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Folleto EVC No.

626

EL SENTIDO Y LA MISIÓN DE LA FAMILIA

INTRODUCCIÓN

Las dificultades, problemas, que hoy vive la humanidad; nuestra sociedad, en las crisis
familiares, divorcios y familias incompletas es un hecho con el que nos enfrentamos todos los
días.

Ahora bien, si son graves y numerosas las amenazas son también grandes las esperanzas. Si
hay muchas sombras, se aprecia el rumbo positivo de tantos hogares, que a pesar de las
dificultades externas e internas a su propia familia, han sido fieles a su vocación y a su
misión. Familias que viven con plenitud el sacramento del matrimonio. Familias donde se dice
un sí a Dios, al amor, a la vida, a la verdadera libertad y al respeto mutuo.

Cada familia tiene su misión, su identidad. ¿Hay algunos valores que están en la base de la
identidad y misión de la familia?

Para dar respuesta a estos interrogantes y profundizar en el sentido y la misión de la familia


en el mundo, actual debemos girar alrededor de dos grandes temas:

A. El designio de Dios sobre el matrimonio y la familia.


B. Las tareas o cometidos generales de la familia.

EL DESIGNIO DE DIOS SOBRE EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA.

¿De dónde proviene la tendencia hacia el matrimonio y la familia?, ¿La tendencia del hombre
y la mujer a unirse en una convivencia conyugal?

En primer lugar podemos decir que el matrimonio o la familia no son simplemente una
costumbre social, o una forma que impone la autoridad o un remedio para las debilidades
humanas. La respuesta la encontramos en el mismo designio de Dios sobre el hombre: "Dios
ha creado al hombre a su imagen y semejanza: Llamándolo a la existencia por amor, lo ha
llamado al mismo tiempo al amor; (FC No. 11).

De aquí se desprenden varias consecuencias:

*Que somos criaturas: Dios es el Creador y nosotros las criaturas. Dios tiene un plan sobre
mí que soy criatura. Este plan, esta llamada personal que Dios me hace la inscribe en mi ser
y por consiguiente la capacidad y la responsabilidad de amar y de comunicarme. El amor me
viene de lo alto.

*Que somos criaturas llamadas a realizar algo: por tanto el amor es la vocación, la llamada
fundamental e innata de todo ser humano.
*Que somos criaturas llamadas, pero libres de elegir y que la verdadera libertad está en
elegir esta vocación al amor.

* Que Dios tiene dos modos de llamar: para realizar esta vocación es el matrimonio, el otro
la virginidad.

*Que soy criatura con un cuerpo y un espíritu: El hombre está llamado al amor en su totalidad
unificada, es decir, alma que se expresa en un cuerpo. En virtud de esta unión sustancial con
un alma espiritual, el cuerpo no puede ser reducido a un complejo de órganos, tejidos y f
unciones, sino que es parte constitutiva de la persona, que a través de él se manifiesta. El
amor abarca también al cuerpo.

*Si mi cuerpo no es solo un complejo de órganos, tejidos y funciones, por esto mismo, la
sexualidad no es algo puramente biológico, sino que afecta a lo más íntimo de la persona
humana: a su cuerpo y a su espíritu. Es necesario considerarlo como valor de la persona, en
cuanto creado a imagen de Dios.

*El único "lugar" donde se hace posible la donación total de un hombre a una mujer es el
matrimonio, es decir, en esa elección consciente y libre con la que el hombre y la mujer
aceptan la comunicación íntima de vida y amor que Dios mismo ha querido. En contraposición
a lo que hemos dicho, el mundo en que vivimos rechaza muchas de estas ideas: se puede
hablar de justicia, de familia, de amor pero no tienen como punto de referencia a Dios.

Al hombre de hoy le gusta ser "creador". Hacer uso de su cuerpo y de su sexualidad según
su "plan creador", no como criatura. Su "libertad" está en definir irracionalmente las reglas
del juego. Ir contra su misma naturaleza. En una palabra, no aceptar el designio de Dios
sobre el matrimonio, la familia y la propia persona. Y como dice Víctor Frankl: "Cuando la
gente vuelve la espalda a Dios ocurre lo que está ocurriendo: se llega al desprecio de la
vida".

LAS TAREAS O COMETIDOS DE LA FAMILIA CRISTIANA

En el designio de Dios la familia no solo descubre su identidad como una "íntima comunidad
de vida y amor", sino también su misión, su cometido que es el de custodiar, revelar y
comunicar el amor de, Dios por la humanidad.

Bajo esta luz unitaria hay que ver las cuatro tareas de la familia cristiana en las que se
expresa su misión y vocación: Bajo el prisma del amor. Y en ese sentido cada una de esas
tareas no es, sino la explicación de ese designio de Dios sobre la familia, y que consiste en
esta llamada al amor. Como dice Juan Pablo II en la Familiaris Consortio: Familia "Sé" lo que
eres.

¿Cuáles son estas tareas?


* En primer lugar vivir, crecer, perfeccionarse hacia dentro como esposos, padres e hijos y
de ahí sale el primer cometido: Formar una comunidad de personas.

