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Resumen Francesa.

Grafo del deseo:


Nos sirve para presentar donde se sitúa el deseo en relación a un sujeto.
Se parte del significante. Primero está el Otro.
Teoría matemática: teoría de los grafos. Es una teoría que incluye lugares y relaciones
entre lugares. Cada una de las flechas es llamada vector, que aporta una dirección,
una relación entre lugares.
Los vectores serían cadenas significantes, son dos cadenas, dos estados del
significante.
La cadena que parte de derecha a izquierda es la cadena de la intencionalidad. Se
refiere a la intención comunicativa, lo que se quiere decir.
Como punto de llegada tenemos un $ (Sujeto Barrado). El sujeto no sabe lo que dice
hasta que el Otro lo sanciona.
Sobre este vector se apoya la anticipación.
El vector que va de izquierda a derecha rescata toda la posibilidad que tiene el
significante de combinarse: metáfora y metonimia. Producir algo que exceda a esa
intencionalidad. Las posibilidades de combinarse exceden lo que la intencionalidad
quiere determinar.
Nos encontramos con este Otro, completo. “El tesoro de lo significante” es el lugar
donde funciona lo significante. El niño va a utilizar esos Stes. Aparece lo significante.
El significante siempre trae esta otra dimensión. Siempre supone un excederse, un
deslizarse.
El que habla quiere decir algo. Va a acomodar una cadena significante para que
coincida con una intencionalidad. La cadena significante siempre supone un
desplazarse con respecto a esa intención, a ese querer decir.
Como el significante no dice lo que se quiere decir, sino lo que la combinatoria
produce, siempre está la posibilidad de que lo que se dice se deslice hacia otra cosa.
Cuando hablamos, siempre de manera estructural, hay equívoco.
Lo que se está planteando acá es el “Icc estructurado como el lenguaje”. El
significante entonces excede cualquier voluntad consciente.
La s minúscula representa al significado, representa a la sanción del Otro.
Representa la cadena significante.
Sobre este vector se apoya la retroacción.
Seguimos el circuito y llegamos al otro lado, al significado del Otro. Ahí aparece el
sentido. El que sanciona el significado es el Otro.
Infans: etimológicamente “sin habla”.
Representa al viviente mítico. Lo anterior al lenguaje para nosotros es mítico. Al
principio, podemos pensar que hubo un instinto, y que eso fue borrado, con la entrada
al lenguaje. La otra forma de entenderlo es que lo que inicia la cuestión siempre tiene
que quedar afuera. El viviente, que no habla, es capturado por el lenguaje.
Partimos del viviente, pero suponemos un sujeto porque el niño esta atravesado desde
siempre por el lenguaje, ya tiene un lugar en el discurso de alguien, en el deseo del
Otro.
Ese viviente eventualmente sufre una tensión corporal y eso lleva a una resolución que
es el grito, que no implica que el bebe quiera, piense o busque comunicarse, el grito es
solo descarga de tensión. Pero ese grito es tomado desde el lugar del Otro, la madre,
que es un ser hablante, ocupa el lugar del Otro, responde desde ese lugar. Ese grito
es tomado desde este lugar como un llamado, es tomado como un significante, la
madre respondiendo lo ingresa en el lenguaje. Cuando la madre responde, no importa
si el grito tenía una intención o no, esa intención aparece como desviada, porque es la
madre la que va a darle el sentido a este grito. Se produce una duplicidad: un querer
decir que no alcanza, y un decir otra cosa.

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Esta célula elemental nos muestra como la intencionalidad se desplaza, se pierde.


Esto sucede todo al mismo tiempo.
Anticipación: no tener el sentido y anticiparse al siguiente término.
El lugar del Otro representa un punto de escansión, un corte.
En el segundo paso del grafo saca la delta y pone al sujeto desde el inicio, porque
delta es un viviente mítico.
Lo mítico es lo que está por fuera de la serie, pero la causa.
El Sujeto no es una persona, un individuo, es un efecto del significante. Se puede
serlo antes de nacer y después de muerto.
En el vector que va de izquierda a derecha agrega, del lado izquierdo la “m” de moi, y
del lado derecho la “i (a)” que representa la imagen del otro.
Esto quiere decir que esto imaginario está determinado por lo simbólico.
Luego agrega una línea por debajo del vector que va de derecha izquierda, que
representaría un cortocircuito. Esto significa que este mensaje que recibimos del Otro
lo percibimos viniendo del eje imaginario.
Lo imaginario aparece como velo de la determinación simbólica.
Arriba, en la mitad del segundo vector: m que hace referencia al moi, y enfrente una
i(a) que es la imagen del otro. El eje que los une, que es lo imaginario, opera como un
cortocircuito. Vela que el sentido no viene dado, que es producido por lo simbólico,
que se produce fuera de mi dominio.
La relación imaginaria vela que el sentido nos viene dado por lo simbólico, fuera de
nuestro dominio.
En la posición donde originalmente estaba el $, pone una “I (A)”, esto representa el
Ideal del Yo. Este lugar está determinado desde ciertos ideales, que están tomados
desde el Otro, de los padres, de los significantes del Otro. El Ideal del Yo es el
significante que se toma del Otro, pensando que eso lo completaba. Por eso en el
grafo lo representa como “Ideal del Otro”.
Este ideal domina la relación imaginaria.
$: nunca coincidimos con lo que queremos decir, estamos divididos, no hay un sí
mismo. Esta división quiere decir que se opera esto cada vez que hablamos.
Luego, en este lugar que queda vacío, Lacan agrega la I(A) que quiere decir Ideal,
donde hay relación imaginaria, esa relación está dada desde un ideal, que es una
articulación simbólica.
Es ese ideal que es del Otro. Para vernos completos, encontramos una condición.
El Otro responde siempre, de una manera omnipotente. Y si no puede, es que no me
lo quiere dar.
El Ideal es una marca de la respuesta del Otro, de su omnipotencia.
Hasta aquí el sujeto se encuentra con un Otro que siempre respondía, que alcanzaba
por estructura. Era una respuesta sin falta.
Pero para que haya deseo tiene que haber falta. Esto conduce hacia el segundo piso
del grafo, donde comienza a aparecer la falta.
El primer piso es del enunciado, y el segundo de la enunciación.
Enunciación: la lengua no es un mero sistema, implica tomar la palabra y tomar
posición acerca de lo que se dice. Acto. Se toma como aquello no advertido,
inconsciente.
Enunciado: lo que se dice. Producto.

