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Pablo Andrés Ortiz Gutiérrez – 2532696

Seminario teórico sobre el Estado Colonial – Heraclio Bonilla Mayta.


Universidad Nacional de Colombia

EL ESTADO EN ESPAÑA COLONIAL: De monarquías compuestas a policentricas.


La instauración de colonias por parte de los reinos de España en territorios de ultramar,
representa ciertas dificultades de carácter teórico para explicar el ejercicio del poder.
Tomando en cuenta las dificultades físicas y conceptuales que represento el descubrimiento
de un continente nuevo que desencadeno un verdadero cambio técnico en la manera en que
se conectaba el mundo, con la creación de rutas comerciales alternas ante la evidencia del
océano pacifico, con esto, la aparición de nuevos habitantes, denominados bajo el apelativo
de indios, que poseían sin lugar a dudas formas diferentes de concebir el mundo, llegaron a
generar confusiones dialécticas sobre si debían ser interpretados como seres humanos o como
bestias; estas dificultades ontológicas, derivaron en interpretaciones en el terreno religioso
sobre la necesidad de aplicar la práctica kerigmatica o no, y se enlazaron estrechamente con
los intereses económicos que buscaban apropiar mano de obra para suplir las necesidades
que las nuevas colonias representaban.

Ante este cambio en las estructuras mentales de los seres humanos, y la expansión tan extensa
de un imperio español que se extendía mas allá de los limites mismos del “Mar océano” como
consecuencia progresiva a la expulsión de los moros en 1492 del último bastión en Granada
resultado de la unión de las coronas de Aragón y Castilla, surge la pregunta de cómo se
estructura un Estado en este sentido y que categorías teóricas pueden aplicársele. Teniendo
la idea consensualmente aceptada por la historiografía del Estado Colonial que establece la
jerarquía de los centros y las periferias, el presente ensayo pretende analizar por medio de un
breve esbozo, las teorías académicas que viene surgiendo en los últimos años y que han
dinamizado las perspectivas en relación a este proceso, que conllevo al abandono parcial de
la idea inicial de una historia consensuada de España y que empezó a generar
interpretaciones del surgimiento del imperio de ultramar a raíz de las subdivisiones políticas
de las cortes que se presentaron.

Planteamos entonces las dos ideas enfrentadas, que han predominado hasta el momento en
las interpretaciones derivadas de esta coyuntura: En primer lugar, una corriente encabezada
por el historiador inglés John Elliot (que a su vez se apoya en el teórico alemán, Helmut
Koenigsberger) menciona el concepto de monarquía compuesta, que interpreta a las
diferentes coronas como unificadas en torno a la figura política de un soberano; en este
sentido, pese a no poderse constituir como un Estado uniformemente administrado bajo un
dominio central, si evidencia un proceso vinculatorio entre los diferentes poderes, basado en
lo que podríamos denominar como un contrato acordado entre el rey y las elites locales. Esto
abre la discusión a diferentes cuestiones anexas que pretendemos desarrollar más adelante,
relacionadas con el ejercicio real o no de la soberanía, argumentada sobre la legitimación que
tiene el soberano sobre los territorios en cuestión.
En un segundo aspecto se encuentra la teoría de las monarquías policentricas (reciente
todavía, dado que se aventuró al mundo académico en el 2012 por medio de una compilación
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de ensayos, presentados en el libro Polycentrics Monarquies, planteando nuevos enfoques


que se han ido fortaleciendo, avanzando en sus cuestiones metodológicas y teóricas de
aplicación en el campo de la historia del periodo colonial) que presenta como precursores a
importantes autores como el historiador francés Jean – Frédéric Schaub o el académico
español Enrique Soria, que plantean la necesidad de abandonar la idea de un poder
centralizado y entender las relaciones políticas del mundo moderno entorno a un ajedrez
multicentrico desde donde derivan relaciones complejas de mando distando
considerablemente de la tendencia hacia la interpretación de Centro – Periferia.

Antes de ahondar en estas cuestiones es necesario aclarar que, dada las dimensiones del
presente texto, este solo se centrará en el desarrollo histórico hispano durante el periodo
comprendido por los tres siglos de dominación colonial, y pese a que se mencionará
levemente algunas referencias al Brasil, no se extenderá hacia los territorios británicos,
portugueses o franceses. Es necesario mencionar también que el presente esbozo no podrá
verse limitado a la mera descripción o encasillamiento en lo que podemos considerar como
historia colonial americana, sino que tendrá que recurrir necesariamente a los procesos que
se desencadenan durante el periodo de la edad moderna en los territorios de la península
ibérica como consecuencia histórica de la edad media a raíz de la extensión del dominio
Islámico en el mar mediterráneo. Es evidente, que la necesidad de comprender las cuestiones
aquí planteadas en la reconstrucción y comprensión de lo que fue el periodo colonial, nos
conducirán a profundizar en estas cuestiones, en disertaciones posteriores.

