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LA BÚSQUEDA DE REFUGIO y ASILO(*).

Alex Cornejo Serrano


IV master en Historia del Mundo Hispano
CSIC-Fundación Carolina

1. MIGRACIÓN Y REFUGIO 1795-1830


Las guerras, en general, provocan el desplazamiento de personas, afectando
inicialmente a individuos que no participan del conflicto como son los niños, las
mujeres y los ancianos. Posteriormente, se le suman los derrotados, aquellos que
formaron parte del cuerpo regular o irregular del ejército vencido por la fuerza de las
armas y de la ideología. En ambos casos, sí no huyen del lugar en que fueron sometidos,
deben asumir la represión que se materializa en juicios, confiscaciones,
encarcelamientos e incluso ejecuciones. Por todo ello es razonable que, una vez
confirmada la derrota, escapen del lugar por el que combatieron tan ardorosamente.

Éstos, los vencidos, inician un largo peregrinaje por encontrar un espacio donde se les
permita subsistir y recomenzar sus vidas. Buscan un asilo que sólo pueden hallar en las
tierras de los aliados y amigos de su causa, aunque es normal que, alguno de ellos, por
falta de recursos, cierre sus puertas a esa avalancha humana.

Hablamos del refugiado, por él entendemos, utilizando la definición de las Naciones


Unidas de 1951, a la persona que:

"debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión,


nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social u opiniones políticas, se
encuentre fuera del país de su nacionalidad y no pueda o, a causa de dichos temores,
no quiera acogerse a la protección de su país; o que careciendo de nacionalidad y
hallándose, a consecuencia de tales acontecimientos fuera del país donde antes tuviera
su residencia habitual, no pueda o, a causa de dichos temores no quiera regresar a
él”[1]

La mayor parte provienen de las clases sociales desposeídas, pues son ellos los que
carecen de las herramientas para defenderse en plena igualdad. Sus desplazamientos son
apremiantes, deben dejar todo e iniciar una ruta con un destino, muchas veces,
indeterminado.

Uno de los escenarios más frecuentes donde se generan refugiados es la guerra. Las
historias nacionales latinoamericanas han visto múltiples episodios de este tipo, desde
que se formaron los actuales países. De hecho, su nacimiento estatal esta asociado a la
salida de un grupo de personas que, por su ideología política, escapan de ellos a
comienzos del siglo XIX.

En este trabajo, de investigación bibliográfica, se pretende conocer la visión de la


historiografía de las migraciones respecto de los éxodos de realistas derrotados en las
guerras de independencia latinoamericanas.
Se ha sostenido, tradicionalmente, que los migrantes del período formaban parte de un
proceso de desplazamiento de los derrotados que afectó a todas las naciones
hispanoamericanas emancipadas de la metrópoli española, entre 1808 y 1824; que todos
ellos eran partidarios del Antiguo Régimen político; que integraban la elite del país
emisor en su mayoría; que emigraron sin recursos y que se dirigieron a las últimas
posesiones imperiales americanas (Cuba o Puerto Rico) o retornaron a España. Las
historiografías nacionales han sostenido estos argumentos, pero no han explicado con
detalle sus asertos[2].

Ante esa omisión nos preguntamos: ¿Cuándo las naciones hispanoamericanas declaran
su independencia, los realistas derrotados, dejan efectivamente esos territorios donde
tienen afincados sus intereses económicos y sus familias?, ¿Los migrantes son un grupo
socialmente homogéneo?

Creo que estos sujetos históricos inician su migración como refugiados políticos, pero
se transforman en inmigrantes económicos, dada su participación en la economía local
al poco tiempo de llegar a su nuevo destino.

***

La historiografía de las migraciones, como parte de la historia social, es un área del


conocimiento que ha venido desarrollándose con bríos a lo largo de la segunda mitad
del siglo XX. Los primigenios motores de estos estudios, según Fernando de Devoto, se
pueden rastrear

“desde... los Annales braudelianos hasta los de un marxismo redescubierto a través de


las inevitables mediaciones francesas, pasando por la difusión de las propuestas de las
ciencias sociales norteamericanas que incluían de modo relevante las especulaciones
rostowianas y parsonianas”[3].

Entre los máximos exponentes de la historiografía migratoria americanista encontramos


a Peter Boyd-Bowman[4], Magnus Mörner[5], Cesar Yánez[6], Nicolás Sánchez
Albornoz[7], Salvador Palazón[8], Antonio Eiras Roel[9] y un largo etcétera. Sus
principales aportes se basan en el conocimiento de los procesos de desplazamientos
humanos, desde una óptica histórica, explicando las motivaciones causales, las
características cuantitativas y cualitativas, los efectos demográficos sociales,
económicos y políticos, entre otros.

Uno de los puntos centrales de su contribución a la historia es el esclarecimiento de la


migración masiva de fines del siglo XIX y comienzos del XX, generando una
amplísima obra monográfica. Sus reflexiones han llevado a analizar los procesos de
blanqueamiento de las sociedades en el marco conceptual de “civilización y barbarie” y
sus efectos en los procesos de modernización de las sociedades receptoras. Todo ello
trabajado metodológicamente con series estadísticas de población generadas
oficialmente, es decir censos, tablas de movimiento de entrada y salida de pasajeros,
registros de extranjeros residentes, etc., en el convencimiento que las metodologías
cuantitativas apoyaban y daban validez a las ciencias humanas[10].

En base a lo anteriormente señalado, nos preguntamos si esta historiografía migratoria


ha desarrollado investigaciones sobre las independencias americanas y cuál es su forma
de interpretarlas. Búsqueda que se realizó casi infructuosamente, pues existe una
carencia de trabajos en el tema. Ante lo cual se intentó reconstruir el proceso
migratorio a las islas caribeñas imperiales, basado en historiografías de las migraciones
elaboradas en España y las naciones receptoras de inmigración. De ellas, Cuba es la que
menos desarrolla estos estudios, pues la mayor parte de los especialistas de la isla
dedican sus esfuerzos a conocer la esclavitud; por el contrario Puerto Rico es quien
posee la más extensa producción , aunque ésta se encuentra todavía en sus inicios.

En síntesis, con la intención de elaborar un Estado de la Cuestión, se reconstruyó el


proceso histórico de la migración del realista derrotado a las islas de Cuba y Puerto
Rico, además, y en la medida en que la producción historiográfica lo permite,
realizamos un breve análisis de los postulados de los diferentes autores.

***

Este trabajo ha sido organizado en tres partes. La primera define a los actores que
participan del proceso, es decir, delimita el objeto estudio, y se le sitúa en el contexto
espacial que se desenvolverán.. En la segunda parte, se intentará dar cuenta de los
argumentos que los distintos historiadores dan a este proceso, identificando los
diferentes puntos de observación en que se sitúan para analizarlos. Finalmente, en el
tercer apartado se intentará mostrar aquellos aspectos que merecen una más profunda
investigación.

Finalmente, quiero agradecer a la Fundación Carolina, al Consejo Superior de


Investigaciones Científicas (CSIC) y la Fundación Mapfre Tavera por otorgarnos esta
oportunidad de perfeccionamiento en los procesos de independencia latinoamericanos.

2. DE REALISTAS A DERROTADOS
La lectura de los relatos de la historiografías tradicionales, formadoras de las
nacionalidades, muestran que los realistas vencidos salen de los territorios de las
noveles naciones americanas, aunque ninguno se detiene a reflexionar sobre estos
sujetos y sus destinos. Para ir desentrañando a estos actores históricos de entre la
maraña de hechos de los procesos de independencias, en este apartado se reflexionará
sobre quiénes fueron estos realistas que deben migrar y cuáles fueron las rutas
emprendidas para llegar a sus destinos.

2.1. Un difícil concepto.


Los actores de este proceso migratorio son aquellos individuos, dentro del contexto
bélico independentista, se declaran así mismos “realistas”, en oposición a los
“patriotas”. Los primeros optaran por seguir los dictámenes emanados desde España, ya
sea por la Junta Central, el Consejo de Regencia o el Monarca. Para los segundos, la
opción es la autodeterminación, es decir son los partidarios de dar a las colonias
americanas la opción de formar sus propias estructuras de gobierno, para preservar la
integridad territorial de cada colonia.

Buscando insultarlos y con el objeto de denostar el pasado colonial que representaban,


los triunfadores llamaron “Godos” o “Sarracenos”[11] a estos derrotados, eliminado de
esa manera todo el recuerdo de los tres siglos de dominación colonial.

[Este es un]“contexto de querellas de facciones que pronto se trasformarán en guerra


civil entre regiones patriotas y realistas. Una guerra que, como todas las guerras, es
una guerra de palabras, algunas modernas, otras, la mayoría, muy antiguas.[12]”

Las elites que se instalan en el poder en la pos-independencia inician un proceso de


construcción de las identidades, donde la alteridad española se manifiesta como “otro”
repudiable, signo del período histórico más oscuro y nefasto para la joven y pujante
América, elaborando una parte de la leyenda negra española. No hay que olvidar que en
su mayoría éste discurso tiene su matriz en las declamaciones de los llamados próceres
de las independencias como Bolívar y Monteagudo, que preñan la historiografía
nacional primigenia de este anti-españolismo.

La composición ideológica del grupo realista es muy diversa y hasta divergente entre sí.
Esta heterogeneidad en su estructuración nace, desde mi modo de ver los hechos, de los
diferentes vaivenes políticos que sufre el gobierno español desde 1808 en adelante,
donde pasa de monarquía absoluta a constitucional en reiteradas ocasiones. Por tanto,
entre los realistas encontramos a monárquicos absolutistas y constitucionales; liberales
afrancesados y constitucionalista, entre otros.

Abarca social y étnicamente a todos los grupos o estamentos de la sociedad, dado que
coexisten con mayor o menor libertad peninsulares, criollos, negros e indígenas.

La élite colonial, que formó parte del grupo de realistas, fue aquella que se distinguió en
la sociedad por el control de los factores productivos; los canales de intercambios
internos o externos; o en la administración territorial, por tanto, formando parte del
grupo de los favorecidos por el poder monárquico español. Encontrando entre estos a
españoles peninsulares y criollos americanos.

Los esclavos que participan, apoyando a este grupo, lo hacen siguiendo las promesas de
libertad que les ofrecían.

Los indígenas optan por los realistas, ha sostenido alguna historiografía, pues ellos
aseguran de esta forma el status quo colonial que interpretan favorable a sus
intereses[13].

Los realistas se articulan como grupo desde el poder colonial, el cual ostentan y
defienden incluso de las disposiciones de los monarcas borbones que buscaban reducir
la participación de los grupos locales en la toma de decisiones, desde mediados del siglo
XVIII. Con las guerras de independencias ese poder se acentúa, pues ellos, controlan el
uso de la fuerza militar contra los insurrectos desde los centros administrativos
coloniales (virreinatos, audiencias, capitanías generales o gobernaciones). Por tanto
disponen de la legalidad en el uso de la fuerza, la cual se irá deslegitimando en el seno
de la sociedad con el paso de los años, hasta convertirse en el delincuente que sólo
merece estar en la cárcel por atentar contra la patria[14].

2.2. La transición de exitoso a ¿pobre?

El devenir de la guerra obliga a estos sujetos a buscar refugio en aquellos lugares, que
mantengan la fidelidad al monarca, donde se puedan instalar con cierta tranquilidad.
Ello puede implicar una serie de desplazamientos secundarios que finalicen en una
residencia más o menos estable[15]. Durante gran parte del siglo XIX las únicas
posesiones coloniales que mantendrán ese estatuto serán Cuba y Puerto Rico,
constituyéndose como el destino próximo de los realistas derrotados. Sin embargo no el
único, pues existen referencias que indican que dentro de los rumbos iniciales
encontramos las islas de Curazao y San Tomas en el Caribe. En la zona de América del
Sur el destino preferente era Brasil, para intentar pasar desde allí, a España o retornar a
la zona realista del Perú.

El derrotado, producto de esta migración, vive un proceso que lo transforma en el


excluido de la sociedad, en el paria que no reconoce los cánones en que discurre la
legitimidad del momento, por lo que es discriminado por la sociedad, los vecinos y las
autoridades[16]. Compeliendo al afectado a la huida en busca del refugio, de lo
contrario, era pauperizado mediante acciones judiciales o de guerra, con un claro tinte
represivo.

¿Todos pueden emprender el viaje de la salvación? En un contexto de guerra el


desplazamiento se dificulta, pues las travesías se ven amenazadas permanentemente por
la acción de los corsarios, autorizados por los dos bandos en conflicto, encareciendo los
valores del transporte marítimo particular, aunque existieron casos donde la
administración colonial debió sufragar directa o indirectamente los gastos del viaje[17].

La decisión de emigrar no se toma en el momento en que las tropas enemigas están


asediando las puertas de la ciudad, es una acción meditada y con el tiempo suficiente
para liquidar los bienes inmuebles, aunque en no pocas ocasiones se pierda más de la
mitad de su valor real; en este sentido, es probable que los derrotados empobrecidos de
los que habla la documentación oficial, en realidad responda tanto a la imagen que se
desea proyectar hacia las otras potencias europeas de la Santa Alianza de parte del
gobierno español[18], como a una estrategia de los emigrados para recibir los aportes
que la corona ordenó se dispusiera en ayuda a los refugiados en Cuba y Puerto Rico,
sobre todo a los que provienen de Tierra Firme y Santo Domingo

En las siguientes líneas revisaremos las reflexiones historiográficas que se han acercado
al tema en cuestión, labor que se ha visto dificultada por la carencia casi absoluta de
investigaciones que se dediquen al tema en particular, por lo que el rastreo bibliográfico
se ha debido plantear extractando las ideas de trabajos generales, que hablasen de las
migraciones del siglo XIX a estas islas del caribe, o en monografías que analicen las
sociedades de las islas.

3. HISTORIOGRAFIA SOBRE LOS ASILADOS EN


EL CARIBE REALISTA
3.1. Investigaciones sobre Inmigración y asilo.

Las investigaciones sobre las emancipaciones americanas no incluyen entre sus


estructuras de análisis la variable migratoria y la historiografía demográfica no ha dado
cuenta de los procesos independentistas americanos[19]. Ambas afirman la existencia
de un fenómeno que despuebla a las nuevas naciones americanas luego de consumadas
las emancipaciones. Las coincidencias persisten al analizar la situación, pues todos
concuerdan que se debe a las bajas en la guerra, las enfermedades e incidentes naturales
(por ejemplo terremotos) o las migraciones de los realistas derrotados.

