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La manifestación del Mesías

no se debe a especulaciones humanas,


sino a la iniciativa divina.

Juan 1, 29-34. Segundo domingo Tiempo Ordinario –A-


20 de enero de 2008
29
Al día siguiente, Juan vio a Jesús, que se acercaba a él, y dijo:
-Éste es el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. 30 A éste me
refería yo cuando dije: «Detrás de mí viene uno que ha sido colocado delante
de mí, porque existía antes que yo».

Juan comunica su maravilloso descubrimiento.


Nos presenta una confesión de fe en Jesús
y el anuncio de la salvación universal, que Dios va a efectuar por medio de Jesús .
El compromiso irrevocable de Jesús es:
liberar e identificarse con toda la humanidad
en un espíritu de solidaridad y compasión.
Seguirle es comprometerse en la lucha y el esfuerzo por quitar el pecado del
mundo: la injusticia, la opresión..., todo lo que destruye la felicidad de las personas.
Yo mismo no lo conocía; pero la razón de mi bautismo era que él se
31

manifestara a Israel.

Para tod@s,
el conocimiento de Jesús es progresivo.
¿Quién es Jesús para mí?.
¿Procuro que se conozca más a Jesús,
con mi vida y con mis palabras?.
¿Ayuda mi vida a alguien a creer en Dios?
32
Juan prosiguió:
-Yo he visto que el Espíritu bajaba desde el cielo como una paloma
y permanecía sobre él. 33 Yo mismo no lo conocía, pero el que me envió
a bautizar con agua me dijo: «Aquél sobre quien veas que baja el Espíritu
y permanece sobre él, ése es quien bautizará con Espíritu Santo».

Jesús es la fuente del Espíritu para la persona creyente.


¿Está mi bautismo “aguado” por la apatía, la rutina, la indiferencia...?
¿Vivo mi bautismo de Espíritu y Fuego manifestando
el amor salvador y liberador de Dios?
34
Y como lo he visto,
doy testimonio
de que él es
el Hijo de Dios.

Nuestra misión es ver y mirar a Jesús -“proclamar la buena nueva a los


más pobres; devolver la vista a los ciegos; ayudar a andar a los cojos,
liberar a los esclavos y anunciar el tiempo de gracia del Señor” -
y dar testimonio, con nuestra forma de vida,
de su proyecto de salvación, no de condenación.
Cuando decimos que somos cristian@s practicantes,
¿qué es lo que de verdad practicamos?
Te damos gracias, Padre, por Jesús,
tu Hijo querido, por quien te hemos conocido,
por quien sabemos vivir,
por quien mantenemos la esperanza,
por quien podemos vivir como hermanos.
Te damos gracias porque hace muchos años
que le conocemos, le queremos, le seguimos.
Te damos gracias porque es para nosotros
luz para el camino, alimento para el trabajo,
esperanza para el futuro.
Te damos gracias porque la fuerza de tu Espíritu
le hizo Pastor, Semilla, Agua, Fuego, Pan.
Te damos gracias porque la fuerza de tu Espíritu
le hizo pobre, humilde, valeroso, compasivo.
Te damos gracias porque gracias a Él
nuestra vida de tierra se transforma
y nos hacemos Hijos, trabajamos en tu Reino,
y sabemos esperar y perdonar.
Te damos gracias, Padre, por Jesucristo, tu Hijo,
nuestro Señor. Amén
José Enrique Ruiz de
Galarreta, S.I.