*En segundo lugar crecer, perfeccionarse para servir a la vida, Primero, por una parte:
participando en el amor de Dios y en su poder de Creador "mediante la cooperación libre y
responsable de la transmisión del donde la vida humana". Segundo, por otra, parte educando
a los hijos hasta la madurez.

*En tercer lugar esta experiencia de comunión, fuerza y cohesión vivida dentro de la familia
debe proyectarse a la sociedad, siendo el motor del desarrollo de la misma. Este es el tercer
cometido: su participación en el desarrollo de la sociedad.

*Y una cuarta tarea, no menos importante, consiste en la edificación del Reino de Cristo en
la historia, mediante la participación en la vida y misión de la Iglesia.

Los dos primeros cometidos están encaminados a fortalecer y robustecer esa comunidad de
personas, al servicio de la vida, que después se proyectará en el mundo exterior como primera
célula de la sociedad y como Iglesia doméstica.

A) La formación de una comunidad de personas:

Si la vocación, la misión de la familia, cómo ya hemos dicho, es la de custodiar, revelar y


conservar el amor, será precisamente el amor, el principio interior, el motor, la fuerza que
construya esta comunidad de personas.

¿Qué vendría a ser una familia sin amor?, ¿Un hotel?, ¿Un cuartel?, ¿Un conglomerado, más
que una íntima comunión de personas y cuántas veces un purgatorio y no pocas un infierno?

El amor va creando esa atmósfera de comunión y de espontánea libertad en la que se


desarrolla armónicamente la personalidad humana de toda la familia: entre esposos, entre
padres e hijos y demás familiares. Se forma un hogar propio, sin oler a leña de otro hogar,
como dice la canción.

1) La primera comunión que se instaura es la de los cónyuges que hunde sus raíces en el
complemento natural que existe entre el hombre y la mujer, animados por compartir lo que
tienen y sobre todo lo que son. Es una comunión que se caracteriza por su unidad y por su
indisolubilidad.

Como nos dice la Gaudium et Spes no. 48: "Esta unión íntima, en cuanto donación mutua de
dos personas, lo mismo que el bien de los hijos, exigen la plena fidelidad de los cónyuges y
reclaman su indisoluble unidad". Esta indisolubilidad es un deseo expreso del Señor: "Lo que
Dios ha unido que no lo separe el hombre" Y uno de los deberes más preciosos y urgentes de
las parejas cristianas de nuestro tiempo.
El hombre y la mujer están llamados a esta comunión para complementarse. Están llamados
a sumar sus capacidades, a apuntalar sus limitaciones y a armonizar sus esfuerzos. Son
iguales en dignidad, son como la cara y la cruz de una moneda que es el ser humano.

Sobre la base de la comunión entre los cónyuges se construye la unión más extensa entre
todos los demás componentes. La comunión entre los cónyuges son los cimientos sobre los que
se construye la familia.

2) El amor entre ellos se desborda en la familia, empezando por los hijos. La familia cristiana,
Iglesia doméstica, es tarea de todos, todos, pequeños y grandes, son arquitectos, albañiles
y constructores del hogar. Pero no olviden que los cimientos son los esposos y que la varilla
y el hormigón son el amor y la donación mutua.

Esto exigirá tener muy presente el valor del amor que exigirá sacrificio y disponibilidad,
comprensión y perdón abundante y sincero. Saber ceder una y otra vez por el bien mayor.
El que cede no es el más débil sino que tiene más capacidad de respuesta, más amor. Y el
amor como decía Pascal: "Es un artículo maravilloso: cuanto más se da, más le queda a uno".

3) El Sínodo de los obispos y Juan Pablo II han dedicado una atención privilegiada al papel
de la mujer en la familia. Una breve referencia a ella es necesaria:

Hay que devolver a la mujer su auténtico protagonismo dentro de la sociedad y de la Iglesia,


sin menoscabar su función materna y familiar como un valor insustituible, especialmente la
acción educativa.

Cuando la mujer pierde su sentido de esposa, de madre en el hogar, de cristiana y mujer


trabajadora, algo muy profundo se está resquebrajando en la sociedad. No en vano se dice
que cuando un hombre se convierte, se convierte un hombre; cuando una mujer se convierte,
se convierte una familia.

B) En el sentido a la vida, Dos apartados: transmisión de la vida y educación de los hijos.

1. La transmisión de la vida.

La fecundidad es una dimensión del hombre y de su amor. Esta misión hay que verla, hay que
reflexionarla, meditarla como criaturas ante nuestro creador y abiertos a la idea de la
trascendencia. Como dice Rabindranath Tagore: "Cada niño es un signo de que Dios no ha
perdido su confianza en el hombre".

Yo estoy en la vida por un acto generoso, por una donación de mis padres. Y por ello estoy
destinado a gozar para toda la eternidad de Dios.

Y Yo me pregunto: ¿Hay algún sufrimiento, desvelo que sea comparable a la dicha de cooperar
con Dios en dar la vida a una criatura que está encaminada a gozar de Dios eternamente?
Esta idea no va en contra o niega la doctrina de la Iglesia sobre la paternidad responsable.
Más bien la afirma y ayuda a los esposos a tomar conciencia de su misión de padres
responsables y así tomar una decisión delante de Dios, con generosidad y sentido humano y
cristiano que esté de acuerdo con su alta tarea de cooperadores del amor de Dios Creador.