¿A qué se debe la falta de reflexión sobre un acontecimiento migratorio, frente al cual


existe una total acuerdo sobre su relevancia? Una explicación plausible es la de
Fernando Devoto[20], quien sostiene que los movimientos migratorios

“en tanto involucraban experiencias sociales que se desarrollaban en ámbitos


espaciales supranacionales debían de ser de escasa utilidad explicativa para
historiadores que desde fines del siglo XIX analizaban procesos históricos en el
estrecho ámbito conceptual del estado-nación”[21].

La situación se complicaba aún más cuando se observa que el objeto de estudio, los
migrantes, era un colectivo heterogéneo, de rápida disolución en la sociedad receptora y
además, se carecía de fuentes fiables, en especial las cuantitativas[22].

En el contexto de la historiografía de las independencias nacionales, es posible


mantener las anteriores observaciones, para justificar el vacío de estudios sobre las
migraciones realistas. La principal preocupación de dicha historiografía, ha sido analizar
el proceso fundamentalmente desde la óptica política (constitución del estado-nación),
aunque la dimensión económica y la social están comenzando a ser bastante bien
estudiadas.

Para los historiadores demográficos, el énfasis de las investigaciones ha estado bastante


cerca, pues el siglo XIX ha sido una de sus principales preocupaciones. Existe
abundante bibliografía sobre las emigraciones de italianos, gallegos, vascos,
catalanes[23], a América entre los años 1880 y 1930. Sin embargo para comienzos del
siglo XIX la carencia de investigaciones es manifiesta. Aún más al cruzar temas como
las independencias y las migraciones.

La excepción a toda regla es la obra del historiador Edmundo Heredia[24], quien en su


obra, Los Vencidos. Un estudio sobre los realistas en la guerra de independencia
hispanoamericana, editada por la Universidad Nacional de Córdoba, sostiene que un
grupo importante de los realistas o godos se marcha de los territorios independizados,
pero que otro, más numeroso aún, se queda y comienza a actuar en la política local,
ahora transformados en republicanos defensores de sus bienes, siendo esto el objetivo
central que se propone para su trabajo.
“obviamente, no todos los vencidos emigraron, o sucumbieron, o fueron encarcelados.
Es más, una vez terminada la contienda la mayoría permaneció en América, en su lugar
de residencia habitual. Unos habrán masticado y padecido la derrota hasta agotar sus
fuerzas de resistencia, de combatividad o de paciencia; otros habrán capeado el
temporal y conservado al menos parte de sus patrimonios y energías para continuar la
lucha por la vida; quizás algunos hayan decidido guardar eterno silencio y abstención
en el escenario político nacional. Pero todos lo que quedaron siguieron viviendo, lo
cual significa que siguieron actuando y de alguna manera gravitando en el quehacer
público cotidiano. En una vida nacional que fue, en todos los nuevos países,
convulsionada y conflictiva, como si los dolores de parto se prolongasen por decenios
hasta que el vástago lograra adquirir su identidad plena”[25].

Los vencidos que huyen fueron, según Heredia, los más afectados por el proceso de
independencia, pues perdieron todos sus bienes, además sostiene que el fenómeno
migratorio fue común a los dos bandos dependiendo de los avances de los respectivos
ejércitos[26]. El autor observa el proceso y va describiendo como las acciones de los
triunfadores van compeliendo a los realistas a expatriarse en busca de seguridad.

Aunque el texto aborda el tema en cuestión, no es su objetivo central, a pesar de lo


cual, permite orientar nuestro trabajo.

Ante la carencia casi absoluta de estudios generales sobre las migraciones


durante las guerras de independencias, se hizo necesario cambiar la óptica y revisar la
bibliografía desde los espacios nacionales, en especial de los países de llegada y así
intentar mostrar cómo los procesos migratorios los intervienen y modifican.

La intención es ir mostrando los principales temas que la historiografía plantea respecto


de cada caso, y de forma paralela, identificar a los pocos autores que han dedicado
algunas líneas al tema.

3.2. Cuba, el escenario preferente.


La primera estación para éste análisis es la isla de Cuba, destino que buena parte de la
migración de los derrotados escoge, pues la corona potencia el arribo de los refugiados
prometiendo tierras y compensaciones a las personas. Esa política receptiva se inicia
con la entrega de la Isla de Santo Domingo a los franceses, como resultado de la paz de
Basilea en 1795 y culminará con la llegada de los españoles expulsados de México.

La historiografía, debo reiterarlo, no dedica mayores esfuerzos comprensivos a este


proceso, en ninguna de las dos orillas del océanos. El autor que más se acerca, dentro de
sus trabajos sobre el mundo del caribe del siglo XIX, es el historiador catalán Jordi
Maluquer en su libro Nación e inmigración: Españoles en Cuba (ss. XIX y XX). Él
explica que las migraciones son cruciales dentro del proceso histórico cubano[27], pues
a partir de esos contingentes poblacionales se construye el sustrato sociocultural donde
se engarzan el mundo hispano y el africano[28], creando el mundo criollo de la
cubanidad. Maluquer reconoce la despreocupación de los historiadores respecto de la
variable española del proceso migratorio en general, hecho que se mantendrá hasta la
actualidad.
Uno de sus aportes es la periodización[29] que propone respecto de los hechos
migratorios que afectan a Cuba durante el siglo XIX, identificando tres etapas. La
primera abarca todo el período temporal de esta investigación, por lo que nos
centraremos en ella. Corresponde a los años 1789 y 1835, incluyendo en esa
temporalidad diferentes fases, identificables con espacios geográficos distintos: la isla
de Santo Domingo, el Virreinato de Nueva Granada –especialmente de la actual
Venezuela–, y de la España peninsular.

¿Estos tres momentos migratorios forman parte del objeto de este estudio? En una
primera instancia las dos etapas iniciales corresponde al desplazamiento de personas
originado por su fidelidad a los patrones del Antiguo Régimen y a los preceptos
ideológico implícitos en él; pero la tercera migración referida a españoles, escapa al
tema, pues es netamente económica y se rige por los cánones de los procesos
migratorios tradicionales, que implican formar parte de una cadena migratoria, o de
arribar por políticas poblacionistas generadas desde el Estado[30], entre otros.

A modo de hipótesis, creo que la llegadas de catalanes, gallegos y canarios[31] forma


parte de la transición entre las migraciones “Coloniales” y las “Modernas” que
incluyen a los europeos que se desplazan en masa a América desde 1880 a 1930.

3.2.1.. De Santo Domingo a Cuba. La fidelidad ante todo


La fase inicial de este proceso migratorio que se dirige a Cuba se origina en La
Española, isla que aportará población en distintos momentos. El primero comprende a
personas provenientes de la colonia francesa de Saint Domingue, y la segunda,
corresponde a españoles y criollos que salen de su tierra como resultado de la sesión a
Francia de la totalidad de la isla en 1795. Los procesos son casi coetáneos, e incluso, se
imbrican, pero a efectos analíticos serán separados.

3.2.2.De Saint Domingue a Santo Domingo

La Isla de Santo Domingo es un complejo espacio geográfico que aportará migrantes a


más de un territorio americano, a lo largo de las décadas finales del siglo XVIII y las
iniciales del siglo XIX. Los hechos que marcarán su historia en este período se
desarrollan en territorio europeo: la Revolución Francesa y al tratado de paz que pone
fin a la guerra que enfrentó a Francia y España, entre 1793 y 1795, firmado en
Basilea[32].

Los efectos de la revolución se hacen notar en el desplazamiento de un considerable,


aunque no cuantificado, grupo de súbditos del monarca francés a los territorios de la
colonia española de la isla. Esta expatriación ha sido estudiada por el investigador
dominicano Carlos Esteban Deive, en su trabajo titulado Los refugiados franceses en
Santo Domingo[33], donde se explica como éstos habrían emigrado debido a las luchas
entre las elites locales blancas, y los negros y mulatos libres que reclamaban la
aplicación de sus derechos consagrados por los revolucionarios parisinos, en especial, la
igualdad ante la ley y la libertad de los esclavos[34]. A poco andar de esos sucesos,
durante el año de 1791, los negros y mulatos libres se rebelan contra los criollos que le
negaban sus derechos, iniciándose un conflicto bélico que acabará con la instalación del
primer gobierno negro en el mundo occidental.

La reacción de los hacendados esclavistas y de los criollos fue de asombro, luego


estupor y finalmente, miedo. Ello lleva a que un grupo importante de colonos blancos se
traslade con sus esclavos al territorio español de la isla. Estas migraciones

“en un principio espontáneas, aisladas, individuales o en grupos y luego, cuando


España declaró la guerra a Francia el 7 de mayo de 1793... oficialmente alentada por
[el gobernador español] García y Moreno mediante diversas proclamas difundidas al
otro lado de la frontera”[35].

Las intervenciones del gobernador español Joaquín García son permanentes en este
conflicto intracolonial francés, apoyando en un comienzo a los negros sublevados,
según Rosario Sevilla[36], y luego a los monárquicos franceses cuando los anteriores se
consolidan en la guerra.

Para Esteban Deive, la población que se desplazas mayoritariamente es partidaria del


antiguo régimen monárquico, por lo que fueron bien recibidos por García, a pesar de lo
cual su permanencia en tierras dominicanas fue efímera, pues un buen número de ellos
inmediatamente pasó por sus propios medios a otros territorios como Jamaica, Curazao,
Tierra Firme y Cuba. Otros, que no poseían los recursos necesarios, salieron de la isla
junto con los colonos españoles, en la evacuación que se produjo en 1795[37].

Esteban Deive y Sevilla Soler no aportan datos a la estimación de la población


arribada a la parte española. Esa falta de información debió producirse por la
precariedad de los asentamientos ante el inminente desalojo de la isla a favor de Francia
y con destino a Cuba.

La llegada y asentamiento de franceses a Cuba es trabajada por el historiador y


demógrafo cubano Juan Pérez de la Riva en su artículo “La implantación francesa en la
cuenca superior del Cauto” publicado en El barracón y otros ensayos de 1975 ,
argumentando que para el caso de la ciudad de Santiago de Cuba la población francesa
realizó una importante aportación en el plano económico y demográfico. Según Pérez
de la Riva los franceses eran 7449 habitantes en 1808, según datos que obtiene del
“Empadronamiento de la Población de Santiago de Cuba”, que a su vez, Pérez, los
sintetiza en el siguiente cuadro:

Empadronamiento de la población de Santiago de Cuba –1808.

Franceses Solteros Casados Viudos Total


Blancos 1798 636 217 2651
Mulatos libres 1650 157 84 2341
Negros libres 331 79 40
Mulatos 307 0 0 2457
esclavos
Negros esclavos 2150 0 0
Total 6236 1572 331 7449
Total General Población 33881

Fuente: Pérez de la Riva El barracón y otros ensayos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975 p.372.

De la anterior información llama la atención la baja proporción de blancos que integran


el grupo, tomando en cuenta además que, una parte de ellos, corresponde a criollos.
Pérez de la Riva sostiene que sólo el 28% de los blancos podían ser nativos de
Francia[38], es decir a menos de 750 individuos.

Una característica de la emigración francesa de la Isla de Santo Domingo es que


las personas buscan resguardar sus capitales, ya sea, los invertidos en esclavos o en
algún tipo de capital financiero. Otra particularidad de los franceses asentados en Cuba,
es que intentan aprovechar la experiencia adquirida en los campos coloniales galos para
ayudar en el proceso de modernización capitalista del agro de dicho territorio.

Buena parte de los emigrados franceses a Cuba los encontramos, al poco tiempo,
actuando en la economía cubana, realizando labores menores con el objeto de
subsistir[39]. Otro grupo debió salir mejor preparado desde Santo Domingo liquidando
sus negocios y embarcando sus capitales junto con ellos. Son estos los que se dedicaran
a formar grandes propiedades[40] o incluso actuarán como armadores de Corsarios. Su
acción permitirá concentrar la propiedad de la tierra y la instalación de la economía de
plantación, como lo plantea Pérez de la Riva

“Desde la ruptura de la paz de Amiens, a mediados de 1803, los refugiados franceses


habían armado muchas goletas en corso, tripuladas por negros y mulatos que habían
venido con ellos, Las presas que hacían a los ingleses procuraron a muchos antiguos
colonos los fondos necesarios para el fomento de sus nuevos cafetales en Cuba o de sus
ingenios en Luisiana”[41].

La experiencia francesa en Cuba fue limitada en el tiempo, debido a las medidas


administrativas que tomaron las autoridades como respuesta a la inestabilidad político-
social que vivía España, luego de los sucesos de 1808.

“El gobernador de Santiago de Cuba, don Sebastián de Kindelán, lanzó un bando


expulsando de la provincia a los franceses que hubieran entrado en ella después de la
revolución, sin contar con la autorización expresa del capitán general. Se les concedió
un plazo para vender sus propiedades inmuebles, siendo libres para poder llevarse sus
bienes muebles. Con este motivo salieron de Santiago 8464 franceses, quedando sólo
140 o 170, en su mayor parte establecidos en Cuba antes de la revolución”[42].

Aunque no todos los franceses fueron afectados por esa medida, según Pérez de la Riva,
muchos de ellos se mantienen en la isla realizando el juramento de fidelidad al
monarca[43].

3.2.3. La entrega de la isla

La segunda fase de esta migración a Cuba comienza con la sesión de los territorios de
La Española a Francia en 1795, como lo establecía el tratado de Basilea.
El investigador dominicano Carlos Esteban Deive, en su libro Las emigraciones
dominicanas a Cuba, y la doctora española Rosario Sevilla Soler en Santo Domingo
tierra de frontera (1750-1800), son los autores que más han profundizado el tema.

La Corona española, a partir del tratado de Basilea, establece una política


mediante la cual todo individuo, sin tener en cuenta su riqueza, que deseara mantenerse
como súbdito del monarca español, debía trasladarse a Cuba, donde sería indemnizado
con tierras por un valor equivalentes a la que dejaba en Santo Domingo[44]. Política
que se aplicará en todos los casos posteriores, donde la monarquía haya cedido la
soberanía a otro gobierno mediante pactos internacionales, como son los casos de la
Luisiana y California.

