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Walter Kasper, “Jesucristo, Palabra definitiva de Dios”

(Communio 23, 2001, p.140-)

- La Palabra de Dios siempre fue plural y polifónica


- En Jesucristo habita toda la plenitud de la divinidad, en Él Dios se ha comunicado sin reservas.
Él es la consumación de la historia salvífica con Israel y también la consumación de la historia
religiosa y cultural de todos los pueblos.
- Nuestro mundo pluralista: “cada vez sabemos más sobre menos cosas, de modo que no
sabemos todo sobre nada y nada sabemos acerca de todo”. Resulta cada vez menos probable
encontrar un vínculo que unifique esa pluralidad inabarcable y le dé cohesión.
- Verdad, humanidad y justicia existen sólo en plural. Como tampoco existe ya la religión única y
definitivamente válida.
- En esta situación pluralista, afirmar a Jesucristo como Palabra definitiva se torna problemático.
Teoría pluralista de la religión: pluralidad de mediadores y de respuestas salvíficas.
- Según la teoría del conocimiento de Kant, no podemos conocer de Dios más que lo que significa
para nosotros. Si no puede darse el Absoluto en la historia, no puede haber en el cristianismo
pretensión de absolutez. Jesucristo llega a ser relativizado.
- No es posible dejar de lado la cuestión de la verdad de la realidad. Sin la verdad, cada uno juzga
sólo desde su experiencia y se corre el peligro de que el pluralismo y la tolerancia se vuelvan
indiferencia y desinterés.
- Para el cristianismo, la unicidad de Dios no es sólo un dato cuantitativo, sino que es una
exigencia radical que involucra la existencia. En la teología posterior ese dato pasó al ámbito
especulativo.
- La afirmación de un solo Dios reivindica la fraternidad entre todos los hombres y la dignidad de
cada ser humano.
- Confesión de fe trinitaria: la afirmación de la unidad no excluye la pluralidad.
- Dios es amor que se dona; por eso puede darse en Jesucristo sin perderse. No aniquila la
humanidad, sino que Jesucristo es unidad en la diversidad y diversidad en la unidad.
- Si esto es así, Jesucristo es aquello más allá de lo cual Dios no puede hacer nada mayor. Por lo
que no puede haber otra religión o cultura que supere o complemente el orden salvífico cristiano.
Todo lo bueno de las otras religiones participa de lo que se manifestó plenamente en Jesucristo.
- Nadie agota ese misterio: por eso el diálogo interreligioso puede enriquecernos a todos.
- Tanto en el plano trinitario como cristológico se nos da una concepción de la unidad y de la
definitividad que no es totalitaria, sino que más bien deja espacio al otro y lo libera.
- La definitividad del orden salvífico cristiano se presenta no como una tesis imperialista, sino
una relación dialogal y diaconal en tres aspectos:

 defiende todo lo que hay de verdadero, bueno, noble y santo en las otras religiones;
 critica proféticamente lo que va contra la gloria de Dios o la dignidad del hombre;
 invita a las otras religiones a llegar a su propia plenitud y consumación mediante la fe en
Cristo