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Vigencia de la Declaración Universal de los Derechos Humanos

El 10 de diciembre de 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas en París, Francia


aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH), siendo su Resolución
217 A (III). Acababa de terminar la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial y la humanidad
estaba postrada frente a los efectos de esta hecatombe. La Declaración surge del corazón
de todas las tradiciones ético - filosóficas y jurídicas que abogan por la vida de la humanidad
y levanto el estandarte de los principios de la dignidad, igualdad, fraternidad, no
discriminación y libertad inherente de todos los seres humanos.
Esta carta universal de derechos civiles, políticos, económicos, sociales, culturales,
ambientales marcó un hito de esperanza para que los Estados, los pueblos y naciones se
esforzarán, “a fin de que tanto los individuos como las instituciones, inspirándose
constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a
estos derechos y libertades, y aseguren, por medidas progresivas de carácter nacional e
internacional, su reconocimiento y aplicación universales y efectivos, tanto entre los
pueblos de los Estados Miembros como entre los de los territorios colocados bajo su
jurisdicción”. (Preámbulo de la DUDH)
Tal y como lo señala Claude Welch, la Declaración Universal es uno de los documentos más
importantes del siglo XX. Se ha traducido a 337 idiomas. Se ha convertido en la piedra de
toque de las acciones de los gobiernos, individuos y grupos no gubernamentales. Ha sido
ratificada por todos los países del mundo. Prácticamente, ningún otro instrumento
internacional puede reclamar este honor. En resumen, la Declaración ha adquirido un
significado moral y político que pocos documentos poseen.
Han transcurrido ya 61 años que la ONU aprobó la DUDH, en estas décadas este
instrumento internacional se ha convertido en el basamento para que las naciones
aprueben normas jurídicas internacionales y edifiquen instituciones encargadas de
promover, defender, y aplicar los derechos y garantías relacionadas con la mejora de las
condiciones de vida de todos los grupos humanos.
La Declaración sigue siendo fuente de derecho para que los Estados formulen e
implementen leyes y políticas públicas económicas y sociales justas e incluyentes que
aseguren a todas las personas el ejercicio pleno de todos sus derechos humanos “sin
distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra
índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.
(Arto 2 DUDH)
La Declaración persiste en el tiempo siendo un llamado ético para que los Estados y las
sociedades procuren la realización de las aspiraciones colectivas, los sueños generacionales,
la materialización de las demandas de los pueblos originarios, la
concreción de las banderas generacionales, la efectiva aplicación de los derechos
irrenunciables de los empobrecidos.
La Declaración es una guía de acción política y sistémica para que todas las culturas en todas
partes del planeta trabajemos por eliminar:
-Todas las formas de esclavitud, incluyendo las expresiones modernas de esta; como el
tráfico humano, la trata de personas, la explotación sexual, entre otras.
-Todas las formas de violencia y abuso, incluyendo las torturas, los tratos crueles,
inhumanos o degradantes. Debemos colocar atención a la violencia física, sicológica, moral,
sexual y patrimonial que sufren las mujeres, niñas y niños.
La Declaración establece los principios, la filosofía y el andamio de un sistema de
administración de justicia que sea respetuoso de los derechos humanos en todas las
latitudes de la tierra. Una Justicia que permita desde su concepción y su práctica:
- Interposición de recursos efectivos ante los tribunales nacionales competentes.
Eliminación de las detenciones arbitrarias.
- Establecimiento de la plena igualdad absoluta de todas las personas.
- Establecimiento de tribunales independientes e imparciales.
- Aplicación de garantías al debido proceso como (la presunción de inocencia, la defensa
jurídica, no ser condenado por actos u omisiones que en el momento de cometerse no eran
considerados delitos según el Derecho nacional o internacional, entre otras)
La Declaración nos continúa interpelando para que se eliminen todas las formas de
explotación, desigualdad, discriminación y apartheid social de un Estado contra otro Estado,
de un grupo contra otro, de un Estado contra sus ciudadanos, de la ciudad contra el campo
para que todas las personas gocen de los derechos a una educación de calidad, seguridad
social, empleo bien remunerado, tiempo libre recreativo y productivo, al respeto a la
multiculturalidad.

