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11.

LA CRISIS DEL ANTIGUO RÉGIMEN

11.1. La crisis de 1808: Guerra de la Independencia y los comienzos de la revolución


liberal
- El reinado de Carlos IV (1788-1808)
. Política exterior: el impacto de la revolución francesa
a) La hostilidad contra Francia (1789-1795)
Paz de Basilea (1795)
b) La vuelta a la alianza con Francia (1796-1808)
Tratado de San Ildefonso (1796)
Tratado de Fontainebleau (1807)
. Los problemas internos
a) La crisis económica y social
b) Godoy en el poder
c) La pugna entre ilustrados y contrailustrados
d) El colapso económico de la monarquía
e) El enfrentamiento entre Carlos IV y su hijo Fernando
- Guerra y revolución (1808-1814)
. Las abdicaciones de Bayona y las actitudes ante la ocupación francesa
a) El levantamiento popular antifrancés
b) Las actitudes ante la ocupación
c) La Constitución de Bayona
. La guerra de la Independencia: conflicto internacional y conflicto civil
. La revolución política: las Juntas locales y provinciales

11.2. Las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812


- Tendencias ideológicas en las Cortes de Cádiz:
. Liberales
. Jovellanistas
. Absolutistas contrarrevolucionarios
- La Constitución de 1812:
. Soberanía nacional
. División de poderes
. Sistema político parlamentario y representativo
. Participación de los ciudadanos en las decisiones políticas
. Igualdad de todos los ciudadanos ante la ley
. Afirmación de los derechos y libertades individuales
. Reorganización del ejército

11.3. Fernando VII: Absolutismo y liberalismo. La emancipación de la América


española
- El reinado de Fernando VII: Absolutistas contra liberales (1814-1833)
. El restablecimiento del Antiguo Régimen: el sexenio absolutista (1814-1820)
. El trienio liberal (1820-1823)
. La década absolutista (1823-1833)
- La emancipación de la América española
. Causas u origen del proceso emancipador
. El proceso de independencia
. Las consecuencias de la independencia.
El periodo que nos ocupa ahora (1808-1833) abarca la crisis del Antiguo Régimen y el
planteamiento general de los objetivos de la Revolución burguesa, de tal manera que en
1833 el proceso resultaba ya irreversible.
La guerra de la Independencia (1808-1813) desencadena la crisis y durante su
transcurso tiene lugar el primer intento real de ruptura del A. Régimen con la labor de
las Cortes de Cádiz.
Después, asistimos a una lucha entre los partidarios del A. Régimen (triunfantes entre
1814-1820 y 1823-1833) y los liberales (que dominan durante el Trienio Liberal de
1820-1823).
La pérdida de las colonias de América entre 1816 y 1825 acentúa el proceso. Y aunque
el absolutismo sigue hasta 1833, las condiciones impuestas por la economía desde 1827
hacían ver con certeza que la conclusión del A. Régimen estaba cerca.

9.1. La crisis de 1808: Guerra de la Independencia y los comienzos de la revolución


liberal.
- El reinado de Carlos IV (1788-1808)
. Política exterior: el impacto de la revolución francesa
El estallido y el inesperado triunfo de la revolución francesa en 1789
determinaron de manera decisiva las posiciones diplomáticas, la actividad
militar y hasta las resoluciones internas de los gobiernos de Carlos IV. Por vez
primera, en un país europeo, los revolucionarios con un amplio apoyo popular
habían conseguido acabar con el poder absoluto del monarca y los privilegios de
la nobleza, con la esperanza de ganar así más libertad e igualdad. Y dichos
sucesos provocaron una enorme conmoción mundial extendiendo el pánico entre
reyes, nobles y clérigos de toda Europa.
En este reinado, podemos distinguir dos fases en la política exterior española:
a) La hostilidad contra Francia (1789-1795)
Esta hostilidad se debía al objetivo prioritario del gobierno de aislar a
España del contagio revolucionario y cerrar al país a toda posible
penetración de la ideología subversiva de Francia. Así, se impidió la
entrada por las aduanas de libros, objetos, periódicos o viajeros
sospechosos y se realizó una férrea censura en periódicos nacionales.
Esta situación de tensión desembocó en una declaración de guerra a la
Francia revolucionaria después de la proclamación de la I República en
1792 y después de la ejecución en la guillotina del rey francés Luis XVI
en 1793. Guerra que, a pesar de contar con aliados como Gran Bretaña,
Portugal, se saldó con la derrota española (los franceses ocuparon
Guipúzcoa, Vitoria, Bilbao y parte de Cataluña) y con la firma de la Paz
de Basilea en 1795. Dicha paz supuso varios aspectos:
o Francia obtuvo un trato preferente en el comercio colonial, así como la
cesión de Santo Domingo.
o España se convirtió en la práctica en un Estado supeditado a los intereses
franceses.

b) La vuelta a la alianza con Francia (1796-1808)


