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© Mario Martín Merino, 2017

EL COLAPSO DE LAS SOCIEDADES COMPLEJAS

Introducción
Una de las primeras preguntas que nos podemos hacer antes de abordar el análisis de la cuestión a tratar en el
presente trabajo, en el cual se hará mención a algunas de las teorías que han buscado dar una respuesta lo más
satisfactoria posible a la misma, es que entendemos o cómo puede definirse el término “colapso”.
Si consultamos su definición en el Diccionario de la R.A.E., podemos leer en su primera acepción lo
siguiente: “Destrucción, ruina de una institución, sistema, estructura, etc.”
Como se puede apreciar, la definición es cuanto menos “difusa”, y usualmente se asocia el término “colapso”
a connotaciones negativas. Tal y como ha señalado acertadamente Middleton, entre los sinónimos de este
término en cuestión encontramos palabras como “caída”, “declive” o “crisis”, igualmente relacionadas con un
significado negativo o incluso catastrófico (2012: 260).
En opinión de Demarest, gracias a los recientes estudios efectuados sobre los posibles factores o
acontecimientos que pueden dar lugar al colapso y fin de una determinada sociedad o civilización, se ha
podido demostrar que la falta de definición del término “colapso” ha generado múltiples controversias sobre
su interpretación y sobre algunos aspectos y acontecimientos culturales. El significado de términos como el
mencionado, o de otros como “declive”, no es tan obvio como pudiera parecer, y a juicio de Demarest, es por
ello por que han surgido muchos desacuerdos sobre esta cuestión (2001: 105). En una línea similar se ha
pronunciado Middleton, afirmado que los malentendidos originados debido a la indefinición terminológica del
término “colapso” se deben fundamentalmente a dos razones: la determinación efectiva de las consecuencias
que desencadena un colapso, y que se entiende por tal (2013: 2).
El debate académico en torno a esta cuestión ha experimentado en los últimos años un resurgir debido a la
mayor preocupación sobre el cambio climático y sus posibles efectos, así como por una mayor concienciación
sobre los efectos que las acciones antrópicas tienen sobre el medio ambiente.
I. Distintas interpretaciones sobre el término “colapso”
Según Tainter, se debería entender por el término “colapso”, un rápido proceso político de simplificación que
puede manifestarse en cualquier sociedad compleja cuando se dan una serie de determinadas circunstancias o
condiciones, y a consecuencia del mismo, se producirá una sustancial degradación de sus estructuras
sociopolíticas (1988: 4).
En opinión de Antequera, y teniendo en cuenta las apreciaciones de Tainter, una de las principales causas para
el desencadenamiento de un colapso sería el “flujo energético”, entendiendo por tal la cantidad de energía que
llega a una determinada sociedad por medio de diversos niveles tróficos y la cantidad que sale de ella. Ese
flujo energético debe ser adecuado para permitir el correcto funcionamiento y desarrollo de una civilización,
que cuanto más compleja sea, mayor deberá ser el flujo energético que la mantenga (2005). Asimismo, existen
otros dos factores que, cuando aparecen de manera simultánea, son determinantes para la génesis de un
colapso: las perturbaciones y los rendimientos marginales. La incidencia de esos elementos se manifestará en
la disminución de las posibilidades que tiene una sociedad para incrementar la complejidad de sus estructuras
(Antequera, 2005).
Otros autores como Diamond 1, más influenciados en sus planteamientos por otras disciplinas como la
Biología o la Ecología, tienden a considerar un colapso como una consecuencia derivada de un notable y
repentino decrecimiento poblacional ocurrido en una sociedad. Pese a las evidentes diferencias existentes
entre las sociedades del pasado y las actuales, para Diamond, el éxito o fracaso de las primeras se debió a la
presencia de unas circunstancias similares a las presentes en nuestros días (2006: 17).

