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Casado Morales, M.I. y Miguel Tobal, J.J. (2011). Emoción.

En Anibal Puente
Ferreras: Psicología Contemporánea básica y aplicada. Madrid, Ed. Pirámide

CAPITULO 18
EMOCIÓN

Mª Isabel Casado Morales y Juan José Miguel Tobal

Dpto. Psicología Básica II (Procesos Cognitivos). Facultad de Psicología. Universidad


Complutense de Madrid

ESQUEMA GENERAL DEL CAPITULO

1. Antecedentes filosóficos
2. Posiciones evolucionistas
3. La tradición psicofisiológica
3.1 Teoría periferalista de James
3.2 La tradición neurológica. Activación general: Teoría central de Cannon
3.3 Estructuras neurológicas centrales
3.4 Implicaciones de las teorías de James y Cannon
4. Teorías neurofisiológicas: la neurociencia y el cerebro emocional
5. Teorías conductistas
6. Perspectiva cognitiva de las emociones
a. Procesos de valoración cognitiva
b. Atribución de causalidad
c. Control de evaluación de los estímulos
d. Imágenes mentales
e. Procesamiento de información emocionalmente relevante
7. Concepto de emoción
8. Clasificación de las emociones
8.1 Las dimensiones de las emociones
8.2 Emociones específicas
8.3 Emociones primarias vs secundarias
8.4 Emociones negativas vs emociones positivas

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9 Algunas áreas de desarrollo actual de la psicología de la emoción: Emociones y salud
e inteligencia emocional
9.1 Emociones y Salud
9.1.1Trastornos psicofisiológicos
9.1.2.Psicopatología de las emociones
9.2 Inteligencia emocional

9.2.1 Modelo de capacidad o habilidades de Salovey y Mayer

9.2.2. Modelos mixtos

a. Modelo de las competencias emocionales de Goleman


b. Modelo de la inteligencia emocional y social de Bar – On

9.2.3 Modelo de rasgo de Petrides y Furnham

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LAS EMOCIONES

Mª Isabel Casado Morales y Juan José Miguel Tobal

Todos sentimos emociones, todos nos emocionamos pero ¿qué es una emoción? Sin
emociones la vida sería afectivamente gris, plana, no seríamos capaces de responder
efectivamente ante situaciones de emergencia, seríamos incapaces de hacer multitud de
actividades imprescindibles para la vida adaptativa, especialmente tendríamos serias
dificultadas para tomar decisiones personales, sociales e incluso éticas. A pesar de haber
sido tildadas como la parte “irracional” del ser humano, una vida sin emociones sería
causa importante de comportamientos irracionales. Para elegir entre varias opciones
(situación cotidiana para el ser humano), por ejemplo si tuviéramos que decidir con
quién y dónde pasar nuestras vacaciones, las emociones nos permiten descartar de
forma rápida aquello que no nos gusta, que no nos atrae haciendo que nuestras
preferencias emocionales conviertan a esta decisión en una tarea relativamente sencilla.
Sin emociones, sin preferencias, sin recuerdos emocionales, sin un criterio emocional
que nos redujera drásticamente las alternativas, esta elección se convertiría en una tarea
interminable de análisis de pros y contras. La emoción puede convertirse en una amiga
que nos ayuda a guiarnos en nuestro día a día, aconsejándonos en la elección de las
actividades más “racionales”.

Sentimos emociones constantemente, somos conscientes de ello y sabemos que


actuamos en consecuencia. Es un proceso accesible y fácil de comprender de forma
intuitiva, pero que a la psicología le ha costado más de cien años de estudio empezar a
entenderla científicamente, diseccionar sus distintos elementos y sobre todo determinar
sus mecanismos de acción y regulación. De hecho, es mucho aún lo que queda por
investigar.

Para la Psicología, la emoción es el concepto que sirve para describir y explicar los
efectos producidos por un proceso que conlleva muchos elementos y momentos:
analizar las situaciones que resultan significativas; interpretar dichas situaciones en
función de la historia personal; la expresión de las emociones, su comunicación; la
preparación para la acción, la movilización de la conducta; y la activación fisiológica
que conlleva.

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Esta variedad de elementos hace que la emoción haya sido estudiada desde perspectivas
muy distintas, con intereses distintos, pero que lejos de ser contrarias, se convierten en
complementarias, dando sentido a un concepto complejo que abarca tantos elementos:
neurociencias, psicología evolutiva, psicología social, psicología cognitiva, psicología
de la personalidad o incluso la psicología clínica.

Un recorrido por las distintas teorías de las emociones debe ser abordada a nuestro
juicio siguiendo las distintas perspectivas: (a) evolucionistas: con Darwin como
principal punto de referencia; (b) psicofisiológicas: seguidoras de la tradición de James;
(c) neurológicas: cuyos desarrollos teóricos arrancan de Cannon; (d) conductistas: que
enfatizan procesos de condicionamiento como Watson pusiera de manifiesto a
principios de siglo; y (e) cognitivas: que han ido otorgando relevancia a una gran
variedad de procesos cognitivos implicados en la respuesta emocional. En la actualidad,
unas de las más representativas.

El objetivo que se persigue en el presenta capítulo es la comprensión del desarrollo


histórico del concepto de emoción a través de las distintas perspectivas que lo han
abordado, y desde ahí, poder diferenciar las características distintivas de las distintas
emociones a través de las clasificaciones tradicionales. Esta inmersión en el área
permitirá comprender las importantes implicaciones que las emociones tienen para el
ser humano, en concreto, centrándonos en su relación con la salud y el bienestar
general, y en la toma de decisiones y desarrollo de capacidades imprescindibles para
comprenderse a sí mismo y comprender el mundo que le rodea.

1. Antecedentes filosóficos

El interés por el estudio de las emociones se remonta a la antigüedad clásica. Los


filósofos griegos (Platón, Aristóteles) hablaron de las “pasiones” haciendo hincapié en
sus propiedades nocivas, tratando a las emociones como fenómenos mentales que
alejaban al hombre de la sabiduría. Las emociones se caracterizan en este periodo por la
pasividad y la irracionalidad, por el egoísmo de los individuos, desvalorizando la
utilidad de las emociones. Para el ideal estoico, “la acción es noble, la pasión es baja. La
acción tiende a fines que se inscriben en el cielo de lo universal y necesario, la pasión se
limita a dar expresión a la perspectiva del individuo, algo tan contingente y tan egoísta

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que roza el ridículo. La pasión se opone a la razón, y nos hunde en las tinieblas y nos
pierde en el desvarío”

La idea estoica impregnó los siglos venideros. En la Edad Media se pensaba que en el
alma coexistían una parte concupiscente (deseos y apetitos) una irascible (origen de las
pasiones) y una racional que luchaba constantemente por dominar a las anteriores.

A partir del Renacimiento, con el distanciamiento de lo místico y lo teológico las


emociones pasaron a denominarse afectos, dejando al término pasión para los estados
de ánimo más exacerbados. Con Descartes y el dualismo mente-cuerpo las emociones
quedaron en la esencia de la mente, en aquello que no se puede medir y vive separada
del cuerpo. Para Descartes la emoción es un sentimiento subjetivo sin componente
cognitivo (razón), propio de las actividades de “los espíritus animales del cuerpo”.
Descartes admite la necesidad de las pasiones pero bajo la condición del control
racional, ya que la razón y la voluntad es lo que controla la inclinación animal y nos
hace humanos.

En el siglo XVIII, los afectos pasaron a considerarse como objeto de estudio importante
de lo mental otorgando por primera vez desde la filosofía un valor positivo y motivador.
A partir del siglo XIX, con el nacimiento de la psicología como ciencia independiente
de la filosofía, el estudio y consideración de las emociones cambia de forma radical.
Desde entonces la revaloración del papel de las emociones se ha dado gracias a las
aportaciones de filósofos, biólogos, fisiólogos, psicólogos o investigadores en general
que desde las distintas disciplinas científicas han ido conformando un entramado de
teorías sobe las emociones que le han ido dando el estatus que merece como proceso
adaptativo, destacando especialmente las aportaciones desde la psicología cognitiva.

2. Posiciones evolucionistas
Una de las características principales de las emociones, como bien han puesto de
manifiesto las teorías evolucionistas, es la función adaptativa de las emociones, tanto
como facilitadoras de la respuesta apropiada ante las exigencias ambientales, como
inductoras de la expresión de la reacción afectiva a otros individuos. Así, por ejemplo,
el sentimiento de ira facilitaría la conducta de ataque y su expresión podría servir para
amedrentar a otro individuo en una situación comprometida, mientras que el miedo

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favorecería la huída o la inmovilidad corporal defensiva y su expresión externa podría
ser útil para apaciguar una reacción intensa por parte de un agresor

Uno de los postulados principales de esta orientación es el de la existencia de emociones


básicas o primarias, necesarias para la supervivencia y que derivan de reacciones
similares en animales inferiores. El resto de emociones se generan por combinaciones
específicas de aquéllas. En las emociones básicas el componente innato es mucho más
patente, lo que se refleja en la similitud de expresión en todos los individuos de la
misma especie.
En lo que se refiere a la expresión emocional, tanto histórica como teóricamente, el
objeto de estudio de mayor interés ha sido la expresión facial de las emociones. La
universalidad de la expresión y el reconocimiento facial de las emociones se ha tomado
como indicador de la existencia de patrones innatos de respuesta emocional, evidencia
de la continuidad filogenética de las emociones (Darwin, 1872,1984) y, principalmente,
como constatación de la existencia de una serie de emociones básicas cuyo
reconocimiento sería universal en la especie humana y fruto de las cuales derivarían el
resto de reacciones afectivas. En este aspecto el legado de Darwin es palpable tanto a
nivel conceptual como metodológico. Las teorías evolucionistas asumen los siguientes
principios darvinistas: (a) las emociones cumplen un papel fundamental en la evolución
facilitando las respuestas adaptativas que exigen las condiciones ambientales; (b)
existen una serie de emociones fundamentales de las cuales se derivan el resto de las
emociones secundarias; y (c) dichas emociones aparecen en todos los seres humanos y
tanto la expresión como el reconocimiento de las mismas es innato y universal.
Para demostrar tales asertos los procedimientos experimentales son los mismos que ya
utilizara Darwin hace más de cien años, como por ejemplo el estudio de la expresión
emocional en niños y ciegos de nacimiento (que no han podido aprenderlo de otras
personas), o el estudio de la expresión y reconocimiento de las emociones en individuos
de diferentes culturas.
No obstante, y a pesar de la multitud de investigación en el campo, en la actualidad
sigue siendo un hecho controvertido tanto la existencia de emociones básicas como el
que la expresión y reconocimiento de las mismas sea innato y universal

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3. La tradición psicofisiológica
La importancia de las variables psicofisiológicas arranca de la concepción de James
(1884) de que la emoción aparece como consecuencia de la percepción de los cambios
fisiológicos producidos por un determinado evento. En el caso de que no existan tales
percepciones somáticas la consecuencia principal sería la ausencia de cualquier reacción
afectiva. Además, las emociones similares se caracterizarían por un patrón visceral y
fisiológico similar, bien es cierto que dando pie a cierta especificidad individual.
Comencemos por tanto en este apartado haciendo un repaso general a las teorías de
James-Lange y de Cannon como representantes de dos importantes líneas de investigación
sobre las emociones desde la perspectiva psicofisiológica. La primera de ellas postula la
existencia de patrones específicos de respuestas corporales asociados a cada una de las
distintas emociones y la segunda defiende cambios fisiológicos generales, no diferenciados
para cada emoción.

3.1 Teoría periferalista de James

El psicólogo norteamericano James y el fisiólogo danés Lange realizaron sus


reflexiones de forma independiente y las publicaron en 1884 y 1885 respectivamente.
Coincidieron en que las emociones son consecuencia de la percepción de
modificaciones corporales. Las teorías de James y Lange sostienen que la emoción
consiste en la sensación de los cambios corporales que se producen tras la percepción del
hecho desencadenante. Es, por tanto, una teoría periférica de la emoción que defiende la
existencia de patrones viscerales específicos para las distintas emociones.

William James, formula la hipótesis contraria a la concepción tradicional. Defiende que las
emociones son consecuencia de los cambios corporales provocados por la percepción de
hechos, y no como se decía, que las emociones aparecían como reacción a la interpretación
de un estímulo relevante, provocando seguidamente las reacciones corporales. Es decir,
para James estamos tristes porque lloramos, enfadados porque golpeamos y asustados
porque temblamos.

Por tanto, según su teoría, la emoción es la percepción del estado corporal correspondiente,
la sensación procedente de los cambios corporales (somáticos y autonómicos) producidos
por la percepción de estímulos externos.

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La secuencia defendida sería la siguiente: (1) los estímulos ambientales excitan los
receptores sensoriales que conducen los impulsos a la corteza cerebral, produciendo la
percepción de los mismos; (2) la corteza envía impulsos a los diferentes órganos,
produciendo cambios en ellos; (3) los cambios corporales (viscerales y somáticos) excitan
los receptores interoceptivos y propioceptivos, conduciendo los impulsos a la corteza
cerebral, dándose entonces el estado emocional. En definitiva, la percepción de estos
cambios corporales es lo que daría lugar a la experiencia emocional. Además de la
especificidad de activación para cada emoción, James destaca que la parte visceral y
orgánica de una expresión emocional no se dará de la misma forma en todos los
individuos, sino que a su vez existen diferencias individuales.