Y esta misión de la familia de estar a favor de la vida es ahora más urgente que nunca donde
ha surgido una mentalidad contra la vida que se ha difundido extensamente con la ayuda de
poderosos medios económicos y de los medios de comunicación social.

Así, algunos se preguntan si es un bien vivir o si sería mejor no haber nacido o afirman que
la vida del hombre es un absurdo. Como llegó a afirmar el filósofo David Hume: "la vida del
hombre no es para el Universo de una importancia mayor que una ostra".

Estos y otros derroteros son por lo que va el hombre como "alma en pena", en aras de un
progreso científico falseado, cautivo de una mentalidad de masas, consumiste, empobrecido
de toda "riqueza espiritual" y sin la presencia de Dios en su corazón. Aquí es donde el mundo,
aunque no lo palpe, le pide a la familia su identidad: "Familia, sé lo que eres". Dá lo que
estás llamada a dar.

La potenciada atracción del cristianismo en el mundo de hoy, depende en gran parte de la


realización visible de la sacramentalidad del matrimonio cristiano y del amor a la vida que
haya en la familia cristiana.

2. La educación de los hijos.

El Concilio Vaticano II en la declaración sobre la educación Cristiana de la juventud nos


recuerda que "puesto que los padres han dado la vida a los hijos, tienen la gravísima obligación
de educar a la prole y por tanto hay que reconocerlos como los primeros y principales
educadores de sus hijos. Es pues, deber de los padres crear un ambiente de familia animado
por el amor, por lapiedad hacia Dios y hacia los hombres, que favorezca la educación integral,
personal y social de los hijos".

Este derecho - deber es:

- Esencial, porque está relacionado con la transmisión de la vida.

- Original y primario, respecto al deber educativo de los demás.

- Insustituible e inalienable y por tanto no puede ser totalmente delegado o usurpado por
otros.

En cuanto a los valores: Los padres deben ser en primer lugar educadores de auténticos
valores de la vida cristiana, que son los que forman el ser de sus hijos. No olviden que sus
hijos muchas veces son el fiel reflejo de sus padres.
Los hijos deben crecer en una justa valoración de los bienes materiales.

Adoptando un estilo de vida sencillo y austero.

Y convencidos de que "El hombre vale más por lo que es que por lo que tiene". Que no digan
de sus hijos: "son tan pobres, tan pobres que lo único que tienen es dinero".

Deben crecer con el sentido de la verdadera justicia y del verdadero amor, como servicio
desinteresado a los demás, especialmente a los más pobres y necesitados.

En cuanto a la sexualidad: Los padres, ante una cultura que banaliza la sexualidad,
interpretándola y viviéndola de una manera reductiva y empobrecida, deben de
proporcionarlos, por una parte, una educación sexual clara y delicada, y por otra, una
valoración y estima de los principios morales como garantía para un crecimiento personal y
responsable en la sexualidad humana.

Cuando la información sexual no está acompañada de los principios morales, se convierte en


una introducción al placer, abriendo el camino hacia el vicio desde los primeros años de su
adolescencia.

En cuanto a la Fe: Esta misión de la educación exige que los padres eduquen a sus hijos en
la Fe. Los padres deben ser los primeros catequistas. La secularización de la sociedad y en
muchos lugares también la laicización de las escuelas son exigencias claras de volver al
ambiente familiar como base para la educación en la Fe.

Es precisamente el Concilio Vaticano II quien insiste en que la familia es el ambiente de la


educación cristiana por excelencia. Los padres deben seguir de cerca en esta educación a
sus hijos.

No olviden además los padres de familia: que el mejor modo de educar a sus hijos es a través
del testimonio, y que muchas veces ellos nos llevan a cambiar, a vivir aquello que predicamos.

Todo esto no quiere decir que la familia sea la única y exclusiva comunidad educadora, no.
Pero sí es la principal y la primera.

Su participación en el desarrollo de la sociedad.

1) Si la familia es la célula primera y vital de la sociedad, sería muy perjudicial que la familia
se quedara convertida en un "Ghetto" sin proyección al exterior. El desinterés por la
comunidad social y la inhibición ante los problemas que en ella se plantean (como por ejemplo
la manipulación de la persona, de sus derechos fundamentales...) todo ello acabaría por
destruir a la propia familia.

El amor de la familia debe de transmitirse a la sociedad. Sobre todo en nuestra sociedad


las familias cristianas deben aportar sus mejores esfuerzos para que las decisiones políticas
vayan encaminadas a favor de un modelo de sociedad más humana, más justa, más honesta
y más auténtica.

No olvidemos que el futuro del mundo y de la Iglesia pasa por la familia.

2) Si la familia debe servir a la sociedad no podemos olvidar el servicio que la sociedad debe
proporcionar para promover y tutelar la familia. La sociedad no puede dejar su deber
fundamental de respetar y promover la familia misma.

La familia y la sociedad tienen una función complementaria en la defensa y en la promoción


del bien de todos los hombres y de cada hombre.