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Para Lacan la enunciación queda del lado inconsciente, en cambio, para la lingüística
esto está del lado consciente porque cree que sabemos la posición que tomamos.
Para el psicoanálisis hay una posición inconsciente que no logramos advertir, hasta
que el Otro la sanciona.
En el primer piso está ubicado el lugar del Otro. Es donde el sujeto se va a tener que
dirigir para colmar la necesidad. El ser humano si o si va a tener que pasar por ese
lugar.
El Otro es quien responde, pero de acuerdo a su historia, a su deseo.
En el segundo piso aparece un Otro que no responde. Aparece el significante de la
falta del Otro, la castración.
En el grafo completo se incorpora el segundo piso, el segundo cruce. Se produce el
movimiento por la angustia.
El sujeto deja el lugar de objeto de deseo.
Donde el Otro no responde debe haber una respuesta del sujeto, una invención. La
estrategia del sujeto es identificarse al objeto, no se puede identificar al significante
porque remite a otro. No hay ningún significante que escape a la ley de que al
significante se le escapa algo.
Transforma el objeto de deseo en objeto de demanda. Se pone en el lugar de lo que
demanda, se ofrece como el objeto del Otro, pero no se sabe cuál objeto, porque ese
objeto siempre se escapa.
Lo que comanda todo, a lo que nos tenemos que acomodar, es el deseo del Otro, que
es habilitador, pero a la vez es terrible.
$ D: el sujeto se desvanece ante la demanda. La pulsión es acéfala, no depende del
sujeto, no le pide permiso para establecerse. Es la fórmula de la pulsión. La demanda
establece circuitos, pone en movimiento, introduce, el circuito.
Hay que pasar por la demanda para que se establezcan los circuitos de satisfacción.
La demanda introduce la necesidad.
La pulsión viene desde la demanda y marca al soma, al organismo.
La necesidad es entendida como del viviente mítico, desde antes que existiera el
lenguaje. Eso que se correspondería sin equívoco.
El objeto queda perdido por el ingreso al lenguaje, hablar es demandar. El lenguaje
produce un agujero, porque introduce siempre una pérdida, una negativización; lo que
queda nombrado, a la vez que queda retenido, queda perdido. En el recorte se pierde
la naturalidad de cualquier objeto.
Se pierde el objeto del instinto, el que convenía a la satisfacción plena.
La demanda busca más la presencia del otro que al objeto, porque toda demanda es
una demanda de amor. El objeto vale en tanto signo de amor.
Si hay presencia hay ausencia, hay un interjuego entre estas dos cuestiones.
La demanda (D) borra el objeto que estaba antes, el instinto. Pero siempre hay algo
que se le escapa, eso es el deseo (d). El deseo es una especie de falta que moviliza.
El deseo está sostenido por el fantasma. La neurosis arma el fantasma.
En la perversión el fantasma se arma al revés, la estrategia del perverso es
transformar el deseo del Otro en el goce del Otro.
En la psicosis se forcluye. No ingresa. No hay extracción del objeto “a”.
Con la ausencia del otro aparece la angustia.
El deseo aparece primero del lado del otro. Aparece en la ausencia. Si el otro está
ausente es porque desea otra cosa más allá del niño. Esa otra cosa seria ese lugar
que empieza a aparecer como el padre.
Aparece el fantasma y aparece la fantasía que articula el sujeto con el objeto. ($ a).
Empieza a funcionar la castración.
El niño era objeto del deseo materno y dejo de serlo.

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Entonces va a responder con algo. Aparece el juego (Fort da). Esa operación es la
matriz fantasmática.
Todo ser humano debe encontrarse con la falta del Otro y dar una respuesta a eso.
Estas pueden ser: el fantasma, el significado del Otro o síntoma, el Yo y el Ideal, o
sea, lo que se entiende que el Otro busca de uno en términos de significante.
Algo empieza a ser síntoma cuando supongo que tiene un significado del Otro que se
escapa.
El significado del Otro sería el síntoma. Algo empiezo a hacer síntoma cuando
supongo que tiene un significado que a mí se me escapa. Es un significado del Otro.
Se me presenta a mi como algo ajeno, que viene del Otro. Que el síntoma se descifra
quiere decir que hay una articulación entre significantes.
El Ideal es lo que yo entendí que el Otro buscaba de mi en términos de significantes.
Hay deseo porque hubo una primera experiencia de satisfacción que fue perdida, y
toda búsqueda va buscando esa experiencia.
El deseo apunta al deseo de otro, es una falta que apunta a otra falta.
La angustia es parte de la estructura.
Nos encontramos con la angustia porque este fantasma, esta respuesta, no queda fija,
ni sirve para siempre. Vacila. Entonces por momentos se me puede desarmar como
respuesta y quedamos sin recursos frente a la falta del Otro.
El sentido se construye en las relaciones. El Significante tiene sentido en su
combinatoria.
s(A): SENTIDO DEL OTRO. AL SENTIDO LO DA EL OTRO.
El llamado se llama demanda, ya que se pierde la necesidad. Donde aparece la
demanda, hay una articulación significante, quiere decir que lo que se pide es algo que
pertenece al campo del lenguaje, y, por lo tanto, tiene una perdida. El objeto que
satisface no está, no hay nada.
Aquí aparecen varios objetos que nos ofrece la cultura, pero ninguno es EL objeto.
Ese es el pasaje de la necesidad a la demanda. Toda demanda es una demanda de
presencia, es una demanda de amor.
El deseo debe ser pensado en relación a la falta que me produce a mi buscar. Hay
algo de la necesidad que no va a poder entrar en la demanda, porque la demanda se
compone de significantes y al significante algo siempre se le escapa. Eso que la
demanda no logra capturar, eso que no es lo que yo pido, sino algo mas que se
excede, que falta respecto de lo que yo pido, eso es el deseo.
De esto mismo surge un tercer nivel, donde va a poner la (d) de deseo, el deseo es
algo que siempre se le escapa a la demanda, al Otro.
El Otro no tiene respuesta a la pregunta sobre que somos para él. No tiene la
respuesta. No hay ningún significante del Otro que me pueda responder. A esto Lacan
lo anota así: S(A) NOS ENCONTRAMOS CON LA FALTA DEL OTRO. No podemos
preguntarle al A por lo que siempre se le escapa, nunca puede responder. Donde el
otro no responde, debe haber una invención del sujeto.
Esto es la angustia, la no respuesta del Otro. Vamos a tapar esto, con una invención,
una respuesta del sujeto, esa respuesta es el fantasma ($ a), ya que ningún
significante nos puede decir, que soy para el deseo del otro, voy a tener que tomarlo
de otro lugar. La a, corresponde al objeto a.
Yo me voy a poner en el lugar del objeto que el otro perdió, yo me voy a hacer ese
objeto, que el otro busca. Me ofrezco como el deseo del otro, pero como el objeto de