Monarquía Compuesta: La teoría de la unificación política de las cortes.


Antes de la llegada de Colon al nuevo mundo en 1492, la península ibérica se encontraba
configurada políticamente entorno a la unión de diferentes coronas dado el proceso de
reconquista como consecuencia de la expulsión paulatina de los moros. Es necesario en este
punto recalcar la diferenciación que hace Matthias Gloël del concepto de corona y reino, por
su parte, dirá que la definición de Corona no puede limitarse sencillamente a un título
nobiliario, sino que debe entenderse como una conjunción de reinos que son conferidos por
herencia aun rey y que como tal debe transferir en su unidad inalterada a su sucesor.
En torno a este aspecto podemos analizar la consolidación de las tres coronas peninsulares
más importantes previas a la unión matrimonial de Fernando e Isabel (Mejor conocidos como
los reyes católicos). Las victorias consecutivas que la empresa de la expulsión de los moros
se iba agendando permitió consolidar la unificación de los diferentes territorios de la
península Ibérica. Así la corona de Aragón se constituyó bajo los territorios de Mallorca,
Ibiza, Menorca, Valencia y Barcelona, mientras que la corona de Castilla quedo configurada
en las regiones de León, Navarra, Granada, Toledo, Galicia, Murcia, Jaén, Córdoba, Sevilla,
una parte de los Algarves, Algeciras, Gibraltar, las islas de Canaria, Vizcaya y Molina, y a
su vez, finalmente, la corona de Portugal, que se organiza en torno a la unificación de
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Portugal la zona restante de los Algarves, algunas regiones de Etiopia, Arabia, Persia, India
y las costas Africanas.
En contraste con lo mencionado anteriormente con la distinción entre corona y reino, Gloël
mencionara en referencia a Sánchez Prieto, y su texto “La infibulación diplomática de los
Reyes Católicos: un programa político y una lección histórica”, que los contemporáneos del
siglo XIV anunciaban claramente que los reinos “en ningún tiempo sean ni puedan separarse
[…] ni enajenarse ni ser dad(o)s a feudo, ni en propiedad con título de renta perpetua, ni por
absolución, ni por hijo, ni por hija, ni por alguna otra manera, antes al contrario sean para
siempre junt(o)s y queden para el Señor Rey”. Es fácil intuir entonces, que la unión de reinos
entorno a las diferentes coronas pretendía ser legitimada en la posición centralizada del
monarca y que se buscaba la permanencia de esta dinámica. Este manejo político, tendrá su
continuidad cuando a finales del siglo XV se de la unión de las coronas de Aragón y Castilla,
y que terminaran configurando el ajedrez político que vendría a implantarse en el nuevo
mundo y que derivara incluso en territorios tan extensos que llegaran a incluir a Nápoles,
Cerdeña y Sicilia.

En este orden de ideas podemos introducirnos en las dinámicas propias de las colonias
americanas, aquí nos interesa analizar la manera en la que el dominio del rey ubicado al otro
lado del Atlántico se hacía efectivo. Las diversas instituciones que se estructuraron como
mecanismo de representación del monarca en territorios de ultramar, basaron su
funcionamiento de acuerdo a los niveles de complejidad de las sociedades nativas aquí
encontradas; así en los territorios del imperio Tenochca (Descrito por Pedro Carrasco en su
libro Estructura político-territorial del Imperio Tenochca como el pacto entre Tenochtitlán,
Tetzcoco y Tlacopan) o el Tahuantiunsuyo (Conocido popularmente como Imperio Inca) se
implanto rápidamente un virreinato que supo aprovechar la complejidad de las estructuras
indígenas precolombinas. Por su parte en cambio, las regiones de relativa complejidad menor
como la Nueva Granada o el Rio de la Plata, no vieron la aplicación efectiva de estas
dinámicas sino hasta inicios del siglo XVIII.

Es menester reconocer que el cargo de virrey no representaba un poder absoluto, sino que
respondía a ordenes legislativas desde la metrópoli. Así, en cierta manera, pese a que el
soberano era un rey ausente como lo menciona Elliot, las dinámicas mismas de la sociedad
permitían que esto no fuera un obstáculo para establecer un dominio efectivo de España que
contribuyera materialmente al acrecentamiento de sus arcas, aunque fuera parcialmente. A
pesar del asiduo fenómeno del contrabando y el corso que desviaron la gran parte la riqueza
americana hacia manos de otras potencias imperiales, podemos evidenciar que la defensa del
territorio se hacía en nombre de la figura del rey y en función clara del ejercicio de su
soberanía. Recordemos las veces que fue sitiada Cartagena a manos de piratas y filibusteros
franceses e ingleses, es claro que la construcción ideológica de la población, reclamaba el
dominio legitimo para el monarca y su derecho natural de gobernarlo, en función de la ya
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mencionada característica de las coronas de no ser expropiadas por ningún motivo, sino por
el contrario conferidas en carácter hereditario, de generación a generación.

