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1-(http://blog.latercera.

com/blog/jzulueta/)

Eco-Eficiencia: de la Cuna a la Cuna

Mientras naciones del otro hemisferio acuñan el concepto “Cradle to Cradle” (De la cuna a la cuna)
nosotros, aún en pañales, recién estamos comenzando a conocer lo que es el reciclaje y desde una
perspectiva de "Cradle to Grave" (De la cuna a la tumba). Este último concepto va dirigido a asegurar
que los materiales peligrosos sean controlados en todas las etapas de su ciclo de vida, desde el mo-
mento de su generación hasta su eliminación final. En él, al término del ciclo de vida, los recursos
acaban destruidos y convertidos en basura inutilizable. Pero el concepto que estamos acuñando no es
suficiente. Lo que nosotros llamamos basura (residuos), para la naturaleza no lo es, ya que posee un
potencial fundamental: la de nutrir el suelo y permitir/fomentar la existencia de otras formas de vida.

De la Cuna a la Cuna, en cambio, trata del uso de materiales y procesos que vengan de la Tierra, la
cuna, y vuelvan a ella sin provocar un impacto negativo tras su uso durante su vida útil (ej.: botella de
agua Biota). Además presenta una estrategia que pretende extender indefinidamente el ciclo de ma-
teriales y aprovechar las posibilidades energéticas que la naturaleza nos brinda, no sólo para ahorrar
energía, sino también para evitar su gasto desde el principio.

Así, esta nueva teoría desarrollada por el químico alemán Michael Braungart y el arquitecto estado-
unidense William McDonough, no sigue la perspectiva tradicional de las tres “R” que utiliza el la ma-
yoría de las empresas. Reducir, reutilizar y reciclar, sin duda es una buena iniciativa, pero no termina
por solucionar el problema. Se debe distinguir entre el concepto de "supra-reciclaje", que da lugar a
materiales valiosos para la naturaleza, del actual concepto de "infra-reciclaje", en el que los materia-
les son parcialmente reutilizables y van perdiendo su calidad. Así, los autores subrayan que el sistema
actual de reciclaje es en realidad un "infra-reciclaje" que sólo consigue ralentizar el ciclo destructivo,
una manera de degradar las materias primas hasta que se vuelven inútiles que incluso puede ser un
proceso que puede producir residuos tóxicos adicionales. Por ejemplo, al mezclar diferentes tipos de
plásticos se produce otro material de menor calidad; de igual manera, el reciclaje de papel, además de
producir algunas toxinas, consigue un producto cada vez peor, hasta que ya no puede aprovecharse.

De la Cuna a la Cuna quiere atajar el problema de raíz. No busca mejorar los procesos y reducir los
impactos. Directamente propone crear procesos, materiales e infraestructura que, en su expresión
máxima, no causaran impacto alguno. Por ejemplo, idearon un envase de helado con un material que,
congelado, es como papel y a temperatura ambiente pasa a estado líquido, compuesto sólo por agua y
nutrientes. También se ha desarrollado el tejido Climatex Lifecycle, que mezcla lana libre de pesticidas
y otros materiales, procesados sin productos químicos, que se pueden utilizar en jardines como manto
biodegradable para el cultivo de frutas y hortalizas. La marca Honeywell ha concebido una alfombra,
denominada Zeftron Savant, cuyo nylon se puede reciclar indefinidamente.

También, desde esta teoría se propone la construcción de edificios de forma sostenible desde el inicio.
Así un arquitecto, en vez de solucionar problemas energéticos vía la implementación de bombillas de
bajo consumo, la optimización de equipos o integrando energía solar térmica y/o fotovoltaica, debiera
concebir un edificio que aproveche la circulación del aire para refrigerar, también la luz natural para
la iluminación e incluso implementar medidas que le permitan generar más energía que la utilizada o
incluso llegar a depurar agua a través de estas intervenciones.

A modo de ejemplo, el edificio de Ford en su nueva planta en River Rouge dispone del techo vegetal

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más grande del mundo, que recoge el agua de lluvia, de hectáreas de superficie. Protege el tejado de
los cambios de temperatura y de la degradación debido a la radiación solar, aumentando la fauna de la
zona y favoreciendo así a las aves locales.

Este nuevo concepto, Cradle to Cradle, busca romper con el modelo de Cradle to Grave, que impera
hoy en los países desarrollados. Obviamente en Chile el primer paso es generar consciencia sobre
la importancia de reducir, reciclar y reutilizar. Pero tenemos la oportunidad, además, de incorporar
desde un comienzo esta nueva mirada, ya que no es aconsejable seguir eternamente con una lógica de
reciclaje que, por muy buena que sea, no recicla al 100 %; ni con un modelo de ecoeficiencia que sólo
consigue minimizar impactos parcialmente.

2)http://perdicesmareadas.blogspot.com/2009_12_01_archive.html

Construye a partir de Desechos-Upcycling

El "upcycling" o "supra-reciclaje" transforma un objeto sin uso o destinado a ser un residuo en otro
de igual o mayor utilidad y valor. Los consumidores logran nuevos productos y se ahorran dinero. El
medio ambiente también lo agradece: los residuos y el gasto de materias vírgenes se reducen y se da
una vida más larga a los productos. Diversas páginas web proponen consejos para ello y cada vez más
artistas y empresas lo practican con éxito. Compañías como TerraCycle pagan a los consumidores por
llevarles sus residuos para convertirlos en originales objetos de uso diario.

El "supra-reciclaje" combina dos de las tres primeras "erres del ecologismo": reduce el consumo de
nuevos productos y materias primas y las reutiliza: los objetos logran una segunda vida, diferente e
incluso mejor a la original. El límite lo pone la imaginación de cada persona.

Las latas de conservas se pueden suprareciclar en floreros, cestas, recipientes para lápices y bolígrafos,
juguetes (robots, animales, "teléfono" con un cordel, etc.), cajas para envolver regalos, jarrones, tiestos
o farolas para fiestas. La lata se puede decorar con pintura o papel de colores y darle un toque original.

Los productos tecnológicos pueden transformarse de formas muy originales. Los CD y DVD, además
de los conocidos posavasos y espantapájaros, pueden convertirse en colgantes o collares con un poco
de maña. Las cintas de casete antiguas pueden ser la base de curiosos armarios y los teclados viejos
pueden ofrecer sus piezas para relojes de pared con un toque "geek".

La web Instructables propone algunas ideas sorprendentes que se pueden hacer en casa, como trans-
formar las bombillas incandescentes usadas en terrarios y macetas, el tubular interior de una bicicleta
en una cartera o los carteles de unas elecciones políticas en sillas. Páginas web como Ready Made,
Green Upgrader, CraftStylish o Crafting a Green World pueden ser también una buena fuente de ins-
piración. En ellas se proponen suprarreciclajes tan originales como palés viejos como base para mue-
bles de jardín, lámparas con materiales de sótano, pulseras de cuero con cinturones viejos, cuadernos
con cajas viejas y revistas o tutoriales para convertir antiguas prendas en ropa a la última. La diseña-
dora Tsia Carson propone en su libro "Craftivity" proyectos para convertir la basura en un tesoro.

El ingenio y la capacidad creativa son esenciales para sacarle el máximo rendimiento al "upcycling".
Por ello, cada vez más artistas y empresas han incrementado el uso de este sistema, en algunos casos
con llamativos y cotizados productos.

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TerraCycle es la primera compañía que ha apostado por llevar a gran escala esta idea. Creada en 2001
en Estados Unidos, sus productos, como mochilas a partir de bolsas de bebida o estuches y cometas
con envoltorios de galletas, son cada vez más solicitados. Sus responsables los venden en grandes su-
permercados o en otros países como Brasil, Méjico y Reino Unido.

Además de sus originales diseños, otro de los secretos del éxito de TerraCycle es un sistema de cola-
boradores que beneficia a todas las partes: sus usuarios agrupan los desechos que serán los próximos
productos suprarreciclados, la empresa les paga por ellos y, de paso, la contaminación se reduce. El
año pasado abonaron 100.000 dólares por 1,6 millones de cajas de zumo, un millón de envoltorios de
caramelos y 750.000 recipientes de yogures.

La compañía británica Elvis & Kresse utiliza desechos industriales para fabricar productos de lujo: las
mangueras de incendio son la base de carteras, cinturones y gemelos. La tienda de diseño Gabarage,
con sede en Viena, propone a sus clientes que traigan de la basura residuos como cubiertas de plástico,
chips de computadoras o placas de rayos X, y las escogen para crear nuevos diseños.

Sectores tan distinguidos como el de la joyería o el de la moda tampoco se han resistido a los encantos
del "supra-reciclaje". Algunos diseñadores dejan en evidencia el alto valor de la creatividad y no del
material: collares a partir de medias, pendientes con bolígrafos, anillas de latas o elementos urbanos
se ponen a la venta desde unos pocos dólares a unos cientos. Diseñadoras como Amour Sans Anguisho
Supayana proponen conjuntos y ropa de moda con estilos muy diversos.

El mobiliario también se puede decorar con productos "upcycling". El diseñador británico Stuart
Haygarth ha ideado un candelabro con mil pares de gafas, el estudio canadiense OddFellows elabora
lámparas a partir de fluorescentes y bombillas quemadas, los diseñadores Shawn Moore y Julie Ni-
cholson crean bancos con cajas de supermercados, botellas de gaseosa o cajas de leche, la empresa de
decoración Pottery Barn propone el diseño de uncandelabro con botellas de vino, el estudio de diseño
español Bel & Belha creado una silla de oficina a partir de las piezas de una moto Vespa, la web Etsy
propone cestas con bolsas de café o camas de gato con maletas, etc.

El concepto de suprarreciclaje cautiva a cada vez más artistas de todo el mundo. En Internet se pue-
den encontrar los trabajos de todo tipo de diseñadores y colectivos, como "Upcycle Art", "The Future
Craft Collective", o "UpCycleIt".

En Estados Unidos, el uso cada vez mayor del "upcycling" ha llevado incluso a la creación de con-
cursos para premiar a los diseños más originales. En Nueva York, el Instituto de Diseño Pratt ha
desarrollado la iniciativa "Diseño por un dólar". Como su nombre indica, su objetivo ha sido que los
estudiantes de este centro realizaran productos que no superaran esta cantidad. El resultado ha sido
sorprendente: lámparas con mangas de camisa o cajas de huevos, bolsos con papel de supermercado o
velas con cáscaras de naranja.

Origen del término upcycling

Aunque el término "upcycling" ya se había acuñado unos años antes, la idea apareció por primera
vez en 2003 en el libro "Cradle to Cradle, Remaking the Way We Make Things" (De la cuna a la cuna,
rediseñando la forma en que hacemos las cosas). Sus autores, el químico alemán Michael Braungart
y el diseñador estadounidense William McDonough aseguran que el sistema actual de reciclaje es en
realidad un "infra-reciclaje" que sólo consigue ralentizar el ciclo destructivo.

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3)http://www.ecologiaverde.com/el-upcycling-supra-reciclaje/

El Upcycling (supra reciclaje)

El upcycling o también conocido como supra-reciclaje es el proceso de transformación de un objeto


desfasado o residuo en otro de igual o mayor valor que pueda ser de utilidad. Son muchos los consu-
midores, artistas y empresas que consiguen crear originales objetos con un uso diario a partir de cosas
que ya no sirven. Permite lograr nuevos productos y además ahorrar dinero. Son las nuevas tenden-
cias del reciclaje.

Esta técnica reduce el consumo de nuevos productos, minimiza el gasto de materias primas vírgenes
y las reutiliza, para alargar la vida útil de las cosas. La idea consiste en dar una segunda vida a todo lo
que es para tirar, todo de una forma diferente e incluso mejor a la original. El límite es nuestra propia
imaginación.

Por ejemplo, las latas de conservas se pueden aprovechar para hacer floreros, cestas, recipientes para
lápices y bolígrafos, juguetes (robots), cajas para envolver regalos, jarrones, tiestos o farolas para
fiestas. Una simple lata de aluminio se puede decorar con pintura o papel de colores y darle un toque
original para decorar. Con vestidos, camisetas o ropa que ya no nos ponemos, la podemos cortar y ha-
cer una funda de colores para el sofá. Las revistas nos pueden servir para diseñar originales mosaicos.

Los productos tecnológicos (gadgets) también pueden transformarse de mil formas diferentes. Los CD
y DVD pueden servir como posavasos, espantapájaros, colgantes o collares. Las cintas de cassette an-
tiguas se pueden aprovechar para decorar curiosos armarios y los teclados viejos se pueden desmontar
para utilizar sus piezas para relojes de pared con un toque geek

“El ingenio y la capacidad creativa son fundamentales para sacarle el máximo rendimiento al upcycling”

4)http://www.latice.org/milj/es/afm0812es.html

Diseño eficiente que aprovecha los residuos

Alex Fernández Muerza


El sistema "De la cuna a la cuna", utilizado ya en edificios, muebles o ropa, propone una nueva revolu-
ción industrial basada en la naturaleza.

¿Qué tienen en común Ford, Nike, Basf, Google, el Ayuntamiento de Chicago o la inmobiliaria española
Hábitat? Que todos ellos cuentan con edificios al estilo "Cradle to Cradle" ("De la cuna a la cuna"). Su di-
seño se basa en la naturaleza, con un ciclo de vida que aprovecha los residuos como nueva materia prima,
y evita la utilización de sistemas y energías contaminantes para su producción y mantenimiento.

De la cuna a la cuna: en qué consiste

El planeta necesita una nueva revolución industrial en armonía con la naturaleza. Es lo que propug-
nan el arquitecto estadounidense William McDonough y el químico alemán Michael Braungart con
su sistema "De la cuna a la cuna". Esta curiosa terminología sirve a sus responsables para afirmar que

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el actual progreso de la humanidad se basa en un diseño equivocado, un "Cradle to Grave" ("De la
cuna a la tumba") en el que la naturaleza es considerada erróneamente una fuente inagotable y en el
que sus recursos acaban destruidos y convertidos en basura inutilizable.

En este sentido, recuerdan, no hay más que ver el cada vez mayor volumen de residuos generados, o
conceptos como el de la huella ecológica , que reafirman la insostenibilidad del actual desarrollo hu-
mano. Frente a ello, McDonough y Braungart defienden no sólo respetar la naturaleza, sino inspirarse
en ella y en su ciclo de vida. A modo de analogía, utilizan un cerezo: sus flores, al caer al suelo, sirven
de alimento a otros seres vivos, y produce oxígeno, atrapa CO2, transpira agua y es bonito.

De esta forma, los residuos dejan de ser basura, convirtiéndose en un producto totalmente aprovecha-
ble. Ahora bien, distinguen entre "supra-reciclaje", que da lugar a materiales más valiosos, e "infra-
reciclaje", en el que los materiales van perdiendo calidad.

El sistema actual de reciclaje es en realidad un "infra-reciclaje" que sólo consigue ralentizar el ciclo
destructivo

Por ello, a las clásicas tres erres del ecologismo (reducir, reutilizar y reciclar), añaden una cuarta, la
"regulación". Así, subrayan que el sistema actual de reciclaje es en realidad un "infra-reciclaje" que
sólo consigue ralentizar el ciclo destructivo, una manera de degradar las materias primas hasta que
se vuelven inútiles, e incluso un proceso que puede producir residuos tóxicos extra. Por ejemplo, al
mezclar diferentes tipos de plásticos se produce otro material de menor calidad; de igual manera, el
reciclaje de papel, además de producir toxinas, consigue un producto cada vez peor, hasta que ya no
puede aprovecharse.

Otro concepto, considerado también "ecológico" en la actualidad, y que critican, es el de la "eco-efi-


ciencia" . En su opinión, no es más que tratar de ajustarse a la normativa para dañar al medio ambien-
te de forma controlada. Frente a ello, proponen la "eco-efectividad" basada en su concepto, y no en
diseños que sólo consiguen ser menos dañinos con el entorno, pero perjudiciales al fin y al cabo.
La energía es también otro de los puntos importantes del rediseño que propone "De la cuna a la cuna".
En opinión de sus responsables, los combustibles fósiles son un claro ejemplo de sistema desligado
del flujo natural energético, y proponen una transición hacia la utilización diversificada de todas las
energías renovables.

Ejemplos llevados a la práctica

Braungart y McDonough han resumido las bases de este concepto en el libro "Cradle to Cradle (De la
cuna a la cuna): Rediseñando la forma en que hacemos las cosas" (publicado en español por la edito-
rial Mc Graw-Hill). También se les puede ver en el documental "Waste = Food" "Residuos = Comida").

Asimismo, han creado una consultoría, McDonough Braungart Design Chemistry y un estudio de
arquitectura, " William McDonough + Partners " para ayudar a empresas que quieran implantar
los principios de este sistema. En este sentido, el diseño de edificios que utilizan fuentes de energía
renovables, que aprovechan la climatización o iluminación natural, o incluso capaces de producir más
energía de la que consumen, es una de sus principales bazas.

Por ejemplo, Ford ha contado con ellos para la construcción de su nueva planta en River Rouge , Nike
para su nueva sede europea , Google para su nuevo campus tecnológico, mientras que otras empresas

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importantes como Basf o Volvo también se encuentran entre sus clientes. Asimismo, instituciones
como el Ayuntamiento de Chicago y países como China, con edificios eficientes en seis ciudades, u Ho-
landa, "que se ha volcado en este sistema", según el propio McDonough, son también otros ejemplos
destacados.

Además de a la construcción de edificios, los responsables del "Cradle to Cradle" quieren llevar su idea
al diseño de todo tipo de productos.

En España, la compañía de McDonough se ha encargado por ejemplo del proyecto Ecourban, un


complejo de oficinas para la "zona 22@", el nuevo distrito para empresas tecnológicas en el barrio
barcelonés de Poblenou. Su impulsora, la inmobiliaria Hábitat, ha invertido unos 60 millones de euros
para hacer realidad el proyecto, que incluye placas solares, tejados ajardinados o sistemas naturales de
ventilación.
Pero además de a la construcción de edificios, los responsables del "Cradle to Cradle" quieren llevar su
idea al diseño de todo tipo de productos, y de hecho, se puede ver en pinturas, materiales de construc-
ción, muebles, ropa, y hasta pañales.

Los ejemplos de implantación de este sistema son muy diversos . La empresa Steelcase ha diseñado la
silla de oficina "Think", que respeta su ciclo de vida, con materiales reciclados y reciclables, y que pue-
de montarse y repararse de forma muy sencilla por cualquier usuario. La marca Patagonia ha creado
unos abrigos polares a partir de botellas PET recicladas y que a su vez pueden reciclarse mediante el
programa "Common Threads". El tejido Climatex Lifecycle mezcla lana libre de pesticidas y residuos
y otros materiales procesados sin productos químicos que se pueden utilizar en jardines como manto
biodegradable para el cultivo de frutas y hortalizas. La marca Honeywell ha concebido una alfombra,
denominada Zeftron Savant , cuyo nylon se puede reciclar indefinidamente.

Críticas a la idea

El concepto "De la cuna a la cuna" ha recibido también diversas críticas. Sus detractores consideran que
se trata de una idea demasiado idílica para que pueda generalizarse y cambiar el actual modelo de desa-
rrollo; argumentan que el actual sistema energético, basado en el petróleo, o el actual modelo de produc-
ción económico cuenta con poderosos defensores a los que resulta incompatible dicha propuesta.

Asimismo, también se critica que muchos de los conceptos son muy difíciles de llevar a la práctica, o
que son muy caros para un uso masivo. También se apunta a que en realidad se trata de ideas ecolo-
gistas ya conocidas a las que se ha dado un toque de barniz mediático, haciendo famosos a sus autores
y atrayendo el interés mundial hacia las empresas de sus responsables.

Fuente: Consumer.es Agosto 2008

5) http://www.inti.gov.ar/sabercomo/sc70/inti7.php

Cradle to Cradle (C2C)

El diseño “de la cuna a la cuna” se inspira en la lógica pro-cíclica de la Naturaleza. Se propone reem-
plazar el diseño unidireccional tradicional, conocido como “de la cuna a la tumba”, para crear relacio-
nes sustentables entre la industria y el ambiente

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Los creadores del manifiesto Cradle to Cradle, el Doctor en química Michael Braungart de la Univer-
sidad de Lüneburg de Alemania y el arquitecto William McDonough, ambos cofundadores del estudio
McDonough Braungart Design Chemistry (MBDC) plantean que el planeta necesita una nueva revo-
lución industrial, esta vez en armonía con la Naturaleza. Parten de la premisa, que la industria y el
medio ambiente no son contrarios ni enemigos, sino que están estrechamente vinculados y que sinér-
gicamente pueden ofrecer oportunidades para el beneficio de las empresas y fundamentalmente de las
personas y del planeta.

Para ello proponen una reingeniería de los procesos industriales con el fin de que aporten soluciones
saludables al diseñar sistemas productivos en los que todo pueda reutilizarse emulando el equilibrio
de los ecosistemas naturales. Para McDonough “Mientras la actividad humana sea tan destructiva,
todos pensamos en que tenemos que tratar de ser más eficientes, o tratar de ser menos malos. Pero to-
memos como ejemplo el cerezo; no es “eficiente” desde la concepción tradicional ya que produce miles
de flores para que pueda germinar solamente otro árbol. Sin embargo la abundancia del cerezo es útil
e inofensiva. Después de caer al suelo, las flores regresan a la tierra y se tornan en nutrientes para el
medio ambiente circundante.

Hasta la última partícula contribuye de alguna manera a la salud de un ecosistema próspero. Esta
es la razón por la que preferimos ser “efectivos” en vez de eficientes. Nos gustaría hacer lo correcto
bien, en vez de lo incorrecto bien. El primer principio de nuestra próxima revolución industrial es “los
desechos equivalen a comida”. Pero la industria humana, en este momento, está severamente limitada
debido a que típicamente sigue una línea de manufactura unidireccional, una cinta de producción y
distribución de la “cuna a la tumba” en la cual las cosas se crean y eventualmente se descartan, gene-
ralmente en un incinerador o en un vaciadero de basura. A diferencia de los residuos de la labor de la
naturaleza, los desechos de la industria humana no son comida en absoluto. En efecto, con frecuencia
se tratan de sustancias tóxicas para la vida.”

De esta manera hay un especial interés en todos los inputs y outputs del proceso productivo, para
que todo sea absolutamente reutilizable. Creen que hay dos metabolismos fundamentales en el mun-
do, uno es biológico y el otro químico. Así, los materiales industriales debieran ser, o bien nutrientes
biológicos saludables que volverán a la tierra para ser consumidos por los microorganismos, o bien
nutrientes técnicos que regresarán a la industria para ser reciclados una y otra vez.

En cuanto al reciclado, diferencian dos categorías: el “supra-reciclaje”, que es el que promueven, es el


proceso en el que se crean nuevos materiales que resultan ser más valiosos que los originales; mientras
que en el “infra-reciclaje” los materiales además de perder calidad en el proceso incluso emiten toxinas.

El concepto ya se utiliza tanto para el diseño de objetos que van desde pañales, edificios y sillas de ofici-
na hasta proyectos de urbanizaciones completas. Al diseñar de manera sistémica, en lugar de hacer mas
eficiente aquello que de por sí daña el medioambiente como por ejemplo podría ser usar paneles fotovol-
taicos para alimentar energéticamente un edificio que tiene sistemas de refrigeración por aire acondicio-
nado; proponen el re-diseño con los criterios de las construcciones bioclimáticas haciendo que el edificio
sea tan efectivo en sí mismo que no requiera de estos equipos de refrigeración y entonces pueda incluso
generar más energía de la que consume, reciclar sus propias aguas, tener techos vivientes que junto a
otras soluciones similares ayudarían incluso a reducir la temperatura en las ciudades.

A modo de ejemplo, cuando la empresa Rohner Textil solicitó asesoramiento para el desarrollo de
un nuevo tejido para tapicería con los conceptos del C2C, ya cumplían con la normativa en cuanto a

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medioambiente; sin embargo los desechos textiles de la fábrica eran considerados residuos peligrosos.
Así la asistencia integral consistió en reformular todo el proceso productivo de este nuevo desarrollo.
En principio las materias primas son lana y ramio (ambas fibras naturales que se aseguraron fueran
orgánicas). Por otro lado se evaluaron 8000 productos químicos utilizados en la industria textil y
eliminaron 7962. El tejido se realizó con los 38 químicos que consideraron aptos. Los recortes que so-
bran se envían a un Consorcio de cultivadores de fresas, que los utilizan como cobertura en sus huer-
tos para proteger el suelo y aislar las plantas. A su vez, al final de la intervención, la empresa registró
un 20% de ahorro en los costos de producción.

Lo paradójico es que C2C, en 3 caracteres y bajo una "filosofía" simple, contiene la respuesta acer-
ca de como diseñar un proceso que pueda estar en armonía con la sociedad y el medio ambiente de
manera sustentable. La Segunda Revolución Industrial ya comenzó, luego de tantos años de aplicar
los conceptos insustentables de la primera. El desafío es que esta vez como especie, disponemos de
poco tiempo, porque el paradigma productivo de la primera revolución industrial ya dejó un planeta
agotado y al borde del colapso. Por eso esta segunda revolución, donde estamos redefiniendo todos
los procesos industriales realizados por el hombre tiene que darse de una manera veloz y simultanea,
respetando (e incluso emulando o aun enriqueciendo) los ciclos cerrados presentes en la naturaleza.
El cambio de enfoque al que asistimos para desarrollar productos y servicios de manera que sean eco-
nómica, ecológica y socialmente saludables podría resumirse en las palabras de William McDonough
“Hay una abundancia de luz del sol, agua y niños. Así que ¿por qué no celebramos eso?

6) http://www.elblogdeimf.com/tag/curso-medio-ambiente/

Upcycling: cambiando el sentido de la percepción

Una sociedad de alto consumo es también una sociedad de alto desperdicio. Se tira, se compra, se
cambia, se usa, se vuelve a tirar una serie de objetos que usualmente quedan en buenas condiciones,
pero se convierten en basura cuando decidimos desecharlos, aunque siempre hay quien las recoge.
Muchas veces estos objetos se reciclan, se vuelven a utilizar en el mismo sentido para el que fueron
creados, entonces un sillón sigue siendo un sillón. O se revenden completos o en partes.

El término “Upcycling” fue acuñado originalmente por William McDonough y Michael Braungart en
su libro Cradle to Cradle: Remaking the Way We Make Things. Sus autores, el químico alemán Mi-
chael Braungart y el diseñador estadounidense William McDonough aseguran que el sistema actual de
reciclaje es en realidad un “infra-reciclaje” que sólo consigue ralentizar el ciclo destructivo.

El objetivo del Upcycling es evitar el desgaste de materiales potencialmente útiles, haciendo uso de los
ya existentes. Esto reduce el consumo de nuevos materias primas a la hora de crear nuevos productos.
Para entender mejor el significado del Upcycling, deberíamos revisar también otros conceptos rela-
cionados con esta no tan nueva corriente del reciclaje pero que en la actualidad está muy presente en
diferentes ámbitos de nuestra economía y sociedad de consumo.

“Recycling” es un proceso que consiste en someter de nuevo una materia o un producto ya utilizado
a un ciclo de tratamiento total o parcial para obtener una materia prima o un nuevo producto. Tam-
bién se podría definir como la obtención de materias primas a partir de desechos, introduciéndolos de
nuevo en el ciclo de vida. Se produce ante la perspectiva del agotamiento de recursos naturales y para
eliminar de forma eficaz los desechos.

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“Upcycling” es el proceso de convertir materiales de desecho o productos inútiles en nuevos materiales
o productos de calidad igual o mejor. “Upcycling” es lo opuesto a “Downcycling”, dentro del proceso
de reciclado.

“Downcycling”  es el proceso de convertir materiales y productos de desecho en nuevos materiales de


menor calidad.

En los países más pobres el Upcycling es una práctica común desde hace siglos. Por ejemplo, el fabri-
carse una estantería a base de cajones de fruta. Eso sería Upcycling. Pero si se machacara la madera de
esos cajones para hacer serrín eso sería Downcycling.

El upcycling combina dos de las tres primeras “erres del ecologismo”: reduce el consumo de nuevos
productos y materias primas y las reutiliza: los objetos logran una segunda vida, diferente e incluso
mejor a la original. Se ha convertido en un fenómeno que ha puesto de moda la tendencia “Do-it-
yourself” y ahora mismo hasta en las páginas más top de decoración es usado. Por ejemplo, la moda de
crear muebles de jardín a base de palés, usar una escalera vieja a modo de estantería, una mesa a base
de maletas antiguas apiladas,  latas de conservas que se pueden suprareciclar en floreros, cestas, reci-
pientes para lápices y bolígrafos, juguetes (robots, animales, “teléfono” con un cordel, etc.), cajas para
envolver regalos, jarrones, tiestos o farolas para fiestas. La lata se puede decorar con pintura o papel
de colores y darle un toque original… Todo eso es Upcycling.

Con el “suprarreciclaje”, los objetos logran una segunda vida, diferente e incluso mejor a la original,
además no solo los objetos más tradicionales sufren cambios en su uso original, los productos tecno-
lógicos también pueden trasformarse según las reglas del Upcycling. Los CD y DVD, además de los co-
nocidos posavasos y espantapájaros, pueden convertirse en colgantes o collares con un poco de maña.
Las cintas de casete antiguas pueden ser la base de curiosos armarios y los teclados viejos pueden
ofrecer sus piezas para relojes de pared con un toque “geek”.

La web Instructables propone algunas ideas sorprendentes que se pueden hacer en casa, como trans-
formar las bombillas incandescentes usadas en terrarios y macetas, el tubular interior de una bicicleta
en una cartera o los carteles de unas elecciones políticas en sillas. Páginas web como Ready Made,
Green Upgrader, CraftStylish o Crafting a Green World pueden ser también una buena fuente de
inspiración. En ellas se proponen suprarreciclajes tan originales como palés viejos como base para
muebles de jardín, lámparas con materiales de sótano, pulseras de cuero con cinturones viejos, cua-
dernos con cajas viejas y revistas o tutoriales para convertir antiguas prendas en ropa a la última. La
diseñadora Tsia Carson propone en su libro Craftivity proyectos para convertir la basura en un tesoro.
TerraCycle es la primera compañía que ha apostado por llevar a gran escala esta idea. Creada en 2001
en Estados Unidos, sus productos, como mochilas a partir de bolsas de bebida o estuches y cometas
con envoltorios de galletas, son cada vez más solicitados. Sus responsables los venden en grandes su-
permercados o en otros países como Brasil, Méjico y Reino Unido.

Otros sectores, como el de la joyería o el de la moda, tampoco se han resistido a los encantos del “su-
prarreciclaje”. La compañía británica Elvis & Kresse utiliza desechos industriales para fabricar pro-
ductos de lujo: las mangueras de incendio son la base de carteras, cinturones y gemelos. La tienda de
diseño Gabarage, con sede en Viena, propone a sus clientes que traigan de la basura residuos como cu-
biertas de plástico, chips de computadoras o placas de rayos X y las escogen para crear nuevos diseños.

El mobiliario también se puede decorar con productos Upcycling. El diseñador británico Stuart Ha-

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ygarth ha ideado un candelabro con mil pares de gafas, el estudio canadiense OddFellows elabora
lámparas a partir de fluorescentes y bombillas quemadas, los diseñadores Shawn Moore y Julie Ni-
cholson crean bancos con cajas de supermercados, botellas de gaseosa o cajas de leche, la empresa de
decoración Pottery Barn propone el diseño de un candelabro con botellas de vino, el estudio de diseño
español Bel & Bel ha creado una silla de oficina a partir de las piezas de una moto Vespa, la web Etsy
propone cestas con bolsas de café o camas de gato con maletas, etc.

El concepto de suprarreciclaje cautiva a cada vez más artistas de todo el mundo. En Internet se pue-
den encontrar los trabajos de todo tipo de diseñadores y colectivos, como “Upcycle Art”, “The Future
Craft Collective”, o “UpCycleIt”. El hacer arte con deshechos no es nada nuevo, pero sigue teniendo
un significado importante dentro de una sociedad altamente consumista. No es el reciclar solamente,
sino el darle un sentido completamente contrario a los objetos cotidianos al elevarlos a la dimensión
de arte. El recuperar una porción de alma humana dentro del ritmo frenético que marca la sociedad
actual donde todo es rápido e impera la ley de usar y tirar. Por eso el Upcycling también es el arte de
cambiar, en este caso, nuestro sentido de la percepción.

7) http://www.eluniversal.com/2010/07/19/uni_art_materiales-de-
desech_19A4206371.shtml

Materiales de desecho para la moda

La filipina Reese Fernández forma parte de los cinco visionarios menores de 30 años que fueron elegi-
dos en la edición inaugural de los Premios Rolex a la Iniciativa: Programa de Laureados Jóvenes.

Seleccionada entre una lista de casi 200 candidatos de todas partes del mundo por un jurado interna-
cional de expertos, esta joven empresaria con una vocación social fuera de serie, impresionó al panel
del jurado por su pasión y convicción para vencer dificultades.

El Programa de Laureados Jóvenes recompensa ideas ingeniosas de hombres y mujeres de edades


comprendidas entre 18 y 30 años siendo una ampliación de los Premios Rolex a la Iniciativa institui-
dos en 1976, cuya edición inaugural conmemoró el cincuentenario del cronómetro Oyster, primer reloj
de pulsera hermético del mundo. Estos premios fueron creados con el objetivo de alentar a personas
dispuestas a levantar retos de talla en beneficio de la humanidad y el medio ambiente. Desde ese año
110 Laureados y Laureados Adjuntos de 40 países recibieron Premios Rolex para realizar proyectos en
más de 60 países.

El proyecto ganador de Fernández propone aliviar la pobreza impartiendo formación para un empre-
sariado social. Rags2Riches, su empresa, ya dotó de conocimientos a centenares de mujeres para que
pudieran ganarse la vida convirtiendo materiales de desecho en elegantes accesorios de moda.