Esta supeditación a los intereses franceses supuso una inversión completa
de las alianzas y se materializó en 1796 con el Tratado de San
Ildefonso. Dicho tratado o pacto hispano-francés estaba dirigido contra
Gran Bretaña y el motivo principal que impulsó al gobierno español a
retomar los acuerdos con Francia (que habían sido mantenidos durante
todo el siglo XVIII con los Pactos de Familia) fue la defensa de sus
intereses territoriales, económicos y comerciales en Hispanoamérica.
Asimismo, dicho tratado entre la Monarquía española y la República
francesa suponía dejar de lado discrepancias ideológicas y coincidir en
razones estratégicas frente a su enemigo común Gran Bretaña.
Como consecuencia de este Tratado, España y Francia, iniciaron una
prolongada guerra contra Gran Bretaña (la primera potencia
marítima mundial) y también contra Portugal que fue nefasta para la
flota española por varios hechos. En 1797 fue destruida por los ingleses
en un enfrentamiento frente a las aguas del cabo de San Vicente. Ese
mismo año Gran Bretaña se apoderó de la isla caribeña de Trinidad, cercó
el puerto de Barcelona y bombardeó Cádiz y ciudades canarias.
Asimismo, en 1805 la armada inglesa derrotaba a una flota franco-
española en la batalla de Trafalgar.
Mientras tanto, la situación política dentro de Francia cambió de forma
muy rápida culminando con la toma de poder en 1799 por un joven
general llamado Napoleón Bonaparte. Primero, Napoleón implantó una
dictadura personal y después se autoproclamó emperador.
Los planes de Napoleón eran realizar una expansión territorial atacando a
Gran Bretaña y ocupando Bélgica, Holanda, Alemania, Suiza y toda la
península italiana. Así, en 1807, tras poner en práctica un bloqueo
marítimo para aislar las islas británicas, España y la Francia napoleónica
renovaron su alianza con el Tratado de Fontainebleau (1807). Dicho
tratado, tenía un objetivo: la invasión y reparto de Portugal entre ambas
naciones, ya que el bloqueo contra Gran Bretaña sólo podía tener éxito si
los franceses colocaban bajo su control toda la PI. Asimismo, con este
tratado Carlos IV autorizó la entrada de los ejércitos napoleónicos en
España, ejércitos que a finales de 1807, en tan sólo un mes, ya habían
conseguido ocupar todo el territorio portugués.

. Los problemas internos


a) La crisis económica y social
El crecimiento económico comenzó a frenarse en las décadas de los 80 y
90. Las causas fueron diversas según las regiones pero estaban
relacionadas con la caída de los rendimientos al cultivar tierras menos
productivas.
A su vez, hubo un estancamiento demográfico desde la década de los 90
debido a varias causas: primero, a la pérdida de las cosechas de cereales
que provocaba crisis de subsistencia y que daban lugar a hambrunas
(1789-1790 y 1803-1804); y segundo, a las nuevas epidemias como la
fiebre amarilla de principios del siglo XIX.
Hay que destacar que la pervivencia del A. Régimen limitaba el alcance
de las medidas que podrían solucionar los problemas de las crisis de
subsistencias y la caída de la producción agraria.
b) Godoy en el poder
En 1792, el rey colocó al frente del gobierno al extremeño Manuel de
Godoy por su “íntima amistad” con la reina, María Luisa de Parma. En
aquel entonces, Godoy, era un simple oficial de la guardia real, sin
estudios pero ambicioso y que contaba con sólo 25 años de edad. Así,
desde 1792, Godoy llevó casi sin interrupción, la dirección de todos los
asuntos de Gobierno, consiguió que el rey le recompensara con la
concesión de tierras y de títulos nobiliarios, e incluso emparentó con la
familia real.
No obstante, los repetidos errores del gobierno hicieron que la
mayoría de la población española perdiera la confianza en sus
dirigentes. La impopularidad no alcanzó sólo a Godoy sino también al
propio Carlos IV. Además, gran parte de la aristocracia y el clero católico
odiaban y rechazaban a Godoy por varios motivos. Primero, porque lo
consideraban un advenedizo que no pertenecía a la aristocracia: segundo,
porque consideraban que había acumulado demasiado poder en sus
manos; y tercero, porque el clero temía perder influencia, bienes de la
iglesia y desconfiaba de las simpatías pronapoleónicas de Godoy.

c) La pugna entre ilustrados y contrailustrados


Dentro de las minorías más poderosas e influyentes del país surgieron
dos posiciones ideológicas opuestas que se fueron perfilando a finales del
siglo XVIII. Dichos grupos que se enfrentaron durante todo el reinado de
Carlos IV y entre los que maniobró Godoy sin inclinarse por favorecer a
ninguno de ellos, fueron dos:
1) Los ilustrados reformistas
Consideraban imprescindible impulsar la modernización
científico-técnica, así como la realización de algunas prudentes
reformas administrativas y económicas con el objeto de mantener
el gobierno monárquico de rasgos absolutistas en España. Sin
embargo, se mostraron bastante conservadores en los aspectos
políticos y sociales y ninguno simpatizó con los excesos
revolucionarios franceses.
2) Los contrailustrados inmovilistas
Defendían la tradición y se oponían a cualquier proyecto
reformista y a cualquier novedad tachándolas de heréticas,
extranjerizantes y antipatrióticas. En este grupo se contaban
numerosos clérigos siempre preocupados por la defensa de los
intereses de la Iglesia.
Resta decir, que además de estos grupos, las ideas liberales procedentes
de Francia también se difundieron por nuestro país, apareciendo los
primeros liberales españolas.

