la epilepsi a (The Falling Sickness,
Balt im ore, 1945, 2a ed. 1971, p. 21). El t ext o dice solam ent e:
«Cuan do la m at riz est á en el hígado y en los h i pocon dr i os, y
pr oduce la sofocación , los ojos se le ponen en bl an co, la m u­
jer se pone fría, y a veces lívida. Rech i n a los dient es, la saliva
afluye a su boca, y su est ado es sem ejant e al de los enferm os
afect ados por la enfermedad de H eracles.» Tem k in afirm a
t am bién que no se puede, en nuest ro pasaje del Problema
X X X , con fun dir la l ocur a de H er acl es con la epilepsi a (ibi­
dem, p. 21). Es pr eci so señ alar que l a enfermedad sagrada de
los ant iguos en globa, adem ás de la epilepsi a de los m oder ­
nos, ot ros sínt om as (cf. M . Gr m ek , Les maladies à l ’aube de la
civilisat ion occidentale, Par i s, Payot , 1983, p. 70; J. Pigeaud,
Folie et cures de la fol i e..., Par i s, Bel l es Let t r es, 1987, p. 48).

104
Véase Corpus hipocrático·. cf. Epidem ias V I , 8, 31 = V L 354,
que dice que «los m elancóli cos se t ornan de or din ario ep i ­
l épt icos, y los epilépt icos m el an cól i cos... Si la enferm edad
afect a al cuerpo, se t rat a de epilepsi a, si al pensam ient o, m e­
l an colía». Po r el con t rari o, En ferm edad sagrada 5 observa
que la epi l epsi a afect a a los i n di viduos flem át icos y no a los
bili osos. Resu lt a di fíci l , en nuest ro pasaje, dejar de i den t i fi ­
car la crisis de locur a de H er acl es con uno de los males de los
epi l épt i cos, de acuer do con lo que precede. L a expresión en ­
ferm edad sagrada es ant igua. H er ód ot o habla de la en fer m e­
dad de Cam bises «que algunos llam an sagrada». (H istorias
I I I , 33). La creen ci a popu l ar pr et en de que la enferm edad de
H er acl es se debe a la fat iga ocasion ada por sus t r abajos. «En ­
ferm edad de H eracles: de aquellos que, com o consecuen cia
de un gran esfuer zo, caen enferm os. Pues H er acles, tras una
acum ulación de fat igas, cont rajo la enferm edad sagrada.»
Corpus Paroem iograpborum Graecom m , Μ , I V , 56.
5. L a pat ología de H er acl es es com pleja. D e hecho, exi s­
t en tres gr an des acont ecim ient os pat ológicos li gados a tres
errores (cf. G. D um ézi l, H eu r et }?2alheur du guerrier, Par ís,
PU F, 1969, pp. 89-98). Los dos que nos int eresan aquí son: 1)
el asesinat o de sus hijos, que él t raspasa con una flech a, en un
acceso de tn ania. Ese es el tema del H eracles de Eu r ípi d es. En
la t r agedi a de Eu r ípi d es mat a t am bién a su m ujer, z) D eyani-
ra, esposa legít im a de H er acl es, unt a la t única de H er acles
con la sangre del Cen t aur o N esos, quien le h abía dicho que
se t r at aba de un fi l t r o am oroso. H er acles es presa de un su­
frim ient o i n t oler able. T r asl ad ad o al m ont e Et a, se l e con s­
t r uye una pira. Est e es el tema de L as T raquin ias de Sófocles,
y será el tem a de la t ragedi a de Séneca H ércules en el Eta
(cf., ent re ot ros, Jack i e Pi geau d , La M aladie de l'Sm e, Par ís,
Bel l es Let t r es, 1981, pp. 407-435). L a t r adi ción que pone en
relación la deposi ci ón sobr e la pir a y la apot eosi s de H er acles
es sin duda alguna m uy ant igua. L a t radi ción popu l ar (Cor­
pu s Paroem iograpborum Graecorum , M , TV, 57) h abla de una
«sar na» de H er acl es ( 'Ηράκλειο ψώρα).

105
6. La m elancolía, es deci r, aquí el hum or bili s negra, se
halla en el origen de num erosas en ferm edades, y no sólo de la
locur a.
7. Li san d r o, general lacedem on io, m uert o en 395 a.C.
Pl u t ar co se r efier e a nuest ro pasaje en l a V ida de Lisan dro
(cap. 2): «A r ist ót eles, en el pasaje don de dice que los grandes
ingenios son m elancóli cos, com o Sócrat es, Plat ón o H ér ­
cules, r efier e que Li san d r o t am bién cayó en la enferm edad
de la m elan colía, pero no de buen pr i n ci pi o, sino anciano
ya...» V en cedor en Egospótam os (en 405 a.C.), est ableci ó
el dom inio espart iat a y la oli gar quía en t odo el Egeo. L os p o­
et as celebr an sus proezas. Su est at ua es erigida en los sant ua­
rios de D el fos, O lim pia, Efeso. Sam os le consagr a alt ares y
subst i t uye la fiest a de H er a por la del n uevo dios (Glot z, His-
tore grecque , t. I I I , p. 29). « Li san d r o, con los despojos, erigió
en D el fos una est at ua suya de bron ce [ ...] en aquel t iem po
era tan poder oso com o n unca ant es lo h abía sido ningún
gr iego, y al par ecer su arrogancia y or gullo eran superi ores
incluso a su poder . Pues, según expl i ca el h i st or i ad or D ur is,
fue el prim er o de los gr iegos a quien las ciudades levant aron
alt ares y ofrecieron sacr ificios com o a un dios, así com o el
prim er o en cuyo h onor se cant aron pean es.» (Plut ar co, L i­
san dro 18, 2; cf. t am bién Pausan ias I I I , 17, 4 ss.; V I , 3, 5 y 14;
X , 9 , 7 ,)
8. A yax, hijo de Telam ón, general de los Salam inios {lita­
da I I , 557-558), el m ás valeroso de los A qu eos después de
A qu i l es (litada I I , 768-769); dot ado de una fuer za ext r aor d i ­
nari a (litada I I I , 225-228); r i val de U lises p or la posesi ón de
las arm as de A qui l es ( Odisea X I , 543-564). Sin duda est e epi ­
sodio fue llevado a escena p or Esqui l o. Se nos ha conservado
la t r agedi a de Sófocl es, quien escen ifica la «l ocur a» y el sui­
cidio de A yax; (léase J. St ar obin sk i, T rois Fureurs, Par ís, G a­
llim ard, 1974, pp. n -71) .
9. N uest ro aut or se r efier e a la hist oria que nos expl i ca el
pr opi o H om er o (litada V I , 152 y ss.) acer ca de Belerofon t e,
hijo de Gl auco (según ot ros de Poséidon ), niet o de Sísifo.

