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No existe, ni ha existido quizás, anhelo más

grande para el estudioso del fenómeno


Guadalupano que el descubrimiento de un nuevo
documento que ayude a corroborar los datos
ofrecidos por la tradición o bien que la refute
finalmente. La gran escasez de testimonios
históricos escritos contemporáneos al suceso del
Tepeyacac ha forzado la interpretación de los
pocos existentes, que han sido prácticamente
desmenuzados y exprimidos en la búsqueda de
detalles que ayuden a esclarecer los orígenes del
culto y la posterior elevación de la imagen
guadalupana al grado de símbolo nacional.

El problema de la escasez de fuentes ha sido


debatido profundamente desde mediados del
siglo XVI . No fue sino hasta 1648, con la
aparición del libro de Miguel Sánchez y
posteriormente el de Luis Lasso de la Vega,
que la tradición de las apariciones de la Virgen en México comenzó a tener un fuerte arraigo entre la población y entre
los intelectuales de la época, por lo que se hizo necesario un conocimiento más profundo de los acontecimientos del
Tepeyacac. Así, tanto los que apoyaban la historia de las apariciones como los que la repudiaron tuvieron la necesidad
de contar con documentación que apoyara sus posturas. Sin embargo, pronto fue notoria la inexistencia de fuentes
escritas contemporáneas al suceso, situación para la que se argumentaron diversas teorías, entre las que se
encuentran la escasez del papel en la Nueva España, el silencio comprensible de los cronistas, que al pertenecer a una
u otra orden religiosa tenían válidas razones para callar, o incluso la acción de los elementos naturales, que habían
ayudado a la destrucción o pérdida de los testimonios. La verdad es que para mediados del siglo XVII la ausencia de
documentos era tan notoria corno lo es hoy, y esta fue particularmente visible en las expresiones con las que algunos de
los primeros estudiosos -y aun los apologistas de las aparición- se quejaban del lamentable olvido de más de cien años
en que había caído tan significativo acontecimiento, debido en gran parte a la falta de capacidad y atención que habían
mostrado sus antecesores es para custodiar para la posteridad papeles o relaciones escritas acerca de la Mariofanía de
Guadalupe.

De este modo, y debido sin duda a la práctica común de los autores de la de incluir -o copiar- fragmentos de otros
escritos ajenos en los propios sin necesidad de dar créditos, hoy no es posible sino tratar de comparar las fuentes de
algunos de los documentos considerados como fundamentos de la tradición.

Tal es el caso del multinombrado Huei Tlamahuiçoltica de Luis Lasso de la Vega, que es una relación detallada de las
apariciones escrita en náhuatl.Esta relación "original", conocida en la actualidad con el nombre de Nican Mopohua ,
contenida en el texto de Lasso de la Vega, no fue publicada sino hasta 118 años después de las apariciones. La fuente
utilizada por Lasso de la Vega hoy nos es completamente desconocida. Sin embargo, a pesar de que él repetidamente
se adjudica en el texto la autoría de las palabras y el relato de las apariciones, es inverosímil que haya poseído el
conocimiento necesario para escribirlo. Es únicamente debido a los conocimientos de la teogonía indígena contenidos
en él, y a la valiosa opinión de expertos como Miguel León-Portilla, que se acepta que el Nican Mopohua fue escrito
hacia mediados del siglo XVI, y que su autor debió ser una mentalidad india o mestiza cuyas palabras fueron
simplemente transcritas o compiladas por Lasso de la Vega. Aquí es necesario mencionar otro texto, descubierto más o
menos recientemente. Se trata de el Inin huey tlamahuiçoltzin, narración que parece derivar de la tradición del Nican
Mopohua, sobre el que incluso no ha faltado quien ve en él el texto primigenio utilizado por Lasso. Pronto veremos que
esto resulta imposible.

El relato de las apariciones, si bien tiene un profundo origen en el contexto indígena, sigue fielmente las tradiciones
católicas y el machote de la gran mayoría de las apariciones en territorio español, tan comunes durante la etapa de la
Reconquista e incluso unos tres siglos atrás. El Inin huey tlamahuiçoltzin, hoy reconocido como un sermón escrito
probablemente en el Siglo XVIII, se ajusta aún más que el Nican Mopohua al esquema prototípico de las apariciones
españolas, lo que demuestra que su autor tenía un amplio conocimiento del tema. La naturaleza "criolla" o jesuítica del
Inin huey tlamahuiçoltzin es uno de los factores que le confieren más interés como documento de índole probatoria. Los
conocimientos de ambas culturas eran vitales para su redacción, y sobre todo, fue necesario el conocimiento de datos
solamente difundidos a finales del XVII y principios del XVII y principios del XVIII . En este texto llaman la atención
muchos detalles relacionados con su contenido. El Inin huey tlamahuiçoltzin descarta los nombres de los personajes
asociados a las aparición, fundamentales en el Nican Mopohua. En él no hay menciones a Juan Diego, a Zumárraga, a
los sirvientes del Arzobispo, a Juan Bernardino, y más interesante todavía, al nombre de la Virgen de Guadalupe. Este
último sólo aparece en el título, que por demás parece estar aislado del cuerpo del texto. Los diálogos están sumamente
modificados y recortados. Finalmente, la copia traducida de este documento existente en Nueva York establece
claramente que se trata de un sermón, y no una relación, como se ha querido ver en los últimos tiempos.

La letra en que está escrito el manuscrito es claramente del siglo XVIII, y no existe un solo argumento que apoye la
versión de que se trata de la copia o transcripción de un documento mucho más antiguo. Esta idea del Padre Garibay
Kintana es amplia y eficazmente criticada por Edmundo O'Gorman en su Destierro de Sombras.

