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H T S T O K 1A S A O R A ) >A

N O C IO N E S DE R E L IG IÓ N
HISTORIA SAGRADA
Y

NOCIONES DE RELIGIÓN

L). FELIP E l’ IOATOSTE Y RODRÍGUEZ

«81MM KI'K’IM WHRRIIM V .UÍILVÍ.UU

| IU J

D. V A LE N TÍN PIC A TO STE Y GARCÍA


[.:c?nci:uUi en l-’iI l:c,ofm y Lctr.ts, y Archivero, Biblioiecíu'jo
y ArqUi:úlO£|C\

Precio: 2 pesetas. -■ . \• /'


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C^llc d d Arenal, tiütn. ] e.

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iilSI'u u l i i s r u DE M A D K IÜ M j : \LA. C A R A U - i ’ UM liKAN 4' Ji l Z J) K l.y.

JUlAL uliUKN [>K Jiv\UKI. I. \ C VL i M.U' A * UKL ML’. llITi f HIUTAli, SI;!-,
> adok l) k i , «KI . M. J. i:n\si:jK H (t in: i w n u crn>\ m h i .k ü a . vrrc |.-T ^

HSLCSlTiCS s a b e r ; Que venim os en


em iw der y concedem os nuestra licencia pura
que pueda imprimirse y publicarse en esta
nuestra Diócesis la segunda edición aum en­
tada del libro titulado D octrina C kistia-
\a , H istoria Sagrada y N o c i o n kb un
lí i ’ j.Uriús, que ilió á Iuü D. Felipe Picaioste
y Kodriguez bajo el título de Programa tte
un ctty.so de Doctrina Cristiana ¡/ Mociones de
Historia Sagrada, y que desea publicar don
Valentín Picatosto, m ediante que de n u es­
tra orden ha *ido leído y exam iuado, y, í-e-
*,rúü la censura, nada contiene contrario al
dogm a católico y sana moral.
E n testim onio de lo cual, expedim os el
presente, rubricado de nuestra m ano, sella-
ilo con el m a»v o rd e nuestras armas *v refren-
dado por nuestro Secretario dn Cámara y
G obierno en M adrid, á 24 de Febrero de 1899.

S o o c § ))ta t í a }
Anobigpo-Obispo (ir JV(KÍiJMÍ-.-I/cnr«,

\*vi *ir ^ I m1 I'-)1 ini ^rhi.i.

D h. J u lián i i f. D i v . g o A 3, c o l f . a ,
D. JULIÁN CRIADO Y AGUJLAR,
Of-icial de segundo grado del Cuerpo facultativo
de /Irchiveros, Bibliotecarios y Anticuarios, y
Secretario del Archivo general del Jíinisterio de
Fomento.

C e r t i f i c o : Que examinado el expediento


instruido á instancia de D, Felipe Picatoste
y Rodríguez, en solicitud de que fuera de­
clarado de texto para la segunda enseñanza
Programa
«I libro que escribió con el título
de un curso de Doctrina Cristiana y nociones
de Historia Sagrada, resulta que el Consejo
de Instrucción pública, en sesión do diez y
ocho de Febrero de mil ochocientos sesenta
y cinco, y de conformidad con lo expues­
to por la Comisión, auxiliar, le calificó de
aprobable, en virtud de lo cual el m encio­
nado libro f luí declarado útil por Real orden
de veintidós de Marzo de mil ochocientos
sesenta y cinco.
Y para que conste, á solicitud do D. Va­
lentín Picatoste y García, expido la presen­
te,' sellada con el de esto Archivo v
¥ visada
por el Jefe del mismo, Madrid, once de Mar­
zo de mil ochocientos noventa y nueve.

V.- i;.-*
Ei. Jkki; i>ki. Anonviv
José O rtega.
DOCTRINA CRISTIANA

índice ás. materias.

( 'oncepto y plan de la asigna- ¡ i^a comunión de los sautos y


tura , relaciones de la Iglesia mi­
Fe, litan te „ purgante y triun­
Dios y sus atributos. fante.
Misterio de la Santísima Tri- ¡ Oración.
nidad. El Padre Nuestro, el A v e
Creación. María y la Salve,
Fíl hombre y su estado sobre­ Jjas demás oraciones de la
natural en el Paraíso. Iglesia.
.Caída dol hombre y la pro- j Mandamientos de la ley de
mesa del Mesías, Dios.
La Encarnación del Verbo Mandamientos de n u e s t r a
Divino, Santa Madre Iglesia,
ha Virgen liaría, Madre de 1 Santo Sacrificio de la Misa.
D ios. Bula de la Santa Cruzada.
V i d a , pasión y muerte de Obras de Misericordia.
Nuestro Señor Jesucristo. : Virtudes y pecados.
Misterios gloriosos de su re­ | Los Santos Sacramentos,
surrección v ascensión A
V
j Las indulgencias,
los cielos. l Consejos evangélicos,
La segunda venida del H ijo i Dones y frutos del Kspíritu
de Dios: los Novísimos del Santo, •
hombre, Las Ibienaventuranzas.
institución de la Iglesia.
AL LECTOR

Cuando en la enseñanza oficial se estudiaban.


hace y a más de treinta años la D octrina Cristiana
«i*

y la H istoria Sagrada, se dio á la estampa este li­


bro con el título de Program a de un Curso de D o c ­
trina C ristiana y -Xocione* de H istoria Sagrada,
autorizado p o r la censura eclesiástica, según de­
creto dé 5 de A b r il de lSG-i, y después, p revio in­
form e del R eal Consejo de In stru cción Pública, fue
aprobado p o r lic a l Orden do 22 do M arzo do 18(35*
Las tendencias laicas de la enseñanza en general
en el últim o torció del presento siglo proscribieron
ele ios planos de estudio estas materias, cu y o con o­
cim iento. en íiii Immildo juicio* es indispensable ?\
todo individuo que vive en sociedad, si quiere hacer
vida de honradez.. Mas ahora q.io. p or recientes?
disposiciones, la D octrin a Cristiana vuelve á ocupar
en la segunda enseñanza el puesto que injustam en­
te perdiera, se reproduce este libro con las m od ifi­
caciones quo hace indispensables su adaptación al
vigente plan de estudios, en la creencia de que res-
— XI] —

pondo á una necesidad .sentida p o r la ju v e n tu d y


iinn p o r el p rofesora d o, que fluctúan m uchas veces
m t.ro el lib ro ele t e x t o que. p o r su volu m en , aspira
á ju stifica r su elevado p recio, y el resum en escu eto
v descarnado en el que apenas se vislum bra Ja ila­
ción lóg ica de las m aterias qu e trata.
La enseñanza debe consistí]- en a lg o más que en
a pren der do m em oria un ep ítom e, y co n v e n cid o dé­
osla verdad, he p reten d id o huí]- de e x tre m o s v ic io ­
sos presentando un trabajo co m p le to en p oca s pá­
ginas, y p refe riendo la form a ex p ositiv a á la d ia lo ­
gada* a íin d e ,q u e el alum no qu e aprendió- en la
escuela el C atecism of abandone la ru tin a de las
preguntas y de la s krespuest-as. fije más su aten ción
y ejercite su en ten dim ien to en el estudio de verd a­
des tan d ifíciles de pen etrar.
N o se 2ne ocultan los ob stá cu los que se oponen a
sem ejante em presa, pues que se trata nada m enos
que de e x p o n e r en len g u a je v u lg a r las más g ra v e s
cuestiones do Ja T e o lo g ía y de la M etafísica: sin e m ­
ba rgo, con el acicate del buen deseo y con el co n se jo
de personas com p eten tes Ja lie dado cim a, ten ien d o
en todo com o segu ra guía un lib ro p o r desgracia
p o co co n o cid o y que lleva p o r títu lo l£l Ateísm o y la
S intaxis y el Positivismo* o b ra postu m a del sabio
m aestro de T e o lo gr?ía y em inente ü ló so fo J). F ra n -
cisco P indado, le ctora l que fu é de la catedral d e
A v ila y r e c to r de aq u el S em in ario, tan fecu n d o en
n otabilidades.
N o es la ven eración del m u erto, co m o reflejo del
— xui —

<•;!riño que lo profesam os en vida, lo que impulsa


mi mano para escrib ir estas líneas; es la v oz de la
ju sticia quien 1110 o b lig a p rocla m a r la su perioridad
inmensa de aquella in telig en cia ex tra ord in a ria , de
aquella alma candorosa, tanto más g ra n d e cu an to
más en ferm izo y débil fuera rl cu erp o en que se
alojara. Para deleite do sus adm iradores y para a d ­
m iración de (mantos aman el v erd a d ero p ro g re so
nos dejó T). F rancisco un rasgo do su ca rá cter, una
m uestra do su vastísim a cu ltu ra , a lg o así co m o una
fo to g ra fía de su person a on su bellísim o libro.
E l a u tor en su excesiva m odestia jam ás le c r e y ó
d ig n o de salir al público* y en efecto, h u b iera q u e­
dado solo en tre los más íntimos* si ol d o cto ca ted rá ­
tico del S em in ario A b u lcn se , I). J e ró n im o Lucas,
d iscíp u lo p re d ile cto de Pindado y co m o él. lectora l
de aquella Iglesia, no se huí ñera tom ado la m oles­
tia de d irig ir su im presión p ara qu e « l a m em oria
d el m aestro no quedase en cerrad a en un estrech o
círcu lo de am igos y p a ra qu e el resp eto con que los
avileses pron u n ciam os su n om b re trascienda más
allá do nuestra diócesis:*.
A lg u ie n ha dich o que E l A leí m ío // la üinfaj-is
tj el P ó s i lirism o es. con relación á la M etafísica, lo
qu o E l C riterio de 'Balines con relación á la L ógica,
y que d ifícilm en te do lía linos acá se habrá escrito
cosa m ejor, ni en el fo n d o ni en la form a: poro si
estos elog ios pareciesen exagerados* léase p r o d u c ­
ción tan herm osa, tan sencilla co m o p rofu n d a, tan
castiza com o gallard a, donde se com b a ten tod os los
p it o res m odernos con una ló g ic a 1
, con un lacon ism o
y co n una m aestría tal, que m ecién dose el a u to r
sobre las nubes, no pierde la cabeza; y su m e rg ié n ­
dose nn el idealism o, n o lle g a á lo q u im érico. La
ob ra (le P in dado es un him no á la verdad en ton a­
d o p o r el sabio y el cre y e n te .
"En tan p re cio so lib ro me lie inspirado al m o d i­
ficar y am pliar éste quo de n u e v o sale a l p ú b lico ;
de él lie lom a d o los pensam ientos y m uchas veces
las palabras y los p á rra fos enteros, tem eroso de n o
re p rod u cir con toda fidelidad la idea en m ateria de
su yo tan delicada. A s í m e co m p la zco en con sig n a r­
lo, siquiera sea para ren d ir m erecido tr ib u to de
respeto y de adm iración al esclarecid o m aestro,
que, cual hum ilde violeta , esparció sus arom as en
la patria do Santa Teresa, de Han Juan de la C ru z,
de San P ed ro A lcá n ta ra y de tan tos otros h ijos
ilustres de aquel ven era n d o suelo llam ad o p o r la
tradición tierra de Sanios y de Cantos*
NOCIONES PRELIMINARES

l e c c ió n I

1. Definición do la Doctrina Cristiana*— 2 . Divisa dol crUtiinio,—


3 r Enemigos tlel alm a.—-4 . Objeto, importancia y ínsufisidad do
la Doctrina Cristiana, — 5 . Partes en quo se «lívido la Doctrina.

1. La Doctrina Cristiana es el conjunto de todas las


verdades que enseñó Jesucristo: cristiano es el que cree
esta Doctrina y la practica,
2 . El cristiano tiene por divisa la Cruz, que fué el su­
plicio en que murió el Salvador para redimirnos del pe­
cado; y debe usar de esta señal con frecuencia, porque
recuerda los méritos del Redentor, su pasión y muerte,
representa los más grandes misterios de la Religión, y
nos sirve de remedio contra las tentaciones del demonio,
las sugestiones del mundo y los apetitos de la carne,
esto es, contra los enemigos del alma.
3 . Llámause enemigos del alma los obstáculos ó di­
ficultades que el alma tiene que vencer en este mundo
— i tí —
para conservar su pureza y d o caer en el pecado. Estos
enomigos son tres: mundo, demonio y carne.
El Mundo nos presenta por todas partes y continua­
mente ocasiones de faltar á nuestros deberes; nos excita
coa el ejemplo; nos arrastra con sus pompas, halagando
el orgullo y la vanidad; nos cerca de compromisos, y nos
oprime con Jas costumbres mundanas. Para vencer al
mundo, disponemos de los medios espirituales, que con ­
sisten en la oración y en la meditación de lo quo más
conviene á nuestra alma; sin embargo, se debe conciliar
el respeto 4 las costumbres establecidas en la sociedad
con la pureza del alma y la severidad religiosa y moral.
En el mundo hay cierta justicia que honra esta misma
severidad, cuando no es hipócrita.
El Demonio nos instiga al mal por mil medios podero­
sos, contra los cuales debemos pedir auxilio al Señor; y,
por último,
La Carne nos presenta también muchas ocasiones de
pecar, con las pasiones que son el predominio de los ape-
s.

titos materiales sobre la razón. Todas las pasiones pue­


den vencerse. El hombre se diferencia del bruto en que
está dotado de razón para saber dirigirse y dominarse á
si mi amo; en el momento en que se deja arrastrar de los
sentimientos carnales y abdica del poder de su razón, no
merece más quo el nombre de bruto.
4. Al predicar Jesucristo su Doctrina y morir por el
hombre, no se propuso otro iin que nuestra felicidad en
la tierra y en el cielo. En la tierra, dándonos paz y tran­
quilidad interior para sufrir con resignación nuestras
desgracias; y en el cielo, permitiéndonos gozar de la pre­
sencia de Dios.
B e aquí se sigue cuán grande es la importancia y la
necesidad de saber la Doctrina Cristiana.

i
— 17 —
5. La Doctrina Cristiana puede dividirse en cuatro
partes: la primera, relativa á la fe, contione todo lo que
el cristiano debe creer; la segunda se refiere á lo que el
cristiano debe pedir y esperar; la tercera, que es esen­
cialmente práctica, enseña lo que debo hacerse ó no ha­
cerse; la cuarta comprende los Sacramentos, ó lo que he­
mos de recibir. La primera parto está contenida en el
Credo y los Artículos déla Fe;¡la segunda en el Padre
nuestro y las oracioues; la tercera en los Mancamientos,
y la cuarta en los Sacramentos.
PRIMERA PARTE
DE LO W E EL C R ISTIA N O D EBE CREEN

LECCIÓN II

6 . De la fe. — 7 . Su división.— 8 . D ios y sus atributos»— 9 . L os


A n geles. — 10* E l h om bre. — 11. Potencias dol alm a,— 12. Sen­
tidos corporales.

6 . Se llama fe una virtud por la cual creemos lo que


Dios ha revelado ó lo que la Iglesia manda creer. Esta fe
tiene por fundamento la seguridad de que siendo Dios
infinitamente veraz, no puedo engañarnos; y de que es­
tando la Iglesia asistida por el Espíritu Santo, tampoco
puede engañarse.
7 . La fe se divide en viva y muerta; fe muerta es la
simple y pasiva creencia de la verdad; fe viva es esta fe
acompañada de la caridad ó de las obras. La fe muerta
es insuficiente para el cristiano.
8» Dios es un ser infinitamente bueno y perfecto; om­
nipotente, es decir, que todo lo puede; superior & todas
las criaturas: existe por si mismo sin que nadie lo haya
dado la existencia, y es eterno, esto es, existirá siempre.
Dios es creador; de la nada hizo la materia y formó los
mundos, los animales y el hombre on seis épocas que sue­
len llamarse dias do la creación (1).
9 . Según el común sentir de los intérpretes de la Sa­
grada Escritura, el primer dia fueron criados los ángeles,
que son unos espíritus puros, cayo número nos es desco­
nocido. Dios los crió para que le sirvan y alaben, y
para que como ministros sxiyos gobiernen la Iglesia y
guarden los hombres. Algunos ángeles, capitaneados por
Luzbel, ensoberbecidos por su hermosura, se rebelaron
contra Dios y fueron condenados al fuego eterno; estos
son los que llamamos demonios.
1 0 . Dios hizo al hombre á su imagen y semejanza
para que le conociese y le amase, y á este fin dotóle de
los medios necesarios.
Eormó el cuerpo de barro y le infundió un soplo de
vida, alma espiritual, esto es, que no tiene partes como el
cuerpo, é inmortal, es decir : que no puede morir por lo
mismo que no puede corromperse ni disolvorse como las
substancias corpóreas,
1 1 . El Señor proveyó al alma de tres potencias, que
son: entend míenlo, memoi'ía y voluntad; el entendimien­
to para conocer, entender, juzgar y discernir; la momória
para acordarnos de lo pasado, y la voluntad para querer
y elegir entro lo bueno y lo malo. El cristiano debe ejer-
• k *
citar estas potencias parac ónocer á Dios y pensar en El,
para acordarse de sus beneficios y tenor presentes sus

(1) Sobro los atributos divinos, véase la His/oriu Suffrafa y JVrí-


civties de ¡ Lección I.
— 2) —
mandatos, y para amar á Dios y querer todo lo que El
quiere,
12* Al cuerpo del hombre le dotó Dios ds cinco $en~
tidoSf llamados corporalest que son la vista, el oído, el ol­
fato, el gusto y ol tacto, y que sirven de instrumentos al
alma para el ejercicio de sus funciones y operaciones. El
cristiano debe emplearlos en el servicio de Dios, hacien­
do con ellos solamente lo que nos manda ó permito su
ley, todo lo cual está contenido en las siguientes leccio*
nes de Doctrina Cristiana.
LEC C IÓ N ITT

1 3 . El hombro on ol Fítraiso.— 1 4 * Focarlo original.— 1 5 . Sus ■


conse«uoneins. — 1 6 . Novísimo* ó postrimerías fiel hom'brti.

1 3 . Adornado el primer hombro, Adán, de todos los


elementos necesarios para hacer la vida animal y racio­
nal, Dios le colocó en el Paraíso, le dió una compañera,
Eva, formada de una de sus costillas, y como él dotada
de alma y cuerpo con sus potencias y sentidos. Ambos
aprendieron do Dios las verdades necesarias para su fe­
licidad y recibieron el precepto de no comer de la fruta
dél árbol de la ciencia del bien y del mal; allí vivieron
dichosos nuestros primeros padres en estado de inocen­
cia, teniendo bajo su dominio toda la naturaleza, incluso
los animales más feroces; pero Eva, seducida por un án­
gel rebelde á Dios que tomó la forma de serpiente, comió
de aquel árbol é hizo que Adán comiera también.
1 4 . Este fué el primer pecado: una desobediencia,
una ingratitud hacia Dios. Desdo aquel momento Adán
y Eva perdieron la pureza que Dios les había dado, tu­
vieron vergüenza y quedaron sujetos con toda su descen­
dencia ¿ las debilidades humanas, á las enfermedades y
á la muerte. Siendo Adán y Eva pecadores, sus hijos, y
todos los que de ellos descendemos, nacemos con un pe­
cado que so llama original.
1 5 . Dios maldijo á Adán y i Eva y los arrojó del
Paraíso, prometiéndoles, sin embargo, que enviaría al
mundo un redentor: Tina mujer t les dijo, quebrantará la
<cabeza de la sediente; anunciando asi que de María ha­
bía de nacer nuestro Salvador Jesús.
Dios dijo á Eva después de su pecado : multiplicaré tus
dolores; y á Adán : ganarás el sustento con el sudor de tu
frente; y esta sentencia se está cumpliendo y se cumpli­
rá siempre,
16. En virtud, pues, do e3te pecado, el hombre que­
dó sujeto á un sinnúmero do calamidades y miserias, en­
tre las cuales se cuentan sus postrimerías ó Novísimos,
que espantan y horripilan aun á los mismos justos, y son
cuatro : Muerte, Juiciof Infierno y Gloria.
La muer tej momento terrible que consiste en la sepa­
ración del alma y del cuerpo* es deseado por los buenos,
porque en él rompen las ligaduras de la carne, y temido
por los malos; porque inmediatamente sucede el
Juicio ó comparecencia del alma ante el Tribunal de
Dios, quien fulmina la sentencia según sus ob ra s: si el
hombre ha sido bueno, entra en
La Gloria para gozar de Dios eternamente; pero si ha
sido malo, es lanzado á los infiernos. La gloria consiste
en un estado de perfección y de felicidad que alcanza el
hombre en presencia de Dios como premio al cumplimien­
to de su le y : por virtud de este estado el cuerpo adquie­
re las propiedades de impasibilidad, claridad, agilidad y
sutileza, que suelen llamarse dotes del cuerpo glorioso.
Los infiernos son cuatro:
Infierno de los condenados, donde fueron sepultados los
ángeles malos y van los que muoren en pecado mortal.
A llí se sufre eternamente la pena de daño y la de sen­
tido; esto es, la de no ver á Dios y la de padecer horri­
bles tormentos en sus potencias y sentidos;
El Purgatorio, donde van los que mueren en gracia de
Dios, pero tienen pecado venial ó pena temporal que pa—
— 24 —

gar; sólo se sufre en este lugar la pena de sentido y lo»


tormentos acaban cuando se extingue la pena.
A l Limbo van los que, antes del uso de la razón, mue­
ren sin el bautismo, es decir, con el pecado original; la
pena que allí se sufre es oterna y solamente de daño.
El Seno de Abraham es el lugar adonde iban los que,
antea de la Redención, morían en gracia do Dios después,
de haber satisfecho en el Purgatorio, si tenían pecado v e ­
nial ó pena temporal; los que allí estaban sufrían sólo
pena de daño, y solamente temporal.
— 25 —

LECCIÓN LV

1 7 . Explicación del Credo.

17, El Credo ó Símbolo de loa Apóstoles le escribie­


ron éstos antes de separarse para predicar por el mundo,,
y contiene las verdades que le3 enseñó Jesucristo.
Las verdades que contiene el Credo son las siguientes:
1.u «Oree en Dios Padre Todopoderoso, Criador del
cielo y de la tierra.* Dios es un ser infinitamente perfec­
to, justo, misericordioso y veraz; es tan sabio, que todo
lo sabe, así lo pasado como lo futuro, porque para Dios
no hay tiempo; tan poderoso, que con sólo su deseo creó
el mundo, y por esto se llama Criador; ha existido y exis­
tirá siempre por si minino, sin deber A nadie la existen­
cia. No hay más que un Dios, porque si hubiera otro, el
primero no sería Todopoderoso, y ninguno seria Dios-
verdadero*
2.a « Y en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señora
Dios es uno sólo, una sola naturaleza, pero tiene tres per­
sonas distintas: Padre* Hijo y Espíritu Santo, en lo cual
consiste el misterio déla Santísima Trinidad. Las tros per­
sonas son D io s : el Hijo procede del Padre, y el Espirita
Santo del Padre y del H ijo : las tres son eternas, han
existido y existirán siempre.
3.a « Que fu é concebido por obra y gracia del Esjñriht,
Santo y nació de Sa?ita María Virgen.* Jesucristo, la se­
gunda persona de la Santísima Trinidad, se hizo hombre
para salvarnos tomando cuerpo y alma racional en las
entrañas de la Virgen María, no por obra de varón, sino
— 26 —
por gracia del Espíritu Santo. Este hecho constituye el
misterio de la Encarnación del H ijo de D iost expuesto por
•el P. ítipalda en esta form a:
«Vino el Arcángel San Gabriel i anunciar á Nuestra
Señora la Virgen María que el Verbo divino tomaría
<iarne en sus entrañas sin detrimento de su virginal pu­
reza; y Juego el Espíritu Santo formó de la sangre purí­
sima de la Virgen un cuerpo de un niño perfectisimo, y
criando un alma nobilísima, la infundió en aquel cuerpo;
y en el mismo instante el Hijo de Dios se unió á aquel
■cuerpo y alma racional, quedando, sin dejar de ser Dios,
hecho hombre verdadero.»
L a Virgen María es una señora descendiente del rey
David, hija de los santos varones San Joaquín y Santa
Ana, concebida sin mancha de pecado original, adornada
de todas las gracias y virtudes, bendita enfre todas las mu­
jeres, como escogida por Dios para Madre de su Santísi­
mo Hijo nuestro Redentor*
La Virgen María conservó su virginidad después del
parto, porque Jesucristo salió del vientre de su Madre,
sobrenatural y milagrosamente, como el rayo del sol por
el cristal sin romperle ni mancharle.
4.a &Padeció debajo del poder de Pondo Piloto t fu é cru­
cificado, muerto y sepultado*» El Hijo de Dios vino al mun­
do á predicar su doctrina y salvar á los hombres; los ju ­
díos le persiguieron, le dieron muerte en una Cruz y le
sepultaron, Jesucristo era á. un mismo tiempo Dios y
Hombre; padeció y murió como hombre, porque como
Dios no puede morir. Como hombre realmente murió y
fué sepultado.
5 .a « Descendió á los infernos, y al tercero día resucitó
<le entre tos muertos.» Sepultado el cuerpo do Jesús, su
alma unida con la Divinidad bajó á'los infiernos, esto es,
— 27 —

al Seno de Abraham, y redimió las almas’de los Santos Pa-
dres y Profetas que estaban allí como depositadas espe­
rando su advenimiento para entrar en el reino de los cie­
los. A los tres días volvió á unirse su alma con el cuerpo
y á tener vida humana, esto eaTresucitó gloriosamente.
6.a o: Subió á los cielos, y está sentado á la diestra de
Dios Padre Todopoderoso.» Jesucristo, después de re­
sucitar, hizo su gloriosa Ascensión á los cielos y alli goza
igual quo el Padre, de todo su poder, gloria y majestad.

j
LEC C IÓ N y

1 8 . Continúa lit oxplicnción dol Cilcdo,

18. 7.“ «Desde allí ha de venir á juzgar á los vivos y


los muertos.* En la consumación de loa siglos Jesucristo
ha de venir á este mundo por segunda y última vez al
Juicio final, que es una consecuencia do Ja Justicia divi­
na, á fin de completar el premio ó el castigo merecido por
cada cual, vindicar pública mentó la inocencia del justo y
confundir al pecador. Los Libros Sagrados y los Santos
Padres pintan con vivísimos colores el horror y el espan­
to que precederá al día del Juicio; día de ira le llama la
Iglesia, on el cual Jesucristo bajará de los cielos como
severo Juez para dar á cada uno su merecido, según sus
obras.
8 >n « Creo en el Espíritu Santo>la Santa Iglesia Católi­
ca, la comunión de los Santos, el 2>erdón de los pecados, la
resurrección de la carne y la vida perdurable >* El Espíritu
Santo es la tercera persona de la Santísima Trinidad, que
procede del Padre y del Hijo; es como el amabilísimo y
eterno lazo de amor del Padre y del Hijo, y enteramente
igual 4 ellos.
La Iglesia de Jesucristo la componen todos los fieles
con el Papa ó Sumo Pontífice, que es su cabeza visible.
Esta Iglesia fué instituida por el mismo Jesucristo, nom­
brando cabeza visible de ella á San Pedro, apóstol y pri­
mer Papa. La Iglesia recibió de Dios potestad para hacer
y deshacer, con la promesa de que siempre estaría con
ella el Señor hasta el fin de los siglos, es infalible, y de-
— 29 —
bemos creer que lo es, y, por tauto, que ea la única ver­
dadera. Todoa los fieles de eaLi Iglesia aon miembros da
un mismo cuerpo, y participan mutuamente de sus oracio­
nes y buenas obras.
Esta Iglesia se llama también militante porgue lucha
en ia tierra contra sus enemigos, mundo, demonio y car­
ne, para conquistar la gloria; forma parte como miembro
del mismo cuerpo místico de la Iglesia de Dios, cuya ca­
beza soberaua es Jesucristo, y mantiene estrecha comu­
nicación con las otras dos llamadas triunfante y purgante;
la primera la componen los Ángeles y Santos, y la segun­
da las almas del Purgatorio.
En virtud de esta comunicación, los Ángeles y Santos
ruegan á Dios por nosotros, le ofrecen nuestras oraciones
y nos alcanzan gracias espirituales y corporales, y nos­
otros les pedimos con oraciones que sean nuestros media­
neros y les honramos colocando sus imágenes en nuestros
templos y moradas y tributándoles culto. Los Ángeles y
Santos piden también por las almas del Purgatorio, y
nosotros ofrecemos á Dios por ellas oraciones, liinosmas,
ayunos y trabajos, y sobre todo el santo sacrificio de la
Misa; en cambio, ellas desean nuestra felicidad, y cuan­
do están en el Cielo ruegan á Dios por nosotros, y, por
último, los Angeles y Santos se comunican mutuamente
su felicidad, Jas almas del Purgatorio la esperanza de al­
canzar la gloria, y los fieles, cristianos nuestros bienes es*
pi rituales.
Los Sacerdotes tienen potestad para perdonar los p e­
cados mediante la contrición y la confesión. Esta conso­
ladora creencia tiene su fundamento en las promesas que
Dios hizo al hombre al echarle del Paraíso; Jesucristo
instituyó el perdón de los pecados sin fijar tiempo, nú­
mero ni calidad; ejerció la potestad del perdón durante su
— 30 —
vida mortal, y confirió esta potestad á sus discípulos di­
ciendo : Todos los pecados que perdonareis serán perdona­
dos, Por último, el cristiano debe creer que el día del Jui­
cio lian de unirse á las almas los cuerpos en que vivieron,
y qua después de esta vida lia de haber otra sin fin, en la
cual gozará ó padecerá, según sua méritos.
LE C C IÓ N V I

1 9 . Los Artículos do Ir fe.— 3 0 . Diferencia antro &1 Crodo y Io&


Artículos do la fe,— 2 1 , Otros dogmas.

19. Los Artículos de la fe ó principales verdades do


ella, son catorce : siete pertenecen á la Divinidad, y siet&
á la Santa Humanidad de Nuestro Señor Jesucristo, D io»
y Hombre verdadero.
Los que pertenecen á la Divinidad son estos;
El primero, creer en un solo Dios Todopoderoso.
El segundo, creer que es Padre.
El tercero, creer que es Hijo.
El cuarto, creer que es Espíritu Santo.
El quinto, creer que es Criador,
El sexto, creer que es Salvador.
El séptimo, creer que es Glorificados
Los que pertenecen ¿ la Santa Humanidad son estos:
El primero, creer que Nuestro Señor Jesucristo, en
cuanto Hombre, fué concebido por obra y gracia del Es­
píritu Santo.
El segundo, creer que nació de Santa María Virgenr
siendo ella virgen antes del parto, en el parto y después
del parto.
El tercero, creer que recibió muerte y pasión por salvar
á nosotros pecadores.
El cuarto, creer que descendió ¿ l o s infiernos y sacó
las ánimas de los Santos Padres, que estaban esperando
su santo advenimiento.
El quinto, creer que resucitó al tercero día de entre los
muertos.
El sexto, creer que subió á los ciclos y está sentado á
la diestra de Dios Padre Todopoderoso.
El séptimo, creer que vendrá á juzgar á los vivos y á
los muertos, conviene á saber : á los buenos, para darles
gloria porque guardaron sus santos Mandamientos; y á,
los malos, pena perdurable porque no los guardaron,
2 0 . Los Artículos de la fe contienen lo mismo que el
Credo, con la diferencia de que en ellos so hallan las
mismas verdades más especificadas, separando las que se
refieren sólo á la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo,
y las que se refieren á su Santa Humanidad.
2 1 , Además de las verdades contenidas en el Credo
y en los Artículos de la fe, el cristiano debe creer en los
dogmas de la Inmaculada Concepción de la Virgen María
y en la Infalibilidad del Papa definidos por la Iglesia en
¿poca reciente.
El primero consiste en creer que la Virgen Maria fué
concebida sin pecado orignal, y el dogma de la infalibi­
lidad en creer que el Papa no se engaña definiendo ex
cáthedra, esto es, cuando enseña á la Iglesia Universal
en lo que toca á la fe y á las costumbres, por lo cual de­
bemos también creer todas aquellas verdades que nos
■enseña la Iglesia por boca del Sumo Pontífice,

VrV' -.1 . * ÍT
*Vrr’-'’
SEGUIDA PARTE
D E LO QUE EL C R IS T I A XO DEBE P E D IR Y E S P E R A R

L E C C IO N V i l

2 2 . Do la oración com o nocesiJai! y com o dsbor, — 2 3 . Comlieio-


n«a para fjue la oración soa p u ra . — 2 4 . División de laorAeióu.

2 2 . Orar es levantar nuestro corazón á Dios para


adorarle, darle gracias ó pedirlo algo.
La oración es una necesidad del hombre; en los mo­
mentos de alegría ó de aflicción, instintivamente acudi­
mos al Señor con exclamaciones que trotan de nuestros
labios.
Es además la oración un deber, porque nosotros por
nosotros mismos nada podemos sin el auxilio del Señor,
y porque le debemos inmensos beneficios, entre ellos el
de la vida y el haber nacido cristianos.
El Señor nos dió el ejemplo orando constantemente' á.
su Padre, y enseñándonos el Padre nuestro. Nos encargó
expresamente muchas veces que oráramos, y nos dio va­
rios consejos acerca de la oración.
2 3 . La oración pura es siempre eficaz, porque con
ella se consigue lo que pedimos cuando nos conviene, y
siempre tranquiliza y da resignación para sufrir la des­
gracia al que ora.
Nanea debemos desesperarnos porque la oración no
nos consígalo que necesitemos. El hombre tiene una inte­
ligencia muy limitada, y no puede conocer lo que le con­
viene: muchas veces es un mal- para nosotros aquello
mismo que creemos nn gran bien.
La oración debe ser pura, es decir, debe hacerse con
fe* y no debe tener por objeto nada que se oponga á la
Ley de Dios. El hombre en su ira ó en sil coguedad pide
muchas veces al Señor el mal del prójimo, el mal de sí
mismo y otra porción de cosas inconvenientes; ¿qué ex­
traño es que no las consiga, si el primer precepto del S e-
ñor es que nos amemos todos como hermanos, y que antes
de orar olvidemos nuestros mutuos resentimientos?
2 4 , La oración se divide en mental y oral, en directa
é indirecta. Oración mental es aquella en qne oramos in­
teriormente sin hablar; oración oral es la quo se hace ex-
teriormente y con palabras. La oración directa es la que
dirigimos al Señor como Supremo dispensador de gra­
cias, é indirecta la que se dirige á Nuestra Señora, á los
Angeles y á los Santos, pidiéndoles que intercedan con
el Señor para conseguir lo que pedimos.
LECCIO N V III

2 5 , Explicación del Pndro nuestro.

25. La primera oración del cristiano ea el Padre nues­


tro, que noa enseñó nuestro Señor Jesucristo, diciendo :
Así habéis de orar.
En el Padre nuestro se contienen siete peticiones ó de­
claraciones, quo son laa siguientes: Padre nuestro* por­
que Dios es Padre de todos los hombres, y todos somos
hermanos; Dios nos ha cria do t nos conserva y cuida de
nosotros como un padre; que estás m los cielos, es decir,
que estás principalmente en el cielo rodeado de gloria,
dominando el universo y presente en todas partes; santifi­
cado sea el tu nombre9 esto es, sea tu nombre conocido y
adorado de todo el mundo; venga á nos el tu reinot e3 de~
cir, reina en este mundo en nuestros corazones, recibien­
do nuestro tributo de adoración, y danos el reino celes­
tial después de la muerte, para que te glorifiquemos con
nuestro amor por una eternidad; hágase tu voluntad, así
en la tierra como en el cielo, lo que significa que pedimos
al Señor la gracia para hacer su voluntad en el mundo;
le manifestamos nuestro deseo do que todos los hombres
hagan lo mismo, así como los ángeles y bienaventurados
'■le adoran y cumplen sus mandatos en el cielo.
E l pan nuestro de cada día dánosle hoy, es decir, danos
el alimento necesario para nuestro cuerpo y nuestra alma
respecto del cuerpo, lo necesario para vivir y conservarle
sano; y respecto del alma, lo necesario también para con-
— 35 —
servarla sana y sin pecado, y para que tenga verdadera
vida de grada y salud. Esto lo pedimos para un solo día,
indicando que diariamente hemos de decir esta oración.
Perdónanos nuestras deudas, asi como nosotros perdona­
mos á nuestros deudores, queriendo significar que le pedi­
mos su favor después do habernos reconciliado con nues­
tros enemigos, y haber depuesto todo odio y rencor á
nuestros hermanos, aunque nos hayan ofendido. No ?ws
dejes caer en la tentación, es decir, tennos en tu gracia y no
permitas que triunfen de nosotros las instigaciones del mal
y del pecado. Decimos no nos dejes caer, porque el pecado
es voluntario en nosotros, y Dios no nos conduce ni nos
-arrastra nunca á pecar. Líbranos de todo mal, esto es, que
nos libre de todos los males, así físicos como morales, de
las enfermedades y dolores, de las privaciones, del peca­
do y de toda pena.
LE C C IÓ N TX

2 6 . Otras oraciones Ac la Iglesia,— 2 7 . El A va otaria.