106
Buscó refugio en casa de Pr et o, cuya m ujer, Ant ea, se enam o­
ró de Beler ofon t e, per o fue rechazada por éste. Belerofon t e
par t ió hacia L i ci a con un m ensaje sellado donde se le pedía al
rey de ese país, suegro de Pr et o, que le diese m uert e. Fi n al ­
m ent e, t uvo que m at ar a la invenci ble Q uim era. D espués de
no pocas pruebas m ás, se hizo odi oso a los dioses. (Pues pr e­
t endía llegar hast a el O lim po a lom os de Pegaso.) Es a est e p e­
ri odo am argo al que hacen referen cia los versos antes cit ados.
A r es mat a a su hijo I san dr o y Art em isa hace perecer a su hija.
ίο. Ilíada V I , 201-202. Ci cer ón t raduce est os versos en sus
T usculan as (Disp. I I I , 26, 23):

Q u i m iser in cam pis m aerens errabat A léis,


Ipse suum cor eden s h om inum uestigia uitans.

(A léis es la fel i z conjet ura de Ber oal do, m ient ras que en t o­
dos los m an uscr it os se l ee alien is). L a llanura A leion , en Cili-
cia, es cit ada p or H er ód ot o V I , 95. Se ext en día desde el Eú -
fr at es hast a Tar so, cf. A r r i an o, A n . I I , 5; Est r abón X I V , 5,17.
U n escolio a H om er o ofr ece una et im ología herm osa per o
falsa. «L a l l an ur a A l ei on de Ci li ci a, así l lam ada a causa del
ext r avío (αλη) de Bel er ofon t e.»
11. El t ext o opon e los «m oder nos» a l os «ant i guos», que
se confunden con los héroes m ít icos, t ant o de la epopeya
com o de la t r agedi a.
12. N o es seguro que Em pédocl es, aut or de dos poem as
t i t ulados Purificacion es y De la n aturalez a, uno de los más
gr an des poet as gr iegos par a nosot r os, sea cit ado aquí para
i l ust r ar l a poesía. L a fr ase que viene a cont inuación perm it e
d udar de ello. Cf. el juicio de A r i st ót el es en la Poética, 1447b:
«N o hay nada en com ún ent re H om er o y Em pédocles a ex­
cepción del m et ro; es por ello por lo que al prim ero se le p u e­
de llam ar poet a, y al ot ro, por el cont rari o, especi ali st a en la
nat uraleza (ph y siologos), ant es que poet a.» En l o que r espec­
t a a la «m elan colía» de Em pédocl es, podem os evocar una de
las t r adi cion es de su m uert e. Según ést a, se h abr ía arrojado al

107
Et n a «par a confir m ar la reput ación que tenía de ser un dios»,
(cf. D iógenes Laer ci o V I I I , 69).
13. ¿P o r q u é P la t ó n ? L a e x p lic a c ió n d e la p r e se n c ia d e l
F iló so fo h a b r ía q u e b u sc a r la n o t a n t o en u n a «p si c o l o g í a » d e
P la t ó n , c o m o en la s r e la c io n e s q u e se e st a b le c e n e n t r e la lo ­
c u r a y la «in sp ir a c ió n », t al y c o m o la s e n c o n t r a m o s e x p u e s­
t a s, p o r e je m p lo , en el Fedro (244-245; 2.65b); cf. n u e st r a in ­
t r o d u c c ió n .
14. A lgun os aut ores, com o A. W illi n g, De Socratis dae-
m on is quae an tiquis tem poribus fu erin t opin ion es. Comtnen-
tation es Ph ilol. Jen en ses V I I I , 2,19 09 , p. 149, not a 1, piensan
que podr ía t rat arse de una in t erpr et ación del dentón socr át i ­
co. M ás adelant e, la hist oria «pat ol ógi ca» de Sócrat es m os­
t rará una cont am inación del dentón y del episodio «cat alépt i -
co» de la bat alla de Pot i d ea, cuando Sócrat es perm aneci ó
inm óvil durant e algunas hor as (Plat ón, Ban quete, 202b.c.).
Cf. F. Lélu t , Le Dém on de Socrate, Par ís, 1836, así com o n ues­
t ro pr efaci o en la reim pr esión de est e l i br o, en Collection In ­
san ia. Les in trouv ables de la psy ch iatrie, Fr én ési e édi t i ons,
dir. por M . Col l ée y O. H usson , en prensa.
15. A cer ca de la relación par t i cu l ar ent re la m elan colía y
la poesía, cf. nuest ra i n t roducci ón .
16. E st a m e t á fo r a d e la propen sión d e la n a t u r a le z a h a c ia
la e n fe r m e d a d se e n c u e n t r a ya en la Colección H ipocrática; cf.
p o r e je m p lo : H um ores 8, 5 = V L 488: «Sa b e r [ . . . ] h a c ia q u é
e n fe r m e d a d se in c lin a m á s la n a t u r a le z a » (έ ó t l μάλισ τα
νόσημα ή φνσ ι ρέπ ει). E st a n o c ió n r e su lt a r á im p o r t a n t e
p a r a la m e d ic in a d e l a lm a y d e l c u e r p o . C f. n u e st r o a n á lisis
d e la s n o c io n e s d e procliuitas y d e decliuitas en L a M aladie de
l ’âm e, op. cit., p p . 291 y ss.
17. N o v e o o t r a r a z ó n q u e n o se a p u r a m e n t e r e t ó r ic a
p a r a lo s e m p le o s d iv e r so s d e άρρώ στημα, νόσημα, v ó aos',
πάθο co n e l sig n ific a d o d e e n fe r m e d a d . A q u í se t r a t a , sin
d u d a , d e la s e n fe r m e d a d e s q u e t ie n e n su o r ige n en la b ilis
n e gr a .
18. L a c o r r e c c ió n d e T h . G a z a (a d o p t a d a en lo s C lá sic o s

108
L o e b ), q u e a ñ a d e la s p a la b r a s ούκ άτοπου έκ τοΰ οίνου: el
e je m p lo [t o t a lm e n t e n at u r a l d e l v in o ], n o s p a r e c e in ú t il.
19. A c e r c a d e la t r a d u c c ió n d e ήθο p o r carácter, cf. n u e s­
t r a in t r o d u c c ió n .
20. Ph ilan th ropes, cf. A r i st ót el es, Etica a N icóm aco, 1155a
20: «N osot r os alabam os a quienes son “ am igos de los hom ­
b r es” (ph ilan th ropous).» A cer ca de la hist oria de est a pal a­
br a, cf. Gau t h i er -Jol i f, Eth ique à N icom aque, t om o I I , co­
m ent ario, 2a par t e, pp. 66i y ss. A par ece por vez prim er a a
m ediados del siglo V a .C . en el Prom eteo de Esqu i l o. C f. t am ­
bién el em pleo, en la Poética, del adjet ivo ph ilan th ropes
(1452b 38, 1453a 2, 1456a 21), cuyo sign i fi cado m ás general se­
ría «qui sat isfai t au sens de l 'hum ain » [ que da sat isfacción al
sent im ient o de lo hum ano] (Ari st ót eles, La Poétique, t ext e,
t r aduct ion , n ot es p ar R . D upon t -Roc et J. L al l ot , Par i s, Seuil,
1980, pp. 242-243).
21. P r e fe r im o s t r a d u c ir com pasivo an t e s q u e digno de
com pasión . E n t o d o e st e c o n t e x t o la m ism a p a la b r a p u e d e
d e sig n a r t a n t o a l in d iv id u o p r e sa d e u n a t a q u e d e có le r a
c o m o al c o lé r ic o , a l se r p r e d isp u e st o en e se in st a n t e a a c t o s
d e a u d a c ia o a la p ie d a d o b ie n al audaz y al dign o de com pa­
sión . E l v in o p r o v o c a , en e l in st a n t e , n iv e le s d e l se r , q u e
c o n st it u y e n e l e q u iv a le n t e d e lo s c a r a c t e r e s e st a b le c id o s.
22. Se t r a t a d e l se n t id o t é c n ic o d e έκ προσαγωγή , q u e
e n c o n t r a m o s p o r e je m p lo en M etereológicas 1, 43, 22.
23. So n m á s q u e ch arlatan es, p u e s c o n se r v a n el c o n t r o l de
su le n gu a je .
24. Μωρό , e st ú p id o , le lo . L a μώ ρω σι , e st a d o d e e st u p i­
d e z , se r á d e fin id a m á s t a r d e p o r R u fo d e E fe so co m o p é r d id a
d e la m e m o r ia y d e l a c a p a c id a d d e r a z o n a r .
25 . Τοΐ μελα γχ ολικοΐ e s neutro p a r a n o so t r o s. Τά μ ε ­
λαγχολικά r e p r e se n t a t o d a s l a s e n fe r m e d a d e s q u e e s c a p a z
d e su sc it a r la b ilis n e gr a .
26. Odisea X I X , 122. E l v e r so e x a c t o e s:

φή δέ δακρυπλώ ειν βεβαρηότα μ ε φρέναο οί'νω.

109
ιη. Chym os, se t r a t a d e l z u m o , d e l ju go , d e l líq u id o . P e r o
al m ism o t ie m p o se t r a t a t a m b ié n d e la m ism a p a la b r a q u e
p u e d e d e sign a r lo s líq u id o s q u e ir r iga n el c u e r p o , lo s h um o­
res. P o r m e d io d e e st a t r a d u c c ió n c u r io sa in t e n t o r e c o ge r lo
q u e es c a si u n ju e go d e p a la b r a s: d e l h u m o r - v in o al h u m o r -
b ilis n e gr a .
28. L a s e n fe r m e d a d e s «v e n t o sa s», o e n fe r m e d a d e s «flat u -
le n t a s». C ie r t am e n t e n o se t r a t a (c o m o t r a d u c e W . S. H e t t ),
d e e n fe r m e d a d e s d e lo s p u lm o n e s. E st o n o t ie n e n a d a q u e
v e r co n la r e sp ir a c ió n . A r ist ó t e le s, Sueñ os, 461 a 24, r e su lt a
in t e r e sa n t e en e st e p u n t o . Su t e x t o n o s h a b la d e la s v isio n e s
e sp a n t o sa s y d e lo s su e ñ o s m a lsa n o s q u e t ie n e n p o r e je m p lo
«l o s m e la n c ó lic o s, lo s q u e se h allan en u n e st a d o fe b r il y lo s
q u e e st á n b o r r a c h o s. E n e fe c t o , t o d a s la s a fe c c io n e s d e e st e
t ip o , q u e so n v en tosas, su sc it a n u n m o v im ie n t o a b u n d a n t e ,
a sí c o m o t e m o r ». (C f. n u e st r a in t r o d u c c ió n ).
29. L a hist oria de la h ipocon dría (enferm edad que afect a
a los h i pocon dr ios, par t es m usculosas sit uadas por debajo de
los con dr ios y por encim a del om bligo) va unida a la de la m e­
l an colía. Es preci so t r aer a colación aquí el n om bre de D i o­
cles de Cari st o, m édico i n fluen ciado p or A r i st ót el es, según
W . Jaeger (Diok les von Kary stos, Ber lín , 1938). Gal en o d i scu ­
te el con cept o de h ipocondría, invenci ón quizá de D iocl es,
com o enferm edad (Lugares afectados 3, X = V I I I K 186):
«Exi st e ot ra afección del est óm ago, difer en t e a las pr eceden ­
tes: unos l a llam an m elancóli ca, ot ros flat ulen t a (oí μ έν με~
λαγχολίκόν, οί δε φυσώδε ). V a acom pañada, después de
las com idas— sobr e t odo cuando los alim ent os son de diges­
t ión d i fíci l y p or nat uraleza t ienden a causar ardor es— de
expect or aci on es abundant es, de eruct os líqui dos, de ven t osi­
dades, de calores en los h i p ocon d r i os... En ocasiones sobr e­
vi enen t am bién vi olen t os dolores de est óm ago que se pr op a­
gan hast a la espalda.» (Cf. Ch. D ar em ber g, en Œ uvres
ch oisies de Galien , Par ís, 1856, t om o 2, ρ. 567). Gal en o r ep r o­
cha a D iocles el que haya pr esci n di do, al t r at ar de la h i p o­
con dr ía, de t oda una serie de sínt om as que nosot ros den om i­

no
n a r ía m o s «p si c o l ó g i c o s», y so b r e t o d o d e a q u e llo s d o s q u e ,
se gú n H ip ó c r a t e s, so n c a r a c t e r íst ic o s d e la m e lan c o lía, el
lla n t o y la t r ist e z a (A forism os V I, 23); cf. n u e st r o lib r o La M a­
ladie de l ’âm e, op. cit., p p . 127 y ss. (cf. n u e st r a in t r o d u c c ió n ).
30. E l v in o , a l ig u a l q u e la b ilis n e gr a , es v e n t o so . E so es
lo q u e a fir m a e l t r a t a d o a r ist o t é lic o D el sueñ o y de la v igilia,
457a: «E l v in o es v e n t o so (pn eum atodes), y m u y en p a r t ic u la r
e l v in o t in t o .»
31. P lín io , H istoria n atural X I V , 80: Colores uin is quat-
tuor: albus, fu lu u s, san guin eus, n iger («C u a t r o so n lo s c o lo r e s
d e l v in o : b la n c o , a m a r illo , r o jo , n e g r o .») L o s v in o s t in t o s
(ερυθροί) se p a r e c e n a lo s v in o s n e gr o s, p o r el c o lo r , p e r o so n
d ife r e n t e s; cf. O r ib a sio I , 347 (d e p e n d ie n t e d e G a le n o ). El
v in o n e gr o t ie n e «m á s c u e r p o ». N o h u b ié r a m o s sa b id o r e sis­
t ir n o s a e st a t r a d u c c ió n lit e r a l q u e fu n c io n a en n u e st r a le n ­
g u a co n u n a c o n n o t a c ió n «e n o ló g ic a » q u e , o c io so e s d e c ir lo ,
n o se h a lla en e l t e x t o .
32. A fr o d it a y D io n iso van ju n t o s. L a r az ó n p r o fu n d a es
q u e el e sp e r m a t a m b ié n e s v e n t o so ; e s d e la m ism a n a t u r a le ­
z a q u e la e sp u m a . Y A fr o d it a n ac e d e la e sp u m a ... E s e v i­
d e n t e , d ic e P . C h a n t r a in e (Diction n aire étym ologique du
grec, op. cit.) q u e la d e r iv a c ió n d e l n o m b r e a p a r t ir d e aphros
(la e sp u m a ) n o e s sin o u n a e t im o lo g ía p o p u l a r (cf. P la t ó n ,
Crátilo 406 c). «E n c u a n t o a la r a z ó n d e la b la n c u r a d e l e s­
p e r m a , e st o se d e b e a q u e el líq u id o es a lgo b la n c o ... P o r lo
d e m á s, p a r e c e c la r o q u e l a n a t u r a le z a d e l e sp e r m a e s la m is­
m a q u e la d e la e sp u m a . Se a c o m o fu e r e , e s d e e st a fu e r z a ( dy-
ñám eos) d e d o n d e p r o c e d e el n o m b r e d e l a d io sa q u e p r e sid e
la u n ió n d e lo s se x o s», se gú n a fir m a A r ist ó t e le s en De gene-
ration is an im alium , 736a. C f., y a a n t e s, D ió g e n e s d e A p o lo -
n ia . C le m e n t e d e A le ja n d r ía e sc r ib e : «A lg u n o s p ie n san q u e
el se m e n d e l a n im a l e s, en c u a n t o a su su st a n c ia , e sp u m a d e
la sa n gr e ; la c u a l, in fla m a d a co n e l c a lo r in n a t o d e l m ach o ,
y a g it a d a d u r a n t e l o s c o it o s, se h a c e e sp u m a y se c o lo c a en
la s v e n a s e sp e r m á t ic a s. D ió g e n e s d e A p o lo n ia p r e t e n d e q u e
d e a q u í lo s p la c e r e s d e A fr o d it a h an r e c ib id o e l n o m b r e d e