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su demanda, no de su deseo. hay un cambio de deseo por demanda.


Es una respuesta.
Los objetos nombrados pasan a ser parte de la fantasía. El objeto pasa a estar
asociado al campo de un saber, y pasa al campo de lo imposible, lo imposible de
abarcar. La demanda introduce lo simbólico.
El grito del bebe podría pensarse como el S1, y la respuesta como el S2, pero es a
partir del S2, que el grito se convierte en S1, y el S1 es quien da lugar al S2.
El sujeto capturado por el lenguaje es un sujeto alienado.
El Otro demanda la regulación, la inserción en la cultura. Es la demanda del otro la
que tiene un efecto sobre lo pulsional.
Aparece la S de A barrada, lacan va a llamar esto “el Ste del Otro barrado”. Con eso
se encuentra el sujeto cuando puede registrar la ausencia del otro. El otro desea otra
cosa, lo que quiere decir que es un otro que esta barrado, porque para desear tiene
que estar en falta.
Si seguimos nos encontramos con el fantasma que es la articulación especial del
sujeto y el objeto. El fantasma como una respuesta.
Cuando opera la castración y ese otro ya no está completo, sino que está en falta,
aparece la angustia, y ahí hay una respuesta. Y esa respuesta es fantasmática.
Lacan acentúa la castración del Otro. Lo insoportable es que no hay un Otro que
responda. Y frente a eso el sujeto debe desplegar distintos modos de respuesta.
Cuando no funciona el fantasma, aparece el síntoma. Como modo de evitar la
angustia.
La pulsión es un montaje presubjetivo, lo pulsional se fija antes de la constitución del
sujeto. Venimos determinados con ciertas fijaciones.
El fantasma es un montaje subjetivo, porque viene de fantasía, es una construcción
propia. Esta construido en base a la fantasía Icc.
Con el fantasma se va a restituir algo de lo perdido del objeto.
El fantasma es una construcción subjetiva, construye al objeto perdido, lo reconstruye
fantasmáticamente. Y de esa manera sostiene el deseo y vamos a buscar siempre
eso...
No es el objeto adecuado. Una vez que llegamos, el objeto se modifica,
constantemente.
Se fija un objeto, y como es fantasmático se va desplazando. Ese objeto tiene un brillo
para nosotros. Es el motor del deseo, hay algo que vamos a ir a buscar.
El goce es como lo que Freud llama el displacer. Es el momento de la angustia. Es
cuando está operando el deseo materno. El que regula ese goce es el padre. Del lugar
de goce de esa satisfacción, de esa completud, al lugar de la castración.
Es una satisfacción más allá del principio del placer.
Pulsión y repetición:
Freud liga repetición con transferencia. Se repite lo que no puede ser recordado.
En análisis se trabaja con lo no recordado.
La realidad está sometida a una interpretación, ésta es fantasmática.
Freud liga repetición con transferencia. En la transferencia se repite, se vuelve a poner
en acto.
La primer teoría pulsional de Freud postula que la fijación vendría a ocupar el lugar de
lo que se repite.
En la segunda teoría pulsional postula que la pulsión tiende a volver a un estado
anterior y crea el concepto compulsión de repetición: lo que es compulsivo, me

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excede, aunque no quiera.


La pulsión es anómala, acéfala, presubjetiva. Es incontrolable.
Freud propone una división entre pulsiones del yo o de autoconservación y pulsiones
sexuales.
Después hay un momento monista, con el narcicismo como unificación pulsional.
Luego las divide entre pulsiones de vida y de muerte.
La pulsión es un empuje constante que proviene del interior del propio organismo que
busca satisfacerse. La ubica como límite entre lo psíquico y lo somático.
En el psiquismo aparece un representante de la representación.
La pulsión será siempre parcial.
Toda pulsión está conformada por cuatro elementos: esfuerzo constante, objeto,
fuente, meta.
Tiene 4 destinos: transformación en lo contrario, vuelta contra la propia persona,
represión y sublimación.
Lacan va a hacer un esfuerzo por separar conceptualmente la repetición de la
transferencia, y pensarla más ligada a la pulsión.
Como la demanda está hecha de significantes, fracasa la posibilidad de darles
satisfacción completa. Lo que está más acá y más allá de la demanda son el objeto de
deseo y el de amor.
El humano tiene una relación indirecta con los objetos por la existencia del lenguaje.
Hay tres tiempos de la pulsión: activo, pasivo, reflexivo.
Lacan va a decir que el tiempo fundamental es el reflexivo.
Los primeros dos están en la constitución subjetiva, sería un lugar de puro sujeto y
puro objeto. El tiempo que opera en el sujeto es el tercero, donde se enlaza al otro.
Si bien es algo activo del sujeto, lo que hace es que el otro haga algo.
El objeto de satisfacción es cualquiera.
Ese tercer tiempo de la pulsión es el que va a aparecer en el fantasma, que es el
modo de satisfacción del neurótico. Va a ir a buscar un objeto…
Se fija un objeto a partir del material de la fantasía Icc, en eso que se elaboró en la
constitución subjetiva.
Lo pulsional no descansa, tiene un principio de constancia.
En los tiempos activo y pasivo no se necesita un sujeto. En el reflexivo hay una acción
subjetiva.
La demanda al Otro es lo que va a permitir convertir la necesidad en demanda. La
pulsión obtiene sus significantes.
Los objetos de la pulsión parecen naturales. Los objetos de pulsión en Freud son tres:
oral, anal y fálico.
Si seguimos esta línea, la pulsión seguiría el desarrollo biológico humano.
No hay en términos de la biología ninguna correlación entre las fases que describe
Freud.
Lo que interviene para ese cambio de fase es la demanda del Otro.
Para Freud el desorden pulsional se ordena en la fase fálica buscando un objeto.
Lacan sostiene que lo pulsional nunca se ordena, siempre es una especie de caos.
Para Lacan el falo va a ser un significante, va a tener otra función en la estructura
subjetiva. Es un significante que tiene que ver con el valor.
Lacan agrega otros objetos pulsionales, le va a prestar atención a dos elementos más:
la voz y la mirada.
La voz aparece en el esquema óptico en el espejo plano. La inclinación del espejo
plano está dirigida por la voz del Otro.
Desde Lacan la repetición se piensa desde dos momentos:

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En el Seminario 2, donde prima lo simbólico, Lacan dice que el lenguaje no es un


instrumento que sirve para poner en palabras lo que se piensa, el lenguaje nos
determina, aunque no lo sepamos. Esta estructura está por fuera de la consciencia y
nos hace actuar.
La repetición está ligada a la red de los significantes. Es una repetición simbólica que
introduce un orden de repetición y es determinante sobre el sujeto.
El lenguaje humano está sujeto a desvíos que imponen la posibilidad de retransmisión
del mismo, y el modo particular en que opera el significante en los sujetos. La ley del
significante es lo que engendra la repetición.
Si hablamos de pulsión es porque hay pérdida del objeto, ruptura con el objeto, a
pesar de eso podemos encontrar destellos del objeto, rasgos de él que siguen
cumpliendo cierta función que permite un determinado tipo de comunicación.
El objeto es el que abre una cierta dimensión de comunicación entre las personas. El
que comunica es el objeto. En el sentido de establecer una comunidad.
Mas allá de que yo creo decidir, hay otra cosa que decide por mí.
Creyéndome dueño de mis acciones, lo que yo hago es lo que el significante me
determina hacer.
El significante circula, y esa circulación determina los comportamientos de cada uno.
En la repetición se pone en acto algo sin darse cuenta.
Hay una determinación inconsciente de la conducta. También tiendo a repetirla, el
entramado Ste hace que yo la repita. Lo simbólico me determina a mí.
La repetición hay que ubicarla. Primero hay que ubicar que es lo que se repite. Hay
cosas que se pueden repetir en escenas que son distintas.
La repetición está ligada a la red de los significantes. Los significantes se organizan en
redes, en un entramado.
De lo que se trata es de ver cuál es ese entramado de significantes. La historia nos
importa no tanto en lo que paso realmente, lo que importa es como eso se presenta en
el discurso. El discurso es lo que importa, y en el discurso vamos a conocer ese
entramado de significantes.
Al principio establece una fuerte determinación del significante sobre el sujeto.
En ese momento, seminario dos, la libido es propia de lo imaginario.
La pulsión de muerte estaría ubicada en lo simbólico, en este entramado de
significantes que me hacen repetir en mi propio prejuicio.
Repetición es una repetición simbólica, producida por una red significante que
introduce un orden de repetición y que es determinante sobre el sujeto.
En el Seminario 11, Lacan plantea la causa como algo que actúa, pero queda por
fuera.
Hay algo que no pertenece al orden del ste., pero afecta a este orden y se pone en el
lugar de causa.
La repetición se piensa en relación a lo real, como un encuentro fallido con lo real.
Este encuentro se da cuando el trauma rompe el programa y produce el encuentro con
aquello para lo que el sujeto no tiene recursos.
El automaton es la repetición de los significantes, tiene que ver con el azar y no tiene
intención, ni deseo, ni voluntad de parte del sujeto. Ocurre. Es un nivel más amplio que
la tyche, la incluye como una particularidad en su interior. La tyche es el accidente, el
trauma, la suerte.

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Los 4 conceptos fundamentales para lacan son: inconsciente, transferencia, pulsión y


repetición.
Va a traer la palabra “causa”, va a plantear lo que actúa como causa, pero queda por
fuera.
Va a plantear la repetición de acuerdo con dos términos que toma de Aristóteles. Va a
plantear la causa cuando es una contingencia, cuando sucedió, pero pudo no haber
sucedido. Tyche y Automaton.
El primer termino generalmente se traduce como fortuna y el segundo, como azar.
La repetición va a quedar ligada a estas dos palabras. La palabra automaton va a
referirse a las redes del significante, tiene que ver con el significante y con lo que este
introduce como repetición.
Entre cada significante hay un espacio, que se va a llamar “intervalo”. Incluso entre las
cadenas hay un vacío, algo que no hay. Ese intervalo esta producido por el
significante, pero lo que podría ir ahí, no tiene que ver con el significante. El espacio lo
vamos a ubicar en el orden de lo real.
Tyche va a ser un encuentro fallido con lo real. Con eso intramitable tengo un
encuentro, pero es fallido porque nunca lo llego a tramitar.
Parte de lo que es tramitable y lo que no, tiene que ver con lo cultural.
Toda cultura es un entramado simbólico que tiene un punto de inconsistencia, de
cosas que no se inscriben.