Dado que no fue sino hasta muy tardíamente que se comenzaron a conocer y difundir los datos "biográficos" de Juan
Diego, el supuesto vidente, sólo queda decir que eran ya conocidos para el tiempo en que fue escrito esta sermón. La
presencia real de Juan Diego en la devoción data apenas de 1666, fecha antes de la cual sólo era conocido su nombre
y su supuesto lugar de residencia, Cuauhtitlan. Fue durante las informaciones de 1666 que surgieron a la luz una gran
cantidad de datos acerca de la vida piadosa de Juan Diego. El contenido de estos documentos es el resultado de una
convocatoria de la Iglesia para que algunos "indios viejos dijeran, bajo un cuestionario, lo que sabían de Juan Diego y
las Apariciones". Sin embargo, para entonces habían pasado ya más de 134 años del acontecimiento Guadalupano, y
por más que algunos de los informantes tuvieran hasta 115 años de edad, sólo podían hablar de hechos en los que no
habían estado presentes. Sea como sea, el caso es que gracias a estos "testigos" se supo de Juan Diego había sido un
indio piadosísimo, que había estado casado (y más aún: había sido casto hasta el deceso de María Lucía, su mujer,
situación que continuó hasta su muerte, al lado de la imagen del Tepeyacac).

Este es un detalle que resultó de importancia al hacer el análisis del Inin huey tlamahuiçoltzin. En las líneas 10 y 12 del
folio 51 recto se nombra al vidente como "icnooquichtzintli". La traducción común de este término sería varón,
"hombrecito". Sin embargo, el diccionario de Molina da como primer significado"Viudo". Esto, dado que el náhuatl es
una lengua metafórica, querría decir que era un hombre "sin raíces familiares", "Solitario", pero dada la forma en que el
término es utilizado a lo largo del texto, parece quedar claro que el significado es tácito: el autor da por hecho que el
vidente es viudo. Esta información descartaría cualquier posibilidad de que el texto sea anterior a 1666, pues no existe
constancia de que ese dato biográfico fuera conocido antes de esa fecha.

Existe también otro anacronismo que sería difícil de explicar para un texto del siglo XVI. En la línea 8 del folio 51 recto
se hace la mención de un Arzobispo. Si las apariciones sucedieron en 1531, este dato sería un equívoco. Fray Juan de
Zumárraga no fue nombrado Arzobispo sino hasta 1547. El supuesto autor de este texto, suponiendo que hubiera sido
redactado en el siglo XVI, debía estar al tanto de este detalle.

Otros detalles apuntan hacia el hecho de que se trata de un sermón, que además fue escrito por una mano conocedora
tanto del fenómeno como de la fe. El título dado a la Virgen por el manuscrito, "Cemicacaichpochtli Sta. María" (la por
siempre Virgen Sta. María) implica una construcción lingüística muy poco usual para un hablante nativo de náhuatl. Este
tipo de construcciones fueron utilizadas por los frailes ante la imposibilidad de que los indios comprendieran los
conceptos teológicos del cristianismo. Incluso se tuvieron que hacer adaptaciones de atributos de dioses prehispánicos
que estuvieran más al alcance de esta entendimiento tan diverso al europeo, pero la traducción exacta de los atributos
de la Virgen implica con claridad que el autor no era un hablante nativo de náhuatl, o bien, que había pasado ya mucho
tiempo desde que esta terminología era aceptada comúnmente por indios y predicadores. Esto sólo podría haber
sucedido hacia finales del siglo XVII o claramente en el XVIII, donde tendría una gran utilidad en la redacción de un
sermón.

Finalmente, existe otro detalle que apunta hacia la autoría del sermón por un jesuita. La "narración" se ajusta aún más
que el Nican Mopohua al prototipo narrativo aparicionista español. Al vidente se le considera como un "borracho"; los
personajes prototípicos están sumamente marcados; la estructura es meramente expositiva y cumple una función
específica como sermón. Pongo de relieve los anteriores aspectos del Inin huey tlamahuiçoltzin debido a que en muchos
aspectos de la crítica de fuentes, el Códice 1548 o Escalada tiene, como veremos, muchas coincidencias con el
documento de la Biblioteca Nacional.

El Códice 1548 o Códice Escalada

Hace apenas unos años, coincidentemente con las afirmaciones del Ex-Abad de la Basílica Monseñor Schulemburg al
respecto de que la Virgen y Juan Diego eran sólo símbolos y no una realidad, un "nuevo documento guadalupano" hizo
su aparición. Fue publicado en el último tomo de la Enciclopedia Guadalupana por el Padre Xavier Escalada, uno de los
principales apologistas contemporáneos de las apariciones. Se trata de un documento manuscrito-pictórico dibujado
sobre piel de animal; mide 20 por 13.3 cm. , y se le ha promovido como "El más antiguo documento sobre las
apariciones guadalupanas".
Poco o nada se sabe del origen de este
(1) Escalada, Xavier S.J. Apéndice a la Enciclopedia
documento. Según el P. Escalada, el valioso Guadalupana, Códice 1548, Estudio Científico
códice "nos apareció, desde el nivel de lo
desconocido, y lo bautizamos con la data de su de su autenticidad, prólogo.
elaboración, que exhibe en su parte superior-
central" (1) . (2) Ibid. pág. 1
Más adelante dirá que "... se encontró un viejo documento, cuyo valor era desconocido para sus mismos dueños. Sin
embargo, pronto fue calificado como de importancia excepcional, por su antigüedad y por la suma de datos y pruebas
que ofrecía, para la historicidad y credibilidad de las Apariciones Guadalupanas"(2). Hasta aquí la información aportada
por Escalada acerca de la historia de tan sobresaliente manuscrito. Durante los cuatro siguientes años, en los cuales el
documento fue sometido a exhaustivos estudios científicos, nada parece haber sido publicado sobre el códice. No fue
sino hasta 1999 que, con la aparición de otra obra apologética (3) ,se aportaron algunos otros datos acerca de su
origen.
De él se dice que "Ha sido estudiado en forma
exhaustiva, más que ningún otro códice mexicano
y que fue "descubierto por Casualidad -al parecer, (3) González F, Chávez S, y Guerrero R,
en la ciudad de Querétaro- en 1995, "Olvidado" El encuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego
dentro de un libro en una biblioteca particular, Ed. Porrúa, México, 1999
cuyo posesor quiso y quiere mantenerse
anónimo, pero accedió a todo tipo de estudios".
La importancia del documento radica en la cantidad de datos históricos que contiene, tanto en su parta manuscrita como
en su parte pictórica. La imagen reproduce -debe decirse decirse, con suma ingenuidad- el entorno topográfico del
Tepeyacac en el momento de las apariciones, la imagen de Juan Diego postrado frente a la Virgen, una construcción
con cuerpo y torre coronada por una cruz, y un pequeñísimo detalle de la primera aparición en la cumbre del cerro. En la
parte manuscrita se aprecian dos leyendas en náhuatl, la primera y más larga de las cuales dice:

154-8
Zano ipan in in 315031 ziu
cuauhtlactoatzin omonexti
in totlazonantzin sihuapilli Gadalope mexico (4)

Más abajo, otra inscripción dice: "omomoquili


cuauhtlactoatzin" (murió Cuahtlactoatzin). A un
lado de ésta aparece la polémica firma caligráfica
de Fray Bernardino de Sahagún, y más a la
derecha, debajo del glifo que representa a un (4) "1548 (?) Allá en el año 1531 (?) se le descubrió, se le manifestó nuestra amada
personaje sedente, la única inscripción latina madre a Cuauhtlactoactzin, señora de Guadalupe México" Versión de Alberto
Peralta. Es de notar que en la construcción del segundo renglón de la inscripción
escrita en castellano en el documento, que dice
hace falta el sufijo nominal para Ziuitl (Xihuitl, año) así como en el tercero el sufijo
"Juez anton vareliano". reverencial tzino para omonexti, sin el cual la frase pierde el sentido. En el texto se
En suma, el llamado códice 1548 es un utiliza indistintamente tanto la S como La Z inicial, así como la H intermedia, que
documento idóneo. Para los apologistas, el cumple una función de saltillo, comúnmente utilizado en el náhuatl central.
manuscrito acaba con la multinombrada
inexistencia de manuscritos del siglo XVI alusivos
a las apariciones, además de corroborar el
nombre indígena de Juan Diego,
sólo conocido anteriormente por una mención indirecta de Carlos de Sigüenza y Góngora, así como la fecha de la
muerte del vidente, conocida anteriormente por una cita de José Ignacio Bartolache y Díaz Posadas. Sin embargo, la
información del "códice" va aún más allá, porque al incluir una impronta glífica y caligráfica de Antonio Valeriano es
posible -siempre según los apologistas- validar la teoría de que Valeriano estuvo al tanto de las apariciones y fue el
probable autor del Nican Mopohua, hipótesis que ha sido largamente impugnada. La presunta participación de Sahagún
en el documento vendría a probar que el cronista no sólo no se opuso al culto, sino que en cierto momento de su vida
optó por apoyarlo, y de hecho validarlo.

Sin embargo, a pesar de todos los posibles éxitos del códice 1548, existen en él una larga serie de contradicciones e
incongruencias que los modernos aparicionistas han pasado por alto. El Padre Escalada, por ejemplo, decidió, en su
bella edición del documento, apoyada en un buen número de análisis físicos y químicos, publicar sólo información
fragmentaria. A la luz de un análisis más detenido de ésta, su postura no puede sino parecer tendenciosa. En las
siguientes líneas me aboco a dar respuesta a muchas de estas inconsistencias en el manuscrito.

Es mi opinión que uno de los más significativos errores en que han incurrido los modernos apologistas es en el de
utilizar un corrupto sistema de deducción. Tanto él como el Padre José Luis Guerrero sacan conclusiones, basándose
en pruebas, pero partiendo de una conclusión previamente establecida y verdadera. Así, por ejemplo, se iniciaron las
investigaciones con la certeza de que el Códice era ya en sí una prueba irrefutable, por lo que las pruebas aducidas se
fuerzan hacia esa verdad. Partiendo del hecho de que existe una firma de Sahagún en el documento, sitúan a priori su
factura en el siglo XVI. Lo mismo sucede con el hecho de que existen grabados de gran semejanza con su contenido,
situación en la que se apoyan para proceder a fecharlo , sin fundamento, anteriormente a éstos. Ya veremos más
adelante que en esto existe otro error. Pero vayamos por partes.