Por su parte, el fisiólogo danés C.G. Lange defendía un proceso similar aunque limitando
los cambios corporales a la actividad vasomotora del sistema nervioso autónomo.

Insertar Tabla 1

3.2 La tradición neurológica. Activación general: Teoría central de Cannon.


Estructuras neurológicas centrales

Las implicaciones de la teoría periferalista de James-Lange generaron una gran


controversia. En 1929 un fisiólogo estadounidense, Walter Bradford Cannon partiendo
de una crítica firme al modelo de James formuló una teoría central. Las críticas de
Cannon se centraron fundamentalmente en lo que se refiere al papel de las vísceras en la
reacción emocional, así como al hecho de que la ausencia de sensaciones
visceroceptivas no produce ausencia de reacción emocional y a la evidencia de que las
sensaciones son mucho más lentas que la emoción evocada. Estas críticas de Cannon
hicieron que los cambios autonómicos y somáticos dejaran de ser antecedentes causales de
la emoción (cuya percepción genera tanto la cualidad como la intensidad emocional),
pasando a ser concomitantes homeostáticos de la misma (indicadores de la intensidad
emocional que prepara para la acción). Se trataría de una respuesta similar a todas las
emociones, en la que la única diferencia entre las mismas sería la intensidad con la que
reaccionan, pero no en un patrón de respuesta diferenciado.
Estas objeciones al modelo periférico fomentaron el interés por los modelos neurológicos
de la emoción basados en estructuras del sistema nervioso central. Es lo que se ha venido
a denominar teoría emergentista de las emociones (Cannon, 1931), que establece que lo

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verdaderamente relevante en la génesis de la emoción es la actividad del SNC, los
cambios corporales no cumplen otra función que la de preparar al organismo para la acción
en situaciones de emergencia. La rama simpática del sistema nervioso autónomo moviliza
la energía, mientras que la rama parasimpática cumple una función de conservación de la
energía.

La emoción es para Cannon un fenómeno central, y por tanto, la experiencia emocional es


dependiente del funcionamiento talámico y del comportamiento emocional del hipotálamo.
Postuló que normalmente, el tálamo está bajo el control inhibidor del córtex. Así, los
estímulos pasan a través del tálamo sin rehacer esta inhibición y por ello sin producir
emoción. Sin embargo, si el estímulo evoca en el córtex respuesta condicionada de
naturaleza apropiada se anula la inhibición y se producen descargas hipotalámicas. Otros
estímulos, con capacidad de activar respuestas emocionales de forma innata, pueden
sobrepasar directamente la inhibición del tálamo y producir esta descarga directamente.

3.3. Implicaciones de las teorías de James y Cannon

La propuesta de Cannon de implicar directamente el SNC ejerció una gran influencia


durante los años siguientes, lo que dio lugar a diversas teorías cuyo eje central era subrayar
que la conducta emocional va acompañada de una activación fisiológica y que las
diferentes emociones ocupan distintas posiciones en ese continuo de activación. Es la
teoría de la activación general.

El término activación general hace referencia a una dimensión de tipo fisiológico


subyacente a la conducta emocional. Puede ser entendida como un continuo en el que en
un extremo estaría el sueño y en el otro extremo se situarían emociones intensas (pánico,
miedo intenso, ira, ansiedad, etc.) que podrían alcanzar niveles patológicos. Desde este
punto de vista, la activación supone una fuerza o energía básica para llevar a cabo una
conducta. Los cambios fisiológicos serían entonces los índices que reflejaran la intensidad
de las emociones, sin tener en cuenta la dirección o la cualidad de las mismas.

Por tanto, el concepto de activación general, unidimensional de activación, contrario a la


teoría de James, supone la existencia de un proceso único de activación en el que los
sistemas cortical, autonómico y somático estarían perfectamente coordinados y que
sería el responsable de la cualidad de las diferentes reacciones afectivas; a su vez,
supone que los indicadores fisiológicos correlacionan con medidas subjetivas y

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conductuales. Consecuentemente con estos planteamientos teóricos, a nivel
metodológico los estudios se han caracterizado por la selección de alguna variable
fisiológica (generalmente respuesta electrodermal o frecuencia cardiaca) como
indicadora del nivel de activación general, su registro y el estudio de la relación entre
ésta y las diferentes reacciones emocionales. A su vez, esta concepción motivó
investigaciones que estudiaron las bases neurológicas de la conducta emocional,
demostrando una mayor complejidad de estructuras y vías anatómicas implicadas en el
control de las emociones.

En 1930, Duffy sostiene que los cambios periféricos, tanto en el sistema nervioso
autónomo como en el sistema somático, reflejaban los diferentes niveles de movilización
de energía que acompañaban a los estados motivacionales y emocionales. Posteriormente,
Duffy (1962, 1972) reformula el concepto de activación generalizada e indiferenciada de
Cannon defendiendo la existencia de dos tipos de activación, una de nivel general y otra
específica que será la responsable de que el individuo se ajuste a la situación estimular
concreta. Emoción y motivación son, por tanto, conceptos similares definidos en función
del nivel de activación fisiológico.

Las teorías centrales sobre la emoción irán reflejando los diferentes hallazgos en el campo
de la fisiología, la neurología y la neuroanatomía: tálamo (Cannon), sistema límbico
(Papez, McLean), hipotálamo (Gellhom), sistema de activación reticular (Lindsley),
lóbulos frontales (Arnold). Descubrimientos como la actividad electroencefalográfica
(Berger) y del sistema de activación reticular (Moruzzi y Mogoum) hicieron que los
teóricos de la activación se interesaran más si cabe por las medidas fisiológicas centrales.

En cualquier caso, todos defendían un concepto unidimensional de las emociones en


general, es decir, una única dimensión de actividad general donde los indicadores
conductuales, subjetivos y fisiológicos correlacionan mutuamente. Esta base teórica hizo
que se tomara la medida del nivel general de activación como única variable para estudiar
las relaciones entre activación y emoción o activación y conducta. Sin embargo, pronto
comienzan a surgir discrepancias entre la teoría y los datos que arrojan distintas
investigaciones. Los datos de las investigaciones refrendan la teoría para determinados
tipos de situaciones, pero no para otros. Este concepto unidimensional tiene ciertas
limitaciones, ya que sólo puede explicar un determinado rango de fenómenos pero no da
cuenta de otros tantos. También, en otra línea, comienzan a surgir críticas por estudios

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experimentales que repetidamente encontraban correlaciones bajas o, incluso en algunos
casos nulas, entre las medidas fisiológicas, conductuales y subjetivas de activación, e
incluso entre los distintos índices o respuestas dentro de un mismo sistema, el fisiológico.
Son aquí de destacar los trabajos de Lacey (1967).

En los años setenta hay un nuevo resurgir del interés por las teorías periféricas sobre la
emoción. Siguiendo la línea periferalista, los estudios experimentales sobre activación
fisiológica y aprendizaje de respuestas emocionales ponen énfasis en el sistema
nervioso periférico, particularmente en el sistema nervioso autónomo, defendiendo que
esta activación no se limita a proporcionar el aspecto energetizador de la conducta
emocional de forma indiferenciada como postulaba Cannon, sino que cumple una
función importante en los aspectos cualitativos y direccionales de la conducta
emocional. Sin embargo, también pusieron en evidencia que los componentes
periféricos, por sí solos, no pueden explicar la complejidad de la emoción, tal y como
postulaban las teorías periferalistas.

4. Teorías neurofisiológicas: la neurociencia y el cerebro emocional

Las aportaciones de Cannon influyeron en la neurociencia respecto al estudio


anatómico y morfológico de las estructuras cerebrales que median en el proceso
emocional. Cannon afirmó que la base nerviosa de la emoción se encontraba en el
tálamo, por lo que la emoción era central y no periférica como señalaba James. Esta
afirmación fue apoyada por el desarrollo de la neurociencia, pero el papel del tálamo
como la región del sistema nervioso más vinculado a las emociones y que tiene un papel
preponderante en su génesis pronto fue sustituido por el sistema límbico.

La investigación se centra en la localización de las estructuras neurobiológicas


implicadas en dicho proceso. Autores como Papez (1937) distinguió entre emoción
como una forma de sentir (experiencia subjetiva) y como una forma de actuar
(expresión o conducta emocional). También intentó identificar las estructuras cerebrales
implicadas en la experiencia emocional (estructuras paleo-corticales o córtex) y la
expresión emocional (hipotálamo). La importancia de Papez radica en ser el primero en
relacionar las estructuras y funciones cerebrales del denominado circuito de Papez con
el proceso emocional. Gracias al impulso de Papez, MacLean (1949) introdujo el
término sistema límbico, concluyendo que el cerebro humano está dividido en tres
niveles de funcionamiento, adquiridos a lo largo de la evolución: (1) un cerebro antiguo,

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perteneciente a los reptiles (cerebro reptiliano); (2) un cerebro que aparece más tarde en
la evolución filogenética, perteneciente a los mamíferos inferiores (sistema límbico); (3)
un cerebro de aparición más reciente, más altamente desarrollado perteneciente a los
primates y sobre todo al hombre (neo-córtex)

Tanto Papez como MacLean coinciden en señalar que el sistema límbico es el sistema
emocional que modula tanto la experiencia como la expresión emocional.

Años más tarde, basándose tanto en los trabajos de Cannon y Bard como en los de
Papez, LeDoux (1986) formula una teoría sobre las emociones que analiza los
componentes cognitivo, fisiológico y expresivo/conductual, es el llamado modelo de
circuito neurológico de LeDoux . Algunas de las investigaciones más interesantes en la
última década proceden de los estudios de LeDoux y su grupo (LeDoux, y Phelps,
2008) sobre el condicionamiento del miedo y el papel desempeñado por la amígdala .
La amígdala está formada por muchos núcleos, conectados recíprocamente con el
hipotálamo, la formación hipocampal, la neo-corteza y el tálamo, estructuras todas ellas
implicadas en las reacciones de miedo. La información aferente que proviene de todas
las modalidades sensoriales llega a la amígdala a través de los núcleos baso-laterales y
procede de dos fuentes: a) los núcleos sensoriales del tálamo y; b) las áreas sensoriales
primarias de la corteza. LeDoux (1995) ha puesto de manifiesto que, por ejemplo, en las
reacciones de miedo la proyección del tálamo a la amígdala es especialmente
importante, ya que es más rápida que el input sensorial procedente de la corteza y puede
mediar las respuestas emocionales primitivas de corta latencia y que sirven de
preparación para que la amígdala pueda recibir información más sofisticada sobre la
representación cognitiva de la emoción procedente de centros superiores como el córtex
pre-frontal ventro-medial. De hecho, las lesiones del complejo baso-lateral suprimen el
condicionamiento clásico del miedo, siendo la participación de estos núcleos decisiva
también para el miedo incondicionado innato y para la memoria de los estímulos
sensoriales emocionalmente significativos. Desde el complejo baso-lateral la
información se transfiere al núcleo central de la amígdala, desde donde se establecen la
mayoría de las conexiones aferentes. Desde el núcleo central se establecen dos grandes
proyecciones: a) con el hipotálamo lateral y las regiones del tronco cerebral que regulan
las respuestas autónomas a los estímulos con contenido emocional e intervienen en las
respuestas neuroendocrinas a los estímulos estresantes y, b) con las áreas corticales de

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asociación, en especial con la corteza órbito-frontal y con la circunvolución del
cíngulo. Esta vía es esencial para la percepción consciente de la emoción.

Una de las principales contribuciones de LeDoux ha sido demostrar que, en ratas, el


condicionamiento clásico del miedo no requiere la participación de la corteza cerebral.
La vía tálamo-amígdala posibilita una transmisión más rápida de la información
sensorial permitiendo al animal emitir una respuesta inmediata ante las situaciones de
peligro o amenaza. Esta forma de respuesta es altamente adaptativa cuando las
demandas de procesamiento de información son muy simples y el animal tiene que
responder rápidamente a características físicas del estímulo que están poco definidas.
Sin embargo, cuando es necesaria una evaluación más compleja de la situación el
procesamiento de la información requiere la participación de la corteza cerebral a través
del circuito tálamo-corteza-amígdala.

A la distinción clásica entre experiencia emocional (estados subjetivos) y expresión


emocional (actividad motora y fisiológica), LeDoux ha añadido un tercer componente,
la evaluación. Dado que no todos los estímulos sensoriales que llegan al cerebro dan
lugar a la aparición de experiencias emocionales o expresiones emocionales, es preciso
que el cerebro evalúe las señales de entrada comparándolas con la información
almacenada en la memoria para determinar su significado emocional. De ello se
concluye que la evaluación sea un paso previo necesario en la secuencia de
procesamiento que lleva tanto a la expresión emocional como a la experiencia
emocional consciente.