Los principios democráticos


En su primer discurso, Franco repitió dos veces ese mismo mensaje, que dijo haber
trasladado textualmente a la misión de cancilleres de la Unasur a la que hoy recibió en
Asunción, antes de que un "juicio político" resultara en la destitución de Fernando Lugo
como presidente.
El liberal puso el acento en su intención de entregar el mando presidencial el 15 de agosto
de 2013, cuando concluye el actual mandato, y de ocuparlo hasta entonces buscando la
colaboración de todos los partidos y movimientos sociales del país. “La única manera de
llevarlo adelante es entendiendo que el país tiene que ser construido por todos los sectores,
todos los partidos", aseveró el nuevo mandatario paraguayo, cuya asunción ha sido
cuestionada por algunos gobiernos sudamericanos.
"Vengo a ratificar mi voluntad irrestricta de respetar las instituciones democráticas, el
Estado de Derecho, la vigencia de los derechos humanos y los compromisos asumidos" por
el Gobierno saliente, aseveró, para negar que acceda al poder con "odio" o "rencores".
Su discurso adquirió por momentos un sesgo populista, como cuando pidió honrar a las
muertes registradas en Curuguaty (nordeste) por la lucha por la tierra "iniciando el
verdadero desarrollo social sostenible con énfasis en la agricultura familiar" o el uso de la
energía que le sobra a Paraguay "para industrializar el país", en lugar de cederla a los
vecinos, Argentina y Brasil.
"Vamos a hacer juntos una política de Estado energética" que permita utilizar los recursos
de las presas de Itaipú y Yacyretá "para generar industria y mano de obra" y que nunca más
un paraguayo tenga que emigrar en busca de trabajo, propuso.
Estos tramos de su discurso fueron muy aplaudidos por los diputados y senadores presentes
en la sesión, a los que confió lo departido con la delegación de la Unasur que acudió a
Paraguay el jueves por la noche, en plena crisis por el proceso de destitución iniciado contra
Lugo.
Poco más de 30 horas han transcurrido entre el inicio del proceso este jueves en la Cámara
de Diputados y la sentencia de "culpable" de mal desempeño en sus funciones dictada de
hoy por el Senado, que supuso la inmediata destitución del exobispo católico.
Según Franco, hoy les dijo a los cancilleres de la Unasur que su Gobierno "mantendrá el
respeto irrestricto a la Constitución y las leyes y a los tratados y acuerdos internacionales y
al cumplimiento de las obligaciones internacionales" que Paraguay tiene como Estado.
Tras su juramento y discurso en la sesión conjunta de las dos cámaras del Legislativo, el
nuevo líder paraguayo se trasladó caminando al cercano Palacio de Gobierno para ocupar
su nuevo despacho, según imágenes retransmitidas por las televisiones del país.
RESUMEN

Este artículo busca reflexionar sobre la importancia y vigencia de los derechos


humanos. Siempre resulta alentador recordar y recoger la gesta de aquellos
libertarios que impulsaron reformas constitucionales como la de Querétaro en
México (1917) y la de Weimar en Alemania (1919), logrando afirmar derechos
individuales y dando un reconocimiento a los derechos económicos, sociales y
culturales. Se debe tener presente que los derechos humanos no son una
concesión del poder público, sino que son una conquista histórica de la
humanidad, y no debemos permitir ningún retroceso al respecto. Los derechos
humanos están orientados a proteger a los ciudadanos frente al autoritarismo
de los Estados, y se definen como prerrogativas que tiene todo ciudadano
frente a los órganos de poder para preservar su dignidad humana. En ese
sentido, los Estados deben cumplir con los tratados internacionales en
derechos humanos como garantía del cumplimiento del principio de buena fe
y la norma pacta sunt Servando.