La firma de Sahagún

Si hemos de ser fieles a las fuentes, Fray Bernardino de Sahagún, en el libro XI de su célebre Historia General de las
Cosas de la Nueva España dijo que el culto a Guadalupe (o a la imagen que en aquel entonces estuviera expuesta a la
devoción) era sospechoso y le parecía "Invención satánica para paliar la idolatría...". Dado que se sabe que Sahagún
escribió la versión final de su Historia hacia el final de sus días, parece altamente inverosímil que hacia 1548 hubiera
signado un documento de la naturaleza del "Códice 1548". Hasta donde se colige por su texto, Sahagún deploró el culto
por ver en él una reminiscencia de la devoción indígena hacia una diosa de la familia o grupo de Coatlicue, en la que él
no dudó en reconocer a Tonantzin (Nuestra reverenciada madre), atributo lingüístico que después, presumiblemente
desligado de la deidad, fuera adoptado por la misma iglesia para hablar a los indios de la Virgen. De acuerdo con el
dictamen de Charles Dibble, debemos aceptar que la firma es auténtica, como lo menciona Escalada en su libro. Sin
embargo, también es justo acusar el hecho de que la firma fue validada en circunstancias que dejan mucho que desear.
Dibble no tuvo acceso directo al documento, sino a una copia fotostática. Quizás por ello, en el fax en el que de su
propia mano dio su dictamen, quiso hacer la salvedad de que "creía" (5) -no aseguraba - que la firma era la de Fray
Bernardino, y que basado en la caligrafía del fraile, la situaba en la década de los cincuenta o sesenta.

(5 ) Cito el texto de Dibble: 'l have received a copy of codice 1548. I have studied the
signature, and I believe it to be the signature of Fray Bernardino de Sahagún. I base
my conclusions on the indications of three crosses; the form of the "Fray", the "d"and
the "b". In my opinion the signature is not the same as, that is not contemporaneous
with the 1548 date of the codice. I would assign the signature to the 50's or the 60's' .
Escalada, op cit. p.44

Firma de Fray Bernardino de Sahagún


en el Códice 1548
Esta última aseveración, de gran importancia, fue omitida convenientemente en el cuerpo del texto de Escalada porque
simplemente no validaba la supuesta fecha dada por el Códice. En el facsímil del dictamen de Dibble publicado como
apéndice del libro puede apreciarse con claridad cómo fue recortado para que sólo apareciera la primera parte del texto,
donde Dibble da por genuina la firma. Escalada también decidió omitir en su comentario los dictámenes
completos (6) del Instituto de Física de la UNAM, en los que se especifica con claridad que tanto la fecha "154-8" como
la firma de Sahagún fueron hechas con otro tipo de tinta, quizás con la misma constitución química, pero con otro color.
En resumen, puede decirse que la firma de Sahagún, aunque genuina, es sospechosa; inexplicablemente, el fraile
jamás publicó en adelante dato alguno acerca de las apariciones de Guadalupe, el nombre indígena o cristiano del
vidente, la fecha de su fallecimiento, ni el supuesto conocimiento de Valeriano acerca del portento.

Las Inscripciones en caracteres latinos


(6) Los dictámenes completos que se ofrecen al final del librodel Padre Escalada son
A simple vista, las inscripciones caligráficas del de naturaleza técnica, y por tanto, áridos para el lector promedio. Véase Escalada,
Códice 1548 guardan un singular parecido con op cit. p.55
frases contenidas en documentos publicados
durante el siglo XVIII en apoyo o detrimento de
las apariciones del Tepeyac. José Ignacio
Bartolache y Díaz Posadas publicó hacia 1790 una cita de cierto añalejo que había encontrado en la Biblioteca de la
Real y Pontificia Universidad. En los fragmentos citados puede leerse:

"Acaxiuitl 1531 ... ihuan in Juan Diego oquimo tenextilli intlazocihuapilli de Guadalupe México motocayotia Tepeyac"
"Tecxia 1548. Omomiquilli, Juan Diego, ynoquimonextilli, ytlazocihuapilli Guadalupe México"

Del mismo modo, en 1945, Jesús García Gutiérrez citó en su obra Primer Siglo Guadalupano, unos anales de Catedral,
hoy perdidos, en los que tradujo:

"1548 Murió Juan Diego, al cual se dignó aparecer la amada señora de Guadalupe México"

Nótese el extraordinario parecido de las citas con los textos que aparecen en el Códice 1548. De ambos documentos se
desconoce hoy su paradero, pero lo que sí es posible afirmar es que ambos estaban en sus repositorios durante todo el
siglo XVII y parte del XVIII, y que de hecho no fueron citados con anterioridad por ninguna de las facciones enfrentadas
en tomo a las apariciones. La singularidad de la redacción llama profundamente la atención y no queda sino especular si
en algún momento el autor del Códice 1548 estuvo en contacto con estos documentos y su contenido. Esto podría ser
impugnado por los apologistas con la afirmación de que ciertamente fue así, pero que más bien los autores de estos
anales tuvieron en sus manos el Códice Escalada y basándose en él los escribieron, pero ello no explica por qué esos
datos no fueron citados con anterioridad en otros documentos. El hecho de que estos anales están extraviados es sin
duda una lástima, pues no seremos capaces de ver si los datos copiados por Bartolache y García Gutiérrez eran
fervorosos agregados a esos antiguos documentos. Recordemos que según Bartotache su añalejo corría "desde el año
de 1454 hasta el 1737 inclusive", lo cual no descarta una posible inclusión de las citas de 1531 y 1548, ambas fechas
ampliamente conocidas a finales del siglo XVII y principios del XVIII, cuando todavía este añalejo se encontraba en
factura.

