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Reflexiones sobre las relaciones de pareja

Niño García José Manuel

Facultad de Psicología
Universidad Nacional Autónoma de México

There are all kinds of love in this world, but never the same love twice​.

F. Scott Fitzgerald

Nothing in life is to be feared; it is only to be understood​.

Marie Curie

La libertad es una de las cualidades principales que posee la condición


humana. A su vez, también se trata de uno de los derechos humanos más
defendidos y amenazados a lo largo de la historia. La libertad se refiere a la
posibilidad que toda persona posee al tomar sus propias decisiones y al mismo
tiempo no debe poner en riesgo la libertad de otras personas.
En gran cantidad de países de occidente, se cuenta con libertad de
pensamiento, libertad de opinión, libertad creativa, libertad de creencia, etc. Aunque
estos derechos están planteados en tratados internacionales, constituciones y actas
de derechos humanos, la realidad social es distinta a los planteamientos teóricos.
Hoy en día se encuentran vigentes una serie de luchas que tienen como objetivo la
equidad de género, derechos de la comunidad LGBTTTI (Lesbianas,Gays,
Bisexuales,Transgénero,Travestis,Transexuales e Intersexuales), protección de
minorías en situación de vulnerabilidad y la inclusión de todos estos grupos dentro
de la elaboración de políticas.
La libertad está relacionada directamente con la toma de decisiones,
específicamente en el hecho de que toda aquella persona que toma una decisión
debe tener la libertad de elección considerando preceptos morales que atañen a los
demás.
Uno de los principios fundamentales dentro de la toma de decisiones es el
espacio de elección. El espacio de elección se refiere a las opciones disponibles y la
capacidad cognitiva que posee la persona para tomar en cuenta todas las opciones.
Uno de los supuestos básicos en el estudio de la toma de decisiones es que en todo
momento las personas estamos en un continuo de toma de decisiones.
Tomando estas dos ideas en cuenta, la elección de pareja y el tipo de relaciones
que mantenemos es una toma de decisiones que se encuentra presente en nuestras
vidas. Es evidente que existe un espacio de elección concerniente a la pareja, es
decir, diferentes personas que nos atraen sexualmente, emocionalmente,
intelectualmente o el espacio de elección puede estar en función de aquellas
personas que sabemos somos atractivos para ellas. La capacidad de elección se
torna interesante en este primer nivel ya que depende de la información adquirida a
lo largo de la historia de vida para poder detectar e interpretar señales, conductas
de coqueteo, indirectas, mensajes encriptados. Las personas poseen y aprenden un
conjunto de estrategias que les permiten hacer notorias sus intenciones. Es un tema
bien conocido por la población y se encuentra en constante cambio.
Por otro lado, un tema menos conocido, y por lo tanto, menos discutido y
abordado es el espacio de elección existente en el tipo de relaciones de pareja
existente. El tipo de relación romántica predominante en la cultura occidental es la
monogamia (Conley, Ziegler, Moors, Matsick & Valentine, 2012), el cual a su vez es
percibido como el modelo ideal a seguir para establecer una relación romántica a
largo plazo. Esto se debe a la influencia que tiene la moral religiosa dentro de los
estándares sociales. Dentro de las religiones contemporáneas, toda aquella relación
que no cumpla con las características de este modelo son repudiadas, tachadas y
marginadas. Incluso la poca adecuación a este modelo, conlleva castigos sociales,
morales y espirituales. Aun siendo la monogamia el tipo de relación más observada
en nuestra sociedad, se encuentran dificultades para establecer una definición de
ella. Dentro de la biología, la monogamia sexual es definida como tener una y solo
una pareja a lo largo del transcurso de vida ​(Gubernick & Teferi, 2000). Dado que
esta definición está basada en una sola pareja sexual, es difícil generalizarla al tipo
de relaciones presentes en la población humana. Es por eso que Anderson (2010)
establece el concepto de monogamia social, el cual se refiere al deseo de una
persona de ser etiquetado o percibido como monógamo ante la sociedad. Se toma
en cuenta el deseo de la persona por mantener una reputación, ya que las personas
pueden no estar manteniendo relaciones sexuales solo con una sola persona
(infidelidad), sin embargo pueden seguir manteniendo la apariencia social de una
relación monogámica. Esto puede estar mantenido por los prejuicios, estigmas o
posibles consecuencias negativas que conlleva no pertenecer a la normatividad
monogámica.
Una definición más de la monogamia es la monogamia mutua y está definida
como el acuerdo entre dos personas para ser sexualmente activas únicamente entre
ellas (CDC, 2009; citado en Conley et al., 2012). En la actualidad, dentro de la
cultura occidental, la monogamia serial es la relación monogámica más utilizada y
esta consiste en un acuerdo mutuo con una sola persona y este es momentáneo.
Como ya se ha expuesto, incluso dentro de la monogamia existen diversas formas
de entender una relación. Un ejemplo de esto son las diferentes aproximaciones de
relaciones no monógamas consensuadas, entre las cuales se destacan: swingers
(una pareja llega al acuerdo de mantener relaciones sexuales extradiádicas),
poliamor (mantener de manera consensuada relaciones románticas con más de una
pareja) y relaciones abiertas (en la cual la pareja persigue de manera independiente
relaciones sexuales fuera de la diada principal). Se hace hincapié en incluir el
término consensuado ya que si este no fuera empleado las personas podrían tener
relaciones monogámicas no consensuadas, es decir, en que una persona mantiene
relaciones con más de una pareja pero sin haber llegado a un acuerdo, lo cual se
ejemplifica con la infidelidad.
Conley et al. (2012) dirigieron un estudio en el cual primero se les preguntó a
los participantes cuáles eran las ventajas existentes a mantener una relación
monogámica. Los participantes reportaron beneficios apelando a una menor
propensión de adquirir ETS, mayor estabilidad emocional y menor cantidad de
situaciones donde se propiciaran los celos, una mayor calidad de la relación, la
personalidad de los involucrados, así como beneficios para la familia y la crianza de
los hijos.
En este mismo estudio se examinaron los argumentos brindados por los
participantes a través de una revisión de la literatura. Los autores concluyeron que
no existe evidencia que demuestre rotundamente que esas sean ventajas exclusivas
de las relaciones monogámicas, además de señalar que no se están tomando en
cuenta las ventajas que proporcionan las relaciones no monogámicas
consensuadas.
Otras posibles explicaciones por las cuales las personas mantienen
relaciones monogámicas refieren al desconocimiento de otro tipo de relaciones o el
hecho de no encontrar posibilidad alguna de llevar a cabo una relación no
monogámica, ya sea porque no se encuentran las personas con las cuales se
puedan experimentar o porque no se emprende el intento, ante la consideración de
una poca probabilidad de consolidar una relación alternativa.