1Para este autor, existen cinco factores esenciales que determinarán el éxito o fracaso de una determinada sociedad, los cuales son: el
grado de deterioro medioambiental, los cambios climáticos, la presencia de culturas hostiles, asociaciones mercantiles amistosas y las
posibles soluciones que esa sociedad sea capaz de aportar para la resolución de sus problemas medioambientales (Goldstein, 2007).
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Si las sociedades del pasado prosperaron o desaparecieron a consecuencia de un proceso de colapso, se debió
en el último supuesto, a la paulatina degradación de su entorno medioambiental (McAnany & Yoffee, 2010:
4).
No obstante, hay autores como Pomeranz, que creen que pese al innegable poder que tenían las élites
gobernantes de esas sociedades, nunca tuvieron tanto como para provocar la destrucción de su propio entorno
(McAnany & Yoffee, 2010: 9).
Ponting cree que los problemas medioambientales actuales están estrechamente relacionados con el ser
humano (1991: 413), y del mismo modo que Diamond, en lugar de prestar atención al desarrollo de los
distintos acontecimientos políticos ocurridos a lo largo de la Historia, prefiere centrarse en el estudio y
comprensión de esas fuerzas “elementales” que han configurado el mundo, así como en las consecuencias de
las acciones humanas sobre el medioambiente.
Los más recientes estudios efectuados sobre el tema del colapso de las sociedades han cuestionado muchas de
las conclusiones presentadas por aquellos investigadores que, de una u otra manera, han seguido una línea
similar a la de Diamond, lo cual ha provocado la aparición de dos corrientes teóricas: una que enfatiza las
debilidades del ser humano para hacer frente con éxito a un proceso de colapso, mientras que la otra toma una
postura radicalmente opuesta al reafirmar el valor de las acciones antrópicas en su intento por dar respuesta a
las consecuencias producidas por un colapso.
De acuerdo con algunos autores como Eisenstadt o el propio Tainter, se puede afirmar que durante la
Antigüedad no se produjo colapso alguno, postura que es aceptada con algunos matices por McAnany y
Yoffee, que aunque reconocen la posibilidad de que se hubiesen producido algunas crisis de distinto alcance e
intensidad, que sin duda produjeron modificaciones importantes en las estructuras sociopolíticas de esas
sociedades, muy raramente llegaron a desencadenar un colapso completo e irreversible (2010: 6). Para Van
der Leeuw, cualquier alteración medioambiental que se produzca es parte intrínseca del proceso socionatural
que comenzó a fines del Pleistoceno (McAnany & Yoffee, 2010: 6).
No obstante, tanto McAnany como Yoffee no dudan en hacer énfasis sobre las conductas que
tradicionalmente han sido asociadas con un colapso, entre las cuales se pueden mencionar migraciones,
modificaciones en las estrategias de subsistencia y en el aprovechamiento de los recursos disponibles, el
abandono del monumentalismo y de estructuras administrativas de cierta complejidad… Todas ellas, en
opinión de ambos autores, deben ser identificadas como respuestas adaptativas ante situaciones extremas.
El colapso de las estructuras sociopolíticas de una sociedad provocaría la adopción de unos modelos
organizativos caracterizados por una mayor simplicidad, y por lo tanto, requerirían de un menor flujo
energético para su mantenimiento (McAnany & Yoffee, 2010: 10).
Es lógico pensar que la resistencia de esas sociedades inmersas en un proceso de colapso, sea este a
consecuencia de cambios medioambientales o a decisiones erróneas tomadas por sus élites dirigentes, debería
ser analizada teniendo en consideración las características propias de su entorno. Esta reflexión, formulada por
Diamond, es compartida por McAnany y Yoffee, aunque estos no creen que los gobernantes de esas
sociedades pasadas fuesen los responsables últimos de la degradación de su entorno natural, ya que se conoce
fehacientemente que esas sociedades sufrieron algunas crisis de distinta naturaleza e impacto a las cuales
hicieron frente del mejor modo que supieron (2010:12).
Algunos investigadores que no comparten los postulados del determinismo geográfico, frecuentemente
empleado para explicar porque algunas sociedades prosperan y otras fracasan, consideran que las sociedades
de la Antigüedad tuvieron que hacer frente a problemas de diversa naturaleza que provocaron un sensible
deterioro de sus estructuras sociopolíticas, a los cuales intentaron sobreponerse. En opinión de Diamond, los
problemas medioambientales que sufrimos en la actualidad fueron sin duda mucho más complejos de afrontar
en el pasado, especialmente por aquellas civilizaciones que desconocían la escritura y no podían acceder a
registros escritos que hicieran referencia a situaciones similares, y la degradación de su entorno fue una
consecuencia sobrevenida por su afán por desarrollarse, no debido a que lo hicieran intencionadamente
(2006: 17). Pese a estas manifestaciones, este autor seguirá considerando que el colapso de una determinada
sociedad es debido, principalmente, a severas alteraciones medioambientales provocadas por decisiones
erróneas de las élites dirigentes que fueron acatadas ciegamente por el resto de la población.
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McAnany y Yoffee opinan que el colapso de algunas sociedades se debe al egoísmo y falta de previsión de sus
líderes, que en lugar de preocuparse por preservar su entorno y el bienestar de su comunidad, solo buscan su
propio beneficio particular sin ser conscientes de las consecuencias que puedan derivarse (2010: 8).
En opinión de Yoffee y de otros autores como Cowgill, el término “colapso” no debería ser concebido como
un proceso que conduce ineludiblemente a la desaparición definitiva de grandes tradiciones culturales debido
al fracaso de sus estructuras sociopolíticas, ya que no todas las civilizaciones colapsan siguiendo unos mismos
patrones (1991: 18). En su lugar, Middleton propone otros como “transición”, “transformación” o “cambio”,
que a diferencia de “colapso”, están exentos de cualquier connotación negativa (2012: 264). De acuerdo con la
nueva definición de “colapso” ofrecida por Middleton, este debería entenderse como un conjunto de
acontecimientos de diversa naturaleza, que provocan una serie de significativos y rápidos cambios en las
estructuras sociopolíticas de una sociedad, cuya incidencia se deja sentir en su cultura material. Además, esos
cambios pueden ocasionar la disolución de grandes entidades estatales y la transformación de su cultura, o
incluso, su definitiva desaparición (2012, 267-268).
II. Enfoques sobre la influencia de los factores medioambientales en los procesos de colapso
Para comprender con todo su alcance los posibles colapsos que pudieron darse en la Antigüedad, es esencial
tener en cuenta los diversos enfoques formulados para determinar hasta qué punto y de qué modo, los factores
medioambientales desempeñan un papel fundamental en la génesis y desarrollo de los mismos.
Pese a que los arqueólogos parecen mostrar mayor interés por poner de relieve la importancia de las acciones
humanas como una de las causas fundamentales para la aparición de un proceso de colapso, a juicio de
Middleton, se deberían tener mucho más en cuenta los factores medioambientales (2012: 268). Esta
afirmación ha provocado que muchas de las explicaciones tradicionalmente aceptadas hayan comenzado a ser
cuestionadas, y se admita la posible incidencia de otros factores, como por ejemplo cambios climáticos
repentinos, como desencadenantes de eventos catastróficos.
Renfrew y Bahn han expuesto una serie de teorías que pretenden dar respuesta al fenómeno del colapso,
siendo una de las más recurrentes la referida a la escasez de recursos disponibles a consecuencia de
alteraciones medioambientales significativas, o bien debido a la toma de decisiones que acabarían por
manifestarse como grandes equivocaciones. Un ejemplo de esto último sería lo ocurrido en el área
mesopotámica como producto de la excesiva irrigación de los suelos, que terminaría por degradarlos y afectar
severamente a la producción agrícola (2008: 178). Otras teorías han considerado como posibles
desencadenantes las catástrofes naturales, siendo un buen ejemplo de ello la célebre erupción ocurrida en la
isla de Thera 2, que acabaría provocando la desaparición de la civilización minoica hacia el 1380 a.C. de
acuerdo a lo manifestado por autores como Tsonis, de Bruins, McGillivray y Van der Plicht.
Tainter se hace eco de otras teorías que sostienen que los colapsos son ocasionados por factores como la
irrupción de pueblos extranjeros, conflictos de diverso tipo y alcance, o incluso por manifestaciones de
carácter místico (Antequera, 2005). En unos términos similares se pronunció a comienzos de la década de
1960 el célebre historiador británico A.J. Toynbee, que consideró que todas las civilizaciones pasan a lo largo
de su existencia por una serie de fases, las cuales son: génesis, crecimiento, problemas, estado universal y
desintegración. Esta afirmación sería posteriormente ampliada y reformulada por C. Quigley en su obra
titulada La evolución de las civilizaciones (1979). Toynbee considera que los colapsos no son producidos por
la degradación del entorno natural, sino debido a la incapacidad de las sociedades para resolver los problemas
surgidos a consecuencia del excesivo desarrollo de sus estructuras sociopolíticas. Los colapsos producirían
una fractura social en esas civilizaciones, además de una idealización del pasado o del futuro y el surgimiento

