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René Descartes

“Dios es mi creador”

"Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud,


antes que vengan los malos días..."
(Eclesiastés 12:1)

Renatus Cartesius (1596 - 1650) fue un físico, matemático y filósofo, inventor de la geometría
analítica y del plano de coordenadas (llamado 'plano cartesiano'), y así mismo es considerado el
fundador de la filosofía moderna.

Los escritos de Descartes fueron objeto de debate para otro creyente intelectual: Blaise Pascal. No
obstante, ambos compartían una gran cantidad de conocimientos matemáticos que influyeron
entre sí, y ambos compartían una creencia en Dios que se mostró durante toda su trayectoria
científica.

Las 7 razones de Rene Descartes sobre Dios

1). El matemático consideraba que era vital creer en Dios, una creencia cuya razón comparó con las
razones matemáticas:

"No hay nada más antiguo que la verdad”

“Si examinamos la idea de un Ser perfecto, encontramos que su existencia es parte de esa idea de
la misma manera que en la idea del triángulo rectángulo está la igualdad de sus tres lados y un
ángulo recto, o en la idea de que en una esfera está implícita la equidistancia de la superficie del
centro. . .La demostración de la existencia de Dios es tan cierta como cualquier demostración en
geometría.”

2). Esta verdad, incluso la considera más sublima que las matemáticas:

"La existencia de Dios es más cierta que el más cierto de todos los teoremas de la geometría. Para
alguien que presta atención a la inmensidad de Dios, es evidente que nada realmente puede existir
que no dependa de Él. Esto es cierto no sólo de todo lo que subsiste, pero de todo orden, de toda
ley, y de toda razón de la verdad y la bondad... porque Él se determinó a sí mismo hacia aquellas
cosas que deberían llevarse a cabo, por esa razón ... ellas son muy buenas; es decir, la razón de su
bondad es el hecho por el cual Él deseó crearlas así".

3). Descartes consideraba el cuerpo humano como una obra perfecta que había sido diseñada por
Dios mismo:

"Sabiendo cuántas autómatas o máquinas semovientes puede construir la industria humana, sin
emplear sino poquísimas piezas, en comparación de la gran muchedumbre de huesos, músculos,
nervios, arterias, venas y demás partes que hay en el cuerpo del ser humano, consideren este
cuerpo como una máquina que, por ser hecha de manos de Dios, está incomparablemente mejor
ordenada y posee movimientos más admirables que ninguna otra de las que puedan inventar los
hombres."

4). En su famosa obra "Discurso del método", Descartes reconoció que era imposible que la Creación
se hubiese creado a sí misma a partir de la nada. Por el contrario, él sabía que el origen de toda la
Creación fue Dios:

"En relación con los pensamientos que poseía de seres que existen fuera de mí, tales como el
cielo, la tierra, la luz, el calor y otros mil, no encontraba dificultad alguna en conocer de dónde
provenían pues no constatando nada en tales pensamientos que me pareciera hacerlos superiores
a mí, podía estimar que si eran verdaderos, fueran dependientes de mi naturaleza, en tanto que
posee alguna perfección; si no lo eran, que procedían de la nada, es decir, que los tenía porque
había defecto en mí. Pero no podía opinar lo mismo acerca de la idea de un ser más perfecto que
el mío, pues que procediese de la nada era algo manifiestamente imposible y puesto que no hay
una repugnancia menor en que lo más perfecto sea una consecuencia y esté en dependencia de lo
menos perfecto, que la existencia en que algo proceda de la nada, concluí que tal idea no podía
provenir de mí mismo.

De forma que únicamente restaba la alternativa de que hubiese sido inducida en mí por una
naturaleza que realmente fuese más perfecta de lo que era la mía y, también, que tuviese en sí todas
las perfecciones de las cuales yo podía tener alguna idea, es decir, para explicarlo con una palabra:
que fuese Dios."