d) El colapso económico de la monarquía


Se debía a que a principios del siglo XIX, España se encontraba al borde
de la bancarrota financiera por el rápido aumento de las deudas y de los
gastos militares ocasionados por la guerra. Además, los insuficientes
ingresos estatales, bastante mermados por las exenciones fiscales de
nobleza y clero, disminuyeron aún más al interrumpirse la llegada de
plata de América como consecuencia de los ataques británicos.
Para aliviar el fuerte déficit de la Hacienda Pública la Corona se veía
obligada a aumentar la presión fiscal, a subir los precios de los alimentos,
(descontento del pueblo), a recurrir a préstamos de bancos extranjeros, a
la emisión de deuda pública y a la venta en subasta de una séptima parte
de las propiedades de Iglesia.
Como conclusión, decir que dicho desbarajuste económico ponía en
evidencia la ineficacia del A. Régimen.

e) El enfrentamiento entre Carlos IV y su hijo Fernando


A principios del siglo XIX la monarquía comenzó a estar inmersa en un
proceso de pérdida de credibilidad y de crisis de legitimidad. Derrotada
en la guerra era incapaz de garantizar la defensa del territorio. Además el
ambiente en la Corte era caótico, ya que se producían continuas intrigas
contra Carlos IV y su hombre de confianza, Godoy. Y, en este sentido, los
enemigos de Godoy, la alta nobleza y el clero, supieron encontrar el
respaldo del mismo heredero del trono, Fernando, quien también odiaba a
Godoy. Así, el hijo del monarca participó activamente en las
conspiraciones para derribar a Godoy y destronar a su propio padre.
El primer intento tuvo lugar en El Escorial en 1807, pero el complot
fracasó y el príncipe de Asturias fue arrestado. No obstante, Fernando
logró sus propósitos en marzo de 1808 en el motín de Aranjuez. Godoy
fue encarcelado y Carlos IV fue obligado a renunciar a la Corona a favor
del príncipe Fernando.

- Guerra y revolución (1808-1814)


. Las abdicaciones de Bayona y las actitudes ante la ocupación francesa
Todos estos acontecimientos fueron observados con mucho interés por Napoleón
quien desde 1807 (tras vencer a las tropas austriacas, rusas y prusianas) ya tenía
planes para invadir España. Así, Napoleón decidió aprovechar los conflictos
familiares y la presencia de las tropas francesas en la PI para eliminar a la
dinastía borbónica y apoderarse de España. Para ello, primero, se negó a
reconocer a Fernando como rey y después atrajo a Carlos y a su hijo Fernando
hasta la localidad francesa de Bayona donde les obligó a renunciar a todos sus
derechos al trono el 8 de abril de 1808. Ambos, padre e hijo, atemorizados
abdicaron en un acto vergonzoso e indigno que tuvo como resultado la cesión
del trono a Napoleón y quien, posteriormente, proclamó rey de España y de las
Américas a su hermano José I Bonaparte.
a) El levantamiento popular antifrancés.
Napoleón después de todas sus victoriosas campañas, nunca pensó que
los españoles podrían ofrecer una seria resistencia a su poderoso ejército.
Así, el 2 de mayo de 1808 comenzaron en Madrid los levantamientos
populares contra el ejército invasor. Las causas de este levantamiento
es que los franceses se disponían a trasladar a los restos de la familia Real
a Francia. Así se produjeron una serie de tumultos y combates callejeros
entre los madrileños y los franceses, saldándose con una brutal represión
en la que fueron fusilados cientos de civiles. Sin embargo, los
levantamientos armados contra los franceses se repitieron en numerosos
lugares de España a medida que se iban extendiendo las noticias de las
abdicaciones de Bayona, del engaño francés y de los sucesos de Madrid.
En todas partes, la multitud saqueó depósitos de armas y exigió a las
autoridades locales la declaración de guerra contra los franceses.
b) Las actitudes ante la ocupación.
Los españoles reaccionaron de forma diferente ante la invasión y las
renuncias de Bayona. La mayoría de la población perteneciente a
distintos grupos sociales y opciones ideológicas (ilustrados reformistas,
liberales o contrailustrados tradicionalistas) se opuso a la ocupación y
participó más o menos activamente en la luchas contra el ejército
napoleónico.
Otro sector de la sociedad, compuesto por funcionarios públicos y
empleados que vivían en las ciudades controladas por los franceses,
adoptó una posición tibia e indecisa.
Por otra parte, José Bonaparte, sólo recibió el apoyo de un grupo muy
reducido de españoles que recibieron el apelativo de “afrancesados” ,
los cuales, pertenecían a sectores sociales más altos y eran, en muchos
casos, ilustrados cultos y entusiastas de la realización de reformas
(Francisco Cabarruús, Javier de Burgos, Leandro Fernández de Moratín).
Los motivos para justificar su cooperación con Napoleón fueron los
siguientes:
1) Para ellos la resistencia armada era inútil y cualquier
oposición podría arruinar a España.
2) Sólo con los planes napoleónicos se podía evitar la
desmembración de España y de las colonias.
3) Con el cambio de dinastía se podía emprender un programa de
reformas.

