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Fortier Frances; Chénard, Jaqueline; Leclerc, Celine (1998).

“Le pacte critique


posmoderne. De quelques figures énonciatives de la critique littéraire
québécoise de l’année 1990” en Études litteraires, vol. 30, n°3: 13-31.
(PDF)

Este artículo se centra en artículos críticos publicados en 1990 en cuatro revistas


literarias de Quebec: Études françaises, Urgences / Tangence, Protée et Spirale.
Presentan una diversidad representativa de tendencias de la crítica contemporánea.

Según los autores, para poder hacer un inventario de formas enunciativas, cada
uno de los 145 artículos analizados han sido presentados en función de un protocolo de
lectura, que se encaminan en un primer momento, a la identificación de las figuras de la
enunciación, como hablamos de figuras de la retórica o de la narración.
Basado en la premisa de la fluctuación de la enunciación, se busca nombrar las
relaciones complejas que se establecen entre las diversas figuras; así la percepción del
sujeto enunciador, no como un punto de origen único, sino como un lugar de transición
de la palabra, espera permitir el reconocimiento de efecto de máscara, de revelación, de
distanciación, etc. Este protocolo prevé diversas combinaciones, que son tanto
esquemas enunciativos virtuales: de hecho, en la medida en que este ejercicio intenta
distinguir dispositivos enunciativos, se puede identificar los lugares estratégicos del
proceso enunciativo. Por el momento, este protocolo atiende a cuatro aspectos
principales: la postura enunciativa, las mediaciones, el pacto dialógico y las
interacciones enunciativas. Cada uno de estos aspectos cubre una serie de parámetros en
orden a especificar la actitud enunciativa. Por lo tanto, la identificación de la postura
enunciativa señala la configuración -en términos de asunción, de neutralización, de
colectivización o de relaciones de trasnmisión- y el rol, ilocutorio o escritural, que es o
no teatralizado. Las mediaciones conciernen al tipo de racionalidad privilegiada,
dependiendo de si releva el orden diegético, cognitivo, retórico, heurístico o mayéutico.
El pacto dialógico determina la forma del informe de dirección que puede ser discursivo
o actoral. En fin, las interacciones dialógicas pueden dar lugar a la delegación, a la
apropiación, o a la hibridación bajtiniana. Esto está todavía bajo esta rúbrica que toma
en consideración los múltiples procedimientos de dialogismo textual, que procede de la
fusión, de la yustaposición, de la apropiación o de la delegación. El examen de la
enunciación de un texto crítico es el resultado de una reconstrucción, operante sobre
ejes plurales. Así señalado, el retrato enunciativo de un texto, por la centuación de una
facete o de otra, es un dispositivo singular; y es precisamente de esa singularidad,
prevista por nuestro modelo, de la cual nosotros queremos dar cuenta.
Este primer filtro, de carácter exploratorio, mezcla la posibilidad de descubrir
dispositivos formales que podríamos calificar e interpretar según la confrontación con
otros aspectos de la posmodernidad; por ahora, este inventario permite sobretodo
señalar, desde una perspectiva a la vez teórica y empírica, un campo enunciativo que
otorga un repoertorio de mecanismos enunciativos, algunos más inusitados que otros,
actualizados en la producción crítica actual.
… Las “figuras enunciativas” ilustran las diferentes facetas de la heterogeneidad
constitutiva de la crítica, poniendo en evidencia el carácter fluctuante de toda postura
enunciativa y designa la diversidad formal del pacto crítico. Él será de hecho ilusorio,
como dice Nicole Fortin:
Pensar en leer aquí lugares de consenso que cimientan la unidad de un sistema.
La posmodernidad tiene sin duda de singular que ella no inviste jamás un lugar
sin transformarlo en un espacio híbrido de representación, de reflexión, de
denuncia, de carnavalización, de simulación o de ficcionalización. Estos
espacios no son tanto modos de la forma del discurso sino figuras que le dan
forma al texto, inscribiendo la posición crítica en el interior mismo de la
palabra enunciada (Fortin, p. 12).

Este espacio híbrido implica por lo tanto una desviación del pacto crítico? A título
de actividad interpretante, la crítica propone una lectura, más o menos subjetiva, más o
menos afirmativa, pero que sin embargo alude a la inscripción de un saber. Desde un
punto de vista enunciativo, la crítica compromete toda una serie de relaciones –entre el
sujeto y el objeto, entre el firmante y el lector, entre la obra y sus comentarios-
ordenados alrededor de una estrategia argumentativa centrada y orientada en torno a un
tema verídico [véridictoire]. Qué pasa cuando uno u otro de estos ejer es
deliberadamente perjudicado/destrozado?