"Me preguntas: '¿por qué tipo de causalidad estableció Dios a las verdades eternas?' Yo respondo:
por el mismo tipo de causalidad que usó al crear todas las cosas, eso, es decir, como su causa
eficiente y total"
5). Descartes usó el término "substancia" para describir todo lo que existe. Al respecto, afirmó que
hay dos tipos de sustancia, la infinita y la finita: La sustancia finita comprende al hombre y la
creación, mientras que la infinita es Dios, quien es el Creador de todas las cosas:

"Por Dios entiendo una substancia infinita, eterna, inmutable, independiente, que todo lo conoce,
que todo lo puede, por la cual yo, y todas las otras cosas que existen, si fuera así, fueron creadas. .
.

6). Descartes aclaró que no llamaba "substancia infinita" a Dios, en el mismo sentido que llamaba a
la "substancia finita". Para él, Dios es independiente del hombre, mientras que el hombre es
dependiente de Dios:

"El término no es aplicable a Dios y a las criaturas en el mismo sentido . . . Con respecto a lo que
consideramos como cosas o modelos de las cosas, vale la pena examinar cada uno de ellas por sí
misma.

Por sustancia no podemos entender nada más que una cosa, que existe de tal forma que no se halla
en la necesidad de nada más allá de sí misma con el fin de su existencia."

Y, en verdad, no puede ser concebida sino una sustancia que es absolutamente independiente, y
ésta es Dios. Percibimos que todas las otras cosas sólo pueden existir con la ayuda de la
concurrencia de Dios. Y, en consecuencia, el término sustancia no se aplica a Dios y las criaturas
unívocamente, para adoptar un término familiar en las escuelas, es decir, ninguna significación de
esta palabra puede entenderse distintivamente a lo que es común a Dios y a ellos."

7). En esta línea de pensamiento, reconoció que nuestro poder de conocimiento es finito (limitado),
mientras que el poder de Dios es infinito (ilimitado):

“…Al pasar del conocimiento de Dios al conocimiento de las criaturas, es necesario recordar
que nuestro entendimiento es finito, y el poder del Dios, infinito.” ["Principios de filosofía” (1644)
XXIV.]

"Yo concibo a Dios como realidad infinita, de modo que nada puede añadirse a su
perfección". (Meditación III: En Dios: Que Él Existe)

"Si no supiéramos que todo cuanto en nosotros es real y verdadero proviene de un ser perfecto e
infinito, entonces, por claras y distintas que nuestras ideas fuesen, no habría razón alguna que nos
asegurase que tienen la perfección de ser verdaderas". (Discurso del Método, IV Parte)
"Dios es un Ser que es infinito y más allá de nuestro alcance, el único autor del que dependen todas
las cosas."

"Existimos en la medida de que es nuestra naturaleza pensar, y al mismo tiempo, en que hay un
Dios de quien todos dependemos, y después de considerar sus atributos, vamos a ser capaces de
investigar la verdad de todas las cosas de otro modo, puesto que Dios es la causa de ellas.

Además de las nociones que tenemos de Dios y de nuestra mente, encontraremos que así mismo,
poseemos conocimiento de muchas proposiciones que son eternamente verdaderas, como, por
ejemplo, que la nada no puede ser la causa de nada, etc." “Principios de filosofía” (1644), LXXV.
Resumen de lo que debe hacerse para filosofar correctamente]

8). Al igual que Albert Einstein, Descartes creía que los sentidos no son infalibles, sino que, por el
contrario, llegan a ser engañosos o muy limitados:

"Nuestros sentidos a veces nos engañan"

"La existencia de Dios, ha sido puesta en duda por algunos porque ellos atribuyeron demasiado a la
percepción de los sentidos, y Dios no puede ser visto ni tocado". [Principios filosóficos, (1644).]

9). Descartes rechazó la percepción de "aquellos filósofos que, desdeñando las experiencias, creen
que la verdad saldrá de su propio cerebro"

"... Debemos tener cuidado con suponernos demasiado importantes [a] nosotros mismos ..."