2 8 . La Salvo y la Letanía,

26* Además del Padre nuestro, la Iglesia tiene otras


muchas oraciones á la Virgen y á los Santos; entre las
cuales las más notables son el Ave Marta, la Salve y las
Letanías,
27. El Ave María, llamada también Salutación An­
gélica, se compone de tres partes: La primera, que es
ésta: Dios le salve, liarla, llena eres de gracia, el Señor
es contigo: hendita tu eres entre todas las mujeres t es la sa­
lutación que hizo el Arcángel San Gabriel á la Virgen
cuando le anunció el misterio de la Encarnación. En esta
primera parte se declara que María poseía en alto grado
la gracia del Señor, como elegida para Madre de Jesu­
cristo, y que María recibió más dones que todas las mu-1
jeres; entre éstos el de nacer sin pecado original y con­
cebir siendo siempre Virgen,
La segunda parte: Bendito es el fruto de tu vientre, son
palabras de Santa Isabel cuando vio á la Virgen, bendi­
ciendo al Niño que había de salvar al mundo.
La tercera parte: Santa M aría, Madre de Dios, ruega
por nosotros pecado?'es, ahora y en la hora de nuestra muer­
te* fué agregado por la Iglesia, y tiene por objeto supli­
car á la Virgen que interceda por nosotros cerca dol Se­
ñor, siempre, y especialmente en la hora en que más ne­
cesitamos su auxilio, que es cuando se aproxima la muerte.
28, La Sálve, de origen antiquísimo en la Iglesia,
es una oraciW dirigida también ¿ Nuestra Señora para
pedirle su intercesión; y la Letanía ea una rogativa á, la
Virgen, que arranca de I03 primeros años del Cristianis­
mo y que ha ido formándose con el tiempo. Compónese
de cali ficativos tiernos y amorosos que el cristiano aplica
A la Santísima Virgen y de declaraciones dogmáticas agre­
gadas por la Iglesia.
Por medio de letanías rogamos también á los Angeles
y Santos, expresando los liienes que queremos conseguir
y los males que intentamos evitar.
Ha}’ otras muchas oraciones á los Santos pidiéndoles
que nieguen por nosotros al Señor; todas son buenas, por­
que su objeto es reconocor el poder de Dios, la necesidad
de su auxilio, recordar el mérito de los Santos y pedir
su intercesión.
TERCERA PARTE
DE LO QUE EL CItISTiANO DEBE HACER Ó XO HACER

LECCIÓN X

2 9 . Libertad del hombre,.— 3 0 . Del pecuido y pecado original.—


3 1 . Pecados personales.— 3 2 . Sus efectos,

2 9 . El hombre es perfectamente libre para faltar ó


no faltar ¿ lo que la ley de Dios exige. Si quiere, puede
vencer todas las tentaciones y obstáculos que encuentra
para cumplirla con el auxilio de Dios, que tiene el que
está en su gracia. Por esta misma libertad del hombre
es muy justo el premio ó el castigo que nos espera en la
otra vida.
3 0 . El pecado consiste en decir, hacer, pensar ó de­
sear algo contra la ley de Dios. Todos los hombres race­
mos con ifn pecado, que se llama original, por ser here­
dado del que cometieron nuestros primeros padres des­
obedeciendo al Señor; e3te pecado so borra por el Bau—
tismo.
— 40 —
3 1 . Hay además pecados personales, que son los que
cada uno comete por su propia y libre voluntad.
El pecado puede ser mortal ó venial: os mortal, cuando
se falta gravemente ó en materia grave k la ley de Dios;
y venial, cuando se falta levemente ó en materia leve.
Por el pecado mortal se pierde la gracia de Dios, lo cual
es el mayor mal que puede padecer el alma humana. Cqn
el pecado venial puede conservarse la gracia de Dios,
pero su repetición nos prepara ó predispone para el pe­
cado mortal por la facilidad que se adquiere en pecar.
El pecado mortal se perdona por el Sacramento de la
Penitencia, y el venial por nueve cosas, que so n : oir misa,
comulga?, decir la Confesión general, recibir la bendi­
ción episcopal, tomar agua bendita, comer pan bendito,
decir el Padre nuestro, oir sermón, y por darse golpes de
pecho pidiendo á Dios perdón.
3 2 . El pecado, además de los tormentos que ha de
producirnos después de la muerte en el infierno, nos causa
en este mundo muchos disgustos y males físicos, nos
abrevia la vida, nos trae la desgracia sobre nosotros mis­
mos y nuestras familias, pierde y corrompe á los pueblos,
y nos atormenta, por illtimo, con el remordimiento de la
conciencia.

t
— 41 —

3 3 - Clasificación del pecado mortal.— 3 4 . Penados capitales y vir­


tudes opuestas— 3 5 . Consecuencias da estos pecados,— 3 6 * Pe­
cados contra el Espíritu Santo.— 3 7 . Pecados que claman al
ciclo.

3 3 . El pecado mortal se divide en pecado de comi­


sión si se hace lo que no se debe, y omisión si no se haco
lo que uno tiene obligación de h acer: interno si es inte­
rior, como un mal pensamiento ó deseo, y externo si se
consuma exterior mente.
3 4 . Los pecados capitales, llamados asi porque re­
sumen los demás ó porque son orígenes de otros muchos,
son siete: soberbia, ó sea el deseo desordenado de sobre­
salir y mandar A los demás. Contra este pecado hay la
virtud de la humildad, de que el Señor nos dio muchos
ejemplos. Avaricia, deseo desordenado de bienes y rique­
zas, que se opone á la virtud de la largueza, la cual con­
siste en desprendernos de lo que poseemos cuando la ne­
cesidad ajena lo requiera así. Lujuria, esto 03, el apeti*
to do placeres carnales, pecado opuesto á la castidadt que
consiste en tener la mayor pureza en nuestras obras, pala­
bras y pensamientos. La ¿Va es el deseo de venganza: la
virtud contraria es la paciencia, que nos hace llevar con
resignación los contratiempos y las molestias é injurias
que tío s causa el prójimo. La gula es el apetito desorde­
nado de comer y beber; contra este pecado hay la tem­
planza, La envidia es el d d o r que nos causa el bien ajeno,
y la alegría que nos produce su m al: la virtud opuesta
— 42 —
es la caridad, que nos hace amar á nuestros semejantes
como á nosotros mismos. La mayor virtud cristiana es la
caridad, porque resume todas las demás. Por último, la
pereza consiste en el descuido de nuestras obligaciones:
la virtud opuesta es la diligencia.
3 5 . Estos pecados capitales, al mismo tiempo que
perjudican á nuestra alma en su estado futuro, perjudi­
can también notablemente al cuerpo y al alma en este
mundo. El soberbio, el avariento y el envidioso llevan,
dentro de si mismos un pesar continuo: nada les satisface*
Las relaciones con los demás hombres les son enojosas, y
ellos á su vez disgustan hasta k sus amigos y familia; la
lujuria y la gula traen muchas enfermedades crueles que
acaban pronto la vida y disgustan el ánimo; el iracundo
venga muchas veces su ira contra sí mismo; y el perezo­
so, como dice Salomón, siempre será pobre.
3 6 . Pecados contra el Espíritu Santo ó de pura mali­
cia, son : la desesperación de salvarse, la presunción infun­
dada de alcanzar la gloria, la impugnación de alguna ver­
dad conocida, la envidia ó pesar de la gracia ajena, y la
impenitencia final.
3 7 . Hay, por ultimo, pecados que claman a l cielo por
su gran maldad, y son el homicidio voluntariof la sodomía,
la opresión al pobre y la defraudación ó retención injusta
del jornal del trabajador.
— 43 —

LECCIÓN X II

3 8 . ?[;tiidíLttiiontos do la ley ilo Dios. — 3 9 . Primer mandamiento :


Obligación tío Rmiií A Dios. — 4 0 , Qui¿n quebranta astíi manda­
miento.— 4 1 , Superstición, Idolatría y Espiritismo,— 4 2 , Culto
á las imágenes,

3 8 , La fe en las verdades que hasta aquí hemos ex­


plicado no ea suficiente para el cristiano si no va acom­
pañada de las buena a obras. Para hacer éstas, el Señor
nos dió diez preceptos ó mandamientos, y la Iglesia cinco.
3 9 , El primer mandamiento de la ley de Dio a es
amar á Dios sobre ¿odas las cosas. Este mandamiento, al
mismo tiempo que es inmensamente justo, obliga más que
ningún otro, y en realidad comprende todos los demás.
Dios es infinitamente perfecto, infinitamente bueno y mi­
sericordioso, y, por tanto, el hombre debe amarle; pero
además le debe inmensa gratitud por los beneficios que
de su bondad está recibiendo continuamente, Amando li
Dios sobre todas las cosas, es decir, do tal modo que pon-
gamos este amor sobre todos los intereses mundanos, de­
bemos amar sus preceptos y sus obras, y, de consiguien­
te, cumplir su ley y amar á nuestros prójimos.
4 0 , Ealta á este mandamiento el que cree cosas con­
trarias A la fe, duda de alguno de sus misterios ó ignora
los necesarios; el que desconfía de su salvación ó loca­
mente presume de olla; el que no ejecuta cuando debo
actos de fe, esperanza y caridad; el blasfemo, el sacrile­
go, esto es, el que habla con poco respeto del Señor ó no
le tiene á los objetos sagrados ó recibe indignamente al­
— 44 —
gún sacramento; el quo compara los atributos divinos á
las cualidades humanas ó supone en Dios afectos de odio
ú otros móviles impropios de la bondad infinita, lo cual
es muy común en los que se lamentan de sus desgracias,
4 1 . Paitan también los que creen en agüeros ó usan
de Hechicerías; los supersticiosos, esto es, los que practi­
can un culto ó usan de ceremonias no autorizadas por la
Iglesia (superstición); los idólatras ó que adoran falsos
dioses (idolatría), y los que admiten entre este mundo y
el otro relaciones y comunicaciones espirituales que 110
sean las que admite la Iglesia (espiritismo); es decir,
aquellas que dependen de la voluntad do Dios y que tie­
nen por único objeto el bien de las almas.
4 2 . L o que acabamos de decir no se opone en ma­
nera alguoa al respeto que tributamos á las imágenes de
los Santos que se veneran en los templos* Estas imáge­
nes son, como su nombre lo indica, una representación de
los Santos; y nosotros no las adoramos por ellas mismas,
ni suponiendo en ellas virtud alguna, sino por lo que re­
presentan; del mismo modo que miramos con cariño un
retrato de una madre sin amar el mismo retrato.
LECCIÓ N X I Eí

4 3 . ¡Segundo mandamiento.—- 4 4 . Condicionas del juramento*— ■


4 5 . Del voto; sus condiciones..—4 6 , Tercer mAndamiento.

4 3 . El segundo mandamiento es no jurar el santo


nombre de Dios en vano. Jurar es poner á Dios por testigo
de quo lo quo decimos es verdad.
4 4 . Para que se deba hacer el juramento han de re­
unirse tres condiciones : verdad, justicia y necesidad.
La verdad exige que tengamos absoluta seguridad, sin
género alguno de duda, de que lo que juramos es cierto.
La falta que so comete al jurar sin verdad es mortal, por­
que hacemos á Dios testigo de una mentira. La justicia
exige que lo que se jura sea bueno, porque no hemos de
hacer á Dios testigo de la promesa de cometer una acción
mala. El juramento debe cumplirse siempre, excepto cuan­
do lo que so ha jurado es contra la Ley de D ios: en este
caso no sólo es lícito no cumplirlo, sino que no debe
cumplirse. La falta que se comete al cumplir este jura­
mento es mortal 6 leve, según la acción que se ejecute.
La necesidad exige que se jure sólo cuando haya justo
motivo para ello ó lo requieran las circunstancias. El
nombre de Dios debe pronunciarse siempre con respeto,
y, por tanto, peca el que le pone por testigo do cosas de
poco momento ó interés y sin necesidad. El que falta á
un juramento se llama perjuro.
45* Se entiende por voto una promesa hecha á Dios ó
á los santos. El voto debe ser deliberado y espontáneo do
— 46 —
cosa buena y licita y además posible. Deliberado quiere
decir que sea meditado, sabiendo antes de hacerlo si po­
demos cumplirlo; espontáneo significa que debe ser libre,
voluntario, sin que nadie nos obliguo á hacerlo. La mate-
ria del voto ha de ser buena, porque no debemos ofrecer
á Dios una cosa mala; y, por último, ha de ser posible,
porque es impiedad ofrecer lo que no se puede cumplir.
E l voto se llama simple si se hace sin solemnidad al­
guna, y solemne si le tiene admitido la Iglesia como loa
de pobreza, castidad y obediencia, que son loa que hacen
los religiosos.
El juramento y el voto obligan siempre cuando tienen
las condiciones que hemos dicho, y se comete una gran
falta dejando de cumplirlo,
46. El tercer mandamiento nos preceptúa santificar
las fiestas; es decir, no trabajar en los días de fiesta y
emplearlos en obras religiosas y de caridad oyendo en
ellos misa entera con devoción. Sin embargo, no falta á
este mandamiento el que trabaja intelectualmente.
LE C C IO N X I V

4 1?* ilantlamiontos quo se refieren al prójimo,— 4 8 . Cuarto man­


damiento ; obligaciones do los hijos.— 4 9 . Rospútu ú l;.s sopo*
riorcs,— 5 0 . Obligaciones de loa padres.

47. Los otros siete mandamientos de la ley de Dios


se refieren al prójimo, es decir, á todos los hombrea, de
los cuales somos hermanos en Jesucristo, Las obligacio­
nes que en ellos se nos impone han de cumplirse aun res -
pecto de nuestros enemigos; porque uno de los preceptos
del Señor es amar ¿ nuestros enemigos* hacer bien á lo&
que nos aborrecen, y orar por los que nos persiguen y
calumnian.
48> El cuarto mandamiento es honrar padre y madre.
Este precepto, de cuyo buen ó mal cumplimiento suele
depender la suerte de las familias y la desgracia de los
padres y los hijos, exige una absoluta reverencia y un
gran respeto á los que nos dieron el sor.
El hijo debe guardar siempre este respeto á sus padres
en todo lo que le manden que no sea opuesto á la ley de
Dios, porque esto no tiene autoridad para mandarlo.
Cuando el hijo se emancipa y vive ya libremente por ai
solo, debe conciliar sus obligaciones ó intereses con ol
respeto que debo á sus padrea.
Este mandamiento obliga también á los hijos á amar
A sus padres, á sufrir con paciencia sus achaques y debí’
lidades, ¿ ocultar sus defectos y á socorrerlos y mante­
nerlos gi lo necesitan, teniendo siempre presente que un
hijo nada hará nunca de más por sus padres, porque nun-
— 4S —
<3a llegará á compensar los trabajos y los disgustos que él
los lia ocasionado deáde .que nació.
E l que falta á este precepto, además de ofender á Dios,
trae la desgracia sobre sí y destruye la santidad y la
unión de la familia, que es el fundamento de la sociedad.
4 9 . Este Mandamiento comprende también el respe­
to que debemos á los que por otro concepto hacen el oficio
de padres, como los criados respecto de los amos, los fie­
les respecto de los sacerdotes y obispos, y los ciudadanos
respecto de los magistrados y gobernantes.
5 0 . L os padres tienen también sus obligaciones res­
pecto de los hijos, que consisten en educarlos moral y re­
ligiosamente, alimentarlos, vestirlos, darles oficio ó ca­
rrera, según sus facultades y circunstancias y las incli­
naciones de los hijos, y ponerlos en estado conforme á la
vocación que aquéllos tengan.
LECCION X V

5 1 , Q uinto m andam iento: fcu explicación.— 5 2 . Quien lo quebran.


t a . — 5 3 . Duelo y suicidio. — 5 4 . Obras de m ise rico rd ia .— ■
5 5 . Sexto m andam iento.

5 1 , El quinto mandamiento es no matar. Por este


mandamiento se prohíbe, no sólo quitar la vida injusta­
mente, sino hacer al prójimo el menor daño de palabra
ó de obra,/ ov causársele á ai mismo.
El precepto de no matar no es absoluto: hay ocasiones
en que es licito quitar la vida, como en la guerra, y en
defensa de la vida propia, cuando es injusta la agresión*
5 2 , Pero falta á este mandámiento el que ataca la
honra de los demás hablando mal de ellos, lo que ae llama
murmuración; el que calumnia ó injuria, y el que causa
daño al prójimo en sus bienes ó hacienda- En todos estos
casos el maldiciente está obligado á desdecirse poniendo
en su lugar la reputación del que ha sido ultrajado. Tam­
bién prohíbe este mandamiento los odios, los rencores,
las venganzas y el escándalo.
5 3 , Et duelo es el combate personal entre dos indi­
viduos. El suicidio es el acto de quitarse uno á sí mismo
la vida. Ambos hechos están condenados por este man­
damiento, porque ni el hombre constituido en sociedad
puede dirimir sus cuestiones con las armas, ni puede dis­
poner de su vida, de la cual es dueño el Criador. Incu­
rren en excomunión los que ejecutan duelo, lo provocan
ó lo aceptan, y los que les prestan algún favor.
5 4 , Para cumplir dignamente con este mandamien-
— 50 —
to, la Iglesia ha establecido las Obras de Misericordia,,
que son catorce, y obligan moral mente A todos loa cris­
tianos» aunque no son de precepto amo on necesidades
graves.
Las Obras de Misericordia son catorce: siete corpora­
les y siete espirituales.
Las corporales son éstas :
La primera, visitar á los enfermos.
La según da ( dar de comer al hambriento.
La tercera, dar de beber al sediento.
La cuarta, vestir al desnudo.
La quinta, dar posada al peregrino.
La sexta, redimir al cautivo.
La séptima, enterrar á loa muertos.
Las espirituales y más meritorias son éstas:
L a primera, enseñar al que no sabe.
La segunda, dar buen consejo al que lo ha de menester.
La tercera, corregir al que yerra.
La cuarta, perdonar las injurias.
La quinta, consolar al triste.
La sexta, sufrir con paciencia la flaqueza de nuestro»
prójimos.
La séptima, rogar k Dios por vivos y muertos.
Estas Obras de Misericordia comprenden todos nues­
tros deberes respecto del prójimo, y por consiguiente, no
haciendo ú omitiendo algo de lo que proa criben, se falta,
á lo que Dios exige de todo buen cristiano.
55. El sexto mandamiento es no fornicar. Por él se
nos prohibe toda acción, toda palabra, todo pensamiento
y todo deseo que sea deshonesto. Todos los pecados que
se cometen infringiendo este precepto son graves, ha­
biendo advertencia completa y total consentimiento.
LECCIÓ N X V T

5 6 . Séptimo mandamiento. — 5 7 . Gravedad tic» su infracción, —


5 8 . Usura.

5 6 . El séptimo mandamiento es no hurlar. Robar,


hurtar ó defraudar es quitar ó retener lo ajeno contra la
voluntad de su dueño; estas tres voces no significan lo
mismo; se diferencian en el medio con que se ejecuta el
delito, pero convienen en significar que se perjudica al
prójimo en sus intereses, apropiándose lo-suyo contra su
voluntad. En todos estos casos, ol que roba está obligado
á, restituir lo robado, sí fuese posible, y á resarcir los per­
juicios que hubiese ocasionado.
5 7 . Para saber qué clase de pecado es el robo, hay
quo atender ¿l la materia y á las consecuencias. Si la ma­
teria es grave, es decir, si el robo ó hurto es grande, el
pecado es mortal; si es leve, el pecado es venial. Lo mis­
mo decimos de las consecuencias. Un cuarto robado á, un
pobre que no tuviera otro caudal, es un gran crimen.
Paitan también á este mandamiento los que engañan
en el precio de venta y los que no pagan los sueldos ó sa­
larios, ó las deudas; quedando siempre obligados k resar­
cir los perjuicios quo causan si obraron con advertencia
y fuá acto voluntario la demora.
5 8 . Se llama usura llevar más de lo que se presta
sólo porque se presta. En el préstamo es permitido exigir
el quebranto que sufran los intereses del que presta; pero
nada más. El usurero falta á oste mandamiento, porque
por el préstamo nadie puede hacer suyo lo que no es, ni
aquello sobre lo cual no tiene ningún derecho.
LECOtÓN X V I I

5 9 . Üylavo mandam icnt o. — 6 0 . De la mentira. — 6 1 , Xovehí)


y dccinoo mandammntos,— 6 2 , Tlosumen. da los mandamientos,

5 9 . El octavo mandamiento es no levantar falso tes­


timonio ni mentir. Palta A este mandamiento el que ase­
gura quo otro ha hecho una acción mala sabiendo que no
la ha liecho. La culpa en que se incurre es grave ó leve,
según el mal que se siga al prójimo; pero siempre es gra­
ve ai al falso testimonio procedió juramento, como Buce-
de en los juicios.
6 0 . Mentir es decir lo contrario de lo que se siente;
la mentira puede ser jocosa cuando tiene por objeto la
risa ó diversión; oficiosa cuando se miente por utilidad
propia ó ajena; y perniciosa cuando ol que miento lleva
ia intención de perjudicar k alguien. Las dos primeras
clases de mentira son pecado venial; la tercera puede aer
mortal si el daño quo se causa es grande, como sucede
cuando se calumnia. También se prohíben por este man-
' ¿amiento los juicios temerarios, quo consisten en juzgar
mal do las acción os ó intención del prójimo sin motivo
suficiente para ello. La hipocresía, que consisto en fingir
ó aparentar virtud ó devoción ejecutando acciones piado­
sas. La adulación ó elogio inmerecido ó exagerado do las
facultades ó acciones do una persona con el interesado
fin de ganarse su voluntad. La -murmuración ó conversa­
ción en perjuicio de un ausente, ya sea contra justicia (si
el delito* de que se habla no era conocido por la persona
— 53 —
K.

con quien ae habla), ya sea contra la caridad (si el objeto


de la conversación era ya conocido). La contumelia ú
ofensa de palabra á una persona en su misma cara y la
susurración, esto est lo que vulgarmente se llama ser chis­
moso. La murmuración quita la fama, la contumelia afea
el honor y la susurración quebranta.y rompe la amistad.
61 ► El noveno mandamiento es no desear la mujer dei
prójimot y se nos prohíbe por él todo deseo impuro; por
el décimo se prohíbe desear los bienes ajenos. Estos
dos mandamientos están ya impuestos en el sexto y sép­
timo; pero en la ley de Dios ae expresan con separación
para que no se crea que se peca solamente con la obra,
sino con el deseo y con el pensamiento. Tal es la pureza
que Dios exige de nosotros*
62. Estos diez mandamientos se encierran en dosT
que son amar á Dios y amar al prójimo; porque si com­
prendemos este amor en toda su extensión, cumpliremos
los tres primeros mandamientos que se refieren á la di­
vinidad, y los siete últimos, cayo objeto es no causar
daño alguno al prójimo*
LEceróx x v n i
6 3 . Mamlnmieníos ile 1a Iglesia. — 6 4 , Frimpr mantlnmiouto. —
6 5 . Principales fiestus do la Iglesia, ■— 6 6 r Segundo noíintla-
micnto rio hi Iglesia. —■6 7 . Tercer ni amlutn tanto,

6 3 . La Iglesia, en uso do la potestad que recibió de


Jesucristo, lia promulgado otros cinco mandamientos que
sirven para facilitar el cumplimiento de loa de la ley de
Dios, y que obligan á todo subdito de la Iglesia, siempre
que por su cumplimiento no se siga grave perjuicio en la
vida, en la honra ó en la hacienda.
6 4 . El primero de estos mandamientos, que es til
comprendido en el tercero de la ley de Dios, es oir misa
entera los domingos y fiestas de guardar. La misa es el
mismo sacrificio del Calvario, sin otra diferencia* dice el
Concilio de Trento, que el modo y motivo do ofrecerse;
es el sacrificio do la nueva ley de Gracia que se ofrece al
Eterno Padre. Estamos obligados á oírla entera, con de­
voción, y orando todos los domingos, que nos recuerdan
la Resurrección de Jesucristo y los demás días de fiesta
que lia establecido la Iglesia en memoria de algún mis­
terio ó en honor de algún santo. Sólo por causas muy jus­
tas, y que no están en nuestra mano el poder evitar, se
puede faltar á misa.
6 5 . Entre las fiestas principales que celebra la Igle­
sia, sean ó no de precepto, figuran: la Circuncisión, en
recuerdo de la primera sangre que Jesús derramó por
el hombre, el 1-° de Enero; la Epifanía ó Adoración,
en que se celebra la adoración de los Reyes Magos, el G
— 55 —
de Enero; la Purificación ó presentación del Niño Je­
sús en el templo, el 2 de Febrero; el Patriarca San Jogé,
el 10 de Marzo; la Cuaresma, instituida por log Apóstoles
para prepararnos á celebrar la Semana Santa; la Semana
Santa, en que recordamos la pasión y muerte del Señor;
la Pascua do Resurrección, y á los cuarenta di as la A scen­
sión á los cielos; la Pascua de Pentecostés, ó venida del
Espíritu Santo; la Santísima Trinidad, fundamento de la
religión cristiana; la Anunciación del Angel San Gabriel
á la Virgen y la Encarnación del Hijo de Dios, el 25 de
Marzo; el Corpus Chrisli ó la institución de la Eucaristía;
la Natividad de la Santísima Virgen, el 8 de Septiem­
bre, y su Asunción á log cielos, el 15 de Agosto; la Con­
cepción Inmaculada de María, el 8 de Diciembre; el A d ­
viento, ó sean cuatro semanas para prepararse dignamen­
te al nacimiento del Señor, y el Nacimiento de Jesucris­
to, el 25 do D iciem bre: además de eatag fiestas princi­
pales hay otras muchas instituidas por la Iglesia y varios
días en que hay obligación de oir misa, pudiendo tra­
bajar.
66. El segundo mandamiento de la Iglesia es confe­
sar una vez á lo -menos dentro del año, ó si hay peligro de
muerte ó se ha de comulgar, Egte precepto obliga á todos
los que están bautizados y tienen uso de razón, y os una
consecuencia necesaria de la potestad que Jesucristo dió
á la Iglesia para perdonar los pecados. La Iglesia ha es­
tablecido la época en que debe hacerse la confesión y
comunión obligatoria, dejando al arbitrio de los fieles el
hacerlo-además cuando lo crean conveniente : esta época
es la Pascua de Resurrección. Además ha mandado que
se confiese y comulgue antes de recibir algunos sacra­
mentos y antes de la muer te, para prepararse á ver al
Seüor.
67. El tercer mandamiento es comulgar por Pascua
Jloriáa, aunque el precepto de la comunión le estableció
Jesucristo al instituir la sagrada Eucaristía, el tiempo
en que ha de cumplirse es potestativo de la Iglesia, y en
efecto, la Iglesia ha señalado la época del cumplimiento
pascual que abarca desde el Domingo de Hamos hasta el
Domingo in albis (el primer domingo después de Pascua
de Resurrección); sin embargo, este plazo es ampliablo y
de hecho se amplía según las circunstancias y la costum­
bre de cada localidad. Este precepto obliga á comulgar
en la Iglesia parroquial y comprende á todos los fieles,
incluso k los niños que tengan viso de razón y estén im­
puestos en la Doctrina Cristiana, k los enfermos y á los
encarcelados.
— 57 —

LEC C IÓ N X I X

6 8 . Cuarto irmnclaminnta.— 6 9 . Quinto mandamiento.— 7 0 . Gomo­


so cumplo hoy oste precepto.—'7 1 . D el culto; nccosidail dul culto-
extomo.— 7 2 . Libros prohibidos,

6 8 . El cuarto mandamiento es ayunar cuando lo man­


da la Santa Madre Iglesia. Jesucristo nos dió el ejemplo
del ayuno y nos encargó repetidas veces que ayunára­
mos; por lo tanto, este precepto obliga á todos los cris­
tianos que hayan cumplido veintiún años, excepto á los
enfermos y á los que no puedan cumplir sus demás obli­
gaciones ayunando. El ayuno que exige la Iglesia con­
siste en hacer una sola comida al dia, con un ligero dos-
ayuno y colación; no pudiendo tomar en todo el dia nin­
gún otro alimento, ni los vedados» os decir, carne, huevos
3Tlacticinios (leche ó cualquier manjar compuesto con ella),
ni promiscuar, esto es, comer carne y pescado en una
misma comida. Los huevos y los lacticinios, cuando no
están vedados, pueden tomarse indistintamente con carne
ó con pescado.
6 9 . En el quinto mandamiento la Iglesia nos impon©
la obligación de pagar diezmos y jprtMÍciast es decir, de
dar lo necesario para el sostenimiento del culto, pues si
bien el fin de la Iglesia es espiritual, para cumplir este
fin sus hijos y sus ministros necesitan de las cosas te­
rrenas. Dios no necesita de los hienes del hombre; el hom­
bre es quien se los debe á Dios.
7 0 . El cumplimiento de este precepto, en virtud de
los poderes que tiene la Iglesia para atar y desatar, para
mandar una cosa ú otra, según las circunstancias, ha su­
frido alguna mo di Re ación; la Iglesia no atiende ya á las
necesidades del culto y de sus ministros con sus bienes
propios, porque de ellos se incautó el Estado, pero se
cumple el quinto mandamiento destinando á este servicio
una cantidad que se consigna en los presupuestos gene­
rales de la nación.
7 1 . Todos estos mandamientos suponen la necesidad
del culto interno y externo; es decir, de los actos asi in­
teriores como exteriores con que adoramos y reverencia­
mos al Scñoi\ Ya hemos demostrado la necesidad del
culto interno; en cuanto al externo, es también una nece­
sidad, porque habiéndonos dado el Señor alma y cuerpo,
debemos adorarle con el alma y con el cuerpo.
Aconseja también ol culto externo, el ejemplo que con
él damos. Esta oíase de culto suele producir por desgra­
cia en nuestros tiempos una vergüenza incomprensible y
sacrilega en los jóvenes, los cuales deben de recordar que
Jesucristo dijo: Al que no me confesare públicamente, yo
tampoco le cohfeaaré delante de mi-Padre.
7 2 . La Iglesia condena también la lectura y propa­
gación de libros prohibidos; c-sto es, que contengan here­
jías, que traten de adivinaciones y sortilegios, la Sagrada
Escritura sin la aprobación de la Santa Sede* y en gene­
ral* todos los que expongan doctrinas opuestas ¿i la mo­
ral y buenas costumbres.
CUARTA PARTE
DE LO QUE EL CRISTIANO ItA DE RKCIJ3IR

L E C C IÓ N X X

7 3 . Do los Sacramentos.— 7 4 . Clr.fcfcK Je Sncraniúutos.— 7 5 . Sa­


cramentos rjuo imprimen earáctoi’. — 7 6 * Materia, forma y mi-
rustro del SacimniBiito.

7 3 , L os S acramcn tos so n s!g tios pe r ceptibl es, aagra -


dos y permanentes, instituidos por Jesucristo para dar­
nos por ellos su gracia y las virtudes.
El Sacramento es un signo, porque representa la gra­
cia; perceptible, porque nos entra por los sentidos; sagra­
do, porque fué instituido por el Señor, y permanente, por­
que es invariable: sólo Dios podría variarle. Por los Sa­
cramentos Dios nos concede su gracia; esto es, un espíritu
divino que liace al hombre hijo de Dios y heredero del
cielo, y nos da también las virtudes, de las cuales trata­
remos en la siguiente lección.
7 4 , Hay Sacramentos de dos clases: de vivos y de
muertos. Los primeros son’ aquellos en que se supone que
— 60 —
el alma está en gracia de Dios, y por el Sacramento se
aumenta esta gracia, como sucede en la Confirmación,
Comunión» Extremaunción, Orden y Matrimonio. Se lla­
man Sacramentos de muertos, aquellos en que el alma,
estando muerta á la vida de la gracia, adquiere esta vida
por el Sacramento; son dos: el Bautismo y la Penitencia.
7 5 . Hay Sacramentos que imprimen carácter; es de­
cir, que marcan el alma con una señal indeleble y per­
manente; por esta razón estos Sacramentos no pueden
recibirse más quo una sola vez.
Loa que imprimen carácter son tres: Bautismo, Confir­
mación y Orden; el que los reciba no puede borrar ni
perder nunca el carácter de bautizado, de confirmado y
de ordenado. Los demás Sacramentos pueden borrarse
del alma; por ejemplo: la gracia de la Eucaristía se borra
por nuevos pecados; el Matrimonio queda deshecho por
la muerte de uno de los cónyuges.
7 6 . En todo Sacramento hay que distinguir tres co­
sas ; la materia, la forma y el ministro. La materia es lo
que constituye perceptiblemente el Sacramento; la forma,
son las palabras ó ceremonias con que la Iglesia le ad­
ministra; y el ministro, la persona que debe conferirle.
— 61 —

LECCIÓN X X I

7 7 . Do las virtudes.— 7 8 . Virtudes tcníng&le.-i.— 7 9 - Virtudes


morales.—80. Bienavontuvanzas*—81. Consejos evangélicos y
vida monástica.'

7 7 . La virtud es el hábito de obrar siempre bien.


El hombre tiene tres clases de deberes: para con Dios,
para consigo mismo y para con sus semejantes; de aqui se
sigue que hay tres clase a de virtudes, que tienen por ob­
jeto las obligaciones religiosas y las que tenemos respec­
to de nosotros mismos y del prójimo. Las primeras tie­
nen por fin inmediato la perfección y salvación de nues­
tra alma; las últimas, aunque tienen el mismo objeto, por­
que el Señor manda ejercer todas las virtudes, se refieren
más inmediatamente A la felicidad nuestra y del prójimo,
y al bienestar general de la sociedad.
La primera clase de virtudes, que es la única de que
nos vamos á ocupar aquí, comprende las virtudes teolo­
gales y morales.
7 8 . Las teologales ó divinas son tres: Fe, Esperanza
y Caridad. La Fe consiste en creer firmemente, lo que
Dios nos ha revelado y nos enseña-la Iglesia; la Espe­
ranza nos hace esperar en las promesas y en los medios
de alcanzarlas que nuestro Señor dió & los que oyesen y
cumpliesen su palabra; y la Caridad nos hace amar á
Dios y al prójimo.
7 9 . Las virtudes morales no tienen por inmediato
objeto á DioSj sino nuestras acciones, y se llaman tam­
bién Cardinales, porque de ellas nacon otras muchas vir-
— 62 —
tudes; son cuatro: la Prudencia, que consiste en discer­
nir lo bueno de lo malo, haciendo lo "bueno en todas las
ocasiones; la Justicia, que consiste en dar á. cada uno lo
que le pertenece y conservarle lo que es suyo; la Forta­
leza, quo consiste en el valor necesario para resistir y
vencer el mal; y la Templaza, que consiste en la mode­
ración de nuestras acciones, palabras y deseos.
80. Como resumen de las virtudes morales, tiene el
cristiano las Bienaventuranzas, que son ocho: l;a, bien­
aventurados los pobres do espíritu, esto es, los que no
desean honras ni riquessas inmoderadas, porque de ellos
es el reino de los Cielos; 2 /, bienaventurados los mansos,
ó sean los que dominan la ira, porque ellos poseerán la
tierra; 3.a, bienaventurados los que lloran, es decir, los
que mortifican sus sentidos y desprecian los placeres, por­
que ellos serán consolados; 4,\ bienaventurados los que
han hambre y sed do justicia, es decir, Jos que hacen con
ansia su deber en todo, porque ellos serán hartos; o.n, bien­
aventurados los misericordiosos, esto es, los que se com­
padecen de los males de otros, aunque sean enemigos,
porque ellos alcanzarán misericordia; 6.“, bienaventura­
dos los limpios de corazón, esto es, los que huyen del vi­
cio y practican la virtud, porque ellos verán á JDios;
7.a, bienaventurados los pacíficos» esto es, los que no se
inquietan y procuran la paz de los demás, porque ellos
serán llamados hijos de Dios; 8.ft, bienaventurados los que
padecen persecución por la justicia, es decir* los que cum­
plen sus deberes aunque los persigan y maltraten, por­
que de ellos es el reino de los cielos.
Las Bienaventuranzas nos las enseñó Jesucristo en su
primer Sermón ó sea el que predicó en la Montaña inme­
diatamente después de la elección de los Apóstoles, y ex­
presan los beneficios que de practicarlas se siguen al
— G3 —
cristiano* ya dándole paz en el mundo* ya preparándole
el reino de los cielos.
81. Finalmente, para mayor perfección de la vida
cristiana, el Evangelio aconseja la pobreza voluntaria* la
castidad y la vida de obediencia; por eso los que hacen
vida monástica ó regular pronuncian los votos de pobre-
sia, castidad y obediencia*
Los Conventos* ó sea los Establecimientos donde se
haco la vida monástica, tienen grandísima importancia
en la sociedad como consuelo de los males del mundo,,
remedio al suicidio, asilo de grandes virtudes y última
mansión de hombres eminentes.
— 64 —

LECCIÓN X X J I
é

8 2 . Timitismo.— 8 3 . Condiciones para recibirle.'— 8 4 , Confirma­


ción,— 8 5 . Dones <lél Espíritu Santo. - 8 6 . Frutos tlwl Espíritu
Santo*

82. El Bautismo es el primer Sacramento que debe


recibir el hombre, porque sin él no es cristiano, y por
tanto no puedo recibir ningún otro. El Bautismo le ins­
tituyó Jesucristo al ser bautizado on el Jordán r le ad­
ministra el sacerdote, y en caso do necesidad cualquier
persona, tío confiere derramando agua natural sobro la
cabeza del que se bautiza, y diciendo: «Y o te bautizo on
el nombro del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo*»
8 3 . En nuestra Iglesia reciben ol bautismo los recién
nacidos, quedándoles perdonado el pecado original; pero
los que no han nacido en el seno de la Iglesia Católica
pueden recibirle ya adultos, exigiéndose en este caso que
conozcan y crean en las verdades cristianas, y que tengan
deseo de recibir este Sacramento. A esta ceremonia asis­
ten dos padrinos que contraen parentesco espiritual con
el que se bautiza y con los padres del bautizado, adqui­
riendo la obligación de enseñarle la Doctrina Cristiana y
darle los auxilios que necesite.
8 4 . El segundo Sacramento es la Confirmaciónt que
fué instituido por Dios al enviar el Espíritu Santo sobre
los Apóstoles y da gracia y fortaleza al alma para creer
y practicar la fe de Jesucristo* Se llama también Sacra­
mento del Espíritu Santo, porque en él recibimos al mis-
íao Espíritu .Santo. Administra este Sacramento el señor
Obispo ungiendo la frente del confirmado con el óleo san­
to y dándole una palmada en la cara para significar que
debemos estar dispuestos á sufrir por la fe de Cristo,
El Obispo y los padrinos contraen parentesco espiritual
con el confirmado, Cuando le reciben los adultos han de
estar en, gracia de Dios y con voluntad de recibirle. No
es un Sacramento obligatorio, pero el cristiano debe pro­
curar recibirle.
8 5 , La Confirmación prepara al alma para recibir los
Dones y Frutos del Espíritu Santo. Los dones son ciertos
favores ó dádivas con que ol Señor puede enriquecernos
para adorarle mejor y gobernarnos en este mundo : el prí -
mero es don de Sabiduría, y el segundo do Entendí míe tito}
que nos sirven para conocer y entender las verdades de
Ea religión y los motivos que hay para cumplir con esas
obligaciones. El tercero es don de Consejo, para que nun­
ca obremos ligeramente, sino do acuerdo con la opinión
de los doctos y virtuosos; ul cuarto es don de P o r ta le s
para resistir las tentaciones y vencer las pasiones; el
quinto don de Ciencia, para discernir el bien del mal; el
sexto don de Piedad, para disponernos á unirnos á Dios
por el cumplimiento de sus Mandamientos; y el séptimo
es el don de Temor de Dios, ó sea el que debemos tener-
de ofenderle, respetándole como hijos,
8 6 . Los Frutos del Espíritu Santo son un resultado
de estos Dones y de la gracia Divina, como consecuen­
cia del ejercicio de las virtudes, y son d oco: Caridad,
ó sea el amor de Dios y del prójimo; Gozo espiritual, que
resulta del cumplimiento de nuestros deberes; Paz, esto
es, la traLquilidad do espíritu; Paciencia, que nos da
fuerza para no desfallecer en la tribulación; Benignidad,
que nos hace benévolos para con el prójimo; Bondad, que
— 06 —
nos inclina á desear el bien para todos; Longanimilad ó
firmeza en padecer; Man sed timbre, ó sea el freno de la
ira; Fe ó fidelidad en el cumpliento de nuestras promesas;
Modestia, que mata la vanidad y la estimación personal;
Continencia ó sujeción á la ley de Dios de los pláceres
de los sentidos* y Castidad ó sea pulcritud del alma que
requiere la mayor pureza en nuestras acciones, pensa­
mientos y deseos. Estos frutos nos dan un estado tran­
quilo y gozoso, de tal modo, que el alma sufre con la
mayor resignación y con santa alegría sus tribulaciones
en el mundo esperando una vida mejor, y bendiciendo
los mismos males, que la presentan ocasión de manifestar
su amor á Dio3*
\

4
LECCIÓN X X I I I

8 7 . Pen itoitOiirt-.-—8 8 . Do líi confesión.— 8 9 . Atrio-jón y contri­


ción.— 90* De 1» penitencia como virtud,— 9 1 . Indulgencias. -
9 2 , Bula.