Participación en la vida y misión de la Iglesia.

La familia cristiana está llamada, como una de sus tareas fundamentales, a la edificación del
reino de Dios en la Historia. ¿Cómo? Participando en la vida y misión de la Iglesia. La unión
y la semejanza entre la familia y la Iglesia son estrechísimas: La familia cristiana es como
una "Iglesia en miniatura", "Iglesia pequeña", "Iglesia doméstica".

La familia recibe el amor salvífico de Cristo y está llamada a transmitir este mismo amor
que salva a los hombres. Recibir y transmitir. Por eso la familia está llamada a evangelizar
acogiendo y anunciando la palabra de Dios. La futura evangelización depende en gran parte
de la Iglesia doméstica.

Esta idea se ha convertido en una angustiante realidad, ante todos los problemas que
amenazan a la Iglesia y en especial la proliferación de las sectas, en México y en toda
América Latina. Son muchas las familias y hombres que hay que ayudar:

-A los que buscan la verdad.

-A los que se han alejado.

-A las familias que no creen.

-A las familias cristianas que no viven coherentemente la fe recibida.

Y concretamente ¿qué significa evangelizar?

Juan Pablo II en su segundo viaje a México nos decía en Veracruz: "Evangelizar significa
anunciar la buena noticia". Y la buena noticia que el cristiano comunica al mundo es:

- Que Dios, (el único Señor,) es misericordioso con todas sus criaturas.

- Ama al hombre con un amor sin límites.


Y ha querido intervenir personalmente en su historia por medio de su hijo Jesucristo, muerto
y resucitado por nosotros,

- Para librarnos del pecado y de todas sus consecuencias

- Y para hacernos partícipes de su "vida divina".

He ahí el programa que debemos llevar a cabo con nuestra vida, con nuestro testimonio, con
nuestros hijos, con nuestra familia. Y este programa hay que hacerlo vida. Porque nuestras
palabras las escucharan posiblemente con respeto, pero los ejemplos, el testimonio es lo que
arrastra.

Por eso debemos experimentar a Cristo; ser "monumentos" de la misericordia de Dios.


Predicar a los cuatro vientos el mensaje de esperanza que llevamos como cristianos y como
iglesias domésticas. Pregonar que hay un Dios que te ama, a pesar de lo que has hecho o
dejado de hacer.

"Pensad que habéis sido llamados por Dios en un momento particularmente importante. La
Iglesia en efecto se dispone a iniciar el tercer milenio cristiano; América Latina se prepara
a conmemorar el V Centenario de la Evangelización del Nuevo Mundo.

Estáis pues llamados a ser los evangelizadores de una nueva etapa de esperanza para la
Iglesia y para el mundo". (Palabras de Juan Pablo II el 3 de enero de 1 991)

No lo olviden, el mundo en que vivimos está necesitado, como pocos, del amor como principio
y fuerza de comunión y convivencia. El hombre no puede vivir sin amar, y la familia tampoco.
Sin el amor el hombre, el matrimonio y la familia permanecen para sí mismos como seres
incomprensibles. Por esto el mundo, nuestro México pide a la familia católica mexicana y a
todas las familias de buena voluntad:

Reintegración a la familia.

Existe la percepción en muchos segmentos de la sociedad, que las acusaciones que se hacen
a la familia, están infundadas. Hay un clamor creciente por el regreso a la vida familiar. El
proceso de reintegración está en camino, aunque no será fácil.

A través de la familia, aprendemos a relacionarnos con el mundo y con los demás. Aprendemos
una moralidad imposible de obtener en otro lado. Nuevamente, la familia es la máxima
invención social del hombre. Si buscamos alternativas falaces, encontraremos que hemos
errado ingenuamente y en nuestro propio perjuicio.

La familia, iglesia doméstica: La familia cristiana es aquélla en la que


los padres y los hijos de cierta edad intentan vivir en el hogar los
valores y actitudes del evangelio. Los padres deben ser conscientes de
que si bien ellos dan el cuerpo a sus hijos y Dios el alma, ellos y Dios
deben colaborar en la educación cristiana de la prole
Con motivo del Sínodo que se desarrolla ahora en Roma,, es decir la
asamblea de un grupo de obispos convocados por el Papa, para tratar
de los problemas de la Familia, estos días se hablará bastante sobre
ésta. Desde el inicio de su existencia, la Iglesia ha concedido gran
importancia a la familia cristiana. La vida familiar constituye para la
Iglesia un bien precioso y desde siempre su tarea ha sido promoverla y
protegerla. El Cristianismo creció y se desarrolló en el seno y ámbito
de la institución familiar, hasta el punto de que la Iglesia primitiva se
localizaba en una serie de casas familiares entrelazadas por los
apóstoles itinerantes que las mantenían unidas con los vínculos de una
misma comunión de vida y fe (cf. Hch 10,2 y 24; 16,31-34; 2 Tim
1,5).
La familia debe ser “una Iglesia doméstica” (cf. LG 11). La familia
cristiana es la primera y más básica comunidad eclesial, llamada a
introducir a los hijos en el camino de la iniciación cristiana. En ella se
viven y se transmiten los valores fundamentales de la vida. Formar un
matrimonio y una familia cristiana significa vincularse a la Iglesia de
una forma específica, es decir por medio del amor conyugal y familiar
que edifica el Reino de Dios en el mundo y en la Historia.
La familia cristiana surge del sacramento del matrimonio y es el espacio
natural en el que la persona nace a la vida y a la fe. El Evangelio se
transmite en ella de manera espontánea al hilo de los acontecimientos,
así como allí tiene lugar el inicio de la oración y del despertar religioso,
se desarrollan los sentimientos de amor, se vive la integración en la
comunidad eclesial, y uno es orientado para vivir la vida con un sentido
vocacional. “Al darnos el Espíritu Santo, Dios ha derramado su amor en
nuestros corazones” (Rom 5,5). Vivir en el Señor no impide, sino todo
lo contrario, los grandes momentos de amor, de sentirse a gusto y
comprendido, de risas, porque el amor lleva consigo la felicidad y la
alegría de vivir. Los esposos tienen entre sí un deber mutuo de
santificación, de recíproca asistencia espiritual y de educación de los
hijos, incluida especialmente la transmisión de la fe, lo que implica el
buscar juntos a Dios.
Actividades de evaluación y aprendizaje para nota de apreciación.

