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EL OPÚSCULO BORRAJO
EL OPÚSCULO BORRAJO
por

RAMÓN BORRAJO DOMARCO

PRÓLOGO

de

JAVIER SÁDABA
© Ramón Borrajo Domarco
© de la edición: CSNueve Producciones S.L.N.E.

DEP. LEGAL:
ISBN: 978-84-936484-0-4

Edita: CSNueve Producciones S.L.N.E.


http://www.cs9.info
Maquetación: Instituto Tipográfico del Mediodía.
Imprime: Publidisa
A todos aquellos
que creyeron
que esto no era posible.

Hay libros nuevos y originales,


lo malo es que los nuevos no son originales
y los originales no son nuevos.

CHUFO LLORENS
PRÓLOGO

C
ONOCÍ a Moncho Borrajo hace ya unos años en Bilbao.
Mi conocimiento no fue directo sino a través del escena-
rio. Estuve presente en una de sus funciones. Asistimos
prácticamente todos los hermanos porque teníamos una idea,
un tanto confusa he de confesarlo, de que se trataba de un
espectáculo con interés y en el que nos íbamos a divertir. Y,
efectivamente, fue así. Gozamos durante la representación y
salimos contentos. Mantengo vivo el recuerdo de lo que allí
vi y oí. Una sola persona llenaba la escena, cambiaba con
una facilidad extraordinaria de actividad, hacía reír, incitaba a
pensar y todo lo envolvía en una mezcla de magia y cercanía
que acababa por seducirte. Mucha imaginación y no menos
talento son el resumen de aquel primer contacto, indirecto,
con Moncho Borrajo. Recientemente he hablado bastante con
él. Y lo que entonces vi y ahora he oído, ya sin la distancia que
se da entre el actor y el público, no ha hecho sino confirmar
lo que siempre sospeché. Se trata de una persona inteligente,
original, que se basa en ella misma y que no depende ni de
la moda tonta ni de las costumbres inertes ni de qué dirán los
que normalmente no dicen nada. Y, por último, ha llegado a
mis manos este libro. Lo he leído con gusto y me han pedi-
do un prólogo. Lo hago con no menos gusto. Porque el libro
enseña y hace gozar, que es precisamente la conjunción que
pedían los clásicos a la hora de comunicarnos con los demás.
Lo más sencillo y práctico sería invitar a todos a que se zam-
bullan en lo publicado por Moncho Borrajo. Y es que se lee
con soltura, se pasa bien, es ágil y, repito, se aprende. Me voy
a permitir, sin embargo, fijarme brevemente en varios aspec-
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tos que me han llamado la atención de manera especial. En


primer lugar, en el tipo de protesta que respiran sus páginas y
que ya anuncia el título. En segundo lugar, en el humor que,
en buena parte, es la esencia de su obra. Y, finalmente, en lo
que supone que una persona que, con mayor o menor preci-
sión, es calificada de cómico nos obsequie con un libro como
el que tenemos entre manos.
Moncho Borrajo hace una protesta interminable. Más que
protesta, podríamos afirmar que la suya es una crítica clara
y sin restricciones, aunque nunca huya de un sano sentido
común, a nuestra sociedad; de modo muy especial, a aquella
parte de la sociedad que, al amparo del poder político, medra
sin miramientos. Y, cosa más importante, medra y se arrastra
sin capacidad intelectual. En esa combinación de mediocres
políticos y aduladores se teje todo lo que es la tela de araña
que ahoga lo que sea excelencia; y, sobre todo, aquello que
es realmente independiente. Alguno podría objetar que este
tipo de críticas es harto conocido y que, por lo tanto, no se ve
una especial originalidad. Y no es así. Porque Moncho Bo-
rrajo no recurre a lugares comunes, no desvela lo que todos
sabemos ya, no acumula los tópicos de aquellos que, después
de ser en tertulia críticos ad nauseam del poder, son, a la hora
de la verdad, sus mayores cómplices. Nuestro autor se fija
en los pequeños detalles, pero sumamente reveladores, que
componen el entramado para silenciar al que es independien-
te y hace un trabajo digno, premiando, por el contrario, al que
nada hace si no es obedecer. Su palanca de análisis, además
de tocar los diversos campos de la sociedad, se centra, algo
que no suele ser habitual, en el terreno del arte. Ahí el más
anodino es encumbrado por sus padrinos, mientras que quien
realiza un trabajo serio y con honestidad intelectual o pasa
desapercibido o se minimiza su obra. En algún momento, y
ésta sí que podría ser una objeción, alguno acusará a Moncho
Borrajo de ingenuo. Es como si hubiera esperado con un en-
tusiasmo desmesurado la llegada de la democracia, pensando
que ésta, con una savia poderosa, iría regando nuestro país
hasta convertirlo en un jardín. Él mismo confiesa que en este
punto creyó demasiado, se encantó, por decirlo en términos
weberianos y que, en consecuencia, ha quedado desencanta-
do. Otros, desde el principio y viendo cómo se gestaba lo que
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actualmente tenemos, fuimos más escépticos. No es cuestión


de ir de listos por la vida. Se trata, más bien, de constatar una
realidad. Y en ella la actitud de Moncho y la mía no coinci-
den. Como no coinciden, aprovecho la ocasión para decirlo,
en la crítica que hace al fútbol. Es verdad que su rico análisis
de los nuevos dioses, de las aparentes diversiones que, en vez
de enseñar y espabilar, atontan, nos inundan con una falsa
protección. Es verdad, como escribe Moncho Borrajo, que
todo contribuye a que se viva a lo avestruz, sin enterarse de
casi nada y al son de quien mejor engañe. Y en ese mercado el
fútbol jugaría un papel alienador semejante a lo que sucedió
en la época franquista. Estaría dispuesto a concederle que el
negocio y el espectáculo del fútbol se inscriben en esa perver-
sa zona de la sociedad que únicamente mira al propio benefi-
cio y que explota los instintos más bajos de las personas. Lo
que rodea al fútbol puede ser deleznable y un campo de fútbol
puede convertirse en el mejor ejemplo de lo que es la masa en
su sentido más necio y, por cierto, bien estudiado por Freud.
Pero eso le sucede a cualquier deporte o a cualquier activi-
dad. El ajedrez en manos de unos mafiosos respirará medio-
cridad y vaciedad. Pero de ahí no se sigue que el ajedrez no
sea un modelo de inteligencia. Otro tanto, y con las debidas
analogías, habría que afirmar del fútbol. A algunos nos parece
un juego sumamente interesante. Se ha llegado a afirmar que
consiste en hacer pensar a los pies, que no es poca cosa. Todo
ello no impide, repito, que nos encontremos ante una protesta
que podría continuarse, que exige un mundo mejor y que lo
hace desde una perspectiva original, con mucho, muchísimo
buen sentido común y con gracia. Una gracia que se refleja a
veces en la creación de palabras bien escogidas, como es la
de “machosaurio” para designar uno de los males que, nunca
mejor dicho, nos matan. Y esto nos lleva al segundo punto,
al humor.
El humor es la esencia del libro de Moncho Borrajo. Lo
describe con detenimiento y lo valora como se merece. So-
bre el humor y la falta de humor se ha escrito hasta la sa-
ciedad. No es fácil, sin embargo, atar todos sus cabos, no
perderse en las distinciones o no caer en análisis tan certeros
como sospechosos. Julio Caro Baroja, con el ingenio que le
caracterizaba, nos habló del gamberro como una de las for-
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mas de humor, con una ambigüedad que a algunos nos suena


inadecuada. Los de Bilbao, según él, seríamos gamberros.
Yo lo dudo. Aunque, añado, los gamberros suelen ser los
que cuentan chistes de Bilbao, algunos, por cierto, bastan-
te buenos. Moncho Borrajo se sitúa, y es una afirmación tal
vez arriesgada, entre lo que nos enseñó Freud sobre el chiste
y Bergson acerca de la risa. Según el primero, en el chiste,
una de las formas más típicas y populares del humor, afloran
nuestros deseos, nos liberamos, ejercemos una función catár-
tica. Y si hablamos caso al filósofo francés Bergson, en la risa
la vida se mofa o deja en ridículo a lo inerte, a lo que actúa
mecánicamente. El humor, en consecuencia, es lo opuesto a
lo estirado, rígido, reprimido o muerto.
Tres son, por otro lado, los aspectos que desearía desta-
car en la obra de Moncho Borrajo en su referencia al humor,
aparte, naturalmente, de matices o detalles muy propios de
quien ha sido y es un maestro en dicho arte. El primero tiene
que ver con la ironía político-social. La ironía, lo observó
también Ortega, deja desnudo al ironizado, lo reduce a lo que
realmente es, más allá de lo que quiere aparentar ser. La iro-
nía tiene todo su sentido cuando nos enfrentamos a un poder
político, a una institución social o a un entontecido indivi-
duo y los hace caer de su inmerecida posición. Es, entonces,
cuando el humor cumple una función contrapolítica funda-
mental, especialmente en días en donde la tontería se reviste
de genialidad. Ante un sistema corroído por la imbecilidad,
nada mejor que tomarse en serio la realidad, no tomándose en
serio a los que dicen estar en ella. En segundo lugar, el humor
tiene una función terapéutica o medicinal. Creo que son unas
páginas excelentes las que dedica Moncho Borrajo al humor
para contemplarlo en su aspecto curativo. Porque riendo y
con la sonrisa, acompañamiento inteligente de la risa, rela-
tivizamos todo y nos relativizamos a nosotros mismos. No
nos creemos el centro del mundo, no dejamos que el enigma
de nuestra existencia nos lleve a la locura y hacemos que la
vida discurra de modo menos acelerado y acerado. Saber reír
es saber gozar. Finalmente, el humor tiene una tarea que po-
dríamos llamar moral. No se trata de afirmar, sin más, que
quien carece de humor es un inmoral. Es lo que escribió un
filósofo importante del siglo pasado. A M. Schlick, que así se
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llamaba el filósofo, macabras paradojas de la vida, le mató un


estudiante al salir de clase. Sin ser tan rotundos como el filó-
sofo en cuestión, sí se podría sostener que el humor es un ex-
celente compañero de la moral. Porque nos hace receptivos,
se opone radicalmente al dogmatismo y, en su desvelamiento
de la fragilidad humana, nos llena de comprensión. Y, así, se
convierte, como diría el clásico, en promesa de felicidad.
Acabo con una observación sobre el autor del libro. No
es mi intención recordar ahora su vida artística. Es de so-
bra conocida. Pero es de interés poner de manifiesto cómo
alguien que ha escrito para el teatro, pinta y canta, nos ha
entregado un libro con sus reflexiones sobre una vida política
insatisfactoria, sobre una profesión, la suya, que está lejos de
la trivialidad y con una reflexión honda sobre el humor. Esto
supone que las experiencias vividas, cuando se nos muestran
con claridad e ingenio, nos enriquecen y nos enseñan a vivir.
Es lo que tenemos que agradecer a Moncho Borrajo. El lector
tiene en sus manos una obra seria. Por eso podrá reír también
en serio.

JAVIER SÁDABA
PREACTO
LA PROTESTA INTERMINABLE

T
REINTA años de contacto directo con el público pue-
den ser pocos para aquellos que nunca valoran el tra-
bajo ajeno pero, para mí, ha sido la mejor escuela que
hubiera podido desear.
Durante estos años los acontecimientos fueron sucedién-
dose de forma rápida y continuada, dejando en mí grandes
dudas y una protesta interminable. Una protesta interior, y
exterior a la vez, que ha conseguido que, durante este tiempo,
las viejas y eternas controversias se fueran acrecentando en
mí como si de un pozo se tratara; pozo que no quiero que se
sedimente en mi corazón sin antes darle un pequeño repaso
para luego volver a llenar el vaso con agua nueva.


“Por los servicios prestados a la nación”, así reza la gran
patraña política de este país cuando se quiere justificar un
derroche innecesario de dinero en sueldos a aquellos que han
ocupado un puesto político durante un cierto periodo de tiem-
po. No me he parado a calcular el número de ellos que han
pasado por dichos cargos desde la muerte del dictador, pero
puedo imaginar la cantidad de millones que se dedican a este
menester anualmente sólo para tapar bocas o aliviar heridas,
pero lo cierto es que siguen ejerciendo el viejo arte del chu-
leo, siendo los proxenetas de la sociedad.
¿Realmente han hecho tanto por la “Patria” que estamos
obligados a reconocerle de por vida su gran labor?
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Si analizamos lo realizado en estos años por los llamados


padres de la democracia, a un servidor le parece más bien
poco comparándolo con lo conseguido por la sociedad en su
conjunto. Somos nosotros y no ellos los que hemos hecho
la transición política. Nosotros hemos sufrido en nuestros
bolsillos sus teorías económicas como si fuéramos ratas de
laboratorio en manos de unos ineptos ensayistas de un cur-
so acelerado de economía. Somos nosotros, y no ellos, los
que nos enfrentamos diariamente con la inseguridad que ellos
tanto utilizan en sus discursos vacíos de ética y de contenido.
Somos nosotros los que cargamos con una serie de leyes de
educación que más parecen pensadas por un terrorista cul-
tural que por un ministro de educación claro que, ese título
tan rimbombante, se ha dado más al amigo de partido que
al hombre o mujer capacitado para ello. Podría estar enume-
rando de forma continuada cientos de datos que están en la
cabeza de todos, pero para nada servirían, tan sólo para hacer
más extenso este escrito y no es esa mi intención.
Es curioso comprobar, por los discursos y opiniones verti-
das en los cientos de tertulias que hemos tenido que soportar
en todos los medios de comunicación durante estos años, cómo
son ellos, y sólo ellos, los que han hecho algo por nosotros y no
viceversa. No deja de ser menos curioso el concepto que tienen
de las gentes del mundo artístico: pintores, actores, cantantes,
músicos. Parece que sólo les somos útiles cuando de sus cam-
pañas electorales se trata. Contando con que algunos no juga-
mos a ese juego y pagamos cara nuestra libertad, parece ser,
que esa es la única utilidad que podemos tener. Nadie dice de
darle una pensión vitalicia a un actor o a un cantante o a un mú-
sico por su aportación a la nación y al bien social. Nadie propo-
ne que, por los servicios prestados a la sociedad, se le asigne un
sueldo al payaso del circo que animó nuestra infancia, no, eso
sería tomado como un insulto a la democracia. La democracia;
curioso concepto que desde los griegos ha evolucionado de tal
forma que ni ellos la conocerían si la pudieran ver en nuestros
días. Ella es la panacea de los mediocres y los torturadores, la
madre del despotismo populista y la viuda de la solidaridad. Es
en su nombre que se cometen las atrocidades económicas del
mercado de valores. Es por ella que la ley pierde fuerza a fa-
vor de los desmanes sociales. No se puede vivir en democracia
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cuando los participantes de ella son sus propios demoledores,


cuando es ella el escudo de una ley amañada y descalificada
por sí misma en su aplicación partidista según sean quienes
sean los acusados y de donde vengan las presiones. Ellos, los
jueces, dirán que no son presionados, pero en la calle el senti-
miento es otro y muy diferente al que todos ansiábamos en los
años de la dictadura.
Para nada nos sirvieron las manifestaciones prohibidas y
las carreras delante de la policía. Para nada la cárcel y la auto-
censura castradora. Para nada los ideales de igualdad, cuando
la Ley –esa gran transformada– es el reducto de las leyes a
medias y las resoluciones sin fuerza por temor a las represa-
lias, en algunos casos hasta económicas.
Una gran ira se apodera de mí cuando escribo estas líneas,
pero como siempre, es una ira contenida por educación, con-
tenida por un respeto al equilibrio social y sobretodo, conte-
nida por un tremendo respeto a algo que me hizo soñar en mis
años de juventud: la democracia.
Sé que no se pueden meter a todos los políticos en el mis-
mo saco, pero no es menos cierto, que el silencio de muchos
de ellos es a la vez cómplice de los desmanes de sus compa-
ñeros de partido. Dicen en su defensa que nada pueden en
contra de la burocracia del partido o de “la mayoría”, pero lo
cierto es que no quieren ir a contra corriente por temor a que-
darse fuera de la merienda. Ese reparto unilateral de vienes y
de riquezas, del festín constitucional del que se sabe posee-
dor de la seguridad diaria, del plato lleno y la cama caliente,
sin pararse a pensar que todos esos lujos, vienen del sudor
cotidiano de aquellos que, inocentemente, le dimos el voto
soñando con la ética de los votados.
Soy consciente de que no es lo mismo la política de bar,
o de la calle, que la “gran política”, pero no es menos cierto
que algunos de nuestros dirigentes se acercan a la política
con el alma ya contaminada por el dinero y huérfana de todo
sentimiento solidario. ¿Qué distintas las ideas en contra de la
OTAN de los socialistas iniciales y la postura que tuvieron
que tomar al entrar en el poder?, eso era algo que debería
haber estado en sus propuestas iniciales.
Todos hablan de país, patria, estado, pero sólo se hacen
apuestas en contra, no a favor de, porque vivimos en una po-
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lítica destructiva, no constructiva. Todo lo que hacen los opo-


nentes, es siempre malo, nefasto, contraproducente, no así lo
que ellos realizan. No se busca el bien general, sino un gene-
ral bien alimentado, siempre y cuando pertenezca a nuestro
ejército particular.
Aquellos que se reunieron en los años de transición en bus-
ca de unas líneas de conducta y unas pautas sociales demo-
cráticas, son hoy dinosaurios de un parque jurásico. Parque
en donde se les alimenta para ser visitados en el museo de la
hipocresía política, para complacer los egos más desaforados
de su clase, si es que la palabra clase tiene sentido en dicho
entorno.
Quizá piensen, que no nos damos cuenta de la estratagema,
pero hay veces que los ciudadanos nos vemos inmersos en
una película que podía ser perfectamente la continuación del
planeta de los simios. He de reconocer que conozco personas
en política dignas de todo merecimiento, pero hay veces que
dudo si no estarán congeladas para no perturbar el ambien-
te general. Cuando uno los escucha hablar se da cuenta de
que sólo hay palabras, y muy pocos conceptos, por lo que
se pasan todo el día corrigiendo palabras, interpretaciones de
algo que no se puede interpretar porque no tiene una base
ideológica consistente, sólo meras anécdotas de unas teorías
ya caducadas por el tiempo y la propia sociedad. Son eternas
discusiones bizantinas sobre lo que ya saben que no encontra-
rán solución, pero disfrutan con el orgasmo verbal de quien
conoce la masturbación de los ideales.
Somos huérfanos de ideologías, porque no hay madres que
paran nuevos conceptos en función de los nuevos tiempos.
Pretenden seguir engañándonos con relaciones incestuosas
que sólo nos llevan hacia la deformación de los ideales. Jue-
gan a un reformismo cutre y mal alimentado que porta en sí
mismo la enfermedad de la decadencia. Unos y otros juegan
al juego del “te ataco pero no me mates”, son como pequeños
pasatiempos de palabras cruzadas que saben que, unas sin las
otras, no pueden formar el crucigrama.
Esto no es una descarga de rencor contenido, sino la resaca
de una borrachera de ideales que, en la tienda de la vida, han
sido descentralizadas por el tendero para que no se note, a
primera vista, lo que realmente ha pasado. De forma que el
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ladrón, o los ladrones, que desvalijan los valores y las rique-


zas de una década, a la que tengo el orgullo de pertenecer,
tengan tiempo para poder hacer su función. Yo, por ejemplo,
fabricante de esperpentos, aplaudido cuando lo criticado está
en carne del enemigo, nunca en la mía, sé que la tragedia no
está cuando lo contado en primera persona, sino cuando que
es el reflejo de un espejo que devuelve la imagen de una pa-
rodia nacional entre reuniones parlamentarias y recepciones
de mediocres encorbatados. No piensen que por esto, ellos
desconocen las soluciones del problema, ¡nada más lejos de
la verdad! También es cierto, que no quieren tomar solucio-
nes que les puedan perjudicar ante lo que ellos dan en llamar
electorado, un sin fin de cabezas con banderitas que se agita
al ritmo marcado por el marketing más frío y devorador.
Conocen todos los vericuetos del laberinto y tienen muy
presente en cada uno de sus actos la opinión de los grandes
artífices del país: los banqueros. Los ocultos reyezuelos que
juegan su propia partida de ajedrez sin pararse a pensar en
quién es el comido, mientras no sea él el devorado, cosa que
nunca ocurrirá, porque antes de que eso suceda se fusiona
con otro monarca de las finanzas y, cambiando el nombre del
dragón, la princesa no se da cuenta que es devorada por el
mismo del cuento anterior.