III
aph rodisia.» (D iels-Kranz, Fragm en te der V orsok ratik er,
t om o I I , p. 57; la t r aducción se ha t om ado— ligeram en t e m o­
di fi cada— de Los Filósofos Presocráticos III, M adr id, 1980).
Ari st ót eles, H istoria an im alin m I I I , 511b, nos t ransm it e un
largo fragm ent o de D iógen es donde se dice que «la sangre
más espesa es absor bida por las [ part es] carnosas; y la que se
desborda hacia los genit ales se vuelve l igera, calient e y espu­
m osa» (t rad. A. Por at t i, op. cit. p. 73). T al es la físi ca que se­
ñala el vient o com o elem ent o com ún al vi no, a la m ezcla de la
bili s negra y al esperm a.
33. Ακολασία·, «int em perancia». Se t rat a del defect o de
aquello que aún no ha sido cor regido (cf. A r i st ót eles, Etica a
Nicóm aco, 1119a 34-bi, y la com paración ent re el in t em per an ­
t e y el niño), el «dejar hacer».
34. Se t rat a de los canales por donde pasa el flu i d o esper-
m át ico después de la pubert ad.
35. Ari st ót eles, De partibus animalium, 646a 7, dice que
«lo húm edo, lo seco, el calor, el fr ío, son la m at eria de los
cuerpos com puest os»; cf. t am bién Metereológicas, 378b 13,
donde preci sa que dos elem ent os son act ivos, el calor y el
frío, y dos son pasivos, lo seco y lo húm edo (cf. t am bién 384b
28, y Generación y corrupción, 329b 24).
Pien so que l a frase: «la nat uraleza est á com puest a...» cons­
t it uye una reflexión sobr e la nat uraleza en general, de la cual
la bili s negra const it uye un caso par t icular (valor adver bial
del prim er καί)·, cosa que perm it e la com paración con ot ros
elem ent os, como el agua. N o es preci so pues t r aduci r: «la na­
t uraleza de la bili s n egra...» U n pasaje de M agn a m oralia I I ,
6, 1203, obra peripat ét ica, cont em poránea sin duda de Teo-
frast o, y quizá de n uest ro texto, opon e las personas «fr ías y
m elancólicas» ( ψυχροί καί μελαγχολικοί) a las personas
«calient es y de buen nat ural» (feppoi καί ευφυεί ).
36. Es sabido que el pr opi o Teofr ast o com puso una obra
sobre el Fuego en dos libr os. N os lo dice D iógenes Laer ci o
(V, 45). Se ha conservado un pequeñ o t rat ado sobr e el Fuego
(Th eoph rasti Eresii opera quae supersunt, D i dot , 1866, pp.