10). Descartes, en el reconocimiento de su finitud, reconoció que los hombres somos imperfectos,
y que sólo Dios es perfecto:

"Reflexionando sobre lo que dudaba y que, en consecuencia, mi ser no era omniperfecto pues
claramente comprendía que era una perfección mayor el conocer que el dudar, comencé a indagar
de dónde había aprendido a pensar en alguna cosa más perfecta de lo que yo era; conocí con
evidencia que debía ser en virtud de alguna naturaleza que realmente fuese más perfecta."

"Dios es en verdad el único ser que es absolutamente sabio, es decir, que posee un conocimiento
perfecto de todas las cosas..." (Principios de filosofía, 1644 )

11). El físico reconoció que la facultad de juicio, es decir, la facultad de razonamiento, nos fue dada
a los seres humanos por parte de Dios:
"Dios me dio mis facultades de la razón, la percepción, el juicio, y sucesivamente".

"Sé por experiencia que hay en mí una cierta facultad de juicio, [facultate cogniscendi] que, como
todo lo demás que está en mí, sin duda la recibí de Dios, y ya que Dios no quiere engañarme,
seguramente no me ha dado la clase de facultad con la que yo pueda cometer un error, siempre y
cuando la use correctamente. . .

Pero una vez que regreso mi atención a mí, no obstante, yo experimento que estoy sujeto a
innumerables errores. Cometo errores porque la facultad de juzgar la verdad, que me da Dios, no
es, en mi caso, infinita..."

12). Descartes también reconoció el libre albedrío, identificando la facultad de la voluntad con la
libertad de elección, o decisión, "la capacidad de hacer o no hacer algo" (Meditación, IV). A la vez
declara que "la voluntad es, por naturaleza, tan libre, que no puede ser limitada" (Pasiones del alma,
I, art. 41). Como él mismo lo dijo:

"La libertad de nuestra voluntad es evidente por sí misma." [Principios de filosofía” (1644), XXXIX.]

Por esta libertad de voluntad, Descartes consideró razonable considerar que el hombre es
honorable o culpable:

"La principal perfección del hombre es la de actuar libremente, o por voluntad, y esto es lo que le
hace digno de alabanza o de culpa." [Principios de filosofía” (1644), XXXVII.]

13). El francés consideró dos distinciones de la comprensión: 1) la comprensión que viene de Dios
la cual "no puede hacernos cometer un error siempre cuando sea usada adecuadamente", y 2) la
comprensión que "imaginamos" o pretendemos que comprendemos.

El filósofo reconoció que las verdades que nos son dadas por Dios, son buenas:

"Como Dios es sumamente bueno, y la fuente de toda la verdad, la facultad para distinguir la verdad
del error que Él nos da, no puede ser falaz, siempre y cuando la usemos correctamente, y
percibamos completamente cualquier cosa de ella.

De este carácter son las demostraciones son las matemáticas, el conocimiento de que las cosas
materiales existen, y los razonamientos claros que son formados respecto a ellas." “Principios de
filosofía” (1644), Parte 3, II.
14). En una carta dirigida a Martin Mersenne, fechada en abril de 1630, Descartes escribió su punto
de vista sobre las verdades eternas. El tema surge debido a la insistencia de Descartes de que las
verdades matemáticas dependen de Dios, así como todo lo demás:

"En cuanto a las verdades eternas: digo una vez más que ellas son verdaderas o posibles sólo porque
Dios concibe que son verdaderas o posibles, no son concebidas verdaderas por Dios en ninguna
forma que implique que son verdades independientes de Él, así que uno no debe decir 'si Dios no
existiera, estas verdades seguirían siendo verdad' porque la existencia de Dios es la primera y la más
eterna de todas las verdades que pueden ser, y la única de la cuál todas los demás proceden". Carta
a Marin Mersenne (6 de mayo 1630)

"Sé que Dios es el autor de todas las cosas, y de que estas verdades son algo, y consecuentemente
que Él es su autor". (Carta a Mersenne, 27 de mayo de 1637)

"Considerando que sólo Dios es mi creador, es altamente probable que de alguna manera me
formase a su imagen y semejanza, y yo percibo esta semejanza, en la que está contenida la idea de
Dios, por la misma facultad por la cual yo me entiendo, en otras palabras, cuando me hago a mí el
objeto de la reflexión, no sólo encuentro que soy incompleto, [imperfecto] y un ser dependiente, y
uno que incesablemente aspira en pos de algo mejor y más grande de lo que él es, pero al mismo
tiempo, estoy seguro de que de la misma manera, Él por quien soy dependiente posee en sí mismo
todos los bienes a los cuáles aspiro… y que no sólo por tiempo indefinido y, potencialmente, sino
infinitamente y de hecho, y que Él es por lo tanto Dios”.