8 7 . El tercer Sacramento es el de la Penitencia, por


el cual estamos obligados á confesar nuestros pecados á
un sacerdote, recibiendo de éíte la absolución. Este Sa­
cramento le instituyó Jesucristo después de su Resurrec­
ción cuando sopló sobre los Apóstoles deciéndoles: "R e­
cibid el Espíritu Santo; á los que perdonareis los pecado#,
serán perdonados; y á. los que se los retuvierais, les serán
retenidos;-.
8 8 . Para hacer una buena confesión es necesario
repasar antes la memoria, siguiendo los mandamientos
de la ley de Dios, los de la Iglesia y las obligaciones que
tenemos que cumplir en nuestro estado ó condiciones, re­
cordando todas las ^faltas que hemos cometido, lo cual
constituye el examen de conciencia,; decir después al con­
fesor todos los pecados que se recuerden, tener arrepen­
timiento sincero de haber ofendido á Dios y propósito de
enmendarse; y, por último, cumplirla penitencia que nos
fuere impuesta* Es obligación confesar todos los pecados
mortales; pero es muy bueno también confesar los venia­
les, entre otras muchas razones porque no puede siem­
pre el cristiano decidir si un pecado es venial ó morial,
y porque un pecado venial puede ir acompañado de ta­
les circunstancias, que le hagan mortal.
8 9 . El dolor del pecado puede ser de dos maneras;,
— os —
dolor de atrición ó dolor de contrición, EL primero es un
dolor de haber ofendido A Dios por la fealdad del peca­
do comalido, por el temor del castigo que nos espera en
la otra vida, ó por otras razoues puramente personales,
como por ejemplo: el mal que nos haya seguido á conse­
cuencia de una falta. La contrición es el dolor de haber
ofendido & Dios, por ser este Señor infinitamente bueno
v misericordioso.
y
La contrición ©3 el dolor más perfecto, porque excluye
toda idea de temor ó de interés personal, y por ella se
nos perdonan todos los pecados, siempre que vaya acom­
pañada de la resolución de confesarlos, y 3 i esto no es
posible, del firme y universal propósito de la enmienda,
es decir, del propósito de no pecar más nunca.
9 0 . Nuestros pecados se perdonan por el Sacrameo-
de la Penitencia; pero además debemos una satisfacción
al Señor por haberle ofendido, y esta satisfacción se da
cumpliendo la penitencia que nos impone el confesor; por
eso se di cerque la penitencia, como virtud, nos inclina al
aborrecimiento del pecado, al propósito de la enmienda,
y á la satisfacción de obra; esto es el cumplimiento de la
penitencia. Esta puede ser de dos clases: medicinal, cuan­
do tiene por objeto evitar que recaigamos en el pecado;
y puramente satisfactoria, cuando es para satisfacer la
pena debida.
9 1 . Esta pena temporal se perdona también por me­
dio de las indulgencias que concede la Iglesia, Las in­
dulgencias son parciales cuando perdonan sólo un tiem­
po determinado, y plenarias cuando perdonan toda 3a
pena. Para ganar indulgencia plenaria se necesita estar
sin pecado y hacer lo que mande quien la promulgue. El
jubileo es una indulgencia plenaria en que los confeso­
res reciben potestad para conmutar votos y juramentos,

1
y absolver en casos reservados, es de-üir, eu aquellos gra­
vísimos cuya absolución no puede dar un simple confe- *
sor. Puede ser Mayor, que es el instituido cada veinticin­
co años; el Menor el que concede el Papa á voluntad en
determi nad as ci rcuc stan c ias.
92. La Btda de la Sania Cruzada es una concesión
hecha por el Pipa á los Reye.'» Católicos de España en
favor de los que vivían en sus dominios. La Bula tuvo su
origen en la guerra con los infieles : su objoto era alen-
tar á los que peleaban en defensa de la religión. Esta
Bula se divide en cuatro clases, que son : Bula general
de la Santa Cruzada, Buia de difuntos, Bula de lactici­
nios y Bula de carne. La Bula de composición tiene por
objeto satisfacer el hurto ó robo cuando no se conoce la
persona hurtada. Por cada Bula de composición se satis -
facen dos mil maravedís (14,70 pesetas aproximadamen­
te). Para que esta Bula sea eficaz es necesario que no so
haya adquirido con malicia, en la confianza de satisfacer
después con ella un hurto en que nos quede beneficio.
— 70 —

LECCrÓN X X I V

9 3 , Comiir-Són, — 9 4 . Sn inKtitii<.,u»n.— 9 5 . MchIo Jn r e d im ía .—


9 6 , E l unovo síicritlcio.— 9 7 t Su significación.

9 3 . El cuarto Sacramento es la Comunión 6 Eucaris­


tía. La Eucaristía es uno de los primeros misterios de la
religión cristiana; es la conversión del pan y del vino en
el cuerpo y sangre reales y verdaderos de Nuestro Señor
Jesucristo, quedando en la hostia y en el cáliz después
de la consagración la apariencia y los accidentes del pan
y del vinot como olor, color, sabor, etc,
9 4 . La sagrada Eucaristía fué instituida por Jesu­
cristo cuando se despedía de sus discípulos en la cena,
dándoles el pan y diciendo: Tomad y comed, este es mi
cuerpo; y dándoles el vino, diciendo : Tomad y bebed, esta
es mi sangre, que será derramada para remisión de los p e­
cados. Por este augusto Sacramento, prueba inefable de
la bondad y amor del Señor, nos visita la misma divini­
dad, colmándonos de gracias espirituales.
9 5 . Este Sacramento debe recibirse con la mayor de­
voción, y reflexionando lo augusto de su institución y los
beneficios que nos proporciona. El cristiano debe recibirle
en ayunas, significando asi la pureza de alma y de cuerpo
con que debemos estar preparados, Tomar la comunión
de otro modo es un enorme sacrilegio, á no ser que la re­
ciba un enfermo por modo de Viático.
9 6 . Los sacrificios de la ley antigua consistían en el
ofrecimiento de una victima y significaban el reconocí-
— 71 —

miento del supremo dominio del Seüor sobre todo lo cria­


do. Este sacrificio debia desaparecer á la venida del Me­
sías, como habían anunciado los profetas. El sacrificio de
los cristianos consiste en el ofrecimiento de la Hostia con­
sagrada, que es el Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor
Jesucristo, victima inmolada por nuestra salvación; y
reúne todas las condiciones de los sacrificios antiguos, y
además la de sor incruento,
97* Las vestiduras del sacerdote en la Misa repre­
sentan el traje y la pasión del Señor; asi el cingulo es la
soga con que ataron al Señor para azotarle; la estola es la
soga que le echaron al cuello cuando llevaba la Cruz; el
alba es la vestidura que Herodes mandó ponerá Jesús, y
la casulla la túnica. Las ceremonias de la ilisa son el re­
cuerdo detallado de la pasión y muerte de Jesucristo, que
se ofreció á. su Eterno Padre tomando sobre si las culpas
de los hombres.
LECCIÓN X X V

98, Exiromai.iiKÚón.— 99. Orden.—-100» Sus divei^Oií grados,—


1 0 1 .MHtrisnonio.—- 102. El <livf>rfío, — 1 0 3 . Matrimonio civil,

9 8 . El quinto Sacramento es )a Extremaunción, es


decir, una unción sagrada que da la Iglesia cuando el
cristiano está próximo á la muerte; es una preparación
para entrar en la vida eterna, es al bautismo de este se­
gundo nacimiento, como dice Chateaubrian, para el cual
la Religión no emplea ya el agua, sino el aceite, emblema
de Ja incorruptibilidad celestial.
Según declara el Concilio de Trento. el sacramento de
____ «

la Extremaunción fué instituido por Jesucristo; los San­


tos Padres no fijau la época, pero la opinión más general
la supone inmediatamente después de la Penitencia. Este-
Sacramento debe recibirse todavía con conocimiento y
aumenta la gracia, limpia las reliquias del pecado y da
salud al cuerpo si le conviene.
9 9 . El sexto Sacramento, ó sea el Orden, da potestad
espiritual al que le recibe para convertir el pan y el vino
en Cuerpo y .Sangre de ífuestro Señor Jesucristo, para
absolver los pecados y administrar los Sacramentos; fué
instituido por Jesucristo al conferir á sus discípulos la po­
testad de convertir el pan y el vino en Cuerpo y Sangre *

de Jesucristo, y la de perdonar los pecados. Iónicamente


pueden conferirle los Obispos, y lo hacen como enseñaron
los Apóstoles, imponiendo las manos.
1 0 0 » En el orden hay diversos grados - -menores,, que
son los de Ostiano (portero), Lector, Exorcista y Acólito,
y se refieren al servicio del templo y del altar en bien
de los fieles: mayores, que comprenden el Subliaconado,
el Diaconado y el Presbiterado; el primero, tiene entre
otras facultades la de cantar la Epístola en la misa so­
lemne; el segundo, la de cantar el Evangelio, y el terce­
ro, es el Sacerdocio perfecto; comprende todos los demás
grados ú órdenes, puesto que á él se refieren.
101* El séptimo y último Sacramento es el Matrimo­
nio, ea decir, la unión de un solo hombre con una sola
mujer A perpetuidad, legitimada y santificada por la Igle­
sia. El Matrimonio es un contrato y un Sacramento; como
contrato es la unión de un solo liombre con una sola mu­
jer que les obliga A vivir en compañía; como Sacram en to
es este mismo contrato santificado por Jesucristo. Fué
instituido en el Paraíso, cuando Dios crió á Adán y Eva,
diciendo: creced y multiplicaos, y elevado á Sacramento,
según lo más probable, en las bodas de Caná; tiene por
objeto tener y educar hijos cristianos; debe recibirse en
gracia de Dios, y con él se adquiere, dignamente recibi­
do, nueva gracia y fo r ta le z a para cumplir todas las obli­
gaciones.
La Iglesia, con grandísima sabiduría, ha establecido
una multitud de obstáculos ó impedimentos, unos llama­
dos impedientes, esto es, que impiden ó prohíben la celebra­
ción del Sacramento, entre los cuales se encuentra el con­
sejo patento y las amonestaciones,y otros llamados dirimen-
fea, esto es, que invalidan y anulan el matrimonio aun
después de celebrado, y entre éstos figuran, el voto solemne
de castidad, el orden sagrado y los parentescos espiritual y
espiritual; éste último es dñ una grandísima transcenden­
cia en la vida social, porque tiende i dividir la propiedad
y á impedir que las riquezas se acumulen en pocas fa­
milias-
7’1
1 0 2 . El Matrimonio es indisoluble, es decir, que con­
traído, ya no puede disolverse; asi lo declaró el Apóstol
San Pablo en el capitulo VII de su primera epístola á los
Corintios: Mas aquellos que están 7inidos en matrimonio,
mando, no yo, sino & Señor, que la mujer no se separe del
marido; y si las pasiones de los hombres, como dico un
ilustre filósofo, ao han sublevado contra esta ley, es que
no han echado de ver el desorden'que el divorcio introdu­
ce en el seno de las familias, alterando las sucesiones,
desnaturalizando los afectos paternales y corrompiendo
el corazón. Los cónyuges están obligados á amarse, guar­
darse fidelidad y educar á los hijos en el santo temor de
Dios.
1 0 3 . Con respecto il este Sacramento, la Iglesia ense­
ña que entre cristianos no hay contrato matrimonial, sino
el que es Sacramento; de modo que el llamado Matrimo­
nio civil ni es matrimonio, ni siquiera tiene fuerza de es­
ponsales.
SENTENCIAS
sobre el sabio y el necio, sobre la virtud y el vicio,
sacadas del « Libro de los Proverbios. >>

El Lijo sabio alegra al padre ; mas el necio, tristeza es


de su madre,
Nada aprovecharán los tesoros de la impiedad; y la
justicia librará de la muerte.
No afligirá al Señor con hambre el alma del justo, y
trastornará las tramas de los impíos.
La mano floja produjo indigencia; mas la mano acti­
va acumula riquezas,
Quien se apoya en mentiras, este se alimenta de los
vientos; y ¿ste mismo sigue á aves que vuelan.
Quien allega en la mies, hijo sabio es; mas el que
ronca en el estío, es lrijo de confusión.
La bendicióa del Señor sobre la cabeza del justo;
mas la cara de los impíos, maldad la cubre.
La memoria del justo con alabanzas; y el nombre do
los impíos se pudrirá.
EL sabio de corazón recibe los preceptos; el necio es
herido por los labios.
El que anda con sencillez, anda confiado; mas ei que
pervierte sus caminos, descubierto será.
Quien hace del ojo, dará dolor; y el necio será azota­
do por los labios.
Vena dé vida os la boca del justo, y la boca de los
impíos oculta la maldad.
Eí odio levanta rencillas, y la caridad cubre todas las
taitas.
En los labios del sabio se halla sabiduría, y vara en
la espalda de aquel qué es falto de cordura.
Los sabios.esconden el saber; mas la boca del necio
está cerca de la confusión.
El haber del rico es la ciudad de su fortaleza: la in~
digencia de los pobres los llena de pavor.
La obra del justo es para vida: mas el fruto del impío
es para pecado.
Camino de vida tiene el que guarda la corrección:
mas el que deja las reprensiones, va descarriado.
Ocultan odio los labios mentirosos; el que profiere la
contumelia es necio.
lín el mucho hablar no faltará pecado; mas el que
modera sus labios muy prudente es»
La lengua del justo es plata escogida; mas el cora­
zón de los impíos no vale nada.
Los labios del justo instruyen á muchísimos; mas I03
que son necios, en mengua de corazón morirán.
La bendición del Señor hace ricos, y nunca los acom­
pañará, aflicción.
El necio obra la maldad como por risa; mas la sabi­
duría le es al hombre prudencia*
Lo que teme el impío, eso vendrá sobre é l: á los jus­
tos se les concederá su deseo.
Desaparecerá el impío como la tempestad que pasa;
mas el justo es como cimiento durable por siempre.
ÍNDICE ALFABÉTICO

l'áqc. C r e d o ( E x p l i c a c i ó n de o l í , . ;íij
C r i s t i a n o .......................... .. líi
Vmláciñn. r>2
Cr u c i fi x i ó n y m u e n e de .lu­
A l m a . .......................................... 20 íais.............T. . . . . . . . . . i li
\ngele& í L o s i . , . . .............. ’-iO Cruz 1 L a ) . .................................
A r t í c u l o s dft la t e .................... ijl
A s c e n s i ó n ( L a ' ............... .. 5Í™
A t r i c i ó n ..................... ............. . .
A v o Marí a yEl . . . . . . . . ------
t¡W
D
A v u u o l K l ) . . ♦.......................... i>” / Demonios. ♦............ 10 y "Jo
Diev.mos y p r i m i c i a s ..............
Dios y s u s atributos,, . . . . . *25
D i v o r c i o ....................................... ‘ -i
líaulisino. . . . . . . . . . . . . . . . ü-1 D o c t r i n a C r i s t i a n a ............. . H
— de Los n i ñ o s , . . fil Y p a r l e s e n q u e se di vi do . 11
— fie los adulto*. til D o n e s del E s p í r i t u S a n i o . . <if>
Hienaven turan su s.. . . . . . i>á D o t e s del c u c r p o g l o r i o s o . .
nlasfrmo. ♦. .......................... ■v¿ D ue lo < s E l ) .............................. V,'
fluía lio la, Su tita Cruzada 03
- de d i f u n t o s . . . . . . . .
— de lacticinios......... E
- de composición........ (JO Kn c a rn a c i ó n , M is t e r i o d o la) '.¡ij
F . n e m i g o s del a l m a ................. )"■
E s p i r i t i s m o . . . ♦............ 11
EspirilU Santo {Eli, ..........
Comunión................................"JO E x a m e n de c o n c i e n c i a .......... ü'í
C o n c e p c i ó n 1M i s t e ri o d e la'1- \V¿ E x t r e m a u n c i ó n .............
Confesión................... 55 y 6“i
C o n f i r m a c i ó n , ...............................f»4 i

Consejos evangélicos,. . . . . ii;í F


Contrición ♦ ................ ..........i>8
C o n t u m e l i a .................................... ">3 F a l s o t e s t i m o n i o ...................... -V2
Culto (E li.................................58 F a ... ..................................... lü
Cumplimiento p a s c u a l . . , . . óti — viva.................................. lí*
— 7S —

F M
Páe*. PíítJS.
Fe muerta.................................... 19 M a n d a m i e n t o s de !a L e y d e
Fiestas t.lc la I g l e s i a * .......... 51 13lOSi*+k■. 'l,i
Frutos del Espíriiu Santo.. 0"> — de la Iglesia. ~>4
Matrimonio,.*. ♦.................. ";l
— Civil................. T-l
G Me nt ira j oeo s a. . .................. \/¿
— oiiciosa.................... í>'¿
2:i — perniciosa............... ó‘-¡
Misa •La)........... ">3
Muerte. . . , * . * . .......... *.. *. '¿ii
Murmuración,............ 4‘J y v
H

Hipocresía........... ~,2
Hombre í E l). . . . . . . . . ! (5 y ’¿Ü N
Hombre t*u el Paraíso (E li.. '¿‘i
Til N o v í s i m o s ............................ ‘¿H
Nuevo COSaS (Las) , , .......... 10

Idolatría. .................................... [1 o
I g l e s i a .*. ♦.,............................... '¿tí
Obras de Misericordia-.’ . , . CO
— mí litante (Lal............ ütí
Obligaciones par» con lus
— pu rgan te<L a ■............ att padres. . . . ll
— triunfante i La } , . . . . 21) — para con lúa
Imágenes y su culto.. . . . . . •M
superiores. I*
Indulgencia, ............................. <¡S
— para can ios
— pareiji!. ............... C8
h ijos......... -1$
— p le m ir ia ... . . . . üii
Oración. ♦........
Infalibilidad ti el Papa (L a }. 3'¿ — müiltaJ (La!............ :U
Infiernos................. ................... aa — bocal (La)......... .. 01
— directa (La).......... * ííl
J — indirecta, ( L a ; - - . - . tf-l
Orden.. ........................
Jubileo,.............. ......................... GR O r d e n e s m e n o r e s .................... "¡¿
— m a y o r .................. .. — mayores* . ............
— m enor............. ............. «9
.luicio................. .. . ...................... aa
--- ii.’Ull . 2>í P
b¿
Padre nuestro <Explicación
rJr* e l ) ........................................
I ,
Pecado, . , .............................
original. ♦................
Lacticinio. * ............................... ■~u personal. ................ -W
Letanía (La>............................... venial................. ... ► ‘1°
Libertad ilel houjhrv.............. ■jy mortal............... -U>
Libros prohibidos................... 08 ce coinision............. H
Limbo. ..................... ................... 21 dé omisión............... 11

i
Pecados capitales................ •n Satisfacción de obra............
— c o n t r a et Espíritu Sono de Abrahaiu.. . . ü-1 v
Santo- n Sentencias sobre el sabin y
—, que claman al cíelo. n
Pena do daño................« . . . 2;j S o.n tIdo s corp ora 1e s............ ‘¿ft
— d e s e n t i d o , ♦............... 23 Suicidio (El^......................... '14>
Peni tenci a........................ .. 1i
medicinal, ♦ . . . . <iS
— satisfactoria... *
Perjuro. . . ................... f4y
Potencias del alma.............. a o T
P r o m i s c u a r ......... ....... . . . . . . i>i
Propósito de la. enmienda.. Trinidad i Misterio de la San­
Purgatorio............................ ’2:í tísima). .............................. '2Ty

u
R
Resurrección...................... .

V
s Vestidura? del Sacerdote. . 11
S al Tc (La?................................. ♦ Viatico............. . . , . _______
Sacramentos de vivos......... Virgen Muría i I.ai. ............ 2ü
— de m uertos... Virtud............ ........... *......... Ül
— que imprimen ■Virtudes teologales «1.
carácter,... (JO — morales. . . . . . . . . ijl
Sacrificio en la ley antigua. Vo to. .......................................... •ir»
— en la ley rw cva..■¡i — simple..........................
Sacrilego ........... 13 — solemne......... .............. i-j
HISTORIA SAGRADA
'i'

X O C IO N tíS ) R E L K tI O N
LEOCrÚX i'RELI.M IXA K

1* Qti¿ es Historia — 3 , Cómo se tfívi l o . — 3 . Qué os Historia Pa-


grada.— 4 . Periodos on que se divido.'—'5 . lí]>o<‘as qne ronipn-n-
t.lu ol Antiguo Tosía mentó — 6 . Kpof'nv quo o&jviprende ol Nuwo
Testamnuto,

1. So entiende por Historia la narración verdadera,


imparcial y ordenada de los hechos importantes ejecuta­
dos por el hombre,
2 . La Historia suele dividirse por razón del asunto
que trata, en Profana y Sagrada: la primera comprende
los hechos naturales y se funda en el testimonio pura­
mente humano,
3 . La Historia Sagrada comprende, no sólo los he­
chos naturales, sino ios supramundanoe, y es la narra­
ción de los hechos del pueblo de Dios escrita por inspi­
ración divina-
4 . Se divide en dos grandes periodos : el primero,
desde el principio del mundo hasta la venida de Nuestro
Señor Jesucristo, y se llama Antiguo Testamento; y el se­
gundo, que se extiende hasta la gloriosa Ascensión de
Jesucristo á los cielos, y se llama Nuevo Testamento.
5 . El Viejo Testamento, ó sea el primer periodo, com­
prende seis épocas :
l .u Primeros tiempos: desde la creación del mundo
hasta la vocación de Abraham (4903-227G).
„ 84 — *

'2,a Formación del pueblo escogido: desde la vocación


de Abraham hasta el nacimiento de Moisés (229(>-17*25).
3 .:i Traslación del pueblo hebreo á la tierra de. prom i­
sión: desde Moisés hasta la muerte de Josué (1725-1530).
4,a Loa Jueces : desde la muerte de Josuú basta el
establecimiento de la Monarquía (1580-1080).
G.a Loa Beyes ; desde Saúl hasta la cautividad de Ba­
bilonia (1080-006).
(J.71 Dominación extranjera: desde la cautividad do
Babilonia hasta el nacimiento de Nuestro Señor Jesu­
cristo (608-1.“ de nuestra era).
6. El Nuevo Testamento, ó sea1 el segundo periodo,
comprende dos épocas :
1.íl La vida ]v'wada de Jesucristo : desde el naci­
miento de Nuestro Señor Jesucristo hasta la elección de
los Aposto ies
2.'1 La vida pública de Jesucristo: desde la elección
de los Apóstoles liasta su Ascensión gloriosa á, los cie­
los (30-33V
\ t

i
LECCIÓN I

1* Quién os Dios, — 2 . Pruebas üp. la existencia tic» Dins.— 3 . Atri­


butos divinos.

1. Diog, como dice el P. Astete, es una cosa la más


excelente y admirable que se puede decir ó pensar: un
¡Señor infinitamente bueno, poderoso, sabio, justo, princi-
pío y fin de todas las cosas.
La existencia de Dios es una verdad evidente; sólo una
ceguedad absoluta ó un cinismo repugnante pueden des­
oír la voz de la razón, el grito de la conciencia y el testi­
monio humano. Loa que niegan esta verdad se llaman
ateos.
2* Mochas son las pruebas que filósofos y, teólogos
de todos los tiempos han ido acumulando para enseñar-
ros euta verdad,-pero en este sitio sólo son pertinentes
las más sencillas:
1.a En Mecánica se admite como un hecho indiscuti­
ble la inercia de la materia, de donde sa infiere que si mi
cnerpp se mueve, puede preguntarse: ¿por qué se mueve?
La pelota y el peón, que sirven de juguete al niño, esta­
rían en perpetuo reposo si el niño no les diera impulso.
Pues bien; la tierra, la luna, los planetas, todos los astro»
que brillan en el firmamento son inmensas esteras, como
si dijéramos pelotas que giran sobre un eje en torno de
sus centros respectivos, y, por tanto, puestos en movi­
miento por un Ser snpramundano, por una Inteligencia
suprema, por Dios.
2.a La ciencia demuestra que la materia universal 110
es eterna, por lo mismo que es contingente; es decir, que
podría ser más, que podría ser menos y que podría no
ser ó existir; más claro, que es una cosa hecha; luego es
preciso reconocer la persona agente de esa acción, Dios,
i3.a La Química enseña que la materia puede, ser de
diferentes maneras; es decir, que al combinarse entre si
a al mezclarse de diferentes maneras, en diferentes pro­
porciones y en diferente ntiinor'», produce diferentes cuer­
pos, Luego es preciso reconocer la existencia de una mano
poderosa é inteligente que dirija esas combinaciones, una
razón en virtud de la cual la materia sea, como es, un Dio*.
En resumen : que Dios creó la materia, le impuso leyes
sapientísimas, le dió impulso, fuerzas y vida cuantío le
phtgo, asi como un relojero fabrica las piezas de una má­
quina, las dispone convenientemente y las pone en movi­
miento dándole cuerda.
4.* La base de la Moral no la constituye sólo la idea
de bien como objeto propio de la voluntad, porque ésta
puede amarle ó no amarle en el perfecto nso de sus fun­
ciones; se necesita además que el bien sea impuesto de
alguna manera á la voluntad, es decir, que la voluntad
tenga la obligación de amar el bien : la obligación supo­
ne una ley, y ésta un legislador, Dios.
5 / Finalmente, todos los pueblos han profesado la
creencia de que existe un ser superior, criador y ordena­
dor de todo lo existente; luego la razón no puede menos
de prestar su asentimiento á esta verdad (1)*
3 . Probada la existencia de Dios, de ese algo supre­
mo, causa primera de todo lo existente, veamos lo que

(1) Et desiirrollo de estos rozonnmiéutoft puede vorse en El


A tch ino y tu Sintaxis íj el Posiüvi^m o,
acerca de sus atributos dice el autor de El Aídsmo y la
Sintaxis y él Positivismo :
¿Este algo no ba sido producido por otro; luego existe
por sí, a se, como dicen los teólogos. Tiene en .su esencia
Ja razón de su existencia. y es tan contradictorio que no
exista couio que el círculo no tenga sus radios iguales;
luego es necesario: lo necesario existe siempre, porque lo
contradictorio no se realiza nunca; luego es eterno. Todo
lo limitado puede ser concebido como más, como menos
y como 110 existiendo; luego este algo es infinito* Nada
puede adquirir ni perder, porque se limitada; luego es
inmutable. Es único, porque contiene Ja razón de todo: es
siwp/e, porque en la idea’ de parte va envuelta la de lími­
te. Es \k perfección absolutat porque también es un límite
cualquier defecto. Por consiguiente, es la suma inte 1igen*
cia, la suma voluntad, el sumo poder, la suma bondad,
la suma esencia, la suma existencia.»
La aseidad, que consiste en existir por si mismo con
existencia absoluta, incondicionada é improdutiidaj es.
pues, el atributo fundamental del que salen los demás,
según nuestra manera de concebir, porque todos ellos
.son igualmente la esencia divina y no hay anterior ni
posterior. Todos esos atributos existen en Dios, no como
distintos, á la manera que en mi entendimiento, sino iden­
tificándose todos en la unidad infinita de su esencia; es
decir, yo concibo á Dios como puedo concebirle dada la
limitación de mi entendimiento : Dios para las criaturas
será siempre incomprensible, inefable, Dios es el misterio.
Por eso la religión divina es la religión del misterio-
PRIMERA ÉPOCA
1)EST)F LA r R E ACIÓ N D K I, M U N D O TíAS’TA L A V í h ' U ' I Ó S

DK A im A T L U Í (-ÍÍI63-2277}

LECCIÓN II

4., Ci-eucuin del mundo. - 5 . El hombre. 6 . "El A l m a . — 7» K1


alma os vniaT idéntica y resido on toilo el cuerpo. — 8 . Unión
del alma y ct cuerpo.—- 9 . Iirntatevinlidíi 1 y simpltcidal dol
alm a,— 1 0 . Espiritualidad. 1 1 * Oliven dol airón. - 1 2 , In -
inovtnlldii 1 del alma. — 1 3 , El hombro ray di? l¡i creación,

4. Dios ea Creador: de la nada hizo la materia y


formó los mundos, loa animales y el hombre en seis épo­
cas, que suelen llamarse dia8 de la creación descrita por
Moiséa en el primer libro de la Biblia, llamado Génesisf
es decir, generación.
El primer día ó ¿poca sólo con ua acto de su voluntad
creó la luz (1); el segundo los cielos; el'tercero separó las

(1) Ef . y !n S 'ío tn 17v 1/ ? t /'■íj.Vfi'rí'fíwo, Fftrtü IT, pá­


rrafo IV .
aguas (i© la tierra, formando el mar, y mandó que la tie­
rra produjese árboles y plantas; ei cuarto hizo el sol, la
lima y los demás astros; el quinto creó las ave3 y los pe-
ces; y el sexto formó al hombre de la tierra, ó infundió en
su cuerpo un espíritu activo é inteligente llamado alma.
El .séptimo descansó; ese día era sábado, palabra que
significa descanso.
5 . Dotado el hombre de organización más completa,
perfecta y delicada y con mayores necesidades, debió
aparecer el últnno sobre la tierra, y en cfecto, el sexto
día dijo D io s: «Hagamos al hombre á nuestra imagen y
semejanza», y tomando un poco de barro, formó el cuerpo
de Adán (hecho de barro), al cual inspiró un soplo de
vida, e! alma. El concilio IV de Letrán declaró que el
hombre es obra inmediata de Dios eü cuanto al cuerpo y
en cuanto a) alma. Continúa la Sagrada Escritura dicien­
do nos que, dormido Adán, Dios le sacó una costilla y de
ella formó el cuerpo de la primera mujer;'E v a (madre de
todos los hombres), para significar que ambos eran de
una misma carne, y también la infundió el alma y la dió
á Adán por compañera, instituyendo así el matrimonio
y echando la baso del linítje humano,
6 . La Iglesia, en nombre de la sana filosofía y de la
dignidad humana, proclama en el hombre una substancia
distinta de la materia, inteligente, libre é inmortal, esto
es, la existencia del alma» la cual se pone en contacto del
mundo exterior por medio del cuerpo.
7. El alma es porque la conciencia nos dice que
soy el mismo que pienso, que siento y que quiero. Es
idéntica; es decir, la misma desde que el individuo naco
hasta quo se muere, porque si no, no se explicaría la me­
moria, ni la responsabilidad. Reside en todo el cuerpo, por­
que los estados corpóreos influyen en el estado aními­
co¡ v. g r,: el enfermo no está para pensar; pero si el cuer­
po sufre una mutilación, el alma no es mutilada porque 110
tiene partes; lo que hace es perder parte de sus instru­
mentos, reducir la extensión de sus dominios.
8- Está unida al cuerpo, por virtud de la cual unión
éste ejercita las funciones de la vida animal y sensible;
pero la forma y manera de esta unión siempre sorá un
misterio para el hombre.
9. El alma humana no os nuestro cuerpo, porque si lo
fuese conoceríamos nuestro cuerpo como conocemos nues­
tros pensamientos y nos explicaríamos ciertos fenómenos;
v. gr.: muchas veces estamos tristes y apenados y tene­
mos el cuerpo en buen estado de salud; otras veces con
enfermedades y dolores estamos alegres, y otras, por íiti,
dominamos ol cansancio y aun el dolor físico*
El alma humana no es otro cuerpo, porque las acciones
délos cuerpos obedecen ciega y fatalmente á las leyes
físicas; si se los mueve, se mueven; si so los deja quietos,
quietos permanecen; por el contrario, el alma hace mover
al cuecpo cuando quiere, piensa en lo que quiere y de­
tiene ese pensamiento cuando le place: el alma, pues, es
una substancia simple, esto es, que 110 tiene partes como
los cuerpos.
1 0 . Es espiritual porque ejecuta actos de voluntad y
posee facultades como el entendimiento, cuya operación
propia, la intelección (1), se extieude sólo á objetos inte­
ligibles, como la razón de causa, la verdadj la justicia, etc.;
y á seres puramente espirituales, como Dios y los án­
geles.

(1) 1j» íntolc-crión consista en cononar las rosas por mailio ilo
idea* ó locíouhs universalan ó índopmidientes do Ia materia.
l l f El alma lia comenzado á existir por creación,
porque los espíritus no ton engendrados.
1 2 . El alma humana es inmortal; esta verdad' es una
consecuencia de la existencia de Dios; en efecto. El alma
no puede morir por descomposición, porque no es cuerpo;
sólo puede morir por aniquilación; sí Dios la aniquilara,
diríamos que Dios so complace en crear y conservar sus
criaturas para deshacerlas en un momento; diríamos que
Dios está constantemente engañando á la humanidad, por
cnanto todas las religiones lian admitido la vida futura,
donde se premie ti la virtud y se castigue el vicio; diría­
mos también que Dios se mofa del hombre dándole aspi­
raciones á la felicidad que 110 ha de ser realizada en esta
vida. Todo lo cual es contrario ¿t la bondad infinita, á la
justicia suprema, á la veracidad suma.
1 3 . Con razón se llama al hombre Rey de la Natu­
raleza ó de la Creación; Dios le invistió de esta soberanía,
diciendo á la primera pareja: Sojuzgad la tierra y tened
señorío sobre los peces de la hííi»’ y sobre las aves del cielo y
sobre todos los anímales que se mueven sobre la tierna. El
hombre más desdichado es inmensamente superior á to •
dos los animales,.incluso el mono, que ocupa la escala in­
ferior en el orden de la vida. El hombre posee el pen­
samiento, el lenguaje, la conciencia moral, la libertad, la
idea del derecho, la sociabilidad y la religión; y es capaz
de recibir y aprovecharse por medio de la educación y
de la cultura de todas las ventajas de la civilización y
del progreso; en cambio el mono, como dice un sabio
filósofo, «con sus saltos grotescos, con sus repugnantes
contorsiones y su muecaeterna, es el clown de la natura­
leza. Como si Dios hubiera querido poner lo ridiculo al
pie de lo sublimo, para que el hombre tuviese en más la
dignidad de su condición y la altura do sus destinos.»
LECCION III

14. AdAn y Eva, en el P ^m iso,— 15, Pccndo o r ig in a l.— 16- Sus


con.■secuencias. -— 17. Caín y Abel. — 18. Set. — 19. !Noó y
el diluvio.

1 4 , Como Dios es infinitamente bueno, al crear al


hombre se propuso que fuese felias, le colocó en el Paraíso
terrenal ó Edén. le dio un alma capaz de conocerle y
amarlo, le enseñó las verdades necesarias para su felici­
dad, y le dejó en libertad de obrar bien ó mal, debiendo
esperar una recompensa en el primer caso y un castigo
en el segundo.
1 5, Dios, para probar la fidelidad de nuestros prime -
roa padres, les impuso el precepto de no comer de la fru­
ta del árbol prohibido; pero Eva, seducida por un ángel
rebelde á Dios, que so la presentó bajo la forma de ser­
piente, comió de este árbol, ó liizo que Adán comiera
también.
16- Este fue el primer pecado: una desobediencia,
una ingratitud hacia Dios. Desde aquel momento Adán y
Eva perdieron la puieza que Dios les había dado, y que­
daron sujetos con toda su descendencia á las debilidades
humanas, á las enfermedades y á la muerte. Siendo Adán
y Eva pecadores, sus hijos y todos los que de ellos des­
cendemos, nacemos con un pecado que se llama original.
Dios maldijo á la serpiente y arrojó del Paraíso ¿ Adán
y i Eva, prometiéndoles, sin embargo, que enviaría yn
Redentor al inundo; y anunciando con las palabras: una
mujer quebrantará la cabeza de la serpiente^ que de María
había de nacer nuestro Salvador Jesús.
Dios dijo á Eva después de su pecado: Multiplicaré fus-
dolores; y á Adán: Ganarás el.sustento con el sudor {le
fu frente; y esta sentencia se está cumpliendo y se cum­
plirá siempre.
1 7 . Adán y Eva tuvieron varios hijos, y entre ellos
Abel, Caín y Set. Abel ora pastor, Caín labrador, y ambos
ofrecieron dones al Señor; pero Dios, que veía el fondo
de sus corazones, recibía con más agrado los dones de
Abel, que era virtuoso. Caín, por envidia, mató á su her­
mano, siendo éste el primer crimen cometido en el mundo
contra el prójimo. Dios condenó á Caín á andar prófugo
y errante por la tierra, y sus hijos se llamaron desdo en­
tonces hijos de los hombres, para diferenciarlos de los
que permanecieron fíeles en el temor de Dios, que se lla­
maron hijos de Dios.
1 8 . Adán murió á una avanzada edad, después de
llorar por muchos años su falta, y le sucedió como Pa­
triarca sn hijo Set, que practicó las virtudes y se conser­
vó fiel al Señor, lo mismo que toda su larga descendencia,
1 9 . Con el tiempo se mezclaron las razas de Set y
de Caín, y se corrompieron de tal modo las costumbres,
que llegó el caso de no haber más que un hombre justo,
que era Noé. Indignado el Señor de tanta perversidad é
ingratitud, sintió un inmenso dolor al contemplar tanto
crimen, y pensó exterminar al género humano, conservan­
do sólo á Noé y á su familia. Con este fin mandóle hacer
un arca, cuyas dimensiones le indicó, y meterse en ella
con su familia y un par de animales impuros (1) de cada

(l) Según la opinión general do los interpretes la Sagrada


Escritura, exan animales limpios los nao p o ¡lian comerse y ofrecer­
se on los yanrifieios, y fin imal en impuros los ijuu no podían comer-
se ni ofrecerse en los sjucrifieios.
eapeeie y siete limpios. Hizolo asilsoé y Dios envió aobre
la tierra el diluvio. Llovió incesantemente por espacio de
cuarenta día a con sus noches, anegóse la tierra, las aguas
subieron quince codos sobre los picoa más altos, perecie­
ron todos los hombres y animales, y cnando descendieron
las aguas, el arca de paró en los montes de Armenia,
LECCIÓN IV

SO. lJoudftd eur-stunte del Seikm1.—'2 1 . Signiüeaijión did lU’Cü du


^t'oO—32. Dccailciicm de la espeoiu huitniua. —23. EiulniAgnoK
du Xúc y maldición de lu descendencia de Chlü.—34. Torre' díi
Jiabel.— 25. Dis^ersiún del género huiuiino. — 26 , L í i idolaV'i^-

20* En esta primera época cUl mundo está resumida


la historia del género humano. El hombre recibe de Dios
la existencia, los medios de ser feliz, el dominio sobre
los animales y las plantas, y olvida tanto1beneficio para
pagarle con la más negra ingratitud, y para perderse á
si mismo. El hombre es, pues, la única causa de los ma­
les que padece. Dios le dió los medios para ser bueno; le
enseñó_por la revelación las verdades necesarías para con­
servar su inocencia, y él prefirió el mal.
Pero ol Señor es tan inmensamente,bucno, que tiende
siempre al hombre la mano para que salga del peligro.
Desde Adán hasta Noó no cesó de exhortar á los hom­
bres para que se arrepintiesen y volviesen á él; los hom­
bres, cada vez más cegados en el vicio, desoyeron su
voz, y fueron necesarios do3 mil años de crímenes, de ol­
vido de toda religión, para que Dios se decidiese á enviar
el diluvio sobre la tierra.
21. Dios no quiso, á pesar de tanta maldad, exter­
minar por completo el género humano: su infinita justi­
cia, que no traspasa nunca los limites de su misericordia,
so contentó con exterminar á. los malos y salvar al justo
Noé>para que creara una nueva descendencia. El arca
en que Koé se salvó suele mirarse por esto como la Igle-
¥

sia Santa eu que debemos salvarnos, y nos representa en


medio do las aguas del diluvio la tabla de salvación, el
refugio á que debemos acogernos en el mar de este mun­
do cuando nos combaten las olas del infortunio, los esco-
líos de la tentación y las tempestades del vicio; la Casa
santa que sobrenada siempre y sale triunfante de los pe­
ligros del naufragio.
2 2 , Los primeros hombres vivieron muchos años:
Adán murió de 930 años y otros Patriarcas contaron siete,
ocho y nueve siglos, Esta duración de la vida debe atri-
buirse A la primitiva robustez de la naturaleza humana,
y á la necesidad conocida de antemano por la Providen­
cia, de que cada Patriarca tuviese mucha descendencia
para poblar la tierra. Después del diluvio, la vida del
hombre es ya más corta y está más sujeta á las enferme­
dades, consecuencia necesaria del vicio y de la primera
falta que cometió Adán; porque está en el orden natural
que los hijos de padres de naturaleza enferma sean tam­
bién enfermizos, y que los hijos de pecador sean peca­
dores.
2 3 , Asi que Noé salió del arca ofreció á Dios un sa­
crificio, dándolo gracias por haberle salvado del total ex­
terminio. Establecióse con su familia en la Mesopotamia,
y se dedicó á cultivar la tierra. Ignorando los efectos del
2umo de las uvas embriagóse un día, y su hijo Cam, vién­
dole en tal estado, se burló de él. No asi sus otros dos
hijos Sem y Jafet, que se acercaron y le cubrieron, dando
asi el ejemplo, y enseñando que los hijos deben ocultar
los defectos de sus padres. Noé, vuelto en si, maldijo á
la descendencia de Cam y bendijo á 8em y Jafet.
2 4 , Los descendientes de Noé formaron bien pronto
muchas familias, y trataron de extenderse por la tierra
para poblarla. Mas antes de hacerlo, quisieron construir
un monumento como memoria de su separación, y como
sitio do refugio en el caso de que Dios enviase otro di­
luvio. Empezaron con este objeto una torro que pensaban
hacer tan alta que llegase al cielo; pero Dios, para abatir
su orgullo y castigar la desconfianza da su promesa de
que no habría otro diluvio, confundió su razón y su len­
gua de manera que no pudieron entenderse y tuvieron
quo abandonar la comenzada empresa. Esta torre se llama
de Babel, que significa confusión.
2 5 . Dividida y separada la descendencia de Noé,
Cam ocupó el norte de Africa y parte del Asia Menor,
de donde viene el nombre de tierra de Canaam; Sem po­
bló la Asiriay Mesopotamia, y Jafet se extendió por el
ncrtc del Asia Menor y la Europa.
2 6 . La descendencia de Noé no conservó en toda su
pureza la religión; olvidó las verdades que Noé enseñó
A sus hijos; perdió hasta la noción del verdadero Dios; y
como el hombre no puede vivir sin una religión en que
creer y un Dios á quien adorar, inventó dioses falsos y
cayó en la idolatría. Desconociendo que de Dios viene
todo bien, y que Dios había criado todo lo existente, ado­
raron lo que les producía inmediatamente algún bíen1
como el solj el fuego, las plantas, etc.
No hay nada tan repugnante como esta idolatría; prue­
ba de la ceguedad humana, que adora la criatura y des­
precia al criador.
SEGUIDA ÉPOCA
DESDF. LA V O C A C IÓ N TJE A fíR A J Í A>r HASTA

E L X A C I M I E N T O H E MOTSTC* (Siíító-l 752¡¡ >

l e c c ió n v

2 7 . Vocación d& A bra]m m ,-'-& 8. Agju' li Isi-iute),1— 2 9 , SnfriíU-ú»


de Isaac. —30. Destrucción do Sodomít y fSoinorm* Salvación de
Lt»t y su fam ilia.— 3 1 . Justicia do estn castigo.