112
350-364) que r em it i ría quizá, in fi n e, a una obra m ayor: «Per o
bast a ya de est e t em a; más adelant e volverem os sobr e él de
un m odo más ser i o.»
37. El sen t ido de έτηπ ολαίω es difícil, [επ ιπ όλαιο —
Sylbur g). Est e adver bi o sign i fi ca en la superficie, o, de m odo
m et afórico, superficialm en te. ¿Es preci so ent ender que la b i ­
l is negra es fr ía por nat uraleza y que no lo es de un m odo su­
per fi ci al , sino fundam ent alm ent e? ¿O es que quiere est o de­
ci r que lo es no en la super fi ci e, sino en el fondo del cuerpo?
U no puede i n cli n ar se por la am bigüedad, cf. Saturn an d Me-
lanch oly , p. 23: «N ow , i f black bile, being coid by n ature an d
not superficially so...». L a t r aducción L oeb t om a par t ido:
«...an d d o e s n ot reside on th e su rface...». En mi opini ón se t r a­
t a de l a su per fi ci e del cuerpo. El pequeñ o t rat ado O el sueño
y de la v igilia de A r i st ót el es, (456b— 457a) exam ina las causas
del sueño (la pr i n ci p al es la evaporación debida a la alim en­
t ación, seguida del exceso de hum edad y de calor); y el t ext o
dice: «los m elan cóli cos no duerm en m ás; pues el in terior de
su cuerpo está en friado» (κατέψνκται y àp ό εϊσω τόπ ο ).
Cuan do la bili s se h alla en su est ado n at ural y en el in t er ior
del cuerpo, est ando com o est á fr ía, enfría y nos provoca las
afeccion es del enfr iam i ent o (apoplejía, em bot am ient os,
et c.). Cuan do est á dem asiado calien t e hace que el i n di viduo
salga de su est ado norm al, al t iem po que ella m ism a t iende a
sali r de est e est ado. Sal e haci a el ext erior. Es p or ello por lo
que l a bi l i s es l a causa del ek -lstasis (locur a), y de la ek -/z esis
(erupci ón) de las úlcer as, que se h allan en la su per fi ci e del
cuerpo. I dén t i co juego de pal abr as, de t r aducción im posible,
se h allaba un p oco ant es (953a) a pr opósi t o del ek -/stasis de
H er acl es y su ek -/ph y sis de úlcer as.
38. L a apoplejía n o es a ú n la e n fe r m e d a d c o n st it u id a
c o m o c o n c e p t o y d e fin id a , q u e la A n t igü e d a d c o n o c ió p o s­
t e r io r m e n t e , cf. C a e lio A u r e lia n o , En fen n edades acuosas I I I ,
V , 48. «L a a p o p le jía e s lla m a d a a sí p o r q u e p r o v o c a u n h u n ­
d im ie n t o r e p e n t in o , c o m o si fu e se c o n se c u e n c ia d e u n go lp e
m o r t a l [ . . . ] Se t r a t a d e u n a o p r e sió n b r u t a l, a m e n u d o sin fie -
bre, que priva al cuerpo de cualqui er sen sación.» C f. t am ­
bién la cura de la apoplejía en A r et eo de Capadoci a, ed.
H ude, p. t oi . A ret eo incluye la apoplejía en el género de la
par ál i si s (H ude, p. 44). A pr opósi t o de est e género de d eba­
te, cf. Caelio A urelian o, op. cit. El Corpus h ipocr át ico con o­
ce la apoplejía, cf. D el sistem a de las glán dulas 12, 2: «En oca­
siones el pacient e no h abla, se ahoga; est a afección r eci be el
nom bre de apoplejía.» (H ipócrat es, t om o X I I I , t ext o est able­
cido y t r aduci do por R. Jo l y, Par ís, Bel l es Let t r es, 1978).
A poplêxia form a part e de est os concept os que cubren «p ar ­
cialm ent e el sent ido m oderno y que, en ciert o sen t ido, di fi e­
ren profun dam en t e de él». (M .D . Gr m ek , op. cit., p. 20).
39. Νάρκη. Problem a I I , 867b, 29, dice que est a afección
const it uye una especi e de enfr iam i ent o y que pr ocede de una
com pr esión o de un golpe. (C f. t am bién Problem a V I , 886a
11). Se t rat a de un sínt om a im port an t e que encont ram os en el
Corpus hipocrát ico.
40. C o n t r a r ia m e n t e a lo q u e h e m o s h e c h o co n la m an ía, o
e l ek stasis, y d e u n m o d o d isc u t ib le q u iz á s, h e m o s d e c id id o
c o n se r v a r e l c a lc o g r ie g o d e euthy m ía, ath y m ía, dy sth im ía.
P o r lo p r o n t o p o r q u e n o h a lla m o s p a la b r a s m e jo r e s. T r a d u ­
cir ath y m ía p o r d e p r e sió n , p o r e je m p lo , c o n st it u y e u n a n a ­
c r o n ism o b r u t a l. Euth y m ía, dy stby m ia so n n o c io n e s q u e o s­
cilan e n t r e la m e d ic in a , la m o r a l, la filo so fía , co m o ya
d e m o st r a m o s en su m o m e n t o (La M aladie de l ’âm e, p p . 446 y
ss.). C f. en e l Corpus h ip o c r á t ic o , Epidem ias V I , 5a se c c ió n (V
L 316): «E n lo q u e se r e fie r e a lo q u e p r o v ie n e d e l thym os, t e ­
n e m o s: la oxyth y m ía r e t r a e e l c o r a z ó n y lo s p u lm o n e s so b r e sí
m ism o s e im p u lsa e l c a lo r y e l fr ío h a c ia la c a b e z a , m ie n t r a s
q u e la euth y m ía, p o r e l c o n t r a r io , a flo ja la k ardia. » (T é r m in o
q u e sir v e p a r a d e sign a r b ie n la e n t r a d a d e l e st ó m a go , b ie n el
p r o p io c o r a z ó n ). L a euthym ía se o p o n e a la oxythy m ía, e s d e ­
cir , a u n e st a d o d e e x a lt a c ió n fe b r il d e l thym os, q u e se r ía
a q u e l lu g a r b a st a n t e in d e t e r m in a d o en e l q u e r a d ic a e l se n ­
t ir se u n o m ism o , e l c e n t r o d e la s e m o c io n e s, d e la s p a sio n e s,
d e a q u e llo q u e en e l siglo X I X se lla m a e l se n t id o ín t im o . L a

114
euth y m ía va l i gada a un est ado fisiológico. Consist e en el h e­
cho de sen t ir se recon ci li ado con uno m ism o y apaciguado.
L a ath y m ía o la dysthym ía son su cont rario. El origen fi l osó­
fi co del t érm ino es sin duda dem ocrít eo. N o se t rat a de un
con cept o plat ón i co. Se encuent ra en la t r adi ción arist ot éli ca,
per o no en A r i st ót el es. L a euth ym ía aparece de nuevo en la
t axonom ía est oi ca de las pasiones. A n dr ón ico la define de la
sigui en t e m anera: «L a euth y m ía consist e en la alegría en el
t i em po que t r an scur r e, y la ausencia de preocupacion es con
r espect o a cualqui er cosa.» Se t r at a de sabiduría em pírica. Es
a causa de la plast i ci dad de est os t érm inos, que aparecen
t am bién en los dom ini os de la fi l osofía y de la m edicin a, por
lo que nosot r os hem os pr efer i d o conservar los en su aspect o
t écnico. N o result a sor pren den t e encon t rar est as noci ones
en la psi co-fi si ol ogía del Probletna X X X .
41. Est ado de sobr eexci t aci ón , en el lím it e de lo pat ol ógi ­
co.
42. Cf. el juego de palabr as que hem os señalado antes:
εκστάσει " καί έκ ζέσ ει έλκων.
43· O bsér vese que la list a no es rest rict iva.
44. L a en ferm edad se caract eriza por su aspect o acci d en ­
t al y no det erm inant e.
45. A p r opósi t o del encuent ro ent re μανικοί καί eir
φυεΐ£ (locos y dot ados por nat uraleza), cf. nuest ra i n t r od u c­
ción y la relación que est ablecem os con Poética 1455a 32.
46. Est a par t e del cuerpo «en relación con el n oús», a fin
de con servar l a vaguedad del t ext o, es, sin l ugar a dudas, el
corazón. El noús, en A ri st ót eles, es una part e del alma (psy ­
ché). L a cuest ión de las relacion es ent re el alma y el cuerpo
en A r i st ót el es y su evoluci ón es m uy difícil; cf. F. N uyen s,
U évolution de la psy ch ologie d ’A ristote, Lovai n a, 1973, que
escr ibe, p. 161: «En m aint s passages le St agirit e se m ont re i n ­
cer t ain et hésit ant . A i n si diverses form ules lim it ent à l ’âme
sen si ble la l ocalisat i on de l ’âme dans le coeur sans que cet t e
“ di vi si on ” de l ’âm e soit expl i qu ée davant age.» (Cf. l as Parua
n aturalia, y sobr e t odo De respiration e, 474a 25-b 3). Est o