Los primeros en acogerse a este beneficio fueron “hacendados y propietarios de


esclavos negados a perder sus bienes, sobre todo los segundos, por cuanto la República
Francesa había abolido la esclavitud y se sabía que, una vez traspasada la colonia, las
nuevas autoridades extenderían a ellas esa medida[45]”.

Aunque una pequeña parte de los exiliados prefirió trasladarse por sus propios medios a
otras posesiones reales como Venezuela y Puerto Rico, tal como lo sostiene Maria
Dolores González-Ripoll y Luis García Morales en su publicación El Caribe en la
época de las independencias.

“El éxodo se orientó primero hacia Cuba, luego hacia Venezuela y, en menor
proporción a Puerto Rico”[46].

Previamente, habían solicitado al Rey que se hiciese extensivo a otras colonias los
beneficios que se debían otorgar en Cuba, para poder optar por el lugar de destinos[47].
El soberano concede su petición graciosamente por medio de la real orden del 8 de
septiembre de 1795[48].

El Gobernador García, acompañado de un número importante de dominicanos que


escaparon de la isla, antes o después de la entrada de Toussaint, el líder negro que tomó
posesión del territorio de la parte española en nombre de Francia, se dirigieron a
Caracas. La permanencia de ellos en tierras venezolanas fue dificultosa por el hecho de
que las autoridades no disponían de recursos para enfrentar el arribo masivo,
obligándolos a solicitar al gobernador de Cuba que fletase barcos con el objeto de
transportar a los asilados a ese territorio con prontitud[49].

Una de las principales motivaciones migratorias de los criollos dominicanos –a parte de


la cesión del territorio a Francia y todo lo que implicaba el cambio de soberanía–, fue la
preservación de sus bienes de capital, es decir sus esclavos Africanos, que con su venta
permitiría paliar las perdidas ocasionadas por el abandono de sus bienes inmuebles[50].
Ese objetivo fue alcanzado sólo por aquellas personas que salieron de la isla antes de la
entrada del general Toussaint.

La emigración se completa con la salida de los sectores de la población más


desposeídos, ocurrida con posterioridad al inicio de la ocupación definitiva de la isla
por parte de las tropas negras haitianas. En este sentido Esteban Deive plantea que
“las expatriaciones comprendieron a personas de distintas clases sociales y no solo a
los esclavistas. Los prejuicios raciales, arraigados desde antiguo en la colonia,
condicionaban el comportamiento de nobles y menestrales por igual, y en una sociedad
estamental y clasista como era la dominicana de entonces, el hecho de que ex esclavos,
muchos de ellos de origen africano y costumbres exóticas vistas como bárbaras,
gobernarían en lo adelante, llenó de consternación y oprobio a numerosos vecinos. De
ahí... la salida precipitada de cientos de personas.[51]”.

La situación de pauperización generalizada de la sociedad ayudó a los colonos hispanos


a decidirse por el exilio, pues la guerra destruyó las propiedades de los hacendados,
dejando la economía dominicana totalmente estancada, por la falta de producción. La
Hacienda Real se vio sin la menor posibilidad de enfrentar la evacuación de la isla por
sus propios medios. Por ventura para ellos, la corona ordenó a Cuba que los apoyara en
esa tarea. Esa misión fue asumida mediante la creación de una Junta para la traslación
de las familias de Santo Domingo[52], que trató de proveer los recursos necesarios para
ello.

Uno de los principales dilemas fue el mantenimiento de las personas que llegaban a
Cuba, en cumplimiento a la Real Orden de 8 de septiembre de 1795 enviadas a Santo
Domingo, Puerto Rico, Nueva Granada, Tierra Firme y Cuba, que establecía el deber de

“auxiliar con una ración doble de tres reales diarios a cada familia que llegase con
gratificación de mesa en los buques de la armada, mientras que los que viniesen con
sólo la ración se les asignaría real y medio. Los menestrales serían convenientemente
socorridos hasta ocuparlos en algún taller de la especialidad”[53].

A pesar de las buenas intenciones, la carencia de recursos rápidamente se hizo notar,


pues los arribos no se detenían, agregándose el problema de que algunas personas
cobraban los beneficios sin estar considerados expresamente en la normativa, por lo que
la Junta solicitó al Virreinato de Nueva España, en reiteradas oportunidades, que
aportara con recursos para el financiamiento de los súbditos del rey.

A lo largo del proceso, las autoridades de la Junta para la Emigración de Cuba trató de
regular la entrega de pensiones y ayudas para la vivienda de los refugiados,
estableciendo normas rigurosas para su otorgamiento, sin embargo, a lo largo de los
años debió ir flexibilizando sus posiciones ante las permanentes carencias de los
dominicanos. Para mejorar sus condiciones de vida, la Junta, decidió procurar la
instalación de ellos en diferentes puntos de la isla como Baracoa, Holguín, Bayamó,
Puerto del Príncipe, San Juan de los Remedios, Trinidad, Matanzas y Santiago de Cuba;
sin embargo la mayor parte permaneció en La Habana como lo demuestra el informe de
la Contaduría General de La Habana del 6 de junio de 1807 sobre los socorros
entregados a los emigrados de Santo Domingo desde 1796 hasta esa fecha[54].

La situación se mantuvo hasta el retorno de Santo Domingo a soberanía española en


1808, cuando es recuperada por la acción conjunta de ingleses y españoles. La reacción
de la Junta a esa situación fue la de procurar el retorno de los dominicanos a su isla y
por lo tanto, de la cesación del pago de las ayudas económicas. Intención que fue
avalada por la corte, según Esteban Deive, mediante la Real Orden de 21 de octubre de
1809, que autorizó a la Junta la remisión de los emigrados a costa de la Real Hacienda y
el pago de las pensiones adeudas. El costo total de ello se estimaba en más de un millón
de pesos[55].

La carencia de estudios demográficos para comienzos del siglo XIX dificulta la


estimación de los emigrados a Cuba en este proceso y su significación para ambas islas.
Si se adoptan los argumentos de Esteban Deive, quien se basa en los cálculos de las
autoridades contemporáneas a los hechos, el número de dominicanos asilados en Cuba
es cercano a los 4000, los que sumados a las personas que se dirigieron a Puerto Rico,
Venezuela y Colombia alcanzarían un total de 10000. Para Moya Pons[56], el total de
migrantes fluctuó entre los 15000 y 20000 basado en las estimaciones de crecimiento
demográfico de la colonia. Para Rosario Sevilla la cuantía del movimiento no es
calculable, aunque sí la considera importante a la luz de la acción de las autoridades
francesas para evitarla y de que fue capaz de estancar el crecimiento vegetativo de la
isla hasta 1812[57].

Los anteriores cálculos serían incompletos si no se incorporan las estimaciones


respecto de los franceses que arribaron a Cuba. Continuando con los argumentos de
Esteban Deive, éste los cifra en 30000[58], dato que a Jordi Maluquer le parece un tanto
exagerado, pues el sostiene debieron fluctuar entre los 15000 y 20000[59]. Como se ve,
ninguno ofrece mayores argumentos cualitativos o cuantitativos que refrenden sus
estimaciones.

3.2.4. Desde Tierra Firme a la seguridad real


La independencia del virreinato de Nueva Granada y de la Capitanía General de
Venezuela esta marcada por tres hechos que caracterizarán al proceso que terminará en
el nacimiento de la Gran Colombia. Éstos son: la permanente preocupación
metropolitana por la reconquista de esos territorios, con el objeto de iniciar desde allí la
reocupación del continente sur americano; la constante variación de partido de los
pardos llaneros, en directa relación con el líder de turno y la continuada represión de
los bandos en disputa contra aquellos que manifestaron su apoyo al enemigo (realista o
patriota).

Todas estas situaciones generan una coyuntura de inestabilidad social que, entre
otras consecuencias, impulsará las migraciones tanto de realistas como de patriotas
criollos a los espacios circunvecinos dependientes de la corona española o de otras
potencias europeas.

Desde el inicio del movimiento que conducirá a la independencia de Venezuela y


Colombia, la Metrópoli pretenderá reprimir y reconquistar esos preciados dominios. Los
intentos se suceden alcanzando éxitos iniciales, pero prontamente son derrotados por las
tropas bolivarianas. La primera de estas tentativas tiene su origen en Puerto Rico, desde
donde se envía una expedición encabezada por el General Monteverde que cosecha
rápidas victorias sobre las tropas de Miranda. La segunda empresa reconquistadora se
pondrá bajo las órdenes General Morillo quien consolida por un período de tiempo la
dominación española hasta la entrada de Bolívar a Guayana. Desde ese lugar se inicia la
reocupación patriota de Venezuela y de Nueva Granada, hasta confinar a los realistas en
Puerto Cabello en 1814.
Los pardos participan en la guerra en ambos bandos, primero apoyando a los realistas
comandados por Boves, y luego, a los patriotas cuando fueron liderados por Páez. Las
sangrientas acciones de estas tropas marcan a la sociedad en general[60], iniciándose
desplazamientos de personas de ambos bandos, según el avance general o las cercanías
de esos destacamentos que generaban pavor a la sociedad por el nivel de violencia con
que actuaban.

El último elemento que caracteriza el proceso es la permanente represión a los que son
sometidos los habitantes de las zonas controladas por alguno de ellos, pues a la llegada
del antagonista, los partidarios de los primeros ocupantes son juzgados como traidores y
confiscados sus bienes[61], o simplemente eran pasados por las armas[62]. Tanto
realistas como patriotas hicieron uso de esas estrategias con el objeto de atraer recursos
a sus arcas, y de esta forma disponer del circulante necesario para apertrechar y
alimentar las tropas que están bajo sus órdenes.

Como se dijo, estas características estructurales al proceso, determinan que la


independencia de la gran Colombia haya sido rigurosa con las población y con su
estructura económico-productiva. Los habitantes inmersos en esa realidad comienzan a
buscar espacios donde migrar y proteger sus vidas de las acciones de ambos ejércitos de
ocupación, es así como es observable en este periodo desplazamientos migratorios en
busca de asilo de patriotas y realistas. En el caso de los primeros, existen abundantes
referencias de la instalación de un considerable contingente en la Isla de Curazao e
incluso en Estados Unidos[63], luego que es derrotada la Primera República, para
retornar a Tierras Firme cuando las condiciones bélicas lo permitan. Por el lado realista,
según el ya citado Edmundo Heredia, se inician las migraciones desde 1810

“La salida obligada de españoles y realistas había comenzado desde el mismo


pronunciamiento de Caracas, y sólo se había interrumpido intermitentemente con la
recuperación de los territorios por las fuerzas de Monteverde, primero, y luego por las
de Morillo”[64].

Los efectos demográficos de las salidas y de las muertes ocasionadas en acciones de


fuego cruzado fueron desastrosos, pues se ha estimado en un 25% la reducción de la
población local[65].

A pesar de la significación cuantitativa y cualitativa de este acontecimiento histórico, la


historiografía no ha dedicado especial interés a su estudio. Esa carencia es compartida
por investigadores independentistas y de las migraciones de España y América.

Los autores que han prestado alguna atención a la búsqueda de refugio y asilo de los
realistas venezolanos son Edmundo Heredia en su, ya largamente citado libro sobre los
realistas vencidos; el historiador del Archivo Nacional de Cuba José Luciano Franco
quien dedica un par de trabajos al tema, uno recopilatorio de documentos que dicho
archivo resguarda respecto de Venezuela, publicado en 1960, y una otro editado década
después, El gobierno colonial de Cuba y la independencia de Venezuela[66];
finalmente la académica uruguaya Adela Pellegrino en su Historia de la inmigración en
Venezuela siglos XIX y XX. Todos ellos coinciden en la existencia de un intenso proceso
migratorio que busca escapar de la cruenta guerra que afectaba el país y encontrar un
lugar donde asilarse, pero ninguno se detiene a revisarlo mayormente.
No se dispone de la información necesaria para dimensionar el aporte de neogranadinos
y venezolanos a la Isla de Cuba. El único autor que intenta cuantificarlos es Hugh
Thomas, quien los estima en 20000 para el período 1810 y 1826. Cifra que incluye a
realistas[67] de todas las colonias aledañas.

Claridad existe sobre la exigencia a los realistas para que abandonen suelo venezolano,
con tal celeridad que sólo les dio tiempo de reunir algunos bienes y escapar a algún
puerto que les diera seguridad a sus vidas y a sus pocos bienes. El caso que se distingue
por su singularidad, es la evacuación de Puerto Cabello, último reducto hispano en
Venezuela, en la que por medio el tratado de capitulación y entrega de la plaza fuerte,
estableció que las personas pudieran abandonar esas tierras

Los destinos preferentes de los realistas eran Cuba, Puerto Rico y España. Las rutas no
solían ser directas, de hecho buena parte pasaban por posesiones extranjeras como
Curazao, para luego arribar a sus destinos. Un ejemplo de los anterior es el fortuito caso
que recoge Franco

“Cerca del Puerto de Santiago de Cuba una goleta corsaria insurgente apresó a fines
de agosto [1813] al bergantín español San Rafael, procedentes de Palmas de Mallorca.
En un bote permitieron los corsarios que se trasladaran a playas cubanas el piloto
José Prats y veinte y tres pasajeros que habían tomado en Curazao, refugiados
españoles que habían huido de Cumaná al aproximarse los soldados de Bolívar. Entre
los pasajeros estaba Fr. Francisco de Arriaga, prefecto de las misiones capuchinas
aragonesas en las provincias de Cumana, Nueva Barcelona y Caracas. Declaró ante
las autoridades... que tuvieron que evacuar desordenadamente la capital de Cumaná;
las tropas que guarnecían los fuertes abandonaron cañones y pertrechos. Al salir los
buques con los fugitivos –soldados y civiles– los insurgentes los cañonearon, y fuera ya
de la bahía tres goletas de los insurgentes los atacaron. Se sostuvieron combates ;
fueron al abordaje los insurgentes y capturaron los buques españoles siguientes:
fragata Santa Clara y Bergantines Dos Amigos y Gral. Palafox”[68].

