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PRÓLOGO

El jardín ha sido muy poco estudiado, hasta ahora, como obra de arqui
tectura. La nada escasa bibliografía existente apenas ha contribuido a poner
de manifiesto su condición arquitectónica, bien fundamentada desde la Anti
güedad. Pero el interés constante de los arquitectos -que incluye a muchos
de los autores de mayor relieve desde el Renacimiento hasta el presente- no
puede obedecer más que al reconocimiento en el jardín de una arquitectura
peculiar, construida con materiales naturales al tiempo que tectónicos y, no
obstante, capaz de configurar espacios y de incorporar significados con igual
complejidad y no menor intensidad que la arquitectura de piedra.
El origen histórico de la dificultad actual para vincular jardín y arquitectu
ra hay que buscarlo, seguramente, en el cambio de modelo producido a
comienzos del siglo XVIII con la aparición del jardín paisajista, que supuso el
abandono del sistema clásico por una composición de matriz pintoresca basa
da en la imitación del paisaje. Su escisión progresiva del campo arquitectóni
co -que llegó a ser muy profunda aunque, a mi entender, nunca completa,
debido a la permanencia de un fundamento común bastante más consistente
de lo que suele darse por demostrado- vino acompañada por la aparición de
la nueva figura profesional del paisajista, que continúa doscientos setenta
años depués -contando desde William Kent- su proceso de institucionalización.
El modelo del paisaje se extendió desde las propiedades rurales de la nobleza
inglesa hasta los parques públicos de las ciudades europeas y americanas del

PRÓLOGO 7
ncia, arrastrado por sus concomitancias con el n el retorno a la
pequeiia escala y a la composi Revival britanico y en las villas
secesionistas aus el jardin corno paisaje resultaba tan pregnante y amente
en la cultura visual de la época, que su a crisis quiz.i mas grave que la
sufrida en el siglo tardados que vino a coincidir con la eclosion de el
Movimiento Moderno, y relego el tema del jar os debates
arquitectonicos y urbanisticos de esos manecido en el primero durante
siglos.
en el jardin se produjo entonces el trasvase de ones formales de las
artes plasticas, y la experi ometrfas. Ademas, el jardin se adhiri6 a los
temas a y la vivienda masiva, asi corno a las concep poranea, en cuya
formulacion ortodoxa por los cia el ejemplo del parque urbano
decimono nico. racion fue la publicacion en 1938 de Gardens in
hristopher Tunnard, que situo decididamente el miento Moderno. Pero
la superacion de la crisis os de siglo, principalmente en América, con la
orno Garret Eckbo, arquitectos corno Luis Barra y ejercicio- corno
Roberto Burle Marx y escul que definieron un territorio intermedio
preiiado aiios ochenta en adelante, ese territorio se ha nzando con cierto
estrépito las posiciones mas a y asumiendo aportaciones del «land
art» y el o por resultado hitos tan notables corno los pro parque de La
Villette en Paris -y su realizacion humi-, el conjunto de los nuevos
espacios urba
de Peter Walker o de Dieter Kienast.
doja de una renovada alianza entre arquitectura nios frente al desinterés
de historiadores y criti de el punto de vista arquitectonico? La respuesta
est.in claros: el desconocimiento por los diseiia e su titulo profesional-
de las lecciones histori ctos, de las contribuciones del jardin a la evolu la
ciudad; y por todos, de la indole esencial del on de espacios habitables
cargados de significa sion de abordar una reescritura de la historia del

TRUCCION DEL JARDIN CLASICO


jardin corno arquitectura que, sin negar otras posibles -de hecho, desde hace
tiempo dominantes-, deberia proporcionar una lectura mas comprensiva del
jardin, remitiéndolo a su ambito originario y volviendo a poner en relaci6n
los aspectos habitualmente tratados con toda una cohorte de ellos soslayados
durante muchos aftos. De ser esto cierto, seria oportuno comenzar operan do
sobre el periodo en que esa asociaci6n parece menos discutible: el del jardin
clasico, siempre que por tal no se entienda s6lo la obra de Le Nostre y los
jardines tardobarrocos que aplicaron su sistema compositivo, sino el
conjunto de obras producidas desde el Renacimiento temprano en Italia
-donde tuvo su origen-, del cual aquélla no fue sino la culminaci6n.
Pues bien, el proposito de este estudio es aplicar los instrumentos propios
del analisis arquitect6nico al episodio germinai del jardin clasico en Italia,
desde su invenci6n a mediados del siglo xv hasta el agotamiento de su impul
so originai en la segunda mitad del XVII, retomando los materiales ya exis
tentes y reinterpretandolos en el contexto de las concepciones arquitect6ni
cas de la época. Se trata de exponer las teorias y los modelos elaborados en
la tratadistica; de analizar los trazados de los ejemplos proyectados y cons
truidos, la composici6n de sus elementos, la configuraci6n de los espacios y
su relaci6n con la ciudad y el paisaje en que se ubican; de identificar los tipos
y de estudiar su evoluci6n y sus variantes en el periodo indicado. Si este pro
grama puede inspirar o no un procedimiento de analisis de alcance mas
amplio, aplicable a los desarrollos subsiguientes del jardin, se vera en el futu
ro. Por ahora, con que sirva para poner de manifiesto las potencialidades de
un enfoque arquitect6nico habra sido suficiente.

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AGRADECIMIENTOS

Este trabajo fue realizado inicialmente corno tesis doctoral, ademas de con
el objetivo antes expuesto, para satisfacer la necesidad docente de
sistematizar una gran cantidad de materiales dispersos en publicaciones de
muy distinta indole. Sin embargo, el producto final debe tanto a las
intenciones de partida corno al proceso de decantaci6n y reordenaci6n
efectuado durante bastantes afios de ensefianza en las Escuelas Superiores de
Arquitectura de Valladolid y de Madrid. Por eso doy las gracias a los amigos
-profesores y estudiantes- de ambos centros que simpatizaron con esta
orientaci6n y me hicieron sugeren cias que ahora seria dificil detallar. No
quiero dejar de recordar a Guillermo Cabeza Arnaiz, que dirigi6 mi tesis
doctoral, cuyos consejos y observaciones fueron de valor inestimable para el
estudioso primerizo que yo era; a Ramon Rodriguez Llera, por su temprano
interés y su apoyo firme en los momentos dificiles, y a Dario Alvarez que,
primero corno alumno y después corno docen te, me proporcion6 los
primeros indicios de que lo que estaba proponiendo no careda de sentido.
Quede personificada en ellos la gratitud que debo a los demas. Quiero,
finalmente, dedicar este libro a mis padres y a Carmen, por que también es
fruto de su carino y confianza.
10 LA CONSTRUCCIÒN DEL JARDfN CLASICO

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