2 A consecuencia de una gran y violenta erupción volcánica cuya datación es variable según el método empleado (la datación por
radiocarbono la sitúa en algún momento entre los años 1639 y 1616 a.C. (Manning, 2006: 565-569) mientras que las evidencias
arqueológicas sugieren una cronología más reciente, entre el 1530 y el 1500 a.C.(Pollinger-Foster & Ritner, 1996: 1-14)) , provocó la
destrucción de buena parte de la isla de Thera (actual Santorini), tratándose de una de las catástrofes naturales más importantes
acaecidas en el Egeo durante la Edad del Bronce. Se cree que la erupción causó una importante alteración de las condiciones climáticas
en el Mediterráneo Oriental (Lilley, 2006) y por extensión en el resto del planeta (Vergano, 2006). Algunos investigadores creen que
este acontecimiento pudo dar lugar al mito de la Atlántida (Oppenheimer, 2003).
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de fenómenos culturales como el nihilismo o el desarrollo de cultos místicos que tratarán de dar una respuesta
trascendental (Toynbee, 1961).
En opinión de Middleton, tan solo deberían tenerse en cuenta las explicaciones que se basan en la incidencia
de factores de tipo medioambiental, entre los que destacan a su parecer, los siguientes:
 cambios climáticos: en los estudios más recientes es posible apreciar una tendencia que considera esta
como una de las causas que pudieron provocar profundos cambios sociopolíticos que acabaron
llevando al colapso a algunas civilizaciones del pasado. Según Weiss, la desaparición de la cultura de
Tell Leilan 3 en Siria, se debió a un importante cambio de las condiciones medioambientales, que tuvo
lugar en algún momento en torno al 2200 a.C. Del mismo modo, Butzer achaca el colapso del Imperio
Antiguo de Egipto 4 a la progresiva y notable disminución de las crecidas anuales del Nilo a partir del
2181 a.C. (Renfrew & Bahn, 2008: 178). De acuerdo con lo manifestado por Middleton, gracias a las
evidencias con las que contamos actualmente, es posible determinar que esos colapsos se debieron a
rápidas y significativas alteraciones climáticas que provocaron en esas sociedades una serie de
respuestas adaptativas para acomodarse a la nueva situación (2012: 270). Riechmann profundiza aún
más al preguntarse si esas alteraciones climáticas y las modificaciones sociopolíticas surgidas a
consecuencia de estas, podrían ser consideradas como una razón de peso para desencadenar el colapso
de una civilización, lo cual a su juicio, no puede ser respondido mediante el empleo de modelos
climáticos o económicos (2007:75).
 ecocidios y toma de decisiones inadecuadas: según Broswimmer, el término “ecocidio” debe
comprenderse como un conjunto de acciones intencionadas que buscan causar la degradación, total o
parcial, de un ecosistema, mediante el uso de compuestos químicos, armas de destrucción masiva,
provocando desastres naturales…etc (López, 2014:17). Esta definición es claramente diferente a la de
Middleton, pero esencialmente, tanto una como otra se refieren a un mismo hecho, la degradación
medioambiental causada por el ser humano. Basándose en una serie de evidencias arqueológicas que
considera concluyentes, Middleton ha intentado demostrar la capacidad que tienen todas las
sociedades para alterar significativamente sus entornos (2012: 270). La falta de adaptación a las
nuevas condiciones provocadas por los cambios medioambientales, conducirá inevitablemente al
colapso, hecho que Middleton llega a considerar en algunos supuestos hasta “beneficioso” al provocar
un “reseteo” cultural y medioambiental que puede propiciar la aparición de nuevas sociedades
(2012: 271).
 eventos catastróficos: las catástrofes naturales pueden desencadenar colapsos y el fin de una
civilización, siendo una de las causas que pueden explicarlos, así como los cambios sociopolíticos
producidos (Middleton, 2012: 271). Respecto a esta cuestión, Tainter solo considera fenómenos tales
como terremotos, erupciones volcánicas o plagas epidémicas (Antequera, 2005), a los que se podrían
sumar otros como maremotos, siendo un buen ejemplo de ello el desencadenado a consecuencia de la
violenta erupción que acabó con buena parte de la isla de Thera, acontecimiento estudiado con detalle
por investigadores como McGillivray, de Bruins y Van der Plicht. Las teorías basadas en la
incidencia de catástrofes han encontrado ciertas reticencias entre la comunidad académica para ser
consideradas como causa probable del colapso de sociedades complejas. Pese a ello, es posible
encontrar varios ejemplos históricos de lo mencionado, como por ejemplo el fin de la cultura minoica
en Creta, aunque hay otros que parecen invalidarlas, como la destrucción de las ciudades romanas de
Pompeya y Herculano a consecuencia de la erupción del Vesubio en el año 79 de nuestra era, que
obviamente, no produjo el fin de Roma. Los efectos de una determinada catástrofe natural no inciden
del mismo modo en unas sociedades que en otras, pero como indica Middleton al referirse a las tesis
de McAnany y Yoffee, las consecuencias de estas son esencialmente las mismas en todas ellas:

3 Yacimiento arqueológico situado en la actual Siria. Los restos más antiguos de ocupación humana se remontan al V milenio a.C., y
hacia el III milenio a.C. se desarrolló hasta dar lugar hacia el 2600 a.C. a una ciudad conocida como Shekhna, que acabaría siendo
anexionada al Imperio acadio entre los años 2300-2200 a.C. Apenas un siglo después sería abandonada debido a una fuerte sequía que
modificó sensiblemente las condiciones climáticas de la región. De acuerdo con las evidencias arqueológicas, la población fue
abandonándola progresivamente hasta el año 2140 a.C. momento en el que no se atestigua ocupación humana alguna.
4
(2700-2200 a.C.) Durante la V y VI Dinastías se producirá el colapso de este primer Imperio egipcio debido, entre otras causas
sociopolíticas, a una gran sequía ocurrida entre el 2200 y el 2150 a.C. que mermó notablemente el volumen de las inundaciones del
Nilo. Además, desde unas décadas antes se venían sufriendo importantes hambrunas que causaron numerosos disturbios que
debilitaron la autoridad de los faraones.
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algunas sociedades consiguieron adaptarse mientras que otras no lo lograron y acabaron por
desaparecer (2012: 273).
III. El colapso de las sociedades complejas, ¿es inevitable?
A lo largo de la Historia han surgido diversas sociedades complejas que, de un modo u otro, acabaron por
colapsar sin mediar causa medioambiental alguna u otros factores exógenos que pudieran haber provocado su
fin, que en algunos casos, fue causado por ellas mismas. Un ejemplo de esto sería, en opinión de Diamond y
basándose en las ideas de Flenley, el caso de la antigua civilización pascuense, que causó un ecocidio
involuntario (2005: 26). No obstante, los conceptos de “resistencia” y de “adaptabilidad” formulados por
McAnany y Yoffee, pueden ser una buena muestra de los esfuerzos de muchas sociedades complejas del
pasado por evitar, dentro de sus posibilidades, su desaparición a consecuencia de un colapso.
Muchas de las conclusiones propuestas por Tainter han sido recogidas por R. Durán y L. Gonzalez en su obra
en dos volúmenes publicada en 2014 por Ecologistas en Acción titulada En la espiral de la energía. En una
entrevista realizada a González en abril de 2015 5, este autor manifestó los que, a su parecer, son los
postulados más significativos del pensamiento de Tainter, los cuales son:

 en primer lugar, tanto la energía como los factores medioambientales son elementos esenciales para el
desarrollo de una determinada sociedad, pero en último término, son estas las que toman las
decisiones que las conducirán al éxito o al fracaso.
 asimismo, desde su aparición en el planeta, el ser humano ha desarrollado su existencia siguiendo dos
modelos de civilización claramente diferentes: uno caracterizado por una sociedad más igualitaria,
pacífica y sin estructuras jerárquicas desarrolladas que tuvo una relación más respetuosa con su
entorno; y otra cuyas señas de identidad son una mayor complejidad social, mucho más violenta y
jerarquizada cuya interacción con el medioambiente dista de ser armónica. Este último modelo, de
acuerdo con Tainter, acabó dando lugar a la sociedad capitalista actual.

En esa entrevista, González manifiesta su creencia en la inevitabilidad del declive y posterior colapso de la
sociedad industrial, y que la nueva civilización que surja de esta última deberá estar sustentada en la
agricultura, la utilización de energías renovables y una clara determinación de aquellos límites
medioambientales que bajo ninguna circunstancia pueden ser traspasados. En opinión de Ibañez, el
incremento de la complejidad sociopolítica de muchas civilizaciones del pasado llevó a estas a su propia
destrucción, siendo esencial para el correcto desarrollo de una sociedad que sus estructuras sociopolíticas sean
sostenibles (2014).