La política, ¡esa gran transformadora de personas!, hace
el milagro de convertir en lobo al más humilde de los corde-
ros, tan sólo, con tomar posesión de un sillón. ¿Cómo puede
ser que todas las buenas intenciones se esfumen con tan sólo
tomar contacto con él? El afán de protagonismo de los me-
diocres es una de las causas del cáncer que invade la vida po-
lítica. Casi todos los que se dedican a este viejo “arte” salen
de la nada más absoluta, salvo honrosas excepciones, pasan
del anonimato más silente a la popularidad más arrolladora,
según ellos, si se entiende por arrollar pisotear todas las li-
bertades ajenas. ¿Es posible, que los grandes de la patria no
se den cuenta de la mediocridad que les rodea? ¿Están tan
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ciegos y borrachos de gloria que no pueden ver el peloteo


tan asqueroso del que son víctimas? ¿Será que disfrutan con
ese comportamiento servil de sus gentes más allegadas por el
sólo hecho de sentirse halagados? Si así fuera, o fuese como
lo es ya, sería más que preocupante vernos en manos de tales
personajes.
La teoría de que todos somos iguales es eso, una teoría,
que no deja de ser hermosa para soñar. Pero son ellos, los
políticos, quienes dentro de su mismo partido jerarquizan los
cargos marcando, ya en el interior de sus formaciones, las
primeras diferencias de una falacia situada en el trono de la
estupidez. No deja de ser curioso su comportamiento ante los
fotógrafos. Parecen niños pequeños asomando la cabeza para
ser vistos con el ganador de turno. Me gustaría poder verlos
por un agujero en sus despachos ordenando a su secretaria, o
secretario, que les recojan todo lo que sobre ellos salga en la
prensa, como acto de reafirmación personal. Sus egos alcan-
zan grados insospechados cuando la noticia sale en primera
página, es entonces cuando el espejo refleja su ego durante
el máximo tiempo que permite un espejo enmohecido y sin
posibilidades de ser traspasado, tal como hiciera Alicia.
Nos cansamos de escuchar las críticas a los jóvenes por sus
modas y formas de vestir, pero no deja de ser curioso el aná-
lisis de cualquiera de los grupos políticos, por su vestimenta.
Desde el pijo imitador de gemelos y corbatas de seda hasta
el progre de meticulosa despreocupación, podemos encontrar
una gama de características comunes fácilmente parodiables
por un imitador no necesariamente muy avispado.
Es triste poder comprobar cómo han ido desapareciendo
de la vida política las intervenciones ocurrentes e ingeniosas
de otros tiempos no muy lejanos. Hoy todo va escrito, pero
lo malo no es eso, lo malo es que lo escriben otros por temor
a que puedas pensar por tu cuenta, error que se puede pagar
muy caro. La oratoria a dejado paso a la lectura monótona
y cansina de páginas faltas de ideas e imaginación dejando
las bases programáticas como referencias lejanas, que sólo
conocen ya algunos soñadores que quedan arrinconados en
los despachos de las centrales de los partidos, mientras viven
de los recuerdos de otros tiempos que, por cierto, no fueron
mejores.
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Durante la época electoral es difícil encontrar la más mí-


nima diferencia entre los programas de cada partido, por mu-
cho que ellos digan que son notorias. Lo único notorio es el
incumplimiento de todo lo prometido durante la campaña. El
mitin, que tenía por finalidad captar adeptos, se ha convertido
en una reunión de adictos que van a escuchar lo que quieren
oír sin el menor deseo de plantear dudas a lo que les dicen.
Nadie que no sea afín a la “ideología” de un partido va a es-
cuchar un mitin. El mitin es sólo la demostración del poder
que el político tiene sobre la masa haciendo de ésta su circo,
allí donde tenía que haber una exposición de planes a seguir e
ideas básicas de dicha ideología, si es que existe tal cosa.
Estamos pasando un momento en el que la apatía política
está tomando asiento en nuestros hogares. Y algo peor, la ju-
ventud está dejando de lado cualquier planteamiento político
que no sea el de su propia comodidad.
Sé que algún político me dirá que hay jóvenes en los par-
tidos, es más les llaman juventudes... pero lo cierto es que
comparados con el número de jóvenes que no participan es
notoria la diferencia.
Los sindicatos, nacidos para la defensa de la causa obrera,
se han convertido en corporaciones pagadas por el Estado,
es decir, que entran en los presupuestos del mismo, por lo
que yo me pregunto cómo estando pagado por el gobierno
se puede criticar o luchar en contra de él. Todo esto huele a
manutención y burocracia burguesa de conformismo laboral.
Lo cierto es que en estos últimos años la clase obrera ha evo-
lucionado hacia una “burguesía acomodada” que se olvida
con facilidad de la solidaridad y que sólo busca la realización
de sueños consumistas, pero no intelectuales.
Uno de los grandes errores de la política del Estado ha sido
la eliminación paulatina de los oficios como medio de vida,
amen del desprestigio al que se ha sometido por promocionar
los estudios superiores sin medida ni concierto. Carpinteros,
fontaneros, sastres, costureras, etc., han pasado a ser profe-
siones sin futuro por no haber aprendices, al tiempo que han
convertido a la pequeña empresa en la sufridora de los ma-
les económicos del país al promocionar, con desmesura, las
grandes empresas internacionales que reciben todas las ayu-
das que el pequeño y mediano empresario ni vislumbra.
RAMÓN BORRAJO DOMARCO 22

Una de las cosas que sigue sin resolverse es la participa-


ción de la mujer en la vida pública y sobre todo en la políti-
ca. Parece como si el “hombre” temiera la entrada masiva de
mujeres en la vida política, al comprobar, cómo en el aspecto
social son ellas las que están tomando las riendas de muchas
empresas teniendo soluciones acertadas a los problemas que
se les plantean. El machismo sigue siendo, de una forma so-
terrada e hipócrita, el mal más difícil de poder atajar dado que
no aflora a la superficie social si no es para dar muestras de su
existencia de la forma más cínica.
Esto, que parecería característico de las ideologías de de-
rechas, es en nuestros días moneda de cambio de todos los
partidos siendo los de izquierdas, los que se comportan de
forma más hipócrita.
En el caso de entrar la mujer en el cerrado mundo de la
política aparecen los tantos por cientos obligatorios que no
dejan de ser una ironía de la democracia española, es decir:
entrad, pero con cuidado. Durante los movimientos de ideo-
logía fascista la mujer fue utilizada como referencia sepa-
rada de la vida política, y en caso de serlo, de participar de
ella, tenían muy definido él puesto que debían desempeñar;
siempre labores sociales, meras comparsas de la auténtica
vida política, siendo utilizadas para los desfiles y las pre-
sentaciones propagandísticas de la nación ante el exterior.
Muchos dicen que hemos adelantado en ese terreno, pero lo
cierto es que son pasos de tortuga, ante el dinosaurio “ma-
cho”: EL MACHOSAURIO.


Creo que ha llegado el tiempo de eliminar de nuestro vo-
cabulario político las palabras derecha e izquierda, dado que
ya no representan los comportamientos ideológicos de nues-
tros políticos. Es como utilizar los términos conservador y
progresista. Hay muchos mal llamados progresistas que se
comportan como auténticos conservadores y ciertos conser-
vadores, que tienen ramalazos de progresismo, pero no dejan
de ser sólo eso, ramalazos.
EL OPÚSCULO BORRAJO 23

Es cierto que hemos ganado en libertad de expresión, pero


en verdad, es que teníamos tan poca, que nada que nos han
dado ya nos parece la gloria. Hoy, los que queremos hablar
sufrimos todavía la dictadura de los poderes, entendiendo por
poderes todo aquello que maneja los hilos de nuestro país;
llámese televisión, prensa, economía de mercado, banca, etc.
No son los gobiernos quienes nos manejan si no las medusas
ocultas en sus guaridas debidamente protegidas, las que con
sus cabellos de serpientes, hacen y deshacen a su antojo. No
es cierto que en la televisión se pueda hablar de lo que uno
quiera, eso es una falacia programada, para hacer creer que
nada pasa. Las cadenas de televisión son sólo el soporte mo-
netario de los nuevos magnates de la sociedad de consumo
y las armas manipuladores de los mass media. Son las que
dirigen las modas y los mini ideales que hoy se manejan en
los mercados de poder.
Curiosa palabra la de “cadena” para definir a una empresa
televisiva. Pero lo cierto es que hacen la labor de lo que de-
fine tal palabra, atar y encadenar palabras, personas e ideas,
porque los ideales ya se han perdido en los pasillos de tales
entidades.
Son las audiencias las que definen la calidad de un progra-
ma y no la calidad del programa quien marca la audiencia.
Curioso que algo tan sencillo les cueste tanto de entender, o
lo entiendan tan bien, que uno sea el inocente del programa
de turno al pensar que no lo tiene previsto.
Todo está masticado y pasado por el pasa-puré de la censura
para que no haga falta utilizar el cerebro ante el menor encuen-
tro con algo duro o difícil de entender. Nunca hay que crear
dudas al espectador ¡Jamás, sería peligroso, muy peligroso que
las tuvieran!, eso haría que pensaran y ante todo, es eso lo que
no pueden ni deben hacer, pensar.
¡Qué triste, ver que hasta nos dicen cuándo nos tenemos
que reír! Son carcajadas falsas que no concuerdan con el hu-
mor presentado o con el chiste contado. Suenan tan lejanas a
la realidad que ya nadie las tiene en cuenta. ¡Qué distintas esas
otras que salen fluidas y espontáneas durante las actuaciones
en directo, cuando el público no es manejado por nada ni por
nadie!
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El humor en televisión no es la espuela que ha de desper-


tar al caballo dormido, ni la aguja de acupuntor que pretende
sanar la apatía diaria de una sociedad aburguesada en su as-
pecto más demoledor. El ingenio fue sustituido por la mala
imitación de los estereotipos sociales más tristes.
La recurrencia en los temas en que se tratan las vidas pri-
vadas de los ciudadanos, como confesiones públicas de una
congregación de frustrados, llega a tales niveles que uno com-
prende que el psicólogo en este país no ocupa el puesto social
que debe desempeñar en una sociedad seria y responsable. La
televisión es la madre de la gloria efímera y el éxito transito-
rio, el mismo que acarrea a muchas personas a pensar que por
salir en ella ya han cumplido con su papel en el mundo. Pasan
del anonimato a la prepotencia más inaudita desconociendo,
que sí son conocidos, pero no reconocidos. Ninguna de esas
personas deja nada para una historia colectiva, sólo cientos de
fotos y papel de revistas que acaban siendo el triste final de
una sociedad de consumo, como en la que vivimos.
Sólo la radio se salva de una quema total, y lo logra con
la frescura de lo cotidiano. Pero no por ello deja de caer en el
sectarismo político de quienes la maneja. Alguna vez dejan
que un loco, o loca, haga un programa en una hora de poca
audiencia para tapar las bocas y las conciencias de quienes
luego aprovecharán tal circunstancia para presumir de su in-
dependencia, pero nada más alejado de sus ideas. Quieren
que hagas programas ingeniosos pero no libres. ¡Ni que el
ingenio pudiera vivir divorciado de la libertad!
Si es cierto que fue la radio la que dio el grito de libertad
el 23-F, pero también es cierto que ahora vive de unas rentas
que se están acabando por su ansia personalista y no por la
necesidad de la comunicación en libertad. Hay voces que por
las ondas parecen hijas de la libertad, pero salen de corazones
dominados por el dinero y el ansia de poder en cualquiera de
sus vertientes. Engatusadores de la inocencia colectiva y de
la incultura alimentada por el poder.
Si la televisión está manipulada la prensa diaria es eso:
una prensa de todo aquello que no sea conducido por los pas-
tores del rebaño. Es tan descarada su apuesta política que ya
EL OPÚSCULO BORRAJO 25

no es un “tufillo” lo que desprende al abrir sus páginas, sino


más bien un hedor pestilente de corrupción desenfrenada. La
defensa del amo sobre todas las cosas... y todas las cosas es
el pueblo.
ARTE Y CULTURA ¿EXISTEN?

E
LLOS manejan las directrices “culturales” menospre-
ciando de forma totalitaria las opiniones de otros que
apuestan por unas miras más amplias en el mundo del
arte y de la cultura. Crean pequeños dioses que, al tener los
pies de barro, caen en poco tiempo sin dejar rastro. Pero en-
tonces no asumen el fracaso, lo achacan a circunstancias ex-
ternas e ellos y sobretodo a algo a lo que son muy adictos “LA
INCULTURA GENERAL”.
Sólo es cultura, cultural o culto, lo que ellos proclaman,
no lo que el pueblo y la sociedad aplauden o admiran. Para
ellos el pueblo siempre va atrasado, son ellos y sólo ellos, la
avanzadilla cultural, los progresistas, las antorchas que dan
luz a la oscuridad reinante, los padres de una cultura maniata-
da y dirigida que camina hacia un monopolio cerrado y poco
aperturista.
Un ejemplo en el mundo del arte, es ARCO, que dentro
del arte español es el ejemplo más sangrante de lo anterior-
mente dicho. Sólo unos pocos deciden quién puede y quién
no, participar en dicha feria. Pero no lo hacen siguiendo unos
criterios lógicos para tales eventos como serían: la calidad de
las obras propuestas, el historial de la galería, la aportación al
arte que su artista pueda hacer... sino los caprichos personali-
zados de aquellos que dirigen el “cotarro” comprobando año
tras año que no es lo último que se hace en el país, sino que es
lo que ellos creen más apropiado según sus favores.
Es cierto que el concepto de arte evoluciona y que las nue-
vas técnica son difíciles de asumir, pero lo más difícil es ha-
cer comulgar con ruedas de molino a los que aman el arte al
presentarles auténticas tomaduras de pelo bajo el nombre de
“arte contemporáneo” o la temida “vanguardia”.
RAMÓN BORRAJO DOMARCO 28

Entre una instalación concebida bajo el rigor estético o la


anarquía del mismo, y la colocación de objetos sin ton ni son,
hay tal diferencia que sólo los que están ciegos por su ego no
pueden diferenciarlos. Del minimalismo riguroso a la nada
conceptual, o al vacío de gusto estético, hay un paso tan gran-
de que uno no puede darlo sin caer en el vacío cultural al que
estamos asistiendo.
Es triste ver cómo las tendencias artísticas creadas por
gente seria del arte son copiadas y desvirtuadas por apren-
dices mediocres que pretenden ser la avanzadilla de nuestro
arte, pudiendo comprobar que tienen que recurrir a la expli-
cación escrita o verbal de la obra, ante la falta de consistencia
de la misma. Falta de consistencia que es apoyada por otros
no menos farsantes y conocedores del “arte” actual, personas
que se atribuyen capacidades que desconocen y que, muchas
de las veces, sólo es un juego social de alto estanding, o otra
forma de prostitución pero dentro de las normas sociales.
En lo referente a la literatura no nos escapamos de otro
tanto viendo cómo el marketing más sutil, puede hacer vender
las cosas más mediocres, y cómo auténticas obras literarias
de calidad, pasan desapercibidas. Es curioso ver su sorpresa
al comprobar que el público hace de algo que a ellos no le
parecía genial un best seller, y asistir a todos sus intentos por
desprestigiar lo ocurrido alegando que el pueblo, los lectores,
no tienen criterio. Es cierto que lo que la mayoría aplaude
no ha de ser siempre lo bueno, pero es tanto o más peligroso
afirmarlo como decir que siempre es malo lo que la mayoría
aplaude y añadirle el adjetivo “popular”, para así, alejarlo del
concepto cultura, divorciando algo que no se puede divorciar.
A Mozart le aplaudió el pueblo antes que la corte y, los llama-
dos “cultos” son, la mayoría de las ocasiones, esclavos de un
esnobismo enfermizo y malsano.
Muchas de las veces, por no decir casi siempre, tiene que
ser el reconocimiento en el exterior el que haga que los padres
de la “Cultura” recapitulen. Pero eso sí, siempre diciendo que
ellos ya lo habían pronosticado, cosa totalmente falsa pero
no demostrable, dado que ellos nunca son claros apostantes
de nadie ni de nada, siempre nadan en la ambigüedad de la
palabra y la niebla del concepto.
EL OPÚSCULO BORRAJO 29


Esta protesta, que se me hace interminable, no puede dejar
a un lado la crisis por no decir, el hundimiento de las religio-
nes. Y digo religiones para que no se crean que hay en mí un
acto anticlerical católico, cosa nada de extrañar, siendo como
he sido católico practicante y ahora, un ser religioso que nada
en la laguna de la gran duda: la existencia.
De lo que los libros religiosos ponen, hasta lo que las re-
ligiones proclaman y defienden, ¡hay tal distancia! que uno
no puede recorrerla sin quedar sumido en un mar de dudas
que nadie puede resolver de una forma coherente y sensata.
La utilización de la ignorancia de los pueblos por las cabezas
visibles de las Iglesias es tan demencial, por no decir más,
que la que hacen los políticos de ese mismo pueblo. Las re-
ligiones están en seria decadencia al ver cómo no son ellas
las favorecedoras del entendimiento entre los pueblos, sino
más bien, en algunos casos, las promotoras de esas luchas
que hoy en día masacran a la humanidad. No sólo no facilitan
la solución de los problemas entre los seres humanos, si no
que confunden las pocas luces que poseemos al querer capi-
talizar toda nuestra atención en sus fines personalistas, tanto
de poder terrenal como del más peligroso, el poder sobre los
miedos y los temores que todo ser humano posee en cuanto
empieza a plantearse la eterna pregunta: ¿De dónde vengo y
a dónde voy?
Todos los puntos en común que las religiones tienen, que
son muchos, se quedan empequeñecidos por la avaricia de
sus cabecillas y por la triste jerarquía creada al más puro esti-
lo militar. La aparición de las sectas no es más que la demos-
tración de que en las “grandes religiones” no se encuentran
las soluciones esperadas, o al menos las opciones para poder
encontrarlas. Desde pequeños caemos en las redes del papa-
natismo y hacen de nuestra inocencia el campo de cultivo de
unas retrógradas creencias que, más tarde, nos dejan sumidos
en el abandono más total al comprender que del dicho al he-
cho hay mucho más que un trecho: hay un abismo.
RAMÓN BORRAJO DOMARCO 30