Las religiones monoteístas


La aparición del monoteísmo
Las tres religiones monoteístas, judaísmo, cristianismo e islam, tienen cerca de 2.500 millones de creyentes, es
decir, la mitad del género humano.
Existe entre las tres un claro nexo histórico y una limpia línea de continuidad doctrinal.
En el orden cronológico, el primer pueblo en profesar una religión monoteísta ha sido Israel. En un primer
momento, con Abraham (hacia el siglo XIX a.C.), tal vez sólo tuvo la forma de monolatría. En la época de Moisés
(hacia el siglo XIII a.C.), era ya un claro monoteísmo, cada vez más acentuado, acrisolado y purificado de
contaminaciones politeístas gracias a las enseñanzas de los profetas (a partir del siglo IX a.C.). El mensaje
cristiano de Jesús se declara heredero directo de esta fe monoteísta. En cuanto al islam, el Corán manifiesta en
repetidas ocasiones que su doctrina sobre la divinidad es simple continuación de las doctrinas monoteístas de los
judíos y cristianos.
La idea central común a estas tres grandes religiones es la afirmación de que hay un solo Dios, un solo Ser
supremo, expresada en la declaración solemne: "No hay dios fuera de Dios"; "No hay otro Dios sino Alá".
De esta fe en un solo Dios se deriva el principio básico: hay un solo Creador. No existen dos principios creadores,
el Bueno, origen de la luz y de las realidades positivas, y el Malo, del que procederían las tinieblas y las cualidades
negativas.
Este Dios bueno es el Creador del género humano. Esta fe implica consecuencias de radical trascendencia para el
código ético y las pautas de conducta de los creyentes: en cuanto creados por el único Dios, todos los hombres son
esencialmente iguales. Las religiones monoteístas rechazan el racismo. No hay razas superiores, no hay hombres
inferiores, todos son hermanos. La vida de cada hombre es sagrada en su misma raíz, porque todos proceden del
único Dios creador.

La aparición del monoteísmo


Por qué caminos ha llegado la humanidad al concepto del monoteísmo, es decir, a la idea de la existencia de un
Dios único, cuya esencia se sitúa infinitamente por encima de todos los seres de la creación?
Se dan diversas respuestas a esta pregunta. Los antropólogos han descubierto en prácticamente todas las culturas
primitivas la creencia en fuerzas o poderes invisibles, ocultos tras las realidades visibles, que se manifiestan, entre
otras cosas, a través de los fenómenos de la naturaleza. Estas fuerzas pueden intervenir en la vida de los hombres.
Es, por tanto, preciso aplacarlos para evitar sus castigos y dirigirles súplicas para obtener sus bendiciones
(totemismo, fetichismo, animismo, politeísmo). La psicología explicaría el origen de esta creencia como lógica
consecuencia de la estructura del hombre, ser finito dotado de necesidades infinitas, que diviniza cualquier cosa
que parezca satisfacer sus necesidades.
En un segundo paso, la historia de las religiones descubre en las altas culturas de la antigüedad múltiples intentos
de organizar este universo de seres supraterrenos, jerarquizarlos, fijar sus características específicas, establecer
sus ámbitos de competencias y determinar sus relaciones mutuas.
Se da un tercer paso, definitivo, en esta comprensión de la divinidad cuando las altas culturas de talante racional
llegan, a través del análisis lógico, a la conclusión de que en el origen de todas las cosas creadas y finitas debe
haber necesariamente -si se quiere evitar el absurdo de una cadena de eslabones infinitos sin principio ni fin- un
único primer principio increado e infinito, al que se aplica el nombre de Dios. El Dios de los filósofos de Pascal.
Existe una segunda hipótesis de signo contrario. Según ella, el proceso conceptual habría recorrido el camino
inverso. En los primitivos grupos humanos habría imperado al principio la adoración de un solo ser supremo que
sólo más adelante habría degenerado en las creencias fetichistas, animistas y politeístas. Aunque ambas teorías
gozan de la misma probabilidad teórica, los testimonios de la etnología y la arqueología apoyan más la primera de
ellas.
No todos los sistemas de pensamiento comparten esta especie de ascensión conceptual de la mente a Dios. Para
muchos pensadores, sobre todo en el tramo de la cultura europea que se inicia con la Ilustración, la noción de Dios
es una simple proyección de la mente humana, tras la que no se oculta ninguna realidad objetiva.
Para las tres grandes religiones monoteístas (judaísmo, cristianismo e islam) la respuesta es de un signo
totalmente diferente: el monoteísmo llega hasta los hombres en virtud de una revelación expresa de Dios, que tuvo
lugar en un lugar y un momento concretos de la historia y tuvo como destinatario un hombre concreto: el patriarca
Abraham. Este Dios no es un ser abstracto, no es un concepto. Es una persona viviente, que mantiene relaciones
personales vitales con todos y cada uno de los seres humanos que pueblan la tierra a través de los tiempos. El
monoteísmo no es, pues, producto de la razón. Es don de la fe a través de una comunicación personal con Dios.
Debe, de todas formas, consignarse que en las tres grandes religiones monoteístas ha habido siempre filósofos de
enorme capacidad intelectual (Averroes, Maimónides, Tomás de Aquino) que han desarrollado magníficos
esquemas intelectuales con el propósito de tender puentes de unión y armonización entre los contenidos de la fe y
las conquistas de la razón.
RELIGIONES MONOTEISTAS: ISLAMISMO JUDAISMO CRISTIANISMO