c) El Estatuto de Bayona.
La Constitución o el Estatuto de Bayona fue promulgada en julio de
1808. Fue elaborada por el entorno de Napoleón y contó con el respaldó
de tan sólo 65 españoles en la asamblea. En realidad, fue una “carta
otorgada” puesto que no fue realizada libremente por los representantes
de la nación y fue muy difícil aplicarla en la práctica por la coyuntura de
guerra. Se trataba de un texto legislativo parcialmente reformista ya
que reconocía ciertos derechos individuales (igualdad fiscal, libertad de
imprenta, libertad de movimientos, industria y comercio), la supresión de
los gremios y los mayorazgos. Sin embargo, afirmaba la religión católica
como única, el mantenimiento de algunos privilegios estamentales y la
práctica totalidad de los poderes reales, incluyendo atribuciones
gubernamentales y legislativas. Asimismo, el Estatuto preveía la
celebración de elecciones a representantes a Cortes cada tres años
mediante un sistema de sufragio extremadamente restringido y por
estamentos. Su contenido fue completado, por otros decretos personales
de Napoleón ordenando la abolición de la Inquisición y de los derechos
señoriales.
De cualquier forma, José I Bonaparte, fue un monarca siempre itinerante
debido a la guerra, débil y falto de autoridad que nunca logró ejercer el
gobierno efectivo de España porque las decisiones más importantes las
tomaba su hermano Napoleón.

. La guerra de la Independencia: conflicto internacional y conflicto civil


El levantamiento generalizado se convirtió en una prolongada y cruenta guerra
de resistencia frente a los franceses que duró 6 años (1808-1813). Estas guerras
coincidieron con las guerras de liberación antinapoleónicas que sostuvieron
alemanes y rusos. Además, la guerra de la Independencia, tuvo otras
dimensiones, ya que fue un conflicto internacional con España como escenario
bélico del enfrentamiento entre Francia y Gran Bretaña) y un conflicto civil
entre españoles en el que lucharon patriotas y afrancesados.
Como rasgos más destacados que caracterizaron esta guerra estuvieron:
- La amplia y espontánea participación popular.
- El deseo de independencia frente al invasor.
- El entusiasmo patriótico y la xenofobia antifrancesa.
- El carácter religioso puesto que los clérigos españoles desempeñaron un
destacado protagonismo en la movilización y propaganda antinapoleónica.
Como fases de la guerra podemos distinguir tres:
1) Mayo hasta finales de 1808
Las tropas francesas del general Murat con 150.000 soldados
fracasaron en el intento de ocupar el país con rapidez ya que no
pudieron tomar ciudades como Gerona, Zaragoza o Valencia. Por
el contrario, los españoles vencieron en la batalla de Bailén
(Jaén), obligaron al ejército francés a evacuar Madrid y las tropas
británicas expulsaron a los franceses de Portugal y desembarcaron
en las costas gallegas.
2) Fines de 1808 hasta finales de 1811
Napoleón se trasladó a España para dirigir personalmente las
operaciones al mando de 250.000 soldados. Así, esta
contraofensiva napoleónica recuperó Madrid (Napoleón retornó a
Francia en enero de 1809) y el ejército francés en 1810 había
ocupado Aragón, Cataluña y toda Andalucía salvo zonas en
Huelva, la ciudad de Cádiz y Portugal defendida por los ingleses.
En cualquier caso, los cerca de 350 mil soldados franceses nunca
tuvieron el control completo del territorio porque siempre fueron
hostigados por los guerrilleros españoles. De hecho, hay que
destacar que la táctica de la guerrilla o guerra de guerrillas fue
una novedosa forma de lucha armada puesto que las partidas de
guerrilleros (campesinos sin experiencia de combate y restos del
ejército regular español) renunciaron a las tácticas militares
convencionales. Por el contrario, la táctica de combate guerrillera
se basaba en el aprovechamiento de la máxima movilidad y del
mejor conocimiento del terreno para desgastar al enemigo
mediante la realización de sabotajes y emboscadas. Además las
cuadrillas de guerrilleros recibieron la ayuda de la población civil
de zonas rurales. Los guerrilleros se convirtieron en auténticos
héroes y sus nombres pasaron a ser ampliamente conocidos
(Espoz y Mina, Juan Martín “el Empecinado”, el cura Merino).
No obstante, la guerrilla es un exponente de la situación de
extrema pobreza de los campesinos puesto que muchos se
convirtieron en guerrilleros espoleados por la miseria,
convirtiéndose la guerra en un verdadero modo de vida.
3) Fase final: durante 1812 y 1813
En estos años, los ejércitos napoleónicos quedaron reducidos a
100 mil hombres debido a los frentes de guerra europeos. En este
periodo, y de igual modo que sucedía en Europa, las tropas
francesas fueron siendo derrotadas retrocediendo hacia la frontera
de los Pirineos empujadas por los españoles y por el ejército
anglo-portugués dirigido por el general Wellington. Las batallas
más importantes fueron en Arapiles, Vitoria y San Marcial,
saliendo los últimos soldados franceses a fines de 1813.
Como consecuencias de la guerra:
- Murieron casi medio millón de españoles y cerca de 300 mil franceses.
- Ciudades como Gerona y Zaragoza quedaron arrasadas y fueron destruidas
cosechas, edificios carreteras y miles de cabezas de ganado. Asimismo, resultó
catastrófica para las actividades comerciales y finanzas.