En el basurero de Payatas de Manila, donde viven 12 mil familias, las mujeres crearon un medio de
ganarse la vida reciclando material de desecho para fabricar alfombras. Con la intervención de tantos
intermediarios, la mayor parte de las ganancias se perdía y las mujeres solo recibían 0,02 dólares por
alfombra. En 2007, Fernández cofundó Rags2Riches, empresa social que revolucionó las prácticas
comerciales de estas mujeres tomando posiciones para que vendieran sus productos directamente a
minoristas. Fernández y su equipo de jóvenes profesionales solicitaron asesoría a diseñadores que les
mostraron cómo transformar las alfombras en bolsos de moda, estuches para lentes y soportes para
botellas de vino. Actualmente, las 300 mujeres que trabajan en Rags2Riches reciben alrededor del 40

10
por ciento del precio minorista de cada artículo y 54 de ellas forman una cooperativa que posee una
parte de la empresa. En Rags2Riches también se les imparte formación en finanzas personales, seguro
de salud y nutrición.

Fernández quiere ampliar su proyecto estableciendo un Centro Rags2Riches de Innovación y Em-


presariado Social donde profesionales de negocios y expertos técnicos crearán nuevos productos
para promover los objetivos "4P" de Rags2Riches, como son: instruir a personas; proteger el planeta
mediante el "supra-reciclaje" que permite transformar desechos en productos de alto valor; percibir
ganancias sostenibles que beneficien a la comunidad y la empresa; y ejercer una influencia positiva en
la sociedad.

El jurado de los Premios Rolex a la Iniciativa: Programa de Laureados Jóvenes seleccionó a Reese
Fernández por su gran ingenio para resolver problemas, su optimismo inquebrantable y su capacidad
de implementar su visión y su proyecto que instruye a mujeres.

"Rolex está encantada de apoyar a estos hombres y mujeres jóvenes de excepción que representan lo
mejor de su generación", declaró Rebecca Irvin, directora de filantropía de Rolex, y añadió: "Al abor-
dar los problemas que afronta la humanidad, no piensan de forma tradicional ni se adhieren a viejas
ideas. Sus proyectos innovadores ya empezaron a repercutir profundamente en sus propias comunida-
des y, potencialmente, podrían mejorar la vida de millones de personas."

8) http://www.terra.org/articulos/art01171.html

De la cuna a la cuna

Superar la ecoeficiencia para allanar el camino a la ecoefectividad

Está claro que nadie duda que sea una alternativa ecológica aquella que predica: reducir, evitar, mini-
mizar, sostener, limitar, detener. Estos términos han sido los básicos en la mayoría de las considera-
ciones ambientales de la industria actual, la que, buscando un salida a la crisis de recursos naturales y
energía, se propuso ser más eficiente. Ecoeficiencia significa “hacer más con menos”, un precepto que
en términos ecológicos no es nada aconsejable, puesto que, aunque es un concepto aparentemente ad-
mirable, incluso noble, no es una estrategia de éxito a largo plazo, porque no va suficientemente a las
raíces. Ser eficientes desde dentro del mismo sistema tan sólo ralentiza el problema, aunque se pon-
gan prescripciones morales y medidas coercitivas. Con el actual concepto de ecoeficiencia no se puede
salvar el medio ambiente, ya que supone apoyar que la industria acabe con todo, de forma callada,
persistente y completamente. Esta es la tesis del libro Cradle to cradle (De la cuna a la cuna).

El término ecoeficiencia fue oficialmente promovido por el Business Council for Sustainable Develo-
pment (Consejo Empresarial para el Desarrollo Sostenible), un grupo de 48 promotores industriales
que incluía industrias nada ecológicas como Dow Chemical o DuPont entre otras. Se debe a este grupo
las famosas tres “R” del movimiento –reducir, reutilizar, reciclar– que tan populares se han hecho
entre la vanguardia ecologista. Evidentemente, reducir el consumo de recursos, el uso de energía, las
emisiones y los residuos resulta también beneficioso para el medio ambiente –y para la moral de las
personas, pero hay que insistir que tan sólo alarga la agonía del sistema.

En nombre de la ecoeficiencia se ha propuesto limitar la cantidad de emisiones peligrosas producida


por la industria. Sin embargo, al ritmo actual, puede ser que no sea suficiente para evitar las desastro-

11
sas consecuencias para los ecosistemas. Reutilizar residuos por parte de algunas industrias es enco-
miable, pero no evita la propia toxicidad de los mismos durante su manipulación. En muchos casos,
esta “reutilización” tan sólo sirve para trasladar el problema de un sitio a otro

Debemos admitir que nuestro mundo sobrevivie con diseños que son destructivos y poco inteligentes.
Podemos promover normas, pero en realidad –como lo demuestra la “compra venta de emisiones”
propuesta por el propio Protocolo de Kioto– no hacemos más que legalizar licencias para dañar. Este
permiso puede autorizar que una papelera en el sudeste asiático pueda verter productos clorados a
las aguas, provocar enfermedades a la poblaciónlocal y destruir los ecosistemas, estando dentro de la
legalidad.

Evidentemente, la ecoeficiencia aplicada a una vivienda permite ahorrar energía, gracias al aislamien-
to en paredes y ventanas, reduciendo así la carga sobre los sistemas de aire acondicionado del edificio
para su refrigeración, y por ende disminuyendo la cantidad de energía utilizada proveniente de com-
bustibles fósiles. Pero no parte de la idea clave, que está en el diseño mismo de la propia vivienda.

La diferencia entre un edificio ecoeficiente y la ecoefectividad es la que existe entre una vivienda
iluminada con bombillas fluorescentes compactas de bajo consumo (porque tiene ventanas pequeñas,
está mal orientada, etc.) y la que ha sido diseñada para que sea soleada, repleta de luz natural y aire
fresco, en definitiva, agradable paravivir. La ecoeficiencia no cuestiona las prácticas y métodos básicos
que hasta ahora han contribuido a degradar el planeta, aunque gracias a la misma lo hagamos más
despacio. Por contra, la ecoefectividad propugnada por William McDonough y Michael Braungart
significa trabajar sobre las cosas correctas –sobre los productos, los servicios y los sistemas correc-
tos–, en lugar de hacer que las cosas incorrectas sean menos malas. Una vez que se están haciendo las
cosas correctamente, entonces sí tiene sentido hacerlas “bien” con la ayuda de la eficiencia, entre otras
herramientas.

La ecoefictividad es un nuevo paradigma para el diseño de nuestro mundo. Un diseño que abarca
desde la visión del objetivo inicial hasta el producto o sistema que lo compone, hasta considerar la
totalidad. En realidad, la perspectiva ecoefectiva es una innovación tan extremada que provoca algo
completamente distinto a lo ya conocido. No propone soluciones necesariamente radicales, sino un
cambio de perspectiva. Una nueva perspectiva que debe seguir y conservar los ciclos de la naturaleza y
que debe verse no tanto como una disciplina, sino como una declaración de compromiso.

En Cradle to cradle. Rediseñando la forma en que hacemos las cosas, los autores del término ecoefec-
tividad lo sintetizan en los siguientes puntos:

• Construcciones que, al igual que los árboles, produzcan más energía de la que consumen y depuren
sus propias aguas residuales;
• factorías que produzcan como efluente agua potable;
• productos que, una vez finalizada su vida útil, no se conviertan en basura inútil, sino que puedan ser
devueltos al suelo para que se descompongan y se conviertan en alimentos para plantas y animales y
en nutrientes para la tierra; o, en caso contrario, que puedan ser reincorporados a los ciclos industria-
les para proporcionar materiasprimas de alta calidad para nuevos productos;
• materiales por valor de miles de millones, incluso de billones de dólares, recuperados anualmente
para usos humanos y naturales;
• medios de transporte que mejoraran la calidad de vida al tiempo que distribuyen productos y servicios;
• un mundo de abundancia y no uno de limitaciones, polución y desechos.

12
9) http://www.manzanaverde.org/?cat=23

Adjudicación Fondo INJUV

Queremos compartir con nuestros amigos la excelente noticia de la adjudicación de un fondo de Re-
construcción del Instituto Nacional de la Juventud (INJUV). El proyecto fue patrocinado y postulado
en alianza con la Universidad del Bio-Bio.

El objetivo del proyecto es mejorar integralmente la situación actual de los campamentos de emer-
gencia, ubicados en Dichato, Cocholhue y Coliumo en la  octava región del Bíobío. Otorgando herra-
mientas técnicas de auto desarrollo sustentable y empoderamiento comunitario. Se propone la imple-
mentación de herramientas sociales, amigables con el medio y complementarias a su propia identidad
y desarrollo local. Propiciando una mejor calidad de vida por el tiempo que dure su permanencia en
estos asentamientos provisorios, brindando una proyección de estas prácticas en sus futuras comuni-
dades definitivas.

El proyecto contiene 3 etapas que marcan una tendencia del trabajo de la Manzana Verde:
1. Actividades de diagnostico participativos e identificación de necesidades
2. Diseño y talleres formativos en conjunto con las comunidades
3. Construcción participativa de diseños acordados.
Junto al equipo de MV estamos en la ejecución de la primera etapa, instancia en la que se han com-
prometidos en base a las necesidades autodetectadas, talleres y construcción de:
a. Habitabilidad: Iluminación con sistema LED, construcción de mobiliario que optimiza espacios,
ampliación de viviendas con sistemas ecológicos, cocinas y estufas de barro, entre otros
b. Higiene o salubridad: Baños secos, duchas a presión manual, compostaje, entre otros
c. Infraestructuras sociales: hornos de barro comunitarios, quinchos, invernaderos, entre otros
d. Economía: Producción de cremas con hierbas, mermeladas, conserva, seca de producto entre otros
e. Emocional: jornadas de masajes, reiki, contención emocional, entre otros
La respuesta de las 6 comunidades con la cual se tuvo reuniones ampliadas fue se gran concurrencia y
motivación; proyectando un trabajo de 3 meses intenso y con muchas ganas.

Serie de Expos Post-Terremoto

Serie de exposiciones itinerantes de iniciativas sustentables y sostenibles post terremoto entre abril y
junio de 2010:

Motivados por aportar al proceso de reconstrucción, gestionando espacios de aprendizaje y participa-


ción, de generación de ideas y de visibilización de soluciones que han demostrado ser eficaces en con-
textos de urgencia y restricción de recursos. Aportando para que en estos procesos de reconstrucción
se apliquen soluciones que consideren la dignidad y el protagonismo de los afectados, y se realicen
con criterios de sustentabilidad, respeto del medio ambiente y aprovechamiento de recursos locales
(extracto ExPostSismo).

Hemos participado en 6 exposiciones colectivas post-terremoto en las que que hemos presentado
entre otras alternativas: Baños secos, baños composteros, aislación térmica (tetradrillo y barro-paja),
sistema de lombricompostaje, sistemas constructivos en barro (tabique barro paja aliviano o Light
Straw Cray), sistema de iluminación LED con paneles fotovoltaicos, estufas y cocinas de barro y con

13
reciclaje:
- ExPostSismo Yumbel.
- Expo Cuidad Viva Cauquenes.
- Expo Día Mundial de la Tierra UDEC Concepción.
- Expo Demostrativa Plaza Independencia Concepción.
- Expo Verde Quellon Chiloe.
. ExPostSismo Chillán Viejo.

Campaña Nacional de Reutización de Tetrapack

Esta campaña tiene como fin el recolectar la mayor cantidad de tetrapacks vacios de desecho de nues-
tras casas para luego ser instaladas en viviendas de emergencia (mediaguas) como solución de aislante
térmico, que permite ofrecer un mayor confort a las familias afectadas por el pasado terremoto.
Es simple, una vez consumido el total de liquido del envase:

1. Levantar las puntas del tetrapack


2. Lavar y enjuagar por dentro para evitar la descomposición de los restos del producto que contenía
3. Aplastarlo para que ocupen el menor espacio posible.
4. Una vez que tengas un numero considerable (sobre 10) llevarlos a los centros de acopio que se están
habilitando, hasta el momento:
— Fundación Trabajo para Un Hermano (Juan de Dios Rivera 1364, Concepción)
— Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción (Frente Plaza Perú, Concepción)
Esperamos implementar mas centro de acopio, para lo cual esperamos la buena acogida de otras uni-
versidades, colegios, empresa, etc.
Cualquier contacto, colaboración, difusión u otra ayuda con Alessandra Merello al correo: a_merello@
hotmail.com
Esperamos tu colaboración y ayuda, pensando que todos podemos participar, beneficiando directa-
mente a las familias que están sufriendo de frio por la inexistente aislación térmica de las mediaguas y
de paso le hacemos un favor a nuestra tierra reduciendo nuestra basura

DATOS TETRADILLO
Con el envase de Tetrapack se confeccionan TETRADILLOS uno de las innovaciones de la Eco-
Constructora MILLARUKA (www.millaruka.cl) que consiste en el relleno de tetrapack con desecho
plasticos u otros para mejorar la aislación térmica en soluciones constructivas de tabiquería y muros
perimetrales.

DATOS DEL TECNICOS:


1. Peso: entre 200 y 300 gr.
2. Dimensiones: depende del tetrapack (se sugiere utilizar los tetrapack de volumen mayor o igual a 1 litro).
3. Resistencia Térmica (R): 0,7 [°k m2/ W]
La Resistencia Térmica de los TETRADRILLOS es comparable a la resistencia que presenta el Poliesti-
reno Expandido (Plumavit) de densidad 10 [Kg/m3] y espesor 3 cm.
Para determinar la resistencia térmica de los TETRADRILLOS se preparó una probeta de ensayo de
135×95 cm, formada por montantes de madera de 8×8 cm; ambas caras fueron de madera aglomerada
(OSB) de 1,2 cm de espesor. En su interior se ubicaron los TETRADRILLOS. La solución fue construi-
da en un anillo portamuestras e introducido en la cámara térmica del Laboratorio de Ciencias de la
Construcción de la Universidad del Bio Bio. La resistencia térmica de esta solución constructiva arrojó
1,1 [°K m2/W], luego a partir de este resultado, analíticamente se obtuvo la resistencia de los TETRA-

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DRILLOS.

Baños Secos en Tumbes

Primera construcción colectiva de BAÑOS SECOS a familias de caleta Tumbes, comuna de Talcahua-
no, que viven en campamento provisional, luego de que sus casas se vieran fuertemente afectado por
el terremoto y posterior tsunami del pasado 27 de febrero.

Diseño preparado y adaptado por equipo Manzana Verde con colaboración de Ecoconstructora Milla-
ruka con financiamiento de la Fundación Trabajo por Un Hermano

El diseño contempla la elaboración de una zanja para lombricompostaje de los desechos solidos del
baño alejado del campamento y pozos de infiltración para orina.

¿Qué es un baño seco?


Es un baño ecológico que posee una taza adaptada para la separación de orina y fecas. La orina se
infiltra en el terreno y las fecas se transforman en abono.

Su construcción es economica, no usa agua para su funcionamiento y su mantención es muy facil, ade-
mas de que no produce olores mayores a los baños convencionales por el uso de aserrín y su construc-
ción es definitiva y de fácil traslado

Construcción-Taller de Baños Secos en Caleta Tumbes


Primera construcción colectiva de BAÑOS SECOS a familias (60) de caleta Tumbes, comuna de Talca-
huano, que viven en campamento provisional, luego de que sus casas de vieran fuertemente afectado
por el terremoto y posterior tsunami del pasado 27 de febrero.

La primera etapa comenzará el próximo martes 13 de abril cuando viajaremos a la caleta a construir
el primer prototipo, luego el viernes 16 de abril construiremos otro en Yumbel (para la ExPostSismo)
que luego trasladaremos a Tumbes. Las etapas posteriores las planificaremos de acuerdo a los finan-
ciamientos conseguidos.

A los voluntarios que quieran asistir les pediremos alguno de los siguientes item en orden de priori-
dad, que nos permitirán construir MÁS baños y perfeccionar el diseño:
1. Movilización en camioneta o camión pequeño durante los dias de construcción
2. Sacos de aserrin de cualquier madera
3. Compra o donación de dinero para materiales:
- Placa de fibrocemento textura lisa
- Placa terzian MDF 5.5 mm o Osb
- Plancha Traslucida Onda Zinc
- Pino dimensionado verde 2×2” 3.2 m
- Pino dimensionado verde 1×6” 3.2 m
- Contenedor de basura 75 litros circular
- Malla rachell
- Tuberias, bisagras, pintura, clavos

Adicional:
- Cargador Solar 1350mAh Batería recargable (para iluminación)

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- Focos Leds Autoconstruibles
- Asiento WC redondeado Standard Plus Economic
- Lombrices Rojas califorianas
- Macetero con planta de Poleo

El costo de cada baño seco es de $ 70.000 aproximado.


Para inscribirte manda un correo a contacto@manzanaverde.org y llamar al 7-8461737 especificando
tu aporte

Diseño preparado y adaptado por equipo Manzana Verde con colaboración de Ecoconstructora Milla-
ruka con financiamiento de la Fundación Trabajo por Un Hermano (2 prototipos)

El diseño contempla la elaboración de una zanja para lombricompostaje de los desechos solidos del
baño alejado del campamento y pozos de infiltración para orina.

LOS DEJAMOS CORDIALMENTE INVITADOS A PARTICIPAR DE ESTE EVENTO Y DE TODAS LAS


CONSTRUCCIÓN QUE VENDRÁN A FUTURO.

¿Qué es un baño seco?


Es un baño ecológico que posee una taza adaptada para la separación de orina y fecas. La orina se
infiltra en el terreno y las fecas se transforman en abono.
Su construcción es economica, no usa agua para su funcionamiento y su mantención es muy facil, ade-
mas de que no produce olores mayores a los baños convencionales por el uso de aserrín y su construc-
ción es definitiva y de fácil traslado

10) http://www.ecoescuela.cl/node/2177

Permacultura & Transición en ExPostSismo Chile


Una Experiencia de Aprendizaje Catalizadora

A medida que el sol de otoño baja en el horizonte en Chile, el frío llega, y miles de chilenos todavía
están sin hogar, viviendo en carpas a la espera de viviendas de emergencia del gobierno. Permacultura
en Chile va al grano y pregunta a las personas que es lo que realmente necesitan y quieren.

Ecoescuela El Manzano, Fundación Efecto Mariposa, CET Yumbel y Fundación Trabajo para un
Hermano, junto a Oficios de la Tierra y otras organizaciones locales, han sido invitados por comuni-
dades locales para proporcionar asesoramiento de planificación a corto y largo plazo en el diseño de
asentamientos humanos resilientes. En las crisis hay una oportunidad para hacer saltos evolutivos.
La posibilidad existe hoy, pero tendrá el pueblo chileno la voluntad de hacer de esta crisis su oportu-
nidad?. La Feria ExpostSismo proporciona una oportunidad única para las comunidades emergentes
para explorar sus roles funcionales comunitarios. 

ExPostSismo Yumbel

ExPostSismo Yumbel fue un evento de aprendizaje exitoso en muchas escalas. Un lugar de 1000 m2
en el centro de Yumbel se transformó en una sala de clases viviente llena de oportunidades, espacios
y personas para el aprendizaje. Una Mediagua (típica vivienda de emergencia en Chile) fue instalada
y rediseñada: los paneles modificados y aislación con adobe reciclado. Manzana Verde de Concepción

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mostró el aislamiento con Tetrapack en las paredes y el techo. El equipo de fabricantes de muebles de
Masisa llenó el espacio con muebles multifuncionales de bajo costo. 

Una pared de fardos de paja fue cosntruida por el equipo de Los Lleuques, entre otras técnicas de
construcción natural como la paja liviana y quincha.  Unos cuantos baños secos o sanitarios ecológicos
secos fueron instalados, junto a varios modelos de biofiltros para la reutilizacion de las aguas grises en
forma económica. Alrededor de la casa se podía aprender como hacer una huerta instantánea, el famo-
so espiral de hierbas, jardines verticales, sistemas para cosecha y acumulación de agua de lluvia, riego
por goteo, etc.  Había hornos de barro, estufas de misil, gallineros móviles, hornos y secadores solares, 
entre otras tecnologías apropiadas. Un equipo de colaboradores llegaron desde Santiago, Chanco, Pu-
cón y más allá. El equipo de Couches del Sur entabló tertulias con la gente, Conexión Rítmica ofreció
terapias de ritmo para delegaciones de zonas afectadas. Bioantu construyó una cocina lorena y mostró
un calentador solar de agua y paneles fotovoltaicos.

Muchas conexiones ricas y fértiles se hicieron posible en Yumbel en un fin de semana del 16-17 de
abril de 2010. Gente de todas partes de la región del Biobío llegaron en autobús o en auto, con sus
familias y amigos, con sus comunidades enteras, juntas de vecinos, delegaciones, grupos de Prodes-
al,  instituciones gubernamentales, escuelas y universidades. Hubo talleres durante todo el día, desde
técnicas de facilitación para el diseño participativo, herramientas para emprender hasta la biocons-
trucción. Diversos espacios de conversación fueron creados y facilitados para comprometer a la gente
en un diálogo sobre el estado actual y futuro de sus comunidades. Se ofrecieron visitas guaidas por
el lugar, junto a voluntarios capacitados de la red de permacultura regional Biobío y la tripulación de
Millawapi, un gran equipo practicando roles efectivos de liderazgo y delegación para la facilitacion del
aprendizaje y espacios de conversación transformadores.

El grupo organizador ha creado la confianza y las conexiones. Ellos aprendieron que es posible tra-
bajar juntos y movilizar a sus respectivas organizaciones de manera rápida y eficiente. Encontraron
una manera de actuar de manera estratégica para inspirar y motivar a muchas personas para aplicar
soluciones simples y pequeñas en sus propios hogares, que mejoren la calidad de vida y aumentar así
la resiliencia frente a perturbaciones futuras. En 16 días se creó un evento que puede cosntituir una
importante contribución al proceso de reconstrucción, no sólo desde un punto de vista económico y
práctico, sino también en el desarrollo emocional de las familias afectadas por el terremoto. ExPost-
Sismo es una experiencia de aprendizaje catalizadora que genera compromiso, alineación y dedicación
para resolver problemas en el diseño de asentamientos humanos sustentables.

Una comunidad regional se dio cuenta que existían y que no estaban solos. Una comunidad con los
valores, los conocimientos y las habilidades para hacer una importante contribución al desarrollo de
Biobío Chile.

11) http://www.momentocero.cl/novedades/novedoso-bano-ecologico-y-economico-
para-damnificados-del-terremoto

Novedoso baño ecológico y económico para damnificados del terremoto

Grupo de universitarios crearon BIS, baño integral sustentable, que incluye ducha, WC lavamanos
e iluminación ecológica. Diego Pizarro, uno de los creadores nos cuenta que de que se trata.   // Por
Hugo Villarroel N.

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Para muchos, la tragedia sucedida con el terremoto del 27 de Febrero ha sido un ejemplo de la gran
solidaridad de la que son capaces los chilenos.

En cada rincón del país se han desarrollado iniciativas para socorrer a miles de compatriotas en estos
difíciles momentos en donde lo han perdido todo. Ejemplo de ello, es el noble invento llamado “Baño
Integral Sustentable” (BIS), generado por un grupo de universitarios de la Universidad Santa María,
quienes se reunieron para dar solución a una necesidad básica y urgente en las personas damnificadas.

Diego Pizarro, con Lisette Cerda, Sebastián Pérez, Matías Irles y Pablo Schele, son en definitiva, el fiel
símbolo de una nueva generación jugada y dispuesta a sacrificarse para ayudar.

En Septiembre, viajarán gracias a fondos del INJUV a Navidad, VI Región, a construir la primera serie
de baños en la localidad, y pretenden llegar a nivel nacional con este innovador invento que utiliza
tecnologías sensibles con el medio ambiente.

¿De qué se trata el “BIS”?


El BIS, es un baño integral sustentable construido con tecnologías adecuadas. Su construcción es fácil,
rápida, de bajo costo y con materiales de fácil acceso en el mercado. Su principal característica, es que
sea ecológico y prácticamente autónomo. Tiene una iluminación natural y por LED, un baño seco, un
estanque solar que entibia el agua y alimenta a un lavamanos y ducha, los que a su vez desaguan en un
Biofiltro que trata las aguas grises y las devuelve aptas para regadío.

¿Cómo nace la iniciativa?


Nace producto de las ganas de ayudar a los damnificados del terremoto-maremoto del pasado 27.02.
Este verano hice mi práctica en la ecoescuela el manzano, donde se enseña y vive la permacultura, y al
volver a la U, después de esta experiencia veraniega, se me invitó a participar del grupo GEA (genera-
ción de energías alternativas), donde un subgrupo realizaríamos ayudas de emergencia. En un princi-
pio era solo un baño seco, pero quisimos darle más valor y terminamos en lo que es ahora el BIS.

¿Cuáles son las metas este proyecto?


El objetivo general es otorgarle autonomía a la gente beneficiada con un BIS, junto con mejorar las
condiciones precarias en la que se encuentran muchas familias, entregando una mejora sanitaria nece-
saria para el ser humano, dado que su única dependencia es la del abastecimiento del agua potable (en
el caso de que no posean aguas subterráneas, donde serían 100% autónomos) Los objetivos específicos
son en resumen, acercar las energías y tecnologías sustentables a las personas.

¿Cómo ha sido el recibimiento de la comunidad?


Excelente, nos hemos llenado de felicitaciones, la conciencia ambiental está más que nunca presente
en la sociedad, sólo falta este tipo de oportunidades reales y al alcance de las personas.

¿En qué consiste el premio del INJUV que acaban de ganar?


Es un financiamiento del 75% de proyecto (casi 17 millones de pesos), de los cuales nosotros gestio-
namos el otro 25%, para construir 40 BIS en sectores rurales, afectados por el desastre natural, en la
comuna de Navidad, VI Región.

¿Cómo será el proceso de armado de la primera serie de baños en la VI región?


Iremos como trabajos voluntarios con un grupo de más de 100 jóvenes de distintas universidades,
para la semana del 11 al 20 de Septiembre. Estamos trabajando con Andrea Olguín, asistente social de

18
la I. Municipalidad de Navidad en la selección de las 40 familias, y por nuestra parte, estamos planifi-
cando las cuadrillas y líneas de construcción de todas las tecnologías y estructuras para realizarlo de la
manera más eficiente. De salir todo a la perfección, tendríamos los últimos días para participar de las
celebraciones del bicentenario locales a las que ya nos tienen invitados.

¿En el futuro, pretenden expandir la iniciativa a otros sectores damnificados?


Pretendemos expandir la iniciativa no sólo a sectores damnificados, sino que también a campamentos
y zonas rurales, ya que el BIS no es sólo una solución aplicable para emergencias, es una nueva forma
de concebir el baño, acorde a las necesidades de cuidado del planeta y su gente.

12)http://www.comunicarseweb.com.ar/biblioteca/Noticias-10/1437.html

Chile; Alianzas, innovación y emprendimiento para la reconstrucción sustentable y res-


ponsable del país

Los días 3 y 4 de agosto se realizó el X Encuentro Internacional de Responsabilidad Social Empresa-


rial “Reconstrucción, Sinergia, Emprendimiento: Transformando la emergencia en desarrollo em-
presarial sustentable” organizado por Acción RSE. El Encuentro profundizó sobre la importancia del
trabajo en alianzas entre el sector público, las empresas y las ONG’s, para colaborar en el desarrollo
nacional, especialmente después del terremoto del 27 de febrero.

Más de mil personas asistieron al X Encuentro Internacional de Responsabilidad Social Empresarial


organizado por Acción RSE en su décimo aniversario: “Reconstrucción, Sinergia, Emprendimiento:
Transformando la emergencia en desarrollo empresarial sustentable”, el 3 y 4 de agosto en CasaPiedra.

El evento, que contó con la participación de cuatro expositores internacionales y treinta destacados
panelistas nacionales, fue inaugurado por el Ministro Secretario General de la Presidencia, Cristián
Larroulet, quien anunció que el Gobierno perfeccionará la ley de donaciones, como una forma de faci-
litar y fortalecer las iniciativas sociales de las empresas, asegurando, a la vez, que una alianza entre el
estado, la sociedad civil y el mundo empresarial es imprescindible para fortalecer el crecimiento.

Felipe Lira,  presidente de Acción RSE, destacó la importancia de mirar la reconstrucción de Chile
como una oportunidad para avanzar en una dirección más sostenible, a través del fortalecimiento
del trabajo conjunto entre lo público, lo privado y la sociedad civil, como una manera de contribuir a
la creación de un país para con más igualdad de oportunidades y mayor cohesión social. Asimismo,
subrayó la importancia de la PYME como actor relevante en la economía nacional y en el desarrollo
sustentable, asumiendo el desafío que tiene la organización para incorporarla en el círculo virtuoso de
la RSE.

Reconstrucción

En su presentación relevó la importancia de la alianza gobierno-empresa-ONG como el camino más


efectivo para lograr levantar a comunidades afectadas por desastres naturales como el ocurrido en
Chile. A su juicio esta alianza facilita el respeto por la dignidad y los derechos humanos, ya que en ella
intervienen los principales actores de la sociedad y todos asumen el mismo protagonismo.

“Un terremoto nos debe enseñar a todos que debemos adquirir la cultura del riesgo y crear institucio-
nes que permitan generar seguridad. Conocemos muy poco de riesgo y es tremendamente necesario

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que lo hagamos para desarrollar políticas de prevención”, aseguró.

Su aplaudida exposición fue seguida por la de Cristóbal Lira, Director Ejecutivo del Comité de Emer-
gencia del Gobierno, quien presentó las acciones hasta ahora desarrolladas por el Estado en la recons-
trucción. Destacó la participación de más de 100 empresas en la construcción de viviendas de emer-
gencia y aseguró que posiblemente llegarán a construir 85 mil en todo el país.

Alejandro Aravena, arquitecto y Director Ejecutivo de Elemental Chile, presentó el proyecto de re-
construcción sustentable de la ciudad de Constitución, que comprende medidas específicas para paliar
un nuevo tsunami, definiciones del tipo de construcción y la habitabilidad de las mismas en las zonas
de mayor riesgo, y soluciones a los problemas planteados por la comunidad no solo en relación al
terremoto y tsunami, sino a la ciudad en general. Lo anterior en estrecha colaboración entre las par-
tes interesadas: empresa, gobierno central y local, privados y los habitantes de la ciudad. Un proyecto
que mejorará la calidad de vida de los maulinos y que, además, implementa soluciones en línea con el
desarrollo sustentable en la ciudad.

Finalmente la Intendenta de la VIII Región, Jacqueline Van Rysselberghe, habló desde su propia
experiencia en terreno, solicitando a las empresas presentes que continuaran aportando a esa región,
una de las más afectadas por el terremoto.

Innovación y soluciones sustentables

Con la mirada puesta hacia el futuro, el segundo panel abordó el tema de la innovación y el emprendi-
miento para solucionar los problemas de manera  sustentable.

María Alice Setubal, del Movimiento Nossa Sao Paulo, explicó el trabajo  desarrollado por esta organi-
zación que reúne más de 600 organizaciones de la sociedad civil que trabajan por hacer que la ciudad
sea más sustentable. Nossa Sao Paulo trabaja muy descentralizadamente en los múltiples distritos que
conforman la ciudad, y realiza su labor a través de la medición de indicadores de desarrollo en cada
una de las zonas, los que les permiten priorizar las áreas a trabajar en cada una de ellas. De esta mane-
ra, desarrollan y presentan distintos programas, políticas, proyectos u otros a los gobiernos locales y al
de la ciudad, para resolver los temas más urgentes e ir haciendo del desarrollo sustentable una priori-
dad. En el ámbito de promoción, por ejemplo, lideran “el día sin auto”, que permite concientizar a la
población acerca de la contaminación y el cambo climático.

Carlos Osorio, Director del Master en Innovación de la Universidad Adolfo Ibáñez, explicó a los asis-
tentes como a través de la innovación es posible crear soluciones sustentables en el tiempo. Recomen-
dó aplicar este principio a todos los procesos, desde la identificación del problema hasta el manejo del
mismo, y mantener siempre la mente abierta a otras alternativas de soluciones. Sorprendió cuando
dijo que un éxito y un fracaso en materia de innovación tienen el mismo costo.

Andrés Morán, subgerente de Asuntos Públicos de Arauco, profundizó en el Plan de Reconstrucción


Sustentable en Constitución, desde la mirada empresarial, contando cómo el terremoto del 27 de
febrero cambió completamente la visión de la empresa, por la magnitud de las pérdidas operativas y
el fuerte impacto al sufrir la muerte de algunos de sus trabajadores. Esto los llevó a comprometerse en
este proyecto, volcándose en facilitar y colaborar especialmente en la participación activa de la comu-
nidad en el mismo.

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Sinergia

El segundo bloque, dedicado a las alianzas, partió con el panel “El valor de la asociatividad”, que contó
con las exposiciones de Jorge Nowalski, presidente de AliaRSE de Costa Rica, Mauricio Ramos, presi-
dente de VTR, Claudio Orrego, alcalde de Peñalolén y Juan Pablo Larraín, Director de comunicaciones
del Grupo Enersis.

Posteriormente, el alcalde de Peñalolén, Claudio Orrego, habló desde la perspectiva de una municipa-
lidad con recursos limitados, que sin embargo ha podido llevar adelante múltiples proyectos de desa-
rrollo social gracias al trabajo en alianza con empresas y otros actores relevantes de la comunidad.

Juan Pablo Larraín, Director de Comunicaciones del Grupo Enersis, expuso el caso del Consejo Con-
sultivo del Consumidor de Chilectra, una exitosa iniciativa que tiene como objetivo principal constituir
una instancia de diálogo entre la empresa y las asociaciones de consumidores respecto de todos los
asuntos que afecten a los usuarios y clientes de la compañía.

Alianzas en educación

El subsecretario de Educación, Fernando Rojas, enfatizó la necesidad de mejorar la calidad de la edu-


cación como un compromiso de todos los actores de la sociedad, estableciendo una alianza público –
privada que facilite el trabajo en conjunto por las próximas generaciones.