La contestación de la norma
[Respecto del artículo “Chère Zazie” de Tonton Gabriel, en Revista Spirale, el
cual reseña la aparición de las Obras Completas de Raymond Queneau].
…El anonimato del autor omite sin embargo, la regla fundamental de la
enunciación crítica que une la enunciación a quién habla. Poniendo en obra la
disociación autor/enunciador, este postura de démultiplication –en el sentido de que el
Yo del texto reenvía a una instancia distinta, en este caso manifiestamente ficticia-
señala facilmente una actitud metacrítica…
Esta manera de imitar y minar el proceso enunciativo, además de que se conecta
fácilmente con la dimensión lúdica del texto, pone en escena el recurso de un saber
dividido, característica a la vez de la correspondiencia y del acto crítico. El pacto
dialógico instaura abiertamente un registro fictivo que puede leerse como un
cuestionamiento del esquema crítico.
Este artículo1 no sacrifica la mediación cognitiva que funda la marcha de la crítica.
Todo lo contrario, el texto procede a una recategorización de la obra de Queneau:
asociada desde hace mucho tiempo a la modernidad, deviene aquí en emblema de la
posmodernidad…
Semejante tratamiento hipertextual, además de acreditar la figura de la
enunciación, instaura una relación específica con el objeto: la postura crítica, aquí,
diluye la oposición autor/lector, entablando un verdadero diálogo con la obra.
Esto que a menudo aparece como una falta del acto crítico, la contaminación
estilística, deviene en cierto modo, en la medida en que esta lleva a cabo de forma
deliberada un principio de lectura.
El dispositivo enunciativo de “C.Z.” –marcado por la ficcionalziación de
instancias, el cortinaje de la mediación cognitivia y la hipertextualidad- deja aflorar,
bajo la cubiera del ludismo una cuestión estética.

La invención de la crítica: formas y procedimientos


[Sobre el artículo “J´ouvre le catalogue…” ]
La existencia real del objeto referenciall representa en efecto el polo ineludible del
comentario…
Una actitud enunciativa corriente consiste en crear un espacio discursivo donde los
diversos participantes convocados como prueba de la demostración quieran dialogar, a
1
La crítica tiene esa posibilidad de “mediación cognitiva”, de cambiar la percepción o el rumbo de la
interpretación de una obra. Qué pasa con esto o con qué otros fenómenos esto se conjunga en un texto que
es a la vez crítica de otro texto, pero también auto-poética? Es decir, el texto “criticado” es el del propio
autor….
modo de cita. El discurso erudito procede en efecto a la confrontación con fuentes,
instaurando un intercambio ficticio, destinado a acentuar filiaciones o a marcar los
antagonismos. La atribución puede darse abiertamente u ocultarse: en uno u otro caso,
se trata de generar una reacción que no ha tenido lugar. De hecho, la función de
oposición será delegada a otro enunciados; veces la cita de segunda mano, por su efecto
de distancia, se presta fácilmente a la interpretación…
Estas formas de apropiación del discurso de otro, como mecanismo regulado de la
enunciación crítica, corta en el campo discursivo de enunciaciónes que podrían ser
revestidas de valores diferentes. Semejante concepción del discurso como un aire
discursivo divisible al infinito, por lo que recompone disposiciones/arreglos, revela el
principio mismo de la dinámica crítica.
…Estos procedimientos apuntan la iintersubjetividad fundamental de la crítica. El
artificio pasa relativamente desapercibido porque se “naturaliza”, en cierto modo, las
tomas de palabra y borra la necesaria operación de selección y combinación que preside
la enunciación lírica. De hecho, a título de discurso en el que domina la cita, la crítica –
y es una de sus características- es esencialmente dialógica: la puesta en escena de las
voces, incluso discordantes, favorecen la intención argumentativa. La utilización masiva
del discurso contado/narrado/citado implica en otro nivel la credibilidad del enunciador
que se impone como un lector competente, vale el hecho de que ya habla a propósito de
su objeto. La exacerbación de estas formas reguladas puede proporcinar sin embargo la
transmisión del saber de un tema suplementario… El tratamiento singular de la cita, por
ejemplo, designa una preocupación a la vez semántica y formal: fragmentado en
palabras o en expresiones insertadas en el interior mismo de la frase, la palabra del otro
parece haber sido cosas en virtud de sus potencialidades asociativas y el “bricolage” de
citas confinado a la poesía. Semejante virtuosidad que señala constantemente el carácter
heterogéneo de su decir, comprometido al mismo tiempo con una doble lectura, atento a
la vez a los comentarios y su desarrollo. La crítica se hace aquí escritura , en equilibrio
entre el desciframiento de la palabra y la construcción del sentido. La recuperacion de
todas las formas discursivas del “territorio imaginario de la cuultura”, debido a su
carácter sistemático, designa las dimensiones dialógicas y polifónicas del discurso
crítico. Ella revela, por otro lado, y es éste el propósito fundamental de l´Ecologie du
réel.
De la creación pura de los montajes de citas, las figuras enunciativas señaladas
aquí, dan testimonio de un cuestionamiento del acto crítico? El comentario de un libro
imaginario, la representación de un diálogo ideal, la fragmentación de la cita y la
convocatoria de personajes romanescos diluyen la frontera entre verdad y falsedad,
entre lo real y lo imaginario, entre la crítica y la literatura. Se trata de denegar el estatuto
de la palabra autoritaria, de tomar nota del orden discursivo o de rediseñar los contornos
de un ensamblaje genérico? Será prematuro asignar una perspectiva única a
procedimientos que ponen en escena el carácter exploratorio de la reflexión crítica; sin
embargo, hay que inscribirlos sobre la marcha de una contestación del régimen de
racionalidad que reclama la verdad… Esta facultad –inherente a toda práctica del
lenguaje- toma aquí un valor singular de hecho, que se trata en absoluto de construir,
conscientemente o no, un simulacro interpretativo. Esto que hay que notar, de hecho, es
la “diseminación” de la ficción. Cómo considerar estas inserciones fictionales en una
registro de saber? A veces inocua, a veces más insistente, estas marcas contribuyen a la
desviación del pacto crítico? Si es así, cómo? A primera vista, estos guiños pueden verse
como reiteraciones discretas de la estética posmoderna: la amalgama de puntos de vista,
la impureza del registro, la recuperación de sedimentos discursivos y el aplanamiento
histórico representan como muchos rasgos formales del formato a distancia del tema
relativo a la verdad de la crítica. No se trata tanto de decodificar el sentido, sino de
reivindicar una tonalidad interpretativa y de inscribirse en un espacio discursivo, entre
otros objetos, reales o inventados, y entre otros discursos pronunciados o virtuales.