. La revolución política: las Juntas locales y provinciales

Durante los años de guerra tuvo lugar un proceso revolucionario cuyo resultado
fue la completa ruptura del absolutismo monárquico. El hundimiento del sistema
político institucional del A. Régimen en España se consumó tras dos décadas de
fracasos militares, crisis fiscales y otros acontecimientos que había desprestigiado la
monarquía.
Así, en 1808, ante la ausencia de autoridad monárquica legítima (no se reconocía a José
Bonaparte), se produjo una revolución política puesto que el pueblo español en su
conjunto asumió el poder en un acto completamente revolucionario, ya que se
pasaba de la soberanía monárquica por derecho divino a un nuevo sistema de gobierno
fundamentado en la participación de los ciudadanos en las decisiones políticas.
Y esta participación de los ciudadanos o revolución política tuvo su ejemplo más
palpable en la formación de Juntas locales y provinciales las cuales fueron los
organismos políticos que se hicieron cargo del Gobierno en las España de la resistencia.
Dichas Juntas se formaron en numerosas ciudades y pueblos del país y entre sus
componentes predominaban los hombres más prestigiosos de cada localidad siendo casi
siempre de grupos sociales dirigentes y ricos pero heterogéneos (nobles, oficiales del
ejercito, altos funcionarios, clero, burgueses) y que provocó discrepancias ideológicas.
En septiembre de 1808 se creó la Junta Central que quedó integrada por 36 miembros
en representación de las 18 diferentes Juntas Provinciales. Estaba presidida por
Floridablanca y también formaba parte de ella el reformista Jovellanos y el liberal
Calvo de Rozas. Entre sus componentes había 17 nobles, 8 juristas, 5 clérigos y 3
comerciantes. Esta Junta que estuvo en Aranjuez, Sevilla y Cádiz, pasó a convertirse en
la legítima institución política que asumió el gobierno del país hasta 1810, dirigió la
resistencia contra los franceses, firmó un tratado de alianza antinapoleónica con Gran
Bretaña y tomó la iniciativa de convocar a los “representantes de la nación” para una
reunión extraordinaria de las Cortes de Cádiz. Esto último, fue una iniciativa
completamente revolucionaria ya que hasta entonces sólo el rey podía hacerlo, además
era una convocatoria claramente liberal y no propia de las instituciones del A. Régimen
ya que no se convocaban Cortes por el sistema tradicional de Estamentos sino que se
hablaba de “representantes de la nación.”
Hay que añadir, que la Junta Central no logró ejercer su autoridad indiscutible frente a
Juntas provinciales y locales, y que en enero de 1810 se autodisolvió y traspasó sus
poderes a una Regencia de cinco miembros.

11.2. Las Cortes de Cádiz y la constitución de 1812

Durante los primeros meses de 1810, las mayoría de diputados que habían sido
elegidos en representación de las distintas Juntas provinciales y otros en calidad de
suplentes fueron llegando a Cádiz, una ciudad permanentemente sitiada por el
ejército napoleónico.
Se decidió que se celebrasen las Cortes en la Isla de León (San Fernando), donde se
reunieron unos 300 diputados. Su extracción socio-profesional era la siguiente: 100
eclesiásticos, 60 abogados, 50 funcionarios públicos, 16 catedráticos, 40 militares y
tan sólo 20 burgueses propietarios de negocios industriales o comerciales. Por
consecuencia, predominaban los individuos pertenecientes a las clases medias y con
una sólida formación intelectual y académica habiendo, por el contrario, una escasa
presencia de nobles (solo 9) y de miembros del alto clero (3 obispos).
Puede decirse, asimismo, que pronto aparecieron entre los diputados tres grandes
tendencias ideológicas diferentes:
- Los Liberales o doceañistas con jóvenes diputados partidarios de reformas
revolucionarias y que consiguieron dominar los debates e influir decisivamente
en toda la labor de las Cortes. Propugnaban la instauración de un régimen liberal
y la elaboración de un texto constitucional al estilo francés (Agustín Argüelles,
Martínez de la Rosa)
- Jovellanistas, innovadores o moderados recibieron este nombre por coincidir
con las propuestas de Jovellanos que murió en 1811. Defendían reformas
graduales y con prudencia en la línea de los ilustrados del XVIII y evitar una
violenta ruptura de las instituciones tradicionales. Estimaban que la acción
conjunta del Rey (limitando parcialmente su poder) y de las Cortes tradicionales
eran la mejor constitución que el país podía tener, oponiéndose a la revolución y
al principio de soberanía nacional.
- Absolutistas contrarrevolucinarios o tradicionalistas eran partidarios de
mantener la monarquía absoluta. Defensores de cuanto significaba el A.
Régimen (privilegios nobiliarios). Entre ellos, se contaban numerosos clérigos.
Rechazaban elaborar una Constitución escrita, para ellos, las leyes y costumbres
tradicionales eran la verdadera “constitución española”. Unos años más tarde, el
clérigo Rafael Vélez recogería en su obra Apología del Altar y del Trono las
posturas de estos representantes.