Marcos explicativos dentro de la Psicología

Ante la falta de búsqueda y experimentación por parte de los individuos, de la


diversidad relacional, surge la necesidad de encontrar un marco explicativo que
promueva la comprensión de dicho fenómeno. Dentro del marco de la psicología, se
encuentran diversas aproximaciones que pueden introducirnos al entendimiento de
la elección de ciertos modelos relacionales por parte de los individuos y ante el
ajuste de la normatividad.
Dentro de la economía conductual existe algo llamado ​Efecto de dotación
(Thaler,1980) el cual establece que existe cierta inercia en los procesos de elección
y esto es reflejado a través de una mayor valoración de los bienes propios que a los
otros. Samuelson & Zeckhauser (1988) definiéndolo como la preferencia por el
estado actual de las cosas y la aversión por el cambio de este estado.
Dentro del análisis experimental de la conducta se ha estudiado el efecto que
tiene el reforzamiento de las conductas estereotipadas. Los estudios que se han
realizado con humanos indican que el reforzamiento de conductas estereotipadas
impide a las personas aprender o descubrir nuevas soluciones ante tareas
presentadas continuamente. En términos más técnicos el reforzamiento de
respuestas estereotipadas resulta en un comportamiento menos efectivo ante
nuevos escenarios y nuevas contingencias. Schwartz (1982) realizó una tarea en la
cual los sujetos debían realizar un patrón de respuestas apretando un par de
botones. Todos las combinaciones eran correctas y existían 70 posibles
combinaciones. Lo que se encontró es que una vez que los participantes
concretaban un patrón de los 70 posibles, mantenían este mismo patrón a lo largo
de la sesión, no intentaban cambiar en ningún momento. Además al final del
experimento se les preguntaba cuál era el patrón de respuesta que llevaban a cabo
y las personas no podían responder o responde incorrectamente. Los resultados de
este experimento nos revelan que las personas no saben cómo es que adquirieron
patrones de respuestas y cuando se les pregunta cuál es el patrón de respuesta que
efectúan tampoco tienen una idea correcta.
A su vez, esto puede ser explicado a la luz de los sesgos cognitivos, tales
como el sesgo de confirmación, el cual se refiere es la tendencia que presentamos
los humanos al buscar o interpretar evidencia de formas que sean parecidas o
iguales a nuestras creencias, expectativas, hipótesis o deseos (Nickerson, 1998).
El efecto halo (Leuthesser et al., 1995) es un sesgo de juicio que modifica la
forma en que evaluamos a un individuo u objeto basado positivamente en un
sencillo y saliente atributo, sin tomar en consideración los demás. Una impresión
positiva o negativa se forma al observar a una persona en una sola dimensión y esa
evaluación se extiende a otros dominios o dimensiones.
Otra posibilidad de explicación es la defensa de una ideología propia, las
creencias que se mantienen acerca de las relaciones están estrechamente ligadas
con la identidad, autoconcepto y metas personales. Los individuos, al sentirse
amenazados o cuestionados en referencia a cómo se conducen en sus relaciones
románticas, se ven afectados directamente, por lo que llevarán a cabo una
legitimación o justificación de sus creencias.
Integrando la evidencia empírica presentada, se puede hipotetizar que las personas
aprenden un esquema fijo del tipo de relaciones románticas a llevar, en este caso el
referente a la monogamia; y a su vez, que los individuos no tienen conocimiento de
cómo se adquirió dicho esquema y tampoco saben exactamente en qué consiste
(Schwartz,1982), esto aunado a la sobrevaloración de los pensamientos propios y a
la asignación de mayor importancia al no cambio de estado (Thaler, 1989;
Samuelson & Zeckhauser, 1988). El sesgo de confirmación opera a lo largo de la
elección de pareja por parte de los individuos, ya que solo se buscan ejemplos que
confirmen que la monogamia es superior a otro tipo de relaciones y se dirige su
búsqueda a situaciones no favorables para los demás tipos de relación (Nickerson,
1988) confirmando así creencias previas y descartando la posibilidad de considerar
alguna alternativa. Además el efecto halo opera en una sola dimensión, a favor de
aquellas personas que se apegan al modelo de relación monogámica y desprestigia
inmediatamente a toda aquella persona que practique un tipo de relación alternativa.