Iconografía del Códice 1548

Llama profundamente la atención que ningún investigador haya hecho hincapié en la iconografía del Códice Escalada.
Si bien se trata de un documento extraordinariamente pequeño, su contenido iconográfico es de gran interés. Como he
dicho anteriormente Escalada hace notar, sin fundamento, que el documento "sirvió de base para el grabado utilizado
por Luis Becerra Tanco para su Felicidad de México". Es de notarse un extraordinario parecido que tiene el Códice con
los grabados que engalanaron las dos ediciones del libro de Luis Becerra Tanco, en 1666 y 1669. En la primera edición
se utilizó un grabado conocido hoy como "el Sevillano",donde la imagen muestra una distribución casi idéntica a la del
Códice 1548.
Todo parece indicar que este grabado fue hecho
en España y por un Español, pues a primera vista
se ve
que desconocía el entorno del Tepeyacac así
como la fisonomía de los indios. Juan Diego
aparece en él con rasgos de tipo europeo, y al
lado derecho del grabado se ilustra una iglesia al
pie del Tepeyacac que, desde luego, ni tenía esas
dimensiones ni podía tener esa forma en 1666.No
sucede lo mismo, sin embargo, con
el grabado del mexicano Antonio de Castro que
apareció en la segunda edición de 1669, donde
sin duda se aprecia un conocimiento de la
vestimenta indígena y
de la botánica de la región del Tepeyacac.En
ambos aparece Juan Diego postrado frente a la
Virgen con la impronta milagrosaya plasmada en
la tilma,y en ambos casos, como en el Códice
1548, se ilustran dos apariciones de la Virgen, al Grabado conocido como "El Sevillano"
parecer la primera y la última.
Al leer la obra de Becerra Tanco, quien realizó una extensa
investigación de campo con la que logró ubicar geográfica y
cardinalmente al vidente al momento de la aparición en la que la
Virgen le entrega las flores, salta a la vista la necesidad en la
segunda edición de publicar el grabado de Antonio de Castro. En él
se aprecian rótulos alrededor de Juan Diego que lo sitúan
geográficamente según las investigaciones del autor. Fue tal vez
debido a que en este grabado no aparece el detalle del sol saliendo
en el oriente, ni la Virgen frente a la cual yace postrado Juan Diego,
que se decidió publicar el grabado Sevillano en la primera
edición (7) . Es además indudable que el "Sevillano" refleja con mayor
exactitud el aspecto que tenía ya la imagen de la Virgen para 1666,
casi igual al que tiene en la actualidad. Los apologistas aducen que
Becerra Tanco tuvo en su poder algunos documentos que no llegaron
hasta nosotros, entre ellos el Códice 1548. Efectivamente, él da en su
libro la descripción de un documento con características similares al
Códice Escalada, pero no es posible explicar cómo es que el más
científico y observador de los cuatro evangelistas guadalupanos haya
podido pasar por alto que tal documento estaba firmado ni más ni
menos que por Sahagún y Valeriano. Asimismo, resulta inverosímil
que teniendo la información del Códice dejara de escribir en su
relación el nombre indígena de Juan Diego o la fecha de su muerte.
Grabado de Antonio de Castro

(7) Cabe la posibilidad de que este grabado no hubiera estado completo o que la mitad faltante se hubiera extraviado o deteriorado. Claramente
se aprecia que estaba constituido por dos viñetas, de la cual sólo fue publicada la izquierda. En mi opinión, el grabado de Antonio de Castro es
más antiguo y cumplía con las exigencias iniciales del autor en cuanto al rigor científico; la imagen de la Virgen era ampliamente reconocida en
nuestro país, pero en España, donde se imprimió la primera edición del "Origen Milagroso del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe", era
necesario un grabado que mostrara la imagen, condición que cumplió cabalmente el "Sevillano", aunque sin los detalles de la investigación de
campo. Es posible que en la segunda edición del libro, póstuma e impresa en México, no sólo se hicieron los bien conocidos ajustes al texto de
Becerra y Tanco acerca de sus fuentes, sino que también se incluyera el grabado de Castro, que originalmente habría sido escogido por el autor
para su libro.

Uno de los detalles inquietantes de al menos dos de las


representaciones de las apariciones es la construcción
eclesiástica que aparece a la derecha, a espaldas de la Virgen.
Puesto que "Felicidad de México"(8) apareció a finales del siglo
XVII, es justo creer que la ermita representada en el grabado del
libro retrataba, o al menos imitaba en magnitud, a la que en ese
momento se encontraba erigida, y sabemos que en esos años
era ya de cal y anto.Cabe preguntar, pues, qué hace la misma
ermita, o al menos una construcción de tamaño semejante, en el
Códice 1548. No existe un solo documento que nos diga que tan
tempranamente existiera una construcción como la que se
aprecia a la derecha del "Códice", poseedora de un frontispicio y
una torre. Gracias a las fuentes, sabemos que la ermitilla erigida
por entonces era de materiales perecederos, pues no fue sino
hasta 1556 que el Arzobispo Montúfar hizo construir una más
La ermita del Tepeyac según el
sólida. Escalada minimiza este dificultad diciendo que en el Códice 1548. La flecha señala el frontón, con una simple
Códice "a la derecha,bajo el sol, se aprecia una construcción un puerta.
tanto extraña, que no se ha podido identificar a satisfacción"; La torre, a la derecha, aparece cortada.
esto resulta obvio,pues en 1548 ni existía en el Tepeyacac una
ermita como la muestra el documento, ni había en los
alrededores una semejante.Con respecto a la figura hincada
de Juan Diego y la topografía del Tepeyacac han de hacerse algunas observaciones interesantes. En el Códice
Escalada los trazos son burdos y básicos, lo cual remite de inmediato a una calca. Durante este estudio realicé una
comparación basada en la digitalización de las tres representaciones (el Sevillano, el Códice 1548 y el grabado de
Castro) (9) de la que resultó que el grabado de Castro y el Códice 1548 son idénticos y el Sevillano sólo se basó en
ellos antes de ser reinterpretado.El Códice Escalada copia hasta
en mínimos aspectos (con una falta de detalle sólo explicable (8) Título con que fue publicado póstumamente el libro de Luis
Becerra Tanco en México, en 1675.
debido a la calca y al material en que fue confeccionado) los
(9) La comparación se hizo en una computadora Apple G4 y con el
pormenores a del grabado de Antonio Castro. La figura de Juan programa Adobe Photoshop 5.5. No se hicieron retoques a las
Diego , así como la vegetación circundante y la topografía del imágenes, sólo se realizó una superimposición de las
cerro son exactamente iguales (véase animación). De lo anterior representaciones.
sólo queda concluir que, si los datos de la muerte de Juan Diego (10) 0 bien, por los anales de Catedral y el Añalejo de Bartolache,
en el siglo XVIII.
fueron conocidos hasta las informaciones de 1666 (10) , el
nombre Cuauhtlahtoa hasta la publicación en 1690 de la Piedad
Heroyca de Don Hernando Cortés por Sigüenza y Góngora, y el
grabado de Castro hacia 1666, el Códice
Escalada debe ser forzosamente posterior, o en todo caso
existe una absoluta imposibilidad de que date del siglo
XVI. Podemos entonces afirmar, casi sin temor a
dudas, que es en realidad el Códice 1548 el que está
basado en los detalles del grabado de Felicidad de
México y el Sevillano. Los apologistas podrán poner
trabas a esta hipótesis, sin embargo el estudio de la
imagen de la Virgen representada en el Códice, que
ofrezco a continuación, resulta concluyente al
respecto.