Las Cortes iniciaron en septiembre de 1810 y en ellas, a pesar de la heterogeneidad


descrita, los representantes liberales demostraron poseer una gran habilidad para
ejercer presión e imponer sus propuestas. En consecuencia, las Cortes aprobaron una
declaración donde se proclamaba como legítimo rey a Fernando VII (a quien se
consideraba secuestrado), pero donde también se rechazaba el absolutismo y el
origen divino del monarca a gobernar. Algo que se debía a la indigna conducta del
los reyes españoles en Aranjuez y en Bayona y también para ofrecer una alternativa
al Estatuto de Bayona.
Asimismo, el sector liberal de las Cortes, tenía la intención de efectuar una profunda
y radical reforma de las instituciones políticas, económicas y jurídicas y redactar
una Constitución. El primero de estos objetivos se llevó a cabo mediante la
aprobación de una serie de decretos y leyes entre 1810 y 1813 que fueron los
siguientes:
- Libertad de imprenta y supresión de la censura (1810)
- Supresión del régimen y de los derechos señoriales (1811). No obstante, la
nobleza salvó casi todos sus bienes porque las viejas posesiones territoriales
señoriales fueron convertidas en títulos de propiedad privada.
- Abolición de la Inquisición (1813)
- Eliminación de las organizaciones gremiales e introducción de la libertad
económica, comercial de trabajo y de fabricación (1813)
- Supresión de antiguos privilegios de la Mesta para que los dueños de las
tierras pudieran cultivar.
- Incautación y venta de bienes de las órdenes militares y de los jesuitas
(1813)

La Constitución de 1812
Por otra parte, en las Cortes también se redactó la primera Constitución española de
carácter liberal y que fue promulgada el 19 de marzo de 1812. Este texto que tuvo
enorme trascendencia a pesar de carecer de aplicación práctica en la vida política
española, constaba de 384 artículos y su contenido se basaba en cinco principios
fundamentales:
- Soberanía nacional. El poder político pertenecía a la nación en su conjunto,
aunque su ejercicio era delegado en los representantes elegidos en votación por
los ciudadanos. Se abandonaba pues la soberanía de origen divino.
- División de poderes. Poder legislativo Cortes unicamerales, gobierno poder
ejecutivo y poder judicial en menos de tribunales. Fin de la acumulación de
poderes por el rey.
- Sistema parlamentario y representativo. La potestad del rey quedó subordinada
al poder de las Cortes. El texto proclamaba a su vez que el monarca no podía
disolver las Cortes y que sólo poseía derecho de veto suspensivo transitorio.
- Participación de los ciudadanos en las decisiones políticas a través de un
complicado procedimiento por sufragio indirecto en la elección de diputados. Se
establecía por lo tanto, un complicado sistema electoral en el que se elegían unos
compromisarios que luego elegían finalmente al diputado a Cortes de provincia
que pasaba a ser elegible en la elección a la Cámara.
- Igualdad de todos ciudadanos ante la ley. Fin de las diferencias estamentales y
de los privilegios fiscales y jurídicos de la nobleza. Sin embargo, los liberales de
Cádiz mostraron su rechazo al nefasto igualitarismo económico porque
consideraban la propiedad privada como un derecho intocable. Asimismo, se
siguieron manteniendo los fueros particulares de vascos y navarros.
- La afirmación de los derechos y libertades individuales. Sin embargo, la
proclamación del catolicismo como única religión permitida y la negación de la
libertad religiosa, ni la supresión de la esclavitud fueron restos del pasado que
justificaban por necesidades circunstanciales.
- Reorganización del Ejército. Se fijó el servicio militar y se distinguió entre
Ejército permanente encargado de la defensa exterior de la llamada Milicia
Nacional, un nuevo cuerpo militar eventual formado por ciudadanos civiles
armados creado para defender el régimen liberal contra posibles enemigos
internos.

Como conclusión, decir que esta Constitución aunque se inspiraba en el


racionalismo político de la Constitución francesa de 1791, su articulado era
totalmente congruente con la ortodoxia católica. De ahí que fuese copiada en países
católicos como Portugal o Nápoles o en nuevas repúblicas hispanoamericanas
independizadas.
11.3. Fernando VII: Absolutismo y liberalismo. La emancipación de la América
española

- El reinado de Fernando VII: Absolutistas contra liberales (1814-1833)


De forma general, decir que el reinado de Fernando VII marca la crisis definitiva del
A. Régimen en España, a la vez que es el periodo en que se perdieron
definitivamente las colonias.