Monogamia vs no monogamia

El problema principal planteado en este escrito es la falta de aceptación por


parte de una cultura monogámica ante las preferencias que no se apegan a la
normatividad. Las ideas que se tienen de las relaciones no monogámicas son:
infidelidad, lujuria, traición, autoestima baja, engaño, homosexualidad, libertinaje,
etc.
Evitar ser juzgado socialmente o tener represalias por el tipo de relación que
se mantiene es una de las causas principales por las cuales las personas no
intentan o no elicitan abiertamente sus preferencias. La estigmatización de
relaciones no monogámicas puede enmarcar a las relaciones monogámicas como
benéficas, ya que adoptando una relación monogámica se evita el rechazo social, el
juicio público, la confrontación y desaprobación de familiares. En algunos casos
mantener relaciones no monogámicas no es una opción debido al marco de
creencias en el que se encuentra adscrita la persona. Dentro de algunas religiones
actuales la meta/estilo de vida que debe llevarse a cabo, está dirigido a concretar
una relación monogámica.
De acuerdo a Anderson (2010) la normatividad monogámica se comporta
como otras instituciones dominantes (sexismo, heterosexismo, racismo) en las
cuales se reprime y castiga todo aquello que se desvíe de la normalidad.

Incluso monogamía vs soltería

La normatividad monogámica no solo busca que se apeguen a un cierto


modelo de relaciones románticas también repudia y menosprecia a aquellas
personas que no mantienen ningún tipo de relación romántica. Una idea central
dentro de la monogamia es que los objetivos de vida están establecidos alrededor
de una pareja: tener hijos, comprar una casa, encontrar una persona con la cual
pasar toda la vida juntos (Day, 2013).
Se han realizado esquemas y prototipos de planes de vida alrededor de la
monogamia. Encontramos normas sociales ​(Morris et al., 2006) que nos dicen
cuándo “sentar cabeza”, comenzar a tener hijos, etc. y estas normas forman parte
del conocimiento colectivo de las personas. Si una persona no cumple con estos
prototipos de vida, se cree que la persona está deprimida, no encuentra el
significado de la vida o que necesita de ayuda psicológica.