Insertar Tabla 2

Los hallazgos de Joseph E. LeDoux, expuestos prolijamente en la década de los 80 y 90


han permitido un mejor conocimiento de los circuitos, mecanismos y estructuras
cerebrales implicados en la emoción, convirtiéndose en el modelo procedente de la
neurociencia más influyente en la actualidad.

Con posterioridad a LeDoux, y siguiendo esta línea, cabe destacar a Damasio (1996).
Tanto Damasio como LeDoux coinciden en distinguir ente emoción y sentimiento
señalando que este último es la parte consciente de la emoción. A su vez, constituye la
percepción directa de un lenguaje específico, el del cuerpo, puesto que los sentimientos
nos permiten prestar atención al cuerpo de forma concentrada.

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Damasio postula que cuerpo y cerebro forman un organismo indisociable que interactúa
con el ambiente como un todo. En la interacción con el ambiente, con la sociedad, se
desarrollan los mecanismos neurales que parten de un organismo diseñado tanto con
estructuras fisiológicas para regular el metabolismo, como con mecanismos básicos para
hacerse cargo de la cognición y comportamientos sociales. Se cuestiona sobre el grado
en el que los procesos racionales y no racionales se alinean con las estructuras corticales
y subcorticales en el cerebro humano. Sugiere que las emociones y los sentimientos son
aspectos centrales de la regulación biológica y proporcionan un puente entre dichos
procesos y estructuras.

Otra de las aportaciones relevantes de Damasio en el campo de las emociones es la


hipótesis del marcador somático. Según esta, ante una situación o estímulo
determinado, los distintos sistemas de respuesta aparecen en la mente en forma de
imágenes o marcadores entre las que se pueden encontrar valoraciones negativas que
nos llevan a experimentar sentimientos desagradables. A través de los marcadores
somáticos se consigue una señal de alarma automática que focaliza la atención sobre las
consecuencias negativas de la opción elegida ante un conflicto. De esta manera nos
permite decidir en torno a un número menor de alternativas. A partir de este primer
filtro en la toma de decisiones, resulta oportuno un análisis de coste-beneficio. En el
caso de que un marcador somático negativo se yuxtaponga a un resultado futuro, este
funcionará como alarma.

Si el marcador somático es positivo, el efecto sería motivador. En situaciones sociales


donde es imprescindible la toma de decisiones críticas, este filtro realiza, de forma
automática, la detección de los componentes de la situación que tienen más
probabilidades de ser relevantes. Para Damasio su explicación general se puede aplicar
a la elección de acciones cuyas consecuencias inmediatas son negativas, pero que
generan resultados futuros positivos, como soportar sacrificios para alcanzar beneficios
más tarde. Una revisión sobre la importancia del papel de las emociones en la toma de
decisiones puede verse en Pérez Nieto, Fernández Abascal y Miguel Tobal (2009).

Respecto al proceso emocional, Damasio subrayó la relevancia de estructuras corticales


y subcorticales en el cerebro humano.

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5. Teorías conductistas
Para el conductismo las emociones se concibieron como una forma de reflejo, como
modelos de reacción que incluyen modificaciones de los procesos corporales,
especialmente del sistema digestivo y glandular. Ante el proceso emocional el énfasis se
pone en la respuesta, obviando la subjetividad de la emoción, ya que se supone que no
es observable y sólo se puede evaluar indirectamente. De ahí el escaso interés que
mostró el conductismo por el fenómeno emocional. Watson estudia la conducta
emocional manifiesta y sus causas externas identificando patrones de comportamiento
emocional con patrones de cambios fisiológicos, lo que no posibilita la distinción entre
emociones diferentes, ni entre patrones emocionales y no emocionales. Al limitar la
emoción al comportamiento emocional minimiza uno de los componentes básicos de la
emoción: la experiencia emocional o el sentimiento.

Sí ha recibido apoyo la predicción de Watson de que las emociones se diferencian


gradualmente durante la infancia y la niñez, aunque la investigación confirma que si
bien algunas reacciones emocionales pueden adquirirse por condicionamiento clásico,
en la adquisición de reacciones emocionales específicas, parecen jugar una función más
importante el desarrollo cognitivo, el aprendizaje observacional y/o el refuerzo social.

Watson y el conductismo clásico parten de una concepción ambientalista de las emociones.


La psicología de Watson busca la objetividad tratando de ser una rama experimental de las
ciencias naturales como la física o la química. Este autor trata de estudiar al hombre
observando su conducta, sin interpretaciones ni inferencias.

El enfoque conductual supuso un gran avance en el estudio de las emociones, en concreto


del miedo, y ayudó principalmente a su operativización, considerándola como un estado o
respuesta emocional transitoria, evaluable en función de sus antecedentes (E) y
consecuentes (R) y de la cual podía determinarse su frecuencia y duración.

En la década de los veinte, a partir de los trabajos de Watson y Rayner (1920) sobre el
condicionamiento de una fobia en "el pequeño Albert", el miedo se conceptualiza como
una respuesta emocional condicionada negativa, aprendida según los principios del
condicionamiento pauloviano y que se produce por medio de la asociación de una
situación, en principio neutra (EC), con una experiencia desagradable (EI). Tras varios

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emparejamientos el EC adquiere un valor negativo similar al EI siendo capaz de producir
la respuesta emocional de miedo.

Con la introducción del condicionamiento instrumental de la mano de Skinner, el miedo


pasa a ser una respuesta tras la presentación de un estímulo aversivo que da lugar a una
disminución en la conducta. De esta forma, un estímulo que precede a un reforzador
negativo evoca una conducta condicionada por la reducción de la amenaza de la situación,
provocando a su vez respuestas emocionales.

Otros muchos autores estudiarán las emociones siguiendo los paradigmas del
condicionamiento clásico y/o instrumental. En esta línea, Mowrer (1939) asume en un
primer momento el miedo como una conducta aprendida por un proceso de
condicionamiento clásico. Posteriormente, Mowrer (1960) reconoce que para explicar la
aparición y fundamentalmente el mantenimiento de gran parte de los miedos que presentan
los humanos no es suficiente con los principios del condicionamiento clásico, motivo por
el que introduce un segundo proceso explicativo, el condicionamiento instrumental u
operante. Así, en su teoría conocida como teoría bifactorial señala la existencia de dos
procesos o componentes en el desarrollo y mantenimiento de la respuesta de miedo. El
componente clásico podría explicar en muchos casos la aparición del miedo, y sería
responsable de la motivación para la evitación del estímulo temido, mientras que el
componente instrumental respondería más bien del mantenimiento de la respuesta
emocional por medio del refuerzo de las respuestas motoras de evitación que la reducen y
que impiden la extinción.

Muchas serán las teorías que años más tarde se formulan siguiendo la línea marcada por
los paradigmas clásico y operante del aprendizaje. Eysenck (1968, 1979, 1985), en su
teoría de la incubación intenta explicar cómo una respuesta de miedo puede ser reforzada
al asociarse la desaparición del EC con la finalización de la RC de miedo, provocando un
incremento en dicha respuesta. Seligman (1971) desarrolla su hipótesis de la preparación
por medio de la cual intenta explicar el porqué ciertos estímulos pueden ser condicionados
más rápidamente que otros. En este sentido, defiende que no todos los estímulos
ambientales tienen la misma capacidad de ser condicionados o asociados a estímulos
incondicionados de miedo sino que, aquellos que filogenéticamente han sido asociados con
amenazas para la especie, serán condicionados más rápidamente y serán a su vez más
resistentes a la extinción.

16
6. Perspectiva cognitiva de las emociones
Según algunos autores la emoción es una consecuencia de los procesos cognitivos.
Desde esta línea, las diferencias entre los diferentes acercamientos teóricos estriban en
el papel que le otorgan a los distintos elementos o procesos cognitivos en la génesis de
la reacción emocional como, por ejemplo, la evaluación de la situación y de las
estrategias de afrontamiento, las expectativas y conformidad con normas sociales, la
atribución de causalidad o a las diferencias en procesamiento de la información
emocionalmente relevante. En las aproximaciones cognitivas iniciales de la emoción se
defendía que la reacción ante una situación es de tipo fisiológico, consistente en un
incremento difuso y generalizado de la activación. Posteriormente, la interpretación
cognitiva de dicha reacción fisiológica es la que determinará la cualidad de la emoción
(Marañón, 1924; Schachter y Singer, 1962; Mandler, 1975). En cualquier caso la
emoción necesariamente surgiría como consecuencia de los dos factores: activación e
interpretación cognitiva. La magnitud de la reacción fisiológica determinaría la
intensidad de la reacción emocional, mientras que los procesos cognitivos darían razón
de la cualidad de la misma.

Arnold (1960) señalaría que los procesos cognitivos no surgen solamente después de
haberse producido una reacción fisiológica y como interpretación de la misma, sino que
se produce una evaluación primaria de la situación ambiental antes incluso de la propia
reacción fisiológica. Se trata de una primera interpretación global del estímulo como
bueno o malo (es decir, agradable/desagradable, beneficioso/peligroso, etc.). Más tarde,
Mandler (Mandler, 1982; MacDowell y Mandler, 1989) argumenta que, si bien las dos
variables principales implicadas en la génesis de la reacción emocional son el arousal y
las interpretaciones cognitivas, son estas últimas las que determinan la emoción. El
arousal solamente sería el sustrato. La relevancia del arousal sería muy limitada, ya que
las personas solamente son capaces de distinguir entre un arousal elevado y otro bajo,
pero no el nivel de otras variables fisiológicas concretas, de forma que el grado de
activación ejercería un papel indiferenciado únicamente en el grado de intensidad de la
emoción. Incluso la propia activación podría producirse por una incongruencia en los
esquemas cognitivos (ocurrencia de un hecho inesperado o no ocurrencia de un evento

17
previsto). Esta activación, a su vez, instiga a una interpretación cognitiva de la situación
que es la que determinaría la cualidad de la emoción.
Así pues, desde Marañón a Mandler, los autores que defienden posiciones cognitivas
han ido otorgando progresivamente un papel de mayor relevancia a los procesos
cognitivos que el simple etiquetado de una reacción fisiológica, e incluso han destacado
que lo verdaderamente necesario para que se produzca una emoción son los procesos
cognitivos implicados.
De entre todos los procesos cognitivos destacaremos algunos de los más relevantes:

a. Procesos de valoración cognitiva


Lazarus (1977, 1993) desarrolla su modelo teórico de las emociones basándose en la
teoría cognitiva del estrés que había establecido con anterioridad (Lazarus, 1966).
Junto a Folkman (Lazarus y Folkman, 1984) defiende la idea de que las emociones se
diferencian a nivel cognitivo por medio de la valoración cognitiva que se hace en cada
situación, pero además también se diferencian a nivel psico-fisiológico. La valoración
cognitiva realizada genera un perfil de activación psicofisiológica específico y diferenciado
de cada emoción. No sólo es importante la valoración que se hace del medio externo, sino
también de los recursos que el individuo considera que posee para hacer frente a la
situación amenazante, estos serán los recursos de afrontamiento. Así la ansiedad surgirá
cuando el individuo valore la situación como amenazante o peligrosa, y considere sus
recursos de afrontamiento como insuficientes para hacer frente a la amenaza. Los procesos
cognitivos de valoración de la situación y de las capacidades de afrontamiento, determinan
no sólo la cualidad, es decir la emoción experimentada, sino también la intensidad de esa
emoción.
Insertar Tabla 3
Para Lazarus no es adecuado plantear si la emoción precede a la cognición o si es
consecuencia de la misma. La relación es bidireccional y ambas están intrínsecamente
unidas, ya que la cognición es una parte fundamental de la emoción, que le proporciona
la evaluación del significado.

b. Atribución de causalidad
Según Weiner (1980) la reacción emocional puede analizarse siguiendo la secuencia
atribución-emoción-acción. Tras la ejecución conductual acontece una valoración
primaria asociada a las consecuencias agradables o desagradables de la misma. Surgiría

18
entonces una primera emoción preliminar. En un segundo momento, y esto es lo
verdaderamente relevante para Weiner, se analizan las causas de dicho resultado. En
función de dicha atribución de causalidad emerge la emoción más elaborada. Dicha
emoción será la que ejerza posteriormente un papel motivacional para la conducta.

Insertar Tabla 4

c. Control de evaluación de los estímulos


Según Scherer (Scherer, 1984, 1988, 1992) los estímulos internos o externos se evalúan
jerárquica y organizadamente en una serie de pasos, o fases. Como consecuencia de
dicho proceso de evaluación emergen las emociones correspondientes. Dado el valor
adaptativo de las emociones y el papel que ejercen en la supervivencia, se entiende que
dicho control se ejecute de forma jerárquica y ordenada.
La secuencia es la siguiente: (1) novedad del estímulo (lo que supone una primera
valoración de la peligrosidad del evento); (2) dimensión placentera-displacentera; ( 3)
si propicia la consecución de una meta o una necesidad; (4) capacidad de enfrentarse a
la situación y consecuencias sobre el organismo; y (5) la compatibilidad con las normas
sociales o personales.