La Virgen del Códice 1548

El Padre Escalada afirma que en su documento


"aparece la Virgen con todos los elementos que tiene
hoy". Este detalle, nuevamente, convierte al Códice
1548 en un documento con nula posibilidad de haber
sido pintado durante el siglo XVI . La imagen que hoy
se admira en el Tepeyacac ha cambiado muchísimo a
través del tiempo en función de las necesidades del
culto y la milagrería popular. Es particularmente
Esta animación sobrepone el Grabado de Antonio de interesante ver que, al igual que con la documentación
Castro del siglo XVI, no es posible encontrar copias o
al de la representación de Juan Diego en el Códice 1548. imágenes tempranas de la Virgen de Guadalupe que
Al desvanecerse la primera, se observa que la segunda la ayuden a esclarecer cuál era su aspecto.Por ello, a lo
calca burdamente en todos sus detalles. largo varios
siglos se ha estado especulando acerca de la imagen reverenciada en las capillas del Tepeyacac durante el final de la
primera mitad del siglo XVI. Según apunta Stafford Poole , en sus orígenes tanto la capilla como el culto estuvieron
dedicados a la Natividad de María, y a juzgar por la escasez de testimonios al respecto, en ellas no se veneró una
imagen específica -mucho menos el ayate de Juan Diego.- sino hasta muy tarde, cuando Miles Phillips, quien visitó el
santuario hacia 1568, dio testimonio de una imagen de la Virgen hecha de plata y oro, misma que puede ser identificada
como aquella que donara Alonso de Villaseca en 1566. Sin embargo, es necesario hacer notar que la controversia de
1556 entre Bustamante y Montúfar establecía con claridad que la imagen era una pintura, y entonces sólo restará tratar
de explicar el hecho de que Phillips no haya visto en aquella el motivo principal del culto en la capilla y privilegiara en su
texto a la de bulto, que poco después fue fundida y convertida en candelabros. Sea como sea, a pesar de las agrias
discusiones entre el Arzobispo y Montúfar y el triunfo de la imagen en aquella contienda, no ha llegado hasta nosotros
una descripción de ella perteneciente a la época. Estas llegarían mucho después en otros testimonios, incluido el que
puede leerse en las polémicas últimas líneas del Nican Mopohua de Lasso de la Vega (12) , así como las imágenes de
Stradanus y Echave Orio.
Dada la completitud (13) de la imagen de la Virgen en otras
copias tempranas, salta a la vista que son al menos de principios
del XVII. Extrañamente, ni siquiera el Bachiller Miguel Sánchez
(12) No quisiera entrar aquí en la discusión añeja de si el Nican
presentó en su obra una imagen Guadalupana; en la portada de Mopohua fue o no escrito por Valeriano en el siglo XVI, punto que
su libro aparece una representación que, si bien pretendía Miguel León-Portilla parece haber dejado en claro. Las pruebas
acentuar su mexicanidad con la inclusión de un nopal a sus pies, fotográficas de Smith y Callahan han arrojado como resultado que
no corresponde con la anatomía de la pintura del Tepeyac. Es muchos de los elementos actuales de Guadalupe fueron
una Virgen coronada con una especie de tiara pontificia,c omo lo adicionados en pleno siglo XVII, lo cual choca frontalmente con la
descripción en las últimas líneas del Nican Mopohua. Faltarían los
demuestran las dos llaves, símbolo vaticano por excelencia, que rayos alrededor de María que, por ejemplo, Stradanus no registró
ésta tiene cruzadas detrás. A sus espaldas, también, se aprecian en su grabado. (Lasso de la Vega o quien haya incluido esas
dos aves o bien un ave bicéfala. Dado que la barroca digresión líneas, contó hasta cien).
de Sánchez versa acerca de la Mujer del Apocalipsis, es
probable que ésta Virgen alada se haya querido referir a ella. En (13) Parto de la idea de que al ayate le
la imagen aparecen dos ángeles en vez del único ángel que han sido realizados diversos retoques y adiciones, entre las que
sostiene (y sostenía ya entonces, en 1648) los pies de la Virgen. se cuentan las
Un año más tarde, sin embargo, en la publicación de la obra de estrellas del manto, la fimbria dorada ,los
rayos, el listón bajo sus manos, la reducción de sus manos, el
Lasso de la Vega se puede apreciar en la portada una Virgen ángel, la luna, la cruz al cuello y los arabescos, entre otros.
con todas las atribuciones de Guadalupe, incluso la corona, que
debió ser adicionada al ayate entre los primeros años del siglo
XVII (14) y 1649.
El grabado de Samuel Stradanus ofrece algunos datos extra. Xavier Noguez le atribuye una fecha de factura entre 1613
y 162215 . Resulta evidente que para ese entonces la imagen guadalupana había adquirido ya los añadidos de las
estrellas y la luna, mas no los rayos (que le debieron ser adicionados más o menos en la época de la pintura de
Baltazar Echave Orio), y que siendo éstos retoques sin duda de principios del siglo XVII y tan acordes con el estilo
gótico español, descartan la posibilidad de que la Virgen del Códice 1548 pudiera tener ese mismo aspecto en tan
temprana fecha (16) . Es importante hacer notar que la Virgen del Códice 1548 lleva estrellas en su manto, está de pie
sobre la luna, y aunque el Padre Escalada insista en el hecho de que no hay ángel a sus pies, éste se puede ver, muy
esquemático como otros detalles debido quizás a la rudeza del soporte (o a una calca), en la portada de su libro, donde
se reproduce una imagen "Scanneada electrónicamente para liberarlo [ al Códice ] de manchas adheridas por el tiempo,
aunque sin añadiduras ni cambios". Un acercamiento a la fotografía del Códice, publicada en las primeras páginas del
libro, deja claro que hay algo bajo los pies de la Virgen y que fue realzado durante el tratamiento de la imagen de la
portada.(17)
En este momento quisiera referirme al hecho yamencionado
arriba de que no contamos con imágenes tempranas de la (16) Esto se puede lograr, como seguramente se hizo, utilizando
Virgen de Guadalupe. Salvo el grabado de Stradanus, que la un programa de retoque digital de imágenes como Adobe
muestra sin algunos de los atributos incluidos más tarde, y la Photoshop, incrementando el contraste y aplicando los filtros
copia que ralizó Baltazar Echave Orio, las más tempranas copias Sharp o Unsharp Mask, y posteriormente incrementando la
conocidas indican por necesidad que la Virgen comenzó a ser brillantez de la imagen.
Este procedimiento efectivamente respeta los detalles y sólo hace
reproducida, y mayormente conocida, a partir de la publicación más notorios los trazos. No se realiza retoque alguno al efectuarlo.
de los primeros impresos, hacia 1648.Sería indispensable
conocer la viñeta derecha del grabado de Antonio de Castro
(17) Escalada, Op. cit
para ver qué clase de Virgen ilustraba, y que muy
probablementeno era la de 1649, razón
probable para no ser incluido en la primera edición de Felicidad de México y sólo fragmentariamente en la segunda.
Esto es mera especulación, pero me baso en el hecho de que la minúscula Virgen que aparece en la viñeta izquierda
(donde se reproduce la primera aparición sobre el cerrillo) es notablemente primitiva; carece del ángel y del halo de
nubes. Es difícil concluir si está o no de pie sobre una luna; sin embargo, su manto posee estrellas. Estas últimas,
según los estudios fotográficos de Smith y Callahan, son uno de los añadidos más tempranos a la imagen, pero datan
de finales del siglo XVI o principios del XVII.

