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EL CATECUMENADO SEGÚN

LOS PADRES DE LA IGLESIA

ENSEÑANZAS PARA LA IGLESIA ACTUAL

Angel Hernández Bravo


4CCRR - UNIVERSIDAD SAN DÁMASO - ABRIL 2018
Introducción

El Directorio General de la Catequesis, un documento fundamental para analizar la catequesis en


el contexto de la Iglesia actual de cara a su tarea crucial, la Evangelización, recalca que entre
los modelos o métodos catequéticos de referencia, el mas pleclaro es sin duda, el catecumanado
de los tiempos de los Padres de la Iglesia1. No se trata de un modelo mas, si no que puede
considerarse una referencia esencial debido a que tiene un carácter fundante en cuanto que
define con claridad los elementos y estructura de un catecumenado de una época con grandes
parecidos a la actual aunque, sin duda, con la ventaja de nacer de una experiencia cercana a los
tiempos apostólicos.

La catequesis en tiempos de los Padres de la Iglesia

La descripción mas precisa y completa de como era el catecumenado en la Iglesia de los


primeros siglos se la debemos a Hipólito de Roma que vivió en el s. IV. En su obra Tradición
apostólica describe el catecumenado para el bautismo, que en general era de adultos, como
un itinerario o camino jalonado de catequesis, ritos y celebraciones. Esta es su característica
esencial, ser un itinerario, un camino existencial con sucesivas etapas que comporta una
pedagogía original, la pedagogía divina2.

Hipólito de Roma define tres etapas en el catecumenado de preparación para el bautismo, el


cual se realizaba siempre dentro de la liturgia de la Vigilia Pascual. Estas etapas son:

1. Preparación remota, que implicaba una instrucción que duraba unos tres años, tras una
evaluación inicial sobre las motivaciones y la forma de vida del candidato. La instucción
cubría los a spectos morales y espirituales, así como la iniciación a la oración.
2. Preparación próxima, que se condensaba en los cuarenta días de la Cuaresma previa a la
Vigigilia Pascual, y que era un proceso intensivo de retiro, con oración y también ayuno.

1
DGC, 89
2
R. Delgado, El catecumenado en la Iglesia de los Padres. Enseñanzas para la Iglesia actual, Teología y Catequesis,
95(2005),28
3. Los ritos de iniciación, ya dentro de la Vigilia Pascual, con el bautismo, el don del Espíritu
(lo que luego sería la confirmación) y eucaristía.

Vemos en esta estructura una primera conversión, con acceso a la fe, una profundización en esa
fe, y un sello de la fe de forma sacramental (bautismo)3

Hipólito describe el Bautismo, con la profesión de fe según el Símbolo Romano, por escrutinio, y
como era la confirmación y la eucaristía, con tres oraciones consecratorias diferenciadas.

Es interesante destacar que en el desarrollo posterior de esta catequesis que describe Hipólito,
existía después una extensión posterior al bautismo durante los priemros días de la Pascua, de
marcado carácter mistagógico, es decir, orientado a la vivencia plena de los misterios de Cristo, en
la que se explicaba detalladamente el significado de los ritos y sacramentos recibidos y las
implicaciones para la vida concreta de cada catecúmeno.

Se percibe la catequesis como un camino o itinerario con tareas e hitos específicos. Este itinerario
se despliega en el tiempo y va introduciendo al candidato de forma gradual en los misterios de
Cristo con el objetivo de hacerle madurar en la fe. La gradualidad es importante y pertenece al
método de la pedagogía de Dios que actúa de modelo: la novedad de la vida cristiana no es
asimilada de forma súbita, como una iluminación, sino que necesita hacer un camino.

La pedagogía de la fe se pone en práctica mediante una serie de dimensiones entrelazadas que


son:

• Dimensión doctrinal, alrededor de la enseñanza de la Iglesia, los contenidos de la fe


• Dimensión sacramental-ritual, bajo la acción santificadora de la Iglesia
• Dimensión moral, sobre la conversión,sobre como la vida en Cristo cambia la forma de
actuar.

Estas tres dimensiones definen la estructura de la catequesis patrística en forma de camino


espiritual en el cual se van entrelazando cada una de las dimensiones sin que puedan separarse
o secuencarse en el tiempo.