Podemos observar que en teoría se daba una centralización tal y como Elliot menciona en su
ensayo Una Europa de Monarquías Compuestas (Titulo de la traducción al español,
originalmente en ingles este mismo texto se denomina A Europe of Composite Monarchies),
sin embargo, al contrastar estas categorías con lo que en la práctica sucedía, podemos
encontrar una relación mucho más dinámica y compleja entre los intereses de las elites
locales y los planteamientos desde la corona ubicada lejos de tierras americanas, atravesando
el “Mar océano”.

Monarquía Policentrica: La teoría de la independencia política de las cortes


Al analizar a profundidad las practicas legislativas de los diferentes reinos podemos
evidenciar una desarticulación entre las concepciones teóricas que mencionamos
anteriormente y lo que sucedía en realidad. Es necesario entender que si bien una corona es
entendida como la unión de varios reinos, lo que se configuro como la monarquía española
se dio a través de la unión de varias coronas articuladas entorno a la figura de las cortes. En
este sentido, si bien para Gloël en la corona el soberano que centraliza el poder, debe mediar
con los intereses de las diversas elites locales, al unificar las diferentes coronas, este pacto se
hacía mucho más complejo y frágil. El reconocimiento entonces de personalidades como
Fernando e Isabel como cabezas unificadoras de las diversas coronas peninsulares y de
ultramar se daba solo si no interfería con los diversos intereses de los reinos y territorios
particulares.

Esto lo podemos evidenciar claramente en el intento fallido de unir la corona de Portugal en


una alianza con castilla y Aragón dados los relevos dinásticos que terminaron por consolidar
en Felipe II de Castilla en 1580 el derecho a las tres coronas de la península. Sin embargo,
quien se convertiría en Felipe I de Portugal aseguraría su legitimidad al jurar ante las cortes
de Tomat mantener a Portugal independiente de los funcionamientos legislativos de Castilla
y Aragón, promesa que en efecto cumplió, afirmando además a sus vasallos portugueses que
su procedencia no era extranjera, y que por lo tanto mantendría intactos los intereses de la
corona. En este sentido entra en discusión el problema de la legitimidad, recordemos el
proceso gestado a inicios del siglo XIX, que garantizo la independencia definitiva de las
tierras americanas con relación a España. Esta coyuntura que estalla como resultado de un
complejo proceso previo derivado la subida al trono de la casa de los borbones tras la guerra
de sucesión española, conllevo a una serie de reformas decretadas para asegurar un mayor
control sobre los territorios americanos. Estas decisiones legislativas enrarecerían el
ambiente social y gestarían una serie de levantamientos en contra del dominio español que
pese a ser paulatinamente aplastados demostrarían el inicio del proceso de emancipación.
Mencionamos este hecho de carácter al parecer anecdótico por la razón, de que su desarrollo
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se complejiza cuando notamos que lo que gritan las turbas enardecidas es “Arriba el rey y
abajo el mal gobierno”. ¿Qué significaba entonces este lema que parece representar una
dicotomía entre la petición del pueblo y la realidad política que atravesaban? Para responder
a este interrogante debemos analizar la manera en la que se concebían los americanos y el
papel que pensaban jugaban en relación con el funcionamiento de la monarquía.

En los documentos, podemos ver representada la metáfora de la monarquía como un cuerpo


de partes esenciales aglutinadas en torno a un centro específico. Así, por ejemplo, el
virreinato de Nueva España podía concebirse como los pulmones, mientras que Castilla seria
el corazón o la cabeza. Esta concepción intrínseca en el imaginario no se refería por tanto a
Castilla como una corte sostenida en diferentes estamentos, sino a la figura particular del rey.
La dominación colonial no se da entonces por medio del ejercicio de la fuerza, sino por medio
de la inclusión pactada de los intereses de las diversas colonias, ya que como mencionara
Elliot: “El mantenimiento de un ejército de ocupación era no sólo un asunto costoso, como
descubrieron en Irlanda los ingleses, sino que además podía ir en contra de la misma política
de integración que trataba de seguir la corona”. La legitimación del poder monárquico se
estructura así entorno a un poderoso constructo ideológico que ignorara el dominio de la
corona como orden Estatal, y lo fijara en el rey como poder individual. En este sentido, en el
momento en el que las reformas borbónicas quiebran el frágil pacto con las elites locales,
todo el edificio colonial se desmorona hasta su completa erradicación en 1810.