. El restablecimiento del Antiguo Régimen: el sexenio absolutista (1814-1820)

El regreso de Fernando VII a España a comienzos de 1814 coincide con un


proceso de vuelta del A. Régimen en toda Europa. Las grandes potencias
vencedoras de Napoleón, especialmente Austria, Rusia y Prusia y Gran Bretaña
en el Congreso de Viena (1814-1815) habían acordado la constitución de la
Santa Alianza para alejar del continente los peligros de la revolución y también
el retorno de las dinastías reinantes por tradición a sus respectivos paises. Así
ocurrió en Francia y en España con la vuelta de los Borbones, en Prusia con los
Hohenzollern, en Austria con los Habsburgo y los Romanov en Rusia. La idea
era conseguir el restablecimiento del orden tradicional, la restauración del pleno
poder monárquico y la erradicación del liberalismo.
Así cuando llegó Fernando VII a España, no quiso integrarse en el sistema
político creado en las Cortes de Cádiz. Para ello contó con el apoyo y
colaboración de muchos partidarios del absolutismo. Por ejemplo, en este apoyo
que recibió el rey fue fundamental un tercio de los diputados de las Cortes de
Cádiz que habían redactado en 1814 un documento llamado El Manifiesto de los
persas para reclamar la vuelta inmediata del A. Régimen y descalificar la
libertad de prensa como nociva. Como ellos decían “exterminar a los enemigos
del Trono y de la religión”.
Asimismo, F. VII contó con el apoyo de una parte del ejército y de toda la Iglesia
y de gran parte de la población campesina la cual todavía mantenía una
mentalidad apegada a la tradición y marcada por el respeto al rey al que
consideraban como un padre.
Fernando VII tardó sólo dos meses en restablecer el absolutismo mediante un
decreto que anulaba todas las leyes aprobadas por las Cortes de Cádiz y
suprimía la Constitución de 1812. De esta forma , el rey recuperó todos los
poderes e impuso la vuelta del A: Régimen restableciendo las exenciones
fiscales, los derechos señoriales, los gremios, la inquisición y los privilegios de
la Mesta y el restablecimiento de los bienes desamortizados a la iglesia.
Inmovilismo. Inoperancia e ineficacia fueron pues las características
predominantes del gobierno entre 1814 y 1820. Un gobierno que fracasó por
completo en su empeño por mantener el A. Régimen puesto que resultaba
imposible sostener un sistema que estaba en descomposición en toda Europa y
por su evidente incapacidad para ofrecer respuestas a los nuevos problemas y
circunstancias. Y de hecho, entre esos nuevos problemas y circunstancias de este
momento se encontraban la agudización de la crisis económica y agraria y la
quiebra de la Hacienda.
Al mismo, tiempo, Fernando VII y sus partidarios aprovecharon para deshacerse
de sus enemigos políticos desatando una dura represión política al ordenar la
detención, encarcelamiento y ejecución en algunos casos de los diputados
liberales, de los simpatizantes de esa ideología y de los afrancesados. De este
modo, comenzó el exilio de cientos de españoles. De este modo, esta represión
inauguró una nueva fórmula conspirativa, el pronunciamiento, y la propagación
del ideario liberal a través de sociedades secretas masónicas, integradas por
militares jóvenes liberales, comerciantes, propietarios, artesanos, escritores,
nobles y clérigos con ideología liberal.
Hubo varias conjuras para arrebatar a Fernando VII el poder pero solamente tuvo
éxito un pronunciamiento que tuvo lugar el 1 de enero de 1820 por el
teniente coronel Riego comenzando dos meses después la segunda experiencia
liberal.

. El Trienio Liberal (1820-1823)

Entre marzo de 1820 y octubre de 1823, se restableció el Estado liberal y se


desplegó en España la obra de las Cortes de Cádiz. Así se realizaron varias
medidas:
- Fernando VII juró en marzo de 1820 la Constitución de 1812.
- Se reanudó el debate público a través de la prensa y de las Sociedades
patrióticas.
- Entró en vigor la legislación económica y social que los liberales habían
aprobado entre 1810 y 1814. La gravedad de la situación económica les impulsó
a adoptar medidas de desamortización y desvinculación de bienes de la iglesia
y a desarrollar un modelo de crecimiento agrario que se basaba en la
prohibición de importar cereales y en la integración de un mercado interior.

Paralelamente a estas medidas el régimen estuvo sometido a dos grandes


tensiones que condicionaron su supervivencia:

1) La división del liberalismo.


El liberalismo se convirtió en una ideología de amplio apoyo social. Esta
diversidad provocó la formación de dos tendencias (no partidos) que
discreparon:
Los moderados, buscaban el pacto con sectores respetables y propietarios de la
vieja sociedad. Creían que la Constitución de 1812 debía ser reformada en los
aspectos más radicales. Así querían reforzar el poder de la Corona, limitar el
papel de las Cortes, establecer un Parlamento bicameral y eliminar el sufragio
universal.
Los exaltados eran defensores de la C. de 1812, querían acelerar y radicalizar las
reformas y la revolución con una mayor participación popular activa.