15). Pero si Dios nos creó a su imagen y semejanza, ¿por qué los seres humanos somos falibles y
erramos? Descartes respondió a dicha pregunta aclarando que los errores no derivan de la
naturaleza misma con la que Dios nos creó, sino que derivan de "otros amos":

"El error es un defecto en nuestro modo de actuar, no en nuestra naturaleza, y [que] las faltas de
sus propósitos pueden ser atribuidas con frecuencia a otros amos, pero nunca a Dios." “Principios
de filosofía” (1644), XXXVIII.

"Dios no es la causa de nuestros errores. El primer atributo de Dios que aquí debe ser
considerado, es que Él es absolutamente veraz, y la fuente de toda luz, de modo que es claramente
repugnante para Él engañarnos, o ser adecuada y positivamente la causa de los errores a los que
estamos conscientemente sujetos, porque aunque el discurso para engañar, parece ser alguna
marca de la sutileza de la mente de los hombres, aun así, sin duda la voluntad de engañar procede
sólo de la malicia o del miedo y la debilidad, y por lo tanto no puede ser atribuida a Dios. La luz de
la naturaleza, o la facultad de conocimiento que nos es dado por Dios, nunca puede dirigirnos a lo
que no es verdad, en la medida en que se alcanza un conocimiento del mismo, es decir, en la medida
en que el propósito es claramente y perfectamente aprehendido."
16). Al igual que Leonhard Euler, Descartes admitió que los errores en las acciones del hombre y su
entendimiento son un resultado de que nos desviemos de la comprensión que Dios nos ha dado.
Este no depende de Dios, porque él nos dio el libre albedrío deseando que escogiéramos lo mejor,
pero no nos forzó a decidir, sino que nos hizo libres de decidir. En términos más claros, Descartes
expresó que el problema yace en que el hombre sea engañado por el pecado:

"Investigando de que tipo pueden ser mis errores... me doy cuenta de que dependen de dos
causas concurrentes simultáneas, estás son, de la facultad de cognición que es en mí, y
de la facultad de elección [facultate eligendi] o libertad de elección [arbitrii libertae], que es en
el intelecto y en la voluntad...

La voluntad es la base principal de mi comprensión que tiene cierta imagen y semejanza a Dios. El
poder de la voluntad, que obtuve por Dios, no es, tomado por sí mismo, la causa de mis errores,
porque es más amplio, así como perfecto en su tipo. Tampoco es el poder de entendimiento la
causa de mis errores. Porque desde que obtengo el poder de entendimiento de Dios, cualquier
cosa que entiendo, sin duda la entiendo bien, y es imposible para mi ser engañado por esto. . .

¿Cuál es entonces el origen de mis errores? Éstos son a causa simplemente del hecho de que, la
voluntad se extiende más allá del intelecto, no contengo la voluntad dentro de los mismos límites,
sino que, también la extiendo a las cosas que no entiendo. Debido a que la voluntad es indiferente
con respecto a tales cuestiones, ésta fácilmente se aleja de la verdad y del bien, y de esta
manera soy engañado y peco."

"La voluntad de engañar solamente proviene de la malicia, el miedo, o de la debilidad y por lo


tanto no puede atribuirse a Dios.”

17). Descartes consideraba a Dios como la fuente de toda verdad, y la certeza el conocimiento, un
regalo de Su bondad divina. En este sentido, veía los errores de las acciones humanas como
consecuencias resultantes de que el hombre se desvía del conocimiento que Dios nos ha dado:

"Nuestra certeza es consecuencia de la bondad de Dios y Él, al ser la fuente de la verdad, nos da
la facultad de distinguir la verdad del error."