Cada una de las emociones puede analizarse en función de esta secuencia de evaluación.
Las que han sido estudiadas con mayor profundidad de acuerdo con este esquema son:
alegría, tristeza, vergüenza, ira, asco y miedo.

d. Imágenes mentales
Lang (1977, 1979, 1990) postula que las imágenes mentales pueden entenderse como
una estructura proposicional que incluye componentes perceptivos y semánticos.
Semejante estructura proposicional de la imagen es la que induce las reacciones
fisiológicas que acompañan a las emociones, de forma que puede utilizarse el
entrenamiento en imaginación para el control de diferentes procesos o alteraciones
emocionales, dado que las respuestas fisiológicas inducidas están directamente
relacionadas con el tipo de imagen entrenada.

e. Procesamiento de información emocionalmente relevante

19
Los estados emocionales (tanto normales como patológicos) están relacionados con
patrones característicos de procesamiento de la información emocionalmente relevante
(Mathews y MacLeod, 1994). Así, por ejemplo, la excesiva atención a la información
amenazante puede generar reacciones de ansiedad, de la misma forma que la
incapacidad para eliminar los pensamientos intrusivos negativos auto-referentes genera
episodios depresivos. Las diferencias individuales en el procesamiento de información
emocionalmente relevante constituye el componente cognitivo de vulnerabilidad
diferencial a trastornos emocionales.

Esta última línea de investigación ha dado lugar a modelos que explican el desarrollo de
patología emocional como el modelo de los cuatro factores de Eysenck (1997, 2007)

Insertar Tabla 5

7. Concepto de emoción

La emoción es un proceso psicológico adaptativo cuya finalidad es reclutar y coordinar


al resto de los procesos psicológicos, cuando determinadas condiciones de la situación
exigen una respuesta rápida y efectiva para ajustarse a los cambios producidos en el
medio ambiente. Las emociones alteran el resto de los procesos psicológicos, cargan de
afecto la percepción, dirigen la atención, activan la memoria, movilizan cambios
fisiológicos, planifican acciones, cargan de sentido la comunicación verbal y no verbal,
motivan a la acción, etc.
En la actualidad, la emoción es un constructo absolutamente necesario para acercarse al
conocimiento del ser humano e imprescindible para describir o explicar las reacciones
del organismo caracterizadas por: cambios en la actividad fisiológica; interpretación
subjetiva de tales cambios fisiológicos; preparación para la acción o movilización del
comportamiento; y expresión emocional o exteriorización de la emoción.

Las emociones cumplen tres funciones principales:


1. Función adaptativa:
Darwin argumentó que la emoción sirve para facilitar la conducta apropiada, lo que le
confiere un papel relevante para la adaptación. Su función más importante es preparar al
organismo para que ejecute eficazmente una conducta exigida por las condiciones

20
ambientales, que movilicen la energía necesaria para ello y que dirija la conducta a un
objetivo determinado.
Cada emoción cumple su función adaptativa. La función fundamental del miedo es
protegernos, avisarnos de la necesidad de huir o escapar ante situaciones peligrosos. De
la ira destaca la función de defensa movilizando energía para poder llevar a cabo una
acción de defensa o ataque que nos permitan en ocasiones eliminar obstáculos para la
consecución de nuestras metas. La alegría sirve para incrementar la capacidad de
disfrutar, de generar actitudes positivas hacia las situaciones que vivimos y las personas
con las que convivimos, lo que nos ayuda a desarrollar capacidades tan importantes en
el ser humano como la empatía, así como favorecer procesos cognitivos de aprendizaje
y memoria aumentando a su vez la curiosidad. La principal función adaptativa del asco
es producir rechazo, movilizando una respuesta de evitación o escape ante estímulos
potencialmente dañinos para la salud. La sorpresa tiene una función de exploración, nos
ayuda a dirigir los procesos cognitivos a la situación novedosa que nos ha causado
sorpresa para poder explorarla, conocerla y aprender. E incluso la tristeza tienen una
función de adaptación para el ser humano, nos sirve para aumentar la cohesión con otras
personas, reclamar ayuda, apaciguar reacciones de agresión, o incluso para reducir del
ritmo de activación posibilitando en ocasiones frenar nuestra actividad para ser capaces
de pararnos a considerar otras aspectos de la vida.

2. Función social

Se basa en la expresión verbal y no verbal de las emociones. Nos permite predecir


comportamientos con la indudable importancia para los procesos de relación
interpersonal. La expresión de las emociones puede considerarse como una serie de
estímulos discriminativos que facilitan la realización de conductas sociales, nos facilita
la interacción social, controlar la conducta de los demás y en definitiva una mejor
adaptación social La expresión de ciertas emociones puede inducir en los demás la
aparición de conducta prosocial; la revelación de las experiencias emocionales puede
en ocasiones ser saludable y beneficiosa, tanto porque reduce el trabajo fisiológico que
supone la inhibición como por el hecho de que favorece la creación de una red de apoyo
social ante la persona afectada. Sin embargo, tampoco podemos obviar el hecho de que
en ocasiones, o con ciertas emociones, la represión de la expresión emocional también
puede tener una evidente función social. La inhibición de ciertas reacciones
emocionales que podrían alterar las relaciones sociales y afectar incluso a la propia

21
estructura y funcionamiento del grupo u organización social se revela en ocasiones
como socialmente necesaria y adaptativa, siendo uno de los casos más claros la
inhibición de la expresión de la ira. Sin embargo, la inhibición de otras emociones
puede producir malos entendidos y reacciones indeseables que no se hubieran producido
en el caso de que los demás hubieran conocido el estado emocional en el que se
encontraba el individuo.

3. Función motivacional
Una emoción puede facilitar la aparición de la conducta motivada, dirigirla hacia un
objetivo y hacer que se ejecute con una cierto grado de intensidad. Esta relación
emoción-motivación también es inversa, en toda conducta motivada se producen
reacciones emocionales.
La función motivacional de la emoción sería congruente con la concepción de que las
emociones pueden ser distribuidas a lo largo de dos ejes de regulación del
comportamiento: la aproximación y la evitación, es decir la existencia de dos
dimensiones principales en la emoción: agrado-desagrado e intensidad de la reacción
afectiva.

8. Clasificación de las emociones


A la hora de clasificar las emociones podemos señalar dos métodos (Fernández-Abascal
y cols., 2010): (1) el estudio dimensional de las emociones que las clasifica atendiendo
a dimensiones generales que definen el mapa de todas las posibles emociones que
pueden ser desplegadas. Pueden dar explicación de un número infinito de estados
emocionales y proporcionan un esquema para delimitar similitudes y diferencias entre
emociones; y (2) el estudio de las emociones específicas que parte de la existencia de
características únicas y distintivas para cada categoría, definiendo emociones discretas.

8.1 Las dimensiones de las emociones

Las emociones pueden ser clasificadas atendiendo a sus dimensiones, que tienen
carácter bipolar y que están definidas por tres ejes: (1) valencia afectiva: diferencia las
emociones en función de su tono hedónico. Se extiende desde la condición de agradable
a la de desagradable; (2) activación: diferencia a las emociones en función de la
intensidad de los cambios filológicos. Se extiende desde la calma a la extrema

22
activación; y (3) control: permite diferenciar a las emociones en función del grado de
control sobre la situación y/o reacción.

Las dos primeras son las que proporcionan el mayor nivel de discriminación (85%).

Insertar grafico1

8.2. Emociones específicas

El estudio de las emociones específicas o discretas tiene su origen en los datos que
avalan la creencia de que las emociones poseen características distintivas en algunos o
varios de sus elementos entre las que destacan sin duda la propuesta que proviene de la
orientación evolucionista, la cual defiende que se trata de reacciones afectivas innatas,
distintas entre ellas, categorías emocionales primitivas tanto filogenética como
ontogenéticamente presentes en todos los seres humanos, que se expresan de forma
característica y a partir de las cuales se desarrollan las demás emociones. Hacemos
referencia a la distinción entre emociones primarias y secundarias. Defender la
existencia de emociones básicas o primarias supone defender la existencia de
diferencias a nivel fisiológico corroborado por la existencia de una serie de universales
en la expresión emocional demostrados transculturalmente, así como por un patrón
fisiológico que caracterizaría a cada una de ellas. Las diferentes manifestaciones de
actividad del sistema nervioso autónomo estarían en la base de las conductas motoras
apropiadas para las distintas emociones, tales como el miedo, la ira o el asco. Tales
emociones estarían directamente relacionadas con la adaptación del organismo, y por lo
tanto es consecuente que tengan un patrón de actividad autonómica específica, no así
otras emociones tales como felicidad o desprecio. La diferencia entre las mismas no
podría establecerse en términos de gradación en una determinada dimensión, sino que
serían cualitativamente diferentes.
A pesar de proponer aquí la mencionada distinción, con la descripción de sus
características más relevantes, no podemos dejar de señalar que la existencia, o no, de
emociones básicas o primarias, universales, no goza de un consenso unánime sino que
ha dado y sigue dando lugar a algunas controversias ya que los resultados de
investigación no son concluyentes, y la existencia de patrones fisiológicos de respuesta
característicos de cada reacción afectiva es aún, más un ideal que una realidad
indiscutible.

23
8.3. Emociones primarias vs secundarias

Según Izard (1991), los requisitos que debe cumplir cualquier emoción para ser
considerada como básica o primaria son los siguientes: tener un sustrato neural
específico y distintivo, tener una expresión o configuración facial específica y distintiva,
poseer sentimientos específicos y distintivos, derivar de procesos biológicos evolutivos
y manifestar propiedades motivacionales y organizativas de funciones adaptativas.
Entre los elementos distintivos sobre los que existe un mayor consenso destacan los
siguientes:

- Las emociones primarias parecen poseer una alta carga genética en el sentido de
que presentan respuestas emocionales preorganizadas que aunque son modeladas
por el aprendizaje y la experiencia están presentes en todas las personas y culturas.

- Poseen constancia en el afrontamiento, en la movilización para la acción que


produce la propia forma emocional. Por ejemplo el miedo presenta una forma de
afrontamiento característico como la huida o evitación que no poseen otras
emociones como la alegría o la sorpresa

- Poseen una forma de expresión facial característica y universal que es reconocida


por todas las culturas

Los humanos tenemos 42 músculos diferentes en la cara. Dependiendo de cómo los


movemos expresamos unas determinadas emociones u otras. Hay sonrisas diferentes,
que expresan diferentes grados de alegría. Esto nos ayuda a expresar lo que sentimos,
que en numerosas ocasiones nos es difícil explicar con palabras. Es otra manera de
comunicarnos socialmente y de sentirnos integrados en un grupo social. Hemos de tener
en cuenta que el hombre es el animal social por excelencia. Podemos observar como en
los niños ciegos cuando experimentan las emociones lo expresan de forma muy
parecida a las demás personas, tienen la misma expresión facial lo que presupone la
existencia de bases genéticas, hereditarias, ya que un niño que no ve no puede imitar las
expresiones faciales de los demás. A pesar de esta base genética, las expresiones
también varían ligeramente en función de elementos como las experiencias, la cultura,
el sexo, el país de origen etc. Así, por ejemplo, las mujeres tienen más sensibilidad para
captar mejor las expresiones faciales o las señales emotivas y esta sensibilidad aumenta
con la edad. Las expresiones faciales también afectan a la persona que nos está mirando

24
alterando su conducta. Si observamos a alguien que llora nosotros nos ponemos tristes o
serios e incluso podemos llegar a llorar como esa persona. Y que decir de la risa
contagiosa cuando vemos a alguien reír a carcajadas

A su vez, las emociones primarias poseen un desarrollo a nivel ontogenético asociado a


la maduración de los mecanismos y estructuras neurales propias del proceso emocional.
Se estructuran a lo largo del desarrollo evolutivo, mediadas por el aprendizaje. En los
primeros momentos de la vida aparecen las llamadas emociones primarias como el
miedo, la sorpresa, el asco, la alegría la tristeza y la ira

Otro dato distintivo es que cada una de las emociones primarias se corresponde con una
función adaptativa y poseen condiciones desencadenantes específicas y distintivas para
cada una de ellas, un procesamiento cognitivo propio y una experiencia subjetiva
característica.

Insertar Tabla 6

Más tarde, fruto de la maduración y de los procesos sociales irán apareciendo las
emociones secundarias. Emanan de las primarias, pero se deben en mayor grado al
desarrollo individual y sus respuestas difieren ampliamente de una persona a otra: la
culpa, la ansiedad, la vergüenza, el orgullo, los celos…

Las emociones secundarias no presentan una única forma de afrontamiento, como sería
el caso de los celos que pueden ir desde destruir al ser amado, hasta el llanto
incontrolado, pasando por los intentos de reconquista. No poseen una forma de
expresión facial característica y universal que es reconocida por todas las culturas. Las
emociones secundarias poseen unos componentes conductuales particulares, que son la
manera en que éstas se muestran externamente. Son en cierta medida controlables,
basadas en el aprendizaje familiar y cultural de cada grupo: expresiones faciales,
acciones y gestos, distancia entre personas, componentes no lingüísticos de la expresión
verbal (comunicación no verbal).