La famosa frase “Se acata, pero no se cumple” evidencia la desarticulación que las ordenes
legales emitidas desde un aparente centro en Madrid, tienen con las políticas aplicadas en la
práctica del nuevo mundo. La decisión de los virreinatos además de estar contrastadas con
las opiniones de múltiples poderes vinculados en la escena (como la iglesia o el creciente
valor de los mestizos), evidencia así la presencia de focos de poder representados en las
coronas que lidian con intereses locales y que se articulan finalmente entorno a la figura del
rey, pero que a fin de cuentas tienden a tener relativa autonomía política dado además el
ausentismo del monarca y la dificultad de comunicar una orden expedita. Vemos cómo, pese
a que la corona de castilla enviaba visitadores para hacer cumplir una orden central; en
territorio americano carecían de legitimidad y perdían autoridad, siendo estos, muchas veces
encarcelados o devueltos a España con el mensaje de que la orden no era beneficiosa para los
dominios del Virrey o de la Real Audiencia, que mejor conocimiento tenían del terreno
político.

En ese orden de ideas, es claro que el Estado Colonial, no correspondía a una unificación
centralizada de coronas entorno a una monarquía compuesta, que respondía al manejo de
castilla, sino que se trata de una articulación de coronas con relativa autonomía en las
decisiones políticas y que tratan bajo la figura del rey, de mediar con los diversos intereses
de las elites locales, en función de legitimar la soberanía de un imperio de ultramar. En otras
palabras, la monarquía española durante el periodo central no representa un poder
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centralizado sino la articulación de múltiples focos de mando. Es esta entonces la teoría de


la monarquía policentrica, que plantea la metáfora de entender a la monarquía Hispana como
una Hidra con varias cabezas que se extienden en el terreno político, en contraposición de la
idea de Hobbes del Leviatán como un monstruo poderoso y soberano.

Conclusiones
Por medio de las diferentes teorías planteadas en este breve ensayo hemos podido entender
las relaciones políticas que derivan del dominio colonial Hispano en las diversas colonias en
territorio americano. Pese a que nos inclinamos más hacia la teoría de monarquías
policéntricas, es necesario mencionar que se trata de una teoría aun en desarrollo que en
cuestiones profundas en cuanto a los vínculos de legitimidad entre las diferentes coronas
tiene aún mucho que desarrollar. Es inevitable pensar aun, que el hecho de que las diferentes
conglomeraciones de reinos se legitimen entorno a la figura del rey como soberano contiene
una compleja carga ideológica que sin lugar a dudas trastoca los parámetros materiales de la
realidad. En este orden de ideas la teoría de una monarquía compuesta no puede ser
descartada completamente, dado que aún puede ser aplicados en los esquemas mentales de
la sociedad. Es entonces, el mayor aporte de estas concepciones, la idea de la necesaria
comprensión del periodo colonial como un complejo de relaciones que conjugan la
legitimación en función del manejo de intereses establecidos en las dinámicas materiales que
resultan del descubrimiento de un nuevo continente con riquezas jamás previstas por un
Castellano del siglo XIV. Como mencionamos al iniciar las disertaciones aquí expuestas,
estas son solo un acercamiento de lo que en la historiografía se ha planteado al respecto, y
conllevara a investigaciones más profundas en nuestras investigaciones próximas, con
respecto al periodo colonial. Temporalidad que sin lugar a dudas constituye un factor
importante en la conformación de la época republicana y finalmente de nuestra realidad
contemporánea, como consecuencia de los diferentes desencadenamientos procesuales en el
transcurrir de la historia.

Bibliografía

Ruiz Ibáñez. José Javier. Comprender una Monarquía Policéntrica desde una historiografía
posnacional. Retos y realidades del estudio de las fronteras en las Monarquías Ibérica. Ministerio
de ciencia e innovación. 2012

Elliot. John. “Una Europa de Monarquías Compuestas” en España Europa y el mundo de Ultramar
Madrid: Santillana. 2010.

Gloël. Matthias. La formación de la monarquía hispánica como monarquía compuesta. Revista


Chilena de Estudios Medievales. 2014

Pedro Cardim, Tamar Herzog, José Javier Ruiz Ibáñez y Gaetano Sabatini. Polycentric Monarchies.
How did Early Modern Spain and Portugal Achieve and Maintain a Global Hegemony. Eastbourne,
Sussex Academic Press, 2012.