En una entrevista realizada a Tainter en 2011 6, este afirmó que la conciencia de sostenibilidad surge en
aquellas sociedades que, debido a una serie de determinadas circunstancias, se ve obligada a buscar soluciones
para solventar los problemas que la aquejan, cimentándose su éxito o fracaso en la habilidad que tengan para
afrontarlos. En opinión de Tainter, las sociedades del pasado que lograron perdurar lo hicieron gracias a que
supieron enfrentarse con éxito a sus problemas económicos, logrando ser sostenibles (2011).
Si aceptamos la definición del término “colapso” formulada por Middleton, la cual fue elaborada por el
mencionado autor en base a diversas aportaciones de otras disciplinas como la Historia, la Arqueología o la
Biología, con el fin de despojarle de cualquier connotación negativa y concebirlo como el declive y fin de una
sociedad compleja, en su lugar propone definirlo como un proceso de cambio producido, en ocasiones, por
significativas alteraciones medioambientales a las que las sociedades deben adaptarse del mejor modo posible,
y asumir los cambios que estas puedan producir. Asimismo, la sostenibilidad de una determinada sociedad
compleja no depende solamente de sus integrantes (aunque la toma de unas determinadas decisiones por parte
de sus élites gobernantes tiene cierta importancia al poder producir ciertos desequilibrios), ya que la
incidencia de los factores naturales juega un importante papel en el devenir de las mismas.

5
http://www.utopiacontagiosa.org/2015/04/16/en-la-espiral-de-la-energia-entrevista-con-luis-gonzalez-ecologistas-en-accion-13/
(acceso junio 2017)
6
https://dedona.wordpress.com/2011/03/11/entrevista-con-joseph-tainter-autor-de-el-colapso-de-sociedades-complejas/
(acceso junio 2017)
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Conclusión
Tal y como se ha podido apreciar a lo largo del presente trabajo, es necesario que se lleve a cabo una
redefinición de lo que hasta el momento se ha entendido por el término “colapso”, así como un
replanteamiento teórico despojado de cualquier tipo de determinismo de tipo geográfico.
En líneas generales, se puede afirmar que los efectos medioambientales que afectaron a las sociedades del
pasado son, esencialmente, los mismos a los cuales nos enfrentamos en la actualidad, aunque es significativo
que el ser humano haya comenzado a tomar conciencia de que sus acciones pueden llegar a causar profundas
modificaciones de diverso tipo y alcance en su entorno natural, siendo muchas de ellas consecuencia de sus
necesidades, las cuales dependen en gran medida del nivel de complejidad social alcanzado. Asimismo, cabe
pensar que las sociedades humanas solo se han adaptado a su medioambiente cuando se han visto privadas de
otras alternativas, lo cual les obliga a emprender ciertas modificaciones estructurales para dar respuesta a sus
problemas.
De acuerdo con un modelo de predicción matemática encargado por la NASA al Centro de vuelo espacial
Goddard 7, que ha sido bautizado con el nombre de HANDY 8, se han podido determinar cinco factores cuya
incidencia es determinante para provocar el colapso de una civilización, los cuales son: el clima, la población,
los recursos hídricos, la agricultura y la energía. Cuando esos cinco elementos confluyen simultáneamente, se
produce el “colapso perfecto”, que desencadenará una sobreexplotación de los recursos disponibles a
consecuencia de la degradación de las estructuras económicas y una mayor jerarquización social que se
traducirá en un incremento de las desigualdades entre la población de esa sociedad.
Por lo tanto, y a modo de corolario, sería esencial tener el mayor conocimiento posible sobre como esas
sociedades que nos precedieron, afrontaron una serie de problemas que parecen gozar de la misma vigencia
que tuvieron antaño, además de promover una mayor concienciación sobre el efecto que las acciones
antrópicas tienen sobre el medioambiente, ya que en cierto modo (o sin él), muchos de los factores que
podrían conducir al colapso de nuestra sociedad actual, del mismo modo que ocurrió con otras en el pasado, es
en buena parte consecuencia de nuestras propias acciones.

7 Laboratorio de investigación dependiente de la NASA fundado el 1 de mayo de 1959 como primer centro espacial de vuelo cuya sede
se encuentra en Greenbelt (Maryland). Entre sus cometidos se encuentran el estudio del Universo y el desarrollo de satélites
científicos. Recibe su nombre por Robert H. Goddard (1882-1945), uno de los primeros pioneros en la propulsión de cohetes.
8 Human and nature dynamics (HANDY). Se trata de un modelo experimental basado en la interacción de los seres humanos con su

entorno medioambiental, cuya finalidad es la predicción a largo plazo de posibles colapsos sociopolíticos debidos a la
sobreexplotación de los recursos disponibles.
© Mario Martín Merino, 2017

BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES DE INTERNET


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