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EL CAMINO

“Yo soy el Camino, la Verdad, y la Vida”.


(Jesucristo)

La piedrecita y el bache son parte del Camino.


El obstáculo, el tropezón, nos recuerdan que estamos en él.
El presentir una meta nos emociona.
Detenerse a ver el paisaje anima a seguir hacia delante, para ver más y más.
Un descanso no significa una renuncia, sino acumular fuerzas para el resto.

El fin y la meta están claros,


pero cómo sea el Camino hasta llegar depende de nosotros.

Ten mucho cuidado de que tu Camino no sea una cárcel.

“No trates de cambiar tu deber por el de otro, ni descuides tu trabajo por


hacer el de otro. No importa lo noble que éste pueda ser. Estás aquí para
descubrir tu propio camino y entregarte a él en cuerpo y alma.”
(Dhammapada, Buda)

Ningún Camino que lleve a la felicidad es bueno


si no se es feliz durante el trayecto.

En este capítulo escribiré siempre Camino, (y no Ccamino,


con mayúscula y minúscula, como hago en todas las demás
ocasiones para que cada uno lo valore como algo
grandioso, Camino, o como algo normal, camino, y nadie se
sienta ofendido, y todos satisfechos), porque sólo vamos
a hablar del Camino con mayúsculas. Del Camino grande,
amplio o sinuoso, floreado o enzarzado, por el que se
puede ir cantando o regándolo de lágrimas. Es el Camino
inevitable que alguna vez tienes que emprender, en el que
una vez enfilado no vale darse la vuelta y volverse.

Francisco de Sales
EL CAMINO

Es imposible hacer este Camino si vas cargado de


ambiciones y orgullo… y es desesperante si vas buscando
la meta con ansiedad.
Requiere la desnudez absoluta de todo aquello que no sea
Uno Mismo; requiere deshacerse de las capas que te
aíslan, de los miedos que te constriñen, de las dudas que
te angustian… y requiere borrar de la intención la
necesidad de llegar al final como objetivo y meta, porque
lo importante del Camino es hacerlo, conociendo cada uno
de los pasos.
El propio Camino es el motivo del Camino; la meta no es la
motivación.
Cuando inicias el Camino y pones enteramente tu voluntad
a su servicio, observas con asombro que entonces es el
Camino el que se mueve bajo tus pies, ya no tienes que
hacer otra cosa más que no oponerte. Si acaso, vigilar a
tu yo minúsculo para que no se inmiscuya en este proceso
en el que no tiene motivo ni cabida.
Cuando se decide iniciar el Camino, con auténtica
confianza, fe y vocación, no hace falta estar vigilando
continuamente por dónde vas, porque una cohorte de
angelitos al mando de tu Yo Superior, te cuidarán y
vigilarán para que llegues intacto, y creciendo, como en
una cuenta mágico, a cada paso que des.
Si tienes que esforzarte para seguir el Camino es que lo
has perdido.

El Camino Iniciático, el que te lleva a descubrir lo


profundo, lo secreto, lo desconocido que eres tú, es un

Francisco de Sales
EL CAMINO

proceso que requiere honestidad, pureza, profundo amor


hacia ti mismo, dedicación, cuidado, más amor…
Comienza, con poca intensidad y sin darte cuenta, en tu
nacimiento. Es una trayectoria invisible, y los pasos que
des se notan muy poco, y nunca de un día para otro. Sólo
cuando lleves un tiempo y hayas hecho un trecho largo
podrás mirar hacia atrás y darte cuenta.
Ese devenir (llegar a ser el que aún no eres), según dice
Dürkheim, está relacionado con la experiencia del Ser y
con el esfuerzo por retomar la unidad con Él, y es un
trabajo sin descanso hasta alcanzar un grado que te
transforme como persona, hasta que llegues a una
relación íntima con lo Absoluto que no se base en una
creencia, sino en la presencia, cada día más notable, de la
trascendencia que distingue a la persona total.
Decía también que: “al ir avanzando en el Camino, el ser
humano se siente, a pesar de su imperfección, cada vez
más ligado a lo divino, y marcado con el sello de lo
sobrenatural”, porque el Camino es la vía de regreso al
origen, a la auténtica naturaleza, a casa. A ningún otro
sitio va el Camino del que te hablo.
Decía que, tras sesenta años de búsqueda incansable y
práctica, de conocer varias religiones y disciplinas, que
todo lo hecho, vivido, buscado, sentido, experimentado,
comprendido en toda su vida, se podría resumir en una
frase: “Dejarse encontrar por Dios”.
Aprendió que no es necesario hacer, sino confiar; tener
la seguridad de que cada uno de nosotros estamos
cuidados con total atención y exquisito mimo por Dios;
creer sin fisuras en el Amor del Padre que no permitirá