8.4. Emociones negativas vs emociones positivas

Se clasifican según el tono hedónico positivo, negativo o incluso neutro. Las emociones
negativas son aquellas que implican sentimientos desagradables, valoración de la
situación como dañina y la movilización de muchos recursos para su afrontamiento. Las

25
emociones positivas son aquellas que implican sentimientos agradables, valoración de la
situación como beneficiosa y la movilización de escasos recursos para su
afrontamiento. Las emociones neutras son aquellas que no producen intrínsecamente
reacciones ni agradables ni desagradables, que no pueden considerarse ni positivas ni
negativas y tienen como finalidad facilitar la aparición de posteriores estados
emocionales. Sus características definitorias son una mezcla de los demás tipos de
emociones

Insertar Tabla 7

9. Algunas áreas de desarrollo actual de la psicología de la emoción:


Emociones y salud e inteligencia emocional

El estudio de las emociones en su relación con otros procesos y áreas de aplicación es


extraordinariamente amplio ya que es incuestionable que las emociones representan una
parte importante del ser humano en todas sus facetas. En este apartado hemos escogido
dos áreas en las que la emoción juega un papel fundamental, una más clásica como la
relación entre las emociones y la salud, y otra de más reciente aparición en la literatura
científica como es la inteligencia emocional.

9.1 Emociones y Salud

9.1.1 Trastornos psicofisiológicos

A mediados del siglo XIX, las tres quintas partes de las muertes ocurridas en los países
desarrollados se debían a enfermedades infecciosas. Desde entonces, las mejoras en las
condiciones de higiene, los cambios de hábitos de vida, los avances médicos, el
tratamiento de las aguas y alimentos, los programas públicos de inmunización, la
prevención y el control ambiental, trajeron consigo un considerable descenso de los
fallecimientos por estas causas. Sin embargo, otras enfermedades vinieron a sustituir a
éstas en los primeros lugares de las listas de causas de mortalidad. Enfermedades como
los trastornos cardiovasculares, el cáncer, y, más recientemente, las llamadas
enfermedades inmunológicas y degenerativas crónicas, que en gran medida pueden ser
consideradas como enfermedades relacionadas con la conducta y forma de vida de los
individuos.

26
En los años sesenta se comienza a tomar conciencia de la necesidad de intervenir en la
prevención de dichas enfermedades, y con ello de la necesidad de transformar el modelo
médico tradicional en un modelo biopsicosocial que tenga en cuenta, además de los
factores biológicos, los de carácter psicológico y social en la génesis y mantenimiento
de las enfermedades. Independientemente del modelo del que se parta, las emociones
generalmente denominadas negativas, se convirtieron de forma indiscutible en unas de
las principales variables a investigar, tratar y controlar en el nuevo concepto de salud,
asentando el papel que juegan como factores de riesgo de enfermedad.

Las reacciones emocionales, como la ansiedad, la ira, o la tristeza, presentan correlatos


fisiológicos que son el resultado de complejos mecanismos, que bajo la influencia del
sistema nervioso afectan a las secreciones glandulares, los órganos y tejidos, los
músculos y la sangre. Son imnumerables los estudios que muestran la relación entre
factores emocionales y trastornos tales como los de tipo cardiovascular, digestivos e
incluso los derivados de un mal funcionamiento del sistema inmunológico, como el
cáncer. El mejor campo de estudio de esta relación ha sido, y sigue siendo, el de los
denominados clásicamente trastornos psicosomáticos, o desde una conceptualización
más reciente, trastornos psicofisiológicos. Los trastornos psicofisiológicos han sido
definidos tradicionalmente como aquellos que presentan una clara evidencia de
enfermedad orgánica, a la vez que una proporción significativa de sus determinantes son
de índole psicológica. Nos encontramos, por tanto, ante trastornos caracterizados por la
existencia de síntomas físicos o disfunciones en varios órganos del cuerpo,
estrechamente relacionados con factores psicológicos (Miguel-Tobal, y Casado, 1994).

A pesar de esta doble vertiente, orgánica y psicológica, este tipo de trastornos fue
tratado exclusivamente desde una perspectiva médica. Sin embargo, con el auge de
disciplinas como la Medicina conductual y la Psicología de la salud, fueron cobrando
relevancia una serie de variables relacionadas directamente con aspectos psicológicos.
Tanto la medicina como la psicología han buscado siempre la etiología de estos
trastornos dando lugar a que a lo largo de la historia distintos factores cobraran el papel
de explicación decisiva, hasta llegar a la convicción de que la multicausalidad es la
verdadera etiología, con sus combinaciones entre diversos factores. Esta
multicausalidad, centrada en la consideración simultánea de los factores genéticos,
ambientales, psicológicos y, principalmente, en el peso de la interacción, como
elemento de predisposición del individuo a padecer una determinada enfermedad, es el

27
gran mérito de la investigación psicológica actual en este campo. Ello ha propiciado que
los trastornos psicofisiológicos ya no sean entendidos como un grupo concreto o
distinto de enfermedades, sino como aquellas alteraciones físicas que son precipitadas,
agravadas o prolongadas por factores psicológicos (Casado y Miguel-Tobal, 1995)

Insertar Tabla 8

Actualmente se tiende a asociar la génesis, desarrollo y mantenimiento de los trastornos


psicofisiológicos con una pluralidad de agentes, entre los que cabe destacar: las
emociones como la ansiedad, la ira y/o la hostilidad, la tristeza; los factores
ambientales; el estilo de vida; la resistencia del sujeto al estrés; factores genéticos;
características de personalidad; factores cognitivos; estilos de afrontamiento, etc.
(Miguel-Tobal, González-Ordi y Casado, 2009).

En resumen, podemos destacar como factores desencadenantes o agravantes de distintas


enfermedades la interacción entre una situación estresante, un modo individual de
valorar la situación como amenazante, un patrón de respuesta fisiológica y una
sensibilidad incrementada o predisposición orgánica. Es innegable por tanto que, en
gran medida, el proceso dependerá del modo en que la persona perciba y procese la
situación emocionalmente relevante y de su habilidad para encontrar soluciones
adaptativas a las nuevas situaciones.

9.1.2 Psicopatología de las emociones

La influencia de las emociones se deja sentir tanto en el ámbito de la salud en general


como en el más específico de la psicopatología. Realmente podríamos incluso hablar de
una psicopatología de las emociones ya que no es casual que los dos grandes grupos de
trastornos que derivan directamente de ellas ocupen los primeros lugares en el ranking
de prevalencia de las distintas psicopatologías: los trastornos de ansiedad y los
trastornos del estado de ánimo o depresivos. Sirva como ejemplo el dato que se
presentaba en el curso monográfico sobre “Las Depresiones” impartido en el Ministerio
de Sanidad y Consumo (Madrid, 13-14 de marzo de 1998), donde ya se señalaba que
solamente los problemas de ansiedad y depresión, o ambos a la vez, suponían más del
80% de los casos que buscan ayuda en las consultas psicológicas y/o psiquiátricas de
nuestro país.

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Actualmente, la ansiedad tiende a ser considerada de forma multidimensional. Desde la
perspectiva de la personalidad, el rasgo de ansiedad ha evolucionado desde una
concepción unitaria, en la que se definía como la tendencia relativamente estable a
reaccionar de forma ansiosa, hacia una concepción multidimensional, en la que se
asumen distintas dimensiones del rasgo (rasgos específicos) entendidas como tendencias
individuales de reacción ante distintos tipos o clases de situaciones (p. ej., situaciones
de evaluación, interpersonales, de peligro físico, etc.). Ello implica que además de
existir una tendencia general, que se manifiesta en mayor o menor grado en los distintos
individuos, a interpretar las situaciones como peligrosas o amenazantes y a reaccionar
ante ellas con ansiedad (rasgo general de ansiedad), existen tendencias específicas a
reaccionar de forma ansiosa ante un tipo u otro de situaciones (rasgos específicos).

Desde la perspectiva de las emociones, la ansiedad ha sido entendida como una emoción
universal y, por tanto, común a todos los miembros de la especie; dicha emoción
aparece cuando el individuo percibe una situación como peligrosa o amenazante, con
independencia del peligro o amenaza real, facilitando la respuesta del individuo ante
distintas situaciones de peligro al prepararle para la acción y facilitar el afrontamiento,
lo que le otorga un gran valor adaptativo. La reacción de ansiedad es una combinación
de respuestas cognitivo-subjetivas (p. ej., aprensión, inseguridad, temor, etc.),
fisiológicas (p. ej., aumento de la tasa cardiaca, tensión muscular, sudoración, etc.) y
expresivo-motoras (p. ej., movimientos repetitivos, cambios en la expresión facial,
conductas de evitación, etc.).

Si bien podemos considerar la ansiedad como una reacción emocional normal,


adaptativa y común a todos los individuos, que tiene lugar cuando el sujeto percibe
algún tipo de peligro o amenaza, tanto concreta como difusa, un desajuste en cuanto a la
frecuencia, intensidad o duración de la ansiedad puede dar lugar a una alteración de
carácter psicopatológico, dando lugar a los trastornos de ansiedad.

Los trastornos de ansiedad suponen la patología más frecuente entre la población.


Tomados en su conjunto son mucho más frecuentes en las mujeres que en los varones,
presentando las primeras una tasa de prevalencia-vida aproximadamente 2'5 veces
superior a la de los varones, solamente la fobia social y el trastorno obsesivo-
compulsivo parecen presentar tasas de prevalencia bastante parecida en ambos sexos.

29
La ansiedad patológica se va a manifestar de distintas formas: en crisis bruscas y
episódicas, de forma persistente y continua, como consecuencia de una fuerte situación
de estrés, ante estímulos temidos, como consecuencia de ideas recurrentes y/o rituales,
o asociada a otro tipo de trastornos (depresión, trastornos psicofisiológicos, psicóticos,
sexuales, conductas adictivas, trastornos de alimentación, trastornos sexuales, etc.)
(Miguel-Tobal y Casado, 1999).

De acuerdo con la DSM-IV-TR, se diferencian o describen doce trastornos de ansiedad


más dos entidades nosológicas que pueden aparecer en el contexto de todos los
trastornos.

Insertar Tabla 9

- Ataque de pánico o crisis de angustia: se caracteriza por la aparición súbita de


síntomas de aprensión, miedo intenso o terror, acompañados habitualmente de
sensación de muerte inminente. Aparecen también durante estos ataques síntomas como
falta de aliento, palpitaciones, opresión torácica, sensación de atragantamiento o asfixia
y miedo a perder el control o volverse loco.

- Agorafobia: caracterizada por la aparición de ansiedad o comportamiento de evitación


en lugares o situaciones donde escapar puede resultar difícil o embarazoso, o bien donde
sea imposible buscar ayuda en el caso de que aparezca un ataque de pánico o síntomas
similares.

- Trastorno de angustia (pánico) sin agorafobia: caracterizado por ataques de pánico


repetidos e inesperados que causan un estado de ansiedad permanente en el paciente.

- Trastorno de angustia (pánico) con agorafobia: se caracteriza por ataques de pánico y


agorafobia de carácter recidivante e inesperado.

- Agorafobia sin historia de trastorno de angustia (pánico): se caracteriza por la


presencia de agorafobia y síntomas similares en un individuo sin antecedentes de
ataques de pánico inesperados.

- Fobia específica: caracterizada por la presencia de ansiedad clínicamente significativa


como respuesta a la exposición a situaciones u objetos temidos, o que suele dar lugar a
comportamientos de evitación.

30
- Fobia social: se caracteriza por la presencia de ansiedad clínicamente significativa
como respuesta a situaciones sociales o actuaciones en público del propio individuo, lo
que suele dar lugar a comportamientos de evitación.

- Trastorno obsesivo-compulsivo: caracterizado por la aparición de obsesiones (ideas


recurrentes, persistentes, absurdas y generalmente desagradables que aparecen con gran
frecuencia sin que el individuo pueda evitarlas) que causan ansiedad y malestar y/o
compulsiones (comportamientos repetitivos y estereotipados que se realizan en forma de
rituales) cuya finalidad es neutralizar dicha ansiedad.

- Trastorno por estrés postraumático: se caracteriza por la reexperimentación de


acontecimientos traumatices, síntomas debidos al aumento de activación o arousal y
comportamientos de evitación de los estímulos relacionados con la situación traumática.

- Trastorno por estrés agudo: se caracteriza por la aparición de síntomas similares al


trastorno por estrés postraumático que aparecen inmediatamente después de un
acontecimiento altamente traumático.

- Trastorno de ansiedad generalizada: se caracteriza por la presencia de ansiedad y


preocupaciones de carácter excesivo y persistente durante al menos seis meses.

- Trastorno de ansiedad debido a enfermedad médica: caracterizado por síntomas de


ansiedad que se consideran secundarios a efectos fisiológicos directos de una
enfermedad subyacente.

- Trastorno de ansiedad inducido por sustancias: se caracteriza por síntomas de


ansiedad secundarios a los efectos fisiológicos directos de una droga, fármaco o tóxico.

- Trastorno de ansiedad no especificado: acoge a aquellos trastornos que se caracterizan


por la ansiedad o evitación fóbica y que no reúnen los criterios diagnósticos para ser
clasificados en alguno de los apartados anteriores.

La línea divisoria entre estos trastornos no siempre es clara, produciéndose en ocasiones


solapamientos y presentando una alta comorbilidad entre ellos. Dos de cada tres
pacientes diagnosticados de un trastorno de ansiedad presentan además algún otro
cuadro clínico.