El encuentro fallido con lo real depende del sujeto. La misma cadena significante me
va a llevar a un punto de encuentro fallido con lo real. Porque el significante tiene una
falta. Y ahí tengo una repetición, y esa repetición al mismo tiempo que me hace repetir
lo mismo, me hace producir algo nuevo. Porque hay repetición y diferencia.
Trauma no sería un evento que sucedió, trauma es el encuentro fallido con lo real.
Ese encuentro me obliga a hacer una especie de elaboración de eso, que va por el
orden del fantasma, del síntoma, de las identificaciones.
Nunca dejamos de repetir, podemos repetir de otra forma, pero la repetición es parte
de lo humano.
Las pulsiones estarán comandadas por imágenes que serán llamadas señuelos, en
tanto que aparecen como el objeto que se busca, velando la estructura perdida que
tiene el objeto.
Lacan trae de la cuestión del lenguaje, pero aquí empieza a hablar de la pulsación
temporal. Introduce una dinámica del aparato que hasta este momento no parecía que
funcionara de esa manera.
Plantea que si hay represión es porque hay algo que empuja del otro lado. En la
definición freudiana de la pulsión, el ritmo que tiene la pulsión que describe Freud no
es un ritmo biológico.
La pulsión tiene una particularidad que está relacionada a la subjetividad, separándola
de esta manera del instinto.
Fundamentalmente la singularidad es el modo de satisfacción. El modo de satisfacción
de la pulsión es singular.
Lo más propio del sujeto es su modo de satisfacción.
La pulsión es introducida por la demanda. El Otro introduce ritmos de satisfacción, y
varias satisfacciones al mismo tiempo. Todo lo que es del orden de la satisfacción, lo
introduce ese Otro que habla.
La pulsión la vamos a pensar en términos de demanda de un circuito que se
establece. Hay una falta de objeto que se llena con otros objetos. Por eso lo mas
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variable de la pulsión es el objeto.


La demanda se dirige a un objeto, es transitiva, en cambio, el deseo es intransitivo, no
se dirige, no tiene intencionalidad. Está empujado por la falta.
El esquema representa un borde que sería la zona erógena, el borde es el hueco.
Tenemos un borde de donde parte la pulsión hacia el objeto, que para lacan es el
objeto a, y que es definido como “objeto causa de deseo”, rodea el objeto y vuelve a la
zona erógena. En el retorno sobre la zona erógena hace el “goal”. El objeto “a” es el
objeto de la pulsión.
La satisfacción de la pulsión es un trayecto que rodea al objeto, la pulsión se dispara
sobre ese objeto, y retorna a la zona erógena.
En ese retorno una vez bordeado el objeto se produce la satisfacción. Siempre
necesita de otro que funcione como objeto causa de deseo para lograr la satisfacción
pulsional.
La pulsión, si bien autoerótica, pero requiere de hacer ese trayecto para retornar y
llegar a la meta.
Cuando decimos el Otro nos referimos al lugar que tiene el Otro en el sujeto.
Angustia:
Hay un monto que no esta tramitado por representaciones.
Lo que produciría la angustia es la falta en el Otro, porque no sabemos qué posición
tenemos ante el deseo del Otro, que valemos, que lugar ocupamos. Cuando me
encuentro frente al Otro como deseante, emerge la angustia.
Es el afecto que no miente, porque no esta enlazado al ste. El ste esta enlazado a otra
cosa, reenvía a otra cosa y otra, no hay una significación única.
Es una vía de acceso a lo real y es una suerte de brújula para la clínica.
La angustia no es sin objeto. (a)
La angustia tiene que ver con el pasaje entre el goce y el deseo. No puedo hacer al
deseo sin antes pasar por la angustia.
La angustia no es solamente que algo esta mal, tiene que ver con momentos de un
análisis frente al deseo.
Solamente accedo al deseo si hay castración, y la castración me angustia. La
castración del otro, porque el deseo es deseo del Otro.
Hay angustia porque hay falta en el Otro.
Es la presencia de la “nada misma”. Es el corazón de la existencia.
“Brújula del trabajo analítico”, la angustia nos marca un camino, posibilita al analista
propiciar una escucha y una interpretación. Orienta el tratamiento.
Se trata de esa sensación tan extraña de que algo va a suceder.
El tiempo de la angustia tiene que ver con el tiempo de la inminencia.
Cuando adviene el significante de la falta en el otro, aparece una operación que
genera un enigma para el sujeto ¿Qué me quieres? Y este enigma no es sin angustia.
Frente a esta falta del Otro, lacan ubica este circuito de la presencia y ausencia. Es a
partir de la ausencia que se va a inscribir la presencia. Lo que se produce en principio
es angustia, por la desaparición del objeto materno. También en este circuito de
angustia, se produce este acto placentero que restituye algo de placer, con este juego,
que causa algo de placer, que restituye algo de la presencia, pero no es la presencia
materna.

