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La causa básica de esta crisis fue el reventón de una burbuja inmobiliaria que se había

venido formando en los últimos años en Estados Unidos, y sus efectos sobre la deuda
hipotecaria securitizada de la banca de inversión y el sistema financiero en general.
Naturalmente, la pérdida financiera fue mayor en los segmentos hipotecarios más
riesgosos –Subprime-, lo que en definitiva le dio su nombre a la crisis. La caída del precio
de las casas en los Estados Unidos generó un default masivo en las deudas hipotecarias,
lo que a su vez arrastró a ejecuciones masivas de garantías (más de 2 millones de
familias afectadas), y a una desvalorización dramática de los bonos que respaldaban
estas hipotecas. Ello arrastró a la quiebra a numerosas instituciones financieras y a un
“crash bursátil” que disminuyó el valor de las acciones a la mitad.
Las autoridades económicas norteamericanas reaccionaron, en general, en forma
bastante proactiva, intentando evitar un colapso del sistema financiero, rescatando las
instituciones más grandes y emblemáticas. De tener éxito, esto habrá evitado una
depresión económica mayor y la habrá transformado en una recesión más normal.
También hubo burbujas inmobiliarias que reventaron en algunos países europeos, lo que
transmitió la crisis financiera a Europa. En particular, las economías más afectadas
parecen ser las de España, Inglaterra e Irlanda, donde se habían generado burbujas
inmobiliarias especialmente agudas. La fuerte interconexión que tienen las economías de
la Unión Europea produjo una fuerte desaceleración en todo el continente.
¿Cómo nos repercute esto en Chile? A través de dos vías. En primer lugar, al contraerse
las principales economías del mundo habrá un impacto negativo sobre las exportaciones
físicas de Chile. En segundo lugar, la disminución de la demanda mundial producirá una
fuerte baja de los precios de nuestras exportaciones, en particular en el precio del cobre.
Con un precio del cobre inferior a la mitad del año previo, cambian los equilibrios
macroeconómicos del país. Se genera un fuerte déficit en la cuenta corriente de la
balanza de pagos y se evapora el superávit fiscal.
El deterioro en las cuentas externas llevará necesariamente a un alza importante en el
tipo de cambio y a una contracción de la demanda interna. Esto último, a su vez,
producirá un brusco freno en el crecimiento de la economía. Existe algún desacuerdo
acerca de la magnitud probable de la desaceleración de la economía. Mis cálculos me
indican una caída probable del gasto interno del orden de -3,5%, lo que a su vez conduce
a una caída del producto entre -0,5 y -1% para 2009, lo que la haría comparable con la
última crisis asiática.
La mayor caída probable es en la inversión, la que puede llegar a caer hasta 20%
comparado con el año 2008. Esta caída probablemente produzca un descenso en la
construcción del orden del 10%, lo que seguramente tendrá un fuerte impacto en la tasa
de desempleo del país. Es muy probable que volvamos a tener tasas de desempleo de
dos dígitos en un futuro próximo, por lo que éste debería transformarse en un problema
crítico el próximo año.
Afortunadamente el sistema financiero chileno está en una posición bastante fuerte para
resistir la crisis. La buena regulación bancaria parece estar dando sus frutos, lo que
permitiría que, a diferencia de Europa y Estados Unidos, no sea necesario hacer ningún
rescate financiero masivo en estas latitudes.
El alza probable del dólar dejará en buen pie al sector exportador, el cual deberá ser el
puntal sobre el cual se construya la futura recuperación de la actividad económica. Con un
buen tipo de cambio real se restituye la capacidad competitiva de la economía chilena, por
lo que el sector exportador vuelve a tomar un lugar protagónico en nuestra economía.
A fines de julio, dos fondos del banco Bear Stearns quebraron, pero el pánico entre los
inversores se generalizó el 6 de julio, cuando la American Home Mortgage, el décimo banco
hipotecario de los Estados Unidos, anunció su quiebra. Otra importante empresa financiera,
Countrywide, quedó también al borde de la bancarrota. Esto impacto en todo el mercado, y
particularmente en los hedge funds. Los hedge funds (entre los cuales se encuentran los de Bear
Stearns, y uno de BNP Paribas que también anunció su quiebra), son instrumentos de inversión
privados, que al estar desregulados les permite una mayor flexibilidad en el momento de decidir
una estrategia.

Pero esto encierra también mayores riesgos, ya que en los fondos regulados, el apalancamiento
no suele superar la tercera parte de los activos, mientras que en los hedge funds es ilimitado, y
en algunos casos llegó a ser hasta cien veces mayor que el capital propio. A la fecha, la
operación en muchos de los CDO esta suspendida, por lo que todavía no sabemos la cuantía de
las perdidas que ha sufrido el mercado bursátil por ésta crisis.

En suma, esta situación provocó una repentina contracción del crédito y una enorme volatilidad
de los valores bursátiles, generándose una espiral de desconfianza y pánico, y una repentina
caída de las bolsas de valores de todo el mundo. Los inversores buscaron refugio en lo que
sigue considerándose la inversión más segura, los bonos del tesoro de Estados Unidos, con lo
que el resto del mundo empezó a sufrir una retracción de capitales.

Ante esta situación, los principales bancos centrales del mundo empezaron a asumir su rol de
prestamistas de última instancia e inyectaron liquidez al mercado en valores de decenas de
miles de millones de dólares. Para el viernes 17 de agosto, la crisis pareció haberse tomado un
respiro, al revertirse la caída de las bolsas. Pero nadie puede asegurar que la crisis haya
terminado.