2 7 . Volvióse á ver.el mundo lleno de maldad, y Dios,


que había prometido un Redentor, eligió á Abraham,
hombre justo que vivía en Ur, ciudad de la Mesopota-
mia, para que fuese la cabeza de un nuevo pueblo, el jefe
de la descendencia de que habia de nacer el Mesías. Abra-
ham no se liabia contaminado con la idolatría.
Cierto día so presentó el Señor á Abraham, y le dijo :
«Sal de tu tierra y de la casa do tu padre y vente í\
la tierra que yo te mostraré. Te haré padre de un gran
pueblo y en ti serán benditas todas las naciones de la
tierra, a
En otra ocasión siendo de noche hizo Dios salir á Abra-
— 100 —

ham de su tienda y le dijo: «Levanta los ojos al cielo y


cuenta, si puedes, las estrellas,* tan numerosa será tu des­
cendencia.» Pasado algún tiempo se le apareció Dios de
nuevo, diciéndole: -¿Hago contigo un pacto de alianza:
serás padre de una descendencia numerosa y te protege­
rá, pero es menester que me seas fiel. La señal de la alian­
za consistirá en que'todos los niños serán, circuncidados
ocho días después de haber nacido. En cumplimiento de
esta alianza, tendrás de tu mujer Sara un hijo, al cual da­
rás el nombre do Isaac.» Dios le bendijo* lo mismo que
á su descendencia.
Abraham creyó esto que el Señor le había dicho, y esta
fe, con la cual conformó sus obras, le fué imputada á- jus­
ticia: y en efecto, abandonó la ciudad, yendo con Sara su
mujer y Lot su sobrino á la tierra de Canaán (Palesti­
na *2060), prometida para él y su posteridad.
2 8 . Sara, como estéril y contando ya noventa años*
desconfió de esta promesa y consintió quo Abraham to­
mase por mujer á la esclava egipcia Agar para fundar
descendencia. Así nació Ismael; pero después se cumplió
la promesa del Señor, y Sara parió á Isaac. Abraham,
por evitar disgustos entre ambas .mujeres, echó de casa á
la esclava y al niño, que anduvieron errantes; pero Dios
los salvó del hambre y de la sed, ó hizo á Ismael padre
de numerosa descendencia, por ser hijo de Abraham. Los
descendientes de Ismael fueron los árabes ismaelitast que
se llamaron también agarenos (de Agar), sarracenos y más
conocidos en España por mahometanos y moros.
2 9 . El patriarca Abraham era un justo, y Dios le eli­
gió para dat al mundo un ejemplo de lo que debe ser la
obediencia á sus divinos mandatos. Ordenóle que sacrifi­
case á su hijo Isaac; y Abraham, aunque lleno de dolor,
subió con el niño al monte Moria á cumplir la orden del
101

■Señor* Mas cuando ya tenia el cuchillo levantado, un án­


gel le detuvo el brazo, manifestándole el agrado con que
Dios veía 311 obediencia*
v 3 0 . Lot, que había seguido al principio á Abraham,
se separé de él para establecerse en Sodoma, ciudad tan
corrompida y viciosa, que Dios determinó que desapare­
ciera de la tierra con todos sus moradores. Queriendo,
sin embargo, salvar á Lot, lo envió dos ángeles en forma
humana, A quienes Lot acogió con benevolencia como á
dos peregrinos* Estos ángeles le anunciaron el terrible
castigo que iba á caer sobre aquella cuidad maldita, y le
mandaron que saliera inmediatamente de ella con su fa­
milia, advirtiendo que no volviese la cabeza hacia la ciu­
dad. Salió Lot con su mujer y sus hijos: Dios envió so­
bre Sodoma, Gomóme y otras ciudades próximas y tan
pervertidas como la primera, una lluvia de fuego que las
destruyó y acabó con todos sus habitantes. La mujer de
Lot, desobedeciendo al Señor, volvió la cabeza para ver
aquel espectáculo y quedó convertida en estatua. El sitio
que ocupaban las ciudades nefandas es ho3r el lago A a-
faltites ó Mar Huerto.
3 1 . El terrible castigo de Sodoma fué merecido :
Abraham rogó mucho al Señor por su perdón con tal que
hubiera en ella diez justos; pero ni este número pudo en­
contrarse: sólo la familia de Lot merecía este nombre, y
quedó libre de la destrucción.
— H)i> —

LECCIÓN VI

3 2 . CrtH&micmto de y muerto do Abraham.— 3 3 . Esuú y Jh-


cotí. —3 4 . Sueño tlp Jacob.— 3 5 . Hijos do Jauob. —3 6 . Histo­
ria do Josó.“ 3*7. Maeree d<i Jacob.

3 2 , Después de la muerte de Sara, Abraham trató


de casar ú su hijo Isaac; y no queriendo que su esposa
fuese can anea, envió á la Meso pota mia i su criado Elie-
zer para que eligiese la futura de Isaac. Eliezer escogió
á llebeca, nieta de Nacor, hermano de Abraham, la cual
le había recibido con el mayor agrado, dándole agua para
que apagara su sed y la de sus criados y camellos. Eate
matrimonio fuó acepto á los ojos do Dios, que le bendijo.
Algunos años después murió Abraham (2191 antes de
.Jesucristo!.
3 3 . Isaac y Rebeca tuvieron dos hijos gemelos: Esau
y Jacob. El primero nació cubierto de un vello muy es­
peso, y volviendo un día hambriento de la caza, que era
su ocupación, vendió á su hermano Jacob, por-un plato
de lentejas, el derecho de primogenitura, es decir, el de­
recho A ser cabeza de la familia y heredero de las pro­
mesas hechas por Dios a Abraham,
Isaac, quo conservaba estas promesas, quiso bendecir
al primogénito en su última hora: estaba ya casi ciego, y
liebeca, aprovechándose de esto-y cubriendo las manos
de Jacob, á quien amaba tiernamente, con una piel de
cabrito, hizo que el anciano le bendijera como si fuera
Esaú. Cuando éste lo supo se indignó y quiso quitar la
vida á Jacob, el cual se vio obligado á huir á casa de su
tío Labán, que vivía en Mfsopotamia.
34» Jacob en el camino quedóse dormido, y vio en
sueño a uoa escala misteriosa que Jlegaba al cielo, y por
la cual subían y bajaban continuamente los ángeles: al
mismo tiempo oyó la voz del Señor que 3e anunciaba una-
larga descendencia, y que do ella nacería el Salvador del
mundo.
Mandóle también el Señor que se llamase Israel^ que
quiere decir fuerte contra Dios; y poco después ae re con-
cilió'con su hermano, que había salido á perseguirle. Des­
de en ton ce a vivieron siempre en paz.
3 5 . 1 Jacob se casó en Mesopotamiay tuvo doce hijos,
que fueron los jefes de las doce tribus do Israel ►Estos
doce hijos fueron ; Rubén, Simeón, Levi, Judá, Isacar
y Zabulón, habidos en Lía; Dan y Neftalí, habidos en
Bala, esclava de Raquel; Gad y Ascr, habidos en Zelfa,
esclava de Lia; José y Benjamín* habidos en Raquel, her­
mana de Lía y mujer predilecta de Jacob.
3 6 . José era el más querido de Jacob: tenía sueños
misteriosos que sabia interpretar, y sus hermanos, llenos
de envidia, trataron de deshacerse de él. Pensaron pri­
mero matarle; poro oponiéndose Rubén, le arrojaren á
una cisterna, de don do le sacaron para venderle como es­
clavo á unos comerciantes ismaelitas, los cuales le lleva­
ron á Egipto, y allí le vendieron á Putifar, capitán de
guardias del rey ó faraón.
Í5u3 hermanos le quitaron la túnica antea de venderle,
la mancharon con saugre de cabrito y la presentaron á
su padre como prueba de que había sido devorado por
las fieras, Jacob, que le amaba mucho, lloró extremada­
mente su falsa muerte.
José mientras tanto mereció por su aplicación que Pu-
— 104 —

tifar le hiciera mayordomo de su casa; pero su mujerr


prendada de él, y reconvenida á cansa de sus malos de­
seos por el casto José, le acusó á su marido de que había
querido seducirla. José fué puesto en prisiós, y habiendo
explicado allí con acierto algunos sueños al copero y al
panadero del rey, que también estaban presos, fué llama­
do por el rey para que le interpretase uno que él habiit te­
nido. Consistía éste en haber visto á orillas del Nilo siete
vacas muy gordas, que eran devoradas por otras siete
muy Hacas; y después siete espigas muy grandes, que
fueron devoradas por otras siete muy escuálidas. José le
anunció guc tendría siete años de abundancia en las co­
sechas y otros siete de esterilidad; por lo cual debían
guardar en los primeros para la necesidad de los segun­
dos* El faraón Apepi II, admirado, le nombró su primer
ministro, y le casó con Asenet, liija de un sacerdote, de
la cual tuvo á Manasés y á Efraín.
Los sueños del Faraón se cumplieron exactamente se­
gún la interpretación de José. Pasaron los años de abun­
dancia, llegaron los estériles, y entonces vinieron á Egip­
to de Mesopotamia los hermanos de José á, comprar tri­
go, excepto Benjamín, que por ser el menor se había que­
dado al lado de su padre. José los recibió muy bien; pero
notando la falta de Benjamín y sospechando que hubie­
ran hecho alguna mala acción con él, los detuvo como si
fueran espías, y por fin los despidió, dándoles el trigo
que pedían, devolviéndoles el dinero y quedándose en
rehenes con Simeón hasta que le trajesen á Benjamín.
Envióle Jacob con gran sentimiento, y fué recibido con
sus hermanos por José con el mayor agrado. Mas al des­
pedirlos y colmarlos de dones, mandó ocultar su copa en
el saco de Benjamín» Envió á buscarles después de haber
partido, acusándoles de haber robado la copa: protesta­
— KJf> —
ron ellos de su inocencia, registráronse los sacos, y se
encontró la alhaja en el de Benjamín. Vueltos los her­
manos llenos de confusión, rogaron A José por Benjamín;
y aquél, no pudiendo contener ya sus lágrimas, exdamó:
«'Yo soy José, vuestro hermano.» Abrazáronse; José los
perdonó, mandando traer á su padre y á toda su familia,
y les dió la fértil comarca Gessem, entre el Nilo y el
Mar Rojo.
37- Jacob vivió en Egipto diez y siete años, y murió
bendiciendo á sus hijos, adoptando como propios los dos
de José, y profetizando que la tribu de Judá seria supe­
rior A todas las demás, porque de ella saldría el que había
de ser la esperanza de las naciones. Su cuerpo fué tras­
ladado por José á Canaán, y enterrado en el mismo se­
pulcro que Abraham é Isaac, sus ascendientes. Cincuenta
y cuatro años después murió José, cuyos restos fueron
más tarde depositados junto A los de sus padres.
— 106 -

lección vn

3 8 . Job : su ]>fu:iiuie.¡!i. y tlQisgrauift. — 3 9 . Sifyuilicrtcum do Job.—


4 0 . Su rehabilitación,.— 41* Libro do Job.

38. JCl último de loa patriarcas fué Job. Era éste un


tíauto varón de la raza de Esaú, quo vivía en Id ume a, en
los últimos días de José. Job era muy rico; el número de
sus ganados y riquezas de todo género era inmenso; pero
sobre gu opulencia brillaba vina cualidad excelente, la vir­
tud* Dios quiso dar al mundo un ejemplo do lo que debe
set la paciencia y la resignación, y permitió que sobre el
virtuoso Job cayesen toda clase de males. Perdió en un
dia todas sus riquezas a causa de los disturbios movidos
por los sabeos y catdfeos; sus prados y animales fueron
presa do las llamas; sus hijos murieron entre las ruinas
de una casa. Job recibió simultáneamente estas dolorosas
s

noticias, y conformándose desdo luego con la voluntad de


Dios, exclamó: el Señor me había dado todos estos bienes;
el SeÜor mo los ha quitado: bendito sea el Señor,
Hasta entonces Job no había padecido en su persona;
pero el Señor permitió que le afligiesen también toda
el ase de males físicos y morales. Cubrióse todo su cuerpo
■de asquerosas llagas, que le producían agudos dolores;
vióse desamparado de tado el mundo y reducido á vivir
en un muladar; sus amigos le olvidaron ó le visitaron con
repugnancia, acusando 1c de ser la causa de su misma
-desgracia por sus muchos pecados; hasta su mujer, des­
pués de despreciarle, se burlaba de él diciéndole: aEres
un tonto ; bendice á Dios y clama á Kl.a
— 107 —
Job padeció todos estos males con la paciencia de un
santo; jamás salían de su boca más que alabanzas al
Señor,
3 9 . Este santo patriarca es una gran figura del A n ­
tiguo Testamento, porque es el ejemplo de la conducta
que debemos seguir en las adversidades y desgracias del
mundo. .Diog es el dispensador de toda clase de bienes :
nosotros no merecemos ninguno, y sin embargo, los esta­
mos recibiendo á cada instante desde que nacemos. Y
aunque todo fueran contratiempos y males para nosotros,
debemos siempre considerar que esta vida es una prueba,
que no es más que una breve preparación para otra mis
duradera, en la cual hemos de recibir nuestro merecido;
debemos imitará Job, consolándonos con la vida futu­
ra y diciendo con él: «Yo resucitaré en el último día, y
veré á Dios con mis propios o jo s: esta esperanza es la
que me sostiene, y por eso la conservaré dentro de mi
corazón.*
4 0 . Las desgracias de Job cesaron después : Dios le
devolvió aumentado cuanto tenia, y sólo á sU ruego con­
cedió el perdón á los que le habían ultrajado.»Esta se­
gunda época feliz y dilatada de !a vida del santo patriar­
ca es una figurado la vida eterna después de la terrena:
en aquélla recogeremos el fruto do lo que hayamos hecho
en ésta.
4 1 . La historia de Job se contiene en la Sagrada Es­
critura, en el libro llamado de Job, Este libro tiene dos
partes : la primera, en que se refieren las desgracias y si­
tuación del santo varón, y la segunda, que es un diálogo
entre Job y sus amigos sobre la justicia do los contra­
tiempos que se padecen en este mundo. Job sostiene,
como es la verdad, que los males no caen sobre los hom­
bres perversos, sin que esto se oponga á que haya muchas
— .108 —
veces justicia en lo que padecemos, por ser nosotros mia­
mos la causa del mal.
Contiene esta segunda parte aapi en tí simas y profundas
reflexiones que demuestran, por la desigual distribución
de los bienes y males en la tierra, la necesidad de una vida
posterior en que cada uno reciba su justo merecido; véa­
se como ejemplo los siguientes:
«La vida del hombre uobre la tierra es una perpetua
guerra, y stia dias son como los de un infeliz jornalero,
Gomo siervo fatigado suspira por la sombra, y al modo
que el jornalero, aguarda con ansia el fin del trabajo*»
«Las casas de los ladrones abundan de bienes, y ellos
osadamente provocan á Dioaj siendo así qne él es quien
les ha puesto en las manos todo lo que tienen. Oíd cuál
será la suerte que Dios destina al impío, y la herencia
que los hombres violentos recibirán del Todopoderoso:
Si se multiplicaren sus hijos, caerán al filo de la espada,
y sus nietos nunca se verán hartos de pan. Aunque haya
amontonado plata como tierra, y preparado vestidos tan
fácilmente como se bace el barro, él, en efecto, los tendrá
da prevención: maa el que se vestirá con ellos será -el
justo, y el inocente disfrutará y distribuirá la plata».
TERCERA ÉPOCA
1'íESDE JIOI ísÉS H A S T A L A M l 'E Ü T L LUI JOSUÉ (1725■ 15SC-J-

LlXOrÓN VT [ r

4 3 . roi'sccufcióiL en Egipto contra lys israelitas.— 43* Xacimionto


de Moisés.— 44* Huida do Moisés a M«.dJií.i'k.— 4 5 . EJecc.ióü do
SLoísóü, — 4 6 . Petición de }[ojsO.-¡ h1 riiy do Egipto,— 4 7 . Pinga';
de Egipto,— 4 8 . Institución do la Pascua.

4 2 . Los israelitas que se habían quedado en Egipto


fueron aumentándose de tal mudo, que dos siglos después
de la muerte dé José formaban ya un verdadero pueblo.
Temeroso el rey ítanaea II ó Sesos tris de que pudiesen
turbar la paz ó de que dominasen el pueblo egipcio, man­
dó que Tos niños que nacieran de origen hebreo fueseu
estrangulados; y siendo insuficiente esta orden, porque
no se cumplía, mandó después quo los niños israelitas
fuesen arrojados al rio.
4 3 . Había entre los hebreos una mujer llamada J o-
cabed, que parió un niño (1725 años antes de Jesucristo),
y deseó conservarle la vida con el amor de madre; pero
— I 1o —

conociendo que era imposible por la gran persecución que


sufrían los hebreos, hizo una especie de cuna de mimbres,
la embetunó, y colocando en ella al niño, le entregó á la
corriente del Nilo, La hija del re3T, paseando una tarde á
la orilla del río>descubrió la cana, y apiadada del tierno
infante, le llevó á palacio, le puso por nombre Moisés,
que significaba sacado del agua, y se encargó de sn con­
servación y crianza, Este niño, tan milagrosamente sal­
vado* íué el que escogió Dios para salvar á su pueblo de
í» esclavitud.
4 4 . Moisés veía con dolor la persecución y la tiranía
que sufrían sus hermanos, y un día mató ¿ un egipcio que
testaba maltratando á un hebreo, teniendo que huir en se­
guida 'íi la tierra de los madianitas, donde se casó con
Sófora, hija del sacerdote Jetró.
4 5 . Estando allí Moisés so le apareció el Señor en
una zarza ardiendo, y le manifestó que le habia elegido
para salvador de los israelitas. Creyóse Sloisés indigno
y pequeño, mas Dios prometió auxiliarle, demostrándole
su poder con varios milagros.
46* Salió, pues, Moisés de Madián con su hermano
Aarón, y fuó ¿presentarse al rey de Egipto. Manifestóle
la injusta persecución que padecían los hebreos, pidién­
dole que los dejara marchar; pero nada consiguió en tres
veces quo so presentó á él, ¿ pesar de hacer varios mila­
gros en su presencia.
47> Tan obstinada terquedad obligó al Señor á cas­
tigar á Jos egipcios con las diez plagas. Consistieron és­
tas en la conversión del agua en sangre; en una inunda­
ción de ranas, moscas y otros insestoá; peste y úlceras en
hombres y ganados; granizo y langosta que asoló los cam­
pos, y en espesas tinieblas. Á cada plaga prometía el rey
dejar salir libremente á los hebreos; mas asi que cesaban
— 111 —
sus terribles efectos, volvía á empezar la persecución.
Decidióse, pues, el Señor á enviar la última plaga.
Mandó á los hebreos que le sacrificasen un cordero, y
con su sangre hicieran una señal en sus puertas; y á me­
dia noche murieron todos los primogénitos de los egip­
cios* Asustado el rey, llamó aquella misma noche á Moi­
sés y le dijo que permitía salir al pueblo hebreo do su
reino.
48. En memoria de aquella noche instituyó Dios la
Pascua, como significación de que la sangre del cordero
había salvado al pueblo escogido.
— 112 —

L E C C IÓ N I X

4 9 . Paso del mar R ojo y muerte del faraón. — 5 0 . Beneficios deL


Sííiior en tkvor <lc los i.srn<d¡Nis * — 5 1 . Lfi, yena de Horuii. —
5 2 . Pro mitigación do la L ey.— 5 3 . Holntiiit dul pueblo..—
5 4 . C uelgo quo recibe,—*55. MítudHiuientus dul Señor.—-5 6 , El
Tabernáculo, el Arca Sitiuu, y los objetos quo ton tenia. —
5 7 . Elocc-ióu de Antón fiara el «ervicio divino.— 5 8 . -Fiestas y
s.ieñílcios. — 5 9 . íieüiJHto que se debe á los objetos sagrados,

4 9 . Apresurólo Moisés á abandonar con todos loa


israelitas el Egipto (1G-15 años antes de Jesucristo), pero
el faraón Meremphta quiso perseguirlos de nuevo, y po­
niéndose al frente de un gran ejército, salió contra ellos-
Los encontró á orillas dol mar Rojp, donde al parecer no
tenían salvación; pero Moisés tendió el brazo sobre el mar
ó hirió con su vara las aguas, y separándose éstas, pasa­
ron los israelitas á pie enjuto. El faraón con su ejército
quiso seguirlos por el mismo camino, pero juntándose las
aguas, fueron anegados y muertos los egipcios. Apenas
se libraron los hebreos tan milagrosamente del faraón,
Moisés dio gracias al Señor y continuó sil camino por
el desierto con los secientos mil israelitas.
5 0 , Durante la marcha, el Señor les*dió nuevas prue­
bas de su amor. Hizo aparecer una nube que les precedía
constantemente, cubriéndoles por el día del ardor del sol,
alumbrándoles por la noche, é indicándoles los puntos en
que debían descansar : les alimentó con el maná, que se
depositaba en abundancia por la noche sobre la tierra, y
que los israelitas cogían antes de salir el sol. El maná
— m -

que se encuentra naturalmente en aquellos climas en muy


corta cantidad, es una especie de maga de sabor dulce.
51- La peregrinación por el desierto del pueblo he­
breo duró cuarenta años, en los cuales habrían perecido
toáoslos israelitas si Dios no hubiera cuidado de su con­
servación con los milagros que hemos dicho y otros mu­
d o s, entre los cuales debemos citar el del monte Horeb.
Cuando llegaron los israelitas k este sitio no tenían agua,
y empezaban á murmurar de Moisés. Dios mandó á éste
que tocase con su vara la roca, y apareció una fuente de
agua cristalina en que apagaron todos su sed.
5 2 . Los israelitas llegaron cincuenta días después de
su salida do Egipto al moute Sinai, lugar elegido por el
Señor para promulgar su ley. Anunció el Señor con anti­
cipación este acto solemne, y llegado el momento, cubrió ■
se de espesas nubes el monte, coronóse de relámpagos y
oyóse estrepitosos truenos. Este grandioso aparato de
que el Señor se valía para hacer comprender á los hom­
bres por medio de los sentidos materiales la importancia
de la promulgación de sus mandatos, aterrorizó ¿ los is­
raelitas, quo suplicaron á Moisés recibiese él solo las ór­
denes de Dios.
Subió, con efecto, Moisés al monte Sinai, 3Tpermaneció
en él cuarenta días, recibiendo en este tiempo de Dios
todas las instrucciones necesarias para el culto y parad
buen régimen del pueble; preceptos que estaban graba­
dos en dos tablas de piedra.
5 3 . Mientras Moisés permanecía en el monte, el pue­
blo se olvidó de Dios y délos inmensos beneficios que de
él había recibido y estaba recibiendo, y buscó nuevos dio­
ses á quien adorar. Los israelitas', que desconocían A un
Dios justo, misericordioso y fuerte, obligaron á Aarón k
hacer un becerro de oro y le adoraron. ¡Ejemplo insigue
s
— 1 14 —

de la ceguedad de la idolatría y de los efectos de olvidar


al verdadero Dios!
5 4 . Bajó Moisés del Sinaí, y al ver tan doloroso es­
pectáculo, rompió, lleno de indignación, las tablas de la
‘ ley, redujo k polvo el falso ídolo, y castigó con la muerte
á muchos israelitas*
Después, compadecido de la ceguedad del pueblo, oró
por él y consiguió de Dios su perdón.
5 5 . Los mandamientos ó preceptos dados por el Se­
ñor e¿) el monte Sinaí, fueron los siguientes:
I. Yo soy el Señor tu Dios, que te saqué de Egipto de
la servidumbre.
No tendrás dioses ajenos en mi presencia.
No adorarás figuras de escuitara ó id oh s: yo soy el Se­
ñor tu Dios, fuerte, celoso, que visito la iniquidad de los pa­
dres sobre» los hijos hasta la tercera y cumia generación, y
hago misericordia A tos que me aman y guardan mis pre-

II. No tomarás el nombre del Señor tu Dios eit vano,


porque el Señor no te tendrá por inocente.
III. Acuérdate de santificar la fiesta*
IV. Honra á tu padre y á tu madre para que seas de
larga vida sobre la tierra.
V. No matarás.
VI. No fornicarás.
VIL No hurtarás.
VI lh No dirás contra tu prójimo falso testimonio.
IX. Nv descaras la mujer de tu prójimo .
- X No codiciarás la casa de tu prójimo, ni cosa ningu­
na de las suyas.
56. Entre los muchos preceptos que Dios comunicó
á Moisés, estaban todos los referentes al culto. Moisés en
su cumplimiento mandó construir ol Tabernáculo, que era
- m —

un templo portátil de ricas maderas y adornado por den­


tro con preciosas telas, y por fuera con láminas de oro y
plata. Dentro del Tabernáculo iba el Arca Santa ó de la
Alianza, llamado así porque4en ella se encerraban las ta­
blas de la ley, que ora la alianza de Dios con el pueblo*
Era eata Arca de maderas finas y de orot y se llamó tam-
bién Prop ícialorio t
Construyó además Moisés una mesa, en la cual se co­
locaban semanalmente doce panes, que constituían la
Proposición; y dos altares, el de los Perfumes, en el cual
ae quemaban aromas, y el del Holocausto ó de las vícti­
mas, que se sacrificaban en honor del Señor. El Taber­
náculo estaba alumbrado por un candelero de oro de siete
brazos.
57, Constrnidos estos preciosos objetos, escogió el
Señor la tribu de Levj, rl la cual pertenecía Aarón, para
el servicio del Santuario. Para hacer esta t lección dp
modo que el pueblo viese en Aarón el elegido del Señor,
mandó Dios que cada tribu pusiese una vara enfrente del
Tabernáculo y la dejase allí durante la noche, Al día si­
guiente todas las varas estaban secas t excepto la de A a-
róu, que había reverdecido y dado fruto.
* 5 8 . Además de la fiesta del Sábado, celebraban Iosí
hebreos la Pascua, en recuerdo de la salida de Egipto,
la de Pentecostés 50 días después, en memoria de la pro­
mulgación de la ley: la de los Tabernáculos, 7 meses des­
pués de la Pascua, para recordar la permanencia en el
desierto, y la de las Expiaciones, única fiesta en que el
Sacerdote penetraba en el Santuario. Las funciones de la
tribu de Le vi se reducían á auxiliar á los sacerdotes, can­
tar los himnos y cuidar del Santuario. Los sacrificios los
hacían los sacerdotes y eran de tres clases: sacrificios de
paz, cuyo objeto era bendecir al Señor y pedirle su asis-
— ]]G —

tencia; sacrificios expiatorios] cuyo objeto era satisfacer


al Señor por las culpas cometidas, y sacrificios de victi­
mas ú holocausto, cuyo objeto era demostrar el pleno do-
minió del Señor sobre todo lo creado.
59. Las disposiciones tomadas por Moisés para dar
culto al Señoi^ las fiestas establecidas entonces y los ob­
jetos consagrados construidos de orden del Señor ^prue­
ban la necesidad del culto exterior. El respeto que debe­
mos á estos objetos y á las ceremonias sagradas, quedó
también demostrado con los terribles castigos que el Se­
ñor impuso á Nadab y á Abiú, que echaron fuego profano
en sus incensarios; y á Datán y á Abirón, que negaban
á Aarón el respeto que se merecía*

4
LECCIÓN X .

6 0 * Peregrinación ia cuarenta años. — 6 1 . 'Nueva itlnTatrin. ■ —


6 2 . Castigo, Moisés alaa la serpiente. — 6 3 . M uonc de Moi-vs.
6 4 . Moisés historiador y escritor. — 6 5 . Explicación do loa
liiii'os que escribió. — 6 6 . Elección dú Josué. ■— 6 7 . Toma de
Jericó. - 6 8 . Victoria de Gftliftón. — 6 9 , T)ístriliución de Ca-
naán y muerto do Jo&uó.— 7 0 , labro Je Josuú.

6 0 . Los israelitas emplearon un año en todas catas


obras y continuaron después por el desierto su marcha.
Cuarenta años tardaron en atravesarle; tiempo extrema­
do que Dios los impuso en castigo de su desconfianza de
ilegar á la tierra que Dios les había prometido.
6 1 . En este tiempo olvidaron muchas veces los be­
neficios que de Dios habían recibido. Cansados de aque­
lla vida errante, murmuraban de Moisés porque les había
sacado de Egipto, y llegaban en sus murmuraciones has­
ta el mismo Dios,-volviendo a caer en la idolatría.
6 2 . El Señor, para castigarlos, envió fuego del cielo
que abrasó k muchos culpables, mas no por eso se arre­
pintieron. Entonces Dios lanzó contra ellos unas serpien­
tes de fuego que causaron inmensos destrozos; acudió el
pueblo k Moisés, y éste, por mandato de Dios, levantó en
el campo nna serpiente de metal, quedando libres del es­
trago cuantos la miraron.
Esta serpiente, quo fué levantada para salvar al pue­
blo hebreo, figuraba á Jesucristo en la cruz levantado
también para redimir al género humano.
6 3 . Moisés murió á los 120 años de edad en el mon­
te Nebó, viendo ya la tierra prometida, la cual no llegó á
— LIS —

pisar por haberse hacho indigno de esta gracia, A causa


de .su desconfianza en las palabras del Señor,
' 6 4 . iloisés fué un profundo escritor, un gran poeta
y el primer historiador y legislador. Sus obras son tan
elocuentes y profundas, que 110 pueden compararse con
las de ningún escritor profano que se conoce. Moisés,
inspirado por Dios, empezó á escribir el Antiguo Testa­
mento, cuya primera parte es el jPentateuco, llamado tam­
bién Libro de Moisés ó de la Ley. Pentateuco es una pa­
labra griega que significa cinco volúmenes, y se llamó
así cata primera parte por componerse de cinco libros,
que son: el Génesis, el Exodo, el Levüico, los Números y
el DenteronoHw?.
6 5 . El Génesis, llamado también libro de los Justos,
tiene por objeto explicar la creación y exponer los pri­
meros hechos de los hombres.
Abraza desdo el principio del mundo hasta la muerte
de José, ó sea nn período de 2.360 años, que es muy cor­
to si se atiende á la gran duración de la vida en aquellos
tiempos; de modo que los hechos se conservaban aún muy
puros por la tradición.
El Exodo significa en griego la salida, y se llamó asi
este libro, porque en él se refiere la salida de los israeli­
tas de Egipto. Comprende los hechos acaecidos desde la
muerte de José hasta la construcción del Tabernáculo,
es decir, un período de 145 años.
El Levttico se llamó así porque -trata de los sacerdotes,
que eran de la tribu de Leví, de las ceremonias del cu l­
to, de los sacrificios y de las fiestas , exponiendo detalla­
damente todos tos preceptos religiosos.
Los Números se llaman así porque empieza con un cen­
so del pueblo israelita. Contiene este libro varias leyes
religiosas y de utilidad para el pueblo, y los hechos que
— I !O —

acaecieron en un período de 39 anos, desde la construc­


ción del Tabernáculo hasta la llegada dol pueblo israeli­
ta á la tierra de Moab, frente á Jericó*
Por último, el Deuteronomio. palabra que quiere decir
segunda ley ó segunda parte, fué llamado asi porque en
este libro, estando Moisés próximo á su fin, recopila sus
anteriores mandamientos, exhorta al pueblo á su cumplí*
miento le bendice, nombrando á Josué por sucesor suyo.
66- Cuando Moisés conoció que llegaba su ultima
hora, nombró por sucesor á Josué, presentándole al pue­
blo y asegurándole que Dios le asistiría cu su empresa.
6 7 . Josué penetró en el país de Canaán poco tiempo
después, obrándose al atravesar el Jordán un nuevo pro­
digio: las aguas se dividieron, y los israelitas le pasaron
á pie enjuto. La primera ciudad que debían tomar era Je­
ricó. Josué mandó adelantarle! Arca, la paseó por frente
de 3a ciudad, y reuniendo el ejército ordenó que tocasen
todas las trompetas. Al momento cayeron las murallas y
entraron los hebreos sin resistencia. El Señor mandó que
Jericó fuese destruida y quemado el botín; pero habién­
dose reservado Acán algunas alhajas, fueron derrotados
los israelitas en seguida en la toma de líai*
6 8 . Al saber las victorias del pueblo de Israel seso-
metieron los gabaonitas; mas el ejército coaligado de otros
pueblos vino contra Josué. Acometióles éste cerca de
Gabaón, y viniendo ya la noche mandó al sol que se de­
tuviese para tener tiempo de. acabar de exterminar á sus
enemigos; detúvose el sol y ol ejército contrario quedó
destruido.
6 9 . Josué conquistó muy pronto toda la tierra de
Canaán y la distribuyó entre las tribus. La de Le vi no
recibió nada al principio, porque vivía de los diezmos y
primicias; mas después le tocaron en suerte 48 ciudades.
— 120 —
A los 110 años de edad murió este caudillo, después de
exhortar al pueblo para que no olvidase los beneficios
del Señor y le adorase sin caer en la idolatría.
70, Todos estos hechos están referidos en el libro
1Jamado de Josué* que sigue en el Antiguo Testamento al
Pentateuco. Le escribió el mismo Josué y abraza un pe­
riodo de 27 años*
CUARTA ÉPOCA
LOS JU ECES (ISijO-lOSCí

LECCION X I

7 1 , Golitorno do los israelitas. — ■7 2 . Les jimeos. Dúboi'n y G o -


d eón ,— 7 3 . — 7 4 , SannOa,— 7 5 , El libro <lo lo¿ ju e ­
ces, — 7 6 . Holi, jaez, CautivMítil ilt*l A rca.’— 7 7 . Samuel, juez-
7 8 . Libro fio los — 7 9 f Uiuituíadc Llut.— 8 0 . Lilu'o de Rut,