3
Tertuliano, De idolatria, 24, 3
Yendo un poco al detalle de estas dimensiones, hay que decir que la dimensión ritual marca el
ritmo del catecumenado, que empieza con varios exorcismos (sacramentales en forma de oración)
que imploran a Dios que el catecumenado vaya siendo arrancado progresivamente de las fuerzas
del mal para unirlo a Cristo4.

En la enseñanza doctrinal había dos áreas, una sobre la explicación de la Escritura y otra sobre
los conenidos del Símbolo de la fe, siempre de manera que se hiciera significativa para el
catecúmeno la Historia de la Salvación , esto es, que le permitiese trasladar a su propia vida la
forma de actuar de Dios en la historia del hombre, de cada hombre. Asociado a esta parte del
camino se establecía, a modo de hito, el ritual de la entrega del Símbolo (traditio Symboli), el cual
era explicado en detalle durante 15 dias hasta que en el Domingo de Ramos se celebraba
ritualmente el “examen” o escrutinio del catecúmeno para ver si había asimilado su contenido
(reditio Symboli) .

La introducción a la oración giraba entorno a la meditación del Padre Nuestro , que se plasmaba
ritualmente en la entrega del Pater Noster en el ámbito de la liturgia dominical. La explicación de
la oración se intensificaba en la ultima semana antes de la Pascua.

A lo largo del itinerario había una preparación espiritual basada en retiros, con oración y
penitencia, que ponía el foco en la exigencia moral de la vida en Cristo, y que se expresaba
también en el rito de la renuncia a satanas y la adhesión a Cristo dentro de una celebración
litúrgica en la que quedaba patente como el catecúmeno asumía la muerte y resurrección de
Cristo, muerte al mal y resurrección con Cristo.

Finalmente la catequesis postpascual de carácter mistagógico se dedicaba a la vivencia en


profundidad de los sacramentos, vividos como acontecimientos de la presencia y acción de Cristo
por el Espíritu, y no como actos vacios de significado y realidad.

Se observa como los ritos se entrelazan en las acciones, en la enseñanza, en la vida de personas
las cuales se relacionan, tanto entre si y como con diversos momentos especialmente fuertes. En
ese ámbito de relación van formándose los actecúmenos en el seno de la Iglesia, que los da a
luz, como Hijos de Dios en el momento del Bautismo. La Iglesia va formando en su seno
catecúmenos de la misma manera que la madre va formando en su seno al hijo.

4
Ibid. R. Delgado 28
Enseñanzas para la catequesis de adultos actual

Podemos asumir ciertamente que los tiempos actuales poseen un gran parecido con los tiempos
en que escribieron los Padres de la Iglesia, principalmente en lo relativo a como se relacionan la
sociedad y los individuos que la componen con la Fe. Podemos decir que hay una gran riqueza
en los plantamientos de la Iglesia del s. IV y V respecto al catecumenado, riqueza que representa
una luz para las dificultades que tenemos en el catecumenado actual.

En primer lugar, el catecumenado era, y debería ser hoy, la ocupación fundamental de la Iglesia.
Aunque en algunos movimientos hay una conciencia clara de este hecho, basta una mirada a la
actividad de las parroquias para ver que se gastan las energías en mil y una actividades que,
aún realizadas entorno a la Fe, son inconexas entre si. No hay una actividad de la comunidad
eclesial en su conjunto en torno al catecumenado. Es la comunidad en su conjunto, con su
fuerza carismática, la que debe actuar al servicio del Espíritu en en la catequesis de la Iglesia,
considerada toda ella como sujeto de la Iniciación. En las parroquias, la catequesis es una de
tantas actividades en el catálogo de la parroquia.

La comunidad debería acompañar y proporcionar un ámbito de vivencia del Misterio de Cristo,


es decir, proporcionar una catequesis mistagógica y no una catequesis teorica y abstracta. Una
catequesis que vaya de la mano de la vivencia de los misterios de Cristo en el seno de la
Iglesia, y que haga que el catécúmeno empiece a vivir su fe guiado por los laicos bautizados y
los ministros ordenados.