Inicio » Curiosidades » Religiones Monoteistas: Islamismo Judaismo Cristianismo

La vida de los creyentes musulmanes está marcada por las oraciones, desde el nacimiento hasta el instante de la muerte.
Es costumbre susurrar al oído de los recién nacidos frases del Corán, y también a los moribundos.

La práctica religiosa:

Es llamativa la homogeneidad de la vida religiosa a pesar de que el Islam no dispone de intermediarios


notables entre Alá y los fieles, ya que los rituales como las abluciones o la oración diaria son personales
y las jerarquías desaparecen frente a la práctica religiosa. En el Islam no hay sacerdotes y la relación
del fiel con Alá es directa y sin intermediarios

Los musulmanes creen que el hombre existe como exponente supremo de la creación de Alá y que
debe construir su destino. El hombre es Libre en su voluntad y sus acciones y puede decidir seguir o
no el camino que Alá le ha mostrado a través de su profeta Mahoma, pero, silo hace, forma parte de
una comunidad extensa e identificada. Los cientos de millones de musulmanes que escuchan la
llamada del almuédano se sienten hermanos y se reconocen mutuamente por su devoción a Alá.
Los pilares de la fe musulmana

La práctica religiosa musulmana gira en tomo a la oración, el ayuno, la limosna y la peregrinación. Se denominan «los cinco
pilares de la fe» y tienen las siguientes características:

La chahada o «profesión de fe» es el primer pilar. Consiste en rezar la oración que resume la fe islámica: «No hay más
divinidad que Alá y Mahoma es su profeta».

La ozalà u «oración» es el segundo pilar. Los musulmanes deben orar cada día cinco veces. Lo hacen al alba, al mediodía,
a media tarde, al ocaso y por la noche, con la particularidad de tener que realizar cuatro posturas principales al tiempo
que recitan la chahada y otras oraciones: de pie, inclinado, prosternado y sentado sobre los talones. Los almuédanos
entonan el verso «Alá es grande» desde los alminares de las mezquitas y, al oírlo, todo musulmán sabe que es el tiempo
de rezar y deja por unos momentos cualquier actividad que esté realizando.

Previamente antes de orar, los musulmanes tienen que purificarse por medio de la limpieza del cuerpo, como se expone
en la aleya número 7 de la azora 5 del Corán:

(Creyentes!, cuando os dispongáis a hacer la azalá, lavaos el rostro y los brazos hasta el codo, pasad los manos por la
cabeza y lavaos los pies hasta el tobillo.»

Los viernes, que es el día santo de los musulmanes, el rezo se hace de forma colectiva y obligatoria.

El sawn o «ayuno» es el tercer pilar. El cumplimiento del ayuno durante el ramadán, mes noveno del año, es una de las
celebraciones islámicas más conocidas. Se trata del mes de ayuno y de reflexión religiosa a través de las lecturas del Corán
y de los ritos establecidos.

El ayuno es obligatorio para todo musulmán adulto y está Prohibido comer, beber o fumar, desde que sale el sol hasta
que se oculta. La elección de este mes se corresponde con el tiempo en el que Mahoma recibió la Primera revelación.

En la puesta del sol, que marca el final del ayuno diario, los musulmanes se reúnen para recitar el Corán y para comer.

Sistemas de préstamo islámicos: En la azora 2, aleya 275 del Corán se dice:

«Alá ha autorizado el comercio y prohibido la usura».

Siguiendo este precepto, de una manera ingeniosa se han ideado sistemas para prestar de un modo que no pueda
equipararse a la usura. Así el sistema bancario islámico ha ideado las siguientes modalidades de préstamo:

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Al mudaraba: El banco pone el capital y el cliente el esfuerzo para realizar un negocio o el desarrollo de una empresa.
Ambos, banco y cliente, comparten beneficios y pérdidas, en caso de haberlos.