La firma y glifo de Valeriano

Como si el documento y su contenido no fueran suficientes para comprobar las apariciones, aparece también el glifo de
Antonio Valeriano, supuesto autor del Nican Mopohua. Este glifo, con su inscripción latina, es "Similar al que ilustra al
Códice Aubin, 2a parte (1573) . Efectivamente, sólo que el glifo es idéntico, con la salvedad de que fue calcado al revés
(el personaje sedente mira hacia la izquierda en vez de a la derecha). Por alguna razón, la inscripción latina del glifo,
que extrañamente es la única en castellano del documento, copió también la falta de ortografía que existe en el nombre
de Valeriano (pone "Vareliano" por Valeriano) en el Códice Aubin. Este mismo glifo fue posteriormente publicado por
Francisco Fernández del Castillo en su obra México y la Guadalupana, en 1931, sin indicar su procedencia.
Conclusiones

El Códice 1548 es un documento que muestra muchas


inconsistencias e irregularidades, al igual que el texto náhuatl del
Inin Huey Tlamahuiçoltzin . Como se trató de probar más arriba,
existe la imposibilidad gráfica de que haya sido pintado en el
siglo XVI. Lo mismo puede decirse de las inscripciones en
alfabeto latino, que presentan información conocida e
incorporada muy tardíamente a la tradición. Existe una clara
incongruencia en la presencia de la firma de Sahagún, que no
coincide con la fecha de 1548 ni con el contenido respecto a
Guadalupe en otros escritos del fraile. Es preciso decir que a la
luz de los peritajes no es posible objetar la firma del cronista,
pero debe aclararse también que sus rasgos no pertenecen a la
fecha citada y que al igual que el "154-8" fue trazada con otra
tinta, más rojiza.
No existe tampoco la posibilidad de probar que el
documento en cuestión estuvo en manos de Sigüenza
y Góngora, quien inexplicablemente no lo publicó en
su totalidad a pesar de la trascendencia del
manuscrito en una época que Stafford Poole llamó
acertadamente The need for documentation. El Padre
Escalada sugiere además que probablemente
Valeriano, con la colaboración de otros alumnos del
Colegio de Santa Cruz, "elaboró nuestro Códice", y
con ello parece subestimar la gran capacidad de
Valeriano como hablante nativo del náhuatl.
Resulta difícil explicar por qué en el manuscrito algunas de las líneas en lengua nativa, que además como se vio fueron
préstamo de otros documentos y anales, están mal escritas al grado de que los paleógrafos y posteriores traductores
hubieron de incorporarles sufijos faltantes. De Valeriano se conocen otros documentos escritos por su propia mano, y
justo es decir que la caligrafía defectuosa del Códice 1548 es muy deficiente para un grupo de personas tan
sobresalientes como los alumnos del citado Colegio de Tlatelolco.De haber participado en la factura del documento, es
dudoso que Valeriano hubiera plasmado su signatura con una falta de ortografía tan notoria, y si se arguye que ésta es
igual a la del Códice Aubin, también es posible especular que ésta última no tiene por qué haber sido de puño y letra del
indio latinista. Es reconocido de sobra que Valeriano tenía una firma (18) , y ésta en nada se parece a la del Códice
Aubin ni a la exacta copia de sus trazos presente en nuestro manuscrito. Es evidente que el tlacuilo del Códice Aubin
sólo quiso hacer patente a Valeriano en su manuscrito citando su posición de Juez y trazando su posible nombre glífico,
incurriendo en un error ortográfico de metátesis de caracteres al hacerlo. El que una firma semejante aparezca en el
Códice 1548 no prueba de ninguna manera la presencia, y mucho menos la anuencia, de Valeriano en su factura.