2) La oposición absolutista o realista.


Los partidarios del absolutismo se opusieron desde el principio al régimen
liberal. Así, con el apoyo de Fernando VII, protagonizaron conspiraciones y
buscaron el apoyo de la Santa Alianza.
La contrarrevolución estuvo dirigida por el clero y sectores de elites
intelectuales. La desamortización, la desvinculación, la igualdad impositiva o la
elección de los ayuntamientos alteraban las bases de su mundo.
En 1823, la Santa Alianza envió el ejército de los Cien Mil Hijos de San Luis y
Fernando VII recuperó el poder absoluto.

. La década absolutista (1823-1833)


Cuando Fernando VII volvió a gobernar con poderes absolutos se entregó a la
inmediata destrucción de todo lo realizado por los liberales. Así varias fueron las
medidas:
a) Introdujo el diezmo y el mayorazgo y ordenó la devolución de todas las
propiedades desamortizadas al clero.
b) Invalidó y revisó todos los títulos académicos y sentencias judiciales entre
1820 y 1823.
c) Desencadenó una feroz represión. 130 militares liberales (Riego y el
Empecinado) fueron ejecutados. 60 mil civiles perdieron sus empleos, sus
propiedades o fueron encarcelados.
d) Creó las denominadas Juntas de Fe que prosiguieron las tareas de la
desaparecida inquisición.
e) Con la intención de asegurar la supervivencia del sistema monárquico
absolutista encargó la gestión del gobierno a experimentados burócratas
como Francisco Cea Bermúdez o Luis López Ballesteros, que introdujeron
algunas prudentes reformas administrativas y técnicas. Sin embargo, tímido
reformismo se enfrentó con dos problemas: a) se agravó la catastrófica
situación de la Hacienda Pública y creció el endeudamiento estatal; b) el
descontento de los ultraabsolutistas intransigentes que rechazaban
cualquier mínima novedad y el cese de los ministros reformistas, pedían
el exterminio de los liberales y querían reintroducir la Inquisición.
f) Respecto a la cuestión dinástica a partir de 1830, Fernando VII promulgó la
Pragmática Sanción que derogaba la Ley Sálica que impedía a las mujeres
la sucesión al trono. Con lo cual, su hija Isabel nacida en 1830 podía ser
reina. Sin embargo, fue una sorpresa para los ultraabsolutistas que desde
1828 se habían agrupado en torno al hermano menor del rey, el infante don
Carlos María Isidro y esperaban que éste sucediera al Rey. Así se abrió una
grave crisis entre los partidarios de Don Carlos y los defensores de la
Pragmática Sanción, iniciándose la guerra carlista en 1833 cuando murió
Fernando VII.

- La emancipación de la América española


. Causas u origen del proceso emancipador

El comienzo de la emancipación de las colonias españolas en América se inició


en 1808 y las causas fueron las siguientes:
a) Los resultados de las reformas fiscales y administrativas emprendidas en la
segunda mitad del XVIII, cuyo objeto era recuperar el control sobre las
colonias.
b) El malestar de las clases dirigentes criollas, postergadas políticamente de los
ámbitos de poder a favor de los españoles y amenazadas en algunas zonas
por mayorías no blancas (indios negros y mestizos)
c) La crisis de 1808 en España, que abrió el debate sobre las relaciones con la
metrópoli.
d) La influencia ideológica de la independencia de USA en 1776, de Haití en
1804 y de la revolución francesa en 1789.

. El proceso de independencia
La crisis política de 1808 provocó en América al igual que había sucedido en
España la formación de Juntas. Sin embargo, la discriminación de la
representación americana en la Junta Central y en las Cortes de Cádiz provocó
las primeras protestas de las elites criollas y a las luchas entre partidarios de
mantenerse fieles a Fernando VII y los autonomistas. A partir de ese momento,
varias fueron las fases de la independencia:

1) En mayo de 1810, los autonomistas se hicieron con el poder en Buenos Aires


y su independencia fue imparable. Intentos similares se produjeron entre
1810 y 1814 en Venezuela, México y Colombia, pero con escaso éxito.
2) A partir de 1814, los líderes independentistas, Simón Bolívar y José San
Martín, adaptaron sus estrategias a las condiciones sociopolíticas de las
colonias y prometieron la redención de los esclavos. A partir de entonces, la
rebelión se extendió y los sublevados recibieron la ayuda de GB.
3) La situación política y económica de España, impidió el control del proceso
de independencia. Produciéndose la derrota definitiva de los españoles en
Ayacucho (Perú), quedando el imperio español reducido a Cuba, Puerto
Rico y Filipinas.

. Las consecuencias de la independencia:

1) Se agravaron los viejos problemas políticos y fiscales de la monarquía


absoluta.
2) La pérdida de América demostró la incapacidad de España para mantener su
posición de gran potencia a escala europea.
3) Se suprimió a esclavitud en los nuevos territorios independientes.