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ADVIENTO

Ed. Infantil y Primaria

Adviento: ¡Ven, Señor, Jesús!

El Adviento nos invita a sintonizar con esos gritos, a veces callados, otras veces
explícitos, que expresan los más hondos deseos humanos de cercanía frente a la distancia,
consuelo frente al desconsuelo, gozo frente a la tristeza o amargura, y presencia frente a
soledad. Sólo si somos capaces de ponernos a la escucha de esa esperanza de salvación
podremos celebrar en plenitud el misterio de la Navidad.

Todo ello lo vamos a trabajar por medio de los colores del arco-iris dando importancia
al significado de cada uno de los colores que lo forman y motivando cada una de las semanas
del adviento.

Escogemos el arco-iris como símbolo de PAZ y para ello ambientaremos el colegio con
una bandera multicolor, la paloma mensajera de la Buena Noticia y los valores a los que nos
llevan cada uno de los colores.

1º Domingo: Morado… Símbolo de perdón y estar al lado del más débil.


2º Domingo: Azul… Símbolo de serenidad y grandeza ante la llegada de Jesús.
3º Domingo: Verde… Símbolo de que la esperanza es posible en nuestro mundo.
4º Domingo: Rojo… Jesús nos regala su amor.

1º Domingo: Morado… Símbolo de perdón y estar al lado del más débil.

Mc 13, 33-37: “Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento”

En este primer domingo nuestra plegaria se hace deseo de que las distancias entre Dios y
nosotros se eliminen. Nuestra vida está sedienta de Dios por mucho que queramos mirar para otro
lado, o nos distraigamos con otras cosas y banalicemos esa sed.
El Evangelio nos habla de la actitud de vigilancia a que nos invita a vivir Jesús, para no
vivir adormecidos, sino en la responsabilidad de tener que abrir puertas al Dios que nos sale al
encuentro en el hoy de nuestra vida, de nuestro tiempo, en el rostro concreto de los hermanos,
especialmente los de rostro menos atrayente. El Dios que derrite distancias nos empuja a derretir
los montes que nos separan de los hermanos, a bajar hacia ellos. Esa es nuestra tarea: “..y dio a
cada uno de sus criados su tarea”

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2º DOMINGO: Azul… Símbolo de serenidad y grandeza ante la llegada de Jesús.

Mc 1, 1- 8: “ Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu


Santo”

En el segundo domingo de Adviento nos hacemos eco del grito de Dios que recoge el
profeta Isaías: “¡Consolad, consolad a mi pueblo!”
En el Evangelio Juan nos anuncia al que ha de venir con un bautismo de Espíritu Santo,
que va más allá del perdón de los pecados, nos hace entrar definitivamente en la dimensión de los
hijos amados del Padre. Esa es la experiencia que nos hace vivir con confianza, no obsesionados
con nuestro valer, que tantas energías nos hace gastar y tanto destrozo provoca sobre nuestra
relación con los demás. Podemos descansar en este sabernos amados y acogidos
incondicionalmente en las manos del Padre.

3º DOMINGO: Verde… Símbolo de que la esperanza es posible en nuestro mundo.

Jn 1, 6-8: “Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan…No


era él la luz sino testigo de la luz”.

Si tomamos el texto evangélico con la figura de Juan Bautista, ya presente en el domingo


anterior, tenemos al testigo, que no es la luz, pero que anuncia, señala la luz. La función del
testigo es importante hoy, ante tanto anuncio luminoso, tanto escaparate de ofertas de felicidad,
no caer en el engaño, la seducción de ofertas de felicidad baratas, generalmente con resaca
amarga. Y saber anunciar y señalar al que es capaz de iluminar el misterio de la vida humana,
para lo que es necesario disminuir uno mismo.

4º DOMINGO: Rojo… Jesús nos regala su amor.

Lc 1, 26 – 38: “Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo…”

Toda la grandeza del misterio pasa por una situación humana pequeña, una mujer del
pueblo, sin nombre, Virgen, que es invitada a entra en este plan salvífico desconcertante e
insensato: dar a luz al hijo de Dios, sin conocer varón. La disponibilidad de María, su sí nos
dispone a celebrar el cercano Misterio de la Navidad. El temor de María - “No temas María” - pone
nombre a nuestros miedos, cuando Alguien irrumpe en nuestra vida y comenzamos a abismarnos
en el misterio del Dios con nosotros. Nuestra vida se debate en esa tensión nunca resuelta del
todo: necesidad del Otro y de los otros que nos habiten, acompañen nuestro vivir, pero por otra,
la dificultad de hospedar al Otro y a los otros, el miedo a perder y a perdernos…No queda otra que
dejarnos llevar de la mano de María, primera creyente y Madre, para adentrarnos en el misterio de
la Navidad.

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