Además, hoy se corre el peligo de hacer una catequesis que gira en torno a situaciones puntuales
como la Primera Comunión, la Confirmación, el cursillo prematrimonial., etc. A veces estas situaciones
puntuales están marcadas por costumbres sociales como, por ejemplo, la catequesis de Primera
Comunión, que en muchas ocasiones parece una extensión de la clase de religión o una actividad
extraescolar. Cuando los niños terminan esta catequesis, ya en 5º o 6º de primaria, se abre un
abismo catequético, quizá debido a la intensidad de la propia catequesis previa , y raramente
continúan en algún grupo de referencia. Con suerte se reenganchan en la catequesis de
Confirmación o de Matrimonio. Tras el cursillo prematrimonial, vuelve abrirse otro abismo, marcado
esta vez por la vida absorbente de la nueva familia que se crea. Son catecumenados con objetivos
parciales, un tanto inconexos.
Se pierde completamente el modelo de itinerario o camino al que tanta importancia daban los
Padres, con un acceso a la fe, una entrada en la fe y un sellado de la fe, con un ritmo apropiado,
gradual y sistemático. De esta manera se deja al margen el uso de la pedagogía de Dios que era el
espejo de la pedagogía del catecumenado patrístico. Los cristianos de hoy día quedan expuestos
a un entorno laicista, de gran influencia, al que es imposible hacer frente con una catequesis
basada en un puñado de contenidos y unas actividades aisladas. También se descuida el
acompañamiento en la práctica del catecumenado: hay tantas situaciones y tan diversas en esta
sociedad que se hace imprescindible el acompañamiento o la guía espiritual. Sin embargo la
multiplicación de actividades parroquiales y las prisas hacen que se deje en segundo plano la
personalización y el acompañamiento, cosas que deberían ser prioritarias respecto de otras
actividades. También la obsesión por los grandes números va en detrimento de la personalización
y el acompañamiento. Lo que prima es la estadística y no el Espíritu, hasta tal punto que las
“razones pastorales”, quizá un eufemismo de las “razones estadísticas”, llevan incluso a cambiar el
itinerario que establecía la Iglesia primitiva: bautismo-confirmación-comunión. Se aducen razones
de continuidad de la catequesis y de facilidad de mantener a los jóvenes en el ámbito de la parroquia.
Pero se tiene tanta prisa que a los 14-15 años ya se ha agotado la propuesta de catecumenado
de iniciación y hay que inventar catecumenados universitarios, de novios, de revisión de vida, de
tal y tal.

El catecumenado debe ser la columna vertebral de la parroquia pero siguiendo un modelo unitario
e integrador como el que enseñan los Padres. El catecismo de la Iglesia (CEC) y el Directorio
General de la Catequesis (DGC) recalcan esta necesidad de integrar los aspectos doctrinales
(contenidos), litúrgicos, de la vida en Cristo (morales) y de oración en el camino del
catecumenado, para educar en la unidad profunda de la vida cristiana que responde, a su vez, a la
totalidad de la persona5. La comunidad cristiana hace visible el Amor trinitario para manifestar que
“son uno”.

La experiencia de los Padres nos dice que la catequesis debe construirse alrededor de la pedagogía
original de la fe, que es la pedagogía de Dios en la Historia de la Salvación. La pedagogía de la
Historia de la Salvación solo puede entenderse conociendo esa Historia de la Salvación a través de
la Revelación que acontece por medio de obras y palabras intrínsecamente entrelazadas6. La
catequesis debe estar fundamentada en la Sagrada Escritura, y en la comprensión de sus sentido

5
Ibid. R. Delgado, 36.
6
DV 2
en la vida del hombre y de la Iglesia, esto es, en la Tradición Viva, que no es otra cosa que la
presencia de Cristo vivo en medio de su Iglesia.

Esta pedagogía se caracteriza por usar un equilibrio entre la gracia divina y la libertad del hombre,
es decir, entre la apertura a Dios (oración, liturgia) y la conversión que saque al hombre de la
esclavitud. Es una pedagogía de gracia y libertad7 que llevan al catecúmeno a configurarse con
Cristo haciendo que la fe en Cristo sea una experiencia existencial, que cambia y determina la
vida, y que lleva a vivir la vida de la Iglesia, la liturgia y los sacramentos como una actualización
de la salvación por medio de signos8.

Conclusión
Debemos plantearnos con espíritu crítico nuestra actual metodología en el catecumenado y
recuperar la estructura de la catequesis patrística cuyas notas esenciales son el itinerario de la
fe, la catequesis mistagógica, el acompañamiento y la personalización.

7
Ibid. R. Delgado, 32
8
Ibid. R. Delgado, 33