Nadie nos dice que la solución está en nosotros mismos,


porque de esa forma perderían el control de lo que ellos más
desean; nuestras conciencias individuales y, a la vez, la tris-
temente desvaída conciencia colectiva tan cacareada en los
sesenta. Las religiones se han convertido en dinosaurios cul-
turales de un mundo que no necesita de los temores si no de
las mejoras de las realidades sociales, de las que estamos tan
necesitados. Pero la creación de las ONG’s es sólo la res-
puesta perentoria a los vacíos creados por las religiones y los
estados. No existe conciencia de planeta, si no de barrio, y
depende dónde se encuentre ese barrio existe un tipo de con-
ciencia adaptada y adaptable según las necesidades de sus
habitantes.
Sin embargo el fútbol se ha convertido en una nueva y
demoledora religión. Las masas son manejadas por los gurús
de este deporte para que olvidándose de los problemas reales
de la sociedad en la que viven, permanezcan absortos por el
mal llamado “deporte” del fútbol y, así, dejar en sus manos
el dominio de las emociones y sus comportamientos sociales.
Sólo ellos, los futbolistas, son deportistas. Ninguno de los
que ganan medallas en las olimpiadas son tenidos en cuenta.
Sólo los divinos nuevos sacerdotes del fútbol son dignos del
elogio la estima y la consideración social. Ellos, los adinera-
dos sacerdotes del fútbol, son tratados como auténticos dio-
ses de un Olimpo creado para, como en todas las religiones,
manejar al pueblo en su estado más primario, otorgándole al
equipo, el sentido patrio, o de nación o país que no poseen
otros deportes y mucho menos los intelectuales del país en
cuestión. Muchas veces, por no decir siempre, las banderas
de los clubes sustituyen a las de la nación para ser enarbolas
por hinchas, que más parecen fanáticos religiosos, que sólo
consienten la existencia de su correligionarios, siendo el di-
nero, nuevamente, el motor y el fin de todo ello, más que
simples aficionados a la contemplación de la práctica de un
deporte.
El impulso vital, que es consustancial con la juventud, es
utilizado como elemento agresor entre los correligionarios de
cada una de las sectas creadas por cada equipo. De hecho, la
aparición de grupos numerosos de jóvenes que entremezclan
los símbolos de su equipo con emblemas fascistas en las gra-
EL OPÚSCULO BORRAJO 31

das de los estadios, es uno de los ejemplos más tristes de esta


nueva religión. Canalizan toda su agresividad en el insulto y
la agresión a los equipos rivales, llegando, como se ha dado
tantas veces, a la muerte de algunos de ellos. El negocio del
fútbol mueve miles de millones de euros haciendo de ello
un poder fáctico raramente reconocido como tal, al tapar sus
manejos bajo la bandera del deporte. Los gobiernos, lejos de
paralizar la ascendencia de esta religión, coopera con ella
regocijándose al ver cómo la preocupación del pueblo por
el comportamiento de sus equipos de fútbol absorbe toda, o
casi toda, la atención de lo cotidiano, alejando al pueblo de
los problemas diarios, sociales y políticos, así como de los
económicos. No digamos el alejamiento que produce de los
aspectos intelectuales del país, ya que el tiempo dedicado a
esta religión, llamada fútbol, ocupa una gran parte del tiempo
libre que en otras circunstancias podría, y debiera, dedicarse
a otras actividades; entre ellas el deporte propiamente dicho.
La realización de los actos litúrgicos de esta nueva y ex-
pansiva religión mundial, es decir los partidos de fútbol, ocu-
pa los horarios centrales del tiempo de ocio de los ciudada-
nos, siendo una competencia “ilegal” de otras actividades que
quedan relegadas a un plano secundario, alegando que somos
libres de escoger. Pero lo cierto es que el bombardeo de la
televisión y de los medios de comunicación, con referencia a
las actividades de esta religión, es de tal magnitud que trans-
forma la libertad individual en una mera falacia dialéctica.
Desde muy pequeños, como se ha hecho siempre
para poder tener atado y bien atado al neófito, se introdu-
ce al inocente en la religión del fútbol para que desconoz-
ca otras opciones de ocio, centrando su vida en el equipo
al cual se le ha asignado. Como en el caso de las religio-
nes, los pertenecientes a ésta llegan al insulto, la lucha, el
enfrentamiento entre familiares y amigos por la defensa de
sus equipos, llegando a auténticos problemas familiares y de
amistad por culpa de esto. Las concentraciones en los campos
de fútbol, sus templos, o la reclusión en casa de alguno de
sus adictos, hacen de la contemplación del partido de fútbol
un ritual que adquiere la rigidez estructural de los ritos de las
religiones más instauradas en el mundo. Por ello se desatien-
den las relaciones matrimoniales, personales o de cualquier
RAMÓN BORRAJO DOMARCO 32

otro tipo en favor de la contemplación de uno de los partidos,


como se hace en las religiones clásicas. El radicalismo fanáti-
co de alguno de sus correligionarios hace de ellos un peligro
dentro de la sociedad, digno de estudio por los psicólogos
más prestigiosos. Sólo falta que se cree una Inquisición para
depurar a los que falten a las reglas de esta religión y sean
castigados públicamente para escarmiento de los demás.
Ya me puedo imaginar antes del encuentro de un partido
de fútbol, el centro del campo ocupado por personas que han
faltado al sagrado vínculo del fútbol atados a unos postes y
quemados públicamente. Ya escucho los gritos jubilosos de
quienes aprueban enardecidos ese castigo ejemplar a quienes
no saben respetar las normas de esta nueva religión: el fút-
bol. Veo, como en una película sobre la Edad Media, cómo
el padre explica complacido a su hijo, el claro ejemplo que
ha podido vivir esa tarde gloriosa, ya sólo queda que gane el
equipo de casa y el día será para recordar en la mente infantil
como uno de los días más importantes de su vida. Ese, y el
día en que le dieron el carné del equipo de fútbol. Su primera
comunión con las masas y los dioses de esa nueva religión.


¿Exagerado? Puede ser. Pero el tiempo dirá si tenía o no
razón. Nadie dio un duro, o un euro, por Copérnico y .... Ya sé
que no soy Copérnico, ni Julio Verne. ¡Faltaría más!
Sólo soy un loco que cree en la raza humana y se ha decidi-
do a escribir esta protesta interminable que bien pude haberla
empezado el día de mi nacimiento o cualquier otro día de
mi vida. Pero he dejado pasar el tiempo para permitir que se
remanse el poso de la envidia y la incomprensión, para dejar
escapar un susurro de insatisfacción personal, que sólo me te-
nía el “alma” un poco asfixiada por el ansia de libertad. Y yo
me pregunto, ¿si yo me encuentro en esta tesitura personal,
que harán todos aquellos que no han podido, o no les han de-
jado, expresarse a lo largo de todos los años de su vida? ¿To-
dos aquellos que han tenido que guardar un silencio impuesto
por las dictaduras, tanto políticas como religiosas de estas
nuestra sociedad? Me aterra pensar en ello. Me duele eso que
EL OPÚSCULO BORRAJO 33

llaman corazón, y que no sé por qué, le han dado a esta vís-


cera del cuerpo tanta importancia dentro de los sentimientos
del ser humano. ¡Cosas de ese ser humano! Del mismo que
mata, destruye, asesina, manipula, difama, hurgue maquia-
vélicas fórmulas de destrucción e inventa fórmulas químicas
para destruir a sus propios hermanos. La misma raza a la que
pertenezco y no comprendo aún del todo el porqué. Ésta es
una de las razones de esta protesta interminable que todos
llevamos dentro y que dejamos que se acueste en nuestro
“corazón” para despertar, o no, un día de soledad aterrado-
ra, la misma a la que nos han enseñado a emborrachar para
que no hable. La misma que callamos de forma constante y
cotidiana, para que no rompa los esquemas establecidos por
ésta, nuestra sociedad de consumo. La misma soledad que
alimenta las discotecas donde esta misma soledad se combate
con pastillas de diseño para acallar la falta más perentoria de
raciocinio y reflexión personal ante una avalancha constante
de recursos faltos de sinceridad y que sólo valen para alimen-
tar las ansias de dinero de unos pocos que manejan lo que se
da en llamar este “cotarro”.
La mal llamada fama es una meta engañosamente impues-
ta, como al burro la zanahoria para que camine. Algo que nos
hacen creer necesario es triunfar, pero no nos dicen cuál es el
precio de ese triunfo, ni sus consecuencias. He de aclarar que
no soy yo precisamente uno de esos a los que yo llamo famo-
sos, no. Mi fama es tan sólo un conocimiento de mi trabajo y
mi persona dentro de lo que yo mismo he dejado entrever, o
quizás para alguno, el reconocimiento de lo realizado en estos
años a nivel público. La fama de la que yo hablo es esa otra
fama más perentoria, ficticia y que sólo deja un ligero manto
de color en la superficie de las personas y que se desdibuja
en el mismo instante en que uno se da cuenta que le huele el
sobaco o que necesita ir a váter de forma urgente.
Es triste poder comprobar todos los días cómo se aprove-
chan de la inexperiencia o la ilusión de triunfar de los jóvenes
para ofrecerles el oro y el moro, resultando al final que nada
les interesan los sentimientos de esta gente si no lo que pue-
den sacar de ellos dejándolos después en el vacío más abso-
luto, cuando ya nada más pueden sacar. Es verdad que hemos
hecho de esta vida una competencia sin límites y que en rea-
RAMÓN BORRAJO DOMARCO 34

lidad no tiene sentido esa situación entre los seres humanos,


pero aunque fuera algo innato al ser humano una cierta ne-
cesidad de competencia personal, ésta se ha dirigido hacia la
adquisición de dinero y no hacia la satisfacción personal por
el hecho en si de mejorar personalmente. Es totalmente falsa
la tan escuchada frase en el mundo de los Estados Unidos:
“Has nacido perdedor”, o “Eres un perdedor”. Nadie nace
perdedor ni ganador. Nacemos, eso si, en mundos diferentes
y con posibilidades muy dispares y no me refiero claramente
a las diferencias existentes entre norte y sur, o entre países
ricos y pobres, ese es otro tema. Me refiero a nuestra sociedad
de consumo.


Nadie puede negar que unos nacen con más ventajas que
otros, pero también es cierto que no se corresponden con
las situaciones posteriores de la vida. El que se emperren en
que nos sintamos perdedores no es más que una táctica de
esta sociedad, para que no intentemos lograr esa superación
personal a la que todos estamos encaminados desde el mo-
mento en que nos paramos a pensar un poco sobre los por-
qués que siempre han hecho desarrollarse al ser humano.
El perdedor no es más que una necesidad del mal llamado
“ganador” para marcar así las diferencias entre uno y otro.
La marca del coche, el apartamento en una u otra zona de
la ciudad y todas esas cosas que nos restriegan por las nari-
ces, no son más que la demostración de su pobreza interior.
Esa imperiosa necesidad de enseñarnos todo lo que poseen,
y compararlo con los demás, no es más que la demostración
de su falta de riqueza interior o, peor aún, de su infelicidad
por poseer tales cosas y haber perdido el sentido de las mis-
mas. No es difícil encontrarse con que la casa más grande
pertenece al más pequeño, o que el hombre que está más solo,
es el que más terreno posee. La felicidad no está en propor-
ción directa con la cantidad de cosas poseídas, si no más bien,
con la relación entre las cosas necesarias y las suficientes.
EL OPÚSCULO BORRAJO 35

Difícil esta matización entre necesaria y suficiente muy


dada entre los matemáticos, pero poco corriente entre los de-
más mortales. Según esta sociedad de consumo necesarias
serían todas las cosas, y todas insuficientes. Pero esa no es la
verdad. Miguel Gila, en uno de sus encuentros con quien es-
cribe, me dijo algo que desde entonces no me ha dejado ni un
solo momento: “Siéntate en el salón de tu casa y mira cuán-
tas cosas innecesarias tienes”. Yo añadiría, con su permiso,
y piensa que pocas de ellas son suficientes en sí mismas. La
diferencia entre necesario y suficiente, depende de cada uno
de nosotros pero nunca a de serlo de los demás. Ahí comien-
za uno de los problemas más importantes de esta sociedad
consumista en la que vivimos, que nos dejamos influir por
los demás siendo ellos los que determinan nuestras necesi-
dades y aquello que nos es suficiente haciéndonos una escala
de valores sólo en función de su conveniencia, casi siempre
monetaria o empresarial.
Uno se revela ante tanta hipocresía asumida como algo
natural en la sociedad.
Damos por hecho que ha de existir y que es condición del
ser humano el mantener una doble o triple moral, si es que
ésta existe. Vivimos en una sociedad discriminatoria con todo
aquello que nos supera, que nos asusta o nos hace pensar fue-
ra de los cauces habituales. Entendamos por habituales aque-
llos que nos son ordenados, o marcados por los medios, el
marketing, o todo ese mundo subliminal en el que estamos
inmersos de la mañana a la noche y la noche también.
Se han cansado de llamar ñoño, a lo familiar, a la ternura, a
los sentimientos que afloran de forma espontánea, haciéndo-
nos parecer ridículos a todos aquellos, que pensamos que no
es posible que a si se puedan definir las cosas más hermosas
que tiene el ser humano. Sin embargo les parece de lo más
natural la masiva propaganda de la agresividad en el ámbito
infantil y juvenil. La importancia exacerbada que al sexo se
le está dando y del amor al cuerpo en su forma externa y me-
ramente muscular. La propaganda reiterada de lo “hermoso”
que ellos manipulan y venden de una forma descarada pro-
duciendo necesidades falsas y ansias de cosas no alcanzables
en la mayoría de los casos. Todo esto dentro de una norma
sagrada que parece ser el caldo de cultivo de todo lo anterior-
RAMÓN BORRAJO DOMARCO 36

mente citado: “El pánico atroz al silencio”. Parece que fuera


necesario estar constantemente enchufado a algún aparato
que produzca sonidos, sea música, radio o televisión para que
nuestro cerebro no tome contacto con el mundo interior del
ser humano, para que así no piense en lo que está haciendo.
Sumado todo esto a una tremenda prisa constante para
todo y en todo. Una perentoria necesidad de estar ocupado
constantemente, como si la inactividad fuera una enfermedad
peligrosa. Hablan de la era del ocio y son los promotores de la
negación del mismo, llamando inútil a quien lo practica.
Si analizásemos el tiempo que dedicamos a nosotros
mismos nos daríamos cuenta que es tan mínimo, que rara-
mente podríamos conocer a nadie si le dedicásemos ese es-
pacio. Desde pequeños nos educan en un desconocimiento
total de nuestro interior, del nuestro ser más íntimo, dejando
sólo tiempo para el estudio de lo superficial, la anécdota. El
aprendizaje de una historia de la humanidad mal contada o
desfigurada según quién la cuente o en donde lo haga. Pasa-
mos la infancia aprendiendo datos, números, nombres, pero
casi nunca conceptos o formas de enfrentarse a los proble-
mas que se nos plantearán más adelante. Pasamos la juven-
tud, como si nos persiguiera alguien, sin saber la mayoría de
las veces dónde vamos y mucho menos de dónde venimos.
Participamos de la manada y como ella nos comportamos,
temiendo salirnos de su contexto, por temor a ser rechazados
por ella, sin darnos cuenta que el mero hecho de pertenecer a
ella ya es un acto de cobardía. Se nos educa para no romper
los esquemas de la misma, y si lo hacemos, que sea dentro
de las normas anteriormente marcadas por los que dirigen la
manada. La libertad individual es en nuestros días uno de los
pecados que menos se perdonan dentro de nuestra sociedad.
El no depender de nadie políticamente correcto es intolera-
ble, y por lo tanto, no debes de asustarte si utilizan el silen-
cio para combatir todo lo que uno hace fuera o dentro de la
sociedad en la que vives. Nada es creíble si no está admitido
previamente por el poder establecido, pero no piensen en el
poder de nuestro país, que no deja de ser un grano de arena
en el desierto del mundo, si no en ese otro poder sin cara y,
claro está, sin sentimientos, que rige y dirige el mundo. No
son los presidentes ni las instituciones internacionales las que
EL OPÚSCULO BORRAJO 37

manejan el “cotarro”, es un monstruo de unas pocas cabezas


y sin ninguna cara que hace que nos creamos que son otros
los que mandan para así pasar ellos desapercibidos dentro del
contexto mundial. ¡Inocentes! Aquellos que luchan contra la
globalización atacando a los estados o a sus dirigentes oficia-
les porque sólo luchan contra la puesta en escena y no contra
el director de la misma. El hambre en el mundo, ciertas enfer-
medades, los golpes de estado, las guerras... están calculadas
y pensadas para enriquecer cada vez más a esos pocos que
forman parte del monstruo anteriormente citado y que sólo se
conocen entre si por siglas comerciales o números de cuentas
corrientes en bancos suizos o en cualesquiera de los paraísos
fiscales creados por ellos mismos, según sus necesidades.
Por todo esto, uno no puede luchar contra todo en general
y ha de centrarse en uno mismo, para empezar, si aún no lo ha
hecho, con su propia guerra personal. Guerra que nadie puede
hacer por uno y que sólo en silencio y de una forma conti-
nuada ha de llevarse a cabo si no quieres caer en las redes de
todo aquello que se nos dice ser lo correcto, lo necesario y lo
suficiente. Una lucha que no tiene armas, ni campo de bata-
lla, y que sólo conduce a la victoria y nunca a la derrota del
ser humano. Una lucha personal e intransferible que sólo es
conocida por el individuo que la practica y que, poco a poco,
aflorará sin darse cuenta, haciendo que los demás noten por su
comportamiento que algo le está ocurriendo en tu interior, que
transforma su exterior dándole una belleza que no está en los
cánones políticamente correctos. Una lucha, que empieza por
asumir los propios defectos y virtudes sin despreciar ninguna
de ellos, dándoles la misma importancia. Asumir los defectos
no es sólo reconocerlos o admitirlos, si no ser conscientes
de que tanto pueden acrecentarse como irse reduciendo de-
pendiendo de nuestro comportamiento, pero nunca realizado
por un premio o el temor a un castigo, como dicen algunas
religiones, si no por el placer personal de su superación, aún
sabiendo que en cualquier momento se puede retroceder en
ese camino y tener que volver a empezar, pero siendo siempre
consciente, de que ya no se empieza donde la primera vez. Es
una lucha donde la comprensión del comportamiento de los
demás, es tan necesaria como la del comportamiento de uno
mismo. No es tolerancia. No somos nadie para tolerar a otro.
RAMÓN BORRAJO DOMARCO 38

Es muy diferente tolerar, que comprender. La diferencia es


tan abismal como que la primera te sitúa por encima de los
demás en una postura casi prepotente y, la otra, te hace cami-
nar al lado de ellos compartiendo problemas y luchas.
Vivimos en una sociedad que habla de interior y se refiere
solamente al oficio de decorar los edificios en su interior para
que las vean los demás, pero no para que el individuo tenga
un lugar para acceder a su interior. Todo aquel que plantea
una vida religiosa, interior, de una forma pública es tomado
como un loco, o por lo menos mirado con el recelo que da el
miedo a lo desconocido. Es tanta la necesidad de encontrar
soluciones a las cosas más elementales de la vida que estamos
asistiendo a un renacer explosivo de videntes, curanderos,
magos, brujas, echadores de cartas... y un sin fin de cosas que
parecían estar muertas o al menos olvidadas en baúl de los
tiempos. Cosas estas todas florecientes en las épocas de más
incultura en nuestra historia. Creo, que el ser humano tiene
poderes maravillosos que no ha descubierto, pero no puedo
por menos que desconfiar de aquellos que venden y trafican
con ellos, si es que en verdad los poseen. El problema, es
cuando las personas se creen tocadas por la mano de Dios
de una manera especial y diferenciada, cuando en realidad,
somos todos los privilegiados dado que todos tenemos esos
dones en nuestro interior pero los hemos tapado cada día más
con el consumismo desmesurado, un EGO pantagruélico, y
una prepotencia sobre la naturaleza que nos conduce hacia
nuestra propia destrucción como raza.