115
fo r m a p a r t e d e lo q u e N u y e n s d e n o m in a e l p e r io d o d e la c o n ­
ce p c ió n in strum en tista o m ecanicista d e l alm a en A r ist ó t e le s.
La m e n t a b le m e n t e n u e st r o t e x t o n o r e su lt a m u c h o m á s p r e c i­
so . L o s 13 fr a gm e n t o s c o n se r v a d o s so b r e la «p si c o l o g í a » d e
T e o fr a st o n o p e r m it e n a c la r a r e l a su n t o (cf. A r ist o t le , De an i­
m a, w it h t r a n sí., in t r o d . a n d n o t e s b y R .D . H ic k s, C a m b r id ­
ge , 1907, q u e p u b lic a e st o s fr a gm e n t o s en a p é n d ic e ; cf. t a m ­
b ié n P . M o r a u x , A lexan dre d'A ph rodise exégète de la
n oétique d’A ristote, Lie ja , P a r is, 1942). E l fr a gm e n t o 1 n o s
d ic e q u e e l nous es a la ve z c o n ge n it a l y p r o c e d e n t e d e l e x t e ­
r ior .
47. A p r o p ó sit o d e l en tusiasm o en A r ist ó t e le s, cf. el t e x t o
im p o r t a n t e d e Política, 1340a 10, q u e h a b la d e la s e n fe r m e ­
d a d e s q u e v u elve n «e n t u si a st a s» a la s a lm a s, sie n d o e l e n t u ­
sia sm o u n a p a sió n q u e a fe c t a al c a r á c t e r d e l a lm a; cf. t a m ­
b ié n 1342a 4: «P u e s la p a sió n q u e sa c u d e v igo r o sa m e n t e a
c ie r t a s alm as, p r e e x ist e en t o d a s la s a lm a s, p e r o d ifie r e p o r
su m ay o r o m e n o r in t e n sid a d , co m o la p ie d a d o e l t e m o r , a
la s q u e h ay q u e a ñ a d ir el e n t u sia sm o ; en e fe c t o , c ie r t o s in d i­
v id u o s e st án p o se íd o s p o r e st a c o n m o c ió n (ιανήσεω ).» C f.
Folie et cures de la f o lie ..., op. cit., p p . 170 y ss.
48. L a s Sibilas, lo s Bacis... A v e c e s se r e c u r r e al p lu r a l d e
e st o s p a sa je s p a r a a fir m a r q u e se t r a t a d e n o m b r e s ge n é r ic o s,
m á s q u e d e a p e lac io n e s p a r t ic u la r e s. L a Sib ila es m e n c io n a ­
d a p o r v ez p r im e r a en H e r á c lit o (cf. P lu t a r c o , De Pyth. Orac.
6), y su n o m b r e d a t o d a la se n sa c ió n , al p r in c ip io , d e se r u n
n o m b r e p r o p io . Se la lo c a liz a en d iv e r so s lu g a r e s, so b r e t o d o
en E r it r e a . L a p lu r a lid a d d e Sib ila s h a r á su a p a r ic ió n p r im e ­
r a en H e r á c lid e s P ó n t ic o (cf. Bo u c h é - Le c le r c q , H istoire de la
divin ation dan s l’A n tiquité, t o m o I I , 1880, p p . 136-137). E l
p r o b le m a en el caso d e Ba c is, e s e l m ism o (cf. Bo u c h é - Le ­
cle r cq , op. cit.·, é st e ú lt im o d e r iv a el t é r m in o d e βάζω, h a­
blar). C ic e r ó n , De div ination e I , 34, m e n c io n a a c ie r t o s p e r ­
so n a je s q u e p r o fe t iz an en e st a d o d e locu ra, c o m o B a c is el
Be o c io , E p im é n id e s d e C r e t a , la Sib ila d e E r it r e a (u t Ba c is
Boeotius, et Epim en ides Cres, ut Siby lla Ery th rea). C le m e n t e
de A l ejan dr ía (Strom at. I, zi) t iene not icia de dos Baci s, uno
b eod o y el ot ro arcadlo. O t ros aut ores cit an a un Bacis ático.
49. En tbeos «si gn i fi ca siem pre que el cuerpo tiene un
dios den t ro, así com o em psy chos signi fi ca que t iene una psy ­
ché den t ro de él», afirm a D odd s (Los griegos y lo irracion al,
M adr i d, 1980, p. 91, not a 41).
50. M araco es, por lo dem ás, desconocido.
51. Result a bast an t e di fíci l d ar sent ido al t ext o que t rans­
m it en los m an uscr it os: δσ οι δ ’ àv έπ ανθη την άγαν θερ­
μότητα προ τό μέσον. El ver bo έπ ανθεΐν (flor ecer por
encim a) no puede ser ent endido más que en sent ido m et afó­
ri co, y carece adem ás de sujet o. Se ha propuest o (Bywat er)
l eer έπ ανεθη (de έπ α νίημι, aflojar, dism in uir), de m odo que
την άγαν θερμότητα sería un acusat ivo de relación. L a ed i ­
ción L oeb adopt a una cor r ecci ón m ás drást ica aún con un
n om i nat ivo-sujet o: έπ ανεθη ή άγαν θερμότη . En m i op i ­
nión es pr eci so con ser var έπ ανθή, que, m et afóricam ent e, sig­
n i fi ca m an ifestarse, m ostrarse. En el Problem a X X III, 932b, a
pr opósi t o del l íqu i d o graso del m ar, el aut or escribe, «cuan ­
do el m ar est á en calm a y m ás calient e, en la super ficie, a cau­
sa de su liger eza, aparece un l íqu i d o de est e t i po (έπ ανθεΐ
άνω ó τοιοΰτο χυμό ')». Es, desde luego, de la subida, de
la m an ifest ación de cal or hast a un ciert o punt o, de lo que se
t r at a aquí. Se t r at a de un crecim ien t o, de una subida que se
det iene. (N o hay m ás que pen sar, por ejem plo, en el exanthe-
m a, l a erupción sobr e la piel.) Ch an t r ai n e, Diction n aire éty ­
m ologique du grec, op. cit., escr ibe: «έπ έξ άνθέω “ fl eu r i r ” ,
souven t au fi gu r é (not am m ent en par lan t d ’ulcèr es).» La co­
r r ecci ón έπ ανεθη sugiere just am ent e l a idea cont rari a, de un
debilit am ient o. Recu ér dese t am bién el Problem a I, 860b 24,
que h abl a de casos de m anías en personas en las que se en­
cuent r a la bili s n egr a por nat uraleza, pues ést a sube a la su­
p er fi ci e (έπ ητολάζεέ), m ient ras que l os hum ores cont rarios
se desecan.
52. El ομαλόν designa l a const ancia, la per severancia en
el pr op i o ser . A sí, en el ejem plo que pone A r i st ót eles en la