Posteriormente, tanto José Weinstein como Pablo Vidal entregaron algunas recomendaciones para
hacer más efectivo el trabajo en alianzas, tales como comprender el funcionamiento del sistema edu-
cativo, contar con la colaboración de la comunidad escolar, realizar un correcto diagnóstico y planifi-
car el seguimiento y la evaluación de resultados de un programa educativo en alianza. En este contex-
to, Vidal presentó las recomendaciones para empresas que desean invertir en mejorar la educación en
sectores vulnerables, derivadas de la experiencia de las 18 empresas y tres aliados que componen el
proyecto asociativo EducaRSE de Acción RSE.

Finalmente, Eugenio Labarca de Anglo American presentó el caso  “Especialidades Técnicas en Liceos
Municipalizados”, donde relató cómo el compromiso de una empresa con la educación puede cambiar
las expectativas laborales de jóvenes en la Región Metropolitana.

RSE en las pymes

Los últimos paneles del X Encuentro Internacional de RSE estuvieron centrados en las Pymes y en la
incorporación de criterios de sustentabilidad en la gestión de la cadena de proveedores de las grandes
empresas.

Ximena Clark, Jefa de la División de Empresas de Menor Tamaño del Ministerio de Economía, presen-
tó una caracterización de las micro, pequeñas y medianas empresas en Chile, destacando la heteroge-
neidad de ellas y la importancia de abordar un acercamiento a ellas de acuerdo a sus particularidades.

Felipe Lira, Presidente de Acción RSE, presentó los resultados del Primer Estudio en Principales Ciu-
dades de Responsabilidad Social en Pequeñas y Medianas Empresas en Chile, realizado en conjunto

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con Ipsos Chile, el cual reveló interesantes contenidos. Entre las conclusiones generales destaca, en lí-
nea con lo dicho por Ximena Clark, que el término pyme es una categoría muy gruesa: no es lo mismo
una pequeña que una mediana y que, por lo tanto, se debe hacer un esfuerzo por hilar cada vez más
fino y que la asociatividad sigue siendo un gran desafío en el sector.

Otros aspectos interesantes derivados del estudio en relación a la RSE es que para la gran mayoría
de las pymes la mayor preocupación en este aspecto se orienta al cuidado de los empleados y que el
discurso ético y medioambiental está instalado, al menos en la intención, lo que constituye una buena
base para promover la implementación de buenas prácticas.

Hay mucho por hacer en el ámbito del encadenamiento entre pymes y empresas clientes, sobre todo
grandes empresas, para promover RSE.

El estudio se realizó sobre una muestra representativa de 15 mil empresas pequeñas y medianas, sin
considerar los microempresarios.

En la discusión posterior, se sumaron al panel Andrés Concha, Presidente de Sofofa, Juan Araya,
Presidente de Conapyme y Pedro Davis, Presidente de Conupia, quienes enfatizaron que cualquier
acercamiento para trabajar en RSE en la Pyme debe hacerse atendiendo a sus diferentes realidades y
entendiendo que en la mayoría de los casos, la prioridad es subsistir.

Cadena de proveedores sustentable

En el último panel sobre “Emprendimiento y cadena de proveedores”, participaron Joanna Daniels,


Marketplace Director de Business in the Community del Reino Unido, Verónica González, Directora
Ejecutiva de Empretec, Roberto Manieu, Socio fundador de Chilean Gourmet y Eduardo Mizón, Ge-
rente General de Sodimac.

Joanna Daniels explicó qué  significa introducir la RSE en la cadena de proveedores, y cómo esto se ha
convertido en estratégico para las grandes empresas, pues una mala práctica por parte del proveedor
puede influir directamente en la reputación de la compañía.

Finalmente, tanto Manieu como Mizón demostraron como las empresas pueden trabajar de forma
sustentable con sus proveedores, independiente de su tamaño o del negocio que realicen.

Talleres prácticos

Para cerrar el Encuentro se dictaron tres talleres prácticos en forma paralela: Huella de Carbono:
introducción y aspectos técnicos de PricewaterhouseCoopers; Claves para entender los reportes de
sustentabilidad de Kodama & Mex; y Cómo implementar programas de vida saludable con trabajado-
res de Promondo, todos los cuales contaron con gran asistencia de público.

El X Encuentro Internacional fue "Cero Emisión", ya que el CO2 generado por su realización fue com-
pensado gracias al apoyo de las empresas Masisa y Deuman.

13)http://www.gestionriesgos.cl/2010/03/22/terremoto-en-chile-universidades-re-
orientan-sus-semestres/

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La Universidad de Talca, la Universidad Católica de la Santísima Concepción y la Universidad de Chile
(Casa Central) y estudiantes de las carreras de Ingeniería, Arquitectura, Medicina, Psicologías y otras,
enfocarán sus Talleres de Títulos, Tesis, Cursos y Prácticas en función de realizar Proyectos que sirvan
para la construcción de viviendas, atención médica y cuidado de los damnificados.

El Rector de la Universidad de Chile y Vicepresidente del Consejo de Rectores, Víctor Pérez, expresó:
“Chile no puede darse el lujo de dejar pasar talentos que sirvan para la reconstrucción.”

Se han sumado a esta iniciativa, en la V Región, la Universidad Católica de Valparaíso con sus carre-
ras de Kinesiología, Trabajo Social, Ingeniería y Arquitectura. Además, la Universidad de Santiago
de Chile, la Universidad del Bio-Bío, la Universidad Católica del Maule y la Universidad Católica de
Concepción.

Destacamos que esta acción solidaria consiste en ayuda focalizada; es decir, estas Universidades y
estudiantes, se han coordinado para repartirse los lugares afectados tras el siniestro e ir en su ayuda
en términos académicos, teóricos y prácticos, a ciudades comoTalca, Retiro, Parral, etc.; a localidades
como Peralillo, Pumanque, Lolol, etc.; a caletas de pescadores como Tumbes, Candelaria,etc.

14)http://www.universitarios.cl/universidades/blogs/universitarios-blog/254-media-
guas-para-chile-una-solucion-de-calidad.html

Mediaguas para Chile, ¿una solución de calidad?

Mucho se ha hablado en nuestro país acerca de la fundación “Un techo para Chile” en donde cientos
de universitarios se integran cada año para asistir en la construcción de viviendas básicas, más conoci-
das como “mediaguas”, entregadas a familias que habitan los famosos “campamentos”, pero que ahora
agrandó su meta tras la catástrofe ocurrida el 27 de ferebro. Sin embargo, no muchos conocen como ac-
túa; de donde saca fondos y, si realmente, las viviendas que entrega engloban el concepto de “dignidad”.

Personalmente, tengo la experiencia de un amigo que viajó a Chiloé a construir estas “mediaguas”
hace algo más de 3 años. Su relato fue conmovedor, posicionándola incluso como una de las experien-
cias más gratificantes de su vida. Sin duda, creo que es una instancia bastante llenadora para quienes
lo han vivido, pero no muchos saben que las medidas de dichas casas son absolutamente incompati-
bles con las normas internacionales de no hacinamiento.

Las conocidas mediaguas son, en otras palabras, viviendas de emergencia, y poseen una medida estan-
dar de 18,3 metros cuadrados. Éstas no están equipadas de baño, ni instalaciones eléctricas y tampoco
ventanas con vidrios. Sólo son unos paneles de madera con una sola división en su interior. En mi
opinión, sin duda representan una solución para quienes lo perdieron todo tras el terremoto, pero,
¿representan realmente calidad de vida?

Según psicólogos, esta solución no ayuda a calmar la angustia, la pena ni mucho menos la impotencia
de quienes perdieron lo que ganaron con tanto esfuerzo en el trasncurso de todas sus vidas.

La polémica por esta situación generó incluso desencuentros políticos en nuestro país. Hace algunas
semanas el alcalde de la comuna de Llico (8va región), retiró la autorización de construir las 66 me-
diaguas que habían sido destinadas a su sector, argumentando que los 18 metros cuadrados sin re-
vistimientos interiores son absolutamente indignos y no representan un estandar de calidad mínimo

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para las personas afectadas de dicho lugar.

Y no sólo el tamaño y la estructura de las mediaguas ha sido criticada por los sectores más poderosos
de nuestro país, sino que también la lentitud con que estas han sido edificadas. A un mes del terremo-
to solamente se llevaban alrededor de 250 construídas, lo que parece una burla, teniendo en cuenta la
rapidez con que fue realizada la teletón que conseguiría los fondos.

Otra situación preocupante para todas las familias que recibirán esta solución habitacional, es la
ausencia total de filtros de humedad en estas casas, teniendo en cuenta la cercanía del invierno y las
complicaciones a las que se ve enfrentada siempre nuestra población más necesitada con las incle-
mencias del mal tiempo.

Sin duda, rescato la labor universitaria en esta campaña, que incluso ha sido copiada en otros países
latinoaméricanos con el nombre de “un techo para mi país”. La cantidad de estudiantes inscritos para
lograr esta misión es asombrosa cada año. Mi crítica apunta hacia la poca capacidad de generación de
viviendas dignas para las familias que lo perdieron todo.

Chile, siendo un país con riesgo constante de desastres naturales, debiese preocuparse mucho más de
destinar recursos de emergencia, guardados bajo siete llaves, para, de algún modo, ayudar a institu-
ciones como un Techo para Chile, para hacer mucho más eficiente su labor. No podemos olvidar que
esta organización no es gubernamental, por lo que no recibe ingresos directos estatales.

Su financimiento se realiza, en su gran mayoría, con donaciones de empresas y particulares, tal como
se vio demostrado en la última teletón realizada en nuestro país, en donde se logró conseguir más de
45 mil millones de pesos. Aportes exclusivamente extraídos de los bolsillos de la propia ciudadanía,
sin embargo, donde está acá el aporte neto de nuestro gobierno.

Ya es hora de que los gobiernos comiencen a preocuparse por las condiciones habitacionales que están
recibiendo los más necesitados de nuestro país. El aporte estatal, en estas obras, sería fundamental
en la creación de una nueva generación de viviendas con nuevos estándares de calidad, mucho más
dignas y representantes de párametros mundialmente desarrollados.

Aplaudo la labor de un Techo para Chile, ya que su inciativa podría ser el comienzo de una visión
social de nuestro país, capaz de erradicar de manera total la pobreza de nuestros límites. Sin embar-
go, desapruebo completamente la preocupación de los gobiernos, en no fiscalizar y aportar, en que las
viviendas cumplan realmente con las condiciones en que todo chileno merece vivir.

Te invitamos a aportar en la generación de este debate. ¿Crees que las casas entregadas por un techo
para Chile representan una solución verdadera? ¿estamos progresando como país, o nos estamos que-
dando estancados con párametros mediocres de calidad? ¿cuál es la influencia que debiese tener y NO
TIENE, el gobierno de nuestro país?

15)http://www.qvid.cl/2010/04/19/soluciones-en-la-emergencia/

Duchas, lavaplatos, centros comunitarios de lavado de ropa. Son algunas de las soluciones para luga-
res que no disponen de agua corriente y que han salido a la luz a propósito de la emergencia vivida por
miles de familias afectadas por el terremoto y posterior tsunami de febrero.
Los ingenios ya existían y algunos de ellos ya estaban siendo utilizados. La coyuntura de emergencia

24
planteada por la catástrofe que azotó al país hizo que los responsables de tales desarrollos los pusieran
a disposición de quienes los requerían.
Un techo para Chile, entidad responsable de las viviendas de emergencia, también está involucrada
en el desarrollo de cierto diseño de impacto social. Ella  trabaja en dos frentes, el más conocido los
campamentos de emergencia que se han establecido en Chile a partir de tomas de terreno, ayudando
a su erradicación. Este modelo se ha exportado a varios países de Latinoamérica a través de Un techo
para mi país.

Junto con ello, tiene un Centro de Innovación, en el cual trabaja en el desarrollo de productos que
apoyen lo que se hace con los habitantes de los campamentos, que carecen de servicios básicos como
el agua potable.

“Hemos desarrollado tres productos que han sido muy útiles en estos casos, y también muy pertinen-
tes en emergencias como el terremoto y maremoto”, comenta Julián Ugarte, director del Centro de
Innovación de Un Techo para Chile.

Uno de ellos es la ducha Halo, que mezcla elementos que están en el mercado y es una ducha con pul-
verizador, que da la posibilidad a los pobladores de ducharse el cuerpo y con buena presión, donde no
hay agua corriente.

El diseño pertenece a dos jóvenes de Designmatters, departmento de diseño para el impacto social del
Art Center College of Design, de Pasadena, California. Con esta institución, el Centro de Innovación
hace un trabajo colaborativo desde hace algunos años.

Otro desarrollo es un lavaplatos hecho con dos recipientes plásticos y una estructura de alambre, que
se llama reLava. Es una eficiente estación para la cocina que facilita la reutilización del agua, combi-
nando todos los pasos del lavado de platos en una sola tarea.

El propósito de estos diseños es lograr el máximo impacto con el mínimo de recursos. Así como lo
hace también el centro de lavado comunitario, donde se lava la ropa de todos los pobladores para eco-
nomizar agua y espacio.

Tal como estos diseños, se trabaja también en otros productos para el manejo del agua, para su filtra-
do o para lograr un flujo constante de ella desde una misma fuente.

Con Designmatter, Un Techo para Chile trabaja en un programa especial que se inició con la venida a
Chile de doce estudiantes y tres profesores de ese centro de California, quienes vivieron la realidad de
un campamento para definir sus mayores problemas y darles soluciones creativas e industrializables a
un costo muy bajo, para que resulten viables para los vecinos.

Se hicieron estudios e identificaron las necesidades más importantes que se generan en un campa-
mento, siendo las Top 3 la ducha, el baño y la calefacción. Viaje a California de por medio, están de
regreso en Chile algunas soluciones como las mencionadas.

Más que un techo, la institución generada en el Hogar de Cristo ha ido cubriendo los requerimientos
que surgen de la condición de emergencia. Y para ello ha recurrido al diseño.

“En Un techo para Chile el diseño se mete el año 2005. Se hizo un concurso que se llamó Mínimo,

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para equipar las viviendas sociales. A partir de eso se generó un área para colaborar con la superación
de la pobreza desde el diseño. Con el tiempo, Mínimo quedó chico y entonces se generó el Centro de
Innovación”, refiere Julián Ugarte.

La iniciativa más nueva en esta materia, lanzada con la colaboración de instituciones y profesionales
que se han ido sumando, es Crea por Chile, que busca lograr propuestas de valor aprovechando los
recursos materiales disponibles.

“Sabemos cuáles son los desafíos, pero nos faltan más soluciones. Es un llamado desde el diseño hacia
las otras disciplinas que pueden colaborar”, explica Ugarte.

En 30 días, plazo en que se acaban los recursos que entrega el gobierno, los interesados deben tener
soluciones en el formato “Hágalo Usted Mismo” y que obedezcan a un kit de partes y piezas existentes
en el mercado. Junto con ello, requerimientos de diseño mínimo, como el manual técnico de armado,
su bajo costo, la funcionalidad, la fácil reproducción y escalabilidad, además de una implementación
inmediata.

16) http://www.qvid.cl/2010/04/05/ecologia-a-traves-del-diseno/

Ecología a través del diseño

La cooperación internacional da sus frutos, también en el ámbito del diseño sustentable. Un acuerdo
de colaboración establecido entre la región italiana de Lombardía y el Ministerio de Relaciones Exte-
riores de Chile fue el origen de Remade in Chile, que vio la luz en el año 2007.

Su propósito es desarrollar productos con potencial comercial, a partir de material de desecho, tanto
de procesos productivos como residuos domiciliarios, difundiendo así el reciclaje a través del diseño.
Remade in Chile promueve el reciclaje, la reutilización y el cuidado del medioambiente a través del
diseño.

El foco de Remade in Chile está en motivar a diseñadores y empresas para la generación de este tipo
de productos a través de convocatorias y proyectos de colaboración, basándose su trabajo en la forma-
ción de redes.

Para ello funciona a través de distintos mecanismos, como la convocatoria anual que hace a estudian-
tes y profesionales a presentar proyectos bajo el marco del diseño, el reciclaje y la reutilización.

Durante la primera convocatoria se recibieron 50 trabajos, número que creció tres veces en la segun-
da. En marzo se dio a conocer el resultado de la tercera convocatoria, la de 2009.

Junto con este verdadero concurso de diseño, que se realiza en conjunto con la Escuela de Diseño de
la Universidad Católica, la institución ha descubierto nuevas posibilidades para el desarrollo de pro-
yectos, entre ellas la colaboración con empresas, a través de iniciativas que cubren necesidades especí-
ficas de estas, por ejemplo en materia de merchandising y objetos de comunicación.

Asimismo, finalizadas las convocatorias o alianzas con empresas, los resultados se exhiben para difun-
dir la capacidad de acción que puede tener el reciclaje y se realizan charlas transmitiendo la experien-
cia Remade.

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Un proyecto desarrollado por Remade in Chile en asociación con estas iniciativas es Remade Mer-
chandising, para la producción de regalos corporativos a partir de desechos, aprovechando el interés
por iniciativas que respeten el medioambiente.

Convocatoria 2009

En la convocatoria 2009 a estudiantes y profesionales, el proyecto que obtuvo el primer lugar fue Ewe,
consistente en carcasas biodegradables de ahorro energético, que fue desarrollado por Montserrat
Flores, de la Universidad Diego Portales.

Ewe es un material creado a partir de la reutilización de un descarte de la cadena lanera, llamado blo-
usse (fibra corta que presenta restos de pasto y paja). Es flexible e impermeable y su campo de aplica-
ción son carcasas sustentables para aparatos electrónicos. Sus propiedades higroscópicas y antiestáti-
cas permiten obtener un ahorro en el consumo energético del aparato.

El segundo lugar lo obtuvo Demodé, un tablero aglomerado, fabricado a partir de desechos textiles
post-consumidor, de Bernardita Marambio, también de la UDP.

El tercer lugar fue para el proyecto Trenzado Modular, de Rodrigo Suárez, de Duela Estudio, mientras
que la mención honrosa fue para el grupo de la Universidad Federico Santa María, compuesto por
Franco Azócar, Felipe Contreras, Pablo Genovese y Nicolás Marín, quienes diseñaron Thermoacustic
Panel Pack.

En la selección de estos proyectos Remade in Chile contó con la colaboración de un jurado en el que
participaron Marco Capellini, arquitecto a cargo de Remade in Italy; Ximena Abogabir, directora de
la Fundación Casa de la Paz; Douglas Leonard, profesor de la Escuela de Diseño de la Universidad
Católica y experto en iluminación y ahorro energético; Félix Maldonado, de Punto Focal Chile y la Red
Latinoamericana de Ecodiseño-PNUMA; el diseñador chileno Rodrigo Alonso, creador de la oficina
Musuc House, además del equipo de Remade in Chile.

17) http://www.qvid.cl/2009/12/02/superar-la-probreza-con-diseno-“inclusivo”/

Superar la probreza con diseño “inclusivo”

Con el propósito de no mirar pasivamente cómo pasa la vida mientras algunos van quedando atrás,
un grupo de diseñadores junto a emprendedores de campamentos, representantes de organizaciones
como Un Techo para Chile y tiendas de retail, además de jóvenes voluntarios, decidieron dar forma a
un proyecto de superación de la pobreza llamado Inclusivo.
Este busca, desde la experticia de cada parte, colaborar con la superación de la pobreza en Chile. Los
diseñadores son encabezados por el referente nacional Rodrigo Alonso, mientras que por parte de Un
Techo para Chile participan su Centro de Innovación y el Área de Fomento Productivo.
El objetivo de Inclusivo, una experiencia de colaboración sin precedentes en nuestro país, consiste en
lograr, bajo los aleros del comercio justo, la superación de la pobreza a través de la creación de micro
fábricas y empleos en asentamientos humanos.
Ello mediante el desarrollo de productos innovadores de diseño que son vendidos en tiendas de retail
masivo para generar ingresos para las familias más pobres del país y ayudarlas a través de su empren-
dimiento, a salir del círculo de la pobreza.

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Recientemente fue lanzado Armo, un calzado desarrollado para hombres y mujeres. Se trata de un
producto de alto impacto, calidad y basado en una fabricación simple, pues el mismo usuario puede
armarlo, siendo la primera generación de zapatos que la gente puede trasformar, personalizar, aplanar
y guardar.

“La experiencia es una muestra de que el diseño y los diseñadores no piensan solo en lo sofisticado y en
la elite, sino que también se comprometen con los problemas sociales del país y le ponen el hombro a la
tarea de la superación de la pobreza”, comentó Rodrigo Alonso, quien se ha destacado por sus propuestas
innovadoras que vinculan al diseño con la responsabilidad social y la protección del medioambiente.

Agregó el profesional que se trata de una iniciativa que reafirma que la pobreza es exclusión y falta
de oportunidades, y que cuando estas últimas llegan a las personas que lo necesitan, las toman y se
aferran a ellas para superar su condición.

A su juicio, es más que un gesto de responsabilidad social de las empresas, que dan el espacio físico de
ventas que soporta este revolucionario modelo, sino que se trata de “una vuelta de tuerca en el modelo
solidario para superar la pobreza, que no invita a donar, sino que convida a los consumidores a consu-
mir desarrollo país con productos de excelencia”.

Según Alonso, Inclusivo es una muestra concreta de que si la pobreza es un problema de todos, y no
solo de quienes la viven, se puede superar.

18)http://www.qvid.cl/2009/08/18/desechos-que-inspiran-al-diseno/

Desechos que inspiran al diseño

Apelando al rol estratégico que los diseñadores deben asumir frente a la problemática ambiental, se
dio inicio a la convocatoria nacional del Segundo Concurso de Diseño Sustentable PUC y Remade in
Chile 2009.

Al lanzar la convocatoria, sus organizadores, la Escuela de Diseño de la Pontificia Universidad Católica


y de Remade in Chile –entidad sin fines de lucro cuyo objetivo principal es promover el reciclaje, la
reutilización y el cuidado del medioambiente a través del diseño–, manifestaron su convencimiento de
que a través del talento nacional es posible descubrir el valor del desecho como materia prima.

En su segunda versión, el Concurso de Diseño Sustentable PUC decidió unir fuerzas con la tercera
versión de Remade in Chile, convocando de manera conjunta a estudiantes y profesionales para que
presenten nuevos productos que sean de bajo impacto ambiental.

Dado el éxito de las convocatorias pasadas, nos los organizadores se han planteado un nuevo desafío
para el año 2009. Este consiste en el desecho local como inspiración para el diseño nacional.

Para ellos resulta fundamental que los talentos creativos de nuestro país puedan orientar sus esfuer-
zos para desarrollar productos sustentables que se transformen en una alternativa real para nuestro
mercado.

La invitación es a descubrir en el desecho de nuestro país una oportunidad de innovación a través del
diseño.

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La convocatoria fue abierta el lunes 10 de agosto y permanecerá vigente hasta el lunes 16 de noviem-
bre. La inscripción y presentación de proyectos se realiza a través de la página web de la Escuela de
Diseño de la UC y de Remade in Chile (www.uc.cl/dno y www.remadeinchile.cl).

La selección de propuestas se llevará a cabo por un equipo de profesionales expertos en el tema y se


comunicará a través de la web. Los proyectos seleccionados participarán de una exhibición a realizarse
en marzo del 2010.

19)http://www.qvid.cl/2010/06/21/ganadores-de-crea-por-chile/

Ganadores de Crea por Chile

Cerca de 400 propuestas de alto nivel recibió la organización de Crea por Chile, concurso que buscó
sensibilizar las mentes ante el desastre material y social provocado por el terremoto y posterior tsuna-
mi de febrero.

La iniciativa llamó a responder, desde la creatividad y técnica del diseño, a los desafíos que enfrenta-
ron miles de familias afectadas por los desastres y a participar de la reconstrucción de Chile.
Entre todas las propuestas, el jurado eligió a nueve de ellas como las mejores.

Se trata de Envase Luz, una lámpara hecha a partir de una botella de bebida desechable diseñada por
Josefina Huidobro y Constanza Astroza; Lavaportatil, un sistema de lavado portable que incluye con-
tenedor de agua y cubeta, desarrollado por Francisco Cabezas y Francisco Torres.

Me/sa, de Manuel Atudillo, es una mesa que une dos diferentes ambientes dentro de una vivienda de
emergencia gracias a una cubierta abatible. En tanto, Elasticatodo, de Valentina Mery, Trinidad Gon-
zález y Francisca Pérez, es un sistema de almacenamiento consistente en una cuerda elástica sostenida
por cáncamos atornillados directamente a las paredes de la vivienda.

Otra propuesta ganadora fue Dosificador Agua, un dispensador de agua que recicla botellas desecha-
bles, de bajo costo y fácil escalabilidad e implementación, diseñado por Javier Pavez y Susana Pont.
Esta se suma a Ventana Plástica, de Miriam Rodríguez, una ventana de polietileno para mediaguas
que deja entrar la luz sin que se enfríe el interior.

Los restantes tres proyectos reconocidos fueron Pastelón de Tejas, pastelón diseñado por Gabriela
Del Río a partir del reciclaje de tejas dañadas por el terremoto; RefriCrea, sistema de enfriamiento
por evaporación que consiste en una cámara más pequeña al interior de otra, de Matt Kalish, Nicole
Ketterer y Francisca Rodríguez, y el Lavaplatos de Bárbara Mandiola, hecho a partir de una bandeja
de acero inoxidable.

Hoy se está estudiando la implementación de decenas de las propuestas recibidas en conjunto con Un
Techo para Chile, el Gobierno de Chile y Sodimac.

En la organización de Crea Por Chile, que contó con el apoyo decidido del QVID, participaron Un Te-
cho Para Chile, Rodrigo Alonso, Cómodo Tienda de Diseño y Passiontour. Todos ellos tuvieron tam-
bién la colaboración del Gobierno de Chile, a través de Mideplan, BHP Billition, Sodimac, Casa Baco,
revista + Decoración, 4ª Bienal de Diseño, Tinca e Inclusivo.

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20) http://www.basurama.org/b08_casi-todo-lo-que-compras-lo-tiras.htm

Casi todo lo que compras lo tiras


Intro

En la sociedad de producción en la que se mueve la economía actual, el sistema tiene que producir sin
parar para no detener la máquina, basándose exclusivamente en criterios de rentabilidad económica,
sin atender a criterios de utilidad. Para ello se deben fabricar no-cosas: objetos vacíos o con muy poco
contenido, de modo que el proceso de desecharlas sea más fácil, y puedan dejar paso al siguiente obje-
to inútil. De ahí la proliferación masiva de los famosos objetos de usar y tirar, o incluso aquellos que,
directamente, han nacido para morir. Para que la producción de objetos nuevos tenga sentido y pue-
dan presentarse los nuevos bienes como “necesarios”, primero hay que desechar los que ya no tienen
utilidad. Podría decirse que, en realidad, el proceso de la basura comienza con la producción del nuevo
objeto fabricado para reemplazar al “viejo”.

La respuesta que nos da la industria a este problema de producción y desecho constante es el reciclaje.
Se nos hace creer que los materiales desechados son reincorporados a la cadena productiva sin coste
alguno, casi de un modo mágico. El ciudadano medio ha perdido la conexión con sus propio residuos;
piensa que el cumplimiento de unas sencillos protocolos de separación de su basura acaban con el
problema. La realidad es que el reciclaje es un un proceso industrial más que requiere un importante
gasto de energía. Sin olvidar que no todo lo que desechamos es susceptible de ser reciclado y acaba en
algún vertedero alejado de nuestra vista.

El objetivo del proyecto "Casi todo lo que compras lo tiras" es ahondar en la conciencia de que todo
acto de consumo que realizamos conlleva una consecuencia, casi siempre a muy corto plazo, y que,
por su parte, los consumidores deben presionar a los productores para que reduzcan su producción de
residuos.

A través de varias acciones y actividades trataremos de responder a preguntas como:


¿A dónde van a parar los envases de los alimentos que compramos en el supermercado?
¿Qué hay antes y después de una prenda comprada en una tienda?
¿Cómo y de qué manera llegan a nosotros diversos bienes como la gasolina o los alimentos?
Estas preguntas nos llevan a lugares inimaginables: vertederos en las periferias de las ciudades, per-
sonas del tercer mundo llevando ropa de la temporada anterior, conflictos bélicos por el control de las
fuentes de energía y las materias primas, etc.

El problema del exceso de consumo es un tema muy amplio que ya ha sido tratado de un modo exten-
so y riguroso por diversas publicaciones y guías de consumo responsable, por lo que el proyecto “Casi
todo lo que compras lo tiras” opta por centrarse en la reflexión al respecto de la cantidad de productos
con poca o nula vida útil; todos los objetos que compramos y desechamos directamente, todos esos
objetos nacidos para morir que no deben ser producidos, dado que su función es puramente la del cre-
cimiento de la economía y del “desarrollo” tal y como lo entendemos hoy. Sólo un cambio en nuestro
modo de vida, la reducción del consumo individual y la presión como consumidores pueden provocar
un cambio global.

30
21)http://www.basurama.org/txt_b07_alfonso-del-val_de-la-verdad-incomoda-a-la-
incomodidad-de-la-verdad.htm

De la verdad incómoda a la incomodidad de la verdad.


Alfonso del Val. Febrero 2007

Se nos presenta en las salas de cine de nuestro país, y del mundo entero, un producto audiovisual Una
verdad incómoda, que forma parte de una extensa campaña propagandística, basada en el calenta-
miento global del planeta, del señor Al Gore, ex vicepresidente de los Estados Unidos de América. Con
su ordenador Macintosh y gracias a Internet y a la información obtenida por su privilegiada situación
política, Gore consiguió elaborar un libro con el mismo título, de próxima publicación en España. Con
más de 700.000 copias vendidas sólo en la edición inglesa, a las que hay que añadir las vendidas en
23 ediciones y otros tantos idiomas, el libro de Gore, junto con la películay el DVD (un millón vendi-
do sólo en Estados Unidos) del que se pondrá a la venta próximamente también en España (10.000
copias), Gore ha conseguido un verdadero cuerpo diplomático de carácter mediático que le abre las
puertas de los grandes salones y foros mundiales.

Al Gore es recibido en Madrid (seis febrero de 2007) por el presidente del Gobierno español en el
Palacio de la Moncloa. Varios ministros y otras personalidades acuden a su primera conferencia en
España: El mayor problema actual de lahumanidad y nuestra contribución para frenarlo. Conferencia
que se anuncia en los medios con subtítulo: debate abierto con Al Gore. Ésta conferencia permite la
asistencia libre a aquellos que abonen 470 € + IVA, cantidad que no da derecho a tomar imágenes ni
grabación audiovisual de ningún tipo y tampoco a formular pregunta alguna al señor Gore, prohibi-
ción que afecta también a los periodistas. A pesar del ofrecimiento de plazas gratuitas para organiza-
ciones ecologistas, algunas de éstas han recibido respuesta negativa a su presencia si no abonaban la
cantidad citada.

Al Gore se presenta en la película como un enviado de la naturaleza, de origen norteamericano pero que
también se dirige a los no norteamericanos (el producto ha de venderse en el mundo entero). El nuevo
profeta, siguiendo la metodología bíblica de las siete plagas de Egipto, nos anuncia la octava plaga del
calentamiento global que arrasará de nuevo el planeta. Con un discurso americano para los norteameri-
canos, Gore maneja hábilmente la información que le parece oportuna y en esta misma línea elabora las
conclusiones sobre el terrible futuro que se nos avecina y las soluciones con las que ya contamos.

Así, los datos que ofrece sobre la situación actual del calentamiento global del planeta provienen de
"los científicos", que los hay buenos, de los que él se fía y que dicen la verdad, y malos, que la ocultan
por dinero. Al Gore para nada cita a los científicos (cerca de 2500) que desde 2001 y por mandato
de la ONU trabajan en el Panel intergubernamental sobre el cambio climático (IPCC en sus siglas en
inglés) que, por cierto, ofrecen una información más rigurosa y menos catastrofista que la expresada
por el ex vicepresidente. Al Gore sólo nos habla del CO2 (anhídrido carbónico o dióxido de carbono)
como único gas de efecto invernadero ignorando deliberadamente los gases, algunos como el metano,
responsables de un efecto mucho mayor aunque esté presente en menores cantidades. ¿Tendrá algo
que ver este olvido del IPCC con la política del presidente Bush de desprestigio de la ONU y rechazo a
la firma del convenio de Kyoto?

Al señor Gore parece que le gusta mas el simple CO2 que las dioxinas, furanos, PCB’s y otras comple-

31
jas substancias de imposible reciclaje en la naturaleza, a diferencia del CO2 (que podría ser converti-
do en biomasa de no haber deforestado el planeta) y sobre las cuales sí hay consenso absoluto de su
extrema peligrosidad. Por esta razón, identificadas las doce substancias más letales existentes en la
atmósfera, en los suelos, en nuestros cuerpos y en el de la mayoría de los seres vivos,y que lo serán du-
rantegeneraciones, se firmó, en 2001 y ratificó en 2004 el Convenio de Estocolmo. Pero los procesos
de incineración, en los que se generan la mayoría de estos compuestos, además del CO2 en el que sólo
se fija Al Gore, continúan y poco o nada sabemos de su evolución, si exceptuamos la información de
los investigadores médicos, sobre su mayor presencia en los tejidos y órganos humanos.

En su película, podemos ver cómo va asufrir la Naturaleza, la obra de Dios, con mayor precisión y cru-
deza, que sus propios habitantes. Al referirse a los efectos del cambio climático en África, nos muestra
un pobre mapa con el lago Chad, sin imagen alguna de sufrimiento de sus habitantes. La única ima-
gen que ofrece para mostrarnos su angustia y sufrimiento que le lleva hasta la muerte, es la de un oso
polar que nada hasta 100 Km y muere, para encontrar hielo. Quizás la visita a España le sirva para que
los ministros y otras autoridades le sugieran que cambie el oso por los africanos que, en mucho mayor
número, mueren al intentar cruzar el estrecho de Gibraltar, para encontrar una vida mejor. Ya sabrá
él, o sus asesores audiovisuales, que los africanos no son blancos como el oso.

