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Razones y sentidos del filosofar

¿En qué ha consistido la contribución de la formación filosófica a tu vida académica y


personal?

Pensada en términos generales, la contribución de la filosofía no debe comprenderse,


exclusivamente, de cara al aporte cuantitativo que de ella se deriva y que se traduce en
contenidos aprendidos o en habilidades desarrolladas durante un proceso. La contribución de
la filosofía me parece algo previo a esto, más bien como lo que origina el proceso y lo
acompaña desde el principio. Si la vemos así, la contribución de la filosofía tiene el sentido
de un acontecimiento que irrumpe en nuestra existencia y conlleva que su eje, por así decirlo,
se desplace. Cuando la filosofía nos acontece, nos lleva a una experiencia de descentramiento
por la cual se abre la posibilidad de resignificar nuestro pasado y abrirnos al futuro. La
contribución que la filosofía opera es la de transformarnos, es decir, la de colocarnos en una
ruta de transformación. La filosofía contribuye en esto, pero no es más que una contribución;
es decir, nos coloca en el camino, nos pone en curso, pero no opera nada distinto del
incentivo, del encender la llama. Es por esto que la filosofía puede marcar una divisoria de
aguas en nuestra existencia si nosotros mismos en cada caso también repercutimos en ella:
en mantener viva la llama, en incentivarla, en contribuir a que se de la filosofía como tal. Si
algo como lo dicho ocurre, entonces la filosofía nos arroja ante la posibilidad de un nuevo
comienzo. Todos sabemos que la experiencia de volver a empezar es una de las experiencias
más enriquecedoras y necesarias de los seres humanos; mucho queda por decir sobre esto.
La contribución que hace la filosofía, en conclusión, es la de ponernos ante la tarea de
reestructurar toda nuestra existencia. Ciertamente una posibilidad única, pero a su vez una
responsabilidad como ninguna otra.

De modo similar a la mayor parte de los que estudiamos esta disciplina, mi interés se originó
cuando estaba casi terminando la secundaria. A la hora de elegir una carrera universitaria,
sentía una inclinación casi natural hacia la filosofía, pero a la vez tenía mucho
desconocimiento y también inseguridades. Estas últimas tenían que ver, principalmente, con
el ámbito laboral de la carrera. Entonces decidí, antes de tomar una decisión, acudir a la

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Escuela de Filosofía, para que alguien me informara al respecto. La secretaria de la Escuela,
la señora Rosalba por aquel entonces, no se sorprendió con mi pregunta y me indicó donde
encontrar a dos profesores para que les interrogara. Caminando por los jardines alrededor del
edificio, ubiqué a los profesores Alonso Silva y Mario Palencia, quienes no me aclararon
mucho de lo que me inquietaba, pero si lo suficiente: “que la filosofía es un estilo de vida,
que la filosofía es una actitud ante el mundo”; eso es todo lo que recuerdo de ese encuentro.

A partir del año 2004 y hasta inicios del 2013 hice parte activa de la comunidad académica
de la UIS. Primero como estudiante de pregrado en Filosofía (2009), luego como estudiante
de Maestría en filosofía (2011) y, finalmente, como profesor cátedra (2010-2013). Estos tres
capítulos de mi vinculación con la Escuela de Filosofía han marcado el curso de mi formación
de manera decisiva. Creo que en ello tuvieron que ver, no solo las potencialidades que hay
detrás de los estudios filosóficos, sino también la fortuna de haber coincidido con profesores,
compañeros de clase, amigos, estudiantes, colegas y, especialmente, con un espíritu
intelectual de carácter plural, investigativo y riguroso que caracterizaba esa atmósfera.

Desde el 2013 hasta principios de 2017 fui profesor en la Universidad de San Buenaventura,
sede Bogotá, así como en otras instituciones de la misma ciudad. En medio de esa experiencia
de diálogo con otras visiones de nuestra disciplina, así como de la universidad en su conjunto,
pude advertir la sensibilidad filosófica especial en la que me había formado, así como las
distintas herramientas conceptuales, teóricas e investigativas que desarrollé durante mis
estudios en la UIS. El camino de formación filosófica que he repasado someramente me ha
llevado a la posibilidad, y agregaría que a la necesidad, de dar el paso consistente en adelantar
estudios de doctorado, que actualmente curso en la Pontificia Universidad Católica de Chile
y que espero se culmine con un proceso de doble titulación con la Albert-Ludwigs-
Universität Freiburg, Alemania.

Denken ist Danken, “pensar es agradecer”, dice Martin Heidegger en algún lugar, y yo
añadiría que agradecer es, también, reconocer (Anerkennen).