 ?
Nos han manipulado y lo siguen haciendo de una forma
descarada e inmoral. Ninguno de los poderes fácticos preten-
de la igualdad del ser humano, ni su paz interior, o su tranqui-
lidad anímica. Sólo utilizan nuestros miedos más ancestrales
para podernos manipular y dirigirnos hacia donde nuestros
comportamientos les sean más rentables, haciéndonos creer
que todo está pensado y realizado para y por nuestro bien.
EL OPÚSCULO BORRAJO 39

Es alarmante poder comprobar cómo la venta de cualquier


producto necesita ser anunciada con la utilización de referen-
cias sexuales, sea el producto que sea, y creando en el indi-
viduo frustraciones de tipo personal al verse despreciado por
no cumplir los cánones estipulados por la marca en cuestión.
El colmo es cuando un ser humano, en este caso un hombre,
es cambiado por otro al no saber poner una lavadora. Hemos
pasado de la utilización de la mujer como objeto en la pro-
paganda a que sea el hombre el utilizado como si fuera un
imbécil descerebrado que no vale nada más que para cumplir
unas necesidades fisiológicas, casi siempre sexuales. Es cu-
rioso poder comprobar cómo aquellas que ponían el grito en
el cielo al ver un anuncio de ropa interior para la mujer, callan
ahora ante estos anuncios que denigran al hombre. Ni el ma-
chismo de antes ni este “feminismo”, machista en sí mismo,
hacen nada bueno por el ser humano.
La Ética, esa vieja amiga de las culturas más importantes
de la historia de la humanidad, es ahora una desconocida y
arrinconada dama que pulula por los lugares más oscuros de
nuestra sociedad. Las normas de comportamiento personal,
han pasado a ser cosas de caducos y vejestorios. La moral
sólo tiene referencias religiosas y no sociales, dándole así un
sentido pobre y deteriorado al ser las religiones actuales di-
nosaurios fosilizados.
Uno, en su utopía constante e interminable, como esta pro-
testa, sueña en que los seres humanos rompamos las cadenas
con las que estamos sujetos, para poder liberarnos de todos
los lastres a los que hemos sido atados y poder tomar otros
caminos que nos conduzcan a un mundo diferente. Muchas
son las personas que esperan un nuevo líder, pero no saben,
o no quieren saber, que sólo uno puede ser el conductor de su
propia vida y es en el interior de sí mismo, donde están las
respuestas a todas las preguntas que nos atormentan desde el
principio de los tiempos.
Esta protesta no es contra los demás, sino contra mi mis-
mo, por no haber puesto más medios en esta lucha intermi-
nable que me hace sentir, muchas veces, como algo inútil y
superfluo. Todos y cada uno de nosotros tenemos una protesta
interminable que anda por nuestro interior, pero también es
RAMÓN BORRAJO DOMARCO 40

cierto que con el bullicio que nos rodea e inunda, pocas veces
somos capaces de escucharla.
Cuando escribo estas últimas opiniones afloran en mí nue-
vas protestas que se hacen interminables. Es cada uno de no-
sotros el que ha de encontrar soluciones a ellas dependiendo
del lugar en el que se encuentre, y de una forma personal e
intransferible. No son los demás, sino todos y cada uno de
nosotros, los que debemos encontrar el camino o los caminos,
que nos conduzcan hacia una sociedad equitativa y respetuo-
sa con el otro, sea cual fuera su raza, color o sexo.
No es fácil que una persona tan dada a la palabra como
yo, haya sido capaz de ser tan escueto en temas que darían
cientos de páginas por sí mismos. Pero este ejercicio me ha
valido para darme cuenta de que los sentimientos más autén-
ticos son los que ocupan menos espacio, tanto en los libros,
como en el interior de cada uno. Sólo lo superfluo es barroco,
y lo intrascendente ampuloso.
A quien lea estas páginas le deseo que encuentre el silen-
cio preciso y precioso, para poder empezar su propia PRO-
TESTA INTERMINABLE. Una protesta que sólo se puede
hacer desde el humor y con humor, porque es la única arma
que no mata, pero despeja la mente o deja fuera de combate
a todos los que quieren manejarnos como marionetas. Su ego
es tan grande que les tapa todos los puntos de referencia y les
dejan en la oscuridad de la estupidez más preocupante, que
es la de aquel que no se sabe estúpido. O peor aún, cree ser el
mesías que todos esperamos sin saber que lo tenemos dentro
de nosotros encerrado en una cárcel que hemos permitido que
nos fabriquen los que dicen hablar en nuestro nombre y por
nuestro bien.
Muchos de ustedes se preguntarán ¿qué tiene que ver el
humor con este vómito de ira contenida? Todo y nada a la
vez. Todo porque el humor es la pomada y el arma que puede
curarnos y hacer que matemos la estupidez ajena, si no es
que tenemos que empezar por la propia, algo que sería muy
recomendable desde todos los puntos de vista.
ACTO PRIMERO
DIOS MÍO, ¿QUÉ ES EL HUMOR?

D
EFINIR el humor, o el humorismo es tan difícil como
cortar un rayo de luna con unas tijeras o atraparla en
un estanque. Lo que si puedo afirmar, o acercarme a
un dato certero, es que la risa es de las pocas cosas que nos
diferencia de los animales, aunque hay veces que llegué a
ponerlo en duda durante los 38 años que me dediqué a esto
del humor.
¿En verdad he sido humorista? Yo creo que no, pero así me
catalogaron los que todo lo catalogan: Los catalogantes.

El Diccionario de la Lengua Española dice:

Humor: Facultad del humorista.


Humorista: Persona que se expresa con humorismo.
Humorismo: Manera de enjuiciar, afrontar y comentar las
situaciones con cierto distanciamiento ingenioso, burlón
y aunque sea en apariencia, ligero. Linda a veces con la
comicidad y la ironía, sin que se confunda con ellas; puede
manifestarse en conversaciones, en literatura y en todas
las formas de comunicación y de expresión.
Comicidad: Cualidad del cómico, vis cómica.
Cómico: Capaz de divertir o de excitar la risa.
Ironía: Burlas fina y disimulada. Figura que consiste en dar a
entender lo contrario de lo que se dice. Contraste fortuito
que parece una burla.
Burla: Acción o palabras con que se procura poner en ridícu-
lo a personas o cosas.
Sarcasmo: Burla sangrienta o ironía fuertemente mordaz.
Befa, escarnio: son afrentosas.
RAMÓN BORRAJO DOMARCO 44

Chiste: Dicho agudo y gracioso. Suceso gracioso y festivo.

Estas son las definiciones oficiales que el Diccionario de


la Lengua Española nos da, para definir lo indefinible o en-
casillar lo que no puede encerrarse en casillas o definiciones.
Pero dado que ellos lo hacen, yo en mi pedantería estúpida,
también voy a dar mis propias definiciones para así liar más
el ovillo del humorismo, mal llamado humor.

Humor: No sé lo que es. Me nace, lo siento y lo propago de


forma que los demás dicen que tengo y hago humor.
Tener humor: Capacidad de la persona para enfrentarse a las
situaciones cotidianas o imprevistas, con ironía y sentido
crítico, dándole la vuelta a éstas para sacar de ellas la par-
te graciosa, utilizando el ingenio para ello. Algunas veces
se hace banal lo profundo e, intranscendente lo serio, con
el ánimo de conseguir la risa o el esbozo de la sonrisa en
otra u otras personas. Al que se dedica a ello como oficio,
cobrando por ello, se le llama: humorista.
Al que lo hace de forma altruista se le llama filósofo.

La función del humorista, según el que escribe estas pala-


bras, es ante todo divertir, al tiempo que dejar en el especta-
dor la semilla de la duda sobre lo dicho o la intencionalidad
de ello, haciendo que recapacite sobre lo contado o narrado,
bien sea con palabras, gestos o canciones. Esto último suele
hacerse una vez pasado el momento en el que transcurre di-
cho acto. Cuando el humor se utiliza como arma va dirigido a
aquellos que no quieren ver la realidad, siendo el humorista el
espejo fiel de la misma. Si se usa como medicina, va dirigido
a aquellos que padecen soledad o depresión, o sencillamente
apatía ante lo que ocurre diariamente (esto lo ampliaremos
más adelante).
El mundo del humorismo (humor) es tan amplio que es
muy difícil hacer una catalogación exacta de los tipos de
humorismo. Pero sí lo intentaremos hacer por el tipo de hu-
morista, aun sabiendo que las diferencias entre ellos pue-
den ser sutiles, o que en uno de ellos se conjuguen distintas
formas de hacer humor.
EL OPÚSCULO BORRAJO 45

A PARTIR DE AHORA AL HABLAR DE


HUMORISMO DIREMOS HUMOR, DADO
QUE TODOS ASÍ LO ENTENDEMOS DE
FORMA COTIDIANA Y COLOQUIAL.

Tipos de personas dedicadas a esto del humor.

Bufón:1 Truhán que se ocupa en hacer reír. (Del DRAE) Per-


sona ingeniosa que, aprovechándose de una anomalía fí-
sica, hacía reír en las cortes a los reyes y cortesanos de él
mismo, con sus gracias y ocurrencias, diciendo la mayoría
de las veces lo que otros no podían decir delante del rey.
Bufo: Cómico que raya en lo grotesco y lo burdo. Persona
que hace el papel de gracioso en la ópera italiana. (¿Puede
ser que esto esté en el Diccionario?)
Humorista: Persona que se dedica al humor sin ningún artilu-
gio o disfraz.
Cómico: Persona que hace gracias en las comedias. Puede
utilizar ropas y disfraces para conseguir su fin.
Caricato:2 Imitador cómico de algunos personajes frente al
público, que exagera el tic y defectos del imitado sin llegar
al esperpento.
Imitador: Persona que posee facilidad para reproducir fiel-
mente voces y gestos de otras personas; casi siempre céle-
bres, famosas o populares. Con o sin elementos externos
(gorros, pelucas, etc). Ejemplo: Carlos Latre.
Charlista: Persona que sentada detrás de una mesa, o de pié,
hace verbalmente el desarrollo de un tema con toques de
humor a lo largo del mismo. Pronuncia charlas. Ejemplo:
Javier de Campos, Paco Gandía o Eugenio.
Cómico de la espalda: Se le llama a la pareja de cómicos, o
humoristas, en la que uno de ellos, sirve el chiste al otro.
Ejemplo: Tip y Coll, Dúo Sacapuntas o los Hermanos Ca-
latrava.
Pareja cómica: Se llama al conjunto de dos personas que se
1
Muchos bufones fueron consejeros reales y pintados por pintores famo-
sos, el más destacado de ellos fue Velásquez.
2
Por mi experiencia sé que muchas veces el imitado es más exagerado
que el imitador. Raphael, Rocío Jurado, Julio Iglesias.
RAMÓN BORRAJO DOMARCO 46

unen con el fin de divertir a los demás usando el humor


con historias cortas. Las más frecuentes son las formadas
por un hombre y una mujer, para poder parodiar a ambos
sexos. Ejem.: Juanito Navarro y Lina Morgan.
Payaso: Artista de circo que hace de gracioso, con trajes, ade-
manes, dichos y gestos apropiados. (Del Diccionario). Ar-
tista de pista, sea o no de circo, que se maquilla y disfraza
de forma exagerada para provocar la risa con sus gestos y
situaciones. Puede ir en pareja, solos o en grupos. Si lo ha-
cen en pareja se llaman, Augusto, el de cara blanca y culto
y .... el estrafalario, aparentemente tonto, pero listo, muy
listo. Yo personalmente a este último los adoro. ¡Gracias,
Tonetti!
Esperpento: Decimos que es esperpéntico cuando raya en
el mal gusto, por lo exagerado y ridículo, tocando casi lo
ofensivo y el insulto, sin llegar a ello. El esperpento ra-
ramente alcanza el escenario y se queda en la calle como
motivo de chanza y de burla, no quiero olvidarme de la
genialidad “esperpéntica” de Valle Inclán, pero eso es otro
mundo.
Humor de provocación: Es aquel que pretende mover, o za-
randear, los ánimos del espectador paseándose constante-
mente por la cuerda floja, entre lo correcto y lo incorrecto,
en los límites de la llamada educación, con el deseo de
hacer reflexionar al público sobre el tema escogido y en
clave de humor. Es un juego intencionado para poner al
límite al espectador. Ejemplo: Pedrito Ruiz.
Mimo: Persona que con su cuerpo y sin utilizar palabras, aun-
que sí sonidos, cuenta historias que mueven a la sonrisa.
Utiliza objetos, muchas de las veces dándole una utilidad
que no es la acostumbrada, para demostrarnos su ingenio
y capacidad creativa. Ejemplo: Pepe Villuela.
Humor musical: El que se realiza teniendo la música como
medio de expresión o base del mismo. Suelen realizarlo
personas muy duchas en el manejo de los instrumentos
musicales. Entre las personas dedicadas al humor que uti-
lizan este método destacan entre otros, son los payasos.
Ejemplo: Los payasos de la Tele.
Humor gráfico: Es el realizado con dibujos, con o sin palabras,
siendo uno de sus exponentes más corrientes la caricatura.
EL OPÚSCULO BORRAJO 47

Caricatura: Dibujo realizado de una o varias personas, bien


sea sólo de cara o de cuerpo entero, donde se exageran sus
facciones o se le metamorfosea con animales o plantas,
para provocar risa.
Humor escrito: Es el realizado por medio de la escritura, bien
sea en forma de novelas o narración corta.

La aceptación del humor que el humorista nos propone, es


aprobada por el espectador, por medio de la risa o la sonrisa.

Risa: Manifestar alegría y regocijo mediante ciertos movi-


mientos de la boca, la mirada y otras partes del rostro,
acompañados de la emisión de una serie de sonidos explo-
sivos e inarticulados. Acción de reír.

Pero limitar la risa a una simple definición de diccionario


no hace del todo honor al sinfín de formas que tenemos para
expresarnos sobre los tipos y niveles de risa, por ejemplo ahí
van esas perlas:

Risa falsa: la que uno hace fingiendo agrado.


Partirse de risa.
Destornillarse de risa.
Morirse de risa.
Reventar de risa.
Mearse de risa.
Cagarse de risa.
Partirse el culo de risa.

Sonrisa: leve y sin ruido que sólo se manifiesta por los movi-
mientos de los labios.
Carcajada: risa ruidosa y con ímpetu.
Descojone: risa exagerada con cierta burla de algo o de al-
guien.
Descojone general: todo el mundo asistente al evento.

He de aclarar que hay una risa provocada y otra espontánea.


La primera la consigue el humorista o la persona capacitada o
preparada para ello, por métodos aprendidos, tanto empírica
como académicamente. Es muy distinto reírse cuando una
RAMÓN BORRAJO DOMARCO 48

persona tropieza o se da contra un cristal que no vio, que


hacerlo cuando alguien se lo ha propuesto, o nos responde de
una manera ingeniosa que nos sorprende y nos conduce a la
risa.
¿Que por qué nos reímos cuando alguien tropieza con una
farola? He de serles sincero y reconocer que nunca lo he en-
tendido, como no entiendo que el interfecto acelere el paso,
sin pararse para ver porque ocurrió y con qué. Como tengo
que dar mi opinión, les diré que yo pienso que nuestro cere-
bro lo usa como escapatoria a una situación imprevista, en la
que nos quedamos sin saber qué hacer en ese momento.
La risa no la podemos manejar a nuestro antojo, es el re-
sultado “de” no el acto para llegar “a”.
La risa es contagiosa, de tal forma que una persona rien-
do puede provocar en otros la risa sin motivo alguno, como
también puede hacerlo por medios mecánicos, pero esa risa
no viene del humor. De ahí que tengamos que aclarar que el
humor no tiene por finalidad la risa, si no que es el resultado
de un sin fin de situaciones que el humorista provoca en el
tiempo de su actuación. Si la meta del humorista sólo fuera
conseguir que riamos con ponernos un disco de risas, ya lo
conseguiría. Esto ha hecho durante muchos años que sesudos
estudiosos del humor, y otros no tanto, entendieran que el
humorista que provocaba sonoras carcajadas nada tenía de
intelectual, y sí aquel que sólo conseguía sonrisas o esbozos
de la misma. La intelectualidad del humorista no depende del
volumen de las carcajadas o la duración de las mismas, si no
de la utilización de su intelecto para interpretar situaciones
difíciles, cotidianas o extrañas, para darle un sentido cómico
a las mismas.
Todas estas definiciones anteriormente citadas no dejan de
ser pequeños apuntes para intentar definir el mundo mágico y
sorprendente del humor. Definiciones estas que cualesquiera
puede cambiar o corregir según su punto de vista dado que
cada ser humano tiene un humor diferente, que a veces por
convivir o trabajar juntos, consigue unificarse en una forma
de humor que puede variar según la cultura, la clase social o
el país en el que se viva, región o provincia. El estado de áni-
mo en el que uno se encuentra es una variante más del humor,
EL OPÚSCULO BORRAJO 49

ya que no reaccionamos igual ante un mismo chiste o gag


dependiendo de nuestro estado de ánimo o situación.
Para hacer humor no hay una norma, ni unas pautas pre-
determinadas, por las que al utilizarlas tengamos asegurado
el éxito, es decir la risa o la sonrisa, de aquellos a los que va
dirigido. Una misma circunstancia, situación o hecho, puede
ser contado de miles de formas diferentes dentro del humor.
El humor podría clasificarse en función de que medios se
utilizan y a quien va dirigido.
Es cierto que hay un tipo de humor del que sólo se ríen
algunos, pero no es menos cierto que existe un humor váli-
do para todos. Hay personas que pretenden que el humor los
diferencie o marque distancias sociales, pero he de decir que
la falsa educación, la hipocresía y la mal llamada clase son
enemigos del humor.
El humor puede ser una catarsis, es decir, por medio de él
podemos eliminar recuerdos que perturban la conciencia o
el equilibrio nervioso de forma pasajera, aliviando de cargas
nuestro cerebro. De ahí que últimamente se le considere una
buena terapia para el mal de este siglo: el estrés.