Aplicaciones para la psicología

Al haber descrito la diversidad de relaciones no monogámicas consensuadas


se debe reconsiderar la concepción del amor y las relaciones personales en el
ámbito psicológico clínico. ​Los psicólogos clínicos deberían contar con la
información de las posibles configuraciones existentes en la relaciones para así
poder dar un consejo informado y no un juicio. Además, al contar con el
conocimiento de relaciones alternativas a la monogamia, los psicólogos podrían
brindar distintas posibilidades a la pareja para poder experimentar o consolidar su
relación de otra forma, algo parecido a las parejas que asisten con un médico para
poder tener un hijo, el médico puede ofrecer distintos métodos de reproducción
asistida o recomendar que adopten. Este mismo ejercicio práctico lo podría ofrecer
un psicólogo si tiene el conocimiento relacionado al mosaico de la relaciones
románticas existentes.

Aplicaciones para la vida diaria

Se ha hablado mucho de las desventajas que la gente cree conlleva practicar


relaciones no monogámicas, es momento de hablar de las ventajas existentes. El
simple hecho de considerar llevar una relación no monogámica es una situación que
lleva a la confrontación con uno mismo, a la ruptura de esquemas tradicionales, al
cuestionamiento constante de pensamientos y conductas que anteriormente no les
habíamos prestado atención.
Las relaciones no monogámicas consensuadas son una manera distinta de
conceptualizar el amor, dejar a un lado la idea de pertenencia, dejar de intentar
tener el control de todo aquello que te rodea, abandonar la búsqueda constante de
certidumbre.
Se encuentran situaciones que normalmente no se presentarían en una
relación monogámica: una mayor demanda de tiempo, una organización de la
relación más compleja, posibilidad de no encontrar una trayectoria clara en el inicio
y final de una relación y todo esto lleva a desarrollar niveles altos de comunicación y
confianza entre los miembros de la relación no monogámica.
Al inicio uno vislumbra todas aquellas deficiencias y necesidades que viene
arrastrando en cada uno de los conflictos existentes, se da cuenta de la rigidez
emocional y mental con la que cuenta pero si comienza a trabajar en ello es posible
que elimine pensamientos tales como: idealizar a las personas, exigirle a las
personas, pensar que las personas llenan vacíos, depender de otras personas.
Incluso se comienzan a desarrollar capacidades no imaginadas anteriormente, tales
como: alegrarse por la pareja de tu pareja, aceptar y fomentar que tu pareja busque
y realice actividades o relaciones en las que no estás involucrado, sentirse
satisfecho por el hecho de que tu pareja ame a otras personas.
El propósito de este escrito no es convencer al lector de dejar las relaciones
monogámicas e intentar algún otro tipo de relación, eso sería injusto e inadecuado
ya que cada relación se adecua a la necesidades, creencias, objetivos e historia de
cada persona. Se espera que el lector sea capaz de entender la variedad de
relaciones existentes, desarrolle una aceptación por ellas, evite emitir juicios de
valor mal fundamentados ante el desconocimiento. Toda aquella decisión que sea
tomada a través de la reflexión, es una decisión acertada. Ante la inconformidad de
la normatividad se encuentra la comprensión de la diferencia.

Referencias

Conley, T. D., Ziegler, A., Moors, A. C., Matsick, J. L., & Valentine, B. (2012). A
critical examination of popular assumptions about the benefits and outcomes of
monogamous relationships. ​Personality and Social Psychology Review​,
10888683-12467087.

Gubernick, D. J., & Teferi, T. (2000). Adaptive significance of male parental care in a
monogamous mammal. ​Proceedings of the Royal Society of London B: Biological
Sciences​, ​267​(1439), 147-150.

Anderson, E. (2010). ‘‘At least with cheating there is an attempt at monogamy’’:


Cheating and monogamism among undergraduate heterosexual men. ​Journal of
Social and Personal Relationships​.

Thaler, R. (1980). Toward a positive theory of consumer choice. ​Journal of Economic


Behavior & Organization​, ​1​(1), 39-60.

Samuelson, W., & Zeckhauser, R. (1988). Status quo bias in decision making.
Journal of risk and uncertainty​, ​1​(1), 7-59.

Schwartz, B. (1982b). Reinforcement-induced stereotypy: How not to teach people to


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Nickerson, R. S. (1998). Confirmation bias: A ubiquitous phenomenon in many


guises. ​Review of general psychology​, ​2​(2), 175.

Leuthesser, L., Kohli, C. S., & Harich, K. R. (1995). Brand equity: the halo effect
measure. ​European Journal of Marketing​, ​29​(4), 57-66.

Morris, W. L., DePaulo, B. M., Hertel, J., & Taylor, L. C. (2008). Singlism – another
problem that has no name: prejudice, stereotypes, and discrimination against
singles. In T. G. Morrison & M. A. Morrison (Eds.), The psychology of modern
prejudice (pp. 165–194). Hauppauge, NY: Nova Science.