31
Con respecto a la tristeza, la segunda emoción protagonista indiscutible en la
psicopatología de las emociones, la tristeza, señalaremos en primer lugar que se trata de
una emoción que se produce en respuesta a sucesos considerados displacenteros y que
denota pesadumbre o melancolía. Suele aparecer asociada a acontecimientos que
implican separación, pérdida o fracaso, decepción e indefensión. Cuando la tristeza se
agudiza, se hace persistente, se convierte en una reacción excesiva a los acontecimientos
y/o se presenta sin causa justificada, daría paso a la depresión.

La depresión constituye un trastorno o síndrome clínico que presenta, al igual que la


ansiedad, manifestaciones en los tres sistemas de respuesta. En el nivel cognitivo-
subjetivo suele apreciarse un estado de ánimo triste, sentimientos de inutilidad y culpa,
indecisión, dificultades de concentración, ideas de muerte recurrentes, etc. En el nivel
fisiológico puede aparecer pérdida de peso o disminución del apetito, insomnio o
hipersomnia, fatiga o pérdida de energía, etc. En el nivel motor se observa agitación o
enlentecimiento psicomotor, restricción de las actividades, etc.

Los modelos actuales de la depresión confieren gran importancia a las variables


cognitivas que intervienen en el fenómeno depresivo. Los distintos autores hablan de
pensamientos automáticos, autoesquemas negativos, distorsiones cognitivas o de estilos
atribucionales depresogénicos, encontrando una clara tendencia a la autoevaluación
negativa y una atención selectivamente dirigida a los sucesos negativos y a las
consecuencias inmediatas. Es interesante constatar que muchos de estos fenómenos
cognitivos pueden observarse igualmente en sujetos ansiosos y que las técnicas
cognitivas dirigidas a modificar o corregir dichas cogniciones desadaptadas son tan
eficaces en el abordaje terapéutico de los trastornos de ansiedad como en el de la
depresión. Es por ello que en la práctica clínica diaria comprobamos que los límites
entre ambos fenómenos no están tan claros como sería deseable, observándose puntos
de coincidencia tanto en el plano fenomenológico como en los resultados de la
evaluación mediante inventarios específicos, los cuales investigan, a veces, aspectos
similares y presentan correlaciones significativas entre sí, a pesar de que pretenden
medir fenómenos diferenciados.

La mayoría de los autores comparten la idea de que la depresión es un trastorno del


estado de ánimo o trastorno afectivo. El estado de ánimo deprimido, es una de las
condiciones psicopatológicas más frecuentes de los seres humanos, si bien, sentirse

32
deprimido no es un síntoma suficiente para confirmar la existencia de una depresión, ya
que, la depresión-síntoma está presente en la mayor parte de los cuadros
psicopatológicos.

Las cifras epidemiológicas son difíciles de estimar, pues existe una gran disparidad al
contrastar distintos estudios epidemiológicos, como suele suceder en general, pero el
dato siempre concluyente es que la prevalencia de los trastornos depresivos es muy alta,
ocupando el primer o segundo lugar (en pugna con los trastornos de ansiedad) en el
ranking psicopatológico. En términos generales se calcula que entre un 15 y un 20% de
la población general desarrollará al menos algún episodio depresivo grave siendo el
riesgo de padecerlo de un 25 % para las mujeres frente a un 10% para los hombres.

No resulta fácil diferenciar la depresión clínica de los estados de ánimo depresivos más
o menos transitorios y cotidianos. Con respecto a esta cuestión, surge una gran polémica
no resuelta aún que intenta contestar a la pregunta de si la diferencia entre la depresión
patológica y el estado de ánimo depresivo transitorio es cualitativa o cuantitativa. Para
algunos autores ambas categorías están dentro de un continuo, siendo la única diferencia
la intensidad y número de síntomas, sin embargo para otros, se trata de un verdadero
salto cualitativo, de una diferenciación categórica.

El panorama se complica si además tenemos en cuenta que existe un gran número de


clasificaciones de los diferentes tipos de depresión, entre ellas las binarias, siendo una
de las más conocidas la de depresión endógena frente a la depresión reactiva. Esta
distinción apela a una etiología diferente. Así la primera supone una predisposición
constitucional y hereditaria, y la segunda se desencadena por un motivo claramente
identificado, haciéndose patológica por ser desproporcionada en su intensidad y
duración. Junto a ésta, encontramos en la literatura, otras clasificaciones binarias como
psicótica/neurótica, mayor/menor, grave/leve, primaria/secundaria, etc.

Las clasificaciones propuestas por la DSM-III-R y más tarde por la DSM-IV y DSM-
IV-TR son suficientemente exhaustivas y de algún modo recogen la mayoría de las
clasificaciones existentes.

Insertar Tabla 10

Respecto a los síntomas más característicos de la depresión, Beck (1967) presenta una
agrupación en cuatro categorías que consideramos interesante presentar, dada la

33
relevancia que este autor ha tenido y tiene dentro del estudio de la depresión: 1.
manifestaciones emocionales: estado de ánimo disfórico, sentimientos negativos hacia
uno mismo, reducción de la gratificación que se obtiene de la realización de
actividades, pérdida de apego emocional a personas o cosas, períodos de llanto, y
pérdida de alegría; 2. manifestaciones cognitivas: baja autoevaluación, expectativas
negativas, autoacusación y autocrítica, indecisión, y distorsión de la propia imagen
corporal; 3. manifestaciones motivacionales: paralización de la voluntad, deseos de
evitación, escape y retirada, deseos de suicidio, y aumento de la dependencia de otros;
4. manifestaciones neuro-vegetativas y físicas: pérdida del apetito, problemas del sueño,
pérdida de la libido, y cansancio.

En definitiva, la ansiedad y la depresión son probablemente los dos constructos a los


que mayor atención se ha prestado desde la psicopatología en las últimas décadas, lo
que puede deberse, a hechos como la gran incidencia de síntomas de ansiedad y
depresión, manifiestos entre la población normal y observados en la atención primaria;
la gran frecuencia con la que aparecen estos dos síntomas interrelacionados entre sí,
surgiendo en muchas ocasiones, problemas a la hora del diagnóstico y dificultades al
establecer prioridades en la intervención; o al hecho de que tanto los síntomas ansiosos
como los depresivos aparecen formando parte de otros cuadros clínicos.

Con frecuencia en la práctica clínica encontramos este problema; a veces, se presentan


claramente los dos trastornos, aunque solapados; otras, se presentan estados mixtos; y
también sucede que prevalece uno de ellos fundamentalmente y el otro aparece más
como síntoma. Además, es necesario tener en cuenta que tanto la ansiedad como la
tristeza-depresión aparecen como síntomas en un gran número de cuadros
psicopatológicos, no en vano ambas reacciones forman parte de las emociones
inherentes al ser humano.

En cualquier caso, la repercusión que los trastornos de ansiedad y los trastornos


depresivos tienen en la población y en la sociedad en general, no sólo se debe a las
elevadas tasas de incidencia y prevalencia, sino a los altos costes económicos que
suponen su diagnóstico, tratamiento, hospitalización, etc., así como a la relación que
mantienen con otros factores importantes como la disminución del rendimiento laboral,
el absentismo y las bajas laborales, la baja adherencia que estos pacientes presentan a
otros tratamientos que no tienen que ver con la patología en sí.

34
9.2. Inteligencia emocional

Salovey y Mayer publicaron un artículo en 1990 en el que apareció por primera vez el
término inteligencia emocional que se definía como “la capacidad para supervisar los
sentimientos y las emociones de uno mismo y de los demás, de discriminar entre ellos y
de usar esta información para la orientación de la acción y el pensamiento propios”
(Salovey y Mayer, 1990, p.189). Pero no fue hasta 1995 cuando emergió y llegó a toda
la sociedad, tras la publicación del best-seller “La inteligencia emocional” del psicólogo
y periodista Daniel Goleman, quien destacaba la relevancia de la inteligencia emocional
por encima del CI para alcanzar el éxito tanto profesional como personal.
En un principio Slovey y Mayer definían la inteligencia emocional (IE) como un tipo de
inteligencia social que incluye: (1) la capacidad de entender y supervisar nuestras
emociones y las de los demás y (2) la capacidad de discriminar entre las emociones y
usar dicha información para guiar nuestro pensamiento y nuestros comportamientos.
Posteriormente y dando más énfasis a los aspectos cognitivos concibieron la IE como
una inteligencia genuina basada en el uso adaptativo de las emociones y su aplicación a
nuestro pensamiento. Esta definición conecta inteligencia y emoción, cognición y
emoción, ya que expresa la idea de que la emoción hace pensar más “inteligentemente”.
Las emociones dejan de ser definitivamente las pasiones que nublan la razón.

Se desarrollan distintos modelos de IE, pudendo distinguir tres categorías


- Modelos de capacidad o habilidades, como el de Salovey y Mayer
- Modelos mixtos como el de Goleman y Bar-On
- Modelos de rasgo como el de Petrides y Furnham

Aunque presentas diferencias que mostraremos a continuación, en todos los modelos


podemos ver que la autorregulación emocional (entendida como la capacidad de regular
los estados emocionales) es un elemento principal. Así, el modelo de las cuatro etapas
de Salovey y Mayer sitúa al “manejo de las emociones” en lo más alto de su escala
jerárquica, Goleman la incluye como “capacidad de controlar las propias emociones” y
Bar – on incluye elementos de autorregulación emocional en varias de sus habilidades,
como el “Control de Impulsos” y la “Flexibilidad”.

9.2.1 Modelo de capacidad o habilidades de Salovey y Mayer

35
El modelo de habilidades concibe la IE como un conjunto de habilidades implicadas en
la percepción, el uso, la comprensión y la regulación de emociones, que dependen
fundamentalmente del conocimiento de los procesos emocionales y de las habilidades
del procesamiento de la información emocional. Es, por tanto, una inteligencia genuina
basada en el uso adaptativo de las emociones y su aplicación al pensamiento. Los
impulsores de este modelo son Salovey y Mayer (Salovey y Mayer 1990, Mayer
Salovey 1997) quienes subrayan no sólo la capacidad de percibir y regular emociones
sino también de pensar sobre ellas.

Desde esta línea, la IE hace referencia a la capacidad para razonar sobre las emociones
y, por otro lado, al procesamiento de la información emocional para aumentar el
razonamiento. Postulan que la IE se conceptualiza a través de cuatro habilidades básicas
por lo que se denomina “modelo de las cuatro etapas” que se configura partiendo de los
procesos psicológicos más simples hasta alcanzar los más elevados o integrados. El
nivel más bajo se refiere a la habilidad, relativamente sencilla, de percibir y expresar la
emoción, mientras que el nivel más alto de las etapas se refiere a la regulación
consciente y reflexiva de la emoción.

El modelo de las cuatro etapas divide la IE en cuatro áreas de habilidades: -1-


percepción de emociones: capacidad de percibir emociones en caras o imágenes; -2-
uso de emociones para facilitar el pensamiento: capacidad de usar las emociones para
realzar el razonamiento; -3- comprensión de emociones: capacidad de comprender
información emocional acerca de las relaciones, transiciones de una emoción a otra e
información lingüística acerca de las emociones; y -4- manejo de las emociones:
capacidad para manejar emociones y relaciones emocionales para el crecimiento
personal e interpersonal.

Las etapas 1, 3 y 4 incluyen razonar acerca de las emociones, mientras que la etapa 2
únicamente incluye el uso de las emociones para realzar el razonamiento.
Jerárquicamente estas cuatro etapas estarían dispuestas de modo que "percibir
emociones" estaría en la base, mientras que el "manejo de emociones" estaría en la
cima, es decir, cada una de las etapas se construye sobre la base de las habilidades
logradas en la fase anterior. Así, las primeras capacidades o las más básicas son la
percepción y la identificación emocional. A medida que el individuo madura, esta
habilidad se refina y aumenta el rango de las emociones que pueden ser percibidas.

36
Posteriormente, las emociones son asimiladas en el pensamiento e incluso pueden ser
comparadas con otras sensaciones o representaciones.

En el nivel consciente, el sistema límbico sirve como un mecanismo de alerta frente a


los estímulos. Si el aviso emotivo permanece en el nivel inconsciente, significa que el
pensamiento –la segunda fase de habilidades- no está siendo capaz de usar las
emociones para resolver problemas. Sin embargo, una vez que la emoción está
conscientemente evaluada, puede guiar la acción y la toma de decisiones. En la tercera
etapa, las reglas y la experiencia gobiernan el razonamiento acerca de las emociones.
Las influencias culturales y ambientales desempeñan un papel significativo en este
nivel. Finalmente, las emociones son manejadas y reguladas en la cuarta etapa, en
términos de apertura y regulación de los sentimientos y emociones con el fin de
producir un crecimiento personal y en los demás. Cada etapa del modelo tiene
habilidades específicas, que reunidas construyen una definición de la IE como “la
habilidad para percibir y expresar emociones, asimilar emociones en el pensamiento,
entender y razonar con emociones, y regular las emociones en uno mismo y en otros”

Esta propuesta ha originado una serie de investigaciones importantes, cuyos aportes han
generado instrumentos de medición que hoy sirven como base para muchos estudios
sobre la IE.