El físico en el humor

Uno de los puntos importantes en el humor es que el que


lo practica ha de saber reírse de sí mismo primero, haciendo
de esa manera un ejercicio mental saludable para poder pos-
teriormente hacer humor, o parodiar lo que ve u oye.
Hay algo curioso que podemos apreciar en todos aquellos
que se dedican al humor, y es el hecho de que todos ellos, ha-
yan tenido problemas en su infancia o podamos decir que no
son muy agraciados físicamente, comprobando que aquellos
que se pueden considerar “guapos”, hacen todo lo posible por
no parecerlo, por medio de artilugios como pelucas, gafas,
bigotes postizos, etc.
Puede ser que el hecho de superar las críticas durante la
infancia o en la juventud, les hagan ver la vida de otra manera
y desde otro punto de vista.
Si retrocedemos en el tiempo no nos es difícil darnos cuenta
que los bufones en las cortes de los reyes, desde la edad me-
RAMÓN BORRAJO DOMARCO 50

dia hasta el siglo XVIII, fueron los encargados de divertir, pero


también de procurar enseñar la cruda realidad a los poderosos
por medio del ingenio y del humor. Algo parecido hicieron
posteriormente los petimetres, personajes, estos, que no son
el mejor ejemplo del buen humor. Aunque sí cumplieron el
papel de divertir a ciertas clases sociales más por sus extra-
vagancias que por su ingenio. Muchos de ellos se camuflaban
bajo este disfraz para no ser centro de la ira de los poderosos
al tomarlos por estúpidos o meramente snobs.
Es raro el humorista que no haya hecho una parodio o mo-
nólogo sobre su propia vida, exagerando sus defectos, para
ser el espejo viviente de los demás, que no quieren verse re-
flejados en sus críticas.
El mundo machista en el que vivimos puede ser una de las
razones por las que no existan muchas mujeres en el mundo
del humor, y también porque lo anteriormente dicho no es
fácil para una mujer poco agraciada físicamente, algo que no
es cortapisa ni valladar para que existan mujeres con gran
ingenio en el mundo del humor, pero son minoría en com-
paración con los hombres. Los años que yo he vivido en el
mundo del espectáculo era muy difícil ver a una mujer en
una sala de fiestas por la noche actuando sin que se le ca-
talogara de mujer de vida dudosa. Casos tan geniales como
Mari Sampere o Mari Carmen la de los muñecos, son claros
ejemplos de ello. En otros países como los Estados Unidos es
más fácil encontrar casos de mujeres dedicadas al humor con
verdadero éxito. Pero confieso que el concepto del humor de
ese país sería para hacer un análisis más profundo, tanto el de
sus primeras influencias europeas de la emigración como del
humor actual típicamente americano, que se aleja mucho del
que practicaron los hermanos Marx o Chaplin, el Gordo y el
Flaco o Buster Keaton.
He de reconocer que en mi caso, mis gafas y mi bigote
fueron en un principio un punto de referencia en mi humor
y, claro está, los problemas en la juventud fueron el punto de
partida de mi humor como defensa y como arma, así como
de medicina para mis frustraciones, ¡que de todo tiene uno!
Recuerdo que mi primera presentación decía: Con ustedes
Moncho Borrajo. Gallego, feo y bajo. Siempre se encuentra
uno en la vida con personas caritativas que te dicen que no
EL OPÚSCULO BORRAJO 51

eres ni tan bajito ni tan feo, pero nadie se ha atrevido a decir


que no soy gallego.
¡Por desgracia! los defectos físicos siempre han sido mo-
tivo de escarnio y de burla y esto ha creado en muchas perso-
nas el ansia de venganza, pero es el humor, sin duda alguna
para el que escribe, el arma más poderosa para combatir las
burlas y salir victorioso del escarnio.
Miguel Ángel Rodríguez en su conferencia dada en las
Jornadas de Estudio y Análisis del Humor en mayo del 2006
en Sevilla dijo:
«El público se siente identificado contigo cuando hablas
de tus desgracias. Todos estamos cansados de hombres y
mujeres perfectos, que tienen cumplidos todos sus sueños.
Contra más desgraciado seas, más éxito tendrás en el mundo
del humor. Los más graciosos son los feos, los gordos, los
desaliñados, y los que cuentan que son cornudos, borrachos,
o que no hacen a penas el amor. Particularmente, yo cumplo
todos esos requisitos, y lo peor de todo: la gente se lo cree
cuando lo cuento».3

Por todo esto siempre he pensado que:

EL HUMOR ES UN FRONTÓN DONDE REBOTA LA


ESTUPIDEZ Y EL ESPEJO DONDE NO SE QUIEREN
VER LOS PREPOTENTES.

Decir que existen distintos tipos de humor es caer en la


trampa más antigua del mundo, la de querer clasificar todo
aquello que por sí mismo no es clasificable. Pero como uno
pertenece a esto que se da en llamar género humano, pues ha-
remos lo posible por no desmerecer tal honor, e intentaremos
hacer un sesudo y concienzudo análisis del mismo aún a sa-
biendas de que siempre habrá alguien que nos recrimine el
haberlo intentado, o que nos eche en cara el habernos olvida-
do de algo o de alguien.
Para empezar a clasificar el humor, deberíamos decir que
cada edad tiene o disfruta de un tipo de humor, así como cada
3
“Ontología del humor: reflexiones en babucha” por Miguel Ángel Ro-
dríguez, en el libro de las jornadas Morfología del Humor I (Sevilla,
2006).
RAMÓN BORRAJO DOMARCO 52

clase social, raza o tribu, sea o no urbana. No se ríe de lo


mismo un niño de siete años que uno de doce y mucho menos
uno de catorce que uno de dieciocho, pues a medida que su
cerebro se desarrolla y su inteligencia se ejercita en el Arte
del humor, va evolucionando su forma de entenderlo y disfru-
tarlo. Esto no implica que no existan personas que se queden
en un estado inicial del humor, no sólo porque su intelecto
no se desarrolla, si no porque no se mueven de un entorno
social primario o por el contrario son víctimas de un entorno
social esnob y minoritario, de forma que su sentido del humor
queda relegado a un tipo concreto del mismo y a una función
meramente social de salón, o de club, sea o no deportivo.
El humor no es un oficio, es un Arte con mayúscula, el úni-
co defecto que se le puede achacar es que no es minoritario, y
eso le resta mucha importancia en aquellas sociedades como
la nuestra en la que lo exclusivo alcanza grados de importan-
cia cultural.
El Humor es ante todo libertad y si hay algo que molesta a
los seudo elitistas o seudo cultos, es precisamente el desarro-
llo libertario y libre del Humor.
Uno se ha visto más de una vez relegado en el podium de
los reconocimientos precisamente por practicar esta libertad
y ser aplaudido por la mayoría y no por una minoría pedante
y amante de lo privado para dárselas de entendidos, cuando
en realidad se ríen de lo mismo que los que ellos desprecian,
y muchas de las veces no les llegan al forro de las criadillas,
por dar un ejemplo taurino y gastronómico.
Tanto en el humor verbal como gráfico, si nos decidimos a
hacer una clasificación diríamos que puede ser:4

Blanco.
Negro.
Sexual o verde.
Escatológico.
Racista.
Homófogo.
Machista.
Feminista.
4
Todos estos tipos de humor, pueden entremezclarse entre si, algo que
ocurre con frecuencia en mi caso y en el de otros muchos que se de-
dican al humor.
EL OPÚSCULO BORRAJO 53

Absurdo.
Social.
Político.
Religioso o anticlerical.
Autonómico o entre países.

Humor blanco: Es aquel que se basa en cosas o actos ino-


centes y que no encierran maldad alguna, pero no por ello
falto de ingenio y gracia. El ejemplo más reciente de este
tipo de humor en España fue el realizado por Eugenio.
Imagínense en pleno mes de diciembre en el
polo norte, más exactamente, en lo alto de un ice-
berg plano como un plato que con las arremetidas
del viento, que lo azota a más de 180 kilómetros
por hora, golpea el inicio de la plataforma de hie-
los perpetuos del ártico. Luego hace frío, mucho
frío, un frío de cagarse. Y sobre este iceberg se en-
cuentra una pareja de osos polares; mamá osa y
bebita osea-zna (es que es un poco pija).

—Mamá, ¿tú estás segura que mis abuelos eran


polares... o sea polares polares?
—Sí, hija, los yayos eran polares polares de
pura raza de osos polares.
—Y, mamá, ¿tú y papá soy polares, lo que se
dice polares, pero polar polar polar, vamos que
super requetepolares de los más polares del polo
polar?
—Y tan polares que somos, sólo hace falta ver-
nos.
—Y, mamá, ¡¿tú dirías que yo soy una osa
polar, pero super-mega-requete-conseguidísima-
ultra-plus-polar polar, pero de lo más polar que
puede existir en el polo polar del polo?!
—Hija, más osa polar que tú es imposible ser.
—Entonces mamá, ¿tú me puedes explicar por
qué coño tengo tanto frío?

Humor negro: Es el basado en la muerte o actos referentes


a ella, o que contadas y contempladas desde otras pers-
pectivas suscitarían piedad, terror, lástima o emociones
parecidas. En el humor gráfico destacó Chumi Chumez.
En la actualidad de nuestro país humor negro es hacerlo el
RAMÓN BORRAJO DOMARCO 54

mundo del terrorismo, la muerte de Lady Di o la emigra-


ción en pateras.
Humor sexual: El basado en los actos sexuales de las perso-
nas en todas sus formas. Por la actitud social ante el sexo
suele ser tomado como chabacano y vulgar, pero no ha de
ser así forzosamente. Muchas veces las metáforas utiliza-
das para representar el sexo masculino o femenino hace
que el ingenio de quien lo cuenta supere el efecto social de
mala educación. Estos mismos que llaman vulgar a quien
hace este tipo de humor son los que luego en privado lo
utilizan. Suele ser característico de ciertas edades jóvenes
en las que provoca una gracia especial.
Humor escatológico: Es el referente a los excrementos: culo,
caca, pedo, pis.
Humor racista; machista; homófogo; feminista: Distintos
tipos de humor en el que se trata como centro de atención
para la burla, o la chanza, a otras razas, hombres, mujeres,
homosexuales etc. basado en conceptos machistas, homó-
fogos o racistas.
Humor absurdo: Es el que basa su actuación en cosas, actos,
ideas, que no permiten un razonamiento dentro de las nor-
mas de la lógica. Contrario a la razón. Ejemplo claro de
ello fueron Tip y Coll y los hermanos Marx
Humor social: Todo aquel que tiene como fin hacer una críti-
ca de todo lo que sucede o acontece en la sociedad actual.
Humor político: Es aquel que tiene a la vida política, y a los
políticos, como elemento central de su actuación. Podía
considerarse dentro del humor social.
Humor religioso: Todo aquel que basa sus elementos como
tema central del mismo, en las distintas religiones del
mundo, en sus libros sagrados, ministros o seguidores.
Caen muchas veces en el anticlericalismo.
Humor nacionalista: Es el humor que tiene como base la
burla, el desprecio o el menosprecio de otros países que no
es el propio. También ocurre entre autonomías, provincias,
pueblos.
El monólogo:5 Palabra formada por mono y logo, uno y pala-
bra en griego. También llamado soliloquio. El monólogo
5
Conjunto de chistes monotemáticos, unidos entre si, con cierta gracia y
ocurrencia, de forma coloquial, con el ánimo de hacer reír.
EL OPÚSCULO BORRAJO 55

es algo que se viene realizando desde los griegos y posi-


blemente fuera el comienzo de los humoristas de hoy en
día. Últimamente debido a la influencia inglesa se le ha
dado en llamar “comedia” del inglés comedy. Es una ac-
tuación unipersonal y monotemática.
El chiste: Dentro de los chistes existen distintos tipos de ellos
que se encuadran en los tipos de humor anteriormente ci-
tados, y también en nuestro país existen catalogaciones de
chistes según el tema que traten o cómo se planteen o a
quién se les adjudiquen.

Algunos ejemplos entre mil:

Chistes de Jaimito.
¿Qué le dice...?
Se sube el telón, se baja el telón.
¿En que se parece...?
Chistes de putas.
Chistes de maricones.
Chistes de la mili.
Chistes de cada profesión.
Chistes sobre personas o colectivos tratándolos como ton-
tos: gallegos en América.
Lepe en España.
La gomera en Canarias.
Los belgas en Francia.
Chistes de Jaimito:6 Chistes que se le atribuyen a un perso-
naje imaginario de corta edad. Travieso y muy ingenioso
para salir de entuertos y aprietos ante sus padre o profeso-
res, o de la vida en general.
Chiste escenificado: Es aquel que partiendo de un chiste sen-
cillo, o anécdota corta, toma cuerpo por medio de añadi-
dos referentes al mismo que son en sí mismos pequeños
chistes que le dan cuerpo al primero, pudiéndolo convertir
en un monólogo. En el humor hablado es tan importante
6
Jaimito fue una revista española de historieta infantil, editada por Edi-
torial Valenciana, que se publicó entre 1945 y 1979. Jaimito fue un
personaje de Karpa en esta revista. Posiblemente de ahí saliera su po-
pularidad y se atribuyeran más tarde los chistes que de él se contaban
en todo el país.
RAMÓN BORRAJO DOMARCO 56

lo contado como la forma en que se hace. Por lo que el


lenguaje y la forma de utilizarlo es fundamental para el
resultado. El mismo chiste contado por distintas personas
da resultados tan dispares que pensaríamos que no es el
mismo chiste. La gracia personal, o la peculiaridad, del
que hace humor son fundamentales para este viejo y le-
gendario arte.
Palabro: Palabra inventada que en sí misma no se refiere ni
define nada. Por la forma de decirla, o el entorno en la que
se introduce, puede tener un significado, erótico, sexual o
político, que son los más corrientes. Muchas veces el humo-
rista utiliza palabras conocidas para darles otro significado
en función de cómo las pronuncia o en que entorno las si-
túa. La deformación, o cambio de algo conocido por todos
o por una gran mayoría, nos da un punto de referencia de
los conocimientos de los que nos escuchan. Ejemplo con el
Teorema de Arquímedes:

Todo cuerpo sumergido en un


líquido, experimenta un empuje
de abajo a arriba igual al peso
del agua que desaloja.

TODO CUERPO SUMERGIDO EN LA


PRENSA DEL CORAZÓN, EXPERI-
MENTA UN EMPUJE HACIA LA ES-
TUPIDEZ, IGUAL AL PESO DE LAS
NEURONAS QUE DESALOJA EN EL
INTENTO.
Si esto lo firmara Pocholo Martínez-Bordiú el resultado
sería de un compendio de formas de humor, entre lo social,
lo absurdo y casi lo esperpéntico, con un toque de pedan-
tería cultural ¡Un lujo!

Breve ejemplo con productoras cinematográficas:


“Yo ni me la Paramount ni me la Movirecord,
pero por Tewnty Century se la Metro Goldwing
Mayer o se la Fox”.
EL OPÚSCULO BORRAJO 57

Ejemplo no tan breve con nombre de literatos:


“A mí no me la Quevedo nadie porque me lo
Benavente. Pero si me la Cernuda, me la Lope de
Vega. ¡Y no se le ocurra hacerme el Unamuno por-
que me lo Vargas Llosa, pero bien! Así que vaya
se usted que se la San Juan de la Cruz a otra parte
o se la Teresa de Jesús si lo prefiere, pero a mí no
me la Góngora nunca más. Si usted no me Rosalía
de Castro me la deja Bécquer y por tanto no me la
Calderón. Gala no me la Pardo Bazán, y si me la de
Prada, me la Espido a lo Garcilaso de la Vega”.7

7
El lector puede continuar este ejercicio dependiendo de sus conocimien-
tos literarios.
NOTAS SOBRE EL HUMORISMO
(HUMOR)
Y EL HUMORISTA8

E
N el humor hablado no sólo se ha de tener en cuenta lo
que se dice, si no también cómo se dice y qué gesto se
utiliza en cada momento. Muchas veces el gesto y la pa-
labra no van al unísono, o con la misma intención, si no que
son contrapunto uno del otro para así hacer que el espectador
se fije más en lo dicho o en lo hecho, depende de la intencio-
nalidad del humorista.
Cada humorista ha de encontrar su propio lenguaje, tanto
físico como de signos o gestual, para expresar con claridad
lo que pretende. Han existido cómicos que han recurrido a
la negación, o a la casi inexistencia de gestos, para dar más
importancia a lo dicho.
El énfasis, la desgana, la alegría o la apatía que se ponga
al decir una cosa cambian por completo el mensaje que recibe
el espectador.
Existen humoristas que utilizan la agresividad para atraer
la atención del público para que así presten más atención
a lo que está contando. Hay quien hace de la participación
su elemento conductor. En estos casos hay países, zonas
o regiones, donde es más fácil lograrlo. Uno de los pun-
tos fundamentales para que esto suceda depende del senti-
do del ridículo que se posea. España no es un país que de
muchas facilidades, todo lo contrario que el mundo anglo-
sajón. Existe una frase muy característica que define este
8
Estas son opiniones que han surgido de mis 38 años de contacto con el
público como humorista. Cosas sin importancia.
RAMÓN BORRAJO DOMARCO 60

comportamiento: “Yo he venido a que me diviertan, no ha ser


la diversión”. Frase ésta curiosa, cuando al público español le
agrada en sobremanera que el humorista haga blanco de sus
burlas y chanzas sobre alguno de los presentes así como en
personas públicas de todos conocidas.
Son los niños los que participan con más facilidad, pero
también son un público más difícil ya que no mienten en sus
gustos y reacciones y nunca aplauden o ríen por compromi-
so.
De los catorce a los dieciocho años el público, al estar pa-
sando por un momento de asentamiento de su personalidad,
suele ser difícil pues es fácilmente manejable por el jefe del
grupo, siguiendo las pautas que él marca y no por su gus-
to personal. El miedo a poder hacer el ridículo les retrae en
sus comportamientos. Al ser unas edades en que empiezan a
despertar a la sexualidad y al amor, tienen miedo a perder los
favores de las personas que pretenden.
En esta edad y en todas, siempre hay entre el público per-
sonas con ansias de notoriedad, lo que hace que pretendan
llamar la atención de los presentes para así dejar al humorista
en un segundo término. Es vital para el humorista ganar esa
batalla, o bien haciéndoles partícipes del número, o ganarles
en ingenio y rapidez, ridiculizándolos delante de los demás.
Sábete que habrás ganado un enemigo, pero esa batalla no.
Si el humorista al terminar la función pide un aplauso para el
colaborador y le da las gracias, es casi seguro que el enemigo
se diluya ¡Ay el ego!
El mayor enemigo de un humorista en el escenario, es la
falta de seguridad en lo que cuenta o hace. También es cierto
que la excesiva seguridad del humorista puede producir un
distanciamiento con el público, tan peligroso como el ante-
rior.
Pero hay que recordar que uno raramente hace reír a quien
no quiere.
Una cosa es el humor que nace espontáneamente durante
una conversación y otro, el que se prepara para un espectácu-
lo. Para la risa hay que prepararse. No es que tengamos que
hacer ejercicios de preparación como para una carrera, pero
si una cierta predisposición para reír. Un ejemplo claro es
cuando alguien antes de contarte un chiste te prepara para el
EL OPÚSCULO BORRAJO 61

mismo diciéndote: “Te voy a contar un chiste buenísimo que


me contaron ayer”. Es una forma de decirte que te prepares
para escuchar una cosa que tiene gracia.
Hay personas que por aparentar delante de los demás una
cultura superior o por distanciarse de la mayoría optan por
no reír de lo que ríen los demás y dicen: A mi no me hace
gracia.
Ante esto pueden pasar tres cosas:

1) Que, efectivamente, lo dicho carezca de gracia o inge-


nio.
2) Que no sea capaz de encontrarle la gracia a lo contado,
aún teniéndola.
3) O que sea esa persona la que no tiene sentido del humor
y achaque su falta a los demás.