Sin embargo, en la película no podemos ver las causas que han provocado la ruina económica y social
de ese gigantesco continente que contiene una gran parte de los recursos naturales del planeta y que,
quizás por ello se encuentre en la actual situación de ruina. Simplemente y al mostrarnos el lago Chad
seco ( con una flecha que dice Darfur a la derecha y Níger al izquierdo), nos indica el ex vicepresiden-
te, que esta situación complica los demás problemas que tienen ahí. Y, por supuesto, nada nos dice
sobre como solucionarlos.

Tampoco nos explica el señor Gore cual es la causa verdadera de la situación en el mundo sobre el
agotamiento de los recursos, la contaminación ambiental y la desigualdad actual económica y social. A
pesar de que en 1972 ya se realizó un exhaustivo informe (Los límites del crecimiento, informe al club
de Roma sobre el predicamento de la humanidad). Donella H.Meadows, Denis L,Meadows, Jorgen
Randers y William Berens III), al cual han seguido otros estudios que han dado pie a la declaración de
la Cumbre de la Tierra (Río de Janeiro, 1992) sobre la necesidad de la conservación de los recursos,
el señor Gore no nos habla en sus soluciones de reducción alguna del consumo de recursos naturales,
energéticos o no. Sólo nos habla de energía y CO2. No le preocupa el sufrimiento actual de las perso-
nas por la destrucción de sus territorios, los desplazamientos y las muertes como consecuencia de la
depredación de los recursos, pero sí se muestra compungido al pensar en su granja, en la que pasó su
idílica infancia. No sabe en que quedará tras el calentamiento global.

El consumismo es intocable, como alma y motor de nuestra actual civilización que transforma recur-
sos naturalesen residuos en la proporción del 93%. Sólo el 7% de los recursos naturales que utilizamos
(minerales energéticos y no energéticos, alimentos,...) son transformados en bienes útiles para nuestro
exagerado consumo. Al Gore nos indica que la solución está en cambiar el coche por otro sin decirnos
si en la fabricación y utilización de este nuevo coche, se consumen más o menos recursos y si la efi-
ciencia transformadora (mayor aprovechamiento de los recursos) será mayor o menor. Igual sucede
con la energía, mostrándonos unos paneles fotovoltaicos (transforman la luz solar en corriente eléctri-
ca) que, hoy por hoy, necesitan en su proceso de diseño, fabricación y montaje, más energía que la que
producirán en su vida útil. Nos dice el señor Gore que demandemos a las compañías eléctricas energía
limpia, verde. ¿ A que energía nueva se refiere el señor Gorecuando nos habla de que se puede llegar
a emisión cero de CO2?. Alcanzar este objetivo en el uso intensivo de la energía en un país como los

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USA, y en el mundo, significa no quemar materia orgánica (petróleo, gas natural, carbón, madera,...).

Sólo la energía nuclear de fusión, en el sueño del reactor reproductor (ITER), puede suministrar con
garantías las gigantescas demandas actuales y más aún en el futuro, que exige nuestra civilización de
consumo - destrucción- fabricación- consumo. Sólo una fuente inagotable de energía eléctrica, podría
garantizar la disponibilidad del hidrógeno para sustituir a los combustibles fósiles en los procesos de
combustión. Coincidencias entre Al Gore y Jeremy Rifkin.

Una vez más, Al Gore, nos recuerda que es norteamericano y habla para los americanos en lo funda-
mental y que, sólo se refiere al resto del mundo en las partes menos importantes de su discurso. Nos
dice que debemos reducir la dependencia del petróleo extranjero, no la movilidad compulsiva y en-
fermiza que nos impulsa a desplazar materiales, productos y personas constantementeycada vez mas
deprisa y lejos. Sí nos dice que debemos de reducir la extracción de petróleo en nuestro país. ¿A qué
país se refiere?. La mayoría no tienen petróleo. Esta consigna, bajo el epígrafe deseguridad nacional se
traduce en verdadero rechazo a la importación de petróleo, tanto para los militaristas (guerras territo-
riales por su control), como para los halcones fiscales (repercusión de las importaciones en la valora-
ción del dólar) y económicos del neoconservadurismo que arropa al presidente Bush. También parece
que pretende satisfacer los deseos de las poderosas sectas evangelistas que predican incesantemente el
deber del hombre de conservar la Tierra que nos dio Dios. Aunque Al Gore no responde a la pregunta
clave para estas sectas: ¿qué coche conduciría hoy Jesucristo?.

Al Gore, en definitiva, pretende asustarnos (el miedo es el instrumento más sutily útil del poder), res-
ponsabilizarnos a todos, pero sin mostrarnos gráfico ni tabla alguna de la responsabilidad que corres-
ponde a cada uno (personas, grupos económicos y sociales, países). Es más, en el fondo, él tampoco
sabe porque nos pasa ésto. Así se lamenta con un como en nombre de Dios pudo pasar aquí, al referir-
se a los desastres producidos por el huracán Katrina.

Al Gore no exige responsabilidades a los conocidos causantes de la situación actual y futura, cuyo en-
riquecimiento material es aún mayorque el aumento del desastre ambiental que han producido (sólo
Exxon-Mobil (nota del editor exxonsecrets.org), ha obtenido en 2006, 30.361 millones como benefi-
cio, el mayor obtenido por una empresa en la historia del capitalismo), pero si exige que aceptemos
esta situación como el pecado de toda la humanidad y que trabajemos todos juntos en el futuro para
salvar el peligro que nos acecha.

Tampoco nos indica cuánto CO2 se emitió a la atmósfera como consecuencia de la fabricación, prue-
bas, transporte y utilización del desproporcionado ejército de su país, que no es el de la humanidad en
su conjunto. O del emitido en las sucesivas guerras por el control del petróleo (bombardeos, voladuras
de pozos de petróleoy refinerías, roturas de oleoductos y gasoductos.

Para este simple y sostenible discurso, ya está el republicano Schwarzenegger, quizás con mayor tirón
cinematográfico, en cuya avanzada, ambientalmente, California, nadie se puede comprar, todavía, el
coche que conduciría Jesucristo.

Como conclusión, la propaganda de Al Gore no ofrece nada nuevo y riguroso (mejor escrito y razona-
do, aunque no presentado, está el primer informe al club de Roma de 1972 y más rigurosa y científica
es la información aportada por el IPCC de la ONU en 2001). Sigue la Biblia en su presentación y sim-
pleza del análisis, causas y formulación de los remedios, recomendando rezar a los que sean creyen-
tes. Para cobrar los beneficios del desastre y los que se derivan de su divulgación, incluido él mismo,

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existen nombres y apellidos. Para pagar los daños ambientales, debemos estar todos juntos y herma-
nados y al que le toque más concretamente, preguntarle a Dios: " por qué a nosotros y aquí". Al Gore
desaprovecha en esta magnífica, y quizás irrepetible, ocasión, la oportunidad de ofrecernos su currícu-
lum personal al respecto: las labores, los sacrificios y los logros obtenidos durante su carrera política
incluido su período de vicepresidente de Estados Unidos. Quizás así, hubiera ganadolas elecciones y
seria hoy Presidente en lugar de vendedor de libros y DVD’s, aunque entonces quizás no hubiera sido
iluminado por Dios para predicar el desarrollosostenible, algo que, según manifiesta él mismo, sólo
sucedió tras perder las elecciones presidenciales. Es entonces, cuando el nuevo profeta ecologista ma-
nifiesta que: vi claramente la misión que venía persiguiendo.

Vean, lean y juzguen ustedes, sobre todo los privilegiados que hayan podido oíry ver al profeta, por
500 €, si no estamos asistiendo a un fenómeno global, ecológico, económico y religioso, que atrae por
igual a niños y mayores, orientales y occidentales, plebeyos (los que como yo sólo vemos el DVD que
nos ha pasado un amigo) y aristócratas (los que le pagan los 200.000 dólares por conferencia y tienen
la potestad de verle e incluso hablarle). Para terminar, unas últimas preguntas, ¿qué habrán apren-
dido, tanto el presidente del Gobierno como los ministros y otras autoridades, de sus conferencias?,
¿Habrán pagado la entrada?, si es así, ¿lo habrán hecho con el dinero de nuestros impuestos?. Le da-
rán por estos méritos, o ¿será por otros que no conocemos ?, el próximo premio Príncipe de Asturias
de la cooperación2007?. ¿Se leerá, el señor Gore este artículo, y otros parecidos, alguna vez?. ¿Nos
dirá, por fin, cual es el coche que conduciría hoy Jesucristo? En, Madrid no lo pudimos averiguar.

22)http://www.basurama.org/b06_distorsiones_urbanas_scott_brown.htm

El arte en el desecho
Denise Scott Brown
 
Hace muchos años, cuando impartía clases en la Universidad de Pennsylvania, compartía una clase de
urbanismo con paisajistas. Un día invitaron a una jardinera que nos enseñó unas secuencias de imáge-
nes de plantas. Había fotografiado el crecimiento de rosas. En una secuencia tras otra, las rosas pasa-
ban de ser tiernos capullos a espléndidas flores.Pero, ¿y después? De repente me di cuenta de que sólo
estábamos viendo la mitad del proceso. Después del florecimiento viene el deterioro: la rosa envejece,
marchita y después muere. Pero la jardinera no podía enfrentarse a ese proceso de marchitamiento y
de muerte; para ella, las fotos terminaban con el logro y la plenitud.

Sin embargo, el ciclo natural es semilla, brote, flor, marchitamiento, muerte, rebrote, y así comienza
un nuevo ciclo. No es una historia tan mala. Aparece en todas las formas de vida y en toda la mitología
humana; es el contexto para cualquier discusión sobre los procesos humanos, incluidos aquellos de
vida urbana y crecimiento de las ciudades. En la década de los cincuenta, los urbanistas, que habían
presenciado la destrucción de la ciudades europeas causada por las bombas, y el deterioro de las ciu-
dades norteamericanas por la migración de la población a barrios residenciales de la periferia, em-
plearon para denominar estas pérdidas un término que hace referencia a un fenómeno de la naturale-
za: "blight"; y designar así el deterioro urbano ("urban blight"). A medida que se extendió, empezaron
a revisar sus nociones del cambio urbanístico, y empezaron a entender el nacimiento, la decadencia y
la recuperación de áreas urbanas como parte de un ciclo vital. Esta visión del proceso de degradación
paralelo al del ciclo vital, será el contexto en el que enmarcaremos nuestro intento de considerar el
arte en el desecho.

¿Cómo ven los seres humanos los desechos? Pensamos en ellos como algo sucio. El polvo es seco y re-

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lativamente limpio pero la basura es húmeda y desagradable. El desecho tiene connotaciones desagra-
dables. Por ello, para profundizar en las relaciones entre arte y basura, tendré que ser poco delicada.
Imaginad a un bebé que se ha escapado de su pañal lleno de heces. Si tiene la oportunidad, jugará con
ellas. Son parte de él, y por eso le gustan. Pero la madre no lo soportaría; la sociedad tampoco.

Algo debe hacerse con las heces porque, siendo realistas, no son higiénicas. Sin embargo, cuando se
controla demasiado al bebé, sin tacto y sin conocimientos, el resultado será inhibición, y en particular,
inhibición artística, porque la necesidad de jugar con los residuos está relacionada con la creatividad.

Una buena madre sabrá transmitir esta necesidad dejando al niño jugar en el barro, haciendo castillos
de arena o tartas de barro, es decir, haciendo algo seguro inmerso en la suciedad. Considerar el arte en
el desecho significa, por lo tanto, tomar en consideración características humanas básicas y asumirlas a
través de la educación, entendiendo, por ejemplo, que jugar entre la suciedad está ligado a la creatividad.

Nuestra definición del desecho es cultural. En un artículo de la anterior publicación de Basurama [1]
se hacía referencia a que un campesino no tendría la misma relación con el estiércol que un urbanita.
Esto me recordó a una granja que visité en Cape Dutch en Sudáfrica. El suelo estaba hecho con estiér-
col. Estaba encerado y su olor era fresco. Lo habían mezclado con huesos de melocotón y, al tacto, era
como una goma muy suave. El estiércol y los huesos de melocotón se consideraban recursos valiosos
en esa sociedad, no se percibían como basura. Las casas kraal africanas también tienen suelos de
estiércol y los africanos usan los neumáticos de los coches viejos para hacer sandalias. Con ellos hacen
las suelas y con los cables del interior del automóvil hacen las correas. Es un calzado excelente para
caminos accidentados.

Nuestra definición del desecho también es clasista. La gente de clase alta suele considerar vulgar y
despreciable el gusto de la gente de clases inferiores, y nosotros, los arquitectos, usamos las expresio-
nes "deterioro visual" o "polución visual" para describir las formas de la cultura comercial, y en espe-
cial de los carteles de las ciudades. Pero creo que no hacemos un uso apropiado de estas expresiones.
La analogía con la polución química no tiene fundamento. Las sustancias químicas pueden ser dañi-
nas para la salud y su presencia en la atmósfera se puede medir en partículas por metro cúbico. Pero
¿cómo mides la polución visual? Lo que definimos como polución visual es, a menudo, lo que encon-
tramos feo. Pero, eso mismo, puede ser bonito para otra persona, o algo que sencillamente se adecúa a
sus necesidades. A veces somos presuntuosos con las cosas que nos parecen de rango inferior.

¿Por qué estoy aquí? En primer lugar porque Basurama, al estar investigando la basura como recurso
artístico, ha elegido un campo muy interesante. Se dirigieron a Robert Venturi y a mí porque había-
mos analizado un fenómeno denostado: Las Vegas [2] y Levittown. Las Vegas es la apoteosis de la
expansión comercial descontrolada en las autopistas de las afueras de las ciudades norteamericanas,
y Levittown es un barrio residencial periférico de gente de clase media-baja, de los que emergieron
después de la Segunda Guerra Mundial para alojar sobre todo a veteranos de guerra, las "ticky tacky
boxes" del popular tema del cantante de folk Pete Seeger. Para los arquitectos de clase media-alta son
claramente las casas de otra gente. Nosotros intentamos aprender de ellas, intentando observarlas sin
prejuicios para, tal vez, poder extraer algo bello de ellas.

Antes de esto, otro colectivo de Madrid nos había llamado para invitarnos a participar en una expo-
sición sobre plagios. Nosotros dijimos que no porque si no, a partir de ese momento, nos acusarían
de robar las ideas de otros. Ellos insistieron e intentaron explicarnos que habían usado una palabra
menospreciada para referirse a un fenómeno interesante y potencialmente beneficioso: la influencia

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que se establece entre diferentes grupos o movimientos. Así que respondimos que sí, porque nosotros,
después de todo, habíamos usado la palabra sprawl [3] en nuestro afán de analizar los barrios residen-
ciales sin prejuicios. Más tarde se dirigieron a nosotros una vez más, pidiéndonos que atendiéramos
a la llamada de Basurama, que también usan una palabra con connotaciones negativas, basura, para
describir algo bueno; sentimos afinidad con su aproximación al fenómeno de la basura y, por ello,
encontramos su propuesta un desafío.

Más adelante, una arquitecta romana a la que respeto mucho me dijo que me había puesto en contacto
con algunos de los arquitectos jóvenes más interesantes de Europa. Muchos arquitectos han conside-
rado que si decidimos analizar la arquitectura de Las Vegas significaba que no teníamos un compro-
miso social. Estos críticos, que son sobre todo de una generación anterior, eran incapaces de separar
estructura y contenido. Por ejemplo, el hecho de que no me sienta para nada identificada con la reli-
gión católica medieval no implica que no me puedan gustar las catedrales medievales. No tengo que
creer en esa religión para que me encanten estos edificios religiosos. Del mismo modo, no tiene por
qué gustarme el juego para poder estudiar el urbanismo de Las Vegas. Basurama ha entendido esto, y
reconoce la afinidad entre nuestras ideas y nuestras preocupaciones sociales y las suyas.

Pero también existe otro camino que me condujo hasta aquí. Empezó en África. Como cualquier otra
niña que creciera en Sudáfrica, mi vida cultural estuvo dominada por el Reino Unido. Aunque ya no
éramos una colonia, éramos, en términos culturales, una sociedad colonial. Los expatriados ingleses
que vivían allí nos decían que nuestra realidad era inferior a la de Inglaterra. Buscaban en Sudáfrica
paisajes de un verde como el de Surrey, sin reparar en la belleza de nuestro paisaje seco de color caqui.
¿Por qué mi hermoso altiplano estepario tenía que parecerse a Surrey? Me convertí en una africana
xenófoba que protestaba airadamente contra la importación de otras culturas y tal vez objetara dema-
siado, pues ahora creo en el multiculturalismo.

Muchos compartían mis opiniones en África, donde el debate artístico giraba en torno a qué era África
y a cómo nosotros, como artistas, debíamos expresar los paisajes y la cultura africana. En este contex-
to, el arte vernáculo era venerado mientras que la cultura popular africana era menospreciada; cuando
los artistas africanos dejaron de lado sus tradiciones para aceptar también la influencia del Johannes-
burgo industrial, los puristas se sintieron ultrajados. Sin embargo, creo que estos movimientos popu-
lares, y en especial aquellos que reciclaban desechos industriales, eran muy interesantes, mucho más
interesantes, de hecho, que las interpretaciones de la cultura vernácula que habían hecho los artistas
más renombrados.

En definitiva, estábamos atrapados culturalmente entre el "debería" y el "es", entre el "debería" de un


país lejano y el "es" de África. Creo que los artistas que ven sólo basura en el "es" y atienden demasia-
do a los "deberíais" provenientes de un lugar lejano corren el riesgo de perder su creatividad. Con esta
visión, la del "es", fue con la que me aproximé a Las Vegas. Creo que mi visión de Las Vegas es africa-
na porque implica mirar a la realidad cotidiana que nos rodea e intentar verla como una fuente artísti-
ca y cultural, e incluso, ir todavía más allá y cuestionar sus reglas. Si éstas provienen de otro lugar y de
otro tiempo, ¿siguen teniendo vigencia ahora?

En 1952, cuando era estudiante de arquitectura de cuarto curso, me trasladé de Johannesburgo a Lon-
dres y allí ingresé en la Architectural Association (AA). Llegué a Inglaterra en un período de grandes
cambios sociales, por las políticas sociales que siguieron a la Segunda Guerra Mundial. Los alumnos
de la AA estaban divididos en diferentes grupos: por una parte existía un grupo de alumnos que ha-
bían recibido una beca para poder estudiar allí; por otra estaban los clásicos alumnos de la AA, los que

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habían estudiado en colegios de élite y se podían permitir estudiar en esa escuela. Como yo provenía
de una colonia, podía relacionarme con los miembros de ambos grupos porque no tenían referencias
sobre mí, pero, entre ellos, apenas se relacionaban.

En medio de este estado de agitación social, el debate arquitectónico más interesante tenía lugar entre
aquellos que habían sido becados. Se sentían atraídos por el trabajo de los nuevos brutalistas, Alison
y Peter Smithson. Los Smithson provenían del norte de Inglaterra, lo cual ya era un signo, en aquella
época, de que no eran de clase alta; por eso, ellos tenían una visión propia, la visión del extranjero (al
igual que la tengo yo por ser africana, o que la tiene Rem Koolhaas, que cuando era adolescente vivía
en Indonesia). Tanto los Smithson como Robert Scott Brown, mi primer esposo, como yo, y más tarde
también Rem, llegamos a la cultura metropolitana, donde está el origen de nuestra, ahora, cultura
divergente, con un punto de vista diferente, y tal vez por ello, con una mente más lúcida.

Para los brutalistas, no obstante, el debate no giraba en torno a la confrontación entre la cultura co-
lonial y la metropolitana, como ocurría en África, sino que era una cuestión de clases, entre las clases
superiores y las inferiores. Los Smithson rechazaban la visión del urbanismo de Le Corbusier, es decir,
la visión del CIAM; se asociaron con Team 10, los rebeldes europeos que se oponían al CIAM, y enfo-
caron su trabajo en la vida callejera de los barrios más pobres. Por ello prestaron atención al trabajo
de algunos sociólogos británicos que estaban instando a los urbanistas a que entendieran el tipo de
vida de la gente de los barrios del este de Londres, alertando de que, aquellos cuyas casas habían sido
bombardeadas, no podían ser trasladados sin más a una zona residencial periférica. En los barrios
más humildes, las conexiones sociales, los lazos familiares y de amistad creaban vínculos que prote-
gían a la gente de las dificultades ocasionadas por la pobreza. Su vida en las calles era un sistema de
apoyo y sustento del que no podían ser privados.

Los Smithson, en aquel período, se referían a su trabajo como "socioplástica activa". Pero pronto
se dieron cuenta de que era difícil incorporar la sociología al diseño, y por ello, concluyeron que los
sociólogos debían ampliar su disciplina para incluir las necesidades de los arquitectos. Les dije que
tenían que ser ellos los que, al contrario, tenían que ampliar sus miras, no los sociólogos, pero final-
mente se rindieron. Yo seguí intentándolo.

Otro de los intereses de los brutalistas residía en romper las reglas, hacer justo lo contrario de lo que
tradicionalmente se había hecho en arquitectura. Su rebeldía hizo resonar en mí el espíritu africano de
trasgresión y, en consecuencia, empecé a interesarme por el manierismo, es decir, la arquitectura que
rompe las reglas, desde entonces. También estaban interesados en la cultura popular, y en especial,
en la cultura popular norteamericana. Junto con Ian Hamilton y otros miembros del Grupo Indepen-
diente de Londres, crearon un protomovimiento de arte pop en los años cuarenta, mucho antes de que
naciera en América. Su interés por lo pop era otro modo de transgredir normas, porque consistía en
percibir de un modo creativo lo que otros consideraban kitsch o, simplemente, una porquería.

Los brutalistas también reconsideraron los ciclos de cambio en urbanismo y en arquitectura, y esto les
hizo cuestionar la visión del funcionalismo de la arquitectura moderna. Algunos miembros del movi-
miento moderno, a través de su doctrina Neue Sachlichkeit (nueva objetividad) habían propuesto lo
siguiente: que se olvidara la arquitectura del siglo XIX para poder afrontar los desafíos de la industria
moderna. Resolviendo los problemas directamente, sin atender a la estética o a las leyes de composi-
ción de la arquitectura, creyeron que encontrarían soluciones adecuadas para los proyectos y para los
nuevos tiempos. Y esto a pesar de que la arquitectura resultante pudiera parecer fea, con yuxtaposicio-
nes estridentes entre, por ejemplo, las escalas para máquinas industriales y las escalas de los lugares

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reservados para la gente. Los arquitectos modernos pensaron que, aunque en un primer momento
seguramente odiarían los resultados de un pensamiento objetivo, acabarían por amarlos, porque los
edificios eran como tenían que ser. La ruptura con las reglas no era entonces arbitraria; lo que se hacía
estaba determinado por la lógica.

También nosotros, en nuestro trabajo, hemos llegado a buenas soluciones que eran tremendamente
feas. Creo que estas experiencias nos llevaron hacia una nueva sensibilidad. Al igual que el estudio de
la realidad cotidiana, nos llevaron más allá del predominio de lo estético para encontrar una nueva
manera de mirar las cosas, en línea con los tiempos y con las nuevas tecnologías. Como creo en esta
versión de una Neue Sachlichkeit, suelo decir que soy una arquitecta moderna y funcionalista. La defi-
nición de modernidad, no obstante, debe cambiar. Por ejemplo, debemos abandonar la idea de que el
uso al que se destinó el edificio originariamente constituya después el único uso al que se pueda aco-
modar el edificio. En Venecia muchos edificios se utilizan desde el siglo XII, aunque esto no significa
que el sistema de cañerías tenga ochocientos años. Sus usos habrán variado a lo largo del tiempo. Un
palazzo puede haber sido la residencia de toda una dinastía y un almacén, luego un banco, un museo,
un edificio institucional o hasta un edificio de apartamentos. Así que ¿cómo definimos la función del
edificio? Tiene que haber otras definiciones que se adapten a la necesidad de acomodar los cambios en
las actividades de los edificios a lo largo del tiempo.

Cuando ya estaba familiarizada e implicada en todos aquellos problemas que afectaban a África y a
Europa, llegué a Estados Unidos justo cuando se estaba gestando el movimiento por los derechos
civiles. Para mí, el origen de la nueva izquierda tuvo lugar en los debates sobre las condiciones sociales
y raciales en las ciudades de los departamentos de urbanismo que tuvieron lugar en las Universidades
de Pennsylvania y Berkeley. Yo había ido a Estados Unidos porque quería estudiar urbanismo. En la
Europa de la posguerra era lo que había que hacer si eras un joven arquitecto con talento. Y el lugar
adecuado para hacerlo era América. Además, Robert Scott Brown y yo teníamos otro motivo más: que-
ríamos volver luego a África y desarrollar nuestras ideas y nuestros proyectos allí, trabajar para una
África mejor. Peter Smithson nos recomendó que nos inscribiéramos en la Universidad de Pennsylva-
nia porque Louis Khan impartía clases allí.

Para nuestra sorpresa, cuando llegamos allí, descubrimos que Khan no era profesor en el departamen-
to de urbanismo. ¿Cómo podía ser? Pero nuestro tutor en la universidad, David Crane, nos aseguró
que si nuestro objetivo era trabajar en África, teníamos que estudiar el urbanismo que se enseñaba en
Pennsylvania. Y tenía razón.

Durante nuestro primer semestre no hicimos proyectos, sino que tomamos clases de sociología urba-
na, economía, estadística y construcción de viviendas como disciplina económica. En estos cursos nos
dimos cuenta de que el tipo de urbanismo que nos había interesado cuando vivíamos en Inglaterra no
sólo estaba totalmente asumido sino que aparecía ya en los libros de texto, y el objeto de los cursos era
más interesante porque estaba relacionado con condiciones urbanas y problemas reales, más próxi-
mos a la "socioplástica activa".

La bibliografía para el curso de sociología urbana incluía los libros que los Smithson habían leído
sobre la vida en la zona este de Londres, y nuestro profesor, Herbert J. Gans, había desarrollado un
proyecto similar en la zona del oeste de Boston.

En la escuela de urbanismo descubrimos el escándalo de la renovación urbana, cómo, a través de este


programa financiado por el estado, el sueño de los arquitectos de renovar los centros urbanos se había

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convertido en una pesadilla para los ciudadanos con pocos recursos económicos. Las imágenes de
la renovación urbana en Norteamérica eran las mismas que en Europa, pero los que vivían en estas
nuevas viviendas era los ricos; y los pobres, que antes vivían allí, habían sido forzados a marcharse
a los suburbios y a vivir hacinados. Éste fue uno de los motivos por los que se inició el movimiento
por los derechos civiles; surgió, en parte, a raíz de lo que los arquitectos estaban haciendo dentro del
plan de renovación urbana. Cuando les dije a un grupo de alumnos de cuarto curso de arquitectura en
Berkeley que, potencialmente, ellos eran parte del problema, se quedaron horrorizados. "¿Y tú qué vas
a hacer?" me preguntaron. Algunos años antes, en la Universidad de Pennsylvania, le había planteado
la misma pregunta a mi profesor de planificación de viviendas, William Wheaton: "Describes un pro-
blema complejo y no ofreces soluciones. ¿Qué haces tú al respecto?" Y él me respondió: "No sé. ¿Qué
haces tú al respecto?

Esa pregunta ha permanecido conmigo y ha determinado toda mi carrera profesional. ¿Qué voy a
hacer respecto a este problema que no he causado pero que he heredado? ¿Qué iban a hacer los estu-
diantes con este problema del cual nadie les había comentado nada en los cuatro años que llevaban
estudiando en la escuela de arquitectura? En los años sesenta, los arquitectos, cuando tomaban en
consideración la ciudad, miraban hacia adentro, a la arquitectura. Leían lo que Le Corbusier había es-
crito sobre la Ville Radieuse en vez de examinar la ciudad tal y como es realmente; tampoco se preocu-
paban por leer sobre otras disciplinas de urbanística, de ir más allá de la arquitectura.

Suelo decir que soy un jinete como los del circo; soy capaz de montar en dos caballos a la vez, arquitectu-
ra y urbanismo. Cada uno de ellos cabalga en direcciones divergentes pero intento acercarlos y que vayan
en paralelo. En la escuela de urbanismo aprendí a considerar la realidad urbana, el "es" de la ciudad,
antes de exponer sus "debería". Herbert Gans, por ejemplo, nos enseñó la sociología de la estructura
de clases en América. Mi antiguo profesor en la AA, Arthur Korn, que era comunista, solía decir "todos
somos trabajadores". Cuando le conté esto a Gans, que, como Korn, era un refugiado alemán, me con-
testó que los arquitectos llevaban un estilo de vida y tenían los mismos gustos que la gente de clase alta.
¿Cómo podíamos proclamar nuestra solidaridad con la clase trabajadora si ni siquiera entendíamos sus
necesidades, tal y como las veían ellos? Gans se quejaba de que los arquitectos que trabajaban como ur-
banistas, y se veían como expertos en su campo, no poseían los conocimientos necesarios sobre asuntos
sociales y no entendían, como urbanistas, que tenían que respetar los gustos y los valores de otra gente.
Los urbanistas, en una democracia, deberían entender que en una ciudad hay gente de culturas diferen-
tes y gustos diferentes y que estas opiniones tienen que ser escuchadas.

Nuestros profesores en Pennsylvania nos recomendaron que, como arquitectos, visitáramos las ciudades
del suroeste americano, a las que la gente acudía en masa porque allí se lo pasaba bien. Teníamos que
intentar comprender qué era lo que atraía a la gente de esas ciudades, las cualidades de las que carecían
los lugares creados por arquitectos. Ese fue uno de los motivos por los que fuimos a Las Vegas.
Mi primer proyecto en la Universidad de Pennsylvania versaba sobre un tema muy diferente. Se trataba
de una nueva ciudad en Chandigarh. El profesor, David Crane, tomó el proyecto de Le Corbusier pero
nos pidió que consideráramos una nueva ciudad desde el punto de vista de los campesinos, que habían
emigrado a la ciudad y dependían de los desechos y de la basura para sobrevivir. ¿Qué podía ofrecerles
una ciudad con tan pocos recursos? Bajo la supervisión de Crane, decidimos que la infraestructura urba-
na más asequible y más apropiada habría sido un sistema de drenaje. Como se trata de una zona de clima
monzónico esto les permitiría acceder a lugares secos en los que construir sus viviendas.

Otro de los intereses de los urbanistas de Pennsylvania fue planear los cambios, cómo hacerlo cuando
la naturaleza del cambio no puede ser predicha. Es más fácil predecir con precisión, por ejemplo, el

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crecimiento de la población de una nación, en un período determinado, que predecir en qué medida
se expandirá una ciudad hacia una zona periférica, en ese mismo período. Una de las soluciones que
se proponen más frecuentemente, dentro de nuestra incapacidad para predecir el futuro, es establecer
una predicción en el punto intermedio entre la proyección más elevada y la más baja. Pero esta solu-
ción para un punto será errónea para todos los demás. Una aproximación que crezca flexiblemente
será más adecuada. Lynch, en un artículo titulado "Environmental Adaptability"[4] propuso planear
el cambio por sí mismo, sin predecir cual sería el cambio. Analizó diferentes formas de hacerlo. Una
consistía en dejar espacio suficiente para que pudieran ocurrir varias cosas. Otra era diseñar un edifi-
cio con un amplio apoyo estructural y amplios huecos entre columnas de modo que pudiera acomodar
una amplia variedad y densidad de actividades. Si también fuera posible separar los sistemas mecáni-
cos y estructurales de los espacios destinados al uso, los cambios de actividades no se verían afectados
por los sistemas de construcción. La propuesta de Lynch proporcionó la base para la evaluación tanto
del cambio urbano como del arquitectónico.

Del mismo modo que los urbanistas estaban estudiando asuntos sociales y cambio urbano, también
estaban aprendiendo a aproximarse a la ciudad como si de un conjunto de sistemas se tratase. En la
década de los cincuenta se adaptaron ordenadores que antes eran para uso militar, para un uso urba-
no. La tecnología de las computadoras se aplicó, en primer lugar, a estudios que combinaban econo-
mía urbano-regional y medios de transporte, porque ambos campos se prestaban a análisis estadís-
ticos. Me apunté a varios cursos de informática y de teoría urbana computacional a principios de los
sesenta porque presentía que los estudios sobre medios de transporte regionales se estaban volviendo
muy complejos y ya no eran accesibles para los urbanistas más tradicionales, especialmente en aque-
llos tiempos en que los ordenadores eran máquinas enormes. Sin embargo me fijé en que los inves-
tigadores, mientras trabajaban, hacían unas asunciones sobre urbanismo todavía más simples de las
que hacían los arquitectos; una de las peores era que cualquier factor que no fuera susceptible de ser
medido se podía ignorar.

También había gente culta y creativa en este campo que era consciente de la importancia de incluir
también en sus proyectos aquellos fenómenos que no se podían medir con sus métodos. Estos últimos
investigadores entendieron la importancia que tenían los métodos del urbanismo tradicional y el uso de
la experiencia y el juicio humano a la hora de decidir. Pero me preocupaban los defensores neófitos de los
ordenadores y quería aprender lo suficiente para alcanzarlos y poder hacerles ver que estaban haciendo
demasiadas asunciones. Uno de los factores clave fue que, como diseñadores y como humanistas, acepta-
mos con una mente abierta todo lo que el ordenador podía hacer pero sin perder por ello nuestra capaci-
dad de juicio delante de la pantalla. Gracias a la evolución de modelos matemáticos, pudimos acercarnos
a una compleja visión de la ciudad como un conjunto de sistemas yuxtapuestos. Nuestra aportación
como arquitectos y urbanistas podía ser entonces considerar cómo sacar provecho de la yuxtaposición de
sistemas, y sobre todo, en aquellos puntos conflictivos o en los que se producían fallos.

Esta nueva visión me sirvió para recuperar mi interés por el manierismo en la ciudad. Si el manieris-
mo era una forma de romper con las normas arquitectónicas, en el diseño urbano significaba romper
las normas de los diferentes sistemas urbanos. Esto era inevitable, pues en la ciudad hay tantos sis-
temas, cada uno con sus reglas, que tiene que existir necesariamente un conflicto entre ellos. Pero
las yuxtaposiciones y los conflictos entre sistemas urbanos pueden ser muy bellos, y los yermos que
a veces generan son, potencialmente, lugares desafiantes y de libertad, tanto para la población como
para hábiles artistas urbanos.