El mismo año se registran más llegadas de personas a la isla, esta vez oriundos
de Santa Marta, estableciendo esta ruta de asilo, aunque las autoridades en este caso,
derivaron a los soldados a Panamá, para que retornarán al servicio del Virrey de Nueva
Granada[69]. La lastimosa solicitud de auxilio permitió afianzar estos vínculos político
territoriales y de patria, por lo que piden

“se nos proporcione respectivos alojamientos en donde exercitaba la caridad de ntros.


Hermanos recivamos sus benignas influencias cincuenta y un desgraciados españoles
americanos y españoles europeos que parece no necesitan otra recomendación que la
de haber sido proscritos pr. Amantes de los derechos é integridad de la nación,
desnudos y aun careciendo delos mas necesarios é indispensable ntras. Respectivas
subsistencias”[70].

Las migraciones de venezolanos a Cuba terminarán con la rendición de las


plazas de Maracaibo[71] y Puerto Cabello[72] a las tropas patriotas, el 10 de noviembre
de 1823
3.2.5. Efectos en Cuba de las migraciones

El aporte migratorio de los tres componentes geográfico-étnicos (neogranadinos,


dominicanos españoles y dominicanos franceses) es sustancial al recomponer las
estructuras sociales y demográficas de la sociedad cubana.

La decisión de instalar a estos refugiados en Cuba, al parecer, se fundamenta en dos


elementos. El primero tienen un carácter geográfico, pues la cercanía de las islas facilita
el transporte y abarata sus costos. El segundo se relacionan con una política que se
diseña desde la isla y que es refrendada por la Corona de intentar blanquear su
población, por el creciente temor a las sublevaciones de los negros que llegaban para
satisfacer la demanda de mano de obra de la colonia[73].

Los pioneros intentos de desarrollar estos planteamientos se remontan a 1795 durante el


gobierno de Luis de las Casas, asesorado por el Consulado y la Sociedad de Amigos del
País, estudia la situación demográfica a través de un comisión que estableció que existía
“la necesidad de poblar el campo con familias blancas , en un intento de integrar el
territorio y contrarrestar el avance de la población de color”[74].

La aceptación de esos planes llegará por tres vías y en momentos distintos. La


primera se da en 1778 cuando la Corona autoriza a Cuba a establecer el comercio libre
con algunos puertos españoles, que trae aparejada la inmigración proveniente de
España, en especial de Canarias y Barcelona; la siguiente, es la ya analizada Real Orden
de 1795 que permite la llegada de los refugiados de La Española; y la última se produce
en 1817 cuando el monarca extiende la real orden emanada para Puerto Rico, para
facilitar la colonización con inmigrantes nacionales o extranjeros. Todas estas medidas
potencian a Cuba como receptora de inmigrantes.

Los efectos que estos sujetos provocan en esa sociedad son, como ya se dijo, a
nivel social y económico. Pero además tienen directa relación con la permanencia de la
isla bajo la soberanía española.

En términos sociales Cayuela Fernández nos plantea que la “Siempre Fiel” isla
de Cuba, enfrenta los primeros años del siglo XIX en una total transformación social
que

“afectaba, sobre todo, a la cúpula y a la base de la pirámide de la sociedad isleña: de


una parte, la consolidación de una poderosa élite ultramarina y, de otra parte, el
asentamiento y la ampliación de una enorme base social constituida por varias
generaciones de africanos procedentes de la emigración forzada que impulsaba el
oscuro negocio de la trata y cubría, legalmente, la Institución esclavista del sistema
colonial”[75].

Los cambios en la elite de la sociedad están influenciados directamente por la


inmigración, baste a modo de ejemplo, el aporte de los migrantes franceses a la zona
oriental de la isla, quienes ayudaron a la implantación del cultivo del café y del
algodón[76]. El resultado de todo ello fue, según Cayuela, que la antigua elite es
intervenida por los recién llegados que forman una nueva,
“cuyos principios de acumulación se enraízan en el trafico de esclavos y en el control
de los mecanismos portuarios. Este nuevo sector acabó introduciéndose,
paulatinamente, también en el mundo del ingenio, sin perder por ello el control sobre el
marco económico del puerto.

Pero la evolución de la élite acentuaría la complejidad de su composición, pues a estos


dos ciclos de consolidación de fortunas se fueron superponiendo otros ciclos nuevos,
haciendo mucha más complicada la ya arcaica versión de hacendados versus
comerciantes. La élite se encontraba en un proceso de mayor diversificación y, por lo
tanto, esta circunstancia acabaría incidiendo en la articulación del propio sistema
colonial”[77].

Respecto de la esclavitud, podemos decir, que su crecimiento poblacional fue


constante, llegando a ser mayoría en la isla ya en 1817, según los datos censales, el cual
presenta un intervalo de 26 años, por lo que es probable que haya superado la población
blanca numéricamente antes de esa fecha[78].

La emigración desde Santo Domingo especialmente, debió de aportar un buen


contingente de esclavos, a pesar de las restricciones impuestas al ingreso de ellos por las
autoridades migratorias cubanas. Hay que decir, que si los datos de población blanca
son difíciles de obtener, la tarea debe ser más ardua respecto de la esclava.

En el plano económico las inmigraciones de refugiados políticos potenció la


transformación que vivió la isla, desde el monocultivo del café al de azúcar. Todo ello
potenciado por el aporte financiero, técnico y tecnológico de los franceses, venezolanos
y dominicanos llegados en este proceso.

Cuba finalizó el período pasando de ser una colonia deficitaria a otra, capaz de aportar
excedentes a su metrópoli, como lo ha demostrado Candelaria Sainz Pastor

“Una vez interrumpidos definitivamente este trasvase y consumada la independencia


americana, España se convertía en el plano político internacional en una potencia de
segundo orden y se adentraba en el nuevo siglo con una endeble situación financiera y
el empeoramiento sucesivo de sus problemas presupuestarios. A la muerte del rey
absoluto la situación de la real hacienda era insostenible. En ese contexto una novedad
apareció en los presupuestos de la península: por primera vez desde la independencia
americana, los giros de Ultramar y los ingresos procedentes desde las colonias pasaron
a tener una importancia relativa en el conjunto de los ingresos de la Hacienda
Española. La mejora de los resultados fiscales del Tesoro Colonial y, en especial, de
las cajas cubanas, explican esta disposición de fondos públicos coloniales, más
conocidos en los presupuestos de la época con el nombre de sobrantes coloniales.”[79]

3.3 Inmigración y asilo en Puerto Rico

La isla de Puerto Rico es una de las posesiones españolas que más importancia
otorga a las migraciones en la conformación de su ethos nacional. Su significación nace
a partir de las preocupaciones oficiales por incorporar al territorio personas de diversas
nacionalidades, desde la emisión de Real Cédula de Gracia hasta su integración a los
Estados Unidos. Más aún, cuando en la actualidad se han convertido, en polo de
atracción de población de las islas caribeñas que la rodean.

En estas circunstancias, la historiografía ha intentado entender el rol jugado por


el inmigrante en la conformación de ser nacional puertorriqueño. Para ella, el proceso
migratorio se inicia con los sucesos revolucionarios de Saint Domingue y se desarrolla
hasta la actualidad. En el siguiente apartado se da una visión general de la historiografía
migratoria puertorriqueña y su reflexiones en torno a los realistas vencidos de
comienzos del siglo XIX.

3.3.1. Historiografía de las migraciones

La historiografía de las migraciones puertorriqueña se ha desarrollado


lentamente, como todas las del continente, desde la década de 1950. Su evolución hasta
la década de 1980 ha sido sintetizada por María Dolores Luque de Sánchez en su
artículo “Aportaciones y apropiaciones extranjeras: Los inmigrantes en la historiografía
puertorriqueña”. Ella sostiene que esa academia ha desplegado una extensa labor en
torno al reconocimiento del inmigrante como parte integral de la sociedad
puertorriqueña, sin olvidar la inmensa tarea que aún está pendiente.

La autora destaca como iniciadora de estos estudios a Estela Cifre de Loubriel, quien
entre 1962 y 1989 publicó su catálogo sobre los extranjeros a Puerto Rico en cuatro
volúmenes: Catálogo de extranjeros residentes en Puerto Rico en el siglo XIX (1962),
La inmigración a Puerto Rico durante el siglo XIX (1964), La formación del pueblo
puertorriqueño : La contribución de los catalanes, baleáricos y valencianos(1975) y La
formación del pueblo puertorriqueño: contribución de los gallegos, asturianos y
santanderinos (1989). Esta extensa obra

“Constituye una aportación valiosa e indispensable para el estudio de la inmigración


extranjera y peninsular a la isla. La autora dedicó largos años de investigación para
elaborar los catálogos de inmigrantes que son la espina dorsal de sus obras. Estoa
catálogos ofrecen... un punto de partida para seguir la pista de un individuo, una
familia o un grupo étnico en particular”[80]

El trabajo de marras no aspira a dar explicaciones sustantivas de los efectos o


características de los grupos de extranjeros, más sus análisis se quedan en la dimensión
cuantitativa. Respecto al colectivo de los realistas exiliados sostiene que estuvo
constituido por un pequeño grupo de orígenes muy diversos[81].

Con posterioridad a esa primigenia labor y luego de la renovación


historiográfica francesa y su difusión por América, los puertorriqueños retomaron los
estudios migratorios relacionándolos con las estructuras socio-económicas del país,
donde se han distinguido los esfuerzos realizados por Francisco Scarano, Francisco de
Solano e Ivette Pérez Vega.
Para Scarano las publicaciones hasta 1981, fecha en que edita Inmigración y
clases sociales en Puerto Rico del siglo XIX, han fallado a la hora de generar nuevas
interpretaciones o usar nuevas metodologías pera enfrentar su objeto de estudio. En un
artículo que publica en dicho libro sostiene que los inmigrantes, de la primera mitad del
siglo XIX, desplazaron a las elites criollas y se impusieron como grupo hegemónico, a
partir de sus conocimientos comerciales y productivos. No identifica en forma especial
a los realistas de entre ellos.

Francisco de Solano en su artículo “Inmigración Latinoamericana a Puerto Rico


(1800-1898)” trata de explicar cómo dicho país va recibiendo a lo largo del siglo XIX
migrantes de todas las naciones hispanoamericanas, estructurando su análisis en tres
etapas cronológicas: 1)1800-1814; 2)1816-1836; 3)1860-1870. En las dos primeras
observa los emigrados de Santo Domingo, Haití y Venezuela. Un elemento interesante
de este trabajo es “la” fuente utilizada, proveniente del Archivo Histórico Nacional de
Madrid. El cual no complementa con otros documentos.

Sin duda alguna la doctora Ivette Pérez Vega es quien más ha investigado al
grupo de los vencidos, a los que identifica con los venezolanos que arriban a las costas
puertorriqueñas y en especial a la región de Ponce. Sus artículos “Emigrantes de
Venezuela en Puerto Rico. Actitudes y mentalidades de una familia en crisis: economía
y herencia. Los Vega en Ponce (1818-1831)” y “El efecto económico, social y político
de la emigración de Venezuela en el sur de Puerto Rico (Ponce), 1810-1830”[82]; ponen
de manifiesto que esta emigración fue muy positiva para la isla, pues aportó

“capital, esclavos y... conocimientos y adelantos en todos los campos... que estimularon
el progreso y el bienestar social, económico y cultural”[83].

La renovación interpretativa de Pérez Vega radica en el enfoque metodológico,


introduciendo la microhistoria y la historia regional al estudio migratorio en su país.

En síntesis, en esta nación caribeña se ha desarrollado una labor de investigación


orientada a conocer la influencia de las migraciones en su sociedad, lo que ha devenido
en una interesante historiografía, donde la emigración de los exiliados realistas ha
tenido, un breve, pero oportuno desarrollo.

En las siguientes líneas intentaremos abordar los principales acuerdos y


contradicciones respecto del proceso de llegada del contingente de población
desplazado por las guerras de independencia.

3.3.2 Inmigración Dominicana y Venezolana


La inmigración a Puerto Rico se produce mediante dos procesos que se
yuxtaponen. En uno participan desde 1810 los refugiados realistas y en el otro, se
incorporan a la isla europeos, estadounidenses y españoles desde la aplicación de la
Real Cédula de 1815. Para Estela Cifre en ese marco temporal se desarrolla una

“emigración forzada [que] corresponde a una serie de sucesos que tuvieron como
origen: 1) La cesión de Santo Domingo a Francia... 2) La venta de Luisiana y Florida a
Estados Unidos. 3) La guerra de independencia de América hispana. 4) La sublevación
esclavista en el Caribe”[84].

Todos esos hechos provocaron el desplazamiento de personas a Puerto Rico, quien abre
sus puertas de par en par para recibirlos, en virtud de las órdenes favorables de la
metrópoli para otorgar asilo a los emigrados franceses de Saint Domingue, refugio a los
criollos y españoles de Santo Domingo y de las colonias continentales sublevadas,
especialmente a los provenientes de Tierra Firme.

Este grupo, como hemos dicho anteriormente, forman un contingente migratorio atípico,
pues habitualmente es el desposeído el que emprende la ruta en busca de fortuna o el
que es obligado a desplazarse fuera de sus tierras; en este caso

“Había entre ellos nobleza criolla, terratenientes, comerciantes, militares, burócratas,


profesionales, artistas y, además, desertores y presos políticos. Los mismos,
presintieron el fatal desastre de su país, trasladaron oportunamente su residencia a
Puerto Rico... Unos vinieron con sus familias y agregados, otros solteros, por lo
general, jóvenes, lo que facilitó su arraigo y permanencia. La gran mayoría introdujo
capital, esclavos y aportaron conocimientos y adelantos en todos los campos”[85].

Ellos, lo triunfadores del sistema colonial, son, prácticamente desde 1810, los
derrotados que salen en busca de un lugar donde vivir en paz y lejos de los efectos de la
guerra. Al parecer, según las evidencias aportadas por Pérez Vega, Solano y Oquendo
Rodríguez, entre otros; los emigrados realistas para llegar a la isla realizan una
peregrinación por las islas de Curazao, Jamaica y San Thomas[86], antes de ingresar a
Puerto Rico.

La elección del destino final la realizaron en virtud de las condiciones disposiciones


favorables de las autoridades locales[87], el ambiente pacífico, la posibilidad de empleo,
la protección de la misma autoridad soberana, el respeto de su condición de
privilegiados de la sociedad y de sus bienes esclavistas, e incluso e uso de la misma
moneda en el caso de los venezolanos[88].