Insertar Tabla 11

9.2.2. Modelos mixtos


Consideran la IE desde una concepción más amplia recogiendo rasgos estables de
personalidad (comportamiento o conjunto de comportamientos bastante consistentes
que un individuo tiende a mostrar), competencias socioemocionales y diversas
habilidades cognitivas.

Son aproximaciones más populares que incluyen atributos personales que están más
comúnmente relacionados con la eficacia personal y el funcionamiento social. Destacan
dos autores: Goleman y Bar-on.

a. Modelo de las competencias emocionales de Goleman

37
Goleman definió la IE como la capacidad para reconocer y manejar nuestros propios
sentimientos, motivarnos y controlar o dirigir nuestras relaciones. El modelo de las
competencias emocionales (Goleman 1998) comprende una serie de competencias que
facilitan a las personas el manejo de las emociones, hacia uno mismo y hacia los demás.
Este modelo formula la IE en términos de una teoría del desarrollo y propone una teoría
de desempeño aplicable de manera directa al ámbito laboral y organizacional, centrado
en el pronóstico de la excelencia laboral. Por ello, esta perspectiva está considerada una
teoría mixta, basada en la cognición, la personalidad, la motivación, la emoción, la
inteligencia y la neurociencia; es decir, incluye procesos psicológicos cognitivos y no
cognitivos

El modelo original de Goleman consistió en cinco etapas, las cuales posteriormente se


redujeron a cuatro grupos (Goleman 1998, 2001) con distintas habilidades en cada uno:
(1) autoconciencia emocional: el conocimiento de nuestras preferencias, sensaciones,
estados y recursos internos; (2) autodirección: manejo de nuestros sentimientos,
impulsos, estados y obligaciones internas; (3) aptitudes sociales: el reconocimiento de
los sentimientos, preocupaciones y necesidades de otros; y (4) relaciones de dirección:
la habilidad para manejar bien las relaciones sociales y construir redes de apoyo.

Insertar Tabla 12

b. Modelo de la inteligencia emocional y social de Bar – On

Bar-On (1997, 2000), por su parte, ha ofrecido otra definición de IE tomando como base
a Salovey y Mayer. La describe como un conjunto de conocimientos y habilidades en lo
emocional y social que influyen en nuestra capacidad general para afrontar
efectivamente las demandas de nuestro medio. Dicha habilidad se basa en la capacidad
del individuo de ser consciente, comprender, controlar y expresar sus emociones de
manera efectiva.

El modelo de Bar-On se fundamenta en las competencias, las cuales intentan explicar


cómo un individuo se relaciona con las personas que le rodean y con su medio
ambiente. Por tanto, la IE y la inteligencia social son consideradas un conjunto de
factores de interrelaciones emocionales, personales y sociales que influyen en la

38
habilidad general para adaptarse de manera activa a las presiones y demandas del
ambiente.

El modelo está compuesto por cinco elementos o componentes: (1) componente


intrapersonal: implica la autoconciencia emocional, la habilidad para manejar,
controlar y gestionar emociones propias; (2) componente interpersonal: que reúne la
habilidad de saber comprender y relacionarse con otros, la empatía; (3) componente de
manejo de estrés: implica la capacidad para tolerar presiones y controlar sus impulsos;
(4) componente de estado de ánimo: involucra la habilidad de tener una visión positiva
y optimista; y (5) componente de adaptación-ajuste: constituido por la habilidad para
evaluar correctamente la realidad, adaptarse a los cambios y ajustarse de manera
eficiente a nuevas situaciones y resolver problemas de naturaleza personal y social.

En otro orden, Bar-On dividió las capacidades emocionales en dos tipos principales: (1)
las capacidades básicas, que son esenciales para la existencia de la IE: la
autoevaluación, la autoconciencia emocional, la asertividad, la empatía, las relaciones
sociales, el afrontamiento de presiones, el control de impulsos, el examen de realidad, la
flexibilidad y la solución de problemas; y (2) las capacidades facilitadoras, que son el
optimismo, la autorrealización, la alegría, la independencia emocional y la
responsabilidad social .

Todos los elementos se encuentran interrelacionados entre sí. Por ejemplo, la


asertividad depende de la autoseguridad; mientras que la solución de problemas
depende del optimismo, del afrontamiento de las presiones y de la flexibilidad.

9.2.3. Modelo de rasgo de Petrides y Furnham

Este modelo surge de las distinciones entre los dos conceptos de IE como habilidad y
como rasgo. La teoría presentada por Petrides y Furnham (2001) se refiere a la IE rasgo
o “autoeficacia emocional”, como una integración de autopercepciones y de
disposiciones de carácter emocional. Incluye varios rasgos de personalidad, como la
empatía, la impulsividad y la asertividad. También abarca en forma de habilidades
autopercibidas elementos de la inteligencia social y de la inteligencia personal.

La IE rasgo es medida a través de autoinformes y pertenece al ámbito de la


personalidad. Petrides y Furnham crearon un instrumento de medida de la IE rasgo: el

39
TRIQue (Trait Emocional Intelligence Questionnaire). El objetivo que persiguen es
proporcionar una comprensión científica sobre la operativización de la emoción que se
relaciona con diferencias individuales a lo largo de la vida.

Creemos que la investigación en esta área seguirá generando resultados relevantes que
en un futuro próximo aportarán cambios significativos en los principales ámbitos de la
psicología aplicada: psicología clínica y de la salud, psicología del trabajo y
organizaciones, y psicología del desarrollo y la educación.

Insertar Tabla13

40
Tabla 1

Características básicas de la teoría de James


- Es una teoría periférica. Explica la experiencia emocional por medio de la actividad de
órganos periféricos
- Considera que las conexiones aferentes y eferentes entre órganos periféricos y el córtex
son directas, sin que intervenga ningún mecanismo mediador
- Es una teoría diseñada para explicar el sentimiento emocional más que el
comportamiento emocional

Tabla 2

Las aportaciones de LeDoux pueden resumirse en los siguientes puntos:

- La emoción no es un fenómeno o proceso unitario. Consta de aspectos de evaluación,


expresivos y experienciales.
- La evaluación del significado emocional de los estímulos sensoriales, tanto externos
como internos al organismo, ocurre de forma inconsciente en las neuronas límbicas,
siendo la amígdala el núcleo del sistema de la codificación emocional.
- La evaluación del estímulo juega un papel causal en la expresión de los cambios en la
conducta emocional y en las respuestas autonómicas concomitantes.
- La experiencia emocional consciente está mediatizada por sistemas de procesamiento
cognitivo y tiene lugar cuando los sistemas cognitivos reciben información emocional.
- Las fuentes de información emocional que necesita el procesamiento cognitivo
incluyen el feedback de los músculos periféricos y de los órganos activos durante la
expresión, la observación de la propia conducta y del contexto en que esta ocurre y, más
directamente, las señales procedentes de las neuronas límbicas, que codifican la
significación emocional.
- Los mecanismos que evalúan la significación de los estímulos son filogenéticamente
antiguos y están ampliamente distribuidos en todo el reino animal.
- Los mecanismos que intervienen en la experiencia emocional son filogenéticamente
recientes. Parecen estar presentes principalmente en los seres humanos y pueden estar
ligados al desarrollo del lenguaje y al de los procesos cognitivos relacionados.

41
Tabla 3
El modelo de Lazarus postula que en la reacción emocional pueden observarse varios
momentos:
a. en un primer momento se evalúan las consecuencias positivas o negativas de una
situación determinada (valoración primaria).
b. Posteriormente se analizan los recursos que se poseen para hacer frente a dicha
situación (valoración secundaria).

La cualidad de la reacción emocional es consecuencia directa de los procesos de


valoración cognitiva y cada evaluación conduce a un tipo de emoción, manifestada por
una tendencia a la acción y expresión características.

Tabla 4
Atribuciones causales y estado emocional evocado en función del éxito o fracaso en la
consecución del objetivo pretendido con la conducta
A. Éxito, consecución del objetivo pretendido
Atribución causal Estado emocional evocado
Esfuerzo Relajación
Habilidad Sentirse orgulloso
Suerte Sorpresa
A terceras personas Gratitud
Dificultad de la tarea Sentirse orgulloso
B. Fracaso, no consecución del objetivo pretendido
Atribución causal Estado emocional evocado
Esfuerzo Vergüenza, culpa.
Habilidad Incompetencia
Suerte Sorpresa
A terceras personas Ira
Dificultad de la tarea Resignación

42
Tabla 5

Postura cognitivista vs postura biologicista. ¿Existe realmente un enfrentamiento?

Una de las controversias teóricas más destacables en el estudio de la emoción es el


debate generado acerca de la relevancia de la cognición y de los fundamentos
fisiológicos en la génesis de emociones, o de la primacía de una sobre otra.
Quienes defienden posturas cognitivistas argumentan que los procesos cognitivos son
necesarios para que se produzca una emoción, que sin dicha actividad cognitiva no se
produciría emoción alguna y que cualquier reacción que se evocara carecería del
componente afectivo
Para quienes defienden posturas biologicistas, la emoción puede evocarse sin tener en
cuenta los aspectos cognitivos, y ello se pone de manifiesto en los casos en los que se
estimulan ciertas estructuras subcorticales, como el sistema límbico, o en los que se
generan emociones por el mero hecho de una expresión facial característica, tal y como
defiende la hipótesis del feedback facial
En este aspecto, la controversia más conocida quizá sea la que se estableció entre
Zajonc y Lazarus. Mientras que para Lazarus lo esencial son los procesos de valoración
y reevaluación, para Zajonc los procesos cognitivos no siempre son necesarios y pueden
producirse reacciones afectivas sin el concurso de los mismos, apelando simplemente a
reacciones fisiológicas.
Pero la mencionada oposición no es tal si tenemos en cuenta que en ocasiones los
modelos parece que no están tratando de los mismos fenómenos, que manejan
conceptos distintos y metodologías de estudio diferentes, pero que cuando abordan una
misma cuestión las coincidencias son mucho más abundantes que las discordancias, al
tiempo que la diferencia fundamental estriba simplemente en la relevancia que otorgan a
cada uno de los procesos, primando en un caso los aspectos cognitivos y en otro los
fisiológicos y conductuales

43
Tabla 6

Las emociones primarias

MIEDO Tendemos hacia la protección

SORPRESA Ayuda a orientarnos frente a la


nueva situación

ASCO Nos produce rechazo hacia aquello


que tenemos delante

IRA Nos induce hacia la defensa o la


destrucción

ALEGRÍA Nos induce hacia la reproducción


(deseamos reproducir aquel suceso
que nos hace sentir bien)

TRISTEZA Nos motiva hacia una nueva


reintegración personal

Tabla 7

Emocion Función adaptativa

PRIMARIAS NEGATIVAS Miedo Protección


Ira Defensa, destrucción

Tristeza Reintegración personal


Asco Rechazo

POSITIVAS Alegría Afiliación, reproducción

NEUTRAS Sorpresa Exploración, orientación

SECUNDARIAS NEGATIVAS Ansiedad

Hostilidad

POSITIVAS Amor
Cariño
Humor

44
Tabla 8

Ejemplos de enfermedades consideradas clásicamente como trastornos


psicofisiológicos en las que se ha centrado un buen número de investigaciones en el
campo de las emociones

Trastornos cardiovasculares: hipertensión arterial, arritmias, infarto


Trastornos respiratorios: asma bronquial, síndrome de hiperventilación
Trastornos endocrinos: hipertiroidismo, hipotiroidismo, enfermedad de Addison,
síndrome de Cushing, alteraciones de las glándulas paratiroides, hipoglucemia,
diabetes.
Trastornos gastrointestinales: trastornos esofágicos, dispepsia no ulcerosa, úlcera
péptica, síndrome de intestino irritable, colitis ulcerosa, enfermedad de Crohn.
Trastornos dermatológicos: pruito, urticaria, dermatitis atópica, alopecia areata.
Dolor crónico: lumbalgias, cefaleas, dolor pre-menstrual, fibromialgia, artritis
reumatoide

Tabla 9

Clasificación de los Trastornos de ansiedad en el DSM-IV-TR.