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La falta también cae del lado del sujeto. Esta operación no es sin consecuencias, es
un atravesamiento de la angustia, y hay un resto. Ese resto se llama “objeto a”. Este
objeto a, es la única invención de Lacan. Este objeto a es constitutivo del fantasma.
El objeto a es el testimonio de que hubo Otro, que se pasó por el campo del Otro, que
el Otro operó en el sujeto. Y no hay significante que lo represente.
El objeto a es lo que permite el acceso a lo real, está ligado al acceso en lo real.
Lacan presenta distintos modos de la angustia, hay una angustia que se produce
frente al deseo, ante la demanda y ante el goce del Otro.
En esa construcción del fantasma, donde el objeto a tiene una función importante, esa
función está relacionada a una pérdida de goce, que se produce en el cuerpo. Hay una
transformación.
El amor para Lacan está del lado del engaño, del lado de la ilusión, de la ilusión de
completud.
La construcción del fantasma va a permitirle al sujeto relacionarse con objetos
parciales. En tanto el objeto primordial está perdido. Se trata de constituir ese velo del
fantasma que nos permite una relación particular con distintos objetos parciales. El
objeto a también tiene que ver con ese lugar de lo imposible.
El objeto a se trata de un vacío, en cuanto no hay significante que lo represente y
revela la falta en lo imaginario y lo simbólico. El objeto a es la sustracción de goce del
Otro. Tiene que ver con esa posibilidad de que el sujeto se sustraiga del campo del
Otro, si no hay sustracción del campo del Otro, si no se constituye esa falta, falta la
falta. Y esta posibilidad de que el sujeto se enfrente a esta situación de que falta la
falta, aparece la angustia, porque queda devorado por el Otro, alienado en el Otro, sin
posibilidad de producir una sustracción, que permita producir un vacío, un vacío en el
Otro que tiene consecuencias de vacío en el sujeto.
En tanto la barra cae en el Otro, el Otro cae de ese lugar de completud, cae de ese
lugar de saber, de ese lugar de omnipotencia y cae de ese lugar de dar las respuestas
a todo.
La angustia se presenta frente al deseo del Otro.
También nos enfrentamos a la angustia frente al goce del Otro, de ese otro que no
cae. Quedo expuesto y a merced de Otro, que da cuenta de que falta la falta. En este
sentido nos remite lacan a la cuestión de lo siniestro, cuando eso que está oculto y no
tiene que aparecer, retorna, la falta de la falta.
La angustia y el objeto a tiene que ver con el corte y la separación.
Para lacan el síntoma es una de las posibilidades de hacer algo con la angustia, es un
modo de responder a la angustia, pero no es el único. Y esto nos posibilita el trabajo
en análisis. Hay otros modos de responder a la angustia que son el pasaje al acto y el
acting out. El pasaje al acto Lacan lo ubica en relación a cuando el sujeto se deja caer
en el campo del Otro, cae en este campo, el pasaje al acto está del lado de la psicosis
o de la neurosis obsesiva. El acting out está más del lado de la histeria y tiene que ver
con un modo de responder a la angustia, en términos de un acto como mostración. Es
un llamado al Otro.
Para que pueda constituirse el objeto, debe haber goce, lo cual después queda
perdido.
La angustia no es sin objeto, del objeto que se trata en la angustia es del objeto a, es
de ese acceso a lo real.

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Síntoma:
Para que haya síntoma debe haber algún malestar que debe ser sentido como ajeno.
Un síntoma solo es un síntoma en transferencia. Debe haber un saber supuesto sobre
lo que está pasando, porque si no es un rasgo de carácter.
Es una respuesta a la angustia, a la falta del Otro. Toda formación de síntoma es
emprendida con el único fin de evitar la angustia.
Frente al agujero, al vacío de la castración del Otro, el síntoma nos protege, señalando
que estamos deseando ser el objeto que la colma.
Tengo que suponer que hay un saber sobre eso. Ese saber se lo supongo a otro.
Supongo que hay un sentido, una razón por la cual me pasa tal cosa.
Que el saber supuesto sobre eso que me pasa, esta en otro. El síntoma tiene que
estar dirigido a un Otro. Y esa demanda es una demanda de saber. Se dirige
realizando una demanda.
En tanto llamada al Otro, sufrirá una determinación respecto de la época.
Para que haya análisis tiene que haber la suposición de un saber no sabido.
El saber es la red de significantes que se relacionan con el síntoma. Se trata de
desplegar la red significante. Interesa la articulación entre significantes.
El síntoma es una metáfora, tiene que ver con la sustitución de significantes.
Va a interesar la forma en que esta hecho, los significantes puestos en juego. Lo que
cuenta es el modo en que se habla, el modo en que las cosas están dichas.
El síntoma, al lado de las formaciones del Icc, tiene mayor perdurabilidad.
Se caracteriza por producir ciertas prohibiciones.
Para que el síntoma sea interpretable el paciente tiene que poder hablar de él, al
hablar construye un texto, que será leído, descifrado.
En el síntoma hay un mensaje dirigido al Otro, por lo tanto tiene una dimensión
descifrable, es una metáfora.
Implica un goce sin sentido para el sujeto.
Es una verdad que habla más allá del saber del sujeto.
Tiene una parte incurable que tiene que ver con el núcleo de sufrimiento en tanto
sujeto dividido, castrado en relación a su goce.
La interpretación apunta a vaciar su sentido, a hacer surgir el sin sentido del síntoma.
No es solamente un malestar. Freud es el primer autor que va a plantear el síntoma en
términos de satisfacción, de beneficio secundario.
El psicoanálisis va a apostar al despliegue del síntoma, sigue el camino del síntoma.
El síntoma nos representa. Si el síntoma nos representa, obviamente no podemos
apostar a su eliminación. En todo caso, es necesario ver qué hacemos con el síntoma.
Parece que esto que aparece tiene otra función, está satisfaciendo algo. Por eso es
tan difícil renunciar a él.
Para Miller la base del análisis es un sufrimiento, una queja, un sujeto que quiere
cambiar.
El síntoma satisface deseos sin placer. El síntoma implica un goce para el sujeto.
El síntoma es una formación del Icc privilegiada de la clínica. El síntoma sirve para la
satisfacción sexual y representa una parte de la vida sexual de la persona.
El síntoma produce una satisfacción de orden sexual, que sustituye lo que
originalmente debería ser la satisfacción sexual.
Se usa el síntoma para satisfacer algunas cuestiones que tienen que ver con el placer,
pero la satisfacción en el síntoma se vuelve gozosa no placentera. El síntoma es lo
más propio que tiene el sujeto porque representa su modo de satisfacción.
Vamos a hablar de síntoma solo cuando se trate de aquello que le concierne al sujeto,
para empezar.
El síntoma no alcanza su forma plena hasta que el sujeto no toma conciencia con él.

