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LA DEMOCRACIA INMUNITARIA

Alain Brossat

Por Constanza Ducret y Diego Ribba

Inmunidad

Lo que Brossat plantea dentro de este apartado del texto es dar cuenta de la situación que
viven las sociedades modernas bajo el régimen democrático inmunitario nacido en Estado
Unidos y algunos países europeos occidentales, el cual se presenta como un sistema que
ordena a la sociedad dentro de una cultura basada en el ejercicio de un derecho natural
positivo que a través del sistema político que invade la vida general del ser humano entendido
desde la libertad como una democracia negativa, es decir “un sistema cuyo modo operatorio
fundamental no es de expansión o creación sino más bien de protección y sustracción: la
libertad comprendida como facultad de “no”” (Brossat, 2008) en donde la sistematización de la
inmunidad “es la función correctora o también reparadora de las desigualdades (llamadas)
naturales o instituidas del derecho positivo en las sociedades modernas donde está arraigada
la cultura democrática” (Brossat, 2008).

Es por lo anterior que para el autor la democracia inmunitaria dificulta la existencia de una
sociedad como comunidad, ya que esta funciona desde una sustracción y exposición por el
otro que genera un orden simbólico mediante el mecanismo del derecho como un conjunto de
normas que descredita al modelo pater familias generando una homogenización en el modelo
inmunitario y la autovalidación de la norma en sí misma, planteando a la inmunización como
un proceso de dualización, “un modelo mimético autoreferencial: la norma se presenta como
sacando su validez de ella misma y solo de ella” (Brossat, 2008).

Por otra parte, para Brossat las sociedades occidentales modernas que se guían por el
paradigma inmunitario padecen de fobia al contacto físico y vulnerabilidad emocional
condicionando a los individuos bajo las premisas de protección y seguridad brindada por las
distintas instituciones modernas y los sistemas simbólicos de reglamentación inmunitaria que
norman la conducta sexual de los individuos y atraviesa todos sus movimientos. Así mismo, se
plantea a la inmunización como protección aislante de unos hacia otros generando “defensas”
para con las experiencias ajenas dificultando la comunicación de la comunidad entendida para
el autor como “una constelación de instituciones bajo tutela y sometidas a un principio de
autoridad” (Brossat, 2008) en donde esta civilización pretende establecer al hombre como el
animal más fuerte, despojándolo de la humanidad, del sufrimiento y dolor mediante la defensa
y protección del sistema inmunizador.

Por último, el autor asegura que el paradigma inmunitario en que vivimos presenta una
simplificación de la vida del ser humano, ya que “frente a cada situación se presentan dos
respuestas posibles, una que es conforme a la norma comportamental y una que no lo es”
(Brossat, 2008).

Anestesia

“Es a mediados del siglo XIX que hacen su aparición las técnicas anestésicas vinculadas a la
elaboración de un saber científico que permiten producir artificialmente la insensibilidad, ya
sea local, regional o general” (Brossat, 2008)que pretende a través de ese saber científico
lograr eliminar el dolor físico de l vida del ser humano ocultando miedos, violencia y
destrucción como su índice de civilización explicado por parte de la democracia como una
condición premeditada de insensibilidad como derecho a no sufrir, como una suavidad
democrática que garantiza y asegura al cuerpo común de la humanidad frente al crimen contra
ella misma.

Desde este paradigma se entiende al dolor como un mal y a su resistencia como un bien que se
encuentra moralmente establecido mediante la fortaleza del individuo para hacerle frente a
ese dolor, ya que “el dolor infligido significa a quien lo sufre, su irreparable extracción fuera del
mundo común, entonces el dolor es, dirá Hannah Arendt, mucho más que una prueba para el
cuerpo, es una “absoluta no-pertenencia al mundo”” (Brossat, 2008).

El autor además plantea que, en este sentido, la anestesia y todo lo que ella implica
culturalmente es equivalente a los procesos de pacificación y calma de relaciones con otros
individuos y con nuestro entorno mediante los mecanismos de control inmunizadores, ya que
para Brossat “en el fondo, ahora rechazamos el dolor y lo consideramos como una anomalía,
una perturbación ilegítima, al mismo título que rechazamos la violencia, al considerar las
manifestaciones vivas como separaciones peligrosas, fuera de norma” (Brossat, 2008)
Consideraciones Finales

El eje central del texto hace girar los diversos elementos en torno a la problemática de la
inmunidad – y la violencia – y finalmente hace que estas se encuentren. La inmunidad es aquel
deseo manifiesto a partir de un modelo democrático (y en este mismo) que propone la
anestesia frente a todo aquello que es malo, feo, inútil para el humano; empero la renuncia de
lo bueno, lo bello, lo verdadero. Esta democracia inmunitaria hace al hombre más libre, pero
en un sentido de libertad que difícilmente es el que una persona con espíritu crítico desea
aceptar: la libertad negativa.

Trabajos Citados

Brossat, A. (2008). La democracia inmunitaria. Santiago: Palinodia.