Al murabaha: El banco compra el producto que solícita el cliente y acuerda con él un precio. Se compromete a vendérselo
a otro precio acordado, ganando el banco la diferencia.

Al musharaka: El banco y el cliente se hacen socios, aportan el mismo capital y asumen los mismos riesgos y beneficios
según la siguiente proporción: un tercio para el banco, otro para el cliente y el tercero para amortizar el préstamo.
El día que acaba el ramadán, se realiza una fiesta con un menú especialmente cuidado.
Como el calendario musulmán es lunar, el mes de ramadán puede coincidir con
cualquier momento de nuestro calendario.

El hajj o «peregrinación mayor» es el cuarto pilar de la fe. Todo musulmán que tenga
salud y recursos para afrontar un viaje a La Meca tiene el deber de realizar al menos
una peregrinación en su vida a la ciudad sagrada.

El azaque o «limosna» es el quinto pilar. Es un deber para todo musulmán ayudar a


quienes lo necesiten por medio de la solidaridad. En las comunidades sunitas se tiene
que dar el 2,5 % de la riqueza acumulada cada año. Muchos fieles entregan el azaque
a ONG musulmanas para ayudar a los desfavorecidos o a quien lo necesite.

La vida religiosa islámica y la plegaria marcan el ritmo del día, del año y de la existencia. Estas oraciones y rituales son los
puentes de unión entre los musulmanes y Alá.

El pueblo hebreo y la primera concepción monoteísta

Los únicos antecedentes históricos de tentativas para establecer el culto a un solo dios, a excepción del originado en el
pueblo hebreo, son, como se dijo, los fallidos experimentos del monarca egipcio Amenhotep IV, o Akenaton, en el siglo
XIV a.C., y del reformador persa Zaratustra, en los siglos VII-VI a.C. El primero de ellos realizó una radical transformación
religiosa al establecer el culto a un dios único -Atón-.

La cerrada oposición del politeísmo vigente originó la extinción de la experiencia a la muerte del innovador. Atón era
concebido como creador, benefactor y mantenedor de todos los humanos y el mundo. Ahura Mazda fue el nombre que
recibió la deidad única imaginada por Zaratustra, pero su monoteísmo no prosperó en virtud de que sus discípulos
introdujeron cambios de importancia en la doctrina, convirtiéndola en una teología en la que el dios único original hallaba
su contra-partida en un dios del mal -Angra Mayniu o Ahrimán-. La consecuencia de esta evolución fue el establecimiento
de un dualismo y el fracaso del intento monoteísta.

La persistencia histórica de la concepción monoteísta, fuente de posteriores elaboraciones y piedra basal de la cultura
occidental, funda su origen en el cuerpo de creencias y prácticas religiosas sostenidas por el pueblo hebreo. Su reducido
tamaño, en comparación con lo masivo de los cultos politeístas de la antigüedad, se multiplica cuando se consideran los
interminables padecimientos que debió sortear en el curso de su evolución.

La supervivencia del pueblo judío se expresa en la actualidad en el retorno a la “tierra prometida”, concretada en el Estado
de Israel, por una parte, y, por otra, en que el espíritu central de la idea monoteísta ha informado y contribuido a la
aparición del cristianismo primero y del islamismo después. Y, aún más, constituye el soporte principal de la ausencia de
cultos politeístas en la cultura occidental.

El Antiguo Testamento contiene los lineamientos fundamentales de este culto en sus primeros tiempos. Dios es
presentado como un ser justiciero, temible e implacable, demostrado esto en situaciones como la expulsión de la primera
pareja humana del Paraíso, el ocasionar el Diluvio Universal y preservar de éste a una sola familia, la de Noé, y la
destrucción de ciudades víctimas de la corrupción, como Sodoma y Gomorra.

El nombre que recibe es Yahvé (el que es) y quizás fuese más temido que amado por su carácter de Dios vengativo y cruel,
al cual, sin embargo, le ofrecían sacrificios como medio de conquistarlo. Por otra parte, Yahvé no era el Dios de todos los
humanos sino tan sólo del pueblo hebreo, al que protegía contra el resto de los pueblos y esta situación determina el
carácter de religión nacional del judaísmo.

Las distintas e innumerables persecuciones sufridas por los judíos a través de los tiempos y el modo como, casi
milagrosamente, lograron sobrevivir, informan sobre un pueblo que conservó su identidad como tal a pesar de las
vicisitudes que le tocó vivir, manteniendo y enriqueciendo en cuanta latitud se asentó una tradición histórica y cultural
con varios milenios de antigüedad.
El cristianismo

Del interior mismo del judaísmo surge una nueva e inédita religión, que establece una transformación para los conceptos
de sólida raigambre en la época; asi, las relaciones humanas basadas en el amor y la fraternidad, predicadas por Cristo,
rompen con la práctica de la esclavitud y con la rígida división social vigente entonces. La doctrina enseñada por Cristo
resulta un concepto diferente de la persona humana, ahora dignificada, y, a la vez, aunque el cristianismo no es un sistema
filosófico sino esencialmente una religión, aporta soluciones nuevas a los problemas clásicos: una explicación de Dios, del
mundo y del hombre.