Se compone étnicamente de americanos, peninsulares de larga vivencia en el nuevo


continente y los de reciente instalación[89], además de un importante número de
esclavos. A los primeros se les ha caracterizado como conservadores, reaccionarios y
con un permanente temor a todo tipo de violencia social[90].

Aunque no hay cuantificaciones definitivas, Estela Cifre identifica en su Catastro de


Extranjeros a 2443 entre 1800 y 1830, los que representan el 18,5% del total de
inmigrantes del siglo XIX[91]. Para Solano su número no es significativo en términos
cuantitativos, pero sí en sus efectos cualitativos, pues modificaran la 02estructura
social[92].

La reacción gubernamental respecto de ellos no pudo ser más receptiva, más aún cuando
el gobernador local realizaba invitaciones a inmigrar a la isla, por lo que se debió
generar toda una modificación del régimen tributario para financiarlos, instalando un
impuesto a las importaciones del cacao[93] que ayudó a sufragar los gastos que
implicaba[94] mantener a viudas, militares y funcionarios públicos. Los criterios de
distribución se basaban en las divisiones sociales en vigor, por supuesto, a las clases
más acomodadas mayor cantidad y a las subalternas menos[95]. La misma situación se
repitió en torno a la repartición de tierras decretada por Real Orden de noviembre 1813,
la cual

“proveía para la concesión de los terrenos comunes a ciudadanos, tenientes,


subtenientes y tropas que se hubiesen distinguido en las guerras de independencia. La
adjudicación de tierras en Puerto Rico fue, entre otros, un motivo para que muchos
emigrados de Costa Firme y militares peninsulares arraigaran permanentemente”[96].

Una de las discusiones historiográficas, evidente a partir de la lectura, es el


cuestionamiento de sí los inmigrados contaban con capitales propios a la hora de su
arribo. Para algunos historiadores como Estela Cifre, Eli Oquendo[97] y Dolores
Gonzalez-Ripoll, es indudable que su aportación en capitales es trascendente para
Puerto Rico “el proceso de independencia americano dispuso hacia la isla un flujo
migratorio de personas y capitales que contribuyó a la ampliación y modernización de
las bases de la agricultura comercial”[98]. En cambio para Ivette Pérez[99], Francisco
de Solano y Lidio Cruz Monclova la mayor parte de los migrados, refiriéndose los
llegados desde Venezuela, llega sin recursos suficientes para mantenerse[100]. Es
evidente que dicha discusión se da en torno a las generalizaciones discursivas, pues
ambas situaciones efectivamente se dan en la realidad, un grupo importante llega sin
recursos por lo que deben vivir de los aportes del Estado Colonial y otros llegan con
capitales suficientes para vivir e invertir en la propiedad de tierra para producir azúcar o
café, situación que no impide que alguno de ellos usufructúe del Estado mientras sea
posible, permitiendo una capitalización mayor[101].

El proceso inmigratorio va a comenzar a declinar en la década de 1820 cuando


se los deriva a Cuba en virtud de la imposibilidad de sostenerlos económicamente,
según las disposiciones de 1813, en especial a los militares derrotados del General
Torres[102].

Los contingentes que más relevancia para la historiografía tienen son los
dominicanos y los venezolanos. De los primeros sólo diremos que mantienen las
mismas condiciones descritas por Estaban Deive respecto de los emigrados a Cuba. La
principal diferencia radica en que, los arribados a Puerto Rico lo hacen por sus propios
medios y fueron mayoritariamente franceses, a pesar de que los beneficios fiscales
recibidos en Cuba fueron extendidos a ésta isla, como se dijo anteriormente. Un
segundo elemento diferenciador es que los franceses usan la Real Cédula de Gracia para
avecindarse, por lo que llegan desde los diferentes dominios franceses donde se habían
instalado algunos ex colonos de Saint Domingue; por lo que es muy factible encontrar
inmigrantes incluso hasta 1830[103].

Venezuela aporta el más relevante conjunto de personas inmigradas en términos


cuantitativos y cualitativos, pues contribuirán de forma significativa a las
transformaciones que vivirá la isla desde comienzos del siglo XIX. Esta es una de las
ideas en que concuerda toda la historiografía utilizada en este trabajo. Revisemos un
poco los acontecimientos ocurridos.

Recordemos que para Heredia el paso de realistas a las islas caribeñas se inicia
en 1810, pero la historiografía puertorriqueña sitúa el inicio del proceso en 1813 con la
promulgación del decreto de Guerra a Muerte de Simón Bolívar. De todas formas, los
primeros arribos son poco significativos[104], pues la avalancha migratoria no se
producirá hasta 1821, cuando son derrotadas definitivamente las tropas realistas en
Venezuela[105]. La descripción que realiza Estela Cifre de los hechos posteriores a
Carabobo muestra la magnitud de esta migración

“Después de la derrota de Carabobo en 1821 llegaron a Puerto Rico ocho barcos y una
fragata con refugiados. Cuando Cumaná se entregó a Bolívar, la fuerza que guardaba
la plaza, compuesta de quinientos noventa y siete civiles, cuatro capitanes y seis
oficiales buscó refugio en la ciudad de Ponce... Baralt calculó el transporte de esa
plaza en la flota capitaneada por Laborde eran unos ochocientos capitulados. Después
de las derrotas de Carabobo y Puerto Cabello siguieron afluyendo refugiados y al
terminar la contienda y al decretar el gobierno establecido en Caracas la expulsión de
todos los españoles residentes allí, gran parte de éstos pasaron a Cuba y Puerto
Rico”[106].

La elección de Puerto Rico se basa en los argumentos que ya hemos expresado: la


cercanía física, el uso de la moneda macuquina[107] y los beneficios otorgados a los
refugiados.

El trayecto inmigratorio, habitualmente no es directo pasando por las islas caribeñas


vecinas[108].

Su posición ideológica es demostrada por el hecho que buena parte de ellos se mantiene
en la isla, a pesar de que 1830 la independencia ya había sido declarada por Venezuela.
Incluso se ha argumentado que la presencia de estos realistas llevó a posiciones
conservadoras a la población local, explicando de esta forma la no participación de la
isla en el proceso de independencia de las naciones continentales americanas[109]. Esta
visión reduccionista es insatisfactoria para explicar esa situación, pues magnifica el rol
de los exiliados y no considera la evolución propia de la sociedad isleña[110]. Eli
Oquendo, por el contrario, observa que los inmigrantes participan en “los movimientos
separatistas... que se produjeron en el Puerto Rico decimonónico, y los venezolanos no
estuvieron ausentes, por el contrario, llegaron a ocupar posiciones de liderato”[111].

3.3.3 Efectos en Puerto Rico.

Los historiadores han sostenido, en forma contundente, que la isla desde


comienzos del siglo XIX vive un proceso de transformación económica y social que
marcará su destino venidero.

Al igual que Cuba, Puerto Rico se beneficia de las turbulencias que vive Saint
Domingue, pasando a ocupar su posición en la producción de azúcar y café para ser
distribuido en el mercado europeo y estadounidense. Esa ventajosa situación es
observada por los migrantes, al parecer la decisión de instalarse en estas islas pasa por
encontrar el lugar donde desarrollar, de forma lucrativa, sus actividades.
Se ha responsabilizado a los migrantes del nacimiento de la propiedad
latifundista y de la producción agrícola para la exportación, según Scarano, además de

“la integración progresiva de la Isla al sistema mundial capitalista. La expansión del


comercio con países extranjeros; los aumentos de producción de cultivos comerciales;
la reactivación de la trata de esclavos; la pauperización del campesinado tradicional;
la acelerada inmigración de personas libres; y el propio intento del régimen colonial
por afianzar sus poderes... fueron signos, en algunos casos, y móviles en otros de la
transformación operada en el interior de la sociedad colonial y en las relaciones de
ésta con España”[112].

Desde estas ópticas, adquiere sentido que la inmigración francesa de Saint


Domingue llegue en primer lugar, pues son ellos los que poseen la experiencia y el
capital necesarios para poner en marcha la producción, mientras que los venezolanos
llegan a instalarse en el comercio, para luego sumarse a la formación de latifundios
como sostienen Scarano y Pérez Vega. Aquí es donde debemos sumar a San Tomas,
como el nexo de la isla y el comercio internacional, tema que ha sido estudiado por
Birgit Sonesson[113].

Por otro lado, los realistas refugiados se incorporan a la sociedad ocupando la


misma ubicación social que poseían en su lugar de origen. Se les permitió funcionar
dentro de la elite local con gran normalidad. Su situación de privilegio les permitió que
actuaran

“directamente por compra, valorando debidamente las mejores tierras disponibles con
una rentabilidad prometedora. Compran y desarrollan con facilidad las posibilidades
previstas de la hacienda, pues cuentan con el metálico que han traído y con los contactos
comerciales que tienen en el continente y en otros países del exterior para obtener
créditos”[114].

Actuando de esa forma,incluso, llegaron a reemplazar en la primacía social a los


criollos como sostienen Scarano y Pérez Vega.

Los diferentes investigadores concluyen en la poca magnitud cuantitativa de la


emigración en general, hecho que queda demostrado a partir de la siguiente tabla de
crecimiento de población. En ella se observa que el crecimiento anual de la población es
constante en términos porcentuales cercano a un 2%, el cual podría estimarse como
crecimiento vegetativo. La excepción la constituye el período que va entre 1812 y 1815,
donde la población crece a un 5,7% evidenciando una fuerte inmigración. A la luz de las
estimaciones de Ormaechea es evidente que el aporte cuantitativo es poco significativo.
CRECIMIENTO DE LA POBLACIÓN DE PUERTO RICO ENTRE 1765 Y 1847

%
Población Crecimiento Crecimiento
Año Periodo crecimiento
total bruto anual
anual

1765 44833

1783 87994 43161 2398 18 2,7

1800 155426 67432 3967 17 2,6

1805 174902 19476 3895 5 2,2

1812 183014 8112 1159 7 0,6

1815 220892 37878 12626 3 5,7

1820 230622 9730 1946 5 0,8

1824 261661 31039 7760 4 3,0

1827 287673 26012 8671 3 3,0

1834 358836 71163 10166 7 2,8

*1847 500000 141164 10859 13 2,2

Fuente: Darío de Ormaechea “Acerca de la agricultura, el comercio y las rentas internas de la isla de
Puerto Rico”. En Boletín Histórico de Puerto Rico, N° 4, T. II, julio-agosto1915, p.228. y cálculos
propios. * = Estimación de Darío de Ormaechea.

4. Tareas pendientes. A modo de conclusión.

Los procesos de independencia latinoamericanos acarrearon tras de sí un inmenso


caudal de población que parte de esos nuevos Estados con diversos objetivos. Sin lugar
a dudas el principal de ellos es mantenerse bajo la soberanía española, en un lugar que
les diera seguridad física y económica. Las islas caribeñas de Cuba y Puerto Rico se
constituirán, de este modo, en espacios idílicos donde asentarse, y dejar atrás las
represiones sufridas en manos de los patriotas.

Las circunstancias coyunturales de la economía caribeña pondrá a las últimas


posesiones hispánicas en América en una situación de prosperidad, fundada en la
debacle de las posesiones francesas pos-revolucionarias, sacando al mercado
internacional productos agrícolas de alta demanda en la época como el azúcar, café y el
algodón que serán requeridos por Estados Unidos y Europa. Prosperidad que no se
explica, según las historiografías locales, sin la llegada de dos grupos de individuos: los
esclavos y los exiliados realistas franceses, dominicanos y venezolanos.

Las influencias en el proceso de modernización económica de las islas son evidentes


para los autores consultados. Sus análisis sólo incluyen a la población que llega a la isla
con los recursos suficientes para incorporarse a elite local, dejando fuera a las
inmigrantes que carecían de recursos. Este último grupo debió ser cuantitativamente
significativo y aportar mano de obra asalariada a Puerto Rico.

La posición ideológica del grupo de emigrados es mayoritariamente homogénea,


demostrado por el hecho de que la mayor parte de ellos permaneció en las islas, incluso
después que sus naciones de origen estaban ya pacificadas.

En este sentido su permanencia, su adscripción a la elite local, el desarrollo de una


actividad comercial o productiva permanente y su búsqueda por recibir los beneficios
otorgados por la Real Orden de Gracia, aplicada en ambas islas ya en 1817, explican la
transformación de este refugiado en un inmigrante económico.

Se carece de información para dimensionar el flujo migratorio total en el Caribe, para el


período en estudio, además su cuantificación se complejiza al desarrollarse el proceso
en forma conjunta con políticas de poblamiento dirigidas a colonizar con personas
blancas, revirtiendo así el ennegrecimiento de las poblaciones isleñas.

Para la historiografía el traspaso de población realista no ha sido un tema de importancia


en virtud de su menor cuantía, relegándolo a un relativo olvido. A excepción de los
historiadores de las migraciones en Puerto Rico, quienes han realizado una producción
que ha avanzado en el reconocimiento de los migrantes, su participación en la economía
y sociedad de principios del siglo XIX y han comenzado a desarrollar una
reconstrucción del procesos de integración social mediante la microhistoria.

Sin contar el trabajo de Edmundo Heredia no existe ninguna obra que intente dar
una visión de conjunto al proceso en el mundo hispánico, constituyéndose en una tarea
pendiente. De acometerse dicha tarea, se verá dificultada, aún más, al carecer de
investigaciones a nivel nacional.

Las fuentes tradicionales para los estudios coloniales aún no han sido lo
suficientemente interrogadas sobre la emigración de los vencidos, los fondos que hacen
referencia a Cuba y Puerto Rico del siglo XIX están disponibles en los Archivos
General de Indias y Nacional de Madrid. En el mismo sentido se puede recurrir a los
fondos del Archivo Militar de Madrid, como al de Segovia para reconstruir el paso de
los ejércitos y su instalación como parte de las tropas de reconquistas, además de ver
cual fue su situación final –recordando que buena parte de los soldados de la tropa
realista desertó o se cambió al bando–.