Cuando Robert Venturi y yo nos conocimos, en 1960, compartíamos un interés por el manierismo y

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él pronto empezó a comprender mi fascinación por la cultura popular y el paisaje urbano cotidiano.
Observamos entusiasmados cómo los artistas pop norteamericanos empezaron a poner "residuos"
en un nuevo contexto; por ejemplo, colocando una lata de sopa Campbell's en un museo. Los artistas
pop descubrieron nuevos found objects. Los artistas modernos de principios de siglo tenían sus objets
trouvés. A Henry Moore le habían atraído la escultura primitiva y los objetos naturales como los gui-
jarros, mientras que los primeros arquitectos modernos rebuscaron en la industria, encontrando en
sus silos y en sus chimeneas formas cubistas que les intrigaban. Bob y yo, habiendo aprendido de los
arquitectos modernos a mirar en lugares insólitos y aprender de ellos, encontramos nuestras fuentes
de inspiración en la historia y en la ciudad de la vida diaria con un poco de ayuda de los brutalistas, los
artistas pop y algunos sociólogos. Gran parte de nuestra inspiración provenía de los ambientes comer-
ciales y de la expansión de zonas residenciales periféricas. Sus arquetipos, la avenida principal de Las
Vegas y Levittown, fueron nuestros found objetcs.

El último libro de Lynch, Echar a perder[5], es más poético y más filosófico que sus otros escritos.
Habla de los residuos en muchos sentidos. Es impactante porque usa palabras que no estamos acos-
tumbrados a ver impresas, y desde luego capta nuestra atención con ellas. Lynch alude a la necesidad
de "gastar bien". Para nosotros esto implica aceptar los ciclos de nacimiento y muerte, el concepto de
reciclaje y el uso de viejos objetos con nuevos propósitos, como la rehabilitación de edificios antiguos
para nuevos usos. El movimiento de conservación está muy extendido hoy en día pero la primera pre-
gunta debería ser siempre: ¿Debemos preservar o no? No siempre se debe preservar. Venturi siempre
recuerda que ningún palacio renacentista fue construido sobre un aparcamiento. Muchos se erigieron
en lugares en los que antes había edificios medievales. A veces debemos destruir, otras conservar,
dependiendo de la situación.

Por ello, cuando conservamos, debemos decidir qué período favorecer. Recuperar los orígenes medie-
vales en Europa, o del siglo XVIII en Estados Unidos, puede suponer la destrucción de un hermoso es-
caparate de los años treinta. Así que la decisión de qué períodos se deben preservar debe ser situacio-
nista y los conservadores que tienen una actitud demasiado purista pueden hacer un uso inadecuado
de las estructuras y crear un ambiente insulso y limitado que ha sido preservado hasta tal punto que
ya no tiene arreglo. Lo cual crea la necesidad de hacer cambios ulteriores. Y la ciudad conservada, si
es todavía una ciudad real, estará siempre sujeta a la presión del cambio. Si se trata de grandes deco-
rados, la conservación hace que su apariencia histórica se mantenga pero no su significado. Por estas
razones, Barbara Capitman, la gran conservadora del distrito art-decó de Miami Beach, solía decir "la
conservación es tan temporal".

También podemos pensar en la reutilización de viejas ideas. Un palimpsesto es un texto que cubre
otro anterior. Si miras debajo del primero encontrarás el segundo. Nosotros, los arquitectos, conocía-
mos algunos palimpsestos muy bien antes de la era de los ordenadores. Eran nuestros dibujos, hechos
a lápiz en papel de calco. Si un detalle del diseño cambiaba, cambiábamos el dibujo, y si volvía a cam-
biar, borrábamos y volvíamos a dibujar una vez más. La lista de las revisiones aparecía en los títulos,
y cada vez que borrabas aparecían líneas blancas grabadas donde antes habías dibujado. También
hay palimpsestos urbanos. Debajo de la Roma renacentista está la Roma medieval, y debajo de ésta,
la Roma paleocristiana y la Roma romana. Los restos y trazos de todas estas Romas son visibles en
la Roma moderna. En muchas ciudades vivimos sobre palimpsestos, pero en Las Vegas del 1960 sólo
existía la arquitectura comercial reciente y vernácula, y el desierto.

Por otra parte está la morfología, el estudio de la forma como resultado de un proceso. Los procesos
técnicos, urbanos e industriales, han sido importantes para la morfología urbana en todas las eras,

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y sus correlativos procesos de residuos y de reciclaje son particularmente relevantes, a la vez que un
gran desafío hoy en día. Cuando las tecnologías urbanas cambian se crean nuevos tipos de residuos y
también nace la demanda de un tipo de reciclaje nuevo. La tecnología electrónica crea basura virtual.
Si le das a la tecla "eliminar" has generado un residuo. Si alguien recuperara todos mis archivos elimi-
nados aprendería muchísimo; y el interés de Basurama en el uso creativo de la basura virtual demues-
tra que están explorando nuevas formas de "gastar bien".

Otro concepto es la "paleotecnología" [6], que consiste en el uso de una tecnología más primitiva pero
igualmente apropiada: neumáticos viejos para zapatos nuevos, por ejemplo. Esto es común en el tercer
mundo donde la gente tiene que salir adelante con lo que tiene o sustituir aquello que ha perdido. Los
cubanos usan residuos de un modo creativo para mantener sus viejos coches americanos, para los que
no existen recambios. El conductor de un taxi que ha perdido la luz que se lleva sobre el automóvil, la
reemplaza con una bombilla dentro de un bote amarillo de detergente vacío, y día y noche reconoces el
símbolo familiar del taxi.

Por otra parte está el concepto de "satisficing", una noción del economista Herbert A. Simon[7]. Los
modelos económicos tradicionales asumen que todo el mundo dispone de toda la información que
necesita para tomar una decisión y, además, que todos somos uniformemente y perfectamente racio-
nales. El modelo de Simon asume que la gente debe tomar decisiones dentro de un margen limitado
de tiempo y con información imperfecta. "El juego del taxi" es un ejemplo del modelo "satisficing":
mientras estás decidiendo el taxímetro está corriendo; así que debes tomar la mejor decisión que pue-
das según el dinero del que dispongas. Los límites en la eficiencia y en la racionalidad son aceptados
como parte inevitable del proceso.

El concepto de "gastar bien" implica estas visiones más inclusivas de la tecnología y del manejo de
factores no cuantificables. Sin embargo, Lynch no va todavía más allá al considerar las posibilidades
artísticas de los residuos y del derroche. Eso es lo que yo pretendo hacer aquí. En 2005 formaba parte
de un jurado para evaluar el trabajo de alumnos excelentes de la Universidad de Tsinghua en Beijing.
Le pregunté a una joven cuyo proyecto me había gustado mucho qué carrera estaba haciendo y me
contestó que se iba a titular en gestión de aguas residuales. Me sorprendió porque parecía algo muy
aburrido. Así que le pregunté si estaba estudiando la gestión de aguas residuales como parte de una
ingeniería y me dijo que no, que como disciplina artística.

Esto es de lo que nos está hablando Basurama. Cuando los miembros de Basurama se dirigieron a
nosotros no conocían los detalles de mi formación, que he estado relatando, y por lo tanto, cual podría
ser mi aproximación al tema de la basura, pero intuyeron que nuestro libro, Aprendiendo de Las Ve-
gas, podía ser un ejemplo de una visión creativa de esta materia. Yo acepté, añadiendo que, de hecho,
había también una serie de intereses culturales, sociales y metodológicos, así como un interés artísti-
co, que nos empujó a examinar las ciudades del suroeste norteamericano.

Pero ¿por qué Las Vegas? Porque era el arquetipo, no el prototipo. Era el ejemplo más claro: sus sig-
nos eran más grandes y su contexto más sencillo. No había una ciudad de la época colonial o del siglo
XIX entre la avenida principal y el desierto. En Los Ángeles, la más grande y representativa ciudad
de automóviles, había una estructura previa: las vías ferroviarias. En Las Vegas podíamos analizar un
fenómeno en estado puro.

El propósito de nuestro estudio, del que nació Aprendiendo de Las Vegas, ha sido recientemente
comentado por Karin Theunissen: "Este estudio fue titulado `Aprendiendo de Las Vegas o Análisis

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formal como investigación de diseño' y surgió como `un estudio que nos ayudará a definir un nuevo
tipo de urbanismo que está emergiendo en América....que, por ignorancia, definimos hoy en día como
ramificación urbana'. El objeto del estudio se define de este modo `entender esta nueva forma y em-
pezar a desarrollar técnicas para manejarla'. De esto entendemos que Aprendiendo de Las Vegas es un
estudio de observación de las formas de la ciudad, seguido de una documentación, un análisis y una
clasificación de los datos obtenidos para `que puedan ser de utilidad como herramientas de diseño
para urbanistas'. La publicación original incluye notas al margen, en negrita, que hacen referencia a
aspectos del análisis técnico, como por ejemplo `Este ha sido un estudio técnico. Estamos desarrollan-
do nuevas herramientas: herramientas analíticas para entender nuevos espacios y formas, y herra-
mientas gráficas con las que poder representarlos'." [8]

Nosotros no queríamos estudiar Las Vegas simplemente como un conjunto de signos. Queríamos
aprender, a través de ella, acerca de gustos culturales, arte popular, procesos y sistemas urbanos, con-
figuración urbana y usos de la historia. Viajando metafóricamente de Roma a Las Vegas, para volver
de nuevo a Roma, intentamos establecer un vínculo entre presente y pasado y englobar el paisaje del
día a día en la tradición arquitectónica y en nuestra experiencia moderna. La arquitectura moderna
se había alejado de la tradición; nosotros aspirábamos a hacer arquitectura otra vez. Y sí, queríamos
aprender sobre signos e iconografía; sobre cómo Las Vegas establecía una comunicación con la gente
que la cruzaba en coche cuando circulaba por la avenida principal a 50 km por hora. Más adelante nos
dimos cuenta de que Las Vegas nos había dado una lección importante sobre el papel de la comunica-
ción y del simbolismo en arquitectura. Este aspecto del diseño había sido ignorado por los arquitectos
modernos, aun cuando incorporaban un alto nivel de simbolismo en sus diseños: el simbolismo de la
industria y de un mundo que estaba cambiando.

Estudiamos Las Vegas y Levittown en beneficio de nuestro arte. Como emprendedores y creadores,
nuestro objetivo al observar estas ciudades e interpretar lo que había en ellas era mejorar nuestra la-
bor como arquitectos y como urbanistas enriqueciendo nuestras habilidades y nuestras herramientas.
Tomar ideas de otros campos –los procesos que habían dejado perplejos a los Smithson– ha sido uno
de nuestros métodos. Hemos buscado ideas que pudiéramos trasladar a la construcción, y también
símiles y metáforas que nos pudieran ayudar a evocar formas físicas a partir de conceptos verbales, de
un modo creativo y lógico. En Architecture as Signs and Systems for a Mannerist Time[9] he intentado
explicar algunos de estos conceptos y demostrar cómo operan en nuestro trabajo. Puede que ahora, al
final de nuestras carreras, el conjunto de nuestra obra demuestre que hemos aprendido de Las Vegas.
Si, en nuestra obra, hicimos tartas de barro en Las Vegas, fue por convicciones artísticas y morales. Al
enfatizar el "es" de cada día, intentamos recuperar la imaginación para que influyera en la, a menudo,
agonizante realidad de nuestras ciudades. Al consagrar la basura, el más secular de nuestros produc-
tos, y buscar en ella una belleza poco común, esperamos haber encontrado una arquitectura apropiada
para nuestros tiempos. Empleando esta aproximación somos herederos de una tradición moderna,
porque operamos dentro de los parámetros de la filosofía de los primeros artistas modernos, pero
adaptándolos a condiciones nuevas.

Ahora, Basurama está adaptando estas ideas una vez más a nuestros tiempos. Como resultado de su
esfuerzo, nuestra obligación de redescubrir constantemente la arquitectura moderna –de establecer su
nuevo centro en un mundo en constante cambio– debe incluir una visita con los ojos bien abiertos, y
sin prejuicios, al vertedero.

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23)http://www.basurama.org/b06_distorsiones_urbanas_pardo.htm

Introducción
 
A lo largo del siglo XX la extensión, la importancia y la complejidad de las ciudades han ido creciendo
a un ritmo vertiginoso. Es más, los datos indican que esta situación se va a acentuar en el siglo XXI y,
por primera vez en la historia, la mayoría de la población vivirá en áreas urbanas, quedando las áreas
rurales supeditadas al entramado político, económico, social y cultural de las metrópolis.

Este crecimiento acelerado no ha tenido una respuesta eficaz por parte de arquitectos, urbanistas, po-
líticos y constructores, las ciudades se han convertido en focos de pobreza y desempleo, han generado
guetos y marginación, convirtiéndose en escenarios de desigualdades escalofriantes y, por consiguien-
te, de inseguridad. El problema parece aún más grave cuando se constata que las políticas actuales no
se encaminan a corregir esta situación.

Esta publicación no busca proponer soluciones sino que intenta ofrecer una visión multidisciplinar
que ayude a desmenuzar una realidad muy compleja, proponiendo un conjunto de análisis que puedan
servir de base para generar respuestas más exhaustivas.

Con este fin reunimos a cinco profesionales (procedentes del urbanismo, del diseño, de la filosofía, de la
sociología y de la arquitectura) avalados tanto por el rigor y la contundencia de sus trabajos, como por el
peso de sus trayectorias, y que ofrecen una visión crítica y abierta frente a las situaciones actuales.

Acompañan a este análisis teórico diferentes fotografías e ilustraciones que complementan algunas de las
ideas volcadas en los textos y que ayudan a percibir el problema de un modo más visual e inmediato.

Nunca fue tan hermosa la basura [1]


José Luis Pardo
 
April is the cruellest month, breeding
Lilacs out of the dead land...
T.S . Eliot, The Waste Land
 
El Libro Primero de El Capital, de Marx, comienza diciendo: «La riqueza de las sociedades en las que
domina el modo de producción capitalista se presenta como "una inmensa acumulación de mercan-
cías"». Nosotros tendríamos que decir, hoy, que la riqueza de las sociedades en las que domina el
modo de producción capitalista se presenta como una inmensa acumulación de basuras. En efecto,
ninguna otra forma de sociedad anterior o exterior a la moderna ha producido basuras en una canti-
dad, calidad y velocidad comparables a las de las nuestras. Ninguna otra ha llegado a alcanzar el punto
que han alcanzado las nuestras, es decir, el punto en el que la basura ha llegado a convertirse en una
amenaza para la propia sociedad. Y no es que las sociedades pre-industriales no generasen desperdi-
cios, pero sus basuras eran predominantemente orgánicas, y la naturaleza, los animales urbanos y los
vagabundos las hacían desaparecer –las reciclaban o las digerían– a un ritmo razonable (aunque sobre
esto nos hacemos, también a menudo, ideas muy idílicas). Las ciudades industriales modernas, en
cambio, se caracterizan por una acumulación sin precedentes de población y por la aparición masiva
de un nuevo tipo de residuos, de carácter industrial, y ambos factores constituyen la obsolescencia

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de los modos tradicionales, casi inconscientes, de tratamiento de las basuras. Hay en ellas, al mismo
tiempo, una enorme proporción de desechos cuyo reciclaje no puede abandonarse en manos de pro-
cesos espontáneos o naturales, y una parte significativa de la población que no consigue integrarse
directa ni indirectamente en los procesos productivos y consuntivos, que carece de lugar social y que
ha perdido el estatuto del que disfrutaba o que padecía en las formas tradicionales de organización
política. Y esto, como dice la cita de Marx con la que he comenzado, ha de entenderse sin duda como
"síntoma de riqueza". Nietzsche decía aún más, decía que «los desechos, los escombros, los desperdi-
cios no son algo que haya que condenar en sí: son una consecuencia necesaria de la vida. El fenómeno
de la décadence es tan necesario como cualquier progreso y avance de la vida: no está en nuestras ma-
nos eliminarlo (...) E incluso en medio de su mejor fuerza, [una sociedad] tiene que producir basura y
materiales de desecho» (Fragmentos Póstumos de la primavera de 1888). Y tantos más desechos –en
cantidad y en calidad– cuanto más rica, más enérgica y más audaz sea... Sí, la basura es un síntoma de
riqueza. Porque riqueza significa despilfarro, derroche, excedente (y, al contrario, las sociedades sin
basura –las ciudades tradicionales de las que acabamos de hablar– revelan una economía de subsis-
tencia, de escasez, en la cual nada sobra y todo se aprovecha).

Precisamente por eso, las sociedades modernas, por estar presididas por una suerte de principio
malthusiano según el cual la basura crece más rápidamente que los medios para reciclarla de modo
tradicional, necesitan disponer de tierras baldías, vertederos y escombreras en donde depositar las
basuras para quitarlas de en medio y poder seguir viviendo, seguir desperdiciando sin ahogarse entre
sus propios residuos. Y junto a estos no-lugares urbanos (por utilizar la afortunada terminología del
antropólogo Marc Augé, sobre la que en seguida volveré) es preciso también disponer de no-lugares
sociales a los que pueda trasladarse la población sobrante que los sistemas productivos y consuntivos
no pueden absorber (suburbios, chabolas, favelas, guetos, campamentos, etc.). "Basura" es lo que no
tiene lugar, lo que no está en su sitio y, por tanto, lo que hay que trasladar a otro sitio con la esperanza
de que allí pueda desaparecer como basura, reactivarse, reciclarse, extinguirse: lo que busca otro lugar
para poder progresar. En su obra Wasted Lives (cuyo título propongo traducir al castellano como
"Vidas-basura"), el veterano sociólogo Zygmunt Bauman ha explicado que la actual crisis de la moder-
nidad se expresa al mismo tiempo de estas dos maneras: por una parte, los problemas de contamina-
ción (y especialmente, por su simbolismo, el problema que representan los residuos de origen nuclear)
han alcanzado un punto de inflexión en el momento en el que se ha descubierto que el planeta estaba
lleno, que ya no había más Waste Lands adonde trasladar los residuos para quitarlos de en medio;
por otra parte, la emigración, que era la salida tradicional para las poblaciones residuales a las que el
progreso industrial y post-industrial desplazaba y dejaba sin papel alguno que representar, ha dejado
de ser una solución practicable, porque ahora todos los lugares sociales del mundo están ocupados, no
hay puestos libres en donde colocar a los que están de más.

Los movimientos migratorios y los traslados de basura tienen, por tanto, esto en común: se trata de
encontrar un sitio –en otro lugar– para aquello que no lo tiene –en este lugar–. Por tanto, el presu-
puesto de estos movimientos de traslación es que cada cosa tiene su sitio y que hay un sitio para cada
cosa. Rafael Sánchez Ferlosio ha propuesto llamar al orden generado por este presupuesto el orden del
destino, y esta propuesta tiene una doble pertinencia. Por una parte, nos recuerda el significado ori-
ginario del vocablo "destino", que es precisamente ése: un esquema en el cual a cada cosa se le asigna
un lugar –su destino, el lote que le corresponde por designio de los dioses, de la Moira, de las Parcas
o de la naturaleza– que es su porvenir ineludible, su fin fatal. Por otra, esta designación es coherente
en primer lugar con el hecho de que las regiones a donde se trasladan los emigrantes se denominan
"países de destino", no solamente en el sentido trivial de que allí es adonde se dirigen, sino también en
el sentido de que allí es donde podrán "labrarse un porvenir", de que van a sus lugares de destino en

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busca de un porvenir que les está negado en sus lugares de procedencia. Van allí, por tanto, en busca
de su identidad, para llegar a ser quienes son (cosa que todavía no saben y que nunca descubrirán
si se quedan en donde no tienen porvenir). Y la denominación sigue siendo coherente, en segundo
lugar, con las basuras industriales: no se las puede dejar allí donde se generan porque allí no están en
su sitio ni tienen porvenir ninguno. Es preciso trasladarlas a una tierra baldía en donde tengan por-
venir, en donde puedan regenerarse, reactivarse, reciclarse, integrarse, en donde puedan llegar a ser
otra cosa que lo que son –basuras, desperdicios–, en donde puedan recuperar la identidad que han
perdido, en donde puedan crecer las lilas en la tierra muerta y en donde la lluvia primaveral remueva
las raíces mas secas. Sí, aunque les cueste a ustedes aceptarlo en principio, "basura" significa también
esto: lo que tiene un destino, un porvenir, una identidad secreta y oculta, y que tiene que hacer un
viaje para descubrirla, como el príncipe encantado para dejar de ser rana y convertirse en príncipe,
como la bestia para vencer el hechizo y volver a ser bella. La observación de Bauman sobre la crisis
de la modernidad tardía puede, por tanto, reformularse en estos términos: ¿qué ocurre cuando ya no
se puede encontrar un lugar para trasladar aquello que aquí no lo tiene, cuando ya no hay un "país
de destino" al que emigrar o en donde labrarse un porvenir? ¿Qué ocurre con la basura cuando se ha
quedado sin porvenir, sin esperanza de reciclaje o regeneración, y qué con aquellas poblaciones que
han de resignarse a vivir sin esperanza social, cuando la rana comprende que ya nunca será príncipe y
la bestia que ya nunca será bella?

Como ven ustedes, aquí no basta con hablar de "crisis de la modernidad" si no se dice al mismo tiem-
po que lo que ha entrado en crisis es la utopía de un mundo sin basura –un mundo ordenado, en el
cual cada cosa esté en su sitio–; que la modernidad, a pesar de ser la sociedad del excedente, del des-
pilfarro, del derroche y de la "inmensa acumulación de basuras", era también la sociedad que soñaba
con un reciclaje completo de los desperdicios, con una recuperación exhaustiva de lo desgastado, con
un aprovechamiento íntegro de los residuos: la ética protestante del ascetismo y el ahorro siempre fue
afín a la ontología capitalista del derroche. O sea, que la sociedad moderna, no menos que la socie-
dad tradicional o pre-industrial, también quiere "imitar a la naturaleza" (en la cual, según decían los
clásicos, "nada se hace en vano", es decir, todo tiene una finalidad y, por tanto, nada se desaprovecha,
no hay basura propiamente dicha) y aún "imitar a la divinidad" (pues los dioses no padecen desgaste
y, por tanto, no generan desperdicios), aunque tenga que hacerlo por medios mecánicos. Es la mo-
dernidad la que ha pensado la naturaleza como una máquina (una máquina perfecta, en la cual cada
pieza cumple una función y no hay deterioro) y la que, al identificar lo "natural" con lo "racional", se
ha convencido de que, puesto que la naturaleza no deja residuos, esto mismo –el no dejar residuos– es
una de las señas distintivas de la racionalidad (de ahí que haya percibido al mismo tiempo como "anti-
modernos" y "anti-racionales" a quienes presentan otra imagen de la naturaleza en donde la máquina
tiene fallos y produce basura en forma de monstruos, prodigios y excepciones sin destino, sin porvenir
ni finalidad)que también debe presidir las construcciones sociales. Esta no es únicamente una idea de
ingeniero –una máquina cuyas piezas no se desgastan con el uso o que, al menos, pueden regenerarse
y reutilizarse indefinidamente–, sino ante todo una idea de contable: la bestia negra del empresario es
justamente el desgaste, el comprobar cómo en cada ciclo productivo el activo se convierte en pasivo,
en deuda, en carga, en números negativos que es preciso compensar con las ganancias y que requieren
nuevas inversiones, y por lo tanto su ideal es el de un negocio sin pérdidas, el de un balance de resul-
tados siempre equilibrado; en tiempos de inflación galopante, éste es también el infierno del comer-
ciante, que ve cómo cada ganancia obtenida –cada vez que vende un producto a cambio de dinero– se
convierte inmediatamente en pérdida, porque la moneda se deprecia de inmediato, y tiene que gastar
inmediatamente lo ganado en un nuevo producto para vender, con el que le sucederá implacablemen-
te lo mismo; y es también la pesadilla del consumidor, que experimenta cómo todo lo que compra
comienza a perder valor desde el momento preciso en que es adquirido, a perder actualidad, a pasar

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de moda y a exigir ser rápidamente sustituido por una nueva adquisición que comenzará a descender
por la pendiente de la obsolescencia en cuanto pase del escaparate a sus manos...
Y apenas es necesario llamar la atención sobre la más que probable genealogía militar de esta fantasía
delirante: un negocio sin pérdidas es la transposición civilizada de una guerra sin bajas (eso mismo
que ahora llamamos un "ataque preventivo", que no sólo minimiza tendencialmente hasta cero las
víctimas del propio bando, sino que se justifica precisamente como una acción tendente a destruir la
capacidad ofensiva del enemigo, es decir, su capacidad de producir bajas en el bando contrario).

Napoleón se mofaba de quienes le reprochaban el elevado número de caídos en las filas de sus ejérci-
tos que comportaban sus victoriosas campañas diciendo que una sola noche de permiso de sus sol-
dados en París arrojaba un número de embarazos suficiente para "reponer" las pérdidas y equilibrar
la balanza. Los racionalistas del siglo XVII también manejaban el mismo modelo en el cual lo pasivo
(las pasiones oscuras y confusas, o sea sucias y residuales) habría de convertirse en activo (las ideas
claras y distintas, o sea, limpias), en donde los egoísmos de los lobos hobbesianos en guerra total de
todos contra todos se reciclarían en la mansedumbre del pacto social de todos con todos administrado
por la mano invisible de un mercado que pondría las cosas en su sitio con tanta justicia como las leyes
darwinianas de la evolución colocaban a cada individuo en el lugar que le correspondía de acuerdo con
su contribución a la adaptación de su especie al medio; y sin duda Hegel y Marx conservaban este es-
quema cuando pensaban que las pasiones y ambiciones individuales o colectivas de los individuos, los
pueblos y las clases eran simplemente el combustible inconsciente mediante el cual la Historia –como
el tren de Los hermanos Marx en el Oeste, que se alimentaba de su propia destrucción convertida en
carburante ("¡Más madera!") para llegar rápidamente a su destino– conducía a la humanidad hacia
su fin final en donde las cuentas cuadrarían perfectamente y todos los sacrificios y sufrimientos apa-
rentemente vanos serían compensados y equilibrados, en donde toda la aparente basura de la Historia
(toda la "masa concreta del mal") sería reciclada , y la guerra era simplemente una astucia de la razón
o la lucha de clases el motor de una Historia que acabaría definitivamente con el despilfarro y el des-
equilibrio contable, dando a cada cual exactamente el lote que se hubiera merecido.

La entrada en crisis de este modelo, el despertar de este sueño, fue por tanto ese momento en el cual
llegamos a pensar que la basura acabaría devorándonos. Que era el fin del progreso. Fue cuando em-
pezamos a temer que moriríamos asfixiados entre nuestros propios desperdicios, como hemos visto
que sucedía en algunas viejas ciudades del tercer mundo que, por no necesitar un tratamiento especial
de las basuras, carecían de infraestructura de traslado y acumulación de las mismas, y a las que la
repentina introducción masiva de la producción y el consumo industriales ha convertido en enormes
estercoleros irrespirables.

El genio de la especie humana es, sin embargo, prodigioso. Alguien dijo de ella que sólo se plantea
aquellos problemas que es capaz de resolver. Y alguien más dijo también que, cuando un problema
no puede resolverse, entonces deja de ser un problema. Y que la manera de quitarse de encima los
problemas irresolubles no consiste en desfallecer luchando por resolverlos, sino más simplemente en
disolverlos. "Nunca fue tan hermosa la basura"... No sé a quién se le ocurrió primero la idea, pero fue
una ocurrencia verdaderamente ingeniosa. Y, como todas las grandes invenciones, una vez hallada
parece extremadamente simple, y consiste en lo siguiente: ¿y si lo que llamamos basura no lo fuera en
realidad? Entonces no tendríamos que preocuparnos porque nos devorase, no nos sentiríamos asfixia-
dos por los desperdicios si dejásemos de experimentarlos como desperdicios y los viviéramos como un
nuevo paisaje urbano.

Antes me he referido a la noción, forjada por Marc Augé, de no-lugar (el lugar de lo que no está en su

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lugar), como concepto antropológico definidor de la sobremodernidad. Pero si unimos este concepto
a nuestra reflexión anterior, en la cual la basura aparece como "lo que no está en su lugar", vemos con
claridad que podríamos llamarlo, menos eufemísticamente, lugar-basura. Se comprende bien cómo un
etnólogo del Siglo XXI ha llegado a elaborar esta figura: es fácil imaginar que la vida de un antropólo-
go contemporáneo consiste, entre otras cosas, en viajar desde el mundo posindustrial a parajes lejanos
para realizar estudios de campo y entrevistas sobre el terreno. En estos desplazamientos, el científico
se mueve desde un lugar que sin duda es su localidad de residencia y que, por tanto, está marcado
con todas las señales positivas del término lugar (es acogedor, habitable, conocido, susceptible de ser
recorrido con familiaridad), hacia otros territorios que, a menudo, no son menos lugares que el origen
de su viaje, aunque le sean extraños e incluso, en ocasiones, hostiles o al menos arriesgados para el
urbanita europeo; también esos sitios acogen a sus poblaciones, son habitados por gentes que los reco-
rren con familiaridad y que se sienten en ellos en su casa. El antropólogo puede percibir que aquellos
"otros lugares" no son su lugar, puede sentirse extranjero en ellos y hasta temer por su seguridad, o
puede llegar a ser acogido y a experimentar la tranquilidad de encontrarse en tales rincones como en
una segunda casa, como quien acude de visita a un paisaje en el que sabe que será bien recibido; pero,
ya sea que se den alguna de estas dos situaciones extremas o cualesquiera de las ilimitadas posibi-
lidades intermedias, en sus viajes habrá de pasar por muchas zonas de tránsito, no solamente en el
sentido físico (salas de espera, aeropuertos, estaciones de tren y de autobús, antesalas de despachos
oficiales, vehículos de transporte, hoteles, etc.) sino también en el social y cultural (tierras de nadie y
distritos abandonados, comarcas rurales en decadencia, suburbios pre-industriales, chabolas periféri-
cas, extrarradios en ruinas o cam pamentos de refugiados, por ejemplo), espacios que no están hechos
para residir en ellos sino únicamente para ser ocupados provisionalmente, para ser atravesados o para
facilitar el paso de un lugar a otro. En este punto, no podrá dejar de notar el contraste entre los luga-
res, ya sean acogedores o inquietantes, y los no-lugares, ya sean hostiles o deprimentes (como los te-
rritorios fronterizos en donde bandas o tribus rivales mantienen una guerra más o menos larvada por
el control de actividades a menudo ilegales o paralegales) o relativamente cómodos para el visitante
europeo (como las cadenas de hoteles occidentales o las franquicias internacionales de los restauran-
tes de comida rápida de estilo estadounidense situados en regiones empobrecidas del llamado "tercer
mundo"). Y, en cierto modo, si los viajes del sociólogo se prolongan durante un tiempo suficiente en
época de globalización, tendrá forzosamente que observar, al menos con curiosidad y seguramente con
preocupación, el modo en que los no-lugares, concebidos en principio como meros "vacíos" entre luga-
res determinados, van extendiendo su dominio y avanzando en su ocupación de territorios físicos, so-
ciales y culturales, hasta el punto de competir en magnitud e importancia con los lugares propiamente
dichos –y a veces de triunfar indiscutiblemente sobre estos últimos– y, en todo caso, hasta comenzar
a difuminar molestamente la distinción, otrora tan nítida, entre lugar y no-lugar y, por tanto y lo que
quizá es más relevante, entre lo(s) que tiene(n) lugar y lo(s) que no lo tiene(n). Como si se tratase de
un "efecto secundario" o de un "retorno de lo reprimido" de la colonización mediante la cual Europa
convirtió muchos lugares de su periferia en no-lugares inhabitables, ahora el paseante europeo recorre
la ciudad temeroso de que la periferia de los no-lugares (que ya no está en el extrarradio de Europa,
sino el de las ciudades europeas), invada y destruya su propio lugar. En El tiempo en ruinas (Gedisa,
Barcelona, 2003), Augé expresa, mientras pasea por París,

«un temor: que estos nuevos barrios, con independencia de su éxito técnico o estético –que será sin
duda desigual– se parezcan un día a otros de cualquier otro lugar del mundo, que obedezcan a una
moda planetaria, pero que no la creen, que se asemejen, en suma, a esas ciudades "genéricas" que
"se parecen a sus aeropuertos" (Rem Koolhaas)... percibo en sus calles la invasión lenta, insidiosa e
irresistible de la ciudad genérica que se infiltra desde la periferia a través de los boquetes abiertos por
el ferrocarril... la tarea de subversión se encuentra más adelantada de lo que pensaba... una ciudad-