7 1 . Establecidos ya los israelitas on el país de Ca-


naán, se gobernaron por ios ancianos; es decir, cada tri­
bu tenia su jefe, y reunidas todas formaban una especie
de federación. Siguió á este gobierno el de loa'Jueces,
entre los cuales se distinguieron Débora, Gedeón, Jeffcé,
Sansón y Samuel.
7 2 . Débora consiguió una gran victoria contra los
cananeos; pero á su muerte los israelitas volvieron i !a
idolatría, y Dios permitió que los dominasen y oprimie*
sen loa madianitas por espacio de siete años. Gredeón, es­
cogido por Dios para librar & su pueblo, salió á campaña
sólo con 300 hombres, y siguiendo las instrucciones del
— i '22 —
'Señor, derrotó á-los madianitas, que tenían un ejército
de 135.000 hombres. Gedeón no empleó arma ninguna
para conseguir esta victoria: sólo con el estruendo de las
trompetas y otros objetos asustó y desordenó al ejército
enemigo, en el cual se mataron unos A otros al huir.
73. Jefté era un jefe de aventureros, que fué elegi­
do juez por sus hazañas personales contra sus enemigos,
consiguiendo después nuevas victorias al frente do todo
el pueblo.
7 4 . Sucedióle Sansón, dotado de tan prodigiosas
fuerzas, que habiéndole acometido un león, luchó con él
v le destrozó. Estaba entonces el pueblo en guerra con los
filisteos. Sansón, menospreciado por éstos, se armó de
una quijada y mató á mil; pero su fortaleza no pudo re­
sistir los atractivos de Dalila, mujer que servia á los filis­
teos; ésta descubrió que el secreto de su fuerza estaba
en el pelo, y se lo cortó un día que Sansón estaba dur­
miendo. Sus enemigos le sacaron entonces los ojos y Ic
ataron k una noria; pero no mucho después, estando en
el templo idólatra de los filisteos, mientras celebraban
una solemne función á sus Ídolos, rogó k Dios que le de-
volviese las fuerzas, y oído su ruego por el Señor, se
agarró á dos columnas y echó á tierra el templo, murien­
do entre sns ruinas con 3.000 filisteos.
75. El pueblo israelita tuvo 13 jueces, de los cuales
hemos nombrado sólo los más notables. Todos los hechos
del tiempo que duró este gobierno, que fué de 300 años,
están especificados en el Libro fie los Juecest que sigue
en la Escritura al de Josué, Escribió este libro Samuel,
último juez.
7 6 . Helí fué uno de los jueces más virtuosos; pero
tenia dos hijos cuya educación habia descuidado, los cua­
les cometían toda clase de excesos y crímenes. Salie­
— 123 —

ron á la guerra contra loa filisteos,, y fueron muertos am­


bos, quedando derrotado el ejército y el Arca en poder de
los enemigos. Pusiéronla éstos al lado deau ídolo Dagón;
y Dios, para demostrar la verdad, hizo quo cayese el
ídolo al suelo; lleváronla á otras muchas partes, y viendo
que en todas atraía sobre el bu grandes calamidades, se
la restituyeron k los israelitas. Helí murió de reponte al
saber la muerte de sus dos hijos y la pérdida del Arca;
así le castigó Dios por su descuido en U educación.
7 7 . A Helí sucedió Samuel, que era profeta y había
anunciado sus desgracias k Helí; pero los israelitas, can-
sidos del gobierno do los jueces, pidieron á Samuel que
les diese un Rey, Consultólo éste con el Señor y quedó
ungido Saú\
7 8 . Los hechos ocurridos en tiempo de estos dos úl­
timos jueces se hallan referidos en la Escritura eti el
Primer libro de los R eyes, porque Helí y Samuel fueron
contemporáneos de Saúl y el último ejerció gran influen­
cia en el reinado de éste.
7 9 . Durante ol gobierno de los jueces hubo una épo­
ca de hambre espantosa en que muchos israelitas emi­
graron de su país; EHmelec, uno de ellos, con su mujer
ííoemi y sus dos hijos, se dirigió al país de Moab, donde
se casaron los dos mancebos con Orfa y Rut. Al poco
tiempo murió EHmelec, y al cabo de diez años sus dos
hijoa; entonces Noemi, viuda y sin arrimo en país extra­
ño, deterrminó volver á su tierra; pero he aquí que la
Providencia la tenia preparado el consuelo de sus nueras,
quienes no quisieron apartarse de ella, Orfa accedió por
fin á las súplicas y ruegos de la anciana Noemi, y cuan­
do ya estaban de camino se volvió á su casa, pero la pia­
dosa Rut no consintió en ello: «Doquiera quo te vayas, la
dijo, he de ir yo, y donde tú morares he de morar yo: tu
— ]'2i —
pueblo es mi pueblo; tu Dios es mi Dios.^ Y, en efecto,
continuaron la marcha hasta llegar á Bolán de Judú,.
donde vivía Booz, acaudalado pariente de Elimelec. ■
Como esto ocurriese durante el estio t Rut fuese al
campo en busca de sustento para su suegra y para ella:
Rut espigaba entre los segadores de Booz, y habiéndola
visto éste y enterado do la cariñosa solicitud con que la
mpavita cuidaba de su suegra, la dijo: ''Oye, hija mía:
no vayas á otra heredad á espigar, ni te apartes de este
sitio, sino júntate con mis sirvientas y como con ellas.a
La moavita agradeció profundamente aquella distinción,
y de tal manera obtuvo la voluntad de Booz, que éste la
tomó por esposa. Do este .matrimonio nació Obed, abuelo*
de David.
80. Este episodio de la vida de Rut está, referido en
el libro, quo lleva su nombre, es considerado como un
apéndice del Libro de los Jueces, y se supone escrito por
Samuel. Aunque consta de muy pocas páginas, nos ofre­
ce un admirable ejemplo de amor paternal, de religión y
de piedad, y tiene la singular importancia de dar á cono-
cf*r parte de la genealogía de nuestro Señor Jesucristo.
QUINTA EPOCA
l i l i Y E S (1080-537)

LECCIÓN XII

S i » Saúl, voy,— 8 2 - Unción de David. -— 8 3 . Comba tu do David


ton G oliat. — 8 4 , Persecución cuntía D avid. — 8 5 . Muerto du
S a ú l. — 8 6 - T)uvidt rey. — 8 7 . Castiga do f>z:i. — 8 8 , Cftntico.s
de Davul auto ot Aren, — 8 9 . f.!rnvo fu! (a do David, — 9 0 . Cíis-
t igo que rociliy. — 9 1 . Muorto do DaviiU — 9 2 . David pro(« ta y
míisiuí),— 9 3 . Los íJalmos,—■9 4 . Salmos; prole ticos,

8 1 , Saúl gobernó con justicia los primeros anos, cu


los cuales tuvo ocasión de continuar gloriosamente la
guerra con los filisteos} pero más adelante, ensoberbecido
con tan alta dignidad, desobedeció al Señor en dos oca­
siones, faltando á las órdenes que Samuel lo liabia comu­
nicado.
8 2 . Viendo el Señor esta desobediencia, mandó á
Samuel que ungiese por rey á David, que tenia entonces
20 años, y era un pastor de la tribu de Judá. David se
inflamó en seguida con el espíritu del Señor, y Saül reci­
bió en castigo de su conducta una grave enfermedad.
— 126 —
83* Un filisteo, llamado Goliat, de tan elevada esta-
tura que llevaba el nombre de j igante, debatió á los he­
breos, retándoles á combate singular. Nadie se había
atrevido á luchar con él á pesar de haber prometido Saúl
que daría al vencedor la mano de su hija mayor y otros
privilegios, Presentóse David, y pidió permiso para salir
ti luchar con Goliat. Este le despreció asi que le vio tan
joven y sin armas; pero David, sacando la lhonda y una
piedra del zurrón, le tiró una pedrada, le abrió la fronte
y le cortó la cabeza con su propio alfanje. Atemorizados
los filisteos huyeron, y los hebreos hicieron en ellos gran
mortandad. David filé llevado en triunfo por el pueblo,
que cantaba: «Saúl ha muerto mil filisteos; David ha
muerto diez mil.v
8 4 . Saúl pagó este servicio con la mayor ingratitud:
lleno de envidia, trató muchas veces de quitarle la vida,
y David tuvo que huir para conservarla, demostrando,
aun en medio de estas persecuciones, el respeto que le
merecia el ungido del Señor. Una noche penetró en la
tienda de Saúl mientras éste dormía, y se conteutó coi>
quitarle la lanza y copa, que le volvió después; otra vez
le tuvo A su disposición en una caverna y le cortó sola­
mente un pedazo de la orla del manto.
8 5 . Saúl murió en una batalla con los filisteos, en
castigo de haber consultado antes á una hechicera que le
anunció su próximo y desastroso fin.
8 6 . David manifestó sentimiento por la muerte de
Saúl, y mandó castigar á un soldado que se preciaba de
haber ayudado á la muerte del Rey. Al principio sólo le
reconocieron las tribus de Le vi y de Judá, pero después
todas se pusieron á su obediencia.
' 8 7 . Hizo la guerra á los jebuseos, y se apoderó de la
fortaleza de Sión, En el camino, un israelita llamado
Oza, creyendo que se ladeaba ©I Arca, edhó la mano-
para sostenerla» pero cayó muerto en el mismo instante,
por haber tocado con su mano profana aquel objeto sa­
grado.
8 8 . David, que era un hombre muy religioso, can­
taba acompañado dd arpa y bailaba delante del Arca
Santa; mas viéndolo una vez su mujer, le reprendió, cre-
3’éndolo indigno de la majestad real. David le contestó
muy oportunamente que siempre danzaría y se humilla­
ría delante del ¡Señor, sin perder nada de su gloria; en­
señando asi que ante Dios no significan nada las más
altas dignidades*
8 9 . A pesar de estas virtudes y otras muchas que
tenía, David pagó su tributo A la debilidad bu mana.
Enamorado de Betsabé, mujer de Urias, ta hizo ser in­
fiel á su marido, favoreciendo la muerte do «¿te para ca­
sarse con ella. El profeta Natán, de orden de Dios, le
culpó severamente por su crimen y por ¡su ingratitud al
Señor. David, arrepentido, pidió perdón A Dios y lloró
su falta.
9 0 . Pero el Señor le castigó, permitiendo quo se re­
belase contra él Absalón, su hijo, quien le obligó á huir
de Jerusalén, siendo apedreado en el camino por los pa­
rientes de Saúl. Absalón entró como rey en Jerusalén, y
se dispuso á combatir A su padre; pero éste, que aguar­
daba con sus partidarios al otro lado del Jordán, derro­
tó á Absalón y mandó que le persiguiesen, pero que res­
petasen su vida; mas huyendo por un monte, Absalón
quedó colgado de un árbol por los cabellos, y le dio muer­
te Joab, general de David.
9 1 . David murió á los 70 años de edad, después de
haber gobernado sabiamente al pueblo y haber sido un
modelo de temor de Dios, como lo dejó consignado en sus
— 128 —

bellísimos S'almos, Dos veces faltó al Señor: una por un
pecado carnal, otra por orgullo; lo cual debe hacernos
reflexionar cuánto poder necesitamos tener sobre nosotros
mismos para no dejarnos llevar ni un solo momento da
las malas tentaciones.
9 2 . David es una de las figuras más grandes del An­
tiguo Testamento: como rey, como profeta y como escri­
tor lleno de fogosa y santa poesía. Compuso en su mayor
parte el Libro de los Salmosf en verso, y ordenó que so
cantaran algunos en el templo y en las festividades,
f
acompañándolos con música. El mismo los cantaba bai­
lando y tañendo un instrumento muy semejante & nues­
tra arpa.
9 3 . El Libro de los Salmos, llamado también Penta­
teuco de David porque se compone de cinco partes, tiene
cincuenta salmos que suelen dividirse en cuatro clases:
históricos, cuyo objeto es recordar los hechos pasados
para admirar la bondad y poder de Dios; admonitor ios t
que sirven para corregir al pueblo ó para instruirle; pre­
datorios 6 eucar ínticos, que tienen por objeto la oración y
la alabanza del Señor, y ¡rroféticoSj en los cuales David se
•ocupa principalmente en describir la venida del Mesías
y en hablar de su iglesia.
9 4 . En estos salmos se encuentran revelaciones tan
claras y tan evidentes acerca del Mesías "quo ha de salir
de Sión, y estar sentado á la derecha de Dios>>, que es
imposible no descubrir en ellas á Jesucristo. Del misino
modo se anuncian sus dolores y padecimientos, la distri­
bución de sus vestiduras y la suerte echada sobre su tú­
nica* con estas mismas palabras, la conversión de los
gentiles y la perpetuidad de la Iglesia cristiana,

<gs«£»> fo?S*---------
— 129 —

' LECCIÓN X III


i
.

9 5 . Salomón, rey, pide á Dios la sabiduría.— 9 6 . Edificación dol


templo. -— 9 7 . Caída cío Salomón. —9 8 * Juicio de Salomón, —
9 9 , Libros quo escribió Salomón. - 1 0 0 . Su explicación.—■
101. Proverbios do Salomón.

9 5 . David antes de morir instituyó por sucesor á su


hijo Salomón, el cual pidió á Dios que le concediese el
don de la sabiduría, que creía el más necesario para go­
bernar bien al pueblo. Agradó al Señor esta sana peti­
ción, y se le otorgó con otros beneficios.
9 6 . Quisó también Salomón conservar el temor de
Dios que le había enseñado su padre, y proyectó, con el
consentimiento del Señor, edificar un templo. Siete años
tardó en hacerle, empleando más do doscientos mil tra­
bajadores y riquezas inmensas: tomó por modelo el Ta­
bernáculo; le revistió interiormente, en la parte que debia
colocarse el Arca, de láminas de oro, y celebró su con­
clusión con solemnes fiestas.
Este grandioso templo de Jerusalén fué el primero es­
table que se erigió en la tierra al verdadero Dios.
9 7 . Pero Salomón era también hombre, y como tal,
expuesto al pecado: su virtud y su sabiduría no pudieron
ovitar que se entregase al amor desordenado de las mu­
jeres, que le cautivaron hasta el punto de obligarle á ado­
rar los ídolos. Dios le anunció en castigo de su defección
que su reino sería dividido, pero no quiso que se reali­
zase este castigo hasta después de su muerte.
9 8 . Salomón gobernó á su pueblo con mucha justi-
9
— 130 —

cía, y le mantuvo casi todo su reinado en la verdadera,


religión y en el temor de Dios. Como muestra de su pro­
fundo conocimiento del corazón humano, conocimiento
que debe ser la guía del juez, conviene recordar lo que
se llama Juicio de Salomón. Presentáronse á este rey dos
mujeres, diciendo cada una que un niño de pecho que lle­
vaban consigo era hijo suyo. Salomón, no teniendo ante­
cedentes para decidir, mandó dividir al niño por medio
y dar á cada una la mitad del cuerpo,
Avínose una de las mujeres, mas la otra se opuso rom­
piendo á llorar dolorosamente. El rey comprendió que
esta última era la madre, y mandó que le fuese entrega­
do su hijo.
99> Hay cuatro libros en la Escritura que llevan el
nombre de Salomón, y se conocen generalmente con el
titulo de Sapienciales ó Sófiws, Estos libros son tos Pro­
verbios, el Edesiasles, el Cantar de ios Cantares y la Sa­
biduría.
100, Loa Proverbios se componen de una porción de­
preceptos é instrucciones acerca de la prudencia y la sa-
bidnría, y muchas reglas prácticas de conducta*
El Edesiastes, llamado así porque esta palabra signifi­
ca predicador, contiene máximas adecuadas á una per­
sona que conozca ya los Proverbios: su objeto es no sólo
dar reglas morales* sino preparar el alma para la bien­
aventuranza.
El Cantar de los Cantares es el libro más sublime de
Salomón: el alma, purificada ya por la lectura anterior,
penetra en los misterios del amor y de la sabiduría in­
finita.
La Sabiduría, inspirado por Salomón, aunque no fuese
escrito materialmente por él, es una especie de resumen
de los anteriores, en que se aplican las máximas ya co­
— 131 —
nocidas al gobierno de los pueblos, y se hace una reco­
pilación de la historia del pueblo de Israel, para poner
en evidencia la infinita sabiduría del Señor.
101. El contenido de todos estos libros es tan pro­
fundo como la sabiduría de su autor, y tan porfecto, que
desde entonces nada se ha podido añadir á su doctrina.
Véanse, como ejemplo, algunos de sus consejos:
«El temor de Dios es el principio de la sabiduría: el
necio desprecia esta sabiduría y esta doctrina.
»No se aparten de tí la misericordia y la verdad: ten­
ias siempre contigo, y cópialas en las telas de tu co­
razón.
»No envidies al hombre injusto.
»No estorbes hacer bien al que puede hacerlo, y si pue­
des, hazlo tú mismo*
s Aprende de la hormiga, que en tiempo de la mies
guarda para el invierno.
Guarda los preceptos de tu padre, y no abandónenla
ley de tu madre.
s>La mano ftoja y holgazana produce la indigencia: la
mano activa acumula riquezas.
»Quien mucho habla mucho yerra.
»E1 que ama la corrección ama la ciencia.
»E1 que anda con sabios, será sabio; el que anda con
necios, será uno de ellos.
»E1 que desprecia al pobre, desprecia á su Hacedor.
mNo digas: como m& tratan, a&i trato; porque del mis­
mo modo serás tratado por el Señor.
>>El gue corrige á un hombre, encontrará en él mismo
más favor que el quo le habla con lengua de adulación».
LECCIÓN X I V

10£. Ttolfoán, re y . D ivisión dol reim> rio Is r a e l. — 103. Joroboún,


rey do Isra e l. Su id o la tría , — 104. lle y e s quo le sucedieron , —
105, A cab y J o za b el. - 106. C astigo que Iús an u n ció E lia s .
— 107, M uerte da A c a b y do J e z a b e l. — ■ 108. E lia s y E líseo :
sus p rod igios,

1 0 2 . A la muerte de Salomón subió al trono su hijo


Roboán, Los israelitas ge juntaron para pedirle quo relia*
jase los impuestos: el rey se aconsejó de los ancianos que
habían sido consejeros de su padre, y de sus amigos, que
eran todos jóvenes. Los primeros le aconsejaron que a o
cediese á la demanda; pero los segundos le dijeron que
la negase, y contestase fuertemente al pueblo. Hízolo así
el mal aconsejado rey, y esto promovió disturbios en el
reino y la separación de diez tribus, que eligieron por
rey á Jeroboán y establecieron su capital en Siquón.
Desde entonces quedó dividido el pueblo en dos reinos:
el de Jiraef y el de Judá, que sólo tenia las tribus de
JudA y Benjamín.
1 0 3 . Jeroboán quiso evitar todo trato con Jerusa-
lén; y para que sus súbditos no tuvieran que ir al templo,
mandó hacer dos ídolos, que colocó en Dan y Betel, or­
denando que fuesen adorados como, dioses, y quemando
él mismo incienso en sus altares. Reprendióle severa­
mente en nombre de Dios un profeta, y le anunció que
aquellos sacerdotes serían sacrificados en el mismo altar;
mas no por esto se corrígió Jeroboán.
1 0 4 . Su hijo Nadab no fué menos impío, y murió
— 1X3 —
asesinado por Baasa, que aoabó con la familia de Jero-
boón. A Baasa sucedieron los generales Zarnri y Amri,
quo reinaron poco tiempo, dejando ol trono al malvado
Acab, casado con Jezabel. Por este tiempo se liizo á Sa­
maría capital del reino de IsraeL
1 0 5 . Acab y Jezabel reinaron cometiendo muchos
crímenes y entregados á la idolatría^ adorando á los ído­
los de Dan y Betel, y á Baal.
1 0 6 . El profeta Elias, que vivía retirado en las már­
genes del torrente Carit, á donde le llevaba la comida un
cuervo, se presentó á Acab y le anunció que en castigo
de su maldad no llovería ni caería rocío en tres años.
Pasado este tiempo, y queriendo el profeta demostrar el
ningún poder de Baal} propuso que los sacerdotes de
este ídolo le hiciesen rogativas para que lloviera; todas
fueron inútiles. Entonces Elias rogó á su Dios, y al pun­
to se cubrió el cielo de nubes y empezó la lluvia deseada.
1 0 7 . Acab uv Jezabel cometieron un nuevo crimen
mandando apedrear como blasfemo á. un israelita llama­
do Nabot, que no había querido venderles una viña, Elias
les anunpió entonces que su sangre seria derramada y
lamida por los perros en el mismo sitio on que había sido
muerto el pobre Nabot. Esta terrible profecía se cumplió
exactamente. Acab murió poco después en una guerra
con Siria, y su cadáver fué trasladado á Samaría, donde
se cumplió la profecía; Jezabel fué muerta violentamen­
te, y su cuerpo entregado á los perros.
108* Elias escogió por discípulo á Elíseo, y yendo
un día con él hacia el Jordán, ambos pasaron el* rio á
pie enjuto, porque las aguas se separaron al ponerse en
contacto con la capa de Elias; y cuando estaban al otro
lado, Elias anunció á su discípulo su próxima separación,
y le dijo: Pide lo que gu-ieras* Elíseo pidió el espíritu de
— 134 —
profecía y la facultad de hacer milagros, y poco después
se apareció un carro de fuego, en el cual subió Elias, per­
diéndose de vista* Elíseo recogió su manto, y heredó su
amor al Señor y su espíritu profético.
Uno y otro profeta hicieron muchos milagros en nom­
bre del Señor. Elias hizo en Sarepta que se aumentasen
las provisionos de uña pobre vieja que le había acogido
hospitalariamente, y Elíseo volvió la vida al hijo de una
viuda que habia muerto, volvió dulces las aguas de Jeri-
có é hizo que fuesen horriblemente castigados unos mu­
chachos mal educados que le habían faltado al respeto.
— 135 —

LECCION X V .

109. Ococias,— 110, .Torán: guerra con Siria*—'111. Elisoo sul*


va á Sftivjiría*— 113- Jehú y rejyus ijuq le siguon.— 113. Des­
trucción dol reino ilú Israel por Snltnanasar.— 114. Tobías.—
1 1 5 . Libro tle Tobías.

1 0 9 . Sucedió á Acab en el reino de Israel su hijo


Ococías, que filó también impio. Su reinado fué muy cor-
tOj porque habiéndose dado un fuerte golpe y consultado
A un hechicero, le anunció Elias que no se levantaría del
lecho. Asi sucedió, en efecto, subiendo al trono su her­
mano Jonín,
1 1 0 . Sostuvo éste una guerra contra los moabitad,
alcanzando grandes triunfos con el auxilio do Josafat,
rey de Judá. Declaróle después la guerra el rey de Si­
ria* que atribuyendo la suerte de sus armas á los conse­
jos de Elíseo, mandó tropas que se apoderaran del santo
profeta. Presentóse á ellas el mismo Eliseo de modo
que no le conocieran, y prometiéndoles entregarles al
que buscaban, los introdujo en Samaría, desmostrándoles
así que estaban á su disposición; mas no quiso que se les
hiciera el menor daño.
1 1 1 . Los sirios pusieron después sitio á Samaria
con tanto rigor, que los samaritanos morían ya de ham­
bre. Eliseo anunció que pronto tendrían víveres* En efec­
to; al día siguiente, el ejército sitiador, atemorizado por
una tempestad de truenos que promovió el Señor, huyó,
dejando abandonadas sus provisiones, que cogieron in­
tactas los sitiados*
— 136 —
1 1 2 . Jehú, nuevo rey, ungido por el Señor, quitó la.
vida á Jorán y restableció el verdadero culto, derriban*
do el ídolo Baal, Por estoa tiempos vivió el profeta Jo-
nás, que recibió del Señor la orden de anunciar á Nínive^
capital de la Asiría, su próxima destrucción. Jonás hizo,
en efecto, su predicación; pero los ninivitas se arrepin­
tieron é hicieron penitencia, y bien pronto consiguieron
el perdón de Dios,
Después de Jehú reinaron en Israel una porción de
impíos que prepararon con sus maldades el fin de aquel
reino, según tenia ya anunciado el Señor.
1 1 3 . Dios no había abandonado nunca á los reyes
de Israel, como lo prueban los muchos milagros que obró
en su favor; pero ellos y su pueblo oyeron con desprecio
los consejos del Señor. Acercáronse los tiempos en que
habían de cumplirse las profecías que decían: «Si no
quisieres escuchar la voz del Señor tu Dios, serás el ju­
guete de los pueblos adonde te lleve el Señor, y servirás
á tus enemigos, que te pondrán un yugo de hierro». En
efecto; Salmanasar, rey de Asiría, movió guerra contra
los israelitas, tomó á Samaría después de un sitio cruel,
dispersó las diez tribus, internando la mayor parte en su
reino, y envió nuevas gentes que poblaran aquel país,
1 1 4 . A pesar de tanta corrupción se conservaban
algunos hombros justos, entre los cuales cita la Escritura,
á los dos Tobías, padre é hijo. Tobías el anciano, que era
muy virtuoso, cducó á su hijo en la piedad, enseñándole
el temor de Dios, y le dio sapientísimos consejos. El jo­
ven Tobias practicó siempre las virtudes que aprendió
de su padre. El Señor quiso que su padre quedase ciego
*

y perdiese toda la fortuna, pero Tobias supo volverle la


vista siguiendo los consejos de Dios.
1 1 5 . La historia de ambos Tobias está contenida en
un libro de la Sagrada Escritura, llamado Libro de To­
bíasf y escrito por ellos miamos.
Este libro tiene alguna semejanxa con el de Job, por
la paciencia con que Tobías sufrió sus desgracias y per*
sediciones, y abunda en ejemplos de caridad, refirien­
do los cuidados, los consuelos, los servicios quo eran ocu­
pación de Tobías en su cautividad, animando y exhortan­
do siempre á los demás cautivos.
— 138 —

LECCTÓN X V I .

'116. R a y e s do Judíi, dGepxxés do R o b o á n ,— 117, E ecq u ía s: G uerras


con A siriít.— 113. S u r e lig io s id a d . — 119. M anases: b u ca u tiv i­
d a d .— 190. R e y e s su cesiv o s. — 131. J u d íi y H oloforn es.

1 1 6 . Después de Roboán, primer rey de Judáj su­


bieron al trono: Abías, que fué idólatra como su padre;
Asa, que restableció el culto divino; Josafat, hombre pia­
doso á quien concedió el Señor el don de gobernar bien
4 sus pueblos; Jorán, que enlazado con la familia de
Acab y Jezabel, cayó en la idolatría; Ococías, que fué
idólatra y murió á manos de Jehú; la sanguinaria Atalía;
-Joás, que fué un gran principe mientras vivió el sacer­
dote Joyada, pero que luego, con sus maldades, trajo mu­
chos desastres al pueblo y & él mismo* muriendo asesi­
nado en su lecho; Amasias, bueno al principio como su
padre Ococías; Joafcán, que mereció la protección del Se­
ñor por sus virtudes, y Acaz, que restableció la idolatría
y mandó cerrar el templo, rechazando los sanos consejos
que el profeta Isaías le daba en nombre del Señor.
1 1 7 , Sucedió á Acaz su hijo Ecequias, que fué uno
de los mejores reyes de Judá : derribó todos los ídolos,
abrió el templo, y no consintió en su reino más culto que
el del verdadero Dios. Sostuvo guerra con Senaquerib,
rey de Asiría; pero habiendo rogado al Señor que le fue­
se favorable, consiguió grandes victorias. Senaquerib
reunió un poderoso ejército y escribió una carta insul­
tante A Ecequias; mas el Señor quitó la vida en una no-
ohe á la mayor parte de sus guerreros, de modo que so
— 139 —
vió precisado á huir, dejando en paz al reino de Judá:
poco después fué asesinado por sus mismos hijos*
1 1 8 . Ecequías era tan temeroso de Dios, que ha­
biendo sabido las blasfemias de Senaquerib, rasgó sua
vestiduras y acudió al templo á orar al Señor por las
ofensas que le hacía el impio. Ecequías mereció deí Se­
ñor que le confiase el terrible secreto del triste porvenir
que aguardaba á su pueblo, el cual había de ser esclavo
en Babilonia»
1 1 9 . A Ecequías sucedió su hijo Manasés, que go­
bernó cruelmente al pueblo y cometió toda clase de crí­
menes, restableció el culto de los ídolos y aún les ofreció
un hijo sujr’o, Queriendo castigarle el Señor, permitió, se­
gún se lo había anunciado el profeta Jeremías, que fuese
llevado cautivo ú Babilonia por el rey de Siria. Allí fué
encerrado en un calabozo, donde repasando los hechos de
su vida conoció su injusticia, y arrepentido pidió perdón
al Señor, Ente, que nunca desoyó la voz dol sincero do­
lor, le repuso en ol trono; y Manasés empleó el resto de
su vida en agradar á Dios,
1 2 0 . Su hijo Amóg fué un impío, y reinó poco tiem­
po, muriendo asesinado. Josias, que le sucedió, mereció
el nombre de piadoso por su amor al Señor y su celo re­
ligioso. Joacar, su sucesor, fué impío, y estuvo cautivo en
Egipto; en lugar de Joacar fue puesto su hermano Elia-
cín, al que se Jíamó Joaquín; reinó once años, y habién­
dole sujetado á tributo Nabucodonosor, se rebeló contra
ésto á los tres años; le sucedió Joaquín, su hijo, que fuó
tan malo como su padre. Nabuoodonosor le llevó cautivo
¿ Babilonia, poniendo en su lugar A Alatanías, su tio pa­
terno, llamado también Sedecias, que subió al trono en el
tiempo marcado para la destrucción del reino de Judá.
1 2 1 . Todos estos reyes sostuvieron guerras con Ba­
— 140 —

bilonia ó con Egipto, consiguiendo muchas veces la vic­


toria'. Como una de las más notables, debe referirse la
que tuvo lugar en Betulia. Había sitiado esta ciudad Na*
bucodonosor I, rey de Babilonia, con un fuerte ejército
al mando de Holofernes. Judit, que era una viuda de Bo-
tulia, tomó á su cargo la libertad del pueblo y paaó al
campo enemigo como huyendo de la destrucción que
amenazaba A los hebreos. Holofernes, prendado de ella,
dió en su honor un festín, en el cual se embriagó: Judit
aprovechó la ocasión de verle en tal estado, le cortó la,
cabeza y la llevó A Betulia. Lós hebreos atacaron enton­
ces al ejército, que, viéndose siu jefe, huyó en confusión.
SEXTA EPOCA
DESDE LA CAUTIVIDAD DE BABILONIA
HASTA FJ. NACIMIENTO DE JESUCRISTO
(587-1-° DE LA ERA CRISTIANA)

L E C C IO N X V I I

1 2 2 , Sederías i Destrucción dal reino de J udá por N'abucodono -


sor, — 1 2 3 , Profecía do Jeremías solí re est>e hecho. — 1 2 4 . La­
mentaciones de Jeremías.—'1 2 5 . Daniel y sus compañero;!.—
1 2 6 . La casta Sabana. —■ l2"7. Lo-s iros .[■'»venus eti ol hor­
no,— 1 2 8 . Sueño do Nabucivlonosor.— 1 2 9 , Castigo de este
ray.— 1 3 0 . Cona do üaltasftr.— 13 1 * Destrucción dol imperio
«sirio.—■1 3 2 . Profecía de Isaías.

1 2 2 . Sedecías siguió las huellas de muchos de sus


antecesores, entregándose á la idolatría y ¿ toda clase de
vicios, en lo cual le imitaba el pueblo. Olvidando que
fabuco do nosor II, rey de Babilonia, le había auxiliado
para subir al trono, hizo alianza con el rey de E gipto:
indignado Nabucodonosor penetró en Judea con. un res­
petable ejército; sitió, tomó y destruyó á Jerusalón, arra­
sando el templo, y se llevó á los judíos cautivos á Babi­
lonia (587),
1 2 3 . JSste terrible castigo había sido profetizado por
Jeremías en el reinado de Joaquín, hijo de Josias, en los
términos siguientes:

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— 142 —
«Esto dice el Señor :
»Porque no oísteis mis palabraSj yo enviaré y tomaré
los pueblos del Norte, y A mi siervo Nabucodonogor, rey
de Babilonia, y los traeré sobre esta tierra y sobre sus
moradores, y los mataré, y los pondré por escarnio y por
burla, y en soledad, Y les quitare la voz de gozo y la voz
de alegría, la voz de esposo y de esposa; y apagaré el
ruido del molino, y la luz de las casas. Toda la tierra
quedará en soledad, y servirán todas estas gentes al rey
do Babilonia por setenta años.
»¡Y cuando se hubieren cumplido los setenta años os
visitaré!
joY haré que volváis, y tendré piedad en vuestras ca­
sas, y será reedificada la ciudad y el templo en su altura.»
Todo esto se cumplió exactamente.
1 2 4 . Mientras el profeta Ecequiel mantenía la fe
entre los hebreos diseminados por las márgenes del Eu­
frates, lloraba sobre las ruinas de Jeruaalén Jeremías, y
allí escribió sus Tfirenoa ó Lamentaciones, en las cuales
llora amargamente la destrucción de la ciudad y del tem­
plo, la soledad de los campos y los vicios que fueron cau­
sa de tanta desgracia.
1 2 5 . Eutre los cautivos llevados á Babilonia, había
cuatro jóvenes llamados Daniel, Anacías, Misael y Aza­
das, que fueron llevados al palacio y educados como para
pajes del rey. Estos cuatro jóvenes eran muy virtuosos,
y el Señor se valió de ellos para demostrar su poder y
obrar varios prodigios. Dió á Daniel el espíritu de pro­
fecía, y á los demás el don de sabiduría.
1 2 6 . Habiendo sido solicitada la casta Susan a por
dos viejos mientras estaba en el baño, y resistiéndose
ella, los viejos en venganza la acusaron de adulterio: iba
ya á ser condenada, cuando Daniel, que sólo tenía doce
— 143 —
años, mandó interrogar separadamente A sus acusadores
y I03 convenció de testigos falsos.
1 2 7 . Nabucodonosor mandó hacer una e D o r m e esta­
tua de oro, ordenando que fuese adorada. Resistiéronse^
á hacer esta ofensa á Dios los tres jóvenes Auanías, M i-
sael y Azadas, y el rey los sentenció á ser arrojados A
un horno encendido, diciéndoles: «¿Quién os librarA del
fuego?» Los jóvenes contestaron: «Nuestro Dios, que es el
verdadero.» Y, en efecto, metidos en el horno, el fuego les
respetó mientras ellos cantaban alabanzas al Señor. A d­
mirado Nabucodonosor de este hecho les perdono, y man­
dó que el Dios de Judá fuese adorado en todo su reino^
1 2 8 . Tuvo Nabucodonosor un sueño de que no le
fuó posible acordarse: consultó sobre él A los magos y
adivinos falsos, y nada pudieron decirle; pero Daniel le
hizo recordar el sueño y se le explicó. Había soñado ver
una gran estatua con la cabeza de oro, el pecho de pla­
ta, el talle de bronce, las piernas de hierro, y los pies de
hierro y barro. Esta estatua había sido reducida á polvo
por nna piedrecita que había caído A sus pies, y había ido
creciendo hasta hacerse como una montaña.
«Esta estatua, le dijo Daniel, es una profecía: la cabe­
za de oro es vuestro reinado; el pecho de plata significa
que al vuestro seguirá otro no tan poderoso; ol tercero,,
representado por el bronce, será menos poderoso aún; el
cuarto será un reinado de hierro; y, por último, se des­
vanecerá, sucediéndolo un nuevo reinado, poderoso siem­
pre, creciente é imperecedero.»
Asi fué, en efecto; sucesivamente desaparecieron des­
pués de Nabucodonosor las monarquías persa* griega y
romana, y vino el reinado de Jesucristo, que dura y du­
rará hasta el fin de los siglos,
1 2 9 . Nabucodonosor, á pesar de tanto prodigio, se
— 144 —
-dejó cegar por la soberbia, y en castigo perdió el juicio y
•estuvo siete años como una bestia.
1 3 0 . Baltasar, nieto de Nabucodonosor, celebró un
solemne festín para obsequiar á los grandes de su reino;
el festín se convirtió en repugnante orgia; y Baltasar, em­
briagado, quiso hacer libaciones en los vasos del templo
de Jerusalén, llevados á Babilonia por Nabucodonosor.
Pero en lo más fuerte de la alegría apareció una mano,
•que escribió en la pared unas palabras que nadie pudo
leer ni comprender.
Llamado Daniel, las leyó : eran estas palabras: M a n e ,
■Tezul» Izares, y significan tres vaticinios: que Balta­
sar sería el último rey de Asiría, y su reinado terminaba
ya; que estaba condenado por el Señor, y que el imperio
sería dividido entre loa me dos y los persas,
1 3 1 . Aquella misma noche entró en Babilonia Ciro,
sobriuo de Darío, rey de Persia, al fronte de un poderoso
-ejército. Baltasar fué muerto, y su reiuo dividido.
1 3 2 . Doscientos años antes de este suceso lo había
^anunciado el gran profeta Isaías en los términos si­
guientes :
«Vendrá el día del Señor, lleno de indignación, y do
ira y de furor, para poner la tierra en soledad y destrozar
á los pecadores.
sYo levantaré, dice el Señor, contra ellos á loa medos,
que matarán á los niños y no tendrán compasión do las
mujeres; y Babilonia, aquolla gloriosa ciudad, la magni­
fica y altiva de los caldeos, será destruida.
» Y me levantaré contra ellos, dice el Señor de los ejér­
citos, y destruiré el nombre de Babilonia, y su linaje y
sus residuos.
»Y será quitado el yugo de los Éebreos, y la carga de
sus hombros.»
•LECCIÓN X V I I I

1 3 3 . Dauiel en lft cmiúvzl de los leones- -—■1 3 4 , El idul» Bol. —


1 3 5 . Profecía <1o tas Setenta Semanas.— 1 3 6 . Liliro du los Re-
yus,—- 1 3 7 . Lns PHiJiliiióiiii'iinK. — 138- -Su objeto.