π7
Poética, 1454a 27, d e u n a Ifige n ia en A ú lid e su p lic a n t e , q u e ,
m ás t a r d e , ya n o se m a n ifie st a así. E s p r e c iso h a c e r r e fe r e n c ia
a e st a d e t e r m in ació n d e l ήθο . E l άνώμαλον e s e v id e n t e m e n ­
te lo c o n t r ar io . E x ist e t am b ié n u n ομαλόν d e l άνώμαλον, u n
c a r á c t e r cu y a co n st a n c ia co n sist e p r e c isam e n t e en se r in ­
co n st an t e .
53. La diferencia de uno respecto de si m ism o. L a e x p r e ­
sió n e s m u y in t e r e san t e . R e m it e a la c o n st a n c ia , n o h ay d u d a ;
p e r o t am b ié n h ac e p e n sa r en u n a d e fin ic ió n d e la sa lu d , q u e
p u e d e d e r iv ar se d e l Pron óstico d e H ip ó c r a t e s, co m o e l p a r e ­
c id o d e u n o m ism o c o n sigo m ism o ; cf. n u e st r o a r t íc u lo Ecri­
ture et m édecine h ippocratique, en Textes et Lan gages 1,19 78,
P u b lic a t io n d e l ’U n iv e r sit é d e N a n t e s, e sp e c ia lm e n t e p p . 144
y ss. C f. t am b ié n la e x p r e sió n d e V ientos X IX , 3 (e d . J. Jo u a n -
n a, P a r is, Be lle s Le t t r e s, 1988): δταν οΰν έκ του είω θότο
εθεο μετασ τεω μεν, άιτόλλυται ήμΐν ή φρόνησι . «A sí
p u e s, c u a n d o sa lim o s d e n u e st r o e st a d o h a b it u a l, n u e st r o
p e n sam ie n t o d e sa p a r e c e .» Pbrón esis d e sign a a u n t ie m p o el
se n t id o y el b u e n se n t id o .
54. Y n o , co m o en la e d ic ió n Lo e b : «an d m ak es a m an
self-con trolled an d un m ov ed» «é v αύτω se r e fie r e a ó φό­
βο »·, cf. la e x c e le n t e t r a d u c c ió n la t in a d e D id o t : atque ip-
siu s m etus tem pore in trepidum reddit («y en el m o m e n t o d e l
m ism o t e m o r , c o n v ie r t e en in t r é p id o »). E s p r e c iso c o m ­
p r e n d e r q u e e l m ie d o q u e e n fr ía lle v a e l c a lo r d e la m e z c la
h a st a u n gr a d o c e r o . P e r o e l m ie d o , p o r lo t a n t o , n o e s in ­
e x ist e n t e . E l in d iv id u o sie n t e m ie d o , y, sin e m b a r go , n o se
sie n t e t u r b a d o .
55. L o s m a n u sc r it o s t ie n e n : τά πάλαια λεχθέντα. N o
h ay n e c e sid a d d e c o r r e gir en πάλαι (Sy lb u r g), p a r a e n t e n d e r :
la s a fe c c io n e s d e la s q u e se h a h a b la d o an t e s (superiu s: T h .
G a z a ). P e r o la c o r r e c c ió n d e F o r st e r : επ ιπ όλαια: «su p e r fi ­
c ia le s», e s in t e r e san t e . P e r m it e m a r c a r u n a o p o sic ió n con la s
e n fe r m e d a d e s q u e a fe c t a n ει βάθο : en lo p r o fu n d o d e l in ­
d iv id u o . E st o n o es m ás q u e u n a c o r r e c c ió n q u e n o so t r o s
a d o p t a m o s co m o la e d ic ió n Lo e b , p e r o q u e n o p u e d e , d e s­

1x8
gr aci adam ent e, aclar ar de m anera segura el sent ido de en r
7ToXaiüjç, en 954a 22, cuya dificult ad ya hem os indi cado.
56. D i fer en ci a ent re h exis (est ado) y diath esis (disposi­
ción). Se t rat a de cualidades. «El estado difier e de la disposi­
ción en que el pr im er o t iene una m ayor duración y est abili­
dad [ ...] Po r el con t r ar i o, se denom ina disposición a aquellas
cualidades que fácilm ent e pueden m udar y cam biar con r a­
pidez, com o el cal or o el fr ío, la enferm edad y la sal u d ...»
(Ari st ót eles, Categorías, 8, y M etafísica Δ, 14).
57. A r qu el ao subi ó al t r on o de M acedon ia en el año 413
a.C. A t r ajo, al i gu al que su pr edecesor Per d i cas, a gran n ú­
m er o de art ist as y escr it ores, ent re los que se cont aba Eu r íp i ­
des. (A pr opósi t o de la est ancia de Eu r ípi d es en la cor t e de
A r qu el ao, cf. R. Goossen s, Eu ripide et A th èn es, Br uselas,
1962, ρρ. 660-672). Pr et en d ía ser descendient e de H er acles.
«L e roi de M acéd on i e A r ch él aos ét ait int elli gent et cruel
[ ...] M ais ce r ègn e de crim in el est un gran d règn e.» (M arie
D el cour t ).
«A r qu el ao, el h ijo de Per d i cas, al subi r al t rono, hizo cons­
t r u i r las for t al ezas que hay ah ora, abri ó cam inos rect os y, en­
t r e ot ras cosas, or ganizó t odo lo r elat ivo a la guerra: caball e­
ría, arm am ent o y bagajes en general más poder osos que los
de los ot ros och o reyes que le pr ecedier on junt os», escr ibe
T u cíd i d es, I I , t oo. Ser ía in t eresan t e saber más cosas sobre
est e per son aje br i l l an t e y br u t al , que es preci so añadir a la
gal er ía de m el an cól i cos «m oder n os» que nos present a el t ex­
t o. A pr opósi t o de la confianza que pr opor ci on a la em br ia­
guez, cf. V ien tos X I V , 31: «Y t am bién en el est ado de em ­
br i aguez, puest o que la san gre se vuelve de repen t e más
abun dan t e, el alm a [ ...] cam bi a del m ism o m odo que l os
pensam ient os del alm a; deviene olvidadiza respect o a los pr o­
blem as presen t es y llen a de confianza (ev éÀ m ôeç) en la f el i ­
ci dad ven i d er a.» (Jouan n a, op. cit.).
58. Dy n am is = fuer za, pod er , vi rt ud.
59. Con r espect o a k airos, cf. nuest ra in t roducci ón .
60. Α γχόνη·, el h ech o de est ran gular se con un lazo o de
c o lga r se ; cf. E u r í p id e s, H elena, 200 y 299. Enfermedades de
las jóvenes, t e x t o d e l Corpus hipocrático (V I I I L 467-469):
«D e sp u é s d e [e st a s] v isio n e s, m u c h as p e r so n a s se h an e s­
t r a n g u la d o ( άττηγχονίσθησαν), p e r o en m ay o r n ú m e r o m u je ­
r e s q u e h o m b r e s [ . . . ] L a e n fe r m a d ic e c o sa s t e r r ib le s. L a s v i­
sio n e s le o r d e n a n sa lt a r , a r r o ja r se a lo s p o z o s, e st r a n g u la r se
(.άγχεσθαι)»; cf. Folie et cures de la folie, op. cit., p p . 118-120.
C f. n u e st r a in t r o d u c c ió n .
61. E x ist e n d o s m o d o s d e e x t in c ió n d e l fu e go :
Σβέσ ι (la e xt in c ió n ): d e st r u c c ió n v io le n t a, r á p id a , p r o ­
d u c id a p o r lo s contrarios, cf. A r ist ó t e le s, De vit a et morte 5,
469b 23, y De respiratione 8, 474b 14-15.
Μάρανσι (la consum ición, la sofocación) = una dest ruc­
ción más lent a, pr od u ci d a p or el pr op i o calor; cf. De vit a et
morte 5, 469b 22, y De cáelo, 305a n : «E l fuego llega a apagar ­
se cuando el calor se acum ula en un gr ado excesivo [ ...] un
fuego m ás débil se apaga ante un fuego m ás fuer t e [ ...] la l l a­
ma de una lám para colocada en una llam a m ayor es con sum i­
da com o cualqui er ot ro com bust ible.»
62. E l t e x t o es m u y d ifíc il a q u í y c ie r t o s e d it o r e s h an r e ­
n u n c ia d o a d a r le u n se n t id o . A n o so t r o s n o s p a r e c e e n t e n d e r
en e st a fr a se , q u e es co m o u n in c iso r á p id o en el c u r so d e l r a ­
z o n a m ie n t o , u n a o p o sic ió n sist e m á t ic a e n t r e la v e je z y la ju ­
v e n t u d . L a ve je z, q u e es e n fr iam ie n t o , a h o ga el c a lo r in n a t o .
E n lo s jó v e n e s, la p é r d id a d e ca lo r n o p o d r ía e x p lic a r se p o r
e l fr ío e x t e r io r , co m o en la v e je z; se t r a t a d e u n a p é r d id a e s­
p o n t á n e a , u n a a u t o d e st r u c c ió n d e l c a lo r q u e p r o v o c a e l e n ­
fr ia m ie n t o y la d e se sp e r a c ió n .
63. Q u e d a n aliv ia d o s a q u e llo s q u e t ie n e n d e m a sia d a su ­
p e r flu id a d y q u e se d e sh ace n d e e lla m e d ia n t e la e m isió n d e
e sp e r m a .
64. E l e sp e r m a e m it id o h a b it u a lm e n t e en c a n t id a d p o c o
ab u n d a n t e . C o sa q u e d e m u e st r a q u e el in d iv id u o n o t ie n e
q u e p e r d e r d e m a sia d a d e e st a su b st a n c ia p r e c io sa . E l h o m ­
b r e se q u e d a t r ist e p o r n at u r ale z a d e sp u é s d e l c o it o , p o r q u e
se h a lla p r iv a d o d e algo e se n cial. Se t r a t a d e u n lu g a r co m ú n .