Cabe señalar también la dudosa posesión del Códice por Becerra Tanco que arguye el Padre Escalada. Nuevamente
es inexplicable que no lo publicara o al menos evidenciara la presencia de la firma de Sahagún o Antonio Valeriano. Y
tocante a esta misma posibilidad, debe el investigador preguntarse cómo es posible que Francisco Fernández del
Castillo, tan tardíamente como 1931 y en la celebración del 400 aniversario de las apariciones, haya podido tener en
sus manos tan distinguido y esclarecedor documento y de él sólo haber tomado la supuesta firma de Valeriano. La
afirmación del Padre Escalada resulta tan inverosímil como falta de sustento histórico.

Es indudable que en el Códice de 1548 existen algunos vicios de factura. Como he tratado de probar, el documento es
una calca, y por lo menos en dos ocasiones su autor incurre en el ardid de copiar detalles a la inversa. El ya citado glifo
de Valeriano es el ejemplo más claro, pero la inversión de los elementos en la representación de la primera aparición en
la cima del cerrillo es notoria también. De acuerdo con el grabado de Castro, que considero fuente del Códice 1548,
Juan Diego mira hacia la izquierda a los pies de la aparición; en nuestro documento,sin embargo, ésta ocurre hacia la
derecha.
Finalmente quiero poner en evidencia la negligencia de aquellos
que publicaron el supuesto Códice y los estudios que lo
acompañan al no hacer del conocimiento público la procedencia (18) Una muestra autógrafa de esta firma fue publicada por
del manuscrito. Tan vital información no puede ni debe ser Samuel Martí en su libro bilingüe
desechada por un historiador serio. Aun objetando el deseo de La Virgen de Guadalupe y Juan Diego, Ediciones Euroamericanas,
México, 1973
anonimato de su poseedor, es de gran importancia conocer la
historia del documento para tratar de establecer el momento de
su factura y las personas que tuvieron acceso a él durante su (19) González F, Chávez S, y Guerrero R, Op. Cit. p. 348
existencia. No es suficiente saber que "apareció entre un legajo
de varios documentos que habían pertenecido a su familia" [del
poseedor] (19) .Sería de gran ayuda conocer entre
qué tipo de papeles fue encontrado, de qué fecha databa aquél legajo, a quién había pertenecido en el pasado o por
quién estaban firmados sus papeles componentes, para con ello tratar de inferir el círculo de personas al que había
estado ligado el Códice, y por qué extraordinaria razón no vio la luz antes, dada su importancia. Todo esto,
desafortunadamente, le ha sido negado a la investigación seria. Con base en la escasa información al respecto, y al
hecho inusual de que un manuscrito de tal importancia no haya sido conocido con anterioridad a pesar de ser la meta
de un sinnúmero de investigaciones fieles o incrédulas, concluyo que se trata de un testimonio debido a una
personalidad intensamente fervorosa y versada en el fenómeno Guadalupano y su historia. Me parece que el
documento pudo tener un carácter privado y exclusivo al interior de un reducido grupo, en el que sin duda ejercía una
función didáctica y devocional, hipótesis que pudiera ser sometida a prueba mediante el estudio de la historia de la
posesión del manuscrito. Una investigación de esta naturaleza arrojaría luz acerca de los intereses que llevaron a su
creación y falta de difusión. Considero que su fecha aproximada de factura, una vez establecidas sus probables
fuentes, debe ser situada después del año de 1690 y -especulativamente- no después de la segunda mitad del siglo
XVIII. Una temporalidad más prolongada a esta fecha supondría la posibilidad de un error de su autor en cuanto a la
composición química de sus tintas, que como se sabe comenzaron a incluir más tarde en su fórmula elemento
metálicos no puestos en evidencia por los análisis del Instituto de Física de la Universidad Nacional, cuya seriedad no
está puesta en duda. Desde mi punto de vista, es indiscutible que el Códice 1548 no fue hecho con la intención de
convertirse en un documento de índole probatoria; sería ocioso ver en él el propósito de certificar las apariciones o la
impugnada historicidad de Juan Diego. Debe vérsele, por el contrario, como el producto de una arraigada devoción, un
profundo sentido de pertenencia, y un innegable nacionalismo, valores sumamente difundidos todavía en nuestros días.
La escasa aportación histórica del documento no es, en modo alguno, un obstáculo para el fenómeno de Fe que brota
alrededor de la imagen Guadalupana, que inconmovible se ha mantenido como un símbolo armónico y sin necesidad
popular de verificación o validez historiográfica.

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®Alberto Peralta
ProyectoGuadalupe.com