A una sesión de humor hay que ir libre de prejuicios. Hay


personas que no soportan la alegría ajena, alegando no en-
tender ¿De qué se ríen los demás? Sin darse cuenta, o no lo
quieren reconocer, que sí le hace gracia lo dicho pero le gus-
taría reírse él solo y no compartirlo con los demás. A estas
personas les recomiendo muy seriamente:

• Leer atentamente las instrucciones.


• Consultar al farmacéutico.
• Acudir al médico más cercano.

Es muy difícil conseguir que se apeen del burro, pues pa-


rece que si lo hicieran perderían algo fundamental para sus
vidas, sin darse cuenta de que ya lo han perdido: La capaci-
dad de reír.
La fama que antecede al cómico, ya predispone al espec-
tador a tener una postura receptiva ante lo que se avecina.
El disfraz, puede ayudar en el humor, pero la mayoría de las
veces es una tapadera de la falta de ingenio. El disfraz es al
humorista como la salsa a la carne. Es muy distinto el disfraz
para crear un personaje, que el que se hace para crear un es-
perpento de una situación que carece de gracia
Hay gente negada para el humor, mientras otros con su
sola presencia mueven a la risa. Pero es distinto tener gracia
RAMÓN BORRAJO DOMARCO 62

que ser gracioso. Hay humoristas que no tienen humor, pero


son graciosos.
El humorista ha de recurrir a temas sencillos y cotidianos,
para llegar al mayor público posible, sin que con ello tenga
que vender sus ideales o ideología personal. Las vivencias
que ha tenido el que hace humor, son casi siempre puntos de
partida para un espectáculo.
El humor, en estado puro, es una filosofía de vida.
ACTO SEGUNDO
EL HUMOR COMO ARMA

S
IEMPRE el humor se ha utilizado para atacar a los po-
derosos o, al menos, para decirles de forma graciosa y
sin temor a ser castigados por ellos todo aquello que
nos parece mal de su gestión o de su comportamiento. Desde
los griegos a nuestros días, hay ejemplos claros de esto, pero
quizás fueran los bufones de la edad media, y posteriormente
en los siglos venideros, los que utilizaron el humor para hacer
de este un arma no sólo arrojadiza si no también un escudo
que protegiera sus vidas. Podríamos hacer un estudio socioló-
gico y político en función del humor que se ha practicado en
cada país y nos daría una definición muy aproximada de los
momentos sociales, culturales y políticos por los que pasaron
los mismos, en función del humor que se practicaba en cada
momento.
Es claro y evidente que en épocas de dictadura los payasos
han sido los recomendados por su aparente inocencia, aun-
que ha habido payasos políticamente incorrectos y también
aquellos mal llamados humoristas, que vendiéndose al poder
fueron y siguen siendo los “graciosillos” de turno. El humor
en épocas de dictadura ha sido casi siempre, por no ser afir-
mativo y tajante, un humor machista, racista y evidentemente
homófogo y xenólogo. Las ideologías de los dictadores en
todas sus direcciones, izquierda o derecha, han sido siempre
la pauta que el graciosillo (permítanme que no les llame hu-
moristas) utilizaba y utiliza, porque existen para hacer reír a
sus señores todopoderosos. Al mismo tiempo que estos seudo
humoristas vivían en la opulencia y la popularidad existieron,
y existen, otros que de forma valiente han hecho y hacen un
humor en contra del poder establecido sea la época que sea
RAMÓN BORRAJO DOMARCO 66

o mande quien mande, siendo muchas veces encarcelados.


Ramper en la España de la república y durante los primeros
años del franquismo fue un ejemplo claro de esa lucha arma-
da con el arma del humor. En cada país podríamos encontrar
personas que han utilizado el humor y lo siguen haciendo
como elemento de protesta y repulsa. No es menos cierto que
los dictadores en su afán de alimentar su ego han sido, y son
los primeros, que ante el ingenio del humorista ceden un ápi-
ce de su rigidez mental para permitirse la gracia de reírse de
ellos mismos con el único fin de demostrar a los demás su
espíritu abierto y su tolerancia, algo que no existe en ellos ni
de forma somera. Es en ese momento cuando el humorista
debe y tiene la obligación de aprovechar el momento que le
brindan para ser sutil y hacer que su humor sea un arma de
doble o triple filo, de forma que el poderoso en su Olimpo no
pueda ver lo ocurrido al serle tapadas por las nubes de su ego
las demás referencias a su persona o gobierno; de tal forma
que los demás puedan captar las demás lecturas que el hu-
morista plantea sin que el entorno del poderoso sea capaz de
captarlo. Superar la censura es uno de los elementos básicos
de cualquier humorista. No sólo superarla, sino hacer que ni
el propio censor pueda darse cuenta de lo ocurrido delante de
sus narices.
Puede parecer peligroso lo que opino a continuación, pero
lo he vivido en mis propias carnes, por lo que nadie podrá de-
cir que no es cierto. La época de la dictadura de Franco quizás
fuera una de las más fructíferas de este tipo de humor-arma
puesto que el ingenio tenía que superar con creces las cortapi-
sas impuestas por la dictadura. Muchos pensamos que cuan-
do llegara la democracia todo cambiaría, pero no ha sido así.
Si es cierto que existe libertad de expresión, pero me gustaría
que me contestaran ¿De qué tipo de expresión? Los gobiernos
llamados democráticos han utilizado el silencio informativo
para intentar acallar las voces de aquellos que con el humor
han intentado desenmascarar la corrupción y las corruptelas
de los gobernantes.
¿Qué es más peligroso, el silencio impuesto por la dictadu-
ra de una forma tajante o la soterrada manipulación, para que
no sea conocido el trabajo del humorista? Las dos son una
enfermedad pero personalmente creo que la segunda actitud
EL OPÚSCULO BORRAJO 67

es repugnante, ya que utilizando la democracia, o en nombre


de ella, se abren puertas al humor que más tarde son cerradas
cuando lo dicho o expresado no está en la línea política de los
que nos gobiernan.
La televisión como elemento mayoritario de comunicación
de masas es manipulada por los poderes fácticos para silen-
ciar aquellos humoristas que son considerados políticamente
incorrectos. Más de uno hemos sido censurados en estos años
de la tan cacareada democracia por una palabra malsonante
(taco) y sin embargo se han dejado pasar actitudes moralmen-
te peligrosas para los niños y los jóvenes bajo el pretexto de la
“modernidad” mal entendida. El alcohol, las drogas y el sexo
como arma de ventas y consumo son, y han sido, permitidas
por los gobiernos democráticos ante unas suculentas ganan-
cias que la mayoría desconocemos y nadie quiere investigar.
Sin embargo el humor pasa una criba constante por parte de
los políticos que supera con creces la ejercida por la Iglesia
católica en otros tiempos no muy lejanos.
Los humorista políticamente incorrectos son relegados a
espacios de actuación reducidos, salas de fiesta, clubes, o pe-
queños teatros, en espera de que al no poder ser vistos por
la cantidad de público que puede hacerlo en las televisiones
pasen sin pena ni gloria, pero no saben los gobernantes que
la semilla plantada en el silencio y el anonimato suele ser
más fuerte y duradera que la que se hace a bombo y plati-
llo. Piensan de esa manera que el “humor” de los que ellos
promueven es más popular o admitido, pero lo cierto es que
sólo es reído por una masa que no quiere más problemas de
los que tiene, no sólo familiares si no económicos y sociales.
Cierto es también que nadie quiere ver sus problemas refleja-
dos en una pantalla y menos los gobernantes que tienen como
arma pública la perfección de sus imperfecciones personales,
que no sólo les atañen a ellos si no que nos alcanzan a todos
los que estamos “bajo su protección”. Estos mismos que se
conforman con ese tipo de humor, el consentido, luego se
maravillan cuando comprueban que si entienden otro tipo de
humor y que además no es, ni intelectual ni minoritario.
Siempre me ha hecho reír cuando he escuchado decir de
mí que hacía un humor inteligente, o que lo hacía Tip y Coll
por poner un ejemplo. El humor no es inteligente, en cambio
RAMÓN BORRAJO DOMARCO 68

sí lo es quien lo hace y quien lo recibe. Sé que esta afirmación


hará que más de un petimetre cultural diga que yo nunca he
hecho un humor así catalogado, que mis tacos y mi vocabula-
rio no han estado a la altura de ese tratamiento, pero lo cierto
es que lo que más les molesta es saber que otros, por ellos
despreciados por su falta de cultura, si han disfrutado de mi
humor políticamente incorrecto, asumiendo en mi, un papel
de Pepito Grillo o mosca cojonera y siendo la voz de quienes
no pueden hablar, o no se han atrevido a hacerlo. Siempre que
escucho la frase de: No cambie, o no tenía que morirse nunca,
veo algo que me indica lo necesitada que está la gente de un
humor independiente, ácrata e irreverente, sin que el insulto
o la humillación sean utilizadas para ello.
Desde el púlpito que el público me ha otorgado durante
treinta y seis años puedo y debo gritar: Arriba el humor, abajo
el terror. El terror de la manipulación consentida, el terror de
lo políticamente correcto, el terror de come y así no hablarás,
el mismo terror del tiempo de Roma cuando con el pan y
circo se tapaban las necesidades y los ideales del pueblo. Un
terror consentido y consensuado por todos los grupos políti-
cos de este país, a sabiendas que al proteger del humorista al
contrincante político, se están haciendo un escudo para ellos
mismos cuando asuman el poder. La derecha ha tolerado al
humorista, pero la izquierda lo ha dejado morir en el silencio
mediático de hoy en día. Sólo el humor que ataca y puede
dañar al enemigo político es admitido por esta izquierda que
no soporta la crítica ni en clave de humor. Sé que con esto
me estoy ganando más enemigos de los que ya tengo, pero
no puedo tenerlos más grandes, y digo grandes y no mayores,
porque no tienen la mayoría de edad mental para entender el
HUMOR. Ejemplos hay de quienes pensaron estar protegi-
dos por los cabezas de partido y han muerto en el olvido de
aquellos que el humorista pensaba entendían y compartían su
humor. En el deporte no hay humor, y el billar es un deporte.
Yo mismo he sido tentado por el poder para pertenecer o par-
ticipar de un juego político en detrimento del partido opositor
pero superó mi independencia a mis ansias de dinero y hono-
res y así puedo escribir lo que escribo sin el miedo a que me
pasen la factura por los servicios prestados.
EL OPÚSCULO BORRAJO 69

El arma del humorista es la palabra, el lápiz, el gesto. Co-


sas tan sencillas que están al alcance de todos y que por su
sencillez, el poder cree que es fácil de destruir, pero no hay
nada más fuerte que la palabra bien dirigida y perfectamente
lanzada en la dirección precisa. Que decir del lápiz, estilete
capaz de matar al mediocre y al cretino que se encierra en la
torre de su ego. Mingote, Forges, Castelao, Maside, Chumi
Chumez y toda una Codorniz que nos alimentó en momen-
tos de carestía. La Codorniz vivió en tiempos más difíciles
que los que ahora vivimos y sobrevivió a una dictadura cruel,
pero enfermó en una democracia donde los avestruces han
ocupado el puesto de las codornices.
El humorista lanza la palabra acompañada del gesto, unas
veces para reforzarla y otras para suavizarla, según sea más
necesaria una u otra cosa. El guiño que el humorista hace al
público, nunca es gratuito, él conoce muy bien cómo utilizar-
lo y en qué momento, para hacer que el arma llegue a su des-
tino o destinatario. La falta de la presencia del interfecto es
casi siempre motivada por un falso orgullo y el no reconoci-
miento de pertenecer a una misma sociedad que la que el cree
gobernar. Casi siempre el político deja que le cuenten lo que
dijo o hizo el humorista en referencia a su persona, dejándose
manipular por el lame-culos de turno, el pelota o el arribista,
que piensa y no anda muy equivocado, que será creído, aun-
que que cuente una versión totalmente falsa de lo sucedido
por el sólo hecho de agradar a su señor. No es menos cierto
que les encanta y encandila ser el centro de atención del hu-
morista, pero lo que parece aprobar públicamente, lo repudia
en privado y hace todo lo posible para que el humorista sea
silenciado de forma políticamente correcta. Lo que no sabe él
es que cuando el humorista ha lanzado su arma ya nada puede
frenarla y va poco a poco de boca en boca, cercándolo en su
torre de marfil, y cuando menos se lo espera alguien le recuer-
da que hay un chiste en la calle que ya nadie puede prohibir
porque él es un demócrata y no puede prohibir. ¡Qué ironía!
Cuentan de Quevedo algo de lo que no puedo afirmar su
certeza, que le hicieron una apuesta haber si era capaz de lla-
marle coja a la reina. Dicen que tomando en su mano un cla-
vel y una rosa se dirigió a la reina y le preguntó: “¿Entre el
clavel y la rosa, su majestad escoja?”.
RAMÓN BORRAJO DOMARCO 70

A mí no se me prohibió nada, pero no gustó tampoco nada


que un día en Cleofás, catedral del humor de los años ochenta
en España, al ver que había un político de relevancia en al
sala y siendo del gobierno en el poder, en este caso en PSOE,
tomé una rosa y me dirigí a él, diciéndole: “Tome un capullo
de parte de otro”. No lo entendió, no se dio cuenta que era yo
el que me llamaba capullo, pero él lo tomó como que él era
un capullo, algo que debía ser cierto, dado que lo tenía tan
asumido o temido que no escuchó lo que dije, si no lo que él
se temía que le dijera. Eso me ha costado ser considerado un
“FACHA” por el entorno de dicho político. No importa su
nombre, es sólo un ejemplo sin mayores consecuencias, tan
sólo las de cargar durante estos años con una fama que no se
corresponde con mis ideas políticas en absoluto. El tiempo es
el asesino de los mediocres y he de reconocer que dicho per-
sonaje, ya no está en el cargo tan importante que ostentaba en
los días en que ocurrió lo que he contado. El arma del humo-
rista no mata, pero carcome las columnas de los semidioses
políticos cuando son de madera mala.
Mientras escribo esto por mi mente ha pasado una pre-
gunta sencilla ¿Qué es un arma? Según el diccionario que
tengo más a mano la define como: «Instrumento para atacar o
defenderse. Es entonces, después de leer esta definición que
me reafirmo en decir que el humor es un arma, puesto que
cumple las dos premisas del enunciado de la misma, vale pata
atacar y para defenderse».
¿Ustedes se preguntarán cómo se defiende uno con el hu-
mor? Yo nunca me lo he preguntado pero no porque supiera
la respuesta, si no porque lo utilicé como tal desde joven para
defenderme de todo aquello que quería hacerme daño, o yo
pensaba que podía hacérmelo. Siempre ha habido acoso en
los colegios aunque no lo entendiéramos así y nos dijeran que
eran cosas de niños. Yo como todo el mundo me he pegado
con un compañero de clase pero nadie nos grababa con un
teléfono móvil. Todos, o al menos yo sí, me he sentido solo o,
a veces, dado de lado, y posteriormente tuve que enfrentarme
con problemas personales tanto religiosos, sociales o sexua-
les, y puedo afirmar que fue el humor quien ha hecho que pu-
diera ir superando muchos de los problemas que tenía y que
por supuesto aún tengo. La actitud ante las cosas que pasan
EL OPÚSCULO BORRAJO 71

por medio del humor, hacen que tus puntos de vista cambien,
si no de una forma radical y tajante, sí de manera paulatina y
tranquila, como creo que son las buenas medicinas. El humor
usado como defensa es un perfecto escudo contra la estupi-
dez, el intrusismo y la prepotencia de quien quiere humillarte.
La persona que se enfrenta a sus enemigos con humor tiene
mucho ganado, tanto, que su enemigo desconoce el poder del
mismo. De tal manera es el humor una defensa que cuando
pierdes una batalla de la vida, sólo el humor puede hacer que
pases de vencido a victorioso con el sólo ejercicio del hu-
mor, dejando descolocado al contrincante de tal forma que
aún victorioso no sabe si ha ganado o le has dejado ganar para
poder reírte un poco de sus ansias de victoria. El humor sitúa
al individuo en una posición de privilegio ante los avatares de
la vida dándole un cierto tiempo para enfrentarse a la realidad
desde otro punto de vista.
¿Sé que algunos se estarán preguntando si todo esto que
estoy contando es cierto y lo podemos encontrar en el humor
o es sólo una teoría más o menos curiosa y pedante del que
les escribe?
Esto no está en un chiste más o menos bien contado o en
un momento de risas, no, estamos hablando del humor con
mayúsculas, del sentido profundo del humor, donde también
entran todos esos pequeños momentos de chistes y de risas
pero que es un estado o postura ante la vida y sus realidades
más profundas.
Es cierto que el humor mal utilizado hace que el sarcasmo
y la ironía malsana aniden dentro del gracioso dando paso a
un cínico o a un hipócrita social, haciendo que el humor se
transforme en algo zafio y rastrero dado que no tiene como
fin divertir, curar o ser el aguijón de los poderosos, si no que
se transforma en un arma para humillar, despreciar o ridicu-
lizar a otro ser humano con el sólo pretexto de ser el centro
de atención de la reunión o el aplaudido ante la gracia de mal
gusto del pedante de turno. Esto último se da mucho en círcu-
los sociales cerrados, donde la existencia del gracioso oficial
es siempre aplaudida por los componentes del grupo que, por
otra parte, carecen del más mínimo sentido del humor. Esto
no es humor, o al menos yo no lo entiendo así. Este imbécil,
que se cree gracioso y presume de sentido del humor, algo de
RAMÓN BORRAJO DOMARCO 72

lo que carece, suele ser persona que admite mal las bromas
y puede ser que no encuentre gracia en otros que si la tie-
nen por el mero hecho de que le rían las suyas. No tiene una
localización fija y puede existir en distintas capas sociales
adaptándose al entorno como un camaleón, sólo por el mero
hecho de ser el centro de atención el grupo. Les ruego enca-
recidamente por el bien de su salud mental que no le llamen
humorista a este espécimen social, podrá ser gracioso para
usted, pero carece de todo sentido del humor más elemental.
Nunca el humor ha de hacerse para humillar a nadie. Es dis-
tinto cuando los ataques, pullas o aguijonazos se hacen para
despertar el ánimo o el espíritu de quien te escucha y hacer
de esa manera que salga del letargo en el que se encuentra.
En este punto podemos decir que estamos ante el humor de
provocación. Un humor que camina por la cuerda floja entre
el insulto y la gloria, entre la humillación y la adoración, pero
sabedor siempre de que no puede caer en el lado oscuro, por-
que entonces deja de ser humor para convertirse en otra cosa
muy distinta. En este punto he de decir que hay personas que
no van preparadas para ver y escuchar al humorista, pendien-
tes sólo de la risa que le pueden provocar y no de lo que les
puede pedir a cambio el humorista. ¿Qué les puede pedir a
cambio el humorista, se preguntarán ustedes? El humorista
ha de pedirles atención, distanciamiento, complicidad, no po-
nerse nunca en la piel del criticado si no es dirigido hacia él,
no asumir culpas ajenas y sobretodo no ponerse a la defensiva
y mucho menos hacer de paladín de los atacados o los que
son motivo de las bromas del humorista. Yo, personalmente,
les pediría que dejaran en la puerta los complejos, las envi-
dias, y las cosas que ocurrieron en ese día. Sé que es mucho
pedir pero he comprobado que cuando vienen con esa actitud
todo funciona mejor y en el espectáculo ocurre una catarsis
que los propios médicos recetan a los pacientes con depresión
o estado de ansiedad o estrés, haciendo que el humorista se
comporte como un director en una terapia de grupo.