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comodín, sin pasado ni porvenir... Hablo, naturalmente, como viajero poco deseoso de encontrar, al
final de mis excursiones parisinas, un barrio de Sâo Paulo, de Tokio o de Berlín»(pp. 149-150).
La virtud de esta noción es que, debido a sus características internas y a su oportunidad histórica,
designa un tipo de negatividad susceptible de ser aplicada al mismo tiempo en un ámbito más espe-
cífico y en uno más general. Por ejemplo –en el sentido de la especificación–, el tipo de hoteles y de
restaurantes que quedarían subsumidos bajo el concepto de no-lugares podrían perfectamente defi-
nirse, en un sentido más particular, como no-hoteles y como no-restaurantes, ya que constituyen, en
una medida nada desdeñable, la negación completa y acabada de la noción de "hotel" o de "restau-
rante" que les precedió en el tiempo. Las aludidas cadenas de comida rápida, que no están atendidas
por camareros y en las cuales quienes preparan la comida no son cocineros, en las que los alimentos
dispensados no son en sentido estricto "platos", así como sus mesas no son mesas propiamente di-
chas (han de sentarse cuatro personas en un espacio en donde sólo cabrían en rigor dos) ni sus cartas
verdaderamente cartas, ¿cómo quedarían mejor descritas que diciendo que se trata de no-restaurantes
atendidos por no-camareros que sirven no-platos preparados por no-cocineros y consumidos en no-
mesas? Asimismo –y yendo ahora en el sentido de la generalización–, estas cadenas de restauración
se caracterizan por estar a menudo situadas en grandes superficies comerciales asociadas a zonas de
crecimiento de la periferia urbana posindustrial, y muchas de las características de su "estilo" y de su
"personalidad" se explican por el régimen laboral de subempleo –contratación precaria y a tiempo
parcial– que prevalece en ellas, régimen que, por estar cada vez más generalizado en el nuevo merca-
do de trabajo (y en todas las escalas salariales), muy bien podría denominarse, por contraste con las
formas laborales consolidadas en la segunda mitad del Siglo XX en las zonas industrialmente desarro-
lladas y democráticamente gobernadas, como no-empleo (noción esta que vendría a sustituir a las de
"sub-empleo" o "des-empleo", aún demasiado dependientes de aquellas viejas formas laborales ya par-
cialmente periclitadas) proporcionado por no-empresas; de la misma manera, los centros comerciales
que rodean estos locales se dejarían describir, por los mismos motivos, como no-tiendas –en donde,
por ejemplo, se venden no-muebles (módulos y paquetes funcionales más o menos abstractos para
armar y desmontar), y los habitáculos que crecen en estas conurbaciones (las llamadas "ciudades-dor-
mitorio", que no sería exagerado rebautizar como "ciudades-basura") como no-casas (decoradas, sin
duda, mediante aquellos no-muebles). Y, aunque sería una broma cruel la comparación de este tipo de
aglomeraciones del "primer mundo" con las de los arrabales de los países pobres o devastados, resul-
taría igualmente apropiado decir de quienes pueblan estos últimos contornos que se trata de no-em-
pleados (pues a menudo están fuera de la economía monetaria regular) que viven en no-casas (cobijos
improvisados con material heterogéneo) decoradas con no-muebles (a veces simples cajas de cartón o
relleno de embalaje) y que se abastecen en no-tiendas (en el mercado negro o la economía sumergida).
Ni que decir tiene que esta aplicación podría continuar hasta permitirnos hablar, por ejemplo, de
ciertas agrupaciones de personas, especialmente emergentes en nuestra época, que podrían caer bajo
el concepto de no-familias o de no-matrimonios, de ciertos programas televisivos de entretenimiento
que sólo podrían calificarse como no-programas, de un cierto tipo de productos culturales cada vez
más extendidos a los cuales les vendría como anillo al dedo el rótulo de no-libros, no-discos o no-
cuadros (y ello tanto en la franja de la alta cultura como en la de la cultura popular o de masas), de
ciertos males originales de nuestro tiempo que funcionan como no-enfermedades tratadas mediante
no-medicamentos y, en última instancia, hasta de no-universidades (escuelas móviles de formación
permanente) en donde se estudian no-carreras (programas de actualización profesional continua) im-
partidas por no-profesores (expertos en reciclaje), y de no-estados (alianzas coyunturales de regiones)
gobernados por no-políticos (administradores) y cuyo sujeto legítimo es un no-ciudadano.
Bien, creo que a estas alturas ustedes comprenden que estoy proponiendo concebir el no-lugar como
un eufemismo del lugar-basura (y, por tanto, como un síntoma de que hemos empezado a ser to-
lerantes con los hoteles-basura, con los restaurantes-basura, con los camareros-basura, los platos-

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basura, los cocineros-basura y las mesas-basura, con los empleos-basura, las empresas-basura, las
tiendas-basura, los muebles-basura, las casas-basura, las familias-basura, los matrimonios-basura, los
programas-basura, los libros-basura, los discos-basura, los cuadros-basura, lasenfermedades-basura,
los medicamentos-basura, las universidades-basura, las carreras-basura, los profesores-basura, los
estados-basura, los políticos-basura y los ciudadanos-basura). Y no sólo tolerantes, sino entusiastas.
Hemos aprendido a experimentar la basura como un lujo. Hubo un tiempo, en efecto, en el cual los
restaurantes-basura o los libros-basura eran subproductos destinados a las masas incultas, dóciles y
amedrentadas. Ahora, no. Ahora tenemos restaurantes-basura de lujo, libros-basura de lujo, y quien
no viva en una casa-basura o padezca alguna enfermedad-basuraperderá rápidamente su crédito
social y transmitirá una depauperada y deprimente imagen de "clase baja" y de "retraso social". He-
mos convertido, como diría Pierre Bourdieu, las "marcas de infamia" en "signos de distinción". Si no
puedes vencer en tu lucha contra la basura, únete a ella. La palanca fundamental gracias a cuyo punto
de apoyo hemos conseguido mover el mundo en esta dirección –es decir, gracias a la cual hemos con-
seguido empezar a no ver y a no sentir como tal la basura que nos ahoga– se resume en una fórmula
mágica: estamos transitando hacia un nuevo paradigma (y es la instalación de este "nuevo paradig-
ma" lo que nos permitirá no vivir como basura lo que antes considerábamos tal). El único problema,
claro está, es que este nuevo paradigma no puede ser otra cosa que un paradigma-basura, o sea un
no-paradigma (porque no hay en realidad ningún nuevo paradigma hacia el cual estemos transitando,
sino únicamente la destrucción sistemática y concertada de aquel bajo el cual vivíamos). La fórmula
mágica tiene, con todo, una formidable eficacia simbólica. La desaparición de los lugares y su paulati-
na sustitución por lugares-basura (y esto mismo vale para los empleos-basura o las casas-basura) deja
a muchas personas en el mundo sin lugar, crea una muchedumbre de desplazados que, una vez más,
no solamente lo son en el sentido físico del término (aunque esta situación sea sin duda la más grave),
sino también en el sentido social, laboral, cultural, económico o familiar. El dolor que se acumula en
esa multitud, sin embargo, sencillamente no puede expresarse como tal, porque la fórmula mágica en
cuestión lo convierte en dolor de parto del nuevo paradigma y, por tanto, amenaza a todos aquellos
que publiquen su malestar con el estigma de la inadaptación, del atraso y del conservadurismo: son
tristes reaccionarios que se niegan a desamarrarse de sus privilegios ancestrales, obstáculos que fre-
nan el progreso de la modernización y que, por tanto, quedarán excluidos de sus beneficios. Ellos son
la verdadera basura de nuestro tiempo, la que no puede reciclarse.

De esta manera se ha conseguido a la vez mantener la situación moderna (a saber, la "inmensa acumu-
lación de basuras") y reeditar la utopía no menos moderna de un mundo sin basuras, que ahora ha de
entenderse como un mundo en permanente reciclaje y sin pérdidas (tal es la cosmovisión del paradig-
ma-basura o paradigma de la basura) y, por lo tanto, de un mundo en el cual todo (y todos) llega in-
mediatamente a su destino y adquiere inmediatamente uno nuevo. No se puede decir de manera más
clara: allí donde nada es basura, todo lo es. Y es el mismo Marc Augé quien se ha dado cuenta de que,
de seguir así las cosas, nuestra civilización será la primera del mundo que no deje tras de sí esa clase
especial de basura histórica que son las ruinas. La ciudad genérica (la ciudad-basura) no deja ruinas
porque, cuando un edificio entra en estado de obsolescencia, se puede reconfigurar enteramente para
un nuevo uso, del mismo modo que una empresa (si quiere ser una genuina empresa-basura) debe
poder someterse en cualquier momento a un proceso de re-engineering y que la mano de obra (o sea,
la clase-basura) debe permanecer en un estado de longlife education. Richard Sennett lo ha explicado
aún mejor: «La estandarización del entorno deriva de la economía de lo efímero, y la estandarización
produce indiferencia. Quizá pueda aclarar esta tesis mediante una experiencia personal. Hace unos
pocos años, llevé a un directivo de una gran empresa de la nueva economía emergente, que buscaba
oficinas para instalarse, a visitar el Chanin Building de Nueva York, un palacio art-deco con despachos
muy elaborados y espléndidos espacios públicos. "No se adapta a lo que buscamos", dijo el directivo,

50
"la gente podría sentirse demasiado apegada a sus despachos y llegar a pensar que pertenece a este
lugar". La oficina flexible no está pensada para ser un lugar de permanencia. La arquitectura de las ofi-
cinas de las empresas flexibles requiere un entorno físico que pueda ser rápidamente reconfigurado, en
último extremo, la oficina se reduce al terminal de un ordenador. La neutralidad de los nuevos edificios
deriva también de su carácter de elementos de inversión en el mercado global; para que alguien pueda
comprar o vender fácilmente desde Manila cien mil metros cuadrados de espacio de oficinas en Londres,
es preciso que el espacio tenga la uniformidad y la transparencia del dinero. Esta es la razón de que los
elementos estilísticos de los edificios de la nueva economía se hayan convertido en lo que Ada Louise
Huxtable llama "arquitectura epidérmica": la superficie del edificio emperifollada mediante el diseño, y
su interior progresivamente más neutral y más susceptible de una reconfiguración instantánea».

Creo que se percibe con claridad la idea que intento transmitir: algo que está desde su origen conce-
bido para el reciclaje es algo que está desde su origen concebido como basura. Y esto –el estar origi-
nariamente concebidas para el reciclaje– es lo que caracteriza tanto a la objetividad como a la subjeti-
vidad contemporáneas. En rigor, el proceso por el cual algo se convierte en basura puede ser descrito
como un proceso de descualificación: las cosas se vuelven basura cuando su servicio hace que pierdan
las propiedades que las califican como siendo estas o aquellas cosas, tales y cuales, y se convierten
únicamente en esa "cosidad" fluida y sin cualidades que se acumula en los vertederos y cuya regenera-
ción pasa, según diríamos, por lograr que vuelva a adquirir las propiedades perdidas, que recupere su
cualidad y su calidad. Como este proceso es el que se ha revelado imposible de llevar a cabo (es decir,
como es imposible reciclar al ritmo que se desperdicia), la única manera de mantener el tipo –y esta
es la genial idea de la que estamos hablando– es que las cosas carezcan originalmente de propiedades
(es decir, que sean originariamente basura, sin que su conversión en basura derive del desgaste ge-
nerado por el uso), o sea, que sean de antemano reciclables y, por tanto, pertenecientes a la "cosidad"
fluida y descualificada, que es la que ahora –de acuerdo con la estrategia-basura del "nuevo paradig-
ma"– hemos de experimentar, no como una forma de cosidad degradada y "sucia", cosa de vertedero
y material de escombrera, sino como la forma superior de la objetividad, la cosa de lujo y limpia por
excelencia, pues es lo inmediatamente reciclable. Y, al contrario, son las cosas cualificadas, como el
Chanin Building, las que resultan desesperadamente obsoletas por irreciclables, las que se convierten
en basura en el sentido peyorativo y "sucio" de la expresión, de mal gusto y pasadas de moda, las que,
por tener entidad en sí mismas, se resisten a la reformulación y la recualificación.

Es preciso, pues, que la producción sea ya en su origen, no producción de mercancías, sino producción
de basura, producción de reciclables. Y hay que tener en cuenta que el reciclaje no puede concebirse,
entonces, como una genuina recualificación o reparación de las cosas; la cosa reciclada es la cosa que
ha recuperado sus propiedades y que, por ello mismo, se resiste al reciclaje; la cosa reciclada ha de
ser entendida más bien como la cosa convertida en reciclable, es decir, apta para recibir cualidades
que sólo pueden ser cualidades-basura, inmediatamente reciclables y reformulables, transformables
en cualesquiera. Y es preciso, igualmente, que este proceso no afecte únicamente a la objetividad sino
también a la subjetividad, tanto más cuando las cosas modernas por excelencia son aquellas cuya
objetividad –cuyo "valor"– procede de la "subjetividad". Bien pensado, era elemental: es exactamente
lo mismo que se ha venido haciendo, al menos desde el siglo XVII, con el trabajo en general, y la razón
por la cual han dejado de existir de facto (aunque sobre el papel se mantenga el arcaísmo) los empleos
especializados y las profesiones más o menos libres, en la medida en que todas ellas se vuelven compa-
rables en términos de horas laborables. «La indiferencia respecto del trabajo determinado correspon-
de a una forma de sociedad en la cual los individuos pueden pasar con facilidad de un trabajo a otro
y en la cual el género determinado del trabajo es fortuito y, por consiguiente, les es indiferente», así
decía Marx. Y le parecía un gran progreso. Recordaba hace poco (Juan Pablo II, 22 de Abril de 2006)

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Rafael Sánchez Ferlosio que «la apología positiva del "trabajo" en sí mismo y por sí mismo surgió con
el capitalismo y su necesidad de mano de obra, y fue enseguida recogida sin rechistar por el marxismo;
la exaltación del trabajo –sin determinación de contenido– como virtud moral se desarrolló como la
más perversa pedagogía para obreros». Es decir, la exaltación del trabajo sin determinación de con-
tenido es en sí misma la exaltación del trabajo-basura. Esto es lo mismo que hoy sucede con la exalta-
ción del "conocimiento" (abstracción hecha de toda cualificación, es decir, del conocimiento-basura)
en fórmulas como la recurrente "sociedad del conocimiento", surgida sin duda de las nuevas necesi-
dades de mano de obra –sólo un 10% de la misma se dedica hoy a la fabricación de mercancías en los
EE.UU., según recordaba también hace poco Anthony Giddens (Mejorar las universidades europeas,
10 de Abril de 2006)–, pero en seguida abrazada por la izquierda (como lo prueba el caso del propio
Giddens) como «la más perversa pedagogía para obreros» del siglo XXI, esos nuevos obreros que
constituyen el 90 % principal de la fuerza de trabajo en los países más desarrollados.

Empezó la cosa por un cambio terminológico en apariencia simplemente técnico: en lugar de tener
asignaturas, las carreras universitarias empezaron a tener créditos. La denominación parecía sospe-
chosa (¿por qué precisamente créditos y no "materias", o "conocimientos" o incluso "horas lectivas"?
A pesar de la evidente analogía financiera, nadie se inquietó demasiado), pero de momento esto sirvió
para introducir subrepticiamente en el orden del saber un nuevo aparato de medida que, como por
arte de magia, conseguía tornar equivalentes cosas que antes no parecían poder serlo de ningún modo,
como la arqueología maya y la bioquímica molecular, pongamos por caso, puesto que tanto la una
como la otra se dejaban traducir a un número de créditos, es decir, de horas contantes y sonantes y,
por tanto (he aquí el quid de la analogía monetaria), de dinero por unidad de tiempo. Si la descuali-
ficación del trabajo se consideró como un progreso, ¿cómo no ha de ser un progreso la indiferencia
respecto de todo conocimiento determinado –historia medieval, anatomía patológica o física de la
materia condensada–, que corresponde a una sociedad en la cual los individuos pueden pasar con fa-
cilidad de un conocimiento a otro y en la que el género determinado de conocimiento es fortuito y, por
consiguiente, les es indiferente?

De modo que, contra toda apariencia, "sociedad del conocimiento" no significa nada parecido a "so-
ciedad de la ciencia": cuando Giddens afirma que «en las actuales economías avanzadas más del 80%
de la mano de obra trabaja en los sectores de producción de conocimientos» no está verosímilmente
queriendo decir que ese porcentaje de los empleados esté constituido por científicos; más bien nos
indica que éste es el eufemismo (trabajadores del sector de producción de conocimientos) que con-
viene al proletariado de nuestro tiempo (los trabajadores-basura). Por eso es una contradicción de su
argumento el sostener que esta situación supone el ocaso de la mano de obra no cualificada. Al contra-
rio, este conocimiento es precisamente un flujo descualificado (y en su apología se trata solamente de
eso, de que fluya sin barreras ni cortapisas de "especialidades" ni de organización intelectual, es decir,
sin apego a cualidad alguna) en el que vienen a disolverse como en una caldera todas las ciencias y
todos los saberes más o menos sistemáticos antaño impartidos en las universidades y en las escuelas y
hoy descompuestos y como estallados en "competencias" y "habilidades" que campan libremente y sin
constricción alguna que no sea la de su medida en "créditos", como lo certifica el hecho (en esto, como
en todo, hay que fijarse siempre en los que van por delante) de que el organismo estatal encargado
de administrar la instrucción pública en el país en donde profesa Giddens ya haya dejado de llamarse
"Ministerio de educación y ciencia" para denominarse "Ministerio de educación y habilidades (skills)".
Que se encargue a las universidades la enseñanza de estas "habilidades" neoproletarias –es decir, que
se exija la descualificación de las ciencias y la descomposición de los saberes científicos en las com-
petencias requeridas en cada caso por un mercado empresarial que configura la turbina a la que se
engancha la "caldera" del conocimiento–, y que además se destine a los individuos a proseguir esta

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"educación superior" a lo largo de toda su vida laboral (longlife education, cadena perpetua) es algo
ya de por sí suficientemente expresivo: solamente una mano de obra (o de "conocimiento") completa-
mente descualificada –es decir, producida originalmente como basura reciclable– es apta para recibir
una cualificación en sí misma descualificada y descualificante, y solamente una cualificación que no
es más que cualificación-basura, es decir, que no cualifica más que efímera y superficialmente (una
cualificación epidérmica), necesita estar sometida a este proceso de manera permanente. Pero en ese
caso no está nada claro en qué consistiría la "superioridad" de la educación superior (y acaso por ello
Giddens la llama sintomáticamente "educación post-secundiaria", es decir, una prolongación indefini-
da de la enseñanza media): como confiesa el propio Giddens, «muchos [profesores jóvenes] se sienten
hoy atraídos por trabajos –como los de la industria y de la banca– que en mi generación (con nues-
tros esnobismos) ni siquiera nos habríamos planteado [los profesores universitarios]», lo que es un
modo de admitir que la educación superior no ha perdido su superioridad sobre la industria y la banca
solamente por la desaparición del "esnobismo" juvenil (¿por qué se ha esfumado ese esnobismo?) sino
más bien en la medida en que se ha convertido en un subsector de la "producción de conocimientos"
para la industria y la banca.

Sucede, en fin, que la época en la cual la subjetividad se ha vuelto más inestable, elástica, flexible y
modulable, es también la era en la cual la identidad se ha convertido en la más tiránica y rígida de las
exigencias individuales, en el más grave de los problemas políticos. Y es como si cada enclave edificado
en las calles debiera ser, al mismo tiempo, una seña de identidad inconfundible y un espacio infinita-
mente remodelable, es decir, una zona cero.

24)http://www.basurama.org/b06_distorsiones_urbanas_koolhaas.htm

Espacio basura
Rem Koolhaas
 
Aeropuerto de Logan (Boston): una ampliación de alcance mundial para el siglo XXI
(Valla publicitaria de finales del siglo XX)
 
El conejo es la nueva ternera... Como aborrecemos lo utilitario nos hemos condenado a nosotros
mismos a una inmersión de por vida en lo arbitrario... Aeropuerto Internacional de Los Ángeles: en el
mostrador de facturación, unas orquídeas –posiblemente carnívoras– nos dan la bienvenida... La
identidad es la nueva comida basura para los desposeídos, el pienso con que la globalización alimenta
a los desfranquiciados... Si se llama basura espacial a los desechos humanos que ensucian el universo,
el espacio basura es el residuo que el ser humano deja sobre el planeta. El producto construido por la
modernización no es la arquitectura moderna sino el espacio basura. El espacio basura es lo que
permanece después de que la modernización haya seguido su curso, o más concretamente, lo que
coagula durante el proceso de la modernización, sus consecuencias. La modernización tenía un pro-
grama racional: compartir las bendiciones de la ciencia universalmente. El espacio basura es la apo-
teosis de este programa, o su fundición... Aunque cada una de sus partes sea el resultado de inventos
brillantes, aunque hayan sido planeadas con lucidez por la inteligencia humana y potenciadas por la
computación infinita, el resultado augura el fin de la Ilustración, su resurrección como farsa, un
purgatorio de poca calidad. El espacio basura es la suma total de nuestros logros actuales, hemos
construido más que todas las generaciones anteriores juntas, pero de alguna forma no se nos medirá
según el mismo baremo. No dejamos pirámides. Según el nuevo evangelio de la fealdad, hay ya en el
siglo XXI más espacio basura en construcción que el que sobrevivió del siglo XX... Fue un error inven-
tar la arquitectura moderna para el siglo XX. La arquitectura desapareció en el siglo XX. Hemos

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estado leyendo una nota a pie de página con el microscopio con la esperanza de que se convirtiese en
una novela, nuestra preocupación por las masas nos ha cegado para la Arquitectura Popular. El espa-
cio basura parece una aberración pero es la esencia, lo principal... es el resultado del encuentro entre
la escalera mecánica y el aire acondicionado, concebido en una incubadora de pladur (los tres ausen-
tes en los libros de historia). La continuidad es la esencia de un espacio basura que se aprovecha de
cualquier invento que permita la expansión a la vez que despliega una infraestructura de no interrup-
ción: la escalera mecánica, el aire acondicionado, el aspersor, las barreras contra incendios, las corti-
nas de aire caliente... El espacio basura siempre es interior, tan extenso que rara vez se perciben los
límites y emplea cualquier medio para fomentar la desorientación (los espejos, los pulidos, el eco). El
espacio basura está sellado, se mantiene unido no por la estructura sino por la piel, como una burbuja.
La gravedad se ha mantenido constante, ha resistido con el mismo arsenal desde el comienzo de los
tiempos, pero el aire acondicionado –medio invisible y, por tanto, imperceptible– ha revolucionado de
verdad la arquitectura. El aire acondicionado ha lanzado el edificio sin fin. Si la arquitectura separa los
edificios, el aire acondicionado los une. El aire acondicionado ha impuesto regímenes mutantes de
organización y coexistencia que han dejado a la arquitectura atrás. Al igual que sucedía en la Edad Me-
dia, ahora, un único centro comercial es el trabajo de generaciones de diseñadores de interiores, y de
encargados de arreglos y reparaciones. El aire acondicionado sostiene nuestras catedrales (inconscien-
temente, todos los arquitectos podrían estar trabajando en un mismo edificio que, a pesar de estar en
ese momento separado, contase con receptores ocultos que, con el tiempo, lo convertirían en uno
solo). Como cuesta dinero, y ya no es gratis, el espacio acondicionado se convierte inevitablemente en
espacio condicional, y más tarde o más temprano todo espacio condicional se convierte en espacio
basura. Al pensar en el espacio, sólo hemos prestado atención a sus contenedores. Como si el espacio
en sí mismo fuese invisible, toda la teoría de la producción de espacio está basada en una preocupa-
ción obsesiva por su opuesto: por la sustancia y los objetos, es decir, por la arquitectura. Los arquitec-
tos nunca han podido explicar el espacio y el espacio basura es el castigo que hemos recibido por sus
mistificaciones. De acuerdo, hablemos de espacio entonces, de la belleza de los aeropuertos, especial-
mente después de cada ampliación, del brillo de las remodelaciones, de la sutileza del centro comer-
cial. Exploremos el espacio público, descubramos los casinos, frecuentemos los parques temáticos... El
espacio basura es la contrafigura del espacio, un territorio con la visión dañada, de expectativas limita-
das y de sinceridad reducida. El espacio basura es un `triángulo de las Bermudas' de los conceptos,
una `placa de Petri' abandonada: elimina las distinciones, debilita el poder de resolución, confunde la
intención con la ejecución. Reemplaza la jerarquía por la acumulación y la composición por la adición.
Más y más, más es más. El espacio basura está verde y maduro a la vez, es un colosal manto de seguri-
dad que cubre la tierra con un afectuoso monopolio... El espacio basura es como estar condenado en
un perpetuo jacuzzi con millones de tus mejores amigos... Es un enmarañado imperio de confusión,
que funde lo elevado y lo mezquino, lo público y lo privado, lo derecho y lo torcido, lo atiborrado y lo
famélico para ofrecer un mosaico sin suturas de lo permanentemente inconexo. Aparentemente
apoteósico y espacialmente grandioso, el efecto de su riqueza es una vacuidad terminal, una maliciosa
parodia de la ambición que erosiona sistemáticamente y posiblemente para siempre la credibilidad de
la arquitectura... El espacio se creó amontonando materiales y cubriéndolos de cemento para crear
una sólida y nueva totalidad. El espacio basura es aditivo, estratificado y ligero, no está articulado en
diferentes partes sino subdividido, descuartizado como el cadáver de un animal, pedazos individuales
amputados de una condición universal. No hay paredes, sólo particiones, resplandecientes membra-
nas frecuentemente revestidas de espejo u oro. La estructura permanece invisible bajo la decoración,
o, aún peor, se ha vuelto ella misma ornamental: pequeños y brillantes marcos sostienen cargas
simbólicas, enormes vigas transportan ciclópeas cargas a insospechados destinos. El arco, antaño el
burro de carga de la estructuras, se ha convertido en un agotado emblema de la `comunidad', que da
la bienvenida a una infinidad de poblaciones virtuales a inexistentes y amplios "allís". Allí donde

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estaba ausente, sencillamente se añade –generalmente en estuco– como ornamento tardío, a base de
superbloques levantados a toda prisa. La iconografía del espacio basura es romana en un 13%, Bau-
haus en un 8%, Disney en un 7% (muy igualados), Art Noveau en un 3%, seguido muy de cerca por la
influencia maya... Es como una sustancia Espacio basura Rem Koolhaas que podría haberse materiali-
zado en cualquier otra forma. El espacio basura es el dominio de un orden simulado, fingido, un reino
de morphing. Su configuración específica es tan fortuita como la geometría de un copo de nieve. Sus
patrones implican repetición y, sólo en última instancia, reglas descifrables. El espacio basura está
más allá de toda medida, de todo código... No puede ser comprendido y, por tanto, el espacio basura
no puede ser recordado. Es llamativo y a pesar de todo inmemorable, es como un salva-pantallas, cuya
negativa a permanecer estático asegura una amnesia instantánea. El espacio basura no pretende crear
perfección, sólo interés. Sus geometrías son inimaginables, sólo aptas para ser ejecutadas. A pesar de
ser estrictamente no-arquitectónico, el espacio basura tiende hacia lo abovedado, hacia la cúpula.
Algunas de sus secciones parecen estar dedicadas a lo inerte, otras están en un perpetuo y retórico
caos: lo más muerto reside junto a lo más histérico. Los temas corren una cortina de parálisis sobre
interiores tan grandes como el Panteón, produciendo abortos en cada esquina. La estética es bizanti-
na, preciosa y oscura, escindida en millones de fragmentos, todos visibles al mismo tiempo: un univer-
so casi panóptico en el que los contenidos se reorganizan en milésimas de segundo alrededor de un
mareado espectador. Los murales solían mostrar ídolos, los módulos del espacio basura están dimen-
sionados para portar marcas, los mitos pueden ser compartidos por todos y las marcas, junto con el
aura, quedan a merced de los grupos de interés. En el espacio basura, las marcas juegan el mismo
papel que los agujeros negros en el universo, son esencias a través de las cuales desaparece el signifi-
cado... Las superficies más brillantes de la historia del hombre muestran un reflejo de la humanidad
más informal. Cuanto más habitamos lo palaciego, menos adecuadas son nuestras vestimentas. Una
rigurosa etiqueta –¿acaso el último espasmo del protocolo?– rige el acceso al espacio basura: pantalón
corto, zapatillas de deporte, sandalias, chándal, forro polar, tejano, parka, mochila. Es como si, de
repente, la gente accediese a las dependencias privadas de un dictador. El espacio basura se disfruta
mejor en un estado de pasmo post-revolucionario. Las polaridades se han fusionado, ya no queda
nada entre la desolación y el delirio. El neón representa tanto lo viejo como lo nuevo, los interiores nos
remiten a la Edad de Piedra y a la Era Espacial al mismo tiempo. Al igual que el virus inactivo de una
inoculación, la arquitectura moderna sigue siendo esencial, pero sólo en su manifestación más estéril:
la high tech (¡qué tan muerta parecía hace tan sólo una década!). Revela lo que generaciones anterio-
res mantuvieron en secreto: las estructuras saltan como los muelles de un colchón; las escaleras de
salida penden de didácticos trapecios; las sondas espaciales son lanzadas al espacio para proporcionar
lo que es, en realidad, omnipresente: el aire libre; hectáreas de vidrio colgado de delgados cables;
pieles estiradas y firmes que encierran flácidos no-acontecimientos. La transparencia únicamente te
revela aquello en lo que no puedes participar. Con las campanadas de medianoche todo podría conver-
tirse en un estilo gótico taiwanés, y en tres años en un estilo nigeriano de los sesenta, un chalet norue-
go o, por eliminación, cristiano. Los hijos de la tierra viven ahora en una grotesca guardería... El
espacio basura se crece con el diseño, pero el diseño muere en el espacio basura. No hay forma, sólo
proliferación, la regurgitación es la nueva creatividad, honramos, abrigamos y abrazamos la manipu-
lación en lugar de la creación... Las súper-secuencias de gráficos, los emblemas transplantados de las
franquicias y las brillantes infraestructuras de luces, los diodos luminosos y los vídeos describen un
mundo sin autor, más allá de la pretensión de cada cual, siempre único, totalmente imprevisible y, a
pesar de todo, intensamente familiar. El espacio basura es caliente (o, de repente, ártico) y, en él,
paredes fluorescentes dobladas, similares a una vidriera en fundición, generan más calor para aumen-
tar la temperatura hasta niveles en los que se podrían cultivar orquídeas. Con historias de ficción a
diestro y siniestro, sus contenidos son dinámicos y, al mismo tiempo, estáticos, aparecen reciclados o
multiplicados como si estuvieran clonados: las formas buscan una función de la misma manera que el

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cangrejo ermitaño busca una concha vacía... El espacio basura se despoja de la arquitectura como los
reptiles de su piel y renace cada lunes por la mañana. En la arquitectura anterior, la materialidad
estaba basada en un estado final que sólo podía ser modificado a cuenta de una destrucción parcial. En
el momento exacto en que nuestra cultura ha abandonado la repetición y la regularidad como algo
represivo, los materiales de construcción se han hecho cada vez más modulares, unitarios y normali-
zados; ahora, la materia nos llega predigitalizada. A medida que el módulo va siendo más y más
pequeño su estatus pasa a ser el de un cripto-píxel. Con enormes dificultades –presupuesto, discusio-
nes, negociaciones, deformaciones– la irregularidad y la singularidad se construyen a partir de ele-
mentos idénticos. En lugar de intentar extraer orden del caos, lo pintoresco se extrae ahora de lo
homogeneizado, lo singular surge de lo normalizado. Los arquitectos fueron los primeros en pensar en
el espacio basura, lo llamaron mega-estructura y era la solución final para superar el tremendo punto
muerto en que se encontraban. Como si de múltiples torres de Babel se tratase, las enormes súper-
estructuras perdurarían hasta el fin de los días, atestadas de subsistemas temporales que mutarían
con el tiempo, más allá de su control. Pero en el espacio basura se han vuelto las tornas: sólo hay
subsistemas, sin súper-estructuras, partículas huérfanas que buscan un marco o un patrón. Toda
materialización es provisional: cortar, doblar, rasgar, revestir; la arquitectura ha adquirido una nueva
tersura, es como la sastrería a medida. Las juntas ya no son un problema, una cuestión intelectual: los
momentos de transición están definidos por la grapa y el celo, las arrugadas cintas marrones apenas
mantienen la ilusión de una superficie sin grietas. Verbos desconocidos e impensables en la historia de
la arquitectura –grapar, pegar, plegar, descargar, encolar, duplicar, fundir– se han hecho indispensa-
bles. Cada elemento desempeña su función en negociado aislamiento. Donde antes los detalles suge-
rían una unión, posiblemente eterna, de materiales dispares, ahora hay un acoplamiento transitorio
que espera a ser deshecho, desatornillado, un abrazo temporal con muchas posibilidades de separa-
ción. Ya no se trata del orquestado encuentro de la diferencia sino del abrupto final de un sistema, un
punto muerto. Únicamente los ciegos, al leer con las yemas de los dedos estas líneas defectuosas,
serán capaces de entender las historias del espacio basura... Mientras que durante milenios enteros se
trabajó a favor de la permanencia, lo axial, las relaciones y la proporción, el programa del espacio
basura es la escalada. En lugar de desarrollo, ofrece entropía. El espacio basura es ilimitado y, por
tanto, siempre hay algún escape: en el peor de los casos, ceniceros gigantes llenos de un caldo gris
recogen gotas intermitentes... ¿Cuándo dejó el tiempo de moverse hacia delante?, ¿cuándo empezó a
girar en todas direcciones como una bobina fuera de control? ¿Desde la introducción de Real Time®?
La idea de cambio está divorciada de la idea de mejora. No hay progreso. Al igual que un cangrejo que
ha tomado LSD, la cultura va de lado, tambaleándose sin remedio. El típico tentempié contemporáneo
es un microcosmos del espacio basura: una ferviente semántica de la salud –un buen trozo de berenje-
na coronado con gruesas lonchas de queso de cabra– anulada por una galleta gigante... El Espacio
basura Rem Koolhaas espacio basura es agotador y, a cambio, es agotado. Encontramos por todo el
espacio basura disposiciones de asientos, hileras de sillas modulares, incluso sofás, como si la expe-
riencia que el espacio basura ofrece a sus consumidores fuese considerablemente más agotadora que
cualquier sensación espacial anterior. En sus partes más abandonadas podemos encontrar bufés:
utilitarias mesas cubiertas por manteles blancos o negros, superficiales reuniones de cafeína y calorías
–queso de cabra, magdalenas, uvas poco maduras–, teóricas representaciones de la abundancia, sin
cuerno y sin abundancia. Todo espacio basura llega en algún momento a estar relacionado con alguna
función fisiológica: apretados entre tabiques de acero inoxidable se sientan filas de romanos gruñones
con pliegues vaqueros cubriendo sus enormes zapatillas... Debido a la intensidad con que se consume,
el espacio basura es mantenido fanáticamente, el turno de noche subsana los daños del turno de la
mañana en una interminable repetición. Mientras nos recuperamos del espacio basura, el espacio
basura se recupera de nosotros: entre las 2 y las 5 de la mañana, otro turno más, descorazonadora-
mente informal y sensiblemente más sombrío, está fregando, barriendo, aspirando, secando, reabaste-