300.01 Trastorno de angustia sin agorafobia
300.21 Trastorno de angustia con agorafobia
300.22 Agorafobia sin historia de trastorno de angustia
300.29 Fobia específica
300.23 Fobia social
300.3 Trastorno obsesivo-compulsivo
309.81 Trastorno por estrés postraumático
308.3 Trastorno por estrés agudo
300.02 Trastorno de ansiedad generalizada
293.84 Trastorno de ansiedad debido a enfermedad médica
Variable Trastorno de ansiedad inducido por sustancias
300.00 Trastorno de ansiedad no especificado

45
Tabla 10

Clasificación de los Trastornos del estado de ánimo en la DSM-IV-TR


Episodios afectivos
Episodio depresivo mayor
Episodio maníaco
Episodio mixto
Episodio hipomaníaco
Trastornos depresivos
296.xx Trastorno depresivo mayor
300.4 Trastorno distímico
311 Trastorno depresivo no especificado
Trastornos bipolares
296.xx Trastorno bipolar I
296. 89 Trastorno bipolar II
301.13 Trastorno ciclotímico
296.80 Trastorno bipolar no especificado
Otros trastornos del estado de ánimo
293.83 Trastorno del estado de ánimo debido a enfermedad médica
29x.xx Trastorno del estado de ánimo inducido por sustancias
296.90 Trastorno del estado de ánimo no especificado

46
Tabla 11

1. Percepción, valoración y expresión emocional


Habilidad para identificar Habilidad para identificar Habilidad para expresar Habilidad para discriminar
la emoción en los estados emociones en otros, en emociones adecuadamente entre expresiones precisas
físicos, sentimientos y obras de arte o a través del y expresar las necesidades o imprecisas, u honestas
pensamientos en uno lenguaje, sonido, relacionadas con esos vs deshonestas, de las
mismo apariencia o conducta sentimientos emociones
2. Facilitación emocional del pensamiento
Las emociones priorizan el Las emociones son tan El humor cambia la Los estados emocionales
pensamiento al dirigir la intensas y disponibles que perspectiva del individuo estimulan afrontar
atención a la información pueden ser generadas desde el optimismo hasta diferencialmente
importante como ayuda del juicio y de el pesimismo, problemas específicos
la memoria sobre los favoreciendo la tales copmo cuando la
sentimientos consideración de múltiples felicidad facilita el
puntos de vista r razonamiento inductivo o
la creatividad
3. Comprender y analizar las emociones empleando el conocimiento emocional
Habilidad para etiquetar Habilidad para interpretar Habilidad para Habilidad para reconocer
emociones y reconocer las los significados que las comprender sentimientos las transiciones entre
relaciones entre las emociones conllevan complejos, sentimientos emociones como la
palabras y las emociones respecto a las relaciones, simultáneos como amor y transición de la ira a la
mismas tales como la tales como que la tristeza a odio o mezclados como el satisfacción o de la ira a la
relación entre gustar y menudo e precedida de miedo y la sorpresa en el vergüenza
amar una pérdida temo
4. Regulación reflexiva de las emociones para promover el crecimiento emocional e intelectual
Habilidad para estar Habilidad para atraer o Habilidad para Habilidad para regular las
abiertos a los sentimientos distanciarse monitorizar emociones en uno mismo
tanto placenteros como reflexivamente de una reflexivamente las y en otro mitigando las
displacenteros emoción dependiendo de emociones en relación a emociones negativas e
su información o utilidad uno mismo y a otros intensificando las
placenteras sin reprimir o
exagerar la información
que se trasmite

Modelo de las cuatro etapas de Salovey y Mayer (2007). En cada etapas, las habilidades que se encuentran en los
cuadros situados hacia la izquierda, son las que emergen más pronto en el desarrollo y las que aparecen más tarde se
orientan hacia la parte derecha

47
Tabla 12

Modelo de las competencias emocionales de Goleman

Habilidades emocionales

Autoconciencia emocional: reconocimiento de nuestras emociones y sus efectos


- Acertada autoevaluación: conocimiento de nuestras fortalezas y limitaciones
- Autoconfianza: un fuerte sentido de nuestros méritos y capacidades
Autodirección
- Autocontrol: control de nuestras emociones destructivas e impulsos
- Fiabilidad: muestra de honestidad e integridad
- Conciencia: muestra de responsabilidad y manejo de uno mismo
- Adaptabilidad: flexibilidad en situaciones de cambio u obstáculos
- Orientación de logro: dirección para alcanzar un estándar interno de excelencia
- Iniciativa: prontitud para actuar.
Aptitudes sociales
- Influencia: tácticas de influencia interpersonal
- Comunicación: mensajes claros y convincentes
- Manejo de conflicto: resolución de desacuerdos
- Liderazgo: inspiración y dirección de grupos
- Cambio catalizador: iniciación y manejo del cambio
- Construcción de vínculos: creación de relaciones instrumentales.
Relaciones de dirección
- Trabajo en equipo y colaboración
- Creación de una visión compartida en el trabajo en equipo
- Trabajo con otros hacia las metas compartidas

Tabla 13

Modelo de rasgos de Petrides y Furnham


Los quince rasgos que definen la inteligencia emocional
Satisfacción vital o felicidad Manejo de estrés
Optimismo Asertividad
Autoestima Baja impulsividad
Automotivación Competencia social
Auto regulación emocional Habilidades de relación
Regulación emocional interpersonal Expresión emocional
Adaptabilidad Empatía
Percepción emocional

48
Grafico 1

Amor
Felicidad
Alegria

Relajación Humor
Valencia afectiva

Sorpresa Orgullo
Aburrimiento

Culpa
Tristeza Ansiedad
Vergüenza
Hostilidad
Celos
Depresión Asco
-

Miedo Ira

- Activacion +

49
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53
RESUMEN

En el presente capítulo, se lleva a cabo un recorrido por las distintas teorías de las
emociones que incluye las diversas perspectivas: (a) evolucionistas: con Darwin como
principal punto de referencia; (b) psicofisiológicas: seguidoras de la tradición de James;
(c) neurológicas: cuyos desarrollos teóricos arrancan de Cannon y llegan a LeDoux y
Damasio; (d) conductistas: que enfatizan procesos de condicionamiento, como Watson
pusiera de manifiesto a principios del siglo XX; y (e) cognitivas: que han ido otorgando
relevancia a una gran variedad de procesos cognitivos implicados en la respuesta
emocional.
La emoción es un proceso psicológico adaptativo cuya finalidad es reclutar y coordinar
al resto de los procesos psicológicos, cuando determinadas condiciones de la situación
exigen una respuesta rápida y efectiva para ajustarse a los cambios producidos en el
medio ambiente. Las emociones alteran el resto de los procesos psicológicos, cargan de
afecto la percepción, dirigen la atención, activan la memoria, movilizan cambios
fisiológicos, planifican acciones, cargan de sentido la comunicación verbal y no verbal,
motivan a la acción, etc.
Las emociones cumplen tres funciones principales: adaptativa, social y motivacional.
Así mismo, pueden clasificarse de dos formas diferentes: de manera dimensional y de
modo discreto o específico.
El estudio dimensional de las emociones las clasifica atendiendo a dimensiones
generales que definen el mapa de todas las posibles emociones que pueden ser
desplegadas. Puede dar explicación de un número casi infinito de estados emocionales y
proporciona un esquema para delimitar similitudes y diferencias entre emociones. El
estudio de las emociones específicas parte de la existencia de características únicas y
distintivas para cada categoría, definiendo emociones discretas, como el miedo, la ira,
etc.; diferenciándose a su vez entre emociones primarias y secundarias; y entre
emociones positivas y negativas.

Posteriormente, el capítulo aborda algunas áreas de desarrollo actual de la psicología de


la emoción: emociones y salud e inteligencia emocional.

Las reacciones emocionales, como la ansiedad, la ira, o la tristeza, presentan correlatos


fisiológicos que son el resultado de complejos mecanismos, que bajo la influencia del

54
sistema nervioso afectan a las secreciones glandulares, los órganos y tejidos, los
músculos y la sangre. Son imnumerables los estudios que muestran la relación entre
factores emocionales y trastornos tales como los de tipo cardiovascular, digestivos e
incluso los derivados de un mal funcionamiento del sistema inmunológico, como el
cáncer. El mejor campo de estudio de esta relación ha sido, y sigue siendo, el de los
denominados clásicamente trastornos psicosomáticos, o desde una conceptualización
más reciente, trastornos psicofisiológicos. Los trastornos psicofisiológicos han sido
definidos tradicionalmente como aquellos que presentan una clara evidencia de
enfermedad orgánica, a la vez que una proporción significativa de sus determinantes son
de índole psicológica. Nos encontramos, por tanto, ante trastornos caracterizados por la
existencia de síntomas físicos o disfunciones en varios órganos del cuerpo,
estrechamente relacionados con factores psicológicos.

La influencia de las emociones se deja sentir tanto en el ámbito de la salud en general


como en el más específico de la psicopatología. Realmente podríamos incluso hablar de
una psicopatología de las emociones ya que no es casual que los dos grandes grupos de
trastornos que derivan directamente de ellas ocupen los primeros lugares en el ranking
de prevalencia de las distintas psicopatologías: los trastornos de ansiedad y los
trastornos del estado de ánimo o depresivos. Sirva como ejemplo el dato que se
presentaba en el curso monográfico sobre “Las Depresiones” impartido en el Ministerio
de Sanidad y Consumo (Madrid, 13-14 de marzo de 1998), donde ya se señalaba que
solamente los problemas de ansiedad y depresión, o ambos a la vez, suponían más del
80% de los casos que buscan ayuda en las consultas psicológicas y/o psiquiátricas de
nuestro país.

Por otro lado, respecto a la inteligencia emocional, Salovey y Mayer publicaron un


artículo en 1990 en el que apareció por primera vez el término “inteligencia emocional”,
que se definía como “la capacidad para supervisar los sentimientos y las emociones de
uno mismo y de los demás, de discriminar entre ellos y de usar esta información para la
orientación de la acción y el pensamiento propios”. Pero no fue hasta 1995 cuando
emergió y llegó a toda la sociedad, tras la publicación del best-seller “La inteligencia
emocional” del psicólogo y periodista Daniel Goleman, quien destacaba la relevancia de
la inteligencia emocional por encima del CI para alcanzar el éxito tanto profesional
como personal.

55
En un principio Slovey y Mayer definían la inteligencia emocional (IE) como un tipo de
inteligencia social que incluye: (1) la capacidad de entender y supervisar nuestras
emociones y las de los demás y (2) la capacidad de discriminar entre las emociones y
usar dicha información para guiar nuestro pensamiento y nuestros comportamientos.
Posteriormente, y dando más énfasis a los aspectos cognitivos, concibieron la IE como
una inteligencia genuina basada en el uso adaptativo de las emociones y su aplicación a
nuestro pensamiento. Esta definición conecta inteligencia y emoción, cognición y
emoción, ya que expresa la idea de que la emoción hace pensar más “inteligentemente”.

En los últimos años se han desarrollado distintos modelos de IE, pudendo distinguir
tres categorías: modelos de capacidad o habilidades, como el de Salovey y Mayer;
modelos mixtos como los de Goleman y Bar-On ; y modelos de rasgo como el de
Petrides.

Creemos que la investigación en esta área seguirá generando resultados relevantes que
en un futuro próximo aportarán cambios significativos en los principales ámbitos de la
psicología aplicada: psicología clínica y de la salud, psicología del trabajo y
organizaciones, y psicología del desarrollo y la educación.

56
Glosario de términos

Activación: hace referencia a una dimensión de tipo fisiológico subyacente a la


conducta emocional. La activación proporciona la fuerza o energía básica para llevar a
cabo una conducta.

Afrontamiento: esfuerzos cognitivos y conductuales dirigidos a hacer frente a las


demandas externas y/o internas que sobrepasan los recursos del individuo.

Arousal: activación general fisiológica y psicológica del organismo.

Asertividad: habilidad personal que permite expresar de forma adecuada las


emociones.

Autoregulación emocional: capacidad personal para regular los estados emocionales.

Comorbilidad: presencia de uno o más trastornos de forma simultánea.

Coping: estrategias de afrontamiento.

Empatía: identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro.

Epidemia: enfermedad que se propaga durante algún tiempo afectando


simultáneamente a gran número de personas.

Epidemiología: disciplina científica que estudia las epidemias.

Fenomenología: disciplina que estudia la relación que hay entre los hechos
(fenómenos) y el ámbito en el que se hace presente esta realidad (conciencia)

Filogenética: perteneciente o relativo a la filogenia. Origen o desarrollo evolutivo de


las especies y en general de los seres vivos.

Hipersomnia: somnolencia excesiva.

Homeostasis: tendencia a la estabilización y equilibrio del organismo relacionados con


los procesos fisiológicos. Se refiere al mantenimiento de las constantes del medio
interno frente a las perturbaciones a las que se ve sometido el organismo, ya sean
externas o internas.

Interoceptivo: sensaciones causadas por estímulos iniciados en los órganos internos.


Señales que llegan del medio interno del organismo.

Morbilidad: proporción de personas que enferman en un sitio y tiempo determinado.

Ontogenética: perteneciente o relativo a la ontogenia. Etapas del desarrollo genético


del individuo.

Patrón de respuesta: forma característica de reacción y respuesta ante los estímulos.

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Prevalencia: proporción de personas que sufre una enfermedad con respecto al total de
la población en estudio.

Propioceptivo: sistema que nos proporciona información sobre el funcionamiento de


músculos, tendones y articulaciones, participa regulando la dirección y rango de
movimiento; y permite reacciones y respuestas automáticas para la supervivencia.

Sistema límbico: sistema formado por varias estructuras cerebrales que gestionan
respuestas fisiológicas ante estímulos emocionales.

Tálamo: núcleos del sistema nervioso que intervienen en la regulación de la


sensibilidad y activación de los sentidos.

Viceroceptivas: sensaciones también llamadas cenestésicas o viscerales. Aportan


información acerca del estado de los órganos internos.

Vulnerabilidad: Disposición de una persona o grupo para anticipar, sobrevivir, resistir


y recuperarse de una amenaza.

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