¡Dejemos la medicina y volvamos a las armas!

Una de las mayores preocupaciones que ha de tener el hu-


morista, es saber que su arte para la manipulación no puede
EL OPÚSCULO BORRAJO 73

ser utilizado en función de ninguna causa que no sea la del


humor en sí mismo. Es una pena que a lo largo de la histo-
ria no conozca un sólo presidente de gobierno que saliera de
las filas del humor. Todos salen de puestos y cargos donde
el escalafón es importante o vital. En el humor no existen
primeros ni últimos, es la gente quienes en su afán por cla-
sificar nos dan puestos pero lo cierto es que podemos estar
hoy el primero y mañana el último sin apenas darnos cuenta.
La sociedad es desagradecida con los cómicos, y no lo digo
porque yo me sienta defraudado, es sólo contemplando los
monumentos en los parques, las enciclopedias, y demás ar-
chivos histórico-sociales, que uno se percata de la soledad
del humorista. Tampoco quiero darles pena ¡Dios me libre
como a los taxis! Pero no deja de ser una realidad fácilmen-
te demostrable. En nuestro país, en los prestigiosos premios
Maite, nunca se ha premiado a un humorista y no será porque
no hacemos teatro.
Hay algo que no acabo de entender del mundo de la política
actual, ¿cómo los partidos políticos no contratan a un humo-
rista para su partido? Sería maravilloso poder ver sonrisas en
las amargadas caras de los que se presentan a las elecciones.
Yo un día de ocurrencia senil propuse que al congreso de los
diputados fuera un humorista cada mes para así poder desoxi-
dar los cerebros de los diputados y poder conseguir sonrisas
verdaderas en sus rostros y no las fingidas risas de los hipó-
critas petulantes y lame-culos de los cabeza de partido. He
de aclarar que existen políticos que tienen sentido del humor,
pero pueden contarse con los dedos de una mano y no suelen
ser muy bien acogidos entre sus correligionarios, salvo si es
la cabeza del partido, cosa poco probable.
“LA POLÍTICA ES UNA COSA SERIA”, dicen ellos
¡Qué peligro!
“EL HUMOR PRODUCE EN LOS PODEROSOS MAL
HUMOR”

El problema hoy en día del arma del humor, son los silen-
ciadores. Cuando hablamos de poder no sólo nos referimos
al político, no, en ese poder entran otros de todos conocidos,
más manipuladores que los anteriores. Televisión, prensa, ra-
dio etc. Uno de los miedos del poder con respecto al humor es
RAMÓN BORRAJO DOMARCO 74

que sabe que no tiene clase social, lo que le hace peligroso si


es bien utilizado. No hay cosa más doliente que todo un país
tenga en sus bocas chistes de tontos basados en un ministro
de cultura.
El humor no mata, pero sí parece que es apetecible el mo-
rir por el arma del humor cuando en la voz popular puede
escucharse en una actuación de un humorista aquel que dice:
“Me he muerto de risa” Nunca lo había contado, pero un ser-
vidor tiene entre sus anecdotario que, actuando en los casinos
de Barcelona, allá por el año 1986, uno de los espectadores
murió de risa, como lo leen, le dio un infarto de tanto reír
¿Qué felicidad poder morirse riendo! Después de este suceso,
no se me pasó ni por la cabeza la idea de usar esto como re-
clamo publicitario ¿Se imaginan?
MONCHO BORRAJO, EL HUMORISTA QUE LOS MATA
DE RISA. Esto sí que sería humor negro.
Siempre he pensado que el humorista con mayúsculas es
el que deja huella sin pisar. Es como la bofetada sin mano o el
río sin cauce, algo que parece tomado de la filosofía zen, pero
es algo que forma parte la filosofía de la vida. A lo largo de la
historia podemos comprobar que todos los grandes humorista
han sido personas reflexivas, pero también podemos afirmar,
que no todos los seres humanos reflexivos tienen sentido del
humor.
Si lo que nos gusta es la sociología nada mejor que el hu-
mor para tener conocimiento de cómo eran los seres humanos
de determinada época por medio del humor. Si conocemos de
quién, con qué y con quién se reían, podremos conocer muy
acertadamente cómo eran.
Si tuviera que definir qué es el humor, diría sin temor a
duda que es el basureo del cerebro, es decir, el humor cumple
en los seres humanos la labor que los basureros tienen en la
sociedad actual; retirar la basura de nuestras vidas cotidianas.
Después de una sesión de humor, el cerebro queda preparado
para otro ataque de estupidez diaria: Propaganda, anuncios,
trabajo, y todo aquello que nos atasca y atora nuestras neuro-
nas. Sé que posiblemente los neurólogos no estén de acuerdo
con lo que digo pero les abro una puerta para que lo investi-
guen de forma sesuda.
EL OPÚSCULO BORRAJO 75

Desde muy pequeños el humor es un arma utilizada de


forma consciente ya por los niños para intentar desmoronar
el orden reinante en su entorno. El chiste prohibido, de culo,
caca, pedo, pis, es lanzado a la cara de los progenitores en
plena visita para dejar constancia de su existencia, no de la
del chiste, que lo conocen todos, si no de la del niño o la niña
que de esa manera protesta de la falta de atención. Arma sutil
que es desarmada por las risitas de quienes quieren quitarle
importancia o al revés, hacer como los grandes almacenes
con la moda rebelde, que al venderla ellos, pasa de protesta
social a última moda. Ya desde pequeños utilizamos el chiste
para revelarnos en contra del poder establecido y algo debe
de dejar en nuestras mentes aquello que nos prohíben que pa-
sados los años nos seguimos riendo con lo escatológico con
el mismo desenfado y desinhibición de cuando éramos niños.
Es patético comprobar que en ciertos círculos sociales lo es-
catológico sigue siendo algo tabú es como si al no nombrarlo
dejaran de excretar, mear o eructar, cuando es algo que todos
hacemos, si no estamos enfermos, claro estás. Volvemos con
las normas más retrógradas, con las prohibiciones sociales
para las que el humor es un arma que hay que utilizar de
forma segura y constante. Para que esto no ocurra están los
poderes y los poderosos a los que el humor molesta en sumo
grado. Aunque en realidad si lo analizamos no es molestar, es
posiblemente algo que les incomoda especialmente, el sen-
tirse no partícipes del humor de los demás, ellos que todo
lo controlan se dan cuenta que el humor es incontrolable, es
como el agua en un cesto que no puedes retener. Y en estas
como en otras muchas cosas el poder no puede hacer nada,
sólo cambiar de recipiente, pero lo malo del caso es que no
quiere hacerlo, el quiere el cesto y no otro ¡Cosas del poder!
No crean que porque hablamos del poder sólo lo hacemos
de forma referente a nuestro país, no, durante los años del
poder del comunismo en la Unión Soviética los humoristas
libres y libertarios dejaron de existir, para dar paso a los pa-
yasos, de humor blanco y nada comprometido. Al revés que
en los EEUU donde ya bastante payasos son para que, aún
encima, los humoristas no sean punzantes y agudos, para des-
pertarlos del letargo mental a que están acostumbrados. La
tradición europea ha dejado honda huella en el pueblo esta-
RAMÓN BORRAJO DOMARCO 76

dounidense ¡Gracias a Dios! A uno le tiemblan las carnes de


pensar con quién se reirá el señor Buch, o el gobernador de
California Schwarzenegger, o Rocky I, II, III, IV y todos los
Rockys del mundo mundial, hijos de Superman y Batman.
En el cabaret alemán de 1930 el humor tenía el papel de
ser el revulsivo social y la crítica diaria de lo acontecido en
el país. Pero el tan admirado humor inglés muchas veces no
deja de ser un compendio hipócrita de una sociedad que lo es
y presume de ello. Casos como los Monty Python son casos
dignos de encomio, su humor crítico y muchas veces destruc-
tivo es el reflejo y el ejemplo de que el humor es un arma.
Las religiones, uno de los poderes más importantes a lo lar-
go de la historia, no se escapan del aburrimiento general. Yo
siempre he pensado que una religión no puede ser verdadera
si es una religión triste y sin humor. El que les escribe tembló
de miedo al leer El nombre de la rosa de Umberto Eco, y com-
probar que la risa era el tema central de discusión de aquellos
sesudos católicos. Uno tiembla de pensar que Jesús no se reía
o que jamás tuvo sentido del humor. No puedo pensar en doce
hombres sin contar un chiste o sin reírse, durante sus largas
caminatas. Qué pena que en los Evangelios ninguno de los
apóstoles nos cuente que Jesús soltó una tremenda carcajada
o sencillamente sonrió levemente ante Magdalena o ante una
ocurrencia de Juan o de Judas. ¿Me pregunto qué haría Teresa
de Jesús sin una sonrisa o la madre Teresa de Calcuta ante
tanta pobreza sin una risa en sus labios? No creo en un santo
que no se ría o no sepa contar un chiste porque entonces uno
no entiende que es “la gracia de Dios”. Ya sé que no es la que
entendemos por gracia andaluza, pero no puedo imaginarme
a un Dios sin gracia porque no tendría gracia. “Dejad que los
niños se acerquen a mí” ¿Para qué, para reñirles? Mejor para
sacarles una sonrisa. Yo pondría una nueva bienaventuranza
que dijera: Bienaventurados los payasos, porque ellos hacen
reír a los niños. Siento tristeza de haber sido educado en una
religión que no me enseñó a reír si no a ver el pecado y el
infierno. Tiemblo al pensar en un cielo lleno de gente seria,
porque es entonces cuando pienso que el infierno ha de ser de
puta madre. Bromas aparte, es triste comprobar que las reli-
giones basadas en el cristianismo dejan el humor y la sonrisa
relegada a los humanos pecadores. Tampoco el islam tratan
EL OPÚSCULO BORRAJO 77

el tema en su libro sagrado, y el budismo Zen no entra ni sale


en estos términos, aunque admite la risa como algo humano y
por lo tanto divino ¡Bien por los budistas!
EL OPÚSCULO BORRAJO 79

¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
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¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!

Z
RAMÓN BORRAJO DOMARCO 80

¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
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¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
mmmmmmmmmmm!
¡Ommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm!

Z
EL OPÚSCULO BORRAJO 81

Relajémonos un momento para continuar empuñando el


arma del humor.
Siempre desde tiempos muy remotos y, muy frecuente-
mente en nuestra literatura, nos hemos encontrado con gran-
des defensores del humor y grandes amargados. Ejemplo cla-
ro de esto fueron Quevedo y Góngora, dos personajes unidos
por el humor de uno y la falta de humor del otro. No hace
falta poner dos versos de ambos para demostrarlo, más bien
recomendaros la lectura de sus obras y disfrutar del humor de
Quevedo, que claro está, terminó como terminó por no estar
de acuerdo con el poder. ¡Siempre el poder!
Plumas que han sido armas y armas que tienen pluma sería
un magnífico eslogan para una campaña a favor de la lectura
por parte del mundo homosexual, que últimamente se dedica
más a la moda que a la literatura.
El humor sutil de muchos de nuestros literatos ha sido
claramente un arma que no ha pasado desapercibida por los
poderes del momento, y muchos han cargado con el peso de
la mal llamada justicia. El exilio no era lo peor, lo peor era y
sigue siendo el silencio. Por eso el humorista sale muchas ve-
ces a las plazas para dejar que se escuche su grito de libertad,
y ahí es donde el poder se siente tocado en su orgullo al ver
que aquellos que le votan o le apoyan, ríen las gracias del hu-
morista en un ejercicio de libertad. Maldito el día que el señor
feudal dejó entrar a los cómicos en palacio, ese día perdimos
un puesto privilegiado: la calle.
En los días en los que escribo estas notas sobre el humor
son elecciones en España, y uno puede contemplar atónito
cómo el humor ha sido borrado de las campañas electorales
de todos los partidos. El insulto sustituye a la ironía y exis-
te un cabreo general básico por todas partes. Ante un ataque
personal ya nadie responde con ingenio o ironía, es decir con
humor. Como aquella famosa anécdota de las Cortes españo-
las cuando un diputado dijo que otro usaba calzoncillos lar-
gos y de lana a lo que el intercepto contestó: “Señoría, dígale
a su esposa que no sea tan indiscreta”.
¡Tiempos de otro humor nacional!
No crean los que lean estas líneas que porque me retiro de
los escenarios dejo el humor, nada más lejos de mi intención.
El humor no es un traje que se quita y se pone a voluntad. El
RAMÓN BORRAJO DOMARCO 82

humor cuando anida en el espíritu de un ser humano ya no


le abandona y forma parte de él para siempre y por siempre.
Los cementerios están llenos de tumbas donde rezan epitafios
repletos de humor y muchos de personas anónimas alejadas
del mundo del mismo.
EL OPÚSCULO BORRAJO 83

Yo he pedido que me inci-


neren y que echen mis ceni-
zas en el mismo río en que
deposité las de mi madre, por
aquello de que: “Nuestras vi-
das son los ríos que van a dar
a la mar”. Motivo por el cual
les pido de todo corazón que:
no me jodan el mar echando
mierda, ¡So cabrones! Más
que nada por mi madre que
no soportaba la suciedad. Y
que conste que no pertenezco
de forma oficial a los verdes
ni a ningún partido ecologis-
ta, se da por sentado que un
humorista es ecologista, de lo
contrario no tendría humor.
Z
RAMÓN BORRAJO DOMARCO 84

J’ai demandé d’être incinéré et que mes cendres soient jetées dans le même fleuve où le furent celles de ma mère,
rappelant que: “nos vies sont des fleuves qui vont mourir dans la mer”. C’est pourquoi je vous prie du fond du coeur: ne
salopez pas la mer en y jetant de la merde, espèces de cons! Et ça surtout parce que ma mère ne supportait pas la saleté. Et
notez que je ne milite pas officiellement chez les Verts ni dans aucun parti écologique, mais il est reconnu qu’un humoriste
est écologique si non il n’aurait pas d’humour.

Z
EL OPÚSCULO BORRAJO 85

En cada país existen individuos que conociendo lo que su-


cede en el mismo toma partido con su humor y se deciden a
ser lo que muchos hemos sido, los políticamente incorrectos.
Cada país tiene su propio lenguaje no sólo verbal, si no de
humor, aun sabiendo que entre todos ellos existe un nexo de
unión que les hace pertenecer a la misma familia y con la
misma madre: la Libertad.
Curioso, pero no falso, que se trate al humorista con dis-
tancia y una falta de respeto casi flagrante, y a los que no se
lo hacen, teman porque están siendo manipulados por alguna
facción del poder, o a punto de ser absorbidos por el mismo
que critica. Nadie sienta a su lado a un humorista por temor
a que piensen que es como él. No he visto jamás una cena
oficial donde un humorista ocupe un lugar preferente al lado
de los intelectuales del país. Son graciosos, piensan, ¿pero
de qué se puede hablar con un humorista? Pues, de casi todo.
Se sorprenderían algunos intelectuales al ver que no estamos
cerrados ni encerrados en la casilla del humor, como lo hacen
otros que pertenecen en cuerpo y alma a una profesión y que
al sacarlos de su entorno son como patos fuera del agua.
No hay cosa peor para un humorista que tener que actuar
ante un público que pertenece por entero a una profesión o
ideología. Las tan famosas convenciones son el terror de
cualquier humorista serio ya que no sólo has de ser gracioso
y ocurrente si no que, además, tienes que hacer gracias con el
nombre de un producto que en sí mismo no tiene ninguna.

1) No meterte con el director de la empresa.


2) Decir que su mujer es la más guapa.
3) No pasarse, ni quedarse corto.

Y todo esto te lo dice el esbirro de turno que te ha contra-


tado porque estás de moda.
Yo nunca he cumplido estas normas. Primero porque no
estaban en el contrato por escrito y segundo, porque es mejor
para la salud de todos el no hacerlo. Al final, cuando el di-
rector te felicita y su mujer te da un beso de euforia, el lame-
culos9 de turno se olvida de todos los sufrimientos que pasó
9
Nota terapéutica: pon a este “jefecillo” nombre :
RAMÓN BORRAJO DOMARCO 86

durante la actuación y se auto convence de que el éxito de la


velada es suyo. ¡ODIO LAS CONVENCIONES!
El humor como arma no se vende en las armerías, ni nece-
sita permiso de armas, ni hay que enseñarlo en las aduanas.
El humor es un arma que no ocupa espacio, es fácil de ma-
nejar. Lo malo es que crea adicción, pero no encierra ningún
peligro si no es el de no gustarle al poder, pero con eso ya
contábamos.
Sé que más de uno, después de leer estas páginas, me diría
que él conoce muchas más formas de explicar que el humor
es un arma, cosa que le agradezco, porque eso implica que
me ha leído y le he hecho dar vueltas a su cerebro, cosa que
no es tan corriente hoy en día. A lo mejor no se ha reído como
esperaba al ver quién lo escribía, pero es que el humor es muy
serio.
Si tuviéramos que compararlo con un arma yo lo compa-
raría con el arco: certero, unipersonal, muchas veces silencio-
so, necesita del esfuerzo de quien lo dispara, concentración,
relajación, buena respiración, y un punto de mira concreto.
Ahora ya saben por qué me gusta practicar el tiro con arco.
En la mitología antigua los arqueros eran poderosos y en el
Señor de los Anillos parte fundamental de la batalla. Los hu-
moristas podemos decir que somos los arqueros de todos los
tiempos y de todas las batallas, donde se necesite el ingenio y
por supuesto el humor, allí estaremos, batallas que han sido,
son y serán muchas.
ACTO TERCERO
EL HUMOR COMO MEDICINA

A
FIRMAR que el humor es una medicina no es descu-
brir nada nuevo en nuestros días, pero así como todos
sabemos que no se vende en las farmacias, muy pocos
saben en que dosis hay que tomarlo, cuándo y cómo. Algo
que parece fácil a simple vista, pero hay mucho ciego, con
perdón de los de la ONCE, que suelen tener un sentido del
humor excelente, tanto es así que se han creado su propio
humor de ciegos y para ciegos con el sano propósito de inmu-
nizarse de la caridad ajena, tan proclive en nuestros días, por
hipócritas, santurrones y beatas.
Sabemos por puro empirismo que el humor ha sanado a
muchos y de diferentes males, aunque también podemos afir-
mar que no es la purga de Benito, que todo lo curaba antaño.
El humor es una medicina que no tiene para todos el mismo
tratamiento ni en la mismas cantidades. Como toda medicina
que se precie depende del grado estupidez en que se encuen-
tre el enfermo, o en qué nivel de intoxicación se encuentre de
ego, autocompasión o autosuficiencia.
El peor enemigo del humor y del humorista es el ego des-
medido del enfermo. El ego, enemigo y virus de nuestro tiem-
po, es una enfermedad muy contagiosa sobretodo en empre-
sas internacionales y en los poderes de todo tipo. No se sabe
cuándo empieza a dar muestras de su existencia porque lo
hace poco a poco o, por lo contrario, de una forma tan rápida
y progresiva que deja al enfermo en un estado de endiosa-
miento muy peligroso y traumático.
RAMÓN BORRAJO DOMARCO 90

¿Por qué el ego es el peor enemigo del humor?