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Puede ser que alguien tenga una conducta que a otro le llame la atención, pero si no
representa un malestar para el sujeto, pasa a ser solo un signo.
Podemos hablar de síntoma cuando el sujeto se ve implicado en eso que le pasa, y se
ve obligado a demandar a un Otro porque ya no puede responder a eso que le pasa.
Cuando los malestares dificultan la vida cotidiana, hacen que ese sujeto demande un
Otro.
Apostamos a la transformación del síntoma bajo la transferencia.
Podríamos decir que el comienzo verdadero de un análisis implica la transformación
del síntoma en transferencia. Las cosas no quedan en el mismo lugar.
El analista ubica a ese que demanda en el lugar de sujeto y no de objeto y pone a
trabajar la angustia que el síntoma genera. Esto implica pregunta.
Es intentar que el sujeto se haga responsable de su propio malestar.
A algo que aparece como una afirmación, le ponemos un signo de interrogación, y ahí
es donde el síntoma empieza a marchar, ahí es donde hay algo para decir.
Cuando la justificación deja de servir, hay que demandar al Otro.
El síntoma que aparece como pregunta, en otro momento funciono como respuesta.
Podríamos ubicar distintos momentos del síntoma:
Hay un primer momento donde el síntoma no es reconocido como tal, no es un
síntoma para el sujeto, sería un signo.
Hay un segundo momento, donde hay un pasaje, y el síntoma es reconocido como tal.
Y la causa es desconocida para el sujeto y por eso demanda a otro. Cuando se vuelve
un problema, cuando el sujeto se ve empujado a demandar a un Otro, se vuelve
síntoma. El síntoma se descontrola, aparece como algo ajeno.
El síntoma es lo más conocido y lo más extraño para el sujeto. Hay algo de lo real que
reviste al síntoma.
En un tercer momento es necesaria la instauración de la pregunta para poder
demandar al otro.
En ese sentido decimos que hay una crisis en el orden de saber.
En el último momento, el síntoma queda bajo transferencia y apostamos a su
transformación, a que el sujeto quede advertido de ciertas cuestiones.
El síntoma analítico se constituye y no hay otra forma bajo transferencia.
La interpretación va a depender del deseo del analista y no de su saber.
Freud plantea que el síntoma tiene un sentido sexual e inconsciente.
Pone en el centro del malestar humano la sexualidad.
Lacan lo que va a proponer es una suerte de oscilación entre sentido y sin sentido.
Freud tiene la idea de descifrar el síntoma, tratando de descubrir su sentido.
Para lacan el síntoma es el mutismo en el sujeto que se supone que habla.
Lo real del psicoanálisis es el goce.
Si decimos que lo real es el goce, aquello que esta fuera de las simbolizaciones, y es
un goce en tanto irrestricto. Ese que no se puede frenar, ese que arrasa.
En el seminario 14 lacan plantea que el goce es la actividad de una parte de la psiquis
que esta por fuera del lenguaje, no sujetada al orden social y se empeña en pedir más,
otra cosa.
En el seminario 20 plantea que el goce es lo que no sirve para nada, nada obliga a
nadie a gozar.
Por eso el síntoma no tiene sentido para el paciente.
Goce no es lo mismo que sufrimiento, porque se ingresó a ese lugar por la vía del
placer.
Lacan pone el acento en como se dice lo que se dice. Esto es la envoltura formal del
síntoma. Y el cómo se dice es tan importante como eso que se dijo.

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Duelo:
Es el dolor por una perdida.
La época de la muerte seca consiste en no querer saber nada sobre la vejez, la
muerte y los duelos. El paso a la muerte seca es el que se genera después de la
primera guerra mundial, y genera un cambio en la sociedad.
El texto de Freud se publica en esa bisagra, este texto es duelo y melancolía.
Nunca se sabe que se está duelando.
Cuando un objeto es perdido permanece en desconocimiento para quien está en
duelo, porque la realidad sólo informa de lo que está presente. El que duela siempre
está esperando que aparezca el objeto que se perdió, porque no hay datos de
inexistencia. Por eso el que está de duelo se encuentra con un desaparecido que
puede aparecer, a su vez, la realidad está sostenida con todos los objetos amorosos
con los que sostenemos nuestra realidad fantasmática. Confirmar la desaparición
implica una realidad que se rasga. El saber acerca de que alguien no está más tiene
que ver con la inscripción de su ausencia. A nivel inconsciente cuesta realizar la
inscripción. (Primera crítica a Freud) Freud postulaba que la realidad informa que el
objeto no está más.
El trabajo de duelo es un trabajo inconsciente y quedaría concernido al Yo.
Lacan toma la idea de acto. El duelo es una cuestión entre sujeto y objeto.
El acto pone en juego algo que no es sólo del orden de los significantes. El “acto de
duelo” está relacionado con una discontinuidad en el tiempo, supone una
transformación, un cambio de posición.
El acto es una acción que supone una transformación subjetiva. No es una acción
concreta.
Un acto es un pasaje, un salto.
El acto para Lacan está concebido en el orden de la repetición, la repetición siempre
es repetición de diferencia. Siempre va a haber algo que sea distinto en relación a lo
que se pueda restituir de eso perdido. (segunda crítica).
Para Freud la operación del duelo es una operación sin resto, el aparato psíquico
queda como antes.
Allouch va a plantear que cuando lo que se pierde es un ser amado, queda un vacío,
hay algo que es incurable. (Tercera crítica)
Allouch, tomando a Lacan, plantea que el tiempo del duelo puede ser infinito, ya que
se trata de ciertas operaciones que se tienen que realizar para que se pueda perder el
objeto, el cual debe estar constituido.
La constitución del objeto tiene que ver con el pasaje del ser amado a una posición de
amante o sujeto deseante.
Piensa que toda clínica psicoanalítica puede ser pensada como la clínica del duelo, ya
que la vida es una cadena de perdidas.
En el duelo yo pierdo el objeto, pero lo que más está en juego es que yo soy el objeto
que colmaba la falta en el otro.
En mis relaciones también voy estructurando esta posición de ofrecerme como objeto
de deseo del otro, lo que colma su falta. Cuando falta ese semejante yo pierdo la
posibilidad de ser la falta de alguien. Cuando alguien falta vacila la estructura del
fantasma.
Cuando se pasa por una pérdida, se reactualiza la pérdida inicial. Todos tienen que
atravesar por una perdida inicial, un duelo inicial. La primera perdida es estructural,
para ser, hay que perder el falo. Es un dolor necesario para la constitución subjetiva.