Como es obvio tampoco existe alguna propuesta teórica que ayude a enfrentar la
migración, que ayuden a dar respuesta a interrogantes como ¿Es esta una migración
nacional o internacional?; ¿Es una migración desde la periferia al centro? O ¿Es una
migración entre puntos periféricos?

Ahora bien, una investigación sobre los realistas desde una óptica hispánica debería
intentar dar una estimación del flujo total, reconocer las transformaciones en las
sociedades emisoras y receptoras, analizar los efectos psicológicos del transplante de los
individuos, etc.

Los interrogantes son muchos, la tarea es ardua, pero es necesario acometerla y


esclarecer la ventura o desventura de los relistas vencidos.

[1] ACNUR “¿Quién es un refugiado?”, en http://www.acnur.org/index.php?id_pag=29#refugiado


[visitado 9 de marzo de 2006].

[2] A modo de ejemplo, el historiador chileno Diego BARROS ARANA Historia Jeneral de Chile,
Rafael Jover editor, Santiago, 1889,T. X, pp.614-628 ; Miguel Luis AMUNÁTEGUI y Gregorio Victor
AMUNÁTEGUI La reconquista española. Apuntes para la historia de Chile 1814-1817, Imprenta
Barcelona, Santiago 1912, p. 470.

[3] Fernando J. DEVOTO Del crisol al pluralismo. Treinta años de estudios sobre las migraciones
europeas a la Argentina. Instituto Torcuato di Tella, Centro de Investigaciones sociales, Buenos Aires,
mayo de 1992, p.3.

[4] Peter BOYD-BOWMAN, Índice geobiográfico de cuarenta mil pobladores españoles de América en
el siglo XVI, Instituto Caro y Cuervo Jus, Bogotá, México 1964-1968, 2 v; La emigración española a
América: 1560-1579,Editorial Gredos, Madrid, 197, p. 123-147.

[5] Magnus MÖRNER, Aventureros y proletarios: los emigrantes en Hispanoamérica, Mapfre, Madrid,
1992; “La emigración española al Nuevo Mundo antes de 1810 : un informe del Estado de la
investigación”, En: Anuario de estudios americanos, Nº 32, 1975 , pp. 43-131; Evolución demográfica
de Hispanoamérica durante el período colonial, Institute of Latin American Studies, Stockholm, 1979;
European travelogues as sources to Latin american history from the late eighteenth century until 1870,
Institute of Latin American Studies, Stockholm, 1981.

[6] César R. YÁÑEZ GALLARDO, La emigración española a América: siglos XIX y XX. Dimensión y
características cuantitativas, Archivo de Indianos, Gijón, 1994; Emigración ultramarina y familia
catalana en el siglo XIX: Los Moreu Rabassa de Calella, Caixa d'Estalvis Laietana, Barcelona, 1995;
Saltar con red : la temprana emigración catalana a América ca. 1830-1870, Alianza, Madrid, 1996.

[7] Nicolás SÁNCHEZ-ALBORNOZ, La población de América Latina: desde los tiempos precolombinos
al año 2025, Alianza, Madrid 1994;(comp.) Españoles hacia América: la emigración en masa 1880-
1930, Alianza, Madrid 1988; La población de América Latina desde los tiempos precolombinos al año
2000, Alianza Editorial, Madrid, 1973; y José Luis MORENO, La población de América Latina :
Bosquejo histórico, Paidos, Buenos Aires 1968.

[8] Salvador PALAZÓN FERRANDO, Capital humano español y desarrollo económico latinoamericano
: evolución, causas y características del flujo migratorio (1882-1990), Institut de Cultura Juan Gil-Albert,
Alicante 1995; Los españoles en América latina : 1850-1990, Fundación Centro Español de Estudios de
América Latina, Madrid 1995.
[9]Antonio EIRAS ROEL (Ed.) y ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE HISTORIA MODERNA. REUNIÓN
CIENTÍFICA (1ª. 1989. Madrid) La emigración española a Ultramar, 1492-1914: ponencias y
comunicaciones presentadas en la I Reunión Científica de la Asociación Española de Historia Moderna,
que tuvo lugar en Madrid del 11 al 13 de diciembre de 1989, Ediciones Tabapress, Madrid, 1991; (coord.)
y Asociación de Demografía Histórica . Congreso Emigración española y portuguesa a América: (actas
del II Congreso de la Asociación de Demografía Histórica, Alicante, Abril, 1990, Instituto de Cultuta
Juan Gil-Albert ; Seminari d'Estudis sobre la Població del País Seminari d'Estudis sobre la Població del
País Valencià, Alicante 1991; (Org.) y Congreso Internacional de Ciencias Históricas (1990. Madrid)
Long distance migrations, 1500-1900: [17e Colloque organisé les] mercredi 29 et jeudi 30 août 1990 a
Madrid , Commission Internationale de Démographie Historique, Paris 1990; y Ofelia REY CASTELAO
(Eds.) Les migrations internes et à moyenne distance en Europe = Migraciones internas y medium-
distance en la Península Ibérica: 1500-1990, Xunta de Galicia. Conselleria de Educación e Ordenación
Universitaria, Santiago de Compostela, 1994. y Ofelia REY CASTELAO, Los gallegos y América ,
Mapfre, Madrid, 1992

[10] Fernando J. DEVOTO Del crisol al pluralismo...p. 3; y Francisco de SOLANO, “Algunas


consideraciones sobre demografía histórica : problemas en el cálculo de la población en la América
hispana (1492-1800)”, Revista de la Universidad de Madrid, Vol. XX, N° 79, Madrid 1972.

[11] “Conviene tener presente que, a la manera de epíteto, los documentos revolucionarios y
especialmente los periódicos más inflamados llamaban “europeos” a los realistas en general, con el
mismo sentido peyorativo con que los denominaban “sarracenos” o “godos”.Tal generalización se
correspondía de manera inversa con el sentido patriótico que se daba al término “americano”. La
necesidad de separar totalmente lo perteneciente a uno y otro continente llevó a considerar como
degradante el término “hispano-americano”, como se sostenía en 1819 en el N° 6 del periódico El
Americano, de Buenos Aires, dirigido por Pedro Sáez de Cavia.” Roberto ETCHEPAREBORDA “El
americano, un vocero de la época del Directorio”, en Academia Nacional de la Historia Cuarto Congreso
internacional de historia de América, T.V., Buenos Aires, 1966. Citado por Edmundo HEREDIA A.,
Los vencidos. Un estudio sobre los realistas en la guerra de independencia hispanoamericana. Programa
de Historia de las relaciones interamericanas CIFFYH, Universidad de Córdoba, Córdoba Argentina,
1997.p. 12

[12] Luis Miguel GLAVE “Epilogo. Entrevista con Francois-Xavier Guerra: Considerar el periódico
mismo como un actor”. En: Debate y Perspectiva, Fundación Mapfre Tavera, N° 3, Diciembre de 2003,
p.195.

[13] Esta argumentación tradicional respecto de la participación indígena en el proceso bélico de las
independencias tiene un claro tinte economicista, descartando otros elementos como la lealtad a la palabra
empeñada por los indígenas de defender al monarca de los ataques que sufra en esos territorios.

[14] Ver para el caso de la represión en Buenos Aires: Hugo Raúl GALMARINI, “Los españoles de
Buenos Aires después de la Revolución de Mayo: la suerte de una minoría desposeída del poder”, en
Revista de Indias, N° 178, Vol., XLVI, Julio Diciembre de 1986, pp103-122; y “Los prisioneros realistas
en el río de la Plata: Breve historia de sus desventuras”, en Revista de Indias, N° 179, Vol., XLVII, Enero
Abril de 1987, pp103-122.

[15] “En este flujo participaron por igual peninsulares y criollos que por razones económicas, de
seguridad y/o ideológicas, abandonaban el continente conmocionado y buscaban refugio en el único lugar
que, bajo la bandera española, exhibía paz y prosperidad” En: Manuel MORENO F. y José MORENO
M., Guerra, migración y muerte (El ejército español en Cuba como vía migratoria). Ediciones Jucar,
Asturias 1993. pp.46-47.

[16] Ver: Edmundo HEREDIA A., Los vencidos...pp.93-147.

[17] “Ya a finales de la contienda, las autoridades de la gran Colombia habían dispuesto formar un
padrón de los españoles y canarios allí residentes, con la instrucción de que aquellos que no constasen
con carta de naturaleza –documento muy difícil de obtener por los de esa nacionalidad– debían
presentarse de inmediato a la autoridad policial. El paso siguiente era la expulsión”. En: Edmundo
HEREDIA A., Los vencidos...p. 69.
[18] “El más riguroso escepticismo no puede dudar que la discordia civil ha producido en América tantos
si no mayores estragos que en las otras partes del mundo; enemistades, rencores, persecuciones, rapiñas,
matanzas, trasiego continuo del poder y la riqueza, y a lo que todo esto es consiguiente, desamparo de la
agricultura, abandono de las artes, emigración, pobreza y ruinas universales. Si este no es el verdadero
cuadro de todas aquellas provincias, a qué otra causa puede atribuirse la incesante avenida de refugiados
que abandonando sus bienes y renunciando a las afecciones más dulces, corren a guarecerse en Cuba,
Puerto Rico y la Península o se derraman por reinos extraños? Harto patentes están estos desastres para
que necesiten comprobación. Toda Europa se resiente de ellos, y anhelan su remedio”. Del consejo de
Indias a Fernando VII, Madrid, 10 de junio de 1824. Citado por Edmundo HEREDIA A., Los
vencidos...p.87.

[19] La mayor parte de la historiografía de las migraciones que estudia el siglo XIX, dedica su atención al
traspaso masivo de europeos a América durante las décadas finales de ese siglo.

[20] Fernando J. DEVOTO Del crisol al pluralismo... El autor en este breve estado de la cuestión intenta
explicar porqué la historiografía de la migraciones, de europeos a América, no se comienza desarrollan
sino hasta la década de 1950 a nivel general y en la Argentina.

[21] Fernando J. DEVOTO Del crisol al pluralismo...p. 2.

[22] “lo innecesario de elegir como objeto de estudio un conglomerado social (los migrantes) percibido
como demasiado heterogéneo para ser considerado como un actor social al cual fuera posible atribuir un
rol específico en el desarrollo histórico. Si esas características dificultaban la percepción de utilidad que
podía tener en la comprensión del proceso histórico de los países expulsores de población, en el caso de
los países receptores se superponía a ellas la noción de la no menor utilidad que podía tener el ocuparse
de un sujeto social que por la disolución rápida de su identidad originaria tendía a convertirse en otro. Por
lo demás, la dispersión geográfica de las fuentes, los límites de las mismas (en especial de las
cuantificables) para estudiar grupos no estáticos sino en movimiento, así como la inevitable
interdisciplinariedad que exigía el argumento constituían probablemente obstáculos adicionales a la
expansión de los estudios migratorios”. En: Fernando J. DEVOTO Del crisol al pluralismo...p. 3.

[23] Un buen ejemplo de ello es la extensa colección de publicaciones editadas por Mapfre en su
colección 1492 “Las Españas y América” donde se intenta mostrar los aportes de cada región española a
toda América. Ver: Mario HERNÁNDEZ SÁNCHEZ-BARBA, Castilla y América ,Mapfre, Madrid
1992; Mariano CUESTA DOMINGO, Extremadura y América, Mapfre, Madrid 1992; Francisco
MORALES PADRÓN, Andalucía y América, Mapfre, Madrid 1992; Bartolomé ESCANDELL BONET,
Baleares y América, Mapfre, Madrid 1992; Manuel BALLESTEROS GAIBROIS, Valencia y América,
Mapfre, Madrid 1992; ASÍN, Francisco Aragón y América, Mapfre, Madrid 1992; Consuelo
SOLDEVILLA ORIA, Cantabria y América , Mapfre, Madrid 1992; Estíbaliz RUIZ DE AZUA Y
MARTÍNEZ DE EZQUERECOCHA, Vascongadas y América, Mapfre, Madrid 1992; Juan Bautista
VILAR, Los murcianos y América, Mapfre, Madrid 1992; Juan Ignacio SÁENZ-DÍEZ, Los riojanos en
América , Mapfre, Madrid 1992; Jesús Jerónimo RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, Asturias y América,
Mapfre, Madrid 1992; José ANDRÉS-GALLEGO, (Coordinador) Navarra y América , Mapfre, Madrid
1992; María Elisa MARTÍNEZ VEGA, Madrid y América : 500 años de historia, Mapfre, Madrid 1992;

[24] Es interesante apuntar que Heredia es un investigación que ha dedicado gran parte de su trabajo a los
procesos de independencia americanos, por tanto un historiados de la política que observa este proceso
migratorio y lo estudia, claro, sin olvidar su temática.

[25] Edmundo HEREDIA A., Los vencidos...p.8

[26] Edmundo HEREDIA A., Los vencidos...pp. 65-66.

[27] “hasta el primer cuarto del siglo XX, la historia del país se relaciona estrechamente con la llegada de
inmigrantes y la forma de su inserción en el complejo nacional, así como con las tensiones y los
incidentes que se derivan de su presencia.” En: Jordi MALUQUER DE MONTES Nación e inmigración:
Los españoles en Cuba (ss. XIX y XX), Ediciones Jucar, Asturias, 1992, pp. Prologo.
[28] Si bien la aportación inmigratoria africana es importantísima para entender tanto la realidad Cubana
como la Puertorriqueña, en este estado de la cuestión los analizaremos a menos que formen parte del
contingente desplazo por las guerras de independencia. Respecto de la incorporación de los esclavos
africanos existe una abundante bibliografía.

[29] Maluquer realiza un análisis para el siglos XIX, propone dividir el siglo en tres periodos
comprendidos entre los años: a) 1789-1837; b) 1837-1868; y c) 1868 –1898; cada una de ellas con
variaciones en magnitudes, ritmos y grupos migrantes. Para el análisis bibliográfico nos centraremos en el
primero de los periodos en citados. Ver: Jordi MALUQUER DE MONTES Nación e inmigración... pp
23-59.