"...Nuestros errores no pueden ser atribuidos a Dios. Aun cuando Dios no nos ha dado
entendimiento...Él no es por este motivo considerado en forma alguna el autor de nuestros errores,
porque es de nuestra naturaleza de intelecto creada para ser finita, y de la inteligencia finita el no
recibir todas las cosas." “Principios de filosofía” (1644), XXXVI.
"Nuestros errores son, con respecto a Dios, meramente negaciones... con respecto a nosotros
mismos, privaciones. Como sucede que con frecuencia caemos en el error, aunque Dios no es un
engañador, si deseamos indagar sobre el origen y la causa de nuestros errores, con el objeto de
protección contra ellos, es necesario observar que dependen menos de nuestro entendimiento que
de nuestra voluntad, y que no tienen necesidad de concurrencia real de Dios, con el fin de su
producción, de modo que, cuando se considera en referencia a Dios, no son más que negaciones [a
Dios], pero con respecto a nosotros mismos, privaciones." “Principios de filosofía” (1644), XXXI.

"Es cierto, que tan a menudo como nos equivocamos, hay algún defecto en nuestro modo de acción
o en el uso de nuestra libertad...Y aunque Dios podría haber dado tal perspicacia de intelecto de
modo que nunca nos hubiéramos equivocado, no tenemos, no obstante, ningún derecho de exigir
esto de Él, porque, si bien, con nosotros, Él que es capaz de prevenir la maldad, no es condenado
por eso, Dios no es de la misma manera de ser tenido en cuenta por la responsabilidad de nuestros
errores. . . el dominio que Dios ejerce sobre el universo es perfectamente libre y absoluto. Por esta
razón, debemos darle las gracias por los bienes que nos ha dado, y no quejarnos de que no nos ha
bendecido con todo lo que sabemos que estaba en su poder para impartir." “Principios de filosofía”
(1644)

"Si recordamos que nuestra mente es limitada, mientras que el poder de Dios, (por el cuál Él no sólo
sabía desde toda la eternidad lo que es o puede ser, sino que lo quiso y lo pre-ordenó), es infinito.

Sucede así que poseemos suficiente inteligencia para saber con claramente y perfectamente, que
este poder está en Dios, pero no [poseemos] la suficiente para comprender cómo Él deja las
acciones libres de los hombres [sean] indeterminadas, y, por otro lado, tenemos esa conciencia de
la libertad y la indiferencia que existe en nosotros mismos, que no hay nada que comprendamos
más claramente y perfectamente: [de modo que no debemos dejar de creer en la omnipotencia de
Dios]." “Principios de filosofía” (1644), XLI

18). Descartes consideró que después del ateísmo, el problema más grande se encontraba en el
materialismo, de aquellos que niegan la existencia del alma que se desvían de la rectitud a causa de
ello. En sus propias palabras:

"...Me he extendido aquí un tanto sobre el tema del alma, porque es de los más
importantes; que, después del error de los que niegan a Dios, error que pienso haber refutado
bastantemente en lo que precede, no hay nada que más aparte a los espíritus endebles del recto
camino de la virtud, que el imaginar que el alma de los animales es de la misma naturaleza que la
nuestra, y que, por consiguiente, nada hemos de temer ni esperar tras esta vida, como nada temen
ni esperan las moscas y las hormigas; mientras que si sabemos cuán diferentes somos de los
animales, entenderemos mucho mejor las razones que prueban que nuestra alma es de naturaleza
enteramente independiente del cuerpo, y, por consiguiente, que no está atenida a morir con él".
"Ellos adhieren a las sílabas de Su nombre y creen que eso es suficiente conocimiento de Él, de saber
que Dios significa lo que se entiende por 'Deus' en latín y que es adorado por los hombres. Aquellos
que no tienen pensamientos más altos que éstos pueden convertirse fácilmente en los ateos, y
porque comprenden perfectamente las verdades matemáticas y no comprenden perfectamente la
verdad de la existencia de Dios, no es de extrañar que ellos no piensen que lo uno depende de lo
otro".