120
65. Cf. not a 56.
66. Tam poco aquí result a fáci l nuest ro t ext o. Se t rat a,
par a el aut or, de vol ver a la afi rm aci ón esencial para él: en esa
m ezcla anorm al que es la bili s n egra exist e una regulación; el
exceso de cal or puede ser at em perado por el fr ío o viceversa,
según el exceso que presen t a el est ado de la bili s negra. Exi s­
te, pues, una const an ci a de la inconst ancia; una salud del m e­
lan cólico.

121
CLARISSIMOVIRO
MARIANO DE LA CRUZ TOVAR
RERUM MEDICARUM OPTIMO MAGISTRO
HOMINUM PERITOANIMARUM
PROPTERSAPIENTIAM, AMICITIAM, HUMANITATEMQUE
VERSIONISAUCTRIX, HUIUSLIBELLI CASTIGATORATQUE
IMPENSAE FAUTOR

D. D. D.
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J. M . F O N O L LO S A
Ciudaddel Hombre: New York
BIBLIOTECA M ENOR, 5
SEGUNDA EDICIÓN

« Ciudad del hombre: N ew York es u n lib r o cor al. E n


cier ro m o d o su e sp ír it u es w h it m an ian o ; co m o W h it m an ,
el p o e t a es a q u í “u n co sm o s” y es “h ijo d e M a n h a t t a n ” .
Lo s t e xt o s p u e d e n leer se o b ie n c o m o fr agm e n t o s d e u n
d iar io ín t im o — q u e c o n t e n d r ía ad e m ás, a r et azos, u n a
a u t o b io gr afía fr agm e n t ar ia, en p ar t e real y en p ar t e fic t ic ia
al p ar ece r — o b ie n c o m o b r eves m o n ó lo go s a u t ó n o m o s d e
m ú lt ip le s p e r so n aje s d ist in t o s, c a d a u n o co n su p r o p ia
v id a, c a d a u n o c o n su p r o p ia o p c ió n m o r al. C ie r t o q u e
algu n as d e est as v id as o m o r ale s se e m p ar e n t an , m as ot r as
se c o n t r a p o n e n v io le n t am e n t e ; las m ás, al cab o , se co m p le ­
m e n t an . L o car act e r íst ico , lo d ist in t iv o d e los t e xt o s es, en
su m a, e st a h u id iz a am b igü e d ad . Q u ie n h a b la es u n solo
h o m b r e y m u c h o s h o m b r e s a la vez; q u ie n h ab la es el
p o e t a y su s v o ce s, esos a m o d o d e h e t e r ó n im o s sin n o m b r e
n i r o st r o , d e fin id o s só lo p o r su u b icació n en N u e v a Yor k :
h e t e r ó n im o s e p ó n im o s.» (Per e Gi m f er r er .)
JU A N F E R R A T É
Líricos griegos arcaicos
BI BLI O T E C A M E N O R , 6
SE G U N D A ED I C I Ó N

l i st a nueva edición de Líricos griegos arcaicos, de Ju an Fe-


rraté, pone ot ra vez al alcance del público sus versiones de
todos los fragm ent os mayores y un núm ero considerable
de los fragment os menores que han llegado hast a nosotros
de un período histórico de la poesía griega de interés
excepcional. Con estricto rigor y asombrosa fidelidad
lit eral, los versos de Ferrat é incorporan a la poesía caste­
llana un sect or de la obra de los griegos del que el lect or
español apenas tenía not icia, pese a su ext raordinario
atract ivo. La rebeldía de Arquíloco y Alceo, el erot ismo de
Safo y Anacreont e, la prudencia de Solón y Jenófanes:
todo el fascinador encanto de la lírica más joven de
Europa sigue cautivando al lect or en las selecciones de
catorce poetas señeros incluidas en esta ant ología bilingüe,
a las que precede una im port ant e y dilatada int roducción
hist órica y crít ica.
Q U I N T O T U L I O C I C ERÓ N
Breviario decampaña electoral
Commentarioliim petitionis
BI BLI O T E C A M E N O R , 7
N U EV A E D I C I Ó N

ilí/ ii el año 64 A .C., M arco T u l i o Ci cerón, que gozaba de


una m erecida fam a de orador, inició la cam paña electoral
para el consulado rom ano. Su herm ano pequeño, Q uint o,
se ent ret uvo en describirle de qué argucias debía servirse
para poderse ganar el fervor de los votant es. L o ciert o es
que, en juli o del 64 A .C., obt uvo la unanim idad de las
centurias y el cargo al que opt aba, quién sabe si gracias a
haber puest o en prácdca los sabios consejos de su herm a­
no. N o deja de ser curioso que, veint e siglos m ás tarde, las
recom endaciones del pequeñ o de los Ci cer ón sigan
siendo sorprendent ement e válidas. «Transcurridos m ás de
veint e siglos desde aquella cont ienda electoral, lo verdade­
ram ent e sorprendent e no es su resultado, sino la vigorosa
act ualidad que se desprende t ant o de las recom endaciones
com o del invent ario de argucias con que Q uint o T ul i o
Ci cerón albergaba la esperanza de que su herm ano obt u­
viera el vot o de los electores.» (J.M . Pu j a l s , La Vanguardia)
5; 7
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ISBN 84-7769-093 o