El cristianismo concibe la Creación del mundo como salida de la nada por obra de Dios, concepción derivada del
monoteísmo hebraico, pero que, en contrapartida del Dios cruel y vengativo, levanta la figura y la idea de un Dios lleno
de misericordia, el Dios del Amor. Otras características esenciales del cristianismo, que lo diferencian del resto de las
religiones, son su sentido universal, ecuménico, y el proselitismo o apostolado. Además, fe, caridad y esperanza fueron
desde siempre sus tres pilares básicos. Los innumerables adherentes con que cuenta el cristianismo en e! mundo
conternporáneo, así como su continuidad histórico-institucional, testimonian la importancia de uno de los ejes espirituales
que orientan la cultura occidental y que, con el transcurso del tiempo, originaría desde su mismo seno el surgimiento de
distintas expresiones y doctrinas, basadas todas en la figura de Jesucristo

1. 1. Religiones monoteístas “El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor”

2. 2. Concepto del monoteísmo Según el Diccionario de la Real Academia Española, el monoteísmo es la creencia de
que existe un solo dios. La palabra, como tal, se compone del prefijo mono: ‘único’, el vocablo griego theós: ‘dios’
y el sufijo ismo: ‘doctrina’. Para las doctrinas religiosas monoteístas, Dios es el ser supremo y todopoderoso,
creador del universo, principio, causa y fin último de todo. En este sentido, el mundo, tal como lo conocemos, es
inconcebible sin Dios. Sin embargo, como religión, el monoteísmo es profesado por las llamadas religiones de
Abrahám: el judaísmo, el islamismo y el cristianismo. No obstante, otras religiones orientales, como el sijismo o el
zoroastrismo son también consideradas monoteístas. Las tres religiones monoteístas, judaísmo, cristianismo e
islam, tienen cerca de 2.500 millones de creyentes, es decir, la mitad del género humano.

3. 3. Aparición del monoteísmo Los antropólogos han descubierto en prácticamente todas las culturas primitivas la
creencia en fuerzas o poderes invisibles, ocultos tras las realidades visibles, que se manifiestan, entre otras cosas,
a través de los fenómenos de la naturaleza. Estas fuerzas pueden intervenir en la vida de los hombres. Es, por
tanto, preciso aplacarlos para evitar sus castigos y dirigirles súplicas para obtener sus bendiciones. La historia de
las religiones descubre en las altas culturas de la antigüedad múltiples intentos de organizar este universo de seres
divinos, jerarquizarlos, fijar sus características específicas, establecer sus ámbitos de competencias y determinar
sus relaciones mutuas. Sin embargo, existe otra hipótesis que consta de el proceso definitivo habría recorrido el
camino inverso, es decir, en los primitivos grupos humanos habría imperado al principio la adoración de un solo
ser supremo que sólo más adelante habría degenerado en las creencias fetichistas, animistas y politeístas. Aunque
ambas teorías gozan de la misma probabilidad teórica, los testimonios de la etnología y la arqueología apoyan
más la primera de ellas.

4. 4. Cronología del monoteísmo Cronológicamente, el primer pueblo en profesar una religión monoteísta fue Israel,
con Abraham hacia el siglo XIX A.C . En la época de Moisés, hacia el siglo XIII A.C era ya un claro monoteísmo, cada
vez más acentuado. El mensaje cristiano de Jesús se declara heredero directo de esta fe monoteísta. En cuanto al
islam, el Corán manifiesta en repetidas ocasiones que su doctrina sobre la divinidad es simple continuación de las
doctrinas monoteístas de los judíos y cristianos. De esta fe en un solo Dios se deriva el principio básico: hay un
solo Creador. No existen dos principios creadores, el Bueno y el Malo. La vida de cada hombre es sagrada en su
misma raíz, porque todos proceden del único Dios creador. La idea central común a estas tres grandes religiones
es la afirmación de que hay un solo Dios, un solo Ser supremo, expresada en la declaración: "No hay dios fuera de
Dios“, "No hay otro Dios sino Alá".
5. 5. Cristianismo El cristianismo cree solamente en un Dios, ser supremo, padre y creador del universo. En la Biblia,
dice: “Mas para nosotros solo hay un Dios, el Padre, de quien son todas las cosas, y nosotros en Él; y un Señor,
Jesucristo, por el cual son todas las cosas, y nosotros por Él” 1 Corintios,8:6.

6. 6. Islam El islamismo cree solamente en un Dios. En este sentido, es una religión en la que todos los actos de
adoración son rigurosamente dirigidos a Dios. Los musulmanes solo pueden suplicarle a Alá, al punto de que está
prohibido pedirle a intermediarios como profetas o ángeles.

7. 7. Judaísmo El judaísmo es la más antigua de las religiones monoteístas actuales. Los judíos solo admiten la
existencia de un Dios, soberano absoluto de la Tierra, todopoderoso, creador del universo, que eligió, de entre
todos los pueblos, al pueblo hebreo.