La crítica recogida: la forma en serie de lo diverso


Sin por tanto gritar el desmantelamiento de los dicursos de verdad, fuerza es
constatar sin embargo la imposición de la tematización de la ficción en los textos
críticos.
Así, un artículo intitulado “La ficción de la América en el ensayo contemporáneo”,
reconoce abiertamente las potencialidades de una ficción que se afirma como tal…
El pensamiento de lo diverso, como vemos, no significa necesariamente la
yuxtapoisición de elementos dispares: él puede, por el contrario, traducirse en un
desarrollo de la serie de fenómenos anteriormente dividida, como se evidencia en otro
artículo del mismo dossier sobre la americanidad que presenta un estado de la cuestión
sobre los estudios literarios de Quebec.
… La configuración que emerge a discreción de los ejemplos distiinguidos hace
transparente aquellos vectores de la estrategia crítica contemporánea. Se observará en
primer lugar, el corte del corpus alrededr de cuestiones no estrictamente literarias, que
se trata de la americanidad, el feminismo, el exotismo o la moda femenina, que
permiten la integración de saberes culturales, históricos, identitarios o filosóficos. Ávida
de la alteridad, la crítica literaria señala además los elementos de su reflexión en un
repertorio discursivo centrado, atravesando las edades, las culturas y los registros, para
deliberadamente, según Hans Jürgen Lüsenbrink, “transgredir la autonomía a menudo
reivindicada de la literatura y de discursos que se injertan ahí”.
…La disolución de categorías genéricas, donde la ficción le disputa al ensayo,
viene a perturbar el tema de la veridicción del pacto crítico; en fin, sostenido por una
postura que reconduce el propósito poniendo a distancia su propio fundamento
epistémico, el dispositivo enunciativo inscripto netamente en su visión performativa,
creando en y por el lenguaje la realidad de su objeto. La posmodernidad, la que se da a
leer, es un modo de percepción conciente de sus engranajes, de sus estrategias y de sus
efectos…
La asunción de la enunciación obedece a veces a otras perspectivas, menos
estrivtamente expresivas, pero que manifiestan tanto una redefinición del sujeto
crítico…

La reivindicación de la facultad imaginaria, en el corazón mismo del acto crítico,


se ejerce a veces de manera oblicua.