[30] Las autoridades coloniales de Cuba solicitan al monarca en reiteradas oportunidades el


establecimiento de una política migratoria que incentive la llegada de población blanca con el objeto de
contrarrestar el predominio de la población Negra, mayoritaria en la isla desde 1817 –según el censo de
ese año– fundamentalmente por el temor a una sublevación. Para ello contó con el apoyo de la elite
terrateniente local, quien participa del miedo colectivo a la sublevación negra. Respecto de este tema la
bibliografía es más abundante: Ismael SARMIENTO RAMÍREZ Cuba entre la opulencia y la pobreza,
Madrid, Agualarga editores, 2004, pp. 34-35; José CAYUELA FERNÁNDEZ “El nexo colonial de una
transición: élite antillana y capitanes generales en Cuba”, en Consuelo NARANJO OROVIO y Tomás
MALLO GUTIÉRREZ Cuba la perla de las antillas. Actas de las I jornadas sobre Cuba y su historia,
Doce Calles, Madrid 1994, pp.241; Maria Dolores GOZÁLEZ-RIPOLL NAVARRO Cuba, la islas de los
ensayos. Cultura y sociedad (1790-1915). Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 1999,
pp. 114 y ss. y Coralia ALONSO VALDÉS “Consideraciones Generales sobre la inmigración española:
siglo XIX”, en Nuestra Historia Común. Poblamiento y nacionalidad, Editorial de Ciencias Sociales, La
Habana, 1993, p.111 –112.

[31] Rosario MÁRQUEZ MACÍAS, “La persistencia de un modelo migratorio: Cuba 1825-1835, en
Josef OPATRNÝ Cambios y revoluciones en el Caribe hispano de los siglos XIX y XX, Universidad
Carolina de Praga, Editorial Karolinum, Praha, Republica Checa, 2004.

[32] “Entre otros puntos el tratado de Paz estipulaba la evacuación de las plazas, puertos y villas de todas
las tropas españolas un mes después de la ratificación del mismo. Pero más importante que ese punto era
el que concedía un año plazo, a contar de la fecha de firma del tratado, a todas las familias que “por sus
intereses u otros motivos” quisiesen trasladarse con sus bienes a otros dominios del rey en las indias”. En;
Carlos ESTEBAN DEIVE, Las emigraciones Dominicanas a Cuba (1795-1808), Fundación Cultura
Dominicana, Santo Domingo, 1989, p. 12.

[33] Carlos ESTEBAN DEIVE, Las emigraciones Francesas a santo Domingo. (1789-1801) Universidad
Nacional Pedro Henríquez Ureña, Santo Domingo, Republica Dominicana, 1984

[34] Rosario SEVILLA SOLER, Santo Domingo, frontera francoespañola. Consecuencias de la


presencia francesa en la isla La Española, en: Francisco de SOLANO y Salvador BERNABEU, Estudios
(Nuevos y Viejos) sobre la frontera, CSIC, Madrid, 1991, pp. 171-172 y Rosario SEVILLA SOLER,
Santo Domingo tierra de frontera (1750-1800), Escuela de Estudios Hispano–Americanos de Sevilla,
Sevilla, 1980, pp.378-388.

[35] Carlos ESTEBAN DEIVE, Las emigraciones Francesas a Santo Domingo. (1789-1801) Universidad
Nacional Pedro Henríquez Ureña, Santo Domingo, Republica Dominicana, 1984.pp. 7;

[36] “El gobernador español vio en las luchas internas de la colonia vecina la posibilidad de arrojar a los
franceses de toda la isla , y de la primitiva neutralidad y respeto a los tratados existentes se va a pasar a
una intervención solapada a favor de los negros sublevados.” Rosario SEVILLA SOLER, Santo
Domingo, frontera francoespañola... p. 173; Rosario SEVILLA SOLER, Santo Domingo tierra... pp.378-
388. Esta investigadora española ha desarrollado a lo largo de su vida académica en el Consejo Superior
de Investigaciones Científicas una serie de trabajos, sobre el mundo hispánico caribeño, los que serán
citados a lo largo del trabajo, estos han contribuido enormemente al conocimiento de la zona durante los
siglos XVIII y XIX.
[37] Carlos ESTEBAN DEIVE Las emigraciones Dominicanas... p.25.

[38] J. PÉREZ DE LA RIVA “La implantación francesa en la cuenca superior del Cauto”, en El
Barracón y otros ensayos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, p.374

[39] “Entre los miles de franceses llegados a Santiago había militares derrotados, funcionarios sin
empleo, comerciantes arruinados, artesanos, lumpen urbano y también un centenar o dos de antiguos
administradores o propietarios de plantaciones. Este último grupo fue el que se internó en la Sierra. Los
más levantaron timbiriches, teatros y prostíbulos. Algunos daban clases de francés, otros de historia y
geografía o de bordado y cocina, o vendían horchata por las calles, y entre todos organizaban rifas y
espectáculos”. En: J. PÉREZ DE LA RIVA “La implantación francesa... p.371.

[40] Hugh THOMAS, Cuba la lucha por la libertad (1762-1909), Ediciones Grijalbo, Barcelona, 1973,
p.112-113.

[41] J. PÉREZ DE LA RIVA “La implantación francesa... p.376; y Hugh THOMAS Cuba la lucha...
p.113

[42] Maria Rosario SEVILLA SOLER Las antillas y la independencia de la América española (1808-
1826), Escuela de Estudios Hispano-Americanos de Sevilla, Consejo Superior de Investigaciones
Científicas, Madrid 1986.

[43] J. PÉREZ DE LA RIVA “La implantación francesa... p.376; y Duvon C. CORBITT “Immigration in
Cuba” Hispanic American Historical Review, Vol, 22, N° 2, mayo 1942, p.287.

[44] “En un principio, la emigración, según las disposiciones reales, se dirigiría a Cuba, donde los
transterrados recibirían como compensación el equivalente de las propiedades que disfrutaban en Santo
Domingo. El transporte, gratuito, se efectuaría en los buques de la escuadra... Otros pormenores de la
prevista evacuación tenían que ver con el abastecimiento de víveres, escasos a causa de la recién
concluida guerra, para lo cual se dispuso enviar a La Habana cuantos se hallasen depositados en los
almacenes oficiales, así como los que pudiesen acopiar los particulares de sus propias haciendas”. En:
Carlos ESTEBAN DEIVE, Las emigraciones Dominicanas... pp. 12-13

[45] Véase: Carlos ESTEBAN DEIVE, Las emigraciones Dominicanas... p. 7 y 21; Jordi MALUQUER
DE MONTES, Nación e inmigración... p. 27.

[46] Maria Dolores GONZÁLEZ-RIPOLL y Luis GARCÍA MORALES, El Caribe en la época de las
independencias, Universidad Michoacana de San Nicolás Hidalgo, México, 1987, p. 70.;

[47] Rosario SEVILLA SOLER, Santo Domingo tierra... p.399.

[48] Francisco de SOLANO, “Inmigración latinoamericana a Puerto Rico (1800/1898)” en: Revista de
Indias, CSIC, Madrid, 1992, v. LII, N° 195/196, p. 926.

[49] Carlos ESTEBAN DEIVE, Las emigraciones Dominicanas... pp.86.-87

[50] “El primer motivo de emigración para los hacendados fue el de evitar las consecuencias de la
abolición de la esclavitud y conservar sus dotaciones de esclavos. Pero, después, la invasión de Toussaint
Louverture y las atrocidades siguieron alimentando el éxodo de grupos sociales diversos. En cualquier
caso, su número total –unos 4000 –es muy inferior al de los inmigrantes de la parte francesa.” En: Jordi
MALUQUER DE MONTES, Nación e inmigración... pp. 27;

[51] Carlos ESTEBAN DEIVE, Las emigraciones Dominicanas... p. 8.

[52] “Juntas celebradas con motivo de la traslación de las familias de la isla de Santo Domingo”, AGI,
Cuba 1497-A. Citado por Carlos ESTEBAN DEIVE, Las emigraciones Dominicanas... p.22.
[53] Carlos ESTEBAN DEIVE, Las emigraciones Dominicanas... p.22.

[54] Dicho informe es citado por Carlos ESTEBAN DEIVE, Las emigraciones Dominicanas... p.118

[55] Carlos ESTEBAN DEIVE, Las emigraciones Dominicanas... pp. 120-128.

[56] Frank MOYA PONS, El pasado dominicano, Fundación Caro Álvarez, Santo Domingo, 1986, pp.
36-38. Citado por Carlos ESTEBAN DEIVE, Las emigraciones Dominicanas... p.131.

[57] Rosario SEVILLA SOLER, Santo Domingo tierra... pp. 33-39 y 401-402.

[58] Carlos ESTEBAN DEIVE ,Las emigraciones Dominicanas... p.132.

[59] Jordi MALUQUER, “Cuba y Puerto Rico”, en José María Jover Zamora (Dir.) Historia de España
Menéndez Pidal, Espasa Calpe, Madrid, 2001, T. XXXII, Vol. II, p. 262.

[60] No pretendo insinuar que las tropas realistas o criollas , por sí mismas, no hayan sido sanguinarios en
su actuar, pues existe evidencia de lo contrario.

[61] Una buena síntesis de estos últimos hechos lo encontramos en Blas BRUNI CELLI, Los Secuestros
en la Guerra de Independencia, Academia Nacional de la Historia, Caracas 1965; Guillermo BOZA,
Estructura y Cambio en Venezuela republicana. El período independentistas, Editorial Equinoccio,
Caracas, 1978, pp.59-76.

[62] Este tipo de medida se radicaliza desde 1812 a la razón de las ordenes implantadas por Domingo
Monteverde quién ordena “No dejar con vida a ninguno de los miserables criollos que fomentan estas
disensiones... No hay más... que un gobierno militar: pasar a todos estos picaros por las armas”. Teniente
Zerberis Carta al General Domingo Monteverde desde Río Caribe. Citado por Guillermo BOZA,
Estructura y Cambio en Venezuela... p.59. El círculo de muerte se cierra cuando Simón Bolívar decreta
la Guerra a Muerte a todos los españoles el año de 1813..

“Más estas victimas serán vengadas. Estos verdugos serán exterminados. Nuestras bondad se agotó ya, y
puesto que nuestros opresores nos fuerzan a una guerra mortal, ellos desaparecerán de América, y
nuestras tierra será purgada de los monstruos que la infectan. Nuestro Odio será implacable, y la guerra
será a muerte”. En: Simón Bolívar, Discursos y proclamas, París, 1913. Citado por José Luciano
FRANCO, El gobierno colonial de Cuba y la Independencia de Venezuela, Estudios Monográficos Casa
de América, La Habana, 1970. p. 44.

[63] Guillermo BOZA, Estructura y Cambio en Venezuela... p.60.

[64] Edmundo HEREDIA, Los vencidos... p.68

[65] “Los efectos de la guerra sobre el número de habitantes, que en algunas regiones del país fueron
devastadores, han sido estimados por la historiografía en un cuarto de la población total del país, sumando
las muertes y el efecto de la emigración.” En: Adela PELLEGRINO, Historia de la inmigración en
Venezuela siglos XIX y XX, Academia Nacional de Ciencias Económicas, Venezuela, 1989. pp, 21;
además: Nicolás SÁNCHEZ ALBORNOZ , “Demografía y Sociedad”, en: Enrique BARBA y otros
(dir.), Iberoamérica, Una Comunidad, Ediciones Cultura Hispánica, Madrid 1989, p.520.

[66] En ambos trabajos Franco sostiene que el Gobierno Colonial Cubano es el eje de las acciones
represivas contra las insurgencias americanas, siendo éste la principal fuente de financiamiento. Un caso
que desarrolla en estos dos textos es el del ejército comandado por Morillo que constantemente solicitaba
recursos e incluso realizaba compras que debían ser pagadas por la hacienda habanera.

[67] Hugh THOMAS, Cuba la lucha... p.130. Para sostener su argumento pone como ejemplo que “en los
doce meses entre el 1° de diciembre de 1818 y el 30 de noviembre de 1819, arribaron a Cuba 1332
inmigrantes, de los cuales 416 eran españoles; 389 franceses...” en: Hugh THOMAS, Cuba la lucha...
p.140.

[68] José Luciano FRANCO, Documentos para la historia de Venezuela existentes en el Archivo
Nacional de Cuba, Archivo nacional de Cuba, Cuba, 1960, p. LVI.

[69] “la ciudad y el puerto de Santiago de Cuba habían adquirido una gran importancia por sus frecuentes
comunicaciones con aquellos puntos del caribe donde los realistas españoles se sostenían. Y, a dicho
puerto llegaron, en enero de 1813, el bergantín Luxan y la balandra Tres Hermanos, ambos españoles,
procedentes de Santa Marta con familias que huyeron de aquella plaza de la que se habían apoderado los
insurgentes de Cartagena; un total de ciento quince personas, de las cuales veinte y seis eran oficiales y
soldados de aquella guarnición [Se ordenó que ellos pasaran a Portobelo para ponerse a disposición del
virrey de santa fe]” Citado en: José Luciano FRANCO, Documentos para la historia de Venezuela... pp.
LV-LVI.

[70] Archivo Nacional de Cuba, Asuntos políticos, leg. 124, N° 96. Citado en José Luciano FRANCO,
Documentos para la historia de Venezuela... p.150.

[71] “Entre los días 8 y 9 de agosto de ese año [1823], llegaron al Puerto de Santiago de Cuba las goletas
mercantes españolas Neptuno y Cubana, trayendo de Maracaibo oficialidad y tropas. Muchos oficiales y
soldados estaban enfermos, y otros heridos en los combates entre la escuadra española... y la
colombiana”. En: José Luciano FRANCO, El gobierno colonial de Cuba... p.90.

[72] “El 28 de agosto entraba en el puerto de Santiago de Cuba la goleta española Especuladora, trayendo
a bordo al mariscal de campo Francisco Tomás Morales... con el resto de las tropas, vencidas y
capituladas” José Luciano FRANCO, El gobierno colonial de Cuba... p.90.

[73] Ismael SARMIENTO RAMÍREZ, Cuba entre la opulencia... pp. 42; Maria Dolores GOZÁLEZ-
RIPOLL NAVARRO, Cuba, la islas de los ensayos. Cultura y sociedad (1790-1915). Consejo Superior
de Investigaciones Científicas, Madrid, 1999, p. 114.

[74] Maria Dolores GOZÁLEZ-RIPOLL NAVARRO, Cuba, la islas de los ensayos... p. 117

[75] José CAYUELA FERNÁNDEZ, “El nexo colonial... pp.241.