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Hacer participar a un tercero tiene efectos sobre el duelo, ayuda a sancionar que algo
no está más. El duelo tiene algo del orden de lo particular, hay que hacer algo para
tolerar la perdida.
Lo singular es la reacción que causa la perdida.
En el duelo lo que voy a tener no es un agujero en lo simbólico, sino un agujero en lo
real, que va a convocar a lo simbólico, para hacer algo con eso. Se pone todo lo
simbólico en juego, y sobre todo lo fálico, para hacer algo con eso que tiene el
problema que era único, que tiene algo de insustituible. El duelo pone en juego toda la
estructura simbólica para hacer algo con lo real.
Lacan no toma la idea de aparato psíquico. En lugar de eso vendría la cadena
significante, los 3 registros.
Aparato psíquico supone un adentro y un afuera, en la concepción de Lacan esa idea
de adentro y afuera es por lo imaginario, por la constitución imaginaria, un adentro y
un afuera.
La cadena significante nos preexiste. Los significantes están organizados en cadenas.
Lacan le da mucho énfasis al lenguaje. Y una de las posibilidades del lenguaje es la de
fundar algo nuevo. Puede introducir algo nuevo, algo que no estaba pasa a ser a partir
del lenguaje.
En relación a esto se puede pensar al acto, el producir algo nuevo, por eso es un salto,
una discontinuidad.
Tres modalidades de la falta:
Para los autores de esta época la realidad se construye a partir de la frustración. La
frustración llevaba hacia la realidad, a poder diferenciar y construir la realidad. Esta es
la principal diferencia con Lacan, ya que este ultimo rechaza la idea de que la
frustración es la que nos permite acceder a la realidad.
Lacan va a plantear que la privación, la frustración y la castración son 3 modalidades
de la falta. Esto lo relaciona con el RSI que está distribuido entre el agente, el objeto y
la acción.
De la falta de objeto, de un objeto que en realidad falta como tal.
En el cuadro, la acción es lo que se realiza.
Agente: quien la realiza.
Objeto: objeto del que se trata.
El objeto se presenta en una búsqueda del objeto perdido. El objeto es siempre vuelto
a encontrar.
La noción de relación de objeto es imposible entenderla si no se introduce el falo como
uno de sus elementos. En la relación del niño con su madre, él se presenta a ella
como si él mismo le ofreciera el falo, en posiciones y grados diversos.
Frustración:
La frustración es una acción imaginaria, es sentida como un daño imaginario. Es una
falta en lo imaginario, es una especie de decepción, es algo que se desea y no se
tiene, pero se desea sin referencia a la posibilidad de satisfacción. Es causado por el
Otro, la madre, lo simbólico.
Todos los objetos en tanto real van a estar perdidos.
Ingresar en el lenguaje introduce la perdida de lo real del objeto. El pecho por estar
sometido a una cuestión de lenguaje, porque es ofrecido, negado, pedido o no, esta
perdido. Pasa a ser un objeto capturado por lo significante.

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Esto es llamado frustración de goce, no se puede gozar del objeto, esta perdido, se
puede gozar de un sustituto.
También presenta la frustración de otra manera, que no excluye a la otra. Supone un
daño imaginario, pero el agente es real y el objeto simbólico.
Debido a la prematuración del ser humano hay un desamparo original, por esto nos
vemos obligados a requerir a otro. Lo que se destaca es que ese otro del que todos
dependemos es Otro del lenguaje, es otro que habla, que se instala de Otro para mí.
La madre en tanto sede de este poder se transforma en un agente real, que debe ser
entendido como la madre en concreto, que tiene tal poder para mi porque esta en ese
lugar de Otro. Que esa madre este situada en ese lugar simbólico, le confiere el poder
de responder o no. El Otro pasa a ser real porque es lo que empieza a importar, es
“ESE” Otro (madre).
Para obtener lo que queremos debemos pasar si o si por el lugar del Otro, debemos
pasar por el pedido, que supone cadenas significantes, nombrar, respuestas que el
Otro da o no da. Hay que entrar en un esquema de demanda.
El mundo es el mundo del lenguaje.
El objetivo se vuelve la respuesta del Otro, no lo que nos dé. Este Otro va a introducir
la frustración de amor. Me interesa su presencia, en tanto su presencia es signo de
que me responde, es signo de su amor. Toda demanda es una demanda de amor.
El objeto pasa a ser simbólico porque empieza a valer en tanto símbolo de amor del
Otro. Me importa el objeto en tanto me señala cual es mi relación con el Otro, me
empieza a importar mas la respuesta.
La realidad humana es la que se construye a partir de esta segunda idea de la
frustración, no tanto la primera. Es una realidad en donde las cosas tienen valor en
función de ser símbolo, tiene un valor dado por el Otro. Es una realidad de
intercambios con los otros.
Privación:
En la privación la acción es un agujero en lo real, el agente es el padre imaginario, el
objeto es simbólico, el niño en tanto falo de la madre.
El padre priva a la madre del niño y al niño de la madre.
En lo real no puede faltar nada, es una falta simbólica, algo que no falta en lo real.
Falta algo en donde en lo real no falta nada, falta un objeto simbólico en lo real. No se
trata de algo que realmente falte, sino de una falta introducida por un objeto simbólico.
Este objeto seria el falo. Falta un objeto que nunca estuvo ahí.
Si hay una teoría infantil que dice que todos tienen pene, eso introduce una falta en lo
real.
El agente es imaginario porque es el padre de la rivalidad, no se puede pasar por la
privación sin situar a un agente imaginario. Es el padre privador.
Castración:
Es una operación simbólica entendida como una deuda simbólica, el agente es el
padre real, el padre que le trasmite la ley, que no es la ley, que posibilita la
identificación, habilita la posición del niño como sujeto deseante. Es el padre del cual
el niño toma ciertos rasgos y se identifica a estos.
Y el objeto es imaginario, el falo, ya que la castración no se ejecuta de manera literal.
El falo imaginario quiere decir que hay una perdida, que no hay nadie que lo sea. El
falo imaginario es producto de una metáfora o una metonimia, de las dos formas se
inscribe como una significación.

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