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Pretende evaluar el estrés que se experimenta en el ejercicio de la paternidad/maternidad,

asumiendo que éste puede producirse por las características de los padres, por ciertos rasgos
conductuales del niño y/o por variables situacionales que se rela-cionan directamente con el rol
parental.

A partir de la suma de estas tres subescalas se obtiene una puntuación fnal global que se
denomina Estrés Total. La pun-tuación en esta variable indica el grado de estrés que los proge-
nitores experimentan al desempeñar su papel como padres. Más concretamente, esta valoración
reFeja las tensiones que se regis-tran en las áreas de malestar personal de los padres, las tensiones
derivadas de las interacciones que mantienen con el hijo, y aque-llas otras que tienen su origen en
las características conductuales del niño.

el PSI-SF proporciona una medida de los nive-les de estrés parental en poco tiempo de
administración, y podría ser utilizado como medida para la detección de progenitores con
elevados niveles de estrés, ya sean provocados por sus propias características personales o por los
rasgos conductuales o tempe-ramentales de sus hijos.

Por ejemplo, los padres con puntuaciones elevadas en la subescala de Estrés derivado del Cuidado
del Niñopodrían necesitar progra-mas de entrenamiento y manejo de la conducta de su hijo para
promover interacciones sensibles con sus hijos. En cambio, los padres que puntuaron alto en
Malestar Personalpodrían requerir intervenciones más centradas en el manejo del estrés de
aconte-cimientos vitales del contexto más amplio.

Evaluar elementos o variables más específcos que contribuyan al estrés parental no solo podrá
reforzar en los investigadores la capacidad para com-prender y predecir los modos en que el
estrés y el afrontamiento interactúan con las conductas de paternidad, sino que también les
ayudará en el desarrollo de intervenciones más adaptadas indi-vidualmente a las características
particulares de los niños y sus padres.

La importancia de programas preventivos oportunos es clara cuando se considera que


generalmente el niño llega hasta los profesionistas de la salud mental cuando comienza su vida
escolar. Esta demora en la identificación entre el año y los cinco años de edad provoca con
frecuencia una situación negativa que influye en el desarrollo del niño a tal grado que hace difícil y
costoso un remedio subsecuente. La habilidad para identificar tales situaciones de alto riesgo tan
tempranamente como sea posible permite intervenciones más eficientes y efectivas.

http://www.redalyc.org/html/727/72715515074/

Oliva, Parra&Arranz (2008) proponen estilosparentales relacionales asociados con el clima


ycaracterizados por el apoyo, el afecto, la comu-nicación y la promoción de la autonomía
desdeuna perspectiva más multidimensional, no sólo deafecto y control en las pautas de crianza.
Oliva,Parra, Sánchez&López (2007) también estudianlas relaciones entre estilos parentales y ajuste
deladolescente y destacan las relaciones con el de-sarrollo de los hijos.
En cuanto al estrés y sus implicaciones en la con-ducta parental, Mistry, Stevens, Sareen, De
Vogli&Halfo (2007) realizaron estudios sobre saludmental materna y la inFuencia en el
desarrollode los niños.

Entre las problemáticas emocionales de los pa-dres o cuidadores que inFuyen en las relacionescon
los hijos y en los estilos de crianza está elestrés, como se evidencia en las investigacionesde Vera,
Grubits&Rodríguez (2007), en lo quese re±ere al estrés de la madre en las pautas decrianza de
niños de uno a cinco años y la esti-mulación, y en el que se encuentra que a mayormanejo del
estrés hay mayor estimulación del de-sarrollo de los niños.

También Deater-Deckard (2004) plantea que las al-teraciones en la conducta parental resultante
deestrés se relacionan con problemas emocionalesy cognitivos en el desarrollo durante la
infancia;además, los problemas de comportamiento de losniños también alteran el
comportamiento parentalestableciéndose una relación bidireccional.

Respecto al estrés y edad de los hijos Oliva, Mon-tero&Gutiérrez (2006) estudiaron las
relacionesentre el estrés percibido por los padres por susexperiencias personales y el estrés
percibido porlas características de sus hijos de cuatro a seisaños de edad. Encontraron que el
estrés parentalaumenta con el nivel socioeconómico bajo y conla edad de los hijos. También hacen
recomenda-ciones para la detección y prevención tempranade problemas emocionales y
conductuales en lainfancia.

Para la justificación:

http://www.eldiario.ec/noticias-manabi-ecuador/241865-el-estres-afecta-al-10-de-las-familias-
ecuatorianas/

http://www.revistahogar.com/salud.php?id=1562

http://www.elcomercio.com/tendencias/estres-causa-trastornos-mentales.html

https://lahora.com.ec/tungurahua/noticia/1102090373/tungurahua-tercera-provincia-con-mas-
estres-en-el-pais

Los problemas emocionales en los padres mostraron una relación directa significativa con la
presencia de dificultades conductuales o emocionales en el hijo. La salud mental de los adultos
también mostró diferencias en función del sexo. Entre los padres, la autopercepción de tener
problemas emocionales y, entre las madres, la de sentirse desmoralizadas, se asociaron con
mayores problemas conductuales o emocionales en el hijo. Es factible que, de haber sido mayor
el tamaño muestral, la autopercepción de problemas emocionales en la madre también hubiera
mostrado una asociación estadísticamente significativa; ese análisis tuvo un poder de apenas
48%, en comparación con 56% en el caso del de los padres.
La enfermedad mental del padre o de la madre puede constituir un factor de riesgo genético y
ambiental para el hijo (44), cuya relación con los demás puede afectar a su autoestima, a sus
vínculos afectivos y a sus facultades cognoscitivas, factores que a la larga podrían vincularse
con un cuadro sintomático (45)…

autores Robert Kohn,1 Itzhak Levav,2 Paulo Alterwain,3 Gloria


Ruocco,3Myriam Contera4 y Sheri Della Grotta1 ( revista panamericana d ela
salud.. Rev Panam Salud Publica/Pan Am J Public Health 9(4), 2001

El estrés en el sistema familiar durante los primeros tres años de vida es especialmente
crítico en relación al desarrollo emocional-conductual del niño y en la relación de este con
el padre (McLoyd,1990).