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CIRCULO DE SILENCIO 19 FEBRERO

¿CUÁNTAS MUERTES MÁS EN EL CAMINO?


Nos reunimos otro viernes en este círculo de silencio, abriendo nuestros ojos ante la situación
inaceptable de las personas migrantes. Estamos viviendo la peor crisis de refugiados de la
historia. 59,5 millones de personas que, a causa de la persecución, los conflictos, la violencia
generalizada o las violaciones de derechos humanos se ven obligadas a salir de sus hogares en
busca de un futuro incierto. Estas cifras son alarmantes, y sin embargo dejan fuera a otras
muchas personas que también se ven obligadas a dejar su casa en busca de un futuro incierto.
Personas que migran para poder salvar la vida, huyendo de condiciones de pobreza,
medioambientales, de conflictos no reconocidos que comprometen seriamente su integridad.
Estas personas sufren, en muchas ocasiones, situaciones igual de peligrosas y sin embargo no
pueden optar a la protección que otorga el reconocimiento jurídico de su condición de
refugiadas, lo cual aumenta su vulnerabilidad.

Esta situación debería interpelar a la comunidad internacional, a nuestros políticos, a nuestros


vecinos. Sin embargo con frecuencia vemos la indiferencia y el silencio a pesar de las muertes,
la violencia en los caminos, el hambre en los ojos de un niño, los naufragios. Queremos abrir
nuestros ojos ante los países que cierran las fronteras y usan la violencia para detener su paso.

Los círculos de silencio sirven precisamente para no ser indiferentes, para no callarnos, para
que nuestro silencio sirva de denuncia. La comunidad internacional puede hacer más por
evitar o terminar con los conflictos de Oriente Medio y de África, que provocan millones de
refugiados.

Denunciamos una vez más la producción y venta de armas a países en conflicto, en la que
también España participa, mientras mueren de hambre diariamente 60.000 personas.

Denunciamos que la Unión Europea y sus países miembros reaccionan ante la crisis de
refugiados levantando más barreras, que provocan muertes, o externalizando las fronteras,
dando dinero a los países de alrededor para que sean ellos quienes frenen a las personas que
quieren ejercer su derecho a la protección internacional.

Pedimos una mayor implicación de los gobiernos con la ayuda al desarrollo, que mire más a las
personas que a los intereses financieros. Pedimos una mayor implicación en la resolución de
los conflictos bélicos y un trabajo comprometido por la paz de todos los pueblos.

¿Y qué hacer con las personas que ya están aquí, o a las puertas? Podemos tender la mano con
la acogida y hospitalidad, con la solidaridad. Sin mirar su condición de regular o irregular, sino
pensando en la dignidad de la persona. Abramos los ojos a experiencias de integración que
previenen la discriminación, el racismo y la xenofobia.

¿Cuántas muertes más en el camino hacen falta? Que hoy y siempre tengamos ánimos y
lucidez para denunciar la falta de derechos humanos, contribuir a trasformar la sociedad,
desde lo más cercano en nuestras casas, escuelas, ciudades, hasta la valla o en barca al pie de
las fronteras.