De l´inventio à la fabula
Podemos concluis, sobre la base de unas figuras enunciativas examinadas aquí, a
la existencia de una crítica literaria posmoderna? Ciertamente no, y esto por dos razones
principalmente. En primer lugar, la búsqueda de índices de una mutación formal de la
crítica se tropieza pronto con la aporía que la funda, a saber la atribución de un valor
distinto a fenómenos cuya prevalencia podría leerse de otra forma.
[27]
Además, la posmodernidad no puede pensarse como un fenómeno aislado, fuera
de su necesario entrelazamiento con otras formas de conocimiento. Por lo tanto, resulta
difícil, en ausencia de una ruptura radical, la inversión sistemático o crisis espectacular
que permiten, si no establecer con certeza, por lo menos presentar, reflejar una
reorganización epistémica a favor de cualquier desplazamiento de polos del esquema
crítico.
Sin embargo, estas figuras enunciativas traducen una inflexión de lo
argumentativo que conviene leer a la luz del escepticismo ambiental. Hemos comentado
mucho acerca de la pérdida del sentido, acerca de la disolución de modelos
interpretativos, acerca de la anonimia de ensamblajes culturales que caracterizan la
condición posmoderna. No se trata aquí de reconducir esos enunciados rectores, sino de
subrayar ciertas tendencias manifiestas. De la desenvoltura a la lucidez, el espectro de
posturas señaladas relevan una actitud dubitativa obligada, sin duda mejor adaptada a la
reflexión metacrítica. De hecho la consciencia de la precariedad de saberes no va sin la
puesta [á plat] de sus propios mecanismos interpretativos, a fin de nunca dar motivo a
una deconstrucción devastadora. Esta estrategia de parada apunta a la elaboración
consciente de la figura del “no-ingenuo”, se dobla todavía la afirmación del carácter
“preferencial” de su propio discurso. La vuelta crítica sobre sí deveien así un argumento
que legitima la exploración de posibles; el proceso axiológico se desplaza del objeto de
estudio a la ejecución de su comentario. Astuta, la palabra crítica no se ejerce tanto en el
hilo derecho de una estrategia agónica o cognitiva como en el mestizaje de registros
narrativos y retóricos que vienen a reforzar una posición deliberadamente distanciada.
Para otros, la puesta en escena de una subjetividad interpretante y la teatralización
de su trayecto hermenéutico, que incorporan el “culto de la invención de sí”, sitúan el
acto de lectura al centro de la dinámica crítica. La falsa transparencia de un sujeto que
lee, arquitecto de interpretaciones diversas que se apropia o hace dialogar entre ellas,
construye relaciones inusitadas, series inesperadas, cultiva la ruptura o, a la inversa,
niega la discontinuidad, hace derivar la transmisión del saber hacia la elaboración de
hipótesis. Del mismo modo, el fraccionamiento del objeto, su reinserción en otros
contextos, el reciclaje de la palabra, el emparejamiento de la desagradable y sublime, el
recurso de esquemas interpretantes no estrictamente literarios, descentra el lugar del
sujeto; paradojalmente, por el relevo de puntos de vista despolarizados, el sujeto pierde
su supremacía en beneficio de un “pensamiento no oposicional y no jerarquizante que
rehusa la oposición de lo alto y lo bajo, del centro y la periferia, de lo autóctono y lo
extranjero, de lo Negro y lo Blanco, de lo femenino y lo masculino” (Lévesque). La
última. La última parada de la lógica oposicional que divide lo real de lo ficticio, cede a
su tour.
… La escritura, a título de integración de saberes y de prácticas, deviene el lugar
privilegiado de la elaboracion de un sentido ni estable ni lábil, no fijado ni evanescente,
estrictamente plausible.
En contexto de posmodernidad, estas mutaciones formales del discurso crítico, en
redefinición del pacto enunciativo que lo funda, discuten sútilmente la institución. Por
diseminadas que son –la posmodernidad, como se dijo, se piensa ontológicamente
fragmentada-, estas actitudes enunciativas señalan sin embargo una derivación
axiológica. La desacralización de la crítica, después de la literatura, no significa por
tanto la negación de toda referencia. La posición como parte de un ensamblaje de la
crítica no resiste la “ironía melancólica”; la adjesión al objeto no será más que marcada.
Discretamente, la valorzación de la literatura encuentra ejercitándose en la palabra
crítica, toda entera profesada la estetización de su decir. La conciencia de la fragilidad
del discurso se acompaña del reconocimiento de la alteridad, bajo la figura de un
interlocutor y no más como [repoussoir] identitario. Esto reside, parece, el fundamento
de una novela ética del sujeto crítico.