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ciendo. El espacio basura no inspira confianza entre aquellos que lo limpian... Dedicado a la gratifica-
ción instantánea, el espacio basura contiene el germen de una perfección futura. Un lenguaje
apologético está entretejido en su textura de euforia en lata: señales de `disculpen nuestro aspecto', o
pequeños carteles amarillos de `lo sentimos' señalan superficies mojadas temporalmente, anuncian
incomodidades momentáneas a cambio de un brillo inminente. Es el encanto de las mejoras. En
cualquier lugar se pueden encontrar trabajadores arrodillados –simulando una oración– para reparar
secciones desgastadas, o medio ocultos en huecos en el techo intentando arreglar alguna avería esqui-
va – simulando una confesión. Todas las superficies son arqueológicas, superposiciones de diferentes
períodos (¿cómo llamar al momento en que era habitual un determinado tipo de moqueta?), como
bien se puede apreciar cuando están agujereadas...Tradicionalmente la tipología implicaba demarca-
ción, la definición de un único modelo que excluía cualquier otra disposición. El espacio basura repre-
senta la tipología inversa de lo acumulativo, la identidad aproximativa, relacionada con la cantidad
más que con la clase... Pero aquello que carece de forma sigue teniéndola, lo amorfo también es una
tipología... Consideremos el vertedero, donde sucesivos camiones sueltan sus cargas formando un
montón que, a pesar de lo aleatorio de sus contenidos y su fundamental falta de forma, tiene una
unidad; o la tienda de campaña que adopta diversas formas para albergar volúmenes interiores varia-
bles, o las amorfas entrepiernas de las nuevas generaciones. El espacio basura –como si de un best-
seller se tratase– puede ser absolutamente caótico o aterradoramente aséptico, resuelto e indetermi-
nado al mismo tiempo. Por ejemplo, hay algo extraño en las salas de baile: enormes tierras baldías que
carecen de columnas para ofrecer la máxima flexibilidad. Debido a que a uno nunca es invitado a ese
tipo de eventos, nunca las ha visto en uso, únicamente ha visto como son preparadas con escalofriante
precisión: una interminable red de mesas redondas –cuyos diámetros previenen la comunicación–
que se extienden hacia un horizonte lejano, y un estrado lo suficientemente grande para todo el polit-
buró de un estado totalitario, con alas que anuncian sorpresas hasta el momento inimaginables –
acres de organización para ayudar con futuras borracheras, desorden y confusión. O pensemos en los
salones del automóvil... El espacio basura es a menudo descrito como un espacio de flujos, pero el
término es inapropiado: los flujos dependen del movimiento disciplinado, de cuerpos que forman una
unidad. El espacio basura es una telaraña sin araña. Aunque se trata de una arquitectura de masas,
cada trayectoria es estrictamente singular. Su anarquía es una de las últimas formas tangibles que nos
permiten experimentar la libertad. Es un espacio de colisión, un contenedor de átomos, abigarrado, no
denso. Hay, en el espacio basura, una forma especial de moverse que es, al mismo tiempo, errante y
decidida. Se trata de una cultura adquirida. El espacio basura presenta la tiranía de lo inconsciente: en
ocasiones, todo un espacio basura se viene abajo debido al inconformismo de uno de sus miembros,
un único ciudadano de otra cultura –un refugiado, una madre– puede desestabilizar todo un espacio
basura, chantajearlo, y dejar tras de sí una estela de obstrucción, una des-regularización que con el
tiempo será comunicada a las extremidades más lejanas. Allí donde el movimiento se vuelve sincroni-
zado, se congela: en escaleras mecánicas, cerca de las salidas, en máquinas de aparcamiento, en
cajeros automáticos. Algunas veces, los individuos, bajo presión, son canalizados a través de un mismo
flujo, empujados a través de una única puerta o forzados a salvar el hueco entre dos obstáculos tempo-
rales (una silla de inválido que no deja de pitar y un árbol de navidad). La evidente animadversión que
provoca semejante limitación es una burla de la noción de flujos... En el espacio basura, los flujos
conducen al desastre: los grandes almacenes el primer día de las rebajas; las estampidas desencadena-
das por grupos enfrentados de hinchas de fútbol; los cuerpos muertos amontonados ante las puertas
de emergencia cerradas de una discoteca; todo son evidencias de la falta de adaptación entre los porta-
les del espacio basura y las limitadas calibraciones del Viejo Mundo. Los jóvenes evitan instintivamen-
te las dantescas manipulaciones/contenedores a las que el espacio basura ha condenado para siempre
a sus mayores. Dentro del patio de recreo del espacio basura existen patios de recreo más pequeños,
espacio basura para niños (normalmente situados en el emplazamiento menos atractivo de todos):

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secciones repentinamente miniaturizadas –a menudo bajo escaleras, siempre cerca de callejones sin
salida–, acumulaciones de infraestructuras de plástico infra-dimensionales –toboganes, subibajas,
columpios– que son rechazados por su pretendida audiencia –los niños– y convertidos en nichos
basura para los viejos, los perdidos, los olvidados, los locos... el último suspiro del humanismo... El
tráfico es espacio basura, desde el espacio aéreo al metro; la red de carreteras al completo es espacio
basura, una gran utopía en potencia, atascada por sus usuarios, como se puede comprobar cuando
empiezan las vacaciones... Al igual que los residuos radioactivos, el espacio basura tiene una insidiosa
media vida. En el espacio basura el envejecimiento es inexistente o catastrófico, en ocasiones un
espacio basura al completo –unos grandes almacenes, un club nocturno, un piso de soltero– se con-
vierte, durante la noche y sin previo aviso, en un antro: el voltaje disminuye imperceptiblemente, las
letras se caen de las señales, los aparatos de aire acondicionado empiezan a gotear, y aparecen grietas
que se presentan como la única evidencia de terremotos no registrados. Algunos sectores se pudren,
dejan de ser viables, pero permanecen unidos a la carne del cuerpo principal a través de pasillos
gangrenosos. El hecho de juzgar lo construido suponía una postura estática, ahora cada arquitectura
personifica simultáneamente posturas contrarias: lo viejo y lo nuevo, lo permanente y lo temporal, lo
próspero y lo amenazado. Algunos sectores padecen un deterioro cuasi alzhéimico mientras otros son
modernizados. El espacio basura es ilimitado y, Espacio basura Rem Koolhaas por tanto, nunca está
cerrado... La renovación y la restauración eran procedimientos que se llevaban a cabo en nuestra
ausencia, ahora somos testigos presenciales, reacios participantes... Asistir a la conversión del espacio
basura es como inspeccionar la cama sin hacer de otra persona. Supongamos que un aeropuerto
necesita más espacio. En el pasado, se añadían nuevas terminales –cada una de ellas más o menos
características de su propia época– que convertían las viejas en recuerdos legibles, evidencias del
progreso. Pero desde que los pasajeros han demostrado definitivamente su infinita maleabilidad, la
idea de reconstruir in situ ha cobrado actualidad. Las cintas transportadoras cambian de dirección, las
señales se tapan con cinta adhesiva, las palmeras en maceta (que parecen enormes cadáveres) acaban
cubiertas por enormes sacos. Pantallas de pladur pegadas con cinta segregan dos poblaciones: una
húmeda y otra seca, una dura y otra fofa, una fría y otra sobrecalentada. La mitad de la población
produce un espacio nuevo mientras la mitad más acaudalada consume el espacio antiguo. Para poder
alojar a este bajo mundo de trabajo manual, la explanada se convierte de repente en kasba: improvisa-
dos vestuarios, descansos para el café, descansos para fumar, incluso verdaderos fuegos de campa-
mento. El techo es una placa abollada que se asemeja a los Alpes, retículas de azulejos inestables se
alternan con láminas estampadas de plástico negro, perforadas de modo inverosímil por mallas de
candelabros cristalinos... Los conductos de metal son reemplazados por tejidos transpirables. Las
juntas abiertas muestran enormes vacíos en el techo (¿antiguos cañones de amianto?), vigas, tubos,
sogas, cables, aislamiento, protección contra incendios, cuerdas; enmarañados arreglos que de repen-
te quedan expuestos a la luz del día; adulterados, torturados y complejos, la única razón de su existen-
cia es que nunca fueron planeados conscientemente. El suelo está hecho a base de retales: diferentes
texturas –de cemento, peludas, toscas, brillantes, plásticas, metálicas, embarradas, etcétera– alternan
de forma aleatoria, como si estuvieran dedicadas a diferentes espacios... El terreno ya no existe. Hay
demasiadas necesidades básicas que satisfacer en un solo plano. Se ha abandonado el horizontal
absoluto. Ha desaparecido la transparencia y ha sido sustituida por una densa costra de ocupación
provisional: quioscos, carretillas, cochecitos, palmeras, fuentes, bares, sofás, carritos. La función de
los pasillos ya no es únicamente unir el punto A con el punto B, se han convertido en destinos. Su vida
de arrendatarios suele ser corta: los escaparates más inactivos, los vestidos más indiferentes, las flores
más inverosímiles. Ha desaparecido toda perspectiva, como en una selva tropical (de las que también
están desapareciendo, como no paran de decirnos...). Lo que antes era recto, se tuerce en configuracio-
nes cada vez más complejas. Tan sólo una perversa coreografía modernista puede explicar los giros y
las vueltas, los ascensos y descensos, los repentinos cambios de rumbo que suponen el típico recorrido

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desde el mostrador de facturación (engañoso nombre) hasta la pista en cualquier aeropuerto actual.
Debido a que nunca reconstruimos o cuestionamos lo absurdo de estas forzosas desviaciones, acepta-
mos sumisamente grotescos viajes que incluyen perfumes, solicitantes de asilo, obras, ropa interior,
ostras, pornografía, teléfonos móviles, increíbles aventuras para el cerebro, el ojo, la nariz, la lengua,
el útero, los testículos... Hubo una vez una polémica sobre el ángulo recto y la línea recta, ahora el
ángulo de 90 grados es tan sólo uno entre muchos. De hecho, los restos de geometrías anteriores
causan nuevos embrollos, y ofrecen melancólicos núcleos de resistencia que forman inestables remoli-
nos en nuevos y oportunistas flujos... ¿Quién se atrevería a exigir responsabilidades por esta secuen-
cia? La idea de que antaño una profesión dictase –o al menos pretendiese predecir– los movimientos
de las personas, resulta ahora ridícula o, aún peor: impensable. En lugar de diseño, hay cálculos:
cuanto más errático el camino, más excéntricos los bucles, más oculto el proyecto, más eficaz será la
exposición, más inevitable la transacción. En esta guerra, los diseñadores gráficos son los grandes
renegados: donde antes la señalización prometía llevarte a dónde quisieras estar, ahora te ofusca y te
enreda en un matorral que exige agudeza y te obliga a tomar desvíos indeseados y a regresar al princi-
pio cuando estás perdido. El postmodernismo añade una zona arrugada de poché vírico que fractura y
multiplica el interminable frente de exhibición, un retractilado peristáltico crucial para todo intercam-
bio comercial. Las trayectorias son presentadas como rampas, se vuelven horizontales sin previo aviso,
se cruzan, se pliegan hacia abajo, y, de repente, resurgen en un vertiginoso balcón sobre un gran vacío.
Es el fascismo exento de dictador. Desde el repentino callejón sin salida donde te soltó una gigante
escalera de granito, unas escaleras mecánicas te llevan a un destino desconocido en un trayecto con
una vista provisional de yeso inspirada por fuentes poco memorables. No hay nivel de datos, vivimos
siempre en un sándwich. El `espacio' se excava del espacio basura como si éste fuese un bloque de
helado pasado que ha estado demasiado tiempo en el congelador: cilíndrico, cónico, más o menos
esférico, lo que sea...). Los núcleos de aseos se convierten en tienda Disney y luego se metamorfosean
para convertirse en un centro de meditación: las sucesivas transformaciones ridiculizan la palabra
`proyecto'. El proyecto es una pantalla de radar en la que impulsos individuales sobreviven durante
períodos impredecibles en una gresca bacanal... En este punto muerto entre lo superfluo y lo inevita-
ble, un proyecto sólo empeoraría las cosas, nos volvería locos. Únicamente el diagrama ofrece una
visión aceptable. Hay lealtad cero –y tolerancia cero– hacia la configuración, no hay estado `original',
la arquitectura se ha convertido en una secuencia dentro de un lapso de tiempo que revela una `evolu-
ción permanente'... La única certeza es la conversión, continua, seguida, en raras ocasiones, por la
`restauración', un proceso que siempre está reclamando nuevas partes de la historia para el espacio
basura. La historia corrompe, la historia absoluta corrompe absolutamente. El color y la materia son
eliminados de estas despiadadas corrupciones: lo insulso se ha convertido en la única posición neutral
para lo viejo y lo nuevo... ¿Se puede amplificar lo suave?, ¿exagerar lo monótono?; ¿mediante la
altura?, ¿la profundidad?, ¿la longitud?, ¿la variación?, ¿la repetición? En ocasiones, no la sobrecarga
sino su contrario –una absoluta ausencia de detalle– es lo que genera el espacio basura. Este vacuo
estado de aterradora escasez es la escandalosa prueba de que con poco se puede organizar mucho. El
ridículo vacío infunde la respetuosa distancia, el tímido abrazo con que los arquitectos-estrella se
acercan al pasado, ya sea auténtico o no. Lo primordial es siempre dejar el original intacto. Lo que
antes era residual es aclamado como nueva esencia, como foco de intervención. En un primer paso, la
sustancia a mantener se envuelve en un paquete de comercio y catering, como un esquiador reacio
empujado cuesta abajo por responsables guardaespaldas. Como muestra de respeto, las simetrías son
mantenidas e irremediablemente exageradas; antiguas técnicas de construcción son resucitadas y
pulidas hasta que adquieren un brillo irrelevante; se reabren las canteras para excavar la `misma'
piedra; nombres de donantes indiscretos se graban prominentemente con las tipografías más sutiles,
el patio es cubierto por una filigraEspacio basura Rem Koolhaas na autoritaria y estructural –enfática-
mente no-competitiva– para que se pueda establecer una continuidad con el `resto' del espacio basura

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(galerías abandonadas, tugurios de muestra, conceptos jurásicos...). Se aplica el acondicionamiento;
una filtrada luz del día revela enormes y antisépticas extensiones de reticencia monumental y las hace
cobrar vida, tan apasionante como la traducción de un ordenador... Es la maldición del espacio públi-
co: un fascismo latente discretamente sofocado por la señalización, los taburetes, la compasión... El
espacio basura es post-existencial: te hace dudar sobre dónde estás, oculta hacia dónde vas, deshace el
lugar en el que estabas. ¿Quién crees que eres? ¿Quién quieres ser? (Nota para los arquitectos: creíais
que podríais ignorar el espacio basura, visitarlo clandestinamente, tratarlo con desdén condescendien-
te o disfrutarlo por solidaridad... y como no podíais entenderlo, habéis tirado las llaves. Pero ahora,
vuestra propia arquitectura está infectada, se ha vuelto igual de lisa, total, continua, retorcida, abiga-
rrada, llena de atrios). El Sello Basura® es la nueva arquitectura: la antigua megalomanía de una
profesión contraída a un tamaño manejable, el espacio basura sin su vulgaridad redentora. Cualquier
cosa que pueda ser estirada –limusinas, partes del cuerpo, aviones– se convierte en espacio basura, en
un nuevo abuso de su concepto original. Restaurar, redistribuir, reunir, renovar, reformar, revisar,
rediseñar, regresar –los mármoles del Partenón– rehacer, respetar, realquilar: los verbos que empie-
zan por recrean espacio basura... El espacio basura será nuestra tumba. La mitad de la humanidad
contamina para producir, la otra produce para consumir. La polución que generan todos los coches,
motos, camiones, autobuses y fábricas explotadoras del Tercer Mundo resulta una nimiedad compara-
da con el calor generado por el espacio basura. El espacio basura es político: depende de la elimina-
ción total de la capacidad de crítica en nombre de la comodidad y el placer. La política se ha converti-
do en manifiesto a través de Photoshop –inconsútiles bocetos de lo mutuamente excluyente– arbitrada
por opacas ONGs. La comodidad es la nueva justicia. Estados diminutos al completo adoptan ahora el
espacio basura como programa político, establecen regímenes de planificada desorientación, instigan
una política de confusión sistemática. No es exactamente eso de `todo vale'; de hecho, el secreto del
espacio basura es que es a la vez promiscuo y represivo: a medida que prolifera lo informal, lo formal
se marchita, y con ello todas las normas, las reglas, los recursos... No hemos interpretado bien el mito
de Babel. El lenguaje no es el problema, tan sólo es la nueva frontera del espacio basura. La especie
humana, desgarrada por eternos dilemas, punto muerto de debates aparentemente eternos, ha lanza-
do un nuevo lenguaje que, al igual que un frágil puente de diseñador, salva distancias insalvables; ha
acuñado una oleada pro-activa de nuevos oxímorons para cancelar anteriores incompatibilidades:
vida/ estilo, realidad/televisión, mundo/música, museo/almacén, comida/patio, salud/cuidado,
espera/sala. La lucha de clases ha sido reemplazada por nombramientos, sonoras fusiones de estatus,
high-concept e historia. A través de los acrónimos, las importaciones inusuales, la eliminación de
letras, o la fabricación de plurales inexistentes, estos oxímorons aspiran a deshacerse del significado a
cambio de una espaciosa y nueva amplitud... El espacio basura conoce todas nuestras emociones,
todos nuestros deseos. Es el interior del vientre del Gran Hermano. Reemplaza las sensaciones de la
gente. Viene con banda sonora, olor, subtítulos. Anuncia descaradamente cómo quiere ser interpreta-
do: rico, impresionante, guay, enorme, abstracto, minimalista, histórico. Da cobijo a un colectivo de
obsesivos consumidores en hosca anticipación de su próxima compra, una masa de períodos refracta-
rios atrapados en un Reinado de los Mil Años del Alboroto, un paroxismo de prosperidad. El sujeto ve
como le arrebatan su privacidad a cambio del acceso al nirvana del crédito. Somos cómplices del
rastro de huellas dactilares que deja cada una de nuestras transacciones. Lo saben todo sobre noso-
tros, excepto quiénes somos. Los emisarios del espacio basura nos persiguen hasta la antes impermea-
ble privacidad de nuestra habitación: minibar, máquinas de fax privadas, televisión de pago que ofrece
comprometida pornografía, protecciones de plástico que cubren el asiento del váter, condones de
cortesía: pequeños centros de ganancias que coexisten con la Biblia de la mesita... El espacio basura
pretende unificar, pero en realidad escinde. Crea comunidades no de intereses compartidos ni de libre
asociación, sino de idénticas estadísticas e inevitables demografías: una red oportunista de intereses
personales. Cada hombre, cada mujer y cada niño se convierten en objetivos individuales, son rastrea-

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dos individualmente, separados del resto... Los fragmentos sólo se recomponen en `seguridad', donde
una red de pantallas de video reúne de forma decepcionante cuadros individuales para crear un
cubismo banalizado y utilitario que revela la coherencia general del espacio basura ante la desapasio-
nada mirada de guardias apenas preparados: videoetnografía en estado puro. De la misma manera
que el espacio basura es inestable, su propiedad –en una forma de deslealtad paralela– cambia de
manos constantemente. El espacio basura sucede espontáneamente a través de una exuberancia
natural y corporativa – el libre juego del mercado; o es generado por las acciones combinadas de
`zares' provisionales con largos historiales de filantropía tridimensional, burócratas (a menudo anti-
guos izquierdistas) que venden con optimismo larguísimos paseos marítimos, antiguos hipódromos,
bases militares, y campos de aviación abandonados a promotores o magnates inmobiliarios que
pueden encajar el déficit de cualquier saldo futurista; o a través de la Preservación por defecto® (la
persistencia de complejos históricos que nadie quiere pero que el Zeitgeist ha declarado sacrosantos).
Mientras su escala crece vertiginosamente –rivaliza con lo Público e incluso lo sobrepasa– su econo-
mía se vuelve más inescrutable. Su financiación es una deliberada bruma que esconde turbios tratos,
sospechosas abstenciones de pago de impuestos, incentivos excepcionales, exenciones, vagas legalida-
des, derechos aéreos transferidos, propiedades conjuntas, distritos de zonificación especial, complici-
dades entre lo privado y lo público. Financiado por bonos, lotería, subsidios, caridad, becas: es un
errático flujo de yenes, euros y dólares (¥$) que crea sobres financieros tan frágiles como sus conteni-
dos. Debido a una deficiencia estructural, a un déficit fundamental, a una bancarrota contingente,
cada centímetro cuadrado se convierte en una superficie necesitada y codiciosa que depende de apo-
yos –patentes o encubiertos– de descuentos, de compensaciones y de recaudaciones de fondos. Para la
cultura, `placas grabadas con el nombre del donante'; para todo lo demás, dinero en metálico, alquile-
res, arrendamientos, franquicias, el sustento de las marcas. El espacio basura se expande a la vez que
la economía pero su huella no es capaz de contraerse... cuando ya no se necesita, desaparece. Debido a
su tenue viabilidad, el espacio basura debe tragar cada vez más programa para sobrevivir: pronto
podremos hacer cualquier cosa en cualquier sitio. Habremos conquistado el lugar. ¿Qué hay al final
del espacio basura?, ¿el Universal? A través del espacio basura la vieja aura recibe la transfusión de un
nuevo lustre que le permitirá engendrar una repentina viabilidad comercial: Barcelona está fusionada
con los Juegos Olímpicos, Bilbao con el Guggenheim, la avenida 42 con Disney. Dios ha muerto, el
autor ha muerto, la historia ha muerto, sólo el arquitecto ha queEspacio basura Rem Koolhaas dado
en pie... en un insultante chiste de la evolución. La escasez de maestros no ha evitado la proliferación
de obras maestras... El concepto de `obra maestra' se ha convertido en la aprobación definitiva, en un
espacio semántico que salva al objeto de la crítica, que hace que sus cualidades queden sin demostrar,
su funcionamiento sin ser probado y sus motivos sin ser cuestionados. La obra maestra ha dejado de
ser un golpe de suerte inexplicable, una cuestión de dados, para convertirse en una tipología consis-
tente cuya misión es intimidar: la mayoría de sus superficies exteriores están torcidas, hay un alto
porcentaje de metros cuadrados disfuncionales, sus componentes centrífugos permanecen unidos con
dificultad por la fuerza del atrio, temiendo la inminente llegada del informe forense. Cuanto más
indeterminada es la ciudad, más específico es su espacio basura. Todos los prototipos de espacio
basura son urbanos (el Foro romano, la Metrópolis...) es sólo su sinergia inversa lo que los convierte
en suburbanos, en algo hinchado y encogido a la vez. El espacio basura reduce lo que es urbano a
urbanidad... En lugar de vida pública, Espacio Público®, es decir, lo que queda de la ciudad después
de haber suprimido lo impredecible... Espacio para `honrar', `compartir', `cuidar', `afligirse' y `recu-
perarse'... cortesía impuesta por una sobredosis de serif... En el Tercer Milenio, el espacio basura
asumirá la responsabilidad del placer y la religión, de la exposición pública y la intimidad, de la vida
pública y la privacidad. Inevitablemente, la muerte de Dios (y del autor) ha engendrado un espacio
huérfano. El espacio basura no tiene autor pero es sorprendentemente autoritario... En su momento
de mayor emancipación, el género humano está sujeto a guiones de lo más dictatoriales: desde el

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agresivo discurso del camarero, hasta los gulags al otro lado del teléfono, las instrucciones de seguri-
dad de los aviones, los perfumes cada vez más agresivos, la humanidad es intimidada hasta que se
somete a un hilo argumental rigurosamente planeado... El escogido teatro de la megalomanía –el
dictatorial– ya no es la política sino el entretenimiento. A través del espacio basura, el entretenimiento
organiza herméticos regímenes de exclusión y concentración total: juego en concentración, golf en
concentración, convención en concentración, película en concentración, cultura en concentración,
vacaciones en concentración. El entretenimiento es parecido a observar como un planeta antes calien-
te se va enfriando. Sus inventos más importantes son antiguos: la imagen móvil, la montaña rusa, el
sonido, los dibujos animados, los payasos, los monociclos, los dinosaurios, las noticias, la guerra.
Exceptuando a los famosos –que escasean dramáticamente– no hemos añadido nada, sólo hemos
reconfigurado. El corpo-entretenimiento es una galaxia en contracción, obligada por despiadadas
leyes copérnicas a seguir el protocolo. El secreto de la estética corporativa era su poder de eliminación,
la celebración de lo eficiente, la erradicación del exceso: la abstracción como camuflaje, la búsqueda
del Sublime Corporativo. Bajo petición popular, la belleza organizada se ha vuelto cálida, humanista,
inclusiva, arbitraria, poética y nada amenazadora: el agua sale a presión a través de agujeros muy
pequeños y es forzada después a pasar por rigurosas argollas, las erguidas palmeras son retorcidas
hasta que adquieren grotescas poses, el aire se recarga con oxígeno añadido – como si sólo al conde-
nar a las sustancias maleables a las más drásticas contorsiones, se mantuviese el control, se satisficiese
el impulso de librarse de la sorpresa. No es risa en lata, pero sí euforia en lata... El color ha desapareci-
do para frustrar la cacofonía resultante, es utilizado únicamente como indicación: relájate, disfruta,
cuídate; estamos unidos por la sedación... ¿Por qué no somos capaces de tolerar sensaciones más
fuertes? ¿Es por disonancia?, ¿por torpeza?, ¿por genialidad?, ¿por anarquía?... El espacio basura
cura, o al menos eso es lo que suponen muchos hospitales. Pensamos que el hospital era único –un
universo identificado por su olor– pero ahora que estamos acostumbrados al acondicionamiento
universal, vemos que tan sólo era un prototipo. Todo espacio basura es definido por su olor. A menudo
heroicos en cuanto a su tamaño, diseñados con la última subida de adrenalina de la grandiosa inspira-
ción modernista, los hemos hecho (demasiado) humanos. Se toman decisiones de vida o muerte en
espacios que son despiadadamente cordiales, que están sembrados de ramos marchitos, de tazas de
café vacías y periódicos de ayer. Antes te enfrentabas a la muerte en celdas apropiadas, ahora tus
allegados están amontonados en atrios. En cada superficie vertical, se traza en negrita una línea datum
que divide el hospital en dos: arriba, un eterno y humanista despliegue de color, seres queridos,
atardeceres pintados por niños, señalización y arte...abajo, una zona utilitaria para desfigurar y desin-
fectar, para colisiones anticipadas, para rayar, derramar y manchar... El espacio basura es espacio en
clave de vacaciones; hubo una vez una relación entre ocio y trabajo, un dictado bíblico que dividía
nuestras semanas, que organizaba la vida pública. Ahora, trabajamos más, anclados en un intermina-
ble viernes... La oficina es la nueva frontera del espacio basura. Ahora que puedes trabajar en casa, la
oficina aspira a lo doméstico, y porque todavía necesitas una vida, simula la ciudad. El espacio basura
presenta la oficina como el hogar urbano, un lugar de reunión: las mesas se convierten en esculturas,
íntimas luces bajas iluminan las baldosas del suelo. Hay monumentales tabiques, quioscos, pequeños
Starbucks en plazas interiores: es un universo en Post-it que fomenta la `memoria de equipo', la
`persistencia de la información'. Inútiles escudos contra el olvido universal de lo inmemorable, el
oxímoron como principio básico. Somos testigos de la propaganda política corporativa: la suite del
director general pasa a formar parte del `colectivo de liderazgo', conectado con el espacio basura del
resto del mundo, tanto real como imaginario. El espacio se convierte en e-spacio. El siglo XXI produ-
cirá el espacio basura `inteligente', veremos en un gran `panel' digital: rebajas, CNNNYSENASDAQC-
SPAN, cualquier cosa que suba y baje, de lo bueno a lo malo, presentado en tiempo real, como el curso
teórico que complementa las clases de conducir... La globalización convierte el lenguaje en espacio
basura. Estamos estancados en el habla. La omnipresencia del inglés es pírrica: ahora que todos lo

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hablamos, nadie recuerda su uso. La bastardización colectiva del inglés es nuestro logro más impresio-
nante: lo hemos destrozado a base de ignorancia, acento, argot, jerga, turismo, préstamos y multi-
tareas... podemos hacer que diga todo lo que queremos, como un dummy del habla... Debido a la
retroadecuación a que hemos sometido al lenguaje quedan pocas palabras verosímiles, nuestras
hipótesis más creativas jamás serán formuladas, los descubrimientos quedarán sin descubrir, los
conceptos sin presentar, las filosofías aletargadas, los matices imperceptibles...Vivimos en suntuosos
suburbios Potemkin de eufemismos... Ya no utilizamos el lenguaje para explorar, definir, expresar o
enfrentarnos sino para esquivar, desdibujar, disculparnos y consolar... ahora, el lenguaje hace reivin-
dicaciones, decide quiénes son las víctimas, se anticipa al debate, admite la culpa, promueve el con-
senso. Organizaciones y/o profesiones al completo imponen un descenso al equivalente lingüístico del
infierno: abocados a un limbo de las palabras, los condenados luchan con las palabras en un descenso
eterno por espirales de súplicas, mentiras, regateos, allanamientos... una orquestación satánica del
sinsentido... A pesar de estar destinado al interior, el espacio basura podría tragarse fácilmente una
ciudad entera. Primero se escapa de sus contenedores –orEspacio basura Rem Koolhaas quídeas
semánticas que necesitan protección de invernadero emergen con una robustez sorprendente– más
tarde, el exterior mismo se convierte: la calle se asfalta de manera más lujosa, proliferan los refugios
que muestran mensajes cada vez más dictatoriales, el tráfico se calma, el crimen es eliminado. Des-
pués, el espacio basura se extiende como un incendio forestal en Los Ángeles... El progreso global del
espacio basura representa un Destino Manifiesto final: el Mundo como espacio basura... Todos los
emblemas resucitados y las reavivadas ascuas de lo que antaño era público necesitan nuevos pastos.
Un nuevo vegetal es acorralado por su eficiencia temática. La emergencia del espacio basura ha desen-
cadenado la profesionalización de la desnaturalización, un benevolente eco-fascismo capaz de situar a
un superviviente y raro ejemplar de tigre siberiano en un bosque de máquinas tragaperras, cerca de
Armani, entre un retorcido Barroco arbóreo... Fuera, entre los casinos, las fuentes proyectan edificios
estalinistas hechos de líquido, proyectados en una milésima de segundo, que planean momentánea-
mente y se retiran con competencia amnésica... Aire, agua, madera: todos son realzados para producir
Hiperecología®, un Walden paralelo, una nueva selva tropical. El paisaje se ha convertido en espacio
basura, es el follaje como estropicio: los árboles son torturados, el césped, como si de una gruesa capa
de piel –o incluso una peluca– se tratase, cubre las manipulaciones humanas, los aspersores riegan
siguiendo horarios calculados matemáticamente... Aparentemente, en el otro extremo del espacio
basura, el campo de golf aparece como su doble conceptual; vacío, sereno, libre de residuos comercia-
les. La relativa evacuación del campo de golf se consigue cargando aún más el espacio basura. Los
métodos utilizados para su diseño y comprensión son similares: borrar, enrasar, reconfigurar. El
espacio basura se convierte en bio-basura, la ecología en eco-espacio. La ecología y la economía se han
unido en el espacio basura para formar la "ecolomía". La economía se ha vuelto fáustica, el híper-desa-
rrollo depende de un subdesarrollo artificial, una enorme burocracia global está en proceso de estable-
cer, como en un colosal ying/ yang, el equilibrio entre el espacio basura y el golf, intercambiando el
derecho a saquear por la obligación de crear, a base de esteroides, selvas tropicales en Costa Rica.
Tenemos bancos de oxígeno, Fuertes Knox de clorofila, eco-reservas que son cheques en blanco para
una contaminación futura. El espacio basura está reescribiendo el apocalipsis, podríamos morir por
intoxicación de oxígeno... En el pasado las complejidades del espacio basura eran compensadas por la
austera crudeza de sus infraestructuras adjuntas: aparcamientos, gasolineras, distribuidoras que
exhibían rutinariamente una impresionante pureza, objetivo original del modernismo. Ahora, a base
de enormes inyecciones de lirismo, la infraestructura –el único dominio hasta ahora inmune al diseño,
el gusto o el mercado– se ha unido al mundo del espacio basura, y el espacio basura ha expandido sus
manifestaciones bajo el sol. Las estaciones de tren se despliegan como mariposas metálicas, los aero-
puertos brillan como ciclópeas gotas de rocío, los puentes se extienden a menudo sobre insignificantes
orillas como versiones grotescas y ampliadas del arpa. Cada riachuelo tiene su propio Calatrava. (En