[76] Para Esteban Deive el aporte de ellos se basa en que “esos franceses eran propietarios de unidades
productivas y mientras residieron en Saint Domingue se mantuvieron al frente de sus negocios. Sus
conocimientos y su experiencia contribuyeron eficazmente al proceso de transformación de la estructura
agraria de cubana”. En: Carlos ESTEBAN DEIVE, Las emigraciones Dominicanas... p.132.

[77] José CAYUELA FERNÁNDEZ “El nexo colonial... pp.241-242.

[78]

Población de Cuba entre 1774-1841

Año Blanca % De Color % Total Crecimiento

Base censo anterior


1774 96340 56.13 75280 43.87 171620
1791 153559 56.39 118742 43.61 272301 58.66%
1817 239830 43.37 313203 56.63 553033 103,09%
1827 311051 44.16 393436 55.84 704487 27.38%
1841 418291 41.52 589333 58.48 1007624 43.02%

Fuente Censos de Población de Cuba, citados por Jordi MALUQUER DE MONTE, Nación e
inmigración: Los españoles en Cuba (ss. XIX y XX).
[79] Candelaria SÁIZ PASTOR, “El colonialismo español en el caribe durante el siglo XIX: El caso
cubano, 1833-1868”, en Consuelo NARANJO OROVIO y Tomás MALLO GUTIÉRREZ, Cuba la perla
de las antillas. Actas de las I jornadas sobre Cuba y su historia, Doce Calles, Madrid 1994, pp.215.

[80] María Dolores LUQUE DE SÁNCHEZ “Aportaciones y apropiaciones extranjeras: Los inmigrantes
en la historiografía puertorriqueña”, en: Op. Cit. Boletín de Investigaciones Históricas, Facultad de
Humanidades, Universidad de Puerto Rico, N° 4, 1988-1989, p. 62.

[81] Respecto de las migraciones que Estela Cifre identifica para el siglo XIX, diferencia una extensa
etapa que va desde 1800 a 1850 donde sitúa temporalmente a los exiliados realistas y su paso a Puerto
Rico. Respecto de los orígenes nacionales es coincidente con el caso cubano, pues reconoce, en su
catálogo a dominicanos, haitianos y venezolanos. Ver Estela CIFRE DE LOUBRIEL, La inmigración a
Puerto Rico durante el siglo XIX, Instituto de Cultura Puertorriqueña, San Juan de Puerto Rico 1964.pp.
XLIX-L.

[82] Ivette PÉREZ VEGA, “El efecto económico, social y político de la emigración de Venezuela en el
sur de Puerto Rico (Ponce), 1810-1830”, en: Revista de Indias, CSIC, Madrid, 1987, vol. XLVII, n° 181 y
Ivette PÉREZ VEGA, “Emigrantes de Venezuela en Puerto Rico. Actitudes y mentalidades de una
familia en crisis: economía y herencia. Los Vega en Ponce (1818-1831), Historia y Sociedad,
Departamento de Historia, Universidad de Puerto Rico, Año V, 1992.

[83] Ivette PÉREZ VEGA, “Emigrantes de Venezuela... pp. 26.

[84] Estela CIFRE DE LOUBRIEL, La inmigración a Puerto Rico... p. LIX.

[85] Ivette PÉREZ VEGA, “Emigrantes de Venezuela... p. 26.

[86] Ivette PÉREZ VEGA, “Emigrantes de Venezuela... p. 28; y Francisco de SOLANO“Inmigración


latinoamericana... p.938.

[87] El “Gobernador de Puerto Rico, don Salvador Meléndez, invitando a los habitantes descontentos en
Tierra Firme a buscar amparo en la Isla”. Estela CIFRE DE LOUBRIEL, La inmigración a Puerto Rico...
p. LXI

[88] “motivo de esa preferencia emigratoria: ...tenía la ocasión de prolongar allí situaciones sociales de
antiguo régimen.... pervivencia de la esclavitud”. En: Francisco de SOLANO“Inmigración
latinoamericana... p.925 y Estela CIFRE DE LOUBRIEL, La inmigración a Puerto Rico... p. LXI.

[89] Francisco de SOLANO, “Inmigración latinoamericana... p.925.

[90] Francisco de SOLANO, “Inmigración latinoamericana... p.937.

[91] Estela CIFRE DE LOUBRIEL, La inmigración a Puerto Rico... p. LXXXVI

[92] “Proviniendo de suelo americano –ya fuese español o criollo, o de otras potencias–los inmigrantes
blancos casi en su totalidad, son americanos de nacimiento o han vivido largos años en las indias:
conocedores del medio, adaptados, experimentados, con señalado nivel cultural y social, su instalación en
Puerto Rico contribuirá a consolidar una mentalidad conservadora, favoreciendo su arraigo con la tierra
que los acoge”. En Francisco de SOLANO, “Inmigración latinoamericana... p.924.

[93] “Pero, como la crítica situación del Erario, no tolerase por mucho tiempo tales erogaciones, ya
entonces, aquéllos dispusieron que a las importaciones de Costa Firme se les exigiesen, además de los
ordinarios, los siguientes derechos en moneda metálica: ocho reales por fanega de cacao, ocho reales por
quintal de añil, dos reales por quintal de café y diecisiete maravedises por cada cuero, todo –se declaraba
–con destino al fondo para la manutención de los inmigrados, lo cual contribuyó a aliviar, aunque no
siempre, la triste situación de estos.” En: Lidio CRUZ MONCLOVA, Historia de Puerto Rico (siglo
XIX), Editorial Universitaria, Universidad de Puerto Rico, España, 1970. (5VOL), Tomo I, pp.68-69.
[94] “Aunque algunos de estos emigrados aportaron al país unos cuantos caudales la mayor parte del
grupo integrado por viudas, militares y funcionarios públicos representaron, de inmediato un problema
para el país. Las miserables condiciones en que llegaron éstos a Puerto Rico obligó al gobierno a tomar
medidas extremas como la fijación de un impuesto sobre varios productos para poder sostenerlos. Así
mismo fue necesario la creación de nuevos empleos para colocar a los desocupados” Eli D OQUENDO
RODRÍGUEZ, “Guayama y el impacto inmigratorio a Puerto Rico”, en: Revista Horizonte, Pontificia
Universidad Católica de Puerto Rico, octubre 1995-abril de 1996, año XXXVII, n° 73-74. p. 114.

[95] “diferencias sociales van a pervivirse durante el siglo XIX en la distribución de las ayudas
económicas a los emigrados carentes de recursos”. Francisco de SOLANO“Inmigración
latinoamericana... p.932.

[96] Estela CIFRE DE LOUBRIEL, La inmigración a Puerto Rico... p. LXIX

[97] Estela CIFRE DE LOUBRIEL, La inmigración a Puerto Rico... p. LX; y Eli D OQUENDO
RODRÍGUEZ,. “Guayama y el impacto inmigratorio... p. 111.

[98] María D GONZÁLEZ-RIPOLL NAVARRO y Luis Miguel GARCÍA MORA, El caribe en la


época... p.16.

[99] “hubo una invasión pacifica de numerosos emigrantes de Venezuela, pero no fue gente sin recursos
la que debió llegar, ya que participaron en el desarrollo de las haciendas y en el comercio de tiendas y
almacenes y, junto a los extranjeros controlaron mayormente la producción y exportación de azúcar, el
comercio prestario, el financiamiento de haciendas y el trafico de esclavos” Ivette PÉREZ VEGA, “El
efecto económico... p.875.

[100] Francisco de SOLANO“Inmigración latinoamericana... p.932; y Lidio CRUZ MONCLOVA,


Historia de Puerto Rico, T. I, pp.68-69.

[101] Ninguno de los autores utilizados en éste estado de la cuestión hace referencia a los mecanismos de
perdida de los beneficios otorgados a los inmigrantes.

[102] “Como la situación del erario, sin embargo, no tolerase los crecidos gastos que acarreaban el
sostenimiento de los numerosos inmigrantes llegados a la isla y el pago de los sueldos de los militares y
empleados a quienes el general Francisco Tomás Morales había dado pasaporte para trasladarse desde
Venezuela a Puerto Rico, reunidos, los gobernadores Civil y Militar, el intendente, dos individuos de la
Diputación Provincial , dos del ayuntamiento capitaleño y los Comandantes de ingenieros y artilleros,
acordaron el envío de los solteros y de los que no eran indispensables, ya a la Península, ya a Cuba, ya a
otros puntos de América no ocupado por los revolucionarios. En tal guisa, durante el curso de los años
1821 y 1822 se ausentaron de la isla numerosos inmigrados. Para La Habana salieron en la goleta correo
Superior , convoyada por el correo el Realista, treinta oficiales, y entre asistentes y familias de éstos hasta
el número de ochenta y cinco. En el bergantín goleta Celia salieron otros tantos. Al paso que, en otros
buques, habilitados para el servicio, se verificaron otros traslados”. En: Lidio CRUZ MONCLOVA,
Historia de Puerto Rico... Tomo I, Infra p.168 y Sebastián GONZÁLEZ GARCÍA, “El aniquilamiento
del ejército expedicionario de Costa Firme (1815-1823)”, en Estudios sobre la Emancipación de
Hispanoamérica. Contribución al Sexquicentenario de la Emancipación, Consejo Superior de
Investigaciones Científicas, Madrid, 1961, p.279

[103] “La reconquista de Santo Domingo en 1808 paralizó un tanto la inmigración de dominicanos, pues
nuestra investigación recoge muy pocos hasta 1822. A partir de esa fecha comienzan de nuevo a arribar
dominicanos a Puerto Rico debido a nuevos disturbios. La revolución iniciada por Núñez de Cáceres... La
llegada... casi se paralizó después de 1830”. En: Estela CIFRE DE LOUBRIEL, La inmigración a Puerto
Rico... p. LX.

[104] Las primeras noticias de lo que está aconteciendo en Venezuela se infiltran a Puerto Rico, a través
de los informes procedentes de los militares españoles que residían en aquel país....
La noticia se hace publica, cuando llegan a la isla unos fugitivos de La Guaira: dos oficiales y cuarenta y
siete soldados. Poco después, expulsado por los insurrectos, llega el gobernador de Cartagena don Toribio
Montes y, desde Maracaibo, tres agentes de la Junta revolucionaria caraqueña, a quienes las autoridades
españolas encarcelan inmediatamente en la prisión dl Castillo del Morro”. En: Maria Asunción GARCIA
OCHOA, La política española en Puerto Rico durante el siglo XIX, Editorial de la Universidad de Puerto
Rico, Río Piedras, 1982, p. 116.

[105] “los primeros emigrados procedentes de Costa Firme que arribaron a Puerto Rico fueron
comerciantes catalanes y vizcaínos quienes presintiendo el inminente peligro que se avecinaba
abandonaron el país.

Sin embargo, la avalancha inmigratoria venezolana se precipitó a la Isla luego que los ejércitos realistas
sufrieran la aplastante derrota de Carabobo en 1821 y capitularan las ciudades de Cumaná y Puerto
Cabello”. En: Eli D. OQUENDO RODRÍGUEZ, “Guayama y el impacto inmigratorio a Puerto Rico”,
en: Revista Horizonte, Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, octubre 1995-abril de 1996, año
XXXVII, N° 73-74. p. 112-113.

[106] Estela CIFRE DE LOUBRIEL, La inmigración a Puerto Rico... p. LXI.

[107] “El intendente D. Alejandro Ramírez, el año 1813, propuso al gobernador D. Salvador Meléndez
permitiera la introducción en el país, procedente de Venezuela, de la moneda sin cordoncillo llamada
macuquina. Los emigrados venezolanos habían traído ya algunas cantidades. Esta moneda de mala
acuñación aunque de buena pasta, no era aceptada en los países extranjeros , de modo que favoreció
grandemente la corriente emigratoria venezolana hacia Puerto Rico”. Cayetano COLL Y TOSTE, “La
moneda macuquina”, En Boletín Histórico de Puerto Rico, N° 5, T.I, San Juan de Puerto Rico,
septiembre-octubre 1914,p. 113.

[108] “Los emigrantes de Venezuela llegaban a Puerto Rico primordialmente a través de [Curazao,
Jamaica, Martinica y] Santomás, gran centro mercantil de la época”. En: Ivette PÉREZ VEGA,
“Emigrantes de Venezuela... p. 28; y Francisco de SOLANO, “Inmigración latinoamericana... p.938.

[109] “Vista desde el plano político algunos historiadores han argüido que la llegada de los realistas
venezolanos a Puerto Rico contribuyo a consolidar el conservadurismo y lealtad a España...”. En: Eli D.
OQUENDO RODRÍGUEZ, “Guayama y el impacto inmigratorio... p. 113.

[110] Maria Asunción GARCÍA OCHOA, La política española en Puerto Rico durante el siglo XIX,
Editorial de la Universidad de Puerto Rico, Río Piedras, 1982, pp. 120.

[111] Eli D. OQUENDO RODRÍGUEZ, .“Guayama y el impacto inmigratorio... p. 113.

[112] Francisco SCARANO, “Inmigración y estructura de clases: los hacendados de Ponce, 1815-1845”,
en: Francisco SCARANO (ed.) Inmigración y clases sociales en el puerto Rico del siglo XIX, Ediciones
Huracán, 1981. p. 21; y J. Raúl NAVARRO GARCÍA, Puerto Rico a la sombra de la independencia
continental. (Fronteras ideologías y políticas en el Caribe, 1815-1840), Centro de Estudios Avanzados
de Puerto Rico y del Caribe-CSIC, Sevilla-San Juan, 1999, p.20.

[113] “Por lado, el comercio legal ligaba a la capital, San Juan, con España y sus colonias en América, y
por otro, un intercambio ilegal surgió entre la costa sur y occidental con los otros centros regionales de
Santo Thomas y Curazao”. En: Birgit SONESSON, La emigración de Carranza a Puerto Rico en el siglo
XIX (Mercadeo y capital indiano), CSIC, Sevilla 2003, pp.31-35; y Birgit SONESSON, “El papel de
Santomas en el caribe hasta 1815”, en: Anales de Investigación Histórica, Facultad de Humanidades,
Universidad de Puerto Rico, Río Piedras, N° 4, 1977, pp. 42-80.

[114] Ivette PÉREZ VEGA, “El efecto económico... p.877.