1 33 . Daniel siguió viviendo en la corte de Darío y


recibiendo grandes pruebas de estimación de este monar
ca; pero los cortesanos, que llenos de envidia querían
perderle, obtuvieron del rey una orden para que nadie di­
rigiese oraciones al Señor en el término de un mes. Da­
niel, que no queria faltar al SeñorTliizo oración pública­
mente y fue condenado á ser arrojado á la cueva de loa
leones. Dado sintió mucho esta condena, y habiendo pa­
nado muy inquieto la noche pensando en la horrible suer­
te de Daniel, fué al día. siguiente á la cueva de los leo­
nes, y encontró al profeta tranquilo en medio de aquellas
fieras.
Mandó que fuera sacado en seguida, y que sus enemi­
gos fuesen puesios en su lugar. Los leones los devoraron
al instante.
Otra vea fué arrojado el profeta ¿t la misma cueva por
su amor al Señor, y estuvo en ella seis días, recibiendo la
comida que en nombre del Señor le llevaba el profeta
Habacuc, y saliendo ileso.
1 3 4 . Daniel hizo ver muchas veces la falsedad de los
ídolos. Era uno de los adorados Bel, al cual se hacían
ofrendas que se comían los sacerdotes, haciendo creer al
pueblo que las devoraba el ídolo. Daniel mandó cubrir
de ceniza el suelo y cerrar el templo : al día siguiente de
10
— 140 —

los que habían entrado por las viandas descubrieron la


falsedad^ quo al fin confesaron los sacerdotes.
El itlolo entonces fué derribado.
135, Entre las más notables profecías de Daniel se
cuanta la referente á la venida del Mesías, más conocida
con el nombre de Profecía de las Setenta Semanas, y que
se cumplió con toda exactitud, siendo de advertir que las
setenta semanas eran semanas de años, es decir, que cada
semana tenia siete años*
Dice asi:
«El Señor ha abreviado y fijado los tiempos, dijo el
Santo Arcángel á Daniel a setenta semanas, para poner
el colmo á vuestros deseos y á los del pueblo, porque an*
tes del fin de las setenta semanas llegará el cumplimien­
to de las promesas y el fin de la iniquidad.
.vUna .Justicia aparecerá sobre la tierra para cumplir
esta revelación, al tiempo que el Santo de los Santos re­
cibirá la unción sagrada: sabed, pues, esto, y grabadlo en
vuestro espíritu.
»Desde la orden que será dada para reedificar da nue­
vo la ciudad do Jerusalén, enyas casas y muros habrán
sido construidos apresuradamente desde esta j orden has-
ta Cristo, caudillo del pueblo, no habrá más intervalo que
siete semanas con setenta y dos, que son en todo setenta
y nueve semanas. Cristo será muerto, y su pueblo, que lo
habrá renunciado, no será ya su pueblo : otro pueblo, bajo
las órdenes de su capitáa, vendrá á destruir la ciudad y
su santuario, que serán enteramente arruinados: y des­
pués del fin de esta guerra, sucederá la desolación dicha,
y confirmará su alianza con muchos: hacia el medio de la
seínana la hostia y el sacrificio serán abolidos; la abomi­
nación junta con la desolación estará en el templo, y la
desolación durará hasta el fin.»

i
1 36 , Los hechos acaecidos desde el reinado de Saiíl
hasta la destrucción de Babilonia por Ciro, rey de Persia,
están contenidos en los libros, de los Reyes y en los P a-
ralipómmos.
Loa Reyes abrazan im espacio de 5GO años* y so divi­
den en cuatro libros. Empezó ti escribirlos Samuel, último
juez, y los concluyó Esdras*
137* Los Paralipótiienos, llamados asi en griego por­
que son como un suplemento dol libro de los Reyes, con-
tienen estos mismos hechos,
138, El libro de los Reyes tiene por objeto principal
referir los hecbos históricos y dar á conocer las grandes
ñguras de David y de Salomónt cuyos reinados ocupan
buena parte de estos libros. Los Parülípómems, escritos
después de la'cautividad de Babilonia, recuerdan muchos
de estos hechos, especifican la distribución de las tribus
y las ceremonias del culto* recuerdo necesario cuando los
judíos volvieron á su país á practicar sus antiguas cos­
tumbres.
— US —

LECCTON X IX

139. Fin de hi <-nuNvi<líul.— 1 4 0 . iíovul'abfil, li'.'ciliJicnciúti rfül


141. L o s jinlios cu su p u is .— 1 4 2 . F oi'i?«(íu(ííóu (Ic
A m A n ,— 1 4 3 . Likifós «.te Ksrimg, — 1 4 4 * liihro de E ster,

1 3 9 . Cumplíanse ya los 7ü anos de la cautividad


anunciada por los profetas, y Ciro, sucesor de Darío, dio
un decreto por el cual permitía ¿ los hebreos volver en
libertad á Jerusalén y reedificar el templo.
1 4 0 . Salieron, en efecto, de Babilonia, eligiendo por
caudillo á Zorobabel, descendiente de David, y eoipeza-
ron enseguida la reconstrucción del templo.O pusieron los
samaritanos gran resistencia, pero en el reinado de Arta-
je rj es Longimano fué enviado Nehemías, que le concluyó.
Nchemias era un. judío que había nacidoien Babilonia,
y por sus méritos había llegado á copero del rey. Sabien­
do la oposición de los samaritanos á la construcción del
templo, no cesaba de dirigir oraciones al Señor, andando
siempre triste y dolorido. El rey le preguntó la causa de
su tristeza, y habiéndola, dicho, le comisionó á ól mismo
para que dirigiese la obra y llevase toda clase de auxilios
á los israelitas. Hizolo así Xehemías, y con su eficaz ay«’
da se concluyó en breve tiempo el templo, y se inauguró
solemnemente.
* Los judíos, que recordabau.el grandioso templo de Sa­
lomón, lloraban al ver el nuevo, tan mezquino; pero el pro
teta Málaquias lqs consoló, asegurándoles que sería gran­
de porque le visitaría el Mesías*
1 4 1 . Después de la cautividad de Babilonia y de
tantos terribles castigos como el Señor había impuesto al
— 14VI —

pueblo hebreo por sus prevaricaciones, se reunieron las


doce tribus formando un solo pueblo, y no volvieron á
caer en la idolatría.
Los judíos, á pesar de la dependencia en que estaban
respecto del rey de Persia, volvieron ú sus antiguas le­
ves y establecieron d Sanhedrjn ó consejo público, com­
puesto de setenta individuos ancianos, que eran presidi­
do a por el sumo sacerdote.
1 4 2 . Algunos judíos qno habían quedado en Persía
sufrieron una cruel persecución de Aman, que quiso ha­
cerse adorar y destruir la religión jadía. Pero lla rd o-
queo, t?o de la reina Ester, suplicó al rey, valiéndose de
Ester, que fuese justo, 3r consiguió el castigo de Amán,
que era el favorito del. monarca, y la libertad religiosa
para los judíos.
1 4 3 . Esdrasj que i'ac sumo sacerdote durante la re­
construcción del templo, escribió dos libros. El primero
contiene la historia de los judíos desde que Ciro subió al
trono de Persia, hasta la llegada de Xehemias á Jerusa-
lénf abrazando un período de 82 años.
El segundo libro de Esdras, llamado también do Nehe-
mías, comprende ;j0 años, y on éi se hace un censo del
pueblo judio después de la reedificación dol templo.
Esdras fué un varón de gran religiosidad y mucha sa­
biduría. Gobernó al pueblo judaico después de la salida
de Babilonia muy santamente, y le exhortó por espacio de
ocho días al amor del Señor, recordándole sus muchos
delitos y la misericordia con que siempre le trató Dios.
Escribió algunos libros, como ya hemos dicho, y arregló
los qüe tenemos por canónicos interpretándolos en caldeo.
1 4 4 . El libro de Ester contiene todo lo relativo k la
porsecución de Amán. y il la protección que esta ilustre
reina dispensó k los judíos.
— liíO —

L E C O IÓ X XX

1 4 5 , Al e,iAndró Ma f>no on Jorusalén. — 1 4 6 . Los ]icbveu.< en Egip­


to -— 1 4 7 . Profanación da St>Ií>iu:o.— 1 4 3 P<*rsé(."jOÍóii lie An-
i-iooo.— 1 4 9 - Matatías.— 1 5 0 , Fin d e A sit toco.— 1 5 1 , Jona-
tí’is,— 1 5 2 , Sus su tíisoros Imsta ] í u j o d u s . —- 1 5 3 . L o s o s üu
>Lorr.i:.ios,

1 4 5 . Alejandro Magno, rey ele Macodonia, que había


hecho Ja guerra al imperio persa, intimó á los judíos la
rendición y se acercó á Jerusalén: salió á recibirlo et
pueblo can los sacerdotes p roe esionalm ente, llevando á
la cabeza al sumo sacerdote, Alejandro. conmovido, pro­
metió respetar al pueblo hebreo; entró en Jerusalén y
adoró en el templo al verdadero Dios. Extrañaron sus
capitanes esta conducta, y él les dijo que 3e le había apa­
recido en Mace do ni a aquel sumo sacerdote, anunciándole1
que Triunfaría de los peraan.
1 4 6 . Muerto Alejandro se dividió su imperio, y la
Judea pasó al dominio de los reyes do Egipto; Tolorneo
l'iladelfo, que reinó por los año a 285-2-17, hizo que 70 sa­
bios escogidos por el gran sacerdote Eleazar tradu jesen
del hebreo al griego los libros del Antiguo Testamento,
trabajo que se conoce con el nombre de Versión de los
Setenta.
1 4 7 . Deapués de un siglo los hebreos se entregaron
á Jos re3*es de Siria, quienes les cargaron de tributos. Se-
leuco quiso penetrar en el templo y llevarse las riquezas
que en él había; pero no pudo conseguirlo, porque su mi*
niatro Heliodoro y la fuerza k quien comisionó para este
sacrilegio quedaron en el templo sin movimiento y en
tierra.
1 4 8 . Su sucesor, Antioco, enemigo de la religión ju­
dia t suscitó una gran persecución contra los creyentes;
entró en Jerusalén al frente de uo ejército, profanó el
templo y mandó que nadie tributase culto al Dios verda­
dero* Los judíos se resistieron á obedecer estas órdenes y
siguieron adorando al Señor, recibiendo muchos do ellos
el martirio. Entre éstos debemos citar el notable ejemplo
de una mailre con siete hijos, los siete hermanos Haca-
beost que murieron sin que sus perseguidores consiguie­
ran hacerles renegar de su Dios, á pesar de haberles so­
metido á ios más crueles y dolorosos tormentos.
1 4 9 . El sacerdote Matatías con sus cinco hijos se
retiró al monte ilodín por no presenciar tanta desolación.
Alli fueron A buscarle para que adorase á los Ídolos:
respondió noblemente qno sólo adoraba á Dios, y empezó
con sus cinco hijos, Juan, Simón, Judas, Eleazar y Jona-
íást la formación de un ejército quo defendiese su patria
y su religión. Con las fuerzas que pudo reunir derrotó á
las tropas de Antioco varias veces, derribó muchos alta­
res de ídolos y murió lleno de gloria, dejando el mando
dol ejército á su hijo Jadas, Ksto derrotó sucesivamente
á los generales Antioco, Serón y Lisias, luchando siem­
pre con fuerzas mucho mayores; recobró a Jerusalén, pu­
rificó el templo y restableció el culto de Dios.
1 5 0 . Autíoco se preparaba á enviar un nuevo y po­
deroso ejército cuando se dio un golpe de cuyas resultas
se rompió su cuerpo, llenándose de gusanos y exhalando
un olor fétido que no permitía ú nadie acercarse á él. En
esta situación conoció sus crímenes y escribió ú los ju­
díos prometiéndoles respetar su religión y aun abrazar­
la; mas al poco tiempo murió.
— 152 —

1 5 1 . A la muerte de Judas Macabeo’le sucedió su


hermano Jonatás, que acabó de librar á Jadea de loa si­
rios, dejando á su muerto el mando ásu hermano Simón,
último de los hijos de Matatías el cual fue sumo sacer­
dote y gobernador áel pueblo al mismo tiempo.
1 5 2 . Sucedióle su hijo Juan Hircano, que fundó la
monarquía de los asmoneos (107), llamada así porque los
Macabeos eran oriundos de un pueblo que tenía por nom­
bre Asmón ó Asamón« Su hijo Alejandro y su nieto Hir­
cano fueron principes débiles que prepararon una por­
ción de disturbios en el reino, hasta que Heredes Asca-
lonita, idumeo de nación, se aprovechó de estas discordias
y se hizo proclamar rey de Judea, siendo reconocido como
tal por Augusto, emperador de Roma. A Iíerodes se le
llama el Grande por las obras que hizo construir; embe­
lleció á Jerusalén. restauró el templo y reedificó á Sa­
maría; su gloria en este punto queda, eclipsada por sus
muchos crímenes. En su tiempo se cumplieron las setenta
semanas de Daniel, y vino al mundo el Redentor.
1 5 3 . Los hijos de Herodes se repartieron el reino de
su padre: Arqueta o quedó en Judea con el titulo de rey.
Herodes Antipas, el que hizo matar á San Juan Bautis­
ta, en Galilea y la Perea, y Filipo en la £turea. Arqueta o
se hizo odioso por déspota, y sus estados fueron declara­
dos provincia romana, encargándose de su gobierno Pon
ció Pilato,
NUEVO TESTAMENTO

LEC’ C IÚ X XXL

1 5 4 . Estillo ilol nouiíilo á tii veniila ilo .Tssiifristo.— 1 5 5 .


tH ción g en era l.— 1 5 6 . I>ascrípcSijn Je .h u le a ,— 1 5 7 « í lum tic

Jomsíilén. — 1 5 8 . Tetado y strhis do los judíos.


' I
1 5 4 , Al acercarse nuestra redención, la mayor parte
de los Hombres habían olvidado las ideas religiosas que
nuestros primeros padres recibieron de Dios, y habían
caído en la idolatría y el paganismo.
Los filósofos sostenían una porción de errores, aun res­
pecto de la naturaleza humana, y estaban divididos en
una porción de sectas; las leyes eran casi todas absurdas
y tiránicas; la familia era casi desconocida: en todas par­
tes dominaba la esclavitud; se cometían horribles críme­
nes que merecían el aplauso público, y'los preceptos de
la moral, que no desconocieron algunos sabios, aparecían
mezclados con muchos errores, y no eran eficaces contra
la corrupción. Tal era el estado del mundo á la venida de
Jesucristo.
1 5 5 . Esta infeliz situación, que bacía exclamar á un
filósofo: «¿Dónde encontraremos el remedio?» el vago re­
cuerdo de, las promesas de Dios en el pueblo judío, la
— io4 —

paz romana, y la creencia instintiva de que el mundo an­


tiguo iba á perecer porque d o se veía porvenir alguno,
tenían al mundo en una expectación general, que anun­
ciaba á Ins oj 03 del filósofo una era nueva, un gran acon­
tecí níi en to.
1 5 6 . El pueblo judío, dependiente del romano, ocu­
paba la pequeña región llamada Palestina, situada entre
la Arabia y la Siria, y dividida en tres partes: Galilea al
Norte, Samaría en el centro, y Judea propia al Sur. Baña
esta comarca de Norte á Sur el Jordán, atravesando el
mar Muerto ó lago Asfaltites, en la Judea.
1 5 7 . J erusalén está situada, entre los torrentes Ce­
drón por el Oriente, y Giliom por el Sur. En el valle de
Josafat, que se extiende al Este, se halla el monte de las
Olivas; al Sur, fuera de la muralla, el campo llamado Ha-
c el dama, que se compró con el dinero de Judas; al Norte
estaba el palacio de Herodes; al Occidente el monte Cal­
vario, cerca de la Puerta Judiciaria, por donde salían los
reos, y en el centro el templó, que se componía de tres
atrios : atrio de los gentiles, atrio de los judíos y atrio de
los sacerdotes; lugar santo y lugar santísimo ó ,Sánela
Sandorum. Detrás del templo, entre el torrente Cedrón
y el monte de las Olivas, estaba el huerto de Getsemauí.
1 5 8 . Los judíos estaban divididos en tres sectas
principales : los saduceos, que negaban la inmortalidad
•del alma y la resurrección, siendo por tanto verdaderos
materialistas, y componían la parte más rica de la nación;
tos fariseos, que conservaban la exterioridad del culto ó
interpretaban literalmente la ley, y los samaritanos, que
habían confundido la verdadera, doctrina con algunos
errores adquiridos en su cautividad. A estas sectas pue­
de agregarse la pequeñísima de los herodianos, que to­
maban ií Herodes por el Jlesias.
■— ló"> —

L E C C IO N X X I I

1 5 9 . Aparición del Ángel á Zarnrias. —-1 6 0 - Aparición á Marín.


La Encarnación. — 1 6 1 . Cántico da — 1 6 S , Nacimiflnt.n
Jel Bautista. — 1 6 3 . Xaeimifinín ilf>l Mesías. — 1 6 4 . Adoración
do los ijastorcs.— 1 6 5 . La Circuncisión. Simeón, — 1 6 6 . A lera­
ción de los Magnü,— 16*7. Hnilít k !,]gipto1“ - 1 6 8 - Degollación
de los Inocua tos-

1 59 - El ángel Cxabriel se apareció de orden del ¡Se­


ñor al sacerdote Zacarías, esposo da Isabel, y le anunció
que su mujer, que era estéril, pariría un niño llamado
Juan, que seria el Precursor del Mesías; mas dudándolo
el sacerdote, lo intimó que quedaría mudo hasta que se
cumpliese su anuncio,
1 6 0 . El mismo ángel se apareció a María, de la tri­
bu de Judá y estirpe de David, esposa de José, y le anun­
ció que concebiría y pariría al Salvador, sin faltar al voto
de castidad que ambos esposos tenían liecho. El ángel sa­
ludó á María con las palabras: -Dios te salve „ M aría.
llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita tú eres en-
h~e todas las mujeres»; y viendo su turbación, la tranquili­
zó diciendo que había merecido gracia delante del Señor.
María contestó: allégase la voluntad del .Señor en esta es­
clava»; y quedó verificado el misterio de la Encarnación
del Hijo de Dios. *
1 6 1 . Poco tiempo después fué María á visitar á su
prima Isabelj y habiéndola esta dicho: « Bendito ¿s el /rit­
ió de tu vientre», entonó el siguiente canto de alabanza :
« Jí¿ alma engrandece al Señor¿ y mi espíritu se regocija en
D'm mi Salvador, Porque miró la humildad de esclava,
desde ahora me llamat'án bienaventurada todas tas genera­
ciones; porque ha hecho conmigo grandes prodigios el que es
poderoso. Aquel cuyo nombre es Sxnto, ruga misericordia
va de generación en. generación sobre los que le temen; el que
destronó á los poderosos y ensalzó á los humildes; llenó de
hien es á los hambrientos y dejó en la miseria los ricos »
1 6 2 . Ambas predicciones se verificaron; Isabel dió-
A luz un niño llamado Juan, que fue el Precursor del Me­
sías, y María dió A luz á Jesús, Hijo de Dios, encarnado-
en sus purísimas entrañas, y segunda persona de la San­
tísima Trinidad,
163 . Por aquellos días mandó César Augusto que se
hiciese un empadronamiento general, y todos iban á em­
padronarse al pueblo de su naturaleza. José pasó de Na-
5¡aret, donde vivía, ¿Belén, en Judea, y estando allí llego
la hora del parto *á Marín, y parió A su Hijo, y envolvién­
dole en pañales le recostó en un pesebre, porque no lia-
bian encontrado otro lugar en el mesón. Así nos dió el
Señor el primer ejemplo de humildad : el Rey del uni­
verso tuvo por cuna un pesebre.
1 6 4 . Había unos pastores en las cercanías, que esta­
ban velando y guardando el rebaño, y apareciéndosele+
el ángel del Señor, lea dijo: <■Os anuncio un grande gozo
para todo el pueblo: ahí ha nacido el Salvador, Cristo, Nues­
tro Señor: id, y hallaréis al Niño envuelto en panales y en
un pesebre»; y fueron á Belén y le adoraron.
1 6 5 . A loa ocho días se verificó la circuncisión, que
era en la ley mosaica lo-que el Bautismo en la ley de
Gracia, y se puso al Niño por nombre Jesús. Lleváronle
después al templo á presentarle al Señor, y cogiéndole en
tus brazos el justo Simeón, anunció que ya moriría con­
tento por haber visto al Mesías. La profetisa Ana alabó
— 157 —

sí Díog, y anunció también que Labia llegado el tiempo di?


la redención.
1 6 6 . El nacimiento del Señor se anuució también á
los gentiles. Al Oriente de Judea apareció una estrella,
que observa:bi por tres principes Magos ó sabios, les hiato
conocer el acontecimiento que esperaba el muiulo. Pusié­
ronse en camino y vinieron á Judea, preguntando por ol
Rey de loa judíos. Sobresaltóle Herodes al oir esta noti­
cia, y habiendo consultado á loa sacerdotes dónde había
<lo nacer el Cristo, le respondieron que en Balón de Judá,
según estaba profetizado. Herodes entonces encargó á
los Magos que adorasen al Niño y volviesen á decirle
dónde estaba, con el secreto designio de quitarle la vida.
Los Magos llegaron á Belén, adoraron al Señor, y le
ofrecieron presentes de oro, incienso y mirra. Mas al vol­
ver á su pais, el ángel del Señor les dijo que no fuesen
á ver á Herodes, y la estrella les guió por otro camino,
1 6 7 . Después que se fueron se apareció á José un
ángel, y le dijo que huyese con el Niño y su Madre á
Egipto, porque Herodes trataba de matarle, Hizolo así
San José, y vivió en Egipto hasta que el ángel le anun­
ció que podia. volver. Entonces se estableció en Nazaret,
ciudad de Galilea; y habiéndose criado allí Jesús, fuó
llamado Nazareno,
^ 1 6 8 . Mientras tanto Herodes, lleno de furor, al ver­
se burlado de los Magos, mandó matar á todos los niños
menores de dos años en Belén y sus cercanías.

i
— 158 —

LECCIÓN X X I i r

1 6 9 , Y ida lie .Tc&ús en X a z a r e t ,— 1 7 0 . P re d írju ió n de- -Tumi B a u ­


tis ta .— 1 7 1 , Ttantismo de J uan. — 1 7 2 . E l Señor es Uíuitixsi-
lio. — 1 7 3 . Misión «le OesarristD.— 1 7 4 . Jnsús en él do&iurto —
1 7 5 » Elecpírm du los A p ó s t o l e s — 1 7 6 , Palabras un» 1í»s dirige
«d fieñor.

1 6 9 . Jesús siguió viviendo -en Nazaret al lado de


sus padres, y con toda la humildad dei hijo de na ar­
tesano*
Sus padres le llevaban todos lo* años por la Pascua á
Jerusalén, Uno de estos dias, teniendo Jesús doce aüosT
se perdió, y te encontraron en el templo en medio de ios
doctores, oyéndolos y preguntándolos, y admirándolos
con sus respuestas y su sabiduría,
170* Juan el Bautista, que era el Precursor del Se­
ñor, y se había retirado al desierto, empezó su predica­
ción para preparar la venida del Señor en las cercanía»
del Jordán, Anunciaba el reino de Dios, la venida del
Mesías y la doctrina de Jesucristo, diciendo á los ricos:
«El que tenga dos vestidos, dé uno ti los pobres»; ¿i los pu­
blícanos ó cobradores de impuestos : «No exijáis más que
lo justo*; y á los soldados: *No maltratéis á nadie, y con­
tentaos con vuestra paga. * Algunos le creyeron e l Mesías;
pero él los dijo que era sólo su precursor.
171. Juan hacía bautizar á los judíos en el Jordán,
pero su bautismo no perdonaba los pecados como el Sa­
cramento instituido por el Señor; era solamente un signo
de la limpieza que debían recibir en el alma por el bau­
tismo de Jesucristo.
1 7 2 . Llegado Jesús á la edad de 30 años, se pre­
sentó al Bautista, que-seguía exhortando ála penitencia,,
y pidió ser "bautizado. Resistióse San Juan á bautizar á
la misma pureza y santidad, pero el Señor quiso some­
terse como hombre para dar el ejemplo. En el acto del
bautizo so apareció el Espíritu Santo, descendió sobre Je­
sús en forma de paloma, y se oyó una voz que dijo: «Exte
es mi H ijo amado, en (juien yo tengo todas mis delicias. >> Y
Han Juan le mostró al pueblo diciendo : « Ved el Cordero
de Dtos que quila los pecados del mundo.»
1 7 3 . La misión de Jesucristoe staba anunciada ha-
ai a muchos siglos como la redención del género humano.
Vino, pues, Jesucristo, no á volver al hombre su primiti­
va pureza y su inocencia antes de cometer el primer pe­
cado, sino á satisfacer por el hombre, tomando sobre sí
sus culpas, como dijo Isaías; á dar á conocer profundas
verdades morales y religiosas, y á realizar el misterio de
la redención con su sangre; es decir, á abrir las puertas
del cielo cerradas por los pecados.
1 7 4 . Jesucristo se retiró después al desierto, donde
estuvo ayunando 40 di as con sus noches. Allí filé tenta­
do por el demonio, que le dijo: «Si eres Dios, di que estas
piedras se conviertan en pan.» El Señor contostó: Escri­
to está que el hombre no vive sólo de pan, sino de ¿oda pala­
bra de D ios, » Volvióle á tentar prometiéndole todo el
mundo si le adoraba, y el Señor respondió: « Escrito está
que sólo al Señor tu Dios adoiKirás * Por último, le tentó
otra vez, y el Señor le contestó: &Escrito está que no ten­
tarás al Señor tu Dios.»
1 7 5 . Los judíos, preparados ya por Juan Bautista,
iban á recibir la doctrina de boca de Jesucristo; mas que­
riendo el Señor fundar su Iglesia y dejar sucesores que
la anunciasen á todo el mundo, eligió doce Apóstoles, ó
— 160 —
sea enviados, que es lo que quiere decir esta palabra.
Llamó primero á Simón» llamado después Pedro, y á su
hermano Andrés; á los hijos del Zebcdeo, Santiago y
Juan, queeran unos humitdes pescadores; ú. Felipe, áBar­
tolomé, Tomás, Mateo, Santiago y Judas, hijos de Alfeo;
á Simón> y á Jadas Iscariote, el que le entregó.
176. Y habiendo reunido á. los doce, les dijo: «Id y
prtdicad el reinó de Dios, jEl (¿ue os reciba á vosotros, á mi
me reciben Y lea dió potestad para hacer müagrosí anun­
ciándoles al mismo tiempo todas laa persecuciones que
habían de sufrir en el mundo con estas palabras: « Os en­
vío como ovejas en medio de lobos: os liarán comparecer en
las audiencias, y os azotarán en las sinagogas, y seréis lle­
vados ante tos gobernadores y los reyes.»
— 161 —

LKCCIÓN X X I V

1 7 7 . i’ jimer miiixgro quo hizo Jesús. — 1 7 8 . Serin<>n dü I¡i Mim-


tuña.-— 1 7 9 . PtinlÓTi de las. injurias ' i>uru/.u dul alma : nnido Jo
ilnr lim osn a ; oración íltuiiínicjil: fortaleza iíc tu lo.
■k.

1 7 7 , Jesucristo hizo el primer milagro en las bodas


do Caná, k que estuvo convidado con sus discípulos, con-
virtiendo el agua en vino. Hizo este prodigio por inter­
vención de su Madre, significando asi que por esta santa
, intercesor^ liemos de recibir muchos beneficios,
1 7 8 , El Señor empezó su predicación á los gentiles
y á los judíos, anunciándoles la ley de gracia que traía
al mundo, Su doctrina es tan santa y tan pura como fuó
su vida.
El primer sermón que predicó fue el de la Montaña, en
el cual enseñó, entre otros muchos preceptos, lo que sigue.
1 7 9 , Después de decir el Señor las Bienaventuran­
zas , prosiguió a sí:
v:Todo aquel que se enoje con su hermano, obligado
queda ajuicio; por tanto, cuando te acerques al altar, sí te
acordases de que tu hermano tiene algo centra ti, ve an­
tes á reconciliarte con tu hermano.
»Todo el que ponga los ojos en una mujer para codi­
ciarla, comete delito do adulterio dentro de si mismo. Si
tu mano ó tu ojo te sirven de escándaloj córtalos y écha­
los al fuego antes que todo tu cuerpo sea arrojado al in­
fierno.
»De ningún modo juréis, ni por el cielo, que es el tro­
no de Dios; ni por la tierra, que es la peana de sus pies;
— 162 —
ni por tu cabeza, porque no puedes liacer que un cabello
sea blanco ó negro. Vuestro hablar sea: sí, sí: no, no*
»Xo resistáis al mal: si alguno te hiriera en la mejilla
derecha, preséntale la otra. Da al que te pidiere; al que
te pida prestado no le vuelvas la espalda.
íAm adá vuestros enemigos; haced bien á los quo 0.4
aborrecen; rogad por los que os persignen y calumnian.
Si amáis á los que os aman, ¿qué recompensa tendréis?
Eso hacen loa publícanos.
Guando hiciereis limosna, no sepa tu mano izquierda
lo que hace la derecha, y tu Padre, que ve en lo oculto, te
premiará.
»Cuando oréis, no lo hagáis sólo por ser vistos de los
hombres. Habéis de orar asi: -Padre nuestro, que estás
en los cielos, santificado sea el tu nombre, venga á nos
el tu reino; hágase tu voluntad, así en la tierra como en
el cielo. El pan nuestro de cada día, dánosle hoy, y per­
dónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos
á nuestros deudores; y no nos dejes caer en la tentación,
más líbranos de mal. Amén.»
»Si perdonáis ó. los hombres, tainbióh os perdonará-
vuestro Padre celeatial.
»No atesores tesoros en la tierra, donde el orín y la po­
lilla los consumen, y los ladrones los desentierran 3Tro­
ban: sino en el cielo, donde no los consume el orín ni la
polilla, ni los ladrones los desentierran ni roban.
»Con el juicio con que juzgareis, seréis juzgados, y con
la medida con que midiereis, seréis medidos.
bN o soaa hipócrita: ¿cómo ves la pajita en el ojo de tu
hermano, y no ves la viga en el tuyo propio?
» Pedid, y recibiréis; buscad, y hallaréis; llamad, y se
os abrirá. ¿Quién de vosotros es el hombre á quien si su
hijo pidiere pan le dará una piedra? Pues si vosotros sois
— 163 —
malos y hacéis esto con vuestros hijos, ¿cómo do lo hará
vuestro Padre celestial?
»No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el
reino de los cielos; sino el que hace la voluntad de mi Pa­
dre que está en los cielos.
»Todo el que oye estas mis palabras y las cumple, será
comparado á un varón sabio que edificó su casa sobre la
peña, y vinieron lluvias, y aguas, y vientos, y dieron con­
tra la casa* y 110 cayó, porque estaba cimentada sobre pie­
dra. Pero el que oye mis palabras y no las cumple, será
semejante á un hombre loco, que edificó su casa sobre are­
na, y vinieron lluvias, y aguas, y vientos, y dieron corara
la casa y cayó, y fué grande su ruina.?
— !<'! —

LKCCTÓN X X 'V

180, ficui parábolas,.— 1 8 1 . Pa<ú«jo1u dul Hijo IVmUgo.—


1 8 2 . ídcai íle. Oveja Pcr<lul¡i. — 1 S 3 . H om ilel Riro A v a ­
riento.

1 8 0 . El Señor se valia muchas veces de símiles ó


comparaciones para explicar claramente su doctrina, y
hacerla comprensible aun a los hombres más torpes,
Llámanse estas comparaciones parábolas, y son una os-
peeie de fábulas, que contienen en su narración y en su
objeto una profunda lección moral ó religiosa.
Los Evangelios contienen muchas de estas parábolas,
entre las cuales elegimos las siguientes:
1 8 1 . P ak áu ola d e l H ijo PaóniGO,— Un hombre
tuvo 'dos hijos, y el menor de ellos dijo á su padre: «Pa­
dre, dame la parte de hacienda que me tocas; y el padre
les repartió la hacienda* No mucho después el hijo menor
se fné á un país muy distante, y allí malgastó su haber
viviendo disolutamente. Y cuando lo hubo gastado todo,
hubo una hambre general en aquella tierra, y comenzó á
padecer necesidad, y se puso á servir, ocupándole su amo
en guardar puercos, en cuyo servicio padeció la mayor
miseria. Entonces se acordó de su casa, y dijo; «/Cuántos
jornaleros en la casa de mi padre tienen d pan de sobra, y
t/o me eüoy muriendo de hambre! Me levantaré ó iré á mi
padre, y le diré: Padre, pequé contra el cielo y contra ti; ya
no soy digno de ser llamado hijo tuyo: hazme uno de tas
jornaleros.*
— IÍNr> —
Así lo hizo, y cuando aun venía lejos, le vio su padre y
se conmovió, y corriendo hacia él le abrazó y besó- Y dijo
«I padre á sus criados: «Traed la ropa más preciosa y ves­
tidle, y celebremos su vuelta con un banquete: -porque mi hijo
era muerto, y Jta revivido: se había 'perdido, y ha sido ha-
llado.p
Esta bellísima parábola tiene por objeto presentar 1a
alegría con que aera recibido todo hombre arrepentido en
el reino de Dios.
1 8 2 . El misino objeto se propuso el Señor en esta
otra de la Oveja Perdida.
¿Quién do vosotros es el hombre que tiene ItX) ovejas,
y si perdiere una de ellas no deja las 99 en el desierto, y
busca la otra hasta que la encuentra? Y cuando la halla
la pone gozoso sobre sus hombros, y llama á sus amigos
y vecinos, y les dice: € Dadme el parabién, j)orque he ha­
llado la oveja que se me había perdido.»
Jesucristo es el padre y el pastor que se llena de gozo
cuando vuelve el litio ausente, cuando halla la ovHa des-
<«. *

carnada,
1 8 3 . Había un rico que se vestía de púrpura y tenía
diariamente con vires espléndidos; á su puerta estaba un
mendigo1 cubierto de llagas, llamado Lázaro, el cual
deseaba coger laa migajas que caían de la mesa del rico.
Murió el pobre, y los ángeles ie llevaron al seno de Abra-
harn; murió también el rico, y fué sepultado en el infier­
no. Y abriendo los ojos cuando estaba en el tormento, vió
ti Abraham y A Lázaro, y le dijo: « Padre Abraham, com­
padécete de mí, y envía d Lázaro con una gota de agua para
refrescar mi boca, porque me atormentan mucho estas lia-
mas,» Pero Abraham le contestó : '<Acuérdate que recibis­
te muchos biejies en tu vida, y Lázaro sólo recibió mates;
ahora en compensación eres tú atormentado y Lázaro con­
— irtii —
solado. Además de que hay una sima impenetrable entre este
lugar y ese, y no se puede pasar de uno á otro.» El rico le
rogó entonces q.ue enviase á Lázaro á su casa, adonde te­
nía cinco hermanos, para que impidiese que fuesen á aquél
lugar de tormento. Y Abrahain le contestó: « Tienen á
Moisés y á los profetas, y si no ios oyen, tampoco oirán á
un muerto qtte resucitase. ^
Esta parábola es una de las más profundas: en ella su
pinta el castigo de la avaricia, el consuelo que recibirá el
desgraciado, y la insuficiencia del milagro para el que no
está dispuesto á. creer.
LKOrrÓN x x v i

1 S 4 . Parábola do! Diu:iu> do ]<i Vina.— 1 8 o » idf>m dtd Trigo y la


Cin.iiia.— 1 8 6 . Id (>m do los Giiaílos rjvio esperan ftl Amo. —
1 8 7 , ídem del Semlmutor.

1 8 4 . Un hombre plantó una viña y la arrendó á unos


labradores, y estovo ausente machos años. En una oca­
sión envió Tino de sus criados á loa labradores para que
le diesen el fruto de la viña, pero ellos le hirieron y le
despidieron sin nada. Volvió A entrar otro siervo, y tam­
bién le hirieron y le ultrajaron sin darle nada; y envió
otro tercero, con el cual hicieron lo mismo. Y entonces dijo
el dueño de la viña: ¿Enviaré á mi amado hijo; puede ser
q ue cuando le vean le tengan respeto.» Jías asi que lo vieron
*
los labradores se juntaron y dijeron: «Este es el heredero;
matémosle y será nuestra la viña*, y le mataron, ¿Qué hará
el dueño de la viña? Vendrá y destruirá los labradores,
y dará su vina á otros.
El sentido de esta parábola es evidente: los siervos en­
viados son los profetas; el dueño es el Señor, que envió
á su hijo, y los hombres le mataron, en vez de pagarle ol
tributo de la vida, que es el amor de Dios*
1 8 5 . El reino de los cielos es semejante á un hom­
bre que sembró buena simiente en su campo, y mientras
dormían los guardas, vino su enemigo y sembró cizaña en
medio del trigo, y se fué; y cuando creció la hierba, apa­
reció la cizaña. Admirados los guardas, preguntaban al
dueño: «¿Quieres que la cortemos?» Y les respondió: tNo,
— i ns —
no sea que al coger la cizaña arranquéis también el trigo.
Dejad crecer lo uno y Jo otro hasta la siegat y entonces los
segadores cogerán primero la cizaña y la harán manojos
para quemarla, y el trigo le guardarán en mi granero.»
El mismo Jesucristo explicó á sus discípulos esta pa­
rábola diciendo: «W que siembra la buena simiente es el
hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena simiente
son los hijos de Dios; la mala simiente los hijos de la ini­
quidad; el enemigo que la sembró es el diablo; la siega es la
consumación de los siglos. Así como es cogida la cizaña y
echada al fuego, serán arrojados al infierno los hombres ini­
cuos en el juicio final. Los justos serán guardados en el
cielo. »
1 8 6 . Sed semejantes á los criados que esperan á su
señor para abrirle asi que llame á la puerta. Bienaventu­
rados los siervos que hallare velando el Señor cuando vi­
niere, Si el padre de familia supiese á qué hora había de
venir el ladrón, velaría sin duda, y no le dejaría entrar
en su casa. Estad, pues, apercibidos, porque no sabéis á
quó hora ha de venir el Señor*
Pero si el siervo se dijere á si mismo : * J/í señor tarda-
en venir*, y empezase á maltratar i los siervos y á los
criados, y á comer, y á beber, y á embriagarse, vendrá el
Señor el día que no espera, y á la hora que no sabe, y le
apartará y le pondrá con los desleal as.
1 8 7 , Un hombre salió á sembrar, y una parte de la
simiente cayó junto al camino, y fue pisada y la comie­
ron los pájaros; otra parte cayó sobre piedra, y nació, y
murió, porque no tenia raíz; y otra cayó entre espinas, y
las espinas que nacieron con ella la ahogaron; y otra cayó
en buena tierra, y nació y dió fruto, ciento por uno.
Iíl mismo Jesucristo explicó esta parábola, diciendo :
«La simiente ©3 la palabra de Dios. Los que están junto
— HUI —

ai canJno son los que la oyen y sa la dejan arrebatar del


diablo. Los de la piedra, los que reciben con gozo la pa­
labra mientras la oyen, y no echa en ellos raíces, volvién­
dose atrás on el momento de la tentación. Los de las es­
pinas son los que oyen la palabra, y la abogan después
con loa ufanes y las riquezas y deleites de la vida. Lo*
que están en buena tierra, son los que oyen la palabra con
buen corazón y la retienen, y dan fruto con paciencia, v
— 170 —

LECCIÓN X X V I I

188. Prcdilación (Lo J o *a tristo .— 1 8 9 . Do*cripción ilel juicio


final.— 190. Cíirár,tnr lI b los milngvos tío J esú s.— 191 . Vnrio-s
ílc ost.o.s niihigros.— 192. Curtición ,lel paralítico. “ *193* í d o n i
dol eioíji» Je n-ití b ie n io , — 194. Rosurrocción da Lázaro.