"Para saber lo que la gente realmente piensa, pon atención a lo que hacen, en vez de a lo que dicen."

19). Descartes expresó su creencia en la vida después de la muerte más a fondo, cuando escribió
que esperaba en ella la eterna adoración de la grandeza de Dios:

"Quiero detenerme un momento en la contemplación de Dios, para reflexionar sobre sus atributos
en mí, para ver, admirar y adorar la belleza de su luz infinita, en la medida en que mi visión nublada
permite.

Creyendo que la suprema felicidad de la otra vida consiste completamente en la contemplación de


la grandeza divina, ahora encuentro que a través de la contemplación menos perfecta del mismo
carácter, puedo tener la alegría más grande disponible en esta vida". [Meditaciones acerca de la
filosofía primera]

Descartes reconoció que Dios seguía sosteniendo al universo:

"Si Dios retirara Su concurrencia, todo lo que Él ha creado inmediatamente se haría nada, porque
todas las cosas eran nada, hasta que Dios las creó y les prestó su concurrencia."

Reconoció que para Dios, todo es posible y Él tiene el poder y derecho legítimo de hacer todo
posible:

"No creo que debamos decir que algo no puede ser llevado a cabo por Dios. Pues ya que todo lo que
implica la verdad y la bondad depende de su Omnipotencia, no me atrevería a decir que Dios no
puede hacer una montaña sin un valle, o que uno más dos no sea tres." [Carta a Arnauld (29 de julio
1648)]

"Usted pregunta también con qué necesidad Dios creó esas verdades; y yo respondo que Él era tan
libre de haber hecho que no fuera cierto que todos los radios del círculo son iguales, así como era
tan libre de haberse abstenido de crear al mundo." (AT I, 151-153; CSMK 25-26)

“…No podemos imaginar tantas estrellas como para que parecería imposible para Dios crear
más…” “Principios de filosofía” (1644), XXVI

Así mismo, Descartes identificó en las "ideas innatas", las verdades que nos fueron dadas por Dios,
la ley escrita en el corazón (que en la Biblia se refiere con implicaciones a una moral innata):
"Todas son 'mentibus nostris ingenitae' [innatas en nuestras mentes], así como un rey grabara sus
leyes en los corazones de todos sus súbditos, si tuviera el poder para
hacerlo." [Concordancia: Romanos 2:14-15]

Descartes admitió que necesitamos de la ayuda especial de Dios para llegar a un entendimiento
refinado de Él:

"Reverencié nuestra teología, y aspiré tanto como cualquiera a alcanzar el cielo: pero estando bien
seguro de entender que el camino no está menos abierto a los más ignorantes que a los más sabios,
y que las verdades reveladas que conducen al cielo están por encima de nuestra comprensión, no
me atreví a suponer someterlas a la impotencia de mi razón, y pensé que con el fin competente de
llevar a cabo su examinación, había necesidad de alguna ayuda especial del cielo, y de un ser más
que hombre." [Concordancia: Juan 15:5, Juan 14:26] ([3] Discurso del Método, I; AT VI 8)

20). Al igual que Isaac Newton, Descartes animó a que creyéramos en la Biblia, porque la reconoció
como una obra inspirada por Dios:

"Se debe creer que hay un Dios, porque esto es bien enseñado en las Sagradas Escrituras... debemos
creer en las Sagradas Escrituras, porque vienen de Dios." (Meditaciones Metafísicas, 1641, también
en Carta de Dedicación a los señores decanos y doctores de la sagrada Facultad de Teología de París”
(1950); AT, IX 4)

"Debemos preferir la autoridad Divina a nuestra percepción." ["Razonamientos"]

"Por encima de todo, debemos imprimir en nuestra memoria la única regla infalible, de que lo que
Dios ha revelado es incomparablemente más seguro que cualquier otra cosa, y que, debemos
someter nuestra creencia a la autoridad Divina y no a nuestro propio juicio, incluso aun cuando tal
vez la luz de la razón deba, con la mayor claridad y evidencia, parecer sugerirnos algo contrario a lo
que se nos revela. Pero en las cosas que son sobre las que no hay revelación, no es en absoluto
coherente con el carácter de un filósofo el aceptar como verdadero lo que no se tiene determinado
como tal, y confiar más en los sentidos, en otras palabras, a la falta de consideración de los juicios
de la infancia que a los dictados de la razón madura." Principios de filosofía” (1644) LXXVI.