Porque hace, al individuo que lo padece, sentirse superior


a los demás, con el consabido endiosamiento y falta del hu-
mor necesario para admitir sus propios defectos, sólo encon-
trando en sí mismo virtudes y méritos. El ego como enferme-
dad hace que el humorista tenga que luchar denodadamente
para que el enfermo empiece a admitir las críticas de otros
sin saber que aquellos son sus defectos más sangrantes. El
tratamiento ha de ser lento y paulatino, no se puede enfrentar
a un ególatra con un humorista y creerse que será cosa de un
día o de unos segundos la curación del interfecto. El ególatra
no confiará en el humorista si este no hace antes un tipo de
humor que le satisfaga sobre sus enemigos o sobre temas que
a él personalmente no le incumben para, poco a poco, irlo
introduciendo en el mundo de la autocrítica de forma lenta y
sosegada. El ególatra tendrá que tomar la medicina del humor
lenta y sin prisas, sin saber que lo está haciendo, por lo que
necesita a su lado alguien que lo quiera pero que no le adule o
se rebaje ante él, alguien en quien confíe seriamente.
Los ególatras no sólo pertenecen a las clases elevadas
como se podría pensar, no. La egolatría enemiga acérrima del
humor es una enfermedad social que afecta a todas las esferas
de la misma. El ególatra, o la ególatra, padece el síntoma del
anti-humor de forma paulatina. Nada le hace gracia si no son
aquellas cosas que le hablen de él positivamente. El humoris-
ta a de ser cauto con el o la ególatra, porque este no entenderá
el porqué le llevan a un humorista si él no necesita nada de
eso para saber todo lo que vale. Si se puede, es mejor que el
ególatra vea al humorista en un grupo reducido para que no se
sienta vigilado y si protegido, porque en el fondo la egolatría
produce soledad, otra gran enemiga del humor.
Como pueden ver hablamos de dos enfermedades típicas y
características de nuestro tiempo: la soledad y la egolatría.
El tan traído y llevado estrés no es más que la conjunción
de estos dos males de nuestro tiempo, y otras muchas más
cosas que los psícólogos les pueden explicar mucho mejor
que yo.
El humor no es una medicina fácil de tomar, recuerda un
EL OPÚSCULO BORRAJO 91

poco al famoso aceite de ricino, pero todo es cuestión de acos-


tumbrarse a él.
Cuando el ególatra escucha por primera vez una sutil refe-
rencia a su persona, a sus actos, espera el aplauso o la compli-
cidad de la gente, pero pronto cae en la cuenta de que se están
riendo pero no de él, como él piensa, sino de lo que ha dicho
el cómico y cómo lo ha dicho. Sí, es cierto que se refiere a él,
al ególatra, pero no para humillarlo si no para que admitiendo
lo dicho y tomándolo en clave de humor, reconozca que los
demás estamos al tanto de lo que pasa. Si el ególatra se ríe,
porque en realidad le ha hecho gracia lo dicho por el humo-
rista, podemos decir que está empezando a curarse de su en-
fermedad. Si por el contrario falsea la risa y sólo lo hace para
que los demás digan de él, que es tolerante y que tiene sentido
del humor, estamos ante un ataque de cólera contenida a la
que dará rienda suelta cuando encuentre el momento oportu-
no, es decir, nada más salir del espectáculo y se encuentre con
su esbirros en petit comité.
Por mucho que le expliquen que lo dicho tuvo gracia, que
no era para tanto, que tiene que pensar que es una persona
pública, y todos los argumentos que ustedes quieran, él se
cegará y no querrá ver la gracia por ningún lado sin darse
cuenta que ya está en la calle y en su trabajo y que aunque él
no lo quiera cuando no esté presente, esa broma tomará más
fuerza que antes, porque no le gusta, porque la habrá prohibi-
do de forma delicada.

El humor y la depresión

En el depresivo el humor tiene dos vertientes muy dife-


rentes, dependiendo de cómo lo tome y en que cantidad. Hay
veces que es necesario una sobredosis para que reaccione al
ver que no es el único al que le ocurren esas cosas y compro-
bar que al igual que él o ella, todos necesitamos de los demás
de una o de otra forma. El depresivo debe de comprender que
no es un bicho raro y que los demás no están pendientes de él
porque bastante tienen con lo propio.
RAMÓN BORRAJO DOMARCO 92

El depresivo va a ver al humorista porque quiere reírse


pero en su interior se dice a sí mismo que no lo va a conse-
guir. Es más cuando esboza la primera sonrisa piensa que no
ha ocurrido y mira para su acompañante para que le confirme
que si es cierto que se ha sonreído. Su incredulidad es tan
grande que hace un esfuerzo para que no vuelva a ocurrir
pero ocurre, y es entonces cuando piensa que el milagro pue-
de suceder.
La risa, esa maravilla muscular que deberían recomendar-
la desde los colegios a las oficinas, es una manipuladora de
músculos, no sólo faciales si no de todo el cuerpo, llegan-
do a producir al día siguiente agujetas comparables a las del
deporte más fuerte. La falta de costumbre de reír, hace que
éstas, las agujetas, aparezcan como cuando no estamos acos-
tumbrados al deporte y un día nos pegamos un partido de
tenis para fardar delante de los amigos.
Con la risa el cuerpo se relaja y el depresivo que vive en
una tensión interior que no asoma jamás, nota que algo pasa
por su interior y comprueba que en su cerebro empieza a tra-
bajar el barrendero: el humor.
Cuando el depresivo se da cuenta que se ríe como los de-
más y de las cosas de las que lo hacen los demás empieza a
comprender que no es tan raro ni tan distinto a los de su en-
torno, algo fundamental para la curación. Cuando termina la
sesión el enfermo se percata de que algo ha cambiado dentro
de él o de ella, sin saber a ciencia cierta cuándo empezó el
cambio. La risa es un espanta demonios, esos que nos encie-
rran entorno a la muerte y el qué hacemos aquí, y el porqué
de ello. La soledad interior, alimento fundamental de la de-
presión, se esconde cuando aparece la risa porque sin darnos
cuenta cuando reímos nos comunicamos con el de al lado
para hacerle partícipe de nuestra alegría, y eso no le gusta
nada a la soledad. Un codazo a nuestra pareja o acompañante,
un intercambio de sonrisas, hace que la soledad se retire a sus
aposentos más íntimos, en espera de un momento mejor.
El chiste para el depresivo no tiene una función curativa
directa dado que la duración del mismo es corta y casi siem-
pre en un entorno reducido. El enfermo necesita un espectá-
culo de larga duración para que pueda entrar en el juego que
el humorista le propone, al tiempo que ha de buscar un tipo
EL OPÚSCULO BORRAJO 93

de humor fácil y asequible sin caer en lo vulgar o chabacano.


No podemos pedirle que se enmarañe con un humor sesudo o
“intelectual” porque sería perjudicial para él o ella. Le crearía
nuevos complejos y es lo que le faltaba.
Después de la función el enfermo se sentirá aliviado por
unos momentos, pero es cuando necesita más de la persona o
personas que le han acompañado para que no baje de golpe de
la nube en la que le ha puesto el humorista. Las personas que
no puedan ir acompañadas se darán cuenta que no son las úni-
cas, algo positivo en el enfermo, pero también posiblemente
entablen conversación con la persona de al lado y facilite una
comunicación hasta hora impensable.
Las personas enfermas de depresión o cercanas a ello, son
posiblemente las más agradecidas con el humorista porque
notan de forma directa los beneficios del humor.
Persona distinta es la que asiste a una función de humor
y toma la postura de no reírse de nada para dar a entender o
superioridad, o que no le interesa lo que allí está pasando. El
humorista cuando se encuentra con uno de estos personajes,
sabe muy bien que es una persona necesitada de atención, la
que busca diferenciándose de los demás para que el humo-
rista se fije en él y le haga el centro de atención de la sala, de
no hacerlo, tomará una postura incómoda haciendo notorio
su desagrado e intentando que los de su entorno le apoyen en
su intento de chafar al humorista. La ternura y el ingenio los
mata.
Recuerdo un día que trabajando en Don Chufo en Barce-
lona, sala difícil donde las hubiera, llegaron un grupo de per-
sonas que fueron acomodadas en un sillón grande que estaba
situado enfrente del escenario y en una zona privilegiada.
Serían unas doce personas. Enseguida me di cuenta que era
un cumpleaños o una fiesta similar puesto que todos estaban
pendientes de una señora en concreto, señora que no se reía de
nada de lo que decía o hacía. Al no reírse ella, la homenajea-
da, todos fueron dejando de hacerlo, para agradarla. Desde el
escenario pude ver que llevaba un brillante de un tamaño que
se salía de lo corriente, algo que aproveché inmediatamente.
Paré el espectáculo y dirigiéndome al grupo les comenté que
me tenían preocupado ya que eran los únicos que no se reían
en la sala. Hice como que pensaba en una solución ante la
RAMÓN BORRAJO DOMARCO 94

atenta mirada del resto de los asistentes. Bajé hacia ella. La


interfecta y tomándole la mano en la que llevaba el macro
brillante dije en voz alta:
—He aquí el culpable –señalando el brillante en la mano
de la señora–. Claro, ahora lo entiendo. Miren cómo la luz del
cañón pasa por encima de esta mesa y como esta señora lleva
un brillante tan grande, éste, el brillante, absorbe la luz del
foco y la gente de esta zona no puede verme.
La señora se deshizo en justificaciones, diciendo que el
brillante no era tan grande, que se lo había regalado su mari-
do por su aniversario, que era lo que estaban celebrando ese
día.
Le pedí que le diera la vuelta y lo escondiera en la palma
se su mano durante la actuación si querían verme. A partir de
ese momento todo cambió, y fue aquella mesa la que más me
aplaudía, y hasta me llegaron a invitar después de la actuación
algo que en Don Chufo no estaba permitido, pero insistieron
tanto que tuve que hacerlo. Esa noche el humorista hizo algo
que ella necesitaba y que por lo visto durante la noche no
había ocurrido. Su enfermedad tenía cura, no necesitaba bri-
llantes, tan sólo atención y un poco de cariño. Lo de todos.
El humor puede volver generoso al tacaño al menos en un
par de ocasiones; no les pidan más. Puede hacer que el alco-
hólico deje de beber, o el fumador deje de fumar. Que el áspe-
ro se torne tierno o que el enfado de la tarde se olvide, salvo si
la enfadada es una mujer, en ese caso, sólo lo guardará hasta
mejor ocasión. Al trabajar el humorista, sin grandes artilugios
escénicos, hace necesaria la atención de los espectadores, lo
que facilita mucho el olvido de los problemas leves o de si-
tuaciones incómodas. La complicidad de los que contemplan
al humorista, hace que se incrementen las afinidades entre
personas que no se conocían.
El humor tiene otra vertiente curativa que se refiere a la
utilización del humor en carne propia o cerebro propio. Es
decir el humor hecho por uno y para uno mismo. Con o sin
los demás.
Tomar el humor como norma de vida puede ser, y en efec-
to lo es, una de las mejores medicinas para los problemas de
esta vida.
Cuentan que a un lord inglés, habiendo preparado su ma-
EL OPÚSCULO BORRAJO 95

yordomo las maletas para marcharse de fin de semana le llegó


un telegrama urgente, en el que le comunicaban que la bol-
sa le había arruinado. Le cambió el rostro por un momento
ante la noticia, lo cual hizo que el mayordomo le preguntara
qué había sucedido; a lo que el lord respondió: “Nada, que
el lunes cuando volvamos de la Riviera francesa, estaremos
arruinados”. Ya no tenía arreglo, mejor tomarlo con humor
¿No creen?
Cuando uno se enfrenta con su propio humor ha de tener
en cuenta que los demás a lo peor, no están preparados para
tal derroche, o que su sentido del humor es demencial, que
todo puede ocurrir en la viña del Señor y en los campos del
terrateniente.
El humor propio en la vida cotidiana no debe repercutir
negativamente en los que nos rodean, si así fuera deberíamos
de pensar en replantearnos nuestro sentido del humor antes
de continuar con ello ya que el humor mal utilizado puede ser
muy perjudicial para el que lo hace.
Cuando el humor personal sirve para sacarnos de situacio-
nes difíciles en beneficio de los demás, o en beneficio de no-
sotros mismos sin que afecte a los otros, es cuando debemos
tener claro que tenemos un buen sentido humor, un humor
beneficioso y saludable.
Buscar la parte graciosa de las cosas y de las situaciones,
que todas la tienen, es un arte que nos ayuda a vivir como se
dice ahora, “con calidad de vida”.
La estupidez nunca se ha considerado una enfermedad,
como no se ha hecho con la prepotencia, pero lo alarman-
te es que se comporta como tal la mayoría de las veces. Lo
malo de todo esto es que también se contagia como si de una
enfermedad se tratara. Es terrible ver cómo un estúpido pue-
de contagiar a todo un grupo o cómo un prepotente hace lo
mismo en otro. El humor es una medicina que puede paliar
estos males, pero hay que darle un tiempo y una continuidad
al tratamiento del humor. Con visitar de cuando en cuando al
humorista no podemos recuperarnos de una estupidez o de
una prepotencia que ya esté arraigada en nosotros.
RAMÓN BORRAJO DOMARCO 96

LOS HUMORISTA DEBERÍAMOS ESTAR


PAGADOS POR LA SEGURIDAD SOCIAL.

No tardaremos mucho en que la risoterapia entre en los


tratamientos pagados por dicho organismo. Eso demostraría
la existencia de una auténtica calidad de vida sanitaria. En los
hospitales debería de haber salas preparadas para las visitas
del humorista y, si me apuran, yo por pedir pediría la exis-
tencia de los humoristas de guardia y de urgencias. Puede ser
que más de un científico, se sorprendiera de lo necesitada que
está la gente de reír y de reírse. Algo que parece lo mismo
pero que no lo es en absoluto. Reír es un acto físico, reírse
una necesidad mental.
Hay una frase muy popular y admitida por todos como
algo cierto y es la que dice: los niños y los borrachos siem-
pre dicen la verdad. Dicen su verdad, la que ellos conocen,
porque toda la verdad y nada más que la verdad, es un tópi-
co legislativo. El humorista es como estos dos anteriormente
mencionados, también dice la verdad, pero la verdad de los
otros camuflada en la suya propia de forma que se sientan
identificados pero no protegidos de lo que él dice o cuenta.
El humor no es una panacea que todo lo cura, pero sí po-
demos decir que al menos no hace daño.
Algo imprescindible en el humor es la sorpresa. Sí, es cier-
to que en algunos casos la repetición de un chiste, o de un
monólogo puede volver a hacernos reír: El vaso de agua de
Tip y Coll, las empanadillas de Martes y Trece o los monólo-
gos de Gila, o el monólogo del váter de un servidor, cosa que
he comprobado en mi última gira. Pero no es menos cierto
que nunca la segunda vez es mejor ni igual que la primera que
lo escuchamos o vemos.
¿Es quizás lo sorpresivo, lo que hace que el humor sea
imprevisible o, al menos, no previsible del todo? Si no lo es,
he de comentar, que al menos forma parte importante del hu-
mor.
Sobre el humor se ha escrito mucho pero, como siempre
que se pretende explicar lo inexplicable, nunca llegamos a
poder definir lo intangible. El pensamiento humano siempre
ha ido acompañado por el humor pero no siempre este he-
cho ha sido reconocido por todos. Es triste pensar que el hu-
EL OPÚSCULO BORRAJO 97

mor tiene mala imagen en las esferas llamadas superiores. Es


como si el hecho de tener humor o sentido del humor, fuera
una lacra para otro tipo de investigaciones. Sólo Darío Fo,
Nobel de Literatura, nos ha dejado una rendija en la puerta de
los intelectos superiores para poder otear de forma recatada
una sonrisa entre los sesudos Premios Nobel de nuestro tiem-
po. ¡Perdonen la inmodestia pero, ese día, también me sentí
premiado!
¿Se han dado cuenta?, ¡no hay un premio Nobel del Hu-
mor!

MONCHO BORRAJO
T
ERMINADO de escribir en un día de reflexión, an-
tes de unas elecciones en España. España es un sitio
lleno de turistas, donde vivimos algunos que no tene-
mos vacaciones. Los humoristas somos como los ginecólo-
gos, trabajamos donde los demás se divierten. Sé más cosas
de estas, pero no tengo tiempo; me están llamando para salir
al escenario.
TODO ESTO QUE TE HE CONTADO
ES MI VERDAD,
NO LA VERDAD.
SI DISIENTES
CUÉNTAMELO,
SI ASIENTES
EVANGELIZA.
BONUS EXTRAS

Caballero flaco y criado gordo,


Uno a caballo y otro en asno,
Recorren la Mancha entre alucinaciones
No provocadas por ninguna droga,
Sino por leer libros de caballerías.
La muerte del caballero remata el libro
Escrito en letra castellana del Siglo de Oro.

Glosario mínimo:
Barataria, molinos, bacía, pellejos de vino, venta, ba-
tanes, Rocinante, rucio, Dulcinea o Aldonza, Avella-
neda, Roldán y Tirante el Blanco.
Con esto y cara dura pasarás de curso. ¡Suerte!
ÍNDICE
ÍNDICE

PRÓLOGO 7
PREACTO
LA PROTESTA INTERMINABLE 15
ARTE Y CULTURA ¿EXISTEN? 27
ACTO PRIMERO
DIOS MÍO, ¿QUÉ ES EL HUMOR? 43
El físico en el humor 49
NOTAS SOBRE EL HUMORISMO (HUMOR) Y EL HUMORISTA 59
ACTO SEGUNDO
EL HUMOR COMO ARMA 65
¡Dejemos la medicina y volvamos a las armas! 72
ACTO TERCERO
EL HUMOR COMO MEDICINA 89
¿Por qué el ego es el peor enemigo del humor? 90
El humor y la depresión 91