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ocasiones, cuando sopla viento fuerte, esta nueva generación de instrumentos son sacudidos como si
un gigante, o quizá un Dios, estuviera jugando con ellos, y la humanidad se estremece...). El espacio
basura puede ser aerotransportado, puede traer la malaria a Sussex; 300 mosquitos anofelinos llegan
cada día a los aeropuertos de Magdagachi (Rusia) y Zlin (República Checa) y, teóricamente, podrían
infectar de 8 a 20 vecinos en un radio de 5 kilómetros. Un riesgo exacerbado por el pasajero medio
que en un inoportuno grito de semi-autonomía se muestra reacio a ser desinfectado una vez que se
abrocha el cinturón para el viaje de regreso desde el callejón sin salida de los destinos turísticos. Los
aeropuertos, acomodación provisional para aquellos que se dirigen a otro lugar, habitados por agrupa-
ciones de gente cuya única vinculación es la inminencia de su disolución, se han convertido en "gu-
lags" del consumo, distribuidos democráticamente por todo el mundo para que todos los ciudadanos
tengan las mismas oportunidades de admisión... En el Aeropuerto de Milán Malpensa parece como si
todas las sobras de la reconstrucción de la Alemania del Este –cualquier cosa que se necesitase para
deshacer las privaciones del comunismo– hayan sido niveladas a toda prisa con un bulldozer, según
un proyecto vagamente rectangular, para formar una secuencia chapuza de espacios deformes e
inadecuados, que han cobrado vida, aparentemente, gracias a los actuales gobernantes de Europa,
extorsionando cantidades ilimitadas de euros de los fondos de la comunidad regional y causando
eternos retrasos a los que pagan los impuestos, los timados, que, a su vez, están demasiado ocupados
hablando por sus teléfonos móviles para darse cuenta. El Aeropuerto de Dallas está compuesto sólo
por tres elementos repetidos ad infinitum, nada más: un tipo de viga, un tipo de ladrillo y un tipo de
azulejo, todos revestidos del mismo color – ¿es azul verdoso?, ¿color óxido?, ¿color tabaco?. La escala
de sus simetrías está más allá de todo reconocimiento, la eterna curva de las terminales fuerza a sus
usuarios a poner en práctica la teoría de la relatividad en su búsqueda de la puerta de embarque. Su
punto de partida es el aparentemente inofensivo comienzo de un viaje al corazón de la nada verdade-
ra, más allá de la animación que ofrecen Pizza Hut, Dairy Queen... Siempre se han considerado las
culturas de los valles como las más resistentes al espacio basura: en el Aeropuerto de Colonia Bonn
aún se puede apreciar un universo de reglas, orden, jerarquía, pulcritud, coordinación, de momentos
de equilibrio antes de la implosión, pero en el Aeropuerto de Zurich enormes relojes antiguos planean
frente a cataratas interiores como si de un ensayo de basura-regional se tratase. El duty-free es espacio
basura, el espacio basura es espacio libre de impuestos. ¿Será allí donde la cultura escaseaba donde
desaparezca primero? ¿Es el vacío algo local? ¿Requieren los espacios abiertos espacio basura abierto?
`El cinturón del sol' eran enormes poblaciones donde no había nada; en el Aeropuerto de Fénix:
pinturas de guerra en cada terminal, perfiles de indios muertos en cada superficie –en la moqueta, en
el papel de la pared, en las servilletas– que parecen ranas aplastadas por las ruedas de un coche. Arte
público repartido por el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles: los peces que han desaparecido de
nuestros ríos vuelven en forma de arte público expuesto en la explanada; sólo aquello que está muerto
puede ser resucitado. Es posible que incluso la memoria se haya convertido en espacio basura. Única-
mente aquellos que han sido asesinados serán recordados... La privación puede estar causada por
sobredosis o por escasez; ambas condiciones se dan en el espacio basura (a menudo, a la vez). Lo
mínimo es el adorno por excelencia, un crimen pretencioso, el Barroco contemporáneo. No significa
belleza, sino culpa. Su expresiva seriedad empuja a civilizaciones enteras a los brazos abiertos de lo
"camp" y lo kitsch. Aparente alivio de la constante arremetida sensorial, el mínimo es el máximo
travestido, el lujo sometido a un sigiloso servicio de lavandería: cuanto más estrictas las líneas, más
irresistibles las seducciones. Su papel no es aproximarse a lo sublime sino minimizar la vergüenza del
consumo, drenarla, hacer descender lo más elevado. El mínimo existe ahora en un estado de parasítica
co-dependencia con la sobredosis: tener y no tener, los antojos y la pertenencia, Espacio basura Rem
Koolhaas se han fundido en un mismo significante... Los museos son espacios basura a lo mojigato; no
hay aura más robusta que la santidad. Para acomodar a los conversos, han atraído por defecto. Los
museos convierten espacio `malo' en espacio `bueno' de forma masiva; cuanto menos tratado esté el

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roble, más beneficios para la empresa. Monasterios inflados a escala de grandes almacenes: la expan-
sión es la entropía del tercer milenio, dilúyete o muere. Dedicados a respetar sobre todo a los muertos,
ningún cementerio osaría redistribuir los cadáveres en nombre de la conveniencia del momento; los
directores de los museos planean exposiciones y encuentros inesperados en laberintos de placas-de-
donante con la audacia del comerciante: la lencería se convierte en `Desnudo, Acción, Cuerpo', los
cosméticos en `Historia, Memoria, Sociedad'. Todos los cuadros basados en una cuadrícula negra son
agrupados en una única habitación pintada de blanco. En la súper-conversión, grandes arañas ofrecen
delirio para las masas... Los reflejos narrativos que, desde el principio de los tiempos, nos han permiti-
do unir puntos y rellenar huecos se vuelven ahora contra nosotros: no podemos dejar de observar: no
hay secuencia demasiado absurda, trivial, carente de sentido u ofensiva... a través de nuestro antiguo
equipamiento evolutivo, de nuestro irreprimible y amplio campo de atención, no podemos sino regis-
trar, ofrecer claves, exprimir significados, interpretar intenciones; no podemos dejar de encontrarle
sentido a lo que carece completamente de ello... En su marcha triunfal como proveedor del contenido,
el arte se extiende mucho más lejos que las siempre-crecientes fronteras del museo. Fuera, en el
mundo real, el marchante propaga la incoherencia fundamental del espacio basura al asignar mitolo-
gías extintas a superficies residuales y trazar trabajos tridimensionales en un vacío de sobra. Al buscar
la autenticidad, su roce sella el destino de lo que era real, lo señala para su incorporación al espacio
basura. Los museos se mueven en masa hacia donde hay `crispación', y después transforman ese espa-
cio sin refinar en cubos blancos... El único discurso legítimo es la pérdida. El arte rellena el espacio
basura en proporción directa a su propia morbosidad. Antes, solíamos reponer lo que estaba agotado,
ahora intentamos resucitar lo que está muerto... En el exterior, el puente peatonal del arquitecto es
sacudido casi hasta romperse por una estampida de viandantes entusiastas; los diseñadores y su
audacia inicial sólo pueden esperar ahora a que los ingenieros les agüen la fiesta. El espacio basura es
un mundo de mirar-y-no-tocar... La amenaza constante de la virtualidad del espacio basura ya no es
exorcizada con productos petroquímicos, plástico, vinilo o goma; lo sintético degrada. El espacio
basura debe exagerar sus reivindicaciones de lo auténtico. Es como una matriz que se encarga de
organizar la transición de ilimitadas cantidades de lo Real – piedra, árboles, bienes, luz del día, gente–
a lo irreal. Montañas enteras son desmembradas para proporcionar cantidades cada vez más grandes
de autenticidad, quedan suspendidas en precarias repisas, son pulidas hasta ser un destello cegador
que hace que la pretendida seriedad se vuelva instantáneamente escurridiza. La piedra sólo viene en
color amarillo claro, color carne, en un beige intenso, o un verde jabón: en los colores de los plásticos
comunistas de los años cincuenta. Los bosques son talados, la madera es toda pálida: quizá los oríge-
nes del espacio basura se remontan a la guardería... (`orígenes' es un champú de menta que pica en la
región anal). El color en el mundo real parece cada vez más irreal, más consumido. El color en el
espacio virtual es luminoso y, por tanto, irresistible. Un exceso de tele-realidad nos ha convertido en
vigilantes aficionados que monitorizan un universo basura... Desde los enérgicos pechos de la violinis-
ta clásica, hasta la barba de diseñador del marginado de Gran Hermano, la pedofilia contextual de lo
antaño revolucionario, las adicciones rutinarias de las estrellas, el maquillaje corrido del evangelista,
el robótico lenguaje corporal del director de orquesta, los dudosos beneficios de la maratón para
recaudar fondos, las vanas explicaciones del político: en descenso súbito, la cámara de televisión
colgada de una grúa –un águila sin pico, ni garras, sólo un estómago óptico– engulle imágenes y
confesiones indiscriminadamente, como una bolsa de basura, para propulsarlas al espacio en forma de
ciber-vómito. Platós de televisión –estridentemente monumentales– son tanto la culminación como el
final del espacio perspectivo tal y como lo conocíamos; restos angulares y geométricos que invaden
infinidades estrelladas; espacio real editado para transmisiones sin complicaciones en el espacio
virtual, eje crucial de un bucle infernal de reacciones... la inmensidad del espacio basura extendida
hasta los límites del Big Bang. Debido a que nos pasamos la vida en el interior –como animales en un
zoológico– estamos obsesionados con el clima: el 40% de todo lo que se emite en televisión consiste en

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presentadores de menor atractivo haciendo gestos impotentes delante de formaciones azotadas por el
viento, a través de las cuales uno puede reconocer, a veces, su propio destino/posición actual. Concep-
tualmente, cada monitor, cada pantalla de televisión es el sustituto de una ventana; la vida real está
dentro, el ciber-espacio se ha convertido en la naturaleza exterior... La humanidad siempre está
hablando de arquitectura. ¿Qué pasaría si el espacio empezase a mirar a la humanidad? ¿Invadirá el
espacio basura nuestro cuerpo? ¿A través de las vibraciones del teléfono móvil? ¿Lo ha hecho ya?
¿Inyecciones de Botox? ¿Colágeno? ¿Implantes de silicona? ¿Liposucción? ¿Alargamientos de pene?
¿Anuncia la terapia genética un reengineering total de acuerdo con el espacio basura? ¿Somos cada
uno de nosotros una obra en miniatura? ¿Es la humanidad la suma de 3 y 5 billones de mejoras
individuales? ¿Es acaso el repertorio de una reconfiguración que facilitará la intromisión de una nueva
especie en esa esfera basura que ella misma ha creado? Lo cosmético se ha convertido en cósmico...

25)http://consumeycalla.wordpress.com/2009/12/21/¿que-es-basura-¿es-malo-el-reci-
claje-las-7-vidas-de-los-aparatos/

¿QUÉ ES BASURA? ¿ES MALO EL RECICLAJE? LAS 7 VIDAS DE LOS APARATOS

Diciembre 21, 2009, 5:10 pm

¿Qué es basura? ¿Algo que deja de funcionar? ¿O algo que es desechado por sus usuarios (aunque siga
funcionando)? ¿Es bueno reciclar los componentes de los dispositivos electrónicos? ¿Cómo se está
haciendo? Repasamos algunas comunicaciones al respecto en el IV Congreso de la Cibersociedad.
Este no es un proyecto sobre las tres “R” (reducción, reutilización y reciclaje). Buscamos cambios de
uso. Ponemos el foco en nuestra capacidad para reinterpretar las cosas de otra forma en cualquier
contexto.Pero entre los artefactos hackeados encontramos muchas cosas que habían salido del circui-
to de “cosas útiles” y que a través del hack vuelven a adquirir valor. Incluso en algunos casos, no en
todos, la motivación para realizar el hack parte del propósito de reaprovechar esa cosa.

Por lo que la re-utilización y el reciclaje están muy relacionados con algunos de los casos que aquí
estamos recopilando.

En el IV Congreso de la Cibersociedad hay un Grupo de Trabajo dedicado a la Gestión de residuos tec-


nológicos y todo un conjunto de comunicaciones que tratan sobre la basura tecnológica que merecen
la pena ser leídas.

Hay una cuestión muy pertinente por la que me gustaría empezar que Flavia Fascendini y Tim Tang
plantean en sus comunicaciones al congreso y que otras comunicaciones tocan en menor o mayor
medida. La pregunta es…

¿Qué es basura? ¿Cuando consideramos que algo es un residuo? ¿Cuando deja de funcionar o cuando
sus usuarios dejan de usarlo?

Algo puede dejar de funcionar sólo parcialmente. O deja de servir para el propósito para el que fue
creado pero servir perfectamente para otro propósito. Tenemos ejemplos de cosas que entran y salen
del circuito de las cosas útiles, que toman la etiqueta de residuo para luego abandonarla.

Pero en el mundo de los aparatos electrónicos lo que pasa es que hay una ingente cantidad de ellos
que entran en la categoría de residuo sin dejar de funcionar. La Organización para la Cooperación y

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el Desarrollo considera basura electrónicacualquier dispositivo que use una fuente eléctrica que haya
llegado al final de su vida útil. Flavia Fascendini se pregunta quién determina el final de la vida útil
de un aparato.¿Cuando un aparato pasa a ser obsoleto? Tim Tang cita un texto de Greenpeacesegún
el cual la vida de un ordenador en 1997 era de 6 años y en 2006 se había reducido a los 2 años. ¿Qué
está pasando? Sí, la potencia de los ordenadores aumenta rápidamente, pero ¿dejan de ser útiles? ¿En
dos años es necesario tener un ordenador (o dispositivo electrónico) más potente? ¿Qué impulsa esa
necesidad? De una parte el software, que se amolda a la nueva potencia y cuyos desarrolladores no se
preocupan de aprovechar las posibilidades del hardware. De otra publicidad de la industria y su reso-
nancia mediática que induce a pensar que algo es obsoleto porqué existe ya algo “más potente”, “me-
jor” o “más a la última”. Y el propio aparato, que puede tener materiales y acabados de mala calidad
que favorecen que se estropee.

James Wallbank fue capaz de ver este fenómeno desde otra perspectiva y redactó en septiembre de
2007 el Manifiesto del portátil a cero dólares (Zero Dollar Laptop Manifesto) que presenta también
al Congreso. Con él hace que tomemos conciencia que cada año están disponibles miles de portátiles
coste cero, desechados por sus anteriores usuarios que se han comprado uno nuevo. Los portátiles a
coste cero aumentan también cada año de potencia y prestaciones.

Así el final de la vida útil de un aparato es cuestionado. Siguiendo la metáfora de Flavia Fascendini, los
dispositivos electrónicos podrían tener 7 vidas (al menos) como los gatos. Ella cita varias experiencias
de recuperación de ordenadores para la educación, las organizaciones no gubernamentales y distintos
sectores sociales en Brasil, Argentina, Chile o Colombia.

Para prolongar la vida de un aparato una cuestión clave es el software que usa, algo en lo que coin-
ciden todos los autores citados. ¿Por qué nos empeñamos en aumentar la potencia del hardware y la
desaprovechamos con un software poco optimizado? Hay mucho margen de mejora del software que
prolongaría la vida de los aparatos. En general el software libre aprovecha mucho mejor el hardware y
es más configurable en función de la potencia del equipo.

Pero ¿Qué pasa con todos esos aparatos que, convertidos en residuo, entran en el proceso de recicla-
je? (si no es que acaban en vertederos). Pues bien, parece que viajan de los países “industrializados”
a los países “en vías de desarrollo”. Muy especialmente viajan a China. Tim Tang,citando un informe
de Greenpeace entre otros, habla de toneladas de residuos que viajan desde EUA y Canadá a China, a
ciudades como Guiyu dónde son tratados bajo condiciones de inseguridad para las personas y el me-
dio. ¿Se reciclan? Básicamente se separan los materiales más valiosos y que pueden entrar de nuevo
en la indústria como el cobre, plata, oro, paladio o el platino. ¿Qué pasa con los materiales recupera-
bles pero que no resulta rentable separar y tratar? Flavia Fascendini considera que su procesamiento
tendría que estar subvencionado.

Y ¿qué pasa con lo que no es recuperable o es muy difícil de recuperar? Aquí el problema viene del ori-
gen. En el diseño y producción de aparatos que no tienen en cuenta el final de su vida útil. La misma
industria que produce dispositivos para que estén en la cresta de la ola de la novedad tecnológica y
pasar rápidamente a la obsolescencia usa materiales muy contaminantes y combinaciones muy difí-
ciles de separar en su posterior proceso de reciclaje. Justo la industria que, por su propia dinámica,
tiene más próximo el final de la vida útil de sus aparatos es la que desprecia lo que va a pasar con ellos.
Desplazar un supuesto reciclaje a países dónde la protección de la salud y la contaminación del medio
están desregulados, o la regulación no se cumple, es esconder el problema.

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Reciclar no es pues la mejor solución. Y menos si el supuesto reciclaje se hace en malas condiciones y
no es completo. Como señala el acrónimo ecologista de las 3 “R” el orden de prioridades es: Reducir,
Reutilizar, Reciclar. “Reducir” produciendo dispositivos con materiales reciclables y no contaminantes
para los que esté prevista su separación y también prolongando la vida de los aparatos mediante un
software más eficiente. Y “Reutilizar” los aparatos desechados por sus usuarios para otros usos que no
requieran la misma potencia.

25) http://usarynotirar.blogspot.com/search?updated-max=2009-01-
30T10:00:00%2B01:00&max-results=7

DESECHANDO LO DESECHABLE

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo
siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.
No hace tanto con mi mujer lavábamos los pañales de los críos. Los colgábamos en la cuerda junto a
otra ropita; los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.
Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por
la borda (incluyendo los pañales).

¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables!


Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desecha-
bles! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores.
Y nuestras hermanas y novias se las arreglaban como podían con algodones para enfrentar mes a mes
su fertilidad.

¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del
mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo dis-
cuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres
meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Apilo
como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plástica de los pollos! ¡Los cubiertos de plástico con-
viven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!

Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida. ¡Es más! ¡Se com-
praban para la vida de los que venían después! La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas,
fiambreras de tejido y hasta palanganas y escupideras de loza. Y resulta que en nuestro no tan largo
matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos
cambiado de heladera tres veces.

¡Nos están fastidiando!¡¡Yo los descubrí. Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o
se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.

¿Dónde están los zapateros arreglando las medias suelas de las Nike? ¿Alguien ha visto a algún col-
chonero escardando sommiers casa por casa? ¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el
electricista? ¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?

Todo se tira, todo se desecha y mientras tanto producimos más y más basura. El otro día leí que se

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produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad. El que tenga me-
nos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!!¡¡Lo juro!!
¡Y tengo menos de........... años! Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los
patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII). No existía el plástico ni el nylon. La goma
solo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en San Juan.
Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban.
De por ahí vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Es que no es fácil para un pobre tipo al que educa-
ron en el "guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo" pasarse al "compre y tire que ya se
viene el modelo nuevo".
Mi cabeza no resiste tanto. Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular
una vez por semana, sino que además cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección
real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mis-
mo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo)
Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas
podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.
Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas
no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro
primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la
primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos
meses de comprarlo?
En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores,
el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guar-
dábamos. ¡¡Como guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!!
¡Guardábamos las chapitas de los refrescos! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia calzados para poner de-
lante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas
para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una
tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!

Las cosas que usábamos: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus. Y las cosas que
nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban
amontonando en el tercer y en el cuarto cajón. Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a
precisar. Tubitos de plástico sin la tinta, tubitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera,
lapiceras sin el capuchón.

Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor.
Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su
ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la
mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llaveci-
tas de las latas de sardinas o del corned beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las
pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos
bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se
terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.
Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡Los diarios!! Servían para todo: para hacer planti-
llas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para en-
volver!!. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de car-
ne! Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de
navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún
medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de

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la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros
álbumes de fotos. Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posa-mates y los frasquitos
de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de
naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que de-
cía "este es un 4 de bastos". Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa y el ganchito
de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse
otra vez en un palillo.
Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las
nuevas generaciones deciden "matarlos" apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de
no declarar muerto a nada. Ni a Walt Disney. Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se
convertía en base y nos dijeron: "Cómase el helado y después tire la copita", nosotros dijimos que sí,
pero, ¡minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas.

Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de
plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de
acuarelas, las tapas de bollones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los cor-
chos esperaron encontrarse con una botella.
Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos.
Ah¡ No lo voy a hacer!

Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y
hasta la amistad es descartable. Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas.

Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va


tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer.
No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hi-
cieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en
sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta
alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.

Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas,
tendría que plantearme seriamente entregar a la bruja como parte de pago de una señora con menos
kilómetros y alguna función nueva.
Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la bruja me gane
de mano y sea yo el entregado.

27)http://sepiensa.org.mx/contenidos/2006/f_consumismo/consumismo1.html

Habitos de consumo

A partir de la segunda mitad del siglo XX sucedió una transformación en los hábitos de consumo de
muchos habitantes a lo largo y ancho del mundo, como resultado de la producción masiva y, por tanto,
del incremento de la oferta. Fue así como la multicitada frase del filósofo René Descartes “Pienso, luego
existo” se transformó en “Compro, luego existo” como una forma de criticar la fiebre por el consumo.

......El consumo existe porque permite a las personas adquirir diversas cosas que desea o necesita; los
economistas afirman que el consumismo ha tomado fuerza porque su estrategia se basa, principal-
mente, en un constante incremento de la producción; diversificar lo que se ofrece, crear nuevos pro-

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ductos y servicios, y llevarlos al escaparate del mercado.

......Claro que esto no es exclusivo de ningún tipo de industria: todas participan, desde alimentos hasta
grandes editoriales, pasando por fabricantes de ropa, zapatos, televisoras, medicamentos, partes auto-
motrices, servicios turísticos, de salud, legales, financieros...

Naturaleza del consumo

El problema no está en consumir, sino en el tipo de consumo que hacemos: responsable o depreda-
dor. No podemos negar que vivimos en una sociedad consumista, que estas actividades sostienen las
economías de los países y, por lo mismo, su desarrollo, pero podemos racionalizar el consumo; esto es
tomar una actitud crítica —en lo personal y lo familiar— ante él y adaptarlo a la satisfacción de nues-
tras necesidades. Lo importante es reflexionar, en torno al consumo, lo que consumimos y nuestras
motivaciones para hacerlo, hecho que nos permitirá elegir en congruencia con nuestros intereses,
deseos y posibilidades.

¿Qué es el consumo responsable?

1. Un consumo ético en el que se introduzcan valores como una variante importante a la


hora de consumir o de optar por determinado producto.
2. Un consumo ecológico que incluye las famosas "erres" del movimiento ecologista: Re-
ducir, Reutilizar y Reciclar.
3. Un consumo social o solidario, en el que entra el comercio justo; es decir el consumo en
lo que se refiere a las relaciones sociales y condiciones laborales en las que se ha elaborado un produc-
to o producido un servicio.1

.....En este sentido, como consumo depredador se considera lo contrario; por ejemplo, adquirir pro-
ductos cuyos componentes deterioren el ambiente. Lo más importante es reconocer que la educación
inicia y se consolida en el hogar; como padres, nuestra tarea consiste en enseñarles a nuestros hijos
cómo, cuándo y por qué comprar, así que empecemos por revisar y trabajar con nuestros hábitos de
consumo en casa.

.....Para saber más acerca del tema le recomendamos consultar la Revista del consumidor, editada por
la PROFECO; en ella encontrará información útil sobre la calidad de diversos productos y servicios en
el mercado.

27)http://sepiensa.org.mx/contenidos/2005/generacionNet/genNet_2.html

Vamos por partes: durante muchos años los teóricos de la publicidad han preconizado el triunfo de
ésta sobre el inconsciente, que dicho sea de paso, simboliza algo así como el alma humana. “Seduc-
ción subliminal” le llamaron a un conjunto de técnicas supuestamente infalibles para determinar una
serie de actitudes, hábitos y comportamientos de consumo. Sin embargo, nada pasó —para fortuna de
la humanidad— de manera contundente. Y aunque el éxito de la publicidad es incuestionable, no hay
teorías definitivas ni determinantes sobre cómo habrán de comportarse en el futuro los seres huma-
nos. Hoy la publicidad —aun con el uso de técnicas de persuasión tomadas de la psicología y otras dis-
ciplinas— no resulta tan eficaz debido a que la naturaleza humana no es tan predecible como se creía.
Cierto: la relación de los chicos con las marcas es más sólida que nunca, pues la mercadotecnia difí-
cilmente podría tener mejores condiciones para persuadir e influir en el consumismo. Y las relaciones

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económicas derivadas del capitalismo se encuentran en su estado de mayor desarrollo.
La Generación Net puede encontrar alternativas a la mercadotecnia y la publicidad en la educación en
valores, en el reforzamiento de los lazos familiares y comunitarios, en el respeto a sus derechos humanos,
en la apertura a mejores expectativas de vida y oportunidades de desarrollo, en el fomento de la recep-
ción crítica de mensajes y la solidaridad de los adultos.
Y con ello, el consumo de los bienes materiales será sólo otra alternativa o complemento de la vida. Así
quizás en un futuro podremos recordar a BRANDchild como una investigación que subvaloró el poten-
cial de los chicos preadolescentes por construirse nuevas identidades a partir de su autorreconocimiento,
y su capacidad de autogestión, porque si la publicidad y la mercadotecnia es lo de hoy, quizá mañana las
marcas resulten obsoletas a la luz de nuevas posibilidades tanto de identidad como afectivas.

28) http://eco.microsiervos.com/index-2.html

Algunos datos sobre el agua embotellada

• -El precio del agua embotellada puede ser hasta 10.000 veces más caro que el del ague
del grifo.
• -El 40 por ciento del agua embotellada en realidad procede de fuentes municipales
(vamos, que es agua del grifo).
• -El 22 por ciento de las botellas contienen algún tipo de contaminante químico por
encima de los niveles permitidos.
• -Se emplean 17 millones de barriles de petróleo anualmente para fabricar botellas de
plástico de agua, con lo que se podría producir la gasolina para mover un millón de coches durante un
año.
• -Sólo una de cada cuatro botellas de plástico se recicla.

29) http://eco.microsiervos.com/concienciacion/cuanto-tiempo-queda-materias-pri-
mas.html

Gizmodo publicó una referencia a How Long Will it Last [detalles en alta resolución] que había visto
circular alguna vez por ahí. Tal vez sea una infografía procedente de algún artículo antiguo; dicen que
proviene de New Scientist. [Actualización: efectivamente, proviene deEarth's Natural Wealth: An Au-
dit, 2007. ¡Gracias mcdcblog!]

Básicamente muestra cuánto durarán ciertas materias primas si se siguieran consumiendo al ritmo
actual o incluso si se bajara el ritmo a la mitad. Esto no tiene en cuenta el aumento de demanda que
podría haber debido al descubrimiento de nuevas tecnologías. (Tampoco tengo claro si se refiere a las
reservas conocidas o previstas, dado que por ejemplo si se encontraran nuevos yacimientos dichas
reservas podrían aumentar.)

Al aluminio le puede quedar más de cinco siglos, pero esto contrasta con el cobre al que le quedarían
38 años o el oro (36) y la plata (9). Materiales como el Indio, que se utiliza para fabricar las pantallas
LCD sólo le quedan 4 años (su precio pasó de 60 a 1.000 dólares el kilogramo entre 2003 y 2006).
Otros metales menos nobles como el plomo, que usamos para baterías y conducciones, tampoco está
mucho mejor: se ha estimado que se agotará en 8 años.
Enlazando con el debate nuclear, las reservas de uranio, que se usan tanto en las centrales como para
construir armas, se agotarían como máximo en 19 años, menos si se aumenta su demanda (o se podría
ampliar hasta 59 años consumiendo la mitad).

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Algunos de estos datos se alivian porque el porcentaje de reciclado de los materiales es muy alto: el
72 por ciento del plomo necesario se cubre mediante reciclaje, así como el 43% del oro o el 35% del
germanio. En cambio Uranio, Galio, Indio y otros tienen un porcentaje de reciclaje... cero.
Pero, como dicen en el artículo:
Lo más sorprendente es que, incluso aunque tengamos una alta dependencia de algunos de estos
elementos, es que no sabemos con seguridad cuánto tiempo les quedan. Para empezar, el consumo
global de la mayor parte de los metales preciosos no se conoce con seguridad. Estimar las reserva de
cualquiera de esos metales es también difícil. En el caso de los metales raros como el indio o el galio
las cifras son guardadas en secreta por las compañías mineras. Los gobiernos se están empezando a
dar cuenta del problema que nos acecha, y los estudios al respecto son todavía pocos.

30)http://eco.microsiervos.com/concienciacion/botellas-plastico-numeros.html

Botellas de plástico en cifras

En más de una ocasión hemos hablado sobre el impacto tan negativo que tiene para el medio ambien-
te y los recursos naturales la ingente cantidad de botellas de plástico que utilizamos -en la mayoría de
los casos para, al fin y al cabo, beber agua como la que sale del grifo.
Unas cifras rápidas de Green Upgrader que resumen este coste:
• Un botella tarda unos 700 años en descomponerse.
• el 90% del coste del agua embotellada es por la botella.
• el 80% de las botellas no se reciclan -millones van cada año a la basura.
• Hacen falta 100 millones de litros de petróleo para fabricar mil millones de botellas.
• Embotellar y manipular agua es el método menos eficiente para conseguir agua.
Y hay algunos datos más (como que sólo en EE UU cada día se tiran hasta 60 millones de botellas de
plástico, 22.000 millones en un año) en Bottled water - a global phenomenon.

Conviene recordar que:


Geopolítica del agua embotellada - Mover un dedo y obtener (o desperdiciar) 12 litros de agua potable
por minuto es un sueño para millones de seres humanos. A pesar de que la mayoría disfruta de ese
lujo, los españoles [bebieron de media] en 2006 unos 140 litros del preciado líquido en botella. Mien-
tras, en Etiopía, cada mañana, miles de niñas caminarán durante horas para llevar a sus familias la
cantidad imprescindible para sobrevivir.
Un problema adicional que tiene el plástico es que existe por todas partes en distintas formas y compo-
siciones. No siempre tiene un sustituto efectivo o éste nos siempre fácil de conseguir o tan económico.
Aún así se puede reducir su uso más allá de lo imprescindible; por ejemplo en el embalaje de produc-
tos muchas veces es innecesario. Y más en la mano de cada en muchas ocasiones se puede pedir, por
ejemplo en comercios, que no nos den bolsa si realmente no es necesario o si su utilidad es tan ridícula
como las pequeñas bolsas en las que se meten los medicamentos.

31) http://eco.microsiervos.com/energia/2020-fin-petroleo.html

¿Cuándo se acabará el petróleo?

Hacia el 2020, según declaraciones de Fatih Birol, director económico de la International Energy
Agency (IEA).

“When will the oil run out? - Para los países fuera de la OPEPcalculamos que en tres o cuatro años

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alcanzarán el pico de producción y a partir de ahí ésta comenzará a disminuir. En un escenario global
la producción de crudo continuará más allá, pero calculamos que se alcanzará el pico de producción
hacia 2020, lo que no son buenas noticias desde el punto de vista del suministro de petróleo.

Ya hemos dicho en el pasado que algún día nos quedaríamos sin petróleo. Nunca hemos dicho que
fuéramos a disponer de él durante cientos de años... Lo que sí decimos es que este año, en compara-
ción con años pasados, hemos visto un ritmo de disminución significativamente más alto de lo visto
hasta ahora. Nuestro argumento de que estamos basándonos en un modelo energético insostenible no
ha cambiado.
La justificación final viene a colación porque hace apenas tres años la IEA negaba la existencia de una
amenaza para la economía del petróleo. Después, hace un año, calculó que el máximo en la producción
se alcanzaría en 2030 a nivel global.
En realidad es imposible conocer cuáles son las reservar reales de crudo en el mundo. Se hacen cál-
culos en base a lo que se conoce, y en ese sentido ya está sucediendo que cada vez es más difícil incre-
mentar la producción. Incluso en muchos yacimientos la producción se está reduciendo por cuestiones
puramente naturales o geológicas, pero también económicas y políticas que dificultan el acceso a las
reservas de los principales productores.
Según afirmó Birol en una entrevista publicada en el diario Expansión el pasado mes de marzo -cuan-
do el petróleo costaba el triple de lo que cuesta ahora-, las petroleras están disminuyendo sus reservas
y no están encontrando nuevas.

32) http://www.oncediez.com/tag/reutiliza/

innerTube | Madrid Capital

En oncediez queremos darle una nueva oportunidad a esos materiales que han concluido su ciclo de
vida como parte de un producto, con una nueva vida a través del diseño.

Después de un año de investigación de diversos materiales, hemos desarrollado innerTube | Madrid


Capital. Una línea de accesorios urbana, modular, con alto grado de usabilidad, funcionalidad y dura-
bilidad. Diseñada y fabricada a partir de cámaras de rueda de bicicleta, moto, carreta, camión, trailer
–entre otros– 100% recicladas.

En innerTube, la cámara reciclada es el material base del producto; que durante el proceso se seleccio-
na, organiza, limpia y acondiciona para dar forma a un nuevo producto que deja atrás la insulsa vida
de la cámara dentro de la rueda para convertirse –a través del diseño– en protagonista [upcycling].
Las muescas, rasguños, arañazos, sellos, marcaje, rodada, parches y textura, nos hablan del duro y
largo camino recorrido para llegar aquí… lo que convierte a cada objeto en pieza única e irrepetible.
Madrid Capital ha sido el destino final de la cámara de rueda y el origen de un nuevo objeto que se
integrará a través del uso a nuestras acciones más cotidianas.

Sabemos la importancia del I+D+i+d [Investigación + Desarrollo + Innovación + Diseño] en cual-


quier proyecto y a cualquier escala, pues repercute directamente en la productividad, la competitivi-
dad y los beneficios. También es imprescindible dejar constancia de la colaboración colectiva en estos
proyectos: usuarios, testers, diseñadores, técnicos, asesores y proveedores especializados, entre otros.
innerTube continuará su desarrollo, ahora sería impreciso determinar hacia qué o dónde evoluciona-
rá. Lo que es seguro es que el espíritu de este proyecto nos permite disfrutar y seguir sobre ruedas.

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¿este producto es sostenible?

Un producto sostenible es aquel que crea valor económico, social y medioambiental, al contribuir en el
bienestar de su entorno. El diseño sostenible considera los impactos ambientales de los productos de
diseño –empaques, folletos, papelería, promocionales, mobiliario, objetos, uniformes, etc.– a lo largo
de su ciclo de vida: materiales, procesos de transformación, fabricación, transporte, uso y post-consu-
mo. Compartimos con vosotros algunas preguntas para la reflexión…
¿Necesitamos el producto? ¿Podemos prescindir de él?
¿El proyecto está diseñado para minimizar desperdicios?
¿Puede ser más pequeño, ligero o producido con menos materiales?
¿Está diseñado para ser duradero o multifuncional?
¿Se han usado recursos renovables durante su desarrollo y producción? ¿qué porcentaje?
¿La reutilización está presente o se propone?
¿El producto y su contenedor son rellenables, reciclables o reparables?
¿Está fabricado con materiales reciclados o post-consumo? ¿en qué porcentaje?
¿Se dispone de materiales menos tóxicos? ¿Puede producirse con materiales menos tóxicos?
¿Existe una empresa social y medioambientalmente responsable que lo diseñe / fabrique?
¿Está desarrollado localmente? ¿Hay que transportarlo?

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