- "Las cosas reveladas por Dios son las más ciertas de todas las cosas que conocemos" [Reglas para
la dirección del espíritu, III; AT X 370.]

- "La revelación divina nos eleva de un solo golpe a una creencia infalible" [Principios Filosóficos,
Carta al Traductor; AT IX B 5.]

"Veo muy claramente que la certeza y la verdad de toda la ciencia depende sólo del conocimiento
del verdadero Dios, de tal manera que, antes de que yo lo conociera, no podía tener conocimiento
perfecto de cualquier otra cosa. Y ahora que lo conozco, poseo los medios para adquirir un
conocimiento perfecto respecto a asuntos innumerables, así en relación con Dios mismísimo y otros
asuntos intelectuales como la naturaleza corpórea"(Descartes 1901, Meditación V).

"...Aunque para nosotros, los fieles, sea suficiente mantener los asuntos de la fe, que el alma
humana no perece con el cuerpo, y que Dios existe, sin embargo, parece casi imposible con
seguridad persuadir alguna vez a los infieles de la realidad de cualquier religión, o de casi siquiera
alguna virtud moral, a menos que, en primer lugar, esas dos cosas sean demostradas por razón
natural. Y dado que a menudo en esta vida se ofrecen mayores recompensas para el vicio que para
la virtud, pocas personas preferirían lo correcto a lo útil si no tuvieran ni temor de Dios ni esperanza
de otra vida..." (Al principio de Meditaciones sobre la filosofía primera: "En la cuál la existencia de
Dios y la distinción del alma [y] del cuerpo son demostradas")

"Siempre he permanecido firme en la resolución que tomé de no suponer ningún otro principio que
el que me ha servido para demostrar la existencia de Dios y del alma, y de no recibir cosa alguna por
verdadera, que no me pareciese más clara y más cierta que las demostraciones de los geómetras;
y, sin embargo, me atrevo a decir que no sólo he encontrado la manera de satisfacerme en poco
tiempo, en punto a las principales dificultades que suelen tratarse en la filosofía, sino que también
he notado ciertas leyes que Dios ha establecido en la naturaleza y cuyas nociones ha impreso en
nuestras almas de tal suerte, que si reflexionamos sobre ellas con bastante detenimiento, no
podremos dudar de que se cumplen exactamente en todo cuanto hay o se hace en el
mundo." (Discurso del Método: Quinta Parte)

"Hice ver, además, cuáles eran las leyes de la naturaleza; y sin fundar mis razones en ningún otro
principio que las infinitas perfecciones de Dios"

"Si aún hay hombres a quienes las razones que he presentado no han convencido bastante de la
existencia de Dios y del alma, quiero que sepan que todas las demás cosas que acaso crean más
seguras, como son que tienen un cuerpo, que hay astros, y una tierra, y otras semejantes, son, sin
embargo, menos ciertas." Discurso del método: Cuarta Parte.

21). "No he dicho nada sobre el conocimiento de Dios, excepto lo que todos los teólogos dicen
también. Hay que señalar que lo que se conoce por razón natural - que Él es todo lo bueno,
Todopoderoso, y todo verdadero, y más - puede servir para preparar a los infieles a recibir la fe
necesaria para creer en Jesucristo y en otros asuntos revelados, y eso depende de la gracia". (Carta
a Marin Mersenne, Marzo de 1642), (AT III, 544, CSMK III, 211)

Descartes murió a los 53 años, en febrero 1650.


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