1 8 8 , El Señor, además de estos medios de persua­


sión. corregía con frecuencia I09 vicios de los judíos; arro­
jó del templo á, los mercaderes que se establecían en su
atrio; reprendía la hipocresía fíelos fariseos! llamándoles
vasos limpios por fuera y sucios por dentro, y enseñaba
gran número de verdades, asi presentes como futuras.
Anunció varios sucesos y describió el juicio final, á
que todos liemos de asistir, en los términos siguientes:
1 8 9 . Así como el relámpago sale del Oriente y se
deja ver hasta el Occidente, asi será la venida del Hijo
del Hombre* Y en la tribulación de aquellos días se obs­
curecerá el sol, y la luna no dará su luz, y las estrellas
caerán del cielo, y las virtudes del cielo serán conmovi­
das. Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en
el cielo, y llorarán todas las tribus de la tierra, y le verán
venir en las nubes del cielo con grande poder y majestad.
Y enviará sus ángeles con trompetas, y con grande voz,
y se reunirán sus escogidos degde lo más alto de los cic­
los hasta sus limites. Entonces el Hijo del Hombre se sen-
tará sobre el trono de su gloria, y teniendo delante de sí
á todas las gentes* apartará los unos de los otros, y dirá
á los que estén á la derecha: « Venid, benditos de mi P a ­
dre; poseed el reino que o$ está preparado desde el 2)rincipio
— 171 —

del mundo; porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve


sed y me disteis de beber; era huésped y me hospedasteis;
estaba desnudo y me vestísteis; enfermo y me visitasteis; en
la cárcel y me vinisteis á ver.» Y le dirán loa justos: <¿Se­
ñor, ¿cuándo te vimos hambriento y fe dimos de comer, ó se •
diento y te dirnos de beber, ó enfermo, ó en la corcel y te vi-
sitamos?- Y respondiendo el Señor, les dirá; « En cnanto
lo hicisteis a uno de mis hermanos pequeños que estaban en
-el mundo, á mí lo hicisteis. *
Y dirá después á loa que están á la izquierda: « Apar-
taos de mi, malditos, al fuego eterno, porque lave hambre
y sed, y estuve desnudo y enfermo, y no mo consolasteis.» Y
ellos dirán: « Señor, ¿cuándo hicimos eso?* Y ¿1 les dirá:
í; En cuanto no lo hicisteis ron mis hermanos en el mundo,
no lo hicisteis conmigo.»
1 9 0 . Jesucristo, comprobaba su doctrina con la san­
tidad de su vida, dando el ejemplo ele todas las virtudes*
y con muchos y notables milagros, resaltando siempre cu
¿atoa su inmensa caridad, porque siempre tenían por obje­
to aliviar la suerte do los desgraciados,
1 9 1 . Siguiéndole una vez mita de cinco mil personas
al desierto, les dió de comer con cinco panes y dos peces:
anduvo sobre las aguas del mar, é hizo que anduviera
también San Pedro, por lo cual le adoraron sus discípu­
los, diciéndole; * Verdaderamente eres Hijo de Dios*?- Cal­
mó la tempestad y sujetó los vientos con su palabra; de
modo que los que lo vieron decían: «¿(-¿'tienes éste á quien
obedecen los vientos y la marH Tocando la orla de su ves­
tido, curaban muciios do penosas enfermedades.
Encontró á un leproso, y con sólo decirle: « Queda lim-
pio^t desapareció la lepra. Resucitó á un joven k quien
¡levaban á enterrar, y á una niña tomándola do la mano.
1 9 2 . Habiéndosele presentado un paralítico en una
I
camilla, le dijo: ' Perdonados te son tas pecados.» Y mur­
murando los escribas, creyendo que blasfemaba, añadió:
■■¿Qué es ímís fácil decir, perdonados fe non tus pecados, ó
decirt levántate y anda?* Pues para que sepáis que el
Hijo del Hombre puede perdonar los pecados, dijo al pa~
rali tico: *Levántate, toma tu camilla, y anda.» Y levantó-
se el paralítico, y fuése sano á ¿>u casa.
193. Ungió con saliva los ojos de un ciego de naci­
miento, y vió en seguida. Llevado este hombre ante los fa­
riseos, fné reconocido por sus amigos y vecinos, y confir­
mó ct hecho con sus declaraciones. Llamados sus padres
a la Sinagoga, le reconocieron por su hijo, ciego de naci­
miento. legando, á pesar de esto, los judíos que Jesú*
fuese Dios, el ciego les dijo: *Es cosa -maravillosa que no
sepáis quién es el que abrió mis ojos. Nunca se oyó que abrie­
se nadie los ojos del que nació-riego. Si éste no fuese D ios .
no podría hacer tales cosas.» Entonces le arrojaron de la
Sinagoga, y él adoró al Señor,
1 94 - Habiendo muerto Lázaro, sus hermanas Marta
y Magdalena salieron al encuentro del Señor, y le dijeron:
Señor, si hubieras estado aquí, Lázaro no habría muerto.r
ISl Seüor las aseguró que resucitaría, y yendo con ellas y
otros muchos al sepulcro donde hacia cuatro días estaba
enterrado Lázaro, le llamó, y salió vivo del sepulcro.
— 173 —

LKCCLÓN X X V I I í

1 9 5 . Cegumlinl dé los judio*.— 1 9 6 . Determinan matar á .Fosi'is.—■


1 9 7 . Tctitarionc-s *]ue Iiucrh los judíos sil Señor, — 1 9 8 , Pro­
fecías ile .Tesucristú. — 1 9 9 . Iií-stit.uci¿n do la ■—
2 0 0 . Ti'an&JigiU'ftción ilrjl íjoñur.

1 9 5 . Tantos y tan asombrosos milagros produjeron


on los escribas y fariseos contrario efecto del que racio­
nalmente podía esperarse. Los judíos acusaban á Jesu­
cristo de blasfemo; trataron de apedrearle, y le suponian
inspirado por el diablo. Jesús oía todas estas injurias
compadeciendo á los que se las dirigían, y comprobando
asi la ceguedad de los judíos, profetizada hacia tanto
tiempo.
1 9 6 . Por ultimo, se reunieron los principes de los sa*
cerdotes y los fariseos, diciendo: (-¿tté haremos con este
hombre que obra tan ¿os milagros?-.- Y Caií’ás, que era Sumo
Pontífice, Ies dijo: Conviene que inuera un hombre por el
pueblo, y no que toda la nación -perezca. - Desde aquel imv
mentó quedó determinada la muerte de Jesús.
1 9 7 . Los fariseos buscaron mil ocasiones de conven­
cer á Jesucristo de tranagresor de las leyes divinas ó hu­
manas, pero no lo consiguieron. ’
Una vez le preguntaron si era licito pagar tributo al
César, Pidió una moneda, y enseñando el busto del em­
perador, contestó: ::Dad al Cesar lo que es del César, y á
Dias lo que cu de Dios.» Otra vez le acusaron de hacer
curaciones en sábado, á lo que contestó: «Xo se hizo el
hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre.1 » Otra
le presentaron una mujer adúltera, que por la ley debía
— J 74 —

ser apedreada. Jesús, bajando la cabeza, les dijo: <-Elque


no tenga pecado entre vosotros, tire contra ella la primera
piedra,» Y habiendo levantado la cabeza, ,y visto que to­
dos se habían ido, dijo á la mujer: « Se han ido los que te
acusaban. Xo te han condenado; yo tampoco fe condenaré.
Vete, y no peques más.»
1 9 8 . Jesús hizo muchas profecías. Anunció que se­
ria destruido el templo, no quedando do él piedra sobre
piedra; y así sucedió poco después de su muerte* cuando
los romanos tomaron á JerusrUén. Profetizó varias veces
su pasión, muerte y resurrección, diciendo claramente que
estaría tros diaa en el geno de la tierra; anunció también
las persecuciones que sufrirían los apóstoles, y el triunfo
de la Iglesia.
1 9 9 . Jesucristo dejó constituida su Iglesia antes de
morir. Habiendo declarado San Pedro que Jesús era el
Cristo Hijo de Dios vivo, le dijo el Señor: *Tti eres Pe­
dro. y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas
del ¿njíerno no prevalecerán contra ella. A ti te daré las 11a-
ves del reino de los cielos; lo que alares en la tierra, atado
será en los cielos, y lo que desatares en la tierra, desatado
será en los cielos.»
Con estás palabras instituyó el Salvador su Iglesia,
anunciando su triunfo y haciendo á San Pedro su cabeza
visible.
2 0 0 . Jesucristo, acompañado de sus discípulos P e­
dro, Juan y Santiago* subió un día á hacer oración al mon­
te Tabor; allí se transfiguró, apareciendo su rostro res­
plandeciente y sus vestidos blancos como la nieve, Apa^
reciérocso Moisés y Elias, y se oyó una voz del cielo que

decía: «.Este es mi Hijo amado, en quien tengo todas mis de­


licias; oídle.» Sus discípulos cayeron en tierra desmaya­
dos, pero el Señor los tranquilizó*
LKCIÓN X X I X

2 0 1 » ‘Rntuida <lcl Señor en Onrusalén.— 2 0 2 . í-m Cena. Institu­


ción de 1 a r.ucítristia- — 2 0 3 . El L u Y A t o n o . — 2 0 4 . Despedida
ile sus discípulos.— 2 0 5 . Qvneión «n ot Monto de las Olivas.—
2 0 6 . Prisión d« Jtísi’is — 2 0 7 . Jesús en rasa de CítiíYis.—■
2 0 8 , Negación do fían ^edrn.—S O í). Fin do .tudas.

2 0 1 . Llegado el tiempo señalado en la infinita sabi­


duría para que se cumplieran todas las profecías. Jeau-
en'sto mandó traer un asno, y, montado en él, entró triun­
fante en Jerusalén.
El pueblo salió á recibirle con palmas y ramos do oli­
va, y, tendiendo sus mantos por el suelo, cantaba: «iísw-
dito sea el que viene ai nombre del Señor. »
2 0 2 . Deseando celebrar la Pascua, reunió el Señor
irLsus discípulos, y, después de comer el cordero pascual,
tomó el pan, lo partió y lo distribuyó entre sus discípulos,
diciendo : ^Tornad. este'es mi cuerpo.» Tomó después el
cáliz, lo bendijo y lo dió para que bebiesen sus discípu­
los, diciendo : « Bebed, esta es mi sangren Así quedó ins­
tituido el Sacramento de la Eucaristía.
2 0 3 . Durante la cena anunció J^sús que Judas lo ha­
bía de entregar, y después lavó los pies á sus discípulos.
San Pedro se resistía, poro el Señor les dijo que tomasen
ejemplo de humildad para hacer lo mismo con sus her­
manos*
2 0 4 . Terminada la cena, el Señor se despidió de sus
discípulos. Les encargó que se amasen unos á otros, así
como l£L mismo los había amado; les anunció la venida
del Espíritu Santo para que morara siempre con ellos y
— J7 G —

les enseñara muchas verdades; les demostró su amor lla­


noándolea amigos y no siervos; amigos por quienes daba
su vida y á quienes confiaba la verdad, y, por último, les
anunció sus persecuciones y su triunfo, diciéndoles: «Líe-
g a la hora en que seáis separado* cada uno por su parte.
En et mundo tendréis muchos padecimientos; yero tened
confianza, porque yo he vencido et mundo. >: Les predijo
también su próxima muerte y resurrección, y anunció á
San Pedro que antes de media noche le negaría tres
veces*
205. Trasladóse después Jesús al monte de las Oli­
vas á hacer oración, acompañado de San Pedro, San Juan
y Santiago, y aconsejó á estos Apóstoles que velasen y.
orasen para no caer en teutación. Alejóse un poco, y, en­
tregándose á la oración, se entristeció 3 r angnstió tan pro­
fundamente, que llegó á, sudar sangre, según estaba pro­
fetizado* Bogó á su Eterno Padre que, si era posible,
traspasase do Kl el cáliz de amargura que iba á beber,
añadiendo: Pero hágase tu voluntad y no la mía.•> Por
dos veces fué il despertar á sus discípulos, recomendán­
doles la oración, y, por último} les anunció que el Hijo
del Hombre iba á ser entregado ¿ los pecadores.
206* Poco después entró Judas, el Apóstol traidor,
acompañado de mucha gente con armas, palos y antor­
chas. Acercóse Judas y le besó. Aquel beso era la señal
-convenida para prenderle* Jesús preguntó ¿V los judíos :
quién buscáis'* Y habiéndole dicho que á Jesús Na-
xareno, respondió: Yo soy.? Y muchos cayeron en tie­
rra, En seguida le ataron y le llevaron preso. San,Pedro
quiso defenderle, y con 3U espada hirió á un criado del
Pontífice en la oreja, pero Jesús la tocó y quedó sano.
207, Jesús fué llevado á casa de Anas, donde le pre­
guntaron sobre su doctrina; y habiendo respondido que

I
ora manifiesta porque la había enseñado públicamente,
recibió una "bofetada del criado de uu Sacerdote* Desde
allí fue llevado á casa del Sumo Poniifice Caifas, que le
preguntó ai era el Cristo Hijo de Dios vivo. Contestó el
Señor que sí, y entonces Caifas le declaró blasfemo y reo
de muerte* Los judíos le vendaron los ojos, le escupieron
y, dándole de bofetadas, decían : «fifí eres Cristo, profeti­
za quién te da.»■
208. San Pedro liabia seguido al Señor, y se había
quedado en el atrio del Pontífice calentándose á la lum­
bre. Allí fné preguntado tres veces si conocía al ¡Señor,
si era de sus discípulos y si había estado con Jesús en
el huerto. San Pedro negó las tres veces. Y recordando
entonces que el Señor le había anunciado esta negación,
salió fuera y lloró amargamente.
2 0 9 - Judas, conociendo toda la magnitud de su cri­
men, fué al templo, arrojó las treinta monedas -que li&bia
recibido por vender al Señor, y, lleno de remordimiento,
se ahorcó.
Los judíos emplearon aquel dinero en comprar un cam­
po para sepultura de extranjeros, y aquel campo se lla­
mó Hacéldama, es decir, campo de sangre.
— 17S —

LECCION X X X

2 1 0 * Jesús en casa tlt? Pilato.— 2 1 1 . Jesús es azotado.—-2 1 3 .


Rvee /jomo,— 2 1 3 , Jesús mi el camino del Cítlvurio. —2 1 4 ,
Muerte do Josús.— 2 1 5 . Con lesión d«l Centurión. — 2 1 6 . S e­
pulcro dol Señor.— 21*7. litisiirróueión. — 2 1 8 . Ap:fi-iviÜ!i :l Ma­
ri a Muíjilulctia. — 2 1 9 . Aparición á sus discernios.— 2 2 0 . En
nirs-o rjuo lia-e ú Pedro.

2 1 0 . Desde casa de Caifás fué llevado el Señor á


casa de Poncio Pilato, Presidente de la Judea, Este, ha­
biéndole preguntado si era Rey de los judíos, recibió esta
respuesta: <&Tú dices que yo soy Rey. y para eso nací;
pero mi reino no es de este mundo. . Entonces Pilaio salió
y dijo al pueblo que no encontraba crimen para conde-
narle á, muerte, y les propuso ponerle en libertad, cum­
pliendo la costumbre de perdonar á un reo en la Pascua;
pero el pueblo pidió que le condenara y soltara á Barra­
bás, que era un ladrón y asesino.
2 1 1 . Pilato, temiendo el furor del pueblo, mandó
sacar al Señor y azotarlo publicamente. Le pusieron una
corona de espinas en la cabeza, un manto y una caña en
la mano, como burlándose de su titulo de Rey, é, insul­
tándole y pegándole, le decían: «.Dios te salve, Rey de
los judíos .»
2 1 2 . Pilato enseñó al Señor de este modo, dicien­
d o : (íE cce homo », esto es, Abí teséis ese Rey del cual
nada debéis temer.
Volvió á insistir Pilato en que no hallaba causa algu­
na para condenarle; mas el pueblo pedia á gritos su muer­
te y decía que Jesús era Rey enemigo del César, Temien­
do entonces Pilato, so lavó las manos y les entregó al Se­
ñor para que le crucificasen, elicien do: eSoy inórente de la
sangre de este hombre: miga sobre vosotros.» El pueblo ex­
clamó; «£í, caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos.;
213. Jesucristo fue cargado con una Cruz de made­
ra, y llegando al Gólgota ó Calvario, Jesús iba tan exte­
nuado que no podía con la Cruz, y tuvo que ayudarle Si -
111ón el Cirineo. Todo el camino sufrió el escarnio y la
burla; mas de su boca .sólo salian palabras de misericor­
dia. Decía á su Padre : '■Perdónalos t que tío saben lo que
se hacen.» Y á las mujeres que lloraban: «¡Llorad por
vosotras y por vites tros hijos.»
214* Llegado al monte Calvario, le clavaron en la
CJrnsí entre dos ladrones; le dieron á beber liie lj vina­
gre; pasaban k su lado meneando la cabeza y diciendo :
••tií es hijo de Dios, sálvese á sí misino*; se repartieron sus
vestiduras y echaron suertes sobre su túnica, y, por últi­
mo, le dieron una lanzada en el costado.
2 1 5 . Asi que expiró Jesús temblor la tierra, se obs­
cureció el sol, rasgóse el velo del templo y muchos muer­
tos salieron de^ los sepulcros* Viendo estos trastornos el
Centurión que guardaba los reos, exclamó: «¡Verdade­
ramente era Hijo de Dios!
2 1 6 . José de Arimatea y ííicodemo, discípulos del
Señor, pidieron á Pilato su cuerpo para darle sepultura;
y yendo al lugar del suplicio, le descendieron déla Cruz,
le envolvieron en una sábana y le enterraron en un se­
pulcro nuevo, cavado en la roca, donde pusieron centine­
las los fariseos para guardar el cuerpo.
2 1 7 . Al tercer día después de enterrado, un Angel
de) Señor levantó la losa, cayeron los guardas desmaya­
dos y Jesús resucitó glorioso del sepulcro. Los Sacerdo­
tes y los fariseos, cuando lo supieron, temerosos del pue­
— 180 —
blo, hicieron cor rer la voz de que los discípulos d-el Señor
habían robado su cuerpo.
2 1 8 . Mariíf Magdalena, y María, madre de Santiago,
fueron al sepulcro y encontraron un Angel que las dijo":
El Señor ha resucitado, y no está aquí,: Retiráronse es­
tas santas mujeres, y en el camino se les apareció Jesús,
consolándolas y encargándolas que dijesen á sus discí­
pulos que le liabian visto. El mismo día, yendo dos de
sus discípulos á Emaús, se les apareció en el camino y
fué con ellos conversando.
2 1 9 . Poco después, estando reunidos los Apóstoles
en una casa y teniendo cerradas todas las puertas, se
apareció en medio de la habitación, saludándoles con es­
tas palabras : «Paz á vosotros.;> Sopló sobre ellos, comu­
nicándoles el Espíritu Santo, ó institi^ó el Sacramento
de la Penitencia; ocho días después se apareció Jesús de
nuevo á sus discípulos é hizo que Santo Tomás tocara
sus manos llagadas y su costado herido.
2 2 0 . Por último, estando un' día pescando varios dis­
cípulos, se les volvió á aparecer el Señor, y dirigiéndose
á Pedro, instituido ya por cabeza de La Iglesia, le dijo
por tres veces: « / M e1amas/ Pues apacienta mis corde­
ros.» Dándole á, entender que cuidase y dirigiese á los
fieles. Otras dos veces se apareció Jesús á sus discípu­
los : en una de ellas se dejó ver de más de 500 fieles, y
en la otra, que fué la última, cuarenta días después de
la Resurrección, dijo á los Apóstoles, que estaban reuni­
dos en el Cenáculo de Jerusalén: Id por todo el wmjí-
do y predicad el Evangelio á todos, El que crea y sea bau­
tizado se salvará; el que no orea se condenará.» Les pro­
metió la venida del Espíritu Santo, y, subiendo con ellos
al monte Olívete, alzó sus divinas manos para bendecir­
les y subió gloriosamente á los Cielos,
Lttoomx x x x [
2 2 1 . Vonídn. >lfil E sp íritu S;tnto. — 3 2 2 . Fi-odioaciñn <!<• los A p ó s ­
to le s . — 2 2 3 . Sfivi l' ütctjim, — 3 3 4 - Con1
w rsió n ilo S nu lo. —
2 2 5 , Id em del centurión C o rn e lio .— 2 2 6 . Concilio de J cm sn lén .
líl Crudo, — 2 2 7 , A p o sto la d o ile San P ablo.

2 2 1 , Después déla Ascensión del Señor} los Após­


toles volvieron á Jerusalén •vf con María Santísima eligíe-
O
ron Apóstol á San Matías, en substitución de Judas Is­
cariote, y esperaron en el Cenáculo la venida del Espíri­
tu Santo; y en efecto, al décimo día en que los judíos ce­
lebraban la fiesta de Pentecostés sintieron ruido como de
un fuerte viento, y apareció sobro sus cabezas como len-1
as de fuego, y comenzaron A hablar en diversos idio­
mas las palabras que el Espíritu Santo ponía en su boca.
2 2 2 . Después que los Apóstoles recibieron al Espí­
ritu Santo empezaron á hablar diversas lenguas, como
indicándoles los países tlonde debían predicar. Se infla­
maron sus corazones con la fe, y empezaron en seguida
á anunciar el Evangelio.
San Pedro, acompañado de San Juan, curó en Jerusa-
lón á un paralítico que pedía limosna en la puerta del
templo, diciéndole: i No tengo oro ni plata; pero te daré
lo que tengo. ¡En -nombre de Je&tte Nazareno, levántate y
anda!>> Corrió el pueblo á presenciar el prodigio, y se con­
virtieron más de 5,000 personas. Los príncipes de los
sacerdotes obligaron a los Apóstoles á presentarse ante
el Sanhedrín, que les prohibió predicar, pero ellos res­
pondieron : «Juzgad vosotros mismos si seria justo que
obedeciésemos á vosotros antes que &Dios.-
lecctüx xxxrr

2 2 8 . Apostolado ¿lo San Pedro, — 2 2 0 . Muerte do San Pedro y


San PnblQ. — 2 3 0 . Suorrc fie I ok dúm:i<¡ Apóstolen. — 2 3 1 , T l-
timos unos dn la Virgen Marín, — 2 3 2 . Triunfo díd C ri»t¡a-
rtisrno,

228. Unos tres años después de la muerte de Jesu­


cristo permaneció San Pedro en Jeruaalén, al cabo de
los cuales se trasladó á Antioquía, y desde allí dirigió el
gobierno de la grey cristiana. En uno de sus viajes á Je-
rusalén, Herodes Agripa, que por complacer á los judíos
había hecho matar á Santiago» hermano de Juan, encar*
celó á San Pedro y decidió llevarle al suplicio; pero )a
noche antes del día señalado, un ángel se presentó il San
Pedro en la cárcel, y abriéndose las puertas y cayendo las
cadenas que sujetaban al Apóstol,'salieron ambos de la
prisión: el ángel desapareció y San Pedro se faó á casa
de Marcos, donde estaban reunidos los cristianos pidien­
do i Dios la libertad del pastor.
El año 42 de nuestra era, San Pedro trasladó su Silla
i! Roma, donde predicó con tal fruto, que el Cristianismo
penetró rápidamente en todas las clases sociales. Este
maravilloso crecimiento de los cristianos inspiró recelos á
los gobernantes, y el emperador Claudio mandó deste­
rrar á los judíos, comprendiendo en éstos á los cristia­
nos. Por entonces se verificó la evangelio ación de las
principales ciudades de Italia, España» Francia é Ingla­
terra y parte septentrional de Africa, comenzando por
Alejandría, cuya silla fué establecida por San Marcos,
2 2 9 . Movióse durante el imperio de Nerón (54-08)
una de las más crueles persecuciones contra la Iglesia;
en ella perecieron San Pablo y San Pedro, liste, que es­
taba preso, huyó de 3a cárcel á instancia de los fieles*
Cuando ya ae hallaba fuera de Ja ciudad se encontró ¿ J e ­
sús con la cruz á cuestas, y sorprendido Pedro, le pre­
guntó: "■¿Dónde vais, Señor? >>«A Roma para ser crucifi­
cado de nuevo», dijo Jesús. Comprendió el Apóstol la res­
puesta y volvió á la ciudad, donde fué otra vez encarce­
lado con San Pablo : alli convirtieron y bautizaron á los
carceleros Proceno y Martiano, y de allí salieron el 29 de
Junio del año 67 para subir al ciclo: San Pablo decapi­
tado y San Pedro clavado en cruz con la cabeza abajo,
porque d o se consideraba digno de morir como s« divino
Maestro.
2 3 0 . Los demás Apóstoles trabajaron también con
actividad pasmosa; San Andrés, después de convertir á
Jos escitas, murió crucificado en Patras, ciudad de Grecia.
Santo Tomás predicó en las Indias, San Mateo en Per-
sia, San Felipe en iYigia, San Bartolomé en Armenia,
Santiago el Mayor en Judea y .España, San Simón en Me-
sopotamia, San Judas en Arabia. San Matías en Etiopía;
Santiago el Menor se quedó en Jerusalén, siendo sn pri­
mer obispo; todos sellaron con su sangre la verdad de
su doctrina, excepto San Juan Evangelista, que habien­
do predicado en el Asia Menor prodigando sus cuidados
á María Santísima, vivió en Efeso, donde fnó obispo des­
pués de San Timoteo, y murió de muerte natural á una
edad avanzada,
2 3 1 . María Santísima, después de la muerte de Je­
sús, vivió casi siempre en Jerusalén, donde la re tenían
los sagrados lugares de la pasión, y allí murió, según
opinión general, hacia el año 54, á Jos 72 años de edad?
— 1S6

después de bendecir á los Apóstoles, que milagrosamen­


te se encontraron en la hora de su glorioso tránsito. La
tradición piadosa asegura que María resucitó al tercer
día de su muerte y- fué llevada al cielo en cuerpo y alma,
liesta que la Iglesia celebra el lo de Agosto con el nom*
bj-0 de La Asunción*
232. Desde un principio el Cristianismo lia sufrido
la persecución más horrible quo lia conocido el mundo,
Se inventaron los tormentos más dolorosos para conte­
ner aquella predicación; el imperio romano dccretó diez
persecuciones $esde Tiberio hasta Diocleciano; murieron
los cristianos á millares; pero la palabra de Dios crecia
sin cesar y se extendía por todas partes, hasta que se ele­
vó el trono de la Iglesia en la misma Roma, capital del
paganismo, dominando desde allí la verdad cristiana por
todo el orbe*
Este triunfo del Cristianismo es por si solo una razón
convincente de la verdad de nuestra religión.
L E U C fu X XXXJII

2 3 3 . líos Ev¡ingoli¡sta>. Moriría tío los Kv¡mi"(*1¡í.ihs. — 234. Lo*


hceliri.-í ílc los Ajiósíolfi.s his K]>i&lo];is y el Ajioí'ftiipsis.

2 3 3 . Los hechos de la vida de Jesucristo están con­


tenidos en los cuatro Evangelios do San Mateo, San Mar­
cos, San Lucas y San Juan.
San Mateo era galileo de nación y cobrador de contri­
buciones cuando el Señor le eligió para Apóstol, Murió
martirizado c-n Etiopia. Su Evangelio, el primero que*se
escribió, contiene una relación circunstanciada de todos
los hechog de Jesucristo. La escribió en Jerusalén, poco
después de la muerte de Jesús, en lengua siriaca.
San Marcos fué discípulo de San Pedro y escribió su
Evangelio en Roma, bajo la inspiración do su maestro.
.Refirió todos los hechos de Jesucristo más abreviada­
mente que -San Mateo. Este Evangelio, escrito en latín,
era el que se leía en la Iglesia romana en tiempo de la
persecución* Marcos sufrió el martirio en Alejandría.
San Lucas nació eu Antioquía, y ejerció la profesión
de médico y pintor. Fue discípulo de San Pablo. San Lu­
cas se detiene especialmente en su Evangelio, en referir
loa acontecimientos de Juan el Bautista y la genealogía
de Jesucristo. Sufrió el martirio en la Aeaya.
San Juan era galileo, natural de Betsaida; filó pesca­
dor y el discípulo amado de Jesús, Escribió su Evange­
lio en griego, y se propuso en. él confirmar la divinidad
de Jesucristo y exponer su doctrina sobre la caridad.
2 3 4 . El Nuevo Tesíamtnto contieno, además de los
— 1 88 —

Evangelios, los Hechos de los Apóstoles, las Epístolas y el


Ajwcaliims.
Los Hechos de ¿os A postóles fueron escritos por San
Lucas: en ellos se refiere la predicación de los Apóstoles
inmediatamente después de la muerte de Jesús, y princi­
palmente la de San Pablo.
Las Justólas son cartas de los Apóstoles en que so
contienen grandes preceptos de moral, la exposición dp
Ja doctrina y admirables consejos á las iglesias y á loa
fieles-
Por ultimo: el ó revelación del Apóstol San
Juan, escrito por este santo en la isla de Patmos, es unn
' revelación de los liechos futuros y de los acontecimien­
tos del Rn del mundo.
NOCIONES DE RELIGIÓN'

Ll-X 'C IÓ K X X X I V

2 3 3 . CotU-t!i'í.u de la religión, — 2 3 6 . Noeles ¡ti mi Uc 1¿l


2 3 7 . Clarificar miles de la* religiones.. — 2 3 8 , Religiouns nm-
m>t*¡st.'t.s,- ■— 2 3 9 , Religiones politoUtas. - 2 4 0 , Ln í cvúhición,
üu necusidad. — 2 4 1 . L ey natural* — 2 4 2 . Ley esci’itu. —
2 4 3 . Ley f’ vatig/'iic.^,

2 35 » La religión, según el eminente Balmes, es una


lirme persuasión y una creencia de la existencia de Dios,
soberano ser* y de la obligación que tenemos de darle el
culto que le es debido,
236. K-l dogma de la existencia do Dios y la creen­
cia en la vida futura, en la cual encuentra el hombre la
felicidad que busca con tanto anhelo en este mundo, pro­
claman la necesidad de una religión única y verdadera
como Dios. Si el fin que espera el hombre después de la
muerte es, según sus obras, una felicidad sin límites ó
una condenación eterna, claro es que debe saber por cuá­
les medios se alcanza la una y se evita la otra; estos me­
dios nos I0 3 enseña la religión, que refrena las pasiones
del hombre, le hace levantar los ojos al cielo, y cual madre
— —

cariñosa, le acoge en su regazo, le consuela en sus pena­


lidades y le anima en su viaje por este valle de lágrimas.
El hombre debe á Dios una gratitud inmensa por ha­
berle creado, porque atiende á su conservación, porque
tío le abandona en medio de sus calamidades, porque le
ha redimido y, en fin, porque le ha colmado de beneficios;
luego es indiscutible que debe tributarle culto, adorándo­
le como >Señor de cielos y tierra y pidiéndole su gracia:
de aquí se infiere la necesidad de una religión que regu­
le el culto, la misma para todos los hombres, puesto qu^
observando lo que ella prescribe cumplen la voluntad de
Dios y están seguros de que marchan por el sendero que
conduce á la vida eterna.
De estas verdades se desprende otra también innega­
ble: sóio puede haber una religión verdadera. No quiere
decir esto que no hayan existido y existan muchas reli­
giones, porque en realidad existen, tal vez para que brille
en todo su esplendor la verdadera.
2 3 7 . Las religiones todas pueden redecirse a dos
clases: monoteístas y politeístas. El monoteísmo, que
comprende las jeltgiones en que se adoraá un solo Dios,
y el politeísmo, que comprende las que admiten muchos
dioses,
2 3 8 , El monoteísmo abraza:
L° El cristianismo, profesado por los pueblos más ci­
vilizados; se divide en tres iglesias, que son: la católica ú
occidental, que conserva la tradición, reconoce al Papa
como Vicario de Jesucristo y tiene por libro sagrado la
Biblia, dividida en Antiguo y Nuevo Testamento (288
millones); la griega ú oriental, que no reeonoce al Papa
como cabeza de la Iglesia, sino al jefe del Estado (8á
millones), y la protestante ó reformada, predicada por
Lutero á principios del siglo xvi, fnndada en la libre in­
terpretación de la Biblia y dividida en muchas sectas,
como el luteraaünio, el calvinismo, el prcsbiieriajtismo. et*
cctera (150
\ millonea).
*
2.u El judaismo, que es la religión de Moisés, niega
la divinidad de Jesucristo y espera todavía el Mesías 6
Redentor; tiene por libro sagrado el Talmud (7 millones).
B.° El mahometismo, mezcla del judaismo y del cris­
tianismo y que tiene por libro sagrado el Alcorán, fu«
predicado por Mahoina el año 622 (1.70 millones).
239. El politeísmo, seguido por los salvajes y los
pueblos más atrasados, comprende el fetichismo ó adora­
ción de objetos animados-ó inanimados: el sabeísmo <>
adoración de los astros; el brahmanistno, el budismo v el
f h»

tomismo ó adoración de un ser supremo que se manifies­


ta por otros dioses inferiores (800 millones).
240* Para saber cuál de estas religiones ea la verda­
dera, no basta que ollas.lo digan; es necesario saber que
Dios se la lia enseñado al hombre; más claro, la religión
verdadera ba de ser revelada por Dios, que es la sabidu­
ría y la verdad infinita.
El hombre es muy pequeño ante la verdad, ante la
idea de Dios, ante la naturaleza, y por eso se ayuda de
medios sobrenaturales, como la fe, que es á la razón hu­
mana lo que los lentes al corto de vista, y con ella pene­
tra el hombre en los grandes misterios, de la misma ma­
nera que alcanza á ver la mónera y la cerula con el mi­
croscopio, y cuenta con el telescopio las estrellas y las
nebulosas perdidas en las profundidades del espacio*
241, En efecto; Dios, infinitamente bueno, que creó al
hombre para que le conociese y le amase, no sólo le dotó
de sus potencias y sentidos, sino que imprimió, por decir­
lo asi, en su alma una regla de conducta que se manifies­
ta al hombre con su rasión natural, y que pudiera formu-
— —

larae a sí: JJios manda que se conserve el orden natural, y


prohíbe que sea turbado: más claro, siempre obra bien el
<jne sigue de buena fe el dictamen de su conciencia (1):
esta regla de conducta» este precepto es lo que se llama
Ley natural ó Ley eterna.
El hombre pecó, so apartó de la ley, y Dios, infinita­
mente misericordioso, le prometió uu Redentor y le fuó
manifestando poco á poco su voluntad y los grandes con­
sejos de su sabiduría, primeramente hablando á nuestros
pi ¡meros padres, después á los patriarcas ó cabezas de
familia hasta Moisés. Abraham, uno de estos patriarcas,
fue escogido por Dios para hacerle padre de un gran pue­
blo, el cual había de conservar incólume la doctrina del
Señor. Este suceso se conoce en la historia con el nombre
de Vocación de Abraham, y no es otra cosa que la sanción
de la Ley natural. Estos patriarcas vivieron mucho tiem­
po y conservaron entre los hombres las verdades revela­
das por Dios.
242. Ya habían transcurrido unos "2.900 años desde
la creación, cuando Dios quiso poner remedio á la co­
rrupción de su pueblo, y entre los que le permanecieron
lie les escogió á Moisés y le reveló sus Mandamientos, sus
leyes y sus arcanos, y le mandó que instruyese en ellos
á los hijos do Jacob; es decir, le entregó las tablas de la
Ley en el Monte Sinai, esto es* la Ley escrita* Los precep­
tos de esta ley son los mismos de la ley natural, pero más
explícitos. Sin embr.rgo, la voluntad y el capricho de loa
hombres torcieron tanto el sentido de los preceptos, que
la ley de Moisés no hizo prosélitos entre los demás pue­
blos, y fuó objeto de multitud de falsas interpretaciones

íl) Véase ln uxpllcíiciún de este principio en Kf Atfi.wj .y í»


— —

por parte del mismo pueblo hebreo que ie había recibido.


243. En este lamentable estado ge encontraba la hu­
manidad cuando vino al mundo ol Mesías: Jesucristo pre­
dicó con la palabra y con el ejemplo durante tres años,
y cierra con su muerte el periodo de la ley mosaica,
abriendo el de la Ley Evangélica ó Ley de Graciaj que no
es otra cosa que la ley natural, olvidada por los hombres;
la misma que intimó en el Sinaí al pueblo escogido y que
entregó á Moisés escrita formando el Decálogo.
- !!W —

LECCIÓN XXXV

J344. Religión verlw lova.— 2 4 5 * JvNisfceiicia real ilo Jovueristn.—


2 4 6 . JesucrUto ns «1 Mosías.— 2 4 7 . Dívinúlful de Je supristo: Por
razón ile su villa.— 2 4 8 . Por ra7,ón ilrt sil iloctriviít, ■
—■2 4 9 . V o r ■
iJaú <le Ion libros ^iigm iíos.— 3 5 0 . Kt Mil a g r o .— > 2 5 1 . Jc-sttcris-
to hizo m ilugros.