Francisco de Sales
EL CAMINO

que no se cumpla el buen destino de cada uno; estar


abiertos, receptivos, ávidos de lo que la vida nos vaya
poniendo por delante, viviendo en cada momento la
experiencia que nos proponga ese momento; no oponerse
a la realización de la Creación Divina, en la que de alguna
manera estamos participando…
Hay que encontrar el difícil equilibrio entre confiar y
querer ser el dueño del propio Camino.
El Camino es la propia vida de cada uno y no hay atajos:
lo que dura la vida es lo que dura el Camino.

Los obstáculos forman parte del Camino. Son inevitables.


Los vas a encontrar siempre y no has de preocuparte por
ellos. Cuando se presentan, y con la fuerza que tengas en
ese momento, los resuelves. No es posible hacerlo antes.
Hasta que no aparezcan y te encuentren, no sabes su
magnitud o su ridiculez. No es necesario planificar
fórmulas para evitarlos; es mejor que seas consciente de
que existen y ante cada uno de ellos toma la actitud que
consideres adecuada.
Usaré el Camino como metáfora: si el obstáculo es
pequeño, salta por encima de él, pero no menosprecies el
salto, porque un pequeño error de cálculo, y al caer
puedes hacerte daño. Si el obstáculo es mediano, puedes
apartarlo, aunque requiera un pequeño esfuerzo, o
puedes valorar la opción de rodearlo; si es enorme,
plantéate serenamente si debes pararte, si debes pasar
por encima aunque tengas que escalarlo y el esfuerzo sea
sobrehumano, si debes salirte de ese Camino y buscar

Francisco de Sales
EL CAMINO

otro que te lleve al mismo destino, o qué otras opciones


tienes.

El principal obstáculo para llegar al Yo es el yo.


Planteará cuantas excusas y triquiñuelas se le ocurran
para entorpecer e incordiar, la mayoría de ellas en forma
de excusas: ya no voy a cambiar a mi edad, uno es como
es y se tiene que conformar, etc… etc… obsérvalos y
verás cómo casi todos son apegos. Sí, ya lo sabes: uno se
llega a apegar hasta las cosas malas porque, por lo menos,
son conocidas.

En mi realidad actual hay motivos, reales o imaginarios,


que impiden el desarrollo natural de mi Ser y me tengo
que enfrentar a ellos y resolverlos. Y si estoy seguro de
estar en el Camino, si sé o intuyo lo que hay al final y
quiero conseguirlo, habré de enfrentarme con todas mis
fuerzas, o con todos mis miedos, a los obstáculos que van
a querer impedírmelo.
La naturaleza de cada uno será condicionante, bien como
ayuda impagable o como dificultad a añadir a las otras
dificultades.
Si se afronta desde la violencia uno puede acabar
lastimado, y difícilmente podrá salir despavorido el
obstáculo; si se afronta desde la sutilidad, desde lo
femenino, rodeando, engatusando al obstáculo, quizás
para cuando se dé cuenta ya ha sido eliminado; si se
afronta desde el diálogo, desde el conocimiento o desde
la comunicación sincera, desde el deseo de que nadie
salga humillado ni lastimado, el obstáculo colaborará

Francisco de Sales
EL CAMINO

apartándose por propia voluntad; si se afronta desde el


amor, no hay obstáculo que se resista.
Pero si el obstáculo no existe, nunca ha existido, no está
en ninguna parte, es un decorado de película o una
fachada y detrás no hay nada, entonces habremos estado
gastando el tiempo y la energía para nada. Averiguar si lo
que aparenta ser un obstáculo lo es en realidad o es un
miedo o una traba que ponemos nosotros mismos.

¿Cuántos obstáculos no son de verdad?

¿Cuántas veces el obstáculo está dentro y no fuera?

Como en todo: la observación atenta y la consciencia


ponen las cosas en su exacto sitio.
Como siempre: si creemos en los obstáculos, los
crearemos.

RESUMIENDO
La vida es el Camino. Vivir implica emprender el Camino. No
hay otra meta en el Camino que Uno Mismo. La fe y la alegría
son buenos compañeros de Camino. Nadie va a hacer el Camino
por ti. Ya estás en el Camino; ahora, ponle unas flores.

Francisco de Sales
EL CAMINO

Francisco de Sales

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