2 4 4 . lleconocida la necesidad de que el hombre pro­


fese una religión, siendo evidente la existencia de la ley
natural, más tarde convertida en ley escrita y evangélica,
vamos 4 demostrar que sólo esta ley evangélica, ó sea la
religión predicada por Jesucristo es la única verdadera,
y esto lo conseguiremos probando que Jesucristo fué Dios
y hombre verdadero, porque siendo Dios, no pudo enga­
ñarse ni engañarnos.
2 4 5 . Desde luego nadie pone en duda la existencia
real y verdadera de Jesucristo en la tierra; todo el mun­
do sabe que vivía en Palestina, que con su palabra arras­
traba tras de si las muchedumbres, que. efectuaba cosas
maravillosas y que fué crucificado porque se hacia hijo
de Dios; es decir, que Jesucristo hizo y dijo tales cosas
durante su vida humana! que dió modvo á sus contem­
poráneos para que unos le adorasen y otros le persi­
guiesen .
2 4 6 . Jesucristo fué también el verdadero Mesias,
porque ha reunido en su persona todos los caracteres se­
ñalados en las profecías para darle á conocer; y porque
asi lo atestiguan los milagros que realizó* y los prodigios
que acompañaron á su nacimiento, á su vida toda, y á su
muerte, i*
2 4 7 . Que Jesucristo es Dios, es artículo de fe para
el cristiano; sin embargo, pueden aducirse razones que
patenticen su divinidad, fundadas en la vida y en la doc­
trina del mismo Jesucristo.
La vida de Jesús es un espejo purísimo donde na:íie
lia podido encontrar mancha. Josefo, historiador judío,
hablando ds Jesús, decía : '¿Si e$ que podemos llamarle ho -
fomente hombre, porque hacia cosas maravillosas y era el
maestro de aquellos que aman y desean la verdad», y
hasta los impíos como Rousseau reconocen lo extraordi­
nario de Jesús en estas palabras: Si la vida y muerte de
Sócrates son de un sabio, la vida y la muerte de Jesucristo
no pueden ser sino de un Dios.
2 4 8 . Jesús, hijo como hombre, de una familia obs­
cura y pobre, no aprendió en ninguna escuela aquella
moral roeonocida por los mismos enemigos como la más
pura, la más noble y la más elevada que se ha visto ja ­
más,. Por otra parte, Jesús nunca halagó los caprichos y
pasiones del hombre, ni buscó la protección do los pode­
rosos; por.el contrario, reprendió el vicio, buscó con pre­
ferencia á los niños, á los pobres y á los desvalidos, nr>
tuvo bienes de fortuna y murió perdonando á ¿ms enemi­
gos sin exhalar una queja. Todo esto no es propio do un
simple mortal* *
2 4 9 . La doctrina de Jesucristo está contenida en la
Biblia, cuyos libros son sagrados por haber sido escritos
por inspiración divina; también esto es artículo de fe;
pero, aparte de todo, sabemos que los autores de los libros
sagrados han dicho la verdad: 1 *°, porque refieren cosas
sucedidas en su tiempo y comprobadas por la ciencia,
como el diluvio y la destrucción de Sodoma y C-í-omorra;
2.°, porque si los Patriarcas y Profetas, los Apóstoles y
los Evangelistas hubieran escrito cosas falsas, podrían
— lOíi —

haber sido desmentidas por las personas que presen cia­


ron los sucesos; 8 .°, porque eran personas dignas de cré­
dito y sus escritos revelan la sinceridad y buena fe has­
ta el punto de que muchos sellaron con su sangre las ver­
dades que predicaron; <LH, porque el sinnúmero de mila­
gros que hicieron y cuentan, y el cumplimiento de las pro-
feeias que anunciaron, revelan su origen divino.
2 5 0 . Prueban también la divinidad de la doctrina de
Jesucristo, el milagro, la profecía y el misterio.
El milagro es un suceso superior al orden natural y á
las fuerzas humanas, y por tanto un acto del poder divi­
no, Es, pues, una consecuencia de la voluntad y de la
omnipotencia de Dios. El milagro en nada se opone á hi
razón, porque como dice ¡Santo Tomás: Dios no está suje­
to al orden de las causas segundas, sino que este orden
est.á sujeto á Kl, de quien procede, no por necesidad de
naturaleza, sino por el albedrío de la voluntad,
2 5 1 . Que Jesucristo hizo milagros, es indudable,
pero nunca hizo milagros absurdos como el que reliere el
mismo Mahoma asegurando que la luna cayó en su bol­
sillo y que él de un puñetazo la volvió al cielo: que hi­
cieron también milagros los Patriarcas y Profetas es una
cosa indiscutible, y dudav de esta verdad sería negar la
autoridad humana, la historia.
Nadie negará que Jesucristo cambió la faz del mundo
sólo con su doctrina, con unos pobres pescadores y en
abierta lucha contra las pasiones humanas; luego pue­
de decirse con San Agustín: Jesucristo y los Apóstoles
al cambiar la faz del mundo lo hicieron con milagros ó
sin ellos; si con milagros, la religión del Crucificado es
verdadera; y sin milagros, el hecho de convertiral mundo
sin milagros es el mayor milagro, so pena de confesar
que estaban locos los millones de personas que sin prue-
— l ‘ >7 —

has ni señal alguna de la misión divina, sin que nadie


les violentase, antes al contrario» exponiéndose á morir
en un patíbulo, seguían una doctrina de unos cuantos
hombres, enviados á predicar por otro hombre muerto
en afrentoso suplicio.
Es imposible comprender que sin el auxilio de Dios,
unos cuantos hombres, y no de los más instruidos, po­
bres, ignorantes, sin recurso alguno ni más arma que su
palabra, emprendiesen una lucha con el mundo y le ven­
ciesen. Los Apóstoles y sus discípulos tenían que luchar
con el poder de los Césares y la soberbia Roma, con la
ciencia y filosofía del paganismo, con todas las costum­
bres» y presentar, contra el lujo, contra el orgullo, con­
tra tos atractivos del vicio, una moral austera, la humil -
dad, la adoración á un hombre muerto en infamante su­
plicio en uu rincón de la tierra* Sin embargo de todo
triunfaron, y su palabra nos ha dado la luz, la civiliza­
ción y la verdad.
LECCIÓN X X X V I

2 5 2 , La Profecía, — 2 5 3 » P i í ’ Í í í c Íj l s ttú Moisés sol/iro r:i puebla


jtnlin. — ■2 5 4 .. S il «.‘ u n t p l b r i ¡ c u í o — 2 5 5 . Frütcíclfts tío D a v M .
2 5 6 . IiJeiu 4c Twnri.s, — 2 5 7 . Idum. do Z acarías y M^lInanias,

■*-w

2 5 2 . La profecía es un don sobrenatural que consis­


te en conocer por inspiración divina las coBas distantes ó
futuras, y claro es que sólo Dios, que es la sabiduría in­
finita, conoce las cosas que están por venir, y, por tanto,
anunciarlas ya por su boca ó por boca de los hombres
que Kl mismo elija: estos hombres son loa que llamamos
profetas, cuyas predicciones llenan los libros del Antiguo
Testamento, y como dice San Pablo,' todo el Antiguo
Testamento acontecía en figura y ora sombra y represen­
tación de lo que había de cumplirse en el Nuevo. En
efecto; basta recorrer los escritos de los profetas, y pa­
rece que estamos leyendo los historiadores.
Los hechos relativos al Nuevo Testamento no eran
desconocidos en conjunto al pueblo judio, iludios años,
muchos siglos antes que se verificaran, los habían anun-
ciado clara y terminantemente los profetas de orden del
Señor. Estas profecías, que se han cumplido exactamen­
te, son una de las pruebas más concluyentes de la verdad
de la religión cristiana.
2 5 3 . Moisés, que vivió cerca de dos mil años antes
-de Jesucristo, anunció al pueblo judío cuál sería su suer­
te, del siguiente m odo:
' Vendrán sobre ti y te perseguirán y alcanzarán to­
das estas maldiciones hasta que perezcas. Serás maldito
— \w —

•en la ciudad y maldito en el campo* El Señor enviará


•sobre ti hambre. Saldrás por un camino contra tus ene­
migos y huirás por siete, y sürás disp.erso por todos los
reinos de la tierra. Te herirá el Señor con úlceras y con
sarna. Edificarás casa y no la habitarás; plantarás viña
y no la vendimiarás, A lus ojos te será robado el asna y
las ovejas. Tus hijos y tus hijas serán entregados á olro
pueblo, y no habrá fuerza en tu mano para librarlos. Se-
riís la fábula y la burla de los pueblos adonde el Señor
te lleve, Et extranjero que vive contigo estará siempre
más alto que tú. El Señor te esparcirá por todos los pue­
blos, de ud extremo á otro de la tierra, y servirás á dio­
ses ajenos, y no tendrás descanso, porque el Señor te
dará un corazón medroso y un alma liona de tristeza, y
temerá s n oche y di a. t>
2 5 4 . Es imposible pintar con más claridad y mayor
exactitud la situación del pueblo judió, desde la muerte
de Nuestro *Seíior Jesucristo hasta el presente. Ese pue­
blo no tiene nación; no tiene tierra propia: en todas par­
tes sufre la befa Vv el escarnio,f Vv arrastra una existencia
miserable. Ha sido arrojado de mucho* países, viendo
■confiscados sus bienes; ha sufrido el rigor de todas las
leyes. jTerriblc profecia! Los judíos pidieron que sobre
ellos y sus hijos cayera la sangre del Señor, tí obre ellos
está cayendo todavía.
u

2 5 5 . El santo rey David profetizó con gran claridad


sobre la pasión y muerte de Jesucristo* En el salmo 2."
dice : «Se reunieron los príncipes de la tierra contra el
Señor y contra su Cristo; mas el Señor se burló de ellos.»
Y más adelante describe del modo siguiente la misión del
Salvador: «Y o te establecí reyT dice Dios á su eterno
Hijo, sobre Sión para predicar el mandamiento. Mi hijo
eres tu; yo te he engendrado: pídeme, y te daré las gen­
tes en herencia, y el dominio de todas las gentes de la
tierra.» Palabras que demuestran la divinidad de Jesu­
cristo y su reinado en este mundo.
En el salmo 21 describe los padecimientos de Jesu­
cristo en la Cruz: «Dios m ió, Dios mió ; ¿por qué me has
desamparado?... Todos los que me veían hicieron burla
do mí, murmuraban y meneaban la cabeza, diciendo: Es­
peró en el Señor, líbrele, sálvele, puesto que le ama...
Gomo agua he sido derramado y se han desencajado to­
dos mis huesos... Horadaron mis manos y mis pies, Con­
taron todos mis huesos. Se repartieron mis vestiduras, y
sobre mi túnica echaron suertes». Esta profecia es tan
clara que no necesita explicación alguna ; parece que se
está leyendo la relación de un evangelista,
256. El gran Isaías, 700 años antes de Jesucristo,
anunció que so daría una señal á su pueblo: «He aquí
que concebirá una Virgen y parirá un Hijo que será lla­
mado Emmanuel.»
El mismo profeta describió la ceguedad de los judíosr
la conversión de los gentiles y la venida de Jesucristo:
«MI pueblo, dice el Señor, sabrá mi nombre aquel día;
porque yo, el mismo quo hablo, diré entonces: Vedme
aquí presente». Y alaba áloa predicadores del Evangelio
con las siguientes palabras:
«[Cuán hermosos son sobre los montes los pies de lo»
que anuncian y predican la paz t de los que anuncian el
bien y predican la salud!»
Por último; el mismo Isaías describe así al Señor:
«Tomó sobre si nuestras enfermedades y cargó con
nuestros dolores. Fue llagado por nuestras iniquidades,
quebrantado por nuestros pecados; sufrió nuestros casti­
gos para darnos paz ; nos sanó con sus cardenales,.. Se
ofreció porque ól mismo lo quiso, y no abrió su boca.
— 1HH —
Como oveja fué llevado al matadero. Después‘de la an­
gustia y del juicio, fué levantado en alto. Por la maldad
del pueblo murió.,. El no hizo maldad, ni hubo malicia
en su boca,í>
Es imposible pedir una profecía más terminante y más
exacta.
Taraién profetizó Isaías la ceguedad de los judíos y la
causa de su error en no reconocer á Jesucristo- Espe­
raban un rey terreno, y se encontraron «con un ramito?
con una pequeña raíz, sin ostentación, sin hermosura de
apariencia; le miraron, y no era de mirar para los que
otra cosa esperaban.
257. Zacarías anunció que Jesucristo entraría en Je-
rusalón montado en un asno, y que su poder se extende­
ría por toda la tierra; que seria vendido por treinta mo­
nedas, 3" que con éstas se compraría un campo de un al­
farero.
Otros muchos profetas anunciaron la venida y hechos
do Jesucristo, entre elíos Malaquias, que describió su
adoración en todo el mundo desde Oriente á Poniente;
pero los que hemos citado son suficientes para nuestro
propósito.
No sólo se cumplió en Jesucristo todo lo que habían
anunciado los profetas, sino que Kl mismo hizo profecías,
como la espantosa ruina de Jerusalén, los trabajos y_
muerte, de los Apóstoles* la asombrosa difusión de su
doctrina y la permanencia de su Iglesia, todo lo cual ha
sucedido.

c__
"«—

i
— 202 —

LECCIÓN X X X V I I

2 5 8 . El mUstorio.— 2 5 9 . !Í1 m isionó o* Joy lío Ih. iukúh.

2 5 8 . Se entiende por misterio una cosa inaccesible


á la razón y que debe ser objeto de la fe; no porque la
razón no llegue á comprender el misterio son dos cosas
que se repelen; al contrario, se atraen,
2 5 9 . El misterio no sólo es condición necesaria de
la verdadera Religión, sino también es ley de la razón,
porque es la fórmula que expresa la relación esencial y
necesaria entre la pequenez de la inteligencia humana y
la grandeza de la verdad suprema. Oigamos sobre el par­
ticular al sabio maestro D. Francisco lindado:
■:Si Dios es esencialmente incomprensible é inefable; si
Dios es esencialmente el misterio, la verdadera doctrina
acerca de Dios ha de ser doctrina de misterios. Un Dios
que cupiera dentro de mi entendimiento, sería más pe­
queño que yo; y una religión que cupiera dentro de mi
qabeza, bien pudiera haber salido de la de mi vecino,
• ' ^ ¿'l11® importa que el racionalismo acepte ó re-
chace el misterio sí esta palabra es la fórmula q,ue ex­
presa la relación esencial y necesaria entre la pequenez
fie la inteligencia humana y la grandeza de la verdad
objetiva? ¿Qué importa que quiera rechazarle, cuando se
ve en la necesidad de suponerle? ¿Que importa que el ra­
cionalismo rechace el misterio si el misterio rodea I íj

hombre por todas partes, le envuelve y le anega y le pe­


netra, y ói mismo es para si mismo un misterio? Pues qué,
¿ '.onoce el hombre todos loa secretos, todas las- fuerzas,
codos los resortes, todas las leves de la naturaleza? ¿Co­
noce la relación de todos los efectos con todas las causas,
-el por qué do todas las cosas, la esencia intima y subs­
tancial de todos los seres en sí mismos y en sus mutuas
relaciones? ¿Ha sorprendido ya las primeras palpitaciones
de la vida, y ha logrado explicar su desenvolvimiento y
su fia? ¿Podrá decirnos cómo y por qué la materia ot'gam-
zahle pasó á ser materia organizada, y de la célala se for­
mó la fibra, y de la fibra el órgano, y del órgano el apa­
rato ó el sistema, y de éstos el individuo viviente? ¿Sabe
cómo y por qué de un grano de trigo brota una espiga, y
dentro de un. huevo se forma uu poHuelo que salta del
cascarón á picar la tierra en busca de alimento? ¿Ha se­
guido paso a paso y medido exactamente el desarrollo dü
la conciencia en los diferentes grados de los seres, desde
el «o sabemos qué, en virtud del cual es animal la moliera,
hasta el pensamiento que se elabora en el cerebro del sa­
bio, y que se eleva al trono mismo de Dios, dejando atrás
mundos infinitos? ¿Sabe el hombre cómo y por qné ven
sus ojos, y oyen sus oídos, y articula su lengua, y aspi­
ran sus labios, y alienta su corazón, y siente su alma, y
<;rea su imaginación, y su memoria recuerda, y piensa su
entendimiento, y quiere y se determina su voluntad? ¿Sabe
en qué consiste ese lazo estrechísimo y sudl que une su
alma y su cuerpo para constituir la personalidad huma­
na? ¿Sabe cómo estas dos substancias influyen en la vida;
físico-raciónal del ser humano? En una palabra: ¿Ha con­
seguido la ciencia descifrar el enigma de Dios, ó hay es­
peranza de que llegue á conseguirlo4? ¿Ko son para ella un
-enigma todos los seres, desde el grano de arena hasta la
-estrella, desde el insecto hasta el hombre, y el más allá de
todas estas cosas? Muchas veces he dicho, pensando y
— 204 —
hablando do esto: No hay sabios. Los que llamamos ta­
les, parécenme como los indios del tiempo déla conquis*
ta} que recogían arenillas de oro en el cauce de los ríos;
cuando uno de ellos lograba llenar el hondón delamano*
mirábanle los otros con envidia, exclamando: ]Qué rico
es ése! [¡Rico!! Pues, ¿qué valen unos granitos de precio­
so metal, si se comparan con los inmensos tesoros qno
oculta la tierra en sus entrañas? ¿Y qué -vale todo lo que
el hombre puede saber, comparado con lo que no puede
menos* de ignorar? Por esto los hombres que han desco­
llado sobre los demás en el campo de la ciencia; los que
han dado su nombre á una época ó á un siglo; los genios
de la humanidad, han sido siempre humildes é inclinados
á creer; el misterio era para ellos una cosa muy natural»
porque la Itiz misma que los guiaba por el camino del sa­
ber les hacía columbrar en lontananza inexploradas é in-
explorables regiones de verdad, cuyos horizontes se en­
sanchaban más y más ante sus ojos á medida que iban
avanzando por el camino de la ciencia; y así, el resulta­
do subjetivo de sus trabajos más fecundos y de sus más
felices investigaciones era un sentimiento vivo, una con­
vicción profunda de su propia ignorancia y pequeñez, di­
ciendo, como Sócrates, en su corazón: «Sólo sé que no sé
nada,» Por el contrario; los hombres que rechazan el mis*
torio, me parecen semejantes á los niños, quienes se figu­
ran que en la cumbre de la próxima montaña el cielo se
junta con la tierra, y que no hay más mundo que el que
ellos ven. ¡Pobrecitosl Su inocencia los excusa. A los ene­
migos del misterio no podrá excusarlos su ignorancia. Si
niegáü lo sobrenatural en la Religión„ nunca podrán ne­
gar lo sobrenatural en la Naturaleza.»
— 205 —

l e u ' io n x x x v r r r

2 6 0 < L a reli^ióti católica e s obra de D io s. — 2 6 1 » Jiote* d« la


Igltísiu : A utoridad.'— 2 6 2 . Jíl protcstunt-ismo.— 2 6 3 * Itiialíbi-
litlad,— 2 6 4 , Indciectihílidw l.— 2 6 5 . Tro pie Lindos do la I{j1ckúi:
l/nidad, Visibilidad y Ptírpotuíilad.— 2 6 6 * X>>tas da 1& IgltiNÍa i
Unidad, Santidad, Catolicidad 3 - Ainj'.Lolicirlad, 2 6 7 . l ’ uoru do
la ig’lnsiki católica no hay salvación,— 2 6 8 . Dcstíníi dn los i]no
íniifirvn .sin el bautism o.

2 6 0 . Demostrado que 3a doctrina de Jesucristo es ¡a


única verdadera, y por consiguiente, que la religión cris­
tiana es obra de Dios, réstanos demostrar cuál de las re­
ligiones que se apellidan cristianas es la verdadera y
divina.
La Iglesia, en cuyo seno debemos vivir v morir, es la
católica, apostólica, romana, la que reconoce por cabeza
visible al romano Pontífice, porque es la que, fundada por
Jesucristo, continúa hasta nuestros días, mientras que las
demás religiones, mejor dicho, sectas cristianas, no han
sido fundadas por Jesucristo, como ya hemos visto.
2 6 1 . Siendo la Iglesia católica la depositaría y fiel
intérprete de la doctrina de Jesucristo, dicho se está que
debe estar adornada de ciertas dotes, ciertas propiedades
y ciertas notas que garanticen su divina misión. La Igle­
sia ostenta como dotes especiales la Autoridad, la Infali­
bilidad y la Tndefectibüidad. La autoridad suprema está
representada por el Papa, sucesor ele San Pedro, á quien
Jesucristo concedió el primado de honor y jurisdicción, u
la cual están sujetos los obispos. Estos, con el Papa,
é
— 206 —

constituyen el cuerpo gerórquico que, se llama Iglesia


docente.
En virtud de su autoridad, la Iglesia tiene potestad le­
gislativa y coactiva, ño solamente honorífica, sino real y
efectiva; así se desprendo de aquellas palabras de Jesús
á los discípulos: «Mirad por vosotros y por la grey univer-
scd...3> «El que a vosotros oye á M í me oye; el queá vosotros
lies precia á Mí me despreda.»
2 6 2 . Contra la autoridad de la Iglesia protestaron
en el siglo x v i los protestantes, quienes al proclamar La
razón individurd maestra única en materia religiosa,
constituyeron, no una religión, sino tantas cuantos son
los individuos de que se compon o, el absurdo: «El protes­
tante con su individualismo absoluto, es decir, con su es­
píritu privado, con su libre examen, no me parece herma­
no de nadie, ni hijo de nadie en el orden espiritual y re­
ligioso..., y cuando le veo apropiarse, ó más bien arrogar*
se el nombre de cristiano y defenderle viribus et armis
para que no se le arrebatenr me hace la misma gracia que
un loco que pretendiera entroncar con un personaje ilus­
tre, desconociendo á sus hermanos y renegando de sus
abuelos »
2 6 3 . La Infalibilidad consiste en que la Iglesia no
puede engañarse. Sin esta garantía podría caber la duda
de si serian eficaces los medios que enseña conducentes
á la salvación; Dios la prometió su asistencia, y si la Igle­
sia es depositaría de la verdad, como fundada por la Ver­
dad misma, ha de sor infalible. Así lo ha decretado el
Concilio Vaticano.
2 6 4 . La Imlefectibilidad quiere decir que la Iglesia
de Dios subsistirá siempre; esto significan aquellas pala*
bras de Jesucristo á, los Apóstoles: « Yo estaré con vosotros
todos los días hasta la coítsmtación de los siglos*^ y aquellas
otras que dirigió á San Pedro al fundar la Iglesia, «y las
puertas del infierno no prevalecerán contra ella».
2 6 5 . Las propiedades de la Iglesia de Jesucristo son
3a Unidad, la Visibilidad y la Perpetuidad,
La Iglesia do Jesucristo no puede ser más que unaf
porque una es la verdad, uno es Dios y una la religión.
Visible, porque habiendo sido instituida para continuar
la obra de la salvación humana, ha de constar, como el
hombre, de elemento invisible y de elementos visibles;
visibles fueron los Patriarcas, los Profetas, Jesucristo y
los Apóstoles; visibles han de ser sus sucesores en el or­
den sagrado, y visibles, por tanto, los ritos v el culto.
Por último» la perpetuidad de la Iglesia es un hecho des­
de el momento de su fundación, como dejamos dicho al
tratar de la indefedibilidad.
2 6 6 . Además de todas estas,condiciones que distin­
gue á la Iglesia Católica de todas las demás, tiene otros
caracteres de cognoscibilidad que comúnmente se lla­
man Notas.de la Iglesia, y son : unidad, santidad, catolici­
dad y apostolkidad.
Ya dejamos dicho en qué consiste la unidad: la santi­
dad se infiere del hecho de ser obra inmediata de Jesu­
cristo, que es el Santo de los Santos, y ndemás porque
santifica por la gracia á los fieles que practican su doc­
trina, Por esta razón la Iglesia beatifica y canoniza fre­
cuentemente á los hijos más esclarecidos por sus virtu­
des. La catolicidad, que quiere decir universalidad, en un
Jiecho evidente, porque se extiende por toda la tierra, y
porque en la Iglesia Católica pueden ingresar todos los
hombres de todos los pueblos y de todos los tiempos; por
eso dijo Jesucristo á los Apóstoles: «Id y enseñad el
Evangelio á toda criatura*. Finalmente, nuestra Iglesia
se llama apostólica, porque su fundamento fueron los
— 208 —
Apóstoles, especialmente San Pedro, á quien dijo Jesús:
Tú eren Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi lgleaia»,
y más tarde; «Pedro. apacienta mis ovejas»; y como este
aaüto fijó su silla en Roma como jefe supremo de la lg lo -
sia y Vicario de Jesucristo en la tierra, todos los obis­
pos que le suceden en la sagrada Cátedra se llaman
Obispos de Boma y por tanto, la Iglesia que gobiernan
y ,

se Uama romana.
2 6 7 . De lo dicho anteriormente
K
se deduce
!s
esta ver-
-dad: Fuera de ¡a Iglesia no ha,y salvación. Este dogma,
raio de los que más escandalizan á los racionalistas, se
explica desenvolviendo este principio, admitido por los
mismos racionalistas*
Siempre obra bien el que sigue de buena fe, sin error
voluntario, el dictamen de su conciencia, De aqui se
deduce: 1.°, que no puede haber castigo donde no hay
culpa, ni culpa donde no hay libertad, ni libertad donde
no hay conocimiento; y 2,°, que ninguno deja de ser feliz
sino por su cansa (1).
]£o quiere decir esto que se abran las puertas del cie­
lo á los hombres de todas las religiones con tal que las
profesen de buena fe, porque para llegar al cielo no hay
más camino que el de la religión verdadera, y el que
yerra, aunque sea de buena fe, no llega, no por su culpa,
sino por su desgracia, á no ser que Dios por un milagro
les infunda la gracia sobrenatural, si no ponen otros obs­
táculos que el error de buena fe; de modo que la religión
falsa es como una atmósfera envenenada, dentro de la
cual sólo un milagro puede preservar de la muerte; mien­
tras la religión verdadera es la atmósfera sana donde se
respira aliento de vida.

fjj V, Kf At'.iift¡l'J ¡f !*> i/ ií


209

268. • Aplicando los principios anteriores tendremos,


que loa niños que mueren sin el bautismo no ontran en el
cielo; pero la Iglesia, ni los condena á tormentos corpo­
rales, ni niega que puedan ser felices; y en efecto, pue­
den serlo, con aquella felicidad de que es capaz la natu-
raleza humana no elevada por la gracia. El mismo des­
tino pudieran tener los adultos no católicos que obran de
buena fe, «hallando su felicidad en Dios, que siendo el
Autor, es también el último fin de la criatura racional,
hacia el cual gravitan todas naturalmente como los cuer-*
pos sublunares hacia la tierra, y al cual no pueden me­
nos de llegar si voluntariamente no se extravían.»
— 210 —

L E C C IO N X X >
2 6 9 . R ela cio n o * entro ln ig le s ia y ol E sta d o . — 2 7 0 > La sopara-
eión (lú la Ig le sia y del E sta d o es imposible». — 2 7 1 . D eberes
<ltil lista d o on ul orilflu p uram en te n a tu r a l. — 2 7 2 . D eberes del
E sta d o on uua n ación c a t ó li c a — £ 7 3 . D eberos del E sta d o on
lina miciún no católica.

269. Las relaciones que necesariamente median en­


tre la Iglesia y la sociedad civil, han sido objeto y lo son
todavía de grandes polémicas por parte de filósofos y de
políticos; pero la cuestión, mirada á la luz que arrojan
loa conceptos de derechos y de libertad, se presenta muy
sencilla.
La palabra derecho es un adjetivo que significa lo que
va desde un punto á otro, ó sea desde ol principio al fin
sin declinar ni á un lado ni á otro: el derecho es, pues, la
ordenación de las acciones libres al fin último. El princi­
pio es Dios, como autor del hombre; el fin es Dios, como
bueno en sí y como bueno para el hombre; luego el fin se
impone al hombre, es decir, el hombre se dirige necésa-
riamente á Dios; no es, pues, objeto de su libertad; im­
poniéndose el fin, se imponen los medios necesarios, los
cuales no pueden ser objeto de la libertad moral, ni tam­
poco pueden llamarse materia del derecho; v. gi\, en
la sociedad doméstica la crianza y educación de la fami­
lia, que es el fin y los medios necesarios, tanto morales
como materiales, se imponen como deber ¿t todos los in­
dividuos; lo demás es objeto de la libertad y materia del
derecho.
De la misma manera, en la sociedad civil se impone el
bien común material, intelectual y moral de los asocia­
dos y los medios necesarios para realizarle. Imponer algo
más es tiranía, «y el mismo derecho de gentes, que liga

© Biblioteca N acional de España


— 211 —

entre sí a las sociedades, constituyendo lo quo pudiéra­


mos llamar derecho humanitario, no puede fundarse en
otro principio ni tener otra explicación.
2 7 0 , Según esta doctrina, no puede admitirse la in­
dependencia recíproca de la Iglesia y del Estado, «por
lo mismo que no puede admitirse la independencia recí­
proca de la tierra y el cielo, del hombre y de Dios, del
cuerpo y del alma, ÜSTo puede admitirse, porque no se
puede expulsar á Dios de la sociedad, negándolo la so­
beranía, que realmente le corresponde sobro todos juntos,
lo mismo que sobre cada uno en particular. No puede
admitirse, porque no se puede partir al hombre en dos
mitades, confiando el alma á la Iglesia y entregando el
cuerpo al brazo secular del Estado.»
2 7 1 , Los oficios y deberes del Estado están bien
definidos» según las circunstancias,
«Considerada la sociedad en estado de naturaleza
pura, ó sea careciendo de toda revelación sobrenatural,
al Estado incumbe ordenar y dirigir las acciones de los
ciudadanos al último fin, que es Dios, como autor de la
naturaleza: no porque le corresponda imponer ninguna
religión, ni prescribir un culto determinado; sino porque
está obligado á procurar que no haya en la sociedad, ni
religión, ni culto, ni cosa alguna que sea contraria á, la
ley natural, de la que es órgano legítimo, aunque no sea
ni pueda ser infalible, por lo cual puede incurrir en error
y aun hacerse reo de tiranía.
272» Pero si Dios se ha dignado hablar al hombre
por medio de la revelación sobrenatural, claro es que su
palabra ha de ser ley suprema del individuo y de la so­
ciedad, por ser expresión de la verdad y del bien abso­
luta, sin mezcla alguna de mal. Y si ha establecido una
autoridad infalible, que la propague, enseñe y juzgue
— 212 —
conforme á ella, á esta autoridad corresponde la ordena­
ción de todas las acciones hamacas al último fin. En este
caso el oficio del Estado consiste en la tutela, protección
y fomento de los intereses materiales, intelectuales y
inórales de los asociados con subordinación á las normas
infalibles de verdad suministradas por la Iglesia.
2 7 3 . Cuando el Estado no es católico, pueden ha­
cerse las siguientes reflexiones:
L* Como la Religión católica evidentemente no con -
tiene cosa alguna contraria al derecho natural, sino que
le sublima y perfecciona condenando todos los vicios
hasta su raiz y prescribiendo ó aconsejando las más altas
virtudes, todo Estado tiene obligación de respetarla y
protegerla, respetando y protegiendo la nativa libertad
do los ciudadanos, según los principios que dejamos es­
tablecidos.
2.11 Si el Estado no es católico, por error invencible
del principe y demás personas que constituyen la per­
sonalidad del Estado, ó do los individuos que forman Ja
sociedad, óstos están exentos de toda responsabilidad,
obrando con arreglo á loa principios que de buen A f e pro*
fesan; porque el error invencible excusa de pecado.
‘6 .a Si los hombres que constituyen una sociedad pro­
fesan diferentes religiones, y no es posible por medios
justos que los principios católicos sean la norma de la so‘
ciedad, los gobernantes deben atenerse al derecho natu­
ral, ó á los principios comunes á las diferentes religiones
que estén conformes con él; porque la necesidad también
excusa de pecado, Pero nunca es licito á un católico que­
brantar los preceptos negativos del catolicismo, ni aun en
cumplimiento de sus funciones oficiales, por ser cosa in­
trínsecamente mala.
ÍNDICE
DK LA

HISTORIA SAGRADA Y NOCIONES DE RELIGIÓN

l'ÁniNAS
L kcchjN rum.iMia¡.An.— Quo es H istoria.— Cómo se divide.— -
Qué es Historia Sagrada.— Periodos en que se divido.— ¿ p o ­
cas quo comprando ol A ntiguo Testam ento- — Epocas que
comprende el S u ev o Testam ento............. ............... .. ................ ..
L kc. I.— Quién es Dios.— Pruebas de l:t existencia do Dios*—
Atributos divinos*. . . b5
L k<;, I I ,— Creación del mundo.— El hombre.— El Alma.—
El alma es unaf idént ica y reside en todo el cuerpo,— Unión
dol alma y el cuerpo.— Inmateriftlidad y simplicidad del
filma.— Espiritualidad.— Origen del alma.— Inmortalidad
dol alma.— El hombre rey do la crca ción ............................. SO
JíVí •. IIL — Adán y Eva en ol Paraíso,— Pecado original. —
Sus consecuencias, — Cain y Abel.— Set.— Xoó y el diluvio. ÍKi
LivC, I V .'— Bondad constante del Señor.— Significación del
arca do Noé — Decadencia de 1» especie humana. — Embria­
guen de Noé y maldición de la descendencia de Cam,—
Torre de Babel,— Dispersión del género humano.— La ido­
latría ................................... ................. ............... ........................ 56
L kc, Y ,— Vocación de Abrahnm.— Agar é Jsmnel.— Sacrifi­
cio do Isaac.— Destrucción de Sodoma y Oomorra. Salva­
ción de Lot y su fam ilia.— Justicia do este ca s tig o .. . . . . 9®
IjKc. VI.— Casamiento do Isaac y muerto do Abralmm.—-
Esaú y Jacob.-— Sueño de Jacob.— Hijos do Ja cob .— His­
toria de José.— Xuerte do J a c o b .............................. ............ 102
I jEX:. V I I . — Job : hii paciencia y. desgracia.— Significación de
J ob .— Su rehabilitación, — Lil>vo de J ob ................................ !0l>
IiE<\ V i l l .— Persecución on Egipto contra los israelitas.—■
Nacimiento de Moisés.— Huida do Moisés ív Madián.—
Elección do Moisés,’ —retición de Moisés al rey de Egip­
to .— Plagas de Egipto,— Institución de la Pascua......... .. . 10!?
— 214 —

L kc. I X .— Paso dol mar R ojo y muerto del faraón.—-Bene­


ficios dol Señor en favor de los israelitas.— L a pella do
Horob. — Promulgación do la Ley, — Idolatría del pue­
blo,— Castigo que recibe.— Mandamientos dijl Soñor.—
E l Tabernáculo, ni Arca Santa, y los objetos que con­
tenía.—-Elección de Aarón pui'u 6l servicio divino.— Fies­
tas y sacrificios,— Respeto quo so debe á los objetos sa­
grados. .............................. ............. * ......................... 11*2
L bc . X . — Peregrinación do cuarenta años.“ -N u eva idola­
tría.— Castigo* Moisés alza la serpiente-— Muerto do Moi­
sés. -^M oisés historiador y escritor, — Expliceción de los
libros quo escribió.— Elección de Josué-— Tom a do Jen*
c ó .— Victoria de Gabaón,— Distribución do Canaán y muer­
te de .Tobuú. — L ibro de Josué,. ♦ , .................* ............................. 117
Litr. X I.— Gobierno do los israelitas.— Los juecos. Robora
y (rodeón*-—Joftó.— Sansón.— El libro do los jueces,—
Helí, juez. Cautividad dol A rca.— Samuel, ju e z ,— Libro de
los reyes.— Historia de "Rut. — Libro de H at........... . . . . . . lül
L eo. X I I .— Saúl, rey.— Unción de David.— Combate de Da­
vid con Goliat.— Persecución contra David.— Muerto de
Saúl.— David, r e y .— Castigo de O za.— C iáticos de David
ante el Arca.— Grave faUa de David.— Castigo que reci­
bo*— Muerte de David.— David profeta y músico.^—Los
Salmo*,— Salmos proféticos, 755
L ec:. X III.— Salomón, rey, pide A Dios la sabiduría.— Edifi­
cación del tem plo.— Caída do Salom ón,— Juicio do Salo­
m ón,— Libros quo escribió Salomón,— Su explicación,—
Proverbios de Salomón ................................. *. *..................... 129
Licc. X IV .— Roboún, rey. División del reino do I s r a e l. — Je-
robrmn, roy d e lsra o l. Su id olatría.— R eyes que le sucedie­
ron.— Acab y Jozabel. Castigo quo les anunció E lia s .—
Muerte de Acab y do Jezabel.— Elias y Elíseo; sus prodi­
gios. . * . * . , . , , , ................ ........... .............................................. l-.ití
Lk<■ XV.— 0 cocías,— Jorán: guerra con Siria»— Elíseo salva
á Samaría.—Jehú y reves quo lo siguen.— Destrucción dol
rotno de Iarael por SalrnanaSrtr,— Tobías. — Libro do To
bias. .......................... .. .............................. ......................... 135
L eí., X V I.“ Royes do Judñ. después di¡ Roboán.— Ecequias;
Guerras con Asiría.— Su religiosidad.— Manasés : su cau­
tividad.—Royos sucesivos. — Judit y Holofernes . . . * ♦ * * . 135
L ec. XVII. — Sedee tas : Destrucción del reino de Judá por
Xabuoodonosor*— Proioeiade Jeremías sobre este hecho.—
Lamentaciones de Jeremías,— Daniel y sus compañeros,—
La casta Susana.— Los tres jóvenes en el horno,— Sueño ,
— 215 —
P.ífilXAS

da Nabucodonosor.— Castigo de este roy.— Cena da Bal­


tasar;— Destrucción dql imperio asirio.— Pro facía do Isaías, 111
Lkc, X V III.— Daniel en la cueva de los loónos.— El Idolo
Bol.— Profecía de Jas Setenta Semanas.— Libro do los Ho­
yes,— Los Par«lip6mcüos.— Su objeto , ...................... li¿
Lkc, X IX .— Fin de la cautividad.— Z orobabol. fteedific ación
del templo*— Los judíos en .su país.— 'Persecución do Aman.
Libros do iísdras,— -Libro de Ester* * . . . . * .............................. Míf
L ec, X X ,— Alejandro Magno en Jerusalún,— Los hebreos
en Egipto.—^Profanación do Soleuco.— Persecución do
Antioco.— Matatías.— Fin de Antioco,— Jonatás.— Sus
sucesores hasta Jíerofles*-— Los hijos do H erodes................... 15T>
L ec . X X L — Estado dol mundo á la venida de Jesucristo.—-
Expectación general.— Descripción de Judea,— íd em de
Jeruealón.— E stado y sectas de los judíos . . . . . . . . . . . . . l^'J
Lttc, X X I I . — Aparición del Ángel á Zacarías*— Aparición ?l
María* L a E n c a m a c ió n .— Cántico do María,— Nacimien­
to del B autista.— X aci miento del M esías.— Adoración de
loa pastores.— L a Circuncisión. Sim eón.— Adoración do
los M agos.—-H uida á E g ip to .— D egollación de los Inocen­
t e s .. . . . » .............................................................. .. .............. ♦ ............... , l.Ví
L jsc. X X I II.— Vida de Jemis en Nazaret.— Predicación de
Juan Bautista,— Bautismo de Juan,— El Señor es bauti­
zado.— Misión do Jesucristo,— Jesús en ol desierto,— Elec­
ción de los Apóstoles.— Palabras que les dirige el Soñor.,
Lk c. X X I V * — Primer m ilagro que hizo J csús. — Sm-món de
la Montaña.,— Perdón de las injurias i pureza del a l m a :
modo do dar lim oshai oración dom inical: fortaleza de la fe, lGt ■t
LKf‘, X X V . — Qnó son parábolas.'— -Parábola del Hijo Pródi­
g o .— Idem do la Oveja Perdida.— Idem del Rico Avariento. l(ii
Lkí\ X X V I .— Parábola del D a 0*0 de la V iña. “ ídem del Tri­
go y la Cizaña.— ídem do los Criado* "quo esperan al
A m o , — íd em del Sem brador. 107
L k c , X X V I I .--P r e d ic a c ió n de Jesucristo.— Descripción del
ju icio final,— Carácter de los m ilagros de Jesús. — Varios
de estos m ilagros.— Curación dol paralitico.— ídom del
ciego de nucimiento. — Resurrección de L á z a r o ............ . * . ÍTO
L kc. X X V III.—-Ceguedad do los judíos*'— Dútermiuan matar
a, Jcaús.— Tentaciones que hacen los judíos al Señor. —
Profecías de Jesucristo,— Institución de la Iglesia.— Trans­
figuración del Señor.* , ................ ♦ ♦ ............... , ................................ 1T^
Leí*. X X I X .— Entrada del Señor en Jorusalén.— La Cena,
Institución de la Eucaristía*— E l Lavatorio.— Despedida
de sus discípulos,— Oración on el Monte do las Olivas. —
— 216 —
I'.ltilX A S

Prisión de Jesús.— Jesús en casa do Caifas*— N ogación de


San Pedro, — Fin de Judas,* .......................................... 17f>
L kc. X X X , — Jesús en casa de Plinto,— Jesús en azotado,—
Jlcce homo.-— Jesús en el cam ino del C alvario.— Muerte do ’
Jesús.— Confesión del Centurión.— Se pulcro del Señor.—
R esurrección.— Aparición á Muría M agdalena.— A parición
á. sus. discípulo»,— Encargo que hace á. Pedro. . » , * ......... 17H
L k c . X X X I .— Venida del E spirita Santo,— Predicación d é lo s
A póstoles, — San Esteban.— Conversión de S a n io .— Idem
del centurión C om elio.— Concilio de Jorusalén, E l Credo*—
Apostolado de San Pkblo. .......................................................... 1^1
L kc:. X X X II* — A postolado de San P ed ro.'—M uerte de San
Podro y San Pablo. —Suerte de los demás A p óstoles.— Ul­
tim os años de la V irgen M a ría ,—-T riu n fo del Cristianismo* 184
L eo. X X X I I I ,— Los Evangelistas, N oticia do los E va n gelis­
ta s.— Los hechos de los Apóstoles, las lip istola s y el A p o ­
calipsis ...................... .................... .. ........................ * , , . . . ♦ . 187
L ec . X X X IV .— Concepto de la religión,— Necesidad de la
religión.'—‘Clasificaciónfifí do las religione.s.^Iicligionos
monoteístas.— Religiones politeístas,— La revelación. Su
necesidad.-^Ley natural*— L ey escrita*— Ley evangélica. 1^9
L kí:. X X X V — Religión verdadera.— Existencia real do J e ­
sucristo.— Jesucristo es el Mesías.— Divinidad de Jesucris­
to: Por razón de su vida»— Por razón de su doctrina.-—'Ver­
dad de los libros Sagrados.— El M ilagro.— Josucristo hizo
m ilagros .. . , . . . ............ .. * .......................... . , 194
L kc. X X X V I .— L a P rofecía,— P rofecías do Moisés sobre el
pueblo ju d io .— Su cum plim iento.— P rofecías do D avid.—
Idem du Isaías.— Idem de Kacariaá y M aLaquias.. . . , . . l&S
L kc. X X X V i l .— E l misterio*— El m isterio 03 ley de la razón. 202
L kí*. X X X V I I I .— La religión ca tólica es obra do D ios.— D o ­
tes de la Iglesia : A u torid ad .— E l protestantism o,—'In fa li­
bilidad.-—lu d efectib iliila d .— Propiedades do la Iglesia: Uni­
dad, Visibilidad y Perpetuidad.— Nietas de la Ig le sia : Uní’
dad, Santidad, Catolicidad y A postolicida d .— E ucra do la
Iglesia ca tólica no hay sa lv a ció n .— Destino de los que m ue­
ren sin el b a u tism o .......................... * . ........................................ "205
L ec . X X X I X .—Relaciones entro la Iglesia y el Estado.— La
KeparAciún de la Iglesia y del Estado es imposible*-—Debe­
ros del Estado en el orden paramento natural.— Deberes
del Estado en vina nación católica.— Deberes del Estado en
